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lunes, 1 de marzo de 2021

Transgresión Continua Express 2021 - Febrero


Pieces Of A Woman (Kornél Mundruczó, 2020) - Desgarrador drama de impecable contención y virtuosismo formal que elude estereotipos y lugares comunes del género. El plano secuencia de 30 minutos que abre la obra y su trío protagonista merecen todos los elogios posibles.



News Of The World (Paul Greengras, 2021) - Western en clave de road movie con impecable factura protagonizado por unos excelentes Tom Hanks y Helena Zengel. Con todo, esta adaptación de la novela de Paulette Jiles no se encuentra entre los mejores trabajos de Paul Greengrass.



Malcolm & Marie (Sam Levinson, 2021) - Aunque sus dos primeros actos despiertan interés por el acabado estilístico o la remarcable labor de Zendaya y John David Washington la incoherencia narrativa se apodera del tercero desembocando en un clímax final demasiado insatisfactorio.



Colossal (Nacho Vigalondo, 2016) - Sólo Nacho Vigalondo podría crear un originalísimo híbrido entre kaiju-eiga y, aparentemente, comedia romántica para reflexionar sobre las relaciones de pareja y la masculinidad tóxica. Anne Hathaway y Jason Sudeikis ambos pletóricos en sus papeles.



El Pueblo: Temporada 1 (Alberto Caballero, Julián Sastre, Nando Abad, 2019) - Ni confirmamos ni desmentimos que pudiendo haber sido un estrapalucio la primera temporada de El Pueblo resulta divertida y apetecible como engolliparse a base de quesos protocolarios. ¡La órdiga!



El Pueblo: Temporada 2 (Alberto Caballero, Julián Sastre, Nando Abad, 2020) - Nos abocicamos aquí en Transgresión Continua para deciros que no seáis almas sin tino y vayáis espedregaos a ver la segunda temporada de El Pueblo, porque es tan entrañable y disfrutable como la primera ¡tunantes!




Dark Shadows (Dan Curtis, 1991) - Dan Curtis revisaba y actualizaba su soap opera homónima de los 60 y 70 con seis magníficos episodios y otros seis mucho más irregulares al intentar abordar la saga de Victoria Winters en 1790. Ben Cross compuso un imponente Barbanas Collins.




Disenchantment: Parte 3 (Matt Groening) - Tercera temporada que tras un buen arranque se enreda durante su ecuador en una maraña de caos narrativo que ni un par de últimos episodios cumplidores consiguen arreglar. Imperdonable convertir al mejor personaje de la serie, Zøg, en el más insoportable.




The Enfield Haunting (Krystoffer Nyholm, 2015) - Más allá de su excelente reparto y ajustada puesta en escena esta miniserie británica sobre el "Poltergeist de Enfield" cae en todos los tópicos del subgénero y palidece ante la posterior versión de James Wan.


jueves, 30 de noviembre de 2017

Pesadilla Diabólica (Burnt Offerings), house of dark shadows



Título Original Burnt Offerings (1976)
Director Dan Curtis
Guión William F. Nolan y Dan Curtis, basado en la novela de Robert Marasco
Reparto Karen Black, Oliver Reed,  Bette Davis, Burgess Meredith,  Eileen Heckart, Lee Montgomery,  Dub Taylor





Aunque en España es poco conocido Dan Curtis fue uno de los profesionales más famosos de la televisión estadounidense, sobre todo, durante los años 60 y 70. Ideólogo detrás de la mítica soap opera Dark Shadows en la que mezcló drama y terror con el vampiro Bárnabas Collins y su familia como núcleo central del relato Curtis nunca paró de trabajar en el tubo catódico con productos como Trilogía del Terror, Kolchack, Las Cintas de Norliss, El Estrangulador de la Noche o sus propias versiones para la pequeña pantalla de Drácula u Otra Vuelta de Tuerca. Pero Curtis también coqueteó en tres ocasiones con el mundo del largometraje adaptando a la pantalla grande su propia Dark Shadows con las muy reivindicables Sombras en la Oscuridad (House of Dark Shadows) y Una Luz en la Oscuridad (Night of Dark Shadows) o con la producción que se convertiría en una de las más famosas de toda su carrera y de la que hablaremos a continuación.




