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viernes, 27 de diciembre de 2019

El Resplandor (1980)



Título Original The Shining (1980)
Director Stanley Kubrick
Guión Diane Johnson y Stanley Kubrick, basado en la novela de Stephen King
Reparto Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd, Scatman Crothers, Barry Nelson, Philip Stone, Joe Turkel, Lia Beldam, Billie Gibson, Barry Dennen, David Baxt, Manning Redwood, Lisa Burns, Alison Coleridge, Norman Gay


Aunque en 1980 ya llevaba casi treinta años de prestigiosa carrera a sus espaldas y había coqueteado con distinto tipo de géneros como el noir, la comedia, el drama, el peplum, la ciencia ficción, la distopía, el cine de época o el bélico era el terror la asignatura pendiente de Stanley Kubrick, mítico cineasta estadounidense afincado en Reino Unido. John Calley, ejecutivo de Warner Bros, envió a Kubrick pruebas de imprenta de lo que en un futura iba a ser El Resplandor, la tercera novela de Stephen King, y fue en ese momento cuando decidió acometer el proyecto de llevarla al medio cinematográfico. Después de rechazar una versión del guión escrita por King, con el que mantuvo poco contacto y no precisamente con buenos resultados, Kubrick comenzó a elaborar un libreto junto a Diane Johnson, profesora de literatura gótica que consideraba la novela del autor de Maine poco menos que una mediocridad, y cuando lo tuvieron acabado la maquinaria de Hollywood se puso en marcha. Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd interpretarían a la familia Torrance y Scatman Crothers o Barry Nelson darían vida a roles secundarios como Dick Halloran y Stuart Ullman, cocinero jefe y director del hotel Overlook, respectivamente. El rodaje se llevó a cabo, principalmente, en los estudios Borehamwood, de MGM, en Hertfordshire, durante poco más de un año y a lo largo del mismo se extendió, más que nunca, la fama de tirano de Kubrick cuando se sumergía en la producción de una de sus obras. Los exteriores, centrados exclusivamente en la fachada real del hotel y sus inmediaciones, estaban localizados en los estados de Montana y Oregón.




La trama de El Resplandor es por muchos conocida, pero a grandes rasgos se centra en Jack Torrance, su mujer Wendy, el hijo de ambos, Danny, y el invierno que pasaron en el hotel Overlook en el que el primero debía ejercer de vigilante mientas las instalaciones del inmueble estaban cerradas al público. Allí los fantasmas del hotel se interesan por el poder extrasensorial de Danny y utilizan al inestable Jack, con problemas de alcoholismo y arrebatos violentos, para conseguir su cometido. Con este punto de partida inspirado en la novela de King, pero bastante alejado de la misma, como mencionaremos más adelante, Stanley Kubrick volvía a facturar uno de esos trabajos cinematográficos con los que marcaba un punto de inflexión en el género al que estos se adscribían. Pero los primeros pasos de El Resplandor no fueron los esperados, ya que la tibia acogida en la taquilla estadounidense incitó al cineasta y a los directivos de Warner Bros a aligerar el montaje del film que pasaba de los 144 minutos del corte original a los 114 del internacional, perdiendo unos treinta minutos de metraje que hacen la película más compacta y rica en matices, sobre todo en lo referido al alcoholismo del protagonista y los problemas psicológicos de su hijo. Un servidor recomienda, a quien no lo haya hecho, visionar esta versión de El Resplandor, mucho más completa y satisfactoría que la conocida en el resto del mundo.





Como era de esperar la incursión en el cine de terror por parte de Stanley Kubrick iba a ser de todo menos convencional. El Resplandor elude en todo momento el susto fácil o el jumpscare de baratillo y se adentra en terrenos psicológicos gracias al tono cuasi onírico que el director insufla a su puesta en escena. Con la indispensable ayuda de la inquietante e inmersiva banda sonora de Wendy Carlos y Rachel Elkind la atmósfera el autor de La Naranja Mecánica o Lolita mezcla la habitual meticulosidad y simetría, tanto visual como narrativa, propia de su impronta con un continuo y gradual in crescendo de tensión desembocando en la recta final del metraje con el personaje de Jack Torrance convertido en un maníaco homicida. Como suele ser habitual en la filmografía de Kubrick cada plano, cada movimiento de cámara, cada gesto de sus actores estaba medido al milímetro y si tenía que hace repetir a estos últimos más de cien veces una secuencia lo ejecutaba sin miramiento alguno. En lo referido a la realización del film destaca el, por aquel entonces, revolucionario uso de la steadycam, una cámara con estabilizador novedosa para la época con la que podíamos seguir los trayectos del pequeño Danny recorriendo las entrañas del Overlook montado en su triciclo.




Kubrick acomete la labor de adaptar la novela de Stephen King apelando a su conocido distanciamento emocional convirtiéndose normalmente más en un entomólogo o un demiurgo que en un autor totalmente implicado en la deriva existencial de sus criaturas. En muchas ocasiones a lo largo de la filmografía del norteamericano los actores han sido utilizados como un mero nexo entre su discurso y el espectador, aunque eso no es obstáculo para que fuera un maestro a lo hora de exprimirlos hasta lo insano con la misión de sacar lo mejor de ellos mismos. Esta asepsia conceptual no exenta de verismo ofrece al relato una pátina de gelidez capaz de acrecentar la sensación de claustrofobia y desasosiego sobre la que este se construye. Kubrick no siente compasión por sus personajes, el final de Dick Halloran tras su enorme esfuerzo por ayudar a los Torrance sería una buena muestra de ello, pero consigue guiarnos con pericia por la desgraciada situación de sus personajes haciéndonos temer por su integridad psicológica y física mientras el aumento gradual de las situaciones terroríficas se apoderan del metraje con un clímax final a más escala que el resto del film, pero siempre medido al milímetro por su máximo responsable.




Pero como ya hemos apuntado los actores elegidos por Stanley Kubrick para participar en sus producciones siempre estaban brillantes cuando trabajaban bajo su batuta y ahora nos centraremos en la labor del trío principal sobre el que recae el peso de la narración. En el caso de Jack Nicholson, ya por 1980 habiendo ganado el primero de sus tres Oscars, poco tendría que decirle nadie, por muy cineasta de prestigio que fuera, para hacer adecuadamente su trabajo. Pero hubo una soberbia conexión entre director y actor cuyo trabajo conjunto alumbró una de las interpretaciones más icónicas de la historia del cine de terror. El Jack Torrance de Nicholson tiende a lo largo de metraje al exceso y a cierta sobreactuación, pero su inmersión el papel es tan impresionante que se adecúa perfectamente a la historia narrada. Esa buena relación entre el director de Espartaco y el protagonista de Chinatown no se dio con Shelley Duvall, actriz curtida en la filmografía de Robert Altman elegida para dar vida a Wendy Torrance. Una escena en el making of de El Resplandor, rodado por una de las hijas de Kubrick, con la intérprete mostrando cómo se le caía el pelo en grandes cantidades por culpa del estrés dice mucho más del calvario sufrido que cualquier mención que pueda hacer un servidor, aunque el resultado finalmente fuese de nota. Danny LLoyd, que no se prodigó mucho más en el mundo de la interpretación, también ejecuta una excelente labor como el pequeño y avispado hijo del matrimonio Torrance.





