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lunes, 21 de septiembre de 2020

¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II...


Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Tony Jiménez
Formato Rústica
Páginas 602 páginas
Precio 22,95€

En septiembre de 2019 un servidor reseñó Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989), primera entrega de un ensayo dedicado a desgranar la obra literaria y cinematográfica centrada en el famoso autor nacido en Maine. Publicado por la editorial Applehead Team Creaciones y escrito por el novelista malagueño Tony Jiménez, abarcaba toda la carrera de Stephen King desde sus primeros pasos hasta finales de los años 80. Al término de aquella reseña confirmé que también publicaríamos una dedicada a la segunda y por ahora última parte del ensayo titulada ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019). En esta entrada analizaremos este nuevo episodio en el que no sólo se abordan los veinte años posteriores dedicados a los libros, largometrajes y series televisivas adheridas a la autoría del creador de Carrie o El Misterio de Salem’s Lot, también haremos parada en otros medios en los que Stephen King ha dejado una huella indeleble e incluso en su legado, asumido este por, entre otros, una persona perteneciente a su propia familia.

En la ya citada reseña dedicada a Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) mencionamos que la lectura de aquel primer ensayo se asemejaba a mantener una distendida, interesante y dinámica conversación con un fan irredento de King cuya misión es, no sólo acercarnos toda su bibliografía y filmografía, sino hacerlo de manera cercana para poner a disposición de todo tipo de lectores la vida y milagros de uno de los autores más importante de la literatura contemporánea. Por un lado ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) mantiene, e incluso mejora, esa constante establecida en el trabajo anterior, pero por otro Tony Jiménez añade a esta secuela capítulos nuevos que analizan el sello de Stephen King más allá de la página escrita o el fotograma filmado, haciendo que esta entrega se muestre más enriquecedora tanto en contenido como en conceptualidad, exigiendo profundizar más en la evolución de un profesional que en los años 90 sufrió un cambio notable con respecto al tipo de relatos que llevaba a cabo.

Ciertamente repasar el grueso de la obra de Stephen King durante los 90 es harto interesante ya que a lo largo de esos diez años la temática de sus obras cambió sustancialmente alejándose un poco del terror que cimentó su carrera y adentrándose en terrenos más cercanos al drama, la fantasía, la ciencia ficción e incluso la crítica social y política. Aunque, por otro lado, todos ellos han estado presentes, en mayor o menor mediada, en la impronta del novelista desde sus mismos inicios. Tony Jiménez es consciente de ello y en el repaso que realiza a los libros que cimentaron esta etapa de King incide en varias ocasiones en la evolución que supuso de cara a unos lectores que asistiendo a cómo piezas como El Resplandor, Cujo, Cementerio de Animales o Christine, adscritas a parámetros más ortodoxos del terror, dejaban paso a otras como Dolores Claiborne, El Juego de Gerald, Corazones en la Atlántida o las distintas entregas de la saga La Torre Oscura. Por consiguiente la disección de dichos trabajos es más profunda y minuciosa que en la primera parte del ensayo.

Después de un prologo a manos de Raúl Sánchez y una introducción de Luis Martínez Vallés el trabajo es retomado por Tony Jiménez siguiendo la misma estructura que en Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989). Empezando por Las Cuatro Después de Medianoche (1990) y acabando por Elevation (2018) el ensayista recorre poco menos de veinte años de novelas, antologías, publicaciones digitales e incluso ensayos en los que Stephen King desplegó toda su sapiencia narrativa y cultural. También se mantiene la acertada decisión de incluir en los capítulos centrados en relatos que han sido adaptados al medio audiovisual la opinión de Jiménez sobre estos, sumergiéndose en los cambios sufridos durante la segunda mitad de los años 90 cuando dejaron de ser películas estrenadas en el cine a manos de directores consagrados como Stanley Kubrick, Brian de Palma, David Cronenberg y John Carpenter o reivindicables series B ejecutadas por humildes artesanos como Daniel Attias, Lewis Teague, Fritz Kiersch o Ralph S. Singleton a tv movies de bajo presupuesto no demasiado destacadas, a menos que estuvieran facturadas por Mick Garris.

Una vez terminado dicho recorrido la segunda parte del libro supone una agradable sorpresa para el que suscribe, tristemente no demasiado cultivada en los ensayos serializados. Entre la publicación de Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) y la de ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) pasaron casi tres años y en ese periodo de tiempo se estrenaron varias adaptaciones cinematográficas y televisivas de novelas de King ya analizadas en el primer trabajo de Tony Jiménez dedicado al marido de Tabitha King. De manera que en este segundo se añaden las opiniones de dichos proyectos entre los que encontramos It: Capítulo 1, la nueva versión de Cementerio de Animales, Los Chicos del Maiz: La Huida o las series La Niebla y Castle Rock, de Spike y Hulu, respectivamente. Con un esfuerzo hercúleo por facturar un producto lo más actualizado posible Tony Jiménez suma las reseñas de dichas traslaciones audiovisuales a las de las más recientes novelas de King intentando abarcar todo el material relacionado con el estadounidense e incluso mostrando un adelanto de la, por aquel entonces, todavía no estrenada It: Capítulo 2.

El tercer capítulo, Cómics y videojuegos, se centra, como su título indica, en las colaboraciones o inspiraciones de King en el arte secuencial y el mundo del entretenimiento virtual. Con los cómics dedicados a su obra sucede como con la mayoría de las películas. Mucha gente asume que él se encuentra detrás del desarrollo y creación de los mismos, cuando son casos aislados en los que eso sucede. Por ello podemos encontrar adaptaciones como la de El Cortador de Césped a manos de Walter Simonson, la de la saga La Torre Oscura en la que Peter David, Jae Lee y Richard Isanove formaban equipo o Apocalipsis (The Stand) donde Robert Aguirre Sacasa y Mike Perkins hacían lo propio. Todas inspiradas en las obras de King, pero sin su intervención directa en ellas. Aunque también otras en las que sí escribía los guiones como el brillante cómic de Creepshow (George A. Romero, 1982) o el segundo arco argumental de American Vampire, la serie del sello Vertigo que co creó junto a Scott Snyder y Rafael Albuquerque con el vampiro Skinner Sweet como uno de sus protagonistas. Estos y otros trabajos son acometidos por Jiménez con abundante información sobre sus ideólogos y las editoriales, estadounidenses y españolas, que los movieron por el mercado.

El último capítulo, Homenajes y Legado, hace un recorrido por todas las referencias a King o su obra en la cultura pop con especial hincapié, como no podía ser menos, en las televisivas acontecidas en Los Simpson y Padre de Familia. También las bandas de rock y metal que han dedicado letras a las criaturas o historias del novelista como Blind Guardian, Demons & Wizards, Black Sabbath o Pennywise y Randall Flagg. Por último los films que han rendido tributo a su universo literario, resaltando aquella obra maestra titulada En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1995) en la que la impronta del de Maine se fusionaba con la de H.P. Lovecraft. Pero dentro de este último capítulo es de recibo mencionar la decisión de Tony Jiménez por acercarnos a Joe Hill, el segundo hijo de King convertido desde hace años en otro autor de best sellers. El malagueño se adentra en las novelas de Hill como El Traje del Muerto, Fantasmas, Fuego, Cuernos y NOS4A2, los cómics que ha escrito como Locke & Key o The Cape e incluso las adaptaciones cinematográficas y televisivas de los mismos. Un digno heredero del manto de su padre que ya está haciéndose un nombre en el mundo de la letra escrita.

