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viernes, 8 de abril de 2022

The Batman

 


Título Original The Batman (2022)
Director Matt Reeves
Guion Peter Craig, Matt Reeves, basado en el personaje creado por Bill Finger y Bob Kane
Reparto Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis, Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald, Alex Ferns, Rupert Penry-Jones, Kosha Engler, Janine Harouni




En 2017 saltaba la noticia y no éramos pocos los que la celebrábamos. Ben Affleck, que venía de interpretar por primera vez al Hombre Murciélago en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, se encargaría de producir, escribir, dirigir y protagonizar una película en solitario del alter ego superheróico de Bruce Wayne. Si sumamos su encarnación del icono creado en 1939 por Bill Finger y Bob Kane, uno de los mayores aciertos de la muy irregular cinta de Zack Snyder, al más que desmotrado talento detrás de las cámaras de Affleck con proyectos tan reseñables como Adios Pequeña Adiós, Ciudad de Ladrones (The Town), la oscarizada Argo o la minusvalorada Vivir de Noche la buena nueva no podía ser recibida con más entusiasmo por gran parte del fandom.




El problema es que el multifacético protagonista de Persiguiendo a Amy se encontró con un muro infrancleable, el del caos que ya por aquel entonces comenzaba a gestarse dentro de las oficinas de Warner Bros y DC Entertainment con respecto al adecuado discurrir de un universo cinematográfico cuyas endebles bases no habían sido adecuadamente asentadas con El Hombre de Acero y la ya citada Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia. De manera que después de que Affleck cediera la silla de director a Matt Reeves (Déjame Entrar, El Amanecer del Planeta de los Simios) finalmente se desvinculó totalmente del proyecto cuando el realizador rechazó su guion pasando así el proyecto a localizarse fuera de la cronología establecida por los films de Zack Snyder y ha posponerse durante años.




Finalmente y después de una producción problemática debido a varios contagios de COVID-19 durante el rodaje, entre ellos el del mismo actor protagonista, The Batman llegaba a cines de todo el mundo el pasado 4 de marzo con Matt Reeves como realizador y co guionista, compartiendo labores de escritura junto a Peter Craig, y Robert Pattinson encabezando un reparto en el que reconocemos los rostros de Zöe Kravitz, Jeffrey Wright, John Turturro, Paul Dano, Colin Farrell, Andy Serkis o Peter Sarsgaard entre otros. Las alabanzas por parte de la prensa especializada internacional fueron de proporciones mastodónticas, algunas de ellas posicionándola como la mejor película de Batman jamás rodada, algo que, para un servidor, dista mucho de la realidad.




The Batman arranca con un prólogo brillante, posiblemente uno de los pasajes cinematográficos más interesantes de la historia cinematográfica del personaje. Por fin parecía que un director, en este caso uno con tanto talento como Matt Reeves, conseguía capturar en poco menos de diez minutos la iconocidad universal del guardián de una Gotham crorrupta, oscura y peligrosa. En esos primeros compases Batman es expuesto en pantalla casi como un concepto, una entidad demiúrgica moviéndose entre las sombras y cuya potencial presencia hiela la sangre a unos críminales que parecieran considerarlo el Hombre del Saco. La atmósfera propia de cine de terror, la tan eficiente como desvergonzada banda sonora de Michael Giacchino y esa voz en off afrmando que la Batseñal no solo es una llamada, sino también una advertencia, parecen prepararnos para lo mejor.




Si The Batman hubiera sido un cortometraje centrado en esos primeros minutos podría haberse revelado como una de las piezas audiovisuales más potentes y definitorias de Batman y con su presencia física casi sin materializarse en pantalla. El problema es que Matt Reeves y Peter Craig no solo no consiguen matener ese nivel tan alto, sino que después del arranque traicionan su poderosísimo punto de partida. Si acabas de ilustrar a Batman como una presencia que "infunde terror en sus enemigos" pasajes como el de la primera visita a la sala Iceberg o su irrupción en la escena del crimen con criminales y agentes de la ley respectivamente mirándole por encima del hombro e increpándole lo único que consigues es desmontar el impecable andamiaje sobre el que ibas a construir tu historia.




Una vez hemos asumido que todo lo visto en el inicio ha sido un espejismo no podemos negar que The Batman todavía contiene suficientes alicientes para revelarse como una notable película protagonizada por el superhéroe de DC Comics. Es ineludible que la labor técnica detrás de The Batman es sobresaliente y que en ella Matt Reeves ha depositado más de diez años de profesionalidad demostrada detrás de las cámaras. El cineasta estadounidense se aleja del procedimental discurrir del celuloide superheróico hegemónico para abrazar la vertiente detectivesca y noir de su protagonista y ofrecer una pieza que a nivel de puesta en escena o diseño de producción tiene más que ver con Seven o Zodiac que con cualquier otra obra pretérita centrada en el Cruzado Enmascarado.




Como era de esperar todos los pasajes de acción están ejecutados con suma eficiencia. Matt Reeves consigue la proeza de que una película con una calificación PG13 destile una violencia física cruda, seca, con golpes impartidos y recibidos por Batman transmitiendo una orgánica sensación de brutalidad animal. También sería de recibo mencionar la parte desarrollada en el funeral con una tensión magníficamente construida gracias a la labor tanto de Reeves como de sus actores, como la de un desaprovechado Peter Sarsgaard. Pero en lo referido a este tipo de secuencias es de recibo destacar la persecución entre Batman y el Pinguino en la que el Batmóvil cobra todo el protagonismo, consiguiendo algo inusual como tranmitir claustrofobia con dos vehículos en continuo movimiento y con uno de ellos como salido del mismísimo infierno. 




