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viernes, 8 de abril de 2022

The Batman

 


Título Original The Batman (2022)
Director Matt Reeves
Guion Peter Craig, Matt Reeves, basado en el personaje creado por Bill Finger y Bob Kane
Reparto Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis, Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald, Alex Ferns, Rupert Penry-Jones, Kosha Engler, Janine Harouni




En 2017 saltaba la noticia y no éramos pocos los que la celebrábamos. Ben Affleck, que venía de interpretar por primera vez al Hombre Murciélago en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, se encargaría de producir, escribir, dirigir y protagonizar una película en solitario del alter ego superheróico de Bruce Wayne. Si sumamos su encarnación del icono creado en 1939 por Bill Finger y Bob Kane, uno de los mayores aciertos de la muy irregular cinta de Zack Snyder, al más que desmotrado talento detrás de las cámaras de Affleck con proyectos tan reseñables como Adios Pequeña Adiós, Ciudad de Ladrones (The Town), la oscarizada Argo o la minusvalorada Vivir de Noche la buena nueva no podía ser recibida con más entusiasmo por gran parte del fandom.




El problema es que el multifacético protagonista de Persiguiendo a Amy se encontró con un muro infrancleable, el del caos que ya por aquel entonces comenzaba a gestarse dentro de las oficinas de Warner Bros y DC Entertainment con respecto al adecuado discurrir de un universo cinematográfico cuyas endebles bases no habían sido adecuadamente asentadas con El Hombre de Acero y la ya citada Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia. De manera que después de que Affleck cediera la silla de director a Matt Reeves (Déjame Entrar, El Amanecer del Planeta de los Simios) finalmente se desvinculó totalmente del proyecto cuando el realizador rechazó su guion pasando así el proyecto a localizarse fuera de la cronología establecida por los films de Zack Snyder y ha posponerse durante años.




Finalmente y después de una producción problemática debido a varios contagios de COVID-19 durante el rodaje, entre ellos el del mismo actor protagonista, The Batman llegaba a cines de todo el mundo el pasado 4 de marzo con Matt Reeves como realizador y co guionista, compartiendo labores de escritura junto a Peter Craig, y Robert Pattinson encabezando un reparto en el que reconocemos los rostros de Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis o Peter Sarsgaard entre otros. Las alabanzas por parte de la prensa especializada internacional fueron de proporciones mastodónticas, algunas de ellas posicionándola como la mejor película de Batman jamás rodada, algo que, para un servidor, dista mucho de la realidad.




The Batman arranca con un prólogo brillante, posiblemente uno de los pasajes cinematográficos más interesantes de la historia cinematográfica del personaje. Por fin parecía que un director, en este caso uno con tanto talento como Matt Reeves, conseguía capturar en poco menos de diez minutos la iconocidad universal del guardián de una Gotham crorrupta, oscura y peligrosa. En esos primeros compases Batman es expuesto en pantalla casi como un concepto, una entidad demiúrgica moviéndose entre las sombras y cuya potencial presencia hiela la sangre a unos críminales que parecieran considerarlo el Hombre del Saco. La atmósfera propia de cine de terror, la tan eficiente como desvergonzada banda sonora de Michael Giacchino y esa voz en off afrmando que la Batseñal no solo es una llamada, sino también una advertencia, parecen prepararnos para lo mejor.




Si The Batman hubiera sido un cortometraje centrado en esos primeros minutos podría haberse revelado como una de las piezas audiovisuales más potentes y definitorias de Batman y con su presencia física casi sin materializarse en pantalla. El problema es que Matt Reeves y Peter Craig no solo no consiguen matener ese nivel tan alto, sino que después del arranque traicionan su poderosísimo punto de partida. Si acabas de ilustrar a Batman como una presencia que "infunde terror en sus enemigos" pasajes como el de la primera visita a la sala Iceberg o su irrupción en la escena del crimen con criminales y agentes de la ley respectivamente mirándole por encima del hombro e increpándole lo único que consigues es desmontar el impecable andamiaje sobre el que ibas a construir tu historia.




Una vez hemos asumido que todo lo visto en el inicio ha sido un espejismo no podemos negar que The Batman todavía contiene suficientes alicientes para revelarse como una notable película protagonizada por el superhéroe de DC Comics. Es ineludible que la labor técnica detrás de The Batman es sobresaliente y que en ella Matt Reeves ha depositado más de diez años de profesionalidad demostrada detrás de las cámaras. El cineasta estadounidense se aleja del procedimental discurrir del celuloide superheróico hegemónico para abrazar la vertiente detectivesca y noir de su protagonista y ofrecer una pieza que a nivel de puesta en escena o diseño de producción tiene más que ver con Seven o Zodiac que con cualquier otra obra pretérita centrada en el Cruzado Enmascarado.




Como era de esperar todos los pasajes de acción están ejecutados con suma eficiencia. Matt Reeves consigue la proeza de que una película con una calificación PG13 destile una violencia física cruda, seca, con golpes impartidos y recibidos por Batman transmitiendo una orgánica sensación de brutalidad animal. También sería de recibo mencionar la parte desarrollada en el funeral con una tensión magníficamente construida gracias a la labor tanto de Reeves como de sus actores, como la de un desaprovechado Peter Sarsgaard. Pero en lo referido a este tipo de secuencias es de recibo destacar la persecución entre Batman y el Pinguino en la que el Batmóvil cobra todo el protagonismo, consiguiendo algo inusual como tranmitir claustrofobia con dos vehículos en continuo movimiento y con uno de ellos como salido del mismísimo infierno. 




