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sábado, 29 de febrero de 2020

Transgresión Continua Express 2020 - Enero IV



Diamantes en Bruto (Josh Safdie, Benny Safdie, 2019) - Con Uncut Gems los hermanos Safdie transitan la senda abierta por su anterior trabajo, Good Time. Con destacables valores audiovisuales o narrativos y un Adam Sandler impresionante, que aborda un rol odioso, ofrece un potente retrato sobre la avaricia y la estupidez humana.



Good Time (Josh y Benny Safdie, 2017) - Interesante, pero no del todo aprovechada, tercera obra de los hermanos Safdie (Uncut Gems). Thriller a contrarreloj impregnado de Martin Scorsese o Nicolas Winding Refn y con un magnífico Robert Pattinson. Brillante score de Daniel Lopatin



What Did Jack Do (David Lynch, 2017) - Como si de una de las conversaciones encriptadas que Gordon Cole mantenía con sus subordinados del FBI se tratara David Lynch interroga a un mono acusado de homicidio durante quince minutos y el resultado es insulso, hilarante e hipnótico



El Monstruo de St. Pauli (Fatih Akin, 2019) - Más que un biopic sobre Fritz Honka un fresco feista y supurante del Hamburgo de los 70 en el que olor a descomposición y podredumbre atraviesa la pantalla. Bestial labor de Jonas Dassler con un rol de los que pueden hundir carreras.



Dos Policías Rebeldes (Michael Bay, 1995) - Michael Bay debutaba abrazando todas las señas de identidad del cine de acción noventero poniéndolas al servicio de su pareja protagonista. Los tiroteos, persecuciones, ralentís y chistes gruesos que definirían su estilo ya estaban aquí.



Dos Policías Rebeldes II - (Michael Bay, 2003) - Hiperbólica y sobrecargada, toma los aciertos y fallos del primer film para exagerarlos hasta lo denunciable. Perpetrada por un Michael Bay ya consciente, para bien o para mal, del lugar que iba a ocupar en el Hollywood del SXXI.



Bad Boys for Life (Bilall Fallah, Adil El Arbi, 2020) - Despojada de los excesos inyectados por Michael Bay en la anterior entrega Bad Boys For Life vuelve a las raíces para ofrecer la mejor versión de sí misma. Acción, comedia, drama y hasta cierto desarrollo de personajes encontramos en la, quién lo diría, cinta más redonda de la saga



Monty Python's Flying Circus T1 (Monty Python, 1969) - Todavía dando sus primeros pasos esta temporada ya establecía el estilo de los británicos alternando surrealismo y teatro del absurdo con sátira social. Trece episodios que marcaron un antes y después en el humor audiovisual.




Noche de Lobos (Jeremy Saulnier, 2018) - De aspereza nórdica y con ecos del Atom Egoyan más intimista destila una notable labor visual e interpretativa, siempre desde la contención. Pero la dispersión narrativa de su guión la hiere gravemente, dejándola en tierra de nadie.




A Pesar de Todo (Gabriela Tagliavini, 2019) - Liviana, intrascendente, previsible. Su competente cuarteto protagonista es eclipsado por secundarios veteranos como Juan Diego, Tito Valverde, Marisa Paredes, Joaquín Climent, Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Bardem o Rossy de Palma.


sábado, 4 de enero de 2020

Transgresión Continua Express 2019 - Diciembre I



Sheitan (Kim Chapiron, 2006) - Con dos actos en los que no sucede casi nada y un último que no está a la altura este sucedáneo cómico de La Matanza de Texas o Las Colinas Tienen Ojos, con un look visual a lo Jean-Pierre Jeunet, sólo tiene como interés a un desatado Vincent Cassel.




Brácula: Condemor II (Álvaro Sáenz de Heredia, 1997) - Más allá de cualquier lectura irónica el segundo film protagonizado por el cómico Chiquito de la Calzada es incluso peor que el anterior. Cine rancio y carpetovetónico que ni la icónica verborrea del protagonista puede salvar




Bitelchús (Tim Burton, 1988) - Consolidación del discurso de Tim Burton mediante una brillante propuesta todavía hoy genuina y fresca en la que la celebración de la diferencia o una estética en la que conviven lo gótico y el cartoon regalan al espectador una experiencia única.




Frozen II (Chris Buck, Jennifer Lee, 2019) - Continuista con respecto a la anterior entrega, a la que emula en casi todos los aspectos, Frozen II brilla en cuanto a animación y el carisma de sus personajes. Pero peca de simplista en lo argumental y de timidez a la hora de extender el microcosmos ficcional al que se adhiere.




Historia de Un Matrimonio (Noah Baumbach, 2019) - En un punto en el que confluyen John Cassavetes e Ingmar Bergman Historia de Un Matrimonio captura con su amor por los pequeños detalles los complejos vericuetos de las relaciones de pareja. Adam Driver y Scarlett Johansson ofrecen los mejores papeles de sus respectivas carreras.



Parásitos (Bong Joon-ho, 2019) - La pobreza como un olor indescifrable para el acomodado, la riqueza como una entelequia inalcanzable para el desfavorecido. Parásitos habla con cortante visceralidad sobre la diferencia de clases mezclando el thriller con la ópera bufa y la tragedia griega. Bong Joon-ho al 100%.




6 en la Sombra (Michael Bay, 2019) - Al desvanecerse los prometedores 20 minutos iniciales de 6 