miércoles, 12 de enero de 2011

Street Fighter II, la Película, warriors of the world united


Título original: Sutorîto Faitâ II gekijô-ban/Street Fighter II: The Animated Movie (1994)
Director: Gisaboru Sugii
Guión: Kenchi Imai y Gisaboru Sugii




En el año 1987 la compañía japonesa Capcom editó un videojuego de lucha llamado Street Fighter. El mismo estaba protagonizado por un guerrero japonés llamado Ryu que recorría el mundo entero para enfrentarse a todo tipo de rivales. En la pantalla final el jugador que controlaba al luchador nipón se enfrentaba a Sagat, una mole tailandesa experta en el estilo de combate Muay Thai. El éxito del producto fue relativo, pero se hizo con cierto nombre dentro de las hoy casi extintas salas recreativas de la época. En 1991 llegó el boom total con la secuela. Street Fighter II se convirtió probablemente en el mejor arcade de lucha de la historia.




Esta vez la selección de luchadores para que el jugador pudiera controlarlos se alargaba hasta ocho. El tradicional Ryu, su amigo americano Ken, que entrenó con él, poseyendo por ello su misma técnica de combate. Zangief, luchador de wrestling ruso, Guile, jefe de las fuerzas especiales americanas, Chun Li, contrincante china, Honda, luchador de sumo japonés, el maestro yoga hindú Dalshim y la bestia brasileña Blanka. Las cuatro últimas pantallas estaban formadas por las protagonizadas por los cuatro rivales finales. El luchador de boxeo americano Balrog, el acróbata español Vega, el ya mencionado Sagat que esta vez no era el enemigo final del juego y por último el misterioso Mr Bison, jefe definitivo del producto.




Cómics, infinitas secuelas del juego, figuras de acción de todo tipo y hasta dos cintas de imagen real. La horripilantemente memorable Street Fighter, la Última Batalla protagonizada por Jean Claude Van Damme y la no tan desastrosa pero sí bastante mala Street Fighter, la Leyenda, protagonizada por el personaje de Chun Li. Siendo totalmente sincero la vez que más justicia se le ha hecho a estos personajes que coparon gran parte de la infancia de muchos adolescentes durante los 90 (incluyéndome a mí) llegó en forma de cine animado, desde el mismo país de origen del arcade y con una calidad bastante considerable.




Street Fighter II, the Animated Movie se estrenó en el mercado del vídeo (añorado VHS) en 1994. Este anime dirigido por Gisaboru Sugii y escrito por él mismo y Kenchi Imai supone el mejor acercamiento jamás realizado al juego de Capcom. Se crea un trama consistente, se le da personalidad y una historia a los personajes principales y se forma un contexto interesante para la historia. Todo ello complementado por una animación excelente, una dirección del todo competente, aderezado el conjunto con una banda sonora, en la versión inglesa, efectista con temas de grupos de metal como Alice in Chains o Korn y muchas escenas de combates.




Porque seamos sensatos, la trama de esta adaptación al anime de Street Fighter II no es nada del otro mundo, ya que se revela como la típica de cinta de artes marciales (pero de las buenas, ojo) que pudiera protagonizar cualquier actor tipo Mark Dacascos, Jet Li, o Tony Jaa. El film como es lógico y es lo mínimo que se le podría exigir, hace especial hincapié en las coreografías de peleas entre los luchadores, ya que muchos personajes no tienen un papel más allá que el que les permite un combate cuerpo a cuerpo, en el que por supuesto y como no podía ser menos, utilizan algunas de las técnicas de combate clásicas del videojuego que se realizaban con movimientos concretos del joystick.




Esto que expongo se deja ver de manera notable si tenemos en cuenta que la cinta se estrenó a rebufo de la edición de Super Street Fighter II, nueva versión del juego original que añadía otros cuatro personajes más, Fei Long, Cammy, Thunder Hawk, Dee Jay, y de Super Street Fighter II X: Grand Master Challenge, que incluía el personaje de Akuma, que sólo tiene un casi imperceptible caméo en la obra que nos ocupa. Roles que en el film sólo tienen apariciones estelares que no pasan de lo anecdótico, aunque algunos de ellos son importantes para al argumento central del devenir de la trama, como el caso de la agente británica de Delta Red.




Como he comentado, la película no deja de ser una cinta de artes marciales y escenas de lucha en sesión continua. Pero eso no es impedimento para que Suggi construya algunas escenas de un acabado formidable. Póngase como ejemplo la magnífica secuencia en el hotel de Chun Li, que con un admirable in crescendo de la tensión (con el famoso destete del personaje en la ducha, que os adjunto, por supuesto) desemboca en la mítica pelea con mi paisano Vega en la que ambos personajes salen bastante mal parados. También merecen mención los pasajes que muestran los flashback de la juventud compartida de Ryu y Ken, cargada de un elegante lirismo o la que abre la cinta y que narra el primer combate de Ryu contra Sagat, suponiendo la misma el final del primer videojuego, que sirve como declaración de principios del producto.