Tras una última reflexión por parte del autor, el epílogo escrito por Asier Menéndez Marín y agradecimientos varios termina ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019), la segunda parte de este ensayo dedicado al autor con el que muchos lectores, un servidor entre ellos, empezamos a introducirnos en el mundo literario y el cine de terror. Cuando acabamos la lectura del trabajo, poco más de seiscientas páginas que no pesan en ningún momento, hemos recorrido una de las etapas más interesantes de la bibliografía de un profesional indispensable para entender la actual narrativa estadounidense y hemos asistido a cómo el medio audiovisual se adapta y retroalimenta para seguir trasladando a imagen real la obra de un escritor que siempre es sinónimo de éxito. Teniendo en cuenta que no hay año en el que Stephen King no publique al menos una novela o las productoras cinematográficas y plataformas de streaming no adapten varios de sus relatos a la pantalla grande o pequeña se antoja lógico que Tony Jiménez tenga la intención de seguir con esta serie de libros indispensables para los fans del maestro del terror. Ahora sólo queda que el malagueño se anime a hacer lo propio con Joe Hill en otra serie de ensayos. Algo que no estaría nada mal.


Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989)


Edición Nacional/España Applehead Team
Autor Tony Jiménez
Formato Rústica
Páginas 366 páginas
Precio 18,95€

Ahora que It: Capítulo 2 arrasa en la taquilla internacional es un buen momento para seguir hablando de la vida y obra de Stephen King. El autor de Maine vive actualmente una segunda edad dorada en lo profesional, ya que a sus 71 años de edad asiste a un nuevo resurgir de adaptaciones, cinematográficas y televisivas de muchas de sus obras literarias. Mientras él no falta a su cita anual con las librerías regalándonos, como mínimo, dos manuscritos por temporada. En nuestra redacción de libros también queremos dedicar una entrada al “maestro del terror”, pero en esta ocasión en lugar de reseñar uno de sus numerosos libros, como sí aconteció con Cementerio de Animales, vamos a hacerlo con un ensayo dedicado a su destacada persona. La editorial Applehead Team sigue apostando por ese “cine que siempre quisimos leer” y, como era de esperar, el creador de algunas de las piezas más vendidas y alabadas de la literatura de terror contemporánea, que dieron forma a incontables piezas audiovisuales, no podía faltar en su catálogo. Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989), primera parte de un, por ahora, díptico dedicado al marido de Tabitha King, será el blanco de nuestros comentarios en la siguiente publicación.

En el capítulo de Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) centrado en el célebre ensayo Danza Macabra que Stephen King dedicó al género de terror, en todas sus vertientes artísticas, Tony Jiménez (Málaga, 1984), afirma que afrontar la lectura de dicho trabajo se asemaja a: “Tomarse una cerveza en el porche de la casa de King mientras hablamos sobre cine y literatura de terror”. Esta afirmación es aplicable también a su propia obra, este primer volumen que abarca toda la carrera literaria, y las adaptaciones cinematográficas y televisivas derivadas de ella, del famoso escritor desde mediados de los 70 hasta finales de los 80. Porque nos encontramos con una pieza ejecutada desde el cariño y la admiración por el creador de Carrie, La Niña Que Amaba a Tom Gordon, La Tienda (Needful Things) o El Ciclo del Hombre Lobo.

No esperéis con Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) un sesudo análisis repleto de tecnicismos sobre la bibliografía del escritor de Nueva Inglaterra. Tony Jiménez predispone su trabajo de manera cercana y empática de cara a un receptor que podrá disfrutar del mismo sin necesidad de ser un “lector constante” de King, pero será este último el que más disfrute con el trayecto planteado por el malagueño. Este primer volumen se abre con un ingenioso y peculiar prólogo escrito por, nada más y nada menos, que Richard Bachman, el pseudónimo utilizado por King entre los 70, 80, y puntualmente en los 90, para escribir algunas novelas, normalmente alejadas del terror, como la controvertida Rabia, El Fugitivo (Running Man), Carretera Maldita (Roadwork), Maleficio (Thinner) o La larga Marcha, esta última una de mis favoritas salidas de la mano del creador de Pennywise o Christine.

Seguidamente encontramos una breve biografía en la que se repasa la vida personal y profesional de King, sin incidir demasiado en datos innecesarios ya que, como bien menciona Jiménez en el ensayo, nada mejor que leer las novelas del autor de Maine para conocer en profundidad su personalidad. A continuación entramos en el libro propiamente dicho con un repaso cronológico a la obra literaria de King y a sus respectivas traslaciones al medio audiovisual, en el caso de haberlas, con el autor del trabajo ofreciendo su opinión sobre dicho material. En este completo y personal trayecto somos testigos del profundo conocimiento de Jiménez en lo referido a los más de cuarenta años de carrera del novelista ofreciendo, además de su perspectiva de todos y cada uno de esos trabajos, sustanciosos datos, curiosidades o anécdotas. Varias de ellas conocidas por los fans y otras inéditas hasta para los miembros de la rama más dura de los seguidores de King.

Desde Carrie (1974) hasta La Mitad Oscura (1989) Tony Jiménez ejerce de jefe de ceremonias a la hora de adentrarnos en trabajos literarios como El Resplandor, Cujo, Ojos de Fuego (Firestarter), Tommyknockers o las, ya citadas, novelas de Richard Bachman. Después de contextualizar y dar opinión del libro correspondiente hace lo propio con su versión en imagen real, ya sea para la pequeña o o gran pantalla. Ciertamente el especial cariño de Jiménez por la obra y milagros de King le incita a ser, en ocasiones, demasiado benévolo con el material sobre el que reflexiona esforzándose, meritoriamente, por sacar lo mejor de hasta los trabajos, literarios y audiovisuales, más deficientes nacidos de la impronta del novelista. Pero también se adentra en terrenos complicados cuando desmitifica algunos otros como la primera y clásica versión televisiva de Salem’s Lot rodada por Tobe Hooper en 1979. Opinión que un servidor no comparte, para mí sigue siendo una de las mejores adaptaciones de un libro de King, pero sí respeta por la sinceridad con la que está planteada por el autor.

Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) es una cita altísimamente recomendable para los fans de Stephen King, esos que han leído todas sus novelas o no se pierdan una sola de sus adaptaciones al cine, la televisión o plataformas digitales. Se agradece que por fin llegue a España un ensayo en nuestro idioma actualizado sobre el autor de Maine, y esto lo decimos en el más amplio sentido de la palabra no sólo por el presente volumen, sino también por el que llegó después. ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) ha sido publicado este año y compila la segunda etapa de la carrera de King. En esta ocasión Tony Jiménez no sólo disecciona libros y novelas, también se adentra en otros terrenos como los cómics o los videojuegos relacionados con el novelista e incluso dedica espacio a Joe Hill, hijo de King y autor de grandes trabajos literarios como El Traje del Muerto, Cuernos, Fuego o Fantasmas. De este segunda entrega hablaremos también, próximamente.


martes, 31 de diciembre de 2019

Doctor Sueño



Título Original Doctor Sleep (2019)
Director Mike Flanagan
Guión Mike Flanagan, basado en la novela de Stephen King
Reparto Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Bruce Greenwood, Jacob Tremblay, Catherine Parker, Robert Longstreet, Carel Struycken, Emily Alyn Lind, Selena Anduze, Jocelin Donahue, Chelsea Talmadge, Juan Gaspard, Kyliegh Curran, Deadra Moore, David Michael-Smith, Kevin Petruski Jr., Mistie Gibby, Met Clark





Aunque por aquel entonces ya era un artesano curtido dentro del género de terror con largometrajes como Hush, Oculus, Before I Wake o Ouija: Origin of Evil el año 2017 marcó un punto de inflexión en la carrera del productor, guionista y director estadounidense Mike Flanagan. Ese año estrena El Juego de Gerald, su primera colaboración con Netfilx y a su vez la primera adaptación de una novela de Stephen King en la que se sumergía. Aquella cinta protagonizada por Carla Gugino y Bruce Greenwood supuso el puente para que Flanagan ideara sólo un año después su opus magna, la brillante serie La Maldición de Hill House inspirada en la clásica novela de Shirley Jackson, también para Netflix que lo consolidaría como uno de los nombres más talentosos dentro del cine de género y abriría las puertas de otra traslación literaria nacida de la pluma del autor de Maine, en esta ocasión notablemente más ambiciosa.




