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martes, 22 de febrero de 2022

El Pacificador (Peacemaker), it's only rock 'n' roll (but I like it)


"¡Comed paz, hijos de puta!"



The Suicide Squad, la secuela/reboot del famoso grupo de DC escrita y dirigida por James Gunn (Guardianes de la Galaxia Vol. 1 y 2), supuso toda una agradable sorpresa el pasado 2021. Antes de que pudiéramos verla y disfrutarla en pantalla grande como una de las mejores y más divertidas cintas del DCEU nos enterábamos de que Warner Bros y DC Entertainment encargaban al director de Slither (2006) poner en marcha una serie protagonizada por Peacemaker, el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette para Charlton Comics, que más tarde pasaría a ser propiedad de DC, interpretado en pantalla grande por el famoso actor y luchador profesional estadounidense John Cena convirtiéndose en uno de los personajes más recordados del largometraje. Recuperando a varios de los secundarios que pudimos ver en el film de 2021, a los que se sumerían otros nuevos, y narrando hechos posteriores al mismo, desde el pasado día 13 de enero ya podemos disfrutar en HBO Max de los tres primeros episodios de esta nueva ficción.



Después de un cold opening en el que se nos presenta la actual situación del personaje principal y unos divertidísimos títulos de crédito que marcan perfectamente el tono de la serie, convirtiéndose en la comidilla del fandom durante estos días con todo merecimiento, lo que podemos encontrar es un proyecto con una calidad de producción, y es algo que sucede también con las series de Marvel Studios para Disney Plus, que en poco debe envidiar a los estrenos en pantalla grande del DCEU. Hablamos de una ficción 100% James Gunn en la que asisistimos una versión algo blanqueada de Peacemaker en comparación a lo que nos era revelado al final de The Suicide Squad, pero siempre jugando son su instinto asesino o prejuicios sexuales y raciales. Ahí es donde el producto encuentra algunas de sus mayores virtudes, en su choque entre lo políticamente correcto e incorrecto haciendo sorna con las dos vertientes de pensamiento y con la línea que los separa difuminándose continuamente.



El primer episodio, A Whole New Whirled, es el más compacto en cuanto a guion y presenta de manera harto eficiente a los personajes secundarios que se codearán con el alter ego "superheróico" de Christopher Smith. En esos poco menos de 45 minutos que dura el capítulo se condensa el humor cafre y en ocasiones zafio, muy hermanado con el de la reividicable M.O.D.O.K de Marvel Television y Hulu, con unas secuencias de acción rodadas con rotundidad y fiereza por parte de un James Gunn alejándose del tono algo más ligero de sus incursiones en el MCU, heredando el de su ya citada The Suicide Squad o el de piezas previas de su filmografía como Super o sus incursiones primigenias en la Troma Entertainment de Lloyd Kaufman. Todo un desfille de salvajadas y chifladuras que, como en todo trabajo salido de la mano de su autor, siempre contiene en su interior un poso dramático o trágico que vascula el relato.



En el segundo episodio, Best Friends, For Never, el guion de James Gunn tropieza a la hora de intentar alargar algunos gags cómicos que no funcionan o no tienen el timing adecuado, cayendo en ocasiones en cierto ridículo, pero afortunadamente el desarrollo de la trama, la presenteción de personajes como el Vigilante y la acción subsanan cualquier fallo. El tercer capítulo, Better Goff Dead, encarrila la máquina y ofrece momentos desopilantes una vez el rol reimaginado en las viñetas por Marv Wolfman y George Pérez se establece como recurrente en el casting. Pero si hay un motivo de peso que me hace tener esperanza en esta serie y lo que tenga que ofrecernos en el futuro es un John Cena pletórico, carismático y exprimiendo al máximo una vis cómica, hasta hoy desaprovechada o poco explotada, que a lo largo de esta Peacemaker seguro nos deperará momentos memorables, ya que solo en una película y tres episodios nos ha regalado más de uno para el recuerdo. A la espera de ello quedamos hasta la próxima semana.



The Choad Less Traveled, alucinógenamente traducido en España como Cipote Se Hace al Andar, suponemos que por un fan de Antonio Machado en HBO Max España, marca la cuarta entrega de esta Peacemaker que mantiene a James Gunn al guion, pero ya cuenta en la dirección con el realizador Jody Hill (Observe & Report) no solo consolidando todas sus virtudes mostradas en los tres primeros episodios, sino acrecentándolas notablemente y reduciendo al máximo las carencias. La trama central se ve beneficiada gracias todo lo relacionado con el Auggie Smith de un brillante Robert Patrick, al que hacía años no veíamos tan resuelto delante de la cámara, dando vida a un nazi bastardo de manual. Toda la parte del capítulo desarrollada en la cárcel y sobre todo la de la "infiltración" depara momentos memorables con pasajes de violencia rodados de manera brutal.



En este sentido James Gunn ya marcó en los tres primeros episodios el tono de una propuesta que no se corta un pelo a la hora de mostrar situaciones salvajes desde un plano físico en consonancia a lo visto en The Suicide Squad. Por ello Jody Hill toma el relevo de su predecesor con la máxima fidelidad y ejecuta alguna que otra secuencia memorable como la de la pelea en el parking en la que John Cena y Nhut Le dan lo mejor de sí mismos para goce del espectador. Pero además de ello no solo la construcción de los gags humorísticos es más sólida, salvo alguna excepción, es que el drama comienza a abrirse paso y todo apunta a que impactará directamente en el personaje principal exgiendo a Cena adentrarse en terrenos interpretativos que hasta ahora mismo le eran ajenos. Las primeras muestras de ello, que pueden verse en los úlitmos minutos de este episodio, dejan vislumbrar algo que podría llegar a ser memorable.



Con The Choad Less Traveled llegamos al prematuro ecuador de Peacemaker y por ahora las impresiones de un servidor no pueden ser mejores ante lo que en ningún momento deja de ser un divertimento alocado y desprejuiciado en el que se pueden apuntar ideas tan locas como usar el racismo de un supremacista blanco para que ayude a eliminar aliemígenas por el simple hecho de que "odia a los extranjeros" o adentrarse en terrenos más trágicos al ir recuperando hechos del pasado del protagonista. Con Christopher Smith comenzando a tocar fondo desde un punto de vista psicológico y una revelación importante como la que podemos ver en el último plano del capítulo nos quedamos a la espera de que la semana que viene la serie de James Gunn no solo siga manteniendo el tipo, sino que se supere a sí misma una vez más como lleva haciendo desde que irrumpió con su ya prometedor episodio piloto.



Con malas vibraciones da sus primeros compases este Monkey Dory, que supone el quinto episodio de la temporada, cuando vemos a James Gunn alargar hasta la extenuación el gag del protagonista enumerando celebridades, idea que más condensada hubiera quedado impecable, pero que tan extendida en el tiempo no solo pierde su gracia, sino que se antoja agotadora recordando a los peores tiempos de Padre de Familia y la manía de Seth MacFarlane de repetir hasta el vómito bromas que él y sus colaboradores creían merecedoras de más metraje. Por suerte este pasaje es breve y solo una mácula dentro de otro episodio memorable que recupera todo el punch con el asalto al "nido de mariposas" en el que la directora Rosemeray Rodriguez (The Walking Dead, Jessica Jones) despliega todo el abanico de violencia explícita ya indisociable tanto al personaje principal como a la serie con momentos brillantes y homenajes explícitos a La Invasión de los Ultracuerpos y sus variantes.