Aunque si hay que remarcar un aspecto de Street Fighter the Animated Movie y es algo de lo que deberían tomar nota las productoras que adaptan (en animación o imagen real) videojuegos a celuloide es, no sólo su fidelidad al producto que adaptan, sino el hecho de dar personalidad a roles que no hacían otra cosa que no fuera dar patadas, puñetazos o lanzar ondas de energia. Se da poso a la relación de amistad/rivalidad/¿homosexualidad? entre Ryu y Ken, Mr Bison transmite esa sensación de amenaza y misterio que se pecibia en el videojuego, el sentimiento de venganza de personajes como Sagat, Guile o Chun Li (con una presencia cargada de sexualidad la de esta última) es creíble, así como la demencia y ambigüedad de Vega. En resumidas cuentas, en el sentido de dar entereza y cierta profundidad a los personajes, al menos los más destacados de la franquicia, la cinta supone todo un triunfo.




Le guardo cierto cariño a esta Street Fighter II, la Película (que tenía en VHS y que compré hace un año en DVD tirado de precio en el Salón del Manga de Jaén). No es un anime magistral ni de autor, pero me parece un trabajo meritorio. Son casi dos horas de nostalgia y acción bien rematada para pasar un buen rato, sobre todo si como un servidor os pasasteis horas y horas de vuestra infancia en los recreativos de vuestra localidad haciendo el Shouryuu-ken, el Hadou-ken o el Tatsumaki Senpuu Kyaku (o lo que es lo mismo, el mate, la bola y el remolino, de toda la vida de dios, al menos en mi tierra), contra enemigos con los que ya habíais peleado tantas veces que ya eran como de vuestra pandilla. ¡You win... perfect!


domingo, 9 de enero de 2011

Jarhead, the day that never comes



Título Original
: Jarhead (2005)
Director: Sam Mendes
Guión: William Broyles Jr basado en la novela de Anthony Swoford
Actores: Jake Gyllenhaal, Jamie Foxx, Peter Sarsgaard, Chris Cooper, Lucas Black, Brian Geraghty, Jacob Vargas, Laz Alonso, Evan Jones, Dennis Haysbert





Para su tercera incursión en el mundo del largometraje cinematográfico, tras númerosos reconocimientos en teatro y dos importantes éxitos en celuloide con la magnífica American Beauty y la soberbia Camino a la Perdición, el dramaturgo de origen británico Sam Mendes decidió llevar a imágenes las memorias del marine retirado de los Estados Unidos Anthony Swoford con la ayuda del guionista William Broyles Jr, autor de los libretos de films como Náufrago (Cast Away) Banderas de Nuestros Padres o Apollo XIII. El resultado es Jarhead, estrenada en 2005, bien recibida por la crítica y de manera más moderada por la taquilla.




Jarhead se adscribe de alguna manera a ese tipo de sátira antibélica que cultivaran autores como Mike Nichols (Trampa 22), Robert Altman (M.A.S.H.), y que posiblemente tocara el cielo en 1964 con ¿Teléfono Rojo?, Volamos a Moscú (Dr Strangelove) la obra maestra de Stanley Kubrick. Un señor que nadie hubiera pensado en los 60 que sería capaz de realizar una comedia tan demencialmente corrosiva, acertada y coherente dentro de su incoherencia, viendo su obra previa como cineasta. En la actualidad este tipo de cine sigue llegando a las salas, como se puede ver en Tres Reyes de David O'Russell, Buffalo Soldiers de Gregor Jordan (la más lacerante y bestia de todas ellas, metiéndose ya de cabeza en el antimilatismo) o la muy reciente y memorable Los Hombres que Miraban Fíjamente a las Cabras de Grant Heslov.




Jarhead está inspirada en las vivencias como soldado de Anthony Swoford en la primera guerra del golfo a principios de los 90. El film nos narra como tras una dura preparación física como marines, Swoford y sus compañeros llegaron a Iraq para no hacer practicamente nada y sólo perder el tiempo en el campamento esperando el momento en el que pudieran entrar en batalla y que nunca tuvo lugar. La tercera cinta de Sam Mendes incide más que nunca y de manera casi literal en el absurdo de la guerra, cuando un enorme batallón del ejército más grande del mundo viaja a miles de kilómetros de su país para no cumplir ninguna misión ni eliminar un sólo objetivo.




Es hasta cómico ver a soldados aguerridos sedientos de acción y sangre intentando pasar el tiempo como buenamente pueden hidratándose, jugando a fútbol, viendo películas y masturbándose para evadirse y no pensar que están siendo utilizados como peones por un estado que los lleva al culo del mundo, pidiéndoles sacrificio para luego dejarlos tirados como objetos inservibles. Por supuesto, aunque ellos no sean conscientes, eso les beneficia como seres humanos. Si no ponen en peligro sus vidas no corren el riesgo de perderlas. Lo gracioso es que un país le pide entrega y compromiso a sus hijos para que luego no hagan nada, dejando en sus casas novias, familia, trabajos y vidas enteras que en algunos casos no recuperarán jamás.




