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jueves, 19 de marzo de 2020

Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead



Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Álvaro Ruíz de Gauna
Formato Rústica
Páginas 298 páginas
Precio 24,95€

La editorial española Applehead Team Creaciones inauguró hace poco más de un año una interesante colección titulada Noche de Lobos en la que se englobarían ensayos dedicados a algunas de las sagas cinematográficas de terror más famosas del cine contemporáneo. Demons: La Pesadilla Retorna, Las Noches de Halloween: La Saga de Michael Myers o Magnífico Día para un Exorcismo: La Saga Completa de El Exorcista son algunos de los trabajos dentro de este sello, cuyo título rinde tributo al famoso programa cinematográfico de Antena 3 presentado por Joan Lluís Goas durante los años 90, en el que distintos profesionales diseccionan franquicias creadas por autores capitales como Lamberto Bava, Dario argento, John Carpenter, Debrah Hill, William Friedkin o William Peter Blatty. También dentro de Noche de Lobos se engloba el trabajo al que vamos a dedicar la siguiente entrada y es que Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead, cuya autoría recae en el escritor alavés Álvaro Ruíz de Gauna, es una muestra cristalina del buen hacer de Applehead Team Creaciones a la hora de elegir temáticas y conocedores del medio para acometer los proyectos dentro de esta colección.

Con Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead Álvaro Ruiz de Gauna realiza un pormenorizado repaso, no sólo de la saga cinematográfica y televisiva creada por Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, sino también de su legado, de las galaxias cercanas en las que se ha sumergido la franquicia y de su merchandising, entro otras variaciones. De esta manera y después de un nostálgico prólogo a manos de Luis M. Rosales o una introducción que contextualiza la obra a manos de su autor el ensayo comienza, como no podía ser menos, con un breve repaso biográfico por la vida de Raimi, Campbell y Tapert para narrar más tarde el génesis de la amistad entre los tres cineastas regida por el amor al cine de terror y la comedia de Los Tres Chiflados (The Three Stooges). Tras varias páginas dedicadas a los primeros trabajos del trío y el rodaje del cortometraje Within the Woods, que en cierta manera supondría el origen de la saga Evil Dead, el ensayo se adentra en su parte más interesante, la dedicada a las andanzas homicidas y sobrenaturales de Ashley Joanna “Ash” Williams.

El libro dedica un episodio con una media de cuarenta páginas a cada una de las películas de la trilogía. De esta manera Posesión Infernal (The Evild Dead, 1981), Terroríficamene Muertos (Evil Dead II, 1987) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1993) son analizadas exhaustivamente por Álvaro Ruíz de Gauna mientras se adentra en profundidad en los entresijos de la trilogía. Lo hace hablando del origen, la producción y el estreno de las tres partes de la franquicia aportando copiosos e interesantes datos, no todos ellos conocidos por el grueso del fandom, que ayudan a enriquecer su visión de la famosa franquicia. Imágenes inéditas, productos de marketing y una gran variedad de arte conceptual sobre los films ilustran los textos aportados por el autor para ofrecer una visión entre objetiva y mitificadora de las tres obras de culto rodadas por Sam Raimi entre los años 80 y 90. Dentro de estos episodios los apartados más destacables son los “despedazamientos” en los que se narran las distintas tramas de los largometrajes añadiendo información a cada uno de los bloques desglosados.

El quinto capítulo, titulado “El Universo Expandido Kandariano”, es el dedicado a la aparición de la saga Evil Dead en otros medios, a los formatos físicos en los que ha sido recogida y a su merchandising. En primer lugar Ruiz de Gauna habla de las andanzas en viñetas de nuestro amigos Ash con las distintas colecciones que protagonizó, para editoriales diferentes como Dark Horse Comics o Dynamite Entertainment, y los variados crossovers en los que incursionó viéndose las caras con otros iconos del cine de terror como Jason Voorhes, Freddy Krueger o Herbert West. Seguidamente encontramos un apartado centrado en los videojuegos inspirados en la creación de Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert para distintas plataformas y con calidad variada dependiendo a cual de ellos nos refiramos. Más tarde son las figuras de coleccionista diseñadas por célebres compañías como McFarlane Toys, NECA o Funko las que son analizadas por el autor, seguidas estas por una mirada a las distintas versiones internacionales de las ediciones en vhs, dvd y bluray de las entregas de la trilogía entre las que destacan ediciones coleccionista que harán las delicias de los fans de Posesión Infernal y sus secuelas, cerrando así uno de los capítulos más completos del ensayo.´

Por último el capítulo sexto está dedicado al regreso de Evil Dead refieriéndose al brillante remake de 2013 dirigido por el uruguayo Fede Álvarez y a la desopilante y divertidísima serie Ash vs. Evil Dead emitida por el canal de pago Starz y cuyos derechos de emisión posee actualmente Netflix, al menos en España. Mientras la revisión de la primera entrega de 1981 producida por Ghost House Pictures, empresa fundada por los mismos Sam Raimi y Robert Tapert, es acometida casi con la misma profundidad que la trilogía original se echa de menos dedicar más tiempo a la serie de televisión cuyas tres temporadas hubieran dado mucho juego a la hora de indagar un poco más, no sólo en el legado que toma de la trilogía primigenia, sino en cómo extiende y enriquece la cosmogonía adherida a esta por medio de una brutal mezcla entre acción, terror, comedia, gore e incorreción política que durante treinta episodios regaló a los fans de Evil Dead un producto que no sólo estaba a la altura del material audiovisual de partida, sino que en ocasiones llegaba a superarlo en ciertos aspectos. Más allá de esa pequeña mácula se agradece este capítulo dedicado a las producciones más recientes relacionadas con la franquicia.

