lunes, 14 de septiembre de 2015

La Novia de Re-Animator, y Herbert West creó a la mujer



Título Original Bride of Re-Animator (2015)
Director Brian Yuzna
Guión Woody Keith, Rick Fry y  Brian Yuzna, basado e relatos de H.P, Lovecraft
Actores Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Claude Earl Jones, Fabiana Udenio, Kathleen Kinmont, Mel Stewart, Mary Sheldon, Marge Turner, Johnny Legend





Cuatro años después del enorme éxito de la mítica Re-Animator, el productor de aquella, el filipino Brian Yuzna, trataba de idear una secuela en colaboración con los guionistas y el director de dicha obra de culto de 1985, Denis Paoli, William Norris y su amigo y compañero de fatigas Stuart Gordon. Los problemas surgieron cuando una productora japonesa decidió invertir en la gestación de dicha segunda parte exigiendo al futuro director de El Dentista o Faust; La Venganza Está en la Sangre comenzar inmediatamente el rodaje. De este modo el cineasta filipino se vio en la tesitura de trabajar a contrareloj y prescindir de sus colaboradores en la cinta primigenia en favor de tener todo a punto lo antes posible. Encontrándose entre la espada y la pared, el mismo Brian Yuzna tomó las riendas como director, productor y co guionista del proyecto y solicitó los servicios de Woody Keith y Rick Fray a la escritura del libreto, pareja que había creado el argumento de Society, la desopilante ópera prima detrás de las cámaras del co fundador de la entrañable Fantastic Factory.




En 1989 vio la luz La Novia de Re-Animator, una dignísima secuela, casi a la altura de la original, que no fue bien recibida por la crítica, viéndose en algunos países relegada a los videoclubs sin pasar por las salas comerciales. Esta nueva aventura protagonizada por los doctores Herbert West y Daniel Cain nuevamente se inspira en la serie de relatos Herbert West: Reanimador salidos de la mente del escritor  H.P. Lovecraft, basándose concretamente en el quinto y sexto, titulados El Horror de las Sombras y Las Legiones de la Tumba, pero añadiendo material de cosecha propia al guion que sirve como base al largometraje. Como comentamos el resultado del film es excelente, ya que no sólo se mantiene fiel a la esencia e idiosincrasia de la anterior entrega, sino que la enriquece ofreciéndonos por el camino el mismo Brian Yuzna la que sigue siendo la mejor película de su irregular, estrambótica y después de todo divertida filmografía.




En homenaje directo a La Novia de Frankenstein, aquella obra maestra con la que James Whale daba continuación a su mítica El Doctor Frankenstein en la que adaptó la novela homónima de Mary Shelley, Brian Yuzna aborda con esta secuela una extensión coherente en fondo y forma de Re-Animator, Después de colaborar como médicos de guerra en Perú los doctores Herbert West y Daniel Cain vuelven a la ciudad de Arkham para trabajar de nuevo en el instituto Miskatonic después de la masacre que allí se produjo y con ello avanzar en sus investigaciones con el suero creado en Zürich por West consiguiendo esta vez no sólo revivir a personas fallecidas sino también insuflar vida a miembros amputados u órganos independientes para con ello crear nuevas formas de existencia humana. Como apunte curioso mencionar que de lo acontecido al final de Re-Animator y cómo acabaron los personajes en sudamérica no se da explicación, pero más o menos quedea claro en un prólogo, no incluido en la cinta, que tenía lugar minutos después del final del film de Stuart Gordon.




Por suerte, y al igual que sucedía con la primera Re-Animator, esta secuela no es un festín de gore descerebrado al estilo de producciones como Premutos: El Ángel Caído, salida de la mano del alemán Olaf Ittenbach, carentes de coherencia interna y cuyo único fin es poner en sesión continua escenas de vísceras sin pies ni cabeza. Bride of Re-Animator es una pieza de género perfectamente estructurada, que al igual que su hermana mayor se toma su tiempo para contextualizar espaciotemporalmente la historia que va a narrar, desarrollar los personajes que la van a habitar o las relaciones interpersonales que estos van a compartir en pantalla. Yuzna y su pareja de co guionistas aprovechan para extender el microcosmos creado en el primer film enriqueciéndolo, añadiendo nuevos matices a los dos personajes principales, estrechando la relación de odio y admiración que les une y haciendo especial hincapié en cómo la ambición desmedida de Herbert West va en peligroso y descontrolado aumento.




Durante este proceso y mientras las distintas subtramas van encarrilándose, Brian Yuzna riega su largometraje con apuntes de humor negro sustentado en el slapstick y el humor físico (algo que también hacía su predecesora) aprovechando el director el juego y las múltiples posibilidades cómicas que brazos, piernas, dedos u ojos vivientes le ofrecen, pero sin llegar a cotas de hilaridad como las de la primera película, por mucho que se haya vendido esta segunda parte como más adscrita a la comedia, algo que no sucede hasta que llegan varios apuntes carcajeantes durante el clímax final en el sótano donde la pareja de doctores llevan a cabo sus reprobables experimentos. Con todo la obra mantiene muy bien el equilibrio entre terror y humor, incluso planteando algunos temas interesantes en cuanto a la psicología de los personajes, algo inesperado en este tipo de producciones.




Porque yendo un poco más allá que la Re-Animator original Yuzna y sus colaboradores consiguen empaparse del aire trágico de la obra literaria de Mary Shelley y ofrecer lo mejor del largometraje cuando esa pobre criatura que da título al film toma vida, ya que ninguno de sus dos creadores siente verdadero afecto por ella. West porque al ser un hombre frío y visceral la rechaza al descubrir que ha resultado un proyecto fallido y Cain porque al depositar en su cuerpo todas las esperanzas por ver resucitar a su amada novia, Meg (cuyo corazón habita en el pobre monstruo creado con miembros y órganos de distintas personas) y ver que lo que ha renacido es poco menos que una aberración, reniega totalmente de ella. Desembocando todo esto en la mejor y más mítica escena del film (y una de las imágenes más icónicas del subgénero gore) en la que la "Novia" se arranca el corazón y lo ofrece a Daniel, un prodigio de secuencia que mezcla la brutalidad extrema con la tragedia y una declaración definitiva de amor por parte de una forma de vida nacida muerta cuya simple existencia confirma el fracaso de sus dos "reanimadores" como científicos y seres humanos.




Jeffrey Combs y Bruce Abbot vuelven como Herbert West y Daniel Cain. El primero una vez más aborda su personaje más famoso con una contención y austeridad brillante, dando vida al mad doctor menos histriónico y más cerebral jamás visto en la historia del cine. Con una frialdad inhumana el científico creador del suero reanimador sigue en su escalada de locura y megalomanía con tal de jugar a ser más que un Dios para llegar a unos niveles de autorrealización profesional que sacien su desmedida ambición. En su escalada de crímenes y (no) muerte arrastra a un Daniel Cain todavía torturado por la muerte de su amada Megan en el primer largometraje. Al igual que en Re-Animator, Bruce Abbot insufla imperfecta vida a un personaje lleno de debilidades y taras psicológicas que el mismo West utiliza como armas para manipularlo a su antojo. También hace de nuevo acto de presencia el mítico Doctor Carl Hill, más bien su cabeza, al que daba vida el británico David Gal volviendo a hacer de las suyas, aunque esta vez en un rol más secundario y no tan activo. El resto del casting lo completan la italiana Fabiana Udenio que ocupa la vacante de mujer explosiva que deja Barba Crampton, seguida de Claude Earl Jones como el agente Lee Chapman, Mel Stewart como el Doctor Graves y una inolvidable Kathleen Kinmont como Gloria y posteriormente la "Novia" que da nombre a la película.




