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lunes, 17 de enero de 2022

The King's Man: La Primera Misión



Título Original The King's Man (2022)
Director Matthew Vaughn
Guion Jane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons
Reparto Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson, Stanley Tucci, David Kross, Alison Steadman




Después de haber visto pospuesta su fecha de estreno en numerosas ocasiones, algo a lo que nos estamos habituando por culpa de los estragos que la pandemia está haciendo en la taquilla internacional, por fin llegaba a la cartelera española The King’s Man, subtitulada en nuestro país como La Primera Misión, la tercera entrega de la franquicia cinematográfica inspirada en la serie de Icon Comics creada por el guionista escocés Mark Millar (The Ultimates) y el dibujante inglés Dave Gibbons (Watchmen) en 2012 y que cuenta ya con tres miniseries. Dos años después de la publicación del primer arco, The Secret Service, el cineasta Matthew Vaughn produjo, co escribió y dirigió una adaptación protagonizada por Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine o Sofia Boutella que contó con una continuación tres años después titulada Kingsman: The Golden Circle reclutando a Jeff Bridges, Halle Berry, Chaning Tatum o Pedro Pascal para su casting. Cuando todo apuntaba que se cerraría la trilogía de las aventuras en el mundo del espionaje de Gary «Eggsy» Unwin el autor de X-Men: First Class o Kick-Ass anunciaba una precuela en la que se narraría el origen de la agencia de espionaje que da nombre a la franquicia. The King’s Man está escrita por Jane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn además de dirigida por este último y cuenta en su reparto con los rostros de Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci entre otros.




La época y el contexto histórico elegidos para desarrollar la trama y lo que vendría a ser la génesis de Kingsman como organización es la Primera Guerra Mundial y todos los hechos que llevaron a dicha contienda son expuestos en pantalla, pero con la ficticia implicación de los personajes ideados por Matthew Vaughn y sus colaboradores comandados por Orlando, el Duque de Oxford, interpretado por Ralph Fiennes. Tomando este punto de partida el director de Layer Cake factura una nueva entrega de la saga que respeta la esencia de las anteriores películas de Kingsman, pero esta vez adentrándose de manera más o menos ortodoxa en otros géneros como el bélico, que cobra gran protagonismo a lo largo del metraje. De esta manera nos encontramos nuevamente con una versión hiperbólica y con sobredosis de anabolizantes del cine de James Bond con su acción desmesurada, dramatismo y un humor más dosificado que en los trabajos previos, pero funcionando al 100% cuando la obra apela a él.




El atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, la mala influencia de Grigori Rasputín en el zar Nicolás de Rusia y su posterior asesinato mediante los medios más rocambolescos o los mismos combates en el frente durante la Gran Guerra sirven de material para que Matthew Vaughn construya una película profundamente británica en la que el patriotismo y el honor de morir en el cumplimiento del deber se convierten en el epicentro de un relato con tendencia al trazo grueso desde unas perspectiva política y el subrayado algo zafio con respecto a los distintos implicados en la Primera Guerra Mundial cayendo en tópicos manidos, pero siempre con la intencionalidad de dar empaque a una trama que no da un respiro al espectador mediante el habitual pulso del autor de Stardust que en esta ocasión no se revela tan desaforado como en Kingsman: El Círculo Dorado, que ya con su secuencia de apertura sobrepasaba cualquier pasaje exagerado de la primera entrega estrenada en 2014.




Como previamente hemos afirmado The King’s Man incide más en el drama que sus predecesoras y es que los estragos producidos por la guerra y la incursión de Conrad Oxford (Harris Dickinson) en el frente o la matanza encarnizada a la que allí asiste permiten a Vaughn jugar en un terrenos más predispuesto a la tragedia y la pérdida mientras configura secuencias de gran fuerza audiovisual como el enfrentamiento silencioso en tierra de nadie entre británicos y alemanes. Pero seguimos encontrándonos ante una película inspirada en el mundo secuencial creado por Mark Millar y Dave Gibbons, de manera que el humor negro y la violencia desaforada son de vital importancia en el discurrir de acontecimientos desarrollados a lo largo de la obra, llegando a su cénit con el enfrentamiento contra el Rasputín de un enorme Rhys Ifans que pedía a gritos, si no un spin off protagonizado por él mismo, al menos más metraje en pantalla.




