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lunes, 30 de septiembre de 2019

Jessica Jones: Temporada 3, el largo adiós



"Jessica Jones, creíste que podías salvar el mundo. Pero te aterroriza que ya hayas fallado, y lo has hecho, porque no eres y nunca serás una heróina"



Poco antes de comenzar la producción de la tercera temporada de Jessica Jones Netflix anunciaba la cancelación de todas las series que había desarrollado junto a Marvel Television inspiradas en los superhéroes más urbanos de la famosa editorial de cómics. Proyectos como Daredevil, Luke Cage, Iron Fist, The Defenders, Punisher o la misma Jessica Jones desaparecían de un día para otro dejando en vilo el futuro de dichas producciones, sin saber a ciencia cierta si su recorrido ficcional llegaba a su cierre definitivo o si Disney las recuperaría posteriormente para su futura plataforma Disney +. La primera de estas teorías planteadas es la que parece haberse confirmado después de que en los distintos paneles dedicados a las producciones audiovisuales de la Casa de las Ideas en la última San Diego Comic Con o la reciente D23 Expo 2019 del pasado fin de semana no hayamos visto ni rastro de dichos productos o sus personajes principales. No sabemos si la prematura muerte del microcosmos que Marvel Television había diseñado dentro de la famosa plataforma de streaming influyó en el desarrollo de la última temporada de la versión en imagen real del personaje creado por Brian Michael Bendis y Michael Gaydos en las páginas de la colección Alias e interpretado por Krysten Ritter (Breaking Bad) y en el ánimo de sus máximos responsables. Pero todo apunta a que así aconteció, una vez se visiona dicha tanda de episodios y el resultado, más que cuestionable, ofrecido por la misma.





Un servidor nunca ha sido muy fan de esta versión audiovisual de Jessica Jones. La primera temporada me dejó muy indiferente, transmitiéndome la sensación de haber visto un producto simplemente aceptable con el que no empatizaba por su impersonalidad y escasa inventiva. Algo más disfruté la segunda temporada, por sacrificar su narrativa detectivesca en favor de un relato más primario, entregado a la acción y con una mayor acentuación del dramatismo gracias a la incursión de nuevos personajes bastante interesantes, como el de Alisa Jones interpretado por la actriz británica Janet McTeer. Desgraciadamente con esta tercera temporada la serie, no sólo ha desandado todo lo que había progresado en la anterior, sino que también transmite una apatía y desgana en casi todos sus apartados capaces de dejar al espectador totalmente fuera de la propuesta ofrecida, nuevamente, por la showrunner Melissa Rosenberg, dejando morir a la serie de manera pobre y triste.




La tercera temporada de Jessica Jones intenta volver a las raíces neo noir de la primera temporada estrenada en el año 2015, extrapoladas del cómic original de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos, con una trama de investigación policial relacionada con un asesino en serie que apuñala a la protagonista en el primer episodio, enviándola así al hospital. Para dar con dicho asaltante Jessica aunará fuerzas con Erik Gelden, un émpata con el que comenzará una peculiar relación a lo largo de toda la temporada. Mientras tanto, Trish “Patsy” Walker ejerce como presentadora de televisión por el día y vigilante cuando cae la noche mediante sus recién adquiridos poderes, sin darse cuenta de que se extralimita en su cometido de mantener a raya a los criminales. Por otro lado Malcolm, ya completamente reformado, trabaja para la abogada Jeri Hogarth y ambos protagonizan sus propias subtramas relacionadas con el intento de armonizar sus respectivas vidas personales y profesionales, sin mucho éxito.




Todo este material planteado por el equipo de guionistas, si bien repleto de lugares comunes, podía haber ofrecido un producto de calidad con una adecuada estructuración narrativa y perfil de personajes. Pero, contra todo pronóstico, la desidia, el distanciamiento y el paupérrimo trabajo a la hora de escribir a los protagonistas hunden en el pozo de la mediocridad los, una vez más, excesivos trece episodios de los que consta esta nueva temporada de Jessica Jones. Sus responsables apelan en esta ocasión a una trama más algo más oscura y sórdida, con ecos de thrillers como El Silencio de los Corderos o Seven, a la hora de seguir los pasos de Jessica y Erik para dar con el asesino al que persiguen. Pero la puesta en escena, ya de por sí impersonal, de la serie se antoja desangelada y raquítica en esta nueva incursión del programa, sin llegar a ofrecer un sólo pasaje memorable entre una sesión continua de escenas anodinas, insustanciales y acomodaticias en exceso.