Tras un “Glosario Kandariano” en el que encontramos los nombres más relevantes, delante o detrás de las cámaras, relacionados con Evil Dead el último gran aporte del ensayo es una batería de breves, pero muy concisas y bien aprovechadas, entrevistas a muchos de los implicados en la creación de la trilogía o sus derivados. Betsy Baker, Tom Sullivan, Danny Hicks, Joseph Loduca o Roque Baños entre otros son varios de los actores, encargados de efectos especiales o compositores musicales que responden a las preguntas de Álvaro Ruiz de Gauna para arrojar luz en lo referido a sus respectivas implicaciones en las distintas obras relacionadas con la creación de Sam Raimi y asociados. Dentro de esta parte del ensayo las dos entrevistas más interesantes son las realizadas a Scott Spiegel, productor, guionista y director estrechamente relacionado con Evil Dead y sobre todo la que tiene como protagonista al productor Robert Tapert, después de Sam Raimi y Bruce Campbell la persona de más importancia dentro de este microcosmos ficcional y miembro por derecho propio de lo que se conoce como “El Triunvirato de Roal Oak”. Unas cuantas imágenes, fotocromos, agradecimientos e ilustraciones de Manuel J. Iniesta cierran el libro.

Abordado con franca devoción, pero también con el distanciamiento necesario para ejercer su labor con profesionalidad, Álvaro Ruiz de Gauna construye con Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead un indispensable ensayo que no debería faltar en la estantería de un verdadero fan de los “deadties” creados por Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert. Es de agradecer que los responsables de Applehead Team Creaciones hayan incluido una saga tan querida como la que nos ocupa dentro de la colección Noche de Lobos que en el caso de mantener el nivel de calidad del presente ensayo todavía puede depararnos más de una sorpresa cuando en un futuro próximo volvamos a hablar de alguno de sus productos relacionados con la fantasía y el terror tan necesitados de profesionales que se ofrezcan para desentrañar las bondades de estos géneros, en muchas ocasiones excluidos dentro del mundo de la crítica y la reseña cinematográfica por su vocación popular y de consumo masivo. Algo que no debería menoscabar la calidad cinematográfica adscrita a dichos proyectos, tan merecedores de elaborados ensayos como cualquier otro tipo de celuloide, independientemente de su naturaleza o contenido.


viernes, 26 de enero de 2018

Ash vs. Evil Dead: Temporada 2, back in the village



"Le dimos una oportunidad a la paz, ahora es tiempo para la guerra"




El pasado año 2015 el sueño de muchos fans de la saga Evil Dead (ideada por el director y guionista Sam Raimi, el actor Bruce Campbell y el productor Robert Tapert en 1981 dando lugar a una trilogía cinematográfica y un remake entre otras variantes) se cumplió cuando sus artífices llegaron a un acuerdo con la cadena de pago estadounidense Starz (Spartacus, American Gods) para realizar una serie con la que dieron continuación a las aventuras sobrenaturales de Ashley “Ash” Williams. La primera temporada de Ash vs. Evil Dead en la que nuestro protagonista estaba acompañado en su cruzada por sus aliados Pablo (Ray Santiago) y Kelly (Dana DeLorenzo) y se veía las caras con poseídos, demonios o personajes secundarios como los de Rubby (Lucy Lawless) o la agente Fisher (Jill Marie Jones) supuso toda una descerebrada sorpresa que satisfizo hasta a los seguidores de la rama más dura de las correrías del mítico personaje de la motosierra y la escopeta recortada. Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Speziali, que ejercen de showrunners del producto, no sólo supieron estar a la altura con respecto a esa primera tanda de diez episodios, sino que superaron todas las expectativas ofreciendo una de las series de televisión más bestiales, hiperbólicas, incorrectas, enfermizas y graciosas del panorama catódico actual. Los directivos de Starz estaban tan satisfechos con Ash vs. Evil Dead que unos días antes del estreno de esta temporada inicial confirmaron la renovación para una segunda que llegó el 27 de septiembre de 2016.




