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sábado, 5 de febrero de 2022

Masters del Universo: Revelación Parte 2, ladies of power

 


"La única manera de parar a una Hechicera, es con otra Hechicera"



El día 23 de noviembre del pasado año llegaba por fin a Netflix la Parte 2 de Masters of the Universe: Revelation la muy controvertida y comentada nueva serie animada producida por Mattel Television y Powerhouse Animation Studios junto a la plataforma de streaming y que ya en agosto de 2021 hizo correr ríos de tinta digital a favor y en contra de un proyecto que cuenta con el cineasta y guionista estadounidense Kevin Smith como showrunner. El fandom se dividió entre aquellos que renegaron de un producto que dejaba a He-Man y Skeletor en un segundo plano para dar más protagonismo a personajes como Teela o Evil-Lyn afirmando que lo ideado por Netflix no era un producto fiel a la franquicia nacida como colección de figuras a principios de los 80 y los agradecidos por una producción que, aun manteniendo la esencia y gran parte del lore de MOTU, miraba hacia adelante permitiendo a su microcosmos evolucionar y transitar territorios hasta ese momento inexplorados por las series animadas de los Amos del Universo. Recordemos que Masters of the Universe: Revelation se une a otras dos piezas animadas relacionadas con la misma saga y producidas por Netflix como la reivención, tampoco exenta de polémica, de She-Ra: The Princess of the Power ya consolidada con cinco temporadas en su haber y He-Man y los Masters del Universo, más dirigida al público infantil y con una reformulación estilística de los personajes que, por supuesto, también disgustó a cierto sector de los aficionados. Como ya me despaché a gusto, no con aquellos a los que no les gustó la serie de Kevin Smith y que lo argumentaban con sentido común, sino con los que la vilipendiarion de mala manera por motivos extra audiovisuales, para esta Parte 2 me voy a centrar en hablar del producto en sí y dejar de lado, en la medida de lo posible, controversias varias.



Masters of tne Universe: Revelation Parte 2 comienza justo donde acabó la primera parte, con Skeletor convertido en Sekelegod después de supuestamente matar a un recién resucitado Príncipe Adam y haberse hecho con el Poder de Grayskull gracias a la espada de poder. A partir de este planteamiento, que se desarrollará a lo largo de cinco episodios, recuperaremos a los dos personajes masculinos copando mucho más protagonismo que en la Parte 1, mientras Teela y sobre todo Evil-Lyn seguiran siendo los pilares maestros sobre los que se construirá lo que no deja de ser una temporada dividida en dos partes que se hubiera ahorrado muchos problemas de haber sido subida a la plataforma de una sola vez. Si en los cinco episodios que pudimos ver en el mes de agosto era Teela la que centraba la atención de Kevin Smith y sus colaboradores, esta vez será la asociada de Skeletor la que se convierta no sólo en el rol más importante, sino en el más interesante por cómo es abordado su perfil psicológico.



Como acabamos de apuntar los dos personajes protagonistas vuelven y ocupan roles relevantes en la historia planteada por Kevin Smith y sus guionistas, pero aquí voy a dar la razón a algunas de las quejas que se han vertido sobre la serie y su máximo responsable. El director de Persiguiendo a Amy o Red State estaba en todo su derecho de reducir el papel protagonista de He-Man y dar relevancia a muchos de los secundarios que enriquecen Masters of the Universe, pero lo que nunca debió hacer es faltar a la verdad afirmando que tendríamos a lo largo de Revelation mucho de él cuando en cierta manera esto no es cierto. Si en la primera parte de la serie el Hombre Más Poderoso del Universo desaparecía del mapa tras el primer episodio para aparecer solo en flashbacks y en la recta final con la forma del Príncipe Adam en esta segunda casi siempre lo volvemos a ver como el hijo de los reyes Randor y Marlena e incluso como el Savage He-Man, del que ahora hablaremos, y ya en la recta final como el verdadero He-Man, eso sí, protagonizando algunos de los mejores momentos de la serie.



Más allá de esta cuestionable argucia por parte de Kevin Smith un servidor no tiene más quejas con respecto al cineasta nacido en New Jersey en lo concerniente a su labor al frente de Masters of the Universe: Revelation. Como ya dejé patente en la reseña de la Parte 1 de esta misma serie o en la entrada que dediqué hace unos años del primer tomo de los cómics de la franquicia editados por DC, y que en algún momento me gustaría seguir reseñando, soy fan de MOTU desde niño, he consumido todos los productos audiovisuales relacionados con su mitología y lo expuesto en esta última producción no me parece en absoluto la blasfemia afirmada por algunos seguidores que hasta hace poco tenían a personajes como Teela o Evil-Lyn entre sus favoritos y ahora no los ven con aptitudes para ejercer papeles protagónicos en una sola de las series animadas facturadas alrededor de las figuras de acción diseñadas por Mattel.



Como previamente hemos afirmado en esta ocasión es Evil-Lyn el personaje que se convierte en el más relevante a lo largo de los cinco episodios de la Parte 2. Aunque pudiera parecer algo alejado de su esencia primigenia el arco dramático en el que se ve envuelta hunde sus raíces en la relación que esta mantiene con Skeletor como su subordinada; una interacción de abuso, poder y potencial traición que cristaliza en pasajes como el de la lugarteniente de Skeletor volviendo a su lado después de habe colaborado con el bando de los guerreros heróicos o el de la seducción con la que engaña a su líder para arrebatarle la espada de poder y con ella convertirse en un Master del Universo. No negaré que la visión de Smith y su equipo de Evil Lyn pueda ser polémica, pero desde una perspectiva psicológica es atractiva, poliédrica y da a su esencia una entidad que hasta ese momento no había tenido en ningún producto audioviusal relacionado con MOTU.



A pesar de lo previamente apuntado con respecto a que He-Man no ocupa mucho metraje en esta Parte 2 sí es cierto que Smith se saca un as de la manga muy potente y con buen resultado. En el momento en el que Adam invoca el poder de Grayskull sin la espada de poder como conductora vemos que el resultado es el príncipe tomando la forma del Savage He-Man, como si el autor de Batman: Cacofonía quisiera inlcuir en la mitología de la serie este personaje que nació como el He-Man primigenio en los minicómics antes de que se afianzara en la franquicia la identidad doble del protagonista. Ese pasaje concreto en el que esta antigua variante surgida de las viñetas se enfrenta a Skelegod es uno de los puntos álgidos en los que el acabado estilístico de Masters of the Universe: Revelation alcanza sus mayores cotas de espectacularidad y eficacia con un pasaje memorable en el que el enfrentamiento entre los dos titanes ofrece la mejor cara de la labor de los animadores de la serie.



Desgraciadamente, y como ya sucedía en la Parte 1, el trabajo global de la gente de Powerhouse Animation Studios queda empañado por un resultado irregular. Una vez más la animación de la serie nunca cae en lo vergonzoso o reprobable, pero sí es cierto que hay una diferencia bastante clara entre los medios más exiguos usados para las secuencias estáticas o calmadas y los puestos a disposición del proyecto cuando la acción y el dinamismo son el centro de atención. Por eso hay conversaciones o interacciones entre personajes pecando en ocasiones de acartonadas y rígidas mientras que los combates cuerpo a cuerpo o las batallas campales lucen con la potencia visual esperable de un producto ideado por los responsables de Castlevania. El último episodio, al igual que el primero de la Parte 1, es solo una muestra de hasta dónde podía haber llegado Masters of the Universe: Revelation si hubieran depositado en ella una animación más minuciosa que abarcara todo su apartado técnico.