Abordando la interpretaciones del reparto y centrándonos en la de Jack Nicholson vamos a adentrarnos en las notables diferencias entre la novela de Stephen King y la adaptación de Stanley Kubrick. Una de las críticas más conocidas del novelista de Maine hacia el film era precisamente referida a la labor de su protagonista. King, no sin razón, afirmaba que el actor de Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco parecía un hombre perturbado desde los primeros compases del largometraje, de manera que esta decisión hacía mucho menos orgánica su personal caída bajo la influencia del hotel Overlook. También se quitaba relevancia al alcoholismo de Jack Torrance, de hecho en el montaje internacional casi ni se menciona, cuando era el tema sobre el que se construía el libro. Así como sobre la caldera que necesitaba ser purgada y que finalmente hacía volar el edificio por los aires, apareciendo aquí en una sola escena y sin mostrar ningún tipo de tratamiento especial por parte de sus responsables. Algunas diferencias más, además del final, serían la muerte de Dick Halloran, presente en el film pero no en la novela, la mala relación entre Jack y Sutart Ullman, ausente en la versión de Stanley Kubrick, o la sustitución del mazo de “Croquet de Denver” por el hacha utilizada por el protagonista son varias de ellas y nuevamente muestran lo notablemente alejado que está el trabajo del realizador de la novela de su compatriota.




Convertida no muchos años después de su estreno en un clásico dentro del género y siendo motivo de cientos de especulaciones y teorías (que nadie se pierda el conspiranóico, sensacionalista y alucinado documental Room 327) El Resplandor es una obra maestra que, paradójimacamente, queda lejos de pertenecer a las mejores película nacidas de la impronta de Stanley Kubrick. Un servidor la descubrió en su fervor por todo lo relacionado con Stephen King, independientemente de si eran novelas o adaptaciones al medio audiovisual de las mismas, y llegué a verla una veintena de veces que han aumentado con el paso de los años. Pasajes como la sangre manando en cascadas del ascensor, Jack Nicholson y su hacha destrozando la puerta tras la que esconden su mujer e hijo con el ya mítico “Here’s Johnny" que el actor improvisó, la aparición de las gemelas, lo que acontece en la habitación 327, la persecución final en el laberinto nevado o el último y ambiguo plano ayudaron a construir una producción incontestable que confirmaba, por enésima vez, que Stanley Kubrick era uno de grandes maestros de la historia del séptimo arte. Stephen King pareció ser de los pocos en desacuerdo con la merecida fama ganada por El Resplandor y por ello diecisiete años después decidió ofrecer su “propia versión” en imagen real inspirada de su novela. Pero esa ya es otra historia.


lunes, 30 de julio de 2018

Hereditary



Título Original Hereditary (2018)
Director Ari Aster
Guión Ari Aster
Reparto Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Milly Shapiro, Ann Dowd




Desde hace tiempo los aficionados al cine de terror nos encontramos una o dos veces al año con un largometraje vendido por ciertos sectores del público y la prensa especializada como la enésima “reinvención del género”. Supuestas obras maestras que por su originalidad, planteamiento y hallazgos visuales o narrativos merecen ese pintoresco y exagerado apelativo que en no pocas ocasiones es concedido con una ligereza del todo contraproducente. Por regla general los resultados no suelen ser para tanto y a veces llegan incluso a decepcionar como le sucedió a un servidor con La Bruja, el debut de Robert Eggers del que hablé por estos lares en su época de estreno. Pero también es cierto que piezas como las adscritas a las sagas Insidious, Expediente Warren (The Conjuring), muestras independientes controvertidas como The Lords of Salem o la más reciente Un Lugar Tranquilo han deparado más de una sorpresa a los amantes de esta clase de celuloide. Desde que tuviera su puesta de largo internacional en el Festival de Sundance del presente año, Hereditary, la ópera prima del cineasta estadounidense Ari Aster, pasó a engrosar las filas de estas supuestas producciones magistrales llegadas para cambiar los preceptos del tipo de films al que se adscriben gracias a la excelente acogida recibida en el certamen creado por Robert Redford y la efectiva publicidad vendiéndola como una película tan terrorífica como insoportable para cierto tipo de espectadores.




Vaya por delante que Hereditary no va a cambiar el futuro del cine de terror, no por su falta de virtudes, que sí las tiene y en grandes cantidades, sino por no descubrir nada nuevo y transitar lugares comunes reconocibles para el fandom tanto en los clásicos, como en muchas de las mejores muestras recientes, del género. De esta manera Ari Aster se alimenta de obras maestras como El Exorcista o La Semilla del Diablo (Rosemary’s Baby) así como de piezas contemporáneas del estilo de Babadook o las ya citadas The Lords of Salem y La Bruja diseñando un producto multirreferencial que a pesar de todo trata de buscar su propia voz. La trama del largometraje está protagonizada por la familia Graham, formada por un matrimonio y dos hijos, tomando como punto de partida el funeral de la abuela materna. Tras la defunción de la anciana iremos descubriendo la personalidad de estas cuatro personas entre las que encontramos a la matriarca Annie (Toni Collete) mujer con problemas psicológicos y aficionada a construir casas de muñecas, Steve (Gabriel Byrne) marido cariñoso y padre abnegado, Peter (Alex Wolff) hijo adolescente con largo historial de desencuentros con su madre y finalmente Charlie (Milly Shapiro) hija pequeña callada, taciturna y sombría, además de la única persona que echa de menos a la fallecida por haber compartido con ella estrechos lazos afectivos.




Más allá de este punto de partida y el perfil de los personajes adjuntado es conveniente no saber nada más de una obra como Hereditary poseedora de algunos giros de guión bestiales, sobre todo el que cambia radicalmente el tono de la propuesta de Ari Aster, tan efectistas como necesarios para que el guionista y director pueda fertilizar el terreno en el que trabajará después del ecuador del metraje. Con respecto a su labor detrás de las cámaras se antoja inconcebible un debutante con su soltura y control férreo de una puesta en escena brillante aprovechando todos los medios audiovisuales a su alcance para dar una factura bordeante en lo virtuoso a su ópera prima. El posicionamiento y los movimientos de la cámara, la cadencia de los encuadres, la pericia a la hora de construir escenas de verdadero terror sin necesidad de recurrir a los inefables jump scares y una utilización virtuosa de las maquetas construidas por Annie con la doble intención de ejecutar algunos planos vibrantes y dar forma a una alegoría que enfatiza los roles de “muñecos controlados por una fuerza mayor” en los que se convierten los protagonistas del largometraje son la demostración clara del talento de un muy prometedor artesano. De esta manera la labor como jefe de ceremonias de Ari Aster se revela como uno de los puntos más fuertes de Hereditary gracias a su talento para diseñar atmósferas transmisoras de genuino pavor sin la necesidad de caer en trucos de barraca de feria o efectismos reprobables.