El director de Revolutionary Road capta con veracidad ese ambiente castrense de soldados rudos deseosos de entrar en combate. Cuanto más grandes son las bravuconadas de los militares más ridículas resultan sus decepciones a la hora de que los altos mandos les impidan meterse de lleno en la batalla. A pesar de que Mendes no es crítico de manera directa con el ejército americano subyace bajo la superficie de cada fotograma una mirada descreída y con cierta altivez hacia todo ese pensamiento uniformado que con tanta delectación analiza con una falsa objetividad durante todo el metraje. El británico no hace sangre con sus criaturas, pero las mira con el suficiente distanciamiento como para no compartir ni su filosofía, ni muchos de sus actos, aunque puede que por ello sí las compadezca.




El personaje de Anthony Swoford (grande como siempre Jake Gyllenhaal) es el vínculo entre el director y el espectador. Él pone en entredicho no sólo sus propios actos o su situación en Iraq, sino también la finalidad del acto de presencia de Estados Unidos como fuerza militar en el país asiático. Por eso es comprensible que tras pasar el calvario de vivir durante meses en un desierto perdido de la mano de dios con otros compañeros cuya moral ha quedado mermada, la reacción natural sea como la del personaje de Alan Troy, interpretado por ese magnífico y aún poco reconocido actor llamado Peter Sasgaard, cuando su alto mando (Dennis Haysbert) le deniega la autorización de ejecutar la única persona que él y su compañero iban a eliminar en toda la contienda. Acto que hubiera sido más simbólico que físico, de ahí la indignación imperante en la secuencia por parte de los soldados.




Como en todas las obras en celuloide previas de Mendes el acabado técnico de Jarhead es impecable, pero puede que por ello, y como en otras ocasiones, exista debido a esto cierto distanciamiento por parte del director con sus personajes impidiendo una identificación emocional con el espectador medio. El británico lleva la teatralidad impuesta en su discurso y por ello puede ejecutar tomas de una magnífica belleza plástica que se quedan grabadas en la retina (varias de Road to Perdition, como la del tiroteo bajo la lluvia o la de la bañera) pero su impronta no deja de transmitir cierta gelidez formal que frena sus magníficas dotes como narrador de historias.




Recuerdo que la primera vez que vi Jarhead hace años me dejó indiferente. Tras dos películas magníficas (y una de ellas tocándome la fibra de manera bastante especial) me decepcionaba el trabajo de Mendes por el hecho de que un servidor no percibía que el director se inclinara ideologicamente hacia ningún lado en concreto con su largometraje. Hoy con una reciente revisión y habiendo captado todos los detalles de una exquisita sutilidad me doy cuenta que el director de la obra teatral The Blue Room tenía las cosas muy claras cuando se puso detrás de las cámaras. Jarhead afirma de manera inteligente que la guerra es fútil y estúpida se aborde desde el ángulo que se aborde, independientemente de los motivos que la ponga en marcha. La bueñueliana escena del petroleo bañando tanto la cara de Swoford como el caballo en medio del desierto es esclarecedora en ese sentido.


viernes, 7 de enero de 2011

I'm Still Here, el indomable Joaquin Phoenix



Título Original
: I'm Still here, the Lost Year of Joaquin Phoenix (2010)
Director: Casey Affleck
Guión: Joaquin Phoenix y Casey Affleck





No me cabe duda que por distintos motivos, I'm Still Here, the Lost Year of Joaquin Phoenix, el debut detrás de las cámaras del actor Casey Affleck (El Asesinato de Jesse James Por el Cobarde Robert Ford) tendrá en un futuro no muy lejano su pequeño hueco dentro de la historia reciente del séptimo arte. El producto que nos ocupa tiene un más que considerable bagaje a sus espaldas, convirtiéndose desde antes de su gestación en un interesante y muy sensacionalista cúmulo de mentiras, medias verdades, falsa caída en picado de un ídolo cinematográfico y el desastroso auge de una ¿incomprendida? estrella musical dentro del rap de la que todos los medios de comunicación internacionales hicieron befa y mofa.




Allá por el año 2008 el excelente actor Joaquin Phoenix, hermano del malogrado River Phoenix, durante la promoción de su última película Dos Amantes, dirigida por James Gray, anunciaba a bombo y platillo su retirada del mundo de la interpretación para empezar una carrera como MC, es decir, vocalista de rap. El protagonista de Gladiator descuidó alarmantemente su aspecto dejándose una prominente barba y no peinándose ni por prescripción médica. Dio extravagantes y ridículas entrevistas en televisión en las que mostraba una actitud entre estúpida y taciturna. Por la red corrieron imágenes de sus penosas actuaciones musicales, llegando en alguna de ellas a las manos con personas del público asistente corporeizando lo que parecía ser un nuevo caso del clásico "juguete roto" de la industria hollywoodiense.




