viernes, 19 de julio de 2019

Joe Dante: En el Límite de la Realidad



Edición Nacional/España Applehead Team
Autor Álvaro Pita
Formato Rústica
Páginas 700 páginas
Precio 22,95€

Ahora que la nueva entrega de Stranger Things vuelve a enamorar a millones de espectadores por mediación de la plataforma de streaming Netflix con su revisionismo de los clásicos cinematográficos y televisivos del Hollywood de los años 80 es de recibo hablar de uno de los directores más importantes de aquella época y a cuya filmografía los hermanos Matt y Ross Duffer han hecho no pocas referencias y guiños en estas tres temporadas de la serie. Hablamos como no podía ser menos de Joe Dante, cineasta estadounidense al que debemos cintas de culto como Piraña, Aullidos, Gremlins 1 y 2, El Chip Prodigioso (Innerspace), Exploradores, No Matarás… al Vecino (The Burbs), Matinee, Looney Tunes: De Nuevo en Acción o Pequeños Guerreros. Para acercarnos a su persona en esta ocasión vamos a reseñar Joe Dante: En el Límite de la Realidad, un ensayo sobre su obra y milagros publicado por la editorial Applehead Team y escrito por el crítico, cineasta y filólogo Álvaro Pita (A Coruña, 1979)

Una de las mayores virtudes de Joe Dante: En el Límite de la Realidad, que en otras manos podía haberse convertido en su mayor flaqueza, es que como obra contó con la implicación total del director a la hora de que su autor la escribiera. De esta manera Álvaro Pita consiguió tras incontables horas de entrevistas al biografiado y un enorme trabajo de investigación no sólo dar forma a un repaso extenso y minucioso por toda la filmografía de Dante, sino también marcar las distancias para no dejarse llevar por la mística detrás de un creador cuya trayectoria ha copado enorme protagonismo para los espectadores y cinéfilos que nos criamos con sus films durante los años 70, 80 y 90. Pita es consciente de que su admiración por el protagonista de su libro no debe menoscabar su trabajo como biógrafo o crítico y en ocasiones incluso llegará a mencionar sin cortapisas las carencias de sus largometrajes y a explicitar su opinión sobre los que no son de su agrado.

Una vez tenemos declaraciones en primera persona a manos del cineasta y a un autor con los pies en el suelo lo suficientemente inteligente para no caer en los brazos de la adulación excesiva o la mitificación por el simple hecho de que el objetivo de su trabajo se convierta en el mayor y más estrecho de sus colaboradores el resultado de Joe Dante: En el Límite de la Realidad se adentra en los terrenos de la brillantez gracias al retrato, personal y profesional, ofrecido para que el lector se haga una idea de cuan necesaria e imprescindible es la filmografía de este artesano nacido el 28 de noviembre de 1946, en Morristown, Nueva Jersey. En ese sentido también juega muy a favor de la labor expuesta en el libro su acertada estructuración y la meticulosidad con la que esta es desarrollada a lo largo y ancho de 700 páginas en ningún momento plomizas o farragosas y sí repletas de información valiosa y una narrativa tan elaborada como accesible para el amante del cineasta en particular y el celuloide fantástico y de terror en general.

Joe Dante: En el Límite de la Realidad arranca con un primer capítulo en el que se profundiza en los primeros años de vida del cineasta. Su pasión por el cine, propensión por las publicaciones en papel relacionadas con la fantasía, el terror y el humor, su inclinación por la Serie B y un refinado paladar para el celuloide europeo fueron forjando la personalidad de un artesano de la vieja escuela que, como muchos de sus coetáneos, se formó como profesional bajo el amparo del gran Roger Corman. Dante dio sus primeros pasos en el medio cinematográfico como montador de todo tipo de trabajos, tanto trailers como films, adscritos a la factoría del director de La Pequeña Tienda de los Horrores editando insalubres producciones, en ocasiones amalgamando varias en un mismo producto, por sueldos miserables. Tras esta contextualización espacial y temporal el libro dedica 40 capítulos a desgranar una a una todas las obras audiovisuales del autor, desde The Movie Orgy (1968) hasta Enterrando a la Ex (2014), sin olvidar su paso por la televisión con series como Cuentos Asombrosos, Naked Gun o Masters of Horror entre otras.

Álvaro Pita realiza una pormenorizada disección de todos y cada uno de los productos ficcionales de Dante con declaraciones de este, como bien ya hemos apuntado, de varios de sus colaboradores en distintas épocas y aportando todo tipo de material gráfico. Cada capítulo dedicado a uno de sus films, o episodios en caso de las series de tv, aborda todas las etapas de su producción, incide en su génesis y desarrollo como proyecto, aborda su recepción en cuanto a taquilla y prensa especializada o ahonda en las múltiples lecturas y subtextos que casi siempre acompañan a un Joe Dante con propensión a la crítica social y política como puede verse en Piraña o Aullidos, el humor negro de Gremlins o No Matarás… Al Vecino, su entrega por la ciencia ficción catódica y de Serie B como la de El Chip Prodigioso o Pequeños Guerreros o su pasión por el cartoon y la animación presente en su episodio de En los Límites de la Realidad: La Película y Looney Tunes: De Nuevo en Acción.

Durante este trayecto Pita ofrece su opinión personal de la filmografía de Dante como un profundo admirador, pero con una equidistancia digna de elogio. No duda en destacar las carencias de obras consideradas intocables dentro de la filmografía del director como Aullidos, con las que un servidor puede estar en desacuerdo, pero admitiendo siempre la solidez de sus argumentaciones a la hora de exponerlas. También muestra una especial elegancia y profesionalidad a la hora de preguntar al cineasta por aquellos proyectos con los que no está del todo satisfecho o que no le traen muy buenos recuerdos por culpa de variopintos problemas de producción como sucede con Exploradores o más recientemente con Looney Tunes: De Nuevo en Acción, la obra que debería haberlo devuelto a la primera línea de Hollywood, pero que le produjo más quebraderos de cabeza que otra cosa.

Joe Dante: En el Límite de la Realidad no sólo es una perfecta lectura para la temporada estival veraniega, un viaje a aquel celuloide que nos vio crecer y ayudó a dar nuestros primeros pasos dentro de la cinefilia. También se revela como uno de los ensayos sobre la carrera de un director más completos, trabajados e interesantes que un servidor ha leído en nuestro idioma en mucho tiempo. Applehead Team sigue ampliando su catálogo hablando de ese cine que no abunda en libros de la misma temática adscritos a otras editoriales repleto de productoras, géneros, directores, actores e iconos de nuestra infancia y adolescencia. El libro de Álvaro Pita que nos ocupa es una de las mejores muestras de lo que puede llegar a facturar la editorial andaluza no cejando en su empeño por traernos material original, elaborado y satisfactorio a distintos niveles con el que cubrir el enorme vacío hasta hace poco presente en el panorama nacional en lo referido al cine comercial y de evasión tan revalorizado en la actualidad.


lunes, 15 de julio de 2019

Stranger Things 3, sé lo que hicisteis el último verano



"Tú nos dejaste entrar. Y ahora tú nos dejarás quedarnos"




Poco más de año y medio hemos tenido que esperar para volver a la ficticia, y ya icónica, población estadounidense de Hawkins después de aquella excelente Stranger Things 2 que a pesar de parecer un remake a mayor escala de Stranger Things 1 funcionó casi al máximo de sus posibilidades en noviembre de 2017. Netflix vuelve a depositar toda su confianza en uno de sus buques insignia con Stranger Things 3, la, presumiblemente, penúltima temporada de la serie creada por los hermanos Matt y Ross Duffer (Wayward Pines, Hidden). Más allá de la inclusión de algún nuevo fichaje como la actriz Maya Hawke dando vida a Robin, Cary Elwes como el alcalde Larry Kline, Jake Busey en la piel del antipático Bruce o Alec Utgoff interpretando al Doctor Alexei mantenemos el mismo reparto de las dos entregas anteriores. La nueva tanda de ocho episodios fue subida al catálogo de la plataforma de streaming el pasado 4 de julio y nosotros ya hemos podido ver esta muy esperada tercera temporada de las aventuras sobrenaturales de Eleven, Mike, Will, Dustin, Lucas, Max y compañía. Lo cierto es que hemos quedado muy satisfechos a casi todos los niveles porque el producto mantiene casi intacta su calidad, potencia su naturaleza multirreferencial y hace evolucionar a sus personajes. Pero también posee algunas carencias y cae en ciertas decisiones erróneas que más tarde pasaremos a enumerar a la hora de evaluar globalmente un proyecto tan exitoso y disfrutable como este.