En cuanto al guión de Hereditary, escrito íntegramente por su también director, ya hemos mencionado su escasa originalidad a la hora de buscar inspiración para construir una historia diferente sin adentrarse en caminos mil veces transitados. Todos los pecados cometidos por Ari Aster a la hora de ejecutar una amalgama de referencias con las que construir su relato sin dejar mucho espacio a la inventiva son perdonados el revelarse esa mixtura de homenajes sólo como la parte de un todo narrativo mucho más cohesionado y profundo con el que consigue equilibrar un cuento de terror mórbido, enfermizo y perverso por medio de la perfecta unión entre los resortes adscritos al género en el que se enmarca el largometraje y el drama más desgarrador encontrando a sus máximos valedores en los personajes que pueblan el mismo. Con más de una semejanza con la ya citada Babadook la ópera prima de Ari Aster utiliza su naturaleza genérica para ejecutar un retrato brillante sobre cómo la pérdida puede destruir desde dentro un núcleo familiar que sólo necesitaba un catalizador para desmoronarse como un castillo de naipes. Por medio de la alegoría y el omnipresente simbolismo el guionista y director recurre a la vertiente sobrenatural de su pieza para sustentar un tratado sobre la depresión y los trastornos mentales digno de elogio y estudio.




Aunque el trabajo de escritura y realización de Ari Aster es uno de los pilares maestros sobre el que se sustenta Hereditary es su reparto el encargado de elevar a la excelencia el conjunto de la obra gracias a su labor delante de las cámaras. Jamás hubiera imaginado un servidor después de haberla visto en decenas de películas que la australiana Toni Collette, no sólo podría dar vida a un papel tan extremo como el de Annie Graham, adentrándose con él en la tragedia más desgarrada aderezada con incómodos pasajes de humor negrísimo, sino ofrecer una mirada tan abrasiva y diabólica como para deparar a más de un espectador impresionable unas cuantas noches de insomnio. No le va a la zaga el animal herido al que da vida un superlativo Alex Wolff elaborando una criatura poliédrica, doliente, abordándola con una profesionalidad intachable y una intensidad no menos cruenta, haciendo saltar chispas en cada encuadre compartido con su progenitora en la ficción. Gabriel Byrne es nuestro ancla con la realidad, el personaje equivalente al raciocinio y la coherencia dentro de Hereditary acometido por el intérprete irlandés con una contención en las antípodas de sus dos citados compañeros de reparto. Finalmente mención especial para Milly Shapiro, actriz adolescente de físico peculiar, padece el Sídrome Treacher Collins, cuyos silencios, miradas y molesto sonido bucal se convierten en el alma de la película gracias a su entrega para ofrecer a la platea el miembro más importante de la familia Graham desde una perspectiva tanto terrenal como sobrenatural.




Hereditary está lejos de ser la “mejor película de terror de todos los tiempos” y ni siquiera alcanza a ser la obra maestra promulgada por unos cuantos, etiqueta esta que ha jugado en contra de sus humildes intenciones como pieza de género. Como producto cinematográfico no ha conectado con el público generalista que la ha recibido entre extrañado, confundido y decepcionado, pero para la prensa especializada y el aficionado al género en el que se enclava se revela brillante en muchos aspectos, suponiendo la recuperación de los mejores preceptos dentro de un celuloide de posesiones, casas encantadas y brujería viviendo actualmente una nueva edad de oro gracias a productoras como A24 o Blumhouse Productions, factorías preocupadas por ofrecer la perfecta combinación entre calidad y comercialidad para saciar el apetito goloso del fandom. El joven Ari Aster ha dado un fuerte puñetazo sobre la mesa con su debut detrás de las cámaras y ya prepara su nuevo proyecto como director, un film titulado Midsommer cuyo rodaje comenzará el ¡próximo mes de agosto centrándose en el folklore escandinavo (como sucedía en The Ritual, otra de las mejores horror movies del 2018) con una pareja de protagonistas viviendo unas peculiares y nada inofensivas vacaciones en Suecia. Esperemos que su olfato para elegir proyectos esté a la altura de su talento como narrador y no caiga en la trampa de convertirse en un engranaje más de la maquinaría hollywoodiense.



jueves, 30 de noviembre de 2017

Pesadilla Diabólica (Burnt Offerings), house of dark shadows



Título Original Burnt Offerings (1976)
Director Dan Curtis
Guión William F. Nolan y Dan Curtis, basado en la novela de Robert Marasco
Reparto Karen Black, Oliver Reed,  Bette Davis, Burgess Meredith,  Eileen Heckart, Lee Montgomery,  Dub Taylor





Aunque en España es poco conocido Dan Curtis fue uno de los profesionales más famosos de la televisión estadounidense, sobre todo, durante los años 60 y 70. Ideólogo detrás de la mítica soap opera Dark Shadows en la que mezcló drama y terror con el vampiro Bárnabas Collins y su familia como núcleo central del relato Curtis nunca paró de trabajar en el tubo catódico con productos como Trilogía del Terror, Kolchack, Las Cintas de Norliss, El Estrangulador de la Noche o sus propias versiones para la pequeña pantalla de Drácula u Otra Vuelta de Tuerca. Pero Curtis también coqueteó en tres ocasiones con el mundo del largometraje adaptando a la pantalla grande su propia Dark Shadows con las muy reivindicables Sombras en la Oscuridad (House of Dark Shadows) y Una Luz en la Oscuridad (Night of Dark Shadows) o con la producción que se convertiría en una de las más famosas de toda su carrera y de la que hablaremos a continuación.




Burnt Offerings o Pesadilla Diabólica, como se la conoció en España, estaba basada en la novela homónima de Robert Marasco y se estrenó en 1976, tres años después de que el libro viera la luz. Dan Curtis ejerció de director y co guionista acompañado de su habitual colaborador William F. Nolan y el reparto del largometraje estaba formado por Karen Black y Oliver Reed como el matrimonio formado por Marian y Ben Rolf, Lee Montgomery en la piel de Davey, el hijo de la pareja, Bette Davis dando vida Elizabeth Rolf, la anciana tía de Ben, o Burgess Meredith y  Eileen Heckart interpretando a los hermanos Arnold y Roz Allardyce, los inquietantes dueños de la lujosa casa en la que los Rolf pasarán el verano por un alquiler inusualmente bajo y con la única condición de llevar tres comidas diarias al ático de la mansión en el que se encuentra recluida la impedida matriarca de los Allardyce, tarea de la que se ocupará Marian en exclusividad por su propia voluntad.




Aunque es poco conocida fuera de las fronteras americanas Pesadilla Diabólica asentó muchas de las bases de la renovación del subgénero de casas encantadas que en años posteriores construirían producciones que se harían considerablemente más famosas que ella como Terror en Amityville, Al Final de la Escalera (The Changeling) o El Resplandor, la adaptación que Stanley Kubrick realizó de la novela de un Stephen King que seguramente tomó más de una seña de identidad, si no de la película de Dan Curtis, seguramente sí del libro de Robert Marasco, para escribir su icónica historia de la familia Torrance en el Hotel Overlook. Lo que sí es cierto es que este largometraje de 1976 abordó la temática de inmuebles malditos con una intencionalidad atípica, apelando a la sabia idea de que es mucho mejor sugerir que mostrar, eludiendo en todo momento la presencia a lo largo del metraje de fantasmas o entidades extracorporeas para asustar de manera pueril al público, revelándose así como una pieza ejemplar de terror psicológico.




