sábado, 11 de abril de 2020

La Cosa del Pantano: Temporada 1, naturaleza muerta



"Ha habido un cambio en el equilibrio de la luz y la oscuridad. Hay algo ahí afuera..."




La plataforma DC Universe no fue creada solamente para servir de contenedor de todos los productos audiovisuales previos inspirados en los personajes de la editorial estadounidense que le daba nombre. La intención de sus máximos responsables y de Warner Bros también fue diseñar producción propia para atraer el mayor número de suscriptores y fans posible. Series como Titans o su spin off, Doom Patrol, así lo atestiguan. A estos dos proyectos se sumó una ambiciosa adaptación de La Cosa del Pantano, Swamp Thing, el personaje creado en 1971 por Len Wein y Bernie Wrightson en las páginas del House of Secrets n.º 92, conociendo serie propia un años después y llegando a sus mayores cotas de calidad y fama cuando en 1984 Alan Moore se encargó de los guiones de la serie protagonizada por el  personaje regalándonos arcos superlativos como American Gothic o Lección de Anatomía y convirtiendo aquella etapa en un clásico del cómic moderno.




Antes de adentrarnos en esta serie protagonizada por el personaje de DC Comics debemos mencionar que no hablamos con ella de la primera traslación a imagen real del ser sobrenatural que una día soñó ser el científico Alec Holland. En 1982 Wes Craven acometió la primera adaptación en pantalla grande de Swamp Thing con resultados más bien pobres, aunque siendo notablemente fiel a lo narrado por Len Wein y Bernie Wrightson en la génesis del personaje. Siete años después, en 1989, se estrenó la secuela, El Regreso de la Cosa del Pantano, con dirección del desconocido Jim Wynorski, y resultados estrambóticos, pero paradójicamente superiores a los conseguidos por el autor de Pesadilla en Elm Street con la anterior entrega. Ya entre 1990 y 1993 se emitió la primera versión para la pequeña pantalla con una serie homónima de tres temporadas a la que se sumaría otra de animación de tan solo cinco episodios en 1991.




Volviendo a la actualidad y centrándonos en la serie de Swamp Thing los responsables de DC Universe contrataron a James Wan para ser el ideólogo en la sombra del producto. Exitoso director y productor de cine de terror con sagas como Saw, Insidious o The Conjuring (Expediente Warren) posiblemente fuera el descomunal éxito de Aquaman, film rodado por el cineasta australiano, el catalizador para que Warner Bros volviera a depositar su confianza en él para dar vida a otro personaje de la editorial DC. James Wan intervino creativamente en la creación de esta temporada mediante su productora Atomic Monster y delegando responsabilidades en su habitual colaborador Gary Dauberman (Annabelle, La Monja, It) y Mark Verheiden, veterano guionista de cómics, desde hace años implicado en el mundo de la ficción audiovisual. Ambos son los principales responsables y showrunners de la la serie.




Cuando ya se habían contratado los servicios de un varipinto reparto coral formado por Crystal Reed, Andy Bean, Maria Sten, Will Patton, Adrienne Barbeau, Henderson Wade, Jennifer Beals, Virginia Madsen, Derek Mears o Kevin Durand y los del director Len Wiseman (Underworld, Die Hard 4.0) para rodar los dos primeros episodios saltaba la noticia de la cancelación prematura del show por culpa de los altos impuestos que Carolina del Norte, estado donde se rodaba la serie, impuso a los productores y que estos no podían permitirse pagar. De esta manera los trece episodios de los que iba a constar esta primera temporada se vieron reducidos a diez ofreciendo un cierre del todo insatisfactorio. Una vez vista La Cosa del Pantano un servidor debe admitir, muy a su pesar, no pertenecer al grupo de aquellos que la echarán de menos.




Con las consabidas y esperadas licencias La Cosa del Pantano toma como referentes tramas y personajes, principalmente, de la primera etapa del personaje escrita por Len Wein y dibujada por Bernie Wrightson añadiendo algunos apuntes de la ya citada etapa de Alan Moore a los guiones con la inestimable ayuda de ilustradores como Stephen R. Bissette, Rick Veitch o el entintador John Totleben. El problema es que Gary Dauberman y Mark Verheiden parecieran no saber aprovechar el potente material original que tienen en sus manos y a la hora de extrapolarlo a la narrativa serializada en imagen real se centran en la vertiente más culebronesca, en el peor sentido de la palabra, para apuntalar las bases argumentales del proyecto en el que ambos se han implicado. De esta manera el producto se convierte e un claro ejemplo de lo que "pudo ser y no fue" que para colmo no podrá solucionarse en una segunda temporada.




Desde su misma concepción Swamp Thing centra su mayor interés en las relaciones interpersonales de un grupo de personajes causantes de poco o ningún interés de cara al espectador. Las intrigas personales y profesionales, las conspiraciones en la sombra, la aparición de un extraño virus que amenaza a la población están acometidas por los guionistas con un perfil bajo, como sacado de una serie procedimental con poco que ver con la esencia de los cómics en los que se inspira. Es cierto que hay un intento por definir roles potencialmente interesantes como los de Will Patton y Virginia Madsen, dando vida al matrimonio formado por Avery y Maria Sunderland, pero la escritura no pone precisamente fácil el trabajo a unos actores que en el caso de ella no puede sacar de donde no hay y en el de él pareciera tomárselo a broma con un terrible acento sureño y aspavientos variados . Esto se convierte en la tónica habitual con respecto a la fauna social de la localidad de Marais.