Curiosamente, su por aquel entonces cuñado, el actor Casey Affleck (hermano de Ben, protagonista de Adiós Pequeña, Adiós y ganador de un Oscar al mejor actor por Mancherster Frente al Mar) le siguió con una cámara de vídeo a lo largo y ancho de toda la gira que emprendió como músico dejando con la misma constancia de unos estrambóticos hechos que parecían dar fidedigno testimonio del bestial e irreversible hundimiento, físico y moral de un ser humano devorado por la fama y los falsos oropeles de una industria tan propensa a la pompa y el artificio como la cinematográfica, que hoy encumbra lo más alto a quien mañana pisoteará y dejará abandonado en la cuneta del olvido.




El pasado año en el festival de Venecia y fuera de competición I'm Still Here fue recibida con una sonora obación por parte del público y la prensa especializada. A la conferencia de prensa posterior sólo asistió el director Casey Affleck, ya que Joaquin Phoenix sí hizo acto de presencia en el país italiano, pero no en el lido veneciano. Por el contrario prefirió salir a cenar con unos amigos en lugar de dar la cara ante unos periodistas que asediaban en masa al menor de los Affleck con todo tipo de preguntas con respecto a si su documental era realidad o ficción, acusaciones estas que el actor de Todo Por Un Sueño (To Die For) o El Indomable Will Hunting negaba de manera tajante. Poco tiempo después actor y director confesaron que todo fue un montaje perpetrado por ambos durante un largo e insano periodo de tiempo.




¿Es I'm Still Here una anárquica genialidad autoral o una stúpida tomadora de pelo sin gracia?. Ni lo uno, ni lo otro, pero más lo primero que lo segundo si tenemos en cuenta su resultado. Una vez somos conscientes de que I'm Still Here es un falso documental (en ocasiones se les ve el plumero a los actores, que no pueden contener la risa, pero el 95% del producto es totalmente creíble si uno no es consciente desde el principio que es un montaje) el espectador no puede más que rendirse a los pies de estos cuñados que se han salido con la suya durante tanto tiempo que parece increíble concebirlo.




Hay momentos memorables dentro de este mockumentary que por sí solos ya hacen que valga la pena el visionado íntegro de un producto que renquea con respecto a su ritmo, unas veces adecuado y otras más plomizo. Las escenas en las que Phoenix se pone a cantar a capela dándole la vara a amigos o actores conocidos como el pobre Edward James Olmos, que no sabe qué cara poner ante tal despropósito (dándole buenos consejos a Phoenix el sufrido hombre, con respecto a encarrilar su vida), Puff Diddy diciéndole al protagonista que no le producirá su disco y la cara de decepción de este último, la visita de Ben Stiller, las discusiones con su amigo Anton el exhibicionista o sus encontronazos con gente del público en sus conciertos.




Aunque si hay algo para destacar soberanamente en I'm Still Here es el inmenso, increíble papel que hace el mismo Joaquin Phoenix. En ningún momento parece que esté interpretando, el tipo engaña a todo el mundo (lo de David Letterman es histórico). Si los intérpretes de falsos documentales pudieran estar nominados al Oscar, Phoenix se lo llevaría de calle. No me tiembla el pulso a lo hora de decir que lo que el protagonista de La Noche Es Nuestra hace aquí es una de las mejores interpretaciones que un servidor ha visto en su vida. Es su trabajo tan natural que no me extraña que se quede con todas y cada una de las personas con las que se cruza y eso que algunos son conocidos suyos.




I'm Still Here pudo llegar a ser algo más profundo y remarcable debido a su premisa, incluso podía haber marcado un antes y después en distintos aspectos relacionados con el falso documental. Pero queda un inteligentísimo experimento no del todo logrado, pero sí meritorio hasta extremos insultantes. Un producto como el que nos ocupa nos demuestra cuan manipuladores y destructivos son los medios de comunicación, como de hipócritas son algunas de esas personas que se hacen llamar fans y para colmo es un excelente crónica, verídica o no, poco me importa, sobre la inconsistencia de la fama y la inestabilidad de las estrellas que llegan a lo más alto cuando sólo son críos con todo lo bueno y malo que ello conlleva.




Finalmente Affleck cierra el círculo y deja a su criatura supuestamente herida de muerte en el lugar donde todo empezó. Ese pantano con un Joaquin Phoenix de pocos años que saltaba al agua desde un pequeño precipicio, ante la mirada de su padre en un vídeo casero, que ahora se muestra fofo y melenudo sumergiéndose bajo las aguas para volver de manera metafórica al vientre materno y purificarse de toda la inmundicia que ha ido tragando desde que su hermano mayor perdiera la vida en la puerta de aquel infame local nocturno llamado The Viper Room. ¿Falso documental?, sí, pero más sincero y descarnado que muchas historias supuestamente reales con las que nos quieren comer el cerebro desde nuestras televisiones.


jueves, 6 de enero de 2011

Lejos de la Tierra Quemada, vidas cruzadas


Título Original: The Burning Plain (2008)
Director: Guillermo Arriaga
Guión: Guillermo Arriaga
Actores: Charlize Theron, Jennifer Lawrence, Kim Basinger, Joaquim de Almeida, Robin Tunney, José María Yazpik, Tessa Ia, Diego J. Torres, Danny Pino, Brett Cullen






Tras tres colaboraciones como guionista con su compatriota y por aquel entonces amigo Alejandro González Iñárritu, el escritor literario y cinematográfico mejicano Guillermo Arriaga empezó su carrera cinematográfica en solitario debutando en el año 2008 con la que sería su ópera prima como director, Lejos de la Tierra Quemada (The Burning Plain). Cinta de corte independiente creada dentro del seno del cine norteamericano de autor y a pesar de ello con un importante reparto de actores de primera fila en su casting.