Al igual que sucedió en la segunda temporada con respecto a la primera esta Stranger Things 3 toma como punto de inicio los últimos segundos que cerraban a su predecesora y a partir de él los hermanos Duffer y sus colaboradores al guión o la dirección van desarrollando las distintas tramas. En esta ocasión el argumento se localiza en la víspera del 4 de julio de 1985, un año después de los hechos acontecidos en Stranger Things 2, con los protagonistas experimentando sus primeras relaciones amorosas y problemas derivados de la entrada en la adultez, mientras el nuevo centro comercial de la empresa Starcourt se convierte en el epicentro de las aventuras de todos los personajes. Como viene siendo tradición detrás de la idílica estampa de Hawkins las monstruosidades interdimensionales siguen amenazando la vida de los lugareños desde las sombras y los protagonistas deberán enfrentarse nuevamente con ellas para impedir un apocalipsis a escala mundial.




La principal seña de identidad de Stranger Things 3 es su ligereza, mucho más acentuada que en las dos temporadas anteriores. La serie de Matt y Ross Duffer siempre se ha caracterizado por la alternancia de acción, ciencia ficción, terror, drama y comedia. Pero en esta ocasión el humor y un tomo mucho más liviano se apoderan de la mayor parte de la velada sólo cediendo terreno al dramatismo en el último episodio que, eso sí, es el más emocional y melancólico de todo lo que llevamos de serie. Esta predisposición por la aventura continuada, dinámica, fruiciosa no sólo se vertebra por todas las subtramas que dan forma a Stranger Things 3 enriquieciéndolas con matices y referencias, sino que también da al conjunto del proyecto un ritmo endiablado capaz de influir en el ánimo de un espectador que verá volar delante de sus ojos las poco menos de nueve horas que dura la temporada. Aunque es a partir del tercer episodio cuando la historia toma fuerza, desde el minuto uno el tempo narrativo y la realización trabajan en equipo para engancharnos a las aventuras de los habitantes de Hawkins.




Hasta media decena de subtramas se alternan en el discurrir de estos nuevos ocho episodios. Cada una de ellas con su propia autonomía, tono y solidez suficiente para funcionar de manera independiente. Pero el añadido más interesante de las mismas es que todas hacen referencia a algún clásico del terror y la ciencia ficción de los 70, 80 o 90. En este sentido destacan, sobre todo, la trama protagonizada por Billy como multihomenaje a obras como La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, The Blob, The Stuff, La Cosa, Cazafantasmas 2 e incluso Hellraiser o la centrada en unos geniales Steve, Erica, Robin y Dustin como si fueran los personajes de una cinta de John Hughes sumergidos en un remake de Amanecer Rojo (Johm Milius, 1984) con sus adolescentes americanos plantando cara a unos, convenientemente, inútiles soldados rusos mientras hacen apología de los parabienes del capitalismo y las maldades del comunismo por medio del personaje de Erica, uno de los más memorables de la temporada gracias a su locuacidad y verborrea.





Desde el punto de vista técnico Matt y Ross Duffer, Shawn Levy y Uta Briesewitz mantienen la puesta en escena, entre cálida y vibrante, habitual de la serie de Netflix. Aunque es en su recta final donde más se acentúa sobrevuela toda la temporada una sabia amalgama entre espectacularidad estilística y minuciosidad emocional en lo referido a las relaciones interpersonales de los personajes que elevan el proyecto como ya sucediera en las dos anteriores temporadas. El recurrente uso del CGI se antoja algo tosco e irregular en los primeros compases de Stranger Things 3, pero va cogiendo fuerza y solidez a lo largo de los capítulos llegando a momentos de brillantez incuestionable con una oda a la “Nueva Carne” cronenbergiana corporeizada en ese amasijo informe y devorador copando gran parte del protagonismo a lo largo de la trama central. Puede que la ya mencionada ligereza y el tono de Serie B imperante en la temporada resten algo de consistencia a la realización, pero el resultado sigue siendo de nota muy alta y con algunos pasajes para el recuerdo.




En cuanto al reparto sigue haciéndose patente la química y complicidad entre los seis actores principales siendo extensible a otros de los secundarios. Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Finn Wolfhard, Caleb McLaughlin, Noah Schnapp y Sadie Sink son el corazón de Stranger Things, pero por suerte funcionan tanto unidos, como por parejas o interactuando con los roles adolescentes o adultos. David Harbour y Winona Ryder siguen siendo una pareja encantadora, Dacre Montgomery gana mucho protagonismo como Billy, la pareja formada por Natalia Dyer y Charlie Heuton pierde algo de relevancia por el, poco disimulado, arrinconamiento del último en cuanto a la escritura (¿castigo por sus problemas personales?) que lo diluye aunque siga teniendo una notoria presencia en pantalla. Al igual que sucedía en Stranger Things 2 varios de los nuevos fichajes son los que más brillan en esta tercera parte. Mención especial para Alec Utgoff, ese Doctor Alexei de mente prodigiosa contrastando con su carácter infantil y matrícula de honor para Maya Hawke, hija de los actores Ethan Hawke y Uma Thurman, enorme como Robin, un personaje del que es imposible no enamorarse, sobre todo cuando forma equipo con Steve, Dustin y Erica.




Pero, desgraciadamente, no todo son alabanzas hacia esta Stranger Things 3 porque con ella se agrava una afección que ya mostró sus primeros síntomas en la segunda temporada. Una vez más nos encontramos con un producto estructural y conceptualmente casi idéntico a sus dos anteriores entregas. Evidentemente el proyecto ofrece las suficientes dosis de calidad en todos sus apartados para que no nos cause molestia el seguir viendo “más de lo mismo”, pero esta tendencia al subrayado y la redundancia parece confirmar que Matt y Ross Duffer, acompañados de sus colaboradores, ya han explotado al máximo una fórmula que no parece dar más de sí. En ese sentido se antoja casi necesaria la decisión, por parte de sus creadores, de acabar la serie en la próxima temporada porque, más allá de ciertos cambios en cuanto a tono y resoluciones argumentales, esta tercera tanda de episodios es, al igual que la segunda, una revisión de aquella Stranger Things 1 de la que sus máximos responsables no quieren alejarse demasiado por si al probar ideas nuevas pierden el favor de la crítica y el público.




Stranger Things 3 es pura diversión, evasión, emoción y fuego de artificio bien facturado. Es imposible no seguir enamorado de los habitantes de Hawkins comandados por esta pandilla de chicos a los que estamos viendo crecer, madurar, cambiar y recibir los primeros golpes de la vida, que en verdad poco tienen que ver con aperturas dimensionales o poderes piscoquinéticos. Mientras tanto ahí siguen Matt y Ross Duffer, facturando la, para un servidor, temporada menos potente de las tres estrenadas hasta ahora, pero poseedora de unas cualidades, una fuerza visual y un ritmo narrativo vigoroso incuestionable. Unos años 80 repletos de referencias variopintas a Regreso al Futuro (Robert Zemeckis 1985), El Día de los Muertos (George A. Romero, 1985) la serie Magnum (1980-1988) o Terminator (James Cameron, 1984), obra maestra a la que dedican no ya un guiño o una subtrama, sino un personaje completo que hará las delicias de los fans. Tras un final que lo cambia todo, y una escena post créditos que nadie debe perderse, ya sólo queda esperar hacia dónde se encaminaran los Duffer con esa Stranger Things 4 que nos despedirá ¿para siempre? de la tan idílica como peligrosa localidad de Hawkins.


martes, 25 de junio de 2019

Rocketman



Título Original Rocketman (2019)
Director Dexter Fletcher
Guión Lee Hall
Reparto Taron Egerton, Jamie Bell, Richard Madden, Bryce Dallas Howard, Steven Mackintosh,  Gemma Jones, Tom Bennett, Kit Connor, Stephen Graham, Matthew Illesley, Ophelia Lovibond,  Charlotte Sharland, Layton Williams, Bern Collaco, Ziad Abaza, Jamie Bacon, Kamil Lemieszewski,  Israel Ruiz, Graham Fletcher-Cook





Pudiera parecer que el descomunal éxito comercial de Bohemian Rhapsody iba a ser la punta de lanza de una nueva oleada de biopics musicales y de hecho posiblemente así lo sea, aunque todavía es pronto para evaluarlo. Porque esta Rocketman estrenada hace unas semanas en carteleras de todo el mundo es un proyecto desarrollado casi de manera paralela al largometraje centrado en la historia de la banda británica Queen en general y la vida de su vocalista, Freddie Mercury, en general. De hecho ambas obras comparten director, Dexter Fletcher, aunque como recordamos este no fue el principal responsable detrás de las cámaras del film protagonizado por un enorme Rami Malek, sino que ejerció de sustituto de Bryan Singer cuando este comenzó a ausentarse continuada e injustificadamente del set de rodaje y fue despedido por 20th Century Fox.




