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viernes, 21 de mayo de 2021

Invencible: Temporada 1, héroe por accidente



"Debes decidir qué tipo de héroe quieres ser"



En el año 2003 Robert Kirkman, que venía del rotundo éxito de The Walking Dead, editó para Image Comics Invincible, una serie regular con la que ofrecía su particular visión del género superheróico acompañado de los lápices de sus compatriotas, los dibujantes Cory Walker (Spiderman: Unlitimed, Punisher: War Journal) Ryan Ottley (The Amazing Spider-Man). El éxito de crítica y ventas a lo largo de los más de 15 años y 144 números de la cabecera protagonizada por el personaje nacido en las páginas de The Savage Dragon 102# (agosto, 2002) hizo que Amazon Prime Video, conocedora del filón con producciones como The Boys, pusiera sus ojos en las aventuras de Mark Grayson con intención de llevarlas al medio audiovisual. Contra todo pronóstico la sorpresa con respecto al proyecto fue que se trataría de una serie, no de imagen real, sino animada.



Con respecto a la creación y desarrollo de la serie en la plataforma han ido sobre seguro contratando los servicios del mismo Robert Kirkman, ejerciendo de showrunner principal y de Cory Walker como diseñador de los personajes en su traslación de la viñeta a la imagen en movimiento. Les acompañan Seth Rogen y Evan Goldberg, duchos en adaptaciones de cómics a series como pudimos ver en la magnífica The Boys, también al amparo de Amazon Prime Video, o en la muy irregular Preacher, que produjeron para la cadena de televisión por cable AMC (Mad Men, Breaking Bad, The Walking Dead). Simon Racioppa, David Alpert y Catherine Winder también forman parte del equipo creativo del proyecto.




Si en el equipo técnico la profesionalidad estaba más que contrastada en el artístico la intención era, no igualarlo, sino superarlo. Porque uno de los mayores atractivos de Invencible es el casting de voces que ofrecen la suya a los personajes y en el que encontramos a Steven Yeun (Mark Grayson/Invencible), J.K. Simmons (Nolan Grayson/Omni-Man), Gillian Jacobs (Samantha Eve Wilkins/Atom Eve), Sandra Oh (Debbie Grayson), Zazie Beetz (Amber Bennett), Zachary Quinto (Robot), Mahershala Ali (Titan), Walton Goggins (Cecil Stedman), Jason Mantzoukas (Red Explode), Seth Rogen (Alien the Alien), Clancy Brown (Damien Darkblood), John Hamm (Steve) o el mismísimo Mark Hamill (Arte Rosebaum) entre otros. Un plantel estelar para dar voz a los personajes que conforman la serie.




Invencible narra las vivencias de Mark Grayson, un adolescente cuyo padre es Nolan Grayson, el alter ego civil del Omni-Man, el superhéroe más poderoso de la Tierra procedente del planeta Viltrum. La historia comienza cuando el personaje protagonista comienza a experimentar las primeras manifestaciones de los poderes extraterrestres que ha heredado de su progenitor. A partir de ese momento la vida personal de Mark chocará frontalmente con la dedicada a velar por la integridad de los ciudadanos en la que conocerá a muchos otros héroes como Atom Eve, Robot o Red Explode sintiendo a su vez la enorme presión de estar a la altura de su padre, un Omni-Man capaz de ocultar más de un secreto que serán desvelados a lo largo de la historia.



El de la serie Invencible es un caso curioso, porque siendo notablemente fiel a la primera gran etapa del cómic creado por Robert Kirkman, Cory Walker y Ryan Ottley, que recientemente recopiló ECC en un tomo con gran éxito de ventas, y manteniendo su esencia intacta no sólo la respeta profundamente, sino que en ciertos aspectos la supera con creces. El cómic homónimo es una colección brillante que fue creciendo número a número haciendo evolucionar a sus personajes y crecer el microcosmos ficcional en el que estos se movían. Pero en el medio audiovisual pareciera como si Robert Kirkman y sus colaboradores hubieran encontrado la fórmula perfecta para llevar un poco más allá la propuesta que él mismo, Walker y Ottley diseñaron para el arte secuencial añadiendo material de cosecha propia que en todo momento juega a favor de la propuesta.



En lo referido al acabado artístico la animación aprueba con nota, aunque es ineludible que con respecto a ella hay ciertos claroscuros algo reprobables. Aunque en líneas generales esa decisión de aportar un tono “amerimanga” funciona de manera notable, ciertamente cuando los personajes no están inmersos en secuencias de acción se percibe un molesto estatismo que resta algunos puntos al conjunto de la obra. Esto se deja notar, más si cabe, cuando esos pasajes repletos de fuerza y violencia salvaje hacen acto de presencia y muestran una ejecución mucho más trabajada. Algo que queda patente en los últimos cinco minutos del primer episodio, una salvajada minuciosamente realizada que nos confirma que Kirkman, Rogen, Goldberg y compañía no tenían intención de suavizar la brutalidad de las viñetas, llegando en ocasiones incluso a aumentar las dosis de la misma.



El perfil psicológico de los personajes sigue las pautas establecidas por Robert Kirkman en los cómics. Si con The Walking Dead consiguió dar una nueva vuelta de tuerca al manoseado subgénero zombie con Invencible hizo lo propio con la icnografía superheróica subvirtiendo los códigos que la cimentaron, sin inventar nada que no hubieran hecho años antes autores de renombre como Alan Moore, Pat Mills, Garth Ennis, Warren Ellis o Mark Millar, pero inyectándole su personal impronta. Sirva como ejemplo Omni-Man, esa versión corrupta de Superman que si en el tebeo era el centro de atención en la serie animada es el inequívoco mejor personaje y el responsable de los momentos más destacados de los ocho episodios que componen la temporada. Todo ello potenciado por la enorme labor vocal a manos de un J.K. Simmons pletórico devorando a todos sus compañeros a los micrófonos.



Con una mezcla impecable entre épica y violencia gráfica, comedia y drama y dos últimos episodios que son una apisonadora audiovisual (la potentísima escena del metro es de una perversidad y crueldad máxima) la primera temporada de Invencible ha supuesto toda una sorpresa que no sólo ha dejado en evidencia a otros productos del subgénero como la bastante cuestionable The Falcon And The Winter Soldier de Disney + y Marvel Studios, sino que posiblemente haya abierto las puertas para llevar a cabo más series animadas de larga duración inspiradas en el mundo del cómic, formato que se muestra perfecto para ello. Por ahora el éxito de Invencible ha sido tal que Amazon Prime Video ha confirmado la renovación de la serie por una segunda y tercera temporada. Visto el resultado de la que nos ocupa un servidor no puede esperarlas con más ganas.


lunes, 22 de febrero de 2021

The Boys: Temporada 2, dawn of injustice

 



"A la gente le encanta lo que tengo que decir. Creen en eso. Simplemente no les gusta la palabra nazi, eso es todo."





Cuando dedicamos las primeras impresiones a los tres episodios iniciales de esta segunda tanda de The Boys ya comenté que soy poco amigo de valorar un producto audiovisual, en este caso un temporada de ocho entregas, antes de ver el conjunto de la obra y tener una visión global de la misma. En gran parte tenía razón porque visto el desarrollo de la temporada y el devenir de las distintas tramas que la componen era necesario haber degustado y digerido toda la historia que Eric Kripke, Seth Rogen y Evan Goldberg querían cortarnos a partir del brillante cómic de Garth Ennis y Darick Robertson publicado primero por Wildstorm y después por Dynamite Entertainment con Karl Urban, Jack Quaid, Laz Alonso, Tomer Kapon, Karen Fukuhara, Erin Moriarty, Giancarlo Esposito o Antony Starr a los que se suma el fichaje estrella de Aya Cash como Stormfront. El resultado para el que suscribe no es tan compacto y redondo como en la primera temporada, pero sí alcanza grandes contas de calidad en lo referido a cómo están llevando las riendas de los personajes y sus relaciones interpersonales sus máximos responsables.