Lejos de la Tierra Quemada sigue el camino de los films que Arriaga escribió para Iñárritu, Amores Perros, 21 Gramos y Babel, o para Tommy Lee Jones, como el soberbio western fronterizo Los Tres Entierros de Melquiades Estrada, interesantísimo debut del actor tejano en la dirección cinematográfica. La ópera prima como realizador del autor de la novela Escuadrón Guillotina es una vez más un fresco que une distintas historias, que en principio no parecen tener nada en común y que finalmente están interconectadas por la tragedia personal de algunos de sus protagonistas.




Arriaga construye un drama entre Méjico y Estados Unidos que entrelaza distintas etapas de la vida de un grupo de personajes marcados por la muerte de algún familiar o persona allegada. Esta excusa argumental le sirve para construir sutilmente un largometraje que juega con los tiempos y la estructura narrativa a placer. Arriaga es consciente de que es la primera vez que se pone detrás de la cámara y a pesar de que su trabajo es notable y su dirección de actores muy solvente, se centra principalmente en lo que se le da bien. Deconstruir el guión para subvertir la ley de causa efecto y hacer con ello que al espectador no se le escape un solo detalle durante la proyección.




The Burning Plain sirve como tratado sobre las diferencias culturales y de clase, el adulterio, la irrespirable vida acomodaticia a la que puede llevar el matrimonio y la familia, los errores de juventud, la responsabilidad y la búsqueda de algo parecido al verdadero amor. Arriaga es un autor de contrastado dramatismo, por eso sabe cómo y cuándo debe tocar depende qué resortes narrativos para emocionar al espectador, pero sin llegar nunca la sensiblería burda y barata o al sensacionalismo más chabacano.




Lejos de la Tierra Quemada confirma que al igual que Iñárritu con Biutiful, Arriaga puede hacer cine solo, ofreciendo un proyecto sólido, de profundo calado con personajes que poseen profundidad y que escapan del maniqueísmo impostado. Aunque como me pasó al comentar la cuarta cinta del director de Amores Perros hace unos días, algo le falta a esta ópera prima del amigo Guillermo. Es una pena que este tándem de grandes cineastas hayan terminado su interesante y exitosa empresa en común que tan buen cine nos había regalado.


lunes, 3 de enero de 2011

Top 2010, Cómics



Otro poco ortodoxo Top 10 (+ 1) . Esta vez le toca a los cómics, que los tengo muy olvidados en el blog desde hace tiempo. Voy a comentar mis tebeos favoritos del año pero sin nombrar reediciones (ganaría Sandman seguramente) o coleccionables. Bueno, vamos a ello y sin orden preestablecido.


El Hombre Lobo MAX


Marvel recupera la colección de Jack Russell en esta resuelta miniserie dentro de MAX, el sello para lectores adultos de la Casa de las Ideas. A pesar de que la fidelidad hacia la colección clásica no es total (como sí lo era la anterior miniserie de los 90 ideada por Paul Jenkins y Leonardo Manco) el guión Duane Swierczynski y el crudo dibujo de Mico Suayan sirven para que esta saga tenga un nivel más que considerable. De regalo incluyen los dos corssover a color de Drácula y el Hombre Lobo que idearon Marv Wolfman, Gene Colan y Mike Ploogh dentro de las colecciones The Tomb of Drácula y Werewolf By Night en los 70.


Las Colinas Tienen Ojos, el Comienzo



Jimmy Palmiotti y Justin Gray con el guión y el normalmente entintador John Higgins con los lápices adaptan el universo de Las Colinas Tienen Ojos, el film de culto de los 70 ideado por Wes Craven y que tuvo un soberbio remake, con secuela incluida, por parte del francés Alexandre Aja. El resultado es una excelente novela gráfica que sirve de génesis de la historia cinematográfica y de puente entre la ya mencionada revisión y su endeble secuela dirigida por Martin Weisz, El Retorno de los Malditos (The Hills Have Eyes II). Por fin los fans de la saga conocemos el germen de lo que sucedió en aquel desierto tras las pruebas nucleares por parte del ejercito americano. Lo mejor la visceralidad del relato y lo fiel que es a los films. Lo más flojo el dibujo de Higgins, que sin ser terrible, no está a la altura.


