domingo, 4 de julio de 2021

Bo Burnham: Inside, seguir viendo para Juan Luis




Título Original Bo Burnham: Inside (2021)
Director Bo Burnham
Guion Bo Burnham
Reparto Bo Burham



Hoy, que no está siendo el mejor de los domingos, voy a hacer algo que no me gusta, pero necesito, y es aprovechar la libertad que me proporciona este blog y la reseña de una obra muy particular para reflejar mi estado de ánimo que, os lo puedo asegurar, no es nada envidiable en estos momentos. Si la primera vez que lo vi me sentí mortalmente identificado con él, en un día poco memorable como el de hoy casi se convierte en un mantra del que me es imposible disociarme. Hoy toca abrirse un poco el pecho en canal para ver qué hay dentro. Hoy toca hacer terapia psicológica con fines curativos. Hoy toca hablar de Bo Burnham: Inside.




Como a todas las personas del planeta, la pandemia del Covid 19 me pasó factura durante el 2020, sobre todo en el plano personal. Al confinamiento de más de tres meses con su correspondiente desescalada gradual se sumaron algunos problemas de salud propios y ajenos o el hecho de que mis padres fueran población de riesgo. Para rematar la jugada un día antes de finalizar el Estado de Alarma en España di por terminada, aunque de manera amistosa, una relación sentimental de 6 años de cuya ruptura tardé bastante en recuperarme, hoy todavía sigo haciéndolo. Un cúmulo de situaciones que desembocaron en ansiedad, malestar físico y un principio de depresión que, afortunadamente, no fue a más.




Por eso cuando el pasado 30 de mayo Netflix subió a su catálogo el especial Inside, del cómico  estadounidense Bo Burnham, y a los pocos días decidí verlo encontré, por fin, no sólo la obra que mejor ha sabido capturar este penoso momento de la historia reciente que nos ha tocado vivir, sino el proyecto que con más precisión reflejaba cómo me sentí durante el confinamiento y cómo me siento ahora que vamos poco a poco volviendo a una "nueva normalidad". Netflix tiene un enorme catálogo de especiales protagonizados por estrellas internacionales del stand up, de hecho el mismo Bo Burnham tiene uno de 2016 llamado Make Happy, que os recomiendo encarecidamente, no ya sólo por su calidad, sino por lo bien que refleja el humor de su autor. Pero Inside es otra cosa, Inside es mucho más.




Iniside es un especial cómico que Bo Burnham grabó durante el ya mencionado confinamiento, en soledad y en su propia casa. Como bien menciona el mismo Burnham en uno de los mejores temas, a principios de 2020 salía de una profunda crisis que le había obligado a alejarse de los escenarios debido a los ataques de pánico que sufría al actuar en vivo. Viéndose confinado entre cuatro paredes el actor de la brillante Una Chica Prometedora decidió aprovechar ese tiempo para grabarse a sí mismo componiendo e interpretando canciones, su humor se sustenta principalmente en temas musicales creados por él, y de esa manera encontrar una vía de escape para no volver a caer en el pozo del que tanto trabajo le costó salir.




El primer tema musical, Content, que a su vez es una intro para el especial, se revela como una declaración de principios por parte de Burnham. Ante la posibilidad de volver a sumergirse en una depresión toma la decisión de escribir chistes y componer canciones que posteriormente serán consumidas por ávidos usuarios. Para no sucumbir a la tristeza o la desesperanza Burnham, que es hijo de su tiempo y se hizo famoso con 16 años por subir vídeos en YouTube, va a ofrecernos "contenido" para que empaquetemos en pequeñas dosis audiovisuales lo que para él se convierte en una expiación de demonios. El capitalismo y el consumo reduciendo la expresión artística a tres clicks, dos favs y un retuit. Algo de lo que Netflix y el mismo Burnham son conscientes.




Desde su mismo arranque Inside pivota entre la comedia y la tragedia con precisión analítica, apelando a la ironía y el sarcasmo para construir su nada simplista estructura. Temas como Comedy, una burla hacia los aires de grandeza de los cómicos en tiempos de desgracias globales, o FacteTime With My Mum (Tonight), en el que se vale del humor con respecto a la torpeza de nuestros mayores con las tecnologías para reflexionar sobre las vacuidad de las relaciones familiares, muestran a un profesional con sobrado talento para armonizar géneros antagónicos que en un mismo gag o tema musical nos hagan carcajearnos para inmediatamente después despertarnos una sensación de incomodidad al habernos reído de temas sin ninguna gracia.




La crítica disfrazada de performance infantil, con marioneta en forma de calcetín incluida, a cómo se silencian las voces contrarias al adecuado proceder de la actual sociedad de bienestar de How The Worlds Work, el retrato del oportunismo disfrazado de compromiso y el afán por las falsas apariencias relacionado con los influencers de la desopilante White Woman Instagram, la mirada sardónica hacia la explotación laboral de los becarios de la jazzistica Unpaid Intern, o los ritmos electrónicos de las envenenadas Bezos I y II configuran una variedad musical ecléctica e inquieta con la que Burnham no deja títere con cabeza mediante sus ritmos y estribillos brutalmente pegadizos que, por cierto, están disponibles en Spotify.




Entre temas en los que hace sorna con la red de redes (Welcome to the Internet) o la evolución de su propia perspectiva del humor (Problematic) hay dos que sobresalen notablemente. Uno es 30, un lamento amargo envuelto en una composición de falso vitalismo con la que Burnham asume llegar a los 30 años encerrado en su casa con la única compañía de su cámara y presuponiendo no haber hecho nada de relevancia en toda su vida. El otro es All Eyes On Me, que encapsula todo lo que supone Inside en particular y el discurso de Bo Burnham en general. Un melancólico corte con vocación de himno generacional derivando hacia su recta final en caos, rabia y locura. Una obra maestra.