En lo referido al reparto encontramos grandes nombres, pero no interpretaciones que se ajusten a los mismos. Es cierto que la labor del cast es encomiable con todos los interpretes ejerciendo su oficio con soltura, pero ninguno realiza una trabajo para el recuerdo y el único que está a punto de conseguirlo es boicoteado por el guion. Robert Pattinson da vida al Bruce Wayne más triste, grave y dramático, pero como eso es lo que Matt Reeves le habrá exigido no se puede poner ninguna pega a su composición y Jeffrey Wright está a la altura dándole la replica como James Gordon. Zoe Kravitz cumple sobradamente con su versión de Catwoman, John Turturro hace lo propio con Carmine Falcone y Colin Farrell se divierte de lo lindo con su Oswald Cobblepot, pero este podía haber pasado por cualquier mafioso genérico ya que poco tiene de la esencia del villano que todos conocemos, algo aplicable también al despersonalizado e infrautilizado Alfred Pennyworth de Andy Serkis




Es Paul Dano, un titán al que hemos visto lucirse en obras como There Will Be Blood, el que mejor trabajo realiza configurando su peculiar versión de El Acertijo. Este Edward Nigma vuelve a hundir sus raíces en la filmografía de David Fincher y es que si su estética y modus operandi nos retrotraen al Asesino del Zodiaco hay en su personalidad algo del John Doe de Kevin Spacey para Seven, pero sobre todo nos recuerda su brillante Alex Jones de la no menos excelsa Prisioneros. Todo lo relacionado con esta contrapartida de Edward Nigma transmite interés y sirve como acertada lectura sobre el actual mundo streamer, pero lo inteligentemente planteado hasta la escena de su detención se ve ensombrecido con su carácter volátil e histriónico una vez mantiene la conversación con Batman en Arkham. Aquí la encomiable construcción del rol se desinfla y acaba derivando en otro más desdibujado y alejado del asesino a sangre fría que habíamos visto previamente.




Pero mi mayor problema con The Batman es con su construcción narrativa y su trama detectivesca. Celebro la decisión de Matt Reeves y su equipo de entragrarse al thriller policíal con asesino serial, pero esta elección requiere una solidez en el guion de la que el largometraje carece. Se antoja poco creíble que el primer enigma sea resuelto por Batman y Gordon con inmediatez cuando el de la "rata alada" se alarga en exceso en el tiempo pese a su simpleza. Casualidades repartidas por toda la trama como la sonrojante de la moqueta o decisiones inverosímiles como Falcone encerrándose en su despacho solo con Selina sin haberla registrado o toda la policía de Gotham, con Gordon a la cabeza, dejando acercarse a la alcaldesa al atril para hablar a los ciudadanos sin la compañía de nadie de seguridad en una situación de máximo peligro son trampas que  menoscaban la credibilidad del film en favor de encarrilar la historia hacia donde necesitan sus autores.




The Batman muestra un reinicio de franquicia con gran potencial que al menos en su primera incursión no ha sido aprovechado. A estas alturas lamentar lo que podría haber sido ese proyecto con Ben Affleck como hombre orquesta es una futilidad, pero se antoja imposible no pensar en ello y los resultados que hubiera ofrecido. Al film de Matt Reeves le sobra metraje y le falta solidez como historia, pero su acabado estilístico y un reparto destacable nos hacen no perder la esperanza con respecto a esa secuela que vistos los buenos resultados en taquilla no se hará mucho de rogar. Antes de ella nos esperan dos spin off  en forma de serie para HBO Max,  Gotham PD: centrada en los cuerpos policiales de la ciudad y otro con el Pinguino de Colin Farrell como protagonista que a un servidor sobre el papel llaman poco o nada la atención. Veremos si el tiempo me hace cambiar de opinión.


martes, 22 de febrero de 2022

El Pacificador (Peacemaker), it's only rock 'n' roll (but I like it)


"¡Comed paz, hijos de puta!"



The Suicide Squad, la secuela/reboot del famoso grupo de DC escrita y dirigida por James Gunn (Guardianes de la Galaxia Vol. 1 y 2), supuso toda una agradable sorpresa el pasado 2021. Antes de que pudiéramos verla y disfrutarla en pantalla grande como una de las mejores y más divertidas cintas del DCEU nos enterábamos de que Warner Bros y DC Entertainment encargaban al director de Slither (2006) poner en marcha una serie protagonizada por Peacemaker, el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette para Charlton Comics, que más tarde pasaría a ser propiedad de DC, interpretado en pantalla grande por el famoso actor y luchador profesional estadounidense John Cena convirtiéndose en uno de los personajes más recordados del largometraje. Recuperando a varios de los secundarios que pudimos ver en el film de 2021, a los que se sumerían otros nuevos, y narrando hechos posteriores al mismo, desde el pasado día 13 de enero ya podemos disfrutar en HBO Max de los tres primeros episodios de esta nueva ficción.



Después de un cold opening en el que se nos presenta la actual situación del personaje principal y unos divertidísimos títulos de crédito que marcan perfectamente el tono de la serie, convirtiéndose en la comidilla del fandom durante estos días con todo merecimiento, lo que podemos encontrar es un proyecto con una calidad de producción, y es algo que sucede también con las series de Marvel Studios para Disney Plus, que en poco debe envidiar a los estrenos en pantalla grande del DCEU. Hablamos de una ficción 100% James Gunn en la que asisistimos una versión algo blanqueada de Peacemaker en comparación a lo que nos era revelado al final de The Suicide Squad, pero siempre jugando son su instinto asesino o prejuicios sexuales y raciales. Ahí es donde el producto encuentra algunas de sus mayores virtudes, en su choque entre lo políticamente correcto e incorrecto haciendo sorna con las dos vertientes de pensamiento y con la línea que los separa difuminándose continuamente.



El primer episodio, A Whole New Whirled, es el más compacto en cuanto a guion y presenta de manera harto eficiente a los personajes secundarios que se codearán con el alter ego "superheróico" de Christopher Smith. En esos poco menos de 45 minutos que dura el capítulo se condensa el humor cafre y en ocasiones zafio, muy hermanado con el de la reividicable M.O.D.O.K de Marvel Television y Hulu, con unas secuencias de acción rodadas con rotundidad y fiereza por parte de un James Gunn alejándose del tono algo más ligero de sus incursiones en el MCU, heredando el de su ya citada The Suicide Squad o el de piezas previas de su filmografía como Super o sus incursiones primigenias en la Troma Entertainment de Lloyd Kaufman. Todo un desfille de salvajadas y chifladuras que, como en todo trabajo salido de la mano de su autor, siempre contiene en su interior un poso dramático o trágico que vascula el relato.



En el segundo episodio, Best Friends, For Never, el guion de James Gunn tropieza a la hora de intentar alargar algunos gags cómicos que no funcionan o no tienen el timing adecuado, cayendo en ocasiones en cierto ridículo, pero afortunadamente el desarrollo de la trama, la presenteción de personajes como el Vigilante y la acción subsanan cualquier fallo. El tercer capítulo, Better Goff Dead, encarrila la máquina y ofrece momentos desopilantes una vez el rol reimaginado en las viñetas por Marv Wolfman y George Pérez se establece como recurrente en el casting. Pero si hay un motivo de peso que me hace tener esperanza en esta serie y lo que tenga que ofrecernos en el futuro es un John Cena pletórico, carismático y exprimiendo al máximo una vis cómica, hasta hoy desaprovechada o poco explotada, que a lo largo de esta Peacemaker seguro nos deperará momentos memorables, ya que solo en una película y tres episodios nos ha regalado más de uno para el recuerdo. A la espera de ello quedamos hasta la próxima semana.