De esta manera Dan Curtis consigue un logro mayúsculo, ir más allá de la idea de convertir la casa de los Allardyce en un personaje más, que ha sido usada en incontables producciones de terror,  convirtiéndola en una entidad viviente, orgánica, que se alimenta de la energía vital de los que en ella habitan haciéndolos enfermar, el caso de la tía Elizabeth, adentrarse en la locura, como sucede con Ben, o ser poseídos, Marion y su obsesión por la mansión y los cuidados de la Señora Allardyce. Curtis y su co guionista William F. Nolan desarrollan con tanta maestría esta conceptualidad narrativa que cuando vemos al personaje de Oliver Reed aterrorizado mientras el edificio "muda su piel" para ir poco a poco convirtiéndose en un emplazamiento cada ves más moderno el espectador no lo percibe como una idea inverosímil o ridícula, sino como una evolución lógica del devenir de acontecimientos de la trama y una muestra más del peligro que los Rolf corren dentro de dicha fortaleza demoníaca.




Como no recurre a ninguna criatura sobrenatural para infundir miedo en el espectador, más allá del perturbador chófer interpretado por Anthony James que atormenta a Ben en sus sueños por culpa de los recuerdos de la muerte de su madre, Dan Curtis construye por medio de su brillante puesta en escena el in crescendo de terror y opresión de Burnt Offerings. Su nunca suficientemente reivindicado uso de la cámara como si de un diabólico demiurgo se tratara, su control de la dirección de fotografía y el diseño de producción para explotar minuciosamente las exiguas pero agradecidas localizaciones de las que dispone y la implicación de un soberbio reparto que lo dio todo para mimetizarse con la historia enfermiza y mórbida que se narraba en el film ayudaron al cineasta a ejecutar secuencias brillantes como la de la piscina entre Ben y Davey, de un impacto físico y psicológico demoledor, la última en la que está implicada el personaje de Bette Davis o esa revelación final con homenaje a Psicosis (Psycho).




Evidentemente todas esas secuencias ejecutadas por el director de Invasores o Dead of Night quedarían reducidas al 20% de su eficacia si no estuvieran interpretadas por un reparto mastodóntico que realiza uno de los trabajos conjuntos más logrados que se ha visto en una película de terror, consiguiendo de este modo una empatía brutal con el espectador que incita a este a implicarse totalmente con las desgracias de los Rolf. Oliver Reed volvía a demostrar en Burnt Offerings que era un animal interpretativo, con una naturalidad que atravesaba la pantalla cuando tenía que interactuar con el resto de personajes y realizando un soberbio trabajo de composición cuando su rol debía adentrarse poco a poco en la locura, dejando grabada a fuego en la retina del que esto firma la aterradora mirada que lanza a su hijo después de agredirlo en la anteriormente citada secuencia de la piscina y en la que la sangre corriendo por su rostro juega un papel vital para añadir más crudeza a dicho pasaje.




Una impresionante Karen Black también sabe externalizar con maestría el influjo al que le somete la casa de los Allardyce, mostrándose como un personaje que se mueve con facilidad entre la ingenuidad, la enfermedad mental y la obsesión malsana a la hora de cuidar de un edificio que poco a poco está acabando con la vida de sus seres más queridos, evitando así asumir la realidad de lo que está aconteciendo delante de sus propios ojos. Pero si el matrimonio Rolf se encuentra en estado de gracia lo que hace una veterana como Bette Davis con su papel de tía vivaracha y de espíritu joven que va enfermando poco a poco hasta convertirse en poco más que un muerto viviente (la escena en la que se le rompen los huesos mientras se retuerce en la cama es bestial) es merecedora de todos los elogios posibles respaldando la teoría de que la actriz de Eva al Desnudo fue una de las mejores, o puede que la mejor, de toda la historia del séptimo arte hasta el final de sus días. 





Un adolescente Lee Montgomery en la piel de Davy, que ya poseía por aquel entonces un extenso bagaje interpretativo en el mundo de la televisión, está a la altura de las circunstancias dando la réplica a los actores de renombre con los que se encontró en Pesadilla Diabólica, destilando una especial química con Oliver Reed (del que tiene muy buen recuerdo, como afirma él mismo en uno de los extras de la excelente edición británica en bluray del film) que se deja notar en no pocas escenas durante el primer tercio de metraje y que se torna en terror mutuo después de que Ben comience a perder la cordura. Por otro lado Burgess Meredith y Eileen Heckart aprovechan al máximo los pocos minutos de metraje que tienen para plantar la semilla de la desconfianza en la platea dando vida a los hermanos Allardyce y por último especial mención a Athony James como el chófer del coche fúnebre, un personaje que debería haberse convertido ya en un icono del cine de terror de los 70 por derecho propio.




Realización técnica, dirección de actores, guión, labor del reparto, decorados, fotografía, todos los apartados de Burnt Offerings bordean la excelencia y aunque en su momento ganó merecidamente en el festival de Sitges del año 1977 los premios a mejor director, actriz y actor para Dan Curtis, Karen Black y Burgess Meredith respectivamente, fue recibida con disparidad de opiniones por la crítica y no mucho entusiasmo por la taquilla en su época de estreno, Por suerte las distintas ediciones en formato doméstico de la obra y su cada vez más amplia horda de fansm entre los que se incluye un servidor, están luchando por hacer justicia para esta Pesadilla Diabólica que al igual que otras piezas de naturaleza similar como La Centinela, de Michael Winner, merece un lugar de honor dentro del mejor cine de terror de la década de los 70 junto a otros clásicos del género a los que la producción de Dan Curtis poco tiene que envidiar.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Verónica



Título Original Verónica (2017)
Director Paco Plaza
Guión Fernando Navarro y Paco Plaza
Reparto Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonia Almarcha, Maru Valdivielso, Leticia Dolera, Ángela Fabián, Carla Campra, Samuel Romero




Aunque conoció la fama en 2007 junto a su compañero y amigo Jaume Balagueró con la primera entrega de la saga [·REC] que idearon de forma conjunta el cineasta valenciano Paco Plaza ya tenía un considerable bagaje en el medio audiovisual cuando liberó a la Niñea Medeiros en plena ciudad de Barcelona junto al director de Darkness o Frágiles. En 1999 su cortometraje Abuelitos se hizo un nombre en los círculos independientes y su salto al largo tuvo lugar con la estimable El Segundo Nombre, la adaptación de una novela del escritor británico Ramsey Campbell (otro punto en común con Balagueró, que basó su debut detrás de las cámaras en otro libro del mismo autor con Los Sin Nombre) rodada en inglés, con vocación internacional y unos resultados bastante competentes. Más tarde, en 2004, y ya dentro del seno de la añorada Fantastic Factory rodó Romasanta: La Caza de la Bestia, una de las piezas más elaboradas y competentes de la entrañable productora impulsada por el productor Julio Fernández o el director Brian Yuzna y segunda versión (la primera la ofreció Pedro Olea en la muy remarcable El Bosque del Lobo) dentro nuestro celuloide de la historia de Manuel Blanco Romasanta, el llamado “Hombre Lobo de Allariz”. Más tarde colaboró en la antología Películas Para No Dormir con la divertida y negrísima Cuento de Navidad, pieza que tiene algunos puntos en común con la obra que nos ocupa en esta ocasión.




