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lunes, 21 de septiembre de 2020

¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II...


Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Tony Jiménez
Formato Rústica
Páginas 602 páginas
Precio 22,95€

En septiembre de 2019 un servidor reseñó Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989), primera entrega de un ensayo dedicado a desgranar la obra literaria y cinematográfica centrada en el famoso autor nacido en Maine. Publicado por la editorial Applehead Team Creaciones y escrito por el novelista malagueño Tony Jiménez, abarcaba toda la carrera de Stephen King desde sus primeros pasos hasta finales de los años 80. Al término de aquella reseña confirmé que también publicaríamos una dedicada a la segunda y por ahora última parte del ensayo titulada ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019). En esta entrada analizaremos este nuevo episodio en el que no sólo se abordan los veinte años posteriores dedicados a los libros, largometrajes y series televisivas adheridas a la autoría del creador de Carrie o El Misterio de Salem’s Lot, también haremos parada en otros medios en los que Stephen King ha dejado una huella indeleble e incluso en su legado, asumido este por, entre otros, una persona perteneciente a su propia familia.

En la ya citada reseña dedicada a Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) mencionamos que la lectura de aquel primer ensayo se asemejaba a mantener una distendida, interesante y dinámica conversación con un fan irredento de King cuya misión es, no sólo acercarnos toda su bibliografía y filmografía, sino hacerlo de manera cercana para poner a disposición de todo tipo de lectores la vida y milagros de uno de los autores más importante de la literatura contemporánea. Por un lado ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) mantiene, e incluso mejora, esa constante establecida en el trabajo anterior, pero por otro Tony Jiménez añade a esta secuela capítulos nuevos que analizan el sello de Stephen King más allá de la página escrita o el fotograma filmado, haciendo que esta entrega se muestre más enriquecedora tanto en contenido como en conceptualidad, exigiendo profundizar más en la evolución de un profesional que en los años 90 sufrió un cambio notable con respecto al tipo de relatos que llevaba a cabo.

Ciertamente repasar el grueso de la obra de Stephen King durante los 90 es harto interesante ya que a lo largo de esos diez años la temática de sus obras cambió sustancialmente alejándose un poco del terror que cimentó su carrera y adentrándose en terrenos más cercanos al drama, la fantasía, la ciencia ficción e incluso la crítica social y política. Aunque, por otro lado, todos ellos han estado presentes, en mayor o menor mediada, en la impronta del novelista desde sus mismos inicios. Tony Jiménez es consciente de ello y en el repaso que realiza a los libros que cimentaron esta etapa de King incide en varias ocasiones en la evolución que supuso de cara a unos lectores que asistiendo a cómo piezas como El Resplandor, Cujo, Cementerio de Animales o Christine, adscritas a parámetros más ortodoxos del terror, dejaban paso a otras como Dolores Claiborne, El Juego de Gerald, Corazones en la Atlántida o las distintas entregas de la saga La Torre Oscura. Por consiguiente la disección de dichos trabajos es más profunda y minuciosa que en la primera parte del ensayo.

Después de un prologo a manos de Raúl Sánchez y una introducción de Luis Martínez Vallés el trabajo es retomado por Tony Jiménez siguiendo la misma estructura que en Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989). Empezando por Las Cuatro Después de Medianoche (1990) y acabando por Elevation (2018) el ensayista recorre poco menos de veinte años de novelas, antologías, publicaciones digitales e incluso ensayos en los que Stephen King desplegó toda su sapiencia narrativa y cultural. También se mantiene la acertada decisión de incluir en los capítulos centrados en relatos que han sido adaptados al medio audiovisual la opinión de Jiménez sobre estos, sumergiéndose en los cambios sufridos durante la segunda mitad de los años 90 cuando dejaron de ser películas estrenadas en el cine a manos de directores consagrados como Stanley Kubrick, Brian de Palma, David Cronenberg y John Carpenter o reivindicables series B ejecutadas por humildes artesanos como Daniel Attias, Lewis Teague, Fritz Kiersch o Ralph S. Singleton a tv movies de bajo presupuesto no demasiado destacadas, a menos que estuvieran facturadas por Mick Garris.