The Choad Less Traveled, alucinógenamente traducido en España como Cipote Se Hace al Andar, suponemos que por un fan de Antonio Machado en HBO Max España, marca la cuarta entrega de esta Peacemaker que mantiene a James Gunn al guion, pero ya cuenta en la dirección con el realizador Jody Hill (Observe & Report) no solo consolidando todas sus virtudes mostradas en los tres primeros episodios, sino acrecentándolas notablemente y reduciendo al máximo las carencias. La trama central se ve beneficiada gracias todo lo relacionado con el Auggie Smith de un brillante Robert Patrick, al que hacía años no veíamos tan resuelto delante de la cámara, dando vida a un nazi bastardo de manual. Toda la parte del capítulo desarrollada en la cárcel y sobre todo la de la "infiltración" depara momentos memorables con pasajes de violencia rodados de manera brutal.



En este sentido James Gunn ya marcó en los tres primeros episodios el tono de una propuesta que no se corta un pelo a la hora de mostrar situaciones salvajes desde un plano físico en consonancia a lo visto en The Suicide Squad. Por ello Jody Hill toma el relevo de su predecesor con la máxima fidelidad y ejecuta alguna que otra secuencia memorable como la de la pelea en el parking en la que John Cena y Nhut Le dan lo mejor de sí mismos para goce del espectador. Pero además de ello no solo la construcción de los gags humorísticos es más sólida, salvo alguna excepción, es que el drama comienza a abrirse paso y todo apunta a que impactará directamente en el personaje principal exgiendo a Cena adentrarse en terrenos interpretativos que hasta ahora mismo le eran ajenos. Las primeras muestras de ello, que pueden verse en los úlitmos minutos de este episodio, dejan vislumbrar algo que podría llegar a ser memorable.



Con The Choad Less Traveled llegamos al prematuro ecuador de Peacemaker y por ahora las impresiones de un servidor no pueden ser mejores ante lo que en ningún momento deja de ser un divertimento alocado y desprejuiciado en el que se pueden apuntar ideas tan locas como usar el racismo de un supremacista blanco para que ayude a eliminar aliemígenas por el simple hecho de que "odia a los extranjeros" o adentrarse en terrenos más trágicos al ir recuperando hechos del pasado del protagonista. Con Christopher Smith comenzando a tocar fondo desde un punto de vista psicológico y una revelación importante como la que podemos ver en el último plano del capítulo nos quedamos a la espera de que la semana que viene la serie de James Gunn no solo siga manteniendo el tipo, sino que se supere a sí misma una vez más como lleva haciendo desde que irrumpió con su ya prometedor episodio piloto.



Con malas vibraciones da sus primeros compases este Monkey Dory, que supone el quinto episodio de la temporada, cuando vemos a James Gunn alargar hasta la extenuación el gag del protagonista enumerando celebridades, idea que más condensada hubiera quedado impecable, pero que tan extendida en el tiempo no solo pierde su gracia, sino que se antoja agotadora recordando a los peores tiempos de Padre de Familia y la manía de Seth MacFarlane de repetir hasta el vómito bromas que él y sus colaboradores creían merecedoras de más metraje. Por suerte este pasaje es breve y solo una mácula dentro de otro episodio memorable que recupera todo el punch con el asalto al "nido de mariposas" en el que la directora Rosemeray Rodriguez (The Walking Dead, Jessica Jones) despliega todo el abanico de violencia explícita ya indisociable tanto al personaje principal como a la serie con momentos brillantes y homenajes explícitos a La Invasión de los Ultracuerpos y sus variantes.



Después de la adrenalínica dosis de acción el episodio levanta el pie del acelerador para recurrir a una de las mejores virtudes de James Gunn como guionista, estrechar lazos entre unos personajes que son un dechado de defectos, carencias afectivas y problemas mentales. La dinámica entre los distintos roles se afianza, comienzan a limarse asperezas entre unos y otros y el culmen de este devenir de acontecimienos desemboca en la memorable secuencia de la creación del grupo de WhatsApp que, como hemos podido ver estos días en redes sociales, ha tenido lugar también en el mundo real con los actores de la serie implicados. Desgraciadamente y conociendo la carrera previa de James Gunn esta concesión a los sentimientos es muy probable que sea la antesala de una escabechina en los próximos episodios con la integridad física de varios de los secundarios en peligro. Solo el tiempo nos dirá si acierto con mis elucubraciones.



Aunque no es el mejor episodio de la temporada, ese honor ahora mismo lo detenta el The Choad Less Traveled de la pasada semana, sí mantiene el alto nivel de una ficción que está gustando a propios extraños gracias a su descaro, naturaleza iconoclasta y carisma en sesión continua. Peacemaker se mantiene como un proyecto que encapsula todas las virtudes de James Gunn como escritor o cineasta y casi ninguna de sus carencias, que aun habiéndolas no empañan un ápice el buen trabajo del autor y sus colaboradores delante y detrás de las cámaras. Con un cliffhunger muy potente, dejando el povenir de la serie pendiente de un hilo, todo apunta a que el sexto capítulo del próximo jueves será clave para encarrilar la recta final de una temporada que hasta el momento no ha hecho otra cosa que darnos una satisfacción tras otra. Ojalá sigamos así hasta el cierre de la tanda de episodios, esperando que estos no sean los últimos.



El de este sexto episodio titulado Murn After Running, en referencia a la divertida película Burn After Reading de los hermanos Coen, es un caso curioso. Después de la escalada de calidad y desarrollo de personajes, sobre todo en la cuarta y quinta entrega, ahora nos encontramos con lo que aparenta ser un capítulo visagra o de transición en el que James Gunn, recuperando su puesto de director, y sus colaboradores comienzan los preparativos de la traca final que tendrá lugar a partir de la semana que viene. De esta manera encontramos aquí todas las carcaterísticas audiovisuales y narrativas que han carecterizado a Peacemaker como serie desde su mismo arranque, pero centrándose más en una acción que para en seco esa profundidad dramática que el futuro director de Guardianes de la Galaxia Vol. 3 había construido con suma eficiencia en The Choad Less Traveller y Monkey Dory. De manera que durante sus primeros treinta minutos nos encontramos con un episodio menos trascedente que sus predecesores.




