Título OriginalDoctor Strange in the Multiverse of Madness(2022) DirecciónSam Raimi GuionMichael Waldron, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko RepartoBenedict Cumberbatch, Elizabeth Olsen, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong, Xochitl Gomez, Rachel McAdams, Michael Stuhlbarg, Sheila Atim, Adam Hugill, Ako Mitchell, Momo Yeung, Daniel Swain, Topo Wresniwiro
Cuando todavía no hemos podido digerir el clímax final de la miniserie protagonizada por el Marc Spector/Steven Grant de Óscar Isaac el Universo Cinematográfico Marvel nos invita a dar uno de esos saltos de las plataformas de streaming al cine y viceversa a los que tan acostumbrados nos tiene ya esta Fase 4 después de seis series (WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier, Loki, What If…?, Hawkeye, Moon Knight) y cuatro largometrajes (Viuda Negra, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, Eternals y Spider-Man: No Way Home) a los que se suma esta Doctor Strange en el Multiverso de la Locura recién estrenada. Recordemos que después del buen recibimiento de la primera película en solitario del Hechicero Supremo protagonizada por Benedict Cumberbatch en Disney y Marvel Studios solicitaron nuevamente los servicios de su director, el estadounidense Scott Derrickson (Sinister, Líbranos del Mal), pero alegando las consabidas y bilaterales «diferencias creativas» este abandonó el proyecto durante su fase de pre producción. Sorprendiendo a propios y extraños, nunca mejor dicho, el elegido para sustituir al realizador de la inminente Black Phone fue el gran Sam Raimi, que volvia así al cine superheróico inspirado en el mundo de las viñetas en el que marcó un hito con los dos primeros Spider-Man de Tobey Maguire y del que salió por la puerta de atrás con la tercera entrega.
Al director de la saga Evil Dead se suma el guionista Michael Waldron que ya colaboró con Disney y Marvel Studios ejerciendo de creador y showrunner en Loki, mientras que Danny Elfman se ocupa de la banda sonora y John Mathieson de la fotografía. En el reparto repiten de la primera entrega Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong o Rachel McAdams y se suman a ellos Elizabeth Olsen o Xochitl Gómez entre otras. En Transgresión Continua ya hemos podido ver la película de Sam Raimi con la que se dan continuidad a las aventuras mágicas de Stephen Strange y que estos días ha enconado el debate sobre cúanto de la personalidad del director veremos en la película teniendo en cuenta que la productora capitaneada por Kevin Feige es dada a no recibir con demasiado entusiasmo, por no decir que en ocasiones los corta de raíz, los intentos de acercar los largometrajes de Marvel Studios a la sensibilidad propia de los cineastas contratados para rodarlas siendo el caso de Scott Derrickson en esta misma producción el más reciente, pero no el único si recordamos los de Joss Whedon con LosVengadores: La Era de Ultrón o Edgar Wright en Ant-Man. Sea como fuere aquí va nuestra opinión de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura.
Aunque se muestra continuista audiovisual y narrativamente con la primera entrega estrenada en 2016 heredando todo el lore planteado por Scott Derrickson Doctor Strange en el Multiverso de la Locura mantiene conexiones directas, más o menos explícitas, con WandaVision, Spider-Man: No Way Home, Loki y la serie What If…?, por lo que es recomendable tener recientes todas esas producciones. Habían dos temores principales relacionados con esta segunda aventura en solitario protagonizada por Stephen Strange que se convirtieron en la comidilla del fandom durante los últimos meses, uno de ellos potenciado por lo que pudimos ver en la última película del Hombre Araña interpretado por Tom Holland. El primero era que la confirmación del Multiverso convirtiera a este en el epicentro de las posteriores producciones de Marvel Studios con el peligro que ello supone a la hora de intentar epatar al espectador por medio de cameos estelares sin orden ni concierto. El segundo, que ya hemos apuntado previamente, se centraba en cuánto de la personalidad de Sam Raimi veríamos en pantalla sabiendo que todo apunta a que Scott Derickson abandonó el proyecto por querer acercarlo demasiado al terror ante la negativa de Kevin Feige y sus colaboradores.
Por un lado esta nueva aventura del Doctor Strange confirma que el Multiverso no va a convertirse, al menos por ahora, en el centro neurálgico del Universo Cinematográfico Marvel, sino en un añadido al que se podrá recurrir regularmente para, posiblemente, construir algo más grande que, por las pistas que nos van ofreciendo, podría tratarse de una adaptación de las Secret Wars del año 2015 ideadas por el guionista estadounidense Jonathan Hickman y el ilustrador croata Esad Ribic. El uso que se hace del Multiverso en este largometraje y las "apariciones especiales" son solo una parte más del entramado en el que se ve envuelto el personaje principal. Por otro no solo podemos asegurar que en Doctor Strange en el Multiverso de Locura se notan la personalidad y las señas de identidad de Sam Raimi como cineasta, sino que la vertiente más presente a lo largo del metraje no es precisamente las de su trilogía de Spider-Man, sino la de la franquicia Evil Dead, la de Darkman, la de Arrástrame al Infierno e incluso la de productos más alimenticos, impersonales y de encargo como Oz, Un Mundo de Fantasía.
Lo cierto es que los aficionados a los cómics del Doctor Strange no pudimos recibir con más entusiasmo que un director como Sam Raimi se encargara de esta secuela una vez el autor de El Exorcismo de Emily Rose se desvinculó del proyecto detrás de las cámaras. Más allá de las ingerencias que el estudio pudiera llevar a cabo con la labor del realizador solo pensar en el imaginario estilístico adherido al personaje después de cuatro películas en las que ha hecho acto de presencia con la especial sensibilidad del director de Un Plan Sencillo no podía ser más prometedor. Por suerta Raimi ha conseguido el doble logro de respetar todo lo planteado por su antecesor, pero en el proceso llevarse Doctor Strange en el Multiverso de la Locura a su terreno, el del fantástico y sobre todo el terror. Porque sí, esta nueva propuesta de Marvel Studios es la que más adentra en estos terrenos con apuntes incluso de cierto body horror y una violencia más explícita que en el resto de películas del Universo Cinematográfico Marvel.
Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, que arranca siguiendo la regla de Cecil B. Demile de comenzar una película con un terremo y a partir de ahí ir subiendo en intensidad, mientras presenta al personaje de America Chavez (Xochitl Gomez), es una sinfonía de proporciones mastodónticas con un despliegue de medios y recursos audiovisuales de primer orden. Como era de esperar, y con la apariencia de haber disfrutado de una libertad creativa más que notable, Sam Raimi se siente como en casa a la hora de configurar esta historia protagonizada por el Hechicero Supremo viajendo entre universos haciendo gala de una puesta en escena mutante y moldeable que lleva a nuevas cotas de psicodelia a lo Steve Ditko lo que ya había extrapolado con bastante acierto a imagen real Scott Derrickson. Pero Sam Raimi va más allá interconectando géneros como el terror, las monster movies, la cienca ficción o la aventura clásica con algunos pasajes memorables como el viaje express por universos, la persecución subterranea o la "batalla musical" que seguramente se incluyera a petición de un Danny Elfman muy inspirado con un ecléctico score que mezcla sus inconfundibles coros con guitarrazos hasta de rock progresivo.