Otro de los fallos más notables de Swamp Thing tiene que ver con el tremebundo error de casting que supone el de sus dos intérpretes principales. Crystal Reed es una actriz muy límitada incapaz de, no sólo llevar sobre sus hombros todo el peso que recae sobre Abby Arcane, sino también inviable a la hora de transmitir los conocimientos implícitos en la personalidad de su rol o el conflicto emocional al que se enfrenta durante su cruzada. La situación no mejora con la elección de Andy Bean para caracterizar a Alec Holland, ya que el actor de It: Capítulo 2 carece de la personalidad, el carisma y la presencia necesarios para dar vida a una adecuada contrapartida en imagen real del superdotado y memorable científico. Como era de esperar la química entre Reed y Bean es inexistente y desde esa perspectiva la serie nace muerta desde el primer momento.




Pero no todo van a ser malas palabras por parte de un servidor para Swamp Thing. Gary Dauberman, Mark Verheiden, James Wan y el resto de colaboradores contratados por DC Universe para crear la serie aprovechan adecuadamente el presupuesto invertido en la misma. Todo lo relacionado con la Cosa del Pantano, su entorno y microcosmos está inteligentemente ejecutado desde un punto de vista técnico y adaptado con notable fidelidad de las viñetas del cómic. Diseño de producción, maquillaje y muy dignos efectos especiales, tanto prácticos como digitales, ofrecen la mejor cara del proyecto. A este respecto es justo mencionar que la caracterización de la Cosa del Pantano es la mejor ofrecida hasta el momento en producciones cinematográficas y televisivas siendo la trama centrada en su mímesis con la naturaleza de Marais la única interesante y digna de mención.




En la recta final de la temporada, cuando llegan los episodios nueve y diez, pareciera como si el producto remontara el vuelo y comenzara a suscitar interés, aunque, como acabamos de apuntar en el párrafo anterior, sólo sucede con la subtrama dedicada al personaje que da nombre a la serie. Swamp Thing se despide sin decir adiós y con una prometedora escena post créditos que, conociendo el futuro del programa, sabemos que queda en nada, al menos por el momento. Lamentablemente, y no es de mi agrado decirlo, no será un servidor de los que echen de menos la creación de Gary Dauberman y Mark Verheiden, ya que ha resultado ser una oportunidad desperdiciada en casi todos sus apartados. Algo muy triste si tenemos en cuenta que sus principales responsables tenían en su poder un personaje icónico del mundo del cómic que llegó a disfrutar de una larga etapa convertida con el paso del tiempo en todo un hito del cómic a nivel mundial.


martes, 7 de abril de 2020

Titans: Temporada 2, Titanes desunidos



"Ahora es el momento, sé Batman"





Un servidor debe admitir ser de aquellos que hicieron chanza con los trailers de la primera temporada de Titans, la serie de la plataforma DC Universe basada en los personajes homónimos creados en la editorial estadounidense DC Comics. Mi primera impresión era la de encontrarme con un producto con la intención de emular paupérrimamente el tono "grim and gritty" que Zack Snyder insufló en El Hombre de Acero, Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia o Liga de la Justicia, aquellos controvertidos largometrajes que iniciaron el Universo Extendido de DC. Aunque no andaba del todo desencaminado, la pátina de oscuridad imperaba en gran parte del proyecto, me sorprendió encontrarme con una serie competentemente ejecutada en casi todos sus aspectos, siendo capaz de perfilar interesantes personajes que convertían Titans en un producto superior a otras muestras del género diseñadas para la televisión o las plataformas de pago por visión.




Desde una perspectiva conservadora no me hubiera importado encontrarme en la segunda temporada de Titans con "más de lo mismo", pero Greg Berlanti, Geoff Johns y Akiva Goldsman han decidido dar un giro casi radical a su propuesta alejándose, no sólo de sus origines como producto audiovisual, sino tomando la arriesgada elección de desviarse del tono superheróico para adentrarse en terrenos más intimistas con las psicología de los personajes principales como epicentro del relato construido por el grupo de guionistas. Esto no quiere decir que la nueva tanda de episodios de Titans transmute en un análisis pormenorizado de la mentalidad de sus criaturas con ínfulas de solemnidad, pero sí hay una sabia alternancia entre acción, a la que volveremos un poco más tarde, y dramatismo con el que configurar un producto más que competente.




La segunda temporada de Titans se revela como una disección de la contrapartida en imagen real del famoso grupo de DC Comics, creado en su origen por el guionista Bob Haney y el dibujante Bruno Premiani en 1964, en el que sus componentes no ejercen como tal en casi ningún momento dejando que sean sus alter egos y las relaciones interpersonales que les emparentan las que basculen el núcleo argumental de los trece episodios. La reunión de unos "Nuevos Titanes" por parte de Dick Grayson con antiguos componentes y recientes incorporaciones se ve complementada con flashbacks concebidos para rememorar un par de pasajes traumáticos del grupo utilizados como catalizadores deconstructores de la figura del vigilante con reminiscencias que nos recuerdan, salvando las descomunales distancias, a los planteamientos de Alan Moore y Dave Gibbons expuestos en la capital Watchmen.