Pero todo cambia en el último acto, cuando Gunn y su equipo ponen definitivamente las piezas sobre la mesa para dejar la maquinaria lista de cara a la batalla final, con esa memorable secuencia paralela protagonizada por la Detective Sophie Song de Annie Chang y el Auggie Smith de Robert Patrick, volviendo a un plano mucho más intimista en el que Christopher Smith, y no Peacemaker, interpreta al piano Home Sweet Home de Motley Crue con un John Cena que el mismo Gunn ha confirmado como ejecutor real del tema. Aquí es donde la serie revela sus verdaderas intenciones, no sólo dar una profundidad dramática a un personaje en apariencia plano gracias a la excelente labor de escritura propuesta por sus autores, sino también por la entrega de un actor protagonista que como aventurábamos previamente se está revelando como un intérprete brillante después de haber explotado su vis cómica en los primeros capítulos encontrándose ahora muy cómodo en un dramatismo nunca tremendista o lacrimógeno, pero sí emotivo y cercano.



Solo dos episodios quedan para que ponga fin Peacemaker. El séptimo lo podremos ver la próxima semana en HBO Max con el título Stop Dragon My Heart Around, un juego de palabras con el tema Stop Draggin’ My Heart Around de Stevie Nicks, y mucho se tiene que torcer la cosa para que la serie ideada por James Gunn y protagonizada por John Cena no se convierta en una de las mejores basadas en personajes de cómics que vayamos a ver este 2022. Este es el camino que deben seguir DC Entertainment y Warner Bros a la hora de llevar a sus iconos de las viñetas al medio audiovisual, apelar a la convivencia entre productos de distintos tonos y géneros sin problema a que visiones más oscuras alternen recorrido con otras luminosas o como en el caso que nos ocupa una amalgama entre comedia cafre repleta de humor negro con personajes que se adentran sin problema en terrenos más humanos con los que los espectadores podamos indentificarnos.




Como ya vaticinaba un servidor el pasado Murn After Reading daría paso a la traca final de Peacemaker que comienza con el séptimo y penúltimo episodio Stop Dragon My Heart Around. Porque James Gunn al guion y Brad Anderson (Session 9, El Maquinista) a la dirección iban a poner toda la carne en el asador de cara a la season finale y esta semana nos hemos encontrado con la primera parte de la misma centrándose en uno de los villanos de la temporada. Porque como era inevitable nuestro protagonista y su equipo de colaboradores tarde o temprano iban a verse las caras con Auggie Smith, ya con el traje de White Dragon enfundado, y su grupo de supremacistas blancos de mierda. La batalla consiguiente da como resultado la salida del personaje de Robert Patrick de la producción y la puesta apunto para el enfrentamiento con las mariposas.



Este séptimo capítulo vuelve a hacer uso de la mezcolanza de tonalidades propia de lo que hasta ahora habíamos visto de la serie creada por James Gunn. Por un lado el humor negro que no se corta un pelo en cuanto a explicitud y cafradas y por otro un trasfondo emocional que se extiende por todos los personajes, pero que hace especial hincapié en el magnífico Christopher Smith de un John Cena encontrándose muy cómodo con un personaje brutalmente incómodo al que él ha sabido darle corazón. A eso sumamos una puesta en escena que luce mejor que nunca en las secuencias de acción y aunque Brad Anderson es un director con bastante talento que en más de una ocasión ha mostrado cierta personalidad detrás de las cámaras aquí se amolda al look visual impreso por el autor de PG Porn y el resultado es impecable.



Penúltimo episodio y la maquinaria sigue funcionando a pleno rendimiento. Vamos a por la conclusión y Peacemaker se reafirma en cada capítulo como una ficción brillante que no solo mantiene la esencia de lo planteado por James Gunn en The Suicide Squad, sino que en un inesperado efecto retroactivo enriquece aquella visión que se nos ofreció del grupo de DC Comics en general y de El Pacificador en particular. La semana que viene It’s Cow or Never, esta vez le ha tocado al Rey del Rock, pondrá final a esta esperemos que primera tanda de episodios centrados en el personaje creado por Joe Gill y Pat Boyette en 1966 dentro de la editorial Charlton Comics. Al igual que afirmé la pasada semana una gran catástrofe tendría que acontecer en esta última entrega para que Peacemaker no se despida siendo una de las mejores producciones audiovisuales superheróicas del presente año.




Finalmente se han cumplido los vaticinios y Peacemaker se despide a lo grande con It’s Cow or Never, traducido genialmente como Esto se Avaca en España, el último episodio de la temporada centrada en el personaje de DC Comics encarnado en imagen real por al actor y luchador profesional John Cena. Si en la anterior entrega Christopher Smith eliminaba a Auggie Smith, su propio padre enfundado en el traje del villano y supremacista blanco White Dragon, ahora le tocaba al equipo formado por john Economos, Vigilante/Adrian Chase, Emilia Harcourt, Leota Adebayo y el mismo Peacemaker acabar con los planes de las mariposas, los extraterrestres venidos del espacio exterior que habían usurpado los cuerpos de todas las fuerzas de la ley local para custodiar "la vaca" que les proporcionaba alimento para mantenerse con vida en nuestro planeta.



Un último capítulo que sirve como muestra quintaesencial de todas las características de la serie de HBO Max producida por DC Entertainment y Warner Bros. Humor negro, violencia explícita, personajes descerebrados pero con buen fondo, rock de los años 80 y referencias al cine de invasiones alienígenas más pulp por obra y gracia de un James Gunn que recupera aquí su doble labor como guionista y director para poner punto y seguido a una serie que se ha ganado el corazón de gran parte del fandom y el público generalista. Detrás de la batalla campal en el granero, ese clímax final con la vaca que nos remite al de Starship Troopers, el comentadísimo cameo o un cierre para todos los personajes subyace un poso de amargura sobre todo en lo concerniente a un personaje principal que John Cena acometió con inusitada profesionalidad desde el primer episodio.