Después de la adrenalínica dosis de acción el episodio levanta el pie del acelerador para recurrir a una de las mejores virtudes de James Gunn como guionista, estrechar lazos entre unos personajes que son un dechado de defectos, carencias afectivas y problemas mentales. La dinámica entre los distintos roles se afianza, comienzan a limarse asperezas entre unos y otros y el culmen de este devenir de acontecimienos desemboca en la memorable secuencia de la creación del grupo de WhatsApp que, como hemos podido ver estos días en redes sociales, ha tenido lugar también en el mundo real con los actores de la serie implicados. Desgraciadamente y conociendo la carrera previa de James Gunn esta concesión a los sentimientos es muy probable que sea la antesala de una escabechina en los próximos episodios con la integridad física de varios de los secundarios en peligro. Solo el tiempo nos dirá si acierto con mis elucubraciones.



Aunque no es el mejor episodio de la temporada, ese honor ahora mismo lo detenta el The Choad Less Traveled de la pasada semana, sí mantiene el alto nivel de una ficción que está gustando a propios extraños gracias a su descaro, naturaleza iconoclasta y carisma en sesión continua. Peacemaker se mantiene como un proyecto que encapsula todas las virtudes de James Gunn como escritor o cineasta y casi ninguna de sus carencias, que aun habiéndolas no empañan un ápice el buen trabajo del autor y sus colaboradores delante y detrás de las cámaras. Con un cliffhunger muy potente, dejando el povenir de la serie pendiente de un hilo, todo apunta a que el sexto capítulo del próximo jueves será clave para encarrilar la recta final de una temporada que hasta el momento no ha hecho otra cosa que darnos una satisfacción tras otra. Ojalá sigamos así hasta el cierre de la tanda de episodios, esperando que estos no sean los últimos.



El de este sexto episodio titulado Murn After Running, en referencia a la divertida película Burn After Reading de los hermanos Coen, es un caso curioso. Después de la escalada de calidad y desarrollo de personajes, sobre todo en la cuarta y quinta entrega, ahora nos encontramos con lo que aparenta ser un capítulo visagra o de transición en el que James Gunn, recuperando su puesto de director, y sus colaboradores comienzan los preparativos de la traca final que tendrá lugar a partir de la semana que viene. De esta manera encontramos aquí todas las carcaterísticas audiovisuales y narrativas que han carecterizado a Peacemaker como serie desde su mismo arranque, pero centrándose más en una acción que para en seco esa profundidad dramática que el futuro director de Guardianes de la Galaxia Vol. 3 había construido con suma eficiencia en The Choad Less Traveller y Monkey Dory. De manera que durante sus primeros treinta minutos nos encontramos con un episodio menos trascedente que sus predecesores.




Pero todo cambia en el último acto, cuando Gunn y su equipo ponen definitivamente las piezas sobre la mesa para dejar la maquinaria lista de cara a la batalla final, con esa memorable secuencia paralela protagonizada por la Detective Sophie Song de Annie Chang y el Auggie Smith de Robert Patrick, volviendo a un plano mucho más intimista en el que Christopher Smith, y no Peacemaker, interpreta al piano Home Sweet Home de Motley Crue con un John Cena que el mismo Gunn ha confirmado como ejecutor real del tema. Aquí es donde la serie revela sus verdaderas intenciones, no sólo dar una profundidad dramática a un personaje en apariencia plano gracias a la excelente labor de escritura propuesta por sus autores, sino también por la entrega de un actor protagonista que como aventurábamos previamente se está revelando como un intérprete brillante después de haber explotado su vis cómica en los primeros capítulos encontrándose ahora muy cómodo en un dramatismo nunca tremendista o lacrimógeno, pero sí emotivo y cercano.



Solo dos episodios quedan para que ponga fin Peacemaker. El séptimo lo podremos ver la próxima semana en HBO Max con el título Stop Dragon My Heart Around, un juego de palabras con el tema Stop Draggin’ My Heart Around de Stevie Nicks, y mucho se tiene que torcer la cosa para que la serie ideada por James Gunn y protagonizada por John Cena no se convierta en una de las mejores basadas en personajes de cómics que vayamos a ver este 2022. Este es el camino que deben seguir DC Entertainment y Warner Bros a la hora de llevar a sus iconos de las viñetas al medio audiovisual, apelar a la convivencia entre productos de distintos tonos y géneros sin problema a que visiones más oscuras alternen recorrido con otras luminosas o como en el caso que nos ocupa una amalgama entre comedia cafre repleta de humor negro con personajes que se adentran sin problema en terrenos más humanos con los que los espectadores podamos indentificarnos.




Como ya vaticinaba un servidor el pasado Murn After Reading daría paso a la traca final de Peacemaker que comienza con el séptimo y penúltimo episodio Stop Dragon My Heart Around. Porque James Gunn al guion y Brad Anderson (Session 9, El Maquinista) a la dirección iban a poner toda la carne en el asador de cara a la season finale y esta semana nos hemos encontrado con la primera parte de la misma centrándose en uno de los villanos de la temporada. Porque como era inevitable nuestro protagonista y su equipo de colaboradores tarde o temprano iban a verse las caras con Auggie Smith, ya con el traje de White Dragon enfundado, y su grupo de supremacistas blancos de mierda. La batalla consiguiente da como resultado la salida del personaje de Robert Patrick de la producción y la puesta apunto para el enfrentamiento con las mariposas.



Este séptimo capítulo vuelve a hacer uso de la mezcolanza de tonalidades propia de lo que hasta ahora habíamos visto de la serie creada por James Gunn. Por un lado el humor negro que no se corta un pelo en cuanto a explicitud y cafradas y por otro un trasfondo emocional que se extiende por todos los personajes, pero que hace especial hincapié en el magnífico Christopher Smith de un John Cena encontrándose muy cómodo con un personaje brutalmente incómodo al que él ha sabido darle corazón. A eso sumamos una puesta en escena que luce mejor que nunca en las secuencias de acción y aunque Brad Anderson es un director con bastante talento que en más de una ocasión ha mostrado cierta personalidad detrás de las cámaras aquí se amolda al look visual impreso por el autor de PG Porn y el resultado es impecable.



Penúltimo episodio y la maquinaria sigue funcionando a pleno rendimiento. Vamos a por la conclusión y Peacemaker se reafirma en cada capítulo como una ficción brillante que no solo mantiene la esencia de lo planteado por James Gunn en The Suicide Squad, sino que en un inesperado efecto retroactivo enriquece aquella visión que se nos ofreció del grupo de DC Comics en general y de El Pacificador en particular. La semana que viene It’s Cow or Never, esta vez le ha tocado al Rey del Rock, pondrá final a esta esperemos que primera tanda de episodios centrados en el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette en 1966 dentro de la editorial Charlton Comics. Al igual que afirmé la pasada semana una gran catástrofe tendría que acontecer en esta última entrega para que Peacemaker no se despida siendo una de las mejores producciones audiovisuales superheróicas del presente año.




Finalmente se han cumplido los vaticinios y Peacemaker se despide a lo grande con It’s Cow or Never, traducido genialmente como Esto se Avaca en España, el último episodio de la temporada centrada en el personaje de DC Comics encarnado en imagen real por al actor y luchador profesional John Cena. Si en la anterior entrega Christopher Smith eliminaba a Auggie Smith, su propio padre enfundado en el traje del villano y supremacista blanco White Dragon, ahora le tocaba al equipo formado por john Economos, Vigilante/Adrian Chase, Emilia Harcourt, Leota Adebayo y el mismo Peacemaker acabar con los planes de las mariposas, los extraterrestres venidos del espacio exterior que habían usurpado los cuerpos de todas las fuerzas de la ley local para custodiar "la vaca" que les proporcionaba alimento para mantenerse con vida en nuestro planeta.



