DirectorMatthew Vaughn GuionJane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons RepartoRalph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson, Stanley Tucci, David Kross, Alison Steadman
Después de haber visto pospuesta su fecha de estreno en numerosas ocasiones, algo a lo que nos estamos habituando por culpa de los estragos que la pandemia está haciendo en la taquilla internacional, por fin llegaba a la cartelera española The King’s Man, subtitulada en nuestro país como La Primera Misión, la tercera entrega de la franquicia cinematográfica inspirada en la serie de Icon Comics creada por el guionista escocés Mark Millar (The Ultimates) y el dibujante inglés Dave Gibbons (Watchmen) en 2012 y que cuenta ya con tres miniseries. Dos años después de la publicación del primer arco, The Secret Service, el cineasta Matthew Vaughn produjo, co escribió y dirigió una adaptación protagonizada por Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine o Sofia Boutella que contó con una continuación tres años después titulada Kingsman: The Golden Circle reclutando a Jeff Bridges, Halle Berry, Chaning Tatum o Pedro Pascal para su casting. Cuando todo apuntaba que se cerraría la trilogía de las aventuras en el mundo del espionaje de Gary «Eggsy» Unwin el autor de X-Men: First Class o Kick-Ass anunciaba una precuela en la que se narraría el origen de la agencia de espionaje que da nombre a la franquicia. The King’s Man está escrita por Jane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn además de dirigida por este último y cuenta en su reparto con los rostros de Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci entre otros.
La época y el contexto histórico elegidos para desarrollar la trama y lo que vendría a ser la génesis de Kingsman como organización es la Primera Guerra Mundial y todos los hechos que llevaron a dicha contienda son expuestos en pantalla, pero con la ficticia implicación de los personajes ideados por Matthew Vaughn y sus colaboradores comandados por Orlando, el Duque de Oxford, interpretado por Ralph Fiennes. Tomando este punto de partida el director de Layer Cake factura una nueva entrega de la saga que respeta la esencia de las anteriores películas de Kingsman, pero esta vez adentrándose de manera más o menos ortodoxa en otros géneros como el bélico, que cobra gran protagonismo a lo largo del metraje. De esta manera nos encontramos nuevamente con una versión hiperbólica y con sobredosis de anabolizantes del cine de James Bond con su acción desmesurada, dramatismo y un humor más dosificado que en los trabajos previos, pero funcionando al 100% cuando la obra apela a él.
El atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, la mala influencia de Grigori Rasputín en el zar Nicolás de Rusia y su posterior asesinato mediante los medios más rocambolescos o los mismos combates en el frente durante la Gran Guerra sirven de material para que Matthew Vaughn construya una película profundamente británica en la que el patriotismo y el honor de morir en el cumplimiento del deber se convierten en el epicentro de un relato con tendencia al trazo grueso desde unas perspectiva política y el subrayado algo zafio con respecto a los distintos implicados en la Primera Guerra Mundial cayendo en tópicos manidos, pero siempre con la intencionalidad de dar empaque a una trama que no da un respiro al espectador mediante el habitual pulso del autor de Stardust que en esta ocasión no se revela tan desaforado como en Kingsman: El Círculo Dorado, que ya con su secuencia de apertura sobrepasaba cualquier pasaje exagerado de la primera entrega estrenada en 2014.
Como previamente hemos afirmado The King’s Man incide más en el drama que sus predecesoras y es que los estragos producidos por la guerra y la incursión de Conrad Oxford (Harris Dickinson) en el frente o la matanza encarnizada a la que allí asiste permiten a Vaughn jugar en un terrenos más predispuesto a la tragedia y la pérdida mientras configura secuencias de gran fuerza audiovisual como el enfrentamiento silencioso en tierra de nadie entre británicos y alemanes. Pero seguimos encontrándonos ante una película inspirada en el mundo secuencial creado por Mark Millar y Dave Gibbons, de manera que el humor negro y la violencia desaforada son de vital importancia en el discurrir de acontecimientos desarrollados a lo largo de la obra, llegando a su cénit con el enfrentamiento contra el Rasputín de un enorme Rhys Ifans que pedía a gritos, si no un spin off protagonizado por él mismo, al menos más metraje en pantalla.
Previsiblemente se ha renovado todo el reparto con respecto a las otras dos Kingsman, lógico si tenemos en cuenta que los hechos de aquellas ocurren 90 años después de los de la presente, pero en este sentido Matthew Vaughn y sus guionistas han pecado de conservadores y solo han sustituido a unos actores por otros para ejercer casi los mismos roles. Si el Orlando de Raplh Fiennes toma el relevo del Harry Hart de Colin Forth, el Harris Dickson el del Eggsy de Taron Egerton o Djimon Honsou hace lo propio con Mark Strong sería en el bando de los villanos donde no se respeta esa regla. Como era de esperar el actor de La Lista de Schindler o la saga Harry Potter sobresale por medio de carisma y elegancia, viéndose escoltado por sus ya citados aliados a los que se suman Gemma Arterton, Matthew Goode, Charles Dance, Daniel Brühl, Valerie Pachner o Tom Hollander, así como Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci con intervenciones más breves conformando un casting imponente al que también pertenece el anteriormente citado y alabado Rhys Ifans.
Aunque mueva sus piezas con soltura y eficiencia en un tablero diferente al de Kingsman: Servicio Secreto o Kingsman: El Círculo Dorado esta precuela comete el fallo de ser demasiado continuista y poco original cuando podía haber explorado nuevas posibilidades para una franquicia que comienza a dar síntomas, puede que no de cansacio, pero sí de desgaste. The King’s Man es un proyecto 100% Matthew Vaughn, un divertimento frenético, violento y ligero que da lo que promete respetando las constantes planteadas por Mark Millar y Dave Gibbons en el cómic primigenio. Como la mayoría de blockbusters de este 2021 tampoco ha funcionado bien en taquilla, pero no dudamos que Disney y 20th Century Studios nos ofrecerán al menos una nueva película dentro de este microcosmos ficcional que cierre la trilogía de Eggsy en la actualidad antes de que su máximo responsable comience ese reboot de Kick-Ass ya anunciado que podría centrarse en los cómics protagonizados por Patience Lee, la sustituta de Dave Lizewski en la cabecera creada por Mark Millar y John Romita Jr.
Aunque la decisión de abarcar con el primer anime de 1997 La Edad Dorada, considerada de manera casi unánime la mejor etapa del manga por los lectores del mismo, fue bien recibida y todo un éxito tanto para los fans de la obra de MIURA Kentaro como para los espectadores casuales que se quedaron prendados con aquellos 25 episodios repletos ruido y furia, la imposibilidad de ver adaptada la extensa etapa posterior a El Eclipse transmitió cierta decepción generalizada. Durante muchos años se esperó que un nuevo anime continuara las aventuras de Guts, Casca, Grifiith y compañía posteriores a la ofrenda de este último a los componentes de la Mano de Dios, suponiendo la brutal destrucción de la Cuadrilla del Halcón y la mayoría de sus miembros. Por fin en 2010 comenzaron a correr por redes sociales y distintas publicaciones especializadas las noticias sobre un nuevo anime que daría continuación a lo narrado en el de finales de los 90 partiendo del volumen 35 del manga, algo que alegró a los muchos seguidores del famoso seinen. Un año después se confirmó que ni sería un anime serializado, ni una continuación del original, sino una trilogía de películas que revisarían, una vez más, La Edad Dorada.
