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lunes, 9 de mayo de 2022

Doctor Strange en el Multiverso de la Locura

 



Título Original Doctor Strange in the Multiverse of Madness (2022)
Dirección Sam Raimi
Guion Michael Waldron, basado en el cómic de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Benedict Cumberbatch, Elizabeth Olsen, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong, Xochitl Gomez, Rachel McAdams, Michael Stuhlbarg, Sheila Atim, Adam Hugill, Ako Mitchell, Momo Yeung, Daniel Swain, Topo Wresniwiro




Cuando todavía no hemos podido digerir el clímax final de la miniserie protagonizada por el Marc Spector/Steven Grant de Óscar Isaac el Universo Cinematográfico Marvel nos invita a dar uno de esos saltos de las plataformas de streaming al cine y viceversa a los que tan acostumbrados nos tiene ya esta Fase 4 después de seis series (WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier, Loki, What If…?, Hawkeye, Moon Knight) y cuatro largometrajes (Viuda Negra, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, Eternals y Spider-Man: No Way Home) a los que se suma esta Doctor Strange en el Multiverso de la Locura recién estrenada. Recordemos que después del buen recibimiento de la primera película en solitario del Hechicero Supremo protagonizada por Benedict Cumberbatch en Disney y Marvel Studios solicitaron nuevamente los servicios de su director, el estadounidense Scott Derrickson (Sinister, Líbranos del Mal), pero alegando las consabidas y bilaterales «diferencias creativas» este abandonó el proyecto durante su fase de pre producción. Sorprendiendo a propios y extraños, nunca mejor dicho, el elegido para sustituir al realizador de la inminente Black Phone fue el gran Sam Raimi, que volvia así al cine superheróico inspirado en el mundo de las viñetas en el que marcó un hito con los dos primeros Spider-Man de Tobey Maguire y del que salió por la puerta de atrás con la tercera entrega.




Al director de la saga Evil Dead se suma el guionista Michael Waldron que ya colaboró con Disney y Marvel Studios ejerciendo de creador y showrunner en Loki, mientras que Danny Elfman se ocupa de la banda sonora y John Mathieson de la fotografía. En el reparto repiten de la primera entrega Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong o Rachel McAdams y se suman a ellos Elizabeth Olsen o Xochitl Gómez entre otras. En Transgresión Continua ya hemos podido ver la película de Sam Raimi con la que se dan continuidad a las aventuras mágicas de Stephen Strange y que estos días ha enconado el debate sobre cúanto de la personalidad del director veremos en la película teniendo en cuenta que la productora capitaneada por Kevin Feige es dada a no recibir con demasiado entusiasmo, por no decir que en ocasiones los corta de raíz, los intentos de acercar los largometrajes de Marvel Studios a la sensibilidad propia de los cineastas contratados para rodarlas siendo el caso de Scott Derrickson en esta misma producción el más reciente, pero no el único si recordamos los de Joss Whedon con Los Vengadores: La Era de Ultrón o Edgar Wright en Ant-Man. Sea como fuere aquí va nuestra opinión de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura.




Aunque se muestra continuista audiovisual y narrativamente con la primera entrega estrenada en 2016 heredando todo el lore planteado por Scott Derrickson Doctor Strange en el Multiverso de la Locura mantiene conexiones directas, más o menos explícitas, con WandaVision, Spider-Man: No Way Home, Loki y la serie What If…?, por lo que es recomendable tener recientes todas esas producciones. Habían dos temores principales relacionados con esta segunda aventura en solitario protagonizada por Stephen Strange que se convirtieron en la comidilla del fandom durante los últimos meses, uno de ellos potenciado por lo que pudimos ver en la última película del Hombre Araña interpretado por Tom Holland. El primero era que la confirmación del Multiverso convirtiera a este en el epicentro de las posteriores producciones de Marvel Studios con el peligro que ello supone a la hora de intentar epatar al espectador por medio de cameos estelares sin orden ni concierto. El segundo, que ya hemos apuntado previamente, se centraba en cuánto de la personalidad de Sam Raimi veríamos en pantalla sabiendo que todo apunta a que Scott Derickson abandonó el proyecto por querer acercarlo demasiado al terror ante la negativa de Kevin Feige y sus colaboradores.




Por un lado esta nueva aventura del Doctor Strange confirma que el Multiverso no va a convertirse, al menos por ahora, en el centro neurálgico del Universo Cinematográfico Marvel, sino en un añadido al que se podrá recurrir regularmente para, posiblemente, construir algo más grande que, por las pistas que nos van ofreciendo, podría tratarse de una adaptación de las Secret Wars del año 2015 ideadas por el guionista estadounidense Jonathan Hickman y el ilustrador croata Esad Ribic. El uso que se hace del Multiverso en este largometraje y las "apariciones especiales" son solo una parte más del entramado en el que se ve envuelto el personaje principal. Por otro no solo podemos asegurar que en Doctor Strange en el Multiverso de Locura se notan la personalidad y las señas de identidad de Sam Raimi como cineasta, sino que la vertiente más presente a lo largo del metraje no es precisamente las de su trilogía de Spider-Man, sino la de la franquicia Evil Dead, la de Darkman, la de Arrástrame al Infierno e incluso la de productos más alimenticos, impersonales y de encargo como Oz, Un Mundo de Fantasía.




Lo cierto es que los aficionados a los cómics del Doctor Strange no pudimos recibir con más entusiasmo que un director como Sam Raimi se encargara de esta secuela una vez el autor de El Exorcismo de Emily Rose se desvinculó del proyecto detrás de las cámaras. Más allá de las ingerencias que el estudio pudiera llevar a cabo con la labor del realizador solo pensar en el imaginario estilístico adherido al personaje después de cuatro películas en las que ha hecho acto de presencia con la especial sensibilidad del director de Un Plan Sencillo no podía ser más prometedor. Por suerta Raimi ha conseguido el doble logro de respetar todo lo planteado por su antecesor, pero en el proceso llevarse Doctor Strange en el Multiverso de la Locura a su terreno, el del fantástico y sobre todo el terror. Porque sí, esta nueva propuesta de Marvel Studios es la que más adentra en estos terrenos con apuntes incluso de cierto body horror y una violencia más explícita que en el resto de películas del Universo Cinematográfico Marvel.




Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, que arranca siguiendo la regla de Cecil B. Demile de comenzar una película con un terremo y a partir de ahí ir subiendo en intensidad, mientras presenta al personaje de America Chavez (Xochitl Gomez), es una sinfonía de proporciones mastodónticas con un despliegue de medios y recursos audiovisuales de primer orden. Como era de esperar, y con la apariencia de haber disfrutado de una libertad creativa más que notable, Sam Raimi se siente como en casa a la hora de configurar esta historia protagonizada por el Hechicero Supremo viajendo entre universos haciendo gala de una puesta en escena mutante y moldeable que lleva a nuevas cotas de psicodelia a lo Steve Ditko lo que ya había extrapolado con bastante acierto a imagen real Scott Derrickson. Pero Sam Raimi va más allá interconectando géneros como el terror, las monster movies, la cienca ficción o la aventura clásica con algunos pasajes memorables como el viaje express por universos, la persecución subterranea o la "batalla musical" que seguramente se incluyera a petición de un Danny Elfman muy inspirado con un ecléctico score que mezcla sus inconfundibles coros con guitarrazos hasta de rock progresivo.