A pesar de la polvareda levantada a su alrededor un servidor queda muy satisfecho con la visión ofrecida por Kevin Smith de Masters of the Universe y si bien es cierto que en ocasiones comete errores reprobables con respecto al legado de MOTU por otra parte siempre ha estado predispuesto a llenar de easter eggs y referencias el proyecto para buscar conexiones con el seguidor veterano de la franquicia. Pero es un hecho que Masters of the Universe: Revelation ha dividido al fandom de manera visceral, más que ningún otro producto audiovisual de MOTU, aunque en eso también puede que haya influido la gran presencia de redes sociales en la actualidad que no existían cuando se emitieron las versiones de los 80, 90 y 2000. Smith y sus colaboradores dejan las puertas abiertas para una segunda tempora con la presencia de la Horda del Terror comandada por Hordak, pero por ahora nada sabemos de si llegará a producirse, ojalá que sí y podamos ver incluso a She-Ra codearse con su hermano dentro de esta nueva serie animada.


jueves, 25 de noviembre de 2021

Popeye


Título Original Popeye (1980)
Director Robert Altman
Guion Jules Feiffer, basado en las tiras cómicas de Elzie Crisler Segar
Reparto Robin Williams, Shelley Duvall, Paul Smith, Ray Walston, Paul Dooley, Donald Moffat, Richard Libertini, Bill Irwin



Cuenta la leyenda que después del éxito de Grease (Randal Kleiser, 1978) no fueron pocas las majors de Hollywood empeñadas en explotar el filón del nuevo resurgir del género musical al que parecía haber dado inicio la historia de amor entre Danny Zuko (John Travolta) y Sandy Olsson (Olivia Newton John). La responsable del pelotazo, la Paramount Pictures del mítico Robert Evans, no pudo hacerse con los derechos del musical Annie, inspirado en las tiras cómicas creadas por Harold Gray, que recayeron en una Columbia Pictures llevándolas al cine en 1982 con dirección de John Huston; de manera que buscaron otra adaptación de personajes del mundo del cómic que trasladar al celuloide, pero con la intención de incluir canciones y números musicales en ella. El elegido fue Popeye, el protagonista de las historietas creadas por Elzie Crisler Segar que después de su triunfo en papel viajó con acierto máximo al mundo de los cortometrajes animados con autoría de los hermanos Max y Dave Fleischer y las aventuras televisivas, precisamente haciendo uso de canciones en muchas de sus encarnaciones. Para sacar adelante el proyecto Paramount Pictures, dueña de los derechos audiovisuales de Popeye, se asoció con Walt Disney Productions y esta alianza dio el empaque a una producción que, dada la fama mundial del conocido marinero que cobraba fuerza sobrehumana comiendo espinacas, podía proporcionar pingües beneficios a sendas compañías.



Para adaptar las aventuras de Popeye, el Marino a la pantalla grande se sumó al proyecto el guionista, historietista, escritor y dramaturgo Jules Feiffer y para dirigir el proyecto, después de un notorio baile de realizadores, se tomó la atípica y rocambolesca elección de apelar a la profesionalidad del gran Robert Altman, cineasta perteneciente a la "generación de la televisión" al que debemos obras maestras como M*A*S*H (1970), Nashville (1975), El Juego de Hollywood (The Player, 1992), Vidas Cruzadas (Short Cuts, 1993) o Gosford Park (2002) y que por aquel entonces no andaba en su mejor época. En lo referido al reparto, posiblemente el punto más fuerte del largometraje, un Robin Williams debutante en lides cinematográficas se enfundó el traje de Popeye, viéndose acompañado por Shelley Duvall encarnando a Olivia y un grupo de secundarios en el que encontramos a Paul L. Smith como Bluto/Brutus, Paul Dooley en la piel del rechoncho Wimpy/Pilón, Ray Walston interpretando al Comodoro y el bebé Wesley Ivan Hurt en el papel de Swee’Pea/Cocoliso, entre otros.



Popeye (Robin Williams) es un marinero que llega a la pequeña localidad costera de Sweethaven para dar con el paradero de su padre desaparecido. Allí se hospedará en la pensión de la familia Oyl, cuya hija, Olivia (Shelley Duvall), se encuentra terminando los preparativos de su fiesta de compromiso con el capitán Brutus (Paul L. Smith), un delincuente local que trabaja a las órdenes del misterioso Comodoro (Ray Walston), personalidad que rige el porvenir de Sweetheaven desde las sombras. La incipiente historia de amor que surgirá entre Popeye y Olivia, la aparición del bebé abandonado Cocoliso (Wesley Ivan Hurt) que la pareja adoptará como suyo, la rivalidad entre Popeye y Brutus acentuada por ser el interés amoroso de Olivia o la búsqueda incesante del protagonista para encontrar a su progenitor darán pie a estrambóticas situaciones que convertirán Sweethaven en terreno hostil para todos sus habitantes e incluso para un inesperado octópodo que se las hará pasar bastante mal a Popeye.



Cuando la película de Popeye vio la luz en 1980 el personaje ya tenía a sus espaldas casi 50 años de vida editorial que, como bien hemos apuntado con anterioridad, se extendió con éxito a otros medios, principalmente audiovisuales. Por ello no era descabellado pensar que una buena adaptación del personaje podía ser recibida con agrado por los fans de este en particular y el público en general. Desgraciadamente el resultado no fue tal y si bien la película recaudó 60 millones de dólares, habiendo costado su producción 20, siempre se ha considerado uno de los fracasos más sonados del Hollywood contemporáneo. En la siguiente entrada vamos a intentar incidir en sus muchos aciertos y su único, aunque de notables dimensiones, fallo tras haber revisado la versión íntegra del film (recordemos que a España llegó una versión "aligerada" de la que se eliminaron escenas y alguna que otra canción) y con la sana intención de mirar con ojos del 2020 una película de 1980 que un servidor vio por primera vez durante la segunda mitad de los 80 dejando un atípico recuerdo en mi memoria.



La primera impresión que transmite Popeye cuando el espectador la visiona es que los 20 millones de dólares depositados por Paramount Pictures y Walt Disney Productions fueron muy bien invertidos. No sabría decir cuanto de Sweethaven es real o parte de la dirección artística de la película, pero la localización para dar vida al pueblo pesquero es uno de los mayores éxitos de la cinta y la grabación de exteriores en Malta todo un hallazgo. A partir de ahí un Robert Altman hasta arriba de estupefacientes en el rodaje, según cuentan los implicados en el mismo, consigue transmitir el tono cartoonesco y tebeístico que una producción protagonizada por el personaje de Elzie Crisler Segar exigiría para ser extrapolado fielmente al medio audiovisual con la ayuda de un director de fotografía mítico como Giuseppe Rotunno, habitual colaborador de Federico Fellini. En ese sentido el director cumple sobradamente como artesano al servicio de un producto bastante alejado de su impronta autoral, al que paradójicmanente acaba llevando a su terreno, llenando todo el metraje de gags visuales y cuyo acabado estilístico nos retrotrae a una versión lacónica y pesimista de autores como Charles Chaplin, Buster Keaton o Jacques Tati.