Con el estreno de esta segunda temporada y teniendo en cuenta que la primera había gustado mucho y conseguido las metas aurimpuestas como secuela de una saga mítica en general y producto catódico en particular la mayor pregunta por parte de los seguidores era si los hermanos Raimi y Tom Speziali iban a seguir con ese desenfrenado ritmo en el que todo vale para mostrar sangre, vísceras y salvajismo en pantalla o si por el contrario iban a levantar el pie del acelerador y contenerse un poco más después del desfile de gore e hilaridad que supuso la temporada inicial. Los artífices del producto nos aclaran dichas dudas en las primeras entregas de esta nueva tanda de episodios con dos situaciones que marcarán el tono a seguir por parte de la historia. Por un lado la secuencia en la morgue con Ash introduciendo su cabeza por el recto de un cadáver abierto en canal mientras este vacía su esfínter y el protagonista evita por todos los medios que el pene del cuerpo inerte se introduzca en su boca y por otro la posesión demoníaca que sufre el Oldsmobile Delta 88 Royale (el coche de Ash a lo largo de toda la saga de Evil Dead y el de Sam Raimi en la realidad, teniendo cameos en prácticamente todas sus películas como director) que lo incita a descuartizar, desmembrar y quemar vivos a todo tipo de adolescentes que se cruzan en su camino nos confirman que esta nueva sesión de Ash vs. Evil Dead es mucho más demente y excesiva que su predecesora de 2015, que no es decir poco.




En esta ocasión Ash, Pablo y Kelly abandonan su retiro tropical en Jacksonville debido a que Rubby, que había jurado custodiar el Necronomicón para que los demonios no escaparan de él e invadieran le Tierra, parece haber roto su promesa. Estos hechos harán que los tres protagonistas viajen a Elk Grove (Michingan) ciudad natal de Ash donde el personaje de Bruce Campbell se reencontrará con su padre, Brock (Lee Majors), amores de adolescencia como Linda (Michelle Hurd) y amigos de infancia como Chet (Ted Raimi) o el sheriff Thomas Emery (Stephen Lovatt) siendo mal recibido por unos lugareños que desde hace décadas se ríen a sus espaldas apodándolo “Ashy Slashy” por haber descuartizado a su hermana y sus amigos en la primera entrega de la saga cinematográfica de 1981. Este contexto es en el que los guionistas de Ash vs. Evil Dead diseñarán el campo de batalla en el que se desarrollará la segunda temporada de la serie es, incluso más que en la primera, un endeble hilo repleto de arbitrariedades para que los personajes principales se encuentren abocados a un continuo enfrentamiento a todo tipo monstruosidades dándoles muerte de la manera más exagerada, violenta y gratuita posible, algo que acontece al menos durante la primera mitad del recorrido, después la cosa cambia como mencionaremos más tarde. Pero esto que no deja de ser un fallo a nivel de narración nos lleva al mismo punto que la temporada anterior, la serie no necesita más que esa mínima excusa para ponerse en funcionamiento y el espectador no demanda más, porque estamos hablando de un producto de entretenimiento buscando hacer pasar a los televidentes cinco horas de desenfreno y locura.




Teniendo esto claro sólo nos queda disfrutar con la galería de bestialidades de distinto pelaje destilada en esta segunda temporada de Ash vs. Evil Dead que si bien no incide en desarrollo de personajes alguno o un devenir argumental que nos lleve a algún sitio en concreto cuando todo el entramado que sustenta los diez episodios comienza a dar vueltas sobre sí mismo, sí es cierto que coquetea con otro tipo de diversificación en cuanto a su contenido. Por ejemplo, en cuanto a la fauna de criaturas sobrenaturales ya no encontramos sólo a los clásicos humanos poseídos por el influjo del Necronómicon, también conocemos a los letales “vástagos” de Ruby (que ya hicieron acto de presencia en los últimos compases de la primera temporada ofreciendo pasajes deliciosos junto a Ash) o el demonio Baal ejerciendo como villano de la temporada e interpretado por el actor neozelandés Joel Tobeck, que en su incursión en el programa parece una versión joven del gran Brad Dourif. Situar la trama en Elk Grow en principio podría parecer una elección que redujera las posibilidades narrativas de esta segunda temporada debido a las contadas localizaciones en las que tiene lugar la acción la misma, pero cuando hemos pasado el ecuador los guionistas toman una sabia decisión convirtiendo esta segunda parte de Ash vs. Evil Dead tanto en homenaje como una burla hacia el revival ochentero que estamos viviendo desde hace unos años dentro de la ficción audiovisual de principios del siglo XXI.




Una situación fortuita con graves consecuencias obliga a los protagonistas a viajar en el tiempo a la misma Elk Grove, pero de 1981, para impedir la primera lectura del Necronomicon, o lo que es lo mismo, detener los hechos que sucedieron en Terroríficamente Muertos (Evil Dead II) ya que por decisión de los autores esos son los que se aceptan como canónicos y no los de Posesión Infernal (The Evil Dead) idea no del todo descabellada si tenemos en cuenta que la secuela de 1987 realmente era un remake de su predecesora. De esta manera por medio de un claro homenaje a la saga Regreso al Futuro la segunda temporada de Ash vs. Evil Dead torna en una parodia de la ya citada reivindicación de los años 80 siendo abordada con una sorna y mala baba que se deja notar en el fondo y la forma del producto. No sólo hay mucha ironía a la hora de ambientar dicha década, sino que también los Raimi y Tom Speziali deciden rendir tributo a la franquicia origen de su fama perdiéndole el respeto, haciendo mofa con ella e incluso llegando a reescribirla sin miramiento alguno demostrando que el único motivo por el que ellos también se han subido al exitoso carro de la nostalgia es para seguir con su orgía de hemoglobina, pólvora, salvajismo y humor de muy dudoso gusto para regocijo de espectadores de todo tipo y fans desprejuiciados.




