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jueves, 18 de octubre de 2018

Iron Fist: Temporada 2, el legado del dragón



"El Iron Fist no es un arma para ser guardada, sino utilizada"




Después de la segunda temporada de Luke Cage le tocaba a Danny Rand estrenar la continuación de sus aventuras serializadas para la plataforma de streaming Netflix. La primera temporada estrenada en 2017 transmitió a un servidor la indiferencia propia de un producto mediocre incapaz de hacerse grande con unas paupérrimas secuencias de lucha eclipsadas por la subtrama culebronesca de la familia Meachum, tampoco nada del otro mundo, despertando más interés que el personaje protagonista, interpretado con esfuerzo pero nulo carisma por el británico Finn Jones. El pasado 7 de septiembre la nueva tanda de episodios protagonizada por Puño de Hierro era liberada por Netflix, diez episodios contando con el habitual reparto formado por el ya citado actor de Juego de Tronos, Jessica Henwick, Tom Pelphery y Jessica Stroup a los que en esta ocasión se suman Simone Missick recuperando su papel de Misty Knight procedente de la serie centrada en el alter ego civil de Power Man y Alice Eve (Star Trek: En la Oscuridad) dando vida a una María Tifoidea en la que nos detendremos un poco más tarde. Una vez vista la decena de episodios la impresión es bastante más favorable que con los trece anteriores en varios aspectos, pero el resultado sigue sin alcanzar unos niveles de calidad estimables capaces de convertirla en una serie destacable en alguno de sus apartados.




Después de haber sido tildada como la peor serie de la colaboración entre Marvel Television, ABC Studios y Netflix parece que los responsables de la misma (con el nuevo showrunner, M. Raven Metzner, a la cabeza) han tomado nota de los errores de la primera temporada y han intentado subsanarlos, en ocasiones bordeando lo inesperado. El primero, no exento de gravedad, al que han dado solución ha sido el del número de episodios, pasando de los excesivos trece a unos diez más sensatos. Pudiera parecer que eliminar únicamente tres episodios no influyera demasiado con respecto a la duración de la temporada, pero ese trío de horas menos se agradece notablemente, no sólo por reducir de esta manera el relleno de la serie, sino por dar un ritmo mucho más dinámico al proyecto, convirtiéndose en una tanda de capítulos propensa a consumirse con bastante más ligereza si la comparamos con, por poner un ejemplo, la última entrega de Luke Cage cuyo desarrollo en ocasiones se hacia muy cuesta arriba. Por suerte esas diez entregas saben capitalizar la atención del espectador por medio de la acción sin olvidar las tramas secundarias centradas en los hermanos Meachum, roles todavía importantes en el programa, pero en esta ocasión con menos protagonismo




Otra de las asignaturas pendientes con respecto a Iron Fist, algo demencial si tenemos en cuenta la naturaleza tanto de la serie como del cómic en el que se inspira, era la de las desangeladas coreografías de lucha en los combates cuerpo a cuerpo, a años luz de las brillantes vistas en las dos temporadas de Daredevil, impropias de un show con las artes marciales como habilidad máxima de su protagonista. En esta nueva decena de horas centradas en el alter ego superheróico de Danny Rand por fin encontramos secuencias dinámicas a la altura de las consecuencias, con peleas bien encuadradas, sus adecuadas dosis de espectacularidad, unos actores notablemente implicados en su trabajo para no tener que recurrir excesivamente a los especialistas en escenas de riesgo y todo con una puesta en escena adecuada para que cada golpe o llave se vea con claridad cristalina en pantalla. Para dar empaque a dichos pasajes la implicación física de Finn Jones, Sacha Dhawan y sobre todo Jessica Henwick es encomiable demostrando los tres las horas de entrenamiento para lucir sus aptitudes físicas delante de la pantalla siendo, una vez más, la actriz británica de origen chino la más capacitada a la hora de protagonizar acción. En lo referido a esto nos vemos en la obligación de hacer una parada en el más radical cambio llevado acabo en esta nueva temporada de Iron Fist.