Un último capítulo que sirve como muestra quintaesencial de todas las características de la serie de HBO Max producida por DC Entertainment y Warner Bros. Humor negro, violencia explícita, personajes descerebrados pero con buen fondo, rock de los años 80 y referencias al cine de invasiones alienígenas más pulp por obra y gracia de un James Gunn que recupera aquí su doble labor como guionista y director para poner punto y seguido a una serie que se ha ganado el corazón de gran parte del fandom y el público generalista. Detrás de la batalla campal en el granero, ese clímax final con la vaca que nos remite al de Starship Troopers, el comentadísimo cameo o un cierre para todos los personajes subyace un poso de amargura sobre todo en lo concerniente a un personaje principal que John Cena acometió con inusitada profesionalidad desde el primer episodio.



Sé que es algo que he mencionado todas las semanas que hemos ido comentado los episodios de la serie de HBO Max, pero no quiero perder la oportunidad de reafirmarme en que este es el camino que debe seguir el DC Extended Universe si quiere convertirse en un microcosmos en el que pueda caber una polifonía de voces a la hora de llevar la gran o pequeña pantallas las andanzas en viñetas de sus personajes célebres y no tan célebres. Ahora lo importante es que los productores no cometan la equivocación de dejar escapar a James Gunn como showrunner del proyecto, porque él y John Cena son el alma de Peacemaker y ninguno de ellos debería desvincularse de esa ya confirmada segunda temporada que esperaremos con muchas ganas. Un servidor ha disfrutado la serie de El Pacificador más que el 90% de las series de Disney Plus y Marvel Studios y ahora solo me queda esperar que la nueva tanda de episodios tarde poco en llegar y nos depare nuevas sorpresas.




miércoles, 11 de agosto de 2021

El Escuadrón Suicida


Título Original The Suicide Squad (2021)
Director James Gunn
Guion James Gunn, basado en el cómic de John Strander y Luke McDonnell
Reparto Margot Robbie, Idris Elba, Viola Davis, David Dastmalchian, John Cena, Jai Courtney, Joaquín Cosío, Nathan Fillion, Joel Kinnaman, Mayling Ng, Flula Borg, Sean Gunn, Juan Diego Botto

 


Para poner en contexto la génesis de un proyecto como The Suicide Squad debemos remitirnos a dos hechos localizados en el pasado reciente de Hollywood. Por un lado el estreno de Escuadrón Suicida (2016), la primera película protagonizada por los personajes de DC Cómics con guion y dirección de David Ayer que no gustó a casi nadie (sólo a algún que otro descerebrado), y que ante la insatisfacción generalizada fue prácticamente obviada cuando Warner Bros y DC Entertainment decidieron poner en marcha una secuela gracias a la notable recaudación del film rodado por el director de Vidas al Límite (Harsh Times, 2005) o Bright (2017). Por otro tenemos el despido temporal de James Gunn de Disney y Marvel Studios en 2018 al ser recuperados unos polémicos tweets de su pasado que fueron usados por la productora como excusa para prescindir de sus servicios; acción que la “Distinguida Competencia” aprovechó para acoger con los brazos abiertos al director de Guardianes de la Galaxia Vol 1 y 2, precisamente para que se encargara de las nuevas correrías audiovisuales del grupo de supervillanos creado por Robert Kanigher y Ross Andru en 1959 y reinventados por John Ostrander y Luke McDonnell en 1987. La compañía de Mickey Mouse recapacitó y decidió volver a trabajar con el cineasta para la futura entrega de Guardians of the Galaxy, pero para entonces Gunn ya estaba inmerso en la producción de esta The Suicide Squad que llegaba ayer a cines españoles.



Una vez James Gunn se hizo cargo del proyecto quedó patente ya desde la pre producción la intencionalidad por parte de Warner Bros y DC Entertainment de dar la mayor libertad creativa posible al director. Algo que pudo notarse cuando sumó al proyecto a algunos de sus actores recurrentes como Michael Rooker, Nathan Fillion, Sean Gunn o Sylvester Stallone (aunque este sólo poniendo voz a King Shark) que compartirían plano con Margot Robbie, Joel Kinnaman, Jai Courtney y Viola Davis, únicos intérpretes que repiten con respecto al film previo, y una remesa de nuevos fichajes entre los que encontramos a Idris Elba, John Cena, David Dastmalchian, Peter Capaldi, Joaquín Cosío, Mayling Ng, Flula Borg, Peter Capaldi, Alice Braga e incluso nuestro Juan Diego Botto, que si bien ha hecho sus pinitos en producciones internacionales, hasta el momento era totalmente ajeno este tipo de superproducciones hollywoodienses. También en la incorporación de un buen puñado de personajes de las viñetas que no habían debutado en el DC Extended Universe se vislumbraba la notable manga ancha de los productores con respecto a que Gunn hiciera o deshiciera a su antojo.



Vaya por delante algo tan obvio como que The Suicide Squad es todo lo que debería haber sido su predecesora. La amalgama de tonos ajenos a su idiosincrasia como director y el recurso estilístico de tonos chillones y luces de neón sumados a un guion de considerable endeblez hundían cualquier posibilidad de que David Ayer hiciera de la primera película de los personajes de DC Comics un proyecto memorable, a pesar de algunos aciertos como el rol de Harley Quinn a manos de una adecuadísima Margot Robbie. En cambio James Gunn pone su mirada principalmente en el cómic y los personajes de John Ostrander y Luke McDonnell para hacerse con ellos y llevarlos a su propio terreno, el del gore, el salvajismo, el humor negro y la parodia. Porque es ineludible que la sombra de su versión de Guardianes de la Galaxia está presente a lo largo del metraje, pero con su último proyecto lo que consigue el realizador estadounidense es volver a sus raíces con proyectos más independientes y personales como la ya citada Slither (2006) o Super (2010).



Porque sí, The Suicide Squad es posiblemente la película superheróica más cafre y bestia salida de una de las majors hollywoodienses. A diferencia de la muy olvidable Aves de Presa (y la Fantabulosa Empancipación de Harley Quinn) el presente largometraje sí hace un buen uso de esa calificación moral R con la presencia recurrente de violencia explícita siempre exagerada y estructurada mediante gags humorísticos de contrastado gamberrismo, muy del gusto de su máximo responsable. Desde el memorable arranque James Gunn lo tiene claro, su intención es volar por los aires lugares comunes dentro del subgénero e incluso hacer mofa, no sólo con la película anterior de Escuadrón Suicida, sino con las de DC Entertainment, Marvel Studios y prácticamente todo el celuloide inspirado en cómics. Lo lleva a cabo sin hacer prisioneros a base de mala baba, sorna y una galería de personajes tan carismáticos como entrañables con los que es fácil, y poco conveniente, encariñarse.



The Suicide Squad es como si la Troma Entertainment de Lloyd Kaufman en la que se curtió James Gunn rodara un remake multimillonario de Doce del Patíbulo (Dirty Dozen, Robert Aldrich, 1967) con antihéroes pasados de rosca y kaijus genocidas. James Gunn lo consigue parasitando la reformulación que John Ostrander hizo de la cabecera a finales de los 80 siendo brutalmente fiel a ella y sus conceptos estilísticos y narrativos, pero pasándola por su propio filtro en el que sobre todo impera el humor iconoclasta y la comicidad alocada. El proyecto también consigue salir airoso del envite por medio de un grupo de personajes que sin ser un ejemplo de tridimensionalidad psicológica tienen la suficiente profundidad en el papel para que los actores los acometan con convicción y esto sea transmitido adecuadamente al espectador. Pero no hablamos de un humor a lo “Marvel Studios Style”, ni siquiera a lo Deadpool (aunque la influencia de las dos películas de Wade Wilson se dejan notar) sino burradas impropias en superproducciones de esta índole.




