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viernes, 16 de octubre de 2020

Timecop, días del futuro pasado


Título Original Timecop (1994)
Director Peter Hyams
Guión Mark Verheiden y Mike Richardson, basado en su propio cómic
Reparto Jean-Claude Van Damme, Mia Sara, Ron Silver, Bruce McGill, Gloria Reuben, Scott Bellis, Jason Schombing, Scott Lawrence, Kenneth Welsh, Brent Woolsey




Entre agosto y octubre de 1992 la editorial independiente Dark Horse Comics publicó una miniserie de tres números titulada Timecop: A Man Out of Time. A partir de una idea de Mike Richardson, con guión de Mark Verheiden y dibujo de Ron Randall contaba la historia de Max Walker, un policía cuya misión consistía en detener a viajeros temporales propensos a saltarse la ilegalidad. El cómic funcionó lo suficientrmente bien como para que, una vez más, Hollywood pusiera sus ojos en él con la idea de diseñar una adaptación para la pantalla grande. Uno de los principales impulsores del proyecto fue el director Sam Raimi mediante Renaissance Pictures, la productora que fundó junto a sus amigos Rober Tappert y Bruce Campbell, a la que se sumaron otras como Largo Entertainment, JVC Entertainment Networks y Signatue Pictures mientras Universal Pictures se ocupaba de la distribución. Del guión se encargarían los mismos ideólogos del cómic, Mike Richardson y Mark Veheiden, este último reconvertido de autor de cómics a productor y escritor en todo tipo de proyectos para la televisión y el cine en muchas ocasiones, como la presente, basados en sus trabajos en papel. Para dirigir el proyecto se eligió al veterano Peter Hyams, ducho en temática de ciencia ficción con propuestas como Capricornio Uno (1978), Atmósfera Cero (Outland, 1981) o 2010: Odisea Dos (1984) y de encabezar el reparto un Jean-Claude Van Damme en lo más alto de su carrera con las espaldas bien cubiertas por Mia Sara (Legend), Ron Silver (Acero Azul), Bruce McGuill (Lincoln) o Gloria Reuben (Mr. Robot)




Diez años después de que su esposa Melissa (Mia Sara) fuera brutalmente asesinada en pleno 2004 el agente Max Walker (Jean-Claude Van Damme) es un policía al servicio de la Comisión de Control de Tiempo (TEC), división dedicada a impedir que personas viajen en el tiempo para beneficiarse ilícitamente y cambiar de esta manera la historia. Walker comenzará a investigar el caso del senador Aaron McComb (Ron Silver) candidato a la presidencia que mediante estos viajes temporales viaja al pasado para moldear su porvenir para con ello conseguir llegar a la Casa Blanca. A partir de entonces la misión principal de Walker será poner freno a las artimañas políticas del potencial presidente del gobierno, aun con la negativa de su superior el comandante Eugene Matuzak (Bruce McGill). Todo se tuerce cuando el protagonista viaja a 1994 con su nueva compañera, la agente Sarah Fielding (Gloria Reuben) y el intento de detención del senador de aquella línea temporal es impedida por el de 2004 que guarda más de un secreto. Desde ese mismo momento la historia será cambiada y todo empezará a ponerse cada vez peor para nuestro protagonista.




Timecop sólo toma del cómic original el título, el planteamiento y algunos apuntes estéticos del dibujo de Ron Randall. Más allá de eso Mark Verheiden y Mike Richardson construyen un argumento que tiene poco que ver con el expuesto por ellos mismos en los tres números de la miniserie de Dark Horse Comics. Como si de la adaptación de un relato de Philip K. Dick o un homenaje parcial a Terminator (James Cameron, 1984) se tratase ambos guionistas y el equipo técnico, capitaneado por un viejo zorro como Peter Hyams, construyen una amalgama entre ciencia ficción, relato neo-noir y western con las consabidas secuencias de acción propias, no sólo de los largometrajes protagonizados por el actor belga, sino por el grueso de action heroes de los 80 que triunfaron a la hora de elegir nuevos, y más ambiciosos, proyectos en la década de los 90. Aunque ya coqueteó con el subgénero en Soldado Universal (Roland Emmerich, 1992) con Timecop Jean-Claude Van Damme no quiso ser menos que sus compañeros Arnold Schwarzenegger y Syvester Stallone que ya habían incursionado en el celuloide distópico con gran éxito. El primero con las dos primeras entregas de Terminator o Desafío Total (Total Recall, 1990) y el segundo con la por aquel entonces todavía reciente Demolition Man (Marco Brambilla, 1993) con un resultado que no pudo ser más beneficioso para él.