Poco después de que las correrías dramáticas y sobrenaturales de la familia Crain se convirtieran en un éxito saltaba la noticia de que Mike Flanagan iba a realizar, en colaboración con Warner Bros, una versión cinematográfica de Doctor Sueño, la novela de 2013 con la que Stephen King daba continuación a los hechos acaecidos en El Resplandor, una de sus novelas más reconocidas y admiradas. De manera que, una vez más, la maquinaria hollywoodiense se puso en funcionamiento y actores como Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Zahn McClarnon, Carl Lumbly, Alex Essoe, Jacob Tremblay o los habituales en la filmografía del realizador, Carel Struycken y Bruce Greenwood, comenzaban a sumarse al extenso reparto del film mientras Flanagan se encargaba del guión, la dirección e incluso el montaje de la obra. Algo poco usual dentro del cine comercial norteamericano y que confirmaba la confianza de los productores en la labor del cineasta dándole una más que notable libertad creativa a la hora de acometer su rol de hombre orquesta.




Tres tramas que discurrirán paralelas, desde los 80 hasta inicios de la presente década, antes de converger en una sola conforman Doctor Sueño. La primera se centra en Danny Torrance (Ewan McGregor) después de vencer su alcoholismo y trabajando en la localidad de Frazier, New Hampshire, como celador de un Hospital de Cuidados Paliativos en el que ayuda a enfermos terminales a morir ayudado por los poderes que le confiere el Resplandor y ganándose así el apodo de Doctor Sueño. La segunda sigue los pasos de Abra Stone (Kyliegh Curran), una niña con el mismo don que Danny dando muestras desde su mismo nacimiento de cuán poderoso es en ella para asombro de su familia. La tercera toma como epicentro a Rosie the Hat (Rebecca Ferguson) y los miembros del “Nudo Verdadero”, un grupo de personas también poseedores del Resplandor que se dedican a matar, principalmente a niños, que al igual que ellos lo poseen para consumirlo como una especie de vapor una vez han torturado y asesinado a la víctima.




Con su versión de Doctor Sueño Mike Flanagan realiza un doble salto mortal sin red, no sabemos si por decisión propia o con la intención de dejar satisfechos a todo tipo de fans. Por un lado los dos primeros actos de su último largometraje conforman una fidelísima adaptación de la novela de Stephen King en los que algunos cambios con respecto a la misma no deslucen una extrapolación ejemplar del espíritu y el mensaje contenido en las páginas redactadas por el creador de Pennywise o Roland Deschain. Por otro en la recta final deja un poco de lado al novelista y centra sus energías en rendir tributo a la versión de El Resplandor de Stanley Kubrick rodada por este en 1980 y para ello utiliza la excusa de que el hotel Overlook sigue en pie, aunque en estado de abandono, para ejecutar en dicha localización el clímax final del film y con ello un homenaje sincero y mitificador a dicha obra maestra protagonizada por Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd. Ese último acto deja de lado la fidelidad a la novela expuesta en los dos primeros y desemboca en un desenlace con poco que ver por el narrado por King en su novela de 2013.




A un nivel genérico y estructural Mike Flanagan lleva Doctor Sueño a su terreno, el de un terror que en la novela original sólo hacía acto de presencia tangencialmente dentro de lo que nunca dejaba de ser un drama con tintes sobrenaturales. El cineasta consigue construir notables secuencias de horror deudoras de la construcción audiovisual que tan buenos resultados le dio en La Maldición de Hill House, producto del que esta Doctor Sueño es una lógica y digna heredera dentro de la impronta de un autor que poco a poco va definiendo su voz y personalidad. Flanagan no sólo sabe capturar con su cámara las resoluciones estilísticas de la novela, también se embriaha del lirismo y la melancolía que aquella desprendía en sus pasajes más emocionales, los relacionados con la labor de Danny Torrance ejerciendo de Doctor Sueño, con un in crescendo dramático encontrando su culminación en el hotel Overlook durante los últimos compases de la obra. Pero a un nivel de puesta en escena el director sabe que está dando continuación a una película de Stanley Kubrick y si en la parte central del relato inyecta su propio sello el prólogo y la conclusión del film son herederos naturales de la mirada milimétrica y aséptica del responsable de El Beso del Asesino y Eyes Wide Shut alumbrando una pieza multiforme y mutante no poco ambiciosa en lo narrativo y formal.





A nivel de guión Mike Flanagan acomete con éxito la ardua tarea de conseguir que una cinta de 151 minutos de metraje se revele siempre entretenida gracias a un tempo medido con metrónomo y a un perfil de personajes perfectamente definido que sin llegar a poseer la profundidad psicológica destilada en la novela original nos resultan carismáticos y empáticos a distintos niveles. Argumentalmente ya hemos afirmado que las dos primeras horas son enfermizamente fieles al libro de King, pero esto no impide que se anulen personajes, se quite relevancia a otros importantes, se unifiquen varios en uno sólo o Flanagan asesine con una resolutividad heredera de la del mismo Kubrick en El Resplandor a un puñado que en las páginas sobrevivían en el desenlace de la historia. Pero como hemos mencionado Mike Flanagan sale airoso de la acometida ofreciendo un libreto sólido, metódico y con el don de dosificar adecuadamente los pasajes de terror o acción cuya única misión es enriquecer lo que realmente se revela como un drama, algo que ya llevó a cabo el realizador con la citada The Haunting of Hill House utilizando los resortes propios del género al que se adscribía para envolver un trabajo haciéndose fuerte al tomar como epicentro las emociones de los criaturas ficcionales que poblaban su microcosmos.




Otra seña de identidad de Mike Flanagan que cristalizó al 100% en su adaptación de la novela de Shirley Jackson para Netflix es su sobrado talento como director de actores. En Doctor Sueño también asistimos a su buena mano con un reparto que, es justo mencionarlo, sabe hacer su trabajo de manera harto profesional incluyendo unos secundarios perfectamente elegidos. Ewan McGregor es tan indentificable con algunos papeles icónicos de su carrera, como el Obi Wan Kenobi de Star Wars o el Mark Renton de las dos entregas de Trainspotting, que en ocasiones no es fácil asimilar su labor en otros roles por muy buen trabajo que el intérprete escocés lleve a cabo. Por suerte en Doctor Sueño sabe insuflar fuerza y vulnerabilidad a un Danny Torrance muy cercano al de la versión literaria. Pero a nivel de interpretación es Rebecca Ferguson la revelación de la película convirtiendo a Rosie the Hat no sólo en una villana memorable moviéndose entre la fascinación y la repulsa, sino también la mejor extrapolación de un personaje del relato de King al medio cinematográfico en el que se aunan el brillante tratamiento desde la escritura y la superlativa labor de la actriz británica a la hora de meterse en la perversa y atractiva piel de la líder del Nudo Verdadero. Dentro del triángulo de protagonistas el vértice más endeble es la joven Kyliegh Curran, esforzada como Abra Stone, pero necesitada de muchas tablas todavía para ofrecer su mejor perfil en pantalla.