Una vez terminado dicho recorrido la segunda parte del libro supone una agradable sorpresa para el que suscribe, tristemente no demasiado cultivada en los ensayos serializados. Entre la publicación de Here’s Johnny! Las Pesadillas de Stephen King Vol. 1 (1974-1989) y la de ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019) pasaron casi tres años y en ese periodo de tiempo se estrenaron varias adaptaciones cinematográficas y televisivas de novelas de King ya analizadas en el primer trabajo de Tony Jiménez dedicado al marido de Tabitha King. De manera que en este segundo se añaden las opiniones de dichos proyectos entre los que encontramos It: Capítulo 1, la nueva versión de Cementerio de Animales, Los Chicos del Maiz: La Huida o las series La Niebla y Castle Rock, de Spike y Hulu, respectivamente. Con un esfuerzo hercúleo por facturar un producto lo más actualizado posible Tony Jiménez suma las reseñas de dichas traslaciones audiovisuales a las de las más recientes novelas de King intentando abarcar todo el material relacionado con el estadounidense e incluso mostrando un adelanto de la, por aquel entonces, todavía no estrenada It: Capítulo 2.

El tercer capítulo, Cómics y videojuegos, se centra, como su título indica, en las colaboraciones o inspiraciones de King en el arte secuencial y el mundo del entretenimiento virtual. Con los cómics dedicados a su obra sucede como con la mayoría de las películas. Mucha gente asume que él se encuentra detrás del desarrollo y creación de los mismos, cuando son casos aislados en los que eso sucede. Por ello podemos encontrar adaptaciones como la de El Cortador de Césped a manos de Walter Simonson, la de la saga La Torre Oscura en la que Peter David, Jae Lee y Richard Isanove formaban equipo o Apocalipsis (The Stand) donde Robert Aguirre Sacasa y Mike Perkins hacían lo propio. Todas inspiradas en las obras de King, pero sin su intervención directa en ellas. Aunque también otras en las que sí escribía los guiones como el brillante cómic de Creepshow (George A. Romero, 1982) o el segundo arco argumental de American Vampire, la serie del sello Vertigo que co creó junto a Scott Snyder y Rafael Albuquerque con el vampiro Skinner Sweet como uno de sus protagonistas. Estos y otros trabajos son acometidos por Jiménez con abundante información sobre sus ideólogos y las editoriales, estadounidenses y españolas, que los movieron por el mercado.

El último capítulo, Homenajes y Legado, hace un recorrido por todas las referencias a King o su obra en la cultura pop con especial hincapié, como no podía ser menos, en las televisivas acontecidas en Los Simpson y Padre de Familia. También las bandas de rock y metal que han dedicado letras a las criaturas o historias del novelista como Blind Guardian, Demons & Wizards, Black Sabbath o Pennywise y Randall Flagg. Por último los films que han rendido tributo a su universo literario, resaltando aquella obra maestra titulada En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1995) en la que la impronta del de Maine se fusionaba con la de H.P. Lovecraft. Pero dentro de este último capítulo es de recibo mencionar la decisión de Tony Jiménez por acercarnos a Joe Hill, el segundo hijo de King convertido desde hace años en otro autor de best sellers. El malagueño se adentra en las novelas de Hill como El Traje del Muerto, Fantasmas, Fuego, Cuernos y NOS4A2, los cómics que ha escrito como Locke & Key o The Cape e incluso las adaptaciones cinematográficas y televisivas de los mismos. Un digno heredero del manto de su padre que ya está haciéndose un nombre en el mundo de la letra escrita.

Tras una última reflexión por parte del autor, el epílogo escrito por Asier Menéndez Marín y agradecimientos varios termina ¡Todos Flotan! Las Pesadillas de Stephen King Vol. II (1990-2019), la segunda parte de este ensayo dedicado al autor con el que muchos lectores, un servidor entre ellos, empezamos a introducirnos en el mundo literario y el cine de terror. Cuando acabamos la lectura del trabajo, poco más de seiscientas páginas que no pesan en ningún momento, hemos recorrido una de las etapas más interesantes de la bibliografía de un profesional indispensable para entender la actual narrativa estadounidense y hemos asistido a cómo el medio audiovisual se adapta y retroalimenta para seguir trasladando a imagen real la obra de un escritor que siempre es sinónimo de éxito. Teniendo en cuenta que no hay año en el que Stephen King no publique al menos una novela o las productoras cinematográficas y plataformas de streaming no adapten varios de sus relatos a la pantalla grande o pequeña se antoja lógico que Tony Jiménez tenga la intención de seguir con esta serie de libros indispensables para los fans del maestro del terror. Ahora sólo queda que el malagueño se anime a hacer lo propio con Joe Hill en otra serie de ensayos. Algo que no estaría nada mal.


