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jueves, 25 de octubre de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 3, hail to the king, baby



“¿Sabes qué es el mal? Es poder sin miedo, sin remordimiento y sin dolor”





Seguimos con nuestro ciclo de terror, motivado por la cercanía de la próxima celebración de Halloween, hablando de la tercera y, por desgracia, última temporada de Ash vs. Evil Dead, la continuación catódica de la saga cinematográfica Evil Dead ideada en su origen por el guionista y director Sam Raimi, el productor Robert Tapert y el actor Bruce Campbell. Después de Posesión Infernal (Evil Dead), Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness) la versión audiovisual de la franquicia hibernó durante veinte años hasta que el brillante remake de la primera entrega llegó para inyectar nueva no vida a las aventuras centradas en la maldición escondida entre las páginas del Necronomicon Ex Mortis. Para regocijo de los fans Ash Villiams y su inseraparable motosierra volvieron en 2015 en formato televisivo con la ya citada Ash vs. Evil Dead, serie de la cadena de pago Starz convertida al poco de su estreno en uno de los productos de ficción más demencialmente bestiales y divertidos de la parrilla catódica internacional. Después de una desopilante primera temporada y una segunda yendo más allá para rebasar todos los límites de lo permisible y el buen gusto el presente año la tercera entrega hizo acto de presencia para poner prematuro fin a las andanzas demoníacas de “Ashy Slashy” y su pareja de sidekicks.






A diferencia de las dos temporadas anteriores de la serie la tercera no empieza pisando el acelerador al máximo para epatar a base de sangre y vísceras al respetable. Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Spezialy, creadores y showrunners del programa, por primera vez se toman el tiempo necesario para contextualizar la historia que van a narrar con Ash (Bruce Campbell) y Pablo (Ray Santiago) ya asentados en Elk Grove regentando una exitosa ferretería/sex shop, Kelly (Dana DeLorenzo) como la encargada de un bar de mala muerte y Ruby (Lucy Lawless) planeando la eliminación del protagonista por medio del Necronomicon Ex Mortis. Después de estos compases iniciales más calmados (todo lo calmados que pueden estar en una producción de naturaleza tan alocada como Ash vs. Evil Dead) la trama, una vez más sustentada sobre un punto de partida tan arbitrario como disparatado, comienza a encarrilarse y el exceso, la brutalidad, el humor negrísimo y la acción desenfrenada vuelven para campar a sus anchas en esta última temporada centrada en la relación de Ash con su hija Brandy (Arielle Carver-O’Neill), concebida durante un breve y lisérgico matrimonio con Candice Barr (Kathrina Hobbs), “Candy Bar” según el mismo Ash, y con la llegada de los “Oscuros” para desatar el apocalípsis en la tierra.






Con esta tercera temporada de Ash vs. Evil Dead los hermanos Raimi y Tom Spezialy tienen la intención de volver a las raíces de la serie con Ash aunando fuerzas con Pablo y Kelly para eliminar a Ruby, autoproclamada ya, de manera definitiva, como la villana principal de show. En el proceso nuestro protagonista tendrá que asimilar en tiempo récord tener una hija con la que la relación paternofilial se antojará caótica en exceso debido al carácter volátil, descerebrado y kamikaze del personaje interpretado por Bruce Campbell. Mientras tanto la venida del fin de los tiempos por mediación de los Oscuros, seres arcanos gracias a los cuales los creadores de la serie ahondan un poco más en el origen del Necronomicon Ex Mortis, sirven como excusa narrativa para volver a poblar Elk Grove de poseídos a los que ajusticiar de la manera más salvaje e imaginativa posible a manos de Ash o alguno de sus compañeros de fatigas. En lo referido a esto es de recibo mencionar que si bien, como apuntábamos antes, la temporada empezaba de manera más sosegada, en comparación con sus predecesoras, una vez los responsables de la misma deciden desbarrar lo hacen con un descontrol capaz de rebasar todas los límites de lo permisible en un producto televisivo.