Esta idea de descomponer al grupo que da título a la serie en su segunda temporada es un salto mortal sin red que otro tipo de producto tomaría cuando el mismo estuviera más que asentado y habiendo pasado unos cuatro años desde su inicio, por temor que a que se noten las costuras de los perfiles de sus personajes protagonistas. Por suerte Berlanti, Johns, Goldsman y su equipo de guionistas acometen tan complicada empresa con profesionalidad, sabiendo cohesionar fondo y forma con resultados de nota. A mermar la psicología de los protagonistas también ayuda la inclusión de un villano a la altura de las circunstancias como el brutal, resolutivo y frío Deathstroke/Slade Wilson al que da vida con incuestionable rotundidad física el actor Esai Morales, construyendo un enemigo capaz de mermar a sus rivales tanto física como psicológicamente.




Otro de los aciertos de la temporada es la peculiar y nada ortodoxa inclusión de Bruce Wayne en la misma. Si en la primera temporada era Batman la amenazante y peligrosa presencia que ponía en entredicho la salud mental de Dick Grayson, es ahora la de su alter ego, a modo de sombra del pasado o presencia imaginaria, la que más dilemas morales hace plantearse al personaje de Brenton Thwaites. Aunque es presentado como un personaje real al inicio de la temporada y vuelve a hacer aparición en la recta final de la misma Bruce Wayne se enclava en el subconsciente de su pupilo mientras en la realidad ejerce como una especie de Demiurgo moviéndose entre las sombras que sobrevuela a los Titanes. Ian Glen ha sido un acierto de casting mayúsculo y el que suscribe está deseando verlo ejercer como Batman en la tercera temporada para poder completar adecuadamente su labor dando vida al icónico superhéroe creado por Bill Finger y Bob Kane.




Siguiendo con las virtudes de esta Titans 2 se consolidan, e incluso mejoran, unas secuencias de acción sencillamente impecables. En una época en la que las películas de John Wick son un oasis dentro de un Hollywood imbuido por una construcción de escenas dinámicas sobreproducidas y editadas hasta el paroxismo la serie de DC Universe demuestra la eficacia, no sólo de sus especialistas en escenas de riesgo, sino el instinto y el buen hacer de unos directores capaces de capturar con sus cámaras todos y cada uno de los movimientos que componen las magníficas coreografías de violencia física, con planos dejando respirar los encuadres y un posicionamiento adecuado del objetivo para dosificar con pericia la información visual y sonora de los combates cuerpo a cuerpo que, como era de esperar, tienen su mejor ejemplo en todas las escenas centradas en Deathstroke.




Como síntesis de todo lo que funciona en esta nueva temporada de la serie de DC Universe es de recibo tomar como ejemplo el episodio sexto títulado Conner, dedicado a presentar al personaje de Superboy, interpretado por Joshua Orpin, un actor con notable parecido físico a Tom Welling (Smallville). Los poco más de cuarenta minutos que dura el capítulo sirven, no sólo para definir con acierto la personalidad de la nueva incorporación a la serie, sino que, en un más difícil todavía, los guionistas lo llevan a cabo por medio de los roles secundarios relacionados profesional o emocionalmente con él. Por último, y demostrando que detener la trama central de la serie para dedicarle una entrega completa no tiene por qué perjudicar al conjunto del producto si se aborda con inteligencia, la recta final del episodio conecta con mucho acierto con lo acontecido a los Titans en el episodio inmediatamente anterior.




Poco más que decir de lo notablemente satisfecho que he quedado con la segunda temporada de Titans, un producto al que miré por encima del hombre antes de su arranque y por el que ahora siento especial predilección mientras lo consumo con fruición. Las decisiones nada complacientes tomadas por Greg Berlanti, Geoff Johns, Akiva Goldsman y compañía han resultado en un notorio acierto augurándole un todavía futuro próspero al proyecto. El mayor problema al que se enfrenta ahora mismo Titans es al indescifrable futuro de DC Universe, ya que la plataforma no está rindiendo como era de esperar en su país de origen y los propietarios de Warner Bros ya están planteándose estrenar la tercera temporada (y la segunda de su superior spin off, Doom Patrol) simultaneamente allí y en la futura HBO Max. Aunque para ser sinceros es la duración del estado de alarma a nivel mundial que sufrimos por culpa de la pandemia del Covid 19 la que, desgraciadamente, decidirá el porvenir de este y otros productos audiovisuales.



sábado, 4 de abril de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Marzo


Yo Soy Dolemite (Craig Brewer, 2019) - Scott Alexander y Larry Karaszewski vuelven a los terrenos de El Escándalo de Larry Flynt, Man on the Moon o Ed Wood junto a un carismático Eddie Murphy para rendir cariñoso tributo al cómico Rudy Ray Moore y al blaxploitation más casposo.