Contra todo pronóstico y aún a riesgo de ser una percepción a un nivel personal no necesariamente compartida por el resto de espectadores consumidores de esta segunda temporada de las aventuras de Danny Rand me da la impresión de que los guionistas de la serie han convertido al personaje principal en un “secundario importante” dentro de su propia serie. Pareciera como si la excusa narrativa de los rituales para transmitir los poderes del Iron Fist sirviera como justificación para quitar peso al rol de Finn Jones en favor del de Jessica Henwick, algo ya confirmado en los últimos episodios. Esta decisión podría deberse a un sano intento por dar más peso a los personajes femeninos de las series Marvel/Netflix (ahí tenemos también el peso de María Tifoidea, Misty Knight y Joy Meachum) con vistas a una posible futura serie protagonizada por mujeres, pero a un servidor le da la impresión de haber sido todo orquestado para dejar sutilmente al actor británico en un segundo plano por el desacierto de casting que supuso su elección para el papel a pesar de su, previamente citada, total implicación física a la hora de ejecutar adecuadamente su labor interpretativa, pero ofreciendo unos resultados insuficientes.




En lo referido a la escritura la mayor parte del peso de la trama que vehicula el desarrollo de la temporada recae en la rivalidad entre Danny Rand y Davos sustentada en una relación de complicidad y rechazo cuyo origen se remonta a la infancia de ambos cuando entrenaban para conseguir ser el nuevo Iron Fist en K’un-Lun. El problema es que los dos intérpretes elegidos para dar vida a la pareja de amigos y contrincantes es incapaz de conectar con los espectadores, algo en lo que incidiremos en el siguiente párrafo. Las subtramas centradas en los hermanos Meachum, cada uno de ellos protagonizando la suya propia, no tienen tanta relevancia como en la primera temporada, pero añaden los suficientes alicientes para mostrar la personalidad poliédrica y contradictoria de Joy y la vulnerabilidad de Ward. Gracias al adecuado devenir de acontecimientos y el competente ensamblamiento de los distintos arcos argumentales desarrollándose en paralelo el ritmo de la serie y la alternancia entre acción y pasajes más íntimos se revelan adecuados para no aburrir en ningún momento a un espectador a estas alturas ya acostumbrado a tener que aguantar metraje de más en las series producidas por el tándem Marvel/Netflix.




En cuanto a la labor interpretativa del reparto tenemos luces y sombras siempre dentro de un nivel simplemente aceptable desde una perspectiva global. Aunque Finn Jones sigue intentándolo a estas alturas es generalizada la opinión de que la suya fue una errónea elección de casting, más si cabe cuando la frescura, fuerza y carisma de Jessica Henwick eclipsan cualquier intento por capitalizar los encuadres compartidos por ambos. Jessica Stroup intenta abordar su criatura aplicándole muchos más matices que en anterioridad, consiguiéndolo en gran medida, mientras Tom Pelphrey no ve la necesidad de un esfuerzo excesivo por su parte para confirmarse como el mejor actor de todo el casting, algo ya vislumbrado en la primera temporada. Por desgracia las notas más discordantes las ponen Sacha Dhawan y Alice Eve. El primero por corporeizar la quinta esencia inexpresividad y el anticarisma demostrando que un buen físico no es nada sin unas mínimas aptitudes dramáticas y dando al traste de esta manera a su relación con Danny Rand, tampoco muy sobrado de personalidad, para conseguir una conexión adecuada entre ambos rivales. La segunda por poder hace más bien poco con el personaje puesto en sus manos por los guionistas. Nada de la letal y desdoblada María Tifoidea ideada por Ann Nocenti y John Romita Jr en las páginas de Daredevil, o de alguna de sus destacables encarnaciones posteriores en las viñetas, puede verse en este secundario cuyo única conexión con la Mary Walker original es el nombre y padecer desorden de identidad disociativo, ya que hasta su génesis se aleja totalmente de lo visto en los cómics.