Pero lo importante de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, y era algo que era aplicable también a Spider-Man: No Way Home, es que debajo de la fanfarria, la hipérbole y el caos controlado nos encontramos una historia de personajes que, simepre adheridos al cine comercial en el que han sido diseñados, ofrecen un perfil psicológico sólido viéndose potenciado por la labor de los actores que les dan vida. En lo referido a los dos más importantes Benedict Cumberbatch se enfrenta al reto de tener que encarnar a varias versiones de un personaje que ya es indivisible de su impronta actoral de manera que su labor es excelente. El problema es que tanto él como el resto del reparto se ve arrasado por esa fuerza de la naturaleza llamada Elizabeth Olsen. Wanda Maximof vuelve al medio cinematográfico después de haberse convertido en el mejor y más complejo personaje de todo el UCM tras su paso por WandaVision. Aunque su rol incursiona en algunos tópicos su paso al lado oscuro está acertadamente justificado al estar bajo el influjo del Darkhold y sobre ella recae casi toda la carga dramática de la obra permitiéndole devorar cada encuadre mientras Sam Raimi materaliza sus lucha interna con algunas decisiones formales que poco tienen que envidiar a las mejores secuencias de la serie que compartió con la Visión de Paul Bettany y otras en las que se convierte practicamente en la villana de una película de terror.




El visionado de Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, con su correspondientes dos escenas post créditos, confirma lo que ya pudimos vislumbrar en Spider-Man: No Way Home, la notable mejoría de lo que estaba siendo una irregular Fase 4 a la que le todavía le cuesta encontrar el equilibrio a la hora de interconectar largometrajes con series para su plataforma de streaming. Sam Raimi ha vuelto al mundo del cine superheróico de manera excelsa después de la decepción que supuso para él y gran parte del fandom lo que Sony Pictures hizo con Spider-Man 3. La mezcla de géneros, los personajes con alma y las sorpresas bien dosificadas son los materiales sobre los que Marvel Studios ha construido un nuevo éxito cinematográfico que solo en su primer día en cartel recaudó 90 millones de dólares en Estados Unidos y 229 en la taquilla internacional. Esta buena noticia tiene un sabor agridulce y es que si bien lo números que se manejan apuntan a asistencia en masa a unas salas necesitadas de espectadores, las presiones de Disney para que las multisalas programen más sesiones de su producto perjudicando así al resto de propuestas en cartel confirma muchas de las afirmaciones que Martin Scorsese lleva años compartiendo con respecto al cine de Marvel Studios en particular y el de superhéroes en general. Solo el tiempo nos dirá si tiene razón.




viernes, 21 de agosto de 2020

Darkman, el hombre sin rostro



Título Original Darkman (1990)
Director Sam Raimi
Guión Sam Raimi, Ivan Raimi, Daniel Goldin, Joshua Goldin, Chuck Pfarrer
Reparto Liam Neeson, Frances McDormand, Colin Friels, Larry Drake, Nelson Mashita, Jesse Lawrence Ferguson, Ted Raimi, Jenny Agutter, Dan Hicks, Nicholas Worth, Julius Harris, Toru Tanaka, Dan Bell, Bruce Campbell, Frank Noon, William Dear




Cuando decidimos publicar los viernes estas retro-críticas nuestra intención era, no sólo reseñar aquellas adaptaciones cinematográficas de cómics que nunca habían encontrado su lugar en Zona Negativa o que si lo tuvieron fue antes de existir la redacción de cine, sino cubrir el vacío de estrenos dentro de este subgénero que la pandemia y el estado de alarma a nivel mundial impusieron a Hollywood, viéndose en la obligación de reestructurar totalmente su calendario previamente establecido. Hoy, después de siete de esas retro-reseñas, vamos a hacer una excepción hablando de una de esas películas que sin estar inspiradas directamente en ningún cómic, no sólo toma señas de identidad de cientos de ellos, sino que también ha sido considerada con el paso del tiempo casi una muestra más dentro de este tipo de celuloide. Hablamos como no podía ser menos de Darkman, cuarta película del cineasta estadounidense Sam Raimi que después de dos éxitos como Posesión Infernal (Evil Dead, 1981) o Terroríficamente Muertos (Evil Dead II, 1987) y un fracaso como Ola de Crímenes, Ola de Risas (Crimewave, 1985) decidió facturar su propia película de superhéroes hecha a medida, al no poder implicarse en producciones centradas en algunos de sus personajes favoritos como Batman o The Shadow. El resultado supuso un enorme éxito para el director de El Ejército de las Tinieblas (1992) que le abrió definitivamente las puertas de Hollywood.




Darkman fue un proyecto impulsado por la productora Renaissance Pictures, fundada por el mismo Sam Raimi y sus amigos Robert Tapert y Bruce Campbell junto a por Universal Pictures que puso en manos de los cineastas un presupuesto de entre 18 y 20 millones de dólares. A partir de una idea de Sam Raimi, que en su origen no dejaba de ser un relato de 30 páginas titulado The Darkman, el director se ocupó del guión junto a su Hermano Ivan Raimi, los también emparentados Daniel Goldin y Joshua Goldin o Chuck Pfarrer. Para dar vida al protagonista se recurrió a un todavía no muy conocido actor escocés llamado Liam Neeson que sólo tres años después protagonizaría la película que le cambiaría la vida a las órdenes de Steven Spielberg. A la pareja del personaje principal le dio vida la enorme Frances McDormand, grandiosa actriz y vieja conocida por Sam Raimi debido a su estrecha amistad con los hermanos Joel y Ethan Coen. Al dúo de villanos le pusieron rostro y físico un icono de la serie B como Larry Drake y Colin Friels, actor australiano de origen escocés que no se prodigó demasiado en Hollywood tras su paso por Darkman. En roles más episódicos tenemos a viejos conocidos del director como su otro hermano, Ted Raimi, Dan Hicks, Nicholas Worth o el indispensable Bruce Campbell cuya aparición en el film se litima a un breve, pero icónico, cameo. Danny Elfman en la banda sonora, Bill Pope en la dirección de fotografía y Tony Gardner como diseñador de los importantes efectos de maquillaje ponián el broche de oro a un proyecto con todo a su favor para convertirse en un éxito.




El Doctor Peyton Westlake (Liam Neeson) y su ayudante Yakitito (Nelson Mashita) están a punto de conseguir un gran avance en la creación de una variante de piel sintética cuyo fin será ayudar a personas con graves quemaduras corporales. Cuando su novia, la abogada Julie Hastings (Frances McDormand), descubre los asuntos sucios de uno de sus clientas más importantes, el empresario Louis Strack (Colin Friels), este envía a su banda de matones a sueldo comandados por el peligroso Robert Durant (Larry Drake) en busca de los archivos que delatan sus negocios ilícitos a la casa de Julie y encontrándose allí con Peyton y Yakutito. Los criminales asesinan al ayudante del científico y a Peyton lo desfiguran bestialmente haciendo explotar su laboratorio mientras lo dan por muerto al no haber sido encontrado su cadáver, supuestamente calcinado por por el brutal ataque al inmueble. Pero Peyton Westlake no ha perdido la vida, sino que ha quedado totalmente desfigurado y una vez huye del hospital en el que se encontraba confinado decide seguir con sus experimentos y saciar su sed de venganza contra aquellos que arruinaron su vida, separándolo de la mujer a la que amaba.