El guión de Mark Verheiden y Mike Richardson está repleto de lugares comunes y no inventa nada en lo referido a los relatos sobre viajes temporales, pero hay una impecable concreción y solidez en su construcción digna de elogio. La primera escena, localizada en el año 1863 durante la Guerra Civil de Estados Unidos, en la que un asaltante insta a unos soldados confederados a que le entreguen un cargamento de oro negándose estos y respondiendo el primero disparándoles con unas modernas armas automáticas sintetiza en menos de cinco minutos la esencia e intencionalidad lúdica de una obra como Timecop. Tras este prólogo los escritores consiguen diseñar una historia sólida, coqueteando con los preceptos de distinto tipo de cine de género perfectamente ensamblados y discurriendo en notoria armonía. El largometraje presume de un presupuesto holgado y unas pretensiones notablemente superiores a las de la mayoría de obras previas protagonizadas por el actor de Contacto Sangriento (Bloodsport, Newt Arnold, 1988) o Kickboxer (Mark DiSalle, David Worth, 1989), pero en ningún momento aspira a ser algo más que un producto de entretenimiento bien compactado.




Que Sam Raimi y sus colaboradores eligieran a un veterano como Peter Hyams para rodar Timecop posiblemente supuso uno de los mayores aciertos del proyecto. Peter Hyams es un profesional con algunas particularidades muy poco comunes siendo un artesano siempre al servicio de Hollywood, como ser el encargado de la dirección de fotografía de todos sus trabajos desde que rodara 2010: Odisea Dos (1984), la infravalorada secuela del clásico de Stanley Kubrick inspirado en los textos de Arthur C. Clarke. Hyams despliega todos sus conocimientos dentro del cine de género en Timecop, siendo el principal artífice de que esa amalgama de tonos y conceptos a la que apelábamos anteriormente desfilen con una homogeneidad intachable en pantalla. Ciencia ficción, cine negro, secuencias de acción rodadas y editadas con verdadero aplomo e incluso apuntes de terror en la recta final con el asedio a la casa de los Walker dan buena muestra de la efectividad de un cineasta a reivindicar capaz de coquetear con casi todos los géneros que volvió a colaborar con Jean Claude Van Damme en Muerte Súbita (1995) y Cerco al Enemigo (Enemies Closer, 2013).




Como ya hemos afirmado Timecop se sale de la ortodoxia de los productos prototípicos que hasta ese momento había protagonizado en Hollywood el actor originario de Bruselas. Pero no es eludible que el film sigue siendo un vehículo para el lucimiento de las por aquel entonces insuperables capacidades físicas del protagonista de Libertad Para Morir (Death Warrant, 1990) o Blanco Humano (Human Target, John Woo, 1993) desplegadas a lo largo y ancho de todo el metraje. A Van Damme le da la réplica, y devora en pantalla cada vez que comparten encuadre, el tristemente fallecido Ron Silver (El Ente) como el sádico senador Aaron McComb, un político rastrero y homicida abordado desde una leve pátina de sátira verhoeveniana que incluye algún que otro aguijonazo al reaganismo de los años 80. Mia Sara, Bruce McGill, Gloria Reuben, Scott Bellis o un breve Kenneth Welsh complementan un reparto que ayuda a dar cohesión a una pieza de la que poco se puede poner en entredicho en lo referido a un apartado artístico tan competente como agradecido a la hora de dar vida a sus unidimensionales personajes.




