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sábado, 22 de mayo de 2021

El Ejército de los Muertos

 



Título Original Army of the Dead (2021)
Director Zack Snyder
Guion Zack Snyder, Shay Hatten, Joby Harold
Reparto Dave Bautista, Ella Purnell, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Huma Qureshi, Omari Hardwick, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Raúl Castillo, Nora Arnezeder, Matthias Schweighöfer, Samantha Jo, Richard Cetrone




Los fans de Zack Snyder (Green Bay, Wisconsin, 1 de marzo de 1966), los poseedores de sentido común y los que no, están de enhorabuena esta temporada. En el presente año 2021 van a tener la suerte de poder ver dos películas de estreno a manos de su idolatrado mesías del séptimo arte. Si el pasado mes de marzo pudimos disfrutar o sufrir, depende a quien se le pregunte, de su mastodóntica Zack Snyder’s Justice League en HBO Max y HBO, desde el pasado viernes en cines selectos y a partir del día 21 en Netflix todo tipo de espectadores tendrán a su disponibilidad El Ejército de los Muertos, la cinta anclada en subgénero zombie con la que la plataforma de streaming estadounidense ha dado carta blanca al director de 300 (2006) o Watchmen (2009) para que escriba, produzca, fotografíe y dirija a su antojo en el marco de un proyecto con un presupuesto de 90 millones de dólares. Entre teasers, trailers e imágenes promocionales de su versión ¿definitiva? de La Liga de la Justicia de DC Comics Snyder dejaba caer en redes sociales de cuando en cuando algún material de esta Army of the Dead que muchos esperábamos con ganas y deseo de ser la mejor propuesta de este 2021 a manos del sobrevaloradísimo cineasta. En Transgresión Continua hemos tenido la oportunidad de ver en pantalla grande el largometraje y a continuación ofreceremos nuestra opinión del mismo.





Como muchos sabrán Zack Snyder debutó en la dirección con una película sobre temática zombie titulada Amanecer de los Muertos (2004), que no era sino un remake del film homónimo, titulado en España como Zombi, rodado por George A. Romero en 1978 y suponiendo a su vez la segunda entrega de la trilogía sobre muertos vivientes que cambió para siempre, no sólo el celuloide adscrito a esa temática, sino el género de terror en su totalidad. Aunque diluía el mensaje contra el capitalismo y el consumo de la obra primigenia, la versión de Zack Snyder era una magnífica pieza, potenciada por el inteligente guion de un James Gunn pre Guardianes de la Galaxia, que ya desde su visceral arranque enganchaba a un espectador siempre en tensión e incapaz de apartar la mirada de la exhibición de atrocidades conjurada por el cineasta en pantalla. El resultado fue una de las mejores muestras del subgénero de los últimos tiempos y la mejor obra, desde un punto de vista puramente cinematográfico, de su autor además de la muerte de un Zack Snyder mucho menos obsesionado con la grandilocuencia visual que desapareció una vez llegó la ya mencionada 300.




A partir del estreno de su fidelísima y testosterónica adaptación del cómic de Frank Miller nació el Zack Snyder que todos conocemos y cuya impronta, sobre todo visual, sobrevuela el grueso de su filmografía. Ralentís, épica desmesurada, estética de videojuego o cada plano concebido como si fuera el clímax de la obra al que se adscribe conforman toda una serie de señas de identidad que hacen las delicias de sus acólitos y producen vergüenza ajena a sus detractores. Las buenas noticias con respecto a El Ejército de los Muertos son que ha vuelto el Zack Snyder de aquella prometedora ópera primera, siendo el mismo realizador consciente de que recuperar dicha concepción del lenguaje cinematográfico destilado en Dawn Of The Dead es la más adecuada para su segunda incursión en el subgénero. De esta manera sus numerosos tics audiovisuales sólo tienen una presencia testimonial, dejando que un tipo de realización menos megalómana y más práctica se apodere de su último proyecto detrás de las cámaras. Algo que, desde el punto de vista del arriba firmante, se agradece notablemente.




Aunque se enclava en el cine de zombies El Ejército de los Muertos es una heist movie, o lo que es lo mismo, una película de robos o atracos. Snyder y sus guionistas añaden un acertado, aunque no del todo bien aprovechado, subtexto político social sobre las terribles condiciones de vida de los inmigrantes latinos en Estados Unidos utilizando como excusa el virus zombie que asola el país, mientras lanza algunos aguijonazos a la administración Trump que han quedado rápidamente anticuados si tenemos en cuenta que hace medio año del final del mandato del nefasto ex presidente. Esta lectura, muy de agradecer, desgraciadamente sirve de caldo de cultivo para, de manera colateral, conformar uno de los mayores fallos de Army Of The Dead, su tendencia a la sensiblería barata y el dramatismo impostado que tiene como núcleo central el personaje de Kate, interpretado por Ella Purnell. Pero de las carencias de la cinta hablaremos más adelante.




El Ejército de los Muertos no sólo es el regreso XXL de Zack Snyder al celuloide que le dio la fama, también supone su homenaje a muchos de los cineastas que han influenciado en su obra y manera de entender el cine. Además del George A. Romero de su primera trilogía zombie, sobre todo el de El Día de los Muertos (1985), es imposible no pensar en el John Carpenter de 1997: Rescate en New York (1981) con esa misión en una ciudad asediada y repleta de peligros o el de la injustamente minusvalorada Fantasmas de Marte (2001) mediante la estética y manera de obrar por parte de los líderes “Alphas” convertidos en uno de los mayores atractivos del film y cuya relación de amor nos retrotrae también al Brian Yuzna de Mortal Zombie (Return Of The Living Dead III, 1993). Pero mayor peso incluso tiene el James Cameron de esa obra maestra llamada Aliens: El Regreso (1986), secuela del film primigenio dirigido por Ridley Scott a la que se apela directamente con la construcción narrativa y la estética del variopinto y multirracial equipo de cazarrecompensas comandado por el Scott Ward de Dave Bautista.




Desgraciadamente entre los pósters, teasers, trailers o el prólogo del film y esos títulos de crédito que parecieran parodiar los de Watchmen u homenajear a los de Bienvenidos a Zombieland 1 y 2 Zack Snyder nos malacostumbra prematuramente haciéndonos creer que todo su desfile de burradas repletas de sangre y vísceras se van a convertir en la tónica habitual de lo que vamos a ver a lo largo del metraje de El Ejército de los Muertos, pero desgraciadamente no es así. Es ineludible que cuando decide ponerse bestia la cinta del director de El Hombre de Acero (2013) da lo mejor de sí misma, con situaciones cargadas de violencia explícita y humor negro que salpican a la pantalla. Todo ello ejecutado con una precisión milimétrica por parte de su máximo responsable en pasajes como la primera aparición de los “Alpha”, la secuencia de los zombies hibernando o todo lo relacionado con el pasaje de la apertura de la cámara acorazada. El problema es que el excesivo metraje, 148 innecesarios minutos, y la propensión a dar peso a las relaciones interpersonales de los personajes, sobre todo los ya mencionados de Bautista y Purnell, hieren de gravedad el conjunto de la obra.




Por cada breve y efímera escena cafre y de una tensión perfectamente diseñada se alterna otra excesivamente paternalista, lacrimógena y alargada hasta lo anodino. Por suerte esta decisión narrativa no se extiende demasiado al resto de personajes secundarios, porque con los de Bautista y Purnell ya tenemos suficiente. Cada vez que ambos roles discuten, sacan sus trapos sucios o hablan de los traumáticos hechos de su pasado lo único que el espectador está esperando es que todo termine y volvamos a esa acción mucho menos presente en la trama de lo mínimamente exigible. A esto se suma lo profundamente mal que está escrito el personaje de Kate, cayendo en el tópico de la persona que toma una serie de decisiones estúpidas, aunque estén motivadas por una causa noble, sumándose a otros lugares comunes propios del subgénero zombie que Snyder abraza sin prejuicios de una manera bastante cuestionable, causando así que el ya de por sí inconsistente guión también destile aroma a mil veces visto en producciones previas de la misma temática y con mucho mejor resultado. Aunque también es cierto que la endeblez de los guiones de las películas de Netflix es algo que no debería sorprendernos.