Mientras escribo estas líneas llega a mí la noticia de la cancelación de la serie por parte de Netflix después de la pobre recepción de esta segunda y última temporada. Por un lado lamento la decisión ya que, aún estando lejos de la calidad de productos como Daredevil o Punisher (algo compartido con Luke Cage y Jessica Jones) por fin el programa parecía encontrar el camino adecuado para moldear su propia personalidad aunque fuera sacrificando el protagonismo de su personaje principal. Por otro comprendo que en una época como la nuestra con un amplio abanico de series puestas a nuestra disposición por canales de televisión o plataformas de streaming una serie como esta, titubeante en su primera tanda de episodios y todavía dubitativa en la segunda, no encuentre su lugar en la era de la inmediatez audiovisual y la alta competitividad dentro del medio audiovisual. A pesar de esta decisión por parte de Netflix parece haber intención por parte de Marvel Television de no finiquitar al personaje (algo extensible también a los secundarios) y hacer uso de él en un futuro próximo en alguna de sus otras series hermanas o esa Héroes de Alquiler esperada por muchos fans de tanto de Iron Fist como de Luke Cage. Por ahora todo queda en standby y nuestra próxima parada acontecerá el próximo 18 de octubre con el estreno de la esperada tercera temporada de las aventuras de Matt Murdock de la que también daremos buena cuenta por estos lares a la mayor brevedad posible.




sábado, 25 de noviembre de 2017

The Defenders: Temporada 1, historias de New York



"El tema con la guerra es que sólo funciona si ambos bandos creen que son los buenos"





El pasado 18 de agosto llegó la culminación de la primera etapa de las series de Marvel Studios diseñadas junto a la plataforma de streaming Netflix con The Defenders. Después de dos temporadas de Daredevil y una de Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist la contrapartida catódica de los superhéroes creados por Roy Thomas en 1971, que han sido aquí adaptados con no pocas licencias en cuanto al tono de la propuesta como en lo referido a los miembros que dan forma al grupo, llegó por fin a la pequeña pantalla. Los showrunners elegidos para ocuparse de esta primera entrega de The Defenders fueron Douglas Petrie y Marco Ramírez, ambos implicados en la producción de Daredevil, y al reparto de la serie formado por los lógicos Charlie Cox, Krysten Ritter, Mike Colter y Finn Jones se sumaron varios de los secundarios de los shows protagonizados en solitario por estos actores y otros como Sigourney Weaver en el rol de la nueva villana de la temporada.





The Defenders supone la culminación de cinco temporadas previas que sufrieron un considerable descenso gradual de calidad sobre todo en lo concerniente a Luke Cage y Iron Fist, productos que abrazaron una serie de vicios y carencias que por suerte la serie que nos ocupa abandonó (casi) en su totalidad. Porque en esta ocasión podemos hablar de un proyecto que recupera unos niveles de calidad más que aceptables con respecto a las correrías en solitario de Power Man o Danny Rand, aprovechando al máximo el pequeño microcosmos que Marvel Studios ha creado alrededor de estos cuatro personajes, explotando todos los añadidos narrativos que se incluyeron para enriquecerlos a nivel individual y que aquí son amalgamados para dar forma a una amenaza mayor que dicho grupo de héroes sólo podrá derrotar si trabaja cojnutamente a pesar de la disparidad de caracteres que los diferencia.




Salvando las distancias en cuanto a medios, presupuesto y pretensiones lo experimentado con The Defenders no deja de ser un émulo de lo que muchos fans de Marvel Cómics vivimos la primera vez que vimos a los Vengadores interactuar como grupo en la cinta homónima de 2012 escrita y dirigida por Joss Whedon, una sensación de enorme satisfacción después de años leyendo las aventuras en papel de dichos personajes ejerciendo como equipo en imagen real y constituyendo un producto por el que merecía la pena gastar el tiempo y el dinero. Porque el mayor acierto de The Defenders es que sus showrunners se dieron cuenta de lo que estaba fallando en las últimas incursiones en la ficción audiovisual de dichos iconos del cómic y decidieron arreglarlo por medio de decisiones considerablemente acertadas que jugaron a favor del proyecto de cara a un público que en gran parte se estaba cansando de la fórmula Marvel/Netflix y su tibieza tonal y narrativa.