Un servidor siempre ha defendido que las mejores películas de los action heroes de los 80 fueron aquellas que eran algo más que la típica muestra de acción facilona o el enésimo film centrado sólo en los conocimientos de artes marciales de algunos de sus protagonistas. Por eso podemos considerar Timecop como una de las mejores obras de dentro de la filmografía de “Los Músculos de Bruselas”. Un guión inteligente y bien rematado, un reparto acertadamente seleccionado, unos efectos digitales que supieron aprovechar la senda abierta por Terminator 2: El Día del Juicio manteniendo muy bien la compostura 35 años después de su diseño o un director solvente y profundo conocedor de su oficio hicieron el resto. Timecop se convirtió en el primer gran éxito de Jean-Claude Van Damme en Hollywood, a día de hoy sigue siendo su cinta más taquillera, dando lugar a una serie televisiva de corta vida, una secuela directa a vídeo protagonizada por Jason Scott Lee y Thomas Ian Griffith que vio la luz en 2003 y a un legado que en años posteriores ha podido verse de manera intermitente en productos tan dispares como Minority Report (Steven Spielberg, 2002), Looper (Rian Johnson, 2012) o El Ministerio del Tiempo (Javier Olivares, Pablo Olivares, 2015).




miércoles, 12 de junio de 2019

Hellboy Animated: Blood & Iron, crónicas vampíricas



Título Original Hellboy Animated: Blood & Iron (2007)
Director Victor Cook
Guión Kevin Hopps, Tad Stones, Mike Mignola, basado en el cómic de este último





Un año después del estreno de Hellboy Animated: Sword of Storms Cartoon Network emitió una segunda entrega titulada Hellboy Animated: Blood & Iron con la que continuar la propuesta establecida en 2006 para llevar al personaje del creador de Bogavante Johnson al medio televisivo. Libremente inspirada en el famoso arco argumental Despierta al Demonio, el segundo de larga duración de la cabecera original, y partiendo de nuevo de una historia de Mike Mignola y Tad Stones esta vez fue Kevin Hoops quien se encargó del guión. La dirección fue asignada a Victor Cook y Ron Perlman, Selma Blair o Doug Jones repitieron poniendo voz a sus personajes. Sumándose a ellos el gran John Hurt ofreciendo la suya al profesor Trevor Bruttenholm, rol al que dio vida en imagen real tanto en Hellboy (2004) como en una breve aparición de Hellboy 2: El Ejército Dorado (2008). El resultado, sin llegar en ningún caso a la excelencia, es muy superior al de su predecesora convirtiéndose en una decente tv movie capaz de extrapolar bastantes de los hallazgos y características del universo cinematográfico y secuencial del personaje nacido en Dark Horse Comics.




Hellboy Animated: Blood & Iron deja de lado la autoindulgencia y desgana de Sword of Storms llegando incluso a tomar algunas decisiones narrativas bastante arriesgadas para un producto dirigido a todos los públicos. Para empezar podemos afirmar que Hellboy no es el protagonista de la película, sino un “secundario de lujo” dentro de la misma. Es el profesor Trevor Bruttenholm el personaje más importante de este relato planteado como una precuela, ya que, como recordamos, el personaje de John Hurt moría a manos de Karl Ruprecht Kroenen en Hellboy (2004) film con el que comparte cronología y acontecimientos previos. Otro acierto mayúsculo es que mientras en Sword of Storms tres subtramas paralelas se ensamblaban de manera torpe y descompensada en Blood & Iron son dos líneas temporales diferentes las que convergen a la vez de manera orgánica, cohesionada y dando pie a una retroalimentación capaz de enriquecerlas desde un punto de vista narrativo y conceptual.




La historia está centrada en un nuevo caso relacionado con hechos acaecidos en la juventud del profesor Trevor Bruttenholm y en el que se vio envuelta la condesa húngara Erzsebet Ondrushko, una vampira centenaria que tras vender su alma a la diosa Hecatte mató a más de seiscientas jóvenes para bañarse con su sangre y así conseguir la juventud eterna. Este personaje, claramente inspirado en la condesa Elizabeth Bathory, sirve como excusa para que la película vire hacia un tono más oscuro, tenebrista y deudor del terror más propio de la pluma y el trazo de Mike Mignola en las historias en papel protagonizadas por Hellboy a lo largo de los años. De hecho no se eluden pasajes algo más violentos en los que la sangre fluye sin cortapisas, nada que pueda asustar al espectador infantil actual, pero lo suficientemente explícito como para alejarlo un poco del tono más neutro de Hellboy Animated: Sword of Storms dando a entender que sus responsables buscan más complicidad del receptor adulto y conocedor de la temática vampírica.