Los zooms frenéticos, el slapstick, la iluminación esquizofrénica, las imágenes aceleradas, las lentes deformantes, los efectos de sonido regurgitantes, los incalculables litros de sangre y el despliegue interminable de vísceras que marcaron a fuego la puesta en escena de la saga desde su génesis con Posesión Infernal es explotada en esta tercera temporada de Ash vs. Evil Dead hasta el delirio, como si los autores detrás del proyecto supieran ya que esta tanda de episodios iba a suponer una despedida y decidieran ser excesivos e incorrectos hasta la hipérbole. Esta afirmación no viene sólo por la inclusión de secuencias sanguinolentas bordeantes en el ultragore, sino por pasajes tan temerarios y arriesgados como los protagonizados por niños o el de la matanza en el baile del instituto revelándose como una catarsis de violencia gratuita fruiciosa y tremebunda hasta la carcajada. Es de agradecer contar con un grupo de profesionales detrás de un proyecto como este con la intención de superarse a sí mismos a la hora de pisotear, escupir, vomitar y defecar en el buen gusto con la única misión de ofrecer a los fans de Ash y sus acólitos una nueva barbaridad con la que saciar nuestro apetito goloso. Sirvan como ejemplo de esto la escena de la batalla en el banco de esperma con dichos fluidos utilizados a modo de “arma arrojadiza” o la protagonizada por el bebé, el cuerpo decapitado y las bolas de bolos, un homenaje descarado a Braindead y una a oda a ensanchar, de manera poco amable, todos los orificios del cuerpo humano.






Con respecto al reparto, tan desquiciado como la misma serie, todo son parabienes si tenemos en cuanta la presteza con la que se han adueñado de sus criaturas los cuatro actores principales. El Pablo de Ray Santiago sigue siendo de vital importancia después de haber mantenido contacto físico con el Necronomicon Ex Mortis, convirtiéndose en una especie de profeta de la llegada del apocalipsis con el intérprete de origen puertorriqueño entregándose sin prejuicios a la causa. Dana DeLorenzo vuelve a inyectar fuerza, descaro, sorna y carisma a una Kelly un poco más arrinconada que en las temporadas anteriores, pero no sin copar protagonismo en pasajes memorables como en el que intenta matar a Ruby a basa de disparos a quemarropa con la escopeta. Con respecto a esta última sólo podemos afirmar que la actriz de Xena: La Princesa Guerrera ha dado vida en esta serie al personaje más salvaje de toda su carrera, una villana totalmente a la altura de un protagonista convertido desde hace años en un tótem del género de terror y estando en todo momento a la altura de las circunstancias. Poco más podemos decir de Bruce Campbell y su Ash, él es, lógicamente, el alma tanto de este programa como de la saga cinematográfica original y su figura magullada y chulesca, tocada con sus inseperables motosierra y escopeta recortada, siempre permanecerá como un icono para todos aquellos que disfrutamos de sus correrías sobrenaturales. Como nota discordante dentro del casting mencionar a Brandy, una Arielle Carver-O’Neill esforzada, pero sin la personalidad, el desparpajo y la mala baba para dar vida convincentemente a una digna hija de su padre.






Cuando esta tercera temporada llegaba a su conclusión saltaba la noticia de la cancelación de la serie por baja audiencia y la despedida, esperemos que no irrevocable, de Bruce Campbell del personaje que le dio la fama y las mayores satisfacciones de su carrera interpretativa. Por desgracia la cadena Starz nos dejaba sin una cuarta entrega de Ash vs. Evil Dead, pero desde esta entrada un servidor sólo puede tener palabras de agradecimiento para el canal de pago por haber tenido los redaños de producir la serie más brutal, explícita, desprejuiciada, satírica y paradójicamente entrañable de la historia de la televisión. Sam Raimi, Ivan Raimi, Tom Spezialy, Robert Tapert y Bruce Campbell no sólo han sabido ser escrupolósamente fieles al microcosmos que ellos crearon hace más de treinta y cinco años. También han hecho lo posible por ir más allá eliminando todos los obstáculos en el camino con el único fin de llenar de regocijo durante quince irrepetibles horas la existencia de aquellos criados al calor de la franquicia Evil Dead entre cabañas malditas, magnetófonos siniestros, familiares y allegados desmembrados, novias zombie, sótanos tenebrosos, libros encuadernados con piel y escritos con sangre humana, muertos revividos, caballeros andantes, ejércitos de esqueletos y un encargado de la sección de electrodomésticos elegido, muy a su pesar, para librarnos del mal a toda la humanidad.