En el proceso Gunn mezcla géneros y nos lleva desde el thriller militar al político pasando por la comedia romántica o las monster movies sin parar de esputar veneno hacia un espectador que en pocas ocasiones bajará la guardia ante la sesión continua de chaladuras capturadas por su cámara. Sus mayores aliados son un reparto de actores entregados a la causa en el que hasta el menos importante de ellos o el de menos minutos en pantalla presume de su momento de gloria o línea de diálogo memorable. Destacables son las nuevas incorporaciones de Idris Elba como Bloodsport, John Cena dando vida a Peacemaker, Daniela Melchior poniendo físico a Ratcatcher 2, David Dastmalchian en la piel moteada de Polka-Dot Man, Peter Capaldi interpretando a The Thinker o Sylvester Stallone dando voz a King Shark, ese típico personaje demente y tierno que tan bien se le da a James Gunn. Pero si hay un rol y actriz que salen beneficiados de The Suicide Squad son Harley Quinn y Margot Robbie. No sólo porque es más Harley que nunca, sino porque Gunn le permite evolucionar emocionalmente, devorar el encuadre en casi todo momento o protagonizar pasajes divertidísimos, como los que comparte con un excelente Juan Diego Botto.



No todo son buenas palabras con respecto a The Suicide Squad, ya que esa barra libre que Warner Bros y DC Entertainment han proporcionado a James Gunn le incita a entregarse a la desmesura y el guion, que es de lo más procedimental y poco original, acusa algunos altibajos que menoscaban el adecuado proceder de sus 132 minutos de metraje. Por suerte nada más podemos echar en cara a la que es una de las películas más disfrutables y fruiciosas del 2021 o la enésima demostración de que si al contratar a un realizador los productores le permiten dar una visión fiel a lo previamente planteado el resultado a nivel artístico casi siempre será satisfactorio. Por el camino nos quedamos con momentos memorables como el expeditivo prólogo, el asalto al campamento, Harley en el palacio del general Luna, la química entre Idris Elba y Daniela Melchior, las coñas con la madre de Polka-Dot Man, cualquier intervención de King Shark, la simple existencia de Peacemaker, el giro ideológico que da el proyecto cuando todo se revela y el clímax final con Starro haciendo de las suyas en los suburbios de Corto Maltés. Diversión frenética y cine escapista de primer orden, que no es poco.


lunes, 2 de agosto de 2021

Pesadilla en Elm Street, a candy-colored clown they call the sandman



“Una noche, mientras yo estaba en mi habitación, escuché unos ruidos y vi a través de la ventana a un hombre de aspecto tenebroso que estaba en la calle. El hombre me miró directamente a los ojos, sonriéndome. Me escondí en mi cama, pero al rato volví a asomarme por la ventana y descubrí que el hombre seguía en el mismo lugar. Cuando le conté a mi hermano mayor, él bajó las escaleras y salió de la casa para ver si todavía estaba allí, pero no había nadie en la calle. La idea de un adulto que era aterrador y disfrutaba asustando a un niño fue en realidad el origen de Freddy”.

Wes Craven

El cineasta norteamericano Wes Craven (1939-2015), que hoy hubiera cumplido 82 años de edad, tenía un especial olfato para descubrir las preferencias de los fans del cine de terror de distintas épocas o generaciones. Lo supo ver en los 70 cuando unos descreídos Estados Unidos perdieron la inocencia con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, la guerra de Vietnam o los asesinatos de la familia Manson y de ahí nacieron productos como La Última Casa a la Izquierda (1972) o Las Colinas Tienen Ojos (1977) que mostraban un terror cercano, mundano y realista. Hizo lo propio en los 90 cuando se asoció con el guionista Kevin Williamson para crear la franquicia Scream (1996-2022), aquella parodia de los slasher que jugaba de manera consciente y metareferencial con todas las señas de identidad cinematográficas de dicho subgénero. Pero sería en los años 80 cuando el director de Shocker (1989) o Un Vampiro Suelto en Brooklin (1995) revolucionara el celuloide de terror para adolescentes inspirándose en unos artículos de New York Times sobre personas que morían en medio de pesadillas nocturnas y tomando la figura de un extraño individuo con sombrero que lo acosó durante su infancia. 



En esta entrada vamos a hablar de la franquicia Pesadilla en Elm street, aquella saga de películas que nació cuando Wes Craven escribió y dirigió en 1984 la primera aventura onírica de Freddy Krueger. Un asesino de niños que tras ser quemado vivo por los padres de la ciudad de Springwood vuelve como una entidad que buscará y eliminará a los hijos de sus verdugos en el único sitio donde no están a salvo, sus propios sueños. Con siete entregas, un crossover con el Jason Voorhes de Viernes 13, una serie de televisión llamada Las Pesadillas de Freddy, que tomaba una estructura idéntica a la de Historias de la Cripta, un remake y un interminable mechandising de camisetas, figuras, revistas, videojuegos, máquinas de pinball o cómics el asesino en serie de la cara quemada, el sombrero roído y las garras con cuchillas se convirtió en, posiblemente, el monstruo cinematográfico más famoso de la década de los 80. En esta entrada vamos a comentar toda la saga en solitario del personaje, el largometraje que narró su enfrentamiento con Jason y el remake de 2010. Una serie de films que supusieron algunos de los primeros trabajos de cineastas como Jack Sholder, Chuck Russell, Renny Harlin y Stephen Hopkins  que aún siendo inferiores al film primigenio de Wes Craven se muestran hoy día como productos muy competentes adscritos a un tipo de cintas de terror que, desgraciadamente, ya casi no se hacen en Estados Unidos


Pesadilla en Elm Street



Título Original A Nightmare On Elm Street (1984)
Dirección Wes Craven
Guión Wes Craven
Reparto Heather Langenkamp, Robert Englund, Johnny Depp, John Saxon, Lin Shaye, Joe Unger, Charles Fleischer, Jsu Garcia, Amanda Wyss, Ronee Blakley, Mimi Craven

Con menos de dos millones de dólares, el respaldo del productor Robert Shaye, de New Line Cinema, y  Smart Egg Pictures Wes Craven pudo estrenar en 1984 A Nightmare on Elm Street, su quinto largometraje detrás de las cámaras convirtiéndose en un éxito descomunal a pesar de ser una producción independiente. En ella narraba la primera incursión de Freddy Krueger (Robert Englund) en el mundo cinematográfico persiguiendo a Nancy (Heather Lagenkamp) y sus amigos, todos ellos hijos de los padres que le quemaron vivo al descubrir su identidad como asesino de niños. Rodada con escasos medios, pero mucha imaginación, Wes Craven supo ofrecer un producto original conceptual y formalmente, llevando el subgénero slasher a otro nivel permitiendo a su protagonista asesinar a sus víctimas en el mundo de los sueños, para así hacerlos morir en la realidad. Con una puesta en escena sucia y naturalista, magníficos efectos especiales artesanales, un uso inteligente del sonido y la banda sonora de Charles Bernstein, víctimas con las que empatizar mínimamente y un villano sencillamente pletórico a manos de Robert Englund, Pesadilla en Elm Street se convirtió en un potente, irreverente e imperfecto clásico del género del que sólo falla el insulso final que impusieron el director, siendo mucho más elegante y sugerente uno de los eliminados en el que Freddy no hace acto de presencia, pero la famosa nana cantada por las niñas jugando con la comba dejan entrever que el villano sigue vivo.  Pasajes como los de Tina (Amanda Wyss) siendo arrastrada por el techo o el geiser de sangre en el que se transforma la cama de Glen (Johnny Depp) tras ser asesinado por Freddy son hitos del cine de terror que convirtieron esta primera entrega en toda una pieza de culto.


