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sábado, 5 de febrero de 2022

Masters del Universo: Revelación Parte 2, ladies of power

 


"La única manera de parar a una Hechicera, es con otra Hechicera"



El día 23 de noviembre del pasado año llegaba por fin a Netflix la Parte 2 de Masters of the Universe: Revelation la muy controvertida y comentada nueva serie animada producida por Mattel Television y Powerhouse Animation Studios junto a la plataforma de streaming y que ya en agosto de 2021 hizo correr ríos de tinta digital a favor y en contra de un proyecto que cuenta con el cineasta y guionista estadounidense Kevin Smith como showrunner. El fandom se dividió entre aquellos que renegaron de un producto que dejaba a He-Man y Skeletor en un segundo plano para dar más protagonismo a personajes como Teela o Evil-Lyn afirmando que lo ideado por Netflix no era un producto fiel a la franquicia nacida como colección de figuras a principios de los 80 y los agradecidos por una producción que, aun manteniendo la esencia y gran parte del lore de MOTU, miraba hacia adelante permitiendo a su microcosmos evolucionar y transitar territorios hasta ese momento inexplorados por las series animadas de los Amos del Universo. Recordemos que Masters of the Universe: Revelation se une a otras dos piezas animadas relacionadas con la misma saga y producidas por Netflix como la reivención, tampoco exenta de polémica, de She-Ra: The Princess of the Power ya consolidada con cinco temporadas en su haber y He-Man y los Masters del Universo, más dirigida al público infantil y con una reformulación estilística de los personajes que, por supuesto, también disgustó a cierto sector de los aficionados. Como ya me despaché a gusto, no con aquellos a los que no les gustó la serie de Kevin Smith y que lo argumentaban con sentido común, sino con los que la vilipendiarion de mala manera por motivos extra audiovisuales, para esta Parte 2 me voy a centrar en hablar del producto en sí y dejar de lado, en la medida de lo posible, controversias varias.



Masters of tne Universe: Revelation Parte 2 comienza justo donde acabó la primera parte, con Skeletor convertido en Sekelegod después de supuestamente matar a un recién resucitado Príncipe Adam y haberse hecho con el Poder de Grayskull gracias a la espada de poder. A partir de este planteamiento, que se desarrollará a lo largo de cinco episodios, recuperaremos a los dos personajes masculinos copando mucho más protagonismo que en la Parte 1, mientras Teela y sobre todo Evil-Lyn seguiran siendo los pilares maestros sobre los que se construirá lo que no deja de ser una temporada dividida en dos partes que se hubiera ahorrado muchos problemas de haber sido subida a la plataforma de una sola vez. Si en los cinco episodios que pudimos ver en el mes de agosto era Teela la que centraba la atención de Kevin Smith y sus colaboradores, esta vez será la asociada de Skeletor la que se convierta no sólo en el rol más importante, sino en el más interesante por cómo es abordado su perfil psicológico.



Como acabamos de apuntar los dos personajes protagonistas vuelven y ocupan roles relevantes en la historia planteada por Kevin Smith y sus guionistas, pero aquí voy a dar la razón a algunas de las quejas que se han vertido sobre la serie y su máximo responsable. El director de Persiguiendo a Amy o Red State estaba en todo su derecho de reducir el papel protagonista de He-Man y dar relevancia a muchos de los secundarios que enriquecen Masters of the Universe, pero lo que nunca debió hacer es faltar a la verdad afirmando que tendríamos a lo largo de Revelation mucho de él cuando en cierta manera esto no es cierto. Si en la primera parte de la serie el Hombre Más Poderoso del Universo desaparecía del mapa tras el primer episodio para aparecer solo en flashbacks y en la recta final con la forma del Príncipe Adam en esta segunda casi siempre lo volvemos a ver como el hijo de los reyes Randor y Marlena e incluso como el Savage He-Man, del que ahora hablaremos, y ya en la recta final como el verdadero He-Man, eso sí, protagonizando algunos de los mejores momentos de la serie.



Más allá de esta cuestionable argucia por parte de Kevin Smith un servidor no tiene más quejas con respecto al cineasta nacido en New Jersey en lo concerniente a su labor al frente de Masters of the Universe: Revelation. Como ya dejé patente en la reseña de la Parte 1 de esta misma serie o en la entrada que dediqué hace unos años del primer tomo de los cómics de la franquicia editados por DC, y que en algún momento me gustaría seguir reseñando, soy fan de MOTU desde niño, he consumido todos los productos audiovisuales relacionados con su mitología y lo expuesto en esta última producción no me parece en absoluto la blasfemia afirmada por algunos seguidores que hasta hace poco tenían a personajes como Teela o Evil-Lyn entre sus favoritos y ahora no los ven con aptitudes para ejercer papeles protagónicos en una sola de las series animadas facturadas alrededor de las figuras de acción diseñadas por Mattel.



Como previamente hemos afirmado en esta ocasión es Evil-Lyn el personaje que se convierte en el más relevante a lo largo de los cinco episodios de la Parte 2. Aunque pudiera parecer algo alejado de su esencia primigenia el arco dramático en el que se ve envuelta hunde sus raíces en la relación que esta mantiene con Skeletor como su subordinada; una interacción de abuso, poder y potencial traición que cristaliza en pasajes como el de la lugarteniente de Skeletor volviendo a su lado después de habe colaborado con el bando de los guerreros heróicos o el de la seducción con la que engaña a su líder para arrebatarle la espada de poder y con ella convertirse en un Master del Universo. No negaré que la visión de Smith y su equipo de Evil Lyn pueda ser polémica, pero desde una perspectiva psicológica es atractiva, poliédrica y da a su esencia una entidad que hasta ese momento no había tenido en ningún producto audioviusal relacionado con MOTU.