viernes, 26 de enero de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 2, back in the village



"Le dimos una oportunidad a la paz, ahora es tiempo para la guerra"




El pasado año 2015 el sueño de muchos fans de la saga Evil Dead (ideada por el director y guionista Sam Raimi, el actor Bruce Campbell y el productor Robert Tapert en 1981 dando lugar a una trilogía cinematográfica y un remake entre otras variantes) se cumplió cuando sus artífices llegaron a un acuerdo con la cadena de pago estadounidense Starz (Spartacus, American Gods) para realizar una serie con la que dieron continuación a las aventuras sobrenaturales de Ashley “Ash” Williams. La primera temporada de Ash vs. Evil Dead en la que nuestro protagonista estaba acompañado en su cruzada por sus aliados Pablo (Ray Santiago) y Kelly (Dana DeLorenzo) y se veía las caras con poseídos, demonios o personajes secundarios como los de Rubby (Lucy Lawless) o la agente Fisher (Jill Marie Jones) supuso toda una descerebrada sorpresa que satisfizo hasta a los seguidores de la rama más dura de las correrías del mítico personaje de la motosierra y la escopeta recortada. Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Speziali, que ejercen de showrunners del producto, no sólo supieron estar a la altura con respecto a esa primera tanda de diez episodios, sino que superaron todas las expectativas ofreciendo una de las series de televisión más bestiales, hiperbólicas, incorrectas, enfermizas y graciosas del panorama catódico actual. Los directivos de Starz estaban tan satisfechos con Ash vs. Evil Dead que unos días antes del estreno de esta temporada inicial confirmaron la renovación para una segunda que llegó el 27 de septiembre de 2016.




Con el estreno de esta segunda temporada y teniendo en cuenta que la primera había gustado mucho y conseguido las metas aurimpuestas como secuela de una saga mítica en general y producto catódico en particular la mayor pregunta por parte de los seguidores era si los hermanos Raimi y Tom Speziali iban a seguir con ese desenfrenado ritmo en el que todo vale para mostrar sangre, vísceras y salvajismo en pantalla o si por el contrario iban a levantar el pie del acelerador y contenerse un poco más después del desfile de gore e hilaridad que supuso la temporada inicial. Los artífices del producto nos aclaran dichas dudas en las primeras entregas de esta nueva tanda de episodios con dos situaciones que marcarán el tono a seguir por parte de la historia. Por un lado la secuencia en la morgue con Ash introduciendo su cabeza por el recto de un cadáver abierto en canal mientras este vacía su esfínter y el protagonista evita por todos los medios que el pene del cuerpo inerte se introduzca en su boca y por otro la posesión demoníaca que sufre el Oldsmobile Delta 88 Royale (el coche de Ash a lo largo de toda la saga de Evil Dead y el de Sam Raimi en la realidad, teniendo cameos en prácticamente todas sus películas como director) que lo incita a descuartizar, desmembrar y quemar vivos a todo tipo de adolescentes que se cruzan en su camino nos confirman que esta nueva sesión de Ash vs. Evil Dead es mucho más demente y excesiva que su predecesora de 2015, que no es decir poco.