En esta nueva etapa dorada de las adaptaciones de novelas de Stephen King en las que han vuelto a lo grande, tanto en pantallas cinematográficas como en las plataformas digitales de pago, después de años vagando sin rumbo fijo entre los estrenos directos al videoclub o las tv movies y en el que ya hemos podido disfrutar, o sufrir, producciones como las dos entregas de It, La Torre Oscura, 1922, la serie de La Niebla o la ya referenciada El Juego de Gerald esta Doctor Sueño destaca como una de las mejores muestras de dicho periodo. Un producto que consigue congraciar a los fans de la novela que adapta y a los de la versión cinematográfica de El Resplandor ofreciendo una película de terror que elude transitar los lugares comunes más afines a dicho género con inteligencia y profesionalidad. Desgraciadamente ni la destacable labor de Mike Flanagan con el guión y la dirección o la entrega del reparto han podido evitar que Doctor Sleep no haya rendido en la taquilla internacional lo esperado, denotando así su naturaleza de rara avis dentro del terror que cada vez ofrece productos más acomodaticios y de consumo rápido mientras da de lado a piezas tan estimables como la que nos ocupa, más propensa a exigir al espectador que ha reconfontarlo por medio del artificio y lo rudimentario.


sábado, 28 de diciembre de 2019

El Resplandor (1997)



Título Original Stephen King's The Shining (1997)
Director Mick Garris
Guión Stephen King, basado en su propia novela
Reparto Steven Weber, Rebecca De Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Wil Horneff, Elliott Gould, John Durbin, Stanley Anderson, Pat Hingle, Cynthia Garris, Mickey Giacomazzi, Tomas Herrera, Tim Perovich


En el año 1997 el escritor Stephen King y el director Mick Garris ya habían colaborado estrechamente en dos adaptaciones de los textos del autor de Rabia o La Larga Marcha. Primero lo hicieron con Sonámbulos, una novela inacabada de King convertida por él mismo en el guión original sobre el que se sustentó esta cinta de terror centrada en una madre (Alice Krige) y su hijo (Richard Krause) pertenecientes a una estirpe de criaturas con aspecto felino y practicantes de incesto que se alimentaban de la energía vital de los seres humanos, concretamente de la de Tanya (Mädchen Amick). Se trataba de una cinta violenta, alocada y anárquica repleta de cameos de iconos del cine fantástico y de terror (Mark Hammill, Clive Barker, Tobe Hooper, Joe Dante, John Landis) muy denostada en su época, pero con notable encanto. Después aunaron fuerzas en un proyecto mucho más ambicioso como fue llevar a formato televisivo una de las novelas más descomunales del autor de Maine. Apocalipsis (The Stand) conoció una muy digna y competente traslación audiovisual a modo de miniserie de cuatro episodios. Gary Sinise, Molly Ringawald, Ray Walston, Laura San Giacomo, Ruby Dee, Ossie Davis, Miguel Ferrer, Corin Nemec, Matt Frewer, Rob Lowe o un inolvidable Jamey Sheridan en la piel del diabólico Randall Flagg ofrecieron una fiel versión del extenso libro que, una vez más, King se ocupó de adaptar para la pequeña pantalla. De manera que para entonces la relación personal y profesional de ambos autores estaba más que afianzada.




El buen feeling entre la pareja y, sobre todo, lo contento que King quedó con la miniserie de Apocalipsis seguramente fueron los motivos por los que el novelista depositó en Garris la responsabilidad de dirigir otra miniserie para el medio televisivo, en esta ocasión una convertida en deuda pendiente para el marido de Tabitha King. El Resplandor, su famosa novela adaptada, de manera muy sui generis, por el gran Stanley Kubrick y tansformada en un clásico del cine de terror iba a conocer una nueva versión a manos de su propio creador con el respaldo de Warner Bros, poseedora de los derechos del célebre trabajo literario. Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd iban a ser sustituidos por Steven Weber (Por Trece Razones) Rebecca de Mornay (Jessica Jones) y Courtlan Mead (Hellraiser 4) a los que sumarían Melvin Van Peebles, Elliot Gould, Pat Hingle, Stanley Anderson o John Durbin entre otros. De todos ellos el trabajo más complicado lo tenía Weber, ya que debía afrontar el desafío de interpretar a un personaje al que en su primera encarnación le dio vida un titán como Jack Nicholson, pero a eso volveremos un poco más tarde.




Uno de los primeros síntomas que convertían esta nueva versión de la famosa novela en una obra en la que King tenía todo el control creativo es que su nombre acompañaba al título de la miniserie. Stephen King’s The Shining se ceñía tanto a lo acontecido en el libro original que hasta el Overlook utilizado en su producción es el Hotel Stanley de Estes Park, Colorado, el auténtico edificio que inspiró a King a la hora de escribir la historia de la famila Torrance y cuya fachada es usada para los planos exteriores de esta nueva El Resplandor. Tomando como partida ese detalle de vital importancia King escribió un guión dividido en tres partes, porque ese era el número de episodios del que constaba la miniserie, en el que recuperaba todo aquello que Stanley Kubrick había desechado para su película de 1980 convirtiendo así esta nueva adaptación en un trabajo escrupulosamente fiel a la palabra escrita, con todo lo bueno y malo que ello implica. Una vez el libreto estaba listo Mick Garris, sus actores y el equipo técnico se pusieron manos a la obra con el rodaje.




La versión de 1997 de El Resplandor es un producto meritorio en no pocos aspectos y eso que fue gestado y estrenado poco antes de que series como Oz o Los Soprano, ambas de HBO y por tanto también de Warner Bros, dieran el pistoletazo de salida a lo que hoy se conoce como la Nueva Edad Dorada de la ficción televisiva estadounidense. Desde el minuto uno se percibe el dinero invertido por los productores para llevar a buen puerto el deseo de Stephen King de realizar la adaptación más fiel posible de su propia novela. Los tres episodios en los que se divide el proyecto suman unas cuatro horas de metraje que en ningún momento se hacen plomizas o aburridas y eso es gracia a la labor de un artesano curtido en mil batallas como Mick Garris. El creador de Masters of Horror nunca ha facturado grandes producciones cinematográficas o televisivas, de hecho en no pocas ocasiones ha bordeado una más que contrastada mediocridad. Pero, de la misma manera que Frank Darabont entiende perfectamente la letra del autor de Maine a la hora de llevarla a la pantalla grande, Garris hace lo propio cuando es el medio televisivo el receptor de dicho material literario.




El director de Piscosis IV: El Comienzo ejecuta una labor encomiable detrás de las cámaras construyendo una clásica historia de casas encantadas apelando acertádamente a los lugares comunes propios del subgénero. La naturaleza sobrenatural del Overlook y los espíritus que en él habitan van haciéndose presentes de manera gradual, con un tempo bien dosificado aunque en ocasiones el director abuse del recurso de mover objetos cuando los personajes han abandonado el encuadre. Garris apela a una puesta en escena elegante y unos movimientos de cámara bien insertados que acrecientan la sensación de amenaza latente en el edificio supuestamente deshabitado. De su labor técnica sólo podemos desacreditar algunos recursos visuales como las apariciones de Tony levitando, que más que aterrar incitan a la risa, o lo obsoletos que han quedado los efectos digitales, ya bastante pobres cuando se estrenó la miniserie, por suerte no muy abundantes a lo largo del metraje. Más allá de eso y teniendo en cuenta las limitaciones conceptuales y narrativas que la pequeña pantalla proporcionaba por aquel entonces a sus autores Garris cumple su cometido de manera harto profesional.




El guión de Stephen King no deja nada en el tintero con respecto a la novela. Aquí profundizamos adecuadamente en los problemas de alcoholismo de Jack Torrance, en su truncada carrera como escritor y los episodios de malos tratos que protagonizó en el pasado volviendo cuando el Overlook comienza a dominar su psique. La mala relación del protagonista con Stuart Ullman, que no quiere a un “borracho” cuidando de su valioso hotel, la importancia capital en la trama de la caldera averiada que finalmente hará explotar el edificio o la relevancia de un personaje como Horace Derwent, el pervertido dueño del hotel, son muchas de las señas de identidad de la novela original que King consideraba necesarias para llevar a cabo una fiel traslación de la misma. Como es lógico hablamos de un producto para la televisión en abierto y por mucho que su calificación moral la convierta en una miniserie dirigida al público adulto esa personalidad sórdida, visceral y enfermiza que rara vez es llevada al medio audiovisual cuando se adaptan los escritos de King tampoco hace acto de presencia aquí aunque Mick Garris no escatima violencia e incluso cierto sadismo a la hora de ejecutar los pasajes en los que Jack Torrance trata de asesinar a su familia.