Con producción de Studio 4°C y dirección de Toshiyuki Kubooka las tres películas se titularon Hao no Tamago (El Huevo del Rey Conquistador), Doldrey Kōryaku (La Batalla de Doldrey) y Kōrin (El Advenimiento). Las dos primeras llegaron a los cines nipones en febrero y junio de 2012 respectivamente y la tercera se exhibió en febrero de 2013. En la mayoría del resto de países fue estrenada directamente en formato doméstico y plataformas digitales. La excusa que la productora puso para volver a adaptar el mismo arco que ya pudimos ver en el anime fue la de mejorar la animación que en esta ocasión mezclaría el el 2D y el 3D. Con respecto a esta afirmación el resultado es irregular, como más tarde pasaremos a mencionar, pero es ineludible que este "remake" de The Golden Arc en formato largometraje es un producto de notable calidad con muchas más virtudes que carencias.
El Huevo del Rey Conquistador abarca desde el encuentro y posterior reclutamiento de Guts en la Cuadrilla del Halcón hasta que este se ve obligado a matar a Adonis y descubre mediante una conversación con Charlott, la princesa del reino de Midland, la idea poco altruista que tiene Griffith sobre la amistad y los componentes de su banda. La Batalla de Doldrey, como su propio nombre indica, toma como epicentro el famoso enfrentamiento bélico que termina por encumbrar a la Cuadrilla del Halcón con Griffith hecho prisionero por el rey de Midland en la Torre del Renacimiento después de haber sido sorprendido manteniendo relaciones sexuales con la princesa. El Advenimiento narra los hechos acontecidos en El Eclipse con Griffith liberado por Guts después de un año de encierro repleto de torturas y ofreciendo en sacrificio a la Cuadrilla del Halcón, mediante el beherit, para convertirse en el quinto dedo de la Mano de Dios.
Lo primer que llama la atención de esta trilogía de la largometrajes es que quince años después del primer anime todavía sigue siendo una adaptación del manga que reduce en mucho las cantidades de violencia y sexo. Es cierto que en ese aspecto muestra más que aquella producción de Oriental Light And Magic de 1997, pero aun así queda lejos de extrapolar de manera verdaderamente fidedigna lo descarnado del manga. Esta afirmación no es una queja, más si cabe teniendo en cuenta que Berserk posiblemente sea una de las obras más estilísticamente sádicas del arte secuencial nipón y que llevar todas las enfermizas situaciones planteadas por MIURA Kentaro se antoja harto difícil, pero sigue llamando la atención cómo otros animes sí se han atrevido a adentrarse en terrenos más complicados que cualquiera de las adaptaciones de Berserk. Con esto no queremos decir que en esta nueva versión de La Edad Dorada no haya sangre, vísceras y sexualidad, pero es exigua con respecto a su fuente de origen.
Solo con visionar la primera de las tres películas salimos de dudas sobre aquella afirmación por parte de la gente de Studio 4°C con respecto a que una mejoría en la animación era el motivo principal para adaptar de nuevo la famosa etapa del manga. Ciertamente Toshiyuki Kubooka y su equipo técnico ejecutan una labor excelsa en lo referido al diseño de personajes, la fluidez con la que se mueven en pantalla y el desarrollo de secuencias dinámicas con especial hincapié en unas batallas campales de factura casi impecable o lo que viene a ser lo mismo, toda la animación en 2D es de un nivel casi sobresaliente. No así ocurre con el 3D, focalizado principalmente en los paisajes y fondos que como suele suceder choca frontalmente con la técnica tradicional y no sólo eso, sino que al poco tiempo de su estreno envejece de manera alarmante. Esta idea de mezclar el 2D con el pixel se ha convertido en un mal endémico en el anime que ha hecho mermar las virtudes de productos tan destacables como Ghost in the Shell 2: Innocence entre otros. La presente trilogía de Berserk no es una excepción a esa regla.
La trilogía cinematográfica de La Edad Dorada funciona donde el anime de los 90 fallaba, pero cae en algunas carencias que aquel sabía esquivar con acierto. Por suerte sus responsables son lo suficientemente profesionales para diseñar un producto muy estimable que dejó notoriamente satisfechos a los fans del manga de MIURA Kentaro, aunque una vez más se quedaron sin ver en la pantalla grande o la pequeña las aventuras posteriores del Guerrero Negro. Por suerte la recompensa mereció la pena y si es cierto que El Huevo del Rey Conquistador y La Batalla de Doldrey son dos cintas con numerosos aciertos y hallazgos es El Advenimiento, con su traslación de El Eclipse, la que mejor partido saca a la fuerza narrativa inyectada por el autor de Japan en su obra de más relevancia en el mundo del arte secuencial, aunque una vez más el 3D juegue en contra del conjunto de la obra. Con todo, los seguidores de Berserk siguieron añorando ver una pieza audiovisual que se acordara de las historias de Guts post Edad Dorada y tres años después la espera terminó, para bien o para mal.
Título Original Berserk (剣風伝奇ベルセルク Ken fū Denki Beruseruku) Dirección Naohito Takahashi Guion Yasuhiro Imagawa, Shinzo Fujita, Makoto Itakura, Shoji Yonemura, Yukiyoshi Ôhashi, Atsuhiro Tomioka. Manga: Kentaro Miura
Conociendo a día de hoy la repercusión internacional de un manga tan famoso como Berserk se antoja difícil de creer que el anime no llegara a realizarse y estrenarse hasta ocho años después del inicio de su publicación en la revista japonesa Animal House, posteriormente renombrada como Young Animal, allá por el lejano 1989. Vio la luz por primer vez en 1997 a manos del estudio Oriental Light And Magic, por aquel entonces con un currículum no muy extenso a sus espaldas con adaptaciones de Wedding Peach o Mojacko, pero todo cambiaría aquel mismo año con el descomunal éxito de Pokémon que se convertiría en su franquicia estandarte. Del desarrollo del anime se ocupó el hoy disuelto equipo de Shōji Ōta (TEAM OTA) que operaba junto a otros dentro de la compañía. De la dirección de los 25 episodios que conformaron la serie se encargó Naohito Takahashi y este contó con la colaboración del mismo MIURA Kentaro que estuvo muy vinculado con el proyecto ejerciendo labores de supervisión. Con el titulo original de Berserk (剣風伝奇ベルセルク Ken fū Denki Beruseruku), también conocido como Kenpuu Denki Berserk o Kenfu Denki Berserk), o Berserk: Historias de la Ráfaga de Espada en español, se emitió por primera vez desde el 7 de octubre de 1997 al 31 de marzo de 1998.