Pero lo importante de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, y era algo que era aplicable también a Spider-Man: No Way Home, es que debajo de la fanfarria, la hipérbole y el caos controlado nos encontramos una historia de personajes que, simepre adheridos al cine comercial en el que han sido diseñados, ofrecen un perfil psicológico sólido viéndose potenciado por la labor de los actores que les dan vida. En lo referido a los dos más importantes Benedict Cumberbatch se enfrenta al reto de tener que encarnar a varias versiones de un personaje que ya es indivisible de su impronta actoral de manera que su labor es excelente. El problema es que tanto él como el resto del reparto se ve arrasado por esa fuerza de la naturaleza llamada Elizabeth Olsen. Wanda Maximof vuelve al medio cinematográfico después de haberse convertido en el mejor y más complejo personaje de todo el UCM tras su paso por WandaVision. Aunque su rol incursiona en algunos tópicos su paso al lado oscuro está acertadamente justificado al estar bajo el influjo del Darkhold y sobre ella recae casi toda la carga dramática de la obra permitiéndole devorar cada encuadre mientras Sam Raimi materaliza sus lucha interna con algunas decisiones formales que poco tienen que envidiar a las mejores secuencias de la serie que compartió con la Visión de Paul Bettany y otras en las que se convierte practicamente en la villana de una película de terror.
El visionado de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, con su correspondientes dos escenas post créditos, confirma lo que ya pudimos vislumbrar en Spider-Man: No Way Home, la notable mejoría de lo que estaba siendo una irregular Fase 4 a la que le todavía le cuesta encontrar el equilibrio a la hora de interconectar largometrajes con series para su plataforma de streaming. Sam Raimi ha vuelto al mundo del cine superheróico de manera excelsa después de la decepción que supuso para él y gran parte del fandom lo que Sony Pictures hizo con Spider-Man 3. La mezcla de géneros, los personajes con alma y las sorpresas bien dosificadas son los materiales sobre los que Marvel Studios ha construido un nuevo éxito cinematográfico que solo en su primer día en cartel recaudó 90 millones de dólares en Estados Unidos y 229 en la taquilla internacional. Esta buena noticia tiene un sabor agridulce y es que si bien lo números que se manejan apuntan a asistencia en masa a unas salas necesitadas de espectadores, las presiones de Disney para que las multisalas programen más sesiones de su producto perjudicando así al resto de propuestas en cartel confirma muchas de las afirmaciones que Martin Scorsese lleva años compartiendo con respecto al cine de Marvel Studios en particular y el de superhéroes en general. Solo el tiempo nos dirá si tiene razón.
"La única manera de parar a una Hechicera, es con otra Hechicera"
El día 23 de noviembre del pasado año llegaba por fin a Netflix la Parte 2 de Masters of the Universe: Revelation la muy controvertida y comentada nueva serie animada producida por Mattel Television y Powerhouse Animation Studios junto a la plataforma de streaming y que ya en agosto de 2021 hizo correr ríos de tinta digital a favor y en contra de un proyecto que cuenta con el cineasta y guionista estadounidense Kevin Smith como showrunner. El fandom se dividió entre aquellos que renegaron de un producto que dejaba a He-Man y Skeletor en un segundo plano para dar más protagonismo a personajes como Teela o Evil-Lyn afirmando que lo ideado por Netflix no era un producto fiel a la franquicia nacida como colección de figuras a principios de los 80 y los agradecidos por una producción que, aun manteniendo la esencia y gran parte del lore de MOTU, miraba hacia adelante permitiendo a su microcosmos evolucionar y transitar territorios hasta ese momento inexplorados por las series animadas de los Amos del Universo. Recordemos que Masters of the Universe: Revelation se une a otras dos piezas animadas relacionadas con la misma saga y producidas por Netflix como la reivención, tampoco exenta de polémica, de She-Ra: The Princess of the Power ya consolidada con cinco temporadas en su haber y He-Man y los Masters del Universo, más dirigida al público infantil y con una reformulación estilística de los personajes que, por supuesto, también disgustó a cierto sector de los aficionados. Como ya me despaché a gusto, no con aquellos a los que no les gustó la serie de Kevin Smith y que lo argumentaban con sentido común, sino con los que la vilipendiarion de mala manera por motivos extra audiovisuales, para esta Parte 2 me voy a centrar en hablar del producto en sí y dejar de lado, en la medida de lo posible, controversias varias.
Masters of tne Universe: Revelation Parte 2 comienza justo donde acabó la primera parte, con Skeletor convertido en Sekelegod después de supuestamente matar a un recién resucitado Príncipe Adam y haberse hecho con el Poder de Grayskull gracias a la espada de poder. A partir de este planteamiento, que se desarrollará a lo largo de cinco episodios, recuperaremos a los dos personajes masculinos copando mucho más protagonismo que en la Parte 1, mientras Teela y sobre todo Evil-Lyn seguiran siendo los pilares maestros sobre los que se construirá lo que no deja de ser una temporada dividida en dos partes que se hubiera ahorrado muchos problemas de haber sido subida a la plataforma de una sola vez. Si en los cinco episodios que pudimos ver en el mes de agosto era Teela la que centraba la atención de Kevin Smith y sus colaboradores, esta vez será la asociada de Skeletor la que se convierta no sólo en el rol más importante, sino en el más interesante por cómo es abordado su perfil psicológico.
Como acabamos de apuntar los dos personajes protagonistas vuelven y ocupan roles relevantes en la historia planteada por Kevin Smith y sus guionistas, pero aquí voy a dar la razón a algunas de las quejas que se han vertido sobre la serie y su máximo responsable. El director de Persiguiendo a Amy o Red State estaba en todo su derecho de reducir el papel protagonista de He-Man y dar relevancia a muchos de los secundarios que enriquecen Masters of the Universe, pero lo que nunca debió hacer es faltar a la verdad afirmando que tendríamos a lo largo de Revelation mucho de él cuando en cierta manera esto no es cierto. Si en la primera parte de la serie el Hombre Más Poderoso del Universo desaparecía del mapa tras el primer episodio para aparecer solo en flashbacks y en la recta final con la forma del Príncipe Adam en esta segunda casi siempre lo volvemos a ver como el hijo de los reyes Randor y Marlena e incluso como el Savage He-Man, del que ahora hablaremos, y ya en la recta final como el verdadero He-Man, eso sí, protagonizando algunos de los mejores momentos de la serie.