Cuenta la leyenda, aunque no sé si tienen validez dichas declaraciones por la nula vinculación entre las productoras de ambos largometrajes, que encargarse del rodaje de Bohemian Rhapsody una vez Bryan Singer fue despedido del mismo fue el trámite que Dexter Fletcher tuvo que aceptar para poder ponerse al frente de Rocketman. Más allá de si esto es cierto o no sería la relación entre el cineasta Matthew Vaughn y Elton John, recordemos su mítica aparición en Kingsman: El Círculo Dorado, la que permitiera poner en funcionamiento el presente biopic de cuya financiación se ocuparía, en gran parte, Marv, la productora  propiedad del cineasta de X-Men: Primera Generación que aunaría fuerzas con Rocket Pictures, la creada por el mismo cantante y con la que ya ha diseñado films, algunos films infantiles como Gnomeo y Julieta o su secuela, Sherlock Gnomes




Ya en sus cinco primeros minutos Rocketman se convierte en una declaración de principios por parte del biografiado y principal responsable del film. El Elton John de Taron Egerton aparece ataviado de diablo en una terapia de grupo y confiesa ser adicto al alcohol, la cocaína, el sexo y las compras compulsivas, entre otros vicios. Por suerte esa será la tónica habitual de la obra, convertida en un biopic alejado de los convencionalismos de la vertiente más blanda y amable del subgénero y abrazando el riesgo, argumental y conceptual, con la intención de crear un retrato realista y cercano de las glorias, pero sobre todo las miserias, de aquel apocado y talentoso niño llamado Reginald Kenneth Dwight que eligió convertirse en Elton Hercules John, una de las estrellas más grandes de la historia del rock.




Rocketman ejecuta una virtuosa amalgama de géneros y estilos. Por un lado es un biopic, pero también un musical y si bien es cierto que contiene un notable poso dramático no elude los pasajes cómicos, en ocasiones bordeando la carcajada. De manera que mientras conocemos la vida de Elton John desde su niñez las actuaciones musicales interpretadas a lo largo del film son la excusa perfecta para introducir coreografías, rupturas puntuales de la cuarta pared y una amalgama magistral entre música extradiegética y diegética para disfrute de un espectador que en ocasiones no da crédito a lo visto en pantalla. Sirva como ejemplo el ipresionante falso plano secuencia, con elipsis temporal incluida, durante la interpretación de Saturday Night's Alright entre el bar y la feria local. Desde ya mi pasaje cinematográfico favorito de lo que llevamos de 2019.




Elton John ejecuta una cura de humildad revelándose a la vez como expiación de sus demonios interiores. El intérprete de Candle in the Wind o Blessed parece no haber puesto barreras a la labor de Dexter Fletcher y su guionista, Lee Hall, y de la misma manera que la historia no se recrea en ningún momento en su sobrado talento y virtuosismo para la ejecución o composición musical, descubierta y desarrollada desde su niñez sin pompa o glorificación alguna en pantalla, no tiene miedo a mostrar sus carencias profesionales; como su incapacidad de escribir buenas letras necesitando la ayuda de su inseparable amigo, Bernie Taupin, para encargarse de dicha tarea. Tampoco sus complejos físicos, como su alopecia o sobrepeso, se eluden de cara a un espectador mostrándose así a una versión más veraz, cercana y humana del artista británico.




Sus problemas con los excesos y adicciones, su famoso mal carácter desembocante en una irascibilidad volcada, injustamente, en sus colaboradores o su megalomanía una vez tocó el cielo como icono de la música comercial ofrecen una visión poliédrica de un hombre tímido y acomplejado que encontró en la extravagancia y el subirse en un escenario una vía de escape a una existencia deprimente, gris, mortecina. Pero también se extrapolan con verdadera pasión y cariño esos momentos icónicos en la carrera de John como la primera actuación en Estados Unidos con todo el público, y el mismo protagonista, levitando al son de Crocodile Rock en la sala Trobadour o se ejecutan con apuntes mágicos interpretaciones como las de Tiny Dancer durante la fiesta en casa de Mama Cash, toda la familia Dwight interpretando I Want Love o el mismo Elton improvisando Your Song al piano para asombro de su madre y abuela.




Si en Bohemian Rhapsody Dexter Fletcher sólo pudo terminar lo que Bryan Singr había dejado a medias convirtiéndose en un realizador de apoyo ni siquiera acreditado en Rocketman ha podido desplegar todo su poderío estilístico y visual sin que nadie le parara los pies o le pusiera barreras. El Elton John que se retrata en Rocketman es el que más se entregó a la extravagancia, el exceso e incluso lo hortera y la cámara del cineasta lo extrapola de manera fidedigna a la pantalla. El director de Eddie el Águila saca oro de pasajes impresionantes como el falso travelling lateral durante Pinball Wizard, la interpretación submarina de Rocketman, la orgiástica coreografía acompañada por Bettie and the Jets o la fidedigna recreación del videoclip I'm Still Standing. Todo aderezado con referencias que van desde el Ken Russell de Tommy al Brian de Palma de El Fantasma del Paraíso haciendo el resto para que la puesta en escena del film se antoje superlativa.




Taron Egerton podía parecer una elección arriesgada por el escaso, más bien nulo, parecido físico de Elton John, su juventud o lo alejados que se encuentran los papeles que hasta ahora ha interpretado, principalmente en cintas de acción y aventuras, del asignado a su persona en Rocketman. Pero el resultado de su caracterización se revela mastodóntico, porque más allá de emular a la persona real estudiando su lenguaje gestual o modulación de voz lo que hace grande su labor es el creerse en todo momento su personaje. De esta manera el protagonista de Robin Hood o Kinsgman despliega todo su talento artístico entregándose a la causa de los responsables del film ejecutando un trabajo para el recuerdo y, en mi opinión personal e intransferible, muy superior al, ya de por sí brillante, de Rami Malek en Bohemian Rhapsody. Sin obviar que interpreta todas las canciones del film imitando magistralmente el timbre de Elton John, aunque quedando lejos de este en lo que a potencia vocal se refiere.




Por último y ya que hemos vuelto al biopic de Freddie Mercury, me apena que un fan hasta la médula de Queen como yo no haya podido encontrar en la ya citada Bohemian Rhapsody lo que sí me ha ofrecido en grandes cantidades Rocketman. Sinceridad, dureza, exceso, humanidad, explicitud en cuanto a la vida amorosa y sexual del protagonista y una enorme paleta de claroscuros a la hora de retratar al homenajeado. Mientras el largometraje de 2018 se revela un biopic casi prototípico,tímido a la hora de abordar sus pasajes más controvertidos y procedimental desde un punto de vista audiovisual, transitando todos los lugares comunes del subgénero encontrando la complicidad de un público que se arrojó en masa a verla en cines, Rocketman ha conseguido una recaudación mucho más humilde siendo un proyecto mucho más valiente, arriesgado, incómodo, átipico y, sobre todo, de mucha mayor calidad en todos sus aspectos.




Ahora que el 2019 llega a su ecuador puedo considerar Rocketman mi película favorita del año. Porque más allá de las cuentas pendientes que Elton John rinde con su pasado, su familia y su carrera lo que aquí encontramos es un elogio al amor, la diferencia, la genialidad y la pasión por la música. Desde ya el último trabajo detrás de las cámaras del multifacético Dexter Fletcher entra en mi lista personal de biopics favoritos junto a joyas como Bird (Clint Eastwood, 1988), The Doors (Oliver Stone, 1992), Toro Salvaje (Martin Scorsese, 1980), Amadeus (Milos Forman, 1984) y otro puñado más de este tipo de celuloide capaz de comprender que para retratar con fidelidad, respeto y profundidad la vida de una celebridad se debe mostrar tanto lo oscuro como luminoso que hay en ella. Las virtudes y miserias indivisibles a cualquier ser humano que haya habitado o habite esta tierra en algún instante olvidado, o no, en el pasillo del tiempo.


sábado, 22 de junio de 2019

X-Men: Fénix Oscura



Título Original X-Men: Dark Phoenix (2019)
Director Simon Kinberg
Guión Simon Kinberg, basado en los cómics de Chris Claremont y Johm Byrne
Reparto Sophie Turner, Jessica Chastain, James McAvoy, Jennifer Lawrence, Michael Fassbender, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Alexandra Shipp, Kodi Smit-McPhee