Sé que es algo que he mencionado todas las semanas que hemos ido comentado los episodios de la serie de HBO Max, pero no quiero perder la oportunidad de reafirmarme en que este es el camino que debe seguir el DC Extended Universe si quiere convertirse en un microcosmos en el que pueda caber una polifonía de voces a la hora de llevar la gran o pequeña pantallas las andanzas en viñetas de sus personajes célebres y no tan célebres. Ahora lo importante es que los productores no cometan la equivocación de dejar escapar a James Gunn como showrunner del proyecto, porque él y John Cena son el alma de Peacemaker y ninguno de ellos debería desvincularse de esa ya confirmada segunda temporada que esperaremos con muchas ganas. Un servidor ha disfrutado la serie de El Pacificador más que el 90% de las series de Disney Plus y Marvel Studios y ahora solo me queda esperar que la nueva tanda de episodios tarde poco en llegar y nos depare nuevas sorpresas.




lunes, 17 de enero de 2022

The King's Man: La Primera Misión



Título Original The King's Man (2022)
Director Matthew Vaughn
Guion Jane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons
Reparto Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson, Stanley Tucci, David Kross, Alison Steadman




Después de haber visto pospuesta su fecha de estreno en numerosas ocasiones, algo a lo que nos estamos habituando por culpa de los estragos que la pandemia está haciendo en la taquilla internacional, por fin llegaba a la cartelera española The King’s Man, subtitulada en nuestro país como La Primera Misión, la tercera entrega de la franquicia cinematográfica inspirada en la serie de Icon Comics creada por el guionista escocés Mark Millar (The Ultimates) y el dibujante inglés Dave Gibbons (Watchmen) en 2012 y que cuenta ya con tres miniseries. Dos años después de la publicación del primer arco, The Secret Service, el cineasta Matthew Vaughn produjo, co escribió y dirigió una adaptación protagonizada por Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Mark Strong, Michael Caine o Sofia Boutella que contó con una continuación tres años después titulada Kingsman: The Golden Circle reclutando a Jeff Bridges, Halle Berry, Chaning Tatum o Pedro Pascal para su casting. Cuando todo apuntaba que se cerraría la trilogía de las aventuras en el mundo del espionaje de Gary «Eggsy» Unwin el autor de X-Men: First Class o Kick-Ass anunciaba una precuela en la que se narraría el origen de la agencia de espionaje que da nombre a la franquicia. The King’s Man está escrita por Jane Goldman, Karl Gajdusek y Matthew Vaughn además de dirigida por este último y cuenta en su reparto con los rostros de Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Djimon Hounsou, Gemma Arterton, Rhys Ifans, Charles Dance, Tom Hollander, Matthew Goode, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci entre otros.




La época y el contexto histórico elegidos para desarrollar la trama y lo que vendría a ser la génesis de Kingsman como organización es la Primera Guerra Mundial y todos los hechos que llevaron a dicha contienda son expuestos en pantalla, pero con la ficticia implicación de los personajes ideados por Matthew Vaughn y sus colaboradores comandados por Orlando, el Duque de Oxford, interpretado por Ralph Fiennes. Tomando este punto de partida el director de Layer Cake factura una nueva entrega de la saga que respeta la esencia de las anteriores películas de Kingsman, pero esta vez adentrándose de manera más o menos ortodoxa en otros géneros como el bélico, que cobra gran protagonismo a lo largo del metraje. De esta manera nos encontramos nuevamente con una versión hiperbólica y con sobredosis de anabolizantes del cine de James Bond con su acción desmesurada, dramatismo y un humor más dosificado que en los trabajos previos, pero funcionando al 100% cuando la obra apela a él.




El atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, la mala influencia de Grigori Rasputín en el zar Nicolás de Rusia y su posterior asesinato mediante los medios más rocambolescos o los mismos combates en el frente durante la Gran Guerra sirven de material para que Matthew Vaughn construya una película profundamente británica en la que el patriotismo y el honor de morir en el cumplimiento del deber se convierten en el epicentro de un relato con tendencia al trazo grueso desde unas perspectiva política y el subrayado algo zafio con respecto a los distintos implicados en la Primera Guerra Mundial cayendo en tópicos manidos, pero siempre con la intencionalidad de dar empaque a una trama que no da un respiro al espectador mediante el habitual pulso del autor de Stardust que en esta ocasión no se revela tan desaforado como en Kingsman: El Círculo Dorado, que ya con su secuencia de apertura sobrepasaba cualquier pasaje exagerado de la primera entrega estrenada en 2014.




Como previamente hemos afirmado The King’s Man incide más en el drama que sus predecesoras y es que los estragos producidos por la guerra y la incursión de Conrad Oxford (Harris Dickinson) en el frente o la matanza encarnizada a la que allí asiste permiten a Vaughn jugar en un terrenos más predispuesto a la tragedia y la pérdida mientras configura secuencias de gran fuerza audiovisual como el enfrentamiento silencioso en tierra de nadie entre británicos y alemanes. Pero seguimos encontrándonos ante una película inspirada en el mundo secuencial creado por Mark Millar y Dave Gibbons, de manera que el humor negro y la violencia desaforada son de vital importancia en el discurrir de acontecimientos desarrollados a lo largo de la obra, llegando a su cénit con el enfrentamiento contra el Rasputín de un enorme Rhys Ifans que pedía a gritos, si no un spin off protagonizado por él mismo, al menos más metraje en pantalla.




Previsiblemente se ha renovado todo el reparto con respecto a las otras dos Kingsman, lógico si tenemos en cuenta que los hechos de aquellas ocurren 90 años después de los de la presente, pero en este sentido Matthew Vaughn y sus guionistas han pecado de conservadores y solo han sustituido a unos actores por otros para ejercer casi los mismos roles. Si el Orlando de Raplh Fiennes toma el relevo del Harry Hart de Colin Forth, el Harris Dickson el del Eggsy de Taron Egerton o Djimon Honsou hace lo propio con Mark Strong sería en el bando de los villanos donde no se respeta esa regla. Como era de esperar el actor de La Lista de Schindler o la saga Harry Potter sobresale por medio de carisma y elegancia, viéndose escoltado por sus ya citados aliados a los que se suman Gemma Arterton, Matthew Goode, Charles Dance, Daniel Brühl, Valerie Pachner o Tom Hollander, así como Aaron Taylor-Johnson o Stanley Tucci con intervenciones más breves conformando un casting imponente al que también pertenece el anteriormente citado y alabado Rhys Ifans.