Pesadilla en Elm Street 2: La Venganza de Freddy



Título Original A Nightmare on Elm Street 2: Freddy's Revenge  (1985)
Dirección Jack Sholder
Guión David Chaskin
Reparto Robert Englund, Mark Patton, Kim Myers, Robert Rusler, Clu Gulager, Hope Lange, Marshall Bell

Pesadilla en Elm Street fue un éxito y una por aquel entonces modesta New Line Cinema, a la que todavía quedaban lejos los años de recaudaciones mastodónticas y barrer en los Oscars con las sagas de El Señor de los Anillos y El Hobbit, quería seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro. Sólo un año después la secuela vio la luz y de ella se desvinculó totalmente Wes Craven, no muy contento con el enfoque que querían darle. Para escribirla se contrató a David Chaskin y para dirigirla a Jack Sholder, que por aquel entonces estaba en nómina de New Line habiendo rodado para ellos el slasher Alone in the Dark (1982). Pesadilla en Elm Street 2: La Venganza de Freddy es una rara avis en la saga y más que una continuación de la primera cinta parece un spin off de la misma. En ella se narra cómo Freddy trata de viajar el mundo real por medio de Jesse, un chico al que tratará de poseer. El film mantiene una atmósfera muy conseguida, Freddy sigue siendo una amenaza entre las sombras a la que casi no vemos el rostro (el maquillaje del personaje de Robert Englund creado por David Miller fue mejorado y perfeccionado por Kevin Yagher, que ya se ocuparía de realizarlo en casi todo el resto de entregas de la franquicia) y los momentos de tensión se alternan con los oníricos mientras los efectos de maquillaje regalan a la platea pasajes inolvidables como el de Freddy saliendo de las entrañas del protagonista Aunque si esta primera secuela es recordada es por haberse convertido en una cinta con muchas connotaciones LGTBI, no sólo por pasajes como el del bar de ambiente, el del entrenador Schnaider en el cuarto de baño o el baile del actor protagonista en su dormitorio, sino porque es bastante viable entender ese miedo Jesse a ser poseído por Freddy como una no aceptación de su más que probable homosexualidad. Aunque es una de las secuelas menos apreciadas por los fans tiene los suficientes alicientes, sobre todo estilísticos, para ser recordada con afecto.


Pesadilla en Elm Street 3: Los Guerreros del Sueño



Título Original A Nightmare On Elm Street 3: Dream Warriors (1987)
Dirección Chuck Russell
Guión Wes Craven, Bruce Wagner, Frank Darabont, Chuck Russell
Reparto Heather Langenkamp, Patricia Arquette, Craig Wasson, Robert Englund, Ken Sagoes, Rodney Eastman, Ira Heiden, Jennifer Rubin, Laurence Fishburne, John Saxon, Priscilla Pointer, Nan Martin, Brooke Bundy, Bradley Gregg, Penelope Sudrow

Aunque la segunda entrega de la saga dobló la recaudación de la primera en New Line Cinema se hizo saber que el enfoque dado no era el que los fans del film primigenio esperaban. De modo que el productor Robert Shaye se puso en contacto con Wes Craven para que el padre de la criatura encarrilará la saga, haciéndolo sólo como guionista y con la ayuda de Bruce Wagner (Maps of the Stars) dando forma a un libreto que más tarde Frank Darabont (Cadena Perpetua, The Walking Dead) y el que sería el director del film, Chuck Russell, reescribirían. Pesadilla en Elm Street 3: Los Guerreros del Sueño volvía a las raíces de la franquicia, no sólo por recuperar a los personajes de Nancy (Heather Lagenkamp) o Thompson (John Saxon) también porque los sueños eran de nuevo el terreno en el que se movería Freddy para acosar a un grupo de adolescentes con problemas de insomnio en una institución mental y entre los que se encontraba una jovencísima Patrica Arquette. Dentro de las secuelas de Pesadilla en Elm Street esta tercera parte es la mejor de todas ellas por distintos motivos. Por un lado la mano de Craven se nota en el guion, mostrándose este bastante sólido y fiel a la idiosincrasia del universo que él mismo creó tres años antes, dando incluso los primeros datos sobre la génesis del personaje, nacido tras ser su madre violada por criminales enfermos mentales. Por otro, el ingenio de los escritores con respecto a los asesinatos de los personajes secundarios comienza a agudizarse y gracias a ello tenemos momentos como el del títere humano que Freddy controla por medio de los tendones de pies y manos de su víctima, el de la sobredosis de heroína o el del televisor con la mítica frase "Welcome to Prime time, bitch!" asentando también las primeras bases del humor negro del personaje de Robert Englund que irá acentuándose a lo largo de las siguientes entregas. Finalmente es de recibo mencionar el buen hacer como director de un Chuck Russell que entiende al 100% cómo debe extrapolarse el mundo onírico que vertebra la franquicia a la pantalla grande ofreciendo una puesta en escena potente y con una atmósfera vívida y asfixiante. Como mencionamos esta tercera parte es la mejor de las secuelas y aunque a día de hoy tiene algunos momentos bastante ridículos relacionados con los poderes que los jóvenes usan en sus sueños para enfrentarse a Freddy, mantiene magníficamente el tipo como cinta de terror exploit, políticamente incorrecta y brutalmente divertida.


Pesadilla en Elm Street 4: El Amo del Sueño



Título Original A Nightmate On Elm Street: The Dream Master (1988)
Dirección Renny Harlin
Guión Brian Helgeland, William Kotzwinkle, Jim Wheat, Ken Wheat
Reparto Robert Englund, Rodney Eastman, Danny Hassel, Andras Jones, Tuesday Knight, Toy Newkirtk, Lisa Wilcox

La tercera entrega de Pesadilla en Elm Street recaudó tanto como las dos primeras cintas de la saga juntas, de modo que en New Line Cinema, viendo los excelentes resultados, decidieron seguir la misma tónica que en el film de Chuk Russell. En esta ocasión el guion fue considerablemente más manoseado que en anteriores secuelas y lo que en un momento escribió el Brian Helgeland (Mystic River, L.A. Confidential) fue retocado por el novelista William Kotzwinkle y unos hermanos Jim y Ken Wheat cuya autoría sobre el libreto no fue acreditada. Para la dirección de la película se recurrió a un desconocido director finlandés llamado Renny Harlin que años después se convertiría en un solicitado artesano del Hollywood comercial de los 90. Pesadilla en Elm Street 4: El Amo de los Sueños retomaba a los personajes que sobrevivieron de la anterior cinta, Kristen (ahora interpretada por la actriz Thusday Knight, ante la negativa de Patricia Arquette para volver a retomar el papel) Joey, y Kincaid para ser utilizados como conexión con el siguiente grupo de jóvenes que se enfrentarán a Freddy. Esta cuarta parte sigue siendo un potente producto, con un muy logrado y mórbido diseño de producción y unos efectos de maquillaje sencillamente brutales. El humor se acentúa, el salvajismo a la hora de que Freddy elimine a sus víctimas también y un puñado de pasajes como la “pizza de almas”, la cronenbergiana “chica insecto” o la orgía física en la que se convierte el cuerpo de Freddy en el clímax final hacen que esta tercera secuela sea recordada con mucha admiración por los fans de la creación de Wes Craven.