Después de un interminable sucesión de contratiempos de distinta índole el pasado 7 de junio X-Men: Fénix Oscura llegaba a las carteleras estadounidense y española. Desde la sustitución de Bryan Singer por Simon Kinberg debido a los problemas profesionales y personales relacionados con el primero la cuarta entrega del reinicio de la saga cinematográfica mutante ideada por 20th Century Fox hace casi veinte años sólo ha ido encontrando obstáculos en su camino. Pero también sería una necedad negar que desde su mismo génesis el proyecto estaba abocado, puede que no al fracaso, pero sí a la indiferencia o la irrelevancia. Se antojaba extraño y errático realizar una segunda adaptación cinematográfica de la mítica Saga de Fénix Oscura teniendo en cuenta que en la polémica X-Men: La Decisión Final ya había sido llevada a imagen real. Que el mismo Simon Kinberg fuera el guionista de aquella tercera película podría anticipar la idea por su parte de debutar como director siendo más fiel a lo que quería plasmar en aquel film realizado por Brett Ratner, pero eso también anticiparía la naturaleza caprichosa del proyecto. Una vez tomada la decisión el seguidor de la franquicia esperaría que esta nueva versión fuera más fiel a los cómics o al menos mejor que aquella de 2006. Por desgracia no ha sido el caso y ya podemos confirmar la presente como la entrega más floja de la saga central en pantalla grande de los homo superior.





Como ya hemos aventurado y delata su título X-Men: Fénix Oscura adapta el célebre arco argumental escrito por Chris Claremont y dibujado por John Byrne en 1980 dentro de la colección Uncanny X-Men, abarcando del número 129 al 138 de la misma. Afirmar que es una traslación de dicha historia a imagen real se antoja una simple formalidad, porque lo que Simon Kinberg ha extrapolado a la pantalla grande toma su planteamiento y punto de partida para después alejarse de manera gradual a lo que aconteció en las viñetas, dando como resultado un relato fallido en prácticamente todos sus aspectos. La infidelidad a las viñetas no tiene que ser motivo para que el largometraje carezca de calidad o buen hacer cinematográfico, pero desgraciadamente este es un caso en el que, más allá del respeto por el material en el que se basa, los desaciertos y carencias se apoderan del conjunto del proyecto. Fallos en los que trataremos de ahondar a continuación para ofrecer una visión amplia de la obra y los motivos por los que ha sido un fracaso de crítica o público y por extensión una despedida tan decepcionante como agria para los mutantes.




Las mayores carencias de X-Men: Fénix Oscura residen en su caótico y, aparentemente, manoseado guión. No sabemos si alguien intercedió en la labor de escritura en solitario por parte de Simon Kinberg, pero es un desastre a prácticamente todos los niveles. Aunque en su arranque la historia discurre sin demasiadas estridencias y el planteamiento inicial del conflicto tiene potencial, su desarrollo es atropellado, incoherente, superficial y está resuelto pobremente. A pesar de los esfuerzos de Sophie Turner la transformación de Jean Grey en Fénix o el subtexto sobre liberación sexual que subyace debajo, muy presente en la saga en viñetas original, no rasca más que en la superficie. A ello habría que sumar un encadenado de decisiones arbitrarias y desafortunadas cuando el film ejecuta su primer giro de guión. A partir de ese momento se desencadena la hecatombe con situaciones pueriles pésimamente expuestas, personajes entrando y saliendo de la trama sin ofrecerse explicaciones convincentes que lo justifiquen y un cierre totalmente anticlimático e indigno, no ya sólo para la cinta, sino para la etapa iniciada con la soberbia X-Men: Primera Generación en particular y la saga cinematográfica de los Hijos del Átomo en general.




Pero la mayor gravedad del libreto reside en su triste retrato de personajes. Aunque hemos llegado a ver versiones más egocéntricas y reprobables de Charles Xavier en los cómics, como el de la etapa de Astonishing X-Men de Joss Whedon y John Cassaday, la vergonzosa descaracterización a la que someten al personaje de James Mcavoy de X-Men: Apocalipsis a esta última entrega es la más penosa que recuerdo en años. El hombre decente, altruista, entregado a los demás y su causa pacífica vira en un ser superficial, megalómano y temerario que sólo la dignidad del actor de Glass salva del mayor de los ridículos, aunque con la famosa escena de las escaleras llegue a bordear los límites de la vergüenza ajena, no por su culpa, sino por la de Kinberg como guionista al plantear situación tan extravagante. Si a eso sumamos la villana interpretada, como buenamente puede, por Jessica Chastain, una de los más unidimensionales, sonrojantes e intrascendentes del cine de superhéroes reciente coronamos una galería de roles en su mayoría apocados, desubicados o protagonizando arcos dramáticos del todo insostenibles, así como incongruentes con los planteados, con mucho más acierto, en las anteriores entregas.




En cambio no puedo eludir mencionar lo bien facturada técnicamente que me ha resultado esta X-Men: Fénix Oscura, único apartado en el que sus responsables han realizado profesionalmente su labor. No sabría decir si las secuencias de acción de la obra han recaído en la segunda unidad dirigida por la veterana Ashley Bell (Watchmen, Star Trek: Más Allá, Godzilla), pero en caso contrario Simon Kinberg demuestra haber hecho notablemente bien los deberes trabajando codo con codo con gente como Matthew Vaughn o Bryan Singer a la hora de empaparse de la versatilidad de ambos a la hora de enfrentarse con los mastodónticos rodajes de Primera Generación y Días del Futuro Pasado o Apocalipsis. Una puesta en escena sin aspavientos y muy medida, secuencias a gran escala bien facturadas, un uso inteligente del CGI y recurrencia de efectos prácticos e incluso algún alarde visual (como ese travelling cenital que recorre los distintos vagones del tren y lo que en ellos acontece) dan buena muestra de la destacable resolución visual del film a pesar de ir gradualmente desarrollándose en localizaciones cada vez más exiguas, como si el presupuesto menguara en cada nueva situación desembocando en una clímax, como ya hemos apuntado, bastante deficiente.




Desgraciadamente poco más podemos rescatar de un producto tan desangelado y rudimentario como X-Men: Fénix Oscura. No sabemos a ciencia cierta si ha sido obra de 20th Century Fox o esa Disney que compró los derechos de esta última, pero todo apunta a que la ópera prima de Simon Kinberg como director es una pieza que sus mismos productores se han encargado de destruir por medio de cambios, reshoots, y una desgana generalizada. Como si quisieran finiquitar pronto la franquicia para quitársela de en medio dándole una conclusión indigna para una serie de films sin cuyos primeros pasos seguramente la actual fiebre del cine superheróico, adaptado del noveno arte, ni hubiese tenido lugar. Ni siquiera esa soberbia relación entre Magneto y Xavier, James McAvoy y Michael Fassbender no comparten ni cinco minutos de metraje, sobre la que se sustenta la saga o los guiños a los fans de los cómics (la aparición de Dazzler, ese amago de Genosha) salvan de la mediocridad esta última incursión en el microcosmos creado por Stan Lee y Jack Kirby en 1963 y cuyo futuro se antoja incierto ahora que Kevin Feige, junto a sus colaboradores, se van a hacer con la rienda de los personajes y sus aventuras en la gran pantalla.


miércoles, 19 de junio de 2019

Narciso Ibáñez Serrador (1935 - 2019)



El pasada día 7 de junio nos enterábamos del fallecimiento de Narciso Ibáñez Serrador, una de las figuras más importantes de la historia televisiva española y artífice de un dúo de obras maestras incontestables con sus dos únicas incursiones en el mundo del largometraje. Apodado cariñosamente “Chicho”, Ibáñez Serrador nació el 4 de julio de 1935 en Montevideo (Uruguay), hijo de los actores Narciso Ibáñez Menta, a la postre uno de los intérpretes fetiche de su carrera para el tubo catódico, y Pepita Serrador. Matrimonio que se divorciaría cuando Chicho sólo contaba con cinco años de edad. Después de vivir en América Latina, al cumplir los doce años se traslada a España, país en el que termina sus estudios. Tras unos años escribiendo radionovelas con el pseudónimo Luis Peñafiel, que le acompañaría durante gran parte de su carrera profesional, dio el salto al medio que más fama le proporcionó.