El reparto no hace un mal trabajo y se entrega por salvar sus descaracterizados personajes, pero el material que los guionistas han puesto a su disposición les impide cualquier ejercicio empático con un espectador que mira a estas criaturas entre la indiferencia y el rechazo. Los personajes principales se mueven entre la inoperancia dramática, por mucho que la escritura quiera incidir superficialmente en sus emociones, de unos y la más pura e insulsa antipatía de otros. Se antoja una tarea hercúlea identificarse con un puñado de roles deambulando por subtramas inanes e intrascendentes sin fuerza o arrojo que al llegar a su conclusión, previamente establecida, lo hacen de manera rematadamente torpe. Luego podría dedicar una entrada completa para hablar de lo que han hecho en esta tanda de episodios con el personaje de Gata Infernal, porque no tiene nombre como han pisoteado la contrapartida audiovisual de Patsy Walker, tampoco muy brillante en las temporadas anteriores, con una esforzada Rachael Taylor incapaz de salvarla del naufragio.




Michelle Rosenberg, Krysten Ritter y sus colaboradores, delante y detrás de las cámaras, podrían haber optado por entregarse al máximo para ejecutar una última temporada destacable, potente, vibrante, y que así tanto los productores como los espectadores percibieran como un error la cancelación de la serie y lamentaran lo ocurrido. Desgraciadamente nada de eso se ha llevado a cabo y Jessica Jones se ha despedido por la puerta de atrás y con ella todas las series de Marvel Television adheridas a la plataforma de streaming. Más allá de las tres temporadas de Daredevil, la primera de Punisher y la de The Defenders, que a un servidor le agrada bastante, esta colaboración a la hora de adaptar personajes de la Casa de las Ideas dentro de los parametros establecidos por Netflix ha sido un “quiero y no puedo” de manual en el que la intencionalidad de ofrecer ficción protagonizada por superhéroes con un aire diferente al de las versiones de la televisión generalista ha desembocado en un casi total fracaso.



martes, 20 de marzo de 2018

Jessica Jones: Temporada 2, origen secreto



“No eres súper, eres una maldita bomba de relojería”




Después del excelente recibimiento que tuvo Daredevil la asociación entre Marvel Television y Netflix alumbró la segunda serie inspirada en personajes de la Casa de las Ideas y en dicha ocasión decidieron llevar a imagen real la colección Alias, que el guionista Brian Michael Bendis y el ilustrador Michael Gaydos habían diseñado para el sello MAX, dirigido a lectores adultos, de Marvel Comics. Con la guionista y productora Mellisa Rosenberg (Dexter, Birds of Prey) en labores de showrunner y la actriz Krysten Ritter (Breaking Bad) dando vida a la investigadora privada, y ex superheroina, Jessica Jones, la primera temporada de la serie homónima tuvo una muy buena acogida y agradó tanto a los fans de las viñetas como al público generalista. Después de haber formado parte de The Defenders junto al ya citado Daredevil, Iron Fist y Luke Cage la propietaria de Alias Investigations vuelve en 2018 con la segunda temporada de su show en solitario que la plataforma de streaming estrenó íntegra el pasado día 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. Vaya por delante que al que esto suscribe la primera tanda de episodios de Jessica Jones le causó una notable indiferencia, sin parecerme un mal producto, pero sí una serie que no me transmitía las buenas sensaciones que la mayor parte de espectadores habían experimentado con ella. Por suerte mi parecer ha cambiado considerablemente con esta segunda entrega, que sin encontrarse entre las mejores propuestas del tándem Marvel/Netflix, sí me ha parecido un excelente proyecto muy superior a la primera. A continuación incluiré algunos importantes spoilers para hablar en profundidad de la temporada.