Más allá de esta cuestionable argucia por parte de Kevin Smith un servidor no tiene más quejas con respecto al cineasta nacido en New Jersey en lo concerniente a su labor al frente de Masters of the Universe: Revelation. Como ya dejé patente en la reseña de la Parte 1 de esta misma serie o en la entrada que dediqué hace unos años del primer tomo de los cómics de la franquicia editados por DC, y que en algún momento me gustaría seguir reseñando, soy fan de MOTU desde niño, he consumido todos los productos audiovisuales relacionados con su mitología y lo expuesto en esta última producción no me parece en absoluto la blasfemia afirmada por algunos seguidores que hasta hace poco tenían a personajes como Teela o Evil-Lyn entre sus favoritos y ahora no los ven con aptitudes para ejercer papeles protagónicos en una sola de las series animadas facturadas alrededor de las figuras de acción diseñadas por Mattel.
Como previamente hemos afirmado en esta ocasión es Evil-Lyn el personaje que se convierte en el más relevante a lo largo de los cinco episodios de la Parte 2. Aunque pudiera parecer algo alejado de su esencia primigenia el arco dramático en el que se ve envuelta hunde sus raíces en la relación que esta mantiene con Skeletor como su subordinada; una interacción de abuso, poder y potencial traición que cristaliza en pasajes como el de la lugarteniente de Skeletor volviendo a su lado después de habe colaborado con el bando de los guerreros heróicos o el de la seducción con la que engaña a su líder para arrebatarle la espada de poder y con ella convertirse en un Master del Universo. No negaré que la visión de Smith y su equipo de Evil Lyn pueda ser polémica, pero desde una perspectiva psicológica es atractiva, poliédrica y da a su esencia una entidad que hasta ese momento no había tenido en ningún producto audioviusal relacionado con MOTU.
A pesar de lo previamente apuntado con respecto a que He-Man no ocupa mucho metraje en esta Parte 2 sí es cierto que Smith se saca un as de la manga muy potente y con buen resultado. En el momento en el que Adam invoca el poder de Grayskull sin la espada de poder como conductora vemos que el resultado es el príncipe tomando la forma del Savage He-Man, como si el autor de Batman: Cacofonía quisiera inlcuir en la mitología de la serie este personaje que nació como el He-Man primigenio en los minicómics antes de que se afianzara en la franquicia la identidad doble del protagonista. Ese pasaje concreto en el que esta antigua variante surgida de las viñetas se enfrenta a Skelegod es uno de los puntos álgidos en los que el acabado estilístico de Masters of the Universe: Revelation alcanza sus mayores cotas de espectacularidad y eficacia con un pasaje memorable en el que el enfrentamiento entre los dos titanes ofrece la mejor cara de la labor de los animadores de la serie.
Desgraciadamente, y como ya sucedía en la Parte 1, el trabajo global de la gente de Powerhouse Animation Studios queda empañado por un resultado irregular. Una vez más la animación de la serie nunca cae en lo vergonzoso o reprobable, pero sí es cierto que hay una diferencia bastante clara entre los medios más exiguos usados para las secuencias estáticas o calmadas y los puestos a disposición del proyecto cuando la acción y el dinamismo son el centro de atención. Por eso hay conversaciones o interacciones entre personajes pecando en ocasiones de acartonadas y rígidas mientras que los combates cuerpo a cuerpo o las batallas campales lucen con la potencia visual esperable de un producto ideado por los responsables de Castlevania. El último episodio, al igual que el primero de la Parte 1, es solo una muestra de hasta dónde podía haber llegado Masters of the Universe: Revelation si hubieran depositado en ella una animación más minuciosa que abarcara todo su apartado técnico.
A pesar de la polvareda levantada a su alrededor un servidor queda muy satisfecho con la visión ofrecida por Kevin Smith de Masters of the Universe y si bien es cierto que en ocasiones comete errores reprobables con respecto al legado de MOTU por otra parte siempre ha estado predispuesto a llenar de easter eggs y referencias el proyecto para buscar conexiones con el seguidor veterano de la franquicia. Pero es un hecho que Masters of the Universe: Revelation ha dividido al fandom de manera visceral, más que ningún otro producto audiovisual de MOTU, aunque en eso también puede que haya influido la gran presencia de redes sociales en la actualidad que no existían cuando se emitieron las versiones de los 80, 90 y 2000. Smith y sus colaboradores dejan las puertas abiertas para una segunda tempora con la presencia de la Horda del Terror comandada por Hordak, pero por ahora nada sabemos de si llegará a producirse, ojalá que sí y podamos ver incluso a She-Ra codearse con su hermano dentro de esta nueva serie animada.
A finales del año 2015 en la editorial Hakusensha de la revista Young Animal daban la noticia que millones de fans de Berserk en todo el mundo llevaban décadas esperando. En 2016 se estrenaría un nuevo anime en la cadena de televisión de pago y plataforma streaming japonesa WOWOW que adaptaría el resto del manga de MIURA Kentaro posterior a La Edad Dorada y a los terribles hechos acontecidos durante la saga El Eclipse. De la producción se encargaría el estudio de animación Liden Films con GEMBA y Millepensee y del diseño de personajes el estudio Hisashi Abe. Se asignó a Shin Itagaki como director, Makoto Fukami y Takashi Yamashita como guionistas y Susumu Hirasawa se ocuparía nuevamente de la banda sonora como ya hizo en el anime original y parte de la trilogía cinematográfica. El mismo MIURA Kentaro ejercería de supervisor ejecutivo de las dos temporadas de las que más tarde constó el proyecto. En esta ocasión la animación supuso un extraño híbrido de 2D y 3D mucho más invasivo que en la trilogía de la Edad de Oro con resultados que causaron un enorme polémica a la que volveremos cuando hablemos del muy cuestionable apartado técnico del producto.
Las dos temporadas que compusieron este segundo anime constaron de doce episodios cada una de ellas y son consideradas las secuelas oficiales de la trilogía La Edad Dorada de 2012-2103, aunque también podrían serlo casi del anime original ya que aquel abarcaba en gran parte la misma etapa del manga. En la primera temporada se desarrolla el arco argumental Condena y en la segunda parte de El Halcón Milenario, de manera que por fin debutan en imagen en movimiento personajes como Puck, Isidro, Farnese de Vandimion, Serpico, Schierke o Evarella, así como villanos del rango de Lord Mozgus que, por motivos obvios, no habíamos visto en las dos versiones audiovisuales de Berserk. Como era de esperar todas estas noticias fueron bien recibidas por los fans aficionados, ya que si bien es cierto que el manga nunca volvió a alcanzar las cotas de calidad de la famosa era en la que Guts conoció a la Cuadrilla del Halcón no fueron pocas las historias narradas por Miura que siguieron acrecentando la fuerza narrativa de su obra más representativa.