No sólo de interpretaciones musicales vive Inside, de hecho algunos de los mejores highlights del especial, y si me apuran del 2021, en el campo de lo audiovisual son dos sketches hablados repletos de ingenio y mala baba lanzando aguijonazos, una vez más, al mundo de internet. Por un lado la reacción al vídeo de Unpaid Intern que a su vez se convierte en otra reacción del mismo Burnham viéndose reaccionar a la reacción es un delirio de una brillantez insobornable. El otro es un gameplay de su propia vida durante el confinamiento con el que la sonrisa del espectador torna en incomodidad debido al inteligente uso de las escasas acciones ejecutadas por el personaje, incapaz de salir de la "pantalla", para mostrar cómo se sentía desde una perspectiva psicológica durante el encierro.




A un nivel puramente audiovisual el apartado técnico de Inside es sobresaliente, tanto como para haber despertado las dudas de aquellos que ponen en entredicho a su autor como responsable total del proyecto. Si hacemos caso de los créditos proporcionados por Netflix, Bo Burnham escribió, dirigió, protagonizó y editó todo el especial, llevándolo a cabo con una sola cámara. Asumiendo que esto sea verdad la puesta en escena de la pieza alcanza unas impresionantes cotas de minuciosidad impropias para una localización tan exigua y con un equipo de grabación mínimo controlado por una única persona. La fotografía, el sonido, la iluminación y sobre todo el montaje hacen de Inside una de las producciones más estimulantes vistas este 2021.





Aunque los temas musicales o los sketches hablan por sí solos con respecto a qué tenía Bo Burnham en mente a la hora de desplegar su abanico de posibilidades estilísticas y narrativas son los tiempos muertos, los planos fijos contemplativos en los que una pequeña sala se convierte en una cueva de proporciones mastodónticas devorando a su habitante, o lo que acontece fuera de plano, el material que captura la esencia de Inside. El testimonio de un payaso triste transfigurado en 87 minutos de pura genialidad rompiendo barreras mientras amalgama tonos, géneros, medios y dejándonos con la duda de si todo ha sido real o una broma más con la que este alquimista del humor se ha estado riendo de nosotros, como podría aventurar ese último plano.




A estas alturas es posible que más de un lector se pregunte por qué un mindundi como yo se identifica con un comediante y actor de éxito que trabaja para la plataforma de streaming más poderosa del planeta o interviene en películas ganadoras del Oscar. Pero creo que si algo nos ha dejado claro este último año y medio es que una pandemia no entiende de clases sociales, jerarquías o fronteras. En este domingo de mierda me reafirmo en que Inside se ha convertido en algo muy especial para mí, ya que haber dedicado la tarde a revisarlo, analizarlo y escribir sobre él me ha vuelto a demostrar que es mucho más que una opción del apartado "volver a ver" de Netflix al alcance de mi mando a distancia. Así que subid las putas manos, levantaos de la silla y no dejéis de mirarme.



viernes, 2 de julio de 2021

Loki, tiempo y castigo



"Sé qué es este lugar, el circo de los Guardianes del Tiempo y veo que los payasos cumplen su rol a la perfección"




Después de la magnífica WandaVision y la muy irregular The Falcon And The Winter Soldier llega la tercera serie de producción propia de Marvel Studios bajo el amparo de la plataforma Disney +. Como todos sabemos esta nueva incursión en el Universo Cinematográfico Marvel está protagonizada por el carismático y ya icónico Loki del actor británico Tom Hiddleston al que ya vimos brillar en las tres entregas en solitario de Thor y en varias de las películas de Los Vengadores. Aquí el Dios de las Mentiras es el protagonista absoluto, pero como viene sucediendo en estos nuevos productos auspiciados por Kevin Feige para las pequeñas pantallas la naturaleza coral de los mismos se deja notar con la inclusión de nuevos personajes secundarios. Mientras Michael Waldron ejerce de creador y showrunner del proyecto todos los capítulos, seis en total, contarán con dirección de Kate Herron (Sex Education) y dentro de los intérpretes que acompañarán al actor de Kong: La Isla Calavera (2017) encontramos a Owen Wilson (Midnight in Paris), Gugu Mbatha-Raw (The Morning Show) o Wunmi Mosaku (Lovecraft Country) entre otros que se irán desvelando a lo largo de los próximos episodios.




La trama arranca durante el pasaje de Vengadores: Endgame en el que los personajes viajaban al año 2012, justo en el clímax final de la primera película del grupo de superhéroes dirigida por Joss Whedon, cuando Loki se apodera del teseracto y desaparece. A partir de ese momento nuestro protagonista se convierte en una “variante” y la Time Variance Authority (TVA), organización encargada del buen discurrir de la “Sagrada línea temporal”, va en su busca y captura. Una vez apresado las oficinas de la TVA son un continuo discurrir de referencias a series como Doctor Who y a películas de Terry Gilliam como Brazil (1985), Héroes del Tiempo (Time Bandits, 1981) o 12 Monos (1995) con las que comparte su predilección por la comedia absurda, el retrofutirismo, y lo barroco. En este contexto se localiza espaciotemporalmente dónde se encuentra el rol de Tom Hiddleston, se asientan las bases de la dinámica que mantendrá con el agente Mobius M. Mobius de un entrañable Owen Wilson y se hace un repaso al futuro alternativo, el real para nosotros como espectadores, para añadir bagaje dramático a la propuesta.




Aunque todo lo que expone a priori se antoja tan interesante como prometedor este primer episodio todavía no profundiza en sus planteamientos narrativos y audiovisuales como para que podamos hacernos una idea global de hacia dónde se encaminará su trama central. A fallos como un excesivo de expositivismo y demasiada cháchara en lugar de presentarnos el entorno de la TVA se anteponen aciertos como el tono entre cómico y dramático del proyecto, el carisma de un Tom Hiddleston en todo su apogeo, lo prometedor de su próxima interacción con el personaje de Owen Wilson, esas animaciones a lo Hannah-Barbera y que tras la naturaleza más procedimental de The Falcon And The Winter Soldier volvemos, en cierta manera, al terreno de lo imprevisible y elucubrativo con guiños y pistas, una vez más relacionadas con Mephisto, como las que desplegaron Jac Schaeffer y Matt Shakman en WandaVision. La semana que viene veremos con más claridad qué es lo que puede ofrecernos esta Loki que sin haber mostrado todas sus cartas ya promete más de una sorpresa.