Aunque ya hemos mencionado que Darkman se adscribe sin demasiados problemas al cine superheróico, aunque sería más acertado decir que pertenece al “antiheróico”, sus raíces vienen precisamente del género que más ha cultivado Sam Raimi a lo largo de su carrera detrás de las cámaras. La trágica historia de Peyton Westlake no deja de ser una reformulación y modernización de El Fantasma de la Ópera, novela y personaje creado por el autor francés Gastón Leroux, con apuntes de clásicos de la literatura de terror o los monstruos a los que la Universal Pictures dio renovada fama durante los años 30 del siglo pasado. En este sentido es inevitable que vengan a nuestra mente novelas como Frankenstein (Mary Shelley, 1818), El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde (Robert Louis Stevenson, 1886), El Hombre Invisible (H.G. Wells, 1897) o sus distintas versiones en imagen real tanto para la pantalla grande como la pequeña. Esta decisión conceptual y estilística hibrida los géneros ya citados, pero también añade apuntes de drama, acción, suspense, literatura pulp y hasta pinceladas cartoonescas propias de la puesta en escena del Sam Raimi de sus primeros años.




Con respecto a su adhesión e influencia del mundo del cómic los ecos a The Shadow o Batman son tan notorios como inevitables. A propósito del personaje creado por Bill Finger y Bob Kane el estreno un año antes de la primera película del Hombre Murciélago dirigida por Tim Burton deja una huella más que notable en la estética de Darkman y no lo decimos sólo por el score compuesto por Danny Elfman, muy similar al que puso a disposición de aquella exitosa superproducción de 1989, sino por muchos detalles estilísticos, tonales y atmósfericos. No sabemos si estas similitudes son intencionadas o pura casualidad, pero es inevitable reparar en ellas, de la misma manera que después de ver la soberbia adaptación que Alex Proyas rodó en 1994 de El Cuervo, el exitoso cómic independiente de James O’Barr, se antoja lógico rememorar no pocos pasajes de esta Darkman y su mezcla oscuro urbanismo, neogoticismo y hasta Grand Guiñol en sus pasajes más enloquecidos. Darkman bebió de muchos referentes para tomar forma, pero su sombra también fue alargada durante la década de los 90 y no sólo por las producciones derivadas de ella que mencionaremos brevemente al final de la entrada.




En comparación con los que había contado en sus anteriores propuestas cinematográficas el presupuesto de Darkman supuso un salto enorme para Sam Raimi, más si cabe teniendo en cuenta que ejercía cargos de importancia en el largometraje alejados de su labor como realizador, lo que equivalía a más responsabilidad y no ser sólo un mercenario elegido por los productores para seguir directrices a las que no podría negarse. Con suma inteligencia el cineasta nacido en Michigan sabe ceder ante lo que no deja de ser una superproducción y desde el mismo arranque del film lo plaga de espectaculares y muy bien ejecutadas secuencias de acción con las que demuestra bastante soltura. En cambio son los pasajes más ceñidos al terror o los centrados en cómo la voluntad y mente del protagonista van deteriorándose gradualmente tras su horrendo accidente los elegidos por Sam Raimi para insuflar sus señas estéticas y narrativas como el uso nervioso de la cámara, angulaciones imposibles, efectos especiales prácticos, una puesta en escena bordeante en lo cartoonesco (aunque no de manera tan explícita como en otros de sus trabajos previos o posteriores) y una utilización excelsa del maquillaje, transmitiendo este en todo momento al espectador la supuesta “falsedad” de las máscaras artificiales que utiliza Peyton para suplantar la identidad de sus rivales, convirtiéndose las mismas en un recurso narrativo más.




Liam Neeson ofrece carisma y elegancia a Peyton Westlake antes de sufrir el ataque que le deforma de por vida y tras este son la compasión y el terror los sentimientos que el protagonista de Michael Collins transmite al patio de butacas, con un trabajo notable que al sustentarse tanto en el maquillaje nos retrotrae a algunos de los papeles más recordados del mítico Lon Chaney, el “Hombre de las Mil Caras”, que como recordamos también dio vida a el Fantasma de la Ópera en el film homónimo dirigido por Rupert Julian en 1925. De la doble ganadora del Oscar, Frances McDormand, poco más podemos decir, ya que hasta con un papel esquemático y supeditado irremisiblemente al de Liam Neeson consigue salir airosa del envite gracias a su profesionalidad. En cuanto a los dos villanos el Louis Strack de Colin Friels no está a la altura como versión light del empresario desalmado prototípico de las cintas de ciencia ficción estadounidenses de Paul Verhoeven y en cuanto a crueldad es devorado impunemente por el Robert Durant de Larry Drake que sin demasiado esfuerzo se revela como el personaje más imponente de la obra gracias a su rotundidad física o detalles como su atípica costumbre de coleccionar dedos previamente amputados con la cuchilla de su mechero.




De la misma manera que El Protegido (M. Night Shyamalan, 2000), pero en las antípodas de la intencionalidad de aquella, Darkman es el homenaje al mundo del cómic por parte de un director que desde sus inicios en el medio audiovisual siempre estuvo muy influenciado por el arte secuencial en casi todas sus vertientes. En la cuarta película de Sam Raimi no faltan héroes trágicos, damiselas en apuros, villanos de opereta, secuaces de cortas entendederas y frases lapidarias. Todos ello componiendo lugares comunes que el creador de Ash vs. Evil Dead no acomete de manera condescendiente, sino con sincera reverencialidad. El éxito de Darkman dio lugar a dos secuelas directas para vídeo, con Arnold Voosloo sustituyendo a Liam Neeson como Peyton Westlake y Larry Drake volviendo en una de ellas como Robert Durant, el episodio piloto de una serie que nunca salió adelante, novelas, videojuegos, figuras coleccinables e incluso, en un ejercicio de retroalimentación no exento de ironía, varios cómics editados por Marvel y Dynamite Entertainment en los que este vigilante desfigurado, siempre inasequible al desaliento, seguía luchando contra el crimen encontrando así un pequeño, pero bien posicionado, hueco en el corazón del fandom que acogió al Hombre Oscuro como un superhéroe más.



jueves, 25 de octubre de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 3, hail to the king, baby



“¿Sabes qué es el mal? Es poder sin miedo, sin remordimiento y sin dolor”





Seguimos con nuestro ciclo de terror, motivado por la cercanía de la próxima celebración de Halloween, hablando de la tercera y, por desgracia, última temporada de Ash vs. Evil Dead, la continuación catódica de la saga cinematográfica Evil Dead ideada en su origen por el guionista y director Sam Raimi, el productor Robert Tapert y el actor Bruce Campbell. Después de Posesión Infernal (Evil Dead), Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness) la versión audiovisual de la franquicia hibernó durante veinte años hasta que el brillante remake de la primera entrega llegó para inyectar nueva no vida a las aventuras centradas en la maldición escondida entre las páginas del Necronomicon Ex Mortis. Para regocijo de los fans Ash Villiams y su inseraparable motosierra volvieron en 2015 en formato televisivo con la ya citada Ash vs. Evil Dead, serie de la cadena de pago Starz convertida al poco de su estreno en uno de los productos de ficción más demencialmente bestiales y divertidos de la parrilla catódica internacional. Después de una desopilante primera temporada y una segunda yendo más allá para rebasar todos los límites de lo permisible y el buen gusto el presente año la tercera entrega hizo acto de presencia para poner prematuro fin a las andanzas demoníacas de “Ashy Slashy” y su pareja de sidekicks.