The Gentlemen: Los Señores de la Mafia (Guy Ritchie, 2020) Con The Gentlemen Guy Ritchie vuelve triunfalmente a sus raíces mafiosas para reformularlas, madurando su discurso, haciendo un inteligente uso del metalenguaje y luciendo un casting de punta en blanco carismático y elegante.



Suburbicon (George Clooney, 2017) Como si una bocanada de bilis salpicara un cuadro de Norman Rockwell, con Suburbicon George Clooney, Grant Heslov y los Coen basculan entre el drama y la sátira retratando a la familia americana media con una dosis de veneno impropia de Hollywood



Ladrón de Bicicletas (Vittorio De Sica, 1948) - Epítome del neorrealismo italiano, retrato desnudo y despojado de artificio por parte de Vittorio de Sica en el que una simple bicicleta transmuta en metáfora del futuro arrebatado en un país devastado por la guerra.



Call Me By Your Name (Luca Guadagnino, 2017) - Ecos del Bernardo Bertolucci de Soñadores y Belleza Robada resuenan en esta historia sobre primer amor y despertar sexual en la que no entro del todo por su tono lacónico y contemplativo en exceso. Magistral labor de sus dos actores.



La Guerra de Charlie Wilson (Mike Nichols, 2007) - Biopic sobre el congresista Charlie Wilson en el que Aaron Sorkin y Mike Nichols retratan con ironía la política exterior de Estados Unidos y sus consecuencias. Destacable en puesta en escena y reparto, pero blanda como sátira.



El Gabinete del Doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) - Precursora del expresionismo alemán, adelantada a su tiempo en estructura narrativa, puesta en escena y diseño de producción, a cien años de su estreno mantiene intacta su capacidad de fascinación y naturaleza pesadillesca.



El Hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia, 2019) Brutal parábola hobbesiana con un ojo en Cube (Vincenzo Natali, 1997) y otro en las distopías de Stephen King escritas como Richard Bachman. El visionado de El Hoyo se antoja todavía más descorazonador y escalofriante en pleno estado de alarma y cuarentena a nivel mundial.



Castle Freak (Stuart Gordon, 1995) - El equipo de Re-Animator volvía a reunirse, bajo el amparo de la Full Moon Features, con otra adaptación de H.P. Lovecraft. Cuento gótico deudor del terror italiano de los 80 con poco interés y alejado de los mejores trabajos de Stuart Gordon.




Ceremonia Sangrienta (Jorge Grau, 1973) - Revisitación de la figura de Elizabeth Báthory cuyo mayor acierto reside en su configuración del vampirismo como una supuesta afección alejada de cualquier lectura sobrenatural. Estimable, pero lejos de los mejores trabajos de Jorge Grau.

jueves, 19 de marzo de 2020

Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead



Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Álvaro Ruíz de Gauna
Formato Rústica
Páginas 298 páginas
Precio 24,95€

La editorial española Applehead Team Creaciones inauguró hace poco más de un año una interesante colección titulada Noche de Lobos en la que se englobarían ensayos dedicados a algunas de las sagas cinematográficas de terror más famosas del cine contemporáneo. Demons: La Pesadilla Retorna, Las Noches de Halloween: La Saga de Michael Myers o Magnífico Día para un Exorcismo: La Saga Completa de El Exorcista son algunos de los trabajos dentro de este sello, cuyo título rinde tributo al famoso programa cinematográfico de Antena 3 presentado por Joan Lluís Goas durante los años 90, en el que distintos profesionales diseccionan franquicias creadas por autores capitales como Lamberto Bava, Dario argento, John Carpenter, Debrah Hill, William Friedkin o William Peter Blatty. También dentro de Noche de Lobos se engloba el trabajo al que vamos a dedicar la siguiente entrada y es que Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead, cuya autoría recae en el escritor alavés Álvaro Ruíz de Gauna, es una muestra cristalina del buen hacer de Applehead Team Creaciones a la hora de elegir temáticas y conocedores del medio para acometer los proyectos dentro de esta colección.

Con Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead Álvaro Ruiz de Gauna realiza un pormenorizado repaso, no sólo de la saga cinematográfica y televisiva creada por Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, sino también de su legado, de las galaxias cercanas en las que se ha sumergido la franquicia y de su merchandising, entro otras variaciones. De esta manera y después de un nostálgico prólogo a manos de Luis M. Rosales o una introducción que contextualiza la obra a manos de su autor el ensayo comienza, como no podía ser menos, con un breve repaso biográfico por la vida de Raimi, Campbell y Tapert para narrar más tarde el génesis de la amistad entre los tres cineastas regida por el amor al cine de terror y la comedia de Los Tres Chiflados (The Three Stooges). Tras varias páginas dedicadas a los primeros trabajos del trío y el rodaje del cortometraje Within the Woods, que en cierta manera supondría el origen de la saga Evil Dead, el ensayo se adentra en su parte más interesante, la dedicada a las andanzas homicidas y sobrenaturales de Ashley Joanna “Ash” Williams.