Segundo episodio, titulado The Variant, en el que Loki comienza su interacción directa con el equipo de la AVT comandado por el agente Mobius de Owen Wilson. Continuista con respecto a la entrega anterior denota los mismos aciertos y carencias que aquella sin que se produzcan cambios sustanciales en su discurrir argumental hasta el cierre del capítulo que si se revela algo más prometedor. De nuevo el trabajo de guion peca de sobrexposición y si bien es cierto que es necesaria para contextualizar el núcleo del relato pasajes como el de la ensalada acaban volviéndose irritantes por excesivamente alargados en el tiempo y la ejecución de un humor bastante simplista. No eludiremos que en los cómic hemos visto al Dios del Engaño ejercer todo tipo de variopintos roles, pero el que por ahora representa en su serie es demasiado propenso a una comicidad no muy bien planteada reduciéndolo casi a un histrión al que sus enemigos de la AVT miran continuamente por encima del hombro.



Por suerte la dinámica entre Loki y Mobius funciona a muy buen rendimiento gracias al carisma de un Tom Hiddleston poseído por su personaje y a un Owen Wilson que personifica la bondad, la contención y una estimable infinita paciencia. El momento en el que Loki descubre la teoría de las catástrofes concerniente a la Variante con el consiguiente viaje a Pompeya la serie gana enteros y comienza a desplegar un abanico de oportunidades narrativas por ahora dando sus primeros pasos, pero que podrá depararnos más de una sorpresa siempre que Michael Waldron, Kate Herron y su equipo de colaboradores sepan sacarle partido, ya que la AVT ideada por el gran Walter Simonson y todo lo que relacionado con ella es lo suficientemente rico, no sólo para que Loki llegue a convertirse en un destacable producto de entretenimiento, sino que pulsando las teclas adecuadas puede llegar a extender de manera harto inteligente el Universo Cinematográfico Marvel y su conexión con ese multiverso que ya está a la vuelta de la esquina.




La sensación con este segundo episodio es muy parecida a la experimentada con en el primero la semana pasada. Nos encontramos con un proyecto con potencial, que se ve con agrado, contando con un grupo de personajes secundarios con posibilidades de destacar notablemente dentro de la cronología del UCM y un protagonista revelándose en todo momento como un maestro de ceremonias estimable, pero que debe ofrecer todavía su mejor perfil, el que vimos en varios de los largometrajes de Thor o Los Vengadores. La aparición de Lady Loki al cierre del episodio y la huida de Loki de Mobius, Hunter B-15 y el resto de componentes de la AVT aumenta el tamaño del tablero de juego y permitirá a partir de ahora añadir más piezas a la partida. Esperemos que el resultado sea satisfactorio y encarrile la serie a un ecuador lo suficientemente interesante como para mantener nuestra atención en una serie que por ahora no es demasiado reseñable.




Con el tercer episodio titulado Lamentis 1 llegamos al ecuador de una miniserie que por ahora, y no es plato de mi gusto admitirlo, no está cumpliendo las expectativas depositadas en ella, no pocas precisamente. El personaje de Sylvie entra de lleno en la ficción y este capítulo, dedicado enteramente a los primeros compases de su dinámica con Loki, está resuelto de una manera bastante pobre y rudimentaria. Es una pena que un actor tan carismático como Tom Hiddleston, el pilar maestro sobre el que se erige una ficción que no hace honor a su trabajo y versión del Dios del Engaño, y una intérprete tan resuelta como Sophia Di Martino tengan que desarrollar su química mutua con un primer episodio repleto de diálogos redundantes que no saben aprovechar el potencial de dos roles que podrían hacer saltar chispas cada vez que compartieran plano.




Mientras veía este tercer capítulo no podía evitar la sensación de estar asistiendo a una versión descafeinada o marca blanca de Firefly, la mítica y efímera serie en clave de space opera creada por Joss Whedon. Por efecto dominó se me antojaba inevitable elucubrar con qué podría haber hecho el autor de Buffy Cazavampiros o Los Vengadores con una serie como esta si no se hubiera enemistado con Marvel Studios por un lado y demostrado ser deleznable como persona por otro. Su timing para el humor, efectividad para ejecutar secuencias de acción y dirección de actores seguro que hubiera sacado mucho más partido a un proyecto como Loki. Después de lugares comunes, la habitual sobrexposición ya indivisible a la miniserie y la tibieza con la que está acometido el desarrollo sólo nos queda disfrutar del holgado diseño de producción y un potente falso plano secuencia final que esperemos apunte a una necesaria mejoría.




Por tercera vez volvemos a la casilla de salida, con ganas de que el potencial de un proyecto a priori tan prometedor esta Loki comience a desplegar de una vez por todas sus posibilidades narrativas, audiovisuales e interpretativas, esas que por ahora brillan por su ausencia . El problema es que se hace tarde, llegamos a la mitad del viaje y por ahora ni el trayecto ni las vistas están a la altura de lo esperado. The Falcon And The Winter Soldier nos demostró que no se puede arreglar en tres episodios un proyecto irregular que consta de sólo media docena de entregas. Esperemos que Loki al menos no caiga en las mismos fallos que su predecesora, como facturar un penúltimo episodio anticlimático que debería haberse revelado como el prólogo de un poderoso cierre final que no fue tal. Cada vez quedan menos esperanzas, pero intentaremos pensar en positivo hasta la próxima semana.