No tiene sentido que una producto que utiliza como excusa una felación en carretera como catalizador del devenir de acontecimientos que se desarrollarán a lo largo del metraje o presentando una versión zombie del tigre de Siegfried & Roy a los pocos minutos pase a tomarse tan en serio traicionando su díscolo e iconoclasta punto de partida. Snyder tiene a su disposición todo el material artístico y técnico para construir una macarrada desprejuiciada como muchas de las cintas previamente citadas que toma como referentes, pero su propensión a la solemnidad farragosa y su cuestionable talento para crear vínculos emocionales entre sus criaturas lastran lo que podía haberse convertido en un orgiástico desfile de pólvora, gore, y sangre en sesión continua. No decimos con esto que dichos ingredientes no estén presentes en Army of the Dead, pero sí en unas cantidades muy inferiores a las esperadas y en ese sentido como espectadores no sentimos casi engañados. Aquí hemos venido a divertirnos durante 148 minutos de locura inconsciente y frenética, pero eso Snyder sólo nos lo proporciona en muy pequeñas dosis.




Finalmente Army Of The Dead no pasa de ligero entretenimiento lastrado por sus innecesarias ínfulas dramáticas y una sobredosis de metraje a todas luces excesivo por las causas previamente expuestas. Con una hora menos y concentrando más la acción nos encontraríamos ante una magnífica sucesora de El Amanecer de los Muertos, pero por desgracia el resultado queda años luz de aquella. Con todo Netflix debe estar muy satisfecha con la película si tenemos en cuenta que ya se están preparando dos precuelas. Una en imagen real llamada Army of the Thieves dirigida por Matthias Schweighöfer, actor alemán que interpreta al personaje de Dieter Ludwig y al que volverá a dar vida en este proyecto, y otra animada titulada Army Of The Dead: Lost Vegas que narrará la primera etapa de la pandemia. Nosotros nos quedamos con las ganas de que el tono sanguinolento de puntuales situaciones expuestas en la obra hubieran imperado a lo largo de toda ella y con el deseo de que este Zack Snyder, mucho más artesano talentoso que esteta encantado de conocerse, encuentre un proyecto más estimulante con el que vuelva a esos orígenes en descomposición a ritmo de The Man Comes Around, de Johnny Cash que tanto nos hicieron disfrutar.


sábado, 20 de abril de 2019

Cementerio Viviente, más allá de la vida y la muerte



Título Original Pet Sematary (1989)
Directora Mary Lambert
Guión Stephen King, basado en su propia novela
Reparto Dale Midkiff, Fred Gwynne, Denise Crosby, Brad Greenquist, Michael Lombard, Miko Hughes, Blaze Berdahl, Susan Blommaert, Mara Clark, Stephen King





Seis años tardó en ser llevada al medio cinematográfico la novela Cementerio de Animales, de Stephen King, algo poco usual en relación con el autor de Maine si tenemos en cuenta que Hollywood ha llegado a comprar los derechos de algunos de sus trabajos incluso antes de llegar a las librerías. Aquel 1989 fue el elegido para que Paramount Pictures llevara a la gran pantalla las trágicas desventuras de la familia Creed, y sus directivos lo consiguieron pagando tan sólo 10.000 dólares a King, aunque este impuso algunas condiciones para pasar por caja. Entre ellas que el rodaje se llevara a cabo en Maine, cerca de la casa del escritor, para que él pudiera ser parte activa de este, o que el mismo se encargara en solitario del guión del largometraje para ser lo más fiel posible a su obra literaria. King ya había escrito los libretos de varios films para otros directores, siempre relacionados con traslaciones audiovisuales de sus libros o derivados, como Creepshow, Los Ojos del Gato, Miedo Azul (Silver Bullet) e incluso el de su única incursión en la dirección, aquella entrañablemente penosa La Rebelíón de las Máquinas (Maximum Overdrive), de manera que este era un mundo no ajeno para su persona. El primer cineasta asignado para el proyecto fue el mítico George A. Romero, buen amigo de King, pero las desavenencias con los productores acabaron haciéndole desocupar la silla del director. Tomaría su lugar Mary Lambert, reputada directora de videoclips para estrellas como Madonna, Janet Jackson, Rod Stewart o Chris Isaak.





Dale Midkiff y Denise Crosby como el matrimonio Creed, Miko Hughes y Blaze Berdahl dando vida a los niños, Gage y Ellie, Fred Gwynne en la piel del afable vecino, Jud Crandall, o Brad Greenquist ofreciendo voz y físico al malogrado Victor Pascow forman el reparto principal del film. Cementerio Viviente, como se tituló la película en España, no sólo es una traslación escrupulosamente fiel de la novela del autor de Apocalipsis (The Stand) o Los Tommyknockers, también es una muy competente cinta de terror poseedora de no pocos pasajes lo suficientemente efectivos para haberla convertido con el paso del tiempo en toda una obra de culto. En lo referido a los cambios con respecto al libro son pocos y la mayoría de escasa importancia, siendo la eliminación del personaje de Norma Crandall, esposa de Jud, el más relevante. El suicidio de la empleada del hogar Missy Dandridge, inexistente en la obra escrita, la ausencia de roles con cierto peso en las páginas, como el de Steve Masterson, una mayor presencia de Victor Pascow y sólo alguna modificación más serían dignas de mención dentro de un libreto que, como hemos apuntado, se ciñe enfermizamente a su base literaria.




A pesar de ser un producto notablemente modesto Cementerio Viviente funciona gracias a la eficiencia y simetría con la que sus equipos técnico y artístico trabajaron de manera conjunta. El guión de Stephen King no sólo funciona como adaptación exacta de su novela, también consigue captar la esencia de aquella ofreciendo impresionantes y potentes pasajes de terror puro, pero siempre sustentados en el drama experimentado por sus protagonistas, especialmente el de Louis Creed. Aquella dialéctica del libro sobre cómo el ser humano puede verse superado por la pérdida, brutal y prematura, de un ser querido es brillantemente capturada por la labor de King y exteriorizada por un reparto en el que repararemos un poco más adelante. Los personajes están adecuadamente definidos gracias a que el guionista sabe medir los tiempos marcando un ritmo adecuado, siempre dinámico, pero permitiendo a los roles interactuar entre sí y con ello difinir unos perfiles reconocibles, cercanos, terrenales, con los que se antoja inevitable una contrastada empatía posteriormente utilizada como arma arrojadiza contra el espectador.




Mientras el guión se ocupa del lado humano del relato Mary Lambert es la responsable de dar empaque técnico y visual a la propuesta. A pesar de ser una profesional curtida en un mundo regido por la realización y el montaje de la escuela Mtv, Lambert elude en todo momento entregar su impronta al efectismo gratuito o la imaginería artificiosa. Su puesta en escena exhala en casi todo momento un clasicismo y una sencillez capaces de jugar a favor de la historia y salvo algún efecto especial, envejecido por el paso de los años, su labor es más que encomiable. La dirección de fotografía a manos de Peter Setein y el impecable diseño de producción consiguen transmitir una atmósfera impía y corrupta con epicentro desdoblado entre el cementerio de animales y el de los indios Micmac, extendiéndose este a su vez por el resto de localizaciones e incidiendo especialmente en la casa de Jud, cuya dirección artística ofrece empaque a las situaciones más terroríficas allí acaecidas. Sería imposible enumerar la cantidad de secuencias impactantes ofrecidas por Lambert, las mejores de una mediocre carrera cuyo declive llegó sólo tres años después, precisamente con Cementerio Viviente 2.




Los actores elegidos para interpretar a Louis y Rachel Creed son dos intérpretes no muy destacables, con inclinación a la inexpresividad y cuestionable carisma. Pero por suerte ambos se entregan a la cusa confiando en el guión propuesto por King y la mano de Lambert detrás de las cámaras. Dale Midkiff lleva, como también sucedía con su personaje en la novela, casi todo el peso de la narración pudiendo contarse con los dedos de ambas manos lo pasajes del largometraje en los que no hace acto de presencia. Denise Crosby, nieta de Bing, hace lo propio dejando constancia de la vulnerabilidad exigida por su rol. A ellos se suman la pequeña Blaze Berdahl, ayudada por su hermana gemela en algunas escenas, como la clarividente Ellie, un inolvidable e intimidante Brad Greenquist en la decrépitca y descompuesta piel de Victor Pascow o un no menos escalofriante Andrew Hubatsek interpretando a Zelda, la fallecida y deforme hermana de la protagonista. Michael Lombard y Mary Louise Wilson como los padres de Rachel y suegros de Louis o los distintos gatos que dan vida a Church se suman al buen hacer de un casting cuyos mejores valedores resultan ser el miembro más joven y el más anciano del mismo.