Desgraciadamente los malos augurios llegaron con los primeros adelantos y trailers del anime. Una vez estrenados los capítulos iniciales se pudo confirmar que nos encontrábamos ante la versión en imagen animada de Berserk con peor calidad. Por un lado es de recibo mencionar que la fidelidad al diseño de los personajes del manga era la más fiel que habíamos tenido hasta el momento, consiguiendo capturar hasta el más mínimo detalle de la fisionomía de los protagonistas y secundarios con un detallismo destacable, algo que debería haber hecho ganar muchos puntos al proyecto , pero que finalmente causó graves problemas de renderización al estudio GEMBA optando por simplificar algunos aspectos para poder llegar a tiempo del estreno de la serie. El resultado es una aparatosa mezcla de 2D y 3D, alternándose aleatoriamente, convirtiendo el acabado artístico del producto casi en la interminable cinemática de un videojuego con no muy reseñable calidad.
En uno de los pocos aspectos en los que la animación funciona y posiblemente con más contundencia que en las adaptaciones previas del manga es a la hora de capturar con eficiencia los efectos que causaría Guts haciendo uso de su matadragones. Como es lógico que un guerrero de fuerza sobrehumana con una espada de mayores dimensiones que su propia fisionomía la utilice en pleno campo de batalla debe causar una devastación, la misma que se ve con todo lujo de detalles en el manga, y en este anime así acontece, con el protagonista destrozando de un solo mandoblazo cuerpos enteros de caballeros de la Santa Cadena, monstruosidades o criaturas sobrenaturales varias convertidas en amasijos sanguinolentos. Con todo se mantiene la tradición de reducir en mucho el grafismo de las viñetas, un mal endémico de las tres adaptaciones de Berserk que en este en concreto alcanza momentos de sonrojo con la censura en cuanto a sexo, con cuerpos desnudos carentes de algunas zonas erógenas y cualquier tipo de genital.
En lo referido al ritmo narrativo tenemos notorias luces y sombras. El mismo es notablemente acelerado, por lo tanto no da un sólo respiro al espectador que lo tendrá muy difícil para aburrirse con la sesión continua de combates cuerpo a cuerpo, batallas campales, persecuciones, magia negra, satanismo e intrigas palaciegas con las que Shin Itagaki, Makoto Fukami y Takashi Yamashita y su séquito de acompañantes nos asedian desde la pantalla. En el lado negativo este cúmulo de situaciones en cascada reducen al mínimo exponente el desarrollo de personajes y las relaciones interpersonales compartidas entre los mismos, saltándose pasajes importantes del manga y menoscabando el perfil psicológico de los roles protagónicos y capitulares, esto último, junto al apartado gráfico, la mayor virtud de MIURA Kentaro con respecto a su trabajo en Berserk.
Aunque el ritmo espídico no deja demasiado tiempo al espectador para pararse a pensar en lo muy cuestionable que es el producto, la presencia de personajes que nunca habíamos visto adaptados a la pantalla grande o pequeña es un estímulo notable y la banda sonora plagada de temas heavy metal sienta como un guante al tono de la propuesta, este segundo anime de Berserk es una mediocridad con pasajes bordeantes en el sonrojo. Cada vez que comenzamos a disfrutar de algún momento potente repleto de animalismo descarnado algún movimiento o acción de los personajes, como esa manera tan paupérrima de recrear los pasos de Guts, se convierten en un meme que nos hacen lamentar no haber sido testigos de lo que pudo ser y no fue. Quedamos a la espera de que se revisen estas dos temporadas con los medios necesarios y los profesionales adecuados o una continuación que acometa con respero el resto de de la obra hasta donde MIURA Kentaro la dejó antes de fallecer prematuramente. Que la tierra le sea leve, maestro.
Aunque la decisión de abarcar con el primer anime de 1997 La Edad Dorada, considerada de manera casi unánime la mejor etapa del manga por los lectores del mismo, fue bien recibida y todo un éxito tanto para los fans de la obra de MIURA Kentaro como para los espectadores casuales que se quedaron prendados con aquellos 25 episodios repletos ruido y furia, la imposibilidad de ver adaptada la extensa etapa posterior a El Eclipse transmitió cierta decepción generalizada. Durante muchos años se esperó que un nuevo anime continuara las aventuras de Guts, Casca, Grifiith y compañía posteriores a la ofrenda de este último a los componentes de la Mano de Dios, suponiendo la brutal destrucción de la Cuadrilla del Halcón y la mayoría de sus miembros. Por fin en 2010 comenzaron a correr por redes sociales y distintas publicaciones especializadas las noticias sobre un nuevo anime que daría continuación a lo narrado en el de finales de los 90 partiendo del volumen 35 del manga, algo que alegró a los muchos seguidores del famoso seinen. Un año después se confirmó que ni sería un anime serializado, ni una continuación del original, sino una trilogía de películas que revisarían, una vez más, La Edad Dorada.
Con producción de Studio 4°C y dirección de Toshiyuki Kubooka las tres películas se titularon Hao no Tamago (El Huevo del Rey Conquistador), Doldrey Kōryaku (La Batalla de Doldrey) y Kōrin (El Advenimiento). Las dos primeras llegaron a los cines nipones en febrero y junio de 2012 respectivamente y la tercera se exhibió en febrero de 2013. En la mayoría del resto de países fue estrenada directamente en formato doméstico y plataformas digitales. La excusa que la productora puso para volver a adaptar el mismo arco que ya pudimos ver en el anime fue la de mejorar la animación que en esta ocasión mezclaría el el 2D y el 3D. Con respecto a esta afirmación el resultado es irregular, como más tarde pasaremos a mencionar, pero es ineludible que este "remake" de The Golden Arc en formato largometraje es un producto de notable calidad con muchas más virtudes que carencias.
El Huevo del Rey Conquistador abarca desde el encuentro y posterior reclutamiento de Guts en la Cuadrilla del Halcón hasta que este se ve obligado a matar a Adonis y descubre mediante una conversación con Charlott, la princesa del reino de Midland, la idea poco altruista que tiene Griffith sobre la amistad y los componentes de su banda. La Batalla de Doldrey, como su propio nombre indica, toma como epicentro el famoso enfrentamiento bélico que termina por encumbrar a la Cuadrilla del Halcón con Griffith hecho prisionero por el rey de Midland en la Torre del Renacimiento después de haber sido sorprendido manteniendo relaciones sexuales con la princesa. El Advenimiento narra los hechos acontecidos en El Eclipse con Griffith liberado por Guts después de un año de encierro repleto de torturas y ofreciendo en sacrificio a la Cuadrilla del Halcón, mediante el beherit, para convertirse en el quinto dedo de la Mano de Dios.
Lo primer que llama la atención de esta trilogía de la largometrajes es que quince años después del primer anime todavía sigue siendo una adaptación del manga que reduce en mucho las cantidades de violencia y sexo. Es cierto que en ese aspecto muestra más que aquella producción de Oriental Light And Magic de 1997, pero aun así queda lejos de extrapolar de manera verdaderamente fidedigna lo descarnado del manga. Esta afirmación no es una queja, más si cabe teniendo en cuenta que Berserk posiblemente sea una de las obras más estilísticamente sádicas del arte secuencial nipón y que llevar todas las enfermizas situaciones planteadas por MIURA Kentaro se antoja harto difícil, pero sigue llamando la atención cómo otros animes sí se han atrevido a adentrarse en terrenos más complicados que cualquiera de las adaptaciones de Berserk. Con esto no queremos decir que en esta nueva versión de La Edad Dorada no haya sangre, vísceras y sexualidad, pero es exigua con respecto a su fuente de origen.