Previsiblemente se ha renovado todo el reparto con respecto a las otras dos Kingsman, lógico si tenemos en cuenta que los hechos de aquellas ocurren 90 años después de los de la presente, pero en este sentido Matthew Vaughn y sus guionistas han pecado de conservadores y solo han sustituido a unos actores por otros para ejercer casi los mismos roles. Si el Orlando de Raplh Fiennes toma el relevo del Harry Hart de Colin Forth, el Harris Dickson el del Eggsy de Taron Egerton o Djimon Honsou hace lo propio con Mark Strong sería en el bando de los villanos donde no se respeta esa regla. Como era de esperar el actor de La Lista de Schindler o la saga Harry Potter sobresale por medio de carisma y elegancia, viéndose escoltado por sus ya citados aliados a los que se suman Gemma Arterton, Matthew Goode, Charles Dance, Daniel Brühl, Valerie Pachner o Tom Hollander, así como Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci con intervenciones más breves conformando un casting imponente al que también pertenece el anteriormente citado y alabado Rhys Ifans.




Aunque mueva sus piezas con soltura y eficiencia en un tablero diferente al de Kingsman: Servicio Secreto o Kingsman: El Círculo Dorado esta precuela comete el fallo de ser demasiado continuista y poco original cuando podía haber explorado nuevas posibilidades para una franquicia que comienza a dar síntomas, puede que no de cansacio, pero sí de desgaste. The King’s Man es un proyecto 100% Matthew Vaughn, un divertimento frenético, violento y ligero que da lo que promete respetando las constantes planteadas por Mark Millar y Dave Gibbons en el cómic primigenio. Como la mayoría de blockbusters de este 2021 tampoco ha funcionado bien en taquilla, pero no dudamos que Disney y 20th Century Studios nos ofrecerán al menos una nueva película dentro de este microcosmos ficcional que cierre la trilogía de Eggsy en la actualidad antes de que su máximo responsable comience ese reboot de Kick-Ass ya anunciado que podría centrarse en los cómics protagonizados por Patience Lee, la sustituta de Dave Lizewski en la cabecera creada por Mark Millar y John Romita Jr.




viernes, 13 de octubre de 2017

Kingsman: El Círculo de Oro



Título Original Kingsman: The Golden Circle (2017)
Director Matthew Vaughn
Guión Jane Goldman y Matthew Vaughn basado en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons
Reparto Taron Egerton, Colin Firth, Julianne Moore, Mark Strong,  Halle Berry, Pedro Pascal, Channing Tatum, Jeff Bridges, Elton John, Bruce Greenwood, Emily Watson, Edward Holcroft, Hanna Alström, Sophie Cookson, Michael Gambon, Poppy Delevingne, Björn Granath, Samantha Womack,  Matt Letscher, Tom Benedict Knight, Alessandro De Marco





Además de uno de los guionistas más prolíficos del mundo del cómic el escocés Mark Millar es un tipo muy inteligente. Después de haber pasado por las dos editoriales más importantes de Estados Unidos dejando su impronta en obras tan conocidas como Superman: Hijo Rojo en DC o Civil War en Marvel decidió en 2013 crear su propia compañía, Millarworld, con la que realizar sus propias creaciones siempre acompañado de ilustradores de primera línea como John Romita Jr (Kick-Ass), Steve McNiven (Nemesis) o Frank Quitely (Jupiter's Legacy) y con la mirada continuamente puesta en un Hollywood que cada vez se interesaba más por adaptar su obra al celuloide. Uno de los directores que más veces ha llevado a la pantalla grande el trabajo de Millar es el británico Matthew Vaughn que ya lo hizo con Kick-Ass y Kingsman: Servicio Secreto, film de 2014 inspirado en el cómic que el autor de The Authority ideó junto al dibujante Dave Gibbons (Watchmen).




La cinta protagonizada por Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Michael Caine o Mark Strong no sólo superaba considerablemente a la obra original en viñetas que no pasaba de entretenimiento cumplidor, también se reveló como una pieza demencialmente divertida con la que el autor de Stardust o Layer Cake se mostraba como uno de los directores de cine de acción más resueltos del panorama cinematográfico actual, algo de lo que previamente ya había dado buenas muestras en Kick-Ass y X-Men: Primera Generación. La prensa especializada recibió considerablemente bien Kingsman: Servicio Secreto y la taquilla respondió en consecuencia ante la propuesta ideada por Vaughn y su habitual colaboradora, Jane Goldman, de modo que la idea de una secuela empezó a gestarse en las oficinas de 20th Century Fox y Marv Films, productora propiedad del mismo Vaughn, poco después del éxito a nivel mundial de la primera entrega.