En cuanto al reparto un servidor opina que Steven Weber compone un Jack Torrance ejemplar, no sólo más cercano al de la novela de King, sino también alejado radicalmente del interpretado por Jack Nicholson en 1980. Evidentemente sería de necios comparar las dotes interpretativas de ambos actores, porque el protagonista de Infiltrados (The Departed) devoraría impunemente a su oponente. Pero es un hecho que la composición de Weber sí muestra de manera clara y gradual la caída en la locura de un buen hombre superado por los acontecimientos y con la sombra del alcoholismo siempre sobrevolándole. Su inmersión en el papel es cada vez más intensa y cuando su personalidad finalmente deriva en un homicida cuya única intención es matar a su mujer y entregar su hijo a los espíritus del Overlook da lo mejor de sí mismo. Para el que suscribe Steven Weber es lo mejor de esta versión de El Resplandor y siempre he lamentado que a un profesional con tanto talento como él nunca le hayan ofrecido un papel protagonista con el que pudiera demostrar su valía. Como muchos otros actores que han interpretado a personajes nacidos de la literatura del autor de La Niebla Weber reincidió apareciendo en las adaptaciones de Desesperación, de nuevo bajo las órdenes de Mick Garris, y en un episodio de la serie de televisión inspirada en la recopilación de relatos Pesadillas y Alucinaciones.




Rebecca De Mornay da la réplica muy dignamente a Steven Weber componiendo una Wendy Torrance que también se acerca a la retratada por Stephen King en la novela original asumiendo un rol mucho más activo a la hora de defender la integridad física y psiológica de su hijo, Danny, frente a los arrebatos parricidas de su esposo. La nota negativa la pone el pequeño Courtland Mead, un repelente niño de voz irritante que a pesar de poner todo su esfuerzo por resultar creíble sólo transmite al espectador una terrible sensación de rechazo que casi nos hace desear su no supervivencia a la encrucijada familiar en la que se ve envuelto. Veteranos como Melvin Van Peebles, Elliot Gould o Pat Hingle o Stanley Anderson entre otros completan un reparto muy competente con caras conocidas del cine y la televisión. Como en otros producciones de Mick Garris, estén o no adaptadas de novelas de King, tenemos varios cameos entre los que podemos distinguir las caras de Sam Raimi, Frank Darabont, los mismos Garris y King o la inconfundible voz de Miguel Ferrer al que los fans irredentos de Twin Peaks siempre recordaremos como el inolvidable agente del FBI Albert Rosenfield.




Como era de esperar la vendetta personal de Stephen King contra Stanley Kubrick se resolvió con una clara victoria de este último, porque como dicta la lógica la versión del director de Senderos de Gloria o Barry Lyndon, a pesar de sus numerosas y molestas licencias con respecto al libro, está a años luz de la ideada por el escritor y su amigo Mick Garris. Con todo un servidor sigue recomendando encarecidamente esta más que competente miniserie de 1997 con la que podemos acercarnos a una perspectiva mucho más fiel a la fuente literaria original aunque su calidad como producto audiovisual no se adentre en ningún momento en los terrenos de lo excepcional y esté rematado con un innecesario y lacrimógeno epílogo. La colaboración entre Stephen King y Mick Garris continuó con nuevas traslaciones de sus textos al medio televisivo como más miniseries y tv movies tomando inspiración en trabajos del autor de Maine como Desesperación, Riding the Bullet o Un Saco de Huesos. Contra todo pronóstico esta no fue la última vez que el cine o la televisión recibieron la visita de algún miembro de la famulia Torrance. Porque en el presente 2019 Mike Flanagan se ocupó de adaptar a la pantalla grande Doctor Sueño, la secuela literaria de El Resplandor publicada por King seis años antes y de ella también hablaremos.


viernes, 27 de diciembre de 2019

El Resplandor (1980)



Título Original The Shining (1980)
Director Stanley Kubrick
Guión Diane Johnson y Stanley Kubrick, basado en la novela de Stephen King
Reparto Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd, Scatman Crothers, Barry Nelson, Philip Stone, Joe Turkel, Lia Beldam, Billie Gibson, Barry Dennen, David Baxt, Manning Redwood, Lisa Burns, Alison Coleridge, Norman Gay


Aunque en 1980 ya llevaba casi treinta años de prestigiosa carrera a sus espaldas y había coqueteado con distinto tipo de géneros como el noir, la comedia, el drama, el peplum, la ciencia ficción, la distopía, el cine de época o el bélico era el terror la asignatura pendiente de Stanley Kubrick, mítico cineasta estadounidense afincado en Reino Unido. John Calley, ejecutivo de Warner Bros, envió a Kubrick pruebas de imprenta de lo que en un futura iba a ser El Resplandor, la tercera novela de Stephen King, y fue en ese momento cuando decidió acometer el proyecto de llevarla al medio cinematográfico. Después de rechazar una versión del guión escrita por King, con el que mantuvo poco contacto y no precisamente con buenos resultados, Kubrick comenzó a elaborar un libreto junto a Diane Johnson, profesora de literatura gótica que consideraba la novela del autor de Maine poco menos que una mediocridad, y cuando lo tuvieron acabado la maquinaria de Hollywood se puso en marcha. Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd interpretarían a la familia Torrance y Scatman Crothers o Barry Nelson darían vida a roles secundarios como Dick Halloran y Stuart Ullman, cocinero jefe y director del hotel Overlook, respectivamente. El rodaje se llevó a cabo, principalmente, en los estudios Borehamwood, de MGM, en Hertfordshire, durante poco más de un año y a lo largo del mismo se extendió, más que nunca, la fama de tirano de Kubrick cuando se sumergía en la producción de una de sus obras. Los exteriores, centrados exclusivamente en la fachada real del hotel y sus inmediaciones, estaban localizados en los estados de Montana y Oregón.




La trama de El Resplandor es por muchos conocida, pero a grandes rasgos se centra en Jack Torrance, su mujer Wendy, el hijo de ambos, Danny, y el invierno que pasaron en el hotel Overlook en el que el primero debía ejercer de vigilante mientas las instalaciones del inmueble estaban cerradas al público. Allí los fantasmas del hotel se interesan por el poder extrasensorial de Danny y utilizan al inestable Jack, con problemas de alcoholismo y arrebatos violentos, para conseguir su cometido. Con este punto de partida inspirado en la novela de King, pero bastante alejado de la misma, como mencionaremos más adelante, Stanley Kubrick volvía a facturar uno de esos trabajos cinematográficos con los que marcaba un punto de inflexión en el género al que estos se adscribían. Pero los primeros pasos de El Resplandor no fueron los esperados, ya que la tibia acogida en la taquilla estadounidense incitó al cineasta y a los directivos de Warner Bros a aligerar el montaje del film que pasaba de los 144 minutos del corte original a los 114 del internacional, perdiendo unos treinta minutos de metraje que hacen la película más compacta y rica en matices, sobre todo en lo referido al alcoholismo del protagonista y los problemas psicológicos de su hijo. Un servidor recomienda, a quien no lo haya hecho, visionar esta versión de El Resplandor, mucho más completa y satisfactoría que la conocida en el resto del mundo.