Burnt Offerings o Pesadilla Diabólica, como se la conoció en España, estaba basada en la novela homónima de Robert Marasco y se estrenó en 1976, tres años después de que el libro viera la luz. Dan Curtis ejerció de director y co guionista acompañado de su habitual colaborador William F. Nolan y el reparto del largometraje estaba formado por Karen Black y Oliver Reed como el matrimonio formado por Marian y Ben Rolf, Lee Montgomery en la piel de Davey, el hijo de la pareja, Bette Davis dando vida Elizabeth Rolf, la anciana tía de Ben, o Burgess Meredith y  Eileen Heckart interpretando a los hermanos Arnold y Roz Allardyce, los inquietantes dueños de la lujosa casa en la que los Rolf pasarán el verano por un alquiler inusualmente bajo y con la única condición de llevar tres comidas diarias al ático de la mansión en el que se encuentra recluida la impedida matriarca de los Allardyce, tarea de la que se ocupará Marian en exclusividad por su propia voluntad.




Aunque es poco conocida fuera de las fronteras americanas Pesadilla Diabólica asentó muchas de las bases de la renovación del subgénero de casas encantadas que en años posteriores construirían producciones que se harían considerablemente más famosas que ella como Terror en Amityville, Al Final de la Escalera (The Changeling) o El Resplandor, la adaptación que Stanley Kubrick realizó de la novela de un Stephen King que seguramente tomó más de una seña de identidad, si no de la película de Dan Curtis, seguramente sí del libro de Robert Marasco, para escribir su icónica historia de la familia Torrance en el Hotel Overlook. Lo que sí es cierto es que este largometraje de 1976 abordó la temática de inmuebles malditos con una intencionalidad atípica, apelando a la sabia idea de que es mucho mejor sugerir que mostrar, eludiendo en todo momento la presencia a lo largo del metraje de fantasmas o entidades extracorporeas para asustar de manera pueril al público, revelándose así como una pieza ejemplar de terror psicológico.




De esta manera Dan Curtis consigue un logro mayúsculo, ir más allá de la idea de convertir la casa de los Allardyce en un personaje más, que ha sido usada en incontables producciones de terror,  convirtiéndola en una entidad viviente, orgánica, que se alimenta de la energía vital de los que en ella habitan haciéndolos enfermar, el caso de la tía Elizabeth, adentrarse en la locura, como sucede con Ben, o ser poseídos, Marion y su obsesión por la mansión y los cuidados de la Señora Allardyce. Curtis y su co guionista William F. Nolan desarrollan con tanta maestría esta conceptualidad narrativa que cuando vemos al personaje de Oliver Reed aterrorizado mientras el edificio "muda su piel" para ir poco a poco convirtiéndose en un emplazamiento cada ves más moderno el espectador no lo percibe como una idea inverosímil o ridícula, sino como una evolución lógica del devenir de acontecimientos de la trama y una muestra más del peligro que los Rolf corren dentro de dicha fortaleza demoníaca.




Como no recurre a ninguna criatura sobrenatural para infundir miedo en el espectador, más allá del perturbador chófer interpretado por Anthony James que atormenta a Ben en sus sueños por culpa de los recuerdos de la muerte de su madre, Dan Curtis construye por medio de su brillante puesta en escena el in crescendo de terror y opresión de Burnt Offerings. Su nunca suficientemente reivindicado uso de la cámara como si de un diabólico demiurgo se tratara, su control de la dirección de fotografía y el diseño de producción para explotar minuciosamente las exiguas pero agradecidas localizaciones de las que dispone y la implicación de un soberbio reparto que lo dio todo para mimetizarse con la historia enfermiza y mórbida que se narraba en el film ayudaron al cineasta a ejecutar secuencias brillantes como la de la piscina entre Ben y Davey, de un impacto físico y psicológico demoledor, la última en la que está implicada el personaje de Bette Davis o esa revelación final con homenaje a Psicosis (Psycho).