Esta segunda temporada de Jessica Jones supone un notable cambio con respecto a la primera, tanto en el tono con el que está abordada como producto televisivo como en lo referente a los personajes, mucho más importantes en esta ocasión para el devenir de acontecimientos que cimentan la serie. Melissa Rosenberg y sus colaboradores se han preocupado de mantener, e incluso acentuar, esa inteligente mezcolanza entre relato neo noir y aventura con apuntes superheróicos, pero el matiz es mucho más crudo, violento, incitándonos en todo momento a temer por la integridad física y psicológica, no sólo de Jessica Jones, sino también del resto de personajes secundarios que en esta ocasión están mucho mejor perfilados y definidos que en la primera tanda de episodios. Malcolm (Eka Darville), Trish (Rachael Taylor), Jeri (Carrie-Anne Moss) dejan de ser complementos, excusas narrativas para potenciar el rol protagonista y comienzan a personificar subtramas personalizadas en las que luchan contra sus propios demonios internos, tienen que enfrentarse a dilemas morales o adicciones destructivas que repercutirán tanto en ellos mismos como en los que les rodean. Gracias a esta decisión de guión los amigos de Jessica evolucionan como seres tangibles y acaban la temporada habiendo pasado por un proceso de cambio más que notorio.




Como es lógico de esta positiva decisión en lo referente al retrato de personajes quien más se beneficia es la propia Jessica Jones. Esta segunda temporada como tal ejerce el rol que debería haber tomado la primera, dar origen a los poderes de su protagonista y hablarnos de su génesis como personaje de ficción por medio de una trama central que con la excusa de las típicas investigaciones detectivescas va desenmarañando la telaraña que da forma a su pasado tomando como núcleo central el accidente de tráfico en el que murieron sus progenitores y su hermano, siendo ella fue la única superviviente. Desde esta perspectiva el rol de una Krysten Ritter excelente, que supera con creces su trabajo previo en la serie, se ve brutalmente enriquecido con el personaje de su madre, Alisa Jones, interpretada por una actriz brillante como la británica Janet McTeer (La Mujer de Negro). Jessica se enfrenta al dilema que supone haber encontrado a su madre supuestamente muerta por un lado y tener que tratar con ella con una mujer inestable psicológicamente que ha demostrado sobradamente su instinto asesino. Por suerte no tenemos un rol unidimensional al uso, ya que todo lo relacionado con la progenitora de la investigadora privada está repleto de pequeños detalles, matices, una construcción minuciosa de su personalidad que tiene su momento álgido en la relación que mantiene con los dos tipos diferentes de guardias que velan por su cautiverio una vez se encuentra encarcelada en “La Balsa”.




Esta segunda temporada de Jessica Jones ha contado con un gran número de mujeres guionistas y exclusivamente directoras en todos y cada uno de sus episodios, algo que un servidor no sabe si ha influido en la considerable mejora de la serie, pero que esto ha sucedido es un hecho fehaciente. Como ya hemos mencionado los guiones profundizan más en los personajes, sus acciones tienen consecuencias que en algunas ocasiones no tienen vuelta atrás, la historia toma una dimensión que la primera temporada ni llegó a vislumbrar y se adentra en terrenos de una notable ambigüedad que se extienden a los mismos protagonistas mostrando una visión nada complaciente de Jessica que alejada del perfil ortodoxo superheróico gana enteros al debatirse entre si es una vigilante o un experimento científico andante con un latente instinto homicida a punto de explotar. Desde el punto de vista técnico la realización también ha mejorado notablemente, sin un excelente trabajo como el visto en las series de Daredevil o Punisher, pero con una puesta en escena más dinámica cuando la acción lo demanda y dejando respirar a los encuadres y lucirse a los actores cuendo estos se convierten en el núcleo central de la trama. A destacar el episodio AKA I Want Your Cray Cray construido casi en su totalidad sobre un flashback y ese AKA Ain’t We Got Fun, con aparición sorpresa, a manos de Jennifer Lynch, escritora, guionista, directora e hija de David Lynch.