En cuanto a otro de los puntos fuertes de la serie, un plantel de actores y personajes a los que a estas alturas ya hemos tomado cariño, debemos volver a mencionar a un Bruce Campbell superlativo que devora cada encuadre en el que la cámara repara en su presencia eclipsando a cualquier secundario que comparta plano con él, ejecutando una labor que llega a cotas de carisma sobrehumano en el capítulo Delusion y toda la trama en el psiquiátrico con la marioneta asesina `portada en su mano derecha sustituyendo a su conocida motosierra. Ray Santiago toma un protagonismo capital en esta nueva temporada después de lo acontecido en la anterior convirtiéndose en el MacGuffin que vertebra toda la trama central mientras los personajes de Dana DeLorenzo y Lucy Lawless deciden formar una especie de pareja digna del subgénero buddy movie deparando muy buenos momentos. En cuanto a las nuevas incorporaciones encontramos al mítico Lee Majors (El Hombre de los Seis Millones de Dólares) como el engreído padre de Ash, Ted Raimi en el papel de Chet, Michelle Hurd como Linda, el amor de adolescencia del protagonista, y al miserable sheriff Thomas Emery de Stephen Lovatt que a su vez es marido de Linda. Sin olvidar al ya mencionado Baal de Joel Tobeck que cumple como villano pero no destaca en demasía.




Ash vs. Evil Dead sigue su línea ascendente como show televisivo y secuela de la saga Evil Dead gracias a su insana demencia y afán por la hosquedad o lo insalubre. Por suerte después de ver que en esta temporada los guionistas han decidido ofrecer historias cada vez más bestiales y autoparódicas la fe en el producto no sólo se acrecienta sin miedo a que caiga en la reiteración a la que un subgénero tan hermético como al que pertenece pueda abocarla como serie de ficción, sino que ya tenemos las  pruebas audiovisuales que nos confirman cada nueva tanda de episodios creciendo exponencialmente en lo referente a ambición, sátira, escatología y puesta en escena. Porque lo que apuntan los primeros trailers de la tercera temporada que la cadena Starz estrenará el próximo 25 de febrero es que esto va a ser un no parar por parte de Sam Raimi, Ivan Raimi, Tom Speziali y si hasta ahora han dado forma al producto más descerebrado de la historia de la pequeña pantalla no queremos ni pensar en qué nos espera en el futuro si Ash y sus compinches siguen su escalada de crímenes sobrenaturales llevados a límites nunca sospechados en el microcosmos al que dio forma aquella modesta cinta de 1981 ideada por un grupo de veinteañeros novatos en lides cinematográficas sin saber que estaban diseñando un mito ficcional al que todavía le queda mucha “no vida”.


viernes, 26 de abril de 2013

Posesión Infernal (2013)



Título Original Evil Dead (2013)
Director Fede Álvarez
Guión Diablo Cody, Rodrigo Sayagues y Fede Álvarez basado en los personajes de Sam Raimi
Actores Jane Levy, Shiloh Fernandez, Lou Taylor Pucci, Elizabeth Blackmore, Jessica Lucas



En 1981 un director norteamericano de 22 años llamado Sam Raimi debutó en esto del cine con Posesión Infernal (Evil Dead), una cinta de terror de presupuesto irrisorio, medios escasos y actores no profesionales que no tardó en convertirse en una obra de culto dentro de su estilo en general y los círculos del cine gore en particular. La dirección de Raimi que contraponía la imaginación a las limitaciones técnicas (magnífico uso de los movimientos de cámara, el sonido y los artesanales efectos especiales) y el buen hacer de su protagonista, Bruce Campbell (actor que lo daba todo en el plano físico y que se dejaba la piel en el set de rodaje) convirtieron la ópera prima del director de Arrástrame al Infierno en un rotundo y polémico éxito.




Tras ella vinieron dos secuelas. Terrorificamente Muertos (Evil Dead II) más un remake en clave de humor negro y slapstick que una segunda parte y El Ejército de las Tinieblas (Evil Dead III: Army of Darkness) una tercera entrega localizada en el medievo en el que la comedia fantástica se hacía con el núcleo del argumento convirtiéndose en una revisión bufa de Un Yanki en la Corte del Rey Arturo de Mark Twain, y sus distintas versiones cinematográficas, o un homenaje a films como Jason y los Argonautas o Furia de Titanes en los que ejerció como director de efectos especiales el mítico especialista en stop motion Ray Harryhausen, personalidad mayúscula dentro del cine fantástico del Hollywood clásico.