Aunque mueva sus piezas con soltura y eficiencia en un tablero diferente al de Kingsman: Servicio Secreto o Kingsman: El Círculo Dorado esta precuela comete el fallo de ser demasiado continuista y poco original cuando podía haber explorado nuevas posibilidades para una franquicia que comienza a dar síntomas, puede que no de cansacio, pero sí de desgaste. The King’s Man es un proyecto 100% Matthew Vaughn, un divertimento frenético, violento y ligero que da lo que promete respetando las constantes planteadas por Mark Millar y Dave Gibbons en el cómic primigenio. Como la mayoría de blockbusters de este 2021 tampoco ha funcionado bien en taquilla, pero no dudamos que Disney y 20th Century Studios nos ofrecerán al menos una nueva película dentro de este microcosmos ficcional que cierre la trilogía de Eggsy en la actualidad antes de que su máximo responsable comience ese reboot de Kick-Ass ya anunciado que podría centrarse en los cómics protagonizados por Patience Lee, la sustituta de Dave Lizewski en la cabecera creada por Mark Millar y John Romita Jr.




domingo, 19 de diciembre de 2021

Spider-Man: No Way Home



Título Original Spider-Man: No Way Home (2021)
Director Jon Watts
Guion Chris McKenna, Erik Sommers, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Tom Holland, Zendaya, Benedict Cumberbatch, Marisa Tomei, Tony Revolori, Jon Favreau, J.K. Simmons, Angourie Rice, Alfred Molina, Jamie Foxx, Jacob Batalon, Harry Holland, Christopher Cocke, J.B. Smoove, Hannibal Buress, Martin Starr



Desde que Marvel Studios y Sony Pictures Entertainment llegaron a un acuerdo para introducir un nuevo Spider-Man dentro del Universo Cinematográfico Marvel, interpretado este por el actor británico Tom Holland (Lo Imposible), lo hemos visto pulular como personaje secundario en Capitán América: Civil War, Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame. Pero también hemos asistido a cómo protagonizaba sus dos películas en solitario, Spider-Man:Homecoming y Spider-Man: Far From Home, ambas con gran éxito de taquilla y una recepción entusiasta por parte de la prensa especializada. Poco después del estreno de largometraje en el que el alter ego superheróico de Peter Parker se enfrentaba al Mysterio de Jake Gyllenhall saltaba la noticia de que al no haber llegado a un acuerdo entre las dos productoras el flamante nuevo Hombre Araña abandonaba repentinamente el UCM para disgusto de casi todos los aficionados, el primero de ellos el actor que le daba vida. Por suerte finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo económico para que el personaje permanecería dentro del microcosmos audiovisual diseñado por Kevin Feige y un servidor no puede dejar de pensar que mucho de lo visto en esta Spider-Man: No Way Home haya sido el motivo por el que decidieron que Tom Holland y su versión del superhéroe creado por el tándem Stan Lee/Steve Ditko siguiera formando parte de la maquinaria propiedad de Disney que actualmente se ve completamente inmersa en su Fase 4, la primera que alterna producciones para la gran pantalla con series dentro de su plataforma de streaming.



Spider-Man: No Way Home mantiene casi el mismo equipo de profesionales de las dos entregas anteriores. Jon Watts vuelve a encargarse de la dirección, Chris McKenna y Erik Sommers se ocupan del guion, de la partitura Michael Giacchino y en el reparto repiten viejos conodicos de Homecoming y Far From Home, se unen otros actores que dan vida a personajes del Universo Cinematográfico Marvel y, como ya todo el mundo sabe, hacen su aparición otros vinculados con las dos primeras encarnaciones cinematográficas de Spider-Man. Por lo tanto tenemos un casting en el que encontramos a Tom Holland (Spider-Man/Peter Parker) Zendaya (MJ), Jacob Batalon (Ned Leeds), Marisa Tomei (May Parker), Jon Favreau (Happy Hogan), Benedict Cumberbatch (Doctor Strange) del lado del bando superheróico y a Willem Dafoe (Duende Verde/Norman Osborne), Alfred Molina (Doctor Octopus/Doctor Otto Octavius) o Jamie Foxx (Electro/Max Dillon) entre otros de parte de los villanos. Un reparto impresionante a la altura de un proyecto de enorme envergadura como el que nos ocupa.



Vaya por delante que no soy el mayor fan del Spider-Man de Uiverso Cinematográfico Marvel, algo que ya dejé patente en mis reseñas para Zona Negativa, tanto en la de Spider-Man: Homecoming como en la de Spider-Man: Lejos de Casa. Me gusta Tom Holland como Peter Parker y Spider-Man, creo que hace un trabajo excelente como una versión juvenil del personaje, pero un servidor es uno de esos carcas puristas a los que no agradó su dependencia de Tony Stark indivisible a esta última versión del héroe, no sólo desde un punto de vista vital y emocional, sino también económico y logístico a la hora de proporcionarle la maquinaria para «esponsorizar» su carrera contra el crimen. Pasar del recuerdo de Ben Parker como brújula moral de Peter al de un, primero presente y luego desaparecido, Tony Stark nunca fue de mi agrado, por muy admirador que me considere del trabajo de Robert Downey Jr. y por mucha química que compartiera con Holland. Tampoco me convencía el tono demasiado ligero y adolescente que se ofreció en ambos films del entorno y los allegados del protagonista, con algunos momentos que me hicieron pasar bastante vergüenza ajena en sendas producciones.



Pero entonces llega Spider-Man: No Way Home, me rompe todos los esquemas y desmonta las no pocas ideas preconcebidas que arrastraba de las otras dos entregas. Sin adentrarnos en muchos spoilers solo mencionaremos de la trama lo que se ha visto en los tráilers, de manera que tenemos una continuación directa de lo acontecido en Spider-Man: Lejos de Casa cuyo epicentro es un Peter Parker desesperado localizando al Doctor Strange y pidiendole ayuda para que todas las personas que descubrierion su identidad como Spider-Man, mediante las declaraciones en video de Mysterio, la olviden mediante un conjuro. El hechizo sale mal, lo que repercute en el Multiverso, y tras ello comienzan a aparecer villanos de las dos franquicias cinematográficas anteriores del personaje protagonizadas por Tobey maguire y Andrew Garfield en el universo del Spider-Man del UCM. A partir de aquí se desarrolla una trama que adapta, de manera muy sui géneris, varias sagas de los cómics protagonizados por el arácnido, pero con los Seis Siniestros como epicentro y múltiples referencias a sus muchas encarnaciones.