Es un hecho ineludible que si bien la primera temporada era bastante fiel a los hechos acaecidos en el cómic de Garth Ennis y Darick Robertson esta segunda se aleja cada vez más de aquellos. Por suerte Erick Kripke y sus colaboradores a los guiones lo hacen siempre teniendo en cuenta la esencia del relato y si bien hay modificaciones importante en lo referente a personajes o tramas nunca se despegan de la irreverencia o el salvajismo que da sentido a The Boys y bajo los cuales subyace un calado dramático que, al igual que en el tebeo, es el verdadero centro neurálgico de la obra. En lo referido a esto que comentamos la subtrama dedicada a Billy Butcher, Becca y Ryan es la que más se aleja de lo planteado por el guionista de Predicador y el dibujante de Transmetropolitan, pero lo construido por los escritores del show tiene la suficiente fuerza, cohesión y lógica narrativa para no sólo mantener el interés del espectador, sino enriquecer el perfil psicológico de los roles que se ven envueltos en el conflicto, sobre todo cuando Homelander y Stormfront entran en escena y potencian el trasfondo emocional.




Por suerte los guionistas no se olvidan del resto de The Boys y la inclusión del hermano de Kimiko servirá como catalizador de los actos llevados a cabo por el grupo protagonista estando estos vinculados, una vez más, con el personaje de Stomrfront que se convierte en uno de los más importantes de la temporada y al que volveremos un poco más tarde para intentar hacerle algo de justicia. La relación entre Hughie y Starlight también copa harto protagonismo ya que esta última pasa a formar parte, en cierta manera, del equipo y se convierte en la infiltrada en Vought y The Seven debido a que sigue formando parte del conjunto de superhéroes. La relación entre Kimiko y Frenchy o la complicada situación personal de Mother’s Milk dejan claro que Eric Kripke y su gente no se olvidan de dedicar momentos a todos sus criaturas. Incluso del lado de los villanos, que recordemos aquí son los superhéroes, se hacen los deberes a la hora de ofrecer situaciones de relevancia para que The Deep, A-Train, Queen Maeve o un resucitado Lamplighter (interpretado, con toda la sorna del mundo, por Shawn Ashmore, el Hombre de Hielo en la saga cinematográfica de X-Men) puedan lucirse en pantalla.




Pero los creadores de la serie no son tontos y saben que en Antony Starr y su Homelander encontraron un mina de oro que aquí explotan al máximo dando más protagonismo al líder de The Seven profundizando en su psicología perturbada, acentuando la idea de que bajo esos poderes desproporcionados sólo habita un niño caprichoso con no pocos traumas personales que cristalizan en las desopilantes e incómodas secuencias de la cabaña con las que se dan rienda suelta a sus enfermizas parafilias sexuales. Ya en la temporada anterior el actor neozelandés de Banshee demostró que con sólo una mirada puede transmitir verdadero terror tanto al resto de secundarios como a un espectador que no puede evitar sentirse atraído y repelido por él. Pero en esta ocasión sus problemas con la fama y la caída en picado de su popularidad transmiten todavía más desasosiego cuando lo vemos actuar como un maniaco al verse despojado del manto que lo convertía en el “Héroe de América” de cara a la opinión pública. A subsanar este problema le ayuda una Stormfront que se convierte en el personaje eje central de la segunda temporada de The Boys.




En los cómics Stormfront era un superhéroe supremacista blanco de fuerza bruta y salvajismo rampante que se enfrentaba a The Boys en una batalla espectacular. En la serie de Amazon Prime Video se le cambia el sexo y en el arranque de la temporada no se sabe nada de su ideología nazi, de hecho Eric Kripke y su gente juegan la carta de que la nueva incoporación de The Seven es una mujer empoderada y antisistema que no se deja pisotear por Vought y saca de sus casillas a Homelander por su interacción con unas nuevas tecnologías con las que se desenvuelve perfectamente teniendo millones de fans en las redes sociales que beben los vientos por ella. Una vez el alter ego en la ficción de Antony Starr se da cuanta de que Stormfront puede ser una aliada más que un obstáculo para sus fines la nueva temporada de The Boys da rienda suelta a la interacción sentimental y sexual de ambos y el producto alcanza sus mayores cotas de salvajismo, en gran parte gracias a la química de Starr con una Aya Cash sencillamente espectacular que en no pocas ocasiones roba protagonismo a su partenaire en pantalla.




El personaje de Stormfront también es una excusa para que los creadores de la versión audiovisual de The Boys hagan una crítica muy ácida e irreverente a la conexión existente entre los medios de comunicación y las ya mencionadas redes sociales con la corrupción corporativista y la manipulación informativa, esas “fake news” que están tan a la orden del día en nuestra actual sociedad. Eric Kripke se aleja de la crítica al mundo del cómic superheróico de Garth Ennis y Darick Robertson en las viñetas, pero manteniendo los mismos estándares contestatarios lanza sus aguijones contra el actual opio del pueblo que con sus likes, favs y retweets pueden cambiar el sentir y el padecer de una ciudadanía maleable que se deja llevar por titulares llamativos y los efectos nocivos de la posverdad. A esto debemos sumar, desde una perspectiva más superficial, un divertidísimo retrato del cine de superhéroes en el que no se eluden aguijonazos a Zack Snyder, Joss Whedon, Marvel Studios o la polémica sobre la visibilidad de minorías o movimientos sociales dentro de este tipo de superproducciones que en ocasiones obedecen más a seguir una moda que a un verdadero compromiso político por parte de los ideólogos de dichos proyectos. Al igual que en el cómic la serie de The Boys reparte para todo el mundo y no deja títere con cabeza.




Como ya hemos apuntado al principio de esta reseña la segunda temporada de The Boys no es tan compacta como la primera, pero sí es cierto que muchos de sus puntos más álgidos superan a los de aquella, sobre todo ese clímax final que, alejándose nuevamente de los cómics, nos deja con ganas de saber más incluso a los lectores de la obra de Garth Ennis y Darick Robertson que, al igual que el espectador profano en las viñetas, vamos a ciegas con respecto a hacia dónde encaminará Eric Kirpke la historia después del dramático desenlace de ese What I Know que puso el colofón a una temporada memorable. Ahora, al igual que con toda la ficción a nivel mundial debido a la situación en la que nos encontramos, sólo queda intentar elucubrar sobre cuando darán la gente de Amazon Prime Video el pistoletazo de salida a la grabación de la ya confirmada tercera temporada ahora que la segunda ola del maldito Covid-19 tiene nuevamente en jaque a gran parte del planeta. Sólo esperamos que puedan ponerse pronto a rodar y a ofrecernos pistas sobre lo que podremos ver en un futuro próximo, aunque de algo podemos hacernos una idea sabiendo que Jesen Ackles ha sido fichado para interpretar a Soldier Boy. ¿Alguien ha dicho “Herogasm”?


domingo, 7 de febrero de 2021

Preacher: Temporada 4, la batalla del Álamo


 

