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viernes, 29 de diciembre de 2017

Bright, between light and darkness



Título Original Bright (2017)
Director David Ayer
Guión Max Landis
Reparto Will Smith, Joel Edgerton, Noomi Rapace, Lucy Fry, Brad William Henke, Andrea Navedo, Chris Browning, Brandon Larracuente, Scarlet Spencer, Pleasant Wayne, Derek Graf, Edgar Ramirez, Jay Hernandez, Ike Barinholtz, Enrique Murciano, Dawn Olivieri, Happy Anderson, Kenneth Choi, Alex Meraz, Matt Gerald, Chelsea Rendon, Daniel Moncada, Kevin Vance




En su afán por expandir horizontes en lo referente a su producción propia adscrita al mundo del largometraje la plataforma de streaming Netflix ha echado la casa por la ventana con la que hasta ahora es su mayor y más ambiciosa producción cinematográfica, una pieza que poco tiene que envidiar a los medios de los que hace gala cualquiera de los blockbusters hollywoodienses que ocupan nuestras carteleras una semana sí y otra también. La obra cuenta con las estrellas Will Smith, Joel Edgerton, Noomi Rapace o Edgar Ramírez como cabezas visibles del reparto, guión del reputado, y últimamente puesto en entredicho, Max Landis (Chronicle) y dirección de David Ayer (Escuadrón Suicida). Bright se ha convertido en la apuesta más fuerte por parte de Netflix a la hora de intentar entrar por la puerta grande, y con todas las de la ley, en el rentable mundo de las franquicias cinematográficas, ya que la intención de los productores de la obra era iniciar una saga que se extendiera a lo largo de varias entregas. Por desgracia el recibimiento de la película ha sido bastante negativo, llegando en ocasiones a ser tratada con un tono despectivo bastante reprobable, del que se ha hecho eco con cierta polémica el mismo David Ayer, aunque también ha sido alabada por varios sectores del público y la prensa especializada debido a la originalidad de su propuesta. Nosotros ya hemos visto el film y vamos a intentar dar nuestra opinión del mismo sin tener que caer en los improperios cargados de inquina vertidos en otros medios hacia lo que no deja de ser un intrascendente producto de ficción.




Antes de empezar con la reseña propiamente dicha debemos hacer una breve parada en la figura de su director. David Ayer es un guionista reconvertido en cineasta que después de escribir varios libretos para otros directores (Dark Blue, U-571, SWAT) se hizo un nombre cuando ideó el de Training Day, la excelente película policial de Atoine Fuqua protagonizada por un superlativo Denzel Washington y un no menos destacable Ethan Hawke. A partir de entonces Ayer decidió dar el salto a la realización y se embarcó en varios films que no sólo compartían la misma temática (Harsh Times, Los Dueños de la Calle, Sin Tregua) sino que en no pocas ocasiones parecían la misma obra sobre aguerridos representantes fuerzas de la ley, delincuentes y policías corruptos inspirada en autores como Sidney Lumet, Walter Hill o literatos como James Ellroy, con el que ha colaborado en varias ocasiones. Lo único que cambiaba en esas piezas era la forma, porque el fondo era prácticamente el mismo y eso añadía una molesta personalidad algo redundante a su filmografía.




Por otro lado es importante resaltar que David Ayer también se embarcó en proyectos de naturaleza más coral con Sabotage o Corazones de Acero (Fury), el primero de nuevo un policíaco y el segundo adscrito a las “tank movies” propias del género bélico, ambos trabajos con un trazo más crudo y visceral, haciendo un uso de la violencia más explícito, bordeando incluso el gore en ocasiones. Dichos largometrajes son muy importantes en la carrera de su autor, no porque fueran piezas de alta cinematografía, sino porque supusieron, con casi toda seguridad, los films que vieron los productores de Escuadrón Suicida para más tarde solicitar sus servicios como guionista y director de la polémica película de los célebres villanos de la editorial DC Cómics. Con un éxito de taquilla más que considerable, pero un recibimiento generalmente desfavorable por parte de la crítica y el fandom, Ayer cometía en la obra protagonizada por Will Smith, Margott Robbie y Jared leto, entre otros, unos errores en los que, por desgracia, ha vuelto a caer en Bright.