Evidentemente todas esas secuencias ejecutadas por el director de Invasores o Dead of Night quedarían reducidas al 20% de su eficacia si no estuvieran interpretadas por un reparto mastodóntico que realiza uno de los trabajos conjuntos más logrados que se ha visto en una película de terror, consiguiendo de este modo una empatía brutal con el espectador que incita a este a implicarse totalmente con las desgracias de los Rolf. Oliver Reed volvía a demostrar en Burnt Offerings que era un animal interpretativo, con una naturalidad que atravesaba la pantalla cuando tenía que interactuar con el resto de personajes y realizando un soberbio trabajo de composición cuando su rol debía adentrarse poco a poco en la locura, dejando grabada a fuego en la retina del que esto firma la aterradora mirada que lanza a su hijo después de agredirlo en la anteriormente citada secuencia de la piscina y en la que la sangre corriendo por su rostro juega un papel vital para añadir más crudeza a dicho pasaje.




Una impresionante Karen Black también sabe externalizar con maestría el influjo al que le somete la casa de los Allardyce, mostrándose como un personaje que se mueve con facilidad entre la ingenuidad, la enfermedad mental y la obsesión malsana a la hora de cuidar de un edificio que poco a poco está acabando con la vida de sus seres más queridos, evitando así asumir la realidad de lo que está aconteciendo delante de sus propios ojos. Pero si el matrimonio Rolf se encuentra en estado de gracia lo que hace una veterana como Bette Davis con su papel de tía vivaracha y de espíritu joven que va enfermando poco a poco hasta convertirse en poco más que un muerto viviente (la escena en la que se le rompen los huesos mientras se retuerce en la cama es bestial) es merecedora de todos los elogios posibles respaldando la teoría de que la actriz de Eva al Desnudo fue una de las mejores, o puede que la mejor, de toda la historia del séptimo arte hasta el final de sus días. 





Un adolescente Lee Montgomery en la piel de Davy, que ya poseía por aquel entonces un extenso bagaje interpretativo en el mundo de la televisión, está a la altura de las circunstancias dando la réplica a los actores de renombre con los que se encontró en Pesadilla Diabólica, destilando una especial química con Oliver Reed (del que tiene muy buen recuerdo, como afirma él mismo en uno de los extras de la excelente edición británica en bluray del film) que se deja notar en no pocas escenas durante el primer tercio de metraje y que se torna en terror mutuo después de que Ben comience a perder la cordura. Por otro lado Burgess Meredith y Eileen Heckart aprovechan al máximo los pocos minutos de metraje que tienen para plantar la semilla de la desconfianza en la platea dando vida a los hermanos Allardyce y por último especial mención a Athony James como el chófer del coche fúnebre, un personaje que debería haberse convertido ya en un icono del cine de terror de los 70 por derecho propio.




Realización técnica, dirección de actores, guión, labor del reparto, decorados, fotografía, todos los apartados de Burnt Offerings bordean la excelencia y aunque en su momento ganó merecidamente en el festival de Sitges del año 1977 los premios a mejor director, actriz y actor para Dan Curtis, Karen Black y Burgess Meredith respectivamente, fue recibida con disparidad de opiniones por la crítica y no mucho entusiasmo por la taquilla en su época de estreno, Por suerte las distintas ediciones en formato doméstico de la obra y su cada vez más amplia horda de fansm entre los que se incluye un servidor, están luchando por hacer justicia para esta Pesadilla Diabólica que al igual que otras piezas de naturaleza similar como La Centinela, de Michael Winner, merece un lugar de honor dentro del mejor cine de terror de la década de los 70 junto a otros clásicos del género a los que la producción de Dan Curtis poco tiene que envidiar.