Dentro de los mayores aciertos de The Defenders está la decisión por parte de sus creadores de reducir los innecesarios trece episodios a ocho, concentrando de esta manera más el argumento que vertebra la temporada para eludir en todo momento el relleno del que hacían gala, sobre todo, Luke Cage y Iron Fist. Por otro lado también es una virtud el hecho de que esta tanda de episodios vaya al grano en cuanto a la acción y la concreción de ideas, ya que los personajes ya están presentados y definidos física y psicológicamente, sus enemigos (los que sobrevivieron) ya nos son conocidos y los secundarios que se relacionaron con ellos anteriormente son incluidos de manera muy orgánica y nada forzada en esta nueva serie, llegando incluso a interactuar unos con otros sin que se antoje una decisión narrativa forzada y caprichosa por parte de los guionistas, enriqueciendo así el contexto en el que se mueven los cuatro protagonistas.




Como era de esperar The Defenders se sustenta principalmente en la química entre los cuatro personajes principales y el resultado es tan bueno que consigue que roles interpretados por actores hasta cierto punto poco carismáticos como los de Mike Colter y Finn Jones funcionen mejor que en sus series en solitario gracias a compartir plano con los considerablemente más magnéticos Charlie Cox y Krysten Ritter. Los pasajes de humor que comparten Danny Rand y Luke Cage, la sorna de Jessica Jones y utilizar a Matt Murdock como eje central sobre el que sustenta el entramado de la temporada (los creadores del proyecto saben que es el mejor de los cuatro protagonistas, ya sea en compañía o de manera individual) ofrecen la mejor cara de un producto en el que todo funciona adecuadamente y sin estridencias, aunque tampoco adentrándose en ningún momento en la excelencia debido a la agradecidamente liviano de su propuesta.




Después de la decepción que supuso en Iron Fist no tener unas escenas de lucha que estuvieran a la altura de una serie de televisión dedicada a Danny Rand en The Defenders vuelven gran parte de las potentes coreografías que pudimos disfrutar en las dos temporadas de Daredevil y que aquí de nuevo están presentes a lo largo y ancho de los ocho episodios. Dos de estas secuencias en concreto destacan por encima del resto y como no podía ser menos son la primera en la que el equipo actúa como tal intentando escapar de los hombres de la Mano comandados por Alexandra Reid y la segunda que tiene lugar en el clímax final con la batalla campal y el enfrentamiento final de Daredevil con Elektra. Con una puesta en escena adecuada y unos pasajes dinámicos muy compactos The Defenders devuelve algo de la fuerza técnica que habían perdido las producciones de la Casa de las Ideas para Netflix y que no estuvieron al 100% en las dos series inmediatamente anteriores a esta.




Por otro lado tenemos otra de las molestas señas de identidad de las producciones Marvel de Netflix que se cumple una vez más y de manera bastante molesta. Ese mal endémico en el que se presenta y desarrolla un villano considerablemente bien perfilado e interpretado por un actor o actriz que hace su trabajo con una profesionalidad intachable, Sigourney Weaver devora el encuadre y eclipsa a sus compañeros de reparto cada vez que la cámara repara en su presencia, desaparece de manera abrupta para a la mitad de la temporada ser sustituido por otro. En esta ocasión por suerte el rol de enemiga del grupo de héroes que abandona Alexandra Reid lo toma la Elektra de Élodie Young que al igual que ya hiciera en la segunda temporada de Daredevil realiza una muy creíble encarnación de la asesina de origen griego creada por Frank Miller durante su mítica etapa con el Hombre Sin Miedo en los cómics.