En lo referido al reparto encontramos grandes nombres, pero no interpretaciones que se ajusten a los mismos. Es cierto que la labor del cast es encomiable con todos los interpretes ejerciendo su oficio con soltura, pero ninguno realiza una trabajo para el recuerdo y el único que está a punto de conseguirlo es boicoteado por el guion. Robert Pattinson da vida al Bruce Wayne más triste, grave y dramático, pero como eso es lo que Matt Reeves le habrá exigido no se puede poner ninguna pega a su composición y Jeffrey Wright está a la altura dándole la replica como James Gordon. Zoe Kravitz cumple sobradamente con su versión de Catwoman, John Turturro hace lo propio con Carmine Falcone y Colin Farrell se divierte de lo lindo con su Oswald Cobblepot, pero este podía haber pasado por cualquier mafioso genérico ya que poco tiene de la esencia del villano que todos conocemos, algo aplicable también al despersonalizado e infrautilizado Alfred Pennyworth de Andy Serkis




Es Paul Dano, un titán al que hemos visto lucirse en obras como There Will Be Blood, el que mejor trabajo realiza configurando su peculiar versión de El Acertijo. Este Edward Nigma vuelve a hundir sus raíces en la filmografía de David Fincher y es que si su estética y modus operandi nos retrotraen al Asesino del Zodiaco hay en su personalidad algo del John Doe de Kevin Spacey para Seven, pero sobre todo nos recuerda su brillante Alex Jones de la no menos excelsa Prisioneros. Todo lo relacionado con esta contrapartida de Edward Nigma transmite interés y sirve como acertada lectura sobre el actual mundo streamer, pero lo inteligentemente planteado hasta la escena de su detención se ve ensombrecido con su carácter volátil e histriónico una vez mantiene la conversación con Batman en Arkham. Aquí la encomiable construcción del rol se desinfla y acaba derivando en otro más desdibujado y alejado del asesino a sangre fría que habíamos visto previamente.




Pero mi mayor problema con The Batman es con su construcción narrativa y su trama detectivesca. Celebro la decisión de Matt Reeves y su equipo de entragrarse al thriller policíal con asesino serial, pero esta elección requiere una solidez en el guion de la que el largometraje carece. Se antoja poco creíble que el primer enigma sea resuelto por Batman y Gordon con inmediatez cuando el de la "rata alada" se alarga en exceso en el tiempo pese a su simpleza. Casualidades repartidas por toda la trama como la sonrojante de la moqueta o decisiones inverosímiles como Falcone encerrándose en su despacho solo con Selina sin haberla registrado o toda la policía de Gotham, con Gordon a la cabeza, dejando acercarse a la alcaldesa al atril para hablar a los ciudadanos sin la compañía de nadie de seguridad en una situación de máximo peligro son trampas que  menoscaban la credibilidad del film en favor de encarrilar la historia hacia donde necesitan sus autores.




The Batman muestra un reinicio de franquicia con gran potencial que al menos en su primera incursión no ha sido aprovechado. A estas alturas lamentar lo que podría haber sido ese proyecto con Ben Affleck como hombre orquesta es una futilidad, pero se antoja imposible no pensar en ello y los resultados que hubiera ofrecido. Al film de Matt Reeves le sobra metraje y le falta solidez como historia, pero su acabado estilístico y un reparto destacable nos hacen no perder la esperanza con respecto a esa secuela que vistos los buenos resultados en taquilla no se hará mucho de rogar. Antes de ella nos esperan dos spin off  en forma de serie para HBO Max,  Gotham PD: centrada en los cuerpos policiales de la ciudad y otro con el Pinguino de Colin Farrell como protagonista que a un servidor sobre el papel llaman poco o nada la atención. Veremos si el tiempo me hace cambiar de opinión.


viernes, 31 de mayo de 2019

Hellboy (2019)



Título Original Hellboy (2019)
Director Neil Marshall
Guión Andrew Cosby, basado en el cómic de Mike Mignola
Reparto David Harbour, Ian McShane, Milla Jovovich, Sasha Lane, Daniel Dae Kim, Thomas Haden Church, Penelope Mitchell, Sophie Okonedo, Brian Gleeson, Kristina Klebe, Alistair Petrie, Ashley Edner, Douglas Tait, Bern Collaco, Mario de la Rosa, Atanas Srebrev, Michael Heath, Ava Brennan, Mark Basnight, Eddy Shore, Tihomir Vinchev, Anthony Delaney, Vanessa Eichholz




Corría el año 2014 cuando Mike Mignola ofreció a Guillermo del Toro un guión que él y Andrew Cosby (Eureka, Haunted) habían escrito con la idea de utilizarlo para la esperada tercera entrega cinematográfica de Hellboy que cerraría la visión del autor mexicano sobre el célebre personaje de Dark Horse Comics. Pero el cineasta rechazó dicha propuesta afirmando que él ya tenía otro libreto designado para dicho proyecto. De esta manera las, ya célebres, desavenencias entre los antiguos colaboradores se confirmaron y llevaron el desarrollo del potencial film a un definitivo callejón sin salida. Ante la inviabilidad de esa Hellboy 3 que parecía no llegar nunca la maquinaria hollywoodiense se puso en funcionamiento para resucitar las aventuras sobrenaturales del miembro más célebre de Agencia de Investigación y Defensa Paranormal empezando de cero. Millennium Media, Lawrence Gordon Productions, Dark Horse Entertainment, Nu Boyana, Campbell Grobman Films y la distribuidora Lionsgate aunaron fuerzas para idear un reboot con el que dar inicio a una nueva franquicia cinematográfica centrada en el icónico “Anung-Un-Rama”. El guión planteado por Cosby y Mignola sirvió de epicentro para un blockbuster contando con dirección del británico Neil Marshall (Dog Soldiers, Centurión) y un reparto formado por interpretes como Milla Jovovich, Ian McShane, Daniel Dae Kim o Shasha Lane. Todos capitaneados por David Harbour, el sheriff Jim Hooper, de Stranger Things, ocupándose de tomar el relevo de Ron Perlman para meterse en la roja piel del protagonista. Lo curioso e inesperado es que esta versión de Hellboy iba a revelar su naturaleza problemática antes incluso de empezar su producción.




Posteriormente a la sustitución de Ed Skrein (Deadpool) por Daniel Dae Kim (Perdidos) para evitar un posible caso de whitewashing a la hora de dar vida al personaje de Ben Daimio la producción de Hellboy se llevó a cabo sin demasiadas noticias relevantes y sólo mostrando algunas imágenes del aspecto de David Harbour como el protagonista, despertando tantas alabanzas como respuestas airadas, o lo que es lo mismo, nada nuevo en el día a día de las redes sociales. Pero cuando los rumores sobre la posibilidad de que los productores hubieran detestado la película en los pases de prueba y el aparentemente interminable retraso a la hora de mostrar algún trailer nos incitaron a pensar lo peor. Cuando el primero fue subido a la red destilaba un humor bastante chusco que despertó cierta indignación, pero fue el segundo el que llamó más la atención dentro del fandom por las ingentes cantidades de violencia explícita que contenía. Así se confirmaba la calificación R en Estados Unidos que daba vía libre a sus responsables para salpicar con hemoglobina y vísceras la pantalla. Fue un poco más tarde, entre los días 9 y 12 de abril, cuando el último trabajo de Neil Marshall vio la luz en norteamérica y con ello se confirmó la profetizada desgracia.