"El cielo está vacío, Dios se ha ido. Queremos que tú tomes su lugar"



Cuatro años y el mismo número de temporadas ha tardado en hacer su recorrido catódico Preacher, la serie creada por Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg para la cadena de pago AMC inspirándose en el cómic homónimo escrito por Garth Ennis y dibujado por Steve Dillon para el añorado sello Vertigo. Un servidor os ha acompañado a lo largo de este trayecto reseñando todas y cada una de las entregas anuales que hemos recibido centradas en las aventuras teológicas y escatológicas de Jesse Custer, Tulip O’Hare y Proinsias Cassidy, interpretados por los actores Dominic Cooper, Ruth Negga y Joseph Gilgun respectivamente. Una primera y decepcionante temporada dio pasa a una prometedora segunda más cercana a los cómics, pero todo quedó en un espejismo cuando asistimos a cómo la tercera volvía a caer en los mismos fallos que los primeros episodios de la producción, dejando un mal sabor de boca con respecto a un proyecto que lo tenía todo para convertirse en una obra de culto y una digna adaptación del icónico trabajo en viñetas que le sirve de inspiración. Poco antes de estrenarse esta cuarta temporada que nos ocupará en la siguiente entrada AMC confirmaba la cancelación de la serie, obligando a sus máximos responsables a cerrar de la mejor manera posible todas las tramas. El resultado no desentona un ápice con respecto a una ficción que nunca llegó a despegar del todo desperdiciando el potente y explosivo material de partida que tenían en sus manos.



La cuarta tanda de episodios de Preacher recorre una a una todas y cada una de las carencias que han ido menoscabando con el paso de los años la calidad de la serie. Para empezar Sam Catlin, Seth Rogen, Evan Goldberg y su equipo de guionistas vuelven a alejarse en exceso de los cómics, mirando con desdén los impresionantes historias que Garth Ennis y Steve Dillon elaboraron en la colección de Vertigo, sólo tomando pequeños apuntes de las mismas, más que para aprovecharlos y convertirlos en un producto audiovisual de calidad, como un vacuo y altivo intento por contentar y acallar a los que en su momento leímos una de las mejores obras de esta irrepetible pareja de autores británicos. Seguidamente tenemos otra de las señas de identidad de esta Preacher en imagen real como la inexplicable capacidad de sus escritores para estancar de manera insalubre las distintas tramas que dan forma a los diez episodios de los que consta esta cuarta temporada. Se antoja demencial que una como la del rescate de Cassidy en Masada, que podía haberse resuelto en un sólo episodio, se alargue cuatro interminables entregas en las que la redundancia y el subrayado se apoderan del metraje y la paciencia del espectador.



También volvemos a encontrarnos con personajes que a pesar de estar a estas alturas más que definidos psicológicamente dan vueltas sobre sí mismos mostrándose incapaces de ejecutar acciones que sirvan para construir una sencilla historia con inicio, nudo y desenlace. ¿Cuántas veces necesitamos que a Cassidy le arranquen el glande para que seamos conscientes de su adicción a la tortura y la venganza contra su agresor? ¿En cuantas ocasiones puede Tulip intentar ir por su propia cuenta para al poco tiempo volver con sus compañeros de fechorías? ¿Cuántos países tiene que visitar y a cuantas personas debe enfrentarse Jesse para encontrar a Dios? ¿Cuantos actos violentos tiene que realizar el Santo de los Inocentes para que “Caraculo” deje de sorprenderse por ello? ¿¿Cuántas bromas sin gracia se pueden hacer con la oreja deforme de Herr Starr??. Esta cuarta temporada acusa más que ninguna otra la incapacidad de sus autores para sacarla del pozo de la mediocridad y si no fuera porque pasado el ecuador comienzan a acontecer algunos hechos interesantes y porque a estas alturas ya nos hemos encariñado con el reparto y las libérrimas versiones que ofrecen de los personajes del cómic no tendríamos nada de verdadero interés por lo que valiera la pena acercarnos a la despedida una serie como Preacher.



Para colmo, no sabemos si por la prematura decisión de abortar la serie en la cuarta temporada o por otro motivo, la segunda mitad de la misma parece querer encapsular el grueso de muchos de esos arcos argumentales de los cómics que los guionistas han ido obviando o sólo tomando como referentes muy superficiales, llegando a límites de exagerada síntesis en los dos últimos episodios condensando un sinsentido de idas y venidas argumentales que desembocan en un apresurado clímax, paradójicamente anticlimático, y apresurado en exceso que sólo recibe puntos a favor por el bonito epílogo que cierra la serie. Con esto no queremos decir que Catlin, Rogen, Goldberg y compañía quieran revelar esta recta final de Preacher como un producto más adherido a lo escrito e ilustrado por Garth Ennis y Steve Dillon en los 90, ya que en el proceso siguen introduciendo torticeras subtramas de cosecha propia y personajes satélite cuyas peripecias sólo parecen hacerles gracia a ellos, porque de cara al espectador no dejan de protagonizar situaciones supuestamente irreverentes o políticamente incorrectas que no escandalizarían a un monaguillo, confirmando una vez más que la bilis expulsada por los autores de la serie de Vertigo nunca llegó a ser captada adecuadamente por los responsables del programa de AMC.




Ante semejante desaguisado sólo nos queda una cosa a la que aferrarnos y que desde los primeros compases de la serie nunca ha fallado, su reparto de actores. En las reseñas de las temporadas previas incidimos en que las versiones que aquí vemos de Jesse, Tulip y Cassidy quedan muy lejos de las ideadas por Garth Ennis y Steve Dillon en el cómic, pero bien es cierto que Dominic Cooper, Joseph Gilgun y Ruth Negga han sabido moldear un trío de protagonistas carismático, con personalidad y propension a destilar una más que notable química cuando comparten pantalla. Algo parecido sucede con algunos de los roles secundarios, ya sea Ian Colletti como “Caraculo” o Graham MacTavish como el Santo de los Inocentes, capaces de ofrecer momentos remarcables cuando ambos interactúan. La incorporación de Mark Harelik como Dios también depara algún pasaje reseñable y Julie Ann Emery sabe transmitir el insulso dogmatismo de su criatura mientras los Hitler y Jesús de Noah Tylor y Tyson Ritter, respectivamente, derivan en cuestionable descarga cómica. En cambio es Pip Torrens el que en esta ocasión se pasa de autoparódico con su Klaus Starr, al que ofrecen más minutos en pantalla, pero sin que el británico sepa echar el freno en los momentos más vergonzosos, alejándose un poco del buen hacer que demostró en las anteriores temporadas confirmándose como uno de los mejores fichajes del apartado artístico.



Preacher abandona la parrilla de la AMC, o el catálogo de HBO España si hablamos de nuestro país, con la cabeza gacha y sin hacer apenas ruido. Lejos quedan ya aquellos dos intentos por adaptar el cómic de Vertigo a cine o serie de televisión a manos de Robert Rodriguez primero y Sam Mendes después que prometían mucho, pero acabaron en la nada. Desgraciadamente cuando Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg cogieron las riendas del proyecto desde los primeros pasos del mismo demostraron no ser las personas adecuadas para extrapolar con éxito la odisea iconoclasta con aroma a western crepuscular que protagonizaron a lo largo de 66 números y unos cuantos especiales Jesse, Tulip y Cassidy. Por el camino queda un “puedo y no quiero” que lo tenía todo para haber desembocado en una serie antológica, pero que por la fea costumbre de ser condescendiente con la obra primigenia ha quedado reducida a una mediocridad audiovisual más disfrutable para aquellas personas que nunca se hayan acercado al trabajo de Ennis y Dillon que para sus lectores. En lugar de enderezar el barco para su último viaje los responsables de Preacher han abrazado sus carencias e imperfecciones sin prejuicio alguno para decir adiós a una producción que debería haber sentido más respeto y admiración por su principal referente.


lunes, 12 de agosto de 2019

The Boys: Temporada 1, ¿qué tiene de divertido la verdad, la justicia y el estilo de vida americano?