Era lógico pensar que toda la parafernalia alrededor del Multiverso y la aparición de villanos de las otras dos sagas cinematográficas podrían haber sido una distracción o un parche para disimular la inconsistencia del guion de Spider-Man: No Way Home. Inyectar dosis de nostalgia y fanservice al espectador, tanto al generalista como al conocedor del UCM o los cómics, para que no repare en las posibles carencias de una historia que por metareferencial y condescendiente fuera aceptada con entusiasmo por puro gozo, confirmando que el Spider-Man de Tom Holland no es suficiente para llevar toda el entramado sobre sus espaldas en solitario. Por suerta nada de esto llega a cristalizar, porque sí, es ineludible que la película está facturada para dar al fandom casi todo aquello que ansía, pero el Spider-Man del actor de El Diablo a Todas Horas no solo está a la altura de las circunstancias, sino que sale totalmente reforzado una vez termina la obra.



Jon Watts y sus guionistas mantienen un inteligente equilibrio entre la lumonosidad propia de las dos anteriores películas y un tono más dramático, e incluso crudo, durante el último acto del largometraje. De esta manera Spider-Man: No Way Home se revela en principio como un producto continuista con respecto a sus predecesores, pero se adentra en unos terrenos dramáticos que casi ninguna otra película del UCM se había atrevido a transitar. El tono ligero, liviano y juvenil deja paso a una oscuridad impropia de lo que hasta ese momento habíamos visto con el personaje y con un Tom Holland que al ser consciente de que la fanfarria alrededor de la película podría minimizar su buen hacer se entrega al máximo para ofrecer la mejor versión de su Peter Parker/Spiderman, logrando algunos de los pasajes mejor ejecutados de su carrera interpretativa. Un compromiso inusual para este tipo de cine que muchos actores suelen abordar con el piloto automático activado y la idea preconcebida de que estos trabajos no suponen un reto para ellos.



Los personajes de MJ, Ned Leeds, Happy Hogan y May Parker mantienen el perfil dibujado para ellos en Homecoming o Far From Home y Stephen Strange tampoco desentona con lo visto anteriormente en el UCM, aunque su temeridad con respecto al uso del hechizo para ayudar a Peter sí es impropia de su persona. Por ello son más interesantes los personajes que debutan en el UCM venidos de los otros dos universos, sobre todo el Doctor Octopus de Alfred Molina y el Duende Verde de Willem Dafoe. Ha sido todo un acierto mantener la piscología que ambos adquirieron en la trilogía arácnida de Sam Raimi, el primero por facturar un Otto Octavius magnífico del que solo chirría su uso puntual como diana de algunos momentos cómicos cuestionables y el segundo por dar vida a un Norman Osborn que, contra todo pronóstico, no sólo supera al que dio vida en el film de 2002, sino que se acerca con más convicción al de los cómics exudando crueldad y salvajismo. Su enfrentamiento con el Spider-Man de Tom Holland es brutal y las escenas físicas que ambos comparten son de las más explícitas vistas en el UCM, cuya violencia ha sido casi siempre más inocua.



Jon Watts también ofrece una labor más elaborada que en los otros dos proyectos con su nombre en los títulos de crédito. Sin que podamos ver en pantalla un sello autoral reconocible, porque realmente no lo tiene, Kevin Feige y sus socios sí le han permitido juguetear más con la puesta en escena hibriando pasajes antagónicos, pero complementarios, como el plano secuencia de los primeros minutos de metraje usado como un recurso audiovisual cómico con resultado encomiable o delirios psicodélicos como el enfrentamiento entre Spider-Man y el Doctor Strange que hubiera hecho las delicias del Steve Ditko que se encargó de ilustrar algunas de las historias más recordadas protagonizadas por el Hechicero Supremo. Lo que sí es cierto es que no tienen tanto mérito las escenas más grandilocuentes, si tenemos en cuenta los holgadísimos medios al alcance de Watts, como las más íntimas que tienen a los personajes como centro neurálgico. Hay pasajes en Spiderman: No Way Home de una fuerte carga emocional que hablan muy bien de su labor como director de actores y, por supuesto, del ya citado reparto.



Spider-Man: No Way Home da todo lo que se espera de ella y mucho más y a un servidor le reconcilia con este Spider-Man inmerso en lo que no deja de ser una historia de paso a la madurez. Un producto que ha sabido muy bien jugar sus cartas subiendo notablemente el nivel con respecto a una irregular Fase 4 que después del gran evento que supuso la Saga del Infinito se encuentra ante la ardua tarea de construir una nueva estructrua para sustentar ese Universo Cinematográfico Marvel que ha perdido algunos de iconos más característicos, y aunque hasta el momento no es todo lo sólida que debería el pilar maestro que supone la película de Jon Watts ayudará en gran parte a que que la franquicia tenga un futuro próspero. Desde Transgresión Continua recomendamos encarecidamante ir a ver la última aventura de Spider-Man en cine, con sus correspondientes dos escenas post créditos, y dejar de lado las elucubraciones y teorías vertidas en redes sociales sobre quien aparece o deja de aparecer en ella que pudieran empañar la experiencia de disfrutarla en esas multisalas que ahora, más que nunca, necesitan resurgir de las cenizas, como siempre hace nuestro amigo y vecino Spiderman.


jueves, 9 de diciembre de 2021

Eternals




Título Original Eternals (2021)
Directora Chloé Zhao
Guion Matthew K. Firpo, Ryan Firpo, Patrick Burleigh,Chloé Zhao, basado en el cómic de Jack Kirby
Reparto Angelina Jolie, Richard Madden, Gemma Chan, Kit Harington, Kumail Nanjiani, Salma Hayek, Barry Keoghan, Brian Tyree Henry, Ma Dong-seok, Lia McHugh, Lauren Ridloff, Haaz Sleiman, Lucia Efstathiou, Harish Patel, Esai Daniel Cross, Alan Scott, Hannah Dodd, Adrià Escudero, Sebastián Capitán Viveros, Nikkita Chadha, Zain Al Rafeea, Jeff Mirza.



No era una tarea sencilla llevar los Eternos a la pantalla grande, algo que tanto Disney como Marvel Studios sabían de antemano. Para dar vida en imagen real a los personajes creados por Jack Kirby la elección de Kevin Feige fue tan inusual como finalmente lógica. Chloé Zhao, que ganaba el Oscar a mejor directora por Nomadland en plena producción de la última entrega del Universo Cinematográfico Marvel, era contratada para extrapolar de la viñeta al celuloide esta vertiente tan particular del Marvel Cósmico. Después de su rodaje o los pertinentes retrasos por culpa de la pandamia Eternals recibía una respuesta furibunda por parte de la prensa especializada, cebándose con ella como no lo habían hecho nunca antes con una producción salida de la factoría de la Casa de las Ideas tildándola de aburrida, estúpida, desagradable y hasta de mal gusto. El proyecto cuenta con un reparto internacional y acertadamente inclusivo en el que podemos encontrar los rostros de Angelina Jolie, Richard Madden, Gemma Chan, Kit Harington, Kumail Nanjiani, Salma Hayek, Barry Keoghan, Brian Tyree Henry, Ma Dong-seok o Lia McHugh entre otros y unos medios a la altura de una producción como la que conforma la tercera película de la Fase 4 del UCM después de Viuda Negra y Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos.