A pesar de lo previamente apuntado con respecto a que He-Man no ocupa mucho metraje en esta Parte 2 sí es cierto que Smith se saca un as de la manga muy potente y con buen resultado. En el momento en el que Adam invoca el poder de Grayskull sin la espada de poder como conductora vemos que el resultado es el príncipe tomando la forma del Savage He-Man, como si el autor de Batman: Cacofonía quisiera inlcuir en la mitología de la serie este personaje que nació como el He-Man primigenio en los minicómics antes de que se afianzara en la franquicia la identidad doble del protagonista. Ese pasaje concreto en el que esta antigua variante surgida de las viñetas se enfrenta a Skelegod es uno de los puntos álgidos en los que el acabado estilístico de Masters of the Universe: Revelation alcanza sus mayores cotas de espectacularidad y eficacia con un pasaje memorable en el que el enfrentamiento entre los dos titanes ofrece la mejor cara de la labor de los animadores de la serie.



Desgraciadamente, y como ya sucedía en la Parte 1, el trabajo global de la gente de Powerhouse Animation Studios queda empañado por un resultado irregular. Una vez más la animación de la serie nunca cae en lo vergonzoso o reprobable, pero sí es cierto que hay una diferencia bastante clara entre los medios más exiguos usados para las secuencias estáticas o calmadas y los puestos a disposición del proyecto cuando la acción y el dinamismo son el centro de atención. Por eso hay conversaciones o interacciones entre personajes pecando en ocasiones de acartonadas y rígidas mientras que los combates cuerpo a cuerpo o las batallas campales lucen con la potencia visual esperable de un producto ideado por los responsables de Castlevania. El último episodio, al igual que el primero de la Parte 1, es solo una muestra de hasta dónde podía haber llegado Masters of the Universe: Revelation si hubieran depositado en ella una animación más minuciosa que abarcara todo su apartado técnico.



A pesar de la polvareda levantada a su alrededor un servidor queda muy satisfecho con la visión ofrecida por Kevin Smith de Masters of the Universe y si bien es cierto que en ocasiones comete errores reprobables con respecto al legado de MOTU por otra parte siempre ha estado predispuesto a llenar de easter eggs y referencias el proyecto para buscar conexiones con el seguidor veterano de la franquicia. Pero es un hecho que Masters of the Universe: Revelation ha dividido al fandom de manera visceral, más que ningún otro producto audiovisual de MOTU, aunque en eso también puede que haya influido la gran presencia de redes sociales en la actualidad que no existían cuando se emitieron las versiones de los 80, 90 y 2000. Smith y sus colaboradores dejan las puertas abiertas para una segunda tempora con la presencia de la Horda del Terror comandada por Hordak, pero por ahora nada sabemos de si llegará a producirse, ojalá que sí y podamos ver incluso a She-Ra codearse con su hermano dentro de esta nueva serie animada.


jueves, 5 de agosto de 2021

Masters del Universo: Revelación, the swords and the sorceress


“¡Sólo es un muchacho! ¡Un muchacho que soporta todo el poder del universo en sus propias manos!”




Se esperaba con mucha expectación Masters of the Universe Revelation, la nueva serie animada centrada en los juguetes de Mattel creados en 1981, producida por la plataforma de streaming Netflix junto a Mattel Television y diseñada como una secuela espiritual de la serie de Filmation de los años 80. El programa cuenta con un showrunner de excepción, el cineasta estadounidense Kevin Smith (Clerks, Persiguiendo a Amy), recordado también por sus guiones para personajes de cómic como Daredevil, Batman o Green Arrow. De la animación se ocupa Powerhouse Animation Studios, que ya triunfaron dentro de la plataforma estadounidense con las tres temporadas de Castlevania, la serie inspirada en la famosa saga de videojuegos diseñada con Konami que contó con guiones de Warren Ellis. En lo referido al reparto de voces un séquito de actores de primera línea y asiduos colaboradores de Smith ponen sus cuerdas vocales al servicio de personajes icónicos dentro de la franquicia. Chris Wood (Principe Adam/He-Man), Mark Hamill (Skeletor), Sarah Michelle Gellar (Teela), Liam Cunningham (Duncan/Man-At-Arms), Lena Headey (Evil-Lyn), Alicia Silverstone (Queen Marlena), Kevin Conroy (Mer-Man), Henry Rollins (Tri-Klops), Jason Mewes (Stinkor), Alan Oppenheimer (Moss-Man), Justin Long (Roboto) o Tony Todd (Scare Glow) entre otros conforman el magistral cast de Masters of the Universe: Revelation.





Unas semanas antes del estreno de la serie en Netflix comenzaron a correr rumores sobre que el protagonismo de Masters of the Universe: Revelation no recaería exclusivamente en He-Man durante esta primera temporada, sino también en Teela. Algunos fueron más allá y afirmaron que veríamos a la hija adoptiva de Duncan portar la espada de He-Man recibiendo así el Poder de Grayskull cometiendo una “herejía imperdonable” debido a que ella no era “válida” para ejercer dicho rol. Finalmente parte de esa rumorología se vio cumplida tras el debut del programa el pasado 23 de julio, levantando una considerable polvareda entre cierto sector del fandom a la que volveremos un poco más adelante. Esta primera parte de Masters Of The Universe: Revelation consta de cinco episodios que abarcan todo un arco argumental construido por Kevin Smith y su equipo de guionistas. Tanto el título del proyecto como muchas de las noticias adelantadas por el director de Dogma (1999) o Red State (2011) apuntaban a algo que se confirmaría ya en el primer episodio.