La semana pasada comentaba que por ahora Loki no levantaba el vuelo y no veíamos el momento para que encarrilara con su cuarto episodio lo que en cualquier circunstancia era una serie que en todo momento se dejaba ver con agrado, pero no destacaba en casi ningún aspecto. Destilando de esta manera una impersonalidad y desidia que en no pocas ocasiones se transmitían al decepcionado espectador, ávido este de que el Dios del Engaño y sus acompañantes comenzaran a embarcarse en aventuras que merecieran realmente la pena y nuestra atención. En la cuarta entrega, El Evento en el Nexo, esto por fin ha ocurrido con la miniserie, revelando gran parte de ese potencial que hasta ahora se encontraba aletargado para desgracia nuestra. La pregunta es ¿ha llegado tarde este necesario giro dentro del proyecto ideado por Michael Waldron y Kate Herron?


Después de idas y venidas, sobreexposición argumental o personajes con potencial no viendo sus perfiles lo suficientemente explotados como para captar nuestra atención, pasado el ecuador de Loki comienzan a acontecer situaciones interesantes, el dramatismo se refina para dar consistencia a las relaciones interpersonales de los protagonistas, grande Owen Wilson, y las sorpresas se suceden en cascada. Desde el primer momento los guionistas nos fueron dando pistas de que algo no andaba bien en la AVT y el encuentro con los Guardianes del Tiempo así lo confirma. Traiciones, acción, fantasía, ciencia ficción y los personajes de Loki y Sylvie por fin derrochando química y carisma como colaboradores. Todo lo que esperábamos desde el primer episodio llega cuando casi habíamos perdido la esperanza, pero a tiempo para que, si se mantiene el nivel en los dos capítulos restantes, no tengamos un recuerdo negativo del proyecto.



A todo lo mencionado y algún que otro pasaje emotivo relacionado con personajes secundarios debemos tener muy en cuenta esa escena post créditos que es síntoma inequívoco de que Marvel Studios como productora y el Universo Cinematográfico Marvel como microcosmos ficcional están abriendo gradualmente las puertas de ese Multiverso que, casi con seguridad, eclosionará en todo su esplendor durante la segunda entrega en solitario, aunque conociendo quien le acompañará hacer esta afirmación es casi un eufemismo, del Doctor Strange de Benedict Cumberbatch dirigida por el gran Sam Raimi. Cuatro nuevos Lokis abren una cantidad enorme de posibilidades para que la serie de Disney+ nos regale dos episodios finales que nos reconcilien al 100% con lo que apuntaba a ser una de las mejores series del UCM y que, por ahora, no pasa de proyecto correcto con algún despunte aislado de talento. Espero que en las dos próximas semanas me tenga que tragar mis palabras, una vez más.



Sentimientos encontrados con este episodio felizmente titulado Journey Into Miystery, la mítica cabecera que comenzó a publicar Atlas Cómics en los 50 y que en lo 60 pasó a formar parte de la Casa de las Ideas con algunas historias protagonizadas por Thor y el mismo Loki. Posiblemente nos encontremos con la mejor entrega de lo que llevamos de miniserie, manteniendo un acertado equilibrio entre espectacularidad y épica con pasajes más íntimos y emocionales. Desde el mismo arranque del capítulo con ese falso plano aéreo cargado de referencias visuales a capítulos previos, películas del UCM o los mismos cómics (¡Ese Thanoscoptero!) aventuran un episodio con muchas posibilidades de ganarse el favor, sobre todo, del aficionado a las viñetas. Evidentemente así acontece sobre todo por el desfile de distintos Lokis que hacen acto de presencia durante los 50 minutos de metraje y no sólo me refiero a los cuatro que pudimos ver en la muy comentada escena post créditos del cuarto episodio.



Guiños, versiones de Loki muy bien perfiladas como la del gran Richard E. Grant o desopilantes como la del Loki Alligator, la química entre Loki y Sylvie por fin tomando forma en pantalla, Owen Wilson como robaescenas cada vez que la cámara repara en su presencia (ojo a ese guiño a Toy Story con el coche) juegan a favor de un episodio con muy buenos momentos que encarrilan la serie hacia un clímax relativamente esperanzador. Pero en su contra tiene la profunda descaracterización en la que se está sumergiendo al protagonista. En honor a la verdad viendo la deriva que comenzó a tomar forma en Thor: Ragnarok que Loki haya evolucionado/involucionado en lo que es actualmente en esta serie no debería sorprendernos, pero su descontextualización psicológica y el excesivo blanqueamiento de su rol lo está convirtiendo un mindundi sin un ápice de malicia o astucia del que todo el mundo abusa sólo manteniéndose erguido por el carisma desbordante de un gran actor como Tom Hiddleston.



Tan poco me está convenciendo esta versión edulcorada de Loki que cuando apareció el divertidísimo y efímero President Loki, mucho más afín al visto en las primeras apariciones del villano en las películas de Marvel Studios, mi deseo era que matara al original y lo suplantara, con eso lo digo todo. Si el devenir de acontecimientos sigue así y la semana que viene la miniserie cierra con Loki como un buenazo del que todo el mundo se ríe y con una poco creíble minimización de sus poderes, algo de lo que lleva haciendo gala en toda la miniserie, mi decepción será notable. En cambio si en el último momento descubrimos que todo había sido un plan urdido por él mismo desde las sombras haciendo honor por fin a es título de Rey del Engaño que siempre le ha acompañado me quitaré el sombrero ante el ingenio y la maniobra de distracción diseñada por Michael Waldron y Kate Herron. Por ahora sólo queda cruzar los dedos, porque en poco menos de siete días saldremos de dudas con respecto a ello.