La trilogía se convirtió en un éxito a nivel mundial y fue la catapulta que impulsó a Sam Raimi al estrellato hollywoodiense donde dio forma a trabajos como Darkman, Rápida y Mortal, la célebre trilogía de Spiderman o el que sigue siendo su mejor trabajo como cineasta, la muy recuperable Un Plan Sencillo. Pero los seguidores del director sentíamos especial devoción por Ash y sus correrías entre poseídos y entidades demoniacas. Evil Dead extendió su fama hasta aparecer en otros medios como el cómic, los videojuegos o los musicales de Broadway. Mientras la cuarta entrega se retrasaba continuamente sobre el año 2011 empezó a sonar la noticia de un posible remake de la cinta original.




Los fans fruncímos el ceño, incluso un servidor, que ha disfrutado con varios de los remakes que se han hecho de films de culto dentro del género del terror como los de Las Colinas Tienen Ojos, La Última Casa a la Izquierda, La Matanza de Texas o Amanecer de los Muertos. Por mucho que Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert estuvieran detrás del proyecto, siendo ellos los creadores de la trilogía original, la elección del desconocido Fede Álvarez para dirigir el proyecto no pareció convencer a nadie. No queríamos que un film de naturaleza tan complicada fuera fusilado por cualquier mercenario que haría lo que fuese por entrar en Hollywood.




Pero entonces llegó el trailer (sobre todo el calificado como Red Band, que se permite incluir escenas explícitas de la trama) y nos cambió la cara, al menos a un servidor le ocurrió. La cosa prometía, había hemoglobina en grandes cantidades, escenas crudísimas, fidelidad a la cinta original y una atmósfera mórbida que tenía poco de impostada. Hoy he podido verla en pantalla grande y ha rebasado considerablemente todas mis expectativas. Me ha parecido, no sólo un remake intachable, también una pieza cinematográfica clave dentro de su género por contener en su interior una interesante y cohesionada mezcolanza de todo lo que funciona dentro de las distintas vertientes del cine de terror actual y más bien poco de lo que falla, ya sea americano, europeo o asiático.




David, Eric, Mia, Olivia y Natalie son cinco amigos que deciden pasar el fin de semana en una aislada cabaña a las afueras de Tenessee para ayudar a una de las chicas del grupo aq que abandone el consumo de drogas duras y así poder pasar el síndrome de abstinencia en compañía de sus allegados, su hermano entre ellos, también un miembro de la pandilla. Investigando el sótano de la casa encuentran un antiquísimo libro que contiene unos extraños y arcanos pasajes. Uno de los jóvenes lee parte de los escritos y desata a una fuerza demoníaca cuya misión es poseer y eliminar a los cinco muchachos para invocar a las fuerzas del mal en la Tierra.




Para empezar la versión del 2013 de Posesión Infernal acierta al desvincularse en cierta manera de la cinta que le sirve como base, no hay más que ver el arranque que no tiene nada que ver con el de la producción de 1981 y enfatizando el tono de brujería o el corte sobrenatural que impera en el producto. Además ahí Fed Álvarez y sus colaboradores en el guión ponen las cartas sobre la mesa, en ese prólogo se ven los derroteros por los que va a adentrarse la obra, sin miramientos ni medias tintas, Brutalidad epidérmica, desatada, lacerante y carente de concesiones o elipsis narrativas con las que ablandar las escenas más cruentas.




En la presentación de personajes la cosa renquea un poco y llega a asustar, porque aunque los guionistas quieran huir de los clichés habituales del género los roles están pobremente perfilados (el personaje de Olivia en concreto parece un mal añadido y si no fuera porque luego cobra protagonismo, muy a su pesar, no aportaría nada a la trama por muy novia del protagonista que sea) y sólo el de Mia tiene algo más de profundidad. Sobre todo si tenemos en cuenta que sus problemas con los estupefacientes son el núcleo de la trama y la excusa, más consistente que la de pasarlo bien de la cinta original, que impide a los personajes principales huir de buenas a primeras de la cabaña en la que se encuentran.




Aunque el film es un remake de la Evil Dead tenemos en el metraje incontables referencias a la trilogía original que harán que los fans esbocen más de una sonrisa cómplice. Pero como ya he mencionado Álvarez y sus guionistas han decidido tomar todas las constantes del cine de terror a nivel mundial para parir una criatura multiforme y desquiciadamente retorcida. La crudeza descarnada y vírica que emparenta la obra con aquellas muestras del nuevo terror extremo francés de brutalidad desatada como MartyrsÀ l'intérieur y Alta Tensión o los poseídos que nos traen por sus radicales expresiones corporales a la mente films tan dispares como las niponas Ringu, The Grudge la norteamericana El Exorcista o la española saga [•REC] son varias de las señas de identidad prestadas con las que se enriquece esta Evil Dead de 2013 que no escatima nada a la hora de explicitar el horror en pantalla.