En esta ocasión Ash, Pablo y Kelly abandonan su retiro tropical en Jacksonville debido a que Rubby, que había jurado custodiar el Necronomicón para que los demonios no escaparan de él e invadieran le Tierra, parece haber roto su promesa. Estos hechos harán que los tres protagonistas viajen a Elk Grove (Michingan) ciudad natal de Ash donde el personaje de Bruce Campbell se reencontrará con su padre, Brock (Lee Majors), amores de adolescencia como Linda (Michelle Hurd) y amigos de infancia como Chet (Ted Raimi) o el sheriff Thomas Emery (Stephen Lovatt) siendo mal recibido por unos lugareños que desde hace décadas se ríen a sus espaldas apodándolo “Ashy Slashy” por haber descuartizado a su hermana y sus amigos en la primera entrega de la saga cinematográfica de 1981. Este contexto es en el que los guionistas de Ash vs. Evil Dead diseñarán el campo de batalla en el que se desarrollará la segunda temporada de la serie es, incluso más que en la primera, un endeble hilo repleto de arbitrariedades para que los personajes principales se encuentren abocados a un continuo enfrentamiento a todo tipo monstruosidades dándoles muerte de la manera más exagerada, violenta y gratuita posible, algo que acontece al menos durante la primera mitad del recorrido, después la cosa cambia como mencionaremos más tarde. Pero esto que no deja de ser un fallo a nivel de narración nos lleva al mismo punto que la temporada anterior, la serie no necesita más que esa mínima excusa para ponerse en funcionamiento y el espectador no demanda más, porque estamos hablando de un producto de entretenimiento buscando hacer pasar a los televidentes cinco horas de desenfreno y locura.




Teniendo esto claro sólo nos queda disfrutar con la galería de bestialidades de distinto pelaje destilada en esta segunda temporada de Ash vs. Evil Dead que si bien no incide en desarrollo de personajes alguno o un devenir argumental que nos lleve a algún sitio en concreto cuando todo el entramado que sustenta los diez episodios comienza a dar vueltas sobre sí mismo, sí es cierto que coquetea con otro tipo de diversificación en cuanto a su contenido. Por ejemplo, en cuanto a la fauna de criaturas sobrenaturales ya no encontramos sólo a los clásicos humanos poseídos por el influjo del Necronómicon, también conocemos a los letales “vástagos” de Ruby (que ya hicieron acto de presencia en los últimos compases de la primera temporada ofreciendo pasajes deliciosos junto a Ash) o el demonio Baal ejerciendo como villano de la temporada e interpretado por el actor neozelandés Joel Tobeck, que en su incursión en el programa parece una versión joven del gran Brad Dourif. Situar la trama en Elk Grow en principio podría parecer una elección que redujera las posibilidades narrativas de esta segunda temporada debido a las contadas localizaciones en las que tiene lugar la acción la misma, pero cuando hemos pasado el ecuador los guionistas toman una sabia decisión convirtiendo esta segunda parte de Ash vs. Evil Dead tanto en homenaje como una burla hacia el revival ochentero que estamos viviendo desde hace unos años dentro de la ficción audiovisual de principios del siglo XXI.




Una situación fortuita con graves consecuencias obliga a los protagonistas a viajar en el tiempo a la misma Elk Grove, pero de 1981, para impedir la primera lectura del Necronomicon, o lo que es lo mismo, detener los hechos que sucedieron en Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) ya que por decisión de los autores esos son los que se aceptan como canónicos y no los de Posesión Infernal (The Evil Dead) idea no del todo descabellada si tenemos en cuenta que la secuela de 1987 realmente era un remake de su predecesora. De esta manera por medio de un claro homenaje a la saga Regreso al Futuro la segunda temporada de Ash vs. Evil Dead torna en una parodia de la ya citada reivindicación de los años 80 siendo abordada con una sorna y mala baba que se deja notar en el fondo y la forma del producto. No sólo hay mucha ironía a la hora de ambientar dicha década, sino que también los Raimi y Tom Speziali deciden rendir tributo a la franquicia origen de su fama perdiéndole el respeto, haciendo mofa con ella e incluso llegando a reescribirla sin miramiento alguno demostrando que el único motivo por el que ellos también se han subido al exitoso carro de la nostalgia es para seguir con su orgía de hemoglobina, pólvora, salvajismo y humor de muy dudoso gusto para regocijo de espectadores de todo tipo y fans desprejuiciados.