El guión de Jules Feiffer consigue capturar con acierto la esencia de la creación de Elzie Crisler Segar y a la hora de exponer en pantalla las aventuras de Popeye es notoriamente fiel a las mismas. Más allá de la feliz elección del reparto y el destacable trabajo de los equipos de maquillaje y vestuario el libreto del largometraje consigue ejecutar una aproximación a los personajes que debería agradar a los fans de estos y al público neófito que, de manera un tanto extraña, nunca haya leído o visto alguna de sus historias, ni haya escuchado hablar de ellas. Si antes alabábamos la capacidad de Robert Altman para el slapstick y cierto caos controlado con el que se desarrollan las vivencias de los habitantes de Sweethaven, también es de recibo destacar el timing cómico de Feiffer, su soltura con los gags y la veteranía a la hora de escribir diálogos delatando los muchos años que dedicó a la escritura de historietas o tiras de prensa. Otro apartado, este de vital importancia, en el que Popeye funciona durante casi todo su metraje.



Ya hemos dejado entrever que se antoja inevitable cantar las alabanzas al reparto de Popeye. Robin Williams encarna una meritoria contrapartida del marinero aunando en su rol las dos vertientes cómicas del proyecto, la física y la dialogada, marcando el tono para que el resto de sus compañeros hagan lo propio. Paul L. Smith como Brutus, Paul Dooley ofreciendo su voz y físico a Pilón o Ray Walston embutiéndose en los ropajes del Comodoro certifican el buen hacer de los directores de casting al elegir a los actores y la meritoria labor de caracterización que con estos últimos se llevó a cabo. Pero si hay que destacar un caso implacable de mimesis entre actriz y personaje ese es el de Shelley Duvall dando vida a una Olivia que pareciera arrancada directamente de las viñetas o los cortos animados. Después de revisar la película a un servidor se le antoja imposible otra profesional del medio para encarnar a una Olivia que la protagonista de El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980) hace suya mediante la modulación de voz, el lenguaje gestual y una química intachable con el Popeye de Robin Williams al que en no pocas ocasiones devora en pantalla.



La gran pregunta entonces es que si Popeye tiene un guión competente, una dirección encomiable y un trabajo actoral de nota ¿por qué falló y acabó convertida en un fiasco histórico dentro de las adaptaciones de personajes de tebeos al cine en particular y del Hollywood de los primeros 80 en general?. Para el que suscribe esa gran carencia que arrastra por el suelo gran parte de las virtudes del proyecto es sin lugar a dudas su naturaleza musical, la misma por la que nació como producto cinematográfico y que tan bien funcionaba en animación. Más allá de que en ocasiones las canciones y escuetas coreografías de baile ralentizan el buen discurrir del guión, es de recibo mencionar que la mayoría de ellas se mueven entre lo mediocre y lo terrible. Esa encantadora Sweethaven que abre el film es sólo un espejismo, ya que el resto de temas compuestos por un Harry Nilson en horas muy bajas confirman que Popeye necesitaba un mejor trabajo melódico o directamente no haber sido un musical. Si cortes como I’m Mean o I Yam What I Yam son flojos, otros como He Needs Me se revelan directamente insoportables y la mayor flaqueza de la película de Robert Altman.



Desde esta entrada un servidor recomienda recuperar y revalorizar en su justa medida una pieza como este Popeye de 1980 que si bien es un proyecto fallido como musical, en lo referido a ser una divertida comedia, una producción vistosa en todos los aspectos, un desfile de actores cómodos dando vida a los personajes en los que se inspiran y una adaptación de las historietas creadas por Elzie Crisler Segar hace casi cien años logra su cometido. A pesar de ese gran fallo en el que hemos incidido, menoscabando la labor conjunta de un grupo de profesionales que hizo todo lo posible por estar a la altura de las circunstancias, la película de Robert Altman no debería caer en el olvido y sería conveniente recuperarla ocasionalmente aunque sólo sea para admirarla como una rara avis tanto en los géneros a los que se adscribe como dentro de la filmografía de su director. A estas alturas se antoja raro que con el boom de iconos de la viñeta asaltando nuestras carteleras Paramont Pictures no se haya decidido todavía a realizar un reboot protagonizado por el marinero más conocido del mundo de la viñeta y la animación catódica. Sólo el tiempo nos dirá si lo volveremos a ver lucir músculos tatuados, pipa y lata de espinacas en pantalla grande.


jueves, 5 de agosto de 2021

Masters del Universo: Revelación, the swords and the sorceress


“¡Sólo es un muchacho! ¡Un muchacho que soporta todo el poder del universo en sus propias manos!”




Se esperaba con mucha expectación Masters of the Universe Revelation, la nueva serie animada centrada en los juguetes de Mattel creados en 1981, producida por la plataforma de streaming Netflix junto a Mattel Television y diseñada como una secuela espiritual de la serie de Filmation de los años 80. El programa cuenta con un showrunner de excepción, el cineasta estadounidense Kevin Smith (Clerks, Persiguiendo a Amy), recordado también por sus guiones para personajes de cómic como Daredevil, Batman o Green Arrow. De la animación se ocupa Powerhouse Animation Studios, que ya triunfaron dentro de la plataforma estadounidense con las tres temporadas de Castlevania, la serie inspirada en la famosa saga de videojuegos diseñada con Konami que contó con guiones de Warren Ellis. En lo referido al reparto de voces un séquito de actores de primera línea y asiduos colaboradores de Smith ponen sus cuerdas vocales al servicio de personajes icónicos dentro de la franquicia. Chris Wood (Principe Adam/He-Man), Mark Hamill (Skeletor), Sarah Michelle Gellar (Teela), Liam Cunningham (Duncan/Man-At-Arms), Lena Headey (Evil-Lyn), Alicia Silverstone (Queen Marlena), Kevin Conroy (Mer-Man), Henry Rollins (Tri-Klops), Jason Mewes (Stinkor), Alan Oppenheimer (Moss-Man), Justin Long (Roboto) o Tony Todd (Scare Glow) entre otros conforman el magistral cast de Masters of the Universe: Revelation.





Unas semanas antes del estreno de la serie en Netflix comenzaron a correr rumores sobre que el protagonismo de Masters of the Universe: Revelation no recaería exclusivamente en He-Man durante esta primera temporada, sino también en Teela. Algunos fueron más allá y afirmaron que veríamos a la hija adoptiva de Duncan portar la espada de He-Man recibiendo así el Poder de Grayskull cometiendo una “herejía imperdonable” debido a que ella no era “válida” para ejercer dicho rol. Finalmente parte de esa rumorología se vio cumplida tras el debut del programa el pasado 23 de julio, levantando una considerable polvareda entre cierto sector del fandom a la que volveremos un poco más adelante. Esta primera parte de Masters Of The Universe: Revelation consta de cinco episodios que abarcan todo un arco argumental construido por Kevin Smith y su equipo de guionistas. Tanto el título del proyecto como muchas de las noticias adelantadas por el director de Dogma (1999) o Red State (2011) apuntaban a algo que se confirmaría ya en el primer episodio.




Ese episodio piloto, titulado The Power of Grayskull, escrito por el mismo Kevin Smith y dirigido por Adam Conarroe y Patrick Stannard, sirve como transición entre la serie de Filmation de los 80 y esta Masters of the Universe: Revelation. El creador de Comic Book Men afirmó que el arranque de la versión de Netflix y Mattel Television supondría un émulo de los parámetros establecidos por Lou Scheimer y sus colaboradores en la caricatura de los 80, para después reinventarlos o desvincularse de ellos. Tal que así podemos verlo en pantalla con estos poco más de 20 minutos en forma de puñetazo en la mesa con el que sus máximos responsables utilizan toda la artillería audiovisual para diseñar una batalla campal en la que combate la plana mayor, heróica y diabólica, de Eternia. Con la división de la Espada de Poder y la muerte de He-Man y Skeletor compuesta por un Smith en estado de gracia con el desarrollo argumental y los diálogos da comienzo el viaje de Teela.