Pesadilla en Elm Street 5: El Niño de los Sueños


Título Original A Nightmare On Elm Street 5: The Dream Child (1989)
Dirección Stephen Hopkins
Guión Leslie Bohem, Graig Spector, John Skipp
Reparto Robert Englund, Lisa Wilcox, Erika Anderson, Kelly Jo Minter, Danny Hassel, Nick Mele, Whitby Hertford

Aunque Pesadilla en Elm Street 4: El Amo de los Sueños funcionó a pleno rendimiento ya se notaba en ella cierto desgaste de la fórmula de Freddy asesinando a sus víctimas en sueños y siendo eliminado, sólo cuando conseguían traerlo al mundo real, para después quemarlo, enterrarlo, bendecirlo y demás variantes. Este síntoma de agotamiento narrativo se hizo patente en el guion de Pesadilla en Elm Street 5: El Niño de los Sueños, escrito de manera caótica por Leslie Bohem, Graig Spector y John Skipp y recurriendo a una excusa más peregrina que nunca (siempre que obviemos la meada flamígera canina de la anterior entrega) para devolver a la vida a Freddy. Esto se lleva a cabo haciendo que su madre, Amanda Krueger, rememore el alumbramiento del “hijo de cien maníacos” para de esta manera volver a nacer. Este libreto insostenible, con buenos planteamientos con respecto a Freddy utilizando los sueños del hijo no nato de Alice, es salvado in extremis por un Stephen Hopkins casi debutante que convierte el largometraje en un delirante cuento gótico, una pieza lisérgica que se mueve entre lo ridículo (el Baby Freddy, todo lo relacionado con Jacob) y lo sublime (la recreación de la violación de la madre de Freddy, con la genial presencia entre los agresores del mismo Robert Englund) con referencias a David Cronenberg o Ken Russell, homenajes al mundo del tebeo (presagiando el tipo de personajes que el sello Image Comics crearía en sus inicios sólo tres años después) o al artista holandés M. C. Escher con esa réplica en imágenes de su obra Relatividad vista en el clímax final de la película. Como secuela comenzaba a perder coherencia con respecto a las anteriores y fue machacada por la crítica (dicho sea de paso, la prensa especializada nunca fue muy amiga de las aventuras de Freddy) pero un servidor le guarda especial aprecio gracias a su estética sobrecargada, sus interpretaciones pasadas de rosca y un Stephen Hopkins que demostró un talento visual epatante, convirtiéndose en una de sus señas de identidad como reivindicable realizador al servicio de Hollywood.



Pesadilla Final: La Muerte de Freddy


Título Original Freddy's Dead: The Final Nightmare (1990)
Dirección Rachel Talalay
Guión Rachel Talalay, Michael De Luca
Reparto Robert Englund, Lisa Zane, Yaphet Kotto, Shon Greenblatt, Leslie Deane, Ricky Dean Logan, Breckin Meyer, Roseanne Barr, Tom Arnold, Johnny Depp

Tras seis años explotando la fórmula que ya mostraba, como previamente hemos comentado, claros signos de debilidad New Line Cinema decidió dar carpetazo a la saga con Pesadilla Final: La Muerte de Freddy estrenada en cines el año 1991. En esta ocasión Robert Shaye no buscó un cineasta ajeno a su máquina de hacer dinero, sino que delegó responsabilidades en Rachel Talalay, productora en todas las entregas de la franquicia, exceptuando la inmediatamente anterior. Con guion de la misma directora y del productor y puntual guionista Michael De Luca (En la Boca del Miedo) o la imposición por parte de la productora de incluir una recta final rodada en el arcaico 3D de las gafas de cartón con cristales bicolor esta última entrega de la saga oficial de Pesadilla en Elm Street supuso el punto más bajo de toda la colección de largometrajes. Ver hoy día un producto como Freddy’s Dead: The Final Nightmare es experimentar una sesión continua de vergüenza ajena. Parece como si Rachel Talalay no hubiera aprendido nada de cómo rodar cine o controlar un ritmo narrativo consistente habiendo sido productora de gran parte del resto de las cintas protagonizadas por Freddy Krueger. Aunque intenta incidir más en el pasado de Freddy y de seguir al pie de las letra las reglas establecidas por las anteriores secuelas el resultado es un engendro fílmico con muertes paupérrimamente ideadas y ejecutadas, efectos especiales y de maquillaje vergonzosos y el Robert Englund más insoportable e insulso jamás visto a la hora de dar vida a su contrapartida cinematográfica. Sin transmitir un ápice de terror y entregándose a a un sentido del humor vergonzoso esta sexta película cae lo más bajo posible y no vuelve a levantar cabeza debido a errores garrafales que posiblemente conjuren los momentos más sonrojantes del cine de terror de los 90. Verlo para creerlo. La cinta de Rachel Talalay supuso uno de los films que menos recaudó de la saga, pero por suerte New Line Cinema tomó nota y dejó a Freddy dormir el sueño de los justos, aunque no por mucho tiempo.


La Nueva Pesadilla de Wes Craven




Título Original Wes Craven's New Nightmare (1994)
Dirección Wes Craven
Guión Wes Craven
Reparto Heather Langenkamp, Robert Englund, Miko Hughes, John Saxon, Matt Winston, Rob LaBelle, David Newsome, Wes Craven

Después del engendro que supuso Pesadilla Final: La Muerte de Freddy y justo cuando se cumplían diez años del estreno de la Pesadilla en Elm Street original, New Line Cinema y Wes Craven llegaron a un acuerdo para traer por última vez a Freddy a la vida y despedirlo a lo grande a manos de su creador. Pero el autor de Bendición Mortal (1981) comentó al productor Robert Shaye que sólo resucitaría a Krueger si podía contar algo diferente. De manera harto inteligente Craven decidió embarcarse en el subgénero “cine dentro del cine” para reflexionar por medio de la metareferencialidad sobre el impacto que causó el estreno del film primigenio y su éxito a nivel mundial en la vida de todos aquellos que estuvieron implicados en su gestación. Por eso La Nueva Pesadilla de Wes Craven toma como protagonistas a Heather Lagenkamp, Robert Englund, John Saxon y hasta a Wes Craven interpretándose a sí mismos iniciando el rodaje de una nueva película de Freddy Kruger para intentar que este permanezca dentro de la misma y no invada el mundo real donde está acosando a Heather y a su hijo. Este inteligente planteamiento de guion que podía haber dado pie a que el cineasta americano rodara su “Craven 8 ½” da como resultado un vergonzoso producto que destruye un atractivo punto de partida al ofrecer una entrega más sin ninguna de las virtudes de de la primera Pesadilla en Elm Street y sí muchos de los defectos que arrastraban las secuelas de la misma. Con una Heather Lagenkamp nada creíble y un insoportable Miko Hughes (el mítico y aterrador Gage Creed de la adaptación cinematográfica de Cementerio de Animales, la novela de Stephen King) este último clavo en el ataúd del asesino en serie más famoso de Sringwood sólo está un peldaño por encima de La Pesadilla Final: La Muerte de Freddy.. Una despedida indigna para el personaje y uno de los puntos más bajos de la carrera de Wes Craven, que, eso sí, sólo dos años remontaría sustancialmente con la primera entrega de Scream, siempre que hablemos de recaudación y no de calidad.