A diferencia de las dos temporadas anteriores de la serie la tercera no empieza pisando el acelerador al máximo para epatar a base de sangre y vísceras al respetable. Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Spezialy, creadores y showrunners del programa, por primera vez se toman el tiempo necesario para contextualizar la historia que van a narrar con Ash (Bruce Campbell) y Pablo (Ray Santiago) ya asentados en Elk Grove regentando una exitosa ferretería/sex shop, Kelly (Dana DeLorenzo) como la encargada de un bar de mala muerte y Ruby (Lucy Lawless) planeando la eliminación del protagonista por medio del Necronomicon Ex Mortis. Después de estos compases iniciales más calmados (todo lo calmados que pueden estar en una producción de naturaleza tan alocada como Ash vs. Evil Dead) la trama, una vez más sustentada sobre un punto de partida tan arbitrario como disparatado, comienza a encarrilarse y el exceso, la brutalidad, el humor negrísimo y la acción desenfrenada vuelven para campar a sus anchas en esta última temporada centrada en la relación de Ash con su hija Brandy (Arielle Carver-O’Neill), concebida durante un breve y lisérgico matrimonio con Candice Barr (Kathrina Hobbs), “Candy Bar” según el mismo Ash, y con la llegada de los “Oscuros” para desatar el apocalípsis en la tierra.






Con esta tercera temporada de Ash vs. Evil Dead los hermanos Raimi y Tom Spezialy tienen la intención de volver a las raíces de la serie con Ash aunando fuerzas con Pablo y Kelly para eliminar a Ruby, autoproclamada ya, de manera definitiva, como la villana principal de show. En el proceso nuestro protagonista tendrá que asimilar en tiempo récord tener una hija con la que la relación paternofilial se antojará caótica en exceso debido al carácter volátil, descerebrado y kamikaze del personaje interpretado por Bruce Campbell. Mientras tanto la venida del fin de los tiempos por mediación de los Oscuros, seres arcanos gracias a los cuales los creadores de la serie ahondan un poco más en el origen del Necronomicon Ex Mortis, sirven como excusa narrativa para volver a poblar Elk Grove de poseídos a los que ajusticiar de la manera más salvaje e imaginativa posible a manos de Ash o alguno de sus compañeros de fatigas. En lo referido a esto es de recibo mencionar que si bien, como apuntábamos antes, la temporada empezaba de manera más sosegada, en comparación con sus predecesoras, una vez los responsables de la misma deciden desbarrar lo hacen con un descontrol capaz de rebasar todas los límites de lo permisible en un producto televisivo.






Los zooms frenéticos, el slapstick, la iluminación esquizofrénica, las imágenes aceleradas, las lentes deformantes, los efectos de sonido regurgitantes, los incalculables litros de sangre y el despliegue interminable de vísceras que marcaron a fuego la puesta en escena de la saga desde su génesis con Posesión Infernal es explotada en esta tercera temporada de Ash vs. Evil Dead hasta el delirio, como si los autores detrás del proyecto supieran ya que esta tanda de episodios iba a suponer una despedida y decidieran ser excesivos e incorrectos hasta la hipérbole. Esta afirmación no viene sólo por la inclusión de secuencias sanguinolentas bordeantes en el ultragore, sino por pasajes tan temerarios y arriesgados como los protagonizados por niños o el de la matanza en el baile del instituto revelándose como una catarsis de violencia gratuita fruiciosa y tremebunda hasta la carcajada. Es de agradecer contar con un grupo de profesionales detrás de un proyecto como este con la intención de superarse a sí mismos a la hora de pisotear, escupir, vomitar y defecar en el buen gusto con la única misión de ofrecer a los fans de Ash y sus acólitos una nueva barbaridad con la que saciar nuestro apetito goloso. Sirvan como ejemplo de esto la escena de la batalla en el banco de esperma con dichos fluidos utilizados a modo de “arma arrojadiza” o la protagonizada por el bebé, el cuerpo decapitado y las bolas de bolos, un homenaje descarado a Braindead y una a oda a ensanchar, de manera poco amable, todos los orificios del cuerpo humano.






Con respecto al reparto, tan desquiciado como la misma serie, todo son parabienes si tenemos en cuanta la presteza con la que se han adueñado de sus criaturas los cuatro actores principales. El Pablo de Ray Santiago sigue siendo de vital importancia después de haber mantenido contacto físico con el Necronomicon Ex Mortis, convirtiéndose en una especie de profeta de la llegada del apocalipsis con el intérprete de origen puertorriqueño entregándose sin prejuicios a la causa. Dana DeLorenzo vuelve a inyectar fuerza, descaro, sorna y carisma a una Kelly un poco más arrinconada que en las temporadas anteriores, pero no sin copar protagonismo en pasajes memorables como en el que intenta matar a Ruby a basa de disparos a quemarropa con la escopeta. Con respecto a esta última sólo podemos afirmar que la actriz de Xena: La Princesa Guerrera ha dado vida en esta serie al personaje más salvaje de toda su carrera, una villana totalmente a la altura de un protagonista convertido desde hace años en un tótem del género de terror y estando en todo momento a la altura de las circunstancias. Poco más podemos decir de Bruce Campbell y su Ash, él es, lógicamente, el alma tanto de este programa como de la saga cinematográfica original y su figura magullada y chulesca, tocada con sus inseperables motosierra y escopeta recortada, siempre permanecerá como un icono para todos aquellos que disfrutamos de sus correrías sobrenaturales. Como nota discordante dentro del casting mencionar a Brandy, una Arielle Carver-O’Neill esforzada, pero sin la personalidad, el desparpajo y la mala baba para dar vida convincentemente a una digna hija de su padre.






Cuando esta tercera temporada llegaba a su conclusión saltaba la noticia de la cancelación de la serie por baja audiencia y la despedida, esperemos que no irrevocable, de Bruce Campbell del personaje que le dio la fama y las mayores satisfacciones de su carrera interpretativa. Por desgracia la cadena Starz nos dejaba sin una cuarta entrega de Ash vs. Evil Dead, pero desde esta entrada un servidor sólo puede tener palabras de agradecimiento para el canal de pago por haber tenido los redaños de producir la serie más brutal, explícita, desprejuiciada, satírica y paradójicamente entrañable de la historia de la televisión. Sam Raimi, Ivan Raimi, Tom Spezialy, Robert Tapert y Bruce Campbell no sólo han sabido ser escrupolósamente fieles al microcosmos que ellos crearon hace más de treinta y cinco años. También han hecho lo posible por ir más allá eliminando todos los obstáculos en el camino con el único fin de llenar de regocijo durante quince irrepetibles horas la existencia de aquellos criados al calor de la franquicia Evil Dead entre cabañas malditas, magnetófonos siniestros, familiares y allegados desmembrados, novias zombie, sótanos tenebrosos, libros encuadernados con piel y escritos con sangre humana, muertos revividos, caballeros andantes, ejércitos de esqueletos y un encargado de la sección de electrodomésticos elegido, muy a su pesar, para librarnos del mal a toda la humanidad.





viernes, 26 de enero de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 2, back in the village



"Le dimos una oportunidad a la paz, ahora es tiempo para la guerra"