sábado, 15 de febrero de 2014

Una Luz en la Oscuridad, season of the witch



Título Original Night of Dark Shadows (1971)
Director Dan Curtis
Guión Sam Hall y Dan Curtis
Actores David Selby, Grayson Hall, Kate Jackson, Lara Parker, John Karlen, Nancy Barrett, Jim Storm, Thayer David, Christopher Pennock, Diana Millay, Monica Rich, Clarice Blackburn





Un años después del considerable éxito de la versión para la pantalla grande que hizo de su serie Dark Shadows con House of Dark Shadows (Sombras en la Oscuridad en España) Dan Curtis se puso de nuevo detrás de las cámaras para rodar una poco ortodoxa continuación de aquella. A pesar de los problemas con los que el guionista, productor y realizador se encontró durante la gestación del largometraje el resultado fue bastante notable y aunque es inferior a la cinta previa posee una impronta interesante y una amalgama acertada de tonalidades que la convierten en una pieza estimable dentro del cine de terror de los primeros años 70.




Quentin Collins y su prometida Tracy llegan a la antigua mansión familiar de Collinwood para establecerse en ella. Al llegar a la casa son recibidos por Carlotta Drake y Gerard Stiles, la ama de llaves y el vigilante de la casa respectivamente. Ya instalados allí Quentin, que es un talentoso pintor, comenzará a tener visiones en las distintas estancias del edificio en las que rememorará la retazos de la vida de su antepasado Charles Collins que se enamoró de Angelique, la mujer de su hermano Gabriel y que murió ahorcada al ser acusada de brujería. Poco a poco Quentin irá siendo poseído por Charles gracias al influjo que Angelique ejerce todavía sobre la casa y Tracy sufrirá las consecuencias. Esta última se unirá a sus amigos los novelistas Alex y Claire Jenkins para intentar salvar el alma de su futuro marido.




Tras le negativa de Jonathan Frid de volver a interpretar al centenario vampiro Barnabas Collins en esta secuela Dan Curtis se vio en la obligación de reformular completamente al argumento. Tomando como protagonistas a varios de los personajes de la Dark Shadows original pero cambiando algunas características de los mismos (sirva como ejemplo que el Quentin Collins al que da vida de nuevo David Selby en el film que nos ocupa no es un licántropo como sí lo era el del producto catódico) el relato que se narra tiene supuestamente lugar años después de la historia protagonizada por Victoria Winters, la chica huérfana que llegó a Collinwood para descubrir su pasado en los primeros episodios del programa, y gracias a ello su creador puede tomarse ciertas licencias con respecto a la serie para dar forma a este producto cinematográfico.




Al igual que su predecesora Night of Dark Shadows es la reformulación de un cierto tipo de cine de terror. El largometraje de Dan Curtis aúna el tono clasicista de las producciones protagonizadas por los monstruos de Universal de los años 30 con esa vanguardia dentro del género que en Gran Bretaña forjaron la Hammer Films o la Amicus en Italia Mario Bava y en Estados Unidos autores como Roger Corman con sus memorables adaptaciones de novelas de Edgar Allan Poe. Si en Sombras en la Oscuridad se realizaba una muy acertada lectura revisionista tan romántica como visceral sobre el mito del vampirismo y sus variantes estilísticas y formales en Una Luz en la Oscuridad sucede lo propio pero esta vez con los films sobre brujería, casas encantadas, posesiones y legados malditos. 