Después de los primeros pases de prensa la crítica despedazó Hellboy de manera inmisericorde. Las reseñas negativas, algunas de una visceralidad inesperada, se cebaron con la película tildándola de incoherente, deshilvanada, gratuitamente violenta y disparatada. Tras el estreno el público tampoco pareció ponerse a favor de la obra consiguiendo esta una paupérrima taquilla confirmándola como un prematuro fracaso y la crónica de una muerte anunciada. Tan tristes números dieron pie la rumorología y el aireo de trapos sucios con los que los implicados en la producción del largometraje parecían querer culpabilizarse unos a otros del fracaso del mismo. Uno de los más sonados tiene que ver con Neil Marshall viendo como a mitad de rodaje los productores despedían a Sam McCurdy, su habitual director de fotografía, en favor de Lorenzo Senatore. Esta decisión molestó notablemente al autor de The Descent y caldeó el ambiente en el set de rodaje. Dicha atmósfera, poco propensa a la armonía, también pareció extenderse a la relación entre Marshall y David Harbour, que, según los rumores, podrían haber llegado a intercambiar más que palabras durante la gestación del proyecto.




Ante tan desolador panorama los productores de la película comenzaron a preocuparse por su inminente carrera comercial internacional y las decisiones suicidas se sucedieron en sesión continua. Algunos países de latinoamérica fueron utilizados como cobayas para un experimento disparatado como fue estrenar una copia censurada de la película eliminando los pasajes más extremos con la intención de atraer a público de todas las edades para visionar una cinta dirigida, en su origen, al espectador adulto. Tan controvertida iniciativa se extendió hasta España, de manera más chapucera si cabe. Después de proyectar la película para críticos con la versión uncut varios de ellos se hicieron eco, una semana antes de su estreno, de que Vertice 360, distribuidora de Hellboy en nuestro país, estrenaría en salas la ya mencionada versión amputada. En este tema incidiremos un poco más tarde a la hora de hablar de las dos versiones existentes del largometraje y de la errónea, ineficaz y vergonzosa decisión tomada para descontento de los fans que esperaban disfrutar Hellboy en su corte original sin tener que esperar al montaje unrated que ya nos han prometido para el formato doméstico y las plataformas de streaming.




Dejando de lado polémicas varias y ya centrándonos en la obra cinematográfica como tal podemos confirmar la Hellboy de 2019 como una pieza que si bien está muy lejos de ser el desastre aventurado por la prensa especializada y gran parte del público sí se revela como un film irregular y no todo lo cohesionado que debiera. Esta nueva versión del personaje de Mike Mignola se encuentra en las antípodas de Hellboy 2: El Ejército Dorado, ya que si en aquella secuela Guillermo del Toro dejó de lado los cómics para idear una historia original en esta ocasión el mismo Mignola y el guionista Andrew Cosby han querido abarcar tantos arcos argumentales icónicos de las viñetas (desde Semilla de Destrucción hasta La Tormenta y la Furia, pasando por La Oscuridad Llama o Cacería Salvaje) que la escritura se resiente por culpa de esa inclinación por saturar de información el relato sin que este posea el tiempo necesario para desarrollarse adecuadamente. De este modo nos encontramos con una historia repleta de situaciones interesantes ensambladas de manera arbitraria y fortuita con la carencia añadida de no contextualizar espaciotemporalmente de manera eficiente el microcosmos ficcional, debido el uso algo torpe de los flashbacks y las relaciones interpersonales de los personajes.




Contra todo pronóstico y de manera harto inusual si tenemos en cuenta que con ella hablamos de una superproducción de Hollywood, aunque mucho más modesta que otras muestras prototípicas del género, Hellboy es un largometraje que no desentona en absoluto dentro de la filmografía de Neil Marshall. Más allá de que estuviera estrechamente implicado en la fallida, pero reivindicable, serie Constantine que adaptaba el célebre cómic Hellblazer del sello Vertigo el británico se ha especializado desde sus inicios en un tipo de cine con aroma a Serie B y exploit venido a más como hemos podido ver en las ya citadas Dog Soldiers, The Descent o Centurión y en Doomsday: El Día del Juicio. Porque Hellboy es una cafrada gamberra, sanguinaria, políticamente incorrecta, con destellos de furia impagables y secuencias de un acabado técnico encomiable. Los poco más de 50 millones de presupuesto son aprovechados al máximo por el realizador amparando su impronta en unos CGI mayoritariamente dignos, una fotografía oscura y sucia o un ritmo potente que sólo se resiente por la ineficaz construcción narrativa previamente mencionada. Aunque en los últimos años ha sido en el mundo de las series donde más se ha movido participando en Perdidos en el Espacio, Black Sails, Hannibal, Westworld o algunos de los mejores episodios de las primeras temporadas de Juego de Tronos Marshall sigue siendo un narrador con cierta pericia en el mundo del largometraje y en su último trabajo detrás de las cámaras lo confirma.




En lo concerniente a la censura el disparate se hace patente desde los primeros compases de la versión que ha llegado a los cines españoles. Ese minuto de desmembramientos y decapitaciones repartido por el metraje que ha sido amputado no convierte a Hellboy en una cinta apta para todos los públicos, porque sigue siendo una producción cargada de sangre, vísceras y cabezas volando por los aires. Más allá de que la calificación por edades en España es una pura formalidad orientativa para los padres la intentona por parte de Lionsgate y Vértice 360 de convertir Hellboy en una obra accesible para todo el mundo apelando a paliar, minimamente, su batacazo internacional en taquilla ha desembocado en un doble fracaso. Por un lado el corte llegado a las multisalas, aprobado por Marshall y sus colaboradores, sigue sin ser una película apta para todas las edades y por otro la ausencia de esos pasajes más virulentos ha enfadado al espectador natural de la obra que, lógicamente, ha decidido no acercarse a las salas a ver un producto incompleto cuyo montaje se resiente en esos pasajes. Otro tema interesante sería abordar que el gore de la versión sin censura, tan disperso como inusualmente bruto y divertido, jamás se ha visto en las viñetas del cómic de Hellboy, que han llegado a mostrar en numerosas ocasiones dosis de violencia, pero nunca de ese calibre y grafismo.