Sus primeros trabajos en la televisión tuvieron lugar en Argentina, pero el resultado no le satisfizo y decidió volver a su país de adopción. Tras su paso por Estudio 3 y otras series de la época en 1966 se convirtió en el creador, guionista, director y presentador de la mítica serie Historias Para No Dormir con la que daba su visión, entre clásica y contemporánea, del género de terror. En el mismo terreno, indivisible a su carrera profesional, facturaría sus dos únicas películas para la pantalla grande. La Residencia y ¿Quién Puede Matar a Un Niño? son dos obras maestras y clásicos del fantaterror español, adscritas a dos vertientes muy diferentes del género, y ambas con resultados brillantes. La creación de concursos como el célebre Un, Dos, Tres… Responda Otra Vez y en una época más reciente Waku Waku, Hablemos de Sexo o El Semáforo extendieron el legado de un creador de contenidos al que vamos a dedicar un repaso dentro de sus dos facetas más distinguidas.


Narciso Ibáñez Serrador y la Televisión


La carrera televisiva de Narciso Ibáñez Serrador comenzó en España de manera oficial el año 1963 escribiendo algunos capítulos de Estudio 3, adaptados de clásicos literarios, o los guiones de episodios de series como La Historia de San Michele, La Puerta Cerrada o Mañana Puede Ser Verdad. En 1967 llamaría la atención de propios y extraños con Historia de la Frivolidad, un programa ficcionalizado escrito al alimón con Jaime de Armiñán (Mi Querida Señorita) con el que realizaría una sucinta, incisiva y cortante crítica a la censura (de hecho el nombre original del proyecto iba a ser Historia de la Censura) de la época adscrita al puritanismo del régimen franquista. A pesar de sus problemas Historia de la Frivolidad fue emitida con “nocturnidad y alevosía” un madrugada para no hacer demasiado ruido en RTVE y así conseguir entrar en competición para llevarse varios premios internacionales. Algo que consiguió, dando así a Ibáñez Serrador sus primeras alabanzas internacionales por parte de una crítica rendida a sus pies.




Pero sería un año antes, en 1966, cuando Narciso Ibáñez Serrador marcara por primera vez a fuego su nombre en la mente de los espectadores de la época. Historias Para No Dormir fue una serie antológica con la que Chicho quería ofrecer una serialización catódica actualizada y moderna del género de terror. Ejerciendo de anfitrión presentando todos los capítulos, como hacía su admirado Alfred Hitchcock en su propia serie, y tomando las riendas como productor, guionista y director en muchas de las entregas Chicho creó un programa de culto en el que aunó una visión más rompedora del género con resortes más propios del clasicismo propio de Edgar Allan Poe. Contando con su padre, Narciso Ibáñez Menta, en gran parte de los relatos que facturó Historias Para No Dormir se convirtió en un hito de la televisión española quitando el sueño a millones de espectadores con clásicos como La Bodega, La Zarpa, El Pacto, El Aniversario o El Asfalto. Abarcando distintas vertientes dentro del terror y recibiendo numerosos galardones dentro y fuera de nuestras fronteras.




Aunque si hay que adentrarse en la faceta televisiva de Narciso Ibáñez Serrador es obligatorio hace una parada en su labor como creador y director de programas y concursos para la pequeña pantalla. Un, Dos, Tres… Responda Otra Vez fue un show nacido en 1972 en el que los concursantes superaban distinto tipo de pruebas y respondían preguntas hasta conseguir algunos de los premios finales. A lo largo de las distintas etapas del programa que fue presentado por iconos de la programacióm patria como Kiko Ledgard, Maira Gómez Kemp, Jordi Estadella o Miriam Díaz Aroca conocimos a personajes míticos como las famosas azafatas, Don Cicuta o las Tacañonas que iban en contra, o hacían mofa con, los participants. Actores, humoristas y cantantes reconocidos hacían apariciones esporádicas o recurrentes mientras mascotas como Ruperta, Chollo o Botilde se convertían en el interés de los más pequeños de la casa.




No sólo del Un, Dos, Tres… Responda Otra Vez vivía el Chicho creador de contenidos televisivos de entretenimiento. En 1989 estrenaría Waku Waku, concurso centrado en el reino animal focalizando su interés en las especies en peligro de extinción que presentó Consuelo Berlanga. Nueve años después conocería una nueva vida con Nuria Roca delante de las cámaras y consiguiendo un notable éxito. A principios de los 90 Chicho también rompió no pocos tabúes con el primer programa que hablaba abiertamente y sin tapujos de la sexualidad. Hablemos de Sexo estaba presentado por la doctora Elena Ochoa que dio un tono didáctico, serio y responsable a la temática ganándose el favor del público. El Semáforo llegaría a mediados de los 90, con Jordi Estadella como presentador, y con este show en el que “artistas” anónimos podían recibir una ovación o una cacerolada del público por sus actuaciones encontrábamos el punto de calidad más bajo dentro de la obra de Chicho para la pequeña pantalla.




Su última gran aportación llegaría precisamente para la ficción audiovisual en la que era un maestro. Tele 5 y Filmax le contrataron para resucitar el espíritu de Historias Para No Dormir con una serie de películas para televisión en las que contó con algunos de los mejores directores de género de nuestro país. Álex de la Iglesia (La Habitación del Niño), Jaume Balagueró (Para Entrar a Vivir), Enrique Urbizu (Adivina Quién Soy), Mateo Gil (Regreso a Moira), Paco Plaza (Cuento de Navidad) y el mismo Chicho poniéndose por última vez detrás de las cámaras con la fallida La Culpa dieron forma a un interesante experimento que más que una continuación de la célebre serie nacida a mediados de los 60 y finiquitada a principios de los 80 parecía un homenaje al maestro por parte de sus herederos. Una agridulce despedida para la carrera como realizador de Chicho que al menos se vio arropado por la flor y nata del celuloide de género español.


Narciso Ibáñez Serrador y el Cine


Aunque la mayor parte de la carrera de Narciso Ibáñez Serrador se desarrolló en la televisión con series y concursos o programas de todo pelaje (entre los que destacaba el icónico Un, Dos, Tres… Responda Otra Vez) por todos es sabido que también coqueteó con el mudo del largometraje. En ambos casos con resultados asombrosos para un, supuesto, debutante dentro del medio cinematográfico. Años escribiendo y dirigiendo numerosos episodios de su archiconocida Historias Para No Dormir sumados a su profundo conocimiento de la literatura de terror ideada por maestros como Edgar Alan Poe o el celuloide rodado bajo el amparo de titanes como Alfred Hitchcock, habían preparado a Ibáñez Serrador para dar el salto al largometraje. Su primera oportunidad llegó en el año 1969 cuando cayó en sus manos una historia escrita por Juan Tebar cuyos derechos pertenecían a Anabel Films, productora dispuesta a realizar con este proyecto la primera película española rodada en inglés y con un presupuesto bastante holgado para la época.




Por medio de su famoso pseudónimo, Luis Peñafiel, Ibáñez Serrador adaptó el relato de Juan Tebar a guión cinematográfico y se ocupó de la dirección de la que se convertiría en su ópera prima como director para la pantalla grande. La Residencia centra su atención en un reformatorio juvenil de señoritas localizado en Francia durante el año 1890 siguiendo la pista de varios personajes que allí pululan. Se trata de un cuento gótico que no elude sus deudas con los ya citados Poe y Hitchcock, facturado con una elegancia intachable y una puesta en escena capaz de amalgamar el clasicismos más sobrio con pasajes de una violencia que, en cierta manera, podrían haber influido bastante en el subgénero giallo italiano. De hecho se hace ineludible la deuda de la fastuosa Suspiria (Dario Argento, 1977) con el debut de Ibáñez Serrador que nos ocupa.




El film tuvo problemas con la censura por la explicitud de algunas escenas, sirva de ejemplo la famosa de la ducha colectiva, porque más allá de su estética de relato de terror subyacía bajo su superficie una crítica visceral hacia el puritanismo y la represión sexual propia del régimen franquista corporeizada en esas alumnas deseosas de experimentar son sus cuerpos mediante los pocos hombres que regentaban el aislado reformatorio. Pasajes como en los que sugerían comportamientos sadomasoquistas u homosexuales y la brillante secuencia en la que, por medio del montaje paralelo, se daba a entender que las compañeras de la alumna que mantenía relaciones sexuales en clandestinidad experimentaban sus orgasmos debieron levantar ampollas en el panorama cinematográfico de la época. Dentro del reparto debemos destacar, sobre todo, a unas impresionantes Lili Palmer y Mary Maude, como la estricta Madame Fourneau y la enfermiza alumna Irene, respectivamente.




Tuvieron que pasar siete años para que Ibáñez Serrador abandonara, momentaneamente, sus quehaceres catódicos y pudiera facturar su segunda película como director. En el año 1976 y por mediación del productor Manuel Salvador, Chicho rodó una adaptación del libro El Juego de los Niños, escrito por el novelista, periodista y guionista gijonés Juan José Plans. ¿Quién Puede Matar a Un Niño? cultivaba un terror en las antípodas del expuesto en La Residencia, rompedor y revolucionario en no pocos aspectos. Esta historia de dos turistas extranjeros que se enfrentan a una inexplicable plaga de resonancias bíblicas cuando todos los niños de la isla española en la que se alojan deciden eliminar de la manera más salvaje a los adultos del lugar está repleta de virtudes o hallazgos visuales y narrativos.