"Los súper matan a cientos de personas al año como daños colaterales. Ahí es donde entramos en juego los Chicos y yo"




Cuando a finales del año 2017 saltó la noticia de que la plataforma de streaming Amazon Prime Video iba a contratar los servicios de Seth Rogen y Evan Goldberg para adaptar el cómic The Boys, escrito por Garth Ennis y dibujado por Darick Robertson para Wildstorm Studios y Dynamite Entertainment, debo admitir que no fue precisamente alegría lo que experimenté. Por aquel entonces ya había visto dos temporadas de la serie Preacher, otra traslación de un cómic del guionista irlandés impulsada por la misma pareja, y ya quedaba patente la escasa fidelidad hacia el material de partida y la ineficacia a la hora de explotar adecuadamente la icónica historia de Jesse Custer, Tulip O’Hare y Proinsias Cassidy publicada en el sello Vertigo de DC Comics. Un servidor pensaba que al igual que con el producto protagonizado por Dominic Cooper, Ruth Negga y Joe Gilgun iban a escamotear la violencia, el sexo y los diálogos irreverentes en favor de crear un producto más accesible para el público. Poco a poco se fueron confirmando nuevos nombres vinculados a esta The Boys audiovisual. Eric Kripke (Supernatural) se sumaba como tercer showrunner al proyecto, Karl Urban daría vida a Billy Butcher y Simon Pegg interpretaría al padre de Hughie como guiño a los cómics, ya que en las viñetas dicho personaje tenía los rasgos físicos del actor británico. Mi primer voto de confianza hacia la serie llegó con el teaser, que revelaba poco, pero parecía captar el mensaje de la obra en papel. Los siguientes trailers ya mostraban de manera explícita pasajes gore, diálogos muy ácidos propios de las correrías de The Boys y una acertada caracterización de los protagonistas. Finalmente el pasado día 26 Amazon Prime Video subió los ocho episodios de los que consta la primera temporada a su catálogo y lo cierto es que el resultado no es perfecto, pero sí muy satisfactorio a distintos niveles y sorprendente en no pocos aspectos.




The Boys se estructura siguiendo, en cierta manera, los patrones de los tres primeros arcos argumentales del cómic. De hecho los capítulos comparten títulos de los distintos números de la colección. El doble punto de arranque es el mismo que en la obra de Ennis y Robertson y con ellos se ahonda en la vida tanto de los Boys como de los superhéroes. Por un lado seguimos los pasos de Hughie (Jack Quaid), que al ver morir de manera accidental a su novia a manos del superhéroe A-Train es reclutado por un supuesto agente del FBI llamado Billy Butcher (Karl Urban) para formar parte de un grupo que se dedica a detener a los empijamados y que también contará en sus filas con Frenchie (Tomer Capon), Mother’s Milk (Laz Alonso) y the Female (Karen Fukuhara). Por otro acompañamos a Starlight (Erin Moriarity), nueva incorporación a The Seven, el grupo de supers más importante de la historia y propiedad de la compañía Vought Corporation dirigida por Madelyn Stillwell (Elisabeth Shue). The Seven están formados por Queen Maeve (Dominique McElligott), Black Noir (Nathan Mitchell), The Deep (Chace Crawford), A-Train (Jessie T. Usher), Translucent (Alex Hassell) y Homelander (Antony Starr), el miembro más destacado del grupo y superhéroe más poderoso del planeta.




Los responsables de la serie de The Boys han sabido extrapolar fielmente el microcosmos expuesto por Garth Ennis y Darick Robertson en los cómics retratando un mundo en el que los superheróes campan a sus anchas dando muestras de soberbia, enfermizas parafilias sexuales y adicción al Compuesto V, el mismo que les proporciona sus poderes sobrenaturales y que, a diferencia de las viñetas, aquí no es consumido por los Boys, aunque sí fue inoculado a the Female. En este contexto la serie se hace fuerte a la hora de utilizar a los superheróes como una necesaria fuerza incontrolable en la que se antepone la defensa o seguridad nacional las libertades más básicas del ciudadano estadounidense. Un servidor creía que Kripke, Rogen y Goldberg no iban a atreverse a incluir lo de la reformulación del 11S del cómic y aunque no se localiza la acción en tan trágica fecha sí acontece en la temporada, convirtiéndose en uno de los pasajes más potentes e intensos de la serie, definiendo de manera impoluta la personalidad del que se ha revelado como el mejor rol del show al que volveremos un poco más tarde.




Otro punto a favor de la serie es el acierto a la hora de diseñar, a partir de la escritura y con la complicidad del reparto, las relaciones interpersonales de los Boys siendo, una vez más, dignas del material publicado por Wildstorm Studios y Dynamite Entertainment. Aunque el génesis del grupo es diferente al original, aquí Female es la última incorporación al quinteto, y se añaden elementos narrativos de cosecha propia el resultado deja satisfecho tanto al espectador casual como al fan de los cómics. Butcher ejerciendo como líder con un oculto lado oscuro, Mother’s Milk tomando el rol de brújula moral o Hughie como pobre hombre superado por la situación en la que se ve inmerso y con el handicap añadido de estar enamorado de una superheróina con la que le emparentan muchos paralelismos personales y profesionales. Pero es la química entre Frenchie y Female, ya mi favorita en el tebeo, la más satisfactoria en este sentido. Aunque se ha reducido el nivel de demencia de ambos personajes, bastante más psicópatas en sus contrapartidas nacidas y desarrolladas en las viñetas.




La factura técnica es sorprendentemente buena y se aleja bastante de la ejecución, más bien ramplona, del resto de series centradas en personajes de cómic. Contando con una realización de proporciones casi cinematográficas cuya responsabilidad recae en directores con alguna obra reciente destacable como Dan Trachtenberg (Calle Cloverfild 10) o veteranos en realización televisiva como Daniel Attias (The Wire, Six Feet Under, True Detective) a lo largo y ancho de la temporada desfilan tiroteos, peleas, persecuciones, secuencias en las que los superhéroes vuelan o hacen un uso desproporcionado de sus especiales dotes y todo regado con hemoglobina y vísceras. Sin llegar a los límites delirantes de la obra en papel, pero dejando poco en el tintero en cuanto a explicitud o barbarie y sólo mostrándose algo menos gráficos con la sexualidad. Ese apartado técnico sólo ha dado leves muestras de hasta donde puede llegar ya que si en la segunda temporada los Boys comienzan a consumir también el Compuesto V la acción puede tomar un cariz desproporcionado más acorde con la impronta de Garth Ennis y Darick Robertson.