Lo curioso y temerario es que David Ayer haya reincidido en la mixtura de dos géneros, el thriller de acción con el fantástico, que en Escuadrón Suicida demostró no dársele muy bien. De modo que en Bright nos narra una historia localizada en una realidad alternativa en la que la humanidad ha convivido con todo tipo de criaturas sobrenaturales desde el principio de los tiempos y que está protagonizada por dos policías, el humano Daryl Ward (Will Smith) y el orco Nick Jakoby (Joel Edgerton), que durante una guardia nocturna encontrarán con una aparentemente traumatizada elfa llamada Tikka (Lucy Fry) que tiene en su poder una poderosa reliquia que puede cambiar el curso de la historia tanto para humanos como para “monstruos”. Mientras Ward y Jakoby tratan de salvaguardar a la chica y el peculiar objeto que porta, la peligrosa elfa Leilah (Noomi Rapace) y la “División de Magia” del FBI comandada por otro elfo, Serafín (Edgar Ramírez), intentarán hacerse con dicha fuente de poder ilimitado para saciar sus propios intereses.




Vaya por delante que el mayor handicap con el que he tenido que enfrentarme como espectador a la hora de ver un producto como Bright es que nunca he entrado al 100% en la película debido a lo rocambolesco de su propuesta. El contexto espaciotemporal en el que los seres humanos comparten los centros urbanísticos y barrios residenciales con orcos, hadas, elfos y demás criaturas de fantasía totalmente insertados, o eso parece en principio, en la sociedad mientras se nos narra un thriller policiacio amalgamado con un relato fantástico que hace gala de un bestiario de seres sobrenaturales se antoja para el que esto firma un punto de partida en no pocas ocasiones bordea la comicidad y en ese sentido mi empatía con el producto se ve brutalmente menoscabada. Lo cierto es que alabo la valentía de Max Landis y David Ayer por alumbrar una cinta de naturaleza tan atípica y arriesgada, pero no consigo conectar con ella y debido a esto mi inmersión en la historia no sólo no es la esperada, sino que también me quedo fuera de juego desde el mismo inicio del film.




Pero esta exclusión que experimenta un servidor como espectador no es sólo debido a que cada vez que visiono un orco vestido de rapero con sus camisetas de basket o cadenas y anillos de oro me cuesta aguantarme la risa, también tiene que ver con lo poco y mal definida que está la inclusión de estos seres en el contexto realista de la película. Max Landis no profundiza prácticamente nada en la mitología detrás de su guión, que podía haber sido abordada con una fluidez narrativa mucho más versátil, ideando con unos pocos trazos un microcosmos creíble que creara una mixtura sólida con la vertiente más urbana. En lugar de eso sólo tenemos un puñado de criaturas salidas de cuentos de hadas mezclándose con policías, civiles y pandilleros y un mínimo tono sobrenatural (que aumentará exacerbadamente en la recta final de la obra) relacionado con una “varita mágica” codiciada por federales, criminales y gente de la calle que se convierte en el insostenible MacGuffin sobre el que se sustenta el relato




Dentro de los dos géneros que tratan de convivir en Bright, y como era de esperar, el que mejor funciona es el de “buddy movie” en el que está especializado David Ayer desde sus tiempos de escritor para otros directores. El ritmo de thriller alternado con los toques de humor se suceden en sesión continua a lo largo del último trabajo del guionista de Training Day y el resultado ofrece algunos de los mejores pasajes de la obra. Las situaciones de interacción entre ambos personajes y su clásico choque de personalidades aunadas a las excelentes secuencias de acción son los exponentes en los que Ayer muestra su mejor cara (aunque como suele sucederle con regularidad introduce alguna innecesaria escena en slow motion en la que los efectos especiales juegan en su contra, como sucede con el choque del coche patrulla desde la perspectiva de un travelling lateral en el interior del vehículo) para de este modo salvar los platos del producto con algunos momentos muy inspirados como el del tiroteo de los cuatro policías o las persecuciones por la vía pública.