Aunque a lo largo de su extensa carrera intervino en decenas de películas y series de televisión el rostro de Fred Gwyne se haría famoso a nivel internacional dando vida a Herman, el padre de la famosa Familia Munster. No sabemos a ciencia cierta si el mismo Stephen King intervino en la elección del veterano intérprete para dar vida a Jud Crandall, pero la misma fue uno de los dos mayores aciertos dentro del equipo artístico de Cementerio Viviente. Pareciera como si el personaje de la novela hubiera sido arrancado de sus páginas con su amabilidad, fuerza o vitalidad y hubiera sido regado por el actor de Atracción Fatal con cerveza, nicotina y un acento elaboradísimo ofreciendo una labor superlativa a la hora de insuflarle vida. Su brillante trabajo sería el único verdaderamente remarcable en el film si no fuera por la presencia de un Miko Hughes de tan sólo dos años de edad cuya impresionante espontaneidad y naturalidad enamora a la cámara antes y después de haberse convertido en uno de los muertos vivientes más perturbadores, y a la vez tiernos, de la historia del cine de terror. De hecho su carrera sigue en activo a día de hoy y nunca ha vuelto a ofrecer una composición mejor que la del pequeño Gage Creed.




A pesar de haber mejores adaptaciones de novelas de King al medio audiovisual la de Pet Sematary mantiene el encanto de ese tipo de cine carente de pretensiones y con espíritu de videoclub. Las apariciones de Victor Pascow, Zelda, Church o un zombieficado Gage Creed pueblan numerosos pasajes de una cinta repleta de aciertos y que hoy todavía conserva gran parte de la fuerza de sus imágenes, revelándose en pleno 2019 como una pieza aún inquietante con un puñado de secuencias de alto voltaje. La conjunción del saber hacer de su directora, Mary Lambert, la solidez del guión escrito por Stephen King y la profesionalidad con la que el reparto acometió su labor delante de las cámaras hicieron de Cementerio Viviente un producto de una contrastada dignidad que, al igual que otras producciones basada en libros del novelista de Maine, como Carrie, El Resplandor, Misery o Salem’s Lot impactó a toda una generación todavía hoy recordándola con cariño y nostalgia. Pero, como comentamos previamente, sólo tres años tuvieron que pasar para que su realizadora manchara el buen nombre de la familia Creed y sus desventurados últimos días de vida.


viernes, 28 de agosto de 2015

Extinction



Título Original Extinction (2015)
Director Miguel Ángel Vivas
Guión Alberto Marini y Miguel Ángel Vivas basado en el libro de Juan de Dios Garduño
Actores Matthew Fox, Jeffrey Donovan, Ahna O’Reilly, Quinn McColgan, Clara Lago




En año 2001 el estreno del thriller policíaco Reflejos protagonizado por Georges Corraface, Ana Fernández o Emilio Gutiérrez Caba entre otros nos dio a conocer a un joven cineasta sevillano llamado Miguel Ángel Vivas. Aunque el film no fue un gran éxito mostró por primera vez la impronta de un cineasta con un look visual y un control muy destacable del tempo narrativo para dominar la tensión de sus relatos al que no convenía perder de vista. Después de rodar dos cortometrajes como fueron El Hombre del Saco (2002) en España y I’ll See You in My Dreams (2003) en Portugal tuvo que pasar casi una década para que Vivas pudiera estrenar su segunda incursión en el campo del largometraje. Secuestrados vio la luz en el Festival de Sitges de 2010 revelándose desde ese momento como una de las mejores cintas de género que ha parido el cine español en mucho tiempo. Aquel asalto de una banda de encapuchados al adosado de una familia rodado en doce impresionantes planos secuencia, con cámara al hombro, uno reparto arrancándose las entrañas para ofrecer verismo en todo momento (¿cómo olvidar el llanto desgarrado de una pletórica Manuela Vellés acompañada de unos superlativos Fernando Cayo y Ana Wagener?) y referencias que iban desde Brian De Palma a Gaspar Noé pasando por Michael Haneke supuso un thriller brutal y sin cincesiones que recibió más reconocimiento en el extranjero (ganando el premio a la mejor película de terror en Festival de Austin de aquel año) que en España donde no tomó la relevancia que merecía una producción tan brillante. Un lustro después de aquella remarcable hazaña cinematográfica y habiendo conseguido buenas críticas y datos de audiencia con su episodio Los Tres Cerditos de la miniserie televisiva Cuéntame Un Cuento nos llegó el pasado 14 de Agosto Extinction (originalmente conocida como Welcome to Harmony) tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas detrás de las cámaras y adaptación a su vez de la novela Y Pese a Todo… del escritor también sevillano Juan De Dios Garduño. El resultado es un meritorio thriller adscrito, de alguna manera, a la temática zombie que aunque no se revela como la mejor pieza de su director contiene los suficientes alicientes como para satisfacer a los amantes del género que no pequen de puritanos con respecto a cómo este sea abordado desde el punto de vista de la escritura.




Aunque acabamos de mencionar que Extinction se adhiere a la fiebre por la ficción relacionada con muertos vivientes o infectados como obra al igual que productos como The Walking Dead, la muy irregular adaptación la cadena AMC está haciendo del cómic de Image creado por Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, es un producto de ficción que se centra más en los personajes protagonistas humanos y sus dilemas morales o acciones de supervivencia que en el origen, efectos o actos producidos por la aparición de un virus que convirtió a la mayor parte de la humanidad en unos monstruos salvajes y antropófagos. El tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas es una historia mínima, un relato centrado en sólo tres personajes que tratan de sobrevivir tras un apocalipsis zombie en la pequeña ciudad de Harmony. Con un arranque que recuerda al de la soberbia 28 Semanas Después, con la que Juan Carlos Fresnadillo y Enrique López Lavigne dieron continuación al famoso film del británico Danny Boyle, el cineasta sevillano presenta su puesta en escena y da muestras del sabio dominio que tiene del caos controlado que encontrará su clímax en la recta final de la obra. Después de este prólogo la misión de Vivas y su colaborador al guión, Alberto Marini, es introducirnos en la rutina de los personajes principales: Jack, su hija Lu y Patrick, el vecino de estos últimos y como pudimos ver en el inicio del film con un pasado en común con ellos. A ellos se sumará más tarde la desconocida chica interpretada competentemente por la madrileña Clara lago. En el proceso los personajes de los hombres adultos llegan a estar bien perfilados tanto el de Jack de Jeffrey Donovan que se muestra en toda su imperfección siendo capaz de errar con tal de mantener el bienestar de su hija y sobre todo el de Matthew Fox al que ya se ocupa el actor de Perdidos de ofrecer un competente trabajo a la hora de exponer en pantalla su personalidad torturada y autodestructiva con pasaje oscuro en su vida que se irá desvelando poco a poco por medio de flashbacks. En cambio el rol de Lu cae más en lugares comunes y caminos transitados dentro del género, pero el buen hacer de la jovencita Quinn McColgan hacen que su personaje a pesar de estereotipado se muestre veraz de cara al público.