El libro dedica un episodio con una media de cuarenta páginas a cada una de las películas de la trilogía. De esta manera Posesión Infernal (The Evild Dead, 1981), Terroríficamene Muertos (Evil Dead II, 1987) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1993) son analizadas exhaustivamente por Álvaro Ruíz de Gauna mientras se adentra en profundidad en los entresijos de la trilogía. Lo hace hablando del origen, la producción y el estreno de las tres partes de la franquicia aportando copiosos e interesantes datos, no todos ellos conocidos por el grueso del fandom, que ayudan a enriquecer su visión de la famosa franquicia. Imágenes inéditas, productos de marketing y una gran variedad de arte conceptual sobre los films ilustran los textos aportados por el autor para ofrecer una visión entre objetiva y mitificadora de las tres obras de culto rodadas por Sam Raimi entre los años 80 y 90. Dentro de estos episodios los apartados más destacables son los “despedazamientos” en los que se narran las distintas tramas de los largometrajes añadiendo información a cada uno de los bloques desglosados.

El quinto capítulo, titulado “El Universo Expandido Kandariano”, es el dedicado a la aparición de la saga Evil Dead en otros medios, a los formatos físicos en los que ha sido recogida y a su merchandising. En primer lugar Ruiz de Gauna habla de las andanzas en viñetas de nuestro amigos Ash con las distintas colecciones que protagonizó, para editoriales diferentes como Dark Horse Comics o Dynamite Entertainment, y los variados crossovers en los que incursionó viéndose las caras con otros iconos del cine de terror como Jason Voorhes, Freddy Krueger o Herbert West. Seguidamente encontramos un apartado centrado en los videojuegos inspirados en la creación de Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert para distintas plataformas y con calidad variada dependiendo a cual de ellos nos refiramos. Más tarde son las figuras de coleccionista diseñadas por célebres compañías como McFarlane Toys, NECA o Funko las que son analizadas por el autor, seguidas estas por una mirada a las distintas versiones internacionales de las ediciones en vhs, dvd y bluray de las entregas de la trilogía entre las que destacan ediciones coleccionista que harán las delicias de los fans de Posesión Infernal y sus secuelas, cerrando así uno de los capítulos más completos del ensayo.´

Por último el capítulo sexto está dedicado al regreso de Evil Dead refieriéndose al brillante remake de 2013 dirigido por el uruguayo Fede Álvarez y a la desopilante y divertidísima serie Ash vs. Evil Dead emitida por el canal de pago Starz y cuyos derechos de emisión posee actualmente Netflix, al menos en España. Mientras la revisión de la primera entrega de 1981 producida por Ghost House Pictures, empresa fundada por los mismos Sam Raimi y Robert Tapert, es acometida casi con la misma profundidad que la trilogía original se echa de menos dedicar más tiempo a la serie de televisión cuyas tres temporadas hubieran dado mucho juego a la hora de indagar un poco más, no sólo en el legado que toma de la trilogía primigenia, sino en cómo extiende y enriquece la cosmogonía adherida a esta por medio de una brutal mezcla entre acción, terror, comedia, gore e incorreción política que durante treinta episodios regaló a los fans de Evil Dead un producto que no sólo estaba a la altura del material audiovisual de partida, sino que en ocasiones llegaba a superarlo en ciertos aspectos. Más allá de esa pequeña mácula se agradece este capítulo dedicado a las producciones más recientes relacionadas con la franquicia.

Tras un “Glosario Kandariano” en el que encontramos los nombres más relevantes, delante o detrás de las cámaras, relacionados con Evil Dead el último gran aporte del ensayo es una batería de breves, pero muy concisas y bien aprovechadas, entrevistas a muchos de los implicados en la creación de la trilogía o sus derivados. Betsy Baker, Tom Sullivan, Danny Hicks, Joseph Loduca o Roque Baños entre otros son varios de los actores, encargados de efectos especiales o compositores musicales que responden a las preguntas de Álvaro Ruiz de Gauna para arrojar luz en lo referido a sus respectivas implicaciones en las distintas obras relacionadas con la creación de Sam Raimi y asociados. Dentro de esta parte del ensayo las dos entrevistas más interesantes son las realizadas a Scott Spiegel, productor, guionista y director estrechamente relacionado con Evil Dead y sobre todo la que tiene como protagonista al productor Robert Tapert, después de Sam Raimi y Bruce Campbell la persona de más importancia dentro de este microcosmos ficcional y miembro por derecho propio de lo que se conoce como “El Triunvirato de Roal Oak”. Unas cuantas imágenes, fotocromos, agradecimientos e ilustraciones de Manuel J. Iniesta cierran el libro.