Ese episodio piloto, titulado The Power of Grayskull, escrito por el mismo Kevin Smith y dirigido por Adam Conarroe y Patrick Stannard, sirve como transición entre la serie de Filmation de los 80 y esta Masters of the Universe: Revelation. El creador de Comic Book Men afirmó que el arranque de la versión de Netflix y Mattel Television supondría un émulo de los parámetros establecidos por Lou Scheimer y sus colaboradores en la caricatura de los 80, para después reinventarlos o desvincularse de ellos. Tal que así podemos verlo en pantalla con estos poco más de 20 minutos en forma de puñetazo en la mesa con el que sus máximos responsables utilizan toda la artillería audiovisual para diseñar una batalla campal en la que combate la plana mayor, heróica y diabólica, de Eternia. Con la división de la Espada de Poder y la muerte de He-Man y Skeletor compuesta por un Smith en estado de gracia con el desarrollo argumental y los diálogos da comienzo el viaje de Teela.




Porque sí, pese a quien pese Teela es el personaje principal de Masters of the Universe: Revelation o lo es al menos esta primera mitad de una serie que desde su mismo título prescinde intencionadamente del nombre de He-Man, personaje que, por otro lado, sigue siendo el epicentro de la historia contando con numerosas apariciones en forma de flashbacks. Tras los hechos trágicos previamente mencionados y el descubrimiento de que el Príncipe Adam y el Hombre Más Poderoso del Universo son la misma persona Teela abandona su flamante puesto de Mant At Arms, se convierte en cazarrecompensas y emprende una misión en la que le acompañarán viejos aliados y enemigos. Teela, Capitana de la Guardia Real, guardaespaldas personal del Príncipe Adam e hija de la Hechicera que en un futuro ocupará su lugar, personaje siempre alabado y considerado uno de los más relevantes de la franquicia, ahora es tildada de “indigna” para llevar el peso de una serie como Masters of the Universe: Revelation por no pocos intransigentes que no han tenido suficiente con He-Man siendo el núcleo central de media docena de líneas de juguetes, tres series animadas, una película, cómics y novelas.




Algunos esgrimen que nos encontramos ante un producto que traiciona y tergiversa la esencia de la franquicia y un servidor no puede estar más desacuerdo, no porque eluda que Kevin Smith y sus colaboradores hayan tomado licencias, que lo han hecho, sino porque en ocasiones anteriores situaciones similares e incluso más graves habían acontecido y nunca se había despertado tanta controversia. Aunque a algunos les moleste o no quieran admitirlo la primera “traición” a las raíces primigenias de Masters of the Universe la cometió la hoy queridísima serie de Filmation. Aquel proyecto infantilizó y simplificó hasta lo insano el tono oscuro, barbárico y violento que hasta ese momento había sido desarrollado en los minicómics que se incluían en los blisters de las figuras o el arte de las cajas de los playset y vehículos con ilustraciones de Earl Norem, Rudy Obrero, William Garland o nuestro López Espí. A este dato debemos añadir lo ineludible, y es que por mucho que la idolatremos o formara parte de nuestra infancia la serie de televisión original era un producto de muy baja calidad, con una animación barata (marca de la casa Lou Scheimer) y personajes planos adentrándose no pocas veces en el ridículo.




De manera que todos aquellos que consideran Masters of the Universe: Revelation un producto de menor calidad que He-Man And The Maters of the Universe están tan cegados por la ira y los prejuicios que son incapaces de considerar dicha afirmación como un disparate. Otra asunto sería hacer comparativas con la soberbia y tristemente efímera serie Masters of the Universe 200X, y ahí sí podríamos entrar en un debate más o menos equitativo, pero que el proyecto de Kevin Smith es superior en fondo y forma a la caricatura de los 80 es algo tan obvio que sólo puede ser puesto en entredicho desde la demagogia o el disparate, y lo digo yo, que me crié viendo la serie de los 80 hasta la saciedad y la conservo y revisiono en dvd regularmante. Masters of the Universe: Revelation es rupturista y va a contracorriente, pero en el proceso nos regala aventura, acción y un perfil de los personajes clásicos jamás visto anteriormente, con Orko, Evil-Lyn, Roboto o Scare Glow protagonizando sus respectivos momentos de gloria mientras se construye una acertada psicología de Teela que la hace evolucionar como personaje.




Porque eso es lo que ha conseguido Kevin Smith con Masters of the Universe: Revelation, que la vertiente audiovisual de la franquicia por fin evolucione, pero sin olvidar sus raíces llenando de referencias y guiños a la serie original, la película en imagen real de la Cannon Films, los cómics y minicómics e incluso a hechos narrados en las biografías de los personajes establecidas en la línea Masters of the Universe: Classics. Podemos acusar al proyecto de tener una animación irregular, de no dar más protagonismo a secundarios clave de la marca que sólo tienen apariciones fugaces en momentos puntuales o que la subtrama de Tri-Klops y su secta tecnológica desentona con el conjunto de la obra, pero nos encontramos ante un producto de calidad, arriesgado y nada acomodaticio dando una nueva perspectiva a lo que ya conocíamos. Por ahora sólo nos queda esperar a esa segunda parte de la serie en la que con toda seguridad He-Man volverá en todo su esplendor para combatir codo con codo junto a Teela y a la otra serie animada que Netflix está preparando sobre las figuras de Mattel, He-Man and the Masters of the Universe, más dirigida al público infantil. El 2021 es un buen año para ser fan de MOTU, digan lo que digan los agoreros.


jueves, 21 de diciembre de 2017

Yoga Hosers, millennial clerks



Título Original Yoga Hosers (2016)
Director Kevin Smith
Guión Kevin Smith
Reparto Harley Quinn Smith, Lily-Rose Melody Depp, Tyler Posey, Genesis Rodriguez, Johnny Depp, Natasha Lyonne, Haley Joel Osment, Justin Long, Austin Butler, Jason Mewes, Michael Parks, Tony Hale, Harley Morenstein, Ralph Garman, Adam Brody, Ashley Greene, Jack Depp, Jennifer Schwalbach Smith, Vanessa Paradis, Sasheer Zamata, Kevin Conroy, Kevin Smith, Stan Lee