En cambio en la recta final del metraje cuando la vertiente más fantástica y mitológica de la cinta hace acto de presencia el pulso competente y resolutivo de David Ayer comienza a menguar y convertirse en un caos, algo muy parecido a lo que le sucedió en Escuadrón Suicida cuando le dio el peso de la narración al personaje de Enchantress de Cara Delevigne. El clímax final se revela de cara a la platea como un batiburrillo de secuencias atropelladas o referencias forzadas a El Señor de los Anillos y Willow en las que el thriller policíaco desaparece en favor de una película de “espada y brujería” introducida a martillazos en la trama para lucir un poco los efectos digitales que hasta ese momento habían estado adecuadamente dosificados y que aquí son desatados de mala manera para capricho de un David Ayer que trata de despedir de manera grandilocuente un producto que había ofrecido previamente sus mayores virtudes en el humilde ambiente callejero en el que siempre se ha movido su cine.




Con respecto al reparto es de recibo mencionar el muy buen trabajo de su pareja protagonista. Will Smith acomete uno de los personajes menos complacientes de su filmografía, un tipo que, sin ser un dechado de tridimensionalidad, en ocasiones se muestra desalmado (la escena con el hada) y de carácter irascible (el trato pusilánime hacia su compañero) pareciéndose en poco a los que normalmente suele interpretar. Mantiene el tipo y el envite de su partenaire un competente Joel Edgerton cuyas potentes facciones atraviesan el excelente maquillaje que lo caracteriza como orco de buen corazón. El actor australiano tira de dignidad para hacer creíble un rol que está muy lejos de serlo y el mismo método que él utilizan un Edgar Ramírez siempre elegante y sobrio a pesar de sus pintas de elfo venido a más, Lucy Fry como la asustadiza Trikki y una Noomi Rapace perfecta a la que le queda soberbio el rol de la villana Leilah, la elfa violenta y demente.




Bright, que quiere ser Alien Nation quedándose casi en Gnomo Cop (ojo, dos lagometrajes dignísimos, cada una en su estilo dentro de las “Buddy movies”), está lejos de ser la peor película del 2017, pero tampoco es una buena película. La última cinta de David Ayer es una mediocridad que no sabe medir los tiempos, mezcla inadecuadamente los géneros que la constituyen como pieza cinematográfica y no sabe abordar con entereza su nada sencilla propuesta argumental, desaprovechándola en gran medida y apelando a un subtexto social sobre el racismo y la intolerancia expuesto de manera simplista y superflua. De la misma manera que podemos confirmarla como una cinta agradable para pasar casi dos horas entretenidas con acción y algo de humor también es de locos que Netflix haya depositado todas sus esperanzas en un proyecto demasiado peliagudo que desde su misma gestación debería haber despertado las alarmas de sus ideólogos, porque si este es el camino que la famosa plataforma de streaming va a tomar para conquistar el mundo de los blockbusters hollywoodienses el mismo dificilmente podría ser más erróneo.


martes, 9 de agosto de 2016

Escuadrón Suicida



Título Original Suicide Squad (2016)
Director David Ayer
Guión David Ayer basado en los cómics de John Ostrander
Actores Will Smith, Jared Leto, Margot Robbie, Jai Courtney, Joel Kinnaman, Viola Davis, Cara Delevingne, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Adam Beach, Jay Hernandez, Karen Fukuhara, Scott Eastwood, Jim Parrack, Ike Barinholtz, Ben Affleck, Corina Calderon, Alex Meraz, David Harbour