La animación sigue los mismos patrones estéticos que en Sword of Storms, pero gracias a una labor artística minuciosa y una realización más dinámica esta luce mucho mejor en pantalla. Los guionistas y el realizador aprovechan que el contexto ficcional al que se aferran ya se estableció en la anterior aventura y son capaces de enriquecer o hacer más creíbles a los personajes a pesar de contar con menos protagonismo y metraje en pantalla. La rima entre las dos líneas temporales, el acabado estilístico diferenciado entre ambas, el perfil de los personajes aclimatado con más acierto al relato o los pasajes de acción llegando en un par de ocasiones a ejecutar alguna secuencia memorable dan señales de una notable mejoría con respecto a la primera entrega. Pero en lo concerniente a los personajes pareciera como si Blood & Iron hubiera sido diseñada como un homenaje al personaje de Trevor Bruttenholm y los escritores hacen todo lo posible para engalanar todo lo referido a su pasado y presente convirtiéndolo en la piedra angular del largometraje mientras John Hurt nos deleita con su inconfundible y añorado timbre de voz.




Desgraciadamente cuando se llevaba a cabo un salto de calidad bastante notable de la primera a la segunda película lo que iba a convertirse en una futura trilogía se vio truncada y nunca llegamos a verla completa. Pero este binomio formado por Sword of Storms y la presente Blood & Iron no cayó en saco roto y su repercusión fue lo suficientemente fuerte como para que Dark Horse Comics llegara a publicar tres tomos inspirados en esta díptico dentro del título Hellboy Animated dando continuidad a sus tramas. The Black Wedding, Judgment Bell y The Menagerie se publicaron entre enero y diciembre de 2007 con dos arcos argumentales por recopilatorio y contando entre sus guionistas y dibujantes con Jim Pascoe, Rick Lacy, Fabio Laguna, Jason Hall, Nate Piekos y el omnipresente Tad Stones que ya colaboró en la realización y escritura de las dos versiones animadas de Hellboy para la televisión. Una pena que esta nueva vertiente audiovisual del personaje no saliera adelante porque contenía un potencial que nunca pudo llegar a desarrollarse y vista la recaudación de la última película en imagen real dudo que alguien decida recuperarlo o darle un nuevo inicio.


sábado, 8 de junio de 2019

Hellboy Animated: Sword of Storms, devil may cry



Título Original Hellboy Animated: Sword of Storms (2006)
Dirección Phil Weinstein, Tad Stones
Guión Tad Stones, Matt Wayne, Mike Mignola, basado en el cómic de este último




Como ya comentamos en la entrada dedicada a reseñarla Hellboy (2004) no fue un gran éxito de taquilla, pero su recaudación suficiente para acercarla a gran parte del público generalista y satisfacer, mayoritariamente, a los fans del cómic de Mike Mignola que acogieron con positividad el proyecto. De esta manera con el paso de los años la primera película protagonizada por Ron Perlman y dirigida por Guillermo del Toro se ganó el favor del fandom y el título de obra de culto. Seguramente esta prematura reivindicación del material supuso el motivo para que los responsables del film de 2004 se asociaran con Starz Media y Film Roman y de manera conjunta diseñaran la primera, de varias, cintas animada para el canal Cartoon Network. Con la idea de mantener esta nueva historia dentro del canon del film en imagen real se solicitaron los servicios de Guillermo del Toro y Mike Mignola como productores creativos y Ron Perlman, Selma Blair y Doug Jones pusieron voz a sus contrapartidas en dibujo animado. El resultado fue Hellboy Animated: Sword of Storms, inicio de una trilogía que, al igual que su hermana mayor, nunca llegaría a culminarse.