Pero lo que más me ha llamado la atención, aunque ya se dejaba ver en el trailer, es que esta revisión de la cinta de Sam Raimi le debe tanto al largometraje de 1981 que toma como inspiración, como a Anticristo, la penúltima (antepénultima si contamos esa Nymphomniac que ya está dando que hablar antes incluso de terminar su rodaje) obra del danés Lars Von Trier. Del proyecto protagonizado por Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg toma la atmósfera herética, lasciva, bífida y de carácter casi vírico (aunque no la supera, creo que en mi vida he visto una cabaña y sus inmediaciones retratadas con tan aterradora maestría como en ese film) y la visceralidad minimalista, hasta llena de delectación en las escenas gore, algunas de las más brutales que he visto en pantalla grande salidas de una película producida por una major de Estados Unidos, la Tristar Pictures concretamente.




Porque hay momentos en los que me he llegado a reír sólo de pensar que no hayan metido más tijera en una película como esta y darle sólo la calificación R y no la temida NC-17. Recordad toda esa casquería prefabricada y de barraca de feria que se puede ver en sagas como Hostel o Saw y pensad que no tienen nada que ver con lo que se ve en Evil Dead y eso que tampoco podríamos hablar de un exceso de vísceras a lo ultragore alemán salido de la mano del infame Olaf Ittenbach que da más risa que asco, sino de un medido festival de secuencias descarnadas protagonizadas por los encuentros fortuitos de objetos como cristales, pistolas de clavos, motosierras, agujas hipodérmicas o cutters con partes del cuerpo como manos, bocas, lenguas u ojos. Es más hay una escena con un cuchillo eléctrico sencillamente bestial que tiene ecos a La Posesión de Andrej Zulawski, cinta a la que se hace referencia también con la descarnada interpretación de Jane Levy que nos retrotrae a la de Isabelle Adjani en aquel retorcido film, también de 1981.




Pero que nadie se piense que este desfile de brutalidades que regala la película está expuesto en pantalla por medio de un caos impersonal y desenfrenado, ni mucho menos. Fede Álavarez no es un Marcus Nispel de mala muerte, un mercenario inepto que deja que el diseño de producción y el reparto le hagan el trabajo. Detrás de la cámara de Evil Dead hay personalidad, mesura un uso magistral de recursos como los Dolly Zoom, los planos generales o los movimientos de cámara naturalistas, lentos, permitiendo que el encuadre tome forma llegando en ocasiones a lo imposible. Nada más y nada menos que arrancar belleza en varios planos como el del coche sumergido en al pantano o el del clímax final con la motosierra y la cabaña ardiendo de fondo en el que podemos encontrar incluso pinceladas de la pinturas de Pieter Brueghel "El Viejo", revelándose para un servidor como uno de los mejores momentos cinematográficos del 2013.




Evil Dead versión 2013 es la burrada más disfrutable, fruiciosa y descarnada que un espectador pueda echarse a la cara en la cartelera actual y con toda seguridad el film americano más salvaje que un servidor ha visto en pantalla grande fuera de un festival de cine. Una bocanada de agría bilis mezclada con sangre, un ejercicio de herético satanismo, en más de una ocasión el film transmite miedo y no precisamente con las escenas de vísceras, que nos regala un clímax de diez minutos que debe, por derecho propio, quedar en los anales del cine de terror moderno por su osadía, carencia de prejuicios y poca consideración por el espectador medio. Me cuesta mucho recomendar una película como esta, pero aquellos que la vean no quedarán indiferentes de ninguna manera. Ya el caso de posibles secuelas, cruces con la saga original o demás derivados me da igual. Todavía estoy asimilando todas y cada una de las escenas de la que es para mí, si no lo la mejor película que llevamos de año, una de las más interesantes, potentes y mejor rodadas.



viernes, 12 de octubre de 2012

Terroríficamente Muertos, cabin fever


Título Original Evil Dead II (1987)
Director Sam Raimi
Guión Ivan Raimi y Sam Raimi
Actores Bruce Campbell, Sarah Berry, Dan Hicks, Kassie DePaiva, John Peaks




En el año 1981 un jovencísimo director norteamericano de 22 años se dio a conocer con su polémica ópera prima cinematográfica, Posesión Infernal (Evil Dead). Una obra de culto dentro del cine de terror que narraba cómo cinco amigos pasaban una noche en una cabaña aislada en un profundo bosque y allí se veían asediados por unos espíritus que habían cobrado vida por medio de un ritual arcano extraido del Necronomicon, el Libro de los Muertos. La cinta fue rodada con escasísimos medios y actores no profesionales, pero fue un rotundo éxito gracias al talento y la profesionalidad de su director, que mostraba un conocimiento brutal del lenguaje cinematográfico y de cómo llevarlo a extremos radicales en fondo y forma.




Tras Posesión Infernal Sam Raimi estrenó en 1985 la desconocidísima Ola de Crímenes, Ola de Risas (Crimewave) que pasó completamente desapercibida a pesar de estar co escrita por los, por aquel entonces no tan conocidos pero ya pujantes, hermanos Joel y Ethan Coen. Pero en 1987 llegó la esperada secuela de Evil Dead que daría continuación a las andanzas del desgraciado Ash. Aunque pocos se esperaron lo que Evil Dead 2 ofreció al espectador, de todo menos una segunda parte al uso. Sam Raimi, el productor Robert G. Tapert, el co guionista Scott Spiegel y el co productor y protagonista Bruce Campbell se sacaron de la manga otra obra de culto dentro del cine de terror, pero también de la comedia.