Batman Nº 35



El número 35 del Volumen 2 de Batman en España supuso el inicio de Batman & Robin, la segunda etapa del guionista escocés Grant Morrison con el personaje tras la saga R.I.P. El creador de Los Invisibles con esta segunda incursión en el mundo del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger deja de lado el tono más urbano que tenía Batman en los 90 y decide experimentar con uno diferente. El hombre murciélago que le gusta a Morrison es el anterior a Crisis en Tierras Infinitas, el de un aire menos oscuro (pero sí adulto) que desarrollaron autores como el tándem Dennis O'Neill/ Neal Adams. Por eso esta colección es una actualización de aquella época en la que el caballero oscuro luchaba contra pintorescos enemigos con formas monstruosas o animales multiformes. El guionista escocés no está haciendo nada del otro mundo con su etapa de Batman, pero está regalando número memorables que hunden sus raices en la época camp del personaje y dando una de las mejores versiones del Joker que se han visto jamás. No sabría elegir un solo número de los editados en España sobre la colección porque todos me parecen tener algo que los hace únicos. Aunque también es comprensible y respetable que existan fans que no estén de acuerdo con esta etapa del personaje. Mientras sean respetuosos con el guionista y con los que sí la disfrutamos, yo no tengo problema en escuchar voces discordantes.


Power Girl Nº1



De nuevo Palmiotti y Gray, que valen tanto para un roto como para un descosido, aparecen en este top debido al excelente trabajo que han hecho con la nueva serie regular de Power Girl. El personaje creado por Gerry Conway y Wally Wood, conocido más por su escote que por el hecho de tener los poderes de su primo Superman, vive un momento de gloria con esta desenfadada y alegre colección escrita con tanta agilidad como sensibilidad femenina (y la guionizan dos tíos) y con el delicioso dibujo de Amanda Crooner. Personajes extravagantes, lucha de sexos y aventuras coloridas que enganchan a un lector que no pierde la sonrisa en ningún momento.


Los Muertos Vivientes Nº 10



Tras la resaca del bestial (y algo gratuito) tomo Nacidos Par Sufrir hemos recibido cuatro números de The Walking Dead por parte de Planeta. Sin contar el 9 que era un correcto recopilatorio de transición, del 10 al 12 los tres tomos han sido memorables. Kirkman vuelve a coger el hilo de la colección y encarrila el devenir de los personajes. He elegido el número 10 no por ser muy superior a los demás, sino por el momento Dale que me pareció de una genialidad demencial por parte del guionista. Inevitable no hablar de la serie de televisión de la AMC que empezó con mucha fuerza y perdió fuelle por no ceñirse más a los cómics. Aunque le tengo todavía algo de fe al proyecto, que Darabont es un tío listo.


Calles de Gotham Nº 1



Para aquellos que no disfrutan con la experimentación retro que Grant Morrison está aplicando a Batman existen otras series sobre el personaje que dan una perspectiva distinta. El gran Paul Dini, ese excelente guionista que fue clave en la creación de aquella obra maestra catódica llamada Batman, the Animated Series, es el escritor principal de esta colección. Streets of Gotham toma como centro narrativo la misma Gotham City y en sus historias se narran tanto las vivencias de Batman como las cualquier personaje que habite dicha ciudad, ya sean héroes o villanos. Se recupera el tono más oscuro y callejero y el matiz detectivesco, acentuado todo con el atípico pero siempre efectivo dibujo de Dustin Nguyen.


Kick Ass


Mark Millar y un inspiradísimo John Romita Jr dan una patada en el culo al fandom con este desprejuiciado y divertido relato de humor negro sobre lo difícil y desquiciado que sería en la vida real ser un superhéroe. Un relato ligero, directo, cruel y muy violento, en la lína de su guionista. Personajes memorables como Hit Girl, diálogos ágiles que hunden sus raices en todo tipo de referencia a la cultura pop y mucha sana autocrítica para los que somos seguidores de los cómics. De la película no hablaré mucho, ya lo hice en su momento, pero sólo comentar que a pesar de ser divertida y digna, traiciona en bastantes puntos importantes a las viñetas y eso le hace perder puntos. Espero con ganas que Millar y Romita Jr acaben Kick Ass 2, Balls to the Wall, la continuación de este cómic que por las pocas páginas que han salido a la luz pinta bastante bien.


Batman Cacofonía



Mi cómic favorito de Batman del año. Kevin Smith se confirma como un excelente escritor de cómics tras trabajos soberbios en Marvel con Daredevil o La Gata Negra. Para crear esta saga del hombre murciélago Smith utiliza a Onomatopeya, un atípico villano que él mismo creó para la colección de Green Arrow. Desde el inicio de la narración con la historia sobre un guardia del Asilo Arkham hasta la conversación acertada y muy esclarecedora entre Batman y el Joker (con reminiscencias y homenaje a La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland), Cacofonía es para mi sorpresa una lectura excelente y un retrato acertado de personajes que todos conocemos. La nota floja es el dibujo endeble de Walter Flanagan, que mejora en el último número de la miniserie, pero no mucho.