Sexto y último episodio de Loki, titulado For All Time, Always, que confirma todos mis temores con respecto a las teorías elucubradas a lo largo de las cinco semanas anteriores. Por el lado bueno Marvel Studios satisface en cierta manera a los amantes de las conspiraciones y confirma que detrás de todo está Kang, el Conquistador, aunque no se explicite que el personaje al que interpreta Jonathan Majors (Lovecraft Country) sea el que crearon Stan Lee y Jack Kirby en las páginas de Fantastic Four #19 allá por octubre de 1963. Por el lado malo, y aunque sólo ha sido la presentación del villano, el tratamiento del mismo no me convence demasiado a pesar del carisma, sobradamente demostrado en trabajos previos, del intérprete que le da vida y sobre todo la consolidación de que el Loki protagonista no estaba maquiavélicamente detrás de la AVT y todo el entramado al que está dio lugar a lo largo de la miniserie, oficializando esta versión descaracterizada e innecesariamente benévola del Dios del Engaño como la principal.



Para colmo nos encontramos con un capitulo brutalmente anticlimático con casi ningún pasaje para el recuerdo y sí muchos para el olvido. El culmen del despropósito es toda la larguísima y tediosa secuencia en la que Kang explica el Multiverso a los personajes de Loki y Sylvie. Llevábamos todas las semanas previas afirmando que la sobreexposición argumental es una de las mayores carencias de la serie, pues este pasaje en concreto exagera hasta la hipérbole este lastre con veinte minutos, casi medio episodio, de los personajes sentados en un despacho manteniendo una conversación cuyo único interés es lo planteado por el personaje de Jonathan Majors. El resto es un despropósito narrativo con una puesta en escena anodina, desganada y ausente de cualquier atisbo de inventiva (se repiten los mismos planos y movimientos de cámara hasta la nausea) que hunden casi por completo un episodio final que debería haber sido una space opera descontrolada y loquísima como al menos intentó ser la entrega inmediatamente anterior.



Mi sensación no es tanto de indignación como de decepción. Comprendo lo que han querido hacer desde Marvel Studios, ya que poco a poco están abriendo las puertas del Multiverso para adentrarse totalmente en él con películas como Spider-Man: No Way Home (Jon Watts, 2021) o Doctor Strange in the Multiverse of Madness (Sam Raimi, 2022) y Kang cobrará un papel importante en el mismo, posiblemente sustituyendo a Thanos como villano principal o sirviendo de adelanto a otro de más envergadura (¿Galactus?, ¿Mephisto?). El problema es que en el proceso hemos perdido al Loki que se había ganado buena fama dentro del Universo Cinematográfico Marvel y para colmo lo hemos hecho con una serie que prometía mucho en el papel y finalmente se ha revelado como una despersonalizada oportunidad perdida que sólo en contadas ocasiones ha salido del terreno de lo rudimentario y procedimental, más grave viniendo de un planteamiento inicial con tanto potencial como el de los viajes en el tiempo y las variantes. Esperemos que esa confirmada segunda temporada mejore la presente, no lo va a tener muy complicado.


miércoles, 30 de junio de 2021

Un Lugar Tranquilo 2


Título Original A Quiet Place 2 (2021)
Director John Krasinski
Guion John Krasinski, basándose en personajes de Scott Beck y Bryan Woods
Reparto Emily Blunt, Cillian Murphy, Millicent Simmonds, Noah Jupe, Djimon Hounsou, Wayne Duvall, John Krasinski, Lauren-Ashley Cristiano, Okieriete Onaodowan, Blake DeLong, Silas Pereira-Olson, Liz Cameron, Robert A. Coldicott




Después de dos largometrajes que pasaron bastante desapercibidos como Entrevistas Breves Con Hombres Repulsivos (2009) y Los Hollar (2016) en 2018 el actor John Krasinski (The Office, Jack Ryan) sorprendió a propios y extraños con su tercera incursión detrás de las cámaras. Dando un giro radical a su por aquel entonces no muy prometedora carrera como director el estadounidense estrenaba Un Lugar Tranquilo (A Quiet Place) una muestra de cine de terror protagonizada por él mismo, su esposa Emily Blunt, Millicent Simmonds y Noah Jupe entre otros. Aquella brillante pieza de género en la que la humanidad se había visto diezmada por unos monstruos invidentes, pero con un oído hipersensible que les permitía encontrar y masacrar a sus víctimas de manera fulminante, basó sus aciertos en la milimétrica puesta en escena de Krasinski, el inteligente guion de Scott Beck y Bryan Woods, la labor de un reparto brillante y el impresionante uso del sonido o más bien la ausencia del mismo. Un ejercicio inmersivo y empático convertido en un éxito internacional de crítica y público que a pocos días de su estreno oficializó una secuela que debía haber llegado a los cines en marzo de 2020, algo que la pandemia y el confinamiento se ocuparon de alterar. Después de varios cambios de fecha A Quiet Place 2 ha aterrizado en España y ya hemos podido disfrutarla en pantalla grande.




John Krasinski, en esta ocasión encargándose también del guion en solitario, es consciente de que se puso a sí mismo el listón muy alto con la primera entrega, por ello arranca esta secuela con un prólogo bestial en el que asistimos al Día 1 de los monstruos en nuestro planeta. Este escaso cuarto de hora en el que un evento inusual destruye nuestro concepto de normalidad el film marca su tono e intencionalidad tomando su primera decisión arriesgada, alejarse de la estructura de su predecesora para no caer en el subrayado y la redundancia, pero manteniendo gran parte de su esencia. Después de la secuencia de apertura a modo de precuela volvemos justo al punto donde acababa Un Lugar Tranquilo, con los Abbott dispuestos a salir a la superficie después de que Lee, el cabeza de familia, se sacrificara para salvarlos y ellos descubrieran que los ultrasonidos son el punto débil para desorientar a las criaturas, pudiendo así eliminarlas con más facilidad.