El pasado año 2015 el sueño de muchos fans de la saga Evil Dead (ideada por el director y guionista Sam Raimi, el actor Bruce Campbell y el productor Robert Tapert en 1981 dando lugar a una trilogía cinematográfica y un remake entre otras variantes) se cumplió cuando sus artífices llegaron a un acuerdo con la cadena de pago estadounidense Starz (Spartacus, American Gods) para realizar una serie con la que dieron continuación a las aventuras sobrenaturales de Ashley “Ash” Williams. La primera temporada de Ash vs. Evil Dead en la que nuestro protagonista estaba acompañado en su cruzada por sus aliados Pablo (Ray Santiago) y Kelly (Dana DeLorenzo) y se veía las caras con poseídos, demonios o personajes secundarios como los de Rubby (Lucy Lawless) o la agente Fisher (Jill Marie Jones) supuso toda una descerebrada sorpresa que satisfizo hasta a los seguidores de la rama más dura de las correrías del mítico personaje de la motosierra y la escopeta recortada. Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Speziali, que ejercen de showrunners del producto, no sólo supieron estar a la altura con respecto a esa primera tanda de diez episodios, sino que superaron todas las expectativas ofreciendo una de las series de televisión más bestiales, hiperbólicas, incorrectas, enfermizas y graciosas del panorama catódico actual. Los directivos de Starz estaban tan satisfechos con Ash vs. Evil Dead que unos días antes del estreno de esta temporada inicial confirmaron la renovación para una segunda que llegó el 27 de septiembre de 2016.




Con el estreno de esta segunda temporada y teniendo en cuenta que la primera había gustado mucho y conseguido las metas aurimpuestas como secuela de una saga mítica en general y producto catódico en particular la mayor pregunta por parte de los seguidores era si los hermanos Raimi y Tom Speziali iban a seguir con ese desenfrenado ritmo en el que todo vale para mostrar sangre, vísceras y salvajismo en pantalla o si por el contrario iban a levantar el pie del acelerador y contenerse un poco más después del desfile de gore e hilaridad que supuso la temporada inicial. Los artífices del producto nos aclaran dichas dudas en las primeras entregas de esta nueva tanda de episodios con dos situaciones que marcarán el tono a seguir por parte de la historia. Por un lado la secuencia en la morgue con Ash introduciendo su cabeza por el recto de un cadáver abierto en canal mientras este vacía su esfínter y el protagonista evita por todos los medios que el pene del cuerpo inerte se introduzca en su boca y por otro la posesión demoníaca que sufre el Oldsmobile Delta 88 Royale (el coche de Ash a lo largo de toda la saga de Evil Dead y el de Sam Raimi en la realidad, teniendo cameos en prácticamente todas sus películas como director) que lo incita a descuartizar, desmembrar y quemar vivos a todo tipo de adolescentes que se cruzan en su camino nos confirman que esta nueva sesión de Ash vs. Evil Dead es mucho más demente y excesiva que su predecesora de 2015, que no es decir poco.




En esta ocasión Ash, Pablo y Kelly abandonan su retiro tropical en Jacksonville debido a que Rubby, que había jurado custodiar el Necronomicón para que los demonios no escaparan de él e invadieran le Tierra, parece haber roto su promesa. Estos hechos harán que los tres protagonistas viajen a Elk Grove (Michingan) ciudad natal de Ash donde el personaje de Bruce Campbell se reencontrará con su padre, Brock (Lee Majors), amores de adolescencia como Linda (Michelle Hurd) y amigos de infancia como Chet (Ted Raimi) o el sheriff Thomas Emery (Stephen Lovatt) siendo mal recibido por unos lugareños que desde hace décadas se ríen a sus espaldas apodándolo “Ashy Slashy” por haber descuartizado a su hermana y sus amigos en la primera entrega de la saga cinematográfica de 1981. Este contexto es en el que los guionistas de Ash vs. Evil Dead diseñarán el campo de batalla en el que se desarrollará la segunda temporada de la serie es, incluso más que en la primera, un endeble hilo repleto de arbitrariedades para que los personajes principales se encuentren abocados a un continuo enfrentamiento a todo tipo monstruosidades dándoles muerte de la manera más exagerada, violenta y gratuita posible, algo que acontece al menos durante la primera mitad del recorrido, después la cosa cambia como mencionaremos más tarde. Pero esto que no deja de ser un fallo a nivel de narración nos lleva al mismo punto que la temporada anterior, la serie no necesita más que esa mínima excusa para ponerse en funcionamiento y el espectador no demanda más, porque estamos hablando de un producto de entretenimiento buscando hacer pasar a los televidentes cinco horas de desenfreno y locura.




Teniendo esto claro sólo nos queda disfrutar con la galería de bestialidades de distinto pelaje destilada en esta segunda temporada de Ash vs. Evil Dead que si bien no incide en desarrollo de personajes alguno o un devenir argumental que nos lleve a algún sitio en concreto cuando todo el entramado que sustenta los diez episodios comienza a dar vueltas sobre sí mismo, sí es cierto que coquetea con otro tipo de diversificación en cuanto a su contenido. Por ejemplo, en cuanto a la fauna de criaturas sobrenaturales ya no encontramos sólo a los clásicos humanos poseídos por el influjo del Necronómicon, también conocemos a los letales “vástagos” de Ruby (que ya hicieron acto de presencia en los últimos compases de la primera temporada ofreciendo pasajes deliciosos junto a Ash) o el demonio Baal ejerciendo como villano de la temporada e interpretado por el actor neozelandés Joel Tobeck, que en su incursión en el programa parece una versión joven del gran Brad Dourif. Situar la trama en Elk Grow en principio podría parecer una elección que redujera las posibilidades narrativas de esta segunda temporada debido a las contadas localizaciones en las que tiene lugar la acción la misma, pero cuando hemos pasado el ecuador los guionistas toman una sabia decisión convirtiendo esta segunda parte de Ash vs. Evil Dead tanto en homenaje como una burla hacia el revival ochentero que estamos viviendo desde hace unos años dentro de la ficción audiovisual de principios del siglo XXI.




Una situación fortuita con graves consecuencias obliga a los protagonistas a viajar en el tiempo a la misma Elk Grove, pero de 1981, para impedir la primera lectura del Necronomicon, o lo que es lo mismo, detener los hechos que sucedieron en Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) ya que por decisión de los autores esos son los que se aceptan como canónicos y no los de Posesión Infernal (The Evil Dead) idea no del todo descabellada si tenemos en cuenta que la secuela de 1987 realmente era un remake de su predecesora. De esta manera por medio de un claro homenaje a la saga Regreso al Futuro la segunda temporada de Ash vs. Evil Dead torna en una parodia de la ya citada reivindicación de los años 80 siendo abordada con una sorna y mala baba que se deja notar en el fondo y la forma del producto. No sólo hay mucha ironía a la hora de ambientar dicha década, sino que también los Raimi y Tom Speziali deciden rendir tributo a la franquicia origen de su fama perdiéndole el respeto, haciendo mofa con ella e incluso llegando a reescribirla sin miramiento alguno demostrando que el único motivo por el que ellos también se han subido al exitoso carro de la nostalgia es para seguir con su orgía de hemoglobina, pólvora, salvajismo y humor de muy dudoso gusto para regocijo de espectadores de todo tipo y fans desprejuiciados.