Ash y su novia, Linda, deciden pasar una noche en una cabaña abandonada localizada en un frondoso bosque. Allí encontrarán un extraño libro y un magnetófono que al ser accionado pronuncia un conjuro para despertar a los muertos de las inmediaciones. Las entidades sobrenaturales poseerán a la novia de Ash y él se verá obligado a asesinarla. Poco más tarde la hija del dueño de la cabaña, su prometido y dos lugareños de la zona llegarán allí y se encontrarán con el protagonista. Los cinco se unirán para intentar evitar que se abra una puerta entre dos mundos permitiendo al mal llegar a la Tierra e invadirla.




Terroríficamente Muertos no es una secuela de Posesión Infernal, es algo más que eso. Por un lado es claramente un remake, una revisión de aquella producción de 1981 con más presupuesto y unos medios considerablemente más holgados. Por otro es una autoparodia de la primera película con la que Sam Raimi consigue algo que Tobe Hooper no pudo ni vislumbrar con su terrible La Matanza de Texas II, reírse de sí mismo y de su obra sin caer en el mayor de los ridículos, acentuando el humor y reduciendo el terror para no repetirse y ofrecer algo diferente a su anterior trabajo.




Evil Dead II es estructuralmente casi la misma película que su antecesora, pero se aleja del gore más crudo de aquella para rendirse a una comicidad macabra que tiene su principal referente en el slapstick de los cartoon estadounidenses. A ello ayudan una dirección alocada, bruta y efectista en la que el director de Darkman busca planos rebuscados, angulaciones imposibles y la utilización de travellings espídicos con el fin de dar una atmósfera surreal u onírica a su obra y por otro lado la presencia de un enorme Bruce Campbell que tiene en la exagerada comedia física su mayor virtud como intérprete.




El protagonista de My Name is Bruce se echa sobre los hombros la primera mitad de la película y estando prácticamente él solo en pantalla con su novia zombie y su propia mano poseída, que acaba siendo amputada, consigue por medio de sus autolesiones, gritos brutales o risas desquiciadas (inolvidable el pasaje en el que toda la cabaña se ríe, literalmente, de la desgracia del pobre Ash) algunos momentos sencillamente geniales. Cuando el cuarteto de secundarios hace aparición queda claro que los componentes del mismo son sólo carabinas para que el rol de Bruce Campbell pueda seguir luciéndose, pero esta vez en compañía y con la oportunidad de interactuar con ellos.




Hay escenas idénticas a las de la primera parte como la del árbol, el descuartizamiento de habitantes de la casa, hacha mediante; la aparición de posesos intentando provocar psicológicamente a los personajes y Ash vuelve a pasarlo realmente mal. Pero la crudeza visceral se pierde y toda la temática sangrienta se torna exagerada, hiperbólica y pasada de rosca, de modo que el sentimiento de repugnancia de Posesión Infernal se convierte en pura comedia en Terroríficamente Muertos. El añadido argumental más importante sería la motosierra adherida al brazo derecho del protagonista y la escopeta "recortada" de doble cañón que marcarían la estética del personaje para siempre.




Años después en 1992 llegaría la tercera entrega de la saga. El Ejército de las Tinieblas (Evil Dead III: Army of Darkness) con más dinero, más humor y haciendo con ella Sam Raimi un delicioso homenaje al cine de corte medieval y a las películas en las que intervino el mítico creador de efectos especiales Ray Harryhausen. Después de años elucubrándose sobre una cuarta parte, que no llegaba nunca por los compromisos de Raimi con otra trilogía, la de Spiderman,  lo que se ha realizado es un remake de Posesión Infernal a manos del debutante Federico Álvarez que según Bruce Campbell es una maravilla que dará mucho que hablar. Pero claro, siendo productor del proyecto no iba a evidenciar su potencial mala calidad aunque fuera consciente de ella.




De las tres cintas que forman la saga Evil Dead, Terroríficamente Muertos es la que menos me gusta, pero eso no quita que la haya visto muchas más veces (recuerdo cuando la compre en VHS junto a Braindead de Peter Jackosn en la primera entrega de la colección Gore Mania) que los otros dos episodios, ni que sea una delicia con aroma a serie B, unos efectos especiales entrañables a manos del afamado y competente trío Kurtzman/Nicotero/Berger y unos Sam Raimi y Bruce Campbell para el recuerdo que bordan una obra de culto dentro del cine de terror y la comedia. Evil Dead II destilaba imaginación, mala baba, intertextualidad y cariño hacia la obra de autores como Wes Craven, Tobe Hooper, George A. Romero o Terry Gilliam a los que el director de Arrástrame al Infierno idolatraba y a los que consiguió finalmente unirse revelándose como uno de los artesanos de género más competentes del cine norteamericano.


lunes, 1 de noviembre de 2010

Posesión Infernal, within the woods


Título Original: The Evil Dead (1981)
Director: Sam Raimi
Guión: Sam Raimi
Actores: Bruce Campbell, Ellen Sandweiss, Betsy Baker, Hal Delrich, Sarah York