Dentro del apartado técnico es de recibo mencionar primeramente a un Brian Yuzna sencillamente irreconocible. El filipino venía de divertir a propios y extraños con la excesiva y viscosa Society y de aquella ópera prima se trajo el control del tempo narrativo o el suspense y lo excesivo en cuanto las escenas gore. A ello habría que sumar un sabio uso de la colocación de la cámara y el encuadre, una dirección de actores harto meritoria y una inteligente utilización del in crescendo de locura que poco a poco se apodera del metraje cuando nos vamos acercando a ese clímax en la cripta del cementerio, el pasaje más deudor de la letra escrita de Lovecraft, aun antojándose algo apresurado y resolutivo en su cierre. A que el trabajo de Yuzna sea de nota ayuda no sólo la fotografía de Rick Fitcher o el diseño de producción de Philip Duffin, sino también los cuatro equipos de efectos especiales que se ocuparon de la creación de todas las criaturas y escenas gore del film, encontrándose entre ellos los KNB de Kurtzman/Nicotero/Berger y el habitual colaborador del director de Progeny, Screaming Mad George, haciendo todos ellos un trabajo brillante.




Sin llegar a ser tan rotundamente buena como Re-Animator  esta La Novia de Re-Animator supone una secuela indispensable para los fans del gore y las correrías del sádico Doctor Herbert West. Ideada y ejecutada con una profesionalidad fuera de toda duda, aunque sus creadores se vieran en la complicada situación de trabajar en un corto espacio de tiempo y a toda prisa, la segunda película del creador de Cariño. He Encogido a los Niños parecía confirmar tras Society que nos encontrábamos con uno de los mejores y más prometedores cineastas del gore en particular y el género de terror en general. El tiempo quitó la razón a los que así pensaban cuando comenzó a encadenar mediocridad tras mediocridad con alguna que otra cinta de culto (te miro a ti, Mortal Zombie) pero siendo fiel a sí mismo y a su insana visión del séptimo arte, haciendo el cine que siempre le ha dado la gana, independientemente de la calidad del mismo. 




Ya en el año 2003 y dentro de la inolvidable y anacrónica Fantastic Factory que el mismo Brian Yuzna creó en colaboración con el productor español Julio Fernández (Los Sin Nombre, El Segundo Nombre) para realizar cine de género terrorífico y fantástico de Serie B con vocación internacional, rodó Beyond Re-Animator, la última entrega de la franquicia localizada en una cárcel, con actores españoles como secundarios (el indispensable Simón Andreu, una maquiavélica Elsa Pataky y un desquiciado Santiago Segura), rodada en nuestro país y con la indispensable presencia del gran Jeffrey Combs como el ínclito Doctor Herbert West haciendo, una vez más, de las suyas De esta tan vapuleada como reivindicable entrega de Re-Animator hablaremos dentro de poco en Transgresión Continua para reseñar al completo todo el trayecto vital y profesional de uno de los mad doctors más recordados, admirados e imitados de la historia del séptimo arte.



viernes, 11 de septiembre de 2015

Cuatro Fantásticos



Título Original Fantastic Four (2015)
Director Josh Trank
Guión Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank basado en el cómic de Stan Lee y Jack Kirby
Actores Miles Teller, Kate Mara, Michael B. Jordan, Jamie Bell, Toby Kebbell, Tim Blake Nelson, Reg E. Cathey, Lance E. Nichols, Mary Rachel Dudley, Tim Bell, Ronnie Hooks, Jodi Lyn Brockton, Chet Hanks, Shauna Rappold





Ya desde su temprana concepción este segundo reinicio cinematográfico inspirado en los cómics de la primera familia de superhéroes creada en el seno de Marvel Cómics en 1961 por Stan Lee y Jack Kirby estuvo envuelto en la polémica y las decisiones controvertidas. Por temor a perder los derechos fílmicos de los personajes a los que ya habían explotado en las dos endebles pero simpáticas entregas dirigidas por Tim Story la 20th Century Fox se puso a trabajar contrareloj para realizar una nueva adaptación de las andanzas de Reed Richards, Ben Grimm y los hermanos Sue y Johnny Storm, El director elegido para sacar adelante el proyecto fue el joven Josh Trank, que sorprendió a propios y extraños con aquella magnífica amalgama de found footage y cine superheróico crepuscular llamada Chronicle, Todo esto después de caerse como cineasta del spin off que Disney está llevando a cabo de la saga Star Wars, lo que ya presagiaba lo peor para el reboot que nos ocupa.




Las decisiones desacertadas no se hicieron esperar  y los malos augurios tampoco. La estética oscura de las imágenes filtradas y de los diseños de los uniformes de los personajes, declaraciones por parte de Trank en las que afirmaba que iba a hacer una versión "más realista" de Los 4 Fantásticos (sí, de el Hombre Elástico, la Chica Invisible, la Antorcha Humana y La Cosa, un gigantón hecho de piedra) y que había prohibido a sus actores leer cómic alguno protagonizado por los personajes hicieron enfurecer al fandom, aunque claro, no tanto como el hecho de cambiar de raza a Johnny Storm, eso fue "mucho peor", acabáramos. Tras estos primeros tropezones los rumores sobre que la producción de la cinta estaba siendo un caos, que otro director había rodado material adicional al de Trank (algo que el cineasta se apresuró a desmentir, muy indignado, en la redes sociales) o que la 20th Century Fox confiaba poco o nada en el proyecto terminaron por sepultar las pocas esperanzas que se pudieran tener en esta nueva etapa en celuloide protagonizada por los Imaginautas.




El resultado fue el esperado, estreno rocambolesco y controvertido, Josh Trank haciendo declaraciones en Twitter (eliminadas posteriormente por él mismo) sobre cómo la 20th Century Fox había destrozado su película, que no tenía nada que ver con la que ha llegado a la pantalla grande, los productores tapando la boca a la prensa especializada para que no comentara nada de la cinta antes de su puesta de largo internacional, cruce de declaraciones entre miembros del reparto artístico y técnico, filtraciones de borradores del guión que superaban considerablemente en calidad al que finalmente sirvió de base a la película, en resumidas cuentas una serie de catastróficas desdichas que han convertido esta Cuatro Fantásticos en la comidilla cinematográfica hollywoodiense del año y cuyas intrincadas conspiraciones interiores (con las que parece que todo el mundo quería hundir la obra) seguramente darían para un libro o un telefilm morboso protagonizado por las estrellas televisivas en decadencia de turno.




Vaya por delante que Fantastic Four no es tan mala como se ha dicho por la red, pero sí es un proyecto de una más que contrastada mediocridad que al ser visionado por primera vez transmite a la platea la sensación de que nadie se lo tomó muy en serio a la hora de gestarlo. Desde unos productores que no se fiaban del director con, aparante, mal carácter que habían contratado para comandar el la máquina, pasando por este último que aparentaba tener un ego que no correspondía con un cineasta casi debutante, hasta un reparto que parece completamente perdido a lo largo de los innecesarios 100 minutos de metraje que tiene la obra. A pesar de todo esto, como comento, no hablamos de una película "más mala que Catwoman o Elektra", ni mucho menos, pero sí de un producto fallido  prácticamente en su totalidad, deficiente en la mayoría de sus apartados y completamente desganado en fondo y forma.




A pesar de sus buenas intenciones desde sus compases iniciales la cinta de Josh Trank comete sus primeros fallos. Cuando se va a utilizar casi una hora de metraje para presentar a los personajes y su origen (algo nada alocado que han utilizado films adscritos al subgénero superheróico como los Spiderman de Sam Raimi o Marc Webb o el Batman de Christopher Nolan) es importante darle al patio de butacas un prólogo que enganche, que se revele como un fuerte puñetazo en la mesa para que a lo largo de esos sesenta minutos tengamos algo prometedor por lo que esperar. De esta manera desde el arranque se hace patente el desastroso y caótico ritmo narrativo de Cuatro Fantásticos, dejándose ver las incontables costuras que un montaje terrible (en el que parece haber metido mano todo el mundo) saca a la luz y en el que, aunque lo niegue el mismo Josh Trank, la mano de más de un cineasta sobrevuela a lo largo de todo el film, sirva como el ejemplo la alternancia de escenas en las que Kate Mara unas veces lleva postizo capilar y otras no, delatando el posible rodaje de escenas nuevas después de la producción principal de la cinta.