En cuanto a otro de los puntos fuertes de la serie, un plantel de actores y personajes a los que a estas alturas ya hemos tomado cariño, debemos volver a mencionar a un Bruce Campbell superlativo que devora cada encuadre en el que la cámara repara en su presencia eclipsando a cualquier secundario que comparta plano con él, ejecutando una labor que llega a cotas de carisma sobrehumano en el capítulo Delusion y toda la trama en el psiquiátrico con la marioneta asesina `portada en su mano derecha sustituyendo a su conocida motosierra. Ray Santiago toma un protagonismo capital en esta nueva temporada después de lo acontecido en la anterior convirtiéndose en el MacGuffin que vertebra toda la trama central mientras los personajes de Dana DeLorenzo y Lucy Lawless deciden formar una especie de pareja digna del subgénero buddy movie deparando muy buenos momentos. En cuanto a las nuevas incorporaciones encontramos al mítico Lee Majors (El Hombre de los Seis Millones de Dólares) como el engreído padre de Ash, Ted Raimi en el papel de Chet, Michelle Hurd como Linda, el amor de adolescencia del protagonista, y al miserable sheriff Thomas Emery de Stephen Lovatt que a su vez es marido de Linda. Sin olvidar al ya mencionado Baal de Joel Tobeck que cumple como villano pero no destaca en demasía.




Ash vs. Evil Dead sigue su línea ascendente como show televisivo y secuela de la saga Evil Dead gracias a su insana demencia y afán por la hosquedad o lo insalubre. Por suerte después de ver que en esta temporada los guionistas han decidido ofrecer historias cada vez más bestiales y autoparódicas la fe en el producto no sólo se acrecienta sin miedo a que caiga en la reiteración a la que un subgénero tan hermético como al que pertenece pueda abocarla como serie de ficción, sino que ya tenemos las  pruebas audiovisuales que nos confirman cada nueva tanda de episodios creciendo exponencialmente en lo referente a ambición, sátira, escatología y puesta en escena. Porque lo que apuntan los primeros trailers de la tercera temporada que la cadena Starz estrenará el próximo 25 de febrero es que esto va a ser un no parar por parte de Sam Raimi, Ivan Raimi, Tom Speziali y si hasta ahora han dado forma al producto más descerebrado de la historia de la pequeña pantalla no queremos ni pensar en qué nos espera en el futuro si Ash y sus compinches siguen su escalada de crímenes sobrenaturales llevados a límites nunca sospechados en el microcosmos al que dio forma aquella modesta cinta de 1981 ideada por un grupo de veinteañeros novatos en lides cinematográficas sin saber que estaban diseñando un mito ficcional al que todavía le queda mucha “no vida”.


lunes, 8 de enero de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 1, terroríficamente vivos



“La vida es dura y peligrosa, y algunas veces tienes que cortarle la cabeza a alguien para sobrevivir.”




En el año 1981 se estrenó una película independiente de terror que acabaría dejando una profunda huella dentro del género. The Evil Dead o Posesión Infernal, como se la conoce en España, estaba escrita y dirigida por un cineasta de poco más de veinte años de edad llamado Sam Raimi que aunando fuerzas con su amigo Bruce Campbell, protagonista y co productor del film, realizó una pieza de una modestia desarmante que paliaba sus carencias presupuestarias por medio de una imaginación arrolladora. Esta historia sobre libros lovecraftianos que despiertan de la tumba a los muertos y a entidades poseyendo a los amigos del protagonista, el sufrido Ash Williams, no sólo se convirtió en uno de los estandartes del cine gore de los 80, también en una producción maldita (mítica su inclusión en la inefable lista británica “Video Nasties” que prohibía su distribución en el Reino Unido) que desembocaría en una trilogía, completada con Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) y El Ejército de los Tinieblas (Army of Darkness), llegando a ser venerada por millones de fans que vieron cómo las correrías del carismático dependiente de grandes almacenes reconvertido en héroe de acción, con una motosierra por mano, se extendián hasta otros medios como el teatro, los cómics o los videojuegos culminando todo en un brutal remake, impulsado por los creadores de la saga original, dirigido por el cineasta chileno Fede Álvarez y cuya escena post créditos dejaba la puerta abierta al regreso de Ash, que no aparecía como personaje en esta revisión del film original de 1981.




Ese cameo de Bruce Campbell en el remake de Posesión Infernal estrenado en 2013 alentó y dio nueva vida a años de rumores sobre una nueva entrega de la saga original protagonizada por Ash en la que el mismo Sam Raimi estaría implicado a pesar de sus compromisos con blockbusters hollywoodienses como su trilogía de Spiderman o la tardía, e innecesaria, Oz: Un Mundo de Fantasía que daba continuación al clásico de Victor Fleming. Para deseo de muchos y y alegría de no pocos esta continuación de las andanzas sobrenaturales de Ash llegó por fin en 2015, pero no en la pantalla grande, sino en la pequeña. Como es sabido por el fandom Sam Raimi no sólo es director, guionista y actor ocasional, también es productor de exitosas series de televisión como Hércules: Sus Viajes Legendarios, Xena: La Princesa Guerrera o más recientemente la excesiva Spartacus. Esta última producción, que ofrecía una peculiar visión del mítico esclavo tracio con ingentes cantidades de violencia y sexo explícitos, se emitió en la cadena de televisión por cable Starz, la que finalmente acogería en su seno Ash vs.Evil Dead, serie catódica a modo de continuación de la saga nacida en 1981, al menos durante una temporada.




Como es lógico e inevitable la primera preocupación que vendría a la mente de todo fan de The Evil Dead es si la brutalidad de la que hizo gala la saga original, al menos en sus dos primeras entregas o el remake, iba a ser atenuada en el medio televisivo por mucho que el producto naciera bajo el amparo de una cadena de pago que es mucho más permisiva con la violencia, sabiendo que esta marcó a fuego los primeros pasos de la vida ficcional de Ashley J. Williams. La respuesta nos la ofrece pronto el episodio piloto que, como era de esperar, está co escrito y dirigido por el mismo Sam Raimi. Estos primeros compases de Ash vs. Evil Dead no sólo confirman que el bestialismo propio de la Posesión Infernal primigenia va a hacer acto de presencia de manera hiperbolizada a lo largo de estos diez capítulos, sino que la locura, el exceso, el frenético look visual y la incorrección política que forjó la personalidad de Ash van explotar salvajemente salpicando de vísceras, hemoglobina y chistes de mal gusto a una serie de televisión que no sólo rinde tributo al microcosmos de Evil Dead y lo extiende notablemente, sino que también consigue amalgamar las distintas tonalidades de las cuatro producciones cinematográficas localizadas en este peculiar universo.




La primera temporada de Ash vs. Evil Dead es bestial como el film de 1981 o su remake de 2013, autoparódica como Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) y añade apuntes de épica y homenajes al todo tipo de cine clásico y de culto como hacía El Ejército de las Tinieblas. Sam Raimi se ocupa de ello asentando la puesta en escena del producto en el primer episodio, emulando la cámara cartoonesca y desquiciada que fue marca de la casa en la saga original, su violencia granguiñolesca y exagerada, cierta predilección por la ironía y el saberse un producto realizado por señores metidos en la cincuentena sin sentido del ridículo alguno a la hora de ejecutar una pieza sencillamente brutal para la televisión americana. Es cierto que en los tiempos de HBO, Showtime o la misma Starz ya estamos curados de espanto a la hora de ver sangre y muerte en el tubo catódico, pero hay secuencias en Ash vs. Evil Dead tan al límite de lo permisivo que un servidor en ocasiones no puede dar crédito, no ya al hecho de que Raimi y sus colaboradores hayan sido capaces de rodarlas, sino a que los productores vinculados a la cadena de pago hayan dado elvisto bueno a algunas de las muestras de violencia explícita más salvajes que se han visto en la historia de la televisión. De esta manera la serie no sólo mantiene intacta la esencia del producto en el que se basa, sino que lo lleva hasta unos límites dificilmente revasables hace sólo unos años.