Desde que en el año 2011 estrenara la brutal Red State la carrera cinematográfica de Kevin Smith se convirtió en una incógnita con la que nunca sabemos qué nos deparará su próximo trabajo detrás de las cámaras. En 2014 la retorcidísima Tusk volvió a sorprender a propios y extraños con su atípica mezcla de terror, drama y comedia negrísima mostrando a un Smith que parecía cada vez más alejado del cine de sus orígenes protagonizado por adolescentes amantes de los cómics, el sexo y el humor escatológico. Sólo dos años después llegaría su treceavo largometraje como cineasta, otro giro de tuerca, esta vez nacido a modo de spin off del ya citado film interpretado por Justin Long y Michael Parks, en el que coparían todo el protagonismo dos personajes episódicos que aparecieron en aquella producción a modo de cameo y a los que dieron vida dos actrices casi debutantes que tienen en el proyecto que nos ocupa sus primeros papeles importantes dentro del séptimo arte.




Harley Quinn Smith y Lily-Rose Melody Depp son las hijas de Kevin Smith y Johnny Depp respectivamente y en Tusk hicieron una breve aparición interpretando a dos dependientas de una tienda tipo "7-Eleven" que estaban más peocupadas por escribir en sus teléfonos móviles que por atender a los insatisfechos clientes del emplazamiento en el que trabajaban. Tomando como protagonistas a estas dos actrices adolescentes, incluyendo a casi todo el reparto de la citada Tusk y construyendo una trama que sólo puede haber sido ideada bajo los efectos de una ingente cantidad de opiáceos Yoga Hosers se estrenó en pantallas de todo el globo en 2016 y desde ese mismo momento la podemos considerar una de las más endebles películas salidas de la filmografía del director de Jersey Girl o Mallrats. Un producto que falla a prácticamente todos los niveles en gran parte por culpa de su indefinición cinematográfica, algo en lo que nos detendremos más adelante.




Colleen McKenzie (Harley Quinn Smith) y Colleen Collette (Lily-Rose Melody Depp) son dos  amigas y compañeras de trabajo, residentes en Canadá, adictas a textear con sus teléfonos móviles,  tocar en una banda de rock y a las clases de yoga que imparte el gurú Yogi Bayer (Justin Ling). Una noche mientras trabajan en la tienda de comestibles "Eh-2-Zed." reciben la visita de Hunter (Austin Butler), uno de los chicos más populares del instituto e interés amoroso de Colleen McKenzie, y Gordon (Tyler Posey), amigo del ya citado muchacho. A la llegada de ambos se desata el caos en el local cuando unas salchichas vivientes nazis llamadas "bratzis" aparecen de repente e intentan matar a los cuatro adolescentes. Las dos Colleen deberán vencer a tan esperpénticos enemigos y para ello colaborarán con los más variopintos aliados, entre ellos el peculiar detective Guy Lapointe (Johnny Depp) que acompañará a las chicas en su cruzada.




Es difícil saber qué pasaba por la cabeza de Kevin Smith cuando decidió rodar un producto como Yoga Hosers. No sólo por lo alucinógeno de gran parte de su planteamiento, sino también porque como obra cinematográfica no sabemos a qué tipo de espectador está dirigido. Por un lado aunque temáticamente vuelve a las raíces de su filmografía, dando el protagonismo de la cinta a dos dependientas de una tienda de comestibles, la calificación por edades de la cinta (la famosa PG-13, que admite espectadores menores de edad en las proyecciones) impide que el guionista y director despliegue esos diálogos repletos de referencias sexuales y lenguaje malsonante propio de su impronta. De hecho hay momentos en los que los personajes maldicen utilizando la terminología propia de este tipo de films para (casi) todos los públicos y el resultado queda tan ridículo como insatisfactorio.




Como afirmamos estas carencias por culpa de la calificación moral del largometraje dejará insatisfechos a los fans de Kevin Smith habituados a su sorna e incorrección política. Pero si nuestra intención es abordar Yoga Hosers como una película de terror, género al que supuestamente también se adscribe, su éxito no es mucho mayor, porque prácticamente no hay una sola escena de sobresalto a lo largo del metraje, y si las hay con el que esto suscribe no han funcionado en ningún momento. Pero el fracaso máximo con respecto a buscar un target claro y determinado para que este pueda disfrutar de la propuesta cinematográfica lo tenemos con el de "película para niños", porque aquí Yoga Hosers es un rotundo desastre. A lo mejor es un servidor el que se equivoca y los críos de hoy en día se lo pasan de vicio viendo a unas salchichas nazis intentando matar a seres humanos en plena pubertad, pero ruego se me permita dudarlo.




Planteado todo esto la pregunta del millón es: ¿A qué tipo de público está dirigida Yoga Hosers?. Mi respuesta a dicha cuestión es que sus creadores son los que más disfrutaron de la película mientras la estaban ideando y eso es algo que se deja notar en pantalla durante no pocas ocasiones. Harley Quinn Smith y Lily-Rose Melody Depp no son dos grandes actrices y a la hora de hablar de su trabajo aquí tampoco podemos hacerlo de una química mutua que atraviese la pantalla, pero sí es cierto que hay complicidad entre ambas y que lo transmiten a lo largo del metraje, dejando entrever las imágenes que son amigas más allá de la ficción y que se entienden totalmente la una a la otra. En cuanto al equipo de secundarios, empezando por Johnny Depp de nuevo en la piel del insulso Guy Lapointe, pasando por un tatuado Adam Brody y llegando a los cameos de Kevin Conroy o Stan Lee también podemos vislumbrar que el rodaje fue una fiesta para todos los implicados.