Por otro lado y aunque las cabezas pensantes se amparen en que han hecho una adaptación de la versión "Ultimate" de los personajes (de hecho Mark Millar, guionista de las andanzas de esta visión de Los 4 Fantásticos en los cómics, ejerció como asesor en el largometraje) el tono, la personalidad y las relaciones interpersonales de los protagonistas no pueden ser más infieles a las que llevan forjándose en los cómics desde hace más de cincuenta años. Como bien apuntó mi compañero Jordi T. Pardo en su magnífica crítica de la película para la web Zona Negativa, hay dos elementos indispensables en las historias en papel de los personajes creados por el tándem formado por Stan Lee y Jack Kirby y estos son el sentido de la maravilla puramente superheróico y el hecho de que los cuatro personajes formen un verdadero núcleo familiar que va más allá de su estatus como grupo de personas con superpoderes.




Por desgracia el guión escrito a seis manos or Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank (o lo que quedara de él al trasladarlo a la pantalla) no capta en ningún momento ese sense of wonder que la historia demanda amaprándose en un tono de ciencia ficción supuestamente serio y una gravedad formal que a personajes como a Batman, Daredevil o Punisher pueden quedarle bien, pero no a los más ilustres habitantes del edificio Baxter cuyas mejores historias (ahí están las etapas de John Byrne o las del dúo formado por Mark Waid y el fallecido Mike Weringo) se sustentan en una luminosidad que aquí brilla (nunca mejor dicho) por su ausencia. Por otro lado en ningún momento se percibe que estros cuatro personajes actúen como una familia y hay quien se podrá escudar en que todavía no forman el grupo propiamente dicho, pero es que ni Reed y Sue parecen dar forma a una futura historia de amor (la química entre Miles Teller y Kate Mara es del todo inexistente) ni Ben aparenta ser importante en la historia más allá de la primera mitad de metraje ni tampoco el mejor amigo de Reed (de hecho esa llamada etílica de madrugada para meterlo en el lío que lo mete se antoja harto ridícula) ni Johnny tener vínculos muy estrechos con su hermana.




Pero ya el acabose viene con la nueva génesis que dan a Víctor Von Doom, que hace que la de la primera película de Tim Story parezca "fiel a los cómics" y aquella ya era bastante aberrante. Aquí el Doctor Muerte ni es líder de la nación europea de Latveria, ni un hechicero. Es un genio científico como Reed Richards que (al igual que en la versión de 2004 y a diferencia de los cómics) forma parte del equipo que llevará a cabo el experimento relacionado con las transportación de materia y los viajes interdimensionales (que difiere bastante también del origen de los poderes adquiridos por los personajes en las viñetas) que para colmo se convertirá en autor material de la desgracia que experimentarán los protagonistas (lo de que Sue la sufra de manera colateral es una cagada más de tantas que enumerar).Al menos este despropósito se sustenta en un personaje que Tobby Kebbel aborda con dignidad cuando el guión quiere perfilar sus motivaciones y enriquecer su relación con Reed, Jonny y Sue, pero de manera tan superficial que no llega a ninguna parte.




A estas alturas y asumiendo que Josh Trank y sus guionistas (entre ellos Simon Kinberg, que, para más escarnio, no es novato precisamente en esto de adaptar cómics al celuloide) no han captado ni de lejos la esencia de los personajes que han tomado bajo su protección al espectador sólo le queda apelar a asistir a una cinta de género competentemente hecha y que ofrezca al menos un buen rato de evasión adscrita a la ciencia ficción comercial. Pero ni por esas, ya que por mucho que los productores hayan puesto en manos de Trank el presupuesto típico de un blockbuster de esta envergadura el director de Chronicle y su equipo técnico parecen abordar su labor con una contagiosa y vergonzante apatía y desgana que se deja ver a lo largo de todo un metraje en el que, más allá de la escena post accidente, no hay una sola secuencia o imagen cuya espectacularidad haga el espectador mover el rictus de indiferencia que su rostro ha ido tomando a lo largo de torpe desarrollo del film.




Hasta un reparto de actores más que competentes (algunos de un talento descomunal como ese Miles Teller que deslumbro en Whiplash) queda en nada cuando en todo momento percibimos en pantalla a que ninguno de los miembros del cast se cree lo que está haciendo o siente realmente como suyos los personajes que abordan, Curiosamente en el plano físico todos encajan (sí, Michael B, Jordan también, digan lo que digan) con sus versiones en viñetas pero es a la hora de darles vida cuando todos fracasan estrepitósamente, salvándose un poco de la quema el ya mencionado actor de Chronicle y la próxima Creed que sabe captar algo del aire de chulería y altivez del Johnny Storm de las viñetas o el Reed Richards anterior a los poderes de elasticidad de Teller. A los cuatro protagonistas se les ve desubicados, mortecinos, como si tuvieran la cabeza en otro lado o deseando que todo acabara para no tener que seguir implicados en un proyecto cuya gestación les estaba produciendo más dolores de cabeza que aportando satisfacciones.




Cuatro Fantásticos es algo peor que una mala película (no llega a tanto digan lo que digan) es una película aburrida, descompensada (su clímax dura un suspiro y deja con cara de estúpidos a aquellos que han aguantado hora y media de metraje sólo para que les ofrezcan una batalla final a la altura) hipertrófica en fondo y forma, en definitiva, carne para ser un film que forme parte de la filmografía de Alan Smithee o lo que es lo mismo, la crónica de un fracaso anunciado. Josh Trank podrá patalear lo que quiera y poner el grito en el cielo, pero aunque los productores hayan destrozado su trabajo lo que aquí se vislumbra tanto en escenas aisladas como en conjunto es que no ha entendido absolutamente nada de la idiosincrasia de los personajes que ha tratado de reinventar para la gran pantalla. Su segundo largometraje detrás de las cámaras parece el alargado y fallido episodio piloto de una serie de televisión de aventuras despersonalizado, taciturno, desangelado, que transmite indiferencia a una platea que llega a lo imposible, añorar aquellas Los 4 Fantásticos y Los 4 Fantásticos y Silver Surfer de Tim Story o hasta la versión de Roger Corman, que ahora no nos parecen tan terribles o reprobables. Cosas de la magia del cine.



jueves, 10 de septiembre de 2015

Joe, en tierra de hombres



Título Original Joe (2013)
Director David Gordon Green
Guión Gary Hawkins basado en la novela de Larry Brown
Actores Nicolas Cage, Tye Sheridan, Ronie Gene Blevins, Gary Poulter, Adriene Mishler, Brian Mays, Aj Wilson McPhaul, Sue Rock, Heather Kafka, Brenda Isaacs Booth




La carrera del cineasta David Gordon Green es muy parecida a la de su compatriota Richard Linklater. Ambos aceptan productos comerciales adscritos a los cánones más o menos preestablecidos en Hollywood para luego financiar proyectos más personales, íntimistas y enriquecedores en el plano artístico. De modo que si no es difícil ver su nombre como director en los créditos de largometrajes como Superfumados (Pineapple Express), El CanguroCaballeros, Princesas y Otras Bestias (Your Highness) seguramente sea para después financiar films más independientes y de autor como Prince AvalancheSeñor Manglehorn, la recién estrenada en el todavía en curso Festival de Venecia Our Brand Is Crisis o esta Joe que nos ocupa, con producción de 2013 y puesta de largo internacional también en el ya mencionado certamen italiano pero de hace dos años.