En cuanto a otro de los puntos fuertes de la serie, un plantel de actores y personajes a los que a estas alturas ya hemos tomado cariño, debemos volver a mencionar a un Bruce Campbell superlativo que devora cada encuadre en el que la cámara repara en su presencia eclipsando a cualquier secundario que comparta plano con él, ejecutando una labor que llega a cotas de carisma sobrehumano en el capítulo Delusion y toda la trama en el psiquiátrico con la marioneta asesina `portada en su mano derecha sustituyendo a su conocida motosierra. Ray Santiago toma un protagonismo capital en esta nueva temporada después de lo acontecido en la anterior convirtiéndose en el MacGuffin que vertebra toda la trama central mientras los personajes de Dana DeLorenzo y Lucy Lawless deciden formar una especie de pareja digna del subgénero buddy movie deparando muy buenos momentos. En cuanto a las nuevas incorporaciones encontramos al mítico Lee Majors (El Hombre de los Seis Millones de Dólares) como el engreído padre de Ash, Ted Raimi en el papel de Chet, Michelle Hurd como Linda, el amor de adolescencia del protagonista, y al miserable sheriff Thomas Emery de Stephen Lovatt que a su vez es marido de Linda. Sin olvidar al ya mencionado Baal de Joel Tobeck que cumple como villano pero no destaca en demasía.




Ash vs. Evil Dead sigue su línea ascendente como show televisivo y secuela de la saga Evil Dead gracias a su insana demencia y afán por la hosquedad o lo insalubre. Por suerte después de ver que en esta temporada los guionistas han decidido ofrecer historias cada vez más bestiales y autoparódicas la fe en el producto no sólo se acrecienta sin miedo a que caiga en la reiteración a la que un subgénero tan hermético como al que pertenece pueda abocarla como serie de ficción, sino que ya tenemos las  pruebas audiovisuales que nos confirman cada nueva tanda de episodios creciendo exponencialmente en lo referente a ambición, sátira, escatología y puesta en escena. Porque lo que apuntan los primeros trailers de la tercera temporada que la cadena Starz estrenará el próximo 25 de febrero es que esto va a ser un no parar por parte de Sam Raimi, Ivan Raimi, Tom Speziali y si hasta ahora han dado forma al producto más descerebrado de la historia de la pequeña pantalla no queremos ni pensar en qué nos espera en el futuro si Ash y sus compinches siguen su escalada de crímenes sobrenaturales llevados a límites nunca sospechados en el microcosmos al que dio forma aquella modesta cinta de 1981 ideada por un grupo de veinteañeros novatos en lides cinematográficas sin saber que estaban diseñando un mito ficcional al que todavía le queda mucha “no vida”.


lunes, 8 de enero de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 1, terroríficamente vivos



“La vida es dura y peligrosa, y algunas veces tienes que cortarle la cabeza a alguien para sobrevivir.”




En el año 1981 se estrenó una película independiente de terror que acabaría dejando una profunda huella dentro del género. The Evil Dead o Posesión Infernal, como se la conoce en España, estaba escrita y dirigida por un cineasta de poco más de veinte años de edad llamado Sam Raimi que aunando fuerzas con su amigo Bruce Campbell, protagonista y co productor del film, realizó una pieza de una modestia desarmante que paliaba sus carencias presupuestarias por medio de una imaginación arrolladora. Esta historia sobre libros lovecraftianos que despiertan de la tumba a los muertos y a entidades poseyendo a los amigos del protagonista, el sufrido Ash Williams, no sólo se convirtió en uno de los estandartes del cine gore de los 80, también en una producción maldita (mítica su inclusión en la inefable lista británica “Video Nasties” que prohibía su distribución en el Reino Unido) que desembocaría en una trilogía, completada con Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) y El Ejército de los Tinieblas (Army of Darkness), llegando a ser venerada por millones de fans que vieron cómo las correrías del carismático dependiente de grandes almacenes reconvertido en héroe de acción, con una motosierra por mano, se extendián hasta otros medios como el teatro, los cómics o los videojuegos culminando todo en un brutal remake, impulsado por los creadores de la saga original, dirigido por el cineasta chileno Fede Álvarez y cuya escena post créditos dejaba la puerta abierta al regreso de Ash, que no aparecía como personaje en esta revisión del film original de 1981.