Aunque cuenta con un cumplidor y competente Hellboy a manos de David Harbour, que si bien no hace que olvidemos a Ron Perlman sí le toma el relevo con dignidad siendo la cabeza visible de un reparto más bien desabrido, y como adaptación del cómic de Mike Mignola asume un tono y una estética más fieles a las viñetas que las dos incursiones en imagen real previas de Guillermo del Toro mientras no hace prisioneros a la hora de sumergirse en un desfile de locura, estética barbárica y artúrica con pasajes deudores tanto de Posesión Infernal (The Evil Dead, Sam Raimi, 1980) como de El Señor de los Anillos la película de Neil Marshall queda lejos de ser un adecuado reinicio para la contrapartida cinematográfica del personaje de Dark Horse Comics. Un servidor defiende que es un producto divertido y fruicioso, pero poco más que eso. La taquilla internacional le ha dado la espalda amasando, hasta el momento, unos ínfimos 40 millones de dólares con los que no se llegan a cubrir ni el presupuesto invertido en el largometraje. Estos penosos resultados abocan al fracaso la potencial franquicia dejando en agua de borrajas las escenas post créditos y sirven como toque de atención para que productoras y distribuidoras no se reían en la cara de los espectadores con maniobras chapuceras y asuman los fracasos con más dignidad que la mostrada en todo lo relacionado con esta nueva y malograda Hellboy.



lunes, 22 de abril de 2019

Cementerio de Animales



Título Original Pet Sematary (2019)
Director Dennis Widmyer y Kevin Kölsch
Guión Matt Greenberg y Jeff Buhler, basado en la novela de Stephen King
Reparto Jason Clarke, John Lithgow, Amy Seimetz, Jeté Laurence, Hugo Lavoie, Lucas Lavoie, Naomi Frenette, Alyssa Brooke Levine, Maria Herrera, Obssa Ahmed, Bailey Thain





Aunque desde mediados de los 70 han sido cientos las adaptaciones cinematográficas y televisivas de obras literarias de Stephen King es desde hace un par de años cuando estas se suceden en cascada. El descomunal éxito de la nueva versión de It, el interés de plataformas como Netflix por la producción literaria del escritor de Maine con films como El Juego de Gerald y 1922 o la llegada de nuevas series como Mr Mercedes, La Niebla, 22.11.63 o Castle Rock dan buena muestra de la excelente salud de las traslaciones audiovisuales de los libros del autor de Rabia o La Mitad Oscura. A eso habría que sumar un King cada vez más benévelo a la hora de dar opinión de estos proyectos (recordemos sus buenas palabras hacia la fallida La Torre Oscura), sabiendo que la publicidad amable como compañera de los mismos juega también a su favor, y quedando así lejano en el tiempo aquel Stephen con predisposición a poner de vuelta y media piezas como El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980), Los Chicos del Maiz (Fritz Kiersch, 1984) o El Cortador de Césped (Brett Leonard, 1991) o llegando incluso a implicarse como productor o guionista en varias de ellas. Pero sería la soberbia versión de It a manos del argentino Andrés Muschietti la que abriría la puerta a una nueva ola de revisiones de libros de King conocedores de anteriores visiones para la pantalla grande y pequeña. Debido a ello el pasado año saltaba la noticia del desarrollo de una nueva película basada en Cementerio de Animales, que vería la luz 30 años después de la anterior adaptación.





La dirección fue asignada a Kevin Kolsch y Dennis Widmyer, cineastas curtidos en el género y habituales colaboradores en films como Starry Eyes o series como Scream, basada en la saga de culto ideada por Wes Craven y Kevin Williamson. Del guión se encargan Matt Greenberg (1498, Halloween H20) y Jeff Buhler (Nightflyers, The Prodigy) basándose, lógicamente, en la novela de Stephen King. El reparto está formado por Jason Clarke (Terminator: Génesis), Amy Seimetz (Alien: Covenant), John Lithgow (El Origen del Planeta de los Simios), Jeté Laurence (El Muñeco de Nieve) y los gemelos Hugo y Lucas Lavoie incursionando en su doble debut cinematográfico. Tras su paso por el Festival SXSW (South by Southwest) a finales del mes de marzo los elogios hacia le película se sucedieron tildándola de aterradora y una de las mejores producciones de lo que llevamos de 2019. Ya en el mes de abril con su paso por la cartelera estadounidense las reseñas de la prensa especializada se revelaron notablemente más tibias, algo que se acerca más a la realidad.




Durante su primera mitad Cementerio de Animales es una prototípoca cinta adscrita a la vertiente más contemporánea del género de terror. Se trata de un producto manufacturado con inexistente personalidad y una propensión por el ritmo acelerado cuya intención es impedir que haya un sólo pasaje a lo largo del film en el que no suceda algo impactante para atraer la atención del espectador. Esta delectación por el efectismo gratuito sustentado en paupérrimos jump scares a base de golpes de banda sonora anula casi toda posibilidad de progresión dramática o desarrollo adecuado de los perfiles de los personajes. Pareciera somo si Kevin Kolsch y Dennis Widmyer desearan quitarse pronto de en medio el “peaje” que supone rodar las escenas de interactuación entre sus protagonistas, de vital importancia para crear empatía con ellos, y así “pasar a la acción”. De esta manera, con el escaso bagaje añadido a los roles principales o lo mal definidas que están las relaciones afectivas entre los mismos, cuando empiezan a sucederse los hechos trágicos relacionados con los Creed resulta una ardua tarea identificarnos con ellos o sus traumas.




La apatía en una puesta en escena falsamente malsana y enfermiza, los sustos de baratillo eclipsando los pocos realmente efectivos o el triste trabajo con los personajes hacen que esa primera mitad del largometraje sólo pueda sustentarse en su pericia para que su naturaleza formulaica no aburra en casi ningún momento al espectador. Pero justo cuando pasamos el ecuador del metraje y acontece el accidente en la carretera, una de las secuencias más decentes del proyecto, Cementerio de Animales comienza a desangrarse profusamente hasta su final. La decisión de que en esta nueva versión sea Ellie, y no Gage, la que muera atropellada por el camión y posteriormente resucite mediante su entierro en el cementerio Micmac a manos de su padre no tendría porque ser una mala elección siempre que los guionistas supieran abordar con acierto el material y añadieran a este hallazgos que sustituyeran todo lo deshumanizador y terrible que había en ver a un niño de dos años convertido en un muerto viviente antropófago y homicida. El problema es que Matt Greenberg y Jeff Buhler dan muestra de una ineficacia total a la hora de realizar ese intercambio de roles entre Ellie y Gage, alumbrando como resultado un desastre mayúsculo.