El problema reside en que la mayor parte del público generalista no está invitado a la fiesta que Kevin Smith ha montado con sus amigos, de modo que sólo él, su equipo de rodaje y los fans más extremistas de su cine se divertirán con el film. Si al humor de dudoso gusto y escasa efectividad sumamos una trama tan esperpéntica que no se sostiene por ningún lado, la cuestionable táctica de llevar hasta el extremo del disparate el uso de la parafernalia nazi a modo de chiste recurrente a lo largo del metraje hasta eclosionar en ese clímax final que vuelve a poner en mente de un servidor la idea de que Kevin Smith no se encontraba sobrio a la hora de escribir el guión de la obra y una serie de personajes incidentales que deambulan a lo largo del metraje sin orden ni concierto, y a los que se recurre casi exclusivamente para mostrar sus perfiles a modo de homenaje a videoconsola de 8 Bits, podemos afirmar que nos encontramos ante un fracaso cinematográfico prácticamente total.




A pesar de ser un desastre sin paliativos y una penosa segunda entrega de esa "True North Trilogy" que su autor lleva ideando desde hace unos cuantos años, Yoga Hosers tiene dos virtudes que me hacen mirarla con no demasiado desdén y hasta cierto cariño. La primera es que después de todo lo comentado en esta entrada debo admitir que los 88 minutos que dura el largometraje no sólo se pasan en un suspiro, sino que no aburren en ningún momento, en gran parte gracias a las dos actrices principales y su vacuo pasotismo propio del siglo XXI. La segunda es que el que esto firma la ve como la confirmación de que Kevin Smith está decidido a hundir su carrera cinematográfica por medio de productos de dudosa naturaleza y gusto, pero que demuestran que hace lo que le apetece sin estar pendiente de fans, productores o resultados de taquilla y eso le honra como artista y ser humano. Sólo el tiempo nos dirá hacia donde se dirige este Kevin Smith cineasta en modo kamikaze.




lunes, 18 de diciembre de 2017

Tusk, rime of the ancient mariner



Título Original Tusk (2014)
Director Kevin Smith
Guión Kevin Smith
Reparto Justin Long, Haley Joel Osment, Génesis Rodriguez, Michael Parks, Johnny Depp, Ralph Garman, Harley Morenstein, Bill Bennett, Jennifer Schwalbach Smith, Rob Koebel, Harley Quinn Smith, Lily-Rose Melody Depp, Ashley Greene, Doug Banks, Matthew Shively






En el año 2011 el guionista y cineasta Kevin Smith dio un cambio radical a su estilo cuando decidió alejarse de las comedias juveniles repletas de freaks, nerds, sexo, escatología, cómics y referencias a la cultura pop con Red State, una abrasiva mezcla de terror y thriller en la que cargaba las tintas contra los extremistas religiosos (en concreto contra la Iglesia Bautista de Westoboro, fundada por el fallecido Fred Phelps y regida por su familia) ejecutando un trabajo que hundía sus raíces en el cine exploit y de Serie B de los años 70 con deudas claras con los primerizos Wes Craven y Tobe Hooper de La Última Casa a La Izquierda o La Matanza de Texas. Aunque el recibimiento se antojó dispar no fueron pocos los que alabaron la valentía del autor de Clerks o ¿Hacemos Una Porno? (Zack & Miri Make a Porno) para dar un giro tan brutal a su cine, marcando un antes y un después en su filmografía.




Cuando parecía que Red State sólo había sido un experimento y que tras el mismo Smith iba a volver al celuloide que le dio la fama su siguiente proyecto de nuevo supuso un giro inesperado de los acontecimientos. Tusk, que es el nombre de la penúltima cinta del director de Jay y Bob el Silencioso Contraatacan tiene su origen en SModcast, el podcast que Smith comparte con el canadiense Scott Mosier, amigo íntimo y habitual productor de sus largometrajes. En una de las entregas de dicho programa llamada "The Walrus and the Carpenter" ambos locutores hablaron largo y tendido sobre el extraño caso de un hombre que después de permanecer durante medio año perdido en el mar, con la única compañía de una morsa, al ser rescatado y enviado a su casa puso un anuncio en el que alquilaba su casa a una persona cuya única condición para asentarse en la lujosa mansión era que se pusiera durante dos horas al día el disfraz de un león marino.




De este modo la trama sigue los pasos de Wallace Bryton (Justin Long) y Teddy Craft (Haley Joel Osment) dos locutores al frente de un podcast llamado "The Not-See Party" (que juega con la pronunciación fonética de "Not-See" que es muy parecida a la de "nazi" en inglés) en el que comentan vídeos virales con un humor negro de más que dudoso gusto. Con la intención de visitar al protagonista de una de estas grabaciones Wallace viajará a la vecina Canadá, pero allí sus planes se verán radicalmente alterados cuando lea un peculiar anuncio en el que un lugareño de Manitoba ofrece alojamiento y cientos de relatos sobre sus años como marinero a aquel que decida aceptar su propuesta. Una vez allí Wallace conocerá al misterioso Howard Howe (Michal Parks) un anciano paralítico que, como prometía en un principio, ofrecerá al joven podcaster techo e historias sobre su vida en la mar, destacando por encima de todas ellas la del peculiar Mr Tusk, que le cambió la vida.




Tusk es una película que conviene ser vista conociendo poco o nada de su argumento, de hecho yo he facilitado algo más de la información pertinente para su disfrute total como producción cinematográfica y voy a seguir haciéndolo a lo largo de esta reseña para poder hablar adecuadamente de ella. Lo interesante es que el termino "disfrutar" puede que no sea el que mejor se adhiera a una pieza como la onceava película de Kevin Smith si tenemos en cuenta que el referente con el que más ha sido comparada, de manera bastante lógica, es The Human Centipede (2009), de Tom Six, aquella primera parte de una trilogía en la que dicho cineasta holandés narraba el experimento llevado a cabo por un "mad doctor" que decidía unir a tres personas adheriendo el ano de cada uno de ellos a la boca del siguiente para convertirlos en una especie de ciempiés humano con toda la visceralidad, escatología y morbidez que dicha propuesta cinematográfica conllevaba.