El proyecto de Verónica nació de la mente de Enrique López Lavigne, cabeza visible de la productora Apaches Entertainment y personalidad detrás de grandes éxitos de nuestro cine como Lo Imposible o Un Monstruo Viene a Verme cuando inspirándose en el famoso “Expediente Vallecas” (uno de los supuestos casos paranormales más famosos de España acaecido en 1991 y que, al igual que otros, acabó convirtiéndose en un circo) decidió colaborar de manera conjunta con Paco Plaza para sacar adelante un largometraje inspirado en dichos hechos basándose en un atestado policial que confirmaba la naturaleza sobrenatural de lo sucedido en aquel inmueble localizado en el famoso barrio madrileño. Verónica es el resultado de esa colaboración y con ella podemos hablar claramente de una de las mejores producciones patrias del 2017 y la obra de madurez de su creador ofreciendo pasajes memorables dentro de una pieza ejecutada con una profesionalidad intachable en todos sus apartados.




Verónica narra cómo después de interrumpir abrúptamente el contacto con lo que parece una entidad sobrenatural durante una sesión de tabla Ouija con dos compañeras de clase y coincidiendo con un eclipse solar la adolescente que da nombre al film comienza a experimentar sucesos paranormales dentro de la casa en la que vive con sus tres hermanos pequeños y en la que la figura materna casi siempre está ausente por problemas de trabajo. Los hechos inexplicables van en aumento y las crisis nerviosas de la chica comienzan a sucederse influyendo en el estado de ánimo de su familia, debido a que aparentemente durante la sesión de espiritismo Verónica liberó algo que no ha vuelto a su plano original y ahora la acompaña allá donde va. La protagonista piensa que dicho ser es el espíritu de su padre fallecido, pero la realidad resultará ser mucho más aterradora y la policía nacional de Vallecas será testigo de ello. Con este material, que finalmente se aleja en bastantes aspectos de los supuestos hechos reales, Paco Plaza elabora una pieza del todo estimable con la que no inventa nada, pero sí consigue un tour de force soberbio gracias al buen uso que hace de los lugares comunes de género.




De hecho el trabajo de Paco Plaza en Verónica se emparenta con el de James Wan en las sagas Insidious o The Conjuring: Expediente Warren en que ambos cineastas suplen la falta de originalidad de sus historias con un pulso narrativo, una creación de atmósferas y una dirección de actores de alto nivel. El valenciano construye un relato adherido a todas las señas de identidad del celuloide sobre poltergeists, casas endemoniadas o posesiones, pero su proyecto funciona al 100% de sus posibilidades porque su guión co escrito junto a Fernando Navarro y su excelente reparto consiguen que el contexto espaciotemporal se antoje brutalmente realista y cercano. El film recrea de manera soberbia el Vallecas de 1991 por medio de la decoración, el vestuario, los vehículos, pero en ningún momento se regodea en la nostalgia o da a esta más importancia de la necesaria y hace un uso tan inesperado como brillante del disco Senderos de Traición de Héroes del Silencio (un brutal éxito musical de la época que copa bastan protagonismo en la construcción conceptual de la obra) con temas como Maldito Duende y sobre todo Hechizo, que se convierte en un leit motiv dentro de la obra a la hora de expresar, por medio de su letra, el estado de ánimo y la psicología de la protagonista.




Paco Plaza acomete su labor con una pericia técnica asombrosa, con más mérito si cabe teniendo en cuenta que Verónica no es una gran superproducción dentro de nuestro cine. El director de [Rec]³: Génesis ejecuta algunas secuencias brillantes, dosificando trucajes visuales y movimientos de cámara dignos de ovación cerrada y gracias a su pulso para controlar los resortes narrativos de un género que conoce perfectamente o una dirección de fotografía impresionante a manos de un Pablo Rosso que se hace grande en los espacios pequeños consigue transmitir una atmósfera impía, peligrosa, diabólica, de una naturaleza epidérmica casi palpable que el espectador percibe como real y cercana. Todas las secuencias con apariciones de “entidades” que casi nunca se ven de manera explícita, el excelente uso de los efectos de sonido (esos gemidos que suenan cada vez que el vaso se desliza por el trablero Ouija en la escena desencadenante de todo, los inhumanas voces de los seres que supuestamente habitan el piso) y la enorme dirección de actores hacen que Paco Plaza realice con Verónica su mejor labor detrás de las cámaras hasta el momento.




Con respecto a la citada dirección de actores debemos hacer mención al excelente reparto elegido para dar vida a la familia protagonista de la obra. Sandra Escacena debuta en el mundo del cine teniendo que llevar sobre los hombros un personaje difícil, con una entrega física y psicológica muy exigente que ella aprovecha al máximo para ofrecer un recital interpretativo en el que su abrasiva mirada dice más que veinte líneas de diálogo. Le acompañan tres niños que se revelan como uno de los aciertos mayúsculos de Verónica, ya que junto a la protagonista (y la madre a la que da vida una excelente aunque demasiado dosificada Ana Torrent) Bruna González, Claudia Placer y sobre todo un adorable Iván Chavero como Antoñito (ese estrabismo, esa voz encantadora, esa manera de andar) son el anclaje terrenal no sólo de su hermana mayor en la ficción, sino también del mismo relato que vertebra la película. Su complicidad, las dosificadas escenas de humor (la multifacética Miss Madrid, los comentarios sobre la vecina) y la empatía que experimenta la platea cuando los ve en peligro en el clímax final del largometraje hacen el resto. Enorme trabajo de casting el de los responsables de la obra que se salda con un sobresaliente.




Moviéndose inteligéntemente dentro de la ambigüedad para plantear si todo lo que experimenta la protagonista es pura sugestión, extendida de manera vírica a sus hermanos, por ser asidua lectora de publicaciones sobre ocultismo o parapsicología o si realmente hay una presencia diabólica que la acecha (aunque esta dicotomía desaparece cuando Plaza en la recta final elige una de las dos teorías) añadiendo referencias a clásicos del género a modo de carta de amor (desde La Centinela hasta su propia [·REC] pasando por Al Final de la Escalera o Poltergeist) y regalando a los espectadores algunos de los momentos más intensos vividos en una sala cinematográfica en 2017 Verónica es una muestra más de la buena salud en la que se encuentra el celuloide fantástico y de terror patrio gracias a artesanos como Jaume Balagueró (su nueva cinta, Musa, ya está en postproducción) o el propio Paco Plaza que cogiendo como base una historia de muy dudosa veracidad ha conseguido dar forma al que es hasta ahora el punto más alto de su interesante filmografía, la misma que el que esto firma seguirá de cerca, como hasta ahora estaba haciendo, sobre todo si en un futuro nos depara piezas tan estimulantes como la que nos ocupa.



viernes, 30 de junio de 2017

Sinister 2, it's only teenage wasteland



Título Original Sinsiter 2 (2015)
Director Ciarán Foy
Guión Scott Derrickson, C. Robert Cargill
Reparto James Ransone,  Shannyn Sossamon,  Robert Daniel Sloan,  Dartanian Sloan, Lea Coco, Tate Ellington,  John Beasley,  Lucas Jade Zumann,  Jaden Klein, Laila Haley,  Caden M. Fritz, Olivia Rainey