Dan Curtis vuelve a mostrar su talento para crear atmósferas lúgubres de un palpable tenebrismo por medio de una vivaz puesta en escena en la que juega con distintos movimientos de cámara, picados y contrapicados o travellings para dar un tono mórbido al relato que está narrando. Momentos como el ahorcamiento y el entierro de Angelique bajo la lluvia o las distintas apariciones de esta en Collinwood dan muestra de que el creador de Pesadilla Diabólica (Burnt Offerings), aunque recurre a métodos hoy anticuados como el flou para las ensoñaciones, era un cineasta inquieto y con una personalidad muy marcada a la hora de abordar sus proyectos cinematográficos a los que inyectaba una fuerza visual de contrastada potencia estilística y un halo melancólico acentuado por la deliciosa banda sonora de Robert Cobert.




El problema más grave de Night of Dark Shadows es su en ocasiones penoso montaje. Por culpa de que los productores obligaron a Curtis a cortar más de 25 minutos de metraje (que a día de hoy sólo puede ser recuperado sin el audio) el desarrollo del film acusa la ausencia de escenas que expliquen algunos de los actos llevados a cabo por varios de los personajes o situaciones que al ser omitidas dejan cojo el conjunto de la narración de la obra. Es más, la versión que posee un servidor, la del blu ray editado por Warner Bros, tiene unos cortes considerablemente bruscos entre secuencias que incluso cortan bruscamente algunos de los temas de la banda sonora, transmitiendo al espectador una sensación de trabajo poco profesional en la sala de edición o peor, tijeretazos por parte de la censura.




Pero por el contrario el reparto de actores hace un trabajo más que meritorio. David Selby (que para un servidor siempre será Richard, el hijo de la pérfida Angela Chaninng en la inolvidable Falcon Crest) y Kate Jackson llevan con mucho oficio el peso de la película como el matrimonio Collins, Grayson Hall y Jim Storms transmiten la inquietud que sus roles demandan, pero es la magnética presencia de Lara Parker como Angelique (personaje al que dio vida en la revisión cinematográfica que hizo Tim Burton de la serie original una no menos arrebatadora Eva Green, lo mejor de aquel film sin lugar a dudas), cuyo cuerpo escultural y profunda mirada que Dan Curtis encuadra con delectación por medio de su cámara, el mayor acierto del largometraje aunque sus apariciones en ocasiones se antojan casi anecdóticas.




Aunque como he comentado previamente Sombras en la Oscuridad es superior como obra cinematográfica sobre todo por tener la presencia del impagable Barnabas Collins de Jonathan Frid o secundarios de alto nivel como Joan Bennet y Louis Edmonds dando vida a los hermanos George y Elizaberh Collins, Una Luz en la Oscuridad es tanto un interesante complemento para aquella (verlas en sesión doble es todo un placer para los amantes del género) como un muy digno largometraje de terror tan hijo de su tiempo como dignamente envejecido en la actualidad y que al igual que su predecesora pervierte e intoxíca acertádamente el serial catódico en el que se basa para trasladarlo al cine. En este blog seguiré reivindicando al figura del hoy muy olvidado Dan Curtis que ofreció tanto en la pequeña pantalla como en la grande piezas de género harto interesantes que merecen la pena ser recuperadas y revalorizadas adecuadamente.



miércoles, 8 de enero de 2014

Sombras en la Oscuridad, bienvenidos a Collinwood




Título Original House of Dark Shadows (1970)
Director Dan Curtis
Guión Sam Hall y Gordon Russell basado en la serie de Dan Curtis
Actores Jonathan Frid, Grayson Hall, Joan Bennett, Kathryn Leigh Scott, Roger Davis, Nancy Barrett, John Karlen, Thayer David, David Henes, Louis Edmonds, Don Briscoe, Dennis Patrick, Jerry Lacy




El 27 de junio de 1966 el productor, guionista y director Dan Curtis estrenó el episodio piloto de una serie diaria salida de su mano llamada Dark Shadows para la cadena ABC. El programa estaba protagonizado por Victoria Winters, una joven huérfana que viajaba Collinsport, Maine. Allí en una mansión llamada Collinwood en una colina vivían los Collins, la misteriosa familia a la que la muchacha parecía pertenecer y que estaba llena de secretos que poco a poco iría desentreñando. La serie andó dando bandazos su primer año de emisión siempre al borde de la cancelación hasta que en el famoso episodio 210 Dan Curtis tomó una rocambolesca decisión. Incluir en la trama a Barnabas Collins un vampiro de 175 años de edad que resucitaba para buscar su lugar en la familia y recuperar el amor de su amada Josette reflejado en la joven institutriz Maggie Evans.