En cierta manera era de esperar un recibimiento escéptico, que no hostil, para una propuesta tan alejada del tono de las producciones de Marvel Studios como Eternals, más todavía llegando a las pantallas después de la naturaleza más ligera y lúdica de las ya citadas cintas protagonizadas por Natasha Romanoff y el Maestro del Kung-fu. Un tempo diferente al del resto de proyectos del UCM y un tono en cierta manera más solemne entroncan con lo que la maquinaria industrial de Kevin Feige nos ha ofrecido hasta el momento. De hecho si la comparamos con las cintas más semejantes a ella, las dos entregas de los Guardianes de la Galaxia de James Gunn, queda patente que hablamos de films muy diferentes a pesar de estar todos localizados en la vertiente cósmica de Marvel Cómics. Pero para lo que muchos ha sido una pieza fallida o directamente mala, para un servidor ha resultado ser una propuesta harto interesante y con no pocos aciertos audiovisuales y narrativos.



Mi primer encontronazo con las declaraciones generalizadas que se han vertido sobre Eternals llega con esa primera hora, supuestamente soporífera y en la que teóricamente no acontece nada, que a un servidor le pasó en un suspiro. A lo largo de ese trayecto encuentro una presentación muy inteligente de los personajes principales y el nada complaciente contexto espaciotemporal en el que se moveran mientras Chloé Zhao despliega toda la maquinaria que en Marvel Stuidos han puesto a su disposición para dar envergadura de verdadero blockbuster a su primera incursión en las superproducciones hollywoodienses. Otra de las supuestas carencias de Eternals, que yo considero una de sus mayores virtudes, son los flashbacks que se alternan con la acción desarrollada en la actualidad, no solo perfectamente ensamblados en la narrativa para que esta discurra adecuadamente, sino necesarios para dar background a unos protagonistas a los que llegaremos a conocer en profundidad gracias a este recurso narrativo.



Las dinámicas entre los Eternos y las relaciones interpersonales que comparten entre ellos mismos o con otros personajes no pertenecientes a su entorno están tratados con mesura por Chloé Zhao y sus co guionistas Matthew K. Firpo, Ryan Firpo y Patrick Burleigh. Sería de necios afirmar que las criaturas creadas por Jack Kirby han sido trasladadas al cine con unos perfiles psicológicos muy elaborados, cuando es algo que no acontecía ni en los cómics originales, pero son lo suficientemente interesantes como para crear vínculos empáticos con un espectador viénsose atraido por el abanico de personalidades desplegado gracias a un reparto muy bien cohesionado sabiendo alternar pasajes dramáticos con otros cómicos que, como suele pasar con el humor marca Marvel Studios, en unas ocasiones funciona adecuadamente y en otras peca de excesivo e infantil. Sobre todo en un largometraje como Eternals, con aspiraciones más suntuosas dentro del UCM.



Aunque son los rostros de Angelina Jolie y Salma Hayek como Thena y Ajak los más conocidos de cara al público generalista es un hecho contrastado que el reparto ha sido un notorio acierto de casting. Richard Madden y Gemma Chan como la pareja sentimental formada por Ikaris y Sersi, Barry Keoghan y Lauren Ridloff destilando entrañable química como Druig y Makkari, Kumail Nanjiani y Ma Dong-seok alternando con sus Kingo y Gilgamesh comicidad con pasajes dramáticos, la delicadeza y naturalidad con la que está abordado el Phastos de Brian Tyree Henry o la dicotomía a la que se enfrenta la Sprite de Lia McHugh conforman un equipo artístico que aprovecha al máximo sus minutos en pantalla. Era una complicada tarea exponer a todos estos nuevos personajes en una sola película, pero el cast no sólo está a la altura, también se ve enriquecido por el guion y una inclusion en la que convergen distintas razas, géneros, sexualidades y diversidades funcionales jugando a favor de la historia al permitir sentirse representado a distinto tipo de espectadores.



Las tres incursiones cinematográficas previas de Chloé Zhao no pueden encontrarse más en las antípodas de Eternals en cuanto a niveles de producción y temática se refiere. Songs My Borther Taugh Me, The Rider o Nomadland son cintas independientes e intimistas en las que la cineasta de origen chino desplegó una sensibilidad muy personal y minimalista, además de un gusto por el naturalismo audiovisual, pero contra todo pronóstico ha coseguido insuflar gran parte de su impronta en su incursion en el Universo Cinematográfico Marvel. Evidentemente hablamos de una pieza más dento del engranaje de Marvel Studios y a un nivel humanista no podemos reconoer a la Chloé Zhao de sus proyectos más personales, pero sí hay mucho de esa puesta en escena melancólica y cadenciosa que converge de manera harto eficiente con los pasajes más dinámicos en los que impera la acción a gran escala y sobre todo con los centrados en la cosmogonía kirbyesca con la imponente presencia en pantalla tanto de los Eternos como de los Desviantes y sobre todo uno Celestiales sencillamente apabullantes.



Eternals no es una de las mejores producciones del Universo Cinematográfico Marvel, pero está a millones de años luz de ser una mala película, ni siquiera me resulta una pieza fallida, porque consigue la proeza de poner en escena unos personajes y un microcosmos nada fáciles de manejar que en pantalla tienen poco de la psicodelia de las coloridas historias de Jack Kirby para los cómics. Para un servidor se trata de una producción muy estimable con una holgada duración que en ningún momento se antoja plomiza o farragosa y con la perfecta convergencia entre épica intergaláctica e intimidad para con sus protagonistas. Las dos escenas post créditos vuelven a plantar simientes que irán floreciendo de cara a las próximas producciones cinematográficas y televisivas de la Fase 4 que llegará a su punto álgido el próximo día 16 de diciembre de la esperadísima y muy comentada Spider-Man: No Way Home de la que, por supuesto, también os hablaremos en Transgresión Continua a la mayor brevedad posible.