Los ya citados 25 episodios que conforman el anime de Berserk abarcan los dos arcos argumentales que dieron arranque al manga hace más de 30 años, El Guerrero Negro y La Edad Dorada. Aunque la fidelidad a las viñetas diseñadas por MIURA Kentaro es notablemente reseñable se obviaron personajes secundarios relevantes y se incluyeron otros en historias que en el manga no contaban con su presencia. Por otra parte y como era de esperar la violencia y el sexo, que en la obra en papel es del todo desmesurada, se vieron notablemente suavizados con la intención de no tener problemas con la censura y así ser mucho más accesible para casi todo tipo de público. El resultado fue satisfactorio y el anime no sólo desembocó en un notable éxito, sino que también acercó a no pocos potenciales lectores a la obra primigenia de MIURA Kentaro.
Lo primero que llama la atención de este primer anime de Berserk, y es algo que sobre todo a los lectores del manga debió desconcertar notablemente en su momento, es el tono liviano y hasta cursi de su opening. No sólo por las imágenes que lo conforman, muy alejadas de lo que debería ser un seinen tan salvaje como este, sino por el tema musical elegido para complementarlo. El corte Tell Me Why, interpretado por la banda de rock japonesa Penpals, pareciera tener poco que ver con las sanguinolentas aventuras medievales de Guts, algo que se acentúa con la terrible versión española de la canción que pareciera tener autoría del inefable grupo Pignoise. Por suerte el resto de la banda sonora, compuesta por Susumu Hirasawa, no transmite esa sensación debido a su capacidad para adecuarse con más eficiencia al material de partida con cortes como Beherit, Gattsu o Ghosts mezclando sonidos clásicos con electrónica y una épica que alcanza su cénit con la memorable Forces.
Una vez incursionamos en el primer episodio, con ese arranque forjando la espada de Guts que pareciera un homenaje al de Conan, el Bárbaro (John Millius, 1982), certificamos con alivio que Naohito Takahashi, Shōji Ōta y el resto de su equipo creativo mantienen la oscuridad y la sordidez tonal o conceptual del manga. Esa influencia tanto de largometrajes como Los Señores del Acero (Flesh + Blood, Paul Verhoeven 1985) o The Blood of Heroes (David Webb Peoples, 1989) se dejan notar desde las primeras imágenes. En lo referido a la animación a pesar de ser de mayoritariamente notable muestra ciertas carencias que no redondean adecuadamente el conjunto de la obra. Mientras los personajes principales están diseñados y animados con la profesionalidad exigida los que podemos encontrar en segundo término muestran un acabado desganado que ensombrece la labor de un 2D en ocasiones brillante que sabe capturar la esencia del trazo de MIURA Kentaro.
Como era de esperar la serie da lo mejor de sí misma a nivel visual y narrativo cuando se abarca el arco La Edad Dorada que sobrevuela casi todo el anime. Desde que Guts conoce a la Cuadrilla del Halcón, un batallón de soldados de fortuna comandados por el misterioso Griffith y su segunda al mando, Casca; hasta la saga del Eclipse la fidelidad con la que está trasladado el arte de MIURA Kentaro es encomiable. Cuando la ofrenda de Griffith acontece en pantalla mediante los últimos capítulos la sombra de los mitos de H.P. Lovecraft en las monstruosidades multiformes venidas del averno y la influencia de Hellbound Heart, de Clive Barker, con esos miembros de la Mano de Dios que fácilmente podían haber pasado por los cenobita comandados por Pinhead, se apoderan del metraje. Evidentemente se reduce la violencia explícita y el sexo, pero es una traslación impecable que sabe extrapolar toda la visceralidad e impotencia del manga.
Evidentemente podemos achacar algunas carencias a este primer anime de Berserk, como no haber arriesgado más con la violencia explícita, por aquel entonces la animación generalista japonesa era bastante más descarnada, haciéndolo formalmente más cercano al manga de MIURA Kentaro o haber homogeneizado la labor de los animadores para que el resultado alcanzara la excelencia visual que le queda lejos. Más allá de eso el diseño de personajes y localizaciones, las relaciones interpersonales de los protagonistas, las dinámicas de grupo dentro de la Cuadrilla del Halcón o la fuerza narrativa de los mejores pasajes de la obra secuencial son capturados con esmero y eficiencia gracias a los profesionales de Oriental Light And Magic que se atrevieron a mantener este primer contacto con Berserk alumbrando una pieza de culto que cada año gana nuevos adeptos y en ocasiones supone el encuentro inicial del espectador casual con la obra de Miura.
Título OriginalSpider-Man: No Way Home(2021) DirectorJon Watts GuionChris McKenna, Erik Sommers, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko RepartoTom Holland, Zendaya, Benedict Cumberbatch, Marisa Tomei, Tony Revolori, Jon Favreau, J.K. Simmons, Angourie Rice, Alfred Molina, Jamie Foxx, Jacob Batalon, Harry Holland, Christopher Cocke, J.B. Smoove, Hannibal Buress, Martin Starr
Desde que Marvel Studios y Sony Pictures Entertainment llegaron a un acuerdo para introducir un nuevo Spider-Man dentro del Universo Cinematográfico Marvel, interpretado este por el actor británico Tom Holland (Lo Imposible), lo hemos visto pulular como personaje secundario en Capitán América: Civil War, Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame. Pero también hemos asistido a cómo protagonizaba sus dos películas en solitario, Spider-Man:Homecoming y Spider-Man: Far From Home, ambas con gran éxito de taquilla y una recepción entusiasta por parte de la prensa especializada. Poco después del estreno de largometraje en el que el alter ego superheróico de Peter Parker se enfrentaba al Mysterio de Jake Gyllenhall saltaba la noticia de que al no haber llegado a un acuerdo entre las dos productoras el flamante nuevo Hombre Araña abandonaba repentinamente el UCM para disgusto de casi todos los aficionados, el primero de ellos el actor que le daba vida. Por suerte finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo económico para que el personaje permanecería dentro del microcosmos audiovisual diseñado por Kevin Feige y un servidor no puede dejar de pensar que mucho de lo visto en esta Spider-Man: No Way Home haya sido el motivo por el que decidieron que Tom Holland y su versión del superhéroe creado por el tándem Stan Lee/Steve Ditko siguiera formando parte de la maquinaria propiedad de Disney que actualmente se ve completamente inmersa en su Fase 4, la primera que alterna producciones para la gran pantalla con series dentro de su plataforma de streaming.