Kevin Smith hace algo muy parecido partiendo del hecho real narrado en su podcast compartido con Scott Mosier, pero cambiando la exigencia por parte del marinero retirado de que su inquilino se disfrazara durante dos horas diarias de morsa en una idea más retorcida y demencial como es que dicho personaje narcotice a su invitado (en este caso el protagonista de la película, interpretado por Justin Long) para posteriormente someterlo a una brutal cirugía plástica para deformar su cuerpo hasta límites malsanos con el único fin de que su físico se asemeje lo más posible al de dicho animal. La propuesta de Smith con Tusk es demencial, una pieza bizarra y suicida en no pocos aspectos, y lo más curioso es que durante su primera mitad funciona magníficamente bien en todos los sentidos posibles, pero es en la segunda cuando el proyecto se viene abajo casi hasta hundirse por un cambio de tono tan innecesario como inverosímil.




Desde su mismo arranque hasta la mitad del metraje Tusk se revela como uno de los mejores trabajos de escritura y dirección de Kevin Smith. En el proceso, y con la ayuda de algunos flashbacks adecuadamente insertados, el guionista y realizador irá perfilando la personalidad de su personaje principal interpretado por un tan repelente y pusilánime como creíble y cercano Justin Long, contextualizará el entorno en el que este se moverá (una Canadá oscura, llena de supuestos paletos y con un tratamiento que aparenta alejarse considerablemente de la realidad) y comenzará a desplegar todo el misterio y la amenaza que late detrás del rol de Howard Howe (enorme Michael Parks, como siempre, en uno de sus últimos trabajos) dándole una consistente profundidad desde el guión que tomará forma cuando empiece a contar a su invitado anécdotas sobre su vida y que eclosionará brutalmente en la secuencia durante la operación quirúrgica en la que conoceremos los hechos traumáticos de su pasado, sin que Smith utilice estos para justificar sus demenciales actos, sólo ofreciéndoles una génesis.




La interacción entre los dos personajes protagonistas, los ya citados flashbacks en los que iremos conociendo un poco más la vida personal de Wallace y que nos harán debatirnos entre el rechazo y la empatía, el pulso narrativo con el que Smith controla algunos de los pasajes más tensos (el personaje de Justin Long cayendo poco a poco bajo el efecto de los narcóticos que Howard le ha echado en el te, mientras este le sigue contando situaciones cada vez más esperpénticas de su pasado) esa violencia verbal recrudeciéndose al tiempo que torna en física cuando el antiguo marinero comienza con las distintas fases de la cirugía, todo ello funciona adecuadamente para que el espectador cada vez se encuentre más inquieto, incómodo y confundido con respecto a qué será capaz de hacer el demente Mr Howe con el imberbe podcaster que se ha metido en la boca del lobo por culpa de su afán por el sensacionalismo más chabacano y pueril propio del siglo XXI.




Pero todo lo que previamente había construido Kevin Smith con aplomo y un timing encomiable con la ayuda de unos protagonistas en estado de gracia que ejecutan un brillante tour de force se viene abajo cuando se consuma la transformación de Wallace en Mr Tusk. Tras el lógico impacto que supone ver al personaje de Justin Long convertido en morsa (excelente trabajo de Kurtz/Nicotero/Berger con el maquillaje, aunque algunos movimientos del actor delatan la naturaleza artificial del atuendo) el autor de la obra imprime un imprevisto cambio de tono hacia la comedia bufa que no concuerda para nada con el matiz de intriga y opresión que iba construyendo lentamente, pero con seguridad, a lo largo de la primera mitad de la obra, firmando su sentencia de muerte desde el mismo momento en el que abandonamos la casa de Manitoba y los personajes de Haley Joel Osment y Génesis Rodríguez (que da vida a Ally, la novia de Wallace) comienzan la búsqueda del protagonista.




A partir de ese momento comienzan a sucederse las situaciones inverosímiles, lo acontecido en la casa de Howard Howe cada vez se vuelve más histriónico e hiperbólico, rompiendo esa meritoria veracidad que Smith transmitía al espectador, con más mérito si cabe teniendo en cuenta el disparatado e inverosímil punto de partida de la película. Gran parte de la prematura decadencia sufrida por la obra durante esta parte del metraje se debe a la aparición del insulso e irreal personaje de Johnny Depp que aún guardándose un par de secuencias memorables como en la que describe las atrocidades que ejecuta el personaje de Michael Parks a modo de asesino en serie (Smith elegantemente narró en off toda la atroz intervención quirúrgica a la que rol del actor de Abierto Hasta el Amanecer sometió al protagonista, causando de esta manera más impacto sus actos en boca de Lapoint al apelar a la imaginación del espectador) lastra el ritmo del proyecto y alude a una pátina humorística que no funciona en casi ningún momento.




Pasajes como el flashback en el que se narra la visita de Guy Lapointe a la cabaña en la que vivía Howard Howe con anterioridad y el comportamiento de este fingiendo algún tipo de deficiencia mental parecen sacados de una película que no tiene nada que ver con Tusk y otros como el de la interminable conversación entre el ya citado detective interpretado por Johnny Depp y los personajes de Teddy y Ally en la hamburguesería hieren de muerte a la película mientras esta se va desangrando poco a poco en la recta final del metraje. Por suerte y una vez entregada la película al humor chabacano y la anarquía narrativa mal entendida Smith nos depara algún momento remarcable como la más atípica, peculiar y bizarra pelea cuerpo a cuerpo que se ha visto en una pantalla en muchos años. Por desgracia esta entrega a la locura no sirve para que olvidemos que el autor de Persiguiendo a Amy ha perdido la oportunidad de ejecutar una de sus mejores obras alejada del liviano tipo de celuloide con el que se dio a conocer.