Partamos de la dificultad que supone transmitir terror a la platea con una historia desarrollada a plena luz del día. Ibáñez Serrador no sólo supera el examen con nota, sino que llega a facturar algunos pasajes capaces de helar la sangre. La agresión fuera de plano al anciano, la peculiar piñata, la sonrisa de la niña después de haber engañado por medio del llanto a su padre o ese hijo nonato agrediendo a su madre desde las mismas entrañas son situaciones difícilmente olvidables para el espectador, sobre todo el que degustó la obra por primera vez durante la infancia o adolescencia. Gracias a la excelente labor del reparto, enormes Lewis Fiander y Prunella Ransome, una excelsa fotografía a manos de un genio como José Luis Alcaine y un mensaje totalmente desesperanzador, deudor del de muchos de los mejores episodios de Historias Para No Dormir, ¿Quién Puede Matar a Un Niño? es una obra de arte que, eso sí, debe ser visionada en v.o.s, porque la doblada elude el desconocimiento del idioma español por parte de los protagonistas, carencia convertida en el epicentro del aislamiento y la incomunicación experimentada por estos.




Poco más podemos decir en una humilde entrada como esta de un genio indispensable como Narciso Ibáñez Serrador. Autor capital del lenguaje audiovisual español al que cineastas patrios como Álex de la Iglesia, Paco Plaza, Jaume Balagueró o J.A. Bayona toman como tutor e influencia directa o nombres importantes del género a nivel internacional como Quentin Tarantino, Edgar Wright o Eli Roth veneran gracias al enorme éxito de sus dos capitales trabajos cinematográficos. Con él desaparece una manera de hacer y entender la ficción de género que no volverá en su más pura esencia, pero de la que permanecen pequeños destellos gracias a sus discípulos y herederos. Aquellos que, al igual que un servidor, nos sentimos tan horrorizados como atraídos por su obra cuando la descubrimos a edad temprana, despertando algo en nosotros que una vez salió de su letargo nunca nos abandonó. Descanse en paz y que la tierra le sea leve, maestro.


lunes, 17 de junio de 2019

John Wick: Capítulo 3 - Parabellum



Título Original John Wick: Chapter 3 - Parabellum (2019)
Director Chad Stahelski
Guión Derek Kolstad, Shay Hatten, Chris Collins, Marc Abrams
Reparto Keanu Reeves, Halle Berry, Ian McShane, Anjelica Huston, Laurence Fishburne, Lance Reddick, Asia Kate Dillon, Jason Mantzoukas, Mark Dacascos, Yayan Ruhian, Cecep Arif Rahman, Robin Taylor, Tobias Segal, Saïd Taghmaoui, Jerome Flynn, Randall Duk Kim, Margaret Daly, Susan Blommaert




Con motivo del estreno de John Wick: Pacto de Sangre ya dedicamos un pequeño repaso al origen de la franquicia y a lo que hasta ese momento había dado de sí como producto cinematográfico. De manera que no vamos a ahondar mucho más en cómo la cinta dirigida por Chad Stahelski, y un David Leitch no acreditado, supuso un sleeper, en cierta manera revolucionario, para el cine de acción de Hollywood y la resurrección definitiva de un, por aquel entonces, Keanu Reeves caído en el ostracismo. De esta manera ya podemos abordar la tercera entrega de la saga estrenada hace poco en la cartelera internacional. Esta John Wick: Capítulo 3 – Parabellum llega de nuevo con dirección de Chad Stahelski y guión de Derek Kolstad, aunque este último se ve respaldado en la escritura por Shay Hatten, Chris Collins y Marc Abrams. 




En lo referido al reparto además del inevitable Keanu Reeves repiten Ian McShane, Laurence Fishburne, Lance Reddick o Tobias Segal. A ellos se suman Halle Berry, Jerome Flynn, Asia Kate Dillon, Saïd Taghmaoui, la veterana Anjelica Huston y Mark Dacascos como el peculiar villano de la velada. Tras su exitoso estreno en Estados Unidos, durante su primer fin de semana superó los números conseguidos por Vengadores: Endgame en el mismo periodo de tiempo, la crítica fue clara a la hora de considerar esta tercera entrega de las violentas correrías de John Wick como la mejor de la, hasta ahora, trilogía. Un servidor no sabría decir si esta afirmación es cierta, pero lo que es ineludible es la evolución de la serie de películas hacia un meritorio “más difícil todavía” sin caer nunca en hipérbole visual o la distrofia argumental.





John Wick: Capítulo 3 - Parabellum comienza justo donde acababa John Wick Capítulo 2: Pacto de Sangre, con su protagonista excomulgado por haber ejecutado a una persona en el Continental y en pocas horas convertido en un botín andante por el que cualquier mercenario o asesino a sueldo podrá embolsarse catorce millones de dólares si consigue quitarle la vida. A partir de ese planteamiento inicial Chad Stahelski y sus colaboradores siguen la tónica de “ir más allá” ya establecida con la anterior entrega. Si en el segundo episodio la acción era más abundante y descarnada, la inmersión en el microcosmos establecido por el relato original más profunda y mayor la entrega por parte de los actores a la hora de dejarse la piel en las escenas físicas en este tercero sus responsables han rebasado todos los límites establecidos. Siempre con inteligencia y sin entregarse a los prostituibles brazos de la secuelitis propia de Hollywood, propensa a convertir las continuaciones de sus grandes éxitos de taquilla en descomunales barracas de feria sustentadas en el artificio y la vacuidad.





En ese sentido John Wick: Capítulo 3 - Parabellum es ejemplar por aferrarse a la idea de ofrecer “más y mejor” racionalmente, sin que la maquinaria se desboque de mala manera. Esto se debe principalmente a ser una saga financiada por una productora, Lionsgate, que opera en cierta manera a espaldas de las majors y a que esta ha puesto al mando de la misma a profesionales con años de oficio a sus espaldas y conocimientos profundos del cine de acción, ya que se formaron en las entrañas del género. De este modo nos encontramos con una tercera entrega que supera en lo visual y argumental a cualquiera de sus predecesoras, pero haciéndolo sin perder el norte, manteniéndose fiel al contexto espaciotemporal o el espíritu establecido desde la primera película. Siendo consecuente con sus decisiones, todas planteadas y ejecutadas para llevar al límite el conjunto de la obra sin dejar de ser nunca parte del lore previamente establecido. Nos encontramos así con un episodio que, al igual que la primera secuela, tensa hasta el límite de lo creíble los resortes narrativos de su propuesta cinematográfica.




Como ya hemos apuntado previamente el último trabajo de Chad Stahelski detrás de las cámaras potencia hasta el delirio sus apartados técnico y argumental. Siempre sin olvidarse en el proceso del artístico, asegurado este gracias a la permanencia e inclusión de actores de veteranía más que contrastada. Por eso de la misma manera que las potentísimas secuencias de acción de John Wick: Pacto de Sangre superaban a las de John Wick, las John Wick: Capítulo 3 - Parabellum hacen lo propio con las de sus predecesora. La violencia en este tercer episodio es más cruda, más gráfica, tiene más presencia y sigue estando realizada con el virtuosismo propio de la franquicia. Las señas de identidad estilísticas se mantienen a la hora de ejecutar estos pasajes, sustentándose en encuadres fijos depositarios de la responsabilidad en los actores y especialistas de escenas de riesgo para los combates físicos, movimientos de cámara vivaces y poderosos en las persecuciones o un uso demencial de los travellings en los tiroteos, como acontece en la impresionante secuencia en Casablanca o la que corona el film con el asalto al Continental.




Mi único problema con John Wick: Capítulo 3 - Parabellum, que realmente no reviste demasiada gravedad, es que, al igual que sucedía con John Wick: Pacto de Sangre, me cuesta introducirme en el contexto ficcional de la obra. Como es lógico Derek Kolstad y sus colaboradores a la escritura quieren seguir extendiendo el universo creado alrededor de su personaje principal. Pero si ya en la anterior cinta me resultaba difícil creerme esa red nacional de asesinos a sueldo dominando a escondidas nuestras sociedad como si de una versión macarra de los Illuminati se tratase, llevar esa idea a un nivel internacional con la “Alta Mesa”, los distintos Continentales a lo largo y ancho del globo o la manera de operar de sus responsables se antoja tan irreal que en ocasiones me sacan de la película. Esas revelaciones acerca de orígenes secretos, lazos afectivos y familiares o pactos de sangre me incitan en más de una ocasión a arquear la ceja por lo disparatado. Pero por suerte el protagonista, los secundarios y, sobre todo, las ya citadas secuencias de acción vuelven a implicarme al 100% en una obra tan disfrutable como sus predecesoras.