Los guiones de los episodios al desarrollar una historia que abarca sólo ocho entregas se adscriben a un tono dinámico que elude rodeos o relleno innecesario y después de contextualizar el entorno en el que se moverán los personajes de manera individual los hace trabajar en grupo y hasta la recta final de la temporada la acción y el desarrollo potente de acontecimientos es ejecutado con considerable pericia, sólo viéndose algo ralentizado después del primer combate con la Mano cuando se ven recluidos en el restaurante chino estancando un poco la trama central, pero saliendo airosa al poco tiempo y recuperando el tiempo dedicado a que los cuatro protagonistas se conozcan los unos a los otros. De este modo The Defenders hace uso de cierta pátina de sense of wonder pero siempre al servicio del tono urbano en el que se han inscrito estos cuatro héroes normlamente tanto en las viñetas como en su versión catódica previa a esta temporada.




The Defenders supuso una necesaria inyección de adrenalina en pleno corazón de las series Marvel de Netflix gracias a una visión menos solemne del material de partida, un ritmo más adecuado en el que el tono de thriller se apoderaba de la tanda de episodios y a la química de un grupo de actores que funcionan al 100% compartiendo pantalla. Sin llegar a ser tan buena como las que hasta ese momento eran las dos mejores muestras de lo que podía ofrecer la Casa de las Ideas en colaboración con la plataforma de streaming, las dos temporadas de Daredevil, el show coordinado por Douglas Petrie y Marco Ramírez nos hizo recuperar la esperanza a aquellos que, como el que esto firma, la perdimos hacía tiempo entre series realizadas con muy buenas intenciones y poca profesionalidad redundando en los mismos fallos y que por suerte no han vuelto a sucederse en entregas posteriores, ni en esta The Defenders que nos ocupa ni en la posterior Punisher de la que vamos a hablar en breve en Transgresión Continua.


martes, 10 de octubre de 2017

Iron Fist: Primera Temporada, el fulgor del dragón



"Soy Iron Fist, protector de K'un-Lun y enemigo jurado de La Mano"




El "Inmortal Puño de Hierro", como se conoció en España por medio del mundo de las viñetas, es el cuarto personaje de Marvel Cómics que protagoniza serie propia en Netflix. Su primera temporada supone el quinto episodio dentro del universo televisivo que la plataforma de streaming ha diseñado con Marvel Studios y cronológicamente está situada entre los debuts de Luke Cage y Los Defensores. Para dar vida al alter ego de Danny Rand se eligió al actor británico Finn Jones, conocido principalmente por su intervención en la serie Juego de Tronos dando vida a Ser Loras Tyrell, el "Caballero de las Flores". A él le acompañan Jessica Henwick (Star Warks VII: El Despertar de la Fuerza), Jessica Stroup (Ted), Tom Pelphrey (Banshee) y David Wenham (300) entre otros y como showrunner del programa encontramos a Scott Buck (Dexter) que también se ha ocupado de la muy vapuleada serie Los Inhumanos, inspirada una vez más en personajes de la Casa de las Ideas.




Poco antes del estreno oficial de Iron Fist en Netflix la plataforma puso a disposición de la prensa especializada los seis primeros episodios de la temporada y la respuesta negativa por parte de los periodistas que la vieron no se hizo esperar demasiado, Tal fue el revuelo que levantaron las no pocas reseñas negativas que recibió la serie que el mismo Finn Jones salió en defensa de la producción de Marvel Studios con unas no muy acertadas declaraciones que no hicieron ningún bien al recibimiento del show. Una vez estrenada la tanda de capítulos la respuesta por parte del público no se alejó demasiado de la de los críticos, afirmando que Iron Fist era la peor de los series adscritas al MCU y distribuidas por Netflix, osadía esta que un servidor no puede compartir del todo y que tratará de rebatir, en la medida de lo posible, más adelante en esta misma entrada.




Iron Fist como personaje de cómic debutó en en el número 15 de la colección Marvel Premiere a manos del guionista Roy Thomas y el dibujante Gil Kane en el año 1974. Ya fuera en solitario o formando equipo con Luke Cage, entre otros, en Héroes de Alquiler o Power Man y Iron Fist Danny Rand se convirtió en un personaje de Marvel que si bien nunca conoció la fama de coetaneos como Spider-Man, Lobezno o Iron Man sí llegó a ser un rol clave dentro de la vertiente más urbana de la editorial estadounidense compartiendo el rol de "Maestro del Kung Fu" con el mítico Sang Chi, de Steven Englehart y Jim Starlin, con el que  inevitablemente llegó a compartir más de una viñeta. Si el ya mencionado Luke Cage era la respuesta de la Casa de las Ideas al blaxploitation cinematográfico, Puño de Hierro lo era a la fiebre del celuloide de artes marciales, encabezado por Bruce Lee, que a lo largo de los 70 y 80 invadió las pantallas y videoclubs de medio mundo.