Después de la polvareda que se levantó con el polémico estreno de Batman v Superman: El Amanacer de la Justicia de Zack Snyder DC Cómics sigue poniendo piedras para construir su propio universo cinematográfico con el que competir con Marvel Studios. Esta vez los elegidos han sido los miembros del Escuadrón Suicida, aquel grupo de soldados insubordinados creado por Robert Kanigher y Ross Andru en 1959 para el número 25 de la colección The Brave and the Bold y que casi veinte años después el guionista John Ostrander se ocupó de reformular y revisar a partir del número 3 de la miniserie Legends, para así dar inicio a una nueva etapa al grupo por el que pasarían decenas de personajes de DC. Ya en 2011, en pleno reboot de los New 52 tras el evento Flashpoint, el Escuadrón Suicida estableció una alineación que es en gran parte la que esta adaptación cinematográfica ha tomado como base. Para llevar a cabo esta cinta en la que un grupo de villanos es utilizado por el gobierno de Estados Unidos para realizar misiones imposibles en Warner Bros y DC Cómics contrataron los servicios de David Ayer, guionista (Training Day) y director (Harsh Times, Sin Tregua) especializado en el género policíaco y films protagonizados por grupos de antihéroes (Sabotage, Corazones de Acero). El largometraje se estrena hoy tanto en España como en Estados Unidos, pero antes del mismo la crítica pudo verla en un pase de prensa y lanzó no pocos dardos contra la producción enfantizando cuan fallida se mostraba de cara al público. En Zona Negativa ya hemos podido ver la película de David Ayer y a continuación trataremos de ofrecer qué nos ha parecido esta tan esperada Escuadrón Suicida, recomendando a los lectores que no pasen por alto que lo que aquí van a leer, por ahora, es la opinión de uno sólo de los muchos redactores de la web, teniendo cada uno de ellos su propia opinión del film que intentaremos publicar y recopilar próximamente.




Esta versión cinematográfica de Escuadrón Suicida tiene un extenso reparto entre el que podemos encontrar a Will Smith (Deadshot) Margot Robbie (Harley Quinn), Jared Leto (el Joker) Adewale Akinnuoye-Agbaje (Killer Croc) Jai Courtney (Capitán boomerang) Jay Hernández (Diablo), Cara Delevingne (Encantadora), Karen Fukuhara (Katana), Adam Beach (Slipknot) Joel Kinnaman (Rick Flag) y Viola Davis (Amanda Waller). La trama es sencilla y se inspira en la conceptualidad del grupo desde su nacimiento en las viñetas cuando, después de la desaparición de Superman tras el film inmediatamente anterior dirigido por Zack Snyder, Amanda Waller organiza un equipo de villanos fuera de la ley para implicarse en misiones suicidas. Por lo tanto Suicide Squad es una sencilla, directa y muy competente cinta de acción que da lo que ofrece, un grupo de los villanos y antihéroes más famosos del universo DC Cómics luchando contra fuerzas sobrenaturales. La película de David Ayer toma como punto de inicio Los Doce del Patíbulo (The Dirty Dozen), de Robert Aldrich y una historia cuyo desarrollo casi parece un remake de 1997: Rescate en New York, de John Carpenter, para que el director de los Dueños de la Calle lo convierta en blockbuster macarra y testosterónico que sin llegar a la incorrección política de Deadpool, de Tim Miller, sí consigue desvincularse un poco del tono más solemne que hasta ahora tenían las producciónes de Warner Bros que adaptaban al celuliode las aventuras de los personajes de la casa de Green Arrow o Wonder Woman.




David Ayer se toma su tiempo para presentar a los personajes y perfilar sus personalidades, para ello utiliza el pasaje en el que Amanda Waller propone a sus superiores la iniciación de la Fuerza Especial X enseñándole los expedientes de los miembros como excusa para incluir flashbacks en los que conoceremos sus orígenes y en los que veremos cameos de otros personajes de DC que no pertenecen al elenco principal del largometraje. En este proceso David Ayer, que se ha especializado en realizar films con policías que atravesaban con asiduidad la barrera de la legalidad, retrata a unos servicios de inteligencia americanos cuyos métodos expeditivos en poco se diferencian de los llevados a cabo por los protagonistas y que son comandados por una Amanda Waller que se revela como la verdadera villana del largometraje. En este proceso el guionista de Dark Blue sabe alternar drama ligero, humor (más acentuado que en ninguna otra película de DC) pilodras para saciar el apetito goloso del fandom (ese génesis de Harley Quinn con referencia a la famosa ilustración que Alex Ross le dedicó a ella y al Principe Payaso del Crimen) e inyectar los primeros apuntes de temática sobrenatural, relacionada con Encantadora, que se convertirán en el núcleo central que vertebrará la trama principal de la obra y en uno de los puntos flacos del proyecto. A partir de aquí David Ayer se marca una versión cinematográfica de Escuadrón Suicida que se revela como una divertida cinta de acción que se hace fuerte cuando se entrega al tono urbano y a pie de calle y se vuelve algo más endeble y redundante cuando afronta en su recta final la temática fantástica.