En un alarde de sinceridad afirmaremos una verdad ineludible y es que tanto el punto de partida de la serie como su guión no son nada más que un cúmulo de sinsentidos narrativos para que Ash y sus colaboradores, de los que hablaremos a continuación, se enfrenten en una alocada sesión continua a todo tipo de poseídos y criaturas infernales desde el minuto uno del primer episodio. Pero de la misma manera que debemos admitir que la simplicidad de la escritura de la serie es un hecho irrefutable que un producto como Ash vs. Evil Dead, no dejando de ser un desfile de hemoglobina y mutiliaciones de todo pelaje, no necesita más para su adecuado discurrir a lo largo de los episodios, de hecho a nadie se le escapará que los guiones no eran el punto más fuerte de la franquicia original ideada por el director de la reivindicable Darkman. De esta manera la excusa de que Ash ha leído pasajes del Necronomicon bajo los efectos de la marihuana para impresionar a una chica sirve a Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Spezialy, los tres showrunners del proyecto, para explotar al máximo su propia creación llevándola a nuevos límites de demencia, humor negro, excesos y un descreimiento con todo lo relacionado con la integridad de la figura del héroe que queda hecha añicos con el delicioso e inesperado cierre de temporada en el décimo capítulo.




Como era de esperar el centro de esta nueva serie es el personaje de Ash al que da vida un Bruce Campbell que ha recuperado a su antiguo personaje para así volver a la palestra con la mejor de sus creaciones. Más gordo, con dentadura postiza, y tan torpe y descuidado como siempre Ash no ha cambiado mucho en treinta años y si a ello sumamos sus involuntarios comentarios racistas, sus poco sutiles técnicas de seducción y sus especiales dotes para identificar a poseídos, descacharrante el episodio con Mimi Rogers de actriz invitada, compactadas gracias al incalculable carisma de Bruce Campbell el resultado es mucho mejor de lo que esperábamos. Para continuar con el reparto podemos confirmar que a pesar de que el título de la serie es Ash vs. Evil Dead nuestro antihéroe viene escoltado por dos personajes, compañeros de trabajo en los grandes almacenes en los que sigue empleado, que no le van a la zaga en cuanto a protagonizar secuencias divertidas y enfermizas. Por un lado tenemos a Pablo (Ray Santiago) el entrañable fiel escudero de Ash que está perdidamente enamorado de la individualista y temperamental Kelly (Dana Delorenzo) que también se unirá a Ash en su cruzada contra las criaturas del mal amenazando desencadenar el infierno en la Tierra. A ellos se suman el misterioso personaje de Rubby (Lucy Lawless) y el de la agente Fisher (Jill Marie Jones) de la policía de Michigan, con los que nuestros protagonistas se encontrarán en no pocas ocasiones a lo largo de la temporada.




Frenética, indecorosa, pasada de rosca, imperfecta, viscosa, viciosa, divertida o memorable son algunos de los calificativos que se le pueden dar a la primera temporada de Ash vs. Evil Dead que nos ofreció Starz en 2015. Tras ella llegaron otras dos temporadas de las que este redactor poco o nada sabe ya que mi intención es verlas en el estado más virginal posible, en sentido metafórico, para ver si las excelente vibraciones que me ha transmitido esta primera tanda de diez episodios que al durar no más de media hora cada uno he consumido prácticamente del tirón. En una época en la que la nostalgia invade medios como el cine o la televisión es de agradecer que se erija una pieza como la que nos ocupa utilizando dicha excusa e ingeniándoselas para poner en las televisiones y plataformas de streaming de todo el mundo imágenes en las que todo tipo de armas blancas y de fuego componen un desfile de caos, muerte y mutilación demostrándonos que otro tipo de televisión abordada desde la irresponsabilidad, la temeridad, el mal gusto y la sana intención de provocar es posible. En breve la reseñas de las temporadas dos y tres acompañarán a la de esta primera que se ha convertido en una de las piezas de ficción que más me han hecho disfrutar como consumidor en los últimos años y eso con el nivel de la actual televisión americana no es decir poco precisamente.



viernes, 26 de abril de 2013

Posesión Infernal (2013)



Título Original Evil Dead (2013)
Director Fede Álvarez
Guión Diablo Cody, Rodrigo Sayagues y Fede Álvarez basado en los personajes de Sam Raimi
Actores Jane Levy, Shiloh Fernandez, Lou Taylor Pucci, Elizabeth Blackmore, Jessica Lucas



En 1981 un director norteamericano de 22 años llamado Sam Raimi debutó en esto del cine con Posesión Infernal (Evil Dead), una cinta de terror de presupuesto irrisorio, medios escasos y actores no profesionales que no tardó en convertirse en una obra de culto dentro de su estilo en general y los círculos del cine gore en particular. La dirección de Raimi que contraponía la imaginación a las limitaciones técnicas (magnífico uso de los movimientos de cámara, el sonido y los artesanales efectos especiales) y el buen hacer de su protagonista, Bruce Campbell (actor que lo daba todo en el plano físico y que se dejaba la piel en el set de rodaje) convirtieron la ópera prima del director de Arrástrame al Infierno en un rotundo y polémico éxito.




Tras ella vinieron dos secuelas. Terrorificamente Muertos (Evil Dead II) más un remake en clave de humor negro y slapstick que una segunda parte y El Ejército de las Tinieblas (Evil Dead III: Army of Darkness) una tercera entrega localizada en el medievo en el que la comedia fantástica se hacía con el núcleo del argumento convirtiéndose en una revisión bufa de Un Yanki en la Corte del Rey Arturo de Mark Twain, y sus distintas versiones cinematográficas, o un homenaje a films como Jason y los Argonautas o Furia de Titanes en los que ejerció como director de efectos especiales el mítico especialista en stop motion Ray Harryhausen, personalidad mayúscula dentro del cine fantástico del Hollywood clásico.




La trilogía se convirtió en un éxito a nivel mundial y fue la catapulta que impulsó a Sam Raimi al estrellato hollywoodiense donde dio forma a trabajos como Darkman, Rápida y Mortal, la célebre trilogía de Spiderman o el que sigue siendo su mejor trabajo como cineasta, la muy recuperable Un Plan Sencillo. Pero los seguidores del director sentíamos especial devoción por Ash y sus correrías entre poseídos y entidades demoniacas. Evil Dead extendió su fama hasta aparecer en otros medios como el cómic, los videojuegos o los musicales de Broadway. Mientras la cuarta entrega se retrasaba continuamente sobre el año 2011 empezó a sonar la noticia de un posible remake de la cinta original.




Los fans fruncímos el ceño, incluso un servidor, que ha disfrutado con varios de los remakes que se han hecho de films de culto dentro del género del terror como los de Las Colinas Tienen Ojos, La Última Casa a la Izquierda, La Matanza de Texas o Amanecer de los Muertos. Por mucho que Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert estuvieran detrás del proyecto, siendo ellos los creadores de la trilogía original, la elección del desconocido Fede Álvarez para dirigir el proyecto no pareció convencer a nadie. No queríamos que un film de naturaleza tan complicada fuera fusilado por cualquier mercenario que haría lo que fuese por entrar en Hollywood.