Como era de esperar la incursión en el cine de terror por parte de Stanley Kubrick iba a ser de todo menos convencional. El Resplandor elude en todo momento el susto fácil o el jumpscare de baratillo y se adentra en terrenos psicológicos gracias al tono cuasi onírico que el director insufla a su puesta en escena. Con la indispensable ayuda de la inquietante e inmersiva banda sonora de Wendy Carlos y Rachel Elkind la atmósfera el autor de La Naranja Mecánica o Lolita mezcla la habitual meticulosidad y simetría, tanto visual como narrativa, propia de su impronta con un continuo y gradual in crescendo de tensión desembocando en la recta final del metraje con el personaje de Jack Torrance convertido en un maníaco homicida. Como suele ser habitual en la filmografía de Kubrick cada plano, cada movimiento de cámara, cada gesto de sus actores estaba medido al milímetro y si tenía que hace repetir a estos últimos más de cien veces una secuencia lo ejecutaba sin miramiento alguno. En lo referido a la realización del film destaca el, por aquel entonces, revolucionario uso de la steadycam, una cámara con estabilizador novedosa para la época con la que podíamos seguir los trayectos del pequeño Danny recorriendo las entrañas del Overlook montado en su triciclo.




Kubrick acomete la labor de adaptar la novela de Stephen King apelando a su conocido distanciamento emocional convirtiéndose normalmente más en un entomólogo o un demiurgo que en un autor totalmente implicado en la deriva existencial de sus criaturas. En muchas ocasiones a lo largo de la filmografía del norteamericano los actores han sido utilizados como un mero nexo entre su discurso y el espectador, aunque eso no es obstáculo para que fuera un maestro a lo hora de exprimirlos hasta lo insano con la misión de sacar lo mejor de ellos mismos. Esta asepsia conceptual no exenta de verismo ofrece al relato una pátina de gelidez capaz de acrecentar la sensación de claustrofobia y desasosiego sobre la que este se construye. Kubrick no siente compasión por sus personajes, el final de Dick Halloran tras su enorme esfuerzo por ayudar a los Torrance sería una buena muestra de ello, pero consigue guiarnos con pericia por la desgraciada situación de sus personajes haciéndonos temer por su integridad psicológica y física mientras el aumento gradual de las situaciones terroríficas se apoderan del metraje con un clímax final a más escala que el resto del film, pero siempre medido al milímetro por su máximo responsable.




Pero como ya hemos apuntado los actores elegidos por Stanley Kubrick para participar en sus producciones siempre estaban brillantes cuando trabajaban bajo su batuta y ahora nos centraremos en la labor del trío principal sobre el que recae el peso de la narración. En el caso de Jack Nicholson, ya por 1980 habiendo ganado el primero de sus tres Oscars, poco tendría que decirle nadie, por muy cineasta de prestigio que fuera, para hacer adecuadamente su trabajo. Pero hubo una soberbia conexión entre director y actor cuyo trabajo conjunto alumbró una de las interpretaciones más icónicas de la historia del cine de terror. El Jack Torrance de Nicholson tiende a lo largo de metraje al exceso y a cierta sobreactuación, pero su inmersión el papel es tan impresionante que se adecúa perfectamente a la historia narrada. Esa buena relación entre el director de Espartaco y el protagonista de Chinatown no se dio con Shelley Duvall, actriz curtida en la filmografía de Robert Altman elegida para dar vida a Wendy Torrance. Una escena en el making of de El Resplandor, rodado por una de las hijas de Kubrick, con la intérprete mostrando cómo se le caía el pelo en grandes cantidades por culpa del estrés dice mucho más del calvario sufrido que cualquier mención que pueda hacer un servidor, aunque el resultado finalmente fuese de nota. Danny LLoyd, que no se prodigó mucho más en el mundo de la interpretación, también ejecuta una excelente labor como el pequeño y avispado hijo del matrimonio Torrance.





Abordando la interpretaciones del reparto y centrándonos en la de Jack Nicholson vamos a adentrarnos en las notables diferencias entre la novela de Stephen King y la adaptación de Stanley Kubrick. Una de las críticas más conocidas del novelista de Maine hacia el film era precisamente referida a la labor de su protagonista. King, no sin razón, afirmaba que el actor de Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco parecía un hombre perturbado desde los primeros compases del largometraje, de manera que esta decisión hacía mucho menos orgánica su personal caída bajo la influencia del hotel Overlook. También se quitaba relevancia al alcoholismo de Jack Torrance, de hecho en el montaje internacional casi ni se menciona, cuando era el tema sobre el que se construía el libro. Así como sobre la caldera que necesitaba ser purgada y que finalmente hacía volar el edificio por los aires, apareciendo aquí en una sola escena y sin mostrar ningún tipo de tratamiento especial por parte de sus responsables. Algunas diferencias más, además del final, serían la muerte de Dick Halloran, presente en el film pero no en la novela, la mala relación entre Jack y Sutart Ullman, ausente en la versión de Stanley Kubrick, o la sustitución del mazo de “Croquet de Denver” por el hacha utilizada por el protagonista son varias de ellas y nuevamente muestran lo notablemente alejado que está el trabajo del realizador de la novela de su compatriota.




Convertida no muchos años después de su estreno en un clásico dentro del género y siendo motivo de cientos de especulaciones y teorías (que nadie se pierda el conspiranóico, sensacionalista y alucinado documental Room 327) El Resplandor es una obra maestra que, paradójimacamente, queda lejos de pertenecer a las mejores película nacidas de la impronta de Stanley Kubrick. Un servidor la descubrió en su fervor por todo lo relacionado con Stephen King, independientemente de si eran novelas o adaptaciones al medio audiovisual de las mismas, y llegué a verla una veintena de veces que han aumentado con el paso de los años. Pasajes como la sangre manando en cascadas del ascensor, Jack Nicholson y su hacha destrozando la puerta tras la que esconden su mujer e hijo con el ya mítico “Here’s Johnny" que el actor improvisó, la aparición de las gemelas, lo que acontece en la habitación 327, la persecución final en el laberinto nevado o el último y ambiguo plano ayudaron a construir una producción incontestable que confirmaba, por enésima vez, que Stanley Kubrick era uno de grandes maestros de la historia del séptimo arte. Stephen King pareció ser de los pocos en desacuerdo con la merecida fama ganada por El Resplandor y por ello diecisiete años después decidió ofrecer su “propia versión” en imagen real inspirada de su novela. Pero esa ya es otra historia.


lunes, 22 de abril de 2019

Cementerio de Animales



Título Original Pet Sematary (2019)
Director Dennis Widmyer y Kevin Kölsch
Guión Matt Greenberg y Jeff Buhler, basado en la novela de Stephen King
Reparto Jason Clarke, John Lithgow, Amy Seimetz, Jeté Laurence, Hugo Lavoie, Lucas Lavoie, Naomi Frenette, Alyssa Brooke Levine, Maria Herrera, Obssa Ahmed, Bailey Thain





Aunque desde mediados de los 70 han sido cientos las adaptaciones cinematográficas y televisivas de obras literarias de Stephen King es desde hace un par de años cuando estas se suceden en cascada. El descomunal éxito de la nueva versión de It, el interés de plataformas como Netflix por la producción literaria del escritor de Maine con films como El Juego de Gerald y 1922 o la llegada de nuevas series como Mr Mercedes, La Niebla, 22.11.63 o Castle Rock dan buena muestra de la excelente salud de las traslaciones audiovisuales de los libros del autor de Rabia o La Mitad Oscura. A eso habría que sumar un King cada vez más benévelo a la hora de dar opinión de estos proyectos (recordemos sus buenas palabras hacia la fallida La Torre Oscura), sabiendo que la publicidad amable como compañera de los mismos juega también a su favor, y quedando así lejano en el tiempo aquel Stephen con predisposición a poner de vuelta y media piezas como El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980), Los Chicos del Maiz (Fritz Kiersch, 1984) o El Cortador de Césped (Brett Leonard, 1991) o llegando incluso a implicarse como productor o guionista en varias de ellas. Pero sería la soberbia versión de It a manos del argentino Andrés Muschietti la que abriría la puerta a una nueva ola de revisiones de libros de King conocedores de anteriores visiones para la pantalla grande y pequeña. Debido a ello el pasado año saltaba la noticia del desarrollo de una nueva película basada en Cementerio de Animales, que vería la luz 30 años después de la anterior adaptación.