Porque sí, pese a quien pese Teela es el personaje principal de Masters of the Universe: Revelation o lo es al menos esta primera mitad de una serie que desde su mismo título prescinde intencionadamente del nombre de He-Man, personaje que, por otro lado, sigue siendo el epicentro de la historia contando con numerosas apariciones en forma de flashbacks. Tras los hechos trágicos previamente mencionados y el descubrimiento de que el Príncipe Adam y el Hombre Más Poderoso del Universo son la misma persona Teela abandona su flamante puesto de Mant At Arms, se convierte en cazarrecompensas y emprende una misión en la que le acompañarán viejos aliados y enemigos. Teela, Capitana de la Guardia Real, guardaespaldas personal del Príncipe Adam e hija de la Hechicera que en un futuro ocupará su lugar, personaje siempre alabado y considerado uno de los más relevantes de la franquicia, ahora es tildada de “indigna” para llevar el peso de una serie como Masters of the Universe: Revelation por no pocos intransigentes que no han tenido suficiente con He-Man siendo el núcleo central de media docena de líneas de juguetes, tres series animadas, una película, cómics y novelas.




Algunos esgrimen que nos encontramos ante un producto que traiciona y tergiversa la esencia de la franquicia y un servidor no puede estar más desacuerdo, no porque eluda que Kevin Smith y sus colaboradores hayan tomado licencias, que lo han hecho, sino porque en ocasiones anteriores situaciones similares e incluso más graves habían acontecido y nunca se había despertado tanta controversia. Aunque a algunos les moleste o no quieran admitirlo la primera “traición” a las raíces primigenias de Masters of the Universe la cometió la hoy queridísima serie de Filmation. Aquel proyecto infantilizó y simplificó hasta lo insano el tono oscuro, barbárico y violento que hasta ese momento había sido desarrollado en los minicómics que se incluían en los blisters de las figuras o el arte de las cajas de los playset y vehículos con ilustraciones de Earl Norem, Rudy Obrero, William Garland o nuestro López Espí. A este dato debemos añadir lo ineludible, y es que por mucho que la idolatremos o formara parte de nuestra infancia la serie de televisión original era un producto de muy baja calidad, con una animación barata (marca de la casa Lou Scheimer) y personajes planos adentrándose no pocas veces en el ridículo.




De manera que todos aquellos que consideran Masters of the Universe: Revelation un producto de menor calidad que He-Man And The Maters of the Universe están tan cegados por la ira y los prejuicios que son incapaces de considerar dicha afirmación como un disparate. Otra asunto sería hacer comparativas con la soberbia y tristemente efímera serie Masters of the Universe 200X, y ahí sí podríamos entrar en un debate más o menos equitativo, pero que el proyecto de Kevin Smith es superior en fondo y forma a la caricatura de los 80 es algo tan obvio que sólo puede ser puesto en entredicho desde la demagogia o el disparate, y lo digo yo, que me crié viendo la serie de los 80 hasta la saciedad y la conservo y revisiono en dvd regularmante. Masters of the Universe: Revelation es rupturista y va a contracorriente, pero en el proceso nos regala aventura, acción y un perfil de los personajes clásicos jamás visto anteriormente, con Orko, Evil-Lyn, Roboto o Scare Glow protagonizando sus respectivos momentos de gloria mientras se construye una acertada psicología de Teela que la hace evolucionar como personaje.




Porque eso es lo que ha conseguido Kevin Smith con Masters of the Universe: Revelation, que la vertiente audiovisual de la franquicia por fin evolucione, pero sin olvidar sus raíces llenando de referencias y guiños a la serie original, la película en imagen real de la Cannon Films, los cómics y minicómics e incluso a hechos narrados en las biografías de los personajes establecidas en la línea Masters of the Universe: Classics. Podemos acusar al proyecto de tener una animación irregular, de no dar más protagonismo a secundarios clave de la marca que sólo tienen apariciones fugaces en momentos puntuales o que la subtrama de Tri-Klops y su secta tecnológica desentona con el conjunto de la obra, pero nos encontramos ante un producto de calidad, arriesgado y nada acomodaticio dando una nueva perspectiva a lo que ya conocíamos. Por ahora sólo nos queda esperar a esa segunda parte de la serie en la que con toda seguridad He-Man volverá en todo su esplendor para combatir codo con codo junto a Teela y a la otra serie animada que Netflix está preparando sobre las figuras de Mattel, He-Man and the Masters of the Universe, más dirigida al público infantil. El 2021 es un buen año para ser fan de MOTU, digan lo que digan los agoreros.


viernes, 21 de mayo de 2021

Invencible: Temporada 1, héroe por accidente



"Debes decidir qué tipo de héroe quieres ser"



En el año 2003 Robert Kirkman, que venía del rotundo éxito de The Walking Dead, editó para Image Comics Invincible, una serie regular con la que ofrecía su particular visión del género superheróico acompañado de los lápices de sus compatriotas, los dibujantes Cory Walker (Spiderman: Unlitimed, Punisher: War Journal) Ryan Ottley (The Amazing Spider-Man). El éxito de crítica y ventas a lo largo de los más de 15 años y 144 números de la cabecera protagonizada por el personaje nacido en las páginas de The Savage Dragon 102# (agosto, 2002) hizo que Amazon Prime Video, conocedora del filón con producciones como The Boys, pusiera sus ojos en las aventuras de Mark Grayson con intención de llevarlas al medio audiovisual. Contra todo pronóstico la sorpresa con respecto al proyecto fue que se trataría de una serie, no de imagen real, sino animada.



Con respecto a la creación y desarrollo de la serie en la plataforma han ido sobre seguro contratando los servicios del mismo Robert Kirkman, ejerciendo de showrunner principal y de Cory Walker como diseñador de los personajes en su traslación de la viñeta a la imagen en movimiento. Les acompañan Seth Rogen y Evan Goldberg, duchos en adaptaciones de cómics a series como pudimos ver en la magnífica The Boys, también al amparo de Amazon Prime Video, o en la muy irregular Preacher, que produjeron para la cadena de televisión por cable AMC (Mad Men, Breaking Bad, The Walking Dead). Simon Racioppa, David Alpert y Catherine Winder también forman parte del equipo creativo del proyecto.




Si en el equipo técnico la profesionalidad estaba más que contrastada en el artístico la intención era, no igualarlo, sino superarlo. Porque uno de los mayores atractivos de Invencible es el casting de voces que ofrecen la suya a los personajes y en el que encontramos a Steven Yeun (Mark Grayson/Invencible), J.K. Simmons (Nolan Grayson/Omni-Man), Gillian Jacobs (Samantha Eve Wilkins/Atom Eve), Sandra Oh (Debbie Grayson), Zazie Beetz (Amber Bennett), Zachary Quinto (Robot), Mahershala Ali (Titan), Walton Goggins (Cecil Stedman), Jason Mantzoukas (Red Explode), Seth Rogen (Alien the Alien), Clancy Brown (Damien Darkblood), John Hamm (Steve) o el mismísimo Mark Hamill (Arte Rosebaum) entre otros. Un plantel estelar para dar voz a los personajes que conforman la serie.