En lo referido al reparto encontramos no pocos hallazgos y algunas decisiones de casting dignas de alabanza. A Karl Urban el papel de Butcher le sienta como un guante, ya que tiene la presencia, el carisma y la mirada demente que acompaña al personaje. Jake Quaid, hijo de Meg Ryan y Dennis Quaid, cumple transmitiendo la inseguridad y bisoñez de Hughie y el resto de componentes de los Boys (Tomer Capon, Laz Alonso y Karen Fukuhara) representan adecuadamente a unas criaturas con las que todavía se están familiarizando. Muy buena labor también de Erin Moriarty como Annie Jannuary/Starlight con la que los showrunners han creado unos vínculos muy interesantes con el actual Hollywood y el impacto de movimientos como el #MeToo. Pero si hay un actor que destaca en el elenco principal ese es Antoy Starr dando vida a Homelander. El supuesto superhéroe más íntegro del planeta, esa mezcla entre lo mejor de Superman y el Capitán América, es una bomba de relojería voladora. Un ser sobrehumano amenazante que puede intimidar al prójimo sin necesidad de hacer uso de sus poderes, sólo con una mirada o un diálogo a media voz corporeizando a un demente capaz de manipular, extorsionar y masacrar a decenas de personas sin titubear. Portentosa labor la del actor de Banshee que se ve enriquecida por su tour de force con la Madelyn Stillwell de una no menos brillante Elisabeth Shue felizmente recupera para el medio audiovisual.




Al igual que sucedió en su momento en el mundo del cómic se agradece que un medio audiovisual tan saturado de obras de ficción dedicadas a ensalzar las figuras de nuestros superhéroes más conocidos también facture proyectos como The Boys en los que se pone en entredicho su legado e iconicidad aunque sea por medio de sosias de distinto pelaje. Seth Rogen y Evan Goldberg han aprendido de sus errores, seguramente la presencia de un veterano como Eric Kripke también haya influido, y a la hora de adaptar el cómic de Garth Ennis y Darick Robertson no han mirado por encima del hombro ni al material original ni al discurso de dichos autores como sí aconteció con Preacher. Por todo ello y varias virtudes más que hemos ido enumerando podemos considerar The Boys como una de las sorpresas del año en lo referido a adaptaciones de cómics a cine o series. Un Producto que no sólo funciona magníficamente en su primera temporada, sino que asienta las bases de una segunda en la que sus máximos responsables podrán explotar todo el potencial de una propuesta tan inusual como necesaria y a ser posible trayéndonos a secundarios como Terror, Legend, Tek Knight o Love Sausage.



lunes, 15 de octubre de 2018

Preacher: Temporada 3, family ties



"Escúchame; Algún día, pedazo de mierda. Somos todo lo que quedará en este lugar. Soy toda la familia que tienes."




Después de una decepcionante primera temporada a modo de “Año Cero” en 2016 y una segunda no del todo redonda, pero sí más eficiente y apegada a las viñetas, el pasado año la tercera entrega de Preacher, la serie de televisión diseñada por Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg para la cadena por cable AMC inspirándose en el icónico cómic de Garth Ennis y Steve Dillon gestado en el seno del sello Vertigo de DC Cómics, terminó su emisión y tras ella nos vemos en posición de valorar esta última tanda de episodios inspirados en las aventuras mesiánicas y teológicas protagonizadas por Jesse Custer, Tulip O’Hare y Cassidy entre otros personajes. Sentimientos encontrados a la hora de hablar de los diez nuevos capítulos de Preacher, porque es ineludible que sus creadores mantienen la intencionalidad de acercarse cada vez más a los cómics, pero lo hacen de manera arbitraria y deslavazada, cometiendo en el proceso el fallo de desorientarse y no saber aprovechar el paso adelante que supuso la anterior temporada con respecto a la inicial sin desarrollar los logros que la irrupción de el Santo Grial en general y Her Starr en particular supusieron para la serie. Lo que aquí tenemos es otra decena de horas confirmando la naturaleza dubitativa, desaprovechada y de “quiero y no puedo” del show emitido por la casa de productos tan destacables como Mad Men, Breaking Bad o la reciente The Terror.




Una vez más la serie Preacher toma varios arcos argumentales importantes de los cómics como el localizado en Angelville con la familia de Jesse Custer, el relacionado con Les Enfants du Sang o el centrado en el Grial y la conservación de la sangre de Cristo y después de incluir algunas dosis de material propio Catlin, Rogen y Goldberg montan una temporada de diez episodios. El problema radica, como hemos comentado previamente, en que después de haber encarrilado, en cierta manera, el producto con una muy decente segunda temporada sabiendo amalgamar respeto y fidelidad por los cómics en los que se inspira y una personalidad propia como proyecto ficcional esta tercera desmonta gran parte de esas virtudes descompensando narrativamente el conjunto de la obra cuando separa a los tres protagonistas principales para que cada uno de ellos pueda protagonizar su propia subtrama. Llama la atención que esta decisión haya sido tomada en la primera temporada de la serie con sus tres actores principales tomando el rol de productores ejecutivos, como si diera la impresión de haber sido la mano de los protagonistas la responsable de la dispersión y la endeblez de la construcción argumental de la tanda de episodios para sus correspondientes lucimientos individuales. Algo, por otro lado, imposible de confirmar.




Prácticamente todo lo acontecido en Angelville con Gran’Ma L’Angelle, Jody o TC está bien llevado por el guión y la realización, tomando bastantes ideas acertadas de las viñetas y con la meritoria labor de un reparto en el que destaca una excelente Betty Buckley. También ofrece algunas dosis de interés, aunque llega a adentrarse un poco en una agotadora reiteración, la trama con el Grial, el Gran Padre D’Aronique o Humperdoo, así como la que compete a Tulip y su “revelación divina” donde Ruth Negga vuelve a demostrar ser la mejor actriz del casting. Pero el protagonizado por Cassidy con el culto vampírico de Les Enfants de Sang y sobre todo el del Santo de los Asesinos, Arsface y Hitler, metido con calzador de la manera más innecesaria posible, confirman el poco cuidado de los creadores de la serie a la hora de dar homogeneidad a la escritura de esta tercera temporada con una irregularidad entre unos arcos y otros demasiado perjudicial para el conjunto del producto. Esta deficiencia conceptual y estructural o el error garrafal de quitar protagonismo al Herr Starr de Rip Torrens, la revelación mayúscula de la anterior temporada, aquí, más allá de su presentación con el tiroteo en el templo budista y algún apunte cómico sacado directamente de las viñetas, alarmantemente desaprovechado son las más importantes carencias de esta última lista de capítulos.




Aunque encontramos episodios interesantes, nuevos personajes bien perfilados sumándose a los ya perfectamente establecidos interpretados por el trío protagonista y situaciones divertidas cada vez más propensas a la truculencia de las viñetas Preacher sigue estando a años luz de ser una buena adaptación del trabajo de Garth Ennis y el añorado Steve Dillon. Cuando parecía que Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg habían encarrilado la máquina dándose cuenta del grave error de creerse más listos que el material en viñetas puesto a su disposición vuelven a dar pasos en falso y a desarmar lo construido el año pasado. El problema de encontrarnos todavía en esta situación en la tercera temporada de la serie no sólo repercute en la misma, incitándonos a no perder el tiempo con ella cuando tenemos al alcance de nuestro ratón o mando a distancia decenas de ellas muy superiores. Por desgracia también nos hace desconfiar de lo que vayan a hacer dos de sus showrunners, Goldberg y Rogen, con esa otra adaptación a imagen real de un cómic de Garth Ennis, The Boys más concretamente, producida por Amazon y con estreno para 2019. No ya por la, casi segura, ausencia de la violencia y sexo explícitos de las brutales correrías de Hughie y sus compañeros, sino también por la escaso apego demostrado por ambos autores hacia los cómics que trasladan al medio audiovisual.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Preacher: Temporada 2, god hate us all