La dirección fue asignada a Kevin Kolsch y Dennis Widmyer, cineastas curtidos en el género y habituales colaboradores en films como Starry Eyes o series como Scream, basada en la saga de culto ideada por Wes Craven y Kevin Williamson. Del guión se encargan Matt Greenberg (1498, Halloween H20) y Jeff Buhler (Nightflyers, The Prodigy) basándose, lógicamente, en la novela de Stephen King. El reparto está formado por Jason Clarke (Terminator: Génesis), Amy Seimetz (Alien: Covenant), John Lithgow (El Origen del Planeta de los Simios), Jeté Laurence (El Muñeco de Nieve) y los gemelos Hugo y Lucas Lavoie incursionando en su doble debut cinematográfico. Tras su paso por el Festival SXSW (South by Southwest) a finales del mes de marzo los elogios hacia le película se sucedieron tildándola de aterradora y una de las mejores producciones de lo que llevamos de 2019. Ya en el mes de abril con su paso por la cartelera estadounidense las reseñas de la prensa especializada se revelaron notablemente más tibias, algo que se acerca más a la realidad.




Durante su primera mitad Cementerio de Animales es una prototípoca cinta adscrita a la vertiente más contemporánea del género de terror. Se trata de un producto manufacturado con inexistente personalidad y una propensión por el ritmo acelerado cuya intención es impedir que haya un sólo pasaje a lo largo del film en el que no suceda algo impactante para atraer la atención del espectador. Esta delectación por el efectismo gratuito sustentado en paupérrimos jump scares a base de golpes de banda sonora anula casi toda posibilidad de progresión dramática o desarrollo adecuado de los perfiles de los personajes. Pareciera somo si Kevin Kolsch y Dennis Widmyer desearan quitarse pronto de en medio el “peaje” que supone rodar las escenas de interactuación entre sus protagonistas, de vital importancia para crear empatía con ellos, y así “pasar a la acción”. De esta manera, con el escaso bagaje añadido a los roles principales o lo mal definidas que están las relaciones afectivas entre los mismos, cuando empiezan a sucederse los hechos trágicos relacionados con los Creed resulta una ardua tarea identificarnos con ellos o sus traumas.




La apatía en una puesta en escena falsamente malsana y enfermiza, los sustos de baratillo eclipsando los pocos realmente efectivos o el triste trabajo con los personajes hacen que esa primera mitad del largometraje sólo pueda sustentarse en su pericia para que su naturaleza formulaica no aburra en casi ningún momento al espectador. Pero justo cuando pasamos el ecuador del metraje y acontece el accidente en la carretera, una de las secuencias más decentes del proyecto, Cementerio de Animales comienza a desangrarse profusamente hasta su final. La decisión de que en esta nueva versión sea Ellie, y no Gage, la que muera atropellada por el camión y posteriormente resucite mediante su entierro en el cementerio Micmac a manos de su padre no tendría porque ser una mala elección siempre que los guionistas supieran abordar con acierto el material y añadieran a este hallazgos que sustituyeran todo lo deshumanizador y terrible que había en ver a un niño de dos años convertido en un muerto viviente antropófago y homicida. El problema es que Matt Greenberg y Jeff Buhler dan muestra de una ineficacia total a la hora de realizar ese intercambio de roles entre Ellie y Gage, alumbrando como resultado un desastre mayúsculo.




En el mismo momento en el que Ellie vuelve a la vida y comienza a hacer vida normal con su padre Cementerio de Animales deja de ser una película de terror rudimentaria para, en no pocas ocasiones, abrazar el ridículo. Los pasajes en los que Louis intenta, sin éxito, que su hija vuelva a ser la de antes de su fallecimiento se adentran en terrenos de la comedia involuntaria como puede verse en el del ballet, el baño o la noche en la que duermen juntos. Aquel hombre destrozado por la pérdida de su hijo viendo volver a este como una aberracción inhumana por su propia imprudencia y egoismo que encontrábamos en la novela de Stephen King o la primera película de Mary Lambert queda reducido aquí a un desubicado progenitor interactuando con una primogénita más parecida a una precoz toxicómana que a un muerto en vida. El penoso y escaso maquillaje que acompaña a la actriz adolescente o el exceso de diálogo tampoco ayudan a hacer creíble o coherente un tercer acto en el que las arbitrariedades, los giros pueriles de guión y las situaciones sonrojantes desfilan en sesión continua por la pantalla hasta su penoso remate final, una vez más incitándonos irremisiblemente a la carcajada por culpa de su resolutividad insustancial e innecesaria.




Por desgracia la ya mencionada apatía o el tono desangelado de la dirección y la escritura es extensible a la labor del reparto. Jason Clarke es un actor al que guardo cierta estima por sus excelentes trabajos en La Noche Más Oscura (Zero Dark Thirty) o El Amanecer del Planeta de los Simios, pero, a pesar del esfuerzo, su Louis Creed queda lejos de cumplir su cometido como núcleo dramático de la historia. Amy Seimetz por su parte parece totalmente desubicada con su personaje, como si por mucho que lo intentara este quedara fuera del relato adquiriendo un tono más testimonial que protagónico, aun contando con muchos minutos de metraje. Como era de esperar John Lithgow es el que sale mejor parado del casting y no precisamente porque la versión de Jud Crandall que ponen los guionistas y directores en sus manos sea merecedora de mucho elogio, pero el veterano actor de Dexter o En Nombre de Caín sabe salir airoso del envite. Hace un momento mencionábamos lo fallida que es la elección de Ellie como el personaje clave de la historia con respecto a su regreso de entre los muertos, enorme carencia de la que también es responsable el insuficiente trabajo de Jeté Laurence. La pequeña actriz no resulta creíble en ningún momento, haciéndonos echar mucho de menos al inmenso Miko Hughes que con una década menos de edad ejecutó una labor inmensamente más destacable que la de ella treinta años después.




Cementerio de Animales es una aproximación fallida a la novela de Stephen King. Lo es como adaptación de dicho trabajo literario y como largometraje, mostrando inexcusables carencias tanto en uno como en otro aspecto. Aunque nunca llega a abandonar el pedregoso terreno de la mediocridad el interés que podían haber ofrecido sus primeros cincuenta minutos de metraje se despeñan por un insalvable barranco en los cincuenta restantes por culpa de los declamatorios fallos ya mencionados y enumerados. Por lo tanto para un servidor esta nueva Pet Sematary no puede adscribirse a la lista de adaptaciones actuales de libros de Stephen King por las que merece la pena pagar la entrada del cine. Podemos salvar los pasajes protagonizados por Zelda, algún momento truculento, ciertas virtudes dentro del diseño de producción, el medido uso de los efectos digitales o el score del veterano de Christopher Young, pero más allá de eso poco o nada más. Los directores (parece ser que ya inmersos en la preproducción de Mamá 2, la exitosa cinta producida por Guillermo del Toro y dirigida por Andrés Muschietti) han mostrado su interés por rodar una precuela para narrar con ella el origen del célebre cementerio Micmac colindante al de mascotas. Esperemos que si deciden hacerlo el resultado sea algo más estimulante que el de esta olvidable nueva visión audiovisual de la célebre novela del marido de Tabitha King.