martes, 9 de junio de 2015

Horns, long hard road out of hell



Título Original Horns (2013)
Director Alexandre Aja
Guión Keith Bunin, basado en la novela de Joe Hill
Actores Daniel Radcliffe, Juno Temple, Max Minghella, Kelli Garner, Joe Anderson, Sabrina Carpenter, Alex Zahara, Meredith McGeachie, Kendra Anderson, James Remar, Kathleen Quinlan, Heather Graham, David Morse, Michael Adamthwaite, Nels Lennarson



Mientras su compañero y amigo Grégory Levasseur debutaba como director de largometrajes con la prescindible La Pirámide, Alexandre Aja elegía un proyecto con el que adaptaba por primera vez un libro al celuloide. La obra elegida fue Horns, segunda novela del escritor Joe Hill, autor de obras literarias como Fantasmas (20th Century Ghosts) El Traje del Muerto (Heart-Shaped Box) o cómics como Locke & Key y The Cape. Pero al igual que su habitual co guionista, productor y director de segunda unidad el primer proyecto en solitario de Alexandre Aja comenzó a encontrarse varios obstáculos cuando al ser estrenado en el Toronto International Film Festivalparece ser que fue acogido con bastante tibieza. Desde entonces la fama sobre la supuesta poca calidad de la última cinta del realizador de Alta Tensión recorrió la red y que se estrenara en Estados Unidos un años después no ayudó a que ese pensamiento desapareciera de la mente de no pocos potenciales espectadores que imaginaban que los mismos productores no estaban seguros de su propio proyecto. Evidentemente que este mismo viernes, dos años después de su puesta de largo internacional, haya llegado a la cartelera española tampoco incita a que el público vaya en manada a los multicines a ver el film protagonizado por Daniel Radcliffe. La sexta película de Alexandre Aja no es una gran película, pero está muy lejos de ser la inmundicia a la que apuntaba su pobre y caótica carrera comercial. El cineasta francés ofrece con Horns una rara avis muy alejada del tono habitual de sus anteriores y característicos largometrajes pero paradójicamente también su cinta más personal, en la que parece haber puesto más que nunca de sí mismo sustentándose siempre en la narrativa de Joe Hill heredera tanto de la cultura de los 90 (música grunge, Generación X) como del terror literario clásico (H.P. Lovecraft, Clive Barker, su propio padre) para dar su propia versión del género romántico juvenil adscrito al celuloide de principios del siglo XXI.




Cuando Ig (Daniel Radcliffe) recupera la consciencia en el suelo de la cocina de su casa descubre que su novia de toda la vida, Merrin (Juno Temple) ha sido brutalmente violada y asesinada y que él es el principal sospechoso. Con el peculiar apoyo de su hermano Terry (Joe Anderson), sus padres Derrick (James Remar) y Lydia (Kathleen Quinlan) y la confianza inestimable de Lee (Max Minghella), su mejor amigo y abogado Ig intentará encontrar al verdadero asesino de su amada. A que esta investigación llegue a buen puerto ayudará el extraño hecho de que a Ig le hayan crecido de un día para otro unos extraños cuernos que le confieren el don de que toda persona que entable conversación con él le confiese hasta el más oscuro pensamiento que se le pasa por la cabeza, algo que le permitirá descartar sospechosos del crimen para finalmente dar con el verdadero ejecutor de Merrin. Este peculiar punto de partida al que el guión de Keith Bunin no da explicación alguna es el que hace que Horns parezca una perversión de las películas románticas basadas en novelas de Nicholas Sparks (El Diario de Noa, Mensaje en Una Botella, Un Lugar Para Refugiarse) una amalgama de géneros como el terror, la comedia negra, el thriller y el drama que para ser disfrutada adecuadamente debe contar con la complicidad de un espectador al que no le deje fuera de juego que en un marco aparentemente realista el protagonista comience a convertirse físicamente en lo que parece ser una especie de demonio.