Pero si hay una personalidad importante que destacar en un proyecto como Joe es la de su protagonista, el tan mítico como inefable Nicolas Cage. En varias entradas hemos comentado que en los casi últimos diez años el sobrino de Francis Ford Coppola elige prácticamente cualquier guión que le ofrecen para pagar esas incontables deudas contraídas por "vivir por encima de sus posibilidades". Evidentemente por mucha basura en la que se involucre el protagonista de Cara a Cara o Con Air al ritmo de tres o cuatro películas al año por lógica alguna tiene que ser decente como en el caso de Tokarev de Paco Cabezas o bastante buena como la primera entrega de Kick-Ass, adaptación del cómic de Mark Millar y John Romita Jr a manos del británico Matthew Vaughn  o esta Joe que nos ocupa, que se revela, sin ser un dechado de originalidad y virtudes, como lo mejor que ha rodado Cage en los últimos cinco años, como mínimo.




Joe es una muestra prototípica de retrato intimo y desarraigado de la América profunda, una visión melancólica de esos Estados Unidos rurales anclados en el tiempo forjados con violencia, regados con alcohol e hijos de una pobreza económica enraizada en la tierra. La historia, basada en la novela homónima escrita por el novelista Larry Brown, sobre un adolescente con un padre borracho y maltratador que finalmente encuentra en un ex convicto que se dedica al oficio de "envenenar árboles" para una empresa maderera la figura paterna que nunca ha tenido creando con él unos vínculos afectivos desconocidos hasta ese momento para ambos le sirve al director David Gordon Green y al guionista Gary Hawkins para narrar una historia de perdedores y antihéroes alienados en continuo divagar existencial, una desesperanza que pasa de generación en generación y en la que habitan tanto seres justos y honrados como desalmados despreciables y egoistas.




Gordon Green recurre a un naturalismo en fondo y forma que permite a la cinta transmitir veracidad durante sus ajustados 117 minutos de metraje. Lo hace tanto por medio de la iluminación, sobre todo en exteriores, como con el uso de unos secundarios (sobre todo el equipo de trabajo comandado por Joe) que no son actores profesionales, unos protagonistas tocados por el don de la sinceradidad a la hora de abordar sus criaturas o unas localizaciones en la que los árboles cobran importancia capital en la historia. El director de George Washington o Snow Angels no inventa nada que no hayamos visto en clásicos como La Noche del Cazador o Matar a Un Ruiseñor o en obras contemporáneas como Take Shelter o Winter's Bone a la hora de hablar de aquellos parajes agrarios y alejados de las grandes urbes en los que se percibe una violencia latente y subterránea que poco a poco va enseñando sus fauces mostrándose siempre a punto de explotar de manera brutal, pero lo hace con mucho oficio y un magnífico control de los tiempos y los silencios.




Como bien hemos mencionado con anterioridad Nicolas Cage realiza uno de los mejores trabajos de su carrera en Joe. El actor de Adaptation o Leaving Las Vegas hace suyo este hombre justo, cercano, afectivo que trata de adormecer la bestia violenta que anida en su interior (magnífica metáfora la pelea de perros para simbolizar el salvajismo que trata de mantener encerrado en su psique) y que encontrará el hijo que nunca tuvo en Gary, al que da vida un contenido y magnífico Tye Sheridan que da la réplica de manera muy profesional al personaje protagonista convirtiéndose en un reflejo del mismo Joe (que el rol principal "mate árboles débiles para hacer crecer otros más fuertes" sintetiza de manera elegante su relación con el chico) con sus virtudes y defectos, convirtiéndose en su inmediato heredero, con todo lo bueno y malo que ello conlleva.




Pero cuando creemos que este dúo son los pilares sobre los que se sustenta la cinta de David Gordon Green aparece un tipo llamado Gary Poulter interpretando al padre de Gary, un señor que falleció poco después del rodaje del film (el mismo está dedicado a su memoria) y que nunca había participado previamente en obra cinematográfica y se marca el mejor padre borracho, maltratador, asesino y ladrón desde el David Strathaim de Eclipse Total (Dolores Claiborne), un total desconocido que lo hace tan jodidamente bien que en más de una ocasión transmite al espectador la sensación de que no es un actor y debido a ello pudiera estar interpretándose a sí mismo, un ser despreciable e instigador de una violencia vírica y contagiosa que sirve como representación física de todo lo cruel y visceral que hay en ese pueblo lacónico y mortecino.




Aunque no todo son parabienes para Joe, ya que su mayor fallo es un pecado, intencionado o no, que no se puede dejar pasar por alto. El mayor defecto es que en su puesta en escena, estructuración, contexto y más grave, personajes, parece una copia un poco descarada de Sling Blade (Al Otro Lado de la Vida) aquel film independiente de 1996 en el que Billy Bob Thronton ejerció de director, guionista (ganando gracias a su libreto el Oscar al mejor guión original aquel año) y protagonista que relataba la relación de un ex convicto deficiente con problemas para reinsertarse socialmente que inicia una relación de amistad con un chico (un por aquel entonces jovencito Lucas Black) cuya padrastro le propina palizas un día sí y otro también hasta que el personaje protagonista interviene debido a los lazos de afecto que ha estrechado con el muchacho. El parecido entre ambos films es en ocasiones sonrojante, pero el injusto olvido al que el tiempo a abocado a la ópera prima como director del actor de Un PLan Sencillo o Monster's Ball supongo que benefició a que esta Joe que nos ocupa no tuviera que enfrentarse a las odiosas comparaciones.




Por lo demás Joe es un meritorio largometraje con un reparto magnífico (aunque personajes como los de la madre y la hermana o el Willie- Russell de un interesante Ronnie Gene Blevins están desdibujados en los dos primeros casos y desprovechado en el tercero) un guión muy bien compactado y un trabajo de David Gordon Green detrás de las cámaras en el que se le nota mucho más cómodo que en las comedias de medio pelo que le ofrecen en el Hollywood más mainstream. Para la, cada vez más autdestructiva y autoparódica, carrera de Nicolas Cage supone una muestra de que debajo de la gestualidad desatada y la sobreactuación más recalcitrante todavía habita un actor que cuando recurre a la contención, la introspección y el naturalismo puede ofrecer trabajos tan meritorios como este. Ya veremos si futuros proyectos potencialmente interesantes en los que está involucrado como Snowden, de Oliver stone o Frank or Francis, de charlie Kaufman, le devuelven algo de ese crédito perdido en el interior de la fosa aséptica en la que las producciones de medio pelo (o peluquín en este caso) han convertido la última etapa de su filmografía.


martes, 8 de septiembre de 2015

Un Día Perfecto



Título Original A Perfect Day (2015)
Director Fernando León de Aranoa
Guión Fernando León de Aranoa, basado en la novela de Paula Frías
Actores Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic, Sergi López




Desde que debutara en 1996 con su ópera prima, Familia, Fernando León de Aranoa se ha convertido en uno de los directores insignia del nuevo cine de corte social que se realiza en España. Con un discurso deudor de Ken Loach y el añadido de una visión comercial y un humor cercano con el que acceder al más amplio número de espectadores posibles, films como la inolvidable Barrio o la soberbia Los Lunes al Sol mostraban a un cineasta comprometido, de historias tan mínimas como cercanas y sinceras. Tras el enorme éxito que supuso el ya mencionado film protagonizado por unos pletóricos Javier Bardem, Luis Tosar, José Ángel Egido o Nieve de Medina entre otros el cineasta volvió a recibir notable reconocimiento con Princesas, su personal visión del mundo de la prostitución en España para después alejarse un poco de la primera línea de fuego rodando y estrenando sin mucha repercusión Amador, film en el que abordaba el tema de la inmigración en nuestro país.