Aventurando la decisión que tomarían Guillermo del Toro y Mike Mignola dos años después en Hellboy 2: El Ejército Dorado, Hellboy Animated: Sword of Storms no está inspirada directamente en ningún arco protagonizado por el personaje en los cómics, pero sí parte de una idea original de Mike Mignola. El guionista y director Tad Stones, máximo responsable detrás de la obra, y sus colaboradores en la escritura (Matt Wayne) y la realización (Phil Weinstein) desarrollan una historia localizada, principalmente, en Japón para contar el relato de dos demonios hermanos, Trueno y Relámpago, que después de mantenerse encerrados durante siglos en un pergamino vuelven a nuestra realidad poseyendo el cuerpo de Mitsuyasu Sakai, un profesor experto en folclore nipón. El caso es asignado a los miembros de la Agencia de Ivestigación y Defensa Paranormal (AIDP) y del mismo se ocuparán Hellboy, Abe Sapien y una Liz Sherman cada vez más preocupada por su incapacidad para controlar sus, cada vez más peligrosos, poderes piroquinéticos.




Hellboy Animated: Sword of Storms es un producto fallido desde su misma concepción y estructura, dejando entrever bien pronto sus primeras carencias. Como ya hemos mencionado esta película animada pertenece al mismo universo que el film en imagen real rodado por Guillermo del Toro en 2004, pero como obra unitaria debería recurrir a flashbacks o algún recurso parecido con la intención de contar el origen de su personaje principal y los secundarios más relevantes. Sin pararse sus responsables a pensar que los potenciales espectadores consumidores del film pueden no haber visto su precuela en imagen real localizan la historia en un microcosmos ficcional ya establecido en el que hay que subirse en marcha de manera abrupta y poco orgánica, sólo pudiendo aferrarse al prólogo de pocos segundos localizado antes del título del film, del todo insuficiente. Ciertamente este no es el mayor problema del largometraje, ya que otros más graves imposibilitan el buen discurrir del relato planteado por Mike Mignola, Tad Stones y Matt Wayne por culpa de una contrastada ineficacia a la hora de dar consistencia a la narración y los hechos en ella acontecidos.




Aunque todo lo narrado a lo largo de los 75 minutos de metraje de Hellboy Anitamed: Sword of Storms es deudor del imaginario visual desplegado por Mike Mignola en la cabecera homónima de Dark Horse Comics con un universo repleto de demonios, monstruosidades y demás criaturas sobrenaturales son perceptibles varias carencias a la hora de plantear una historia con verdadero punch para enganchar al espectador y una vez la trama se bifurca en tres la alternancia entre unas y otras termina por menoscabar la solidez expuesta en el prólogo de la cinta, el pasaje más eficiente de la misma. La subtrama focalida en Hellboy se sigue con cierto interés, pero la más endeble de Abe y Liz y sobre todo la disparatada e innecesaria de Kate Corrigan y Russell Thorne, con “momento Disney” de vergüenza ajena, dinamitan la cohesión y la estructura de un producto disperso y redundante. Ni siquiera las secuencias de acción o más dinámicas consiguen ejecutar alguna situación memorable de cara a una platea que recibe el material con indiferencia y, en ocasiones, hasta aburrimiento.




De la animación tampoco podemos sacar demasiado partido. Más allá de su deuda con el amerimanga, las series de superhéroes de DC Comics ideadas por Bruce Timm (Batman, Superman, La Liga de la Justicia) o las nacidas del trazo y la impronta de Genndy Tartakovsky (Samurai Jack) el diseño de personajes y localizaciones de Hellboy Animated: Sword of Storms no se alejan de los de cualquier otra serie animada protótipica de televisión. Con esto no afirmamos que la animación sea reprobable en manera alguna, ya que ha sido ideada dentro de los estándares de calidad mínimos para lucir con elegancia y eficiencia en pantalla, pero salvo en algún momento muy puntual no destaca en ningún momento. A ello habría que sumar una luminosidad y tono alegre que poco o nada tiene que ver con los profundos claroscuros y el tenebrismo goticista del cómic de Mike Mignola, aunque en ese sentido ni siquiera las aproximaciones de Guillermo del Toro o Neil Marhsall, esta última la que estaría más cerca de lograrlo, consiguieron ser 100% fieles con el peculiar y genuino universo secuencial del autor de Drácula de Bram Stoker.