Kingsman: El Circulo de Oro es la demostración y confirmación de que la obra secuencial de Mark Millar ha cobrado una dimensión tran grande que, al igual que le ha sucedido a otros autores como Frank Miller o George R.R. Martin ya dentro de la literatura, Hollywood ha llegado a fagocitarla. Esta secuela de 2017 no está basada en ningún cómic del guionista escocés, porque nunca llegó a publicar una secuela de Kingsman: Servicio Secreto en la que Matthew Vaughn y Jane Goldman pudieran inspirarse. Evidentemente esto no resultó un impedimento para que la maquinaria se pusiera en funcionamiento, con el beneplácito del mismo Millar, y la secuela fuera tomando forma con el reparto de la primera parte casi al completo y algunos nuevos fichajes como los de  Julianne Moore, Halle Berry, Pedro Pascal, Channing Tatum, Jeff Bridges o el cantante Elton John.




Los hechos de Kingsman: Golden Circle acontecen un año después de los del primer largometraje y estos toman como inicio la destrucción de la sede central de la agencia secreta Kingsman por parte de Poppy Adams, una perturbada empresaria que es la cabeza visible de una organización terrorista llamada Círculo de Oro que se dedica a distribuir a nivel global narcóticos adulterados cuyos efectos son letales para aquellos que los consumen. Eggsy y Merlín, que son los únicos supervivientes de los Kigsman, deberán viajar a Estados Unidos y hacer parada en Kentucky para asociarse allí con los Stateman, otra organización norteamericana dedicada al espionaje que usa como tapadera una destileria de whisky y que pondrá a disposición de los dos agentes británicos algunos de sus mejores hombres para encontrar a Poppy y desarticular su imperio del crimen.




Matthew Vaughn y Jane Goldman juegan la carta de la sinceridad desde el primer momento en Kingsman: El Círculo Dorado. La secuencia del taxi que abre el largometraje es toda una declaración de principios por parte de la obra ya que en esos poco más de diez minutos se condensa toda la esencia de esta secuela que hace suya la ley del "más y mejor" pero con unos resultados considerablemente meritorios. Escenas de acción física imposibles, persecuciones automovilísticas inverosímiles (con el derrape más largo de la historia del cine), una resistencia a los golpes fuera de lo común por parte de los dos implicados y brazos mecánicos controlados a distancia que son capaces de hackear los sistemas de seguridad de la agencia secreta más poderosa de Gran Bretaña. Llegados a este punto sólo queda tomarlo o dejarlo y si el espectador decide dejarse llevar por la propuesta de los autores la recompensa merece la pena.




Esta secuela de Kingsman: Servicio Secreto es nuevamente una parodia hiperbólica y exagerada de las películas de James Bond, sobre todo de las más vitriólicas que podrían fácilmente ser las protagonizados por Roger Moore a lo largo de la segunda mitad de los 70 y la primera de los 80, tomando de ellas no pocas ideas narrativas, estilísticas y conceptuales. Esta seña de identidad que nacía en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons y de la que se alimentaba el primer film es aquí llevada a un nuevo nivel con un encadenado continuo de secuencias de acción frenética que aún llegando e ocasiones a adentrarse en el complicado e inestable terreno de lo granguiñolesco siempre salen airosas gracias a la excelente labor detrás de las cámaras de un Matthew Vaughn que hasta del exceso de CGI sabe sacar partido a lo largo de su último proyecto como realizador.




En este contexto volvemos a encontrarnos agentes secretos de una condición física sobrehumana, villanos casi indestructibles y carismáticamente unidimensionales, persecuciones, tiroteos, hemoglobina salpicando a la cámara, atronadora música pop acompañando las coreografías de destrucción y muerte protagonizadas por los personajes y situaciones tan disparatadas que sólo podrán ser disfrutadas si nos entregamos sin miramientos una suspensión de la credibilidad que nos permita meternos de lleno en la montaña rusa que nos propone Matthew Vaughn. En el proceso, y al igual que sucedía con la película primigenia Kingsman: El Círculo Dorado contiene no pocos pasajes memorables en los que la violencia explícita, la bravuconería, el potente acabado técnico y la estupidez se dan la mano para ofrecer algunos de los momentos más divertidos vistos delante de una pantalla este 2017.