La segunda temporada de Jessica Jones ha sido una grata sorpresa para el que esto firma. Después de la decepción que supuso la primera con esta, de la que vi un sólo trailer y con bastante indiferencia, esperaba algo por el estilo que no despertara demasiado mi interés, sobre todo después de lo muy satisfecho que quedé con el visionado del debut televisivo de Frank Castle que había dejado el listón por los cielos. Contra todo pronóstico me he encontrado con un producto más implicado con sus criaturas, más orgánico y adulto, planteando situaciones que no apelan al blanco y negro, resultando mucho más atractivo de cara a todo tipo de espectadores. Esperemos que este buen hacer aplicado a la nueva temporada televisiva de la creación en papel de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos se extienda a las series de Luke Cage y Iron Fist, ya que al ser los dos productos más flojos de la asociación entre Marvel Television y Netflix tenían un más que considerable margen de mejora, pero potencial para reverlase como productos más interesantes que en sus primeras incursiones en el medio audiovisual. El alter ego de Power Man será el primero en probar suerte en este sentido, ya que hace poco comenzó el rodaje de su segunda tanda de episodios esperando que el “efecto Jessica Jones” alargue su sombra hacia el barrio de Harlem y sus habitantes.


sábado, 25 de noviembre de 2017

The Defenders: Temporada 1, historias de New York



"El tema con la guerra es que sólo funciona si ambos bandos creen que son los buenos"





El pasado 18 de agosto llegó la culminación de la primera etapa de las series de Marvel Studios diseñadas junto a la plataforma de streaming Netflix con The Defenders. Después de dos temporadas de Daredevil y una de Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist la contrapartida catódica de los superhéroes creados por Roy Thomas en 1971, que han sido aquí adaptados con no pocas licencias en cuanto al tono de la propuesta como en lo referido a los miembros que dan forma al grupo, llegó por fin a la pequeña pantalla. Los showrunners elegidos para ocuparse de esta primera entrega de The Defenders fueron Douglas Petrie y Marco Ramírez, ambos implicados en la producción de Daredevil, y al reparto de la serie formado por los lógicos Charlie Cox, Krysten Ritter, Mike Colter y Finn Jones se sumaron varios de los secundarios de los shows protagonizados en solitario por estos actores y otros como Sigourney Weaver en el rol de la nueva villana de la temporada.





The Defenders supone la culminación de cinco temporadas previas que sufrieron un considerable descenso gradual de calidad sobre todo en lo concerniente a Luke Cage y Iron Fist, productos que abrazaron una serie de vicios y carencias que por suerte la serie que nos ocupa abandonó (casi) en su totalidad. Porque en esta ocasión podemos hablar de un proyecto que recupera unos niveles de calidad más que aceptables con respecto a las correrías en solitario de Power Man o Danny Rand, aprovechando al máximo el pequeño microcosmos que Marvel Studios ha creado alrededor de estos cuatro personajes, explotando todos los añadidos narrativos que se incluyeron para enriquecerlos a nivel individual y que aquí son amalgamados para dar forma a una amenaza mayor que dicho grupo de héroes sólo podrá derrotar si trabaja cojnutamente a pesar de la disparidad de caracteres que los diferencia.




Salvando las distancias en cuanto a medios, presupuesto y pretensiones lo experimentado con The Defenders no deja de ser un émulo de lo que muchos fans de Marvel Cómics vivimos la primera vez que vimos a los Vengadores interactuar como grupo en la cinta homónima de 2012 escrita y dirigida por Joss Whedon, una sensación de enorme satisfacción después de años leyendo las aventuras en papel de dichos personajes ejerciendo como equipo en imagen real y constituyendo un producto por el que merecía la pena gastar el tiempo y el dinero. Porque el mayor acierto de The Defenders es que sus showrunners se dieron cuenta de lo que estaba fallando en las últimas incursiones en la ficción audiovisual de dichos iconos del cómic y decidieron arreglarlo por medio de decisiones considerablemente acertadas que jugaron a favor del proyecto de cara a un público que en gran parte se estaba cansando de la fórmula Marvel/Netflix y su tibieza tonal y narrativa.




Dentro de los mayores aciertos de The Defenders está la decisión por parte de sus creadores de reducir los innecesarios trece episodios a ocho, concentrando de esta manera más el argumento que vertebra la temporada para eludir en todo momento el relleno del que hacían gala, sobre todo, Luke Cage y Iron Fist. Por otro lado también es una virtud el hecho de que esta tanda de episodios vaya al grano en cuanto a la acción y la concreción de ideas, ya que los personajes ya están presentados y definidos física y psicológicamente, sus enemigos (los que sobrevivieron) ya nos son conocidos y los secundarios que se relacionaron con ellos anteriormente son incluidos de manera muy orgánica y nada forzada en esta nueva serie, llegando incluso a interactuar unos con otros sin que se antoje una decisión narrativa forzada y caprichosa por parte de los guionistas, enriqueciendo así el contexto en el que se mueven los cuatro protagonistas.