Aunque la primera mitad de la historia se centra en mostrar el día a día de los personajes protagonistas y en como poco a poco los roles de Jack y Lu van interactuando gradualmente con el de Patrick para que así podamos descubrir qué hecho trágico puso fin a la amistad de los dos hombres Miguel Ángel Vivas se ocupa por medio del tono y el timing que nunca se nos olvide que algo acecha al trío protagonista y será la niña en la magnífica escena de la nevada a medianoche con la pequeña mirando por la ventana la que descubra que los infectados que hace nueve años surgieron para erradicar a la humanidad y posteriormente morir por culpa del clima helado de la zona siguen activos, evolucionados y más peligrosos que nunca. En ese sentido el humilde presupuesto de Extinction parece entrar en escena cuando queda patente a lo largo del metraje que la aparición de dichas criaturas (magníficamente diseñadas por medio de unos efectos de maquillaje muy bien realizados) se dosifica de manera intencionada posiblemente debido a que la producción no poseía los medios suficientes para poblar en todo momento la pantalla de dichas monstruosidades, algo que sí sucede felizmente en el clímax final de la película. De esta manera, con apariciones puntuales de los zombies que aún no estando siempre en el núcleo central del devenir de la trama tornan en seres de presencia ubicua por culpa de su creciente amenaza letal para los protagonistas, Vivas puede hacer uso de su demostrado talento para tensar la intriga como un cable de acero, evidentemente sin llegar a los niveles de malestar que producía su labor en Secuestrados, pero lo suficiente para que nos preocupemos mínimamente por unos personajes que en casi todo momento se ganan nuestra empatía. La atmósfera amenazante, planos de una extraña belleza casi pictórica (ese matrimonio en el salón con las salpicaduras de sangre detrás de sus cabezas) y una delectación meritoria por retratar esos parajes helados de la ciudad de Harmony dan buena muestra de que Miguel Ángel Vivas conoce perfectamente su oficio y es capaz de sacar material competente de una producción independiente dentro del tipo de género al que se adscribe su última obra.




Pero si la antigua Welcome to Harmony sirve para algo es sobre todo para confirmar a Miguel Ángel Vivas como uno de los mejores narradores de ficción del panorama cinematográfico español y un profesional con muchas posibilidades de realizar una interesante carrera en Hollywood si no se deja devorar por los engranajes de una maquinaria del cine comercial estadounidense que no suele dejar títere con cabeza, y si no que se lo digan a Josh Trank. Ya que si hay algún apartado en el que la cinta que nos ocupa destaca es en su realización técnica en la que volvemos a ver fogonazos de poderosa resolución visual y estilística. No son pocos los momentos en los que en Extinction se nota la impronta de un cineasta con aptitudes más que demostradas para el cine de género. Una tensa calma en los pasajes en los que el in crescendo de incomodidad debe ir solidificándose de cara al desarrollo de la historia y un dinamismo cortante y directo en los pasajes más activos o de acción se alternan a lo largo del metraje para equilibrar una historia que quiere ser a la vez íntima y expeditiva, no consiguiéndolo en todo momento, pero sí en la mayor parte de la narración. Pasajes como el ataque al personaje de Patrick cuando huye con la moto de nieve, el del almacén de alimentos con posterior escapada a toda velocidad, el plano con grúa del clímax final en el que el personaje de Matthew Fox va eliminando en los exteriores de la casa a a los infectados mientras el tono rojizo de la luz de las bengalas marca la textura de las imágenes que acontecen en pantalla (pasaje magnífico que sólo se resiente por los no del todo conseguidos efectos digitales para dar vida a las criaturas) y sobre todo ese plano secuencia “mutante” que después de convertirse en un cenital pasa a travelling para recorrer todas las habitaciones de la casa en la están teniendo lugar el asedio de los monstruos dan buena muestra de que hay un verdadero director detrás de un proyecto como Extinction y que casi con toda seguridad su talento y buen hacer estén por encima del mismo proyecto cinematográfico en el que está implicado.




Seamos francos, Extinction no inventa nada, no es una película que será recordada en un futuro próximo como estandarte del revival de celuloide protagonizado por zombies que lleva algo más de una década invadiendo nuestras carteleras y parrillas televisivas, hasta puede no dejar del todo satisfecho a aquel que vaya a verla en pantalla grande con la intención de encontrarse una nueva cinta de batallas campales entre seres humanos y muertos vivientes llena de gore y mala baba cuando es un trabajo que apela más a ser una obra de personajes. Pero es una pieza meritoria, que destila mucho oficio y que nos retrotrae tanto a Stephen King (fácil pensar en Apocalipsis o su adaptación televisiva a manos de Mick Garris) como a John Carpenter (los paisajes nevados al estilo de La Cosa o el personaje de Patrick haciendo labores de locutor de radio como Adrienne Barbeau en La Niebla) dejando patente que su autor principal no es un mercenario oportunista sino un profesional con verdadero talento a la espera de un nuevo proyecto que esté a su altura. Aunque ha sido recibida de manera bastante desigual por la prensa especializada, en la taquilla de España al menos está funcionando muy bien y no teniéndolo nada fácil sabiendo que debe vérselas en las carteleras con elegantes espías de la guerra fría (Operación U.N.C.L.E) versiones de la tercera edad del más famoso detective de todos los tiempos (Mr Holmes) o visiones polémicas y parece ser que considerablemente fallidas de familias de superhéroes (Los 4 Fantásticos) que por muy fallida que sea ha conseguido el primer puesto de recaudación en tierras ibéricas. Sin hacer mucho ruído, con algunos problemas con su distribuición y promoción, pero ofreciendo 110 minutos de sano entretenimiento sin excesivas pretensiones Extinction supone otra inyección de vitalidad a la producción cinematográfica española con aspiraciones internacionales. Un trabajo que posiblemente le abra las puertas a Miguel Ángel Vivas de esa meca del cine en la que otros cineastas patrios como Jaume Collet-Serra (productor también de la cinta que nos ocupa), Paco Cabezas o Juan Carlos Fresnadillo han forjado sus carreras (La Casa de Cera, Sin Identidad, Non-Stop, Una Noche Para Sobrevivir), probado suerte con proyectos propios de allí (Tokarev o la próxima Mr Right) o implicado en la preproducción de otros que no tienen pinta de llegar nunca a buen puerto (El Cuervo, Los Inmortales) respectivamente.




domingo, 30 de noviembre de 2014

Crítica de [·REC]⁴ y repaso a la saga vírica de Jaume Balagueró y Paco Plaza



Título Original [·REC]⁴ 2014
Director Jaume Balagueró
Guión Manu Díez y Jaume Balagueró
Actores Manuela Velasco, Héctor Colomé, Mariano Venancio, Críspulo Cabezas, Paco Manzanedo, Emilio Buale, Ismael Fritschi, María Alfonsa Rosso, Carlos Zabala, Khaled Kouka, Paco Obregón, Javier Laorden, Cristian Aquino


Cuarta y posiblemente definitiva entrega (al menos con sus principales artífices implicados en la gestación de los distintos largometrajes, como se dijo en su momento) de la saga [·REC] de la que no vamos a dar más apuntes en este apartado, ya que a continuación de la crítica que nos ocupa hablaremos de ella en profundidad. Después de las dos primeras entregas rodadas a cuatro manos por Jaume Balagueró y Paco Plaza, estos realizadores y las cabezas pensantes de la productora española Filmax, con Julio Fernández a los mandos, decidieron realizar otras dos partes que serían rodadas por ambos cineastas, pero esta vez en solitario. Plaza gestaría [·REC]³: Génesis , que llegó a las carteleras en 2012, y Balagueró lo haría con [·REC]⁴ : Apocalipsis, subtítulo este último que ha perdido para su estreno o eso al menos parece por la ausencia del mismo en los carteles oficiales. Como comentamos, hace dos años pudimos ver la autoparódica, brutal y cómica cinta del autor valenciano y este 2014 lo hacemos con la última entrega a manos del director de Los Sin Nombre o Mientras Duermes.




[·REC]⁴ es la entrega más convencional de la saga, la más tradicional cinematográficamente hablando, ya que aquí el producto se aleja del todo del formato de falso documental en el que se sustentaron las dos primeras entregas y el prólogo de la tercera, tras el cual se eliminaba dicha técnica con mucha sorna metareferencial. Jaume Balagueró es totalmente fiel en esencia a la franquici, como lo era también Paco Plaza con su película en solitario, pero a diferencia de su compañero de armas en [·REC]³: Génesis no arriesga prácticamente nada y va a lo seguro. Aunque esto no es óbice para afirmar que [·REC]⁴ sea una mala película, ni siquiera fallida, porque el autor catalán respeta (casi) todos las teorías, especulaciones y resoluciones argumentales de la saga desde que diera sus primeros pasos en 2007.