Solo con visionar la primera de las tres películas salimos de dudas sobre aquella afirmación por parte de la gente de Studio 4°C con respecto a que una mejoría en la animación era el motivo principal para adaptar de nuevo la famosa etapa del manga. Ciertamente Toshiyuki Kubooka y su equipo técnico ejecutan una labor excelsa en lo referido al diseño de personajes, la fluidez con la que se mueven en pantalla y el desarrollo de secuencias dinámicas con especial hincapié en unas batallas campales de factura casi impecable o lo que viene a ser lo mismo, toda la animación en 2D es de un nivel casi sobresaliente. No así ocurre con el 3D, focalizado principalmente en los paisajes y fondos que como suele suceder choca frontalmente con la técnica tradicional y no sólo eso, sino que al poco tiempo de su estreno envejece de manera alarmante. Esta idea de mezclar el 2D con el pixel se ha convertido en un mal endémico en el anime que ha hecho mermar las virtudes de productos tan destacables como Ghost in the Shell 2: Innocence entre otros. La presente trilogía de Berserk no es una excepción a esa regla.
La trilogía cinematográfica de La Edad Dorada funciona donde el anime de los 90 fallaba, pero cae en algunas carencias que aquel sabía esquivar con acierto. Por suerte sus responsables son lo suficientemente profesionales para diseñar un producto muy estimable que dejó notoriamente satisfechos a los fans del manga de MIURA Kentaro, aunque una vez más se quedaron sin ver en la pantalla grande o la pequeña las aventuras posteriores del Guerrero Negro. Por suerte la recompensa mereció la pena y si es cierto que El Huevo del Rey Conquistador y La Batalla de Doldrey son dos cintas con numerosos aciertos y hallazgos es El Advenimiento, con su traslación de El Eclipse, la que mejor partido saca a la fuerza narrativa inyectada por el autor de Japan en su obra de más relevancia en el mundo del arte secuencial, aunque una vez más el 3D juegue en contra del conjunto de la obra. Con todo, los seguidores de Berserk siguieron añorando ver una pieza audiovisual que se acordara de las historias de Guts post Edad Dorada y tres años después la espera terminó, para bien o para mal.
Título Original Berserk (剣風伝奇ベルセルク Ken fū Denki Beruseruku) Dirección Naohito Takahashi Guion Yasuhiro Imagawa, Shinzo Fujita, Makoto Itakura, Shoji Yonemura, Yukiyoshi Ôhashi, Atsuhiro Tomioka. Manga: Kentaro Miura
Conociendo a día de hoy la repercusión internacional de un manga tan famoso como Berserk se antoja difícil de creer que el anime no llegara a realizarse y estrenarse hasta ocho años después del inicio de su publicación en la revista japonesa Animal House, posteriormente renombrada como Young Animal, allá por el lejano 1989. Vio la luz por primer vez en 1997 a manos del estudio Oriental Light And Magic, por aquel entonces con un currículum no muy extenso a sus espaldas con adaptaciones de Wedding Peach o Mojacko, pero todo cambiaría aquel mismo año con el descomunal éxito de Pokémon que se convertiría en su franquicia estandarte. Del desarrollo del anime se ocupó el hoy disuelto equipo de Shōji Ōta (TEAM OTA) que operaba junto a otros dentro de la compañía. De la dirección de los 25 episodios que conformaron la serie se encargó Naohito Takahashi y este contó con la colaboración del mismo MIURA Kentaro que estuvo muy vinculado con el proyecto ejerciendo labores de supervisión. Con el titulo original de Berserk (剣風伝奇ベルセルク Ken fū Denki Beruseruku), también conocido como Kenpuu Denki Berserk o Kenfu Denki Berserk), o Berserk: Historias de la Ráfaga de Espada en español, se emitió por primera vez desde el 7 de octubre de 1997 al 31 de marzo de 1998.
Los ya citados 25 episodios que conforman el anime de Berserk abarcan los dos arcos argumentales que dieron arranque al manga hace más de 30 años, El Guerrero Negro y La Edad Dorada. Aunque la fidelidad a las viñetas diseñadas por MIURA Kentaro es notablemente reseñable se obviaron personajes secundarios relevantes y se incluyeron otros en historias que en el manga no contaban con su presencia. Por otra parte y como era de esperar la violencia y el sexo, que en la obra en papel es del todo desmesurada, se vieron notablemente suavizados con la intención de no tener problemas con la censura y así ser mucho más accesible para casi todo tipo de público. El resultado fue satisfactorio y el anime no sólo desembocó en un notable éxito, sino que también acercó a no pocos potenciales lectores a la obra primigenia de MIURA Kentaro.
Lo primero que llama la atención de este primer anime de Berserk, y es algo que sobre todo a los lectores del manga debió desconcertar notablemente en su momento, es el tono liviano y hasta cursi de su opening. No sólo por las imágenes que lo conforman, muy alejadas de lo que debería ser un seinen tan salvaje como este, sino por el tema musical elegido para complementarlo. El corte Tell Me Why, interpretado por la banda de rock japonesa Penpals, pareciera tener poco que ver con las sanguinolentas aventuras medievales de Guts, algo que se acentúa con la terrible versión española de la canción que pareciera tener autoría del inefable grupo Pignoise. Por suerte el resto de la banda sonora, compuesta por Susumu Hirasawa, no transmite esa sensación debido a su capacidad para adecuarse con más eficiencia al material de partida con cortes como Beherit, Gattsu o Ghosts mezclando sonidos clásicos con electrónica y una épica que alcanza su cénit con la memorable Forces.
Una vez incursionamos en el primer episodio, con ese arranque forjando la espada de Guts que pareciera un homenaje al de Conan, el Bárbaro (John Millius, 1982), certificamos con alivio que Naohito Takahashi, Shōji Ōta y el resto de su equipo creativo mantienen la oscuridad y la sordidez tonal o conceptual del manga. Esa influencia tanto de largometrajes como Los Señores del Acero (Flesh + Blood, Paul Verhoeven 1985) o The Blood of Heroes (David Webb Peoples, 1989) se dejan notar desde las primeras imágenes. En lo referido a la animación a pesar de ser de mayoritariamente notable muestra ciertas carencias que no redondean adecuadamente el conjunto de la obra. Mientras los personajes principales están diseñados y animados con la profesionalidad exigida los que podemos encontrar en segundo término muestran un acabado desganado que ensombrece la labor de un 2D en ocasiones brillante que sabe capturar la esencia del trazo de MIURA Kentaro.