Punisher MAX Seis Horas Para Matar



En Marvel son listos y no la cagaron como yo esperaba. Tras la salida del irlandés Garth Ennis de la colección de Punisher dirigida al público adulto, poniendo fin a la mejor época con diferencia del personaje, en la Casa de Ideas le pasaron la batuta a tres guionistas salidos de la novela negra norteamericana, Gregg Hurtwiz, Duane Swierczynski y Victor Gischler y sin llegar ninguno al nivel de creador de Predicador a la hora de retratar a El Castigador, sí han seguido sus constantes narrativas y han realizado tres miniseries muy dignas y con bastante potencial. Niñas Vestidas de Blanco, Seis Horas Para Matar y Bienvenidos al Bayou. De los tres tomos he elegido Six Hour to Kill, ideado por Swierczynski, que está también en este top por El Hombre Lobo MAX, por su planteamiento muy efectivo (a Castle le inyectan un veneno que lo matará en seis horas y decide que como no tiene nada que perder va a quitarse de en medio a todo el delincuente que pueda), por lo retorcido de algunos de los personajes y por el magnífico y muy sólido trazo de Michel Lacombe. A ver en este 2011 lo que ha hecho Jason Aaron tomando las riendas de la colección como guionista fijo.


Crossed



Garth Ennis escribe su propia versión de The Walking Dead para el sello americanao Avatar. Crossed no es otra visión más del ya manido holocausto zombie, puede que conceptualmente sí lo sea, pero la originalidad de esta proyecto estriba en los supuestos infectados, que en esta ocasión no se convierten en los tradicionales muertos vivientes, sino en unas personas que vuelven a un estado cavernario y que tienen como único fin el canibalismo, la mutilación y la depravación sexual (esto último el mayor acierto por parte del irlandés). Crossed no es un producto para todos los estómagos, incluso algunos fans de Ennis acostumbrados a su estilo brutal han salido escaldados con la visceralidad de esta colección que en más de una ocasión se vuelve decidiamente brutal, dejando en agua de borrajas algunos de los pasajes más siniestros de la ya mencionada y superior colección de Robert Kirkman. A pesar de que los personajes protagonistas son reales y tienen cierta profundidad se nota que el guionista de War Stories ha tomado "prestadas" algunas ideas al creador de The Waling Dead, al menos para poner en funcionamiento su relato. Más tarde se aleja de él y da voz propia a su criatura con algunos momentos memorables y planteamientos morales muy interesantes, como el hecho de que los Cruzados sean una represanteación física de nuestros más bajos instintos, teoría Cornenbergiana donde las haya. El ilustrador Jacen Burrows es el que más palos se ha llevado por esta obra, pero curiosamente por hacer bien el trabajo. Su dibujo en ocasiones es demasiado gráfico y su delectación por la violencia extrema es casi tan enfermiza como la de Kentaro Miura. El trazo que aplica a Crossed recuerda mucho al de Geoff Darrow (otro señor al que le gusta deleitarse con la violencia explícita) pero es de nota, digan lo que digan. En resumidas cuentas, Crossed, sin ser uno de los grandes trabajos de Ennis, sí es una de las mejores lecturas del pasado 2010.


American Vampire



El cómic del año sin lugar a dudas. El magnífico guionista Scott Snyder consigue lo imposible, que Stephen King escriba por primera vez en su vida y mano a mano con él, un guión original para un cómic. American Vampire, editada por el sello Vértigo de DC, se aleja de las visiones contemporáneas sobre vampirismo que son la puritana y herética de Crepúsculo o la burdamente sexualizada y torpemente alegórica de True Blood. King y Snyder utilizan a los no muertos como excusa para hacer un fresco sobre la construcción de una nación como Estados Unidos alternando dos etapas importantes de aquel país. 1925, poco antes de la gran depresión y 1880 durante la época del far west. Scott Snyder escribe los episodios situados en la primera mitad del siglo XX realizando una visión mórbida y envenenada del Hollywood de la época . King lo hace con los relatos situados a final del XIX con claras influencias del western de gente como Sergio Leone o Sam Peckinpah y hablando de la época en la que los escritores de novelas baratas sobre el el salvaje oeste estaban en boca de todo el mundo. El personaje central que une las dos narraciones independientes es Skiner Sweet un antiguo forajido y asesino convertido en una especie de vampiro híbrido que se muestra como una evolución de los chupasangres tradicionales. Sweet es un rol puramente americano, un rastrero criminal capaz de cualquier atrocidad pero con un extraño código ético y de honor que lo hace irresistible para el lector. King y Snyder hablan de manera magistral sobre una nación terrible, construida sobre la violencia y regada con litros de sangre inocente. El vampirismo es sólo la excusa para incluir imágenes e historias de impacto y un subtexto sobre una xenofobia que aún hoy se encuentra arraigada en la América profunda. No debo olvidarme del lacerante y magnífico dibujo del carioca Rafael Albuquerque, que potencia los escritos de ambos guionistas y da un tono de perversidad a este trabajo imprescindible dentro del comic contemporáneo.