Desde hace unos años Blumhouse Productions se ha ocupado de dar forma dentro del género de terror tanto a sagas de considerable éxito como Paranormal Activity o Insidious como a producciones más independientes para que autores de cierto renombre realicen piezas cinematográficas con la mayor libertad artística posible, como son los casos de The Lords of Salem, de Rob Zombie o Déjame Salir (Get Out) de Jordan Peele. Dentro del primer grupo, el de las franquicias de éxito, encontramos, si ponemos nuestros ojos en el año 2012, Sinister, un film  dirigido por Scott Derrickson (Líbranos del Mal, Doctor Strange) que hundía sus raíces en la tradición del cine sobre casas encantadas y posesiones demoniacas con ecos que iban desde El Resplandor hasta La Semilla del Diablo (Rosermary's Baby) y un reparto competente encabezado por Ethan Hawke. Aunque no era una gran obra algunos pasajes rodados por Derrickson envueltos en la magnífica banda sonora del siempre potente Christopher Young dejaban un puñado de escenas poderosas localizadas en una pieza que no tenía más aspiraciones que entretener al respetable.




El largometraje funcionó en taquilla, de modo que dicho síntoma ponía rápidamente en funcionamiento la idea de una secuela. Tres años después, en 2015, con Scott Derrickson ya sólo acreditado como guionista y productor debido a sus compromisos con Marvel Studios, la colaboración de su habitual co guionista C. Robert Cargill, un nuevo director como el irlandés Ciarán Foy (Citadel) detrás de las cámaras y un reparto totalmente renovado a excepción de James Ransone que repetía su papel de la primera entrega Sinister 2 llegó a las pantallas de todo el mundo dando lo, no mucho, que se esperaba de ella, una secuela que emulara los aciertos y fallos de su predecesora con la única y humilde misión de ofrecer poco más de hora y media de fruición a la platea. Contra todo pronóstico y a pesar de ir con los consabidos prejuicios a realizar el visionado de esta segunda entrega de Sinister un servidor ha salido más o menos satisfecho tras enfrentarse a este nuevo episodio de la franquicia respaldada por el productor Jason Blum




Sinister 2 sigue los pasos del ex ayudante del sheriff  (James Ransone) que investigó el caso del escritor Ellison Oswalt y la masacre en la que la hija de este, Ashley, asesinó a toda su familia. Una vez regresa al lugar del crimen descubre que en la casa de los Oswalt ahora viven Courtney Collins (Shannyn Sossamon) y sus dos hijos mellizos Dylan (Robert Daniel Sloan) y Zach (Dartanian Sloan) que se han refugiado en dicho emplazamiento huyendo de Clint Collins (Lea Coco) el violento cabeza de familia. Intentando desentrañar qué sucedió con los Oswalt el ex policía encontrará indicios de la presencia de "Bughuul" la entidad diabólica que lleva años poseyendo a niños para convertirlos en parricidas que graban en cámaras Super 8 sus crímenes. El protagonista deberá intentar descubrir qué se esconde detrás de aquel terreno maldito y de paso proteger a Courtney y sus hijos, no sólo del influjo del ser sobrenatural, sino también de la personalidad maltratadora del marido de esta que quiere recuperar a sus vástagos a toda costa.




Si a primera Sinister era, como previamente mencionábamos, hija de El Resplandor o La Semilla del Diablo esta lo es de sagas como las de Terror en AmytivilleLos Chicos del Maiz (la influencia de Stephen King vuelve a hacerse notar) y si en aquella el punto fuerte del proyecto residía en las grabaciones en formato Super 8 con las que los niños grababan los asesinatos de sus familiares y que estaban envueltas en la atmosférica banda sonora de Christopher Young y sus inquietantes sonidos tribales de ultratumba aquí sucede prácticamente lo mismo al darse cuenta los impulsores del proyecto que seguir la senda abierta por Scott Derrickson en la primera entrega es el camino más acertado, y sencillo, por el que puede transitar esta secuela. De modo que Ciarán Foy basa toda su puesta en escena en dar fuerza a esos pasajes, que en esta ocasión son más numerosos que en el anterior film, y el grupo Tomandandy en la banda sonora trata de emular la partitura del autor de Hellraiser o La Mosca con bastante acierto para que la pantalla extrapole la sensación de amenaza y morbidez al patio de butacas.




De este modo el director de Citadel realiza un trabajo bastante competente con los ajustados medios que ponen a su disposición. Por un lado sabe controlar el timing del suspense propio del género, alargando los pasajes en los que el terror se encuentra latente por medio de la colocación de cámara, los juegos de luces y sombras o el montaje y por otro sólo en pocas ocasiones se entrega a los sustos gratuitos a base de jump scares como el ridículo e innecesario que cierra el largometraje y cuyo resultado es bastante deficiente. Pero como previamente mencionamos Ciarán Foy cumple su cometido de mantener el tono que insufló en la primera cinta Scott Derrickson añadiendo algo más de truculencia a los vídeos caseros con los asesinatos a manos de los niños (algunos de ellos muy ingeniosos y originales) y dando más protagonismo a los "niños malditos" cuya efectividad es mayor cuando su presencia es más sugerida que explicitada.




Otra de los logros más interesantes de Sinister 2 y que la aleja como obra de mucho del cine de terror que se cultiva actualmente es su intención por dar entidad a sus personajes principales. James Ransone, ese actor menudo al que hemos podido ver enseñando obsesivamente su miembro en films como Ken Park (aquí con masturbación real, como al tío Larry Clark le gusta) o producciones televisivas de David Simon como The Wire o Generation Kill consigue capacitar a su personaje de una interesante dualidad que se mueve entre sus aptas capacidades como agente de la ley (enorme el pasaje en el que deja en evidencia a los sheriff que vienen junto a Clint para llevarse a los niños) y una timidez que transmite candor y empatía con el espectador. Tampoco le va a la zaga Shannyn Sossamon a la que le queda bien el rol de madre luchadora y maltratada que hará todo lo posible por mantener a salvo a sus hijos de entidades negativas, tanto las terrenas como las que no lo son. Más cuestionable es la labor de los hermanos Dartanian y Robert Daniel Sloan, que a pesar de su esfuerzo dejan evidencia su más que contrastada bisoñez en lides interpretativas.