"Únete a mí Jessie y salva el mundo"



Después de años de idas y venidas con nombres como Robert Rodríguez o Sam Mendes vinculados al proyecto sin llegar a ninguna parte finalmente fueron Seth Rogen, Evan Goldberg y Sam Catlin los que convencieron a la cadena AMC (The Walking Dead) para sacar adelanta la adaptación televisiva del mítico cómic Predicador que los británicos Garth Ennis y Steve Dillon idearon para el sello Vertigo de DC en 1995. Con Dominc Cooper como Jesse Custer, Ruth Negga en la piel de Tulip y Joseph Gilgun dando vida a Cassidy entre otros el trío de showunners se ocupó de realizar una decepcionante tanda de episodios que se revelaban como una precuela de lo que narraron los autores de Hellblazer en las viñetas y por ello alejándose considerablemente de las mismas moldeando una pieza que no funcionaba como adaptación y que lo hacía a duras penas como producto cinematográfico más allá de la buena labor de realización y al acierto de casting que supuso la, en principio, desconcertante elección del trío de actores principales. Aunque la primera temporada fue una decepción el éxito de audiencia fue sobresaliente y llegó una segunda, que según comentaron sus autores en la Comic Con de San Diego de 2016 iba a ser más fiel a los cómic, promesa que finalmente han cumplido sólo a medias como hemos podido ver una vez hemos degustado íntegramente el nuevo material de Preacher.




La segunda temporada de Preacher se divide en dos partes diferenciadas por el rol de importancia que toma la pareja de villanos que en ella conviven. La primera se centra en la figura de El Santo de los Asesinos (Graham McTavish) que ya fue presentada y desarrollada su génesis en la anterior temporada y la segunda se centra en Herr Star (Pip Torrent) miembro de la organización religiosa llamada el Grial. El arranque transmite no pocas malas vibraciones ya que los primeros episodios (sobre todo el segundo, Mumbai Sky Tower, con el regreso puntual del indigerible ángel Fiore) siguen manteniendo la dispersión narrativa, el poco aprovechamiento del potencial de los personajes y el mal uso que dan de un Santo de los Asesinos que se aleja en demasía de la sobrenatural máquina de matar que conocimos en las viñetas a manos de Garth Ennis y Steve Dillon. También es cierto que podemos encontrar algún fogonazo de inspiración (los protagonistas en la biblioteca buscando información del pistolero sobrenatural con la inclusión de ilustraciones clásicas del personaje a manos de Carlos Ezquerra, Glenn Fabry o el ya mencionado Steve Dillon) y un intento por dar cierta profundidad a los personajes principales que eclosionará más tarde, pero en líneas generales la primera mitad de la temporada no deja atrás las deficiencias que le venían heredadas de la primera tanda de episodios.




Pero en la segunda parte, concretamente en el sexto episodio titulado Pig, se establece el personaje de Herr Star como secundario fijo dentro del reparto y el programa comienza a coger vuelo gracias a la presencia de tan peculiar villano y a las semillas que los guionistas habían plantado en los primeros capítulos para dar peso al desarrollo de la personalidad de Tulip y Cassidy. El asentamiento del Grial en el núcleo argumental con personajes como el ya citado Star o los de Lara y Hoover, la intervención de estos como extremistas religiosos con la misión de asesinar a los protagonistas (el arranque del episodio Puzzle Piece con el grupo de asalto está rodado con mucha potencia) y lo inteligentemente que se usan los dilemas morales a los que se enfrentan los personajes de Ruth Negga y Joseph Gilgun (el haberse vuelto adicta al peligro tras mantener contacto físico con el Santo de los Asesinos ella y su relación con el misterioso personaje de Denis) sirven para dar empaque a media docena de episodios en los que el show va cogiendo fuerza narrativa y cohesión temática. Pero por desgracia hasta en ese periodo de bonanza creativa encontramos lastres argumentales, como toda la subtrama de Caraculo en el infierno que sólo se salva por algún recurso meritorio en la escritura y la labor de los actores a la que volveremos más tarde.




Como comentábamos al inicio de la entrada Seth Rogen, Evan Goldberg y Sam Catlin sólo han cumplido en un 50% su promesa con respecto a que esta segunda temporada iba a ser más fiel a los cómics de Vertigo. Por un lado es cierto, esta nueva tanda de episodios se alimenta más de las viñetas de Garth Ennis y Steve Dillon a la hora de abordar personajes, tramas y hasta el tono políticamente incorrecto (ese inicio del episodio Dirty Little Secret con Jesucristo de protagonista), pero todo está predispuesto de manera desordenada y caótica, sin orden ni concierto. En este sentido lo mejor que puede hacer el espectador que ha leído los cómics es algo semejante a lo que le pasó a los que habían leído a Robert Kirkman antes de ver The Walking Dead, aceptar que esto no es una adaptación de las viñetas, sino una reinterpretación de las mismas que sólo recurrirá a sus tramas y criaturas de manera tangencial. Una vez asumamos eso podremos dejarnos llevar por un producto que a marchas forzadas y con algo de retraso comienza a tomar entidad como una serie con la que realmente merece la pena perder el tiempo, lejos de llegar a ser un proyecto brillante, pero con los suficientes alicientes como para satisfacer a distinto tipo de espectadores y a lectores de la obra original con la mente abierta que no se rasguen las vestiduras por la infidelidad hacia las aventuras de Jesse Custer en papel.




Pero son los personajes y la labor de los actores que les dan vida lo que se ha revelado como el mejor aliciente de esta nueva temporada. Enorme acierto de casting haber elegido al británico Pip Torrens para dar vida a Herr Star, ofreciendo una encarnación que en ocasiones supera a la de las viñetas con pasajes memorables como el de sus adiestramiento para formar parte del Grial (lo de la distracción onanista en plena lucha es descacharrante) o las dos destacables escenas que protagoniza relacionadas con sodomizaciones. Sus miradas, tono de voz y lenguaje corporal son lo mejor del apartado artístico de esta temporada y seguro que en la próxima nos deparará más de un momento para el recuerdo. En cambio más austera es la labor de Graham McTavish como el Santo de los Asesinos, aunque cumple con profesionalidad a la hora de darle vida con fiereza y rotundidad física a su rol de villano. Ruth Negga vuelve a llenar de carisma, dureza y vulnerabilidad a Tulip, la actriz británica ha ido poco a poco moldeando su versión del personaje y ese poso de amargura en el que se adentra en esta temporada le queda genial. Algo parecido sucede con Joseph Gilgun como Cassidy, ya que su relación con el Denis de un remarcable Ronald Guttman sirve para que conozcamos una faceta diferente del vampiro irlandés y su continua lucha interna entre el raciocinio y su lado salvaje. Curiosamente el personaje principal que menos destaca esta segunda tanda de episodios es el Jesse Custer de un esforzado Dominic Cooper que aun protagonizando algunas secuencias recuperables (su pelea con los sicarios de Viktor, la batalla campal con los armenios en la clase del colegio) queda eclipsado por la labor de sus compañeros de reparto.