Invencible narra las vivencias de Mark Grayson, un adolescente cuyo padre es Nolan Grayson, el alter ego civil del Omni-Man, el superhéroe más poderoso de la Tierra procedente del planeta Viltrum. La historia comienza cuando el personaje protagonista comienza a experimentar las primeras manifestaciones de los poderes extraterrestres que ha heredado de su progenitor. A partir de ese momento la vida personal de Mark chocará frontalmente con la dedicada a velar por la integridad de los ciudadanos en la que conocerá a muchos otros héroes como Atom Eve, Robot o Red Explode sintiendo a su vez la enorme presión de estar a la altura de su padre, un Omni-Man capaz de ocultar más de un secreto que serán desvelados a lo largo de la historia.



El de la serie Invencible es un caso curioso, porque siendo notablemente fiel a la primera gran etapa del cómic creado por Robert Kirkman, Cory Walker y Ryan Ottley, que recientemente recopiló ECC en un tomo con gran éxito de ventas, y manteniendo su esencia intacta no sólo la respeta profundamente, sino que en ciertos aspectos la supera con creces. El cómic homónimo es una colección brillante que fue creciendo número a número haciendo evolucionar a sus personajes y crecer el microcosmos ficcional en el que estos se movían. Pero en el medio audiovisual pareciera como si Robert Kirkman y sus colaboradores hubieran encontrado la fórmula perfecta para llevar un poco más allá la propuesta que él mismo, Walker y Ottley diseñaron para el arte secuencial añadiendo material de cosecha propia que en todo momento juega a favor de la propuesta.



En lo referido al acabado artístico la animación aprueba con nota, aunque es ineludible que con respecto a ella hay ciertos claroscuros algo reprobables. Aunque en líneas generales esa decisión de aportar un tono “amerimanga” funciona de manera notable, ciertamente cuando los personajes no están inmersos en secuencias de acción se percibe un molesto estatismo que resta algunos puntos al conjunto de la obra. Esto se deja notar, más si cabe, cuando esos pasajes repletos de fuerza y violencia salvaje hacen acto de presencia y muestran una ejecución mucho más trabajada. Algo que queda patente en los últimos cinco minutos del primer episodio, una salvajada minuciosamente realizada que nos confirma que Kirkman, Rogen, Goldberg y compañía no tenían intención de suavizar la brutalidad de las viñetas, llegando en ocasiones incluso a aumentar las dosis de la misma.



El perfil psicológico de los personajes sigue las pautas establecidas por Robert Kirkman en los cómics. Si con The Walking Dead consiguió dar una nueva vuelta de tuerca al manoseado subgénero zombie con Invencible hizo lo propio con la icnografía superheróica subvirtiendo los códigos que la cimentaron, sin inventar nada que no hubieran hecho años antes autores de renombre como Alan Moore, Pat Mills, Garth Ennis, Warren Ellis o Mark Millar, pero inyectándole su personal impronta. Sirva como ejemplo Omni-Man, esa versión corrupta de Superman que si en el tebeo era el centro de atención en la serie animada es el inequívoco mejor personaje y el responsable de los momentos más destacados de los ocho episodios que componen la temporada. Todo ello potenciado por la enorme labor vocal a manos de un J.K. Simmons pletórico devorando a todos sus compañeros a los micrófonos.



Con una mezcla impecable entre épica y violencia gráfica, comedia y drama y dos últimos episodios que son una apisonadora audiovisual (la potentísima escena del metro es de una perversidad y crueldad máxima) la primera temporada de Invencible ha supuesto toda una sorpresa que no sólo ha dejado en evidencia a otros productos del subgénero como la bastante cuestionable The Falcon And The Winter Soldier de Disney + y Marvel Studios, sino que posiblemente haya abierto las puertas para llevar a cabo más series animadas de larga duración inspiradas en el mundo del cómic, formato que se muestra perfecto para ello. Por ahora el éxito de Invencible ha sido tal que Amazon Prime Video ha confirmado la renovación de la serie por una segunda y tercera temporada. Visto el resultado de la que nos ocupa un servidor no puede esperarlas con más ganas.


lunes, 8 de junio de 2020

Astérix el Galo, bienvenidos a Armórica


Título Original Asterix le Gaulois (1967)
Director Ray Goossens
Guión Willy Lateste, Jos Marissen, László Molnár, basado en el cómic de René Goscinny y Albert Uderzo.



Corría el 1 de junio de 1959 cuando la revista francesa Pilote publicó, en su promocional Nº0, la primera página de Astérix el Galo. Se trataba de una bande dessinée centrada en una aldea de la Galia que durante el año 50 a. C se mantenía firme contra el invasor romano gracias a una poción mágica proporcionada por el druida de la localidad. Aquella primera aventura, que más tarde se recopilaría en un álbum, estaba escrita por René Goscinny y dibujada por Albert Uderzo. Aunque todo el microcosmos que la pareja de autores iban a desarrollar con el paso del tiempo aún estaba en pañales esta odisea iniciática ya asentaba las bases del que con el tiempo se convertiría en el cómic francés más importante de la historia del medio. Fue en 1967, cuando la serie llevaba un buen puñado de entregas que poco a poco iban cimentando la leyenda, que la editorial Dargaud y la productora belga Belvision se asociaron con Goscinny y Uderzo para realizar la primera película protagonizada por Astérix y sus amigos galos. La historia elegida para dicho largometraje fue, como no podía ser menos, aquella Astérix el Galo que lo inició todo y dio nombre a la célebre colección.




Para sacar adelante tan importante proyecto sus máximos responsables contrataron para dirigirlo al ya por aquel entonces veterano animador Ray Gossens, al trío de guionistas Willy Lateste, Jos Marissen, László Molnár para escribirlo y para poner voces a los personajes principales a actores como Roger Carel (Astérix), Jacques Morel (Obelíx), Pierre Tornade (Abraracourcix), Jacques Jouanneau (Assurancetourix) o Lucien Raimbourg (Panoramix) entre otros. Todos estos apartados fueron supervisados a conciencia por unos René Goscinny y Albert Uderzo cuya intención era que el debut en la pantalla grande de sus hijos galos estuviera a la altura de las circunstancias. El 2 de diciembre de aquel 1967 Astérix, Obélix, los habitantes de Armórica y las tropas romanas comandadas por Julio César llegaron al mundo del séptimo arte para, al igual que sucediera con el de cómic, quedarse allí para siempre estrenando nuevas peripecias en celuloide cada cierto tiempo inspiradas en sus más exitosas aventuras en papel y alguna que otra nacida directamente para el medio audiovisual que alcanzó estatus de obra maestra, como Las 12 Pruebas de Astérix.




Con la película de Astérix el Galo acontece algo muy parecido a lo que sucedió con su contrapartida en viñetas en 1959. Aquella presentación en sociedad de Astérix y compañía todavía era un diamante en bruto, con mucho potencial oculto, pero que necesitaba ser pulido de manera adecuada para que alcanzara su máximo esplendor. Con el largometraje que adapta aquella historieta también se notan las carencias de un producto cuya naturaleza no está del todo establecida como pieza audiovisual. Aunque, de manera inteligente, el diseño de los personajes se acerca bastante al que por aquel entonces tenían en las viñetas y no tanto al primigenio de aquel primer álbum la animación de Astérix el Galo se revela algo tosca, no demasiado elaborada y diferenciándose poco de la de cualquier rudimentaria serie animada para la televisión de la época. Con esto no afirmamos que el acabado del film sea deficiente, pero sí tenía un notorio margen de mejora que no tardaría en ser superado con posteriores películas centrados en los galos. De hecho la inmediatamente posterior, Astérix y Cleopatra, ya daba muestras de una minuciosidad más contrastada en su ejecución formal.