Cinco años de silencio después León de Aranoa debuta en el mercado internacional con su primera obra rodada íntegramente en inglés, esta Un Día Perfecto que adapta la novela Dejarse Llover de Paula Frías con un reparto de actores americanos y europeos encabezado por dos pesos pesados de Hollywood como son el guionista, productor, director y actor Tim Robbins y el intérprete portorriqueño Benicio del Toro, ambos ganadores del Oscar al Mejor Actor Secundario por Mistyc River de Clint Eastwood y Traffic de Steven Soderbergh respectivamente. A ambos les cubren la espaldas la ucraniana Olga Kurylenko (Oblivion, To the Wonder) la francesa Melanie Thierry (Babylon A.D, The Zero Theorem) los bosnios Fedja Stukan y Eldar Residovic o ya en un breve papel el español Sergi López (El Monje, El Laberinto del Fauno) que cierra el magnífico plantel de actores.




Cambiando su estilo y puesta en escena, pero siendo el mismo en el fondo, Fernando León de Aranoa se adhiere con esta concatenación de aventuras y desventuras de un grupo de cooperantes buscando una cuerda para sacar un cadáver del interior del pozo en plena zona de conflicto durante la guerra de los Balcanes a aquellas sátiras antibélicas norteamericanas como MASH de Robert Altman (con posterior y longevo salto al tubo catódico un año después) Trampa 22 de Mike Nichols o la más reciente (y nunca suficientemente reivincada por cabrona y ácida) Buffalo Soldiers de Gregor Jordan. Evidentemente A Perfect Day no tiene la fuerte carga de ironía de las dos primeras obras mencionadas, ni la de veneno letal de la tercera, pero contiene en su haber una hábil basculación entre comedia y drama para poner en entredicho todos los conflictos bélicos en general y el yugoslavo en particular sin adoctrinar o desagradar al espectador que se enfrente con la obra.




Fernando León es un narrador dotado e inteligente conocedor de los resortes del drama y eso se deja notar en su último trabajo. La guerra está siempre presente en Un Día Perfecto, aunque no se realice un sólo disparo o lance bomba alguna en cada porción de tierra, en cada mirada de desconfianza, en cada rostro agrietado por la hambruna y las condiciones de vida infrahumanas aquellos días de ruído y furia sobrevuelan todo el metraje de la cinta. Por suerte aquellos momentos de desarraigo y pobreza económica y moral son alternados con pasajes cómicos que tienen su origen en situaciones que se sustentan en más bien poca gracia, pero siempre abordadas con un delicioso humor negro, nunca ofensivo o escatológico, aderezado con una ironía que arranca en más de una ocasión la risa nerviosa en una platea que recibe muchos de los entuertos desfacidos por los protagonistas como surrealistas o del todo imposibles.




Si nos fijamos en los personajes y los roles que cada uno de ellos representan podremos ver de manera cristalina el sello del director del documental Caminantes, porque después de todo y si no tenemos en cuenta su contexto espaciotemporal Un Día Perfecto no deja de ser una versión de Los Lunes al Sol localizada en la Guerra de los Balcanes. De hecho el B al que da vida un entrañable y alocado Tim Robbins se aleja poco del Santa de Javier Bardem en aquella producción de 2002, el Mambrú de Benicio del Toro tiene más de un detalle en común con el melancólico Jose de Luis Tosar, aquel ingenuo Lino de José Ángel Egido es el reflejo de la comprometida y apasionada Sophie de Melanie Tierry, el impertiente Reina de Enrique Villén da el relevo a la Katya de Olga Kurylenko (el único personaje indebidamente desdibujado y estereotipado de la obra que nos ocupa, aunque la ucraniana se enfunda con convicción su criatura) incluso la labor de los autóctonos Fedja Stukan y Eldar Residovic son la réplica de la de Serge Riaboukine y Aida Folch, realizando con todo esto el madrileño casi un remake europeo de obra más celebrada.




Aunque al contar con un presupuesto más amplio y un reparto de actores curtidos en mil batallas el cineasta apela a una puesta en escena más elaborada en el apartado técnico en busca de una comercialidad visual y formal (y hasta musical, con esa tan criticada banda sonora que a un servidor ha encantado por estar repleta de temazos de Marilyn Manson, Lou Reed, Peter Seeger o Ramones) que busca la complicidad del mercado internacional, la mirada crítica, la visión desencantada con nuestra sociedad (esta vez la mayoría de los dardos van directos a las Naciones Unidas y sus intereses territoriales que normalmente tienen poco de altruistas, humanitarios o caritativos) y una reivindicanción de los humildes o perdedores natos a los que siempre retrata como luchadores que salen adelante más por cabezonería que por verdaderas aptitudes para batallar como guerreros en esta estupidez unas veces maravillosa y otras terrible llamada vida.




El madrileño se saca de la manga en el metraje algunas secuencias que se quedan grabadas en la retina como esa puerta lateral que descubre un secreto a voces mientras el personaje de Mambrú hace lo imposible porque el de Sophie no descubra tan dramática revelación, la llegada de los Cascos Azules para joderlo todo en el peor momento cuando estaba todo el trabajo hecho, las situaciones "vaca/mina" (Robbins y Tierry comparten pocos momentos en solitario en el film, pero la química se hace notar considerablemente entre los dos), la situación de la cuerda de la bandera del puesto de guardia, esa noche llena de confesiones a la luz de los faros del todoterreno, el arrebato de furia del protagonista de Benicio del Toro con los chavales por el tema del balón o esa lluvia en el epílogo que finalmente "hace justicia" y nos deja con una agradable sensación de melancólico buen rollo cuando la pantalla funde a negro por última vez.




Un producto tan competente, agradable dentro de lo terrible que relata con elegancia y un uso pletórico del fuera de campo, humilde o formalmente sencillo como Un Día Perfecto se ha estrenado en nuestro país en el momento ideal. Ahora que muchos de nosotros miramos para otro lado cuando refugiados sirios buscan amparo en otros países de Europa, entre ellos el nuestro, porque la muerte es lo único que les espera en su tierra natal una obra como la de Fernando León de Aranoa es casi de visionado obligado para personas de todas las edades y con ello veamos como en tan poco tiempo se puede repetir la historia si no se tiene memoria o cómo los países desarrollados no sólo no hacen nada por solucionar conflictos como estos sino que se aprovechan de ellos, y las desgracias de los que los sufren, para su propio beneficio territorial o económico.




Mientras tanto, aquí en nuestra querida España al menos, ya se ocupan los medios de comunicación partidistas comprados a golpe de talonario y expertos en la manipulación informativa de masas en vendernos que el enemigo es de piel oscura, viaja en patera y cruza el estrecho para "robarnos los que es nuestro" cuando todos sabemos que los que llevan años expoliándonos son de un estrato social y económico considerablemente más alto que el de estos pobres nómadas que no saben si llegaran con vida al día de mañana, "Tienes que elegir, ¿la bandera o el agua?" sentencia con acierto mayúsculo el personaje B interpretado por Tim Robbins en un pasaje de Un Día Perfecto y yo no puedo estar más de acuerdo con lo que con ello quieren afirmar, condensar y simbolizar Paula Frías y Fernando León de Aranoa como narradores de historias.


viernes, 28 de agosto de 2015

Extinction



Título Original Extinction (2015)
Director Miguel Ángel Vivas
Guión Alberto Marini y Miguel Ángel Vivas basado en el libro de Juan de Dios Garduño
Actores Matthew Fox, Jeffrey Donovan, Ahna O’Reilly, Quinn McColgan, Clara Lago