[·REC]⁴ tiene lugar inmediatamente después de los hechos acaecidos en la segunda parte de la franquicia. Lo último que allí vimos fue a la Niña Medeiros pasando el parásito vírico y demoniaco que contenía en su interior al personaje de Ángela Vidal, convirtiendo a la presentadora del programa Mientras Usted Duerme en la portadora de dicha criatura sobrenatural. Después de que un segundo grupo de los Geos, recordemos que los miembros del primero sufrieron un destino fatídico, la rescatara del infame bloque de edificios barcelonés esta y los miembros del equipo de asalto son aislados en un barco en cuarentena que también contiene en su interior a otros supuestos infectados por el virus. Este es el tablero de juego en el que Jaume Balagueró debe moverse y a fe del que suscribe que lo consigue con una pericia intachable. Aunque perdemos el formato falso documental o found footage y el factor sorpresa del primer film, el director está a la altura en el plano técnico apelando a su estética nerviosa en la realización y a un ritmo frenético en el que los sustos habituales de la saga son sustituidos por pasajes de una tensión acerada y firme manteniendo al espectador siempre atento de lo que acontece en pantalla. Ya sea para intentar dilucidar cuál será el fin de los personajes o para lograr montar el puzzle del que desde hace siete años sus creadores han ido ofreciéndonos piezas, en esta ocasión resuelto casi en su totalidad.




Aunque podríamos afirmar que [·REC]⁴ es la cinta más impersonal del Jaume Balagueró autor, sí es cierto que contiene en su interior referencias, homenajes e incluso parodias a muchos de los directores que influyeron en su propia impronta o marcaron en cierta manera su vida como cinéfilo. Por ello es lógico volver a ver ecos del David cronenberg de Vinieron Dentro de… en el pasaje en el que vislumbramos el movimiento del parásito diabólico en el estómago del personaje de Ángela o más de un apunte directo al Peter Jackson de Braindead como esos monos infectados o la escena del motor de lancha descuartizando poseídos. Porque si bien esta cuarta entrega no posee el humor hilarante de su predecesora, sí incluye algunos apuntes de sorna que, funcionando unas veces y otras no, consigue aligerar un poco la tensión de la historia por medio de ciertos momentos grandguiñolescos propios de la primera etapa del famoso realizador neozelandes.




Pero el tono imperante en la última cinta de Jaume Balagueró es el de un thriller de terror adscrito al subgénero de epdiemias y contagios con ambiente castrense y claustrofóbico, a lo Das Boot de Wolfgang Petersen, algunos apuntes metareferenciales (personajes de esta entrega viendo el vídeo que capturó los hechos acontecidos en el famoso bloque barcelonés, es decir, la primera película de 2007), aunque dejando demasiado de lado ese acertado tono teológico y satánico que habían introducido él y Paco Plaza en la segunda parte y del que se mantenían bastantes apuntes en [·REC]³: Génesis), en el que un puñado de actores acometen un trabajo bastante profesional en líneas generales destacando la siempre convincente Manuela Velasco, el veterano Héctor Colomé, el infravalorado y no muy prolífico Emilio Buale, la revelación de un Ismael Fritschi entrañable o un recuperado Críspulo Cabezas que se ha prodigado poco desde aquella lejana y memorable Barrio de Fernando León de Aranoa de 1998. Ellos son los que consiguen que los diálogos del guión de Balagueró suenen veraces, aunque en ocasiones pequen de estar repletos de tecnicismos algo artificiosos,gracias a un libreto bien ensamblado pero al que se le pueden echar en cara alguna que otra pifia que incluso contradice la revelación final con respecto al parásito diabólico en forma de larva gigantesca.




Sería de necios negar que [·REC]⁴ no ofrece síntomas de agotamiento y desgaste en la saga o que intentar alargar más la vida de esta sería un error incuestionable. Pero también es cierto que Jaume Balagueró ha cerrado muy dignamente una serie de largometrajes que han marcado tendencia y un hito en el cine de terror patrio, siendo él como autor, y en el mismo rol su amigo Paco Plaza, tan consecuente consigo mismo y la criatura a la que ha dado forma como para no traicionarla nunca, aunque también arriesgando en el adictivo proceso, tratando de no ofrecer siempre lo mismo tanto a las fans de la franquicia como a los espectadores neófitos en lides víricas o luciferinas. Regalando así a la platea cuatro entregas que se mueven entre el cine de evasión más efectivo y la morbidez lacerante requerida para poner en escena dicha serie. La misma que nació en 2007 para expirar en este 2014 después de siete años de trayecto, la que ha enganchado a espectadores de todo el mundo y sobre todo la que vamos a analizar en el artículo que adjuntamos a continuación.

La saga [·REC], el legado de Tristana Medeiros


Como hemos comentado con anterioridad en este mismo artículo el pasado día 31 de octubre, en pleno Halloween, se estrenó la cuarta y parece ser que última entrega de la exitosa saga [·REC] producida por Filmax y escrita y dirigida por el tandem formado por el catalán Jaume Balagueró (Los Sin Nombre, Darkness, Frágiles, Mientras Duermes) y su amigo el valenciano Paco Plaza (El Segundo Nombre, Romasanta: La Caza de la Bestia). Esta tercera secuela pone fin a una franquicia que nació con un rotundo éxito de crítica y público en 2007, que tuvo su continuación en 2009 y una precuela en 2012 en clave autoparódica que traicionaba (sólo en apariencia, como comentaremos a un poco después) el discurso estilístico y tonal que las dos primeras entregas rodadas al alimón por ambos realizadores (a diferencia de las tercera y cuarta, en la que se Plaza y Balagueró, respectivamente, se repartieron la butaca da director). [·REC] y sus continuaciones mostraron síntomas claros de que el cine de terror español vive una época de considerable bonanza, ofreciendo productos contemporáneos que beben de preceptos clásicos tanto patrios como foraneos. En el siguiente artículo vamos a hablar de las tres primeras películas, de sus remakes americanos, del cómic inspirado en su microcosmos, de los autores detrás de su gestación y trataremos de enumerar las muchas virtudes y pocas carencias que hacen de esta serie de largometrajes un fenómeno que ha dejado una huella considerablemente profunda en nuestro celuloide y la ficción terrorífica adscrita a esta época de espídico y, en ocasiones, vacuo posmodernismo filmado.


Jaume Balagueró y Paco Plaza, sospechosos habituales



Jaume Balagueró nació el 3 de noviembre de 1968 en Lleida, Cataluña. Desde bien niño se interesó por el el cine de terror y demás vertientes genéricas dentro del séptimo arte. Tras graduarse en Ciencias de la Comunicación y colaborar tanto en programas de radio como fanzines, entre ellos el famoso Zineshock, comenzó a hacerse un nombre como director con sus dos primeros cortometrajes Alicia y Días Sin Luz. Ambas piezas mostraban su predilección por la impronta de autores como David Cronenberg (Crash, La Mosca, Una Historia de Violencia), David Lynch (Cabeza Borradora, Carretera Perdida, Mullholland Drive) o Shinya Tsukamoto (la saga Tetsuo, Vital) y una morbidez insana y grotesca que vasculaba entre el postindustrialismo y el cyberpunk. Tan suicida era el tono de ambos cortos que el mismo director nunca ha podido extrapolarlo totalmente al mundo del largometraje, aunque en todas sus obras quedan resquicios y apuntes del mismo.

En 1999 su camino se cruzaría con el del también catalán Julio Fernández, dueño de la productora española Filmax, especializada en el género fantástico y de terror. Ambos idearon el debut en el largo del realizador con Los Sin Nombre, la adaptación de una novela del británico Ramsey Campbell protagonizada por Emma Villarasau, Karra Elejalde y Tristán Ulloa entre otros, que asentó las bases del discurso autoral de Jaume Balaguerño, Dirección efectista, cámara nerviosa, ambientes asépticos o neogóticos, una concepción pura del mal como abstracción indestructible y virica, predilección por inquietantes utensilios adscritos a la parafernalia médica, una visión negativa de las relaciones familiares o afectivas, oscurantista inconografía religiosa. Al poco tiempo se convirtió en una obra de culto dentro del cine español ganando gran cantidad de premios en distintos festivales. Tras ella llegó por un lado el alimenticio documental OT: La Película que seguía toda la gira de la primera entrega del exitoso reality show musical Operación Triunfo, obra en la que por primera vez coincidió detrás de las cámaras con su colaborador Paco Plaza, y por otro su debut internacional con Darkness, cinta ya adscrita a la Fantastic Factory que el mismo Julio Fernández y el director filipino Brian Yuzna (Society, La Novia de Re-Animator) crearon para realizar producciones españolas de género con aspiraciones globales, que quedó, salvo contadas excepciones, en un cajón de sastre en el que se gestaron todo tipo de entrañables cintas de Serie B. Darkness no sólo suponía una extensión del imaginario expuesto en su primer film, sino también un ejercicio cinematográfico que rendía tributo a obras como El Resplandor, La Semilla del Diablo o Al Final de la Escalera.