Pero entonces llegó el trailer (sobre todo el calificado como Red Band, que se permite incluir escenas explícitas de la trama) y nos cambió la cara, al menos a un servidor le ocurrió. La cosa prometía, había hemoglobina en grandes cantidades, escenas crudísimas, fidelidad a la cinta original y una atmósfera mórbida que tenía poco de impostada. Hoy he podido verla en pantalla grande y ha rebasado considerablemente todas mis expectativas. Me ha parecido, no sólo un remake intachable, también una pieza cinematográfica clave dentro de su género por contener en su interior una interesante y cohesionada mezcolanza de todo lo que funciona dentro de las distintas vertientes del cine de terror actual y más bien poco de lo que falla, ya sea americano, europeo o asiático.




David, Eric, Mia, Olivia y Natalie son cinco amigos que deciden pasar el fin de semana en una aislada cabaña a las afueras de Tenessee para ayudar a una de las chicas del grupo aq que abandone el consumo de drogas duras y así poder pasar el síndrome de abstinencia en compañía de sus allegados, su hermano entre ellos, también un miembro de la pandilla. Investigando el sótano de la casa encuentran un antiquísimo libro que contiene unos extraños y arcanos pasajes. Uno de los jóvenes lee parte de los escritos y desata a una fuerza demoníaca cuya misión es poseer y eliminar a los cinco muchachos para invocar a las fuerzas del mal en la Tierra.




Para empezar la versión del 2013 de Posesión Infernal acierta al desvincularse en cierta manera de la cinta que le sirve como base, no hay más que ver el arranque que no tiene nada que ver con el de la producción de 1981 y enfatizando el tono de brujería o el corte sobrenatural que impera en el producto. Además ahí Fed Álvarez y sus colaboradores en el guión ponen las cartas sobre la mesa, en ese prólogo se ven los derroteros por los que va a adentrarse la obra, sin miramientos ni medias tintas, Brutalidad epidérmica, desatada, lacerante y carente de concesiones o elipsis narrativas con las que ablandar las escenas más cruentas.




En la presentación de personajes la cosa renquea un poco y llega a asustar, porque aunque los guionistas quieran huir de los clichés habituales del género los roles están pobremente perfilados (el personaje de Olivia en concreto parece un mal añadido y si no fuera porque luego cobra protagonismo, muy a su pesar, no aportaría nada a la trama por muy novia del protagonista que sea) y sólo el de Mia tiene algo más de profundidad. Sobre todo si tenemos en cuenta que sus problemas con los estupefacientes son el núcleo de la trama y la excusa, más consistente que la de pasarlo bien de la cinta original, que impide a los personajes principales huir de buenas a primeras de la cabaña en la que se encuentran.




Aunque el film es un remake de la Evil Dead tenemos en el metraje incontables referencias a la trilogía original que harán que los fans esbocen más de una sonrisa cómplice. Pero como ya he mencionado Álvarez y sus guionistas han decidido tomar todas las constantes del cine de terror a nivel mundial para parir una criatura multiforme y desquiciadamente retorcida. La crudeza descarnada y vírica que emparenta la obra con aquellas muestras del nuevo terror extremo francés de brutalidad desatada como MartyrsÀ l'intérieur y Alta Tensión o los poseídos que nos traen por sus radicales expresiones corporales a la mente films tan dispares como las niponas Ringu, The Grudge la norteamericana El Exorcista o la española saga [•REC] son varias de las señas de identidad prestadas con las que se enriquece esta Evil Dead de 2013 que no escatima nada a la hora de explicitar el horror en pantalla.




Pero lo que más me ha llamado la atención, aunque ya se dejaba ver en el trailer, es que esta revisión de la cinta de Sam Raimi le debe tanto al largometraje de 1981 que toma como inspiración, como a Anticristo, la penúltima (antepénultima si contamos esa Nymphomniac que ya está dando que hablar antes incluso de terminar su rodaje) obra del danés Lars Von Trier. Del proyecto protagonizado por Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg toma la atmósfera herética, lasciva, bífida y de carácter casi vírico (aunque no la supera, creo que en mi vida he visto una cabaña y sus inmediaciones retratadas con tan aterradora maestría como en ese film) y la visceralidad minimalista, hasta llena de delectación en las escenas gore, algunas de las más brutales que he visto en pantalla grande salidas de una película producida por una major de Estados Unidos, la Tristar Pictures concretamente.




Porque hay momentos en los que me he llegado a reír sólo de pensar que no hayan metido más tijera en una película como esta y darle sólo la calificación R y no la temida NC-17. Recordad toda esa casquería prefabricada y de barraca de feria que se puede ver en sagas como Hostel o Saw y pensad que no tienen nada que ver con lo que se ve en Evil Dead y eso que tampoco podríamos hablar de un exceso de vísceras a lo ultragore alemán salido de la mano del infame Olaf Ittenbach que da más risa que asco, sino de un medido festival de secuencias descarnadas protagonizadas por los encuentros fortuitos de objetos como cristales, pistolas de clavos, motosierras, agujas hipodérmicas o cutters con partes del cuerpo como manos, bocas, lenguas u ojos. Es más hay una escena con un cuchillo eléctrico sencillamente bestial que tiene ecos a La Posesión de Andrej Zulawski, cinta a la que se hace referencia también con la descarnada interpretación de Jane Levy que nos retrotrae a la de Isabelle Adjani en aquel retorcido film, también de 1981.




Pero que nadie se piense que este desfile de brutalidades que regala la película está expuesto en pantalla por medio de un caos impersonal y desenfrenado, ni mucho menos. Fede Álavarez no es un Marcus Nispel de mala muerte, un mercenario inepto que deja que el diseño de producción y el reparto le hagan el trabajo. Detrás de la cámara de Evil Dead hay personalidad, mesura un uso magistral de recursos como los Dolly Zoom, los planos generales o los movimientos de cámara naturalistas, lentos, permitiendo que el encuadre tome forma llegando en ocasiones a lo imposible. Nada más y nada menos que arrancar belleza en varios planos como el del coche sumergido en al pantano o el del clímax final con la motosierra y la cabaña ardiendo de fondo en el que podemos encontrar incluso pinceladas de la pinturas de Pieter Brueghel "El Viejo", revelándose para un servidor como uno de los mejores momentos cinematográficos del 2013.




Evil Dead versión 2013 es la burrada más disfrutable, fruiciosa y descarnada que un espectador pueda echarse a la cara en la cartelera actual y con toda seguridad el film americano más salvaje que un servidor ha visto en pantalla grande fuera de un festival de cine. Una bocanada de agría bilis mezclada con sangre, un ejercicio de herético satanismo, en más de una ocasión el film transmite miedo y no precisamente con las escenas de vísceras, que nos regala un clímax de diez minutos que debe, por derecho propio, quedar en los anales del cine de terror moderno por su osadía, carencia de prejuicios y poca consideración por el espectador medio. Me cuesta mucho recomendar una película como esta, pero aquellos que la vean no quedarán indiferentes de ninguna manera. Ya el caso de posibles secuelas, cruces con la saga original o demás derivados me da igual. Todavía estoy asimilando todas y cada una de las escenas de la que es para mí, si no lo la mejor película que llevamos de año, una de las más interesantes, potentes y mejor rodadas.