Como era de esperar The Defenders se sustenta principalmente en la química entre los cuatro personajes principales y el resultado es tan bueno que consigue que roles interpretados por actores hasta cierto punto poco carismáticos como los de Mike Colter y Finn Jones funcionen mejor que en sus series en solitario gracias a compartir plano con los considerablemente más magnéticos Charlie Cox y Krysten Ritter. Los pasajes de humor que comparten Danny Rand y Luke Cage, la sorna de Jessica Jones y utilizar a Matt Murdock como eje central sobre el que sustenta el entramado de la temporada (los creadores del proyecto saben que es el mejor de los cuatro protagonistas, ya sea en compañía o de manera individual) ofrecen la mejor cara de un producto en el que todo funciona adecuadamente y sin estridencias, aunque tampoco adentrándose en ningún momento en la excelencia debido a la agradecidamente liviano de su propuesta.




Después de la decepción que supuso en Iron Fist no tener unas escenas de lucha que estuvieran a la altura de una serie de televisión dedicada a Danny Rand en The Defenders vuelven gran parte de las potentes coreografías que pudimos disfrutar en las dos temporadas de Daredevil y que aquí de nuevo están presentes a lo largo y ancho de los ocho episodios. Dos de estas secuencias en concreto destacan por encima del resto y como no podía ser menos son la primera en la que el equipo actúa como tal intentando escapar de los hombres de la Mano comandados por Alexandra Reid y la segunda que tiene lugar en el clímax final con la batalla campal y el enfrentamiento final de Daredevil con Elektra. Con una puesta en escena adecuada y unos pasajes dinámicos muy compactos The Defenders devuelve algo de la fuerza técnica que habían perdido las producciones de la Casa de las Ideas para Netflix y que no estuvieron al 100% en las dos series inmediatamente anteriores a esta.




Por otro lado tenemos otra de las molestas señas de identidad de las producciones Marvel de Netflix que se cumple una vez más y de manera bastante molesta. Ese mal endémico en el que se presenta y desarrolla un villano considerablemente bien perfilado e interpretado por un actor o actriz que hace su trabajo con una profesionalidad intachable, Sigourney Weaver devora el encuadre y eclipsa a sus compañeros de reparto cada vez que la cámara repara en su presencia, desaparece de manera abrupta para a la mitad de la temporada ser sustituido por otro. En esta ocasión por suerte el rol de enemiga del grupo de héroes que abandona Alexandra Reid lo toma la Elektra de Élodie Young que al igual que ya hiciera en la segunda temporada de Daredevil realiza una muy creíble encarnación de la asesina de origen griego creada por Frank Miller durante su mítica etapa con el Hombre Sin Miedo en los cómics.




Los guiones de los episodios al desarrollar una historia que abarca sólo ocho entregas se adscriben a un tono dinámico que elude rodeos o relleno innecesario y después de contextualizar el entorno en el que se moverán los personajes de manera individual los hace trabajar en grupo y hasta la recta final de la temporada la acción y el desarrollo potente de acontecimientos es ejecutado con considerable pericia, sólo viéndose algo ralentizado después del primer combate con la Mano cuando se ven recluidos en el restaurante chino estancando un poco la trama central, pero saliendo airosa al poco tiempo y recuperando el tiempo dedicado a que los cuatro protagonistas se conozcan los unos a los otros. De este modo The Defenders hace uso de cierta pátina de sense of wonder pero siempre al servicio del tono urbano en el que se han inscrito estos cuatro héroes normlamente tanto en las viñetas como en su versión catódica previa a esta temporada.