En 2005 Frágiles supuso la obra de transición de Balagueró. Aquella cinta protagonizada por la norteamericana Calista Flockhart, acompañada de Elena Anaya o Richard Roxburgh, mostró a un director más contenido, menos dado al efectismo visual y la visceralidad en la realización, dejando reposar más lo planos y respirar los encuadres en una historia de fantasmas encomiable, pero que no hacía pleno cuando el cineasta trataba de abordar por primera vez emociones humanas ajenas a su malsano discurso como autor. En el año 2006 volvió a coincidir con Filmax y su amigo Paco Plaza en la serie de films Películas Para No Dormir, con la que se homenajeaba al mítico programa catódico Historias Para No Dormir ideado por Narciso Ibáñez Serrador y en el que colaboraron primeros nombres del celuloide de la península como Aléx de la Iglesia, Enrique Urbizu, Mateo Gil o el mismo Chicho Ibáñez Serrador. Balagueró rodó la tv movie Para Entrar a Vivir, simpática, desquiciada y envenenada obra protagonizada por Adriá Collado, Macarena Gómez o una brutal Nuria González en la que rendía uno de sus homenajes más claros y directos a ese Roman Polanski que ha influenciado su cine desde su ópera prima de 1999. Al año siguiente rodó la primera entrega de [·REC], en 2009 la secuela y ya en 2012 Mientras Duermes, su último film en solitario de naturaleza más personal protagonizado por Luis Tosar o Marta Etura condensando su impronta autoral en la esencia de la historia que narra, más que en su envoltorio, confirmando al 100% su ya consolidada madurez como cineasta que le depara un, todavía, prometedor futuro cuando cierre totalmente su vínculo con la serie de films sobre la reportera Ángela Vidal y la inhumana Niña Medeiros.




Paco Plaza nace en Valencia en el año 1973. Después de licenciarse en Ciencias de la Información y diplomarse en Dirección Cinematográfica rodó varios cortometrajes como Tropismos o Abuelitos. Su debut en el largo se lo financio la Filmax de Julio Fernández en el año 2002, su título fue El Segundo Nombre se rodó integramente en inglés, con vocación internacional y su origen literario nacía de una novela de Ramsey Campbell, siendo este el primer punto en común con su futuro amigo y colaborador catalán. Ese mismo año rodó OT: La Película, el documental con el que conoció al que en un futuro próximo sería su compañero de fatigas, Jaume Balagueró, otro punto en común con el director de Frágiles y aquí pararemos de numerarlos o nos quedaremos sin espacio en la entrada. Dos años después ya dentro de la Fantastic Factory estrenó Romasanta: La Caza de la Bestia, la visión que Plaza dio del caso de Manuel Blanco Romasanta, el Hombre Lobo de Allariz (que en 1970 abordó también Pedro Olea en El Bosque del Lobo, con un enorme José Luis López Vázquez como intérprete principal) film deudor de la Hammer Films británica protagonizado por Julian Sands y Elsa Pataky en el que destacaba el diseño de producción y el trabajo del mismo realizador.

En 2006 nos ofreció Cuento de Navidad, una de las mejores tv movies de la serie Películas Para No Dormir protagonizada por Ivana Vaquero, Maru Valdivielso y Elsa Pataky con un filtro ochentero que aunaba al Richard Donner de Los Goonies con el Joe Dante de Exploradores destilando un aroma a juego de mesa y bocadillo de mortadela que a un servidor hizo rememorar los años de su infancia. Al año siguiente se embarcó con Jaume Balagueró en la gestación de [·REC] y dos años después [·REC]². Tras ella, junto a su co director y productores decidió alargar la saga con dos cintas más que tanto él como el autor de Para Entrar a Vivir realizarían en solitario. El resultado fue la traviesa y desvergonzada [·REC]³: Génesis que dio una visión nueva a la franquicia de virus, poseídos y protocolos NRBQ. Después de dirigir documentales musicales como Bunbury 3D para el ex cantante de la mítica banda zaragozana Héroes del Silencio o cortometrajes como Ultravioleta con Maribel Verdú y Carlos Villagrán se espera con ganas la adaptación que él mismo escribirá y dirigirá de Maldito Viernes, el cómic homónimo que guionizó en 2008 para la editorial EDT con dibujo de Joseph Diaz y el mito del vampirismo como núcleo central. Si nada se tuerce el largometraje verá la luz en un año 2015 en el que esperemos que este talentoso director encuentre su lugar dentro del cine de género internacional.


[·REC], la quimérica inquilina



El mockumentary y el found footage existen en el mundo del cine desde hace décadas. La vergonzosa Holocausto Caníbal, de Ruggero Deodato: la viscerlamente memorable Ocurrió Cerca de Su Casa, de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde; la comedia mayúscula This is Spinal Tap, de Rob Reiner; aquella El Proyecto de la Bruja de Blair de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que revitalizó el género introduciéndolo en el cine más manistream con la gestación de piezas posteriores como la resultona Cloverfield de Matt Reeves o la magnífica Chronicle de Josh Trank, son muestras de lo que siempre se ha conocido como falso documental o el metraje encontrado. Jaume Balagueró y Paco Plaza, dos de las promesas más sólidas del cine de terror en España, unieron fuerzas con la Filmax que les ofreció sus primeros trabajos en solitario detrás de las cámaras para realizar un largometraje conjunto de la vertiente found footage con el que iban a narrar, lo que en principio parecía, una infección vírica zombie en plena ciudad condal. Ambos directores ya eran amigos desde los tiempos de Fantastic Factory y previamente habían colaborado como dúo rodando otro documental de terror titulado OT: La Película, en 2002. El resultado fue [·REC], una cinta al más puro estilo del programa Callejeros en el que la visita de una reportera y su operador de cámara a una estación de bomberos en Barcelona se convertía en una masacre en la que se veían implicados todos los miembros de un bloque de vecinos contagiados por un virus que los convertía en muertos antropófagos. El origen de dicha enfermedad parecía tener su origen en el último piso abandonado del edificio.




La pelicula aunaba el tono herético de Jaume Balagueró y la visceralidad de Paco Plaza con una puesta en escena tan sencilla como rodar todo el film en formato televisivo (con el mismo director de fotografía, Pablo Rosso, como el actor que porta la cámara) apelando al naturalismo que un producto de esta naturaleza demanda. El ajustado metraje de poco mas de 75 minutos de duración era un chute de adrenalina disparándose justo cuando creíamos que la noche que la reportera Ángela Vidal y su compañero de trabajo iban a pasar en un parque de bomberos barcelonés apuntaba a ser un terrible aburrimiento. Con reminiscencias tanto a La Noche de los Muertos Vivientes, de George A. Romero como a 28 Días Después, de Danny Boyle pasando por una estética deudora de la ya mencionada cinta belga Ocurrió Cerca de Su Casa, [·REC] amalgamaba un apartado técnico impecable, frenético, que arañaba la epidermis del espectador con un reparto, en líneas generales, tan creíble como cercano comandado por una entregadísima Manuela Velasco que tras su paso por esta cinta se convirtió en una de las scream queens patrias más reconocibles, ganando con su labor en la cinta que nos ocupa el Goya a la mejor actriz revelación del año 2007. El guión, co escrito por el también cineasta Luiso Berdejo, tan sencillo como efectivo acertaba al introducir algunos apuntes sociales que retrataban con mucho tino los prejuicios del español de a pie con respecto a temas como la xenofobia o la incultura. El éxito fue descomunal, los premios internacionales no se hicieron esperar y Hollywood viendo el filón compró los derechos del largometraje para hacer su propia versión de la que hablaremos un poco más adelante. Ese triunfo en el que gran parte del público y la crítica se puso de acuerdo dio pie a que ambos autores y Filmax se propusieran dar continuidad a la gallina de los huevos de oro que acababan de sacar del corral.