Abordado con franca devoción, pero también con el distanciamiento necesario para ejercer su labor con profesionalidad, Álvaro Ruiz de Gauna construye con Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead un indispensable ensayo que no debería faltar en la estantería de un verdadero fan de los “deadties” creados por Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert. Es de agradecer que los responsables de Applehead Team Creaciones hayan incluido una saga tan querida como la que nos ocupa dentro de la colección Noche de Lobos que en el caso de mantener el nivel de calidad del presente ensayo todavía puede depararnos más de una sorpresa cuando en un futuro próximo volvamos a hablar de alguno de sus productos relacionados con la fantasía y el terror tan necesitados de profesionales que se ofrezcan para desentrañar las bondades de estos géneros, en muchas ocasiones excluidos dentro del mundo de la crítica y la reseña cinematográfica por su vocación popular y de consumo masivo. Algo que no debería menoscabar la calidad cinematográfica adscrita a dichos proyectos, tan merecedores de elaborados ensayos como cualquier otro tipo de celuloide, independientemente de su naturaleza o contenido.


martes, 17 de marzo de 2020

Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn)



Título Original Birds of Prey (And the Fantabulous Emancipation of One Harley Quinn) (2020)
Directora Cathy Yan
Guión Christina Hodson, basado en los personajes de DC Comics
Reparto Margot Robbie, Mary Elizabeth Winstead, Ewan McGregor, Jurnee Smollett-Bell, Rosie Pérez, Chris Messina, Derek Wilson, Steven Williams, Ali Wong, Matthew Willig, Charlene Amoia, François Chau, Greice Santo, Eric Michael Cole, Nico Greetham, Judy Kain, Eddie J. Fernandez, Robert Catrini, Dana Lee, Anthony Molinari, Ego Mikitas, Michael Masini, Gerald Downey, David Bianchi, Sara Montez, Mike Ferguson, Lenora May, Dominic Pace, David Anthony Buglione, Jeff Lipary, Joe Bucaro III, Eddie Alfano, Ryan Wicks, Pramod Kumar, Paul Lasa, William Guirola, Bruno Oliver, Karen Teliha, Zack Whyel, Julian Garcia, Nick Phillips, Bojana Novakovic, Jenelle McKee, Luis Richard Gomez, Ryan Watson, David Ury, Shad Gaspard, Adinett Nsabimana, Jason Catron, Jack Dourakos, Diezel Ramos





Después de la bestial recaudación de Aquaman y el buen recibimiento de Shazam muchos teníamos esperanzas con respecto a que el Universo Extendido de DC se enderezara después de tantas idas y venidas con sus primeras producciones cinematográficas. Pero el enorme éxito de Joker, cinta planteada como un elseworld ajeno a la coronología iniciada por El Hombre de Acero (Zack Snyder, 2013), acentuaba los problemas del microcosmos cinematográfico que DC Entertainment y Warner Bros llevan más de siete años construyendo con unos cimiento incapaces de sustentar lo que a estas alturas ya debería ser una franquicia más que asentada de cara a espectadores y prensa especializada. Por desgracia Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) sólo certifica el caos en el que sigue sumergido el DCEU para desconcierto casi generalizado.




Aunque Escuadrón Suicida recibió más golpes que alabanzas y no estuvo a la altura de lo que se esperaba fue la interpretación de la actriz australiana, Margot Robbie, dando vida a Harley Quinn elegida unanimemente como la mayor virtud del largometraje escrito y dirigido por David Ayer. Su versión del personaje creado por el guionista Paul Dini y el ilustrador Bruce Timm para la icónica serie Batman: La Serie Animada, recuperaba mucho de su esencia aunando demencia, ternura, descaro y picardía. Por lo tanto al poco de estrenarse la cinta los rumores sobre nuevos proyectos individuales o colectivos centrados en la doctora Harleen Frances Quinzel se sucedieron sin control hasta que el pasado 2019 se confirmó la producción en la que volveríamos a ver a la intérprete de El Lobo de Wall Street vestir el atuendo de la trastornada novia del Joker.




Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) fue el resultado de esta nueva aventura del ya citado personaje, acompañado en esta ocasión por una versión del famoso grupo de heroínas creado por los guionistas Chuck Dixon y Jordan B. Gorfinkel junto al dibujante Gary Frank en 1995 dentro de las páginas de Black Canary/Oracle: Birds of Prey #1. A Margot Robbie le acompañan Rosie Pérez (Renée Montoya), Mary Elizabeth Winstead (La Cazadora), Jurnee Smollett-Bell (Canario Negro), Ella Jay Basco (Cassandra Cain) y del lado de los villanos tenemos a Ewan McGregor (Máscara Negra) y Chris Messina (Victor Zsasz). Dirige la desconocida cineasta Cathy Yan (Dead Pigs) y escribe Christina Hodson (Bumblebee) con lo que se confirma un proyecto con mayoría de mujeres en varios de los puestos de más importancia dentro del proyecto.




El mayor fallo de Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) se adscribe a un plano ajeno a su naturaleza cinematográfica y es que su campaña publicitaria y de marketing la ha vendido como algo que no es, una película feminista. Mis compañeros Mónica Rex y Jordi T. Pardo comentaban en su interesante reseña sobre el film para Zona Negativa que el mensaje transmitido por Cathy Yan y Christina Hodson estaba lejos de promulgar el empoderamiento e independencia de su personaje principal. Un servidor va más allá y afirma que no había intención alguna de ofrecer esa perspectiva por parte de sus máximas responsables y en el que caso de que quisieran hacerlo no han podido llevarlo a cabo de manera más deficiente. Hasta Capitana Marvel con su feminismo mainstream y dosificado para no molestar demasiado era mucho más reivindicativa en ese sentido. En todo caso los de siempre han vuelto a mostrar su desconocimiento sobre la materia lloriqueando por el supuesto mensaje extremista contra los hombres de la cinta. Nada nuevo en el horizonte.