Después del enorme éxito de crítica y público de esta nueva entrega podemos confirmar que tenemos Baba Yaga para rato. No sólo gracias a esa cuarta parte ya confirmada por Lionsgate, sino también por esa futura serie centrada en el “Continental” que también parece estar ideándose. En lo referido a la próxima continuación cinematográfica los responsables ya han dejado el terreno bien abonado para que lo que acontezca en ella vuelva a rizar el rizo y acabemos viendo a John Wick enfrentarse con el Machete de Danny Trejo en un Continental localizado en Marte, por poner un ejemplo tan disparatado como deseable. Pero ahora mismo sólo nos queda celebrar la naturaleza volátil y caprichosa de ese Hollywod capaz de volver a encumbrar a un actor caído en desgracia, personal y profesional, ganándose el corazón de medio planeta por su humilde sencillez o esa oda a un cine de acción diferente bebiendo a mares del oriental, enorme esa pelea con los actores de The Raid, y diseñado por aquellos directores que engrandecieron el género desde las sombras mientas otros con menos talento se llevaban el mérito y los halagos.


jueves, 13 de junio de 2019

Sesión Discontinua



Interrumpimos la programación habitual para hablar de una noticia importante en lo concerniente a este blog y la persona que se encuentra detrás del mismo. Puede que todo el mundo no lo sepa, pero detrás del nick Armin Tamzarian se encuentra Juan Luis Daza, un treintañero de Linares (Jaén) aficionado al cine que un día decidió unificar todas esas reseñas de películas y series que dispersaba de mala manera por foros de toda la red en un único emplazamiento. Cuando Trangresión Continua cumplió cinco de los diez años de vida que hoy tiene la web Zona Negativa, de la que era lector y comentarista habitual, solicitó mis servicios para colaborar en la redacción de cine, sección de la que actualmente soy coordinador, siempre con la impagable ayuda de mis compañeros, que me hacen la vida más fácil.

A pesar de mi fichaje por Zona Negativa pude seguir manteniendo con vida Trangresión Continua y gracias a la amabilidad y gentileza de Raúl López, creador y administrador de la web, pude utilizar los textos sobre cine que allí escribía en esta, la que es mi creación en exclusividad, siempre mencionando su origen, como hago con todos ellos. Alternando las reseñas que allí publico y algunas de cosecha propia sigo manteniendo el blog todo lo activo que puedo, no como yo quisiera, pero sí intentando que no termine un mes sin haber subido una manita de reseñas. De esta manera Transgresión Continua cumple este mes de junio una década de vida, con altos y bajos en lo referido a visitas, y mi idea es seguir otros diez años hasta que el cuerpo aguante, porque por ahora todavía disfruto escribiendo en la que considero mi casa.

Pero desde hace unas semanas me he implicado en otro proyecto que irá de la mano con Transgresión Continua con la intención de que ambos mundos se retroalimenten. Hace un par de meses mi amigo Juan José Patón, guionista, productor y realizador audiovisual con varios cortos, videoclips y largometrajes independientes a sus espaldas, me propuso crear un canal de YouTube en el que lo único que haríamos sería hablar de lo que más nos gusta, "cine, series y lo que surja", pero grabándolo con una cámara. De esta manera hace un par de semanas nació Sesión Discontinua, el canal que Juanjo y yo compartimos y al que actualmente estamos dedicando nuestro tiempo con el respaldo y patrocinio de Cines Bowling Linares y la indispensable ayuda de Roció García Pérez, la maravillosa directora de fotografía y operadora de cámara que captura nuestras divagaciones.

De manera que a partir de ahora muchas de las reseñas escritas de Transgresión Continua se verán complementadas con los programas que Juanjo y un servidor dedicaremos a dichos largometrajes y en los que podréis deleitaros con mi redondeada figura y todavía inexperiencia como "youtuber" . Por ello cuando próximamente publique aquí la crítica de la reciente John Wick: Capítulo 3: Parabellum al final del texto podréis encontrar el vídeo en el que ambos daremos nuestra opinión de la obra en concreto. De hecho ahora mismo podéis ver la que ofrecimos hace unos días de Hellboy (2019) en su entrada correspondiente. Poco más que decir, sólo pediros que si seguís el blog y os gusta el contenido nos haríais un enorme favor si os suscribís al canal y nos dais vuestro apoyo. Ya tenéis por allí un puñado de programas dedicados a Juego de Tronos, El Hijo (Brightburn), Narciso Ibáñez Serrador o el ya citado de la tercera entrega de John Wick que esperamos os agraden.



miércoles, 12 de junio de 2019

Hellboy Animated: Blood & Iron, crónicas vampíricas



Título Original Hellboy Animated: Blood & Iron (2007)
Director Victor Cook
Guión Kevin Hopps, Tad Stones, Mike Mignola, basado en el cómic de este último





Un año después del estreno de Hellboy Animated: Sword of Storms Cartoon Network emitió una segunda entrega titulada Hellboy Animated: Blood & Iron con la que continuar la propuesta establecida en 2006 para llevar al personaje del creador de Bogavante Johnson al medio televisivo. Libremente inspirada en el famoso arco argumental Despierta al Demonio, el segundo de larga duración de la cabecera original, y partiendo de nuevo de una historia de Mike Mignola y Tad Stones esta vez fue Kevin Hoops quien se encargó del guión. La dirección fue asignada a Victor Cook y Ron Perlman, Selma Blair o Doug Jones repitieron poniendo voz a sus personajes. Sumándose a ellos el gran John Hurt ofreciendo la suya al profesor Trevor Bruttenholm, rol al que dio vida en imagen real tanto en Hellboy (2004) como en una breve aparición de Hellboy 2: El Ejército Dorado (2008). El resultado, sin llegar en ningún caso a la excelencia, es muy superior al de su predecesora convirtiéndose en una decente tv movie capaz de extrapolar bastantes de los hallazgos y características del universo cinematográfico y secuencial del personaje nacido en Dark Horse Comics.




Hellboy Animated: Blood & Iron deja de lado la autoindulgencia y desgana de Sword of Storms llegando incluso a tomar algunas decisiones narrativas bastante arriesgadas para un producto dirigido a todos los públicos. Para empezar podemos afirmar que Hellboy no es el protagonista de la película, sino un “secundario de lujo” dentro de la misma. Es el profesor Trevor Bruttenholm el personaje más importante de este relato planteado como una precuela, ya que, como recordamos, el personaje de John Hurt moría a manos de Karl Ruprecht Kroenen en Hellboy (2004) film con el que comparte cronología y acontecimientos previos. Otro acierto mayúsculo es que mientras en Sword of Storms tres subtramas paralelas se ensamblaban de manera torpe y descompensada en Blood & Iron son dos líneas temporales diferentes las que convergen a la vez de manera orgánica, cohesionada y dando pie a una retroalimentación capaz de enriquecerlas desde un punto de vista narrativo y conceptual.




La historia está centrada en un nuevo caso relacionado con hechos acaecidos en la juventud del profesor Trevor Bruttenholm y en el que se vio envuelta la condesa húngara Erzsebet Ondrushko, una vampira centenaria que tras vender su alma a la diosa Hecatte mató a más de seiscientas jóvenes para bañarse con su sangre y así conseguir la juventud eterna. Este personaje, claramente inspirado en la condesa Elizabeth Bathory, sirve como excusa para que la película vire hacia un tono más oscuro, tenebrista y deudor del terror más propio de la pluma y el trazo de Mike Mignola en las historias en papel protagonizadas por Hellboy a lo largo de los años. De hecho no se eluden pasajes algo más violentos en los que la sangre fluye sin cortapisas, nada que pueda asustar al espectador infantil actual, pero lo suficientemente explícito como para alejarlo un poco del tono más neutro de Hellboy Animated: Sword of Storms dando a entender que sus responsables buscan más complicidad del receptor adulto y conocedor de la temática vampírica.