En año 2001 el estreno del thriller policíaco Reflejos protagonizado por Georges Corraface, Ana Fernández o Emilio Gutiérrez Caba entre otros nos dio a conocer a un joven cineasta sevillano llamado Miguel Ángel Vivas. Aunque el film no fue un gran éxito mostró por primera vez la impronta de un cineasta con un look visual y un control muy destacable del tempo narrativo para dominar la tensión de sus relatos al que no convenía perder de vista. Después de rodar dos cortometrajes como fueron El Hombre del Saco (2002) en España y I’ll See You in My Dreams (2003) en Portugal tuvo que pasar casi una década para que Vivas pudiera estrenar su segunda incursión en el campo del largometraje. Secuestrados vio la luz en el Festival de Sitges de 2010 revelándose desde ese momento como una de las mejores cintas de género que ha parido el cine español en mucho tiempo. Aquel asalto de una banda de encapuchados al adosado de una familia rodado en doce impresionantes planos secuencia, con cámara al hombro, uno reparto arrancándose las entrañas para ofrecer verismo en todo momento (¿cómo olvidar el llanto desgarrado de una pletórica Manuela Vellés acompañada de unos superlativos Fernando Cayo y Ana Wagener?) y referencias que iban desde Brian De Palma a Gaspar Noé pasando por Michael Haneke supuso un thriller brutal y sin cincesiones que recibió más reconocimiento en el extranjero (ganando el premio a la mejor película de terror en Festival de Austin de aquel año) que en España donde no tomó la relevancia que merecía una producción tan brillante. Un lustro después de aquella remarcable hazaña cinematográfica y habiendo conseguido buenas críticas y datos de audiencia con su episodio Los Tres Cerditos de la miniserie televisiva Cuéntame Un Cuento nos llegó el pasado 14 de Agosto Extinction (originalmente conocida como Welcome to Harmony) tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas detrás de las cámaras y adaptación a su vez de la novela Y Pese a Todo… del escritor también sevillano Juan De Dios Garduño. El resultado es un meritorio thriller adscrito, de alguna manera, a la temática zombie que aunque no se revela como la mejor pieza de su director contiene los suficientes alicientes como para satisfacer a los amantes del género que no pequen de puritanos con respecto a cómo este sea abordado desde el punto de vista de la escritura.




Aunque acabamos de mencionar que Extinction se adhiere a la fiebre por la ficción relacionada con muertos vivientes o infectados como obra al igual que productos como The Walking Dead, la muy irregular adaptación la cadena AMC está haciendo del cómic de Image creado por Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, es un producto de ficción que se centra más en los personajes protagonistas humanos y sus dilemas morales o acciones de supervivencia que en el origen, efectos o actos producidos por la aparición de un virus que convirtió a la mayor parte de la humanidad en unos monstruos salvajes y antropófagos. El tercer largometraje de Miguel Ángel Vivas es una historia mínima, un relato centrado en sólo tres personajes que tratan de sobrevivir tras un apocalipsis zombie en la pequeña ciudad de Harmony. Con un arranque que recuerda al de la soberbia 28 Semanas Después, con la que Juan Carlos Fresnadillo y Enrique López Lavigne dieron continuación al famoso film del británico Danny Boyle, el cineasta sevillano presenta su puesta en escena y da muestras del sabio dominio que tiene del caos controlado que encontrará su clímax en la recta final de la obra. Después de este prólogo la misión de Vivas y su colaborador al guión, Alberto Marini, es introducirnos en la rutina de los personajes principales: Jack, su hija Lu y Patrick, el vecino de estos últimos y como pudimos ver en el inicio del film con un pasado en común con ellos. A ellos se sumará más tarde la desconocida chica interpretada competentemente por la madrileña Clara lago. En el proceso los personajes de los hombres adultos llegan a estar bien perfilados tanto el de Jack de Jeffrey Donovan que se muestra en toda su imperfección siendo capaz de errar con tal de mantener el bienestar de su hija y sobre todo el de Matthew Fox al que ya se ocupa el actor de Perdidos de ofrecer un competente trabajo a la hora de exponer en pantalla su personalidad torturada y autodestructiva con pasaje oscuro en su vida que se irá desvelando poco a poco por medio de flashbacks. En cambio el rol de Lu cae más en lugares comunes y caminos transitados dentro del género, pero el buen hacer de la jovencita Quinn McColgan hacen que su personaje a pesar de estereotipado se muestre veraz de cara al público.




Aunque la primera mitad de la historia se centra en mostrar el día a día de los personajes protagonistas y en como poco a poco los roles de Jack y Lu van interactuando gradualmente con el de Patrick para que así podamos descubrir qué hecho trágico puso fin a la amistad de los dos hombres Miguel Ángel Vivas se ocupa por medio del tono y el timing que nunca se nos olvide que algo acecha al trío protagonista y será la niña en la magnífica escena de la nevada a medianoche con la pequeña mirando por la ventana la que descubra que los infectados que hace nueve años surgieron para erradicar a la humanidad y posteriormente morir por culpa del clima helado de la zona siguen activos, evolucionados y más peligrosos que nunca. En ese sentido el humilde presupuesto de Extinction parece entrar en escena cuando queda patente a lo largo del metraje que la aparición de dichas criaturas (magníficamente diseñadas por medio de unos efectos de maquillaje muy bien realizados) se dosifica de manera intencionada posiblemente debido a que la producción no poseía los medios suficientes para poblar en todo momento la pantalla de dichas monstruosidades, algo que sí sucede felizmente en el clímax final de la película. De esta manera, con apariciones puntuales de los zombies que aún no estando siempre en el núcleo central del devenir de la trama tornan en seres de presencia ubicua por culpa de su creciente amenaza letal para los protagonistas, Vivas puede hacer uso de su demostrado talento para tensar la intriga como un cable de acero, evidentemente sin llegar a los niveles de malestar que producía su labor en Secuestrados, pero lo suficiente para que nos preocupemos mínimamente por unos personajes que en casi todo momento se ganan nuestra empatía. La atmósfera amenazante, planos de una extraña belleza casi pictórica (ese matrimonio en el salón con las salpicaduras de sangre detrás de sus cabezas) y una delectación meritoria por retratar esos parajes helados de la ciudad de Harmony dan buena muestra de que Miguel Ángel Vivas conoce perfectamente su oficio y es capaz de sacar material competente de una producción independiente dentro del tipo de género al que se adscribe su última obra.




Pero si la antigua Welcome to Harmony sirve para algo es sobre todo para confirmar a Miguel Ángel Vivas como uno de los mejores narradores de ficción del panorama cinematográfico español y un profesional con muchas posibilidades de realizar una interesante carrera en Hollywood si no se deja devorar por los engranajes de una maquinaria del cine comercial estadounidense que no suele dejar títere con cabeza, y si no que se lo digan a Josh Trank. Ya que si hay algún apartado en el que la cinta que nos ocupa destaca es en su realización técnica en la que volvemos a ver fogonazos de poderosa resolución visual y estilística. No son pocos los momentos en los que en Extinction se nota la impronta de un cineasta con aptitudes más que demostradas para el cine de género. Una tensa calma en los pasajes en los que el in crescendo de incomodidad debe ir solidificándose de cara al desarrollo de la historia y un dinamismo cortante y directo en los pasajes más activos o de acción se alternan a lo largo del metraje para equilibrar una historia que quiere ser a la vez íntima y expeditiva, no consiguiéndolo en todo momento, pero sí en la mayor parte de la narración. Pasajes como el ataque al personaje de Patrick cuando huye con la moto de nieve, el del almacén de alimentos con posterior escapada a toda velocidad, el plano con grúa del clímax final en el que el personaje de Matthew Fox va eliminando en los exteriores de la casa a a los infectados mientras el tono rojizo de la luz de las bengalas marca la textura de las imágenes que acontecen en pantalla (pasaje magnífico que sólo se resiente por los no del todo conseguidos efectos digitales para dar vida a las criaturas) y sobre todo ese plano secuencia “mutante” que después de convertirse en un cenital pasa a travelling para recorrer todas las habitaciones de la casa en la están teniendo lugar el asedio de los monstruos dan buena muestra de que hay un verdadero director detrás de un proyecto como Extinction y que casi con toda seguridad su talento y buen hacer estén por encima del mismo proyecto cinematográfico en el que está implicado.