Como era de esperar la serie da lo mejor de sí misma a nivel visual y narrativo cuando se abarca el arco La Edad Dorada que sobrevuela casi todo el anime. Desde que Guts conoce a la Cuadrilla del Halcón, un batallón de soldados de fortuna comandados por el misterioso Griffith y su segunda al mando, Casca; hasta la saga del Eclipse la fidelidad con la que está trasladado el arte de MIURA Kentaro es encomiable. Cuando la ofrenda de Griffith acontece en pantalla mediante los últimos capítulos la sombra de los mitos de H.P. Lovecraft en las monstruosidades multiformes venidas del averno y la influencia de Hellbound Heart, de Clive Barker, con esos miembros de la Mano de Dios que fácilmente podían haber pasado por los cenobita comandados por Pinhead, se apoderan del metraje. Evidentemente se reduce la violencia explícita y el sexo, pero es una traslación impecable que sabe extrapolar toda la visceralidad e impotencia del manga.
Evidentemente podemos achacar algunas carencias a este primer anime de Berserk, como no haber arriesgado más con la violencia explícita, por aquel entonces la animación generalista japonesa era bastante más descarnada, haciéndolo formalmente más cercano al manga de MIURA Kentaro o haber homogeneizado la labor de los animadores para que el resultado alcanzara la excelencia visual que le queda lejos. Más allá de eso el diseño de personajes y localizaciones, las relaciones interpersonales de los protagonistas, las dinámicas de grupo dentro de la Cuadrilla del Halcón o la fuerza narrativa de los mejores pasajes de la obra secuencial son capturados con esmero y eficiencia gracias a los profesionales de Oriental Light And Magic que se atrevieron a mantener este primer contacto con Berserk alumbrando una pieza de culto que cada año gana nuevos adeptos y en ocasiones supone el encuentro inicial del espectador casual con la obra de Miura.
Título OriginalesExcalibur(1981) DirectorJohn Boorman
Guion Rospo Pallenberg, John Boorman RepartoNicol Williamson, Nigel Terry, Cherie Lunghi, Nicholas Clay, Helen Mirren, Paul Geoffrey, Gabriel Byrne, Robert Addie, Liam Neeson, Patrick Stewart, Clive Swift, Niall O’Brien, Corin Redgrave, Keith Buckley, Charley Boorman, Ciarán Hinds
Nada mejor que aprovechar este día que vamos a dedicar a la Leyenda Artúrica para hablar de la película que posiblemente mejor la ha llevado al medio cinematográfico. Curiosamente este año 2021 se cumplen 40 años de su estreno, por lo que dedicarle una reseña se antoja casi ineludible si queremos que esta jornada dedicada a Arturo, Camelot y los Caballeros de la Mesa Redonda abarque todos los medios posibles. A principios de los 80 John Boorman (1933, Surrey, Inglaterra) ya era un cineasta curtido en mil batallas desarrollando la mayor parte de su carrera en Estados Unidos. A Quemarropa (Point Blank, 1967), Infierno en el Pacífico (1968), Defensa (Deliverance, 1972), Zardoz (1974) o El Exorcista II: El Hereje (1977) engrosaban el currículum de un autor capaz de alternar proyectos muy personales con otros de naturaleza más comercial o alimenticia, aunque siempre con una profesionalidad y afán temerario dignos de elogio. Por eso en 1981 volvió a su Reino Unido natal y allí facturó uno de sus proyectos más ambiciosos, memorables y alabados.
Con guión del mismo John Boorman y su habitual colaborador a la escritura, Rospo Ballenberg, Excalibur se basa en la obra La Muerte del Rey Arturo, escrita por Thomas Malroy en 1485, aunque inspirándose también en otros textos, tomando las consabidas licencias con respecto al escrito del que se eluden, por poner un ejemplo, casi todos los elementos relacionados con el cristianismo. La película fue rodada en Irlanda, cerca del Condado de Wicklow, zona donde el director tiene su residencia, durante 26 semanas del año 1980 y utilizando como algunas de las localizaciones el Castillo de Cahir, el parque nacional de Montañas de Wicklow o la cascada de Powerscourt. Producida por Orion Pictures y distribuida por Warner Bros contó con un presupuesto de más de 11 millones de dólares, recaudando en la taquilla internacional 34 y convirtiéndose así en la decimoctava película más taquillera del año 1981. Su reparto está formado por Nicol Williamson, Nigel Terry, Cherie Lunghi, Nicholas Clay, Helen Mirren, Paul Geoffrey, Gabriel Byrne, Robert Addie, Liam Neeson, Patrick Stewart o Ciarán Hinds entre otros.
El de Excalibur es un caso de casi inexplicable alquimia cinematográfica que pudiera pasar por uno de los conjuros del mismísimo Merlín. Esta afirmación viene dada a que poseyendo poderosas virtudes, que más tarde pasaremos a mencionar y enumerar, tampoco son escasas las carencias o decisiones cuestionables tomadas por John Boorman y sus colaboradores. Los actores sobreactuados declamando más que dialogando sus líneas, que la película fuera doblada en su idioma original tampoco ayuda en este sentido; la exageración teatral de casi todas las situaciones vividas por personajes siempre al límite de la parodia, la condensación de hechos adscritos al mito artúrico resueltos de manera expeditiva o pasajes como el coito entre Uther e Igrayne mientras el primero sigue portando su aparatosa armadura ponen en solfa más de un aspecto del conjunto de la obra. Pero por una extraña alineación planetaria todos los actores exhalan carisma y rotundidad, mientras las intrigas en las que se implican adquieren una naturaleza hipnótica, esa economía en cuanto al desarrollo cronológico fluye de manera orgánica y nunca lastrando el buen discurrir del film y la escena de sexo es una de las más célebres del film.
John Boorman despoja de casi toda lectura romántica o melodramática los escritos de Thomas Malroy e incluso las relaciones pasionales o sentimentales como las de Uther e Igrayne primero y las de Lancelot y Ginebra más tarde destilan una pátina más de perversidad y fatalismo que de amor idealizado. Durante la primera mitad del metraje el tono tenebrista se apodera de la película con un retrato de las Eras Oscuras y el reinado de Uther Pendragon cercano incluso al género de terror gracias a los juegos de luces y sombras por parte de un Alex Thomson epatante con la dirección de fotografía. En la segunda parte, con Arturo portando la corona, la luminosidad, que irradian incluso las armaduras de los Caballeros de la Mesa Redonda, da al largometraje una conceptualidad casi capitular con resminiscencias propias de la literatura. La conjunción plena entre narración y apartado audiovisual desemboca en una propuesta genuina y casi única en su especie dentro del subgénero de la fantasía heróica aplicada al medio cinematográfico.