Un Lugar Tranquilo 2 es un proyecto considerablemente más ambicioso que su predecesor. Posiblemente a este respecto tenga mucho que decir que los 17 millones del primer film han pasado a 61 en este segundo, algo perceptible en pantalla desde los primeros compases de la obra. Afortunadamente John Krasinski es un profesional lo suficientemente avispado como para no convertir esta segunda parte en un desfile de excesos que pudieran eclipsar o menoscabar la historia tan interesante que quiere contarnos en un contexto atractivo como el que alumbró a su anterior trabajo. Por ello sabe medir los tiempos y aprovechar la logística que le permiten lucir mejor y durante más tiempo a sus monstruosidades, sin que la mayor presencia de estas se convierta en algo rudimentario a lo largo del metraje, pudiendo poner en solfa la naturaleza visceralmente peligrosa de las mismas, aquella que en la primera parte regalaba no pocos pasajes memorables.




Un Lugar Tranquilo 2 se adscribe al terror de una manera más tangencial que su predecesora, tomando cuerpo de híbrido entre survival y monster movie. Esto le permite, al igual que a la primera parte, construir pasajes de una poderosa tensión fácilmente extrapolable a la platea, pero variando los resortes narrativos que Krasinski utilizó en el primer largometraje de la ya franquicia. Aquí se mantiene el acertado y muy efectivo concepto de los personajes evitando hacer sonido alguno para no atraer a las criaturas homicidas, pero el guionista y director utiliza la excusa de incluir localizaciones aislantes del ruido o alejadas en islas apartadas para poder recurrir en más ocasiones al uso de diálogos que en Un Lugar Tranquilo eran escasos, dando al proyecto una pátina más experimental que aquí se ha perdido casi por completo.




La minuciosidad a la hora de hacer uso del sonido o la no presencia del mismo en el contexto espacial del relato ha sido notablemente reducido, por lo que en ese sentido nos encontramos con una secuela adherida a un cine de género más convencional y reconocible, viendo reducida una de las mayores virtudes del film de 2018. No afirmamos con esto que las situaciones en las que los personajes deben evitar hasta lo extremo producir cualquier ruido estén ausentes, de hecho son las que siguen vertebrando el grueso de la historia central, pero estas adquieren más predilección impacto y el efectismo derivando el proyecto en una pieza más propensa al espectáculo accesible para todo tipo de espectadores. Dicha decisión no es óbice para que John Krasinski componga algunas de las mejores secuencias de acción e intriga del 2021, mostrando que no fue casualidad lo visto en la primera A Quiet Place y dejando patente que nos encontramos ante un muy resuelto artesano con un interesante futuro dentro del cine de género hollywoodiense.




En lo referido al casting el personaje de John Krasinski ya no hace acto de presencia por motivos obvios, pero el guionista y director se reserva una aparición relevante en el prólogo al estar localizado este en el pasado. Emily Blunt, Millicent Simmonds y Noah Jupe siguen siendo los roles principales de la obra, pero si bien es cierto que los tres ejecutan una labor notabilísima es en esta ocasión es la hija de los Abbott la que lleva un mayor peso debido a que su padre en la ficción le regala más peso en el argumento y minutos de metraje. Su labor es excelsa, confirmando aquellas capacidades dramáticas de las que ya hizo gala en la primera entrega. Al tono más sufridor de Emily Blunt se contrapone la feliz incorporación de un magnífico Cillian Murphy como Emmett, un personaje abordado con inteligencia y ambigüedad desde el papel que el protagonista de Peaky Blinders hace suyo convirtiéndose en el núcleo central de varios momentos para el recuerdo. Menos aprovechado está Djimon Hounsou cuya participación es muy breve y reto al espectador a encontrar a Scott McNairy (Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, Érase Una Vez… en Hollywood) a ver si da con él.




Como es lógico Un Lugar Tranquilo 2 pierde el factor sorpresa con respecto a su hermana mayor, pero las decisiones tomadas por John Krasinski y sus colaboradores son lo suficientemente inteligentes como para variar y extender el microcosmos de la saga sin alejarse de su espíritu. El Jim Halpert de The Office ha plantado algunas semillas que en una tercera entrega, que la habrá viendo los números internacionales de esta segunda parte, pueden brotar y ofrecernos más de una sorpresa. Nos quedamos con la sensación de haber asistido a un trabajo bien hecho, cargado de cinematografía comercial de calidad o múltiples posibilidades de seguir ofreciendo nuevas aventuras dentro de este universo repleto de amenazas y también con la mosca detrás de la oreja con esa lectura final que, como supo apuntar mi amigo y compañero Juan José Patón, pareciera configurar un mensaje reaccionario si lo abordamos en paralelo con cierto pensamiento conservador de Estados Unidos en lo referido al concepto de “invasor”. A pesar de este pequeño apunte quedamos muy satisfechos con la obra, la recomendamos y esperamos con ansia su continuación.




Transgresión Continua Express 2021 - Mayo

Los Mitchell Contra las Máquinas (Michael Rianda, Jeff Rowe, 2021) - El torrente de imaginación audiovisual de The Lego Movie colisiona con la superheróica aventura familiar de The Incredibles alumbrado un maravilloso delirio entre la épica desaforada y el retrato íntimo de personajes.


El Viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) - El paso a la madurez y la experiencia del primer amor como un trayecto físico e introspectivo en el que el folclore nipón convive con Lewis Carroll y Michael Ende. La obra maestra de un Hayao Miyazaki en su etapa de mayor esplendor.


Nadie (Ilya Naishuller, 2021) - Entre Una Historia de Violencia (David Cronenberg, 2005) y Un Día de Furia (Falling Down, Joel Schumacher, 1993) encuentra referentes este divertido John Wick working class con un genial Bob Odenkirk repartiendo pólvora, heridas por arma blanca y fracturas múltiples.


Aquellos Que Desean Mi Muerte (Taylor Sheridan, 2021) - Un irreconocible Taylor Sheridan (Wind River, Sicario, Hell Or High Water) acomete este vehículo para el lucimiento de Angelina Jolie, con corpus de thriller rural, que en ningún momento escapa de lo tópico, comercial y rudimentario.