Esa visión envenenada del realismo mágico, la inclusión de ese toque sobrenatural con fines alegóricos es la mayor virtud de Horns, pero también su más destacado defecto. El carácter luciferino de la transformación gradual que sufre Ig añade un plus de originalidad tanto a la trama romántica co protagonizada por una etérea y epatante Juno Temple como a la de thriller policíaco en el que debemos descubrir junto al protagonista quién es el asesino de la joven y que tiene más de un punto en común con la novela corta del padre de Joe Hill, Stephen King, titulada El Ciclo del Hombre Lobo que el televisivo realizador Daniel Attias adaptó al cine en 1985 con el film Silver Bullet. Ambas piezas son similares no sólo por la investigación del crimen sino también porque el papel del siempre convincente David Morse es un émulo casi identico al de Kent Broadhurst en aquella cinta. Pero si la platea no admite esa suspensión de la credibilidad que propone el cineasta de Furia, si no perdona las licencias que este se toma para desarrollar el devenir mefistofélico de su obra lo más probable es, como previamente hemos mencionado, que no acepte dejarse seducir por los no muy destacados pero sí efectivos hallazgos visuales y narrativos de una pieza tan peculiar como Horns a la que se podrá acusar de muchas cosas, pero no de acomodaticia, fácil o autocomplaciente.




Una vez establecida la naturaleza casi faúnica (ese bosque ilustrado con una paleta de colores cálidos remite tanto a Gullermo del Toro como al Neil Jordan de En compañía de Lobos) del relato situado en el entorno urbano de una localidad puramente estadounidense con ese choque de tonalidades antagónicas Alexandre Aja recurre a su habitual potente look visual a la hora de abordar el apartado técnico de cualquiera de los proyectos cinematográficos en los que se embarca. El cineasta francés alterna una puesta en escena austera y sin estridencias con pasajes en los que hace uso de una de una cámara viviente, casi de movimientos bífidos (no es gratuita la presencia de serpientes en el metraje, más allá de las reminiscencias satańicas que dichos reptiles puedan tener) y que se van recrudeciendo y acentuando conforme el clímax final del largometraje va acercándose. Gracias a su sabia dirección de actores, a cierto lirismo que sabe arrancar de los pasajes románticos de la historia y al buen uso que hace de una banda sonora llena de exitos rock de distintas épocas (David Bowie, Marilyn Manson, The Pixies) el autor de Piraña 3D solapa con sus bastantes aciertos las taras que pueda tener su obra, que sin ser alarmantemente graves sí hieren en cierta manera su conjunto global como cierta indiferencia en el plano formal que nos afirma que Aja posiblemente estuviera atado en corto por parte de sus productores y que debido a ello no podía dar rienda suelta a su vena más macabra, la que se ve en algunos momentos de la media hora del final del metraje con ciertos instantes de violencia explícita que nos remiten a sus trabajos anteriores.




Horns merece la pena como curiosidad, como obra rica en su extrañeza y como confirmación fehaciente de que Daniel Radcliffe es un muy competente actor, profesional hasta lo extremo según el mismo Alexandre Aja, que ya se ha quitado por completo de encima la sombra de cierto mago miope que le dio la fama y al que le ha costado dejar atrás debido a haberlo encarnado durante ocho casi diez en años en ocho películas. El buen trabajo de su realizador, la aparición memorable de ciertos secundarios (Heather Graham, James Remar, Kathleen Quinlan) un humor negro bastante malicioso, aunque no siempre efectivo, y cierto afán por provocar con una historia romántica que tiene tanto de naif como de malsana sirven como acicate para atreverse a ver un proyecto por parte de Alexandre Aja que deja claro que él también puede contar historias peculiarmente íntimas pero que se muestran alarmantemente alejadas del talento brutal e inmisericorde de aquel enfant terrible que rodó dos bestialidades con sobredosis de calidad como Haute Tension y The Hills have Eyes, que se autoparodio hasta lo extremo con la anárquica Piraña 3D, y que poco a poco parece ir diluyéndose dentro de los engranajes de la maquinaria hollywodywnse aunque se dentro de sus círculos más independientes.Esperemos que esa The 9th Life of Louis Drax con la que él y Max Minghella (esta vez como guionista) adaptan la novela de Liz Jensen y que cuenta con un magnífico reparto con nombres como Jamie Dornan, Sarah Gadon, Aaron Paul, Barbara Hershey o Molly Parker nos recupere a aquel gabacho que llegó a Hollywood para llenar el género de terror americano de veneno europeo.