Spider-Man: No Way Home mantiene casi el mismo equipo de profesionales de las dos entregas anteriores. Jon Watts vuelve a encargarse de la dirección, Chris McKenna y Erik Sommers se ocupan del guion, de la partitura Michael Giacchino y en el reparto repiten viejos conodicos de Homecoming y Far From Home, se unen otros actores que dan vida a personajes del Universo Cinematográfico Marvel y, como ya todo el mundo sabe, hacen su aparición otros vinculados con las dos primeras encarnaciones cinematográficas de Spider-Man. Por lo tanto tenemos un casting en el que encontramos a Tom Holland (Spider-Man/Peter Parker) Zendaya (MJ), Jacob Batalon (Ned Leeds), Marisa Tomei (May Parker), Jon Favreau (Happy Hogan), Benedict Cumberbatch (Doctor Strange) del lado del bando superheróico y a Willem Dafoe (Duende Verde/Norman Osborne), Alfred Molina (Doctor Octopus/Doctor Otto Octavius) o Jamie Foxx (Electro/Max Dillon) entre otros de parte de los villanos. Un reparto impresionante a la altura de un proyecto de enorme envergadura como el que nos ocupa.
Vaya por delante que no soy el mayor fan del Spider-Man de Uiverso Cinematográfico Marvel, algo que ya dejé patente en mis reseñas para Zona Negativa, tanto en la de Spider-Man: Homecoming como en la de Spider-Man: Lejos de Casa. Me gusta Tom Holland como Peter Parker y Spider-Man, creo que hace un trabajo excelente como una versión juvenil del personaje, pero un servidor es uno de esos carcas puristas a los que no agradó su dependencia de Tony Stark indivisible a esta última versión del héroe, no sólo desde un punto de vista vital y emocional, sino también económico y logístico a la hora de proporcionarle la maquinaria para «esponsorizar» su carrera contra el crimen. Pasar del recuerdo de Ben Parker como brújula moral de Peter al de un, primero presente y luego desaparecido, Tony Stark nunca fue de mi agrado, por muy admirador que me considere del trabajo de Robert Downey Jr. y por mucha química que compartiera con Holland. Tampoco me convencía el tono demasiado ligero y adolescente que se ofreció en ambos films del entorno y los allegados del protagonista, con algunos momentos que me hicieron pasar bastante vergüenza ajena en sendas producciones.
Pero entonces llega Spider-Man: No Way Home, me rompe todos los esquemas y desmonta las no pocas ideas preconcebidas que arrastraba de las otras dos entregas. Sin adentrarnos en muchos spoilers solo mencionaremos de la trama lo que se ha visto en los tráilers, de manera que tenemos una continuación directa de lo acontecido en Spider-Man: Lejos de Casa cuyo epicentro es un Peter Parker desesperado localizando al Doctor Strange y pidiendole ayuda para que todas las personas que descubrierion su identidad como Spider-Man, mediante las declaraciones en video de Mysterio, la olviden mediante un conjuro. El hechizo sale mal, lo que repercute en el Multiverso, y tras ello comienzan a aparecer villanos de las dos franquicias cinematográficas anteriores del personaje protagonizadas por Tobey maguire y Andrew Garfield en el universo del Spider-Man del UCM. A partir de aquí se desarrolla una trama que adapta, de manera muy sui géneris, varias sagas de los cómics protagonizados por el arácnido, pero con los Seis Siniestros como epicentro y múltiples referencias a sus muchas encarnaciones.
Era lógico pensar que toda la parafernalia alrededor del Multiverso y la aparición de villanos de las otras dos sagas cinematográficas podrían haber sido una distracción o un parche para disimular la inconsistencia del guion de Spider-Man: No Way Home. Inyectar dosis de nostalgia y fanservice al espectador, tanto al generalista como al conocedor del UCM o los cómics, para que no repare en las posibles carencias de una historia que por metareferencial y condescendiente fuera aceptada con entusiasmo por puro gozo, confirmando que el Spider-Man de Tom Holland no es suficiente para llevar toda el entramado sobre sus espaldas en solitario. Por suerta nada de esto llega a cristalizar, porque sí, es ineludible que la película está facturada para dar al fandom casi todo aquello que ansía, pero el Spider-Man del actor de El Diablo a Todas Horas no solo está a la altura de las circunstancias, sino que sale totalmente reforzado una vez termina la obra.
Jon Watts y sus guionistas mantienen un inteligente equilibrio entre la lumonosidad propia de las dos anteriores películas y un tono más dramático, e incluso crudo, durante el último acto del largometraje. De esta manera Spider-Man: No Way Home se revela en principio como un producto continuista con respecto a sus predecesores, pero se adentra en unos terrenos dramáticos que casi ninguna otra película del UCM se había atrevido a transitar. El tono ligero, liviano y juvenil deja paso a una oscuridad impropia de lo que hasta ese momento habíamos visto con el personaje y con un Tom Holland que al ser consciente de que la fanfarria alrededor de la película podría minimizar su buen hacer se entrega al máximo para ofrecer la mejor versión de su Peter Parker/Spiderman, logrando algunos de los pasajes mejor ejecutados de su carrera interpretativa. Un compromiso inusual para este tipo de cine que muchos actores suelen abordar con el piloto automático activado y la idea preconcebida de que estos trabajos no suponen un reto para ellos.
Los personajes de MJ, Ned Leeds, Happy Hogan y May Parker mantienen el perfil dibujado para ellos en Homecoming o Far From Home y Stephen Strange tampoco desentona con lo visto anteriormente en el UCM, aunque su temeridad con respecto al uso del hechizo para ayudar a Peter sí es impropia de su persona. Por ello son más interesantes los personajes que debutan en el UCM venidos de los otros dos universos, sobre todo el Doctor Octopus de Alfred Molina y el Duende Verde de Willem Dafoe. Ha sido todo un acierto mantener la piscología que ambos adquirieron en la trilogía arácnida de Sam Raimi, el primero por facturar un Otto Octavius magnífico del que solo chirría su uso puntual como diana de algunos momentos cómicos cuestionables y el segundo por dar vida a un Norman Osborn que, contra todo pronóstico, no sólo supera al que dio vida en el film de 2002, sino que se acerca con más convicción al de los cómics exudando crueldad y salvajismo. Su enfrentamiento con el Spider-Man de Tom Holland es brutal y las escenas físicas que ambos comparten son de las más explícitas vistas en el UCM, cuya violencia ha sido casi siempre más inocua.