Ese cameo de Bruce Campbell en el remake de Posesión Infernal estrenado en 2013 alentó y dio nueva vida a años de rumores sobre una nueva entrega de la saga original protagonizada por Ash en la que el mismo Sam Raimi estaría implicado a pesar de sus compromisos con blockbusters hollywoodienses como su trilogía de Spiderman o la tardía, e innecesaria, Oz: Un Mundo de Fantasía que daba continuación al clásico de Victor Fleming. Para deseo de muchos y y alegría de no pocos esta continuación de las andanzas sobrenaturales de Ash llegó por fin en 2015, pero no en la pantalla grande, sino en la pequeña. Como es sabido por el fandom Sam Raimi no sólo es director, guionista y actor ocasional, también es productor de exitosas series de televisión como Hércules: Sus Viajes Legendarios, Xena: La Princesa Guerrera o más recientemente la excesiva Spartacus. Esta última producción, que ofrecía una peculiar visión del mítico esclavo tracio con ingentes cantidades de violencia y sexo explícitos, se emitió en la cadena de televisión por cable Starz, la que finalmente acogería en su seno Ash vs.Evil Dead, serie catódica a modo de continuación de la saga nacida en 1981, al menos durante una temporada.




Como es lógico e inevitable la primera preocupación que vendría a la mente de todo fan de The Evil Dead es si la brutalidad de la que hizo gala la saga original, al menos en sus dos primeras entregas o el remake, iba a ser atenuada en el medio televisivo por mucho que el producto naciera bajo el amparo de una cadena de pago que es mucho más permisiva con la violencia, sabiendo que esta marcó a fuego los primeros pasos de la vida ficcional de Ashley J. Williams. La respuesta nos la ofrece pronto el episodio piloto que, como era de esperar, está co escrito y dirigido por el mismo Sam Raimi. Estos primeros compases de Ash vs. Evil Dead no sólo confirman que el bestialismo propio de la Posesión Infernal primigenia va a hacer acto de presencia de manera hiperbolizada a lo largo de estos diez capítulos, sino que la locura, el exceso, el frenético look visual y la incorrección política que forjó la personalidad de Ash van explotar salvajemente salpicando de vísceras, hemoglobina y chistes de mal gusto a una serie de televisión que no sólo rinde tributo al microcosmos de Evil Dead y lo extiende notablemente, sino que también consigue amalgamar las distintas tonalidades de las cuatro producciones cinematográficas localizadas en este peculiar universo.




La primera temporada de Ash vs. Evil Dead es bestial como el film de 1981 o su remake de 2013, autoparódica como Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) y añade apuntes de épica y homenajes al todo tipo de cine clásico y de culto como hacía El Ejército de las Tinieblas. Sam Raimi se ocupa de ello asentando la puesta en escena del producto en el primer episodio, emulando la cámara cartoonesca y desquiciada que fue marca de la casa en la saga original, su violencia granguiñolesca y exagerada, cierta predilección por la ironía y el saberse un producto realizado por señores metidos en la cincuentena sin sentido del ridículo alguno a la hora de ejecutar una pieza sencillamente brutal para la televisión americana. Es cierto que en los tiempos de HBO, Showtime o la misma Starz ya estamos curados de espanto a la hora de ver sangre y muerte en el tubo catódico, pero hay secuencias en Ash vs. Evil Dead tan al límite de lo permisivo que un servidor en ocasiones no puede dar crédito, no ya al hecho de que Raimi y sus colaboradores hayan sido capaces de rodarlas, sino a que los productores vinculados a la cadena de pago hayan dado elvisto bueno a algunas de las muestras de violencia explícita más salvajes que se han visto en la historia de la televisión. De esta manera la serie no sólo mantiene intacta la esencia del producto en el que se basa, sino que lo lleva hasta unos límites dificilmente revasables hace sólo unos años.