Freddy Contra Jason



Título Original Freddy vs. Jason (2003)
Dirección Ronny Yu
Guión Damian Shannon, Mark Swift
Reparto Robert Englund, Ken Kirzinger, Jason Ritter, Monica Keena, Kelly Rowland, Odessa Munroe, Chris Marquette, Lochlyn Munro, Katharine Isabelle, Brendan Fletcher, Zack Ward, Kyle Labine

En el plano final de Viernes 13 Parte 9: Jason Se Va al Infierno vemos la máscara del asesino de Crystal Lake ser arrastrada a las profundidades del averno por la garra de Freddy, de modo que la semilla de lo que una década después iba a ser Freddy vs. Jason ya estaba plantada y el fandom nunca dejó de esperar este enfrentamiento de colosos del cine de terror. En el año 2003, con Ronny Yu en la dirección (que venía de revitalizar por medio del humor negro y la socarronería la saga El Muñeco Diábolico (Child’s Play) con La Novia de Chucky) guion escrito a cuatro manos por Damian Shannon y Mark Swift o un reparto de adolescentes atractivos encabezados por Robert Englund y Ken Kirzinger el film se estrenó en carteleras de todo el mundo y fue un más que considerable éxito. Freddy vs. Jason es una mediocridad, una concesión a los sueños húmedos de los fans de unos personajes viéndose las caras en un film cuya única misión es emular todas las constantes de las secuelas de las dos franquicias, eludiendo el tono más oscuro y serio de los dos films que les dieron inicio. Salpicando de esta manera la pantalla de desnudos, sangre, vísceras con dos iconos del cine de los ochenta intercambiando golpes con una estúpida excusa argumental. Todo para que saciemos nuestro apetito de consumidores de cine trash asistiendo a una entretenida nadería que ofrece algunos momentos bien ejecutados, como ese Freddy saliendo del lago con un enorme salto en slow motion antes de atacar a Jason, y otros que causan una vergüenza ajena difícilmente controlable, como el momento pinball, una aberración cuya estupidez no está justificada ni en un producto tan descerebrado como este. Una obra que, aunque devolvió el tono bronco y crudo del cine de terror de los 80 tras unos 90 reblandecidos por, curiosamente, el Wes Craven de Scream, sólo merece la pena ser visionada por amantes de los dos personajes y de los placeres (muy) culpables.


Pesadilla en Elm Street (2010)



Título Original A Nightmare On Elm Street (2010)
Dirección Samuel Bayer
Guión Eric Heisserer, Wesley Strick
Reparto Jackie Earle Haley, Kyle Gallner, Rooney Mara, Katie Cassidy, Thomas Dekker, Kellan Lutz, Clancy Brown, Connie Britton, Lia D. Mortensen

Amanecer de los Muertos (1978), La Última Casa a la Izquierda (1972), Las Colinas Tienen Ojos (1977), La Niebla (1980). Todos estos clásicos del terror de los 70 y 80 tuvieron su secuela durante la década de los 2000, de modo que Pesadilla en Elm Street no iba a ser menos. Esta vez New Line Cinema se asoció con la productora Platinum Dunes (propiedad del cineasta Michael Bay, que ya había revisado films como La Matanza de Texas (1974) o Terror en Amitiyville (1979)), para sacar adelante un reinicio de la saga. El director elegido fue Samuel Bayer, inexperto en el mundo del cine pero respetado profesional en el del videoclip habiendo rodado material para grupos como Iron Maiden, Metallica, Nirvana o Marilyn Manson, y los guionistas que revisarían el libreto de Wes Craven para la primera entrega de 1984 fueron Eric Heisserer y Wesley Strick. En la difícil tarea de ocupar el lugar de Robert Englund para dar vida a Freddy se eligió a Jackie Earle Haley, que por aquel entonces había llamado la atención con sus trabajos en Little Children (2006) de Todd Field o dando vida a Rosrschach en la adaptación que Zack Snyder realizó de Watchmen (2009). A él le siguieron el típico grupo de adolescentes, entre los que destaca una Rooney Mara que siempre ha renegado de su participación en el film, alternado con los veteranos Clancey Brown o Connie Britton. Aunque este remake no fue bien recibido se muestra como una revisión interesante del clásico de Craven, contiene un potente look visual, el guion trata de jugar con nuevas ideas (el concepto de los microsueños da mucho juego) y por fin se decide confirmar aquello que todos sabíamos, aunque no queríamos admitir, y que el director de La Cosa del Pantano (1982) no pudo incluir de manera explícita en el film original, el perfil pederasta de Freddy. Jackie Earl Haley hereda con convicción el rol de Robert Englund, aunque evidentemente no lo supera, la cinta se ve con agrado, contiene algunos momentos sangrientos bien ejecutados y respeta el material de partida en el que se basa sin copiarlo descaradamente. Aunque no es una obra muy destacable este remake de las aventuras de Freddy es un nada desdeñable largometraje de entretenimiento tan macabro como ligero y merece la pena más que las dos entregas finales de la saga original.


Valoración General

Pesadilla en Elm Street es la película más reconocible y celebrada de Wes Craven y a día de hoy tanto la historia que relataba como el personaje que alumbró son iconos ineludibles del cine de terror. La saga a la que dio forma estuvo compuesta por una serie de largometrajes que en su mayoría superan con creces en cuanto a calidad y originalidad al 90% de producciones adscritas al mismo género que podemos ver actualmente en pantalla grande, televisión o plataformas digitales. Aunque han pasado más de diez años desde el remake del film original la intención de continuar o reiniciar nuevamente la vida onírico criminal de Freddy Kureger sigue dentro de los planes de Hollywood y con el rumor muy insistente de que podría ser Kevin Bacon el próximo actor que porte el disfraz del "hijo de cien maníacos". Por ahora nos quedamos con el clásico de Wes Craven y el resto de secuelas configurando una franquicia que, con sus altos y bajos, se revela indispensable para los amantes del cine de género.


sábado, 22 de mayo de 2021

El Ejército de los Muertos

 



Título Original Army of the Dead (2021)
Director Zack Snyder
Guion Zack Snyder, Shay Hatten, Joby Harold
Reparto Dave Bautista, Ella Purnell, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Huma Qureshi, Omari Hardwick, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Raúl Castillo, Nora Arnezeder, Matthias Schweighöfer, Samantha Jo, Richard Cetrone




Los fans de Zack Snyder (Green Bay, Wisconsin, 1 de marzo de 1966), los poseedores de sentido común y los que no, están de enhorabuena esta temporada. En el presente año 2021 van a tener la suerte de poder ver dos películas de estreno a manos de su idolatrado mesías del séptimo arte. Si el pasado mes de marzo pudimos disfrutar o sufrir, depende a quien se le pregunte, de su mastodóntica Zack Snyder’s Justice League en HBO Max y HBO, desde el pasado viernes en cines selectos y a partir del día 21 en Netflix todo tipo de espectadores tendrán a su disponibilidad El Ejército de los Muertos, la cinta anclada en subgénero zombie con la que la plataforma de streaming estadounidense ha dado carta blanca al director de 300 (2006) o Watchmen (2009) para que escriba, produzca, fotografíe y dirija a su antojo en el marco de un proyecto con un presupuesto de 90 millones de dólares. Entre teasers, trailers e imágenes promocionales de su versión ¿definitiva? de La Liga de la Justicia de DC Comics Snyder dejaba caer en redes sociales de cuando en cuando algún material de esta Army of the Dead que muchos esperábamos con ganas y deseo de ser la mejor propuesta de este 2021 a manos del sobrevaloradísimo cineasta. En Transgresión Continua hemos tenido la oportunidad de ver en pantalla grande el largometraje y a continuación ofreceremos nuestra opinión del mismo.





Como muchos sabrán Zack Snyder debutó en la dirección con una película sobre temática zombie titulada Amanecer de los Muertos (2004), que no era sino un remake del film homónimo, titulado en España como Zombi, rodado por George A. Romero en 1978 y suponiendo a su vez la segunda entrega de la trilogía sobre muertos vivientes que cambió para siempre, no sólo el celuloide adscrito a esa temática, sino el género de terror en su totalidad. Aunque diluía el mensaje contra el capitalismo y el consumo de la obra primigenia, la versión de Zack Snyder era una magnífica pieza, potenciada por el inteligente guion de un James Gunn pre Guardianes de la Galaxia, que ya desde su visceral arranque enganchaba a un espectador siempre en tensión e incapaz de apartar la mirada de la exhibición de atrocidades conjurada por el cineasta en pantalla. El resultado fue una de las mejores muestras del subgénero de los últimos tiempos y la mejor obra, desde un punto de vista puramente cinematográfico, de su autor además de la muerte de un Zack Snyder mucho menos obsesionado con la grandilocuencia visual que desapareció una vez llegó la ya mencionada 300.