Jon Watts también ofrece una labor más elaborada que en los otros dos proyectos con su nombre en los títulos de crédito. Sin que podamos ver en pantalla un sello autoral reconocible, porque realmente no lo tiene, Kevin Feige y sus socios sí le han permitido juguetear más con la puesta en escena hibriando pasajes antagónicos, pero complementarios, como el plano secuencia de los primeros minutos de metraje usado como un recurso audiovisual cómico con resultado encomiable o delirios psicodélicos como el enfrentamiento entre Spider-Man y el Doctor Strange que hubiera hecho las delicias del Steve Ditko que se encargó de ilustrar algunas de las historias más recordadas protagonizadas por el Hechicero Supremo. Lo que sí es cierto es que no tienen tanto mérito las escenas más grandilocuentes, si tenemos en cuenta los holgadísimos medios al alcance de Watts, como las más íntimas que tienen a los personajes como centro neurálgico. Hay pasajes en Spiderman: No Way Home de una fuerte carga emocional que hablan muy bien de su labor como director de actores y, por supuesto, del ya citado reparto.
Spider-Man: No Way Home da todo lo que se espera de ella y mucho más y a un servidor le reconcilia con este Spider-Man inmerso en lo que no deja de ser una historia de paso a la madurez. Un producto que ha sabido muy bien jugar sus cartas subiendo notablemente el nivel con respecto a una irregular Fase 4 que después del gran evento que supuso la Saga del Infinito se encuentra ante la ardua tarea de construir una nueva estructrua para sustentar ese Universo Cinematográfico Marvel que ha perdido algunos de iconos más característicos, y aunque hasta el momento no es todo lo sólida que debería el pilar maestro que supone la película de Jon Watts ayudará en gran parte a que que la franquicia tenga un futuro próspero. Desde Transgresión Continua recomendamos encarecidamante ir a ver la última aventura de Spider-Man en cine, con sus correspondientes dos escenas post créditos, y dejar de lado las elucubraciones y teorías vertidas en redes sociales sobre quien aparece o deja de aparecer en ella que pudieran empañar la experiencia de disfrutarla en esas multisalas que ahora, más que nunca, necesitan resurgir de las cenizas, como siempre hace nuestro amigo y vecino Spiderman.
Título OriginalEternals (2021) DirectoraChloé Zhao GuionMatthew K. Firpo, Ryan Firpo, Patrick Burleigh,Chloé Zhao, basado en el cómic de Jack Kirby RepartoAngelina Jolie, Richard Madden, Gemma Chan, Kit Harington, Kumail Nanjiani, Salma Hayek, Barry Keoghan, Brian Tyree Henry, Ma Dong-seok, Lia McHugh, Lauren Ridloff, Haaz Sleiman, Lucia Efstathiou, Harish Patel, Esai Daniel Cross, Alan Scott, Hannah Dodd, Adrià Escudero, Sebastián Capitán Viveros, Nikkita Chadha, Zain Al Rafeea, Jeff Mirza.
No era una tarea sencilla llevar los Eternos a la pantalla grande, algo que tanto Disney como Marvel Studios sabían de antemano. Para dar vida en imagen real a los personajes creados por Jack Kirby la elección de Kevin Feige fue tan inusual como finalmente lógica. Chloé Zhao, que ganaba el Oscar a mejor directora por Nomadland en plena producción de la última entrega del Universo Cinematográfico Marvel, era contratada para extrapolar de la viñeta al celuloide esta vertiente tan particular del Marvel Cósmico. Después de su rodaje o los pertinentes retrasos por culpa de la pandamia Eternals recibía una respuesta furibunda por parte de la prensa especializada, cebándose con ella como no lo habían hecho nunca antes con una producción salida de la factoría de la Casa de las Ideas tildándola de aburrida, estúpida, desagradable y hasta de mal gusto. El proyecto cuenta con un reparto internacional y acertadamente inclusivo en el que podemos encontrar los rostros de Angelina Jolie, Richard Madden, Gemma Chan, Kit Harington, Kumail Nanjiani, Salma Hayek, Barry Keoghan, Brian Tyree Henry, Ma Dong-seok o Lia McHugh entre otros y unos medios a la altura de una producción como la que conforma la tercera película de la Fase 4 del UCM después de Viuda Negra y Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos.
En cierta manera era de esperar un recibimiento escéptico, que no hostil, para una propuesta tan alejada del tono de las producciones de Marvel Studios como Eternals, más todavía llegando a las pantallas después de la naturaleza más ligera y lúdica de las ya citadas cintas protagonizadas por Natasha Romanoff y el Maestro del Kung-fu. Un tempo diferente al del resto de proyectos del UCM y un tono en cierta manera más solemne entroncan con lo que la maquinaria industrial de Kevin Feige nos ha ofrecido hasta el momento. De hecho si la comparamos con las cintas más semejantes a ella, las dos entregas de los Guardianes de la Galaxia de James Gunn, queda patente que hablamos de films muy diferentes a pesar de estar todos localizados en la vertiente cósmica de Marvel Cómics. Pero para lo que muchos ha sido una pieza fallida o directamente mala, para un servidor ha resultado ser una propuesta harto interesante y con no pocos aciertos audiovisuales y narrativos.
Mi primer encontronazo con las declaraciones generalizadas que se han vertido sobre Eternals llega con esa primera hora, supuestamente soporífera y en la que teóricamente no acontece nada, que a un servidor le pasó en un suspiro. A lo largo de ese trayecto encuentro una presentación muy inteligente de los personajes principales y el nada complaciente contexto espaciotemporal en el que se moveran mientras Chloé Zhao despliega toda la maquinaria que en Marvel Stuidos han puesto a su disposición para dar envergadura de verdadero blockbuster a su primera incursión en las superproducciones hollywoodienses. Otra de las supuestas carencias de Eternals, que yo considero una de sus mayores virtudes, son los flashbacks que se alternan con la acción desarrollada en la actualidad, no solo perfectamente ensamblados en la narrativa para que esta discurra adecuadamente, sino necesarios para dar background a unos protagonistas a los que llegaremos a conocer en profundidad gracias a este recurso narrativo.
Las dinámicas entre los Eternos y las relaciones interpersonales que comparten entre ellos mismos o con otros personajes no pertenecientes a su entorno están tratados con mesura por Chloé Zhao y sus co guionistas Matthew K. Firpo, Ryan Firpo y Patrick Burleigh. Sería de necios afirmar que las criaturas creadas por Jack Kirby han sido trasladadas al cine con unos perfiles psicológicos muy elaborados, cuando es algo que no acontecía ni en los cómics originales, pero son lo suficientemente interesantes como para crear vínculos empáticos con un espectador viénsose atraido por el abanico de personalidades desplegado gracias a un reparto muy bien cohesionado sabiendo alternar pasajes dramáticos con otros cómicos que, como suele pasar con el humor marca Marvel Studios, en unas ocasiones funciona adecuadamente y en otras peca de excesivo e infantil. Sobre todo en un largometraje como Eternals, con aspiraciones más suntuosas dentro del UCM.