En el mismo momento en el que Ellie vuelve a la vida y comienza a hacer vida normal con su padre Cementerio de Animales deja de ser una película de terror rudimentaria para, en no pocas ocasiones, abrazar el ridículo. Los pasajes en los que Louis intenta, sin éxito, que su hija vuelva a ser la de antes de su fallecimiento se adentran en terrenos de la comedia involuntaria como puede verse en el del ballet, el baño o la noche en la que duermen juntos. Aquel hombre destrozado por la pérdida de su hijo viendo volver a este como una aberracción inhumana por su propia imprudencia y egoismo que encontrábamos en la novela de Stephen King o la primera película de Mary Lambert queda reducido aquí a un desubicado progenitor interactuando con una primogénita más parecida a una precoz toxicómana que a un muerto en vida. El penoso y escaso maquillaje que acompaña a la actriz adolescente o el exceso de diálogo tampoco ayudan a hacer creíble o coherente un tercer acto en el que las arbitrariedades, los giros pueriles de guión y las situaciones sonrojantes desfilan en sesión continua por la pantalla hasta su penoso remate final, una vez más incitándonos irremisiblemente a la carcajada por culpa de su resolutividad insustancial e innecesaria.




Por desgracia la ya mencionada apatía o el tono desangelado de la dirección y la escritura es extensible a la labor del reparto. Jason Clarke es un actor al que guardo cierta estima por sus excelentes trabajos en La Noche Más Oscura (Zero Dark Thirty) o El Amanecer del Planeta de los Simios, pero, a pesar del esfuerzo, su Louis Creed queda lejos de cumplir su cometido como núcleo dramático de la historia. Amy Seimetz por su parte parece totalmente desubicada con su personaje, como si por mucho que lo intentara este quedara fuera del relato adquiriendo un tono más testimonial que protagónico, aun contando con muchos minutos de metraje. Como era de esperar John Lithgow es el que sale mejor parado del casting y no precisamente porque la versión de Jud Crandall que ponen los guionistas y directores en sus manos sea merecedora de mucho elogio, pero el veterano actor de Dexter o En Nombre de Caín sabe salir airoso del envite. Hace un momento mencionábamos lo fallida que es la elección de Ellie como el personaje clave de la historia con respecto a su regreso de entre los muertos, enorme carencia de la que también es responsable el insuficiente trabajo de Jeté Laurence. La pequeña actriz no resulta creíble en ningún momento, haciéndonos echar mucho de menos al inmenso Miko Hughes que con una década menos de edad ejecutó una labor inmensamente más destacable que la de ella treinta años después.




Cementerio de Animales es una aproximación fallida a la novela de Stephen King. Lo es como adaptación de dicho trabajo literario y como largometraje, mostrando inexcusables carencias tanto en uno como en otro aspecto. Aunque nunca llega a abandonar el pedregoso terreno de la mediocridad el interés que podían haber ofrecido sus primeros cincuenta minutos de metraje se despeñan por un insalvable barranco en los cincuenta restantes por culpa de los declamatorios fallos ya mencionados y enumerados. Por lo tanto para un servidor esta nueva Pet Sematary no puede adscribirse a la lista de adaptaciones actuales de libros de Stephen King por las que merece la pena pagar la entrada del cine. Podemos salvar los pasajes protagonizados por Zelda, algún momento truculento, ciertas virtudes dentro del diseño de producción, el medido uso de los efectos digitales o el score del veterano de Christopher Young, pero más allá de eso poco o nada más. Los directores (parece ser que ya inmersos en la preproducción de Mamá 2, la exitosa cinta producida por Guillermo del Toro y dirigida por Andrés Muschietti) han mostrado su interés por rodar una precuela para narrar con ella el origen del célebre cementerio Micmac colindante al de mascotas. Esperemos que si deciden hacerlo el resultado sea algo más estimulante que el de esta olvidable nueva visión audiovisual de la célebre novela del marido de Tabitha King.



sábado, 5 de agosto de 2017

Spider-Man: Homecoming




Título Original Spider-Man: Homecoming (2017)
Director Jon Watts
Guión John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers, Jon Watts, basado en personajes de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Tom Holland, Robert Downey Jr., Michael Keaton, Marisa Tomei, Jacob Batalon, Zendaya, Jon Favreau, Tony Revolori, Laura Harrier, Angourie Rice, Kenneth Choi, Michael Barbieri, Logan Marshall-Green, Donald Glover, Tyne Daly, Martin Starr, Hannibal Buress, Abraham Attah, Michael Mando, Bokeem Woodbine, Jona Xiao, Chris Evans, Gwyneth Paltrow,  Tiffany Espensen,  Garcelle Beauvais,  Stan Lee




Segundo reinicio de las aventuras cinematográficas de Spider-Man después de la trilogía de Sam Raimi con Tobey Maguire dando vida al superhéroe y el díptico de Marc Webb con Andrew Garfield haciendo lo propio. Aunque en honor a la verdad deberíamos afirmar que el verdadero reboot tuvo lugar en Capitán América: Civil War, largometraje de los hermanos Anthony Russo y Joe Russo inspirado lejánamente en el evento ideado en viñetas por el guionista Mark Millar y el dibujante Steve McNiven en el que hizo por primera vez acto de presencia el nuevo lanzarredes interpretado por el británico Tom Holland (Lo Imposible) para codearse con gran parte de los Vengadores. Esta primera aventura en solitario del alter ego de Peter Parker nacida al amparo de la colaboración entre Sony y Marvel Stuidos está escrita por un equipo de hasta seis guionistas, dirigida por Jon Watts, cineasta al que conocemos por haber realizado cintas como su debut Clown o la bastante vitoreada Cop Car, y cuenta en su reparto con actores de primer nombre como el inevitable Robert Downey Jr y su Iron Man/Tony Stark, Marisa Tomei como May Parker o Michael Keaton en la piel del Buitre/Adrian Toomes entre otros. El resultado ha gustado a crítica y público en líneas generales, pero sin recibir reseñas tan positivas como Doctor Strange o Guardianes de la Galaxia Vol 2, las últimas propuestas cinematográficas salidas de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas. En España el film llegó a las carteleras el pasado viernes y después de haberla visto ya podemos hablar abiertamente sobre sus virtudes y defectos.




Spider-Man: Homecoming narra la vida del adolescente Peter Parker inmediatamente después de haber colaborado con el bando de Tony Stark durante la Civil War de la película homónima. En el proceso asistiremos a cómo trata de mantener el equilibrio entre su vida personal en la que están implicados familiares y allegados como su tía May (Marisa Tomei), sus amigos Ned (Jacob Batalon) y Michelle (Zendaya) o Liz (Laura Harrier) la chica de la que está enamorado así como a la profesional protagonizada por su alter ego superheróico siempre a la espera de que su nuevo jefe, el mismísimo Iron Man, le encomiende una importante misión que nunca llega. El robo de material alienígena chitauri ocho años atrás por parte del ex trabajador de la construcción Adrian Toomes (Michael Keaton) y sus socios utilizado en la actualidad como armamento con fines delictivos se convertirá en esa misión que el primerizo Peter Parker lleva tiempo esperando.