En un alarde de sinceridad afirmaremos una verdad ineludible y es que tanto el punto de partida de la serie como su guión no son nada más que un cúmulo de sinsentidos narrativos para que Ash y sus colaboradores, de los que hablaremos a continuación, se enfrenten en una alocada sesión continua a todo tipo de poseídos y criaturas infernales desde el minuto uno del primer episodio. Pero de la misma manera que debemos admitir que la simplicidad de la escritura de la serie es un hecho irrefutable que un producto como Ash vs. Evil Dead, no dejando de ser un desfile de hemoglobina y mutiliaciones de todo pelaje, no necesita más para su adecuado discurrir a lo largo de los episodios, de hecho a nadie se le escapará que los guiones no eran el punto más fuerte de la franquicia original ideada por el director de la reivindicable Darkman. De esta manera la excusa de que Ash ha leído pasajes del Necronomicon bajo los efectos de la marihuana para impresionar a una chica sirve a Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Spezialy, los tres showrunners del proyecto, para explotar al máximo su propia creación llevándola a nuevos límites de demencia, humor negro, excesos y un descreimiento con todo lo relacionado con la integridad de la figura del héroe que queda hecha añicos con el delicioso e inesperado cierre de temporada en el décimo capítulo.




Como era de esperar el centro de esta nueva serie es el personaje de Ash al que da vida un Bruce Campbell que ha recuperado a su antiguo personaje para así volver a la palestra con la mejor de sus creaciones. Más gordo, con dentadura postiza, y tan torpe y descuidado como siempre Ash no ha cambiado mucho en treinta años y si a ello sumamos sus involuntarios comentarios racistas, sus poco sutiles técnicas de seducción y sus especiales dotes para identificar a poseídos, descacharrante el episodio con Mimi Rogers de actriz invitada, compactadas gracias al incalculable carisma de Bruce Campbell el resultado es mucho mejor de lo que esperábamos. Para continuar con el reparto podemos confirmar que a pesar de que el título de la serie es Ash vs. Evil Dead nuestro antihéroe viene escoltado por dos personajes, compañeros de trabajo en los grandes almacenes en los que sigue empleado, que no le van a la zaga en cuanto a protagonizar secuencias divertidas y enfermizas. Por un lado tenemos a Pablo (Ray Santiago) el entrañable fiel escudero de Ash que está perdidamente enamorado de la individualista y temperamental Kelly (Dana Delorenzo) que también se unirá a Ash en su cruzada contra las criaturas del mal amenazando desencadenar el infierno en la Tierra. A ellos se suman el misterioso personaje de Rubby (Lucy Lawless) y el de la agente Fisher (Jill Marie Jones) de la policía de Michigan, con los que nuestros protagonistas se encontrarán en no pocas ocasiones a lo largo de la temporada.




Frenética, indecorosa, pasada de rosca, imperfecta, viscosa, viciosa, divertida o memorable son algunos de los calificativos que se le pueden dar a la primera temporada de Ash vs. Evil Dead que nos ofreció Starz en 2015. Tras ella llegaron otras dos temporadas de las que este redactor poco o nada sabe ya que mi intención es verlas en el estado más virginal posible, en sentido metafórico, para ver si las excelente vibraciones que me ha transmitido esta primera tanda de diez episodios que al durar no más de media hora cada uno he consumido prácticamente del tirón. En una época en la que la nostalgia invade medios como el cine o la televisión es de agradecer que se erija una pieza como la que nos ocupa utilizando dicha excusa e ingeniándoselas para poner en las televisiones y plataformas de streaming de todo el mundo imágenes en las que todo tipo de armas blancas y de fuego componen un desfile de caos, muerte y mutilación demostrándonos que otro tipo de televisión abordada desde la irresponsabilidad, la temeridad, el mal gusto y la sana intención de provocar es posible. En breve la reseñas de las temporadas dos y tres acompañarán a la de esta primera que se ha convertido en una de las piezas de ficción que más me han hecho disfrutar como consumidor en los últimos años y eso con el nivel de la actual televisión americana no es decir poco precisamente.