Aunque son los rostros de Angelina Jolie y Salma Hayek como Thena y Ajak los más conocidos de cara al público generalista es un hecho contrastado que el reparto ha sido un notorio acierto de casting. Richard Madden y Gemma Chan como la pareja sentimental formada por Ikaris y Sersi, Barry Keoghan y Lauren Ridloff destilando entrañable química como Druig y Makkari, Kumail Nanjiani y Ma Dong-seok alternando con sus Kingo y Gilgamesh comicidad con pasajes dramáticos, la delicadeza y naturalidad con la que está abordado el Phastos de Brian Tyree Henry o la dicotomía a la que se enfrenta la Sprite de Lia McHugh conforman un equipo artístico que aprovecha al máximo sus minutos en pantalla. Era una complicada tarea exponer a todos estos nuevos personajes en una sola película, pero el cast no sólo está a la altura, también se ve enriquecido por el guion y una inclusion en la que convergen distintas razas, géneros, sexualidades y diversidades funcionales jugando a favor de la historia al permitir sentirse representado a distinto tipo de espectadores.
Las tres incursiones cinematográficas previas de Chloé Zhao no pueden encontrarse más en las antípodas de Eternals en cuanto a niveles de producción y temática se refiere. Songs My Borther Taugh Me, The Rider o Nomadland son cintas independientes e intimistas en las que la cineasta de origen chino desplegó una sensibilidad muy personal y minimalista, además de un gusto por el naturalismo audiovisual, pero contra todo pronóstico ha coseguido insuflar gran parte de su impronta en su incursion en el Universo Cinematográfico Marvel. Evidentemente hablamos de una pieza más dento del engranaje de Marvel Studios y a un nivel humanista no podemos reconoer a la Chloé Zhao de sus proyectos más personales, pero sí hay mucho de esa puesta en escena melancólica y cadenciosa que converge de manera harto eficiente con los pasajes más dinámicos en los que impera la acción a gran escala y sobre todo con los centrados en la cosmogonía kirbyesca con la imponente presencia en pantalla tanto de los Eternos como de los Desviantes y sobre todo uno Celestiales sencillamente apabullantes.
Eternals no es una de las mejores producciones del Universo Cinematográfico Marvel, pero está a millones de años luz de ser una mala película, ni siquiera me resulta una pieza fallida, porque consigue la proeza de poner en escena unos personajes y un microcosmos nada fáciles de manejar que en pantalla tienen poco de la psicodelia de las coloridas historias de Jack Kirby para los cómics. Para un servidor se trata de una producción muy estimable con una holgada duración que en ningún momento se antoja plomiza o farragosa y con la perfecta convergencia entre épica intergaláctica e intimidad para con sus protagonistas. Las dos escenas post créditos vuelven a plantar simientes que irán floreciendo de cara a las próximas producciones cinematográficas y televisivas de la Fase 4 que llegará a su punto álgido el próximo día 16 de diciembre de la esperadísima y muy comentada Spider-Man: No Way Home de la que, por supuesto, también os hablaremos en Transgresión Continua a la mayor brevedad posible.
DirectorRobert Altman GuionJules Feiffer, basado en las tiras cómicas de Elzie Crisler Segar RepartoRobin Williams, Shelley Duvall, Paul Smith, Ray Walston, Paul Dooley, Donald Moffat, Richard Libertini, Bill Irwin
Cuenta la leyenda que después del éxito de Grease (Randal Kleiser, 1978) no fueron pocas las majors de Hollywood empeñadas en explotar el filón del nuevo resurgir del género musical al que parecía haber dado inicio la historia de amor entre Danny Zuko (John Travolta) y Sandy Olsson (Olivia Newton John). La responsable del pelotazo, la Paramount Pictures del mítico Robert Evans, no pudo hacerse con los derechos del musical Annie, inspirado en las tiras cómicas creadas por Harold Gray, que recayeron en una Columbia Pictures llevándolas al cine en 1982 con dirección de John Huston; de manera que buscaron otra adaptación de personajes del mundo del cómic que trasladar al celuloide, pero con la intención de incluir canciones y números musicales en ella. El elegido fue Popeye, el protagonista de las historietas creadas por Elzie Crisler Segar que después de su triunfo en papel viajó con acierto máximo al mundo de los cortometrajes animados con autoría de los hermanos Max y Dave Fleischer y las aventuras televisivas, precisamente haciendo uso de canciones en muchas de sus encarnaciones. Para sacar adelante el proyecto Paramount Pictures, dueña de los derechos audiovisuales de Popeye, se asoció con Walt Disney Productions y esta alianza dio el empaque a una producción que, dada la fama mundial del conocido marinero que cobraba fuerza sobrehumana comiendo espinacas, podía proporcionar pingües beneficios a sendas compañías.
Para adaptar las aventuras de Popeye, el Marino a la pantalla grande se sumó al proyecto el guionista, historietista, escritor y dramaturgo Jules Feiffer y para dirigir el proyecto, después de un notorio baile de realizadores, se tomó la atípica y rocambolesca elección de apelar a la profesionalidad del gran Robert Altman, cineasta perteneciente a la "generación de la televisión" al que debemos obras maestras como M*A*S*H (1970), Nashville (1975), El Juego de Hollywood (The Player, 1992), Vidas Cruzadas (Short Cuts, 1993) o Gosford Park (2002) y que por aquel entonces no andaba en su mejor época. En lo referido al reparto, posiblemente el punto más fuerte del largometraje, un Robin Williams debutante en lides cinematográficas se enfundó el traje de Popeye, viéndose acompañado por Shelley Duvall encarnando a Olivia y un grupo de secundarios en el que encontramos a Paul L. Smith como Bluto/Brutus, Paul Dooley en la piel del rechoncho Wimpy/Pilón, Ray Walston interpretando al Comodoro y el bebé Wesley Ivan Hurt en el papel de Swee’Pea/Cocoliso, entre otros.
Popeye (Robin Williams) es un marinero que llega a la pequeña localidad costera de Sweethaven para dar con el paradero de su padre desaparecido. Allí se hospedará en la pensión de la familia Oyl, cuya hija, Olivia (Shelley Duvall), se encuentra terminando los preparativos de su fiesta de compromiso con el capitán Brutus (Paul L. Smith), un delincuente local que trabaja a las órdenes del misterioso Comodoro (Ray Walston), personalidad que rige el porvenir de Sweetheaven desde las sombras. La incipiente historia de amor que surgirá entre Popeye y Olivia, la aparición del bebé abandonado Cocoliso (Wesley Ivan Hurt) que la pareja adoptará como suyo, la rivalidad entre Popeye y Brutus acentuada por ser el interés amoroso de Olivia o la búsqueda incesante del protagonista para encontrar a su progenitor darán pie a estrambóticas situaciones que convertirán Sweethaven en terreno hostil para todos sus habitantes e incluso para un inesperado octópodo que se las hará pasar bastante mal a Popeye.