Seamos francos, Extinction no inventa nada, no es una película que será recordada en un futuro próximo como estandarte del revival de celuloide protagonizado por zombies que lleva algo más de una década invadiendo nuestras carteleras y parrillas televisivas, hasta puede no dejar del todo satisfecho a aquel que vaya a verla en pantalla grande con la intención de encontrarse una nueva cinta de batallas campales entre seres humanos y muertos vivientes llena de gore y mala baba cuando es un trabajo que apela más a ser una obra de personajes. Pero es una pieza meritoria, que destila mucho oficio y que nos retrotrae tanto a Stephen King (fácil pensar en Apocalipsis o su adaptación televisiva a manos de Mick Garris) como a John Carpenter (los paisajes nevados al estilo de La Cosa o el personaje de Patrick haciendo labores de locutor de radio como Adrienne Barbeau en La Niebla) dejando patente que su autor principal no es un mercenario oportunista sino un profesional con verdadero talento a la espera de un nuevo proyecto que esté a su altura. Aunque ha sido recibida de manera bastante desigual por la prensa especializada, en la taquilla de España al menos está funcionando muy bien y no teniéndolo nada fácil sabiendo que debe vérselas en las carteleras con elegantes espías de la guerra fría (Operación U.N.C.L.E) versiones de la tercera edad del más famoso detective de todos los tiempos (Mr Holmes) o visiones polémicas y parece ser que considerablemente fallidas de familias de superhéroes (Los 4 Fantásticos) que por muy fallida que sea ha conseguido el primer puesto de recaudación en tierras ibéricas. Sin hacer mucho ruído, con algunos problemas con su distribuición y promoción, pero ofreciendo 110 minutos de sano entretenimiento sin excesivas pretensiones Extinction supone otra inyección de vitalidad a la producción cinematográfica española con aspiraciones internacionales. Un trabajo que posiblemente le abra las puertas a Miguel Ángel Vivas de esa meca del cine en la que otros cineastas patrios como Jaume Collet-Serra (productor también de la cinta que nos ocupa), Paco Cabezas o Juan Carlos Fresnadillo han forjado sus carreras (La Casa de Cera, Sin Identidad, Non-Stop, Una Noche Para Sobrevivir), probado suerte con proyectos propios de allí (Tokarev o la próxima Mr Right) o implicado en la preproducción de otros que no tienen pinta de llegar nunca a buen puerto (El Cuervo, Los Inmortales) respectivamente.




jueves, 20 de agosto de 2015

Electric Boogaloo: La Loca Historia de Cannon Films, la extraña pareja



Título Original Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films (2014)
Dirección Mark Hartley
Guión Mark Hartley
Actores Molly Ringwald, Tobe Hooper, Dolph Lundgren, Richard Chamberlain, Elliot Gould, Just Jaeckin, Franco Nero, Bo Derek, Franco Zeffirelli




A finales de la década de los 70 dos primos israelíes criados en Tel Aviv que durante su adolescencia se pasaban la vida de cine en cine y que más tarde decidieron convertirse en los productores de películas de su país más taquilleros con producciones como Polo de Limón (antecedente judío de lo que más tarde sería en USA la saga Porky’s) decidieron viajar a Estados Unidos para probar suerte en el mundo del cine yanqui. Menahem Golan y Yoran Globus llegaron a Norteamérica para hacer lo que mas les gustaba, rodar largometrajes. Una vez instalados allí decidieron comprar una productora de cine exploit llamada Cannon Group cuya filmografía navegaba, en líneas generales, entre sangrientos slashers y muestras de softcore con abundantes escenas de sexo y desnudos femeninos. De manera harto inteligente y aunque deseaban poder dar forma lo antes posibe a films con sello propio dedicieron seguir con la tónica habitual de la casa hasta ese momento con piezas como Schizoid, protagonizada por Klaus Kinski, o The Happy Hooker Goes to Hollywood, secuela de otra conocida cinta de la compañía llamada The Happy Hooker. Pero poco tardarían estos dos primos judíos en convertir su nueva criatura en la Cannon Films que todos conocemos desde los 80 y cuyas cuestionables producciones están siendo reivindicadas en la actualidad. Films de acción neoconservadora propia de los años 80 de la era Reagan protagonizados por Charles Bronson o Chuck Norris, productos de artes marciales con nuevas estrellas como Michael Dudikoff, ejemplos de celuloide de aventuras de intenciones supuestamente clásicas como El Desafío de Hércules o Las Minas del Rey Salomón y hasta trabajos de ciencia ficción de presupuestos considerables para una productora que labraba su futuro a espaldas de la meca del cine. Menahem Golan y Yoram Globus tocaron el cielo durante casi dos décadas para después caer en desgracia por culpa de las deudas contraidas por su frenético ritmo de producción.




Todo este proceso de comienzo humilde, rápido auge y caída en picado ha sido condensado y narrado con una pericia tronchante por el guionista y director australiano Mark Hartley (especializado en obras de no ficción centradas en el cine de Serie B como Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation! o Machete Maidens Unleashed!) en el documental Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films editado en el mercado doméstico español el pasado 22 de Julio y que hace un repaso por toda la trayectoria de la inefable productora inciendiendo en sus grandezas y miserias. Poco después de poner sus manos en la Cannon Yoram Globus, que se ocupaba de la financiación y negociación de sus proyectos, y Menahem Golan, responsable del apartado “artístico” de los mismos dirigiendo personalmente algunos de los éxitos más sonados (Delta Force) y fracasos más estrepitosos (Yo, el Halcón) de la factoría, dieron forma a una copiosa producción de largometrajes de género de muy bajo coste que rendían lo suficientemente en taquilla como para poder seguir adelante con nuevos proyectos adscritos a dicha empresa. Desde bien pronto los primos israelíes pusieron las cartas sobre la mesa produciendo films de acción de corte filofascista como las varias secuelas de El Justiciero de la Noche (Death Wish) protagonizada por Charles Bronson y la mayoría de ellas rodadas a manos del director del film primigenio, el británico Michael Winner (al que se deja en el documental como a un enfermizo xenófobo amante de la violencia) los films de artes marciales cuya punta de lanza supuso Enter the Ninja, protagonizada por un Franco Nero que ninguna idea tenia de artes marciales, cine de corte adolescente con omnipresente sexo (aquella El Último Americano Virgen que era un remake de la ya mencionada Polo de Limón) películas de época con ciertas aspiraciones artísticas más ambiciosas como El Amante de Lady Chatterlay (adaptación de la novela de D. H, Lawrence dirigida por Just Jaeckin y protagonizada por Sylvia Cristel, artífices ambos de la plumbea y muy esnob Emmanuelle) y hasta coqueteos con el musical como se puede ver en La Manzana, dirigida por el mismo Menahem Golan que se dio un enorme batacazo con tan hortera propuesta que queriendo llegar a ser mejor que Tommy de Ken Russell y The Who no se llegó ni a mitad de camino.