Evidentemente en un producto como Escuadrón Suicida los personajes son el principal atractivo y reclamo de cara al público, no sólo por si los actores han conseguido enfundarse bien los trajes de los mismos, sino también por si los ideólogos del largometraje han decidido ser fieles a las contrapartidas en viñetas que los inspiraron. A nadie se le escapa, porque es algo que ya vimos en los trailers, que Margot Robbie no sólo es lo mejor del reparto de la película, sino también una magnífica recreación de Harley Quinn, absorbiendo esa mezcla de sociopatía e inocencia que Paul Dini y Bruce W. Timm le ofrecieron cuando la crearon para la catódica, e inigualbale, Batman: The Animated Series. La protagonista de El Lobo de Wall Street respira sexualidad, ironía, es a la vez excitante e irritante, y tiene una química brutal con un excelente Joker de Jared Leto (una mezcla entre Marilyn Manson, la visión que dio del personaje Grant Morrison en su etapa de Batman y un proxeneta del Bronx) que por desgracia tiene muy poco tiempo en pantalla, aunque sus apariciones están adecuadamente repartidas a lo largo del metraje. Will Smith cumple como Deadshot, le ofrece carisma y fisicidad al personaje, pero toda la subtrama sentimentaloide con la hija para humanizarlo (seguramente por exigencias del mismo actor) sobra y lastra la imagen letal de su rol. Joel Kinnaman cumple como Rick Flag aunque le falta más presencia para parecer un verdadero líder, Jay Hernández se luce como Diablo, Karen Fukuhara está como de pasada dando cuerpo y poca voz a Katana, Cara Delenvingne parece ir puesta de metanfetamina dando vida a Encantadora, un irreconocible Adewale Akinnuoye-Agbaje se mete adecuadamente en la piel escamada de Killer Croc y Jai Courtney por fin da vida a un papel al que no quieres ver morir desde el minuto uno de metraje. Pero es Viola Davis la que se roba en no pocas ocasiones la velada su Amanda Waller, un personaje que la actriz de Criadas y Señoras (The Help) hace suyo.



La presencia de David Ayer era necesaria en el universo cinematográfico de DC, ya que el estilismo como realizador de Zack Snyder comenzaba a agotar a gran parte de los espectadores. El director de Sabotage es un artesano curtido en thrillers policíacos, que incluso ha jugueteado con el found footage en Sin Tregua (End of Watch) y en Escuadrón Suicida ofrece secuencias de acción más orgánicas, directas, no tan estilizadas y entregadas a el esteticismo, de hecho cuando el film se hace fuerte es cuand Ayer apela a este tipo de cine de género, con tiroteos, persecuciones, escenas de acción físicas, al celuloide de testosterona masculina deudor de John Carpenter. Porque, como hemos apuntado brevemente unos párrafos más arriba, cuando la película incide en su faceta sobrenatural, más superheróica o fantasiosa al cineasta parece como si no se le notara cómodo con el material, algo que se deja notar también en su guión, que en ese sentido desbarra en varias ocasiones en la recta final. Toda la trama centrada en Ecantadora/June Moone, su hermano y la brujería (con más de una referencia a Cazafantasmas, buscadas o no) parece que choca con el entramado más terrenal, aquel relacionado con una historia a lo Walter Hill sobre un grupo de dementes inadaptados capaces de meterse en la boca del lobo con tal de sacar algún tipo de beneficio personal o económico con ello. Con esto no afirmamos que la mezcla de géneros a la que apela la cinta no funcione, sino que la balanza se inclina con más peso hacia el que el guionista y director conoce más de primera mano en detrimento del que para él era ajeno y que aquí tantea por primera vez en su carrera, y ahí en cierta manera se notan varias flaquezas en la estructura de la obra.