A partir del estreno de su fidelísima y testosterónica adaptación del cómic de Frank Miller nació el Zack Snyder que todos conocemos y cuya impronta, sobre todo visual, sobrevuela el grueso de su filmografía. Ralentís, épica desmesurada, estética de videojuego o cada plano concebido como si fuera el clímax de la obra al que se adscribe conforman toda una serie de señas de identidad que hacen las delicias de sus acólitos y producen vergüenza ajena a sus detractores. Las buenas noticias con respecto a El Ejército de los Muertos son que ha vuelto el Zack Snyder de aquella prometedora ópera primera, siendo el mismo realizador consciente de que recuperar dicha concepción del lenguaje cinematográfico destilado en Dawn Of The Dead es la más adecuada para su segunda incursión en el subgénero. De esta manera sus numerosos tics audiovisuales sólo tienen una presencia testimonial, dejando que un tipo de realización menos megalómana y más práctica se apodere de su último proyecto detrás de las cámaras. Algo que, desde el punto de vista del arriba firmante, se agradece notablemente.




Aunque se enclava en el cine de zombies El Ejército de los Muertos es una heist movie, o lo que es lo mismo, una película de robos o atracos. Snyder y sus guionistas añaden un acertado, aunque no del todo bien aprovechado, subtexto político social sobre las terribles condiciones de vida de los inmigrantes latinos en Estados Unidos utilizando como excusa el virus zombie que asola el país, mientras lanza algunos aguijonazos a la administración Trump que han quedado rápidamente anticuados si tenemos en cuenta que hace medio año del final del mandato del nefasto ex presidente. Esta lectura, muy de agradecer, desgraciadamente sirve de caldo de cultivo para, de manera colateral, conformar uno de los mayores fallos de Army Of The Dead, su tendencia a la sensiblería barata y el dramatismo impostado que tiene como núcleo central el personaje de Kate, interpretado por Ella Purnell. Pero de las carencias de la cinta hablaremos más adelante.




El Ejército de los Muertos no sólo es el regreso XXL de Zack Snyder al celuloide que le dio la fama, también supone su homenaje a muchos de los cineastas que han influenciado en su obra y manera de entender el cine. Además del George A. Romero de su primera trilogía zombie, sobre todo el de El Día de los Muertos (1985), es imposible no pensar en el John Carpenter de 1997: Rescate en New York (1981) con esa misión en una ciudad asediada y repleta de peligros o el de la injustamente minusvalorada Fantasmas de Marte (2001) mediante la estética y manera de obrar por parte de los líderes “Alphas” convertidos en uno de los mayores atractivos del film y cuya relación de amor nos retrotrae también al Brian Yuzna de Mortal Zombie (Return Of The Living Dead III, 1993). Pero mayor peso incluso tiene el James Cameron de esa obra maestra llamada Aliens: El Regreso (1986), secuela del film primigenio dirigido por Ridley Scott a la que se apela directamente con la construcción narrativa y la estética del variopinto y multirracial equipo de cazarrecompensas comandado por el Scott Ward de Dave Bautista.




Desgraciadamente entre los pósters, teasers, trailers o el prólogo del film y esos títulos de crédito que parecieran parodiar los de Watchmen u homenajear a los de Bienvenidos a Zombieland 1 y 2 Zack Snyder nos malacostumbra prematuramente haciéndonos creer que todo su desfile de burradas repletas de sangre y vísceras se van a convertir en la tónica habitual de lo que vamos a ver a lo largo del metraje de El Ejército de los Muertos, pero desgraciadamente no es así. Es ineludible que cuando decide ponerse bestia la cinta del director de El Hombre de Acero (2013) da lo mejor de sí misma, con situaciones cargadas de violencia explícita y humor negro que salpican a la pantalla. Todo ello ejecutado con una precisión milimétrica por parte de su máximo responsable en pasajes como la primera aparición de los “Alpha”, la secuencia de los zombies hibernando o todo lo relacionado con el pasaje de la apertura de la cámara acorazada. El problema es que el excesivo metraje, 148 innecesarios minutos, y la propensión a dar peso a las relaciones interpersonales de los personajes, sobre todo los ya mencionados de Bautista y Purnell, hieren de gravedad el conjunto de la obra.




Por cada breve y efímera escena cafre y de una tensión perfectamente diseñada se alterna otra excesivamente paternalista, lacrimógena y alargada hasta lo anodino. Por suerte esta decisión narrativa no se extiende demasiado al resto de personajes secundarios, porque con los de Bautista y Purnell ya tenemos suficiente. Cada vez que ambos roles discuten, sacan sus trapos sucios o hablan de los traumáticos hechos de su pasado lo único que el espectador está esperando es que todo termine y volvamos a esa acción mucho menos presente en la trama de lo mínimamente exigible. A esto se suma lo profundamente mal que está escrito el personaje de Kate, cayendo en el tópico de la persona que toma una serie de decisiones estúpidas, aunque estén motivadas por una causa noble, sumándose a otros lugares comunes propios del subgénero zombie que Snyder abraza sin prejuicios de una manera bastante cuestionable, causando así que el ya de por sí inconsistente guión también destile aroma a mil veces visto en producciones previas de la misma temática y con mucho mejor resultado. Aunque también es cierto que la endeblez de los guiones de las películas de Netflix es algo que no debería sorprendernos.




No tiene sentido que una producto que utiliza como excusa una felación en carretera como catalizador del devenir de acontecimientos que se desarrollarán a lo largo del metraje o presentando una versión zombie del tigre de Siegfried & Roy a los pocos minutos pase a tomarse tan en serio traicionando su díscolo e iconoclasta punto de partida. Snyder tiene a su disposición todo el material artístico y técnico para construir una macarrada desprejuiciada como muchas de las cintas previamente citadas que toma como referentes, pero su propensión a la solemnidad farragosa y su cuestionable talento para crear vínculos emocionales entre sus criaturas lastran lo que podía haberse convertido en un orgiástico desfile de pólvora, gore, y sangre en sesión continua. No decimos con esto que dichos ingredientes no estén presentes en Army of the Dead, pero sí en unas cantidades muy inferiores a las esperadas y en ese sentido como espectadores no sentimos casi engañados. Aquí hemos venido a divertirnos durante 148 minutos de locura inconsciente y frenética, pero eso Snyder sólo nos lo proporciona en muy pequeñas dosis.




Finalmente Army Of The Dead no pasa de ligero entretenimiento lastrado por sus innecesarias ínfulas dramáticas y una sobredosis de metraje a todas luces excesivo por las causas previamente expuestas. Con una hora menos y concentrando más la acción nos encontraríamos ante una magnífica sucesora de El Amanecer de los Muertos, pero por desgracia el resultado queda años luz de aquella. Con todo Netflix debe estar muy satisfecha con la película si tenemos en cuenta que ya se están preparando dos precuelas. Una en imagen real llamada Army of the Thieves dirigida por Matthias Schweighöfer, actor alemán que interpreta al personaje de Dieter Ludwig y al que volverá a dar vida en este proyecto, y otra animada titulada Army Of The Dead: Lost Vegas que narrará la primera etapa de la pandemia. Nosotros nos quedamos con las ganas de que el tono sanguinolento de puntuales situaciones expuestas en la obra hubieran imperado a lo largo de toda ella y con el deseo de que este Zack Snyder, mucho más artesano talentoso que esteta encantado de conocerse, encuentre un proyecto más estimulante con el que vuelva a esos orígenes en descomposición a ritmo de The Man Comes Around, de Johnny Cash que tanto nos hicieron disfrutar.