domingo, 21 de abril de 2019

Cementerio Viviente 2, de entre los muertos



Título Original Pet Sematary Two (1992)
Directora Mary Lambert
Guión Richard Outten, basado en personajes de Stephen King
Reparto Edward Furlong, Anthony Edwards, Clancy Brown, Darlanne Fluegel, Lisa Waltz, Jared Rushton, Sarah Trigger, Jason McGuire, Jim Peck, Lucius Houghton





Cuando Cementerio Viviente llegó a las carteleras de medio mundo se convirtió en un notorio y rentable éxito de taquilla. Mientras su presupuesto superaba a duras penas los 11 millones de dólares fueron 57 los recaudados por la cinta durante su vida comercial, a los que habría que sumar unos cuantos más cuando llegó a los, por aquel entonces, todavía muy lucrativos videoclubs. Evidentemente en Paramount Pictures tomaron buena nota de estas cifras y decidieron ponerse lo antes posible con una secuela y para ello volvieron a solicitar los servicios de Mary Lambert. La idea de la cineasta era centrar la segunda parte en Ellie Creed, la única superviviente de la primera película, pero los productores mostraron su negativa imponiendo a un actor adolescente varón como protagonista. Un Edward Furlong quinceañero que venía de romper todos los récords de recaudación con Terminator 2: El Juicio Final, el mayor éxito de su triste carrera, se convirtió en el personaje principal de Cementerio Viviente 2. Stephen King, escritor del guión del film original, se desentendió de una secuela con la que estaba en total desacuerdo y su lugar lo ocupó Richard Outten, venido de escribir la adaptación cinematográfica animada de Little Nemo o la fantasía épica Lionheart para el veterano Franklin J. Schaffner. Anthony Edwards (Urgencias) Clancy Brown (Carnivàle), Lisa Waltz (Fear the Walking Dead: Flight 462), Jared Rushton (El Misterio de la Dama Blanca) o el efímero Jason McGuire completan el reparto encabezado por el actor de American History X.




Aunque conociera estreno en salas Pet Sematary Two es un genuino ejemplar de “direct to video”. Una de esas paupérrimas secuelas inferiores, en casi todos los aspectos, a sus predecesoras aunque en algunos casos, como el que nos ocupa, contaram con un presupuesto más holgado que el de su hermana mayor. Esta segunda parte se desvincula totalmente de lo acontecido en la primera utilizando personajes nuevos, sólo mencionando en varias ocasiones a los de la cinta primigenia, y manteniendo como único vinculo con aquella el cementerio de animales y el de los indios Micmac, debido a que su acción se desarrolla en la misma localidad de Maine. El resultado es un producto de una contrastada mediocridad en el que desparecen de una tacada todas las decisiones acertadas por parte de Mary Lambert a la hora de abordar su labor como realizadora o en el que se nota demasiado la ausencia de Stephen King en la escritura y eso que no podemos confirmar al autor de Desesperación o Dolores Claiborne como un gran guionista para el medio cinematográfico o televisivo. Todo lo que podía salir mal en Cementerio Viviente 2 se confirmó casi en su totalidad y si bien es cierto que el resultado no clama al cielo sí es bastante fallido.




El guión trata de emular la estructura del de King para la anterior película intentando incluso añadir un poso dramático con la muerte accidental de la madre y esposa de los dos protagonistas principales, los ya citados Edward Furlong y Anthony Edwards, pero su ejecución es deficiente quedando lejos de la desgarradora defunción del pequeño Gage que destruía la vida de la familia Creed. Por otra parte poco o nada se contextualiza o explica acerca del cementerio de animales o el poder latente bajo el de los indios Micmac, cuando en la obra de 1989 se convertían en casi dos personajes más del relato. Aquí los protagonistas comenten la continua temeridad de llevar a personas y mascotas a aquellas inmediaciones para volver estos a la vida como muertos vivientes con propensión a la violencia y la perversión, quedando claro con el personaje del sheriff Gus interpretado por Clancy Brown, y a eso se reduce todo en lo referido a dichas localizaciones. Reiteración, subrayado, caos a la hora de construir un relato cohesionado y el poco respeto por la continuidad establecida con la primera Pet Sematary hacen el resto para convertir la escritura de esta secuela en un cúmulo de arbitrariedades, agujeros de guión y decisiones del todo desacertadas.




Todos aquellos que aventuraran antes del estreno de Cementerio Viviente en 1989 que poner a una directora de videoclips al frente de una adaptación de la novela de Stephen King iba a convertir la película en un desfile de efectismos visuales y estética sobrecargada erraron el tiro. Pero tres años después posiblemente se frotaron las manos y sonrieron malévolamente con la llegada de su secuela. Cementerio Viviente 2 carga con todos los tics y vicios propios del mundo de la publicidad y los clips musicales. Ciertamente a lo largo del metraje pueden verse todavía retazos de una directora conocedora de los resortes del género, pero el look visual exageradamente iluminado, la influencia de la, por aquel entonces en auge, estética grunge y una total ausencia de solidez a la hora de recuperar la atmósfera mórbida y herética de la primera Pet Sematary convierten este nuevo episodio en una pieza ineficaz de estéticismo alarmantemente anticuado y sordidez impostada. La cinta añade muchos más pasajes sanguinolentos que su predecesora, pero estos están expuestos en pantalla con menos truculencia de la exigida y una notable desgana por parte de su máxima responsable.




Al reparto tampoco podemos regalarle demasiados elogios. Edward Furlong interpreta un papel bastante parecido al del John Connor de la película de James Cameron, mostrando unas limitadas dotes interpretativas que sólo serían verdaderamente explotadas dentro de films como American Heart, aquel mismo año, Little Odessa, bajo las ordenes de un ya prometedor James Gray, o la ya mencionada American History X. De hecho su labor es tan poco destacable que hasta Jason McGuire o Jared Rushton, que interpretan a su amigo y principal rival respectivamente, consiguen resultar más creíbles de cara al espectador que él. Sólo dos nombres destacan minimamente en el cast y estos son los de Anthony Edwards y Clancy Brown. El primero por la integridad y entereza que definen a su personaje y el segundo por transmitir a la platea lo mucho que debió divertirse dando vida a su perverso secundario. Especial mención, para mal, a los tres estereotipados, pobres y meramente testimoniales roles femeninos de la película interpretados por unas Darlanne Fluegel, Lisa Waltz y Sarah Trigger incapaces de sacar demasiado partido a sus criaturas. Triste afirmación esta si tenemos en cuenta que el proyecto cuenta con una mujer como realizadora y para más escarnio habiendo hecho una buena labor como directora de actores en la primera película.




Cementerio Viviente 2 es una insípida Serie B, menos gamberra de lo que se cree, pésima como continuación de su predecesora y penosa a la hora de capturar algún resquicio de la esencia de la novela de Stephen King a la que obvia casi en su totalidad. En su descargo podemos decir que no aburre y contiene algún pasaje bien rematado por Mary Lambert, pero la sensación imperante es la de producto totalmente innecesario y mal planteado desde su misma génesis. Esta secuela a día de hoy está tan olvidada que no son pocos los espectadores desconocedores de su existencia, algo acontecido incluso con aquellos que disfrutaron la primera entrega. Como es lógico tras su estreno la franquicia exhaló su último hálito de vida y a pesar de ser masacrada por la crítica el film tuvo una decente vida comercial en los videoclubs, el medio en el que debería haber nacido, en el caso de no haber podido evitar dicho alumbramiento. Por desgracia, con Pet Sematary Two borrada casi totalmente de nuestra mente, Paramount Pictures decide en el presente 2019 sumarse a la moda de los remakes o reboots volviendo a aquella tierra maldita en las inmediaciones boscosas de Maine y por desgracia el resultado no es muy superior al de la producción que acabamos de comentar en esta mismo apartado.