La primera y más agradecida virtud de Spider-Man: Homecoming es, como ya dejaba bastante claro la citada Civil War, que no es una historia de orígenes del superhéroe, de modo que no tenemos que asistir a la picadura de la araña radioactiva (o mutada genéticamente si te llamas Sam Raimi) el descubrimiento de los poderes de Peter o la muerte de Ben Parker. Ese terreno se da por recorrido y el largometraje se mete de lleno en el día a día del personaje como héroe ya asentado de cara a la opinión pública entre los que lo defienden y los que le critican. En ese sentido el largometraje cumple competentemente con la idea de seguir de manera más o menos fiel la tónica del resto de adaptaciones cinematográficas del Hombre Araña, pero añadiendo algunas ideas nuevas “made in Marvel Studios” para dar algo más de encanto al personaje y su lucha contra el crimen por medio de parafernalia tecnológica proporcionada por Tony Stark que sirve como excusa para vincularlo con el personaje de Robert Downey Jr y por efecto dominó con los Vengadores.




El problema reside en que más allá de esos añadidos a modo de complementos la historia de Spider-Man: Homecoming no aporta nada nuevo u original a lo que ya habíamos asistido en las dos sagas anteriores adscritas al mundo del séptimo arte. Todo lo que sucede en la cinta de Jon Watts ya lo hemos visto previamente a manos de Sam Raimi o Marc Webb, con mayor o menor fortuna, pero lo hicimos y de hecho la ligereza con la que está abordada la historia, que apunta casi unidireccionalmente al público adolescente, es más liviana incluso que la de cualquier otro de los productos de Marvel Studios. Evidentemente esto no debería ser un inconveniente si tenemos en cuenta que Spider-Man es uno de los personajes más divertidos y entrañables salidos de la Casa de las Ideas, pero el tono con el que han abordado sus artífices la propuesta parece haber sido gestado por otra factoría y no la que dio forma a productos como Capitán América: Soldado de Invierno o el díptico de los Vengadores. Hasta Ant-Man cuya narrativa se sustentaba principalmente en la comedia tiene más entidad que la última propuesta de la productora de Kevin Feige.




Jon Watts se enfrenta con oficio a las numerosas escenas de acción que pueblan el metraje con pasajes de bastante aparatosidad de los que sabe salir (casi) siempre airoso y su media docena de guionistas (él mismo entre ellos) saben sacar partido a un humor con cierto encanto, sobre todo cuando trata de ponerse incisivo y metareferencial, que en no pocas ocasiones nos remite al de las viñetas con la verborrea descontrolada del protagonista cuando se enfrenta con sus rivales, pero en esta ocasión haciendo especial hincapié en un tono más naïf del habitual que es tan innecesario como comprensible si tenemos en cuenta su edad. Muchos de los mejores golpes de humor los comparte Peter con su amigo Ned, un personaje típico y tópico de mejor colega que se muestra de cara a la platea tan entrañable como prescindible, añadido que al que esto firma no le convence sin negar por ello que guarda varios pasajes cómicos memorables como secundario.




Pero todo es rudimentario, huele a cien veces visto y los autores del proyecto parecen sentirse cómodos en su autocomplacencia. En Spider-Man: Homecoming hay escenas muy bien ejecutadas, pero no encontramos prácticamente ninguna que quede grabada en la retina del espectador como sí sucedía en las dos entregas de los Guardianes de la Galaxia, Capitán América: Civil War o Doctor Strange por mencionar sólo algunas de las producciones más recientes de Marvel Studios. Es como si el ya conocido conservadurismo formal y narrativo de las creaciones financiadas por Kevin Feige se viera potenciado más si cabe con la intervención de Sony que ya demostró en las dos entregas de The Amazing Spider-Man que andaba bastante desorientada a la hora de encarrilar con acierto las aventuras en celuloide del personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko hace más de medio siglo en las páginas de la colección Amazing Fantasy.




También sería de recibo mencionar algunas elecciones con respecto a personajes secundarios que si hubieran sido tomadas en un producción de DC Etertainment seguramente hubiesen recibido los ataques que esta Spider-Man: Homecoming no ha tenido que padecer y no me refiero a la diversidad racial con respecto a los actores, decisión por parte de Marvel que siempre defenderé tanto en cine como en cómics. Hablo de los métodos expeditivos para eliminar a personajes que las viñetas son bastante conocidos o los trucos tramposos de guión para ocultar vínculos familiares o identidades secretas que no deberían serlo con el único motivo de buscar el giro forzado que deje con la boca abierta al espectador cuando un producto de esta naturaleza no exige ni necesita dichas tretas que sólo delatan que al guión le faltaban un par de vueltas para ser todo lo sólido que debiera.




Aunque su inclusión en Capitán América: Civil War era tan forzada y prescindible como estimulante y divertida y su relación nada creíble con Tony Stark uno de los fallos de guión más notables de la, por otro lado, potente cinta de los hermanos Russo Spider-Man: Homecoming confirma lo que allí ya vislumbramos, que Tom Holland ha sido un enorme acierto de casting. El joven actor británico insufla ingenuidad, carisma, simpatía y vivacidad en su labor interpretativa a la hora de dar vida tanto a Spider-Man como a Peter Parker, encandilando a la audiencia con los momentos más cómicos y manteniéndose firme en los dramáticos o de tensión, como ese enfrentamiento verbal dentro del coche en el que el actor de Lo Imposible muestra unas tablas impropias de su edad y breve carrera como artista. En cambio el excelente trabajo de Michael Keaton no puede hacer nada a la hora de vencer el mayor cáncer que tienen las producciones de Marvel Studios, su pobre retrato de villanos con un Buitre insuficiente cuyas motivaciones sólo son abordadas superficialmente exponiéndose por ello desdibujado y pobre en pantalla como némesis del protagonista, por muy intimidante que se muestre en el plano físico.