Hellboy Animated: Sword of Storms, que al igual que su continuación nunca vio la luz en nuestro país en formato doméstico o emisión televisiva, supuso un deficiente tanteo de terreno para crear un microcosmos animado protagonizado por Hellboy cuya naturaleza rudimentaria y procedimental asentó unas bases poco sólidas sobre las que seguir construyendo ficción de calidad inspirada en el cómic de Mike Mignola. Un guión endeble, un tratamiento de los personajes demasiado superficial y una realización simplemente cumplidora hicieron el resto para que la primera aventura televisiva de “Anung-Un-Rama” se revelara como un producto bastante intrascedente y olvidable. Por suerte con la siguiente entrega Revolution Studios y Starz Media aprendieron de sus errores y consiguieron facturar un producto mucho más competente, siguiendo el mismo patrón, pero cambiando a varios miembros del equipo técnico y ciñéndose más a la viñetas. A Hellboy Animated: Blood & Iron, estrenada un año después, dedicaremos mejores palabras que a esta “Espada de Tormentas” que no produce más que algún que otro chubasco de escasa importancia.



viernes, 31 de mayo de 2019

Hellboy (2019)



Título Original Hellboy (2019)
Director Neil Marshall
Guión Andrew Cosby, basado en el cómic de Mike Mignola
Reparto David Harbour, Ian McShane, Milla Jovovich, Sasha Lane, Daniel Dae Kim, Thomas Haden Church, Penelope Mitchell, Sophie Okonedo, Brian Gleeson, Kristina Klebe, Alistair Petrie, Ashley Edner, Douglas Tait, Bern Collaco, Mario de la Rosa, Atanas Srebrev, Michael Heath, Ava Brennan, Mark Basnight, Eddy Shore, Tihomir Vinchev, Anthony Delaney, Vanessa Eichholz




Corría el año 2014 cuando Mike Mignola ofreció a Guillermo del Toro un guión que él y Andrew Cosby (Eureka, Haunted) habían escrito con la idea de utilizarlo para la esperada tercera entrega cinematográfica de Hellboy que cerraría la visión del autor mexicano sobre el célebre personaje de Dark Horse Comics. Pero el cineasta rechazó dicha propuesta afirmando que él ya tenía otro libreto designado para dicho proyecto. De esta manera las, ya célebres, desavenencias entre los antiguos colaboradores se confirmaron y llevaron el desarrollo del potencial film a un definitivo callejón sin salida. Ante la inviabilidad de esa Hellboy 3 que parecía no llegar nunca la maquinaria hollywoodiense se puso en funcionamiento para resucitar las aventuras sobrenaturales del miembro más célebre de Agencia de Investigación y Defensa Paranormal empezando de cero. Millennium Media, Lawrence Gordon Productions, Dark Horse Entertainment, Nu Boyana, Campbell Grobman Films y la distribuidora Lionsgate aunaron fuerzas para idear un reboot con el que dar inicio a una nueva franquicia cinematográfica centrada en el icónico “Anung-Un-Rama”. El guión planteado por Cosby y Mignola sirvió de epicentro para un blockbuster contando con dirección del británico Neil Marshall (Dog Soldiers, Centurión) y un reparto formado por interpretes como Milla Jovovich, Ian McShane, Daniel Dae Kim o Shasha Lane. Todos capitaneados por David Harbour, el sheriff Jim Hooper, de Stranger Things, ocupándose de tomar el relevo de Ron Perlman para meterse en la roja piel del protagonista. Lo curioso e inesperado es que esta versión de Hellboy iba a revelar su naturaleza problemática antes incluso de empezar su producción.