La versión televisiva de Iron Fist comienza con el regreso de Danny Rand a New York después de haber pasado quince años desaparecido después de, supuestamente, haber muerto en un accidente de avión con sus padres cuando era un niño. Danny ha regresado a su ciudad de origen para fomar parte de Rand Enterprises, la empresa que fundó su progenitor, y que hoy está regida por los hermanos Ward y Joey Meachum, amigos de infancia de Danny e hijos del mejor amigo de su padre, Harold, también fallecido. Poco a poco iremos descubriendo la personalidad secreta del protagonista, la de Iron Fist, un guerrero experto en artes marciales que gracias al entrenamiento que recibió en la ciudad de K'un Lun, situada en el Himalaya consiguió los poderes que le permiten canalizar su chi para convertir su puño derecho en un arma de fuerza sobrehumana que destruye todo lo que golpea y cuya misión es vencer a la organización criminal La Mano, representada por la letal Madame Gao.




Contrariamente a lo que se dijo en su momento Iron Fist no es una mala serie, principalmente porque, al igual que Daredevil, Jessica Jones o Luke Cage, consigue eludir, con más o menos fortuna, la mayor parte de los clichés adheridos a las producciones televisivas superheróicas ofreciendo unos resultados en cierta manera originales en comparación con productos como Supergirl, Agentes de SHIELD o The Flash. Pero de lo que Iron Fist sí puede ser acusado, con todas las de la ley, es de ser un producto que en no pocas ocasiones se adentra en el fanganoso terreno de la mediocridad por culpa de una tibieza impropia de las producciones Marvel/Netflix, que evidentemente nunca han sido un dechado de ficción de autor, pero sí hacían gala de cierta pátina de personalidad marcada que se adecuaba a los distintos géneros en los que se aventuraban las correrías del resto de miembros del grupo los Defensores.





El mayor pecado que comete una serie como Iron Fist es que siendo un relato protagonizado por un personaje cuya principal característica es ser un experto en artes marciales no sólo contiene pocas escenas de lucha a lo largo de sus trece episodios, sino que las que sí podemos ver en pantalla, sobre todo en los primeros cinco episodios, están póbremente coreografiadas y ejecutadas. Resulta chocante que después de lo realistas y potentes que fueron las secuencias de acción física de las dos primeras temporadas de Daredevil las que tienen lugar en la de Iron Fist, que deberían ser los mejores pasajes técnicos del recorrido del show, se muestran de cara al espectador de manera tan desangelada y tibia que se antoja difícil de creer. Sólo en los tres últimos episodios podemos ver algunos combates que sí merecen la pena, como el que tiene lugar en el clímax final y en el que Danny saca todo el poder del Puño de Hierro. En ese sentido la serie no da la talla cuando debería ser el apartado en el que cogieran más fuerza la trama central y el personaje principal.




Por otro lado también es de recibo mencionar que a lo largo de toda la temporada es la trama de los Meachum la que devora el resto de líneas argumentales de la obra, incluida la del personaje protagonista que en no pocos episodios parece un rol secundario condicionado a los actos realizados por sus socios. Las traiciones, resurrecciones, adicciones, intrigas o juegos de poder y muerte que implican a Harold, Ward y Joey hacen que el grueso de Iron Fist parezca una actualización estilizada de Falcon Crest, incluso mostrando la familia de empresarios y criminales más de un punto en común con los Channing del culebrón protagonizado por una diabólica Jane Wyman en los años 80, en la que su equipo de guionistas parecen tener más interés por saber en manos de quién acabará Rand Enterprises que por la resolución de la cruzada que Iron Fist mantiene contra La Mano y que debería vascular el núcleo central del relato.