La Mujer en la Ventana (Joe Wright, 2021) - Celebración de los códigos pelitardistas transfigurados en un post-giallo embriagado de Hitchcock, Polanski y De Palma. La estilizada puesta en escena de Joe Wright y una enorme Amy Adams son las mejores armas de esta competente propuesta


Este Cuerpo Me Sienta de Muerte (Christopher Landon, 2020) - Christopher Landon sigue hibridando el slasher y el humor negro al transfigurar Freaky Friday (1976) en una salvaje comedia que parodia todos los clichés del terror. No existe premio interpretativo que haga justicia a la labor de Vince Vaughn.


Spiral: Saw (Darren Lynn Bousman, 2021) - Un insoportable Chris Rock parasita Saw con este reinicio en clave de buddy movie noventera que pareciera uno de sus monólogos repleto de chistes machistas y críticas a la corrupción policial. No desentona dentro de la saga.


Oxígeno (Alexandre Aja, 2021) - Alexandre Aja regresa a la distopía de Furia (1999), su ópera prima, desde una perspectiva diametralmente opuesta. Derivación sci-fi de Buried (2010) con asfixiante desarrollo narrativo construida en torno al magnífico tour de force de Mélanie Laurent



Friends: The Reunion (Ben Winston, 2021) - Aunque esquemático y autocomplaciente este especial, que reúne por primera vez en 17 años a los seis intérpretes de la serie, es un regalo para aquellos que sintieron a Joey, Ross, Rachel, Monica, Chandler y Phoebe parte de sus propia familia


Love, Death + Robots 2 (Tim Miller, 2021) - Segunda temporada de la antología animada diseñada por Tim Miller y David Fincher. Aunque inferior a la primera, está compuesta por ocho cortometrajes de epatante nivel audiovisual y brillante variedad estilística.


El Inocente (Oriol Paulo, 2021) - Ni el resuelto reparto o el oficio de Oriol Paulo como realizador nos hacen olvidar hasta qué límites pone el rocambolesco y efectista guion de esta miniserie a prueba nuestra suspensión de la incredulidad.


lunes, 21 de junio de 2021

Expediente Warren: Obligado Por el Demonio




Título Original The Conjuring: The Devil Made Me Do It (2021)
Director Michael Chaves
Guion James Wan, David Leslie Johnson-McGoldrick
Reparto Vera Farmiga, Patrick Wilson, Ruairi O’Connor, Sarah Catherine Hook, Julian Hilliard, John Noble, Eugenie Bondurant, Shannon Kook, Ronnie Gene Blevins, Keith Arthur Bolden, Steve Coulter, Vince Pisani, Ingrid Bisu




Personalidades capitales dentro del mundo del ocultismo y lo esotérico para unos, charlatanes vendehumos que se dedicaron a engañar a ciudadanos desaprensivos para otros, el matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren se ha convertido en parte de la cultura del terror contemporáneo desde que el director James Wan y los guionistas Chad y Carey Hayes pusieron sus ojos en ellos hace ocho años. Aquel 2013 se estrenó The Conjuring, conocida como Expediente Warren en España, la primera película centrada en las andaduras supuestamente sobrenaturales de tan peculiar pareja, demonólogo él y clarividente ella, nacida a la estela del éxito de Insidious, otra saga de terror auspiciada por James Wan en colaboración con Blumhouse Productions. Vera Farmiga y Patrick Wilson daban vida a los Warren viéndose inmersos en un caso de casa maldita y posesión demoníaca con el que el cineasta australiano de origen malasio desplegaba su brillante puesta en escena alimentándose de todos los tópicos de género de terror para alumbrar una poderosa maquinaria cinematográfica. Dos años después de la primera entrega y uno del primer spin off de la franquicia, centrado en la muñeca Annabelle, llegaba a carteleras de todo el mundo The Conjuring 2 o Expediente Warren: El Caso Enfield, secuela que superaba a su predecesora centrándose en el caso del célebre poltergeist del barrio londinense y presentando al personaje de la Monja que, como sabemos, también protagonizaría su propia película.




Cuando se conoció que la apretada agenda de James Wan le impediría dirigir la tercera entrega de Expediente Warren, recordemos que sigue implicado en el futuro próximo del DCEU con la muy esperada Aquaman And The Lost Kingdom, saltaron todas las alarmas. Más todavía cuando Warner Bros y Atomic Monster confirmaron que el lugar del creador de Saw lo ocuparía Michael Chaves, director de la que podemos considerar película más floja de lo que se conoce como el “Warrenverso”, la mediocre The Curse of la Llorona (2019). Un servidor, precavido a la hora de dictar sentencia con este tipo de cambios antes de consumir el producto, recordó dos factores que podrían jugar a favor de esta The Conjuring: The Devil Made Me Do It. El primero es que cuando Leigh Whannell tomó el relevo de James Wan para rodar Insidious: Capítulo 3 el resultado quedaba lejos de las anteriores cintas, pero se antojó bastante satisfactorio. El segundo es que si bien La Llorona era una obra poco rescatable, precisamente la labor de Michael Chaves, mucho mejor que el material puesto en sus manos por los guionistas Mikki Daughtry y Tobias Iaconis, sobresalía en el conjunto de aquel innecesario y desubicado tercer spin off.




El nuevo caso en el que se ven envueltos las contrapartidas cinematográficas de Ed y Lorraine Warren fue uno que en 1981 focalizó las portadas de los medios de comunicación estadounidenses e internacionales de la época y en el que ambos se vieron estrechamente implicados. Se trata del juicio al joven Arne Cheyenne Johnson, que supuso el primer caso de un tribunal de Estados Unidos en el que se alegaba posesión demoníaca como defensa para declarar la inocencia del acusado. Los hechos relacionados con Cheyenne Johnson y sus allegados ya fueron llevados a la pequeña pantalla en 1983 con un tv movie titulada The Demon Murder Case, conocida en nuestro idioma como Asesinato Diabólico o Poseídos, dirigida por William Hale y con un jovencísimo Kevin Bacon dando vida a la versión ficcional del procesado. En esta Expediente Warren: Obligado Por el Demonio del guion se ocupa el mismo James Wan con la ayuda de David Leslie Johnson-McGoldrick que ya colaboró con el director de Silencio Desde el Mal (Dead Silence, 2007) escribiendo los libretos de Expediente Warren: El Caso Enfield y Aquaman (2018).