Posteriormente a la sustitución de Ed Skrein (Deadpool) por Daniel Dae Kim (Perdidos) para evitar un posible caso de whitewashing a la hora de dar vida al personaje de Ben Daimio la producción de Hellboy se llevó a cabo sin demasiadas noticias relevantes y sólo mostrando algunas imágenes del aspecto de David Harbour como el protagonista, despertando tantas alabanzas como respuestas airadas, o lo que es lo mismo, nada nuevo en el día a día de las redes sociales. Pero cuando los rumores sobre la posibilidad de que los productores hubieran detestado la película en los pases de prueba y el aparentemente interminable retraso a la hora de mostrar algún trailer nos incitaron a pensar lo peor. Cuando el primero fue subido a la red destilaba un humor bastante chusco que despertó cierta indignación, pero fue el segundo el que llamó más la atención dentro del fandom por las ingentes cantidades de violencia explícita que contenía. Así se confirmaba la calificación R en Estados Unidos que daba vía libre a sus responsables para salpicar con hemoglobina y vísceras la pantalla. Fue un poco más tarde, entre los días 9 y 12 de abril, cuando el último trabajo de Neil Marshall vio la luz en norteamérica y con ello se confirmó la profetizada desgracia.




Después de los primeros pases de prensa la crítica despedazó Hellboy de manera inmisericorde. Las reseñas negativas, algunas de una visceralidad inesperada, se cebaron con la película tildándola de incoherente, deshilvanada, gratuitamente violenta y disparatada. Tras el estreno el público tampoco pareció ponerse a favor de la obra consiguiendo esta una paupérrima taquilla confirmándola como un prematuro fracaso y la crónica de una muerte anunciada. Tan tristes números dieron pie la rumorología y el aireo de trapos sucios con los que los implicados en la producción del largometraje parecían querer culpabilizarse unos a otros del fracaso del mismo. Uno de los más sonados tiene que ver con Neil Marshall viendo como a mitad de rodaje los productores despedían a Sam McCurdy, su habitual director de fotografía, en favor de Lorenzo Senatore. Esta decisión molestó notablemente al autor de The Descent y caldeó el ambiente en el set de rodaje. Dicha atmósfera, poco propensa a la armonía, también pareció extenderse a la relación entre Marshall y David Harbour, que, según los rumores, podrían haber llegado a intercambiar más que palabras durante la gestación del proyecto.




Ante tan desolador panorama los productores de la película comenzaron a preocuparse por su inminente carrera comercial internacional y las decisiones suicidas se sucedieron en sesión continua. Algunos países de latinoamérica fueron utilizados como cobayas para un experimento disparatado como fue estrenar una copia censurada de la película eliminando los pasajes más extremos con la intención de atraer a público de todas las edades para visionar una cinta dirigida, en su origen, al espectador adulto. Tan controvertida iniciativa se extendió hasta España, de manera más chapucera si cabe. Después de proyectar la película para críticos con la versión uncut varios de ellos se hicieron eco, una semana antes de su estreno, de que Vertice 360, distribuidora de Hellboy en nuestro país, estrenaría en salas la ya mencionada versión amputada. En este tema incidiremos un poco más tarde a la hora de hablar de las dos versiones existentes del largometraje y de la errónea, ineficaz y vergonzosa decisión tomada para descontento de los fans que esperaban disfrutar Hellboy en su corte original sin tener que esperar al montaje unrated que ya nos han prometido para el formato doméstico y las plataformas de streaming.




Dejando de lado polémicas varias y ya centrándonos en la obra cinematográfica como tal podemos confirmar la Hellboy de 2019 como una pieza que si bien está muy lejos de ser el desastre aventurado por la prensa especializada y gran parte del público sí se revela como un film irregular y no todo lo cohesionado que debiera. Esta nueva versión del personaje de Mike Mignola se encuentra en las antípodas de Hellboy 2: El Ejército Dorado, ya que si en aquella secuela Guillermo del Toro dejó de lado los cómics para idear una historia original en esta ocasión el mismo Mignola y el guionista Andrew Cosby han querido abarcar tantos arcos argumentales icónicos de las viñetas (desde Semilla de Destrucción hasta La Tormenta y la Furia, pasando por La Oscuridad Llama o Cacería Salvaje) que la escritura se resiente por culpa de esa inclinación por saturar de información el relato sin que este posea el tiempo necesario para desarrollarse adecuadamente. De este modo nos encontramos con una historia repleta de situaciones interesantes ensambladas de manera arbitraria y fortuita con la carencia añadida de no contextualizar espaciotemporalmente de manera eficiente el microcosmos ficcional, debido el uso algo torpe de los flashbacks y las relaciones interpersonales de los personajes.