Cuando la película de Popeye vio la luz en 1980 el personaje ya tenía a sus espaldas casi 50 años de vida editorial que, como bien hemos apuntado con anterioridad, se extendió con éxito a otros medios, principalmente audiovisuales. Por ello no era descabellado pensar que una buena adaptación del personaje podía ser recibida con agrado por los fans de este en particular y el público en general. Desgraciadamente el resultado no fue tal y si bien la película recaudó 60 millones de dólares, habiendo costado su producción 20, siempre se ha considerado uno de los fracasos más sonados del Hollywood contemporáneo. En la siguiente entrada vamos a intentar incidir en sus muchos aciertos y su único, aunque de notables dimensiones, fallo tras haber revisado la versión íntegra del film (recordemos que a España llegó una versión "aligerada" de la que se eliminaron escenas y alguna que otra canción) y con la sana intención de mirar con ojos del 2020 una película de 1980 que un servidor vio por primera vez durante la segunda mitad de los 80 dejando un atípico recuerdo en mi memoria.
La primera impresión que transmite Popeye cuando el espectador la visiona es que los 20 millones de dólares depositados por Paramount Pictures y Walt Disney Productions fueron muy bien invertidos. No sabría decir cuanto de Sweethaven es real o parte de la dirección artística de la película, pero la localización para dar vida al pueblo pesquero es uno de los mayores éxitos de la cinta y la grabación de exteriores en Malta todo un hallazgo. A partir de ahí un Robert Altman hasta arriba de estupefacientes en el rodaje, según cuentan los implicados en el mismo, consigue transmitir el tono cartoonesco y tebeístico que una producción protagonizada por el personaje de Elzie Crisler Segar exigiría para ser extrapolado fielmente al medio audiovisual con la ayuda de un director de fotografía mítico como Giuseppe Rotunno, habitual colaborador de Federico Fellini. En ese sentido el director cumple sobradamente como artesano al servicio de un producto bastante alejado de su impronta autoral, al que paradójicmanente acaba llevando a su terreno, llenando todo el metraje de gags visuales y cuyo acabado estilístico nos retrotrae a una versión lacónica y pesimista de autores como Charles Chaplin, Buster Keaton o Jacques Tati.
El guión de Jules Feiffer consigue capturar con acierto la esencia de la creación de Elzie Crisler Segar y a la hora de exponer en pantalla las aventuras de Popeye es notoriamente fiel a las mismas. Más allá de la feliz elección del reparto y el destacable trabajo de los equipos de maquillaje y vestuario el libreto del largometraje consigue ejecutar una aproximación a los personajes que debería agradar a los fans de estos y al público neófito que, de manera un tanto extraña, nunca haya leído o visto alguna de sus historias, ni haya escuchado hablar de ellas. Si antes alabábamos la capacidad de Robert Altman para el slapstick y cierto caos controlado con el que se desarrollan las vivencias de los habitantes de Sweethaven, también es de recibo destacar el timing cómico de Feiffer, su soltura con los gags y la veteranía a la hora de escribir diálogos delatando los muchos años que dedicó a la escritura de historietas o tiras de prensa. Otro apartado, este de vital importancia, en el que Popeye funciona durante casi todo su metraje.
Ya hemos dejado entrever que se antoja inevitable cantar las alabanzas al reparto de Popeye. Robin Williams encarna una meritoria contrapartida del marinero aunando en su rol las dos vertientes cómicas del proyecto, la física y la dialogada, marcando el tono para que el resto de sus compañeros hagan lo propio. Paul L. Smith como Brutus, Paul Dooley ofreciendo su voz y físico a Pilón o Ray Walston embutiéndose en los ropajes del Comodoro certifican el buen hacer de los directores de casting al elegir a los actores y la meritoria labor de caracterización que con estos últimos se llevó a cabo. Pero si hay que destacar un caso implacable de mimesis entre actriz y personaje ese es el de Shelley Duvall dando vida a una Olivia que pareciera arrancada directamente de las viñetas o los cortos animados. Después de revisar la película a un servidor se le antoja imposible otra profesional del medio para encarnar a una Olivia que la protagonista de El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980) hace suya mediante la modulación de voz, el lenguaje gestual y una química intachable con el Popeye de Robin Williams al que en no pocas ocasiones devora en pantalla.
La gran pregunta entonces es que si Popeye tiene un guión competente, una dirección encomiable y un trabajo actoral de nota ¿por qué falló y acabó convertida en un fiasco histórico dentro de las adaptaciones de personajes de tebeos al cine en particular y del Hollywood de los primeros 80 en general?. Para el que suscribe esa gran carencia que arrastra por el suelo gran parte de las virtudes del proyecto es sin lugar a dudas su naturaleza musical, la misma por la que nació como producto cinematográfico y que tan bien funcionaba en animación. Más allá de que en ocasiones las canciones y escuetas coreografías de baile ralentizan el buen discurrir del guión, es de recibo mencionar que la mayoría de ellas se mueven entre lo mediocre y lo terrible. Esa encantadora Sweethaven que abre el film es sólo un espejismo, ya que el resto de temas compuestos por un Harry Nilson en horas muy bajas confirman que Popeye necesitaba un mejor trabajo melódico o directamente no haber sido un musical. Si cortes como I’m Mean o I Yam What I Yam son flojos, otros como He Needs Me se revelan directamente insoportables y la mayor flaqueza de la película de Robert Altman.
Desde esta entrada un servidor recomienda recuperar y revalorizar en su justa medida una pieza como este Popeye de 1980 que si bien es un proyecto fallido como musical, en lo referido a ser una divertida comedia, una producción vistosa en todos los aspectos, un desfile de actores cómodos dando vida a los personajes en los que se inspiran y una adaptación de las historietas creadas por Elzie Crisler Segar hace casi cien años logra su cometido. A pesar de ese gran fallo en el que hemos incidido, menoscabando la labor conjunta de un grupo de profesionales que hizo todo lo posible por estar a la altura de las circunstancias, la película de Robert Altman no debería caer en el olvido y sería conveniente recuperarla ocasionalmente aunque sólo sea para admirarla como una rara avis tanto en los géneros a los que se adscribe como dentro de la filmografía de su director. A estas alturas se antoja raro que con el boom de iconos de la viñeta asaltando nuestras carteleras Paramont Pictures no se haya decidido todavía a realizar un reboot protagonizado por el marinero más conocido del mundo de la viñeta y la animación catódica. Sólo el tiempo nos dirá si lo volveremos a ver lucir músculos tatuados, pipa y lata de espinacas en pantalla grande.