The Defenders supuso una necesaria inyección de adrenalina en pleno corazón de las series Marvel de Netflix gracias a una visión menos solemne del material de partida, un ritmo más adecuado en el que el tono de thriller se apoderaba de la tanda de episodios y a la química de un grupo de actores que funcionan al 100% compartiendo pantalla. Sin llegar a ser tan buena como las que hasta ese momento eran las dos mejores muestras de lo que podía ofrecer la Casa de las Ideas en colaboración con la plataforma de streaming, las dos temporadas de Daredevil, el show coordinado por Douglas Petrie y Marco Ramírez nos hizo recuperar la esperanza a aquellos que, como el que esto firma, la perdimos hacía tiempo entre series realizadas con muy buenas intenciones y poca profesionalidad redundando en los mismos fallos y que por suerte no han vuelto a sucederse en entregas posteriores, ni en esta The Defenders que nos ocupa ni en la posterior Punisher de la que vamos a hablar en breve en Transgresión Continua.


sábado, 28 de enero de 2017

Jessica Jones: Temporada 1, cold case



"Quizá baste con que el mundo me considere una heroína. Quizá si me esfuerzo lo suficiente hasta pueda engañarme a mí misma"




Dentro de la nueva política editorial que Joe Quesada instauró en Marvel a principios de la década pasada quiso darle protagonismo al sello MAX especializado en cómics dirigidos al público adulto. Series como el Punisher de Garth Ennis, el Deadpool/Masacre de Dave Lapham o el Lobezno de Jason Starr ofrecieron historias de personajes clásicos de la Casa de las Ideas pasados por un tamiz que permitía acentuar la violencia, el sexo y el lenguaje malsonante. Pero dentro de MAX también nacieron series de nuevo cuño como Alias. Escrita por Brian Michael Bendis y dibujada por Michael Gaydos la colección protagonizada por la superhéroina reconvertida en detective secreta Jessica Jones abarcó 28 números editados entre 2001 y 2004 y se convirtió en uno de los trabajos más reconocidos del polémico autor de Powers, Ultimate Spiderman o la más reciente versión de Guardianes de la Galaxia.




Tras el considerable éxito de la primera temporada de Daredevil Marvel Television y Netflix tomaron la no poco arriesgada decisión de que Alias fuera la siguiente colección de la editorial norteamericana que tuviera su adaptación catódica. Con el nombre de Jessica Jones y la actriz Kristen Ritter (Breaking Bad) encabezando un reparto formado por secundarios como Rachael Taylor (Transformers) Eka Darville (Spartacus: Sangre y Arena) o David Tennant (Doctor Who) entre otros, la presencia de Melissa Rosenberg (Dexter, Crepúsculo) en labor de showrunner y la producción ejecutiva del mismo Brian Michael Bendis Netflix lanzó la primera temporada completa el 20 de Noviembre de 2015 obteniendo una buena acogida por parte del público, la prensa especializada y el fandom que recibieron con los brazos abiertos los peculiares casos de Alias Investigations.




Con un poco de tardanza un servidor ha podido por fin ver esta primera temporada con la que Netflix ha puesto la segunda piedra dentro de su universo televisivo adherido a la editorial Marvel y su subdivisión audiovisual. Por desgracia a pesar de las buenas intenciones, el potente material de partida con el que Melissa Rosenberg y sus colaboradores al guión y la dirección han contado y el competente reparto que puebla el apartado artístico del producto Jessica Jones me ha causado una notable indiferencia a lo largo del recorrido que marcan sus trece episodios. Hay varios problemas en la ejecución y desarrollo de un producto como el ideado por Netflix para llevar a imágenes las viñetas ideadas por Brian Michael Bendis y Michael Gaydos y en la entrada que nos ocupa voy a tratar de enumerar cuáles son y en qué sentido perjudican al conjunto de una serie que podía haber sido considerablemente superior a lo que finalmente ha ofrecido.




Uno de los mayores aciertos narrativos que tenía Alias y que Jessica Jones no ha sabido trasladar a imágenes es la armonía y coherencia con la que Brian Michael Bendis y Michael Gaydos alternaban el tono noir del relato detectivesco que servía de núcleo a la historia con el superhéroico que también basculaba el devenir de la colección, algo que también consiguió captar con acierto el autor de Scarlett en la serie Powers y que, paradójicamente, su adaptación televisiva supo reflejar con más acierto que la producción de Netflix que nos ocupa, eso sin llegar a ser un producto notable en ningún aspecto. Desde el opening la serie de Melissa Rosenberg quiere mostrarse de cara al público como una historia detectivesca con una antiheroína de protagonista sin dejar de lado los superpoderes que dan un matiz fantástico a la historia, pero el adecuado discurrir de ambas vertientes se alterna de manera irregular y con escasa cohesión.