[·REC]², la semilla del diablo



En 2009 llegó la secuela, de nuevo con Jaume Balagueró y Paco Plaza como directores, así como Filmax en la producción, comenzando justo donde terminó la primera entrega. Esta vez como espectadores seguíamos en el arranque del largometraje los pasos de un grupo de asalto de los GEOS adentrándose en el famoso bloque después de que el mismo fuera precintado por culpa del virus mortal contraido por los habitantes de dicho inmueble. La primera mitad de la película es intachable, un tour de force por parte de los directores en el que por medio de influencias del mundo del videojuego como los shooters en primera persona nos adentramos una vez más, con mayor crudeza y nervio, en ese infierno en la tierra en el que se ha convertido el edificio en el que habita la encarnación pura del mal. Porque en esta segunda parte los directores y su nuevo co guionista, Manu Diez, arriesgan todas sus cartas marcadas confirmando aquello que se apuntó en la recta final del primer film con la visita al ultimo piso del bloque en el que habitaba la famosa Niña Medeiros. Que lo que considerábamos muertos vivientes realmente son poseídos por una entidad diabólica cuyo influjo se transmite por medio de la toma de contacto con los fluidos corporales, saliva y sangre, de los afectados, dando así el film, y por efecto dominó la saga, un arriesgado giro de 180° en el que una historia de zombies acababa revelándose como una protagonizada por endemoniados y exorcistas.


Por desgracia lo que [·REC]² gana en brutalidad y fuerza lo pierde en cohesión con respecto a su predecesora. El fallo no es tan alarmante como se dijo en su momento, esta secuela fue injustamente maltratada en su estreno, pero sí es cierto que mientras la ya mencionada primera mitad, la centrada en los Geos, es un ejercicio de cine imparable y avasallador, la segunda pierde entereza y ralentiza considerablemente el ritmo de la narración cuando la historia protagonizada por el innecesario trío de adolescentes se hace con el núcleo de la segunda parte de la película. Sólo la presencia de un magnifico actor, no siempre reconocido, como Juli Fàbregas y la aparición de una Manuela Velasco al más puro estilo Teniente Ripley (la recta final en más de un pasaje recuerda a la saga Alien, sobre todo por el nuevo rol de falsa heroína que parece tomar en esta ocasión la protagonista de la anterior entrega) consiguen encarrillar el clímax del relato llenándolo de sorpresas, humor negrísimo y apuntes que extienden o enriquecen el microcosmos creado por unos Jaume Balagueró y Paco Plaza que siguen sembrando sus distintas improntas, la inquietante parafernalia religiosa del primero y el bestialismo primario del segundo, para dar forma a una secuela que si bien no es tan compacta como su hermana mayor sí consigue superarla en sus apartados técnico o artístico regalando pasajes de alto voltaje y sustos de una efectividad más que probada que dejan la puerta abierta para la cuarta entrega, porque como todos sabemos la tercera parte de la saga supuso un punto y a parte en la misma.


[·REC]³: Génesis, la novia ensangrentada



Después del nuevo éxito económico que supuso [·REC]² Filmax decidió realizar dos nuevas secuelas para la saga, que en principio serían las ultimas de la misma. En esta ocasión en vez de rodar Paco Plaza y Jaume Balagueró al alimón los nuevos largometrajes, estos serían realizados por los dos cineastas de manera independiente. El director de Cuento de Navidad sería el primer encargado de debutar en solitario en la franquicia y lo hizo con [•REC]³: Génesis, pieza que supondría una precuela de la cinta primigenia y dando origen a la maldición de una Niña Medeiros, por aquel entonces ya convertida en todo un icono del cine de terror internacional. Ciertamente, y para enfado de muchos fans, la película del autor valenciano no dio dichas respuestas, es más, abrió más incógnitas y como obra cinematográfica casi no era ni una protosecuela, sus hechos tienen lugar casi a la vez que la producción de 2007 que dio inicio a todo, pero como continuación del sello [·REC] supuso un punto de inflexión clave, un suicida puñetazo en la mesa que no sólo traicionó (ojo, únicamente en el plano formal, no en la esencia) los códigos que ya se habían establecido en las dos anteriores partes, sino que con una inteligencia encomiable y temeraria llegaba a parodiarlas y reírse sanamente de ellas gracias al guión del mismo Paco Plaza y su colaborador Luis Berdejo, que sin atenuar el terror sí aumentó el humor negro, comenzando a mostrar sus desprejuiciadas fauces en la primera secuela y que muerde, desgarra y amputa en todo su esplendor en la que nos ocupa.




Desde el arranque con esa simulación del dvd de un vídeo de boda Paco Plaza lo dejaba claro, [•REC]³: Génesis venía a volar por los aires muchas de las señas de identidad que forjaron el mito de la saga [•REC], pero sólo en la puesta en escena y el tono, ya que en su interior seguía esa amenaza vírica de reminiscencias impías que devoraba todo a su paso. En el prólogo del largomatraje el valenciano se despacha bien con las bodas tradicionalmente españolas, acentuando todo lo que en ellas hay de ridículo e impostado y rompiendo con la estética found footage de la franquicia cuando el personaje de un competente Roberto Álvarez destroza la cámara que hasta ese momento grababa los hechos. A partir de ese instante la tercera entrega de [•REC] se convierte en un recuperable y desprejuiciado festín de vísceras, sangre, humor negro (ese representante de la SGAE al que apodan Canon, el mítico director de vídeos de boda con ínfulas cinematográficas llamado Atún) y música hortera con una impagable Leticia Dolera de protagonista que tan pronto nos remitía a Planet Terror de Robert Rodríguez o Plácido de Luis García Berlanga como al Sam Raimi de la saga Evil Dead o al Paul Verhoeven más brutal, al que remite ese tiroteo final que poco tiene que envidiarle al de Alex Murphy en Robocop. Paco Plaza saldó con nota alta un ejercicio suicida en varias aspectos que se reveló como una de las cintas patrias más disfrutables del año 2012.


Quarantine 1 y 2, la infección hace las Américas



Como previamente hemos apuntado, la carrera internacional de la primera [·REC] fue un triunfo más que considerable, viendo la luz en festivales como los de Sitges o Venecia y siendo premiada en varios de ellos. De modo que la maquinaria hollywoodiense, tras llevarla con éxito a aquellas tierras, decidió comprar los derechos de la misma para hacer su propia versión con el poco conocido director y guionista John Erick Dowdle (La Trampa del Mal, Así en la Tierra Como el Infierno) acompañado de su hermano Drew Dowdle en la escritura y la actriz Jennifer Carpenter (El Exorcismo de Emily Rose, Dexter) como protagonista. Quarantine fue la película resultante, su estreno se produjo en el año 2008 y sin barrer las taquillas supuso un estreno bastante bien recibido. Poco bueno podemos decir de este innecesario remake del largometraje de Jaume Balagueró y Paco Plaza y mucho reprobable se puede destacar de él, pero trataremos de no cebarnos demasiado, ya lo haremos más tarde cuando hablemos de la inconcebible secuela de la cinta que nos ocupa.

Quarantine ofreció más o menos lo que en su momento se esperaba de ella. Una descafeinada, burda, impersonal y distante mala copia de la primera [·REC]. La cinta de John Erick Dowdle era una desvergonzada fotocopia de la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, de la que fusilaba no sólo casi todos los planos, también el diseño de producción, el vestuario y hasta los cortes de pelo de los actores. Pero lo peor no era su poca originalidad, su desgana, su inanidad o su tufo a prefabricado que poco o nada tenía que ver con la furia desatada con cámara al hombro del film primigenio, es que para colmo cuando en la trama sus creadores trataban de introducir pasajes de cosecha propia (el cámara golpeando a los infectados con su instrumento de trabajo, los perros contagiados con el virus) era cuando más se le notaban las costuras a este producto que falla a tantos niveles (Doug Jones no le llega a ni a la suela de los zapatos a Javier Botet como la Niña Medeiros, personaje que en este remake ni llegamos a saber de manera explícita quién o qué es, el guión anula toda la sátira social referida a los habitantes del bloque) que de él solo podemos destacar para bien la labor de una esforzada Jennifer Carpenter y que al copiar con descaro prácticamente todos los pasajes de la memorable obra original no podemos hablar con ella de una mala película. Pero la cosa cambia si la abordamos como un remake, y en ese sentido es de los más deleznables jamás rodados.