Pasad de Rotten Tomatoes, Metacritic, y demás web de opinión, Escuadrón Suicida no es ni mucho menos el desastre que proclaman varios medios en la red, pero tampoco es una gran película o una pieza que vaya a redefinir el cine protagonizado por personajes de cómic. La cinta de David Ayer es cine de evasión, una obra divertida, ligera, macarra, sin más aspiraciones que entretener, un blockbuster orgulloso de serlo que muestra un tono diferente a lo que hasta ahora nos estaba ofreciendo la dupla Warner/DC, más divertido y pasado de rosca. Por el camino tenemos escenas bien ejecutadas, actores que en varios casos bordan sus papales, una banda sonora cojonuda con éxitos del rock de los 60 y 70 (Queen, Black Sabbath, The Animals) referencias al universo DC en viñetas, apuntes de por donde irán los tiros en la película sobre la Liga de la Justicia Americana que prepara Zack Snyder (sí, hay escena post créditos, pero sólo una) un guión que aunque con ritmo y bastante efectivo hubiera necesitado un par de revisiones y todo ello con la sana intención de hacer pasar al espectador dos horas de diversión sin pretensiones. En la opinión del que aquí suscribe la crítica americana tiene todo el derecho a no haber disfrutado la película, pero el escarnio que con ella llevan haciendo desde hace unos días es excesivo, porque una cinta sobre un grupo de criminales contratados por el gobierno de su país para hacer el trabajo sucio que ellos no se atreven a llevar a cabo es lo que Escuadrón Suicida ofrece el espectador. Si alguien esperaba algo más que eso evidentemente saldrá decepcionado, en cambio el que demande del producto lo que vio en los trailers pasará un muy buen rato con esta superproducción veraniega que no aspira a ser nada más que eso y a fe mía que lo consigue.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Sin Tregua



Título Original End of Watch (2012)
Director David Ayer
Guión David Ayer
Actores Jake Gyllenhaal, Michael Peña, Anna Kendrick, Frank Grillo, America Ferrera, Natalie Martinez, Cody Horn, David Harbour





La carrera del guionista y director David Ayer va en franca decadencia por culpa de su imposibilidad para hablarnos de otra cosa que no sean historias sobre agentes de la ley. Escritor experto en cine policíaco, se hizo un nombre por su guión para el magnífico thriller Training Day que le valió su segundo (y merecido) Oscar al actor Denzel Washington. Tras el éxito debutó tras las cámaras con Vidas al Límite (Harsh Times), otro largometraje sobre policías que se encontraban en el límite de la legalidad protagonizado por unos magníficos Christian Bale y Freddy Rodríguez, pero que se quedaba lejos de la calidad de la cinta de Antoine Fuqua.




Tres años después rodó Dueños de la Calle (Street Kings) con un argumento muy parecido y que a pesar de tener al mismísimo escritor de novela negra James Elroy en el guión y un grupo de actores bastante interesante lo único que conseguía era dejarnos ver que el conjunto se quedaba a medio gas en todos sus apartados y sobre todo recordarnos lo buena que es The Shield, la soberbia serie creada por Shawn Ryan que le daba sopas con hondas en todos los aspectos artísticos y técnicos compartiendo temática con ella.




Hasta hace cosa de una semana un servidor no sabía de la existencia de Sin Tregua (End of Watch), la última cinta de David Ayer. Según leí era un thriller espídico, de (una vez más) corte policiaco y adherido al subgénero de lo que ahora se llama de manera muy esnob "Found Footage" o "Metraje Encontrado", vamos, el falso documental de toda la vida. El resultado es considerablemente decepcionante porque el magnífico punto de partida se traiciona a sí mismo tanto en conceptualidad como en fondo y se entrega a una ingente cantidad de fallos que dan el traste con un largometraje que no llega ni al nivel de aceptable.