Dentro del resto de personajes hace muy bien su trabajo, como era de esperar en él, Robert Downey Jr que contra todo pronóstico no hace más que unas cuantas apariciones episódicas que, aunque se revelan como parte de lo mejor de la velada, en ningún momento son utilizadas para quitar protagonismo al personaje principal. Marisa Tomei cumple sobradamente, pero lo siento, yo ahí veo a una hermana mayor enrollada, no a la tía May que todos conocemos y adoramos/detestamos, no ya por la notable diferencia de edad, sino por el modo en el que se ha abordado desde el guión y la interpretación. Jacob Batalon, Zendaya y Laura Harrier realizan con aplomo su labor a la hora de dar vida a los amigos de Peter, pero el espectador no deja de pensar en ningún momento que dichos roles sólo tienen sentido dentro de películas en solitario del trepamuros, ya que en el universo cinematográfico de Marvel aportarían poco o nada como por otra parte es lógico.




Sentimientos encontrados a la hora de evaluar Spider-Man: Homecoming. Por un lado veo a un magnífico Peter Parker protagonizando una aventura dinámica, luminosa y entretenida con referencias a los cómics (tanto al Universo 616 como al Ultimate), pero por otro lamento que un producto que podría haber servido para reinventar totalmente al personaje de cara a una nueva generación de espectadores se haya asentado en la comodidad y la autcomplacencia llegando incluso a quedar por debajo de sus hermanas mayores dentro de Marvel Studios, antojándose en ocasiones casi más el abultado episodio piloto de una serie para televisión que la potente superproducción pijamera que debería ser y a mí no me lo parece. Con todo la buena recepción que ha tenido el film de Jon Watts nos confirma que tendremos amistoso vecino Spider-Man para rato y eso siempre es una buena noticia, aunque a nivel personal esperaré que la próxima vez den totalmente en el centro de la diana.



viernes, 11 de septiembre de 2015

Cuatro Fantásticos



Título Original Fantastic Four (2015)
Director Josh Trank
Guión Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank basado en el cómic de Stan Lee y Jack Kirby
Actores Miles Teller, Kate Mara, Michael B. Jordan, Jamie Bell, Toby Kebbell, Tim Blake Nelson, Reg E. Cathey, Lance E. Nichols, Mary Rachel Dudley, Tim Bell, Ronnie Hooks, Jodi Lyn Brockton, Chet Hanks, Shauna Rappold





Ya desde su temprana concepción este segundo reinicio cinematográfico inspirado en los cómics de la primera familia de superhéroes creada en el seno de Marvel Cómics en 1961 por Stan Lee y Jack Kirby estuvo envuelto en la polémica y las decisiones controvertidas. Por temor a perder los derechos fílmicos de los personajes a los que ya habían explotado en las dos endebles pero simpáticas entregas dirigidas por Tim Story la 20th Century Fox se puso a trabajar contrareloj para realizar una nueva adaptación de las andanzas de Reed Richards, Ben Grimm y los hermanos Sue y Johnny Storm, El director elegido para sacar adelante el proyecto fue el joven Josh Trank, que sorprendió a propios y extraños con aquella magnífica amalgama de found footage y cine superheróico crepuscular llamada Chronicle, Todo esto después de caerse como cineasta del spin off que Disney está llevando a cabo de la saga Star Wars, lo que ya presagiaba lo peor para el reboot que nos ocupa.




Las decisiones desacertadas no se hicieron esperar  y los malos augurios tampoco. La estética oscura de las imágenes filtradas y de los diseños de los uniformes de los personajes, declaraciones por parte de Trank en las que afirmaba que iba a hacer una versión "más realista" de Los 4 Fantásticos (sí, de el Hombre Elástico, la Chica Invisible, la Antorcha Humana y La Cosa, un gigantón hecho de piedra) y que había prohibido a sus actores leer cómic alguno protagonizado por los personajes hicieron enfurecer al fandom, aunque claro, no tanto como el hecho de cambiar de raza a Johnny Storm, eso fue "mucho peor", acabáramos. Tras estos primeros tropezones los rumores sobre que la producción de la cinta estaba siendo un caos, que otro director había rodado material adicional al de Trank (algo que el cineasta se apresuró a desmentir, muy indignado, en la redes sociales) o que la 20th Century Fox confiaba poco o nada en el proyecto terminaron por sepultar las pocas esperanzas que se pudieran tener en esta nueva etapa en celuloide protagonizada por los Imaginautas.




El resultado fue el esperado, estreno rocambolesco y controvertido, Josh Trank haciendo declaraciones en Twitter (eliminadas posteriormente por él mismo) sobre cómo la 20th Century Fox había destrozado su película, que no tenía nada que ver con la que ha llegado a la pantalla grande, los productores tapando la boca a la prensa especializada para que no comentara nada de la cinta antes de su puesta de largo internacional, cruce de declaraciones entre miembros del reparto artístico y técnico, filtraciones de borradores del guión que superaban considerablemente en calidad al que finalmente sirvió de base a la película, en resumidas cuentas una serie de catastróficas desdichas que han convertido esta Cuatro Fantásticos en la comidilla cinematográfica hollywoodiense del año y cuyas intrincadas conspiraciones interiores (con las que parece que todo el mundo quería hundir la obra) seguramente darían para un libro o un telefilm morboso protagonizado por las estrellas televisivas en decadencia de turno.




Vaya por delante que Fantastic Four no es tan mala como se ha dicho por la red, pero sí es un proyecto de una más que contrastada mediocridad que al ser visionado por primera vez transmite a la platea la sensación de que nadie se lo tomó muy en serio a la hora de gestarlo. Desde unos productores que no se fiaban del director con, aparante, mal carácter que habían contratado para comandar el la máquina, pasando por este último que aparentaba tener un ego que no correspondía con un cineasta casi debutante, hasta un reparto que parece completamente perdido a lo largo de los innecesarios 100 minutos de metraje que tiene la obra. A pesar de todo esto, como comento, no hablamos de una película "más mala que Catwoman o Elektra", ni mucho menos, pero sí de un producto fallido  prácticamente en su totalidad, deficiente en la mayoría de sus apartados y completamente desganado en fondo y forma.




A pesar de sus buenas intenciones desde sus compases iniciales la cinta de Josh Trank comete sus primeros fallos. Cuando se va a utilizar casi una hora de metraje para presentar a los personajes y su origen (algo nada alocado que han utilizado films adscritos al subgénero superheróico como los Spiderman de Sam Raimi o Marc Webb o el Batman de Christopher Nolan) es importante darle al patio de butacas un prólogo que enganche, que se revele como un fuerte puñetazo en la mesa para que a lo largo de esos sesenta minutos tengamos algo prometedor por lo que esperar. De esta manera desde el arranque se hace patente el desastroso y caótico ritmo narrativo de Cuatro Fantásticos, dejándose ver las incontables costuras que un montaje terrible (en el que parece haber metido mano todo el mundo) saca a la luz y en el que, aunque lo niegue el mismo Josh Trank, la mano de más de un cineasta sobrevuela a lo largo de todo el film, sirva como el ejemplo la alternancia de escenas en las que Kate Mara unas veces lleva postizo capilar y otras no, delatando el posible rodaje de escenas nuevas después de la producción principal de la cinta.