Posiblemente una obra audiovisual dedicada al Rey Arturo nunca ha alcanzado las cotas de épica que John Boorman imprimió a Excalibur. Pero se trata de una muy particular y nada ortodoxa, la que contextualiza una Edad Media moviéndose entre la ensoñación febril y una realidad áspera, violenta con secuencias de batallas campales salvajes y caóticas representadas por los mismos actores enfundados en las aparatosas armaduras diseñadas por Bob Ringwood. El choque entre el metal refulgente de las corazas con la naturaleza de parajes bucólicos alumbra una amalgama estilística y pictórica de acabado onírico en el que los personajes se mueven como arquetipos adheridos al mito y la leyenda. Todo un compendio de imágenes y sonidos capaces de construir una iconografía que trasciende la pura cinematografía para apelar a la confrontación entre cristianismo y paganismo, monoteismo y politeismo en una batalla de ribetes filosóficos y existencialistas cuya resonancia llega hasta nuestros días.
Ya hemos afirmado que el doblaje y las interpretaciones pretendidamente exageradas parecieran jugar en contra del reparto, pero el resultado, una vez más, no es negativo en manera alguna. Todos y cada uno de los intérpretes parecieran haber nacido para dar vida a sus papeles, desde los más importantes para la trama a los de presencia más testimonial cuya relevancia en el relato es más exigua. Incluso un Nigel Terry aparentemente falto de carisma, fuerza o presencia física como Arturo se gana el favor del espectador con la entrega a un rol cuyo arco dramático gana enteros a pasos agigantados con el paso de los minutos desembocando en el clímax aue supone la recuperación de su salud mediante el Santo Grial. Especial mención para Nicol Williamson ofreciendo una de las versiones más peculiares y tragicómicas de Merlín, una Helen Mirren inolvidable como la maquiavélica Morgana y Nicholas Clay como el íntegro y aguerrido Lancelot. A destacar unos jóvenes Patrick Stewart (Leondegrance), Liam Neeson (Gawain), Gabriel Byrne (Uther Pendragon) e incluso un Ciarán Hinds de 28 años de edad como secundario sin diálogo dando vida a Lot.
Excalibur es una megalómana sinfonía wagneriana de proporciones mastodónticas repleta de ruido y furia, así como un punto de inflexión dentro del subgénero de espada y brujería que la tomaría casi como su epítome más representativo. Tras ella la fantasía heróica conocería una nueva etapa de bonanza con proyectos tan estimulantes y variopintos como Conan el Bárbaro (John Millius, 1982), El Señor de las Bestias (Don Coscarelli, 1982), Lady Halcón (Richard Donner, 1985), Legend (Ridley Scott, 1985), Willow (Ron Howard, 1988) o las incontables variantes y exploits nacidas a rebufo de la versión que el director de Amanecer Rojo (1984) ofreció del cimmerio nacido de la pluma de Robert E. Howard. Aunque su carrera ha sido extensa y llena de altibajos John Boorman nunca volvió a conocer un éxito tan rotundo como el de su octava película detrás de las cámaras. Pero la estela de esta todavía se deja sentir en la actualidad, no sólo en las posteriores adaptaciones de los textos artúricos que languidecen a su lado, sino en otras producciones como la trilogía de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003) muy en deuda con esta inabarcable versión del reino de Camelot.
Título OriginalBright(2017) DirectorDavid Ayer GuiónMax Landis RepartoWill Smith, Joel Edgerton, Noomi Rapace, Lucy Fry, Brad William Henke, Andrea Navedo, Chris Browning, Brandon Larracuente, Scarlet Spencer, Pleasant Wayne, Derek Graf, Edgar Ramirez, Jay Hernandez, Ike Barinholtz, Enrique Murciano, Dawn Olivieri, Happy Anderson, Kenneth Choi, Alex Meraz, Matt Gerald, Chelsea Rendon, Daniel Moncada, Kevin Vance
En su afán por expandir horizontes en lo referente a su producción propia adscrita al mundo del largometraje la plataforma de streaming Netflix ha echado la casa por la ventana con la que hasta ahora es su mayor y más ambiciosa producción cinematográfica, una pieza que poco tiene que envidiar a los medios de los que hace gala cualquiera de los blockbusters hollywoodienses que ocupan nuestras carteleras una semana sí y otra también. La obra cuenta con las estrellas Will Smith, Joel Edgerton, Noomi Rapace o Edgar Ramírez como cabezas visibles del reparto, guión del reputado, y últimamente puesto en entredicho, Max Landis (Chronicle) y dirección de David Ayer (Escuadrón Suicida). Bright se ha convertido en la apuesta más fuerte por parte de Netflix a la hora de intentar entrar por la puerta grande, y con todas las de la ley, en el rentable mundo de las franquicias cinematográficas, ya que la intención de los productores de la obra era iniciar una saga que se extendiera a lo largo de varias entregas. Por desgracia el recibimiento de la película ha sido bastante negativo, llegando en ocasiones a ser tratada con un tono despectivo bastante reprobable, del que se ha hecho eco con cierta polémica el mismo David Ayer, aunque también ha sido alabada por varios sectores del público y la prensa especializada debido a la originalidad de su propuesta. Nosotros ya hemos visto el film y vamos a intentar dar nuestra opinión del mismo sin tener que caer en los improperios cargados de inquina vertidos en otros medios hacia lo que no deja de ser un intrascendente producto de ficción.
Antes de empezar con la reseña propiamente dicha debemos hacer una breve parada en la figura de su director. David Ayer es un guionista reconvertido en cineasta que después de escribir varios libretos para otros directores (Dark Blue, U-571, SWAT) se hizo un nombre cuando ideó el de Training Day, la excelente película policial de Atoine Fuqua protagonizada por un superlativo Denzel Washington y un no menos destacable Ethan Hawke. A partir de entonces Ayer decidió dar el salto a la realización y se embarcó en varios films que no sólo compartían la misma temática (Harsh Times,Los Dueños de la Calle, Sin Tregua) sino que en no pocas ocasiones parecían la misma obra sobre aguerridos representantes fuerzas de la ley, delincuentes y policías corruptos inspirada en autores como Sidney Lumet, Walter Hill o literatos como James Ellroy, con el que ha colaborado en varias ocasiones. Lo único que cambiaba en esas piezas era la forma, porque el fondo era prácticamente el mismo y eso añadía una molesta personalidad algo redundante a su filmografía.
Por otro lado es importante resaltar que David Ayer también se embarcó en proyectos de naturaleza más coral con Sabotage o Corazones de Acero (Fury), el primero de nuevo un policíaco y el segundo adscrito a las “tank movies” propias del género bélico, ambos trabajos con un trazo más crudo y visceral, haciendo un uso de la violencia más explícito, bordeando incluso el gore en ocasiones. Dichos largometrajes son muy importantes en la carrera de su autor, no porque fueran piezas de alta cinematografía, sino porque supusieron, con casi toda seguridad, los films que vieron los productores de Escuadrón Suicida para más tarde solicitar sus servicios como guionista y director de la polémica película de los célebres villanos de la editorial DC Cómics. Con un éxito de taquilla más que considerable, pero un recibimiento generalmente desfavorable por parte de la crítica y el fandom, Ayer cometía en la obra protagonizada por Will Smith, Margott Robbie y Jared leto, entre otros, unos errores en los que, por desgracia, ha vuelto a caer en Bright.