Esta carencia bastante notable se ve considerablemente solapada por la profesionalidad del equipo técnico que se ocupa de dar empaque a la serie abordándola con un tono oscuro y lacónico que, esta vez sí, está bien adaptado de las viñetas. La puesta en escena y el look visual que S.J. Clarkson imprimió en el episodio piloto son respetados por el resto de realizadores (entre ellos un John Dahl que después de haber sido la gran promesa del cine independiente con La Última Seducción o Rounders ahora se dedica a ofrecer sus servicios a la televisión) que Netflix contrató para sacar adelante dicha empresa y todos ellos cumplen sobradamente con su labor de artesanos que ejecutan su trabajo con atino, pero no destacando en ningún aspecto como sí sucedía en no pocos episodios de la primera temporada de Daredevil que cronológicamente precedía a esta de Jessica Jones que nos ocupa.




En la estructura del guión también podemos encontrar ciertos defectos que si bien no toman forma hasta avanzada la temporada una vez salen a la luz la lastrán hasta su mismo cierre. La amenaza de Kilgrave es el núcleo central sobre el que orbitan todos los personajes principales y las distintas tramas que rodean a Jessica Jones. En los primeras episodios sólo por las reacciones tanto físicas como psicológicas de la protagonista podemos percibir la aterradora ubicuidad que imprime en la serie el inminente regreso del villano con la capacidad de controlar la voluntad de sus semejantes con el simple uso de su voz. El problema estriba en que cuando Kilgrave torna en una presencia física, en un personaje más, parece como si toda esa asbtracción intimidante que transmitía cuando no hacía acto de presencia en pantalla se convirtiera en algo más mundano, común y simplista, un villano proototípico a fin de cuentas. Eso sumado a su búsqueda por parte de Jessica que se antoja repetitiva y de escaso desarrollo suponen un lastre para el devenir de los acontecimientos de los distintos capítulos.




En cuanto al reparto es ineludible que la elección de Kristen Ritter es un acierto en toda regla, La actriz de Big Eyes posee las justas dosis de carsima, atractivo, macarrismo, ironía y melancolía para ser una aceptable Jessica Jones y mostrarse creíble a la hora de darle vida. Dentro del resto del reparto de secundarios todos hacen bien su labor, pero más allá de Mike Colter en la (indestructible) piel de Luke Cage, ninguno destaca como para ofrecerle una mención de honor, aunque cierto es que se agradecen algunos regresos como los de Carrien Ann Moss (Matrix) o Rebecca De Mornay (La Mano Que Mece la Cuna). Curiosamente el mayor problema de casting llega con el mejor actor del mismo y es que David Tennant es una mala elección para dar vida a Kilgrave, ya que el actor británico por muy hijo de puta que se muestre ante cámara, por muchas barbaridades y actos crueles que lleva a cabo con sus víctimas en ningún momento deja de transmitir al espectador una sensación de "buenrollismo" que va en contra de su misión de intimidar al respetable.




Jessica Jones ha supuesto la primera decepción para el que esto firma con respecto a la colaboración entre Marvel y Netflix. Como previamente he mencionado la apuesta era arriesgada y el simple hecho de haberla sacado adelante ya tiene su mérito, pero Melissa Rosenberg y su equipo no han sabido mezclar adecuadamente los ingredientes que tenían a su disposición para ofrecer una adaptación potente de Alias, al menos en lo que a esta primera tanda de episodios se refiere. Por suerte la sensación de desilusión me ha durado poco gracias al visionado de los primeros episodios de la segunda temporada de Daredevil, de la que hablaré próximamente, y que antes de llegar a su ecuador ya ha ofrecido el mejor retrato que se ha hecho de Frank Castle en el medio audiovisual y una potentísima secuencia de acción (la del falso plano secuencia con la pelea contra los miembros del club motero Dogs of Hell) que confirman que la Casa de las Ideas todavía tiene mucho que decir en la pequeña pantalla.