Al igual que su predecesora de 2012 una película como Sinister 2 es un producto que se deja ver con simpatía, complicidad y ligereza, regalándonos personajes hasta cierto punto cercanos, un guión bastante bien estructurado apelando a extender el microcosmos detrás de su impronta y algunos sustos bien ejecutados, pedirle algo más que eso a la labor de sus autores es una equivocación mayúscula que nos llevará inevitablemente a la insatisfacción. Evidentemente si la comparamos con sagas como su hermana Insidious o la soberbia The Conjuring, también salida de la mente de James Wan, palidece irremisiblemente y deja al descubierto sus carencias, pero eso no es óbice para ser disfrutada como lo que es, la segunda parte de una cinta de género creada con la única intención de entretener al público con poco más y hora y media de cine de género tan disfrutable y accesible como inmediatamente digerible y olvidable



lunes, 29 de agosto de 2016

Cazafantasmas (2016)



Título original Ghostbusters (2016)
Director Paul Feig
Guión Katie Dippold y Paul Feig, basado en personajes de Dan Aykroyd y Harold Ramis
Actores Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones, Kate McKinnon, Cecily Strong, Chris Hemsworth, Andy Garcia, Michael Kenneth Williams, Neil Casey, Matt Walsh, Nate Corddry, Mark Burzenski, Pat Kiernan, Nick Austin




En el año 1984 el director canadiense Ivan Reitman y los actores y guionistas norteamericanos Dan Aykroyd y Harold Ramis decidieron ir un poco más allá con respecto a las previas colaboraciones cinematográficas que habían compartido e idearon una comedia con apuntes de terror llamada Cazafantasmas que narraba las aventuras de un grupo de científicos que se dedicaban a recorrer la ciudad de New York para atrapar todas las entidades sobrenaturales que decidían aterrorizar a los habitantes de la Gran Manzana. Al carro se subieron también Bill Murray, Ernie Hudson, Sigourney Weaver, Rick Moranis o Annie Potts entre otros y el éxito, como todos sabemos, fue descomunal. Ghostbusters se convirtió de la noche a la mañana en un taquillazo brutal que dejó una huella indeleble en la mente de no pocos espectadores y aunque cinco años después su secuela, Cazafantasmas 2, no tuvo el mismo recibimiento el que aquí suscribe ya la defendió hace un tiempo como una más que digna continuación del film primigenio en este artículo con el que repasamos la saga y sus derivados. La idea de una nueva secuela o un reinicio de la franquicia llevaba décadas tanteándose en las oficinas de Sony Pictures Entertainment, pero la negativa del actor de Lost in Translation a participar en el reparto o la defunción del gran Harold Ramis dieron al traste con una continuación de los films originales. De modo que el remake era la única solución por parte de Hollywood para resucitar a los cazadores de fantasmas más famosos del cine moderno. El problema es que el lógico y comprensible recelo hacia revisar películas de culto que no merecen una nueva versión pasó a algo más grave cuando los productores del nuevo proyecto decidieron que este pasaría a estar protagonizado por cuatro mujeres en logar de los hombres que dieron vida a los personajes principales en los films de los años 80.




Es posible que en los meses posteriores a la elección del reparto femenino de la nueva Cazafantasmas un servidor haya asistido a algunos de los comportamientos y comentarios más vergonzosos y sonrojonates de toda mi vida como cinéfilo y para más escarnio viniendo la mayoría de ellos de miembros de mi mismo sexo. Expresiones como “feminazis”, “destructores de infancias” o “corrección política” se encontrarían entre las más moderadas leídas por la red relacionadas con el tema de este remake, eso siempre que eludamos las aberrantes opiniones en las que se hacía mofa con el aspecto físico de las actrices (como todos recordamos los protagonistas de los dos films originales eran unos Adonis dentro de Hollywood) enfatizando que una cinta de Ghostbusters jamás podría estar interpretada por mujeres, sin dar motivos de peso para defender tan peregrina idea. De manera tan demencial como vírica el odio hacia todo lo relacionado con la cinta de Paul Feig llegó a unos cotas alarmantes de vergüenza ajena cuando veíamos a su primer trailer convertirse en el vídeo con más votos negativos de la historia de Youtube, a la actriz Leslie Jones tener que abandonar la red social Twitter tras recibir una enorme ola de insultos sexistas, IMDB llenarse de notas negativas antes de estrenarse el film, al fandom más cerril y radical volverse más loco todavía cuando la crítica americana reseñaba la película como un muy competente ejercicio de cine veraniego y ya alcanzando el mayor nivel de despropósito cuando Dan Aykroyd defendió que este reboot era mejor que los largometrajes originales para seguidamente los seguidores más extremistas echárseles al cuello, es decir, gente que llega a defender de manera tan dogmática un producto que cree de su propiedad como para llegar a insultar al creador del mismo.




Dejando de lado el tema polémica que nos confirma de manera tajante que nos queda mucho camino que recorrer para erradicar términos como la intolerancia, el machismo o la inmadurez vamos a hablar, ya en un plano estrictamente cinematográfico, de lo que supone como película esta nueva Cazafantasmas. No se puede decir que Sony no haya tratado de poner todo de su parte para que este reinicio de la saga esté arropado por profesionales cuyo talento sea dificilmente rebatible. Para dirigirla la elección de Paul Feig es sencillamente brillante, ya que nos encontramos con uno de los mejores directores de comedia actuales teniendo en su haber films divertidísimos como Espías (Spy), Cuerpos Especiales (The Heat) la muy alabada La Boda de Mi Mejor Amiga (Bride Maids) e incluso alguna serie de culto como Freaks & Geeks, ideada esta junto a su amigo, el también guionista y cineasta, Judd Apatow. El reparto está formado por la habitual de Feig y actual reina de la comedia americana estadounidense Melissa McCarthy, Kate McKinnon y las asiduas del programa Saturday Night Live, Leslie Jones y Kristen Wiig, esto último también utilizado como arma arrojadiza por no pocos exégetas que afirmaban lo injusto que era dar un papel a humoristas que podían haber ejercido intérpretes de verdad, los mismos que suponemos desconocerán que Dan Aykroyd y Bill Murray también salieron de la cantera de aquel mítico y longevo show antes de aparecer en la primera Cazafantasmas. Finalmente y poniendo la peculiar nota masculina tenemos al mismísimo Dios del Trueno, Chris Hemsworth, dando vida a Kevin, el guapo pero poco avispado recepcionista de las cuatro científicas expertas en dar caza a lo sobrenatural y al que se sumarán una serie de numerosos cameos que es conveniente no mencionar aquí.




Cazafantasmas, pese a quien le pese, es un magnífico blockbuster veraniego, una superproducción que apela por el escapismo ligero y la diversión en sesión continua, una muestra clara de qué puede llegar a hacer Hollywood cuando pone al frente de un proyecto de esta envergadura a unos autores que sienten verdadero cariño y respeto por el material de partida sobre el que construirán su producto. Este remake del presente 2016 es escrupulosamente fiel al largometraje de 1984 dirigido por Ivan Reitman y escrito por Dan Aykroyd y Harold Ramis, de hecho en ocasiones lo es tanto que peca de autocomplacencia (la estructura de las trama en ambos films en sencillamente indéntica) y eso le impide tomar forma como proyecto independiente y volar libre, pero sabiendo la presión a la que se han visto sometidos los creadores del largometraje y las ingentes cantidades de bilis que sobre ellos se han regurgitado era de esperar que no arriesgaran en este sentido y a fe mía que no lo hacen. El tono de comedia amalgamada con pasajes de terror está siempre presente en pantalla y en ese apartado hay que destacar un soberbio diseño de los fantasmas que en poco tiene que envidiar a lo de los films originales y unos efectos digitales sencillamente brutales que hasta cuando se muestran más hiperbolizados (ese clímax final desatado y apocalíptico) siempre están supeditados a la historia que Paul Feig y su co guionista Katie Dippold están narrando. En todo momento se nota que en Sony se han tomado muy en serio el relanzamiento de la franquicia ectoplásmica porque por un lado tanto como producto cinematográfico para toda la familia y por otro como revisión de la obra original este remake funciona a la máxima potencia.