Contra todo pronóstico y de manera harto inusual si tenemos en cuenta que con ella hablamos de una superproducción de Hollywood, aunque mucho más modesta que otras muestras prototípicas del género, Hellboy es un largometraje que no desentona en absoluto dentro de la filmografía de Neil Marshall. Más allá de que estuviera estrechamente implicado en la fallida, pero reivindicable, serie Constantine que adaptaba el célebre cómic Hellblazer del sello Vertigo el británico se ha especializado desde sus inicios en un tipo de cine con aroma a Serie B y exploit venido a más como hemos podido ver en las ya citadas Dog Soldiers, The Descent o Centurión y en Doomsday: El Día del Juicio. Porque Hellboy es una cafrada gamberra, sanguinaria, políticamente incorrecta, con destellos de furia impagables y secuencias de un acabado técnico encomiable. Los poco más de 50 millones de presupuesto son aprovechados al máximo por el realizador amparando su impronta en unos CGI mayoritariamente dignos, una fotografía oscura y sucia o un ritmo potente que sólo se resiente por la ineficaz construcción narrativa previamente mencionada. Aunque en los últimos años ha sido en el mundo de las series donde más se ha movido participando en Perdidos en el Espacio, Black Sails, Hannibal, Westworld o algunos de los mejores episodios de las primeras temporadas de Juego de Tronos Marshall sigue siendo un narrador con cierta pericia en el mundo del largometraje y en su último trabajo detrás de las cámaras lo confirma.




En lo concerniente a la censura el disparate se hace patente desde los primeros compases de la versión que ha llegado a los cines españoles. Ese minuto de desmembramientos y decapitaciones repartido por el metraje que ha sido amputado no convierte a Hellboy en una cinta apta para todos los públicos, porque sigue siendo una producción cargada de sangre, vísceras y cabezas volando por los aires. Más allá de que la calificación por edades en España es una pura formalidad orientativa para los padres la intentona por parte de Lionsgate y Vértice 360 de convertir Hellboy en una obra accesible para todo el mundo apelando a paliar, minimamente, su batacazo internacional en taquilla ha desembocado en un doble fracaso. Por un lado el corte llegado a las multisalas, aprobado por Marshall y sus colaboradores, sigue sin ser una película apta para todas las edades y por otro la ausencia de esos pasajes más virulentos ha enfadado al espectador natural de la obra que, lógicamente, ha decidido no acercarse a las salas a ver un producto incompleto cuyo montaje se resiente en esos pasajes. Otro tema interesante sería abordar que el gore de la versión sin censura, tan disperso como inusualmente bruto y divertido, jamás se ha visto en las viñetas del cómic de Hellboy, que han llegado a mostrar en numerosas ocasiones dosis de violencia, pero nunca de ese calibre y grafismo.




Aunque cuenta con un cumplidor y competente Hellboy a manos de David Harbour, que si bien no hace que olvidemos a Ron Perlman sí le toma el relevo con dignidad siendo la cabeza visible de un reparto más bien desabrido, y como adaptación del cómic de Mike Mignola asume un tono y una estética más fieles a las viñetas que las dos incursiones en imagen real previas de Guillermo del Toro mientras no hace prisioneros a la hora de sumergirse en un desfile de locura, estética barbárica y artúrica con pasajes deudores tanto de Posesión Infernal (The Evil Dead, Sam Raimi, 1980) como de El Señor de los Anillos la película de Neil Marshall queda lejos de ser un adecuado reinicio para la contrapartida cinematográfica del personaje de Dark Horse Comics. Un servidor defiende que es un producto divertido y fruicioso, pero poco más que eso. La taquilla internacional le ha dado la espalda amasando, hasta el momento, unos ínfimos 40 millones de dólares con los que no se llegan a cubrir ni el presupuesto invertido en el largometraje. Estos penosos resultados abocan al fracaso la potencial franquicia dejando en agua de borrajas las escenas post créditos y sirven como toque de atención para que productoras y distribuidoras no se reían en la cara de los espectadores con maniobras chapuceras y asuman los fracasos con más dignidad que la mostrada en todo lo relacionado con esta nueva y malograda Hellboy.