En lo referido al guión a seis manos con el que Willy Lateste, Jos Marissen y László Molnár adaptaban la palabra escrita de René Goscinny la fidelidad a la misma es del todo escrupulosa siendo casi una mímesis exacta de lo acontecido ocho años antes en las viñetas. Desde la presentación de la historia en la que se contextualizaba espaciotemporalmente la serie con la deposición de armas del jefe Vercingetorix a los pies, en el sentido literal de la palabra, de Julio César todas las situaciones, personajes, gags y hasta la mayoría de los diálogos están sacados directamente del álbum que le sirve como base argumental. Hay quien podría pensar, sin falta de razón, que se trata de una decisión demasiado conservadora por parte de los escritores de la obra, pero siendo conscientes de tratarse de la primera película protagonizada por Astérix y sus paisanos, asó como asumiendo que la fórmula en los cómics funcionaba a la perfección se puede comprender dicha toma de decisiones acomodaticias. Por suerte con el paso de los años esta manera de trabajar cambió y se llegaron a realizar films que mezclaban varios álbumes y otros que, como previamente hemos apuntado, no se basaban en ninguno de ellos desembocando en rotundo éxito.




Astérix el Galo está lejos de las mejores películas animadas inspiradas en los personajes creados por los maestros René Goscinny y Albert Uderzo, pero como puesta de largo internacional de las versiones cinematográficas Astérix, Obélix y allegados cumple sobradamente por contener en su interior todos los aciertos, y algunos de los fallos, de aquella primera aventura que marcó el camino a seguir para la bande desinée más importante de todos los tiempos, junto a Las Aventuras de Tintín de nuestro añorado Hergé. Tras esta primera incursión llegarían genialidades como las ya citadas Astérix y Cleopatra o Las 12 Pruebas de Astérix, Astérix en Bretaña o El Golpe del Menhir y ya en la actualidad dos producciones que abandonaban la animación tradicional para sumergir a nuestros amigos galos en el 3D con la soberbia adaptación de La Residencia de los Dioses o Astérix: El Secreto de la Poción Mágica, esta ya construida sobre un guión original exclusivo para su producción. También podríamos hablar de las numerosas películas en imagen real con los personajes como protagonistas, pero se supone que estamos hoy estamos rindiendo tributo a Albert Uderzo y no me gustaría llenar la recta final de esta reseña de exabruptos y maldiciones varias ¡Por Tutatis!



miércoles, 12 de junio de 2019

Hellboy Animated: Blood & Iron, crónicas vampíricas



Título Original Hellboy Animated: Blood & Iron (2007)
Director Victor Cook
Guión Kevin Hopps, Tad Stones, Mike Mignola, basado en el cómic de este último





Un año después del estreno de Hellboy Animated: Sword of Storms Cartoon Network emitió una segunda entrega titulada Hellboy Animated: Blood & Iron con la que continuar la propuesta establecida en 2006 para llevar al personaje del creador de Bogavante Johnson al medio televisivo. Libremente inspirada en el famoso arco argumental Despierta al Demonio, el segundo de larga duración de la cabecera original, y partiendo de nuevo de una historia de Mike Mignola y Tad Stones esta vez fue Kevin Hoops quien se encargó del guión. La dirección fue asignada a Victor Cook y Ron Perlman, Selma Blair o Doug Jones repitieron poniendo voz a sus personajes. Sumándose a ellos el gran John Hurt ofreciendo la suya al profesor Trevor Bruttenholm, rol al que dio vida en imagen real tanto en Hellboy (2004) como en una breve aparición de Hellboy 2: El Ejército Dorado (2008). El resultado, sin llegar en ningún caso a la excelencia, es muy superior al de su predecesora convirtiéndose en una decente tv movie capaz de extrapolar bastantes de los hallazgos y características del universo cinematográfico y secuencial del personaje nacido en Dark Horse Comics.




Hellboy Animated: Blood & Iron deja de lado la autoindulgencia y desgana de Sword of Storms llegando incluso a tomar algunas decisiones narrativas bastante arriesgadas para un producto dirigido a todos los públicos. Para empezar podemos afirmar que Hellboy no es el protagonista de la película, sino un “secundario de lujo” dentro de la misma. Es el profesor Trevor Bruttenholm el personaje más importante de este relato planteado como una precuela, ya que, como recordamos, el personaje de John Hurt moría a manos de Karl Ruprecht Kroenen en Hellboy (2004) film con el que comparte cronología y acontecimientos previos. Otro acierto mayúsculo es que mientras en Sword of Storms tres subtramas paralelas se ensamblaban de manera torpe y descompensada en Blood & Iron son dos líneas temporales diferentes las que convergen a la vez de manera orgánica, cohesionada y dando pie a una retroalimentación capaz de enriquecerlas desde un punto de vista narrativo y conceptual.




La historia está centrada en un nuevo caso relacionado con hechos acaecidos en la juventud del profesor Trevor Bruttenholm y en el que se vio envuelta la condesa húngara Erzsebet Ondrushko, una vampira centenaria que tras vender su alma a la diosa Hecatte mató a más de seiscientas jóvenes para bañarse con su sangre y así conseguir la juventud eterna. Este personaje, claramente inspirado en la condesa Elizabeth Bathory, sirve como excusa para que la película vire hacia un tono más oscuro, tenebrista y deudor del terror más propio de la pluma y el trazo de Mike Mignola en las historias en papel protagonizadas por Hellboy a lo largo de los años. De hecho no se eluden pasajes algo más violentos en los que la sangre fluye sin cortapisas, nada que pueda asustar al espectador infantil actual, pero lo suficientemente explícito como para alejarlo un poco del tono más neutro de Hellboy Animated: Sword of Storms dando a entender que sus responsables buscan más complicidad del receptor adulto y conocedor de la temática vampírica.




La animación sigue los mismos patrones estéticos que en Sword of Storms, pero gracias a una labor artística minuciosa y una realización más dinámica esta luce mucho mejor en pantalla. Los guionistas y el realizador aprovechan que el contexto ficcional al que se aferran ya se estableció en la anterior aventura y son capaces de enriquecer o hacer más creíbles a los personajes a pesar de contar con menos protagonismo y metraje en pantalla. La rima entre las dos líneas temporales, el acabado estilístico diferenciado entre ambas, el perfil de los personajes aclimatado con más acierto al relato o los pasajes de acción llegando en un par de ocasiones a ejecutar alguna secuencia memorable dan señales de una notable mejoría con respecto a la primera entrega. Pero en lo concerniente a los personajes pareciera como si Blood & Iron hubiera sido diseñada como un homenaje al personaje de Trevor Bruttenholm y los escritores hacen todo lo posible para engalanar todo lo referido a su pasado y presente convirtiéndolo en la piedra angular del largometraje mientras John Hurt nos deleita con su inconfundible y añorado timbre de voz.