Brian Taylor (Jake Gyllenhaal) y Mike Zavala (Michael Peña) son una pareja de policías que patrullan las calles de Los Ángeles mientras graban sus hazañas con cámaras personales. Son considerados unos héroes y se han forjado una sólida fama como agentes de la ley frente a sus compañeros y en las mismas calles. Un día tras una exitosa redada se convierten en objetivos de un cártel conocido por su salvajismo y métodos brutales. En el trayecto seguiremos su escalada dentro del cuerpo policial, sus relaciones personales y su lucha contra los narcotraficantes que han puesto precio a sus cabezas.




Desde el principio End of Watch mete la pata en más de un sentido como producto cinematografico. Pasemos por alto el monólogo inicial del personaje de Gyllenhaal que ya nos indica por donde van a ir los tiros del largometraje en cuanto a retratar a su íntegros e intachables protagonistas y centrémonos en como Ayer subvierte de mala manera la estética que ha decidido tomar para narrar su film. Porque el guionista de Dark Blue hace un uso en general bastante malo del mokumentary al no ceñirse con fidelidad a esa temática que en ocasiones puede dar unos resultados muy destacables.




Para empezar el fallo más grande en lo que a conceptualidad se refiere es que Ayer no realiza su film integramente por medio de cámaras caseras, de vigilancia o las que llevan incorporadas los coches patrulla, también utiliza el método de rodaje tradicional, es decir, este no es un caso como Redacted de Brian de Palma en el que todo el metraje está expuesto por objetivos controlados por los propios personajes, lo que nos hace pensar en que si el autor no va a ser fiel a este estilo cuál es el motivo que le ha hecho decidirse a narrar así su historia. Dicha elección nos hace pensar en que el cineasta ha utilizado esta puesta en escena para contar de una manera estéticamente diferente la historia de siempre con una alarmante arbitrariedad bastante gratuita.




Por otro lado hay constantes dentro de este tipo de proyectos que no hay que traicionar, como un metraje inferior a los 90 minutos (si se queda en no más de 75 mucho mejor) y narrar la historia en tiempo real, es decir una sola noche en el caso que nos ocupa. Porque el metraje que supera la hora y media y las elipsis narrativas repetitivas y cansinas en las que vemos bodas, partos o condecoraciones roban de una tacada el ritmo endiablado que debería tener el film y que dejaría al espectador supuestamente clavado en la butaca, hecho que no sucede en ningún momento de la película porque los personajes no nos interesan demasiado.




Tampoco ayuda el retrato de los dos roles principales, plano y simplista, que no nos deja lugar a dudas de que los dos protagonistas (sólido Jake Gyllenhaal y creíble Michael Peña) son dos jóvenes muy humanos (se nos machaca continuamente con escenas familiares que ambos comparten para enfatizar de manera cansina su "hermandad") íntegros y justos como agentes de la ley que nunca cruzan la línea de la legalidad. Esto no sería un porblema, hay muchos films en los que los policías son intachables y no dejan de poseer una calidad fuera de toda duda, como La Noches es Nuestra de James Gray, pero si a esto sumamos que por otro lado también los narcotraficantes de Sin Tregua son en todo momento malvados negros o hispanos que siempre tienen cara de mala hostia, hablan soltando palabras malsonantes sin decir nada y recorren las calles con la mandíbula apretada pues el maniqueismo se hace palpable.




Una oportunidad desperdiciada, un film sin interés que podía haber sido el thriller del año y que se queda en un proyecto muy fallido que fracasa en su intento por mezclar el realismo sensacionalista del programa televisivo americano Cops, el desencanto de la memorable Los Nuevos Centuriones de Richard Fleischer y el tono de cámara en mano y epidérmico naturalismo de, una vez más, The Shield, esa serie que David Ayer parece querer copiar en cada uno de sus nuevos proyectos y esa Ten salida de su mano que está por llegar protagonizada con Arnold Schwazenegger, Sam Worthington, Terrence Howard y medio reparto de Lost por desgracia parece seguir la misma y equivocada senda que sus predecesoras.