jueves, 12 de noviembre de 2009

El Hombre Lobo, de Paul Jenkins y Leonardo Manco



Hay colecciones de cómics que teniéndolo todo, no funcionan o no encuentran el público adecuado. En 1998 la Marvel empezó a editar una soberbia serie sobre El Hombre Lobo con guión del británico Paul Jenkins (Spiderman, Spawn) y dibujo del argentino Leonardo Manco (Hellblazer) que fue cancelada injustamente en su sexta entrega.




No era la primera vez que la Marvel recurría al personaje universal del Hombre Lobo para llevarlo a viñetas, es más, esta colección es un volumen 2. La primera nació en los años 70, cuando a la editorial le dio por crear cómics basados en personajes nacidos del cine y la literatura de terror así lo atestigua el sonoro éxito de la genial La Tumba de Drácula obra de Marv Wolfman y Gene Colan.




La colección escrita por Roy Thomas y Gerry Conway y dibujada por Mike Ploogh estaba protagonizada por Jack Russell, un niño bien que se pasaba la vida haciendo surf y ligando en playas paradisiacas de California que un día hereda la maldición que lo convierte en un licántropo tres noches de cada mes, las de luna llena evidentemente. La colección era excelente, fue un emblema dentro de los cómics de la década de los 70, alternaba terror con fantasía y por sus páginas destilaron gran número de pintorescos e interesantes secundarios.




En Marvel a finales del siglo XX sabían que el personaje tenía potencial, que el primer volumen de la serie fue un éxito y por ello decidieron resucitar a Jack Russell. Los autores fueron Paul Jenkins y Leonardo Manco y el trabajo resultante fue excelente. La labor de guionista y dibujante ya se tornaba soberbia desde ese número 1 que no sólo servía de unión entre las dos colecciones, sino que también presentaba al protagonista y su entorno.




A simple vista el primer número de este volumen 2 se diferenciaba de la primera colección por lo oscuro y tenebrista que era el dibujo de Leonardo Manco, recordando en mucho a su trabajo de los años 90 en la colección Hellstorm e incluso a algunos videoclips de Marilyn Manson como Tourniquet o Beautiful People. La labor del argentino con los pinceles era soberbia y muy descarnada, ochentera en su estética.




Por otro lado Paul Jenkins daba mucha profundidad a su guión, es cierto que sólo pudo desarrollar un arco argumental (que ocupaba desde el número 1 al 4) pero el mismo era sólido y muy interesante. Se daban la mano en el mismo, ocultismo, satanistas, maldiciones gitanas, la aparición del mismo Diablo (homenaje a la ya mencionada La Tumba de Drácula) o la feliz idea de que cada vez que Russell mutaba a lobo, despertaba el Infierno haciendo manifestarse criaturas multiformes que tanto se parecen a las creadas por H.P. Lovecraft como a las de Kentaro Miura en Berserk.




Por suerte los de Marvel no desisten y hace poco, e inteligentemente incluyéndola en MAX su sello para adultos, han editado otra miniserie de cuatro números sobre el personaje, escritos por Duane Swierczynski y dibujados por Mico Suayan, con los que me haré en cuanto lo editen en nuestro país sabe dios cuando, si lo hacen.




Sólo 6 números, los dos últimos daban inicio a una nueva era en la historia del personaje con un arco argumental que prometía mucho y unos secundarios cojonudos, pero ya se sabe, no todo lo bueno tiene cabida en un mundo tan competitivo como el del noveno arte. Yo a pesar de todo los tengo guardados como oro en paño y los releo con asiduidad. Porque son cómics de calidad que no tuvieron suerte, pero la merecían.


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