Poco tardaron en ganarse Menahem Golan y Yoram Globus fama en Hollywood de productores de celuloide mediocre, cutre, paupérrimo en un plano creativo, cuestionable en lo moral, de ser unos mercachifles de mal gusto y más que cuestionable gusto cinematográfico. Pero sin lugar a dudas ganaban mucho dinero con sus proyectos, cada vez más, eran unos expertos a la hora de vender su mercancía internacionalmente y eso a la meca del cine no le gustaba que sucediera a sus totalitarias espaldas. Los dos primos nacidos en Tel Aviv sabían lo que el público americano quería y no hacían otra cosa que dárselo al menor coste posible y recaudando el máximo en taquilla. Cundo comenzaron a a ofrecer a Chuk Norris films bélicos convirtiéndolo en uno de los pioneros de los action heroes de la Era Reagan con piezas como Desaparecido en Combate (descacharrante la anécdota que asegura que al rodarse las dos entregas seguidas y ver los productores que la 2 era la buena cambiaron el título de ambas y estrenaron antes la segunda que la primera) a resucitar la carrera de un decadente Charles Bronson a base de matar a sus familiares y allegados para que él “limipiara las calles de indeseables” y a descubrir a nuevos talentos ya fuera dentro del cine de artes marciales como el Michael Dudikoff que protagonizó la saga El Gran Guerrero Americano (American Ninja) o en el de época como aquella preciosa Brooke Shields que protagonizó otro batacazo de la casa como Aventuras en el Sáhara no fueron pocos los actores con cierto renombre que decidieron ponerse a sus servicios. Ahí tenemos el caso de Bo Derek a la que financiaron (a ella y a su marido, el director John Derek) la inenarrable Bolero (enorme como las mismas actrices del film, entre ellas Olivia d’Abo, se ríen de lo ridícula que era aquella cinta de toreros castrados y con nuestra impagable Ana García Obregón de actriz secundaria) o viejas glorias como Christopher Lee, Peter Cushing, Vincent Price y John Barrynore que con la intención de reverdecer aterradores laureles compartieron pantalla en La Casa de las Sombras del Pasado (House of the Long Shadows) aquel producto que de entrañable producía más risa que miedo. Por aquel entonces la fama y los réditos de la Cannon Films comenzaron a crecer y con ellos sus aspiraciones y megalomanía.




En la segunda mitad de los años 80 llegó el declive. Cuando la productora estaba en lo más alto, con sedes en distintos países (Golan y Globus vendiendo sus productos en el festival de Cannes y dando la nota con una imagen que les hacía parecer secundarios del reparto de Los Soprano) del globo comenzó la debacle. Por aquel entonces la Cannon decidió contratar a Tobe Hooper para unos cuantos proyectos a cual mas fallido. La hoy por desgracia envejecida Fuerza Vital (Lifeforce) supuso el film de mayor presupuesto de la productora, su mezcla de astronautas, vampiros intergalácticos y cine de catástrofes no cuajó y eso que el tanto el equipo técnico como el artístico estaban a la altura. Luego llegó el remake de Invasores de Marte que dio pie a la mejor anédota con Globus y Golan de todo el documental cuando estos durante el screening test de Quatermain en la Ciudad Perdida del Oro (secuela de Las Islas del Rey Salomón con Richard Chamberlain y Sharon Stone) confundieron este film con el de Hooper para la indingación de la pareja de primos. Finalmente y tras dos fracasos le propusieron realizar una tardía secuela de su exitosa La Matanza de Texas con Dennis Hooper en el papel de cazador a la busca y captura de la familia antropófaga que tiene en el desquiciado Leatherface a su miembro más célebre. El inenarrable despropósito en el que el realizador de Salem’s Lot o Poltergeist inyectó un supuesto humor negro que sólo pareció entender él hizo entrar en cólera a Golam y Globus que vieron cómo desde ese mismo momento sus carreras irían cuesta a abajo y sin frenos. Por mucho que Golam produjera films de calidad como la versión de la ópera Othello, inspirada en la obra de William Shakespeare, a manos del italiano Franco Zeffirelli (posiblemente el único participante en el documental que no tiene una sola queja de los primos de Tel Aviv), la biografía sobre el escritor Charles Bukowski que el iraní Barbret Schoreder rodó con Mickey Rourke y Faye Dunaway en Barfly o algunos de los últimos trabajos de pesos pesados como John Cassavetes o Jean Luc Godard (finalmente se descubrió que Golan tenía un muy buen gusto para las artes, pero ya era un poco tarde) su afán por intentar recuperar pérdidas abultando cada vez más el presupuesto de films que al final no rendían en taquilla como Masters del Universo o recibiendo de rebote sagas en decadencia a las que terminaban de rematar a pesar de su potencial comercialidad de cara a la taquilla como sucedió con la indescriptible Superman IV: En Busca de la Paz la Cannon poco a poco fue muriendo y aunque todavía experimentó algunos repuntes como los de Contacto Sangriento (Bloodsport) o Kickboxer protagonizadas por el belga Jean Claude Van Damme, la nueva estrella de la factoría, la criatura estaba muerta en vida y dio su estertor final a principios de los 90 dando pie a que ambos primos se separaran de manera poco amistosa.




Aunque Electric Boogaloo: La Loca Historia de Cannon Films es un dechado de humor, sorna, autocrítica y anécdotas que de puro rocambolescas en ocasiones son difíciles de creer tiene un fallo bastante notable y es que como documental destila en casi todo momento excesiva inquina y bilis hacia sus dos protagonistas principales. Menahem Golan y Yoram Globus se negaron a participar en el film de Mark Hartley (aunque hay en el metraje de la obra incontable material de archivo en el que dan lo mejor de sí mismos) porque ellos estaban inmersos en su propio proyecto autobiográfico titulado The Go Go Boys (que como bien reza la cinta que nos ocupa en su final se estrenó tres meses antes, los dos primos siendo ellos mismos hasta el final) y no sabemos si por este motivo u otro prácticamente todos los “bustos parlantes” que son entrevistados tienen demasiadas palabras de desprecio, no sabemos si con motivo o sin él, para ellos tildándolos de fabricantes de basura de gustos toscos y formas rudas para comercializar su mercancia. Pero es un hecho contrastado que también dieron trabajo a muchísimos profesionales del medio durante años, descubrieron y relanzaron la carrera de muchos actores y sobre todo ofrecieron fruición en forma de cine (mediocre y hasta reprobable en ciertos aspectos ideológicos, sí pero cine después de todo) de modo que poco se les podía reprochar como creadores de productos de entretenimento efectivos. Golan (que falleció hace poco menos de un año) y Globus fueron dos tipos muy avispados, hombres de su tiempo que supieron ver qué demandaba la taquilla y dárselo en cantidades industriales (ahí está el éxito de Break Dance: The Movie, que puso de moda el famoso estilo de baile y cuya estrambótica secuela Break Dance 2: Electric Boogaloo da nombre al documental que estamos comentando) ser pioneros en variantes de subgéneros americanos de baja estofa pero copiosos resultados recaudatorios como el de los “ciudadanos honrados que se toman la justicia por su propia mano”, el de artes marciales con todas sus variantes posibles, las comedias adolescentes picantonas y hasta un cine de aventuras con cutre aroma a Serie B más autoimpuesto que elegido de manera voluntaria, unos tipos tan estrafalarios como entrañables capaces de hacer la premiere de Invasión USA con Chuck Norris como protagonista en el parking de un edificio. Con todo al final del metraje prácticamente todos los entrevistados admiten lo importantes que fueron Golan y Globus para que el cine que se hace a espaldas de Hollywood se abriera camino y para que gente como los hermanos Harvey Weinstein y Bob Weinstein los tomaran como ejemplo para saber qué hacer o no para llegar a lo más alto. Por suerte a día de hoy nuestra nostalgía hacia estos subproductos se ve colmada cuando vemos que de vez en cuando en la cartelera la productora Nu Images de Avi Lerner se revela como la heredera natural de la Cannon Films con trabajos como las sagas Ninja The Expendables o films como John Rambo, u Objetivo: La Casa Blanca confirmándonos, para bien o para mal, que aquellos primos que amaban las películas más que al sentido común siempre tendrán su pequeña parcela dentro de la historia del cine reciente.