Título OriginalShang-Chi and the Legend of the Ten Rings(2021) DirectorDestin Cretton GuionDave Callaham, Destin Cretton, Andrew Lanham, basado en el cómic de Steve Englehart y Jim Starlin RepartoSimu Liu, Awkwafina, Tony Leung Chiu-Wai, Ben Kingsley, Meng'er Zhang, Fala Chen, Michelle Yeoh, Yuen Wah, Florian Munteanu, Andy Le, Paul W. He, Jayden Zhang, Stephanie Hsu
Es un hecho que éxitos como las dos entregas de Guardianes de la Galaxia, las de Ant-Man, Capitana Marvel o Doctor Strange confirmaron que Marvel Studios puede llevar a la pantalla grande cualquier personaje secundario o terciario dentro de la vida editorial de la Casa de las Ideas y conseguir el respaldo del público generalista. Con intención de rizar el rizo a este respecto Kevin Feige y sus colaboradores pusieron su mirada en Shang-Chi, “maestro del Kung-Fu”, el héroe creado en 1973 dentro de las páginas de Special Marvel Edition #15 por el guionista Steve Englehart y el dibujante Jim Starlin. alcanzando el cénit de su fama cuando Doug Moench y Paul Gulacy se hicieron con las riendas de sus aventuras.
Para llevar a imagen real las andanzas de Shang-Chi Disney y Marvel Studios contrataron los servicios de los guionistas Dave Callaham y Andrew Lanham que aunaron fuerzas con el director, Destin Cretton, para configurar la primera aventura en solitario del personaje. De dar vida al protagonista se encarga el actor chino-canadiense Simu Liu y de acompañarle Awkwafina (Jumanji: Siguiente Nivel), Tony Leung Chiu-Wai (Deseando Amar), Michelle Yeoh (Tigre y Dragón), Yuen Wah (Kung Fu Sión) o Florian Munteanu (Creed II). Tras su estreno el largometraje se consolidó como uno de los éxitos de taquilla más importantes del 2021, habiendo recaudado hasta el momento 365 millones de dólares, números nada desdeñables teniendo en cuenta el efecto post pandemia.
Vaya por delante lo evidente y es que Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos tiene del Shang-Chi de los cómics solo el título. Podríamos afirmar que algo hay de la esencia de la versión más contemporánea que Marvel ha dado del personaje, pero ni así estaríamos ciñéndonos fielmente a la realidad. De esta manera podemos descontar que quede en esta adaptación un sólo resquicio de aquel Shang-Chi de los 70 que nació como una mezcla entre Bruce Lee y James Bond, embarcándose en historias de espionaje de pulp que en el film de Destin Cretton brillan por su ausencia. Lo que debería haber sido una especie de variante de la clásica Operación Dragón (Enter the Dragon, Robert Clouse, 1973) para asemejarse a lo acontecido en las viñetas, toma en esta producción de 2021 una senda muy diferente a la hora de presentarnos a su protagonista.
El prólogo de la obra, a modo de declaración de principios, lo deja claro de manera prematura. Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos va a construir su base argumental y conceptual sobre una mezcla entre el subgénero wuxia, el cine de artes marciales hongkonés y la aventura épica con reminiscencias incluso a la filmografía del japonés Hayao Miyazaki. Siendo conscientes de estas cuantiosas licencias con respecto al material original al espectador sólo le queda rechazar de pleno la propuesta por no ser este el producto que buscaba, o asumir la decisión por parte de sus responsables de no sólo alejarse totalmente de los cómics, sino de llegar incluso en ocasiones a hacer mofa de ese infidelidad o de incluso burlarse de las controvertidas elecciones tomadas en la muy recuperable Iron Man 3.
En honor a la verdad muchos de los conceptos que cimentaron el microcosmos de Shang-Chi en el arte secuencial se encuentran en esta adaptación, pero son utilizados como meros recursos por Destin Cretton y sus colaboradores para enriquecer el relato sin pararse a pensar si respetan el lore indivisible a su vida editorial. Porque Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, aunque diferente en su exterior, es un producto 100% UCM y sigue los preceptos establecidos por la maquinaria que lo compone. De manera que los 132 minutos que conforman el proyecto basculan entre la acción frenética, el humor ligero y las dinámicas entre unos personajes arquetípicos, pero lo suficientemente perfilados como para que podamos empatizar con su situación y llegar a preocuparnos por su integridad física o psicológica.
Es ineludible que la mayor virtud de una producción como Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos son sus espectaculares escenas de acción. No vamos a volver a incidir en el tema de que los verdaderos responsables de los pasajes más físicos de las películas de Marvel Studios en particular, y de los blockbusters hollywoodienses en general, son los directores de segunda unidad, pero sí conviene mencionar que el film de Destin Cretton contó con la presencia de Andy Cheng y el fallecido Brad Allan, habituales colaboradores de Jackie Chan, como coordinadores de dichas secuencias y eso se nota en pantalla. Desde el combate del prólogo, pasando por la secuencia del autobús o la batalla campal que cierra el film conforman una sesión continua de elaborada violencia inocua tan fruiciosa como bien ejecutada.
No se puede hablar de las secuencias de acción y las potentes coreografías de artes marciales sin mencionar la enorme labor delante de las cámaras de Simu Liu. Una vez más debemos asumir que nada tiene que ver su fisionomía o personalidad con el Shang-Chi clásico, pero es un hecho ineludible que sus aptitudes para protagonizar pasajes físicos son de alto nivel gracias a su pasado como especialista en escenas de riesgo. Por suerte sus capacidades van más allá de sus conocimientos de Kung-Fu, concretamente el wushu y el shaolin, ya que el carisma, la sorna y un aire canalla le sirven para conjugar un personaje principal que se gana el favor del público desde los primeros minutos de metraje.
Dentro del reparto de secundarios destacan, como era de esperar, dos iconos del cine chino como son Tony Leung Chiu-Way y Michelle Yeoh, ambos protagonistas de clásicos internacionales a manos de directores de primer nivel como Wong Kar-Wai o Ang Lee, pero curtidos en su juventud en el cine de acción hongkones. El primero da vida a una versión muy particular del Mandarín, insuflando elegancia y rotundidad a un personaje que escapa del perfil simplista de la mayoría de los villanos del UCM. Ella en cambio acomete con mucha convicción a un rol secundario muy cercano a los que interpretó en trabajos como Tigre y Dragón. Muy reseñable también una divertidísima Awkwafina como peculiar sidekick del protagonista. El resto de actores cumplen sobradamente y sirven de apoyo a los principales sin destacar en manera alguna más allá de sus capacidades físicas.
Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos es una película no apta para los fans de la rama más dura del personaje de Marvel Comics. Kevin Feige y su equipo han moldeado a su gusto la creación de Steven Englehart y Jim Starlin para adaptarla al gran público alejándose de su idiosincrasia primigenia, pero visto el resultado la operación ha resultado un éxito. Acción, humor, fantasía, pequeños apuntes de drama y un par de escenas post créditos que allanan el terreno no sólo para lo que está por venir en la Fase 4 del Universo Cinematográfico Marvel, sino para una secuela de la obra que nos ocupa casi confirmada después del buen recibimiento a lo largo y ancho de la cartelera internacional. Esta primera entrega ha sido lo suficientemente entretenida como para esperar con ganas una continuación, en cambio pedir un poco más de fidelidad a los tebeos que convirtieron al personaje en un icono de las viñetas suponemos que sería mucho pedir.