Corría el año 1981 y un director primerizo de 22 años llamado Sam Raimi debutaba en la dirección de largometrajes tras haber realizado varios cortos en Super 8. El film, de manera atípica, se estrenó a la vez en cine y vídeo casero. El éxito fue rotundo, sobre todo en el formato doméstico, pero la cinta causó una bestial polémica por su alto contenido violento y sangriento que la adscribía indudablemente en el subgénero gore americano. Llegando a ser vetada en muchas salas y videoclubs, incluso demandada en Reino Unido, país al que tuvo que desplazarse el mismo director para declarar en un juicio que se llevó acabo contra su largometraje que encabezaba la inefable lista Video Nasties, en la que se aglutinaban las películas más supuestamente desagradables de la épóca.




Hablo como es lógico de Posesión Infernal (The Evil Dead). La ópera prima de Sam Raimi es conocida hoy, de justa manera, como una obra de culto dentro del cine gore en particular y en el de terror en general. Un producto que sirve como claro ejemplo de que por muy escueto que sea el presupuesto de un largometraje, si sus autores tienen inventiva e imaginación el resultado puede ser sorprendentemente sólido y rompedor. Ya que el proyecto se rodó con medios irrisorios, actores no profesionales, localizaciones prestadas y un equipo técnico que no tenía experiencia más allá de haber rodado algún trabajo amateur.




La trama es sencilla. Cinco amigos se dirigen a una casa abandonada en el bosque a pasar una noche agradable y allí encontrarán un extraño libro, el Necronomicon o Libro de los Muertos, en clara alusión al escritor norteamericano H.P. Lovecraft, y un magnetófono que liberará a los demonios ocultos en aquellos bosques. El argumento está mil veces visto y no nos cuenta nada que no nos hubieran narrado previamente y de manera parecida autores italianos como Mario Bava, Lucio Fulci, Dario Argento o Umberto Lenzi. Es más, Raimi bebe un poco de todos ellos y de Tobe Hooper, por supuesto. Pero el poso de originalidad se encuentra en la amalgama perfecta entre terror puro y un humor de corte negrísimo que de tan exagerado hace al espectador prorumpir en nerviosa carcajada.




Sam Raimi convierte en aliado el handycap que supone el paupérrimo diseño de producción del proyecto, haciendo un uso maniático y esquizofrénico del montaje, la iluminación y sobre todo la cámara. Utilizando todo tipo de tomas y angulaciones con el fin de dar un tono de locura y endemoniada bestialidad al conjunto, que si bien no es del todo necesario, queda perfectamente ensamblado en la escueta, pero desbarrada, puesta en escena de la obra. Dicho look visual se acentuaría en la secuela, Terroríficamente Muertos (The Evil Dead II), llegando incluso en ocasiones al slapstick, pero eso se comentará en otro momento y otra entrada, cuando hable del resto de la trilogía.




El argumento es un fino hilo que se sustenta a duras penas en las muy trabajadas, artesanales y deliciosamente repulsivas escenas gore (de las que incitan a la repulsión, no a la risa) y en el devenir de desgracias que experimentan los personajes. Interpretados estos por actores mediocres el líneas generales, aunque todos ellos devorados por ese grande entre los grandes, que aquí sólo empezaba a labrar su mítica carrera dentro del cine de terror, Bruce Campbell, metiéndose por primera vez en la piel de Ashley J. Williams. El protagonista total de esta trilogía que se convertiría con el tiempo en todo un icono del cine de serie B y a la que el interprete volvería una y otra vez tanto en la pantalla grande como en la pequeña.




Posesión Infernal (Evil Dead), la primera entrega de la saga al menos, se consolidó como una cinta maldita a la que, por poner un ejemplo, en España era muy difícil acceder hasta que no se editó la edición en dvd al reestrenarse la obra en cines allá por el hoy lejano año 2002. Un producto que en su origen hizo correr ríos de tinta por la supuesta demencia y crueldad desatada de sus autores, cuando la obra no es nada más y nada menos que una cinta de terror con toques de humor negro, que reincide en situaciones exageradas haciendo una oda al acto de desmembrar a familiares o allegados y a apalear indiscriminadamente a endemoniados con preocupantes e indiscriminados instintos homicidas.




Después vinieron dos secuelas. La primera, que ya he mencionado previamente, era más un remake que una segunda parte, más blanda, pero también más paródica y divertida y una tercera parte, El Ejército de las Tinieblas (The Evil Dead III: Army of Darkness), que abandonada definitivamente el terror y el gore, adentrándose en el cine de aventuras medievales, con referencias al gran Ray Harrihausen. Más tarde llegaron un remake, una serie de televisión, juguetes, videojuegos, cómics, plagios, parodias y un musical. Pero todo empezó con la cinta que aquí comento, largometraje que dejó como obra su huella en las piezas de autores tan dispares como Eli Roth, Jaume Blagueró, Drew Goddard y Paco Plaza o Lars Von Trier y en el recuerdo de millones de aficionados a este subgénero, como el que esto suscribe.