Presentada como la primera entrega de una saga titulada "True North Trilogy" en la que Kevin Smith parece destilar una pueril inquina hacia Canadá (suponemos que formando parte de alguna broma interna con su colega y colaborador Scott Mosier) Tusk supone una película entretenida, para todo aquel espectador con el estómago más o menos endurecido, que pudo ser mucho más que eso si la segunda parte de su metraje no hubiera sido abordada tan inadecuadamente por su guionista y director. Retorcido, negrísimo, arriesgado y en varios aspectos autobiográfico el penúltimo trabajo del cineasta nacido en New Jersey marca el inicio de una nueva etapa en su carrera que tuvo continuación con Yoga Hosers, un spin off derivado del proyecto que nos ocupa con un punto de partida no menos descabellado que el de este pero con unos resultados considerablemente peores a la hora de intentar amalgamar géneros y tonos que en ningún momento funcionan con la solidez necesaria y de la que hablaremos en breve dentro de Transgresión Continua.



viernes, 16 de septiembre de 2011

Red State, even though I walk through the valley of the shadow of death, I fear no evil, for you are with me




Título Original Red State (2011)
Director Kevin Smith
Guión Kevin Smith
Actores John Goodman, Michael Parks, Melissa Leo, Kyle Gallner, Michael Angarano, Stephen Root, Kerry Bishe, Nicholas Braun, Kevin Pollak




Tras un film que a pesar de su simpatía no estuvo a la altura como ¿Hacemos Una Porno? (Zack & Miri Make a Porno) y otro, Vaya Par de Polis (Cop Out) que no he visto pero del que han dicho todo tipo de barbaridades que me han quitado las ganas de hacerlo, el guionista y director Kevin Smith se puso en modo usurero y pidió dinero a sus fans vía internet para realizar su siguiente proyecto detrás de las cámaras. Según el cineasta de New Jersey su guión era tan polémico (lo es, pero no tanto como él mismo dice) que ninguna productora quiso financiarlo como largometraje, de ahí que se pusiera a mendigar limosna como si de un pobre chaval recién salido de la escuela de cine se tratase.




No sé cuanto dinero recaudó Kevin Smith o si el grueso de sus seguidores le pagaron, parcial o completamente, el proyecto, lo que sí sé es que Red State ha supuesto para mí una agradable sorpresa cinematográfica, sobre todo si tenemos en cuenta quién la ha gestado, un señor que ha roto radicalmente por medio de este trabajo con su anterior filmografía. Todo apuntaba mal. No se hablaba demasiado bien en Estados Unidos de la cinta, seguramente por el tema que trata (recordemos que por desgracia hay mucho puritano por esas tierras) y el hecho de que Quentin Tarantino dijera que era magnífica no era precisamente un plus, ya que el de Knoxville es un director genial pero a la hora de producir o recomendar cine actual y ajeno su gusto es poco menos que terrible.




Red State está inspirada en la persona de Fred Phelps, el líder de la Iglesia Baptista de Wesboro. Una secta ultrareligiosa (de los 100 componentes al menos 90 son familares de Phelps) y radicalizada que transmite un odio enfermizo y peligroso hacia los homosexales. Según el bueno de Fred y sus acólitos hechos como el 11 S, el huracán Katrina o la guerra de Irak son actos llevados a cabo por Dios como venganza porque Estados Unidos es un país demasiado permisivo con los gays y lesbianas, seres que para ellos traen la desgracia a este mundo y que como castigo arderán en el fuego del infierno por toda la eternidad y demás lindezas sin sentido ni moral alguna.




Kevin Smith deja el humor, la mofa, los chistes sobre sexo y el estatismo en la realización. Coge la cámara, la llena de nervio y fuerza, se la pone al hombro y moldea un thriller oscurísimo de corte rural con sabor a Serie B de los años 70 y con un tono estilísitco (y hasta formal podría decirse) que recuerda mucho a Los Renegados del Diablo (The Devil's Rejects) de Rob Zombie. Es curioso y meritorio que un creyente practicante (aunque con amplitud de miras, como pudimos ver en Dogma) ruede una cinta que supone una crítica tan furibunda al fanatismo religioso localizado esta vez en el baptismo o calvnismo más radicalizado.




Los dos primeros tercios del metraje están rodados practicamente en tiempo real, y el último llega después de una acertada elipsis temporal. En líneas generales la cinta narra como tres chicos de una ciudad del sur de Estados Unidos que buscan sexo con una mujer madura se ven drogados y posteriormente secuestrados por una congregación de radicales religiosos que raptan y ejecutan a supuestos homosexuales en nombre de Dios y con el único motivo de purificar sus almas y limpiar así el país de "indeseables". El grupo está dirigido por Gabin Cooper, un pastor que con su interminable y enfermiza verborrea consigue lavar el cerebro a sus miembros, entre los que también se encuentran niños pequeños.




En el proceso Smith hace una crítica crudísima hacia el radicalismo religioso, retrata la ignorancia enclavada en las zonas más profundas de su país, pero también deja en evidencia los métodos expeditivos en situaciones de presión por parte de una fuerzas de la ley siempre al servicio de los intereses deplorables de un gobierno más pendiente de las apariencias de cara a la opinión pública que de ejercer una verdadera democracia que beneficie a los intereses de los ciudadanos de a pie. Temas tópicos y abordados en numerosas ocasiones previas, pero bien expuestos y sin manierismo alguno en su planteamiento.




En el reparto acertado y muy bien escogido destacan un Michael Parks enorme (qué bien juega este señor con los acentos) aterrador dentro de su tranquilidad y por extraño que parezca harto carismático como Abin Cooper. John Goodman magnífico como agente de policía hastiado de su trabajo y con miedo de poner en peligro su vida por una causa en la que no cree. Melissa Leo algo pasada de vueltas pero con un personaje perfecto para demostrar hasta donde pueden llegar estas personas obsesionadas con Dios y la teología. La escena en la que ve impactar las balas en la ventana sin ella inmutarse un ápice mientras habla con Cooper de ir al paraíso después de morir es esclarecedora en ese sentido. Hasta los chavales que hacen de víctimas realizan un buen trabajo y son los catalizadores de las escenas de más tensión del entramado.




Pero sin lugar a dudas el que más sorprende es el trabajo del mismo Kevin Smith, sobre todo en el apartado técnico del film. Esa soporífera construcción de planos de la que había hecho gala en todos sus anteriores films (incluso en proyectos más dinámicos como Dogma o Jay y Bob el Silencioso Contraatacan) cuyo acabado era más bien pobre desaparece aquí para mostrar una cámara cortante, directa, que invade el espacio vital de los actores, los sigue en sus huídas con un hiperrealismo que permite al espectador ser uno más de los personajes del film e incluso se permite el director algún alarde como el acertado uso en ciertos momentos puntuales de la SnorriCam. Puede que el hecho de que el mismo Smith sea el montador del largometraje también haya influido positivamente en ese sentido.




Una crudísima y desencantada crónica que choca frontalmente con todo lo realizado anteriormente por el Kevin Smith cineasta y si nos ponemos profundos, sin ser una obra brillante (su tajante final es para mí su única mácula), sí es el proyecto más valiente, necesario y trascendental de toda su filmografía, poniéndose por delante de todos sus anteriores films por el simple hecho de mostrar nuevas inquietudes artísticas y morales dentro de la carrera de un director que nos ha regalado momentos inolvidables dentro de la comedia, pero que con el dramatismo (y es algo que se puede ver también en algunos de sus cómics como Daredevil: Devil Guardian o Batman Widening Gyre) puede llegar a cotas mucho más altas que las que ha alcanzado con cine más liviano y desenfadado. Una pena que este paso adelante lo haya dado cuando ha decidido retirarse de la dirección cinematográfica, oficio que según parece abandonará después de su próxima película, Hit Somebody.


sábado, 12 de junio de 2010

Persiguiendo a Amy, who's that girl?

Título Original: Chasing Amy (1997) 
Director: Kevin Smith 
Guión: Kevin Smith 
Reparto Ben Affleck, Joey Lauren Adams, Jason Lee, Dwight Ewell, Jason Mewes, Matt Damon





Clerks supuso un éxito a nivel internacional. La ópera prima de Kevin Smith era una bocanada de aire fresco dentro del cine independiente estadounidense y sirvió como carta de presentación para un guionista y director, más lo primero que lo segundo, con una mirada fresca, unos diálogos ágiles y mucho humor. Su segundo film, Mallrats, fue un relativo fracaso y no gustó tanto a la prensa especializada, por acercarse de alguna manera a un cine más mainstrean, aunque con la personalidad de su autor intacta. Para un servidor siempre fue una comedia excelente y por suerte el tiempo y los revisionados la han tratado muy bien.

 

Pero en 1997 Smith cerraría su mal llamada trilogía de New Jersey con Persiguiendo a Amy, la que supone sin lugar a dudas su obra de madurez como autor cinematográfico. La tercera cinta como guionista y director del autor de Batman:Cacofonía o Daredevil: Diablo Guardián se adentra por primera vez, de manera directa y bastante arriesgada, en el terreno de la comedia romántica. Sin renunciar a su discurso pretendidamente infantil, Smith construye una sólida historia sobre amor no correspondido, identidad sexual y amistad.

 


Por vez primera, y si lo miramos con cierta perspectiva puede que por última, Smith da algo de dimensión a sus personajes y no los deja pulular por la trama como estereotipos más o menos etiquetables. En Persiguiendo a Amy la mayoría de los roles y en especial los protagonistas interpretados por Ben Affleck y Joey Lauren Adams, tienen cierta dimensión y son más creíbles que los onanistas freak que suelen dar vida a los caracteres que pueblan las cintas del autor de Dogma¿Hacemos Una Porno?.




Persiguiendo a Amy confirmó algo que ya vimos en sus trabajos como guionista de cómic en trabajos como Green Arrow o Spiderman & Gata Negra, El Mal que Hacen los Hombres, que a Smith no sólo se le da bien escribir comedia, sino que se mueve con muchísima soltura, puede que incluso más, con un tono dramático como base. La atípica historia de amor entre Holden y Alyssa demuestra que su autor sabe de qué habla y controla bien los resortes del género romántico, sin acercarse al sentimentalismo barato o al pasteleo, gracias a no renunciar a sus señas de identidad y a sus ramalazos de humor entre entrañable y escatológico.

 


Porque seamos francos, por suerte el Kevin Smith de diálogos ágiles sobre sexo oral, vaginal y anal desenfrenado sigue aquí. También la intertextualidad con el resto de sus obras y la habitual aparición de Jay y Bob el Silencioso en la que los dos personajes tienen su momento de gloria. Por no mencionar a un Jason Lee memorable dando vida a Banky, un entrañable gilipollas prejuicioso que se gana al espectador a los cinco minutos de metraje con su deslenguada verborrea y su exacerbado egoismo.


 

Sí, Ben Affleck es la pura esencia de la inexpresión y la voz de Joey Laurel Adams esl del todo irritante. Pero la historia es creíble, las escenas románticas y las drámáticas del film son posiblemente lo mejor que ha dado Smith en toda su carrera, su trabajo en la realización técnica sigue siendo plano y estático, pero lo suple todo con el guión y la acertada dirección de actores. Persiguiendo a Amy es una obra valiente por parte de Kevin Smith, ya que mucho de lo que se narra en ella es autobiográfico y a día de hoy la considero un acertadísimo y nada autocomplaciente acercamiento al género romántico. También es la mejor obra de su creador, que nunca ha vuelto a ser tan sincero como cineasta como aquí y, viendo los derroteros hacia los que se dirige su filmografía actual, posiblemente no lo vuelva a ser.