Por otro lado y aunque las cabezas pensantes se amparen en que han hecho una adaptación de la versión "Ultimate" de los personajes (de hecho Mark Millar, guionista de las andanzas de esta visión de Los 4 Fantásticos en los cómics, ejerció como asesor en el largometraje) el tono, la personalidad y las relaciones interpersonales de los protagonistas no pueden ser más infieles a las que llevan forjándose en los cómics desde hace más de cincuenta años. Como bien apuntó mi compañero Jordi T. Pardo en su magnífica crítica de la película para la web Zona Negativa, hay dos elementos indispensables en las historias en papel de los personajes creados por el tándem formado por Stan Lee y Jack Kirby y estos son el sentido de la maravilla puramente superheróico y el hecho de que los cuatro personajes formen un verdadero núcleo familiar que va más allá de su estatus como grupo de personas con superpoderes.




Por desgracia el guión escrito a seis manos or Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank (o lo que quedara de él al trasladarlo a la pantalla) no capta en ningún momento ese sense of wonder que la historia demanda amaprándose en un tono de ciencia ficción supuestamente serio y una gravedad formal que a personajes como a Batman, Daredevil o Punisher pueden quedarle bien, pero no a los más ilustres habitantes del edificio Baxter cuyas mejores historias (ahí están las etapas de John Byrne o las del dúo formado por Mark Waid y el fallecido Mike Weringo) se sustentan en una luminosidad que aquí brilla (nunca mejor dicho) por su ausencia. Por otro lado en ningún momento se percibe que estros cuatro personajes actúen como una familia y hay quien se podrá escudar en que todavía no forman el grupo propiamente dicho, pero es que ni Reed y Sue parecen dar forma a una futura historia de amor (la química entre Miles Teller y Kate Mara es del todo inexistente) ni Ben aparenta ser importante en la historia más allá de la primera mitad de metraje ni tampoco el mejor amigo de Reed (de hecho esa llamada etílica de madrugada para meterlo en el lío que lo mete se antoja harto ridícula) ni Johnny tener vínculos muy estrechos con su hermana.




Pero ya el acabose viene con la nueva génesis que dan a Víctor Von Doom, que hace que la de la primera película de Tim Story parezca "fiel a los cómics" y aquella ya era bastante aberrante. Aquí el Doctor Muerte ni es líder de la nación europea de Latveria, ni un hechicero. Es un genio científico como Reed Richards que (al igual que en la versión de 2004 y a diferencia de los cómics) forma parte del equipo que llevará a cabo el experimento relacionado con las transportación de materia y los viajes interdimensionales (que difiere bastante también del origen de los poderes adquiridos por los personajes en las viñetas) que para colmo se convertirá en autor material de la desgracia que experimentarán los protagonistas (lo de que Sue la sufra de manera colateral es una cagada más de tantas que enumerar).Al menos este despropósito se sustenta en un personaje que Tobby Kebbel aborda con dignidad cuando el guión quiere perfilar sus motivaciones y enriquecer su relación con Reed, Jonny y Sue, pero de manera tan superficial que no llega a ninguna parte.




A estas alturas y asumiendo que Josh Trank y sus guionistas (entre ellos Simon Kinberg, que, para más escarnio, no es novato precisamente en esto de adaptar cómics al celuloide) no han captado ni de lejos la esencia de los personajes que han tomado bajo su protección al espectador sólo le queda apelar a asistir a una cinta de género competentemente hecha y que ofrezca al menos un buen rato de evasión adscrita a la ciencia ficción comercial. Pero ni por esas, ya que por mucho que los productores hayan puesto en manos de Trank el presupuesto típico de un blockbuster de esta envergadura el director de Chronicle y su equipo técnico parecen abordar su labor con una contagiosa y vergonzante apatía y desgana que se deja ver a lo largo de todo un metraje en el que, más allá de la escena post accidente, no hay una sola secuencia o imagen cuya espectacularidad haga el espectador mover el rictus de indiferencia que su rostro ha ido tomando a lo largo de torpe desarrollo del film.




Hasta un reparto de actores más que competentes (algunos de un talento descomunal como ese Miles Teller que deslumbro en Whiplash) queda en nada cuando en todo momento percibimos en pantalla a que ninguno de los miembros del cast se cree lo que está haciendo o siente realmente como suyos los personajes que abordan, Curiosamente en el plano físico todos encajan (sí, Michael B, Jordan también, digan lo que digan) con sus versiones en viñetas pero es a la hora de darles vida cuando todos fracasan estrepitósamente, salvándose un poco de la quema el ya mencionado actor de Chronicle y la próxima Creed que sabe captar algo del aire de chulería y altivez del Johnny Storm de las viñetas o el Reed Richards anterior a los poderes de elasticidad de Teller. A los cuatro protagonistas se les ve desubicados, mortecinos, como si tuvieran la cabeza en otro lado o deseando que todo acabara para no tener que seguir implicados en un proyecto cuya gestación les estaba produciendo más dolores de cabeza que aportando satisfacciones.




Cuatro Fantásticos es algo peor que una mala película (no llega a tanto digan lo que digan) es una película aburrida, descompensada (su clímax dura un suspiro y deja con cara de estúpidos a aquellos que han aguantado hora y media de metraje sólo para que les ofrezcan una batalla final a la altura) hipertrófica en fondo y forma, en definitiva, carne para ser un film que forme parte de la filmografía de Alan Smithee o lo que es lo mismo, la crónica de un fracaso anunciado. Josh Trank podrá patalear lo que quiera y poner el grito en el cielo, pero aunque los productores hayan destrozado su trabajo lo que aquí se vislumbra tanto en escenas aisladas como en conjunto es que no ha entendido absolutamente nada de la idiosincrasia de los personajes que ha tratado de reinventar para la gran pantalla. Su segundo largometraje detrás de las cámaras parece el alargado y fallido episodio piloto de una serie de televisión de aventuras despersonalizado, taciturno, desangelado, que transmite indiferencia a una platea que llega a lo imposible, añorar aquellas Los 4 Fantásticos y Los 4 Fantásticos y Silver Surfer de Tim Story o hasta la versión de Roger Corman, que ahora no nos parecen tan terribles o reprobables. Cosas de la magia del cine.