Aunque el arranque es muy potente y en él ya podemos vislumbrar cuán respetuosos van a ser los autores con las entregas previas de la saga al largometraje le cuesta dar sus primeros pasos. La película tiene que realizar muchas acciones al mismo tiempo como mostrar las señas de identidad estilísticas de su puesta en escena, calibrar el tono de comedia al que se va a entregar el resto de metraje y presentar a los personajes que con unas leves pinceladas tienen que dar las primeras muestras de sus distintas personalidades. En este proceso los guionistas inyectan una cantidad brutal de gags y chistes por minuto de modo que los descacharrantes y de una brillantez intachable se alternan con los tibios o menos inspirados, pero por suerte este es el tipo de films que pone una sempiterna sonrisa en la cara de un espectador que en no pocas ocasiones se verá interrumpida por la carcajada o el llanto por culpa de la risa (debo admitir que hay al menos tres golpes en el film que me hicieron saltar las lágrimas). Los escritores se hacen fuertes en apartados como el de dar, dentro de lo que cabe, una explicación científica coherente a las actividades paranormales que las protagonistas llevan a cabo y sobre todo o el de aprovechar la era internet y la imediatez de las redes sociales para haber podido meter dentro del film referencias a las muchas descalificaciones personales que las actrices y la producción han recibido (todo apunta a que cuando salió el primer y machacado trailer el film todavía se estaba rodando, porque es imposible que tantas referencias a la realidad sean fruto de la casualidad) transmitiendo el proyecto una sensación de revanchismo bien entendido que regala algunos de los mejores gags del guión. Sirvan como ejemplo cuando las protagonistas leen los comentarios que los usuarios les dejan en los vídeos que cuelgan en Youtube, las menciones a que sus uniformes parecen de basureros o declaraciones machistas por parte de algunos personajes que parecen haber sido sacados de los comentarios que se han vertido sobre el film en la red.




Como era de esperar el reparto está a la altura de la situación y las cuatro actrices son unas muy dignas herederas del casting de actores masculinos que dieron vida a los Cazafantasmas en 1984 y 1989. Que nadie busque en los personajes de este reinicio émulos de los de los film originales, los aquí presentados son otros con personalidades diferentes que en algunos apuntes toman señas de identidad de los interpretados por Murray, Aykroyd, Ramis y Hudson, pero sin que se conviertan en sus contrapartidas femeninas. Aunque Melissa McCarthy es uno de los personajes con más notoriedad y el nombre más conocido del reparto su labor no destaca por encima del resto de sus compañeras. Una vez más su director fetiche le regala una gran cantidad de gags y diálogos con los que explotar su más que contrastadoa vis cómica, pero más entrañable y disparatada se muestrae Kristen Wiig, una actriz especialmente dotada para el humor físico y poseedora de una comunicación no verbal y una gestualidad sencillamente brillantes. Leslie Jones también se gana el sueldo a conciencia con pasajes divertidísimos como su vida como trabajadora en el metro antes de ingresar en las Cazafantasmas, su peculiar manera de “exorcizar”o sus reacciones cuando se enfrenta a sus primeros fantasmas. Pero un servidor se queda enamorado de esa mezcla entre chulería, locura y pasotismo amalgamados en el cuerpo de una brillante Katie McKinnon, que se revela como el mayor acierto de casting del film ofreciendo una cara de los Cazafantasmas entre alocada, sensual y lúcida que ofrece momentos brillantes y que tiene su culmen cuando en plena batalla campal decide probar sus “nuevos juguetitos”, una pasaje de acción magnífico. Por último no olvidarme de Chris Hemsworth como el atontado Kevin, ya que el australiano muestra aquí unas dotes envidiables para el humor y reirse de sí mismo con un personaje puede que demasiado estúpido, pero que sirve como reflejo masculino del clásico rol de secretaria guapa pero tonta con el que Hollywood lleva décadas creando estereotipos pueriles y sexistas.




Pero lo que más ha sorprendido al que suscribe de una película como Cazafantasmas ha sido la labor de Paul Feig detrás de las cámaras. Este remake es sin lugar a dudas el proyecto más grande el que se implica el director de episodios de The Office o Arrested Development y como maestro de ceremonias muestra un control total de un presupuesto tan abultado como el que Sony pone a su disposción. El cineasta sabe conjugar la comedia con el terror, hacer un uso brillante de los magníficos fantasmas que los CGI crean con gran maestría estilísitca, mantiene el nivel que siempre ha poseido como director de actores, pero sobre todo llama la atención lo resuelto que se muestra con las escenas de acción, algo que ya se dejó notar en Espías pero que en la cinta que nos ocupa se ve multiplicado exponencialmente hasta el límite de ofrecer algunos de los pasajes técnicos mejor rodados de todo lo que llevamos de verano. Esa recta final con terremotos, espectros dominando el skyline newyorkino, el desfile de globos gigantes rematados con ese entrañable cameo final o la aparición del descomunal “final boss” (toda una declaración de principios la forma que toma el mismo para enfrentarse a las protagonistas) son muestra fidedigna de que Feig y su equipo técnico lo han dado todo para ofrecer una muestra quintaesencial de lo que debería ser normalmente el cine palomitero made in Hollywood, convirtiendo a Ghostbusters en una montaña rusa con subidas y bajadas que saciarán el apetito de todo tipo de espectadores que no se dejen llevar por los prejuicios.




Cazafantasmas es puro cine de evasión, un producto para toda la familia que cumple casi todas las expectativas que se pudieran depositar en él respetando a los largometrajes a los que da reinicio y atrayendo a nuevas generaciones de fans para que descubran el universo creado hace casi veinticinco años por unos humoristas con talento que han delegado responsabilidades en otras que no lo son menos. Por desgracia la inquina que atrajo el proyecto desde su misma gestación ha pasado factura en el rendimiento en la taquilla y por ahora Sony no ve rentable la película como para pensar en unas secuelas que permitirían a la nueva versión de la franquicia tomar su propia personalidad, dar forma a su propia idiosincrasia y permitir a unos personajes desternillantes desarrollarse y ganar enteros en pantalla. La última película de Paul Feig merece mucho la pena, por la labor de este detrás de las cámaras y al guión, por la excelente entrega de cuatro actrices en estado de gracia que explotan al máximo su sobrado talento para el humor y por pasajes como el del concierto, los intentos del personaje de Kristen Wiig por ligar con el de Chris Hemsworth, por las salidas de este (el momento comparación de fotografías es hilarante) por los cameos de la mayor parte del casting de la cinta original y por ser un proyecto ejecutado con pericia, mimo y la sana intención de hacer reír. Recomiendo ir a verla con la mente abierta y sin condicionamientos de ningún tipo (y el que aquí habla es un fan a muerte de la saga original y sus variantes) porque hablamos de cine comercial de calidad, porque poco importa el género de las protagonistas si hacen bien su trabajo, porque es de estúpidos tomarse en serio algo tan liviano como un blockbuster y porque si el hecho de que hagan un remake “con mujeres” de tu película favorita “arruina tu infancia” eso es síntoma inequívoco de que la misma dejó mucho que desear.