Pero como previamente hemos apuntado hay una subtrama en Preacher que discurre paralela a la que tiene a los tres personajes principales como núcleo central, la de Arseface (Caraculo en español) confinado en el infierno y rodeado de criminales que día tras día deben rememorar el instante más doloroso de sus vidas y donde nuestro joven amigo trabará amistad con el más inesperado de los aliados, el mismísimo Adolf Hitler. Al igual que en la primera temporada el estadounidnse Ian Colleti inyecta compasión, ternura y bondad a su personaje y una vez más se gana el corazón del respetable con su cara deformada, mirada lastimera y vocalización ininteligible. Por otro lado el británico Noah Taylor (intérprete por el que el autor de esta entrada profesa un especial cariño desde que lo descubrió en Casi Famosos y al que hemos podido ver en series como Juego de Tronos o Powers y films como Al Filo del Mañana o Tomb Raider) ofrece una divertidísima versión del “Führer” que se adentra en no pocas ocasiones en una sana incorrección política humanizándolo hasta límites en los que nos vemos obligados casi a empatizar con él, aunque finalmente siempre veamos salir a la luz su perfil cobarde, xenófobo y genocida. Su última escena en la temporada sintetiza por medio de la comedia absurda y el slpastick su rol como ser penoso y patético apuntando todo a que volverá en la próxima para saldar cuentas pendientes con su amigo Caraculo.




Después de unos primeros episodios bastante desconcertantes que debo admitir haber visto por simple inercia (estar suscrito a HBO España y tenerlos al alcance del mando a distancia ayuda bastante) la segunda temporada de Preacher consigue enderezar el barco y parecer por primera vez en su historia un producto meritorio, que sabe utilizar adecuadamente su original argumento y buscar un rumbo fijo para en el futuro ofrecer una producción de verdadera calidad dentro de su género que esperemos tome forma con la llegada a Angelville que se sugiere en el último episodio. El problema reside en que por mucho que el trabajo de Sam Catlin, Seth Rogen, Evan Goldberg y sus equipos técnico y artístico haya mejorado considerablemnte no lo ha hecho lo suficiente como para que Preacher deje de ser una serie simplemente aceptable y entretenida. En una parrilla televisiva en la que ha tenido que competir con pesos pesados como Juego de Tronos, Twin Peaks: The Return, The Handmaid’s Tale o The Leftovers la adaptación del cómic del predicador que se unió a su ex novia y a un vampiro irlandés para buscar a dios a lo largo y ancho del sur de Estados Unidos palidece irremisiblemente y tendrá que mejorar mucho en un futuro cercano para que el que esto firma no la recomiende como otra cosa que no sea un proyecto catódico para pasar el rato y con el que no pensar demasiado mientras ve sus capítulos, tan divertidos y frenéticos como intrascendentes y rápidamente olvidables.


domingo, 18 de septiembre de 2016

Preacher: Temporada 1, del infierno a Texas



"¡Jesús! ¿Qué clase de predicador eres tú?"





Fue en el año 1995 cuando el mundo conoció a Jesse Custer. Tras su paso por la colección Hellblazer, protagonizada por el nigromante John Constantine, el guionista irlandés Garth Ennis y el dibujante inglés Steve Dillon fueron solicitados por la añorada editora ejecutiva de la línea Vertigo de DC, Karen Berger, para idear una nueva serie. Predicador era un road cómic (como recordaba nuestro antiguo compañero José Torralba en su magnífica reseña de la obra) con aroma de western en el que un predicador de Texas llamado Jesse Custer, que se encontraba poseído por la entidad divina Génesis, nacida de la copula ente un ángel y un demonio, se embarcaba en un viaje a lo largo y ancho de Estados Unidos en busca de Dios con su antigua novia Tulip y un vampiro irlándes llamado Cassidy. Este peculiar trío tenía la misión de dar con el Altísimo para poder ajustar cuentas con él, pero en el proceso ellos fueron a su vez perseguidos por personajes secundarios como Herr Star, miembro de una organización llamada el Grial, Caraculo (“Arseface” en el idioma original) un chico con la cara deforme que intentó suicidarse infructuosamente imitando a su ídilo musical, Kurt Cobain y el Santo de los Asesinos, un cowboy “muerto viviente” cuya única misión, lanzada desde el mismo Cielo, era eliminar a Custer. Durante sesenta y seis números, algunos especiales y un recorrido de cinco años de vida editorial Predicador se convirtió en una de las series más icónicas de Vertigo, uno de los cómics más alabados y vendidos de los años 90 y para muchos fans de Ennis y Dillon la opus magna de los autores de War Stories, Hitman, Juez Dredd o Punisher. El éxito del viaje físico y existencial de Jesse Custer, Tulip O’Hare y Proinsias Cassidy fua tan grande que durante años, y como la tradición de Hollywood manda, el proyecto de su adaptación cinematográfica o catódica se hizo eco dentro de los círculos del fandom.





Después de barajarse con el proyecto nombres como los Robert Rodríguez, Kevin Smith o Sam Mendes fueron el actor Seth Rogen (The Interview, This is the End) y los guionistas Evan Goldberg (The Green Hornet, Superbad) y Sam Catlin (Breaking Bad) los encargados de adaptar el cómic de Garth Ennis y Steve Dillon (con la aparición de estos como co productores ejecutivos) a la televisión por medio de la cadena de pago AMC, responsable de éxitos como la ya mencionada odisea metanfetamínica de Walter White y Jesse Pinkman, Mad Men o la traslación a imágenes del célebre colección The Walking Dead ideada por Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard para el la editorial Image. Precisamente esta versión catódica de la colección conocida en España como Los Muertos Vivientes, que a día de es un innegable éxito de público a nivel mundial, que se desvincula bastante de su base original en viñetas, nos hacía temer que en esta ocasión los jefazos de la AMC volvieran a realizar una traslación poco fiel a lo que el sello Vertigo nos ofreció durante un lustro. Por desgracia nuestros temores se confirmaron con el competente, pero despersonalizado, episodio piloto dirigido por Seth Rogen y Evan Goldberg y a su vez escrito por Sam Catlin. Ideas como la polémica con el casting de la serie que no a todo el mundo convenció o el hecho de que a pesar de ser un canal por pago la AMC es uno de los más restrictivos con el sexo y el lenguaje malsonante (lo de la violencia ya es otro asunto y ahí no encontramos carencia alguna, por supuesto) que abundan en la obra de Ennis y Dillon quedaron en un segundo plano cuando al arranque de la serie vimos que lo acontecido en pantalla poco tenía que ver con los cómics.




Digámoslo sin paños calientes, la primera temporada de Preacher no es lo que esperábamos, no tanto como serie que como adaptación de la obra de Garth Ennis y Steve Dillon, y el desarrollo de los diez episodios que la conforman no está a la altura de las (no pocas) expectativas que habíamos depositado en el proyecto después de tantos años de idas y venidas para sacarlo adelante. Esta tanda inicial de capítulos ha sido abordada por Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg como un “Jesse Custer: Año Cero”, una precuela de lo que acontece en el número uno de la colección de cómics publicada por Vertigo hace poco más de dos décadas. La idea no es mala, el hecho de que el espectador neófito y el que conoce las aventuras en viñetas tenga tiempo para conocer a los personajes que van a poblar esta aventura sobre amistad, fe, amor, perversión, violencia y muerte es un acierto, pero la duración que se toman para llevar a buen puerto dicha empresa es lo que la hiere de gravedad. Casi diez horas de metraje utilizan los creadores de la versión catódica de Preacher para narrar lo que podían haber despachado, puede que no sólo en el piloto, pero sí en dos o tres entregas. Por culpa de dedicar una decena de episodios a conocer a los protagonistas y al resto de habitantes de Anneville la primera temporada de la serie de AMC se pierde en una gran cantidad de subtramas innecesarias, inadecuadamente escritas y planteadas y que más que reforzar la historia central que vertebra el producto la perjudican por culpa de una dispersión narrativa que da muestra de cierta bisoñez por parte de los ideólogos de la obra.