La animación sigue los mismos patrones estéticos que en Sword of Storms, pero gracias a una labor artística minuciosa y una realización más dinámica esta luce mucho mejor en pantalla. Los guionistas y el realizador aprovechan que el contexto ficcional al que se aferran ya se estableció en la anterior aventura y son capaces de enriquecer o hacer más creíbles a los personajes a pesar de contar con menos protagonismo y metraje en pantalla. La rima entre las dos líneas temporales, el acabado estilístico diferenciado entre ambas, el perfil de los personajes aclimatado con más acierto al relato o los pasajes de acción llegando en un par de ocasiones a ejecutar alguna secuencia memorable dan señales de una notable mejoría con respecto a la primera entrega. Pero en lo concerniente a los personajes pareciera como si Blood & Iron hubiera sido diseñada como un homenaje al personaje de Trevor Bruttenholm y los escritores hacen todo lo posible para engalanar todo lo referido a su pasado y presente convirtiéndolo en la piedra angular del largometraje mientras John Hurt nos deleita con su inconfundible y añorado timbre de voz.




Desgraciadamente cuando se llevaba a cabo un salto de calidad bastante notable de la primera a la segunda película lo que iba a convertirse en una futura trilogía se vio truncada y nunca llegamos a verla completa. Pero este binomio formado por Sword of Storms y la presente Blood & Iron no cayó en saco roto y su repercusión fue lo suficientemente fuerte como para que Dark Horse Comics llegara a publicar tres tomos inspirados en esta díptico dentro del título Hellboy Animated dando continuidad a sus tramas. The Black Wedding, Judgment Bell y The Menagerie se publicaron entre enero y diciembre de 2007 con dos arcos argumentales por recopilatorio y contando entre sus guionistas y dibujantes con Jim Pascoe, Rick Lacy, Fabio Laguna, Jason Hall, Nate Piekos y el omnipresente Tad Stones que ya colaboró en la realización y escritura de las dos versiones animadas de Hellboy para la televisión. Una pena que esta nueva vertiente audiovisual del personaje no saliera adelante porque contenía un potencial que nunca pudo llegar a desarrollarse y vista la recaudación de la última película en imagen real dudo que alguien decida recuperarlo o darle un nuevo inicio.


sábado, 8 de junio de 2019

Hellboy Animated: Sword of Storms, devil may cry



Título Original Hellboy Animated: Sword of Storms (2006)
Dirección Phil Weinstein, Tad Stones
Guión Tad Stones, Matt Wayne, Mike Mignola, basado en el cómic de este último




Como ya comentamos en la entrada dedicada a reseñarla Hellboy (2004) no fue un gran éxito de taquilla, pero su recaudación suficiente para acercarla a gran parte del público generalista y satisfacer, mayoritariamente, a los fans del cómic de Mike Mignola que acogieron con positividad el proyecto. De esta manera con el paso de los años la primera película protagonizada por Ron Perlman y dirigida por Guillermo del Toro se ganó el favor del fandom y el título de obra de culto. Seguramente esta prematura reivindicación del material supuso el motivo para que los responsables del film de 2004 se asociaran con Starz Media y Film Roman y de manera conjunta diseñaran la primera, de varias, cintas animada para el canal Cartoon Network. Con la idea de mantener esta nueva historia dentro del canon del film en imagen real se solicitaron los servicios de Guillermo del Toro y Mike Mignola como productores creativos y Ron Perlman, Selma Blair y Doug Jones pusieron voz a sus contrapartidas en dibujo animado. El resultado fue Hellboy Animated: Sword of Storms, inicio de una trilogía que, al igual que su hermana mayor, nunca llegaría a culminarse.




Aventurando la decisión que tomarían Guillermo del Toro y Mike Mignola dos años después en Hellboy 2: El Ejército Dorado, Hellboy Animated: Sword of Storms no está inspirada directamente en ningún arco protagonizado por el personaje en los cómics, pero sí parte de una idea original de Mike Mignola. El guionista y director Tad Stones, máximo responsable detrás de la obra, y sus colaboradores en la escritura (Matt Wayne) y la realización (Phil Weinstein) desarrollan una historia localizada, principalmente, en Japón para contar el relato de dos demonios hermanos, Trueno y Relámpago, que después de mantenerse encerrados durante siglos en un pergamino vuelven a nuestra realidad poseyendo el cuerpo de Mitsuyasu Sakai, un profesor experto en folclore nipón. El caso es asignado a los miembros de la Agencia de Ivestigación y Defensa Paranormal (AIDP) y del mismo se ocuparán Hellboy, Abe Sapien y una Liz Sherman cada vez más preocupada por su incapacidad para controlar sus, cada vez más peligrosos, poderes piroquinéticos.




Hellboy Animated: Sword of Storms es un producto fallido desde su misma concepción y estructura, dejando entrever bien pronto sus primeras carencias. Como ya hemos mencionado esta película animada pertenece al mismo universo que el film en imagen real rodado por Guillermo del Toro en 2004, pero como obra unitaria debería recurrir a flashbacks o algún recurso parecido con la intención de contar el origen de su personaje principal y los secundarios más relevantes. Sin pararse sus responsables a pensar que los potenciales espectadores consumidores del film pueden no haber visto su precuela en imagen real localizan la historia en un microcosmos ficcional ya establecido en el que hay que subirse en marcha de manera abrupta y poco orgánica, sólo pudiendo aferrarse al prólogo de pocos segundos localizado antes del título del film, del todo insuficiente. Ciertamente este no es el mayor problema del largometraje, ya que otros más graves imposibilitan el buen discurrir del relato planteado por Mike Mignola, Tad Stones y Matt Wayne por culpa de una contrastada ineficacia a la hora de dar consistencia a la narración y los hechos en ella acontecidos.




Aunque todo lo narrado a lo largo de los 75 minutos de metraje de Hellboy Anitamed: Sword of Storms es deudor del imaginario visual desplegado por Mike Mignola en la cabecera homónima de Dark Horse Comics con un universo repleto de demonios, monstruosidades y demás criaturas sobrenaturales son perceptibles varias carencias a la hora de plantear una historia con verdadero punch para enganchar al espectador y una vez la trama se bifurca en tres la alternancia entre unas y otras termina por menoscabar la solidez expuesta en el prólogo de la cinta, el pasaje más eficiente de la misma. La subtrama focalida en Hellboy se sigue con cierto interés, pero la más endeble de Abe y Liz y sobre todo la disparatada e innecesaria de Kate Corrigan y Russell Thorne, con “momento Disney” de vergüenza ajena, dinamitan la cohesión y la estructura de un producto disperso y redundante. Ni siquiera las secuencias de acción o más dinámicas consiguen ejecutar alguna situación memorable de cara a una platea que recibe el material con indiferencia y, en ocasiones, hasta aburrimiento.




De la animación tampoco podemos sacar demasiado partido. Más allá de su deuda con el amerimanga, las series de superhéroes de DC Comics ideadas por Bruce Timm (Batman, Superman, La Liga de la Justicia) o las nacidas del trazo y la impronta de Genndy Tartakovsky (Samurai Jack) el diseño de personajes y localizaciones de Hellboy Animated: Sword of Storms no se alejan de los de cualquier otra serie animada protótipica de televisión. Con esto no afirmamos que la animación sea reprobable en manera alguna, ya que ha sido ideada dentro de los estándares de calidad mínimos para lucir con elegancia y eficiencia en pantalla, pero salvo en algún momento muy puntual no destaca en ningún momento. A ello habría que sumar una luminosidad y tono alegre que poco o nada tiene que ver con los profundos claroscuros y el tenebrismo goticista del cómic de Mike Mignola, aunque en ese sentido ni siquiera las aproximaciones de Guillermo del Toro o Neil Marhsall, esta última la que estaría más cerca de lograrlo, consiguieron ser 100% fieles con el peculiar y genuino universo secuencial del autor de Drácula de Bram Stoker.




Hellboy Animated: Sword of Storms, que al igual que su continuación nunca vio la luz en nuestro país en formato doméstico o emisión televisiva, supuso un deficiente tanteo de terreno para crear un microcosmos animado protagonizado por Hellboy cuya naturaleza rudimentaria y procedimental asentó unas bases poco sólidas sobre las que seguir construyendo ficción de calidad inspirada en el cómic de Mike Mignola. Un guión endeble, un tratamiento de los personajes demasiado superficial y una realización simplemente cumplidora hicieron el resto para que la primera aventura televisiva de “Anung-Un-Rama” se revelara como un producto bastante intrascedente y olvidable. Por suerte con la siguiente entrega Revolution Studios y Starz Media aprendieron de sus errores y consiguieron facturar un producto mucho más competente, siguiendo el mismo patrón, pero cambiando a varios miembros del equipo técnico y ciñéndose más a la viñetas. A Hellboy Animated: Blood & Iron, estrenada un año después, dedicaremos mejores palabras que a esta “Espada de Tormentas” que no produce más que algún que otro chubasco de escasa importancia.