Adentrándonos ya en el terreno de lo estrictamente cinematográfico Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) sólo funciona como cinta protagonizada por Harley Quinn y, por lógica, como vehículo para el lucimiento de una Margot Robbie que tampoco ha dudado en intervenir como productora en el largometraje a sabiendas de que ella iba a ser el principal atractivo del mismo. Esto que comentamos queda patente no sólo por el hecho de que la obra se viene abajo siempre que la actriz de El Escándalo (Bombshell) no está en pantalla, sino también porque el guión se centra tanto en ella y sus aventuras que en el proceso construye subtramas muy deficientes (de hecho mantengo que la de Renée Montoya se podría amputar de la película sin que esta se resintiera en demasía) centradas en personajes secundarios pobremente perfilados y notoriamente alejados del espíritu de sus contrapartidas en viñetas.




Porque cuando Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) trata de ser algo más que ser el one woman show para el que ha sido diseñada se le notan las costuras en no pocos de sus apartados. A la plana definición de personajes secundarios se suma una estructura narrativa muy irregular con un ritmo dinámico y eficiente que se ve quebrado en varias ocasiones por culpa de las incursiones de flashbacks excesivamente largos denotando una escritura insuficiente y un montaje incapaz de sacar de donde no hay. La aleatoriedad a la hora de saltar de una de las aves de presa a otra no obedece a una coherencia interna lógica y gradual, sino a una serie de gags o set pieces mal ensambladas por culpa de la escasa elaboración de un libreto más pendiente de entretener al espectador con todo tipo de ocurrencias y artificios que de mantener una solidez argumental que ofrezca empaque al conjunto de la obra.




En el apartado técnico el proyecto funciona bastante bien gracias a una estética anárquica y chillona heredada de Escuadrón Suicida bastante más justificada aquí por el tono de la propuesta. También son destacables la mayoría de secuencias de acción, nada extraño si tenemos en cuenta que estas han sido supervisadas por Chad Stahelski, director de la trilogía John Wick, conocido realizador de segunda unidad y especialista en secuencias de riesgo. La inexplicable y perjudicial decisión de dar calificación R a Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) permite que sus autoras puedan incluir secuencias de violencia más explícita, pero no lo aprovechan al máximo reduciéndose estas a puntuales roturas de huesos y alguna salpicadura de sangre incapaces de justificar dicha elección de cara a los espectadores de Estados Unidos, que podrían haber sido muchos más con esa PG13 que no se alejaría demasiado del resultado final visto en pantalla.




Como era de esperar Harley Quinn es el principal y mayor atractivo del producto y Margot Robbie a estas alturas ya ha hecho suyo el personaje aunque encarne una versión algo diferente a la que conocemos de la animación o el arte secuencial. La australiana acomete aquí su trabajo con una clara influencia del Deadpool de Ryan Reynolds, rompiendo la cuarta pared e interpelando directamente con el espectador, insuflando a su rol todas las características que ya le hicieron destacar dentro de Escuadrón Suicida. Sus compañeras de viaje no lo hacen mal en ninguno de los casos, pero sus ya mencionados personajes entregados al estereotipo no destacan, más allá de la Cazadora de Mary Elizabeth Winstead, y en casos como el de la veterana Rosie Perez se antoja hasta incómodo verla sufrir para ejecutar las secuencias de acción. Los Black Mask y Victor Zsasz de Ewan McGregor y Chris Messina no tienen nada que ver con los de los cómics, pero se nota a kilómetros lo bien que ambos lo pasaron interpretando a estos sobreactuados villanos.




Aves de Presa (Y la Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn) es un proyecto fallido e hipertrófico que certifica no sólo cómo DC Entertainment y Warner Bros siguen sin saber qué hacer con el Universo Extendido de DC, sino que esa indecisión cristaliza hasta en la construcción de una película como la que nos ocupa, incapaz de saber qué tipo de producto quiere ser. La escasa recaudación internacional del proyecto pone en peligro una posible secuela en la que, de una manera u otra, podríamos ver por fin a las Aves de Presa ejercer como tales, algo que sólo acontece en el film de Cathy Yan en el último cuarto de hora de metraje. En todo caso la última adaptación de personajes de DC Comics a la pantalla grande confirma la buena salud de la Harley Quinn de Margot Robbie a la que volveremos a ver en ese reboot de Escuadrón Suicida cuyo rodaje terminó James Gunn hace unos días y con el que el DCEU sigue dando palos de ciego a diestro y siniestro sin tomar un rumbo fijo.


sábado, 14 de marzo de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Febrero II


Centauros del Desierto (John Ford, 1956) - El western como viaje a las tinieblas de un derrotado fuera de su tiempo. La búsqueda como árida redención de agridulce recompensa. John Ford haciendo lo que mejor sabía, capturar lo insondable y convertirlo en imagen cinematográfica.



La Hoguera de las Vanidades (Brian de Palma, 1990) -  Un diluido Brian de Palma del que sólo se perciben leves apuntes de lucidez en la puesta en escena acomete esta voluntariosa, pero insuficiente, adaptación de la novela de Tom Wolfe. Meritoria labor del ecléctico reparto.