El giro sobrenatural que dio la serie permitió a Curtis y sus guionistas incluir en la trama criaturas como zombies, licántropos, fantasmas y en el argumento historias como viajes temporales. El éxito fue rotundo, el programa tuvo una audiencia, muy alta durante sus 5 años de emisión (pasando del blanco y negro al color durante su proceso) que no fueron muchos, pero gracias a su emisión diaria el número de episodios alcanzó la escandalosa cifra de 1225 hasta su cancelación en 1971. El éxito de Dark Shadows en Estados Unidos fue brutal y hoy más de 50 años después de su estreno tiene un enorme legado formado por libros, cómics, remakes para televisión (uno en 1990 y otro en 2004, con algo de éxito el primero y ninguno el otro, que no pasó del episodio piloto) y hasta uno de reciente factura para la pantalla grande a manos de Johnny Depp y Tim Burton.




Pero la tibia aunque simpática revisión que el director de Frankenweenie hizo de las correrías de Barnabas Collins y sus descendientes no fue el primer viaje que la telenovela (más que una serie era un culebrón, no eludamos la realidad) de la ABC hizo a la pantalla grande, ya que un año antes de la cancelación del programa la Metro Goldwing Meyer propuso a Dan Curtis hacer dos largometrajes inspirados en Dark Shadows. En 1970 se estrenó en los cines de Estados Unidos la House of Dark Shadows que nos ocupa y un año después Night of Dark Shadows de la que hablaré próximamente. El resultado es una magnífica cinta sobre vampiros y maldiciones familiares que revela a Dan Curtis como un cineasta con especial talento para el terror que por desgracia no le fue reconocido fuera del tubo catódico donde dio forma a la mayor parte de su obra.




La apacible vida de los Collins se verá alterada cuando un día haga acto de presencia en la mansión Collinwood un primo lejano procedente de Inglaterra llamado Barnabas Collins y que afirma ser descendiente de un antepasado del mismo nombre que tenía relación directa con la familia. Pero poco después de la llegada de Barnabas empezarán a sucederse en las inmediaciones de la casa unos misteriosos asesinatos en los que las víctimas son encontradas sin sangre y con dos agujeros por mordedura en el cuello. Todo saldrá a la luz cuando descubramos que Barnabas es un vampiro resucitado por accidente y que busca el amor perdido de su amada Josette en la imagen de Maggie Evans, la institutriz de la casa familiar que guarda un asombroso parecida con ella.




Esta House of Dark Shadows del año 1970 condensa en su poco más de hora y media de metraje toda la primera etapa del personaje de Barnabas Collins, interpretado por Jonathan Frid, en Dark Shadows pero eliminando subtramas, roles secundarios prescindibles, centrándose en la historia central del vampiro y acentuando la crudeza, el terror y la sensualidad gracias a la libertad que el séptimo arte le daba a Dan Curtis y que la televisión no podía proporcionarle por aquel entonces. Si bien la serie adquiría una tonalidad de misterio bien perfilado en la adaptación a la pantalla grande el mismo se veía considerablemente explicitado por medio de una visión más mórbida, oscura y descarnada de las situaciones que se pudieron ver en al programa de la ABC.