En cuanto al reparto es inevitable citar el considerable error de casting que supone haber elegido a Finn Jones para dar vida a Danny Rand y su alter ego superheróico, con el que poco tiene que ver interior o exteriormente, sobre todo en lo referido a su contrapartida en las viñetas. Vaya por delante que el actor británico se esfuerza notablemente a la hora de ejecutar su trabajo y sería de necios afirmar que no se implica a la hora de, sobre todo en las escenas físicas, dar lo mejor de sí mismo. Pero el intérprete de la futura Leatherface es al anticarisma en persona, un actor que no tiene las facultades adecuadas para dar vida a un arma letal andante como Puño de Hierro que hubiera sido mucho mejor interpretado por un tipo de actor más ducho en artes marciales como Scott Adkins o aquel Ray Park que durante años fue candidato a dar vida al personaje. Profesionales estos mucho más austeros y limitados pero que hubieran dado perfectamente el perfil para ejecutar a un creíble Iron Fist.




Aunque previamente hemos mencionado que la subtrama familiar de la familia Meachum era la que de manera innecesaria más tiempo robaba en esta temporada de Iron Fist también es de recibo afirmar que los actores que la protagonizan hacen el mejor trabajo de la serie. Jessica Stroup acomete bien su labor dando vida a Joey y esa ambigüedad en la que se adentra su rol en la recta final de show puede dar buenos frutos en el futuro. Pero son un enorme David Wenham y un superlativo Tom Pelphrey los que mejores momentos ofrecen con su trabajo interpretativo. El primero evoluciona de empresario corrupto a asesino sin escrúpulos muy adecuadamente y protagonizando alguna secuencia memorable, la del asesinato del becario, el segundo en cambio lleva a cabo su tarea de una manera tan profesional que, como me comentó mi compañero Daniel Gavilán en una conversación, parece salido de un programa mucho mejor que este Iron Fist que no termina por hacerle justicia.




Del bando de Danny Rand debemos destacar al otro gran descubrimiento de Iron Fist, Jessica Henwick dando vida a Colleen Wing. La actriz británica no sólo da voz y cuerpo a la perfecta mezcla entre belleza y fuerza que exige su personaje, también devora impunemente a Finn Jones cada vez que comparte plano con él sobre todo en lo referido a implicarse en las secuencias de lucha que a a ella se le dan mucho mejor que a él en todos los aspectos. Por otro lado también tenemos cumpliendo sobradamente a la recurrente Rosario Dawson, a Wai Ching Ho o a un carismático y sólido Ramón Rodríguez en la piel de Bakuto, ocupando el lugar de Madame Gao en la Mano y contrarrestando el efecto Cottonmouth/Diamondback de Luke Cage al introducir a mitad de temporada un nuevo villano que esta vez supera al que protagonizó la primera parte de la misma y no al revés, como sí sucedía con los ya mencionados en la serie protagonizada por Mike Coulter.




Aunque es un producto impersonal y realizado con el piloto automático Iron Fist no es lo peor que ha ofrecido Marvel Studios por medio de Netflix, ese dudoso honor lo tiene la segunda mitad de la temporada de Luke Cage cuyo cúmulo de despropósitos argumentales hacen que cualquier error narrativo de la serie que nos ocupa en esta entrada parezca escrito por Aaron Sorkin o David Mamet. Con todo la adaptación televisiva de Puño de Hierro vuelve a confirmar que después de la segunda temporada de Daredevil los productos ofrecidos por la división cinematográfica de la Casa de las ideas en asociación con la casa de Sense 8, Stranger Things o Narcos siguen de capa caída. Por suerte no todo está perdido en este sentido ya que mientras escribo estas líneas ya llevo vistos tres episodios de The Defenders y con ellos parece que la mala racha termina, algo de lo que daré buena cuenta dentro de poco cuando reseñe por estos lares la primera temporada que une a Matt Murdock, Jessica Jones, Luke Cage y Danny Rand.