Desgraciadamente cuando se llevaba a cabo un salto de calidad bastante notable de la primera a la segunda película lo que iba a convertirse en una futura trilogía se vio truncada y nunca llegamos a verla completa. Pero este binomio formado por Sword of Storms y la presente Blood & Iron no cayó en saco roto y su repercusión fue lo suficientemente fuerte como para que Dark Horse Comics llegara a publicar tres tomos inspirados en esta díptico dentro del título Hellboy Animated dando continuidad a sus tramas. The Black Wedding, Judgment Bell y The Menagerie se publicaron entre enero y diciembre de 2007 con dos arcos argumentales por recopilatorio y contando entre sus guionistas y dibujantes con Jim Pascoe, Rick Lacy, Fabio Laguna, Jason Hall, Nate Piekos y el omnipresente Tad Stones que ya colaboró en la realización y escritura de las dos versiones animadas de Hellboy para la televisión. Una pena que esta nueva vertiente audiovisual del personaje no saliera adelante porque contenía un potencial que nunca pudo llegar a desarrollarse y vista la recaudación de la última película en imagen real dudo que alguien decida recuperarlo o darle un nuevo inicio.


sábado, 8 de junio de 2019

Hellboy Animated: Sword of Storms, devil may cry



Título Original Hellboy Animated: Sword of Storms (2006)
Dirección Phil Weinstein, Tad Stones
Guión Tad Stones, Matt Wayne, Mike Mignola, basado en el cómic de este último




Como ya comentamos en la entrada dedicada a reseñarla Hellboy (2004) no fue un gran éxito de taquilla, pero su recaudación suficiente para acercarla a gran parte del público generalista y satisfacer, mayoritariamente, a los fans del cómic de Mike Mignola que acogieron con positividad el proyecto. De esta manera con el paso de los años la primera película protagonizada por Ron Perlman y dirigida por Guillermo del Toro se ganó el favor del fandom y el título de obra de culto. Seguramente esta prematura reivindicación del material supuso el motivo para que los responsables del film de 2004 se asociaran con Starz Media y Film Roman y de manera conjunta diseñaran la primera, de varias, cintas animada para el canal Cartoon Network. Con la idea de mantener esta nueva historia dentro del canon del film en imagen real se solicitaron los servicios de Guillermo del Toro y Mike Mignola como productores creativos y Ron Perlman, Selma Blair y Doug Jones pusieron voz a sus contrapartidas en dibujo animado. El resultado fue Hellboy Animated: Sword of Storms, inicio de una trilogía que, al igual que su hermana mayor, nunca llegaría a culminarse.




Aventurando la decisión que tomarían Guillermo del Toro y Mike Mignola dos años después en Hellboy 2: El Ejército Dorado, Hellboy Animated: Sword of Storms no está inspirada directamente en ningún arco protagonizado por el personaje en los cómics, pero sí parte de una idea original de Mike Mignola. El guionista y director Tad Stones, máximo responsable detrás de la obra, y sus colaboradores en la escritura (Matt Wayne) y la realización (Phil Weinstein) desarrollan una historia localizada, principalmente, en Japón para contar el relato de dos demonios hermanos, Trueno y Relámpago, que después de mantenerse encerrados durante siglos en un pergamino vuelven a nuestra realidad poseyendo el cuerpo de Mitsuyasu Sakai, un profesor experto en folclore nipón. El caso es asignado a los miembros de la Agencia de Ivestigación y Defensa Paranormal (AIDP) y del mismo se ocuparán Hellboy, Abe Sapien y una Liz Sherman cada vez más preocupada por su incapacidad para controlar sus, cada vez más peligrosos, poderes piroquinéticos.




Hellboy Animated: Sword of Storms es un producto fallido desde su misma concepción y estructura, dejando entrever bien pronto sus primeras carencias. Como ya hemos mencionado esta película animada pertenece al mismo universo que el film en imagen real rodado por Guillermo del Toro en 2004, pero como obra unitaria debería recurrir a flashbacks o algún recurso parecido con la intención de contar el origen de su personaje principal y los secundarios más relevantes. Sin pararse sus responsables a pensar que los potenciales espectadores consumidores del film pueden no haber visto su precuela en imagen real localizan la historia en un microcosmos ficcional ya establecido en el que hay que subirse en marcha de manera abrupta y poco orgánica, sólo pudiendo aferrarse al prólogo de pocos segundos localizado antes del título del film, del todo insuficiente. Ciertamente este no es el mayor problema del largometraje, ya que otros más graves imposibilitan el buen discurrir del relato planteado por Mike Mignola, Tad Stones y Matt Wayne por culpa de una contrastada ineficacia a la hora de dar consistencia a la narración y los hechos en ella acontecidos.




Aunque todo lo narrado a lo largo de los 75 minutos de metraje de Hellboy Anitamed: Sword of Storms es deudor del imaginario visual desplegado por Mike Mignola en la cabecera homónima de Dark Horse Comics con un universo repleto de demonios, monstruosidades y demás criaturas sobrenaturales son perceptibles varias carencias a la hora de plantear una historia con verdadero punch para enganchar al espectador y una vez la trama se bifurca en tres la alternancia entre unas y otras termina por menoscabar la solidez expuesta en el prólogo de la cinta, el pasaje más eficiente de la misma. La subtrama focalida en Hellboy se sigue con cierto interés, pero la más endeble de Abe y Liz y sobre todo la disparatada e innecesaria de Kate Corrigan y Russell Thorne, con “momento Disney” de vergüenza ajena, dinamitan la cohesión y la estructura de un producto disperso y redundante. Ni siquiera las secuencias de acción o más dinámicas consiguen ejecutar alguna situación memorable de cara a una platea que recibe el material con indiferencia y, en ocasiones, hasta aburrimiento.




De la animación tampoco podemos sacar demasiado partido. Más allá de su deuda con el amerimanga, las series de superhéroes de DC Comics ideadas por Bruce Timm (Batman, Superman, La Liga de la Justicia) o las nacidas del trazo y la impronta de Genndy Tartakovsky (Samurai Jack) el diseño de personajes y localizaciones de Hellboy Animated: Sword of Storms no se alejan de los de cualquier otra serie animada protótipica de televisión. Con esto no afirmamos que la animación sea reprobable en manera alguna, ya que ha sido ideada dentro de los estándares de calidad mínimos para lucir con elegancia y eficiencia en pantalla, pero salvo en algún momento muy puntual no destaca en ningún momento. A ello habría que sumar una luminosidad y tono alegre que poco o nada tiene que ver con los profundos claroscuros y el tenebrismo goticista del cómic de Mike Mignola, aunque en ese sentido ni siquiera las aproximaciones de Guillermo del Toro o Neil Marhsall, esta última la que estaría más cerca de lograrlo, consiguieron ser 100% fieles con el peculiar y genuino universo secuencial del autor de Drácula de Bram Stoker.