Biutiful



Título Original
: Biutiful (2010)
Director: Alejandro González Iñárritu
Guión: Nicolas Giacobone, Armando Bo y Alejandro González Iñárritu
Actores: Javier Bardem, Maricel Álvarez, Diaryatou Daff, Eduard Fernández, Guillermo Estrella, Rubén Ochandiano, Félix Cubero, Martina García, Manolo Solo, Karra Elejalde


Trailer


En el año 2000 debutó en la dirección un realizador mexicano, antiguo locutor de radio, llamado Alejandro González Iñárritu con Amores Perros. Exitoso y certero drama en clave de retrato social sobre tres historias cruzadas que se entrelazaban por culpa de un accidente automovilístico en el que estaban implicados todos los protagonistas. Con una estructura que recordaba a Pulp Fiction y una mirada cruda de la ciudad de México D.F, el film demostró no sólo que su director era poseedor de un potencial inusitado para ser un novato en el mundo del largometraje, también dejó claro que el guionista del proyecto, el escritor Guillermo Arriaga, tenía tanto o más talento que el mismo Iñárritu.




Corría el 2003, director y guionista dieron el salto al Hollywood. Con Sean Penn (fan declarado de Amores Perros), Naomi Watts y Benicio del Toro como actores principales, dieron forma a la para mí mejor de sus películas como dúo y de Iñárritu como realizador, 21 Gramos. De nuevo con un accidente de tráfico como catalizador, pero esta vez con una estructura bastante más compleja. Tres años después llegó la última y exitosa colaboración del tandem mexicano, Babel. Una vez más un accidente (esta vez relacionado con un arma de fuego) daba pie a cambiar la vida de un grupo de personajes. Tras esta obra llegaron las rencillas, los egos y la separación de la excelente pareja. Cada uno siguió su camino en solitario.




Biutiful supone el primer trabajo detrás de las cámaras de González Iñárritu sin la pluma de Arriaga en la escritura de su obra. La cuarta película del mexicano es una co producción con España, está localizada en el extraradio barcelonés y narra la vida de Uxbal, un ciudadano que ayuda a la integración laboral de inmigrantes ilegales, que posee ciertos poderes supuestamente sobrenaturales que le permiten hablar con los muertos y que debe replantearse su vida (y la de sus hijos) cuando le diagnostican una enfermedad terminal.




Biutiful es la confirmación de que Alejandro González Iñárritu puede hacer cine sin Guillermo Arriaga, construir una buena historia, de corte realista y dirigir con mano muy firme a sus actores. Siguen sus constantes autorales, tono realista en la realización, una visión misántropa de las ciudades desfavorecidas, sin importar si son españolas o mexicanas y los desheredados (inevitable legado buñueliano), un matiz de corte religoso con un tono de oscuridad, así como cierta inclinación por recrearse en las tragedias y penurias que experimentan sus criaturas llevándolas a unos extremos dramáticos que se mueven entre el efectismo y lo sensacionalista, a pesar de que normalmente esta táctica le funcione.




Pero Biutiful también confirma de manera tajante que esa deconstrucción narrativa, ese uso magistral de las set pieces y de la interconexión de distintas historias en un mismo y cohesionado todo eran obra de la escritura de Arriaga. Biutiful es mucho más convencional y lineal en su estructura narrativa que los anteriores films de su director, que incluso hace un amago de intentar entrelazar otras subtramas del film (la de los dos chinos) con la de Uxbal, pero llegado el momento es consciente de que sin su ex compañero es incapaz de llevar a buen puerto tal empresa y desiste con respecto a ello.




Aquello que todos dicen es cierto, no hay duda. Javier Bardem engrandece un film como Biutiful y él es con diferencia lo mejor del proyecto. El actor da un recital (como casi siempre) de verdadera interpretación desde las entrañas, transmitiendo veracidad física y psicológica y recuperando con su Uxbal algunos de los matices que ofreció para componer aquel memorable Reinaldo Arenas para Julian Schnabel en Antes que Anochezca. Su trabajo, sin ser el mejor de su carrera, desde mi punto de vista, es tan efectivo y descarnado que eclipsa al resto de interpretes por mucho que algunos sean gente como Eduard Fernández, Rubén Ochandiano o un desperdiciado Karra Elejalde, que dice tres palabras mal contadas.




Biutiful es un producto notable hecho desde las entrañas, puede que algo tremendista y con algún fallo (inclinación por el subrayado, un metraje excesivo) pero acierta de lleno a la hora de retratar la vida y las condiciones insalubres en las que se encuentran las clases bajas y los inmigrantes, utilizados como mano de obra barata, en la ciudad condal. Iñárritu hace un correcto trabajo y crea escenas poderosas que se quedan grabadas en la retina, pero pierde como narrador al no tener a un virtuoso como Guillermo Arriaga en el guión. Con respecto a este último hablaré en breve de su ópera prima como realizador, Lejos de la Tierra Quemada (The Burning Plain), que la vi hace unos días y aún no la he comentado.