Con Expediente Warren: Obligado Por El Demonio pareciera como si Michael Chaves supiera que sustituir a James Wan detrás de las cámaras no fuera a ser una tarea fácil y por ello decide descubrir casi todas sus cartas desde el mismo arranque del largometraje. Aunque es algo que ya se ha comentado hasta la saciedad es ineludible que el prólogo de diez minutos que abre el largometraje es el mejor pasaje de cuantos conforman la obra. Ese homenaje explícito a El Exorcista, con algunos planos idénticos a los de la obra maestra de William Friedkin y William Peter Blatty, en el que se practica un visceral exorcismo con el poseído retorciéndose hasta lo inhumano, de hecho en las secuencias más crudas al pequeño Julian Hilliard (La Maldición de Hill House, WandaVision) le sustituye un contorsionista profesional, no sólo marca el tono de la propuesta cinematográfica, también se muestra continuista con respecto a las dos entregas anteriores de la franquicia. Un fuerte puñetazo en la mesa por parte de un Michael Chaves que intenta en todo momento estar a la altura de una serie de películas que se han convertido en iconos del género de terror contemporáneo.




Contra todo pronóstico los hacedores de esta tercera entrega eluden la autocomplacencia y eligen reinventar de alguna manera la saga experimentando con la mixtura de géneros. Si los dos primeros films se adherían a un terror más ortodoxo con apuntes de drama, terreno en el que también ha demostrado moverse con soltura Mike Flanagan, The Conjuring: The Devil Made Me Do It hibrida dicha característica con el thriller de investigación y misterio casi adentrándose en terrenos del policíaco. Por eso son bastante atinadas aquellas voces que en redes sociales y distintos medios han afirmado que hay en el último trabajo de Michael Chaves una clara influencia de productos catódicos como Kolchak: The Night Stalker (Jeff Rice, 1974-1975), Expediente X (Chirs Carter 1993-2002, 2016-2018) o True Detective (Nic Pizzolatto, 2014-). De esta manera Expediente Warren: Obligado Por El Demonio destila un mestizaje que enriquece en cierto modo el microcosmos ficcional de los Warren cinematográficos transitando nuevas perspectivas de su universo, pero siendo siempre fieles a sus raíces.




El director sabe mantener la compostura en todo momento y su buen hacer no queda reducido al ya mencionado prólogo. Aunque nos encontramos con un producto alejado de la resolutividad de James Wan en las dos entregas previas es ineludible percibir un notable salto cualitativo en las aptitudes como realizador de Michael Chaves de The Curse Of La Llorona a esta The Conjuring: The Devil Made Me Do It. El estadounidense está posibilitado para crear atmósferas, dosificar la información en pantalla para que los jump scares no se apoderen de los pasajes de terror y sustentar su puesta en escena en un tenebrismo siempre amenazante y mórbido jugando en todo momento a favor de la propuesta gracias al diseño de producción, la fotografía y la labor actoral. Aunque como ya ha pasado en otros de los proyectos de esta u otras franquicias impulsadas por James Wan en más de un momento no podemos evitar pensar que su influencia no se redujo a co escribir y producir, cabiendo la posibilidad de haberse marcado un “Poltergeist” fagocitando la labor de su pupilo, algo a lo que también apuntaba la muy resuelta Annabelle Vuelve a Casa (Gary Dauberman, 2019).




Más allá de aspectos técnicos es una verdad irrefutable que el Warrenverso se sustenta principalmente en los dos actores que interpretan a Lorraine y Ed Warren. Desde la primera The Conjuring Vera Farmiga y Patrick Wilson han demostrado una química impecable a la hora de dar vida al matrimonio de parapsicólogos ayudando a construir el lore que puso sus primeras piedras en 2013 y les ha acompañado desde entonces. Nuevamente los dos intérpretes, caracterizados para aparentar el lógico paso de los años, acometen con profesionalidad dos roles que conocen perfectamente y se han convertido en indivisibles dentro de sus respectivas filmografías. La dinámica entre ambos, su relación interpersonal y cómo consiguen transmitir al espectador sus sentimientos y determinación a la hora de ejecutar sus labores paranormales siguen muy presentes en Expediente Warren: Obligado Por El Diablo. El problema es, y ya es algo a lo que apuntaba El Caso Enfield, que los guionistas cargan más las tintas con respecto a la sensiblería, la religiosidad y el tratamiento simplista de todo aquel personaje secundario que osa poner en entredicho los especiales dones de la pareja.




Como ya hemos afirmado Expediente Warren: Obligado Por El Demonio queda unos peldaños por debajo de los dos trabajos que le preceden, pero a pesar de la ausencia de James Wan como maestro de ceremonias el resultado es más que satisfactorio, convirtiéndose en el tercer mejor largometraje del Warrenverso y una pieza muy superior a cualquiera de los spin off diseñados para explotar la muy rentable gallina de los huevos de oro amparada por Warner Bros. Michael Chaves consigue llevar por buen camino el universo ficcional de los Warren heredando muchas de las virtudes de su jefe en pasajes memorables como el de la morgue o todo el clímax final, ese que parece homenajear incluso a la miniserie de El Resplandor escrita por Stephen King y dirigida por Mick Garris en 1997. Están por venir más entregas de Annabelle y la Monja, pero ahora nos quedamos con la buena noticia de los números de taquilla de esta The Conjuring: The Devil Mad Me Do It que junto a la también exitosa Un Lugar Tranquilo 2 confirman que el cine de terror no sólo es rentable y apreciado por el gran público, sino también el mejor para ayudar a las multisalas a salir de la crisis en la que se han visto abocadas durante más de un año por culpa de la pandemia.