Hellboy Animated: Sword of Storms, que al igual que su continuación nunca vio la luz en nuestro país en formato doméstico o emisión televisiva, supuso un deficiente tanteo de terreno para crear un microcosmos animado protagonizado por Hellboy cuya naturaleza rudimentaria y procedimental asentó unas bases poco sólidas sobre las que seguir construyendo ficción de calidad inspirada en el cómic de Mike Mignola. Un guión endeble, un tratamiento de los personajes demasiado superficial y una realización simplemente cumplidora hicieron el resto para que la primera aventura televisiva de “Anung-Un-Rama” se revelara como un producto bastante intrascedente y olvidable. Por suerte con la siguiente entrega Revolution Studios y Starz Media aprendieron de sus errores y consiguieron facturar un producto mucho más competente, siguiendo el mismo patrón, pero cambiando a varios miembros del equipo técnico y ciñéndose más a la viñetas. A Hellboy Animated: Blood & Iron, estrenada un año después, dedicaremos mejores palabras que a esta “Espada de Tormentas” que no produce más que algún que otro chubasco de escasa importancia.



sábado, 16 de marzo de 2019

Cómo Entrenar a Tu Dragón 3



Título Original How To Train Your Dragon: The Hidden World (2019)
Director Dean DeBlois
Guión Dean DeBlois, basado en las novelas de Cressida Cowell





Casi un lustro después del estreno de Cómo Entrenar a Tu Dragón 2 llega a las pantallas de todo el mundo Cómo Entrenar a Tu dragón 3 o How To Train Your Dragon: The Hidden World en su título original, la última entrega de la trilogía producida por DreamWorks Animation e inspirada en las novelas de Cressida Cowell. Desde su primera entrega, aquella Cómo Entrenar a Tu Dragón de 2010, la saga presente demostró ser la mejor de las creadas dentro del seno de la compañía fundada por Steven Spielberg, David Geffen y Jeffrey Katzenberg en el año 1994. Aquella historia sobre la relación de Hipo (Hiccup, en inglés), un tímido y escuálido vikingo, con un dragón “Furia Negra” llamado “Desdentao” (Toothless, en versión original) ofrecía las adecuadas dosis de amor, humor, amistad e inesperado drama. Todas las virtudes de la obra primigenia dirigida por Chris Sanders y Dean DeBlois se acentuaron cuando este último se encargó en solitario de la dirección y escritura de una secuela superior repleta de aciertos, hallazgos y momentos vibrantes como ese pasaje trágico, uno de los más duros vistos en una película de animación para todos los públicos diseñada bajo el amparo de una major hollywoodiense.




Cómo Entrenar a Tu Dragón 3 vuelve a contar con Dean DeBlois en el guión y la dirección y en su reparto de voces originales recuperamos a Jay Baruchel, America Ferrera, Cate Blanchett, Gerard Butler, Craig Ferguson, Jonah Hill, Christopher Mintz-Plasse, Kristen Wiig o Kit Harington y se una a ellos F. Murray Abraham ofreciendo sus cuerdas vocales a Grimmel, el villano de la velada al que volveremos más tarde para hablar de la peor decisión con respecto al largometraje, al menos en nuestro país. Si bien es cierto que con esta tercera parte podíamos esperar una obra a la altura de sus predecesoras lo que no era tan previsible es su capacidad para dar continuidad a la gradual mejora experimentada con cada nueva entrega de la franquicia. Porque sí, podemos confirmar sin miedo a equivocarnos encontrarnos ante el mejor y más completo episodio de la trilogía. Lo es por varios motivos que pasaremos a enumerar a continuación, pero el principal de ellos es saber utilizar de manera sabia los ingredientes clásicos reconocibles dentro de las aventuras cinematográficas de Hipo, Desdentao y compañía.




Si hay una carencia destacable dentro de Cómo Entrenar a Tu Dragón 3 esa es su contrastada naturaleza conservadora desde una perspectiva conceptual y argumental. Dean DeBlois y su equipo de colaboradores han arriesgado más bien poco a la hora de ejecutar una tercera entrega original, diferente o más atrevida con la que salirse un poco de los parámetros establecidos por las dos anteriores películas. De hecho su planteamiento inicial y desarrollo argumental pueden tildarse hasta de rudimentarios y en cierto modo previsibles, recordándonos a otras producciones animadas a las que hace referencia como El Rey León o Wall-E. Pero son el conocimiento de la idiosincrasia adscrita a la franquicia y su microcosmos o el soberbio uso de sus señas de identidad para dar forma a una pieza bordeante en la excelencia en varias ocasiones las virtudes sobre las que se sustenta How To Train Your Dragon: The Hidden World y es en ese terreno, ya conocido por sus máximos responsables y los espectadores, donde dan forma a una pieza casi perfecta con la que despedir esta intachable serie de largometrajes.




Como toda la publicidad relacionada con la película se ha ocupado de destacar, desde carteles a trailers, Cómo Entrenar a Tu Dragón 3 centra la mayor parte de su atención en la primera relación amorosa de Desdentao. No vamos a desentrañar las motivaciones o lo que se esconde detrás de este vínculo, pero una “Furia Diurna” se convierte en el interés amoroso del famoso Furia Nocturna y ambos protagonizan pasajes memorables en pantalla. Desde que comparten encuadre por primera vez todo lo concerniente a ambos personajes alados es de una ternura, encanto y magia impecables. Los rituales de cortejo de él, las reacciones de ella, las miradas cómplices, el lenguaje corporal de ambos y la gradual consolidación del romance se encuentran entre las mejores situaciones de la trilogía con la vista puesta en algunas de las obras silentes de Charles Chaplin y el aroma del Disney más clásico. Se antoja imposible, hasta para el espectador más impasible, no caer rendido ante la candidez y el sentimiento que los responsables de la obra han insuflado a esos instantes en los que el frío y distante pixel transmite calor y verdad gracias a una historia de amor, con reminiscencias trágicas, para la estantería del recuerdo.




Alrededor del relato de los dos dragones orbitan el resto de personajes ya conocidos dentro de la saga. Como es lógico sobre Hipo recae la mayor parte del peso de la narración, algo comprensible si tenemos en cuenta que sigue siendo el protagonista de la obra. Su rol como líder de Isla Mema (Islad of Berk, en su versión original) y la relación con un Desdentao, ahora enamorado y alejado temporalmente de él, servirán para poner a prueba su madurez. Le acompañan la inseparable y aguerrida Astrid, su madre, Valka y el resto de sus amigos formado por Bocón, Estoico, o Chusco y Brusca, entre otros, formando el grupo de fieles y divertidos guerreros reconocibles ya de las dos anteriores entregas. Pero en esta tercera parte destaca la incorporación de “Grimmel the Grisly”, un cazador de dragones cruel y carismático que en Estados Unidos tiene la voz del ya mencionado F. Murray Abrahamn y en España ha sido doblado por el cantante Melendi. No quiero hacer sangre con un tema que ya ha hecho correr ríos de tinta, real y digital, pero espero que la distribuidora de la cinta en España haya tomado buena nota de las incontables quejas recibidas por la “muy cuestionable” labor del cantautor ovetense delante del micrófono. Pasar de la voz del Antonio Salieri de aquella obra maestra llamada Amadeus a la del autor de temas como Curiosa la Cara de Tu Padre debería estar penado por ley.




Con su virtuosismo visual y sólida narración Cómo Entrenar a Tu Dragón 3 culmina de manera intachable una excelente trilogía con la que Dreamworks Animation ha dado en poco menos de una década un salto de gigante en cuanto a la producción propia de su división adherida al cine animado por ordenador. Si sigue el camino abierto por estos tres largometrajes la factoría fundada por Spielberg/Kratzenberg/Geffen podrá equiparar varios de sus futuros proyectos al nivel de la Pixar de la todopoderosa Disney que siempre ha ido varios pasos por delante de ella. Por el momento nos quedamos con una tercera entrega para el recuerdo. Una joya para toda la familia abrazando el ideario adscrito a su microcosmos con una mezcla entre comedia, aventura o ese drama perfectamente dosificado y medido que en el prólogo final nos toca la fibra sensible por medio de un mensaje, tan sencillo como efectivo, en favor de la tolerancia, la convivencia y el respeto por el reino animal ya intrínseco en esta serie de obras inspiradas en las novelas de Cressida Cowell cuyo cierre se antoja tan brillante como para que sus precursores no intenten seguir explotando más el material de partida y devaluarlo de mala manera.