El Infierno Verde (Eli Roth, 2013) - Homenaje al subgénero de tribus antropófagas, execrable como pocos, en el que Eli Roth despliega su conservadurismo contra latinos, indígenas y ecologistas. Ni el buen ritmo, el escaso gore o la agonía de los personajes salvan la velada.




Sin Control (Mikael Håfström, 2005) - Telefim venido a más, de mensaje moralista y puritanismo formal, teje una endeble trama previsible desde su arranque. Como era de esperar Vincent Cassel no deja ni las migajas al resto del reparto con un personaje plano del que él saca oro.



Crash! (Harley Cokliss, 1971) - Cortometraje escrito y protagonizado por J.G. Ballard basado en su propia novela. Peculiar ejercicio de estilo que captura eficazmente la sexualidad aséptica del libro. Perfecto complemento para la versión cinematográfica de David Cronenberg.



Todo lo Que Tú Quieras (Achero Mañas, 2010) - Para su tercer largo como director Achero Mañas aborda un tema complejo y repleto de peligrosas aristas. El resultado es digno y valiente, en gran parte gracias al equipo artístico y a la luz en la mirada de la pequeña Lucía Fernández



Horse Girl (Jeff Baena, 2020) - Horse Girl es una aproximación elegante y empática a los problemas mentales, ofreciendo un retrato verosímil sobre cómo el entorno puede beneficiar o perjudicar a las personas que los padecen. Alison Brie, una de las impulsoras del proyecto, compone su mejor papel hasta la fecha



Son of a Gun (Julius Avery, 2014) - Thriller criminal de trama manida, puesta en escena plana y personajes estereotipados sin un arco dramático que nos permita empatizar con sus logros o fracasos. Ni el interesante reparto consigue sacar el producto del pozo de la mediocridad.



La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón (Javier Fesser, 2003) - Más que una adaptación del cómic la incursión de los personajes de Ibáñez en el universo Fesser. Visualmente resultona y con un casting perfectamente elegido, fracasa como traslación de las viñetas al celuloide.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Febrero I


Condenados (Atom Egoyan, 2013) - Aunque en su arranque aparenta volver a los terrenos de la gloriosa El Dulce Porvenir (1997), pronto delata su naturaleza de tibio drama judicial con reparto desperdiciado y la justa implicación de un Atom Egoyan con el piloto automático activado.




Exótica (Atom Egoyan, 1994) - Aunque no consigo implicarme del todo con su historia debido a la gelidez formal del conjunto y a algunas subtramas innecesarias, me siento atraído por el triángulo emocional formado por unos impecables Elias Koteas, Bruce Greenwood y Mia Kirshner.




El Liquidador (Atom Egoyan, 1991) - Influenciada por Twin Peaks, de cuya segunda temporada es coetána, su surrealismo distante confirma mi incapacidad para empatizar con Atom Egoyan. Elias Koteas, infravaloradísimo actor, convierte en virtudes la contención y el gesto minimalista



Malasaña 32 (Albert Pintó, 2020) - Emparentada con Verónica y heredera de la escuela James Wan Malasaña 32 incide en los tópicos del género y abusa de un efectista diseño sonoro. Pero su puesta en escena exhala dignidad y el buen  reparto hace el resto. Disfrutable y sin innecesarias pretensiones.



Oldboy (Spike Lee, 2013) - Quedando lejos de la obra maestra de Park Chan-wook, inspirada a su vez en el manga de Garon Tsuchiya y Nobuaki Minegishi, este remake funciona gracias a su notorio casting y al oficio de un Spike Lee acometiendo con profesionalidad un proyecto ajeno.



Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019) - En Wes Anderson, Terry Gilliam, Jacques Tati o Ana Frank encuentra Taika Waititi el equilibrio perfecto entre comedia negra y drama para que Jojo Rabbit se convierta en una tierna, a la par que dura, sátira hacia la inmundicia propia del nazismo y los pensamientos totalitarios.



Kamikaze (Didier Grousset, 1986) - Con un planteamiento tan inverosímil como original y muy deudor de The Twilight Zone, Videodrome o Network esta producción de Luc Besson, dirigida por Didier Grousset, se sigue con agrado gracias a su brutalidad estilística y mixtura genérica.



15:17 Tren a París (Clint Eastwood, 2018) - Con estética de docudrama televisivo es imposible encontrar la mano de un genio como Clint Eastwood en esta plana y anodina recreación de unos hechos verídicos protagonizados en pantalla por las personas que los vivieron realmente



Verano del 84 (RKSS, 2018) - Simpático cruce entre Los Goonies (Richard Donner, 1985) y Noche de Miedo (Tom Holland, 1985) bien empaquetado y con un desenlace impropio de este tipo de films. Se ve con agrado, pero queda a años luz de Turbo Kid, anterior trabajo de sus directores.



Gotti (Kevin Connolly, 2018) - Trata de emular a Uno de los Nuestros (Martín Scorsese, 1990) o El Príncipe de la Ciudad (Sidney Lumet,  1981) quedando en rudimentario biopic sobre el conocido capo mafioso. Un esforzado John Travolta bordea la caricatura en más de un momento.