Al bastante convincente trío de protagonistas de la primera entrega, Taron Egerton, Mark Strong y Colin Firth se unen nuevos fichajes como unos episódicos Channing Tatum y Jeff Bridges, una encantadora Halle Berry y unos divertidos Bruce Greenwood y Emily Watson. Pero son Juliane Moore y sobre todo Pedro Pascal los mejores fichajes de Kingsman: El Círculo de Oro. La primera por abordar desde la contención y una sempiterna sonrisa su deliciosa villana de opereta y el segundo por convertir a su agente Whiskey en el mejor personaje de todo el largometraje siendo el protagonista de algunas de las mejores secuencias de acción del film. Por último especial mención a Elton John cuyas penosas dotes interpretativas son proporcionales a su impagable sentido del humor y la autoparodía que le permiten formar parte de los mejores gags cómicos de la película, como el de la patada voladora o el del perro robot en la bolera.




Más alocada y divertida que su predecesora, también menos consistente narratívamente y algo pasada de rosca que aquella, Kingsman: El Círculo Dorado no sólo es consecuente con lo que pudimos ver en la primera película, también respeta la esencia del cómic de Mark Millar y Dave Gibbons, Matthew Vaughn, Jane Goldman y el resto de colaboradores implicados en el largometraje ofrecen ingentes cantidades de fruición, salvajismo, falsa incorrección política (su mensaje en contra del consumo de drogas es tan simplista como inesperado) y humor negro o escatológico (el impagable comentario del anciano del asilo después de la situación con el teleférico) son suficientes ingredientes agradables para que los 141 minutos que dura la cinta pasen en un suspiro, la propuesta haga disfrutar a los espectadores y estos la olviden inmediatamente después de salir de los multicines en los que la proyecten. Nadie le ha pedido más al director británico ni él se ha visto en la necesidad de ofrecerlo.


jueves, 19 de marzo de 2015

Kingsman: Servicio Secreto



Título Original Kingsman: The Secret Service (2015)
Director Matthew Vaughn
Guión Jane Goldman y Matthew Vaughn basado en el cómic de Mark Millar, Dave Gibbons y Matthew Vaughn
Actores Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Hamill, Mark Strong, Michael Caine, Sofia Boutella, Jack Davenport, Sophie Cookson, Tom Prior, Neve Gachev, Alisha Heng





Después de ejercer como productor en Lock & Stock, Snatch: Cerdos y Diamantes o Rockanrolla, largometrajes de su amigo y compatriota Guy Ritchie, Matthew Vaughn decidió debutar como realizador con aquella elogiada cinta sobre gangsters llamada Layer Cake protagonizada por Daniel Craig entre otros. Después de la misma el nuevo cineasta decidió vincularse con las adaptaciones cinematográficas de cómics y de ellas no ha salido todavía, ya que demostró que se le daba rematadamente bien el subgénero. Stardust, de Neil Gaiman y Charles Vess, Kick- Ass de Mark Millar y John Romita Jr o la versión muy libre de X-Men: Primera Generación de Jeff Parker y Roger Cruz fueron sus siguientes proyectos, varios de ellos por medio de su productora MARV y todos con la ayuda de su colaboradora y habitual co guionista Jane Goldman.




La experiencia de adaptar como director la primera entrega de Kick-Ass y la segunda como productor parece que gustó a Vaughn, porque de ahí nació una amistad con el guionista escocés Mark Millar que dura hasta hoy y que se ha confirmado con la decisión del cineasta de adaptar otra obra del autor de Authority o El Viejo Logan. Kingsman: The Secret Service nació, como la mayoría de los últimos trabajos del de Glasgow, con la principal intención de ser carnaza cinematográfica. Con la ayuda del mítico dibujante Dave Gibbons (Watchmen, Historias de Guerra, la saga Martha Washington) y la del mismo Matthew Vaughn como co argumentista (algo parecido a la colaboración que realizó Millar con nuestro Nacho Vigalondo en la colección Supercrooks, que a saber cuando llevará a imágenes el cántabro) dio forma a esta parodia del cine de espionaje en general y el de James Bond en particular. Un producto gracioso y agradable de leer, pero puramente alimenticio cuyo fin, como hemos mencionado, era ser extrapolado con éxito al celuloide.




El problemático y descarriado Eggsy descubre que su padre fue un agente que pertenecía a una agencia secreta llamada Kingsman, en la que supuestos sastres ejercen como espías en la sombra que desfacen todo tipo de entuertos. Tras uno de sus numerosos actos delictivos Eggsy es visitado por Harry Hart, un antiguo amigo de su progenitor fallecido que lo tomará en su tutela porque, aunque se haya entregado a una vida disoluta, cree que el muchacho tiene madera para ser un buen Kignsman como lo fue su padre. Este punto de partida, parecido al del cómic, pero que se toma considerables licencias con el de la colección en viñetas le sirve a Matthew Vaughn para rodar una divertida adaptación que juega sus mejores bazas cuando decide entregarse al desenfreno, algo que por desgracia no sucede durante todo el metraje.




