viernes, 3 de junio de 2016

Christine, forever my darling, my love will be true



Título Original Christine (1983)
Director John Carpenter
Guión Bill Phillips basado en la novela de Stephen King
Actores Keith Gordon, John Stockwell, Alexandra Paul, Harry Dean Stanton, Robert Prosky, Christine Belford, Roberts Blossom, William Ostrander, David Spielberg, Malcolm Danare, Steven Tash, Stuart Charno, Kelly Preston, Marc Poppel, Robert Darnell




En 1983 no eran ya pocas las obras audiovisuales que adaptaban novelas de Stephen King. Brian de Palma con Carrie, Tobe Hooper con Salem's Lot, Stanley Kubrick con El Resplandor y ese mismo año llegarían también Cujo de Lewis Teague y La Zona Muerta de David Cronenberg. Era un hecho que trasladar al celuloide las obras del autor de It (Eso) o Apocalipsis (The Stand) estaba de moda en los años 80. A esta lista de directores de renombre decididos a convertir en imagen la letra de King se unió por aquel entonces un John Carpenter venido de fracasar estrepitósamente con su remake de La Cosa desagradando a público y prensa especalizada incapaces de ver la revolución que supuso (años después debidamente reconocida) dentro del género de terror y el  uso de efectos de maquillaje o animatrónicos en este tipo de largometrajes. Por ello el autor de Starman y Golpe en la Pequeña China decidió desintoxicarse con un proyecto mucho más modesto. El centrado en esta Christine que nos ocupa.




Christine se publicó como novela el mismo año en el que vio la luz su versión cinematográfica. El libro sin ser de los mejores de Stephen King contiene algunas de sus más destacadas virtudes como narrador ya sea un análisis de personajes muy cuidado, un control del tempo capaz de agudizar la sensación de desasosiego y atmósfera opresiva o una fluidez en el desarrollo de los capítulos digna de elogio. La adaptación cinematográfica que se sustenta en el guión de Bill Phllips es escrupulósamente fiel, no sólo a lo que acontece en la novela, sino también a la hora de captar el tono, su localización espaciotemporal y sobre todo una estética que saltaba de las páginas para hacer viajar al lector a aquellos años setenta en los que tenía lugar la historia de amor entre Arnie Cunningham y Christine, el Plymouth Fury del 58 que cambió radicalmente su vida, en el peor sentido de la palabra.




Porque si la adaptación de Christine tiene una virtud es que al igual que la novela de Stephen King es una historia de amor extremo, un romance terrorífico a ritmo de rock and roll de los 50 y 60. La relación enfermiza compartida por el apocado estudiante de instituto Arnold Cunningham con su recién adquirido coche, una máquina viviente e inestable que reacciona de manera violenta cuando alguien se interpone en su camino y el de su nuevo dueño. Esta equivalencia en la que el terror debe alternarse con el inusual, hasta esperpéntico podríamos afirmar, relato sentimental entre un adolescente y un automóvil es creíble, terrenal y está perfectamente ejecutada gracias al talento de un autor con mayúsculas como John Carpenter. Un cineasta que hasta en un producto menor como el que nos ocupa es capaz de dar lo mejor de sí mismo como narrador.




Ese Plymouth Fury 58 es el epicentro de todo el largometraje, la razón de ser de la producción. John Carpenter lo sabe y en todo momento lo encuadra con delectación, un cuidado meticuloso cuando su misión es hacernos enamorar por el diseño de su carrocería o el sonido de su motor y como una bestia casi animal en los momentos en los que lleva a cabo sus actos homicidas retorciéndose como una informe masa de metal o recorriendo, envuelta en llamas, autopistas nocturnas como si saliera de la misma boca del infierno, Una vez más el director de En la Boca del Miedo o 1997: Rescate en New York bascula su relato entre el romance antinatural, Arnie enamorándose poco a poco de Christine, y el terror que supone una máquina convirtiéndose en el más original asesino en serie que jamás haya poblado un slasher. Subgénero al que esta producción también pertenece y al cual el mismo Carpenter dio fama en Estados Unidos en 1979 con la seminal La Noche de Halloween.




Pero el norteamericano no sólo se centra en que su "criatura" se convierta en la reina del baile. Su por aquel entonces más que demostrada destreza con la puesta en escena, su elegancia para ejecutar escenas de acción dinámicas y su talento para tensar las escenas de terror como un cable de acero por medio de sugerir más que mostrar se dejan notar hasta en un producto tan humilde como Christine. Pasajes como en los que Christine va eleminando uno a uno a "sus enemigos", en el que intenta asesinar a Leigh en el autocine, el de su reconstrucción tras ser destrozado por la banda de Buddy Repperton ante la mirada cómplice de Arnie o la recta final dan buena muestra de lo implicado que estaba Carpenter en el proyecto, sacando oro del guión que pusieron a su disposición y, como ya hemos mencionado previamente, explotando adecuadamente la mayoría de hallazgos de la novela de Stephen King. 




El reparto es cumplidor y Carpenter sabe sacar partido del mismo. A los veteranos reputados como Robert Prosky o Harry Dean Stanton, los mejores del casting con amplia diferencia, se suman los por aquel entonces debutantes Keith Gordon, John Stockwell y Alexandra Paul. Mientras esta última dejaba patentes sus todavía escasas dotes para el dramatismo (que tampoco aumentaron mucho con el paso de los años, todo hay que decirlo) Stockwell daba bien el perfil de mejor amigo o chico popular del instituto. Gordon por otro lado ofrecía algunos momentos intensos muy conseguidos cuando la historia se centraba en la relación de su personaje con Christine. Sirva como ejemplo esa última caricia manchando de sangre el radiador del Plymouth Fury finiquitando así el mutuo "romance". Con el paso de los años Gordon y Stockwell acabaron dejando la interpretación para pasarse a la dirección con, generalmente, productos de no mucho renombre y Paul languidece en tv movies después de volverse notoriamente conocida como una de las protagonistas de Los Vigilantes de la Playa.




Mi relación con Christine (más la película que el libro, que también me gusta considerablemente) es bastante especial. La descubrí a mediados de los 90 cuando devoraba todo tipo de material literario o audiovisual relacionado con Stephen King. Las películas basadas en sus escritos las solía ver en VHS y en la compañía de mi progenitora que todavía guarda un grato recuerdo de este film de 1983 y de otros cuantos del mismo pelaje. Como previamente hemos mencionado es un John Carpenter menor, de hecho pasó sin pena ni gloria por la cartelera internacional, pero a día de hoy se la puede considerar sin mucha controversia una de las mejores y más impecables traslaciones de una novela de Stephen King al celuloide y una interesante muestra de mixtura de géneros perfectamente realizada y acariciada por una maravillosa banda sonora con temas de Buddy Holly, The Rolling Stones o esa preciosa Pledging My Love de Johnny Ace que sirve de leitmotiv a una de las más atípicas y originales historias de amor tóxico del séptimo arte.


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