Porque si eludimos lo evidente y vamos más allá de la verdad irrefutable que confirma a esta primera temporada de Preacher como una serie de televisión en la que sus responsables han cogido a los personajes creados por los autores de Hellblazer y han hecho con ellos y sus aventuras lo que les ha dado la gana obviando el poderoso material en papel que nació en las oficinas de Vertigo no podemos pasar por alto que estos primeros diez episodios contienen una irregularidad narrativa bastante notable. La muestra más fehaciente de esta descompensación en la escritura de Preacher queda patente en cómo están abordados los flashbacks que narran el origen del Santo de los Asesinos. Estos pasajes, utilizados sin una cadencia regular en los “cold opening” de varios episodios, más que facilitar información sobre el personaje y cuál será su implicación con las correrías de Jesse Custer y sus amigos sólo acrecienta la incertidumbre sobre su presencia en la serie, incluso para el lector del cómic que conoce a la versión en viñetas del rol lo que acontece en pantalla no puede hacer otra cosa que desconcertarle. Un ejemplo más sangrante todavía es el del arranque del episodio 1×09, Finish the Song, que contiene la mejor escena de acción de toda la temporada (la del Santo de los Asesinos en el saloon) para después ser utilizada de manera repetitiva y machacona hasta hacer desparecer las virtudes que la convertian en un pasaje memorable. Pues algo parecido sucede con el devenir de la serie y el estancamiento argumental en el que se asienta el personaje de un Jesse Custer obsesionado con encarrilar a su rebaño por medio de la fe y la sumisión al altísimo, haciendo uso, en no pocas ocasiones, de la famosa “La Palabra de Dios” que le proporciona Génesis y con la que puede controlar la voluntad del prójimo.




Esta falta de cohesión en la escritura de la serie es un fallo incluso más grave que la escasa fidelidad hacia el material de partida. Porque si el proyecto está sólidamente escrito, su narración adecuadamente estructurada y el desarrollo de las distintas tramas mantienen un equilibrio y equidad coherentes puede que no nos encontremos con una “buena adaptación de un cómic”, pero sí con una “buena serie de televisión”. Con esta afirmación no quiero dar por sentado que Preacher es una mala ficción, es un producto competentemente realizado y con un reparto muy solvente, pero sus creadores titubean demasiado a la hora de dar peso al relato que quieren contar, son demasiadas subidas y bajadas, momentos potentes y bien ejecutados alternándose con otros innecesarios, alargados o póbremente ideados y en ese sentido el conjunto de la serie se resiente, dando muestras de que Catlin, Rogen y Goldberg todavía no saben qué quieren hacer con su criatura y hacía donde quieren encarrilarla. Esto en pantalla se deja notar considerablemente y esa incoherencia interna de la historia a veces lo tiene fácil para que no pocos espectadores se salgan de la serie, no sólo por la irregularidad del guión de la propuesta, sino por la confusión que esta manera inadecuada de abordar las pequeñas historias que rodean a la central protagonizada por Jesse, Tulip y Cassidy pueda despertar en la persona que trate de engancharse al producto ideado por la cadena AMC. Esto queda patente cuando vemos que mientras las subtramas de Caraculo y el sheriff Root, la de Odin Quincannon o la que implica al Santo de los Inocentes (que a pesar de estar estructurada de manera deficiente en el conjunto del producto es bastante potente) atraen la atención de la audiencia otras como la de Donnie Schenk y su esposa Betsy son totalmente prescindibles y aportan poco al producto.




Aunque en su momento dio pie a cierta polémica el reparto de actores es el punto más fuerte de Preacher. La elección de casting con los tres personajes principales ha sido un acierto, aunque vaya por delante que todavía están lejos de ser (si algún día llegan a serlo) adecuados émulos de sus versiones en viñetas. Vaya por delante que Dominic Cooper no es la mejor elección para dar vida a Jesse Custer, algo que quedaba más o menos confirmado en los primeros episodios cuando lo veíamos abordar su rol de manera poco convincente. Por suerte el británico poco a poco se ha ido haciendo con su criatura y a estas alturas consigue transmitir la chulería, la integridad y la fuerza que se le exigía a su protagonista. Joseph Gilgun está enorme como Cassidy, aunque todavía no llega a las cotas de amoralidad necesarias sabe captar en gran parte el tono macarra y descerebrado que conocemos de las viñetas protagonziando algunos de los momentos más cómicos de la serie. Pero del trío principal un servidor se queda con la Tulip de una soberbia Ruth Negga, que si bien se distancia bastante de la de los cómics es abordada por la actriz con una combinación incontestable de elegancia, sensualidad, fuerza y carisma. Dentro de los secundarios es inevitable no enamorarse del Caraculo de Ian Colletti, un personaje entrañable y trágico que carece del aire de sorna y humor negro con el que lo retrataron Ennis y Dillon, aunque eso no es óbice para que se gane el corazón del respetable. W. Earle Brown tira de profesionalidad para dar vida al sheriff Root, Lucy Griffiths apela a la sencillez como Emily y Toom Brooke y Anatol Yusef basculan entra la simpatía y lo irritante como Fiore y Deblanc. Pero es Jackie Earle Haley el secundario robaescenas, ya que cada vez que su Odin Quincannon aparece en escena sabemos que alguna burrada pasada de rosca va a suceder y el Rorschach de la adaptación cinematográfica de Watchmen no nos decepciona. De Graham McTavish como el Santo de los Asesinos poco puedo decir, tiene la presencia y el físico, pero hasta el penúltimo episodio no pude verle la cara, de modo que poco más puedo evaluar de su labor en el reparto.




A pesar de que Seth Rogen, Evan Goldberg y Sam Catlin han afirmado que a partir de la segunda temporada serán fieles a todo lo que aconteció en los cómics de Garth Ennis y Steve Dillon al espectador le queda tras ver esta primera temporada de Preacher la sensación de que se ha desperdiciado la oportunidad de haber realizado una serie brillante desde su mismo arranque en la parrilla televisiva norteamericana. Por ahora este producto de la AMC no pasa de lo correcto y aunque desde su inicio trató de entregarse a la originalidad, la no transitación por caminos mil veces recorridos por otros programas de ficción y el retrato de unos personajes que eluden con suma facilidad los clichés más manidos del género (casi) nada del descaro, la blasfemia, el humor cafre, la violencia explícita y el sexo enfermizo regado con whisky, sangre, nicotina y decorados con diálogos ágiles puramente tarantinianos (lo más cerca a eso en la serie de tv es la obsesión de Cassidy con que El Gran Lebowski de los hermanos Coen es una mala película) y una visión crítica de la América Profunda que poblaban la colección de la línea Vertigo podemos ver en estos diez primeros episodios. Es un fallo mayúsculo haber dedicado una temporada completa a perfilar unos personajes en un contexto que necesitaba haber sido mejor elaborado y desarrollado en el guión, para después convencernos de que esperemos un poco más para que la serie arranque totalmente para ser el producto notable que todo esperábamos que fuera. A pesar de contener tantos fallos como virtudes Preacher es una serie que atesora un considerable potencial que si es convincentemente abordado pueda dar forma a una gran propuesta y una adaptación notable del viaje físico y existencial de Jesse Custer y sus amigos, pero por ahora nuestro entusiasmo queda bastante atenuado hasta que veamos lo que sucede el año que viene cuando llegue la segunda tanda de episodios.