Al igual que su inspiración tebeística Kingsman: Servicio Secreto es una sátira del cine de James Bond, al que tan pronto rinde elogioso tributo como parodia. Alternando la elegancia y glamour del universo de espionaje adherido al personaje nacido de la pluma de Ian Fleming con el tono más urbano y tosco de la Inglaterra de las clases bajas propio de las producciones de su colega Guy Ritchie, Vaughn y su socia Jane Goldman se lo pasan en grande alternando sofisticación con el horterismo de los adolescentes londinenses, como si de un grupo de secundarios salidos de una película de Ken Loach se trataran. Director y guionista tratan de que haya un equilibrio bien medido entre estos dos mundos, para diferenciarlos adecuadamente, y ahí es donde en cierta manera falla un producto como el que nos ocupa.




Porque, aunque la película avanza adecuadamente y nunca se hace anodina ya que sabe dosificar el tono de thriller, la comedia y el dinamismo en las secuencias de acción, ese prometedor arranque en Oriente Medio, con Money For Nothing de Dire Strairs sonando de fondo mientras el caos se adueña del encuadre, engaña a un espectador que espera, y demanda, un descontrol de la marca Mark Millar, algo que no sucede del todo y debería haber sido constante a lo largo de todo el film. Por otro lado cuando en la recta final el largometraje decide entregarse a la locura, a lo grueso y explícito es cuando Kignsman: Servicio Secreto dispara todas las balas que tiene en el cargador y Matthew Vaughn comienza a lucir su talento para las escenas de acabado técnico intachable y punzante.




 La cumbre del largometraje, y una de las mejores escenas cinematográficas de lo que llevamos de 2015, es la matanza de rednecks (paletos de pueblo sureño americano) en la iglesia extremista. El uso de la cámara, las lentes, el tempo, la violencia brutalísima, las maneras de matar cada vez más bestias y originales a lo que habría que sumar un Colin Firth desopilante y el uso medidísimo de Free Bird de Lynyrd Skynyrd con connotaciones sociales (como también hizo Rob Zombie en el clímax de Los Renegados del Diablo) hacen que el espectador lamente que el último trabajo de Matthew Vaughn no hubiera tenido este tono durante todo su desarrollo, una orgía del exceso que seguro hizo las delicias (hasta sexuales) del mismo Mark Millar cuando la vio por primera vez, seguramente en pleno rodaje.




Colin Firth es el rey de la velada, la película es suya y su elegancia de punta en blanco alternada por sus técnicas de lucha cuerpo a cuerpo y uso de las armas de fuego son lo mejor de Kingsman: Servicio Secreto, ofreciendo el protagonista de El Discurso del Rey y Un Hombre Soltero un papel que seguramente le gustó tanto interpretar como a nosotros contemplar. Le da la réplica un esforzado Taron Egerton que no se achanta ante su partenaire y entre los secundarios tenemos al siempre espléndido Mark Strong, la veteranía de Michael Caine, la intimidante presencia de Sofia Boutella y a Samuel L. Jackson dando vida a Valentine, el ridículo villano de la cinta que odia la violencia aunque aspira a ser un ecoterrorista asesino de masas. También apuntar el detalle del cameo de Mark Hammill como el Profesor Arnold, magnífica broma de Vaughn si tenemos en cuenta que el actor de Star Wars salía como personaje en el cómic original.




Kingsman: Servicio Secreto es un divertimento ligero competente en todos sus apartados, que no busca otra cosa que entretener a la platea con acción, mucho humor negro, algo de drama y una sana incorrección política que dispara dardos envenenados contra políticos, millonarios, delincuentes de poca monta, ecologistas o unos servicios secretos que no eluden en ningún momento del metraje la autoparodia. La trama es sencilla y en ocasiones muy previsible por el simple hecho de pertenecer a un géner como el de espías, quemado hasta la saciedad en la actualidad y le falta más fiereza asi como apelar al desprejuicio inmisericorde y la brocha gorda más de lo que lo hace, pero aún así ofrecerá casi dos horas de fruición cinematográfica a todo aquel que decida enfrentarse a ella sabiendo la fantasmada (al más puro estilo James Bond) que va a encontrarse.