Lo curioso y temerario es que David Ayer haya reincidido en la mixtura de dos géneros, el thriller de acción con el fantástico, que en Escuadrón Suicida demostró no dársele muy bien. De modo que en Bright nos narra una historia localizada en una realidad alternativa en la que la humanidad ha convivido con todo tipo de criaturas sobrenaturales desde el principio de los tiempos y que está protagonizada por dos policías, el humano Daryl Ward (Will Smith) y el orco Nick Jakoby (Joel Edgerton), que durante una guardia nocturna encontrarán con una aparentemente traumatizada elfa llamada Tikka (Lucy Fry) que tiene en su poder una poderosa reliquia que puede cambiar el curso de la historia tanto para humanos como para “monstruos”. Mientras Ward y Jakoby tratan de salvaguardar a la chica y el peculiar objeto que porta, la peligrosa elfa Leilah (Noomi Rapace) y la “División de Magia” del FBI comandada por otro elfo, Serafín (Edgar Ramírez), intentarán hacerse con dicha fuente de poder ilimitado para saciar sus propios intereses.
Vaya por delante que el mayor handicap con el que he tenido que enfrentarme como espectador a la hora de ver un producto como Bright es que nunca he entrado al 100% en la película debido a lo rocambolesco de su propuesta. El contexto espaciotemporal en el que los seres humanos comparten los centros urbanísticos y barrios residenciales con orcos, hadas, elfos y demás criaturas de fantasía totalmente insertados, o eso parece en principio, en la sociedad mientras se nos narra un thriller policiacio amalgamado con un relato fantástico que hace gala de un bestiario de seres sobrenaturales se antoja para el que esto firma un punto de partida en no pocas ocasiones bordea la comicidad y en ese sentido mi empatía con el producto se ve brutalmente menoscabada. Lo cierto es que alabo la valentía de Max Landis y David Ayer por alumbrar una cinta de naturaleza tan atípica y arriesgada, pero no consigo conectar con ella y debido a esto mi inmersión en la historia no sólo no es la esperada, sino que también me quedo fuera de juego desde el mismo inicio del film.
Pero esta exclusión que experimenta un servidor como espectador no es sólo debido a que cada vez que visiono un orco vestido de rapero con sus camisetas de basket o cadenas y anillos de oro me cuesta aguantarme la risa, también tiene que ver con lo poco y mal definida que está la inclusión de estos seres en el contexto realista de la película. Max Landis no profundiza prácticamente nada en la mitología detrás de su guión, que podía haber sido abordada con una fluidez narrativa mucho más versátil, ideando con unos pocos trazos un microcosmos creíble que creara una mixtura sólida con la vertiente más urbana. En lugar de eso sólo tenemos un puñado de criaturas salidas de cuentos de hadas mezclándose con policías, civiles y pandilleros y un mínimo tono sobrenatural (que aumentará exacerbadamente en la recta final de la obra) relacionado con una “varita mágica” codiciada por federales, criminales y gente de la calle que se convierte en el insostenible MacGuffin sobre el que se sustenta el relato
Dentro de los dos géneros que tratan de convivir en Bright, y como era de esperar, el que mejor funciona es el de “buddy movie” en el que está especializado David Ayer desde sus tiempos de escritor para otros directores. El ritmo de thriller alternado con los toques de humor se suceden en sesión continua a lo largo del último trabajo del guionista de Training Day y el resultado ofrece algunos de los mejores pasajes de la obra. Las situaciones de interacción entre ambos personajes y su clásico choque de personalidades aunadas a las excelentes secuencias de acción son los exponentes en los que Ayer muestra su mejor cara (aunque como suele sucederle con regularidad introduce alguna innecesaria escena en slow motion en la que los efectos especiales juegan en su contra, como sucede con el choque del coche patrulla desde la perspectiva de un travelling lateral en el interior del vehículo) para de este modo salvar los platos del producto con algunos momentos muy inspirados como el del tiroteo de los cuatro policías o las persecuciones por la vía pública.
En cambio en la recta final del metraje cuando la vertiente más fantástica y mitológica de la cinta hace acto de presencia el pulso competente y resolutivo de David Ayer comienza a menguar y convertirse en un caos, algo muy parecido a lo que le sucedió en Escuadrón Suicida cuando le dio el peso de la narración al personaje de Enchantress de Cara Delevigne. El clímax final se revela de cara a la platea como un batiburrillo de secuencias atropelladas o referencias forzadas a El Señor de los Anillos y Willow en las que el thriller policíaco desaparece en favor de una película de “espada y brujería” introducida a martillazos en la trama para lucir un poco los efectos digitales que hasta ese momento habían estado adecuadamente dosificados y que aquí son desatados de mala manera para capricho de un David Ayer que trata de despedir de manera grandilocuente un producto que había ofrecido previamente sus mayores virtudes en el humilde ambiente callejero en el que siempre se ha movido su cine.
Con respecto al reparto es de recibo mencionar el muy buen trabajo de su pareja protagonista. Will Smith acomete uno de los personajes menos complacientes de su filmografía, un tipo que, sin ser un dechado de tridimensionalidad, en ocasiones se muestra desalmado (la escena con el hada) y de carácter irascible (el trato pusilánime hacia su compañero) pareciéndose en poco a los que normalmente suele interpretar. Mantiene el tipo y el envite de su partenaire un competente Joel Edgerton cuyas potentes facciones atraviesan el excelente maquillaje que lo caracteriza como orco de buen corazón. El actor australiano tira de dignidad para hacer creíble un rol que está muy lejos de serlo y el mismo método que él utilizan un Edgar Ramírez siempre elegante y sobrio a pesar de sus pintas de elfo venido a más, Lucy Fry como la asustadiza Trikki y una Noomi Rapace perfecta a la que le queda soberbio el rol de la villana Leilah, la elfa violenta y demente.
Bright, que quiere ser Alien Nation quedándose casi en Gnomo Cop (ojo, dos lagometrajes dignísimos, cada una en su estilo dentro de las “Buddy movies”), está lejos de ser la peor película del 2017, pero tampoco es una buena película. La última cinta de David Ayer es una mediocridad que no sabe medir los tiempos, mezcla inadecuadamente los géneros que la constituyen como pieza cinematográfica y no sabe abordar con entereza su nada sencilla propuesta argumental, desaprovechándola en gran medida y apelando a un subtexto social sobre el racismo y la intolerancia expuesto de manera simplista y superflua. De la misma manera que podemos confirmarla como una cinta agradable para pasar casi dos horas entretenidas con acción y algo de humor también es de locos que Netflix haya depositado todas sus esperanzas en un proyecto demasiado peliagudo que desde su misma gestación debería haber despertado las alarmas de sus ideólogos, porque si este es el camino que la famosa plataforma de streaming va a tomar para conquistar el mundo de los blockbusters hollywoodienses el mismo dificilmente podría ser más erróneo.