Sombras en la Oscuridad es un cuento de terror gótico que combina el clasicismo estilístico de los monstruos de la Universal de los años 30 con la visceralidad revisionista de la Hammer Films británica. Dan Curtis imprime una atmósfera palpable, onírica y pesadillesca a su relato con no muertos que aunque hunden sus raíces en la literatura clásica que los forjó como personajes se mueven por brutales pulsiones psicosexuales que los convierten en amenzantes criaturas tan atrayentes como repulsivas. La visión de Curtis del mundo del vampirismo es decidicamente mórbida, profundamente carnal y primaria, pero también elegante, de un romanticismo victoriano y una alegórica sutil a la par que lúcida.




Su puesta en escena es completamente distinta a la que se podía ver en el serial televisivo, de un tono más encorsetado por la poca libertad técnica que le proporcionaba el medio. En House of Dark Shadows imperan los travellings, la slow motion bien ejecutada, el uso de planos subjetivos o la descarnada utilización de la cámara al hombro en los pasajes más truculentos (sobre todo en los ataques nocturnos de Barnabas) así como unos contrapicados que enfatizan la enormidad de la Mansión Collinwood que como es lógico (ya que en la serie también sucedía) cobra un protagonismo capital a lo largo del metraje siendo un personaje más. La labor del productor y director (seguramente también guionista aunque no salga acreditado como tal) es de nota altísima y muy remarcable desde el arranque del film hasta su apoteósico final.




El reparto es prácticamente el mismo de la serie de televisión pero todos ellos están más creíbles y entregados que en aquella aunque evidentemente no tienen  el tiempo que le emisión diaria del producto les proporcionaba para desarrollar sus personalidades. Pero los intérpretes saben sacar todo a sus personajes destacando Thayer David como el Profesor Stokes, un frío y calculador sosias de Abraham Van Henlsing con sorpresa final, Grayson Hall como la Doctora Julia Hoffman, Louis Edmonds como el descreido Roger Collins, John Karlen como el torturado Willie Loomis o la encantadora Kathryn Leigh Scott como Maggie Evans. Hasta el niño que interpreta a David, al que da vida David Henesy sabe guardar la compostura y compartir escenas de inolvidables con Nancy Barrett el alter ego en pantalla de Carolyn, otro de los personajes clave de la historia.




Pero es el porte británico (paradójico siendo de origen canadiense) del actor Jonathan Frid el que, al igual que pasaba en la Dark Shadows original, insufla vida a la película con su inolvidable caracterización del vampiro Barnabas Collins. Entre la elegancia y la brutalidad, el romanticismo y la lascivia, la mirada hipnótica y la agresión física más descarnada el que fuera por derecho protagonista de la serie de televisión devora la pantalla con su trabajo que se revela como uno de los mayores aciertos de la velada ofreciendo un vampiro que poco tiene que envidiar a las distintas encarnaciones de Drácula interpretadas por Christopher Lee, Bela Lugosi o Gary Oldman. Es más, su rechazo a aparecer en la segunda película, Night of Dark Shadows (Una Luz en la Oscuridad aquí en España) parece ser que fue el principal motivo para que aquella no conociera el éxito de la cinta que nos ocupa.




La ópera prima en el mundo de largometraje de Dan Curtis es una excelente pieza de género que no merece el olvido en el que se encuentra actualmente. Al igual que su hermana nacida en la cadena ABC su influencia estilística se dejó ver posteriormente en obras como la miniserie Salem's Lot con la que Tobe Hooper adaptó la soberbia novela de Stephen King del mismo nombre y la historia de amor entre Barnabas y Josette/Maggie no sería descabellado que influenciara a Francis Ford Coppola para dar forma a la que compartieron Drácula y Mina/Elisabeta en su polémica adaptación de la novela de Bram Stoker en 1992 que independientemente de su fidelidad a aquella era una genialidad cinematográfica. A no mucho tardar hablaré de Night of Dark Shadows que a pesar de ser considerada como una obra menor al lado de Sombras en la Oscuridad si tiene la mitad del interés que esta merecerá casi con toda seguridad la pena.