Cuando parecía que la meca del cine norteamericano no podía caer más bajo con respecto a degradar el buen nombre de la saga [·REC] después de Quarantine decidieron, tras el aceptable éxito de esta en las taquillas, abordar una inenarrable secuela. Pero contra todo pronóstico los productores que tenían los derechos de la franquicia decidieron, seguramente después de ingerir incontables cantidades de pellote, droga caníbal o lejía Conejo, alejarse totalmente de [·REC]² y hacer su propia segunda parte que, no sólo no tenía nada que ver con aquella producción española de 2009, sino que, para desconcierto de los cuatro gatos que la hemos sufrido al visionarla, la desvincularon al 100% de la primera Quarantine. Lo que en aquel 2011 salió de aquel proyecto es uno de los engendros más grandes que ha dado el cine reciente, un estreno directo al mercado doméstico con todas las de la ley que no puede recibir otro calificativo que no sea el de basura inmunda y aberrante.

Quarantine 2: Terminal, traducida estúpidamente en España como Cuarentena Terminal, fue escrita y dirigida por una criatura del mal llamada John Poge y protagonizada por una serie de terribles actores desconocidos, agradecimos estamos por ello. Aquel engendro hacía que una película de serie B pareciera de serie Z, tenía un presupuesto irrisorio al que se le notaban todas las carencias técnicas  como sólo tres soldados representando al ejército estadounidense o una única rata infectada que nunca sale delante de la cámara porque no habría dinero con el que recrearla. Aquí no hay lugar para la Niña Medeiros, edificios infectados, zombies brutales que regurgitan hemoglobina o el formato falso documental, que se obvia totalmente y del que no queda ni rastro en la trama. Sólo nos quedan un grupo de personajes imbéciles que no llegan ni a estereotipos que, primero en el interior de un avión y después en la terminal de un aeropuerto, se enfrentan a unos babeantes señores con varices que tienen que ver con un infectado/poseído/no muerto lo mismo que una castaña con un panzer. Un servidor ha degustado mucho detritus cinematográfico a lo largo de su vida como cinéfilo, pero lo que mis castigados ojos vieron durante los 86 interminables minutos que duró Quarantine 2 no tiene nombre.


[·REC]: Historias Inéditas, viñetas en cuarentena



Mientras el remake de la saga y sus ecuela hacían las Américas, con mucha más pena que gloria ,[·REC] se iba convirtiendo entrega a entrega en un fenómeno cinematográfico de culto en España, el país donde fue gestada, y cada uno de esos films era recibido con unos seguidores ansiosos esperando su dosis de virus, satanismo, gore y pólvora, asistiendo en tropel a las multisalas para degustarlos unas veces con fruición y otras con decepción. Por ello en 2012, al mismo tiempo que se estrenaba [·REC]³: Génesis, la editorial Glenat (por aquel entonces ya conocida como EDT, Editores de Tebeos) en asociación con Filmax y basándose en historias originales de Jaume Balagueró y Paco Plaza contrató al guionista Hernán Migoya y a un grupo de ilustradores internacionales para llevar a las viñetas estos cinco relatos cortos salidos de las perversas mentes que forjaron la famosa franquicia.

[·REC]: Historias Inéditas es una meritoria y simpática mezcolanza de distintos tipos de vertientes dentro del mundo del noveno arte. Por una parte la introducción a cada uno de los episodios a manos de una dicharachera Niña Medeiros es una referencia directa y muy cariñosa a revistas como Creepy o Tales From the Crypt, por otro las satíricas y muy ácidas portadas de tabloides nacionales parecen una variante envenenada de las que cierran cualquier entrega de los Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez (esos títulos variantes como El Mando o La Períodica no dejan lugar a dudas de que la flema puramente española también campa a sus anchas en el producto) pero es dentro de las eclécticas historias que contiene el recopilatorio donde vemos más variedad tonal y artística en lo que a la serie se refiere.



Encerrados narra lo que le sucedió al trío de críos de [·REC]² una vez les perdimos la pista. La profesional estética manga de la asiático-argentina Andrea Jen pone en funcionamiento el guión de Hernán Migoya y aunque permanecen constantes de aquella secuela de 2009 a la historia se le va las manos con el sexo y el lenguaje malsonante salido de las fauces del personaje de Tito. Tristana es, junto a El Experimento, la mejor historia de la colección. Un episodio mudo ilustrado por el argentino Feliciano G. Zecchin con aroma a dibujo europeo en el que se nos narra el origen de la posesión de Tristana Medeiros, dando varias respuestas no aclaradas en los cuatro films. ¡Zoombi! cuenta lo sucedido cuando el veterinario que atendió a Max, el perro infectado de la primera película, visita un Zoo en el que llega a resucitar por culpa del virus hasta el cadáver del afamado gorila Copito de Nieve. A retratar esta mala baba omnipresente ayuda el visceral trazo del boliviano Álvaro Rubiola.

El Experimento, es posiblemente el mejor relato en cuanto a cohesión de guión y dibujo. En esta historia asistimos a toda la etapa de experimentación por parte del padre Albelda para exorcizar el cuerpo de la Niña Medeiros, utilizando en el proceso a niños pequeños como cobayas. La fuerza del guión de Hernán Migoya y el férreo trazo de un Salvador Sanz deudor del mejor Paul Gulacy (Sang-Chi, Batman vs Depredador II) ofrecen viñetas impagables, como la splash page que narra toda la subida del sacerdote por las escaleras del famoso inmueble barcelonés apuntalando lo mejor de la serie. Para cerrar tenemos El Desconocido, la única historia vinculada directamente con [·REC]³: Génesis y revelándonos cómo contrajo el virus el famoso tío Pepe Víctor que contagió toda la boda de Clara y Koldo. Con una labor del catalán Joan Marín que recuerda al Leonardo Manco que ilustraba historias de Harvey Pekar para el sello Vertigo cierra este divertido, irregular y cariñoso tributo en viñetas a la serie de films de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Valoración general

Como se habrá podido percibir en la entrada un servidor siente una especial predilección por la saga [·REC] y la labor que en ella han realizado durante siete largos años los directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, por los que también profeso una más que considerable admiración. La que nos ocupa es una de las franquicias más rentables y seguidas del cine de terror patrio, o diseñó por españoles, ese que se  gestó durante la pasada década ofreciéndonos productos de muy buen nivel como Los Otros, de Alejandro Amenábar; El Espinazo del Diablo, de Guillermo del Toro; El Orfanato, de J.A. Bayona o 28 Semanas Después, de Juan Carlos Fresnadillo. Recordándonos que aquellos Jesús Franco, Jordi Grau, Narciso Ibañez Serrador, Juan Piquer Simón o Paul Naschy tienen unos dignos herederos que mirando siempre por lo contemporáneo no dejan de echar la vista atrás para saber de dónde viene y hacia donde va nuestro cine de género heredero del fantaterror. Por suerte, los muchos aciertos de la serie de largometrajes que han rodado esta pareja de cineastas solapan los posibles fallos que no la elevan a la perfección, pero el camino recorrido ha merecido la pena. Hemos vibrado, carcajeado nerviosamente, saltado de la butaca, nos hemos reconciliado o decepcionado con las distintas entregas a las que no se puede calificar de acomodaticias o miméticas y mientras su sombra crece y sobrevuela el panorama internacional con remakes, cómics o libros, como la novela de historias cortas [·REC]: Relatos Perdidos, el único material relacionado narrativamente con la franquicia que un servidor no ha podido comentar en esta entrada por no haber tenido el gusto de leerlo. En nuestra memoria colectiva queda aquella noche en la que una joven reportera y su cámara se adentraron en un bloque barcelonés cualquiera y con ello abrieron las puertas del infierno para suerte de los aficionados al buen cine de género hecho en este país. Esta España en la que cierto sector del público mira por encima del hombro a un celuloide que no para de dar síntomas que demuestran que de mediocre tiene más bien poco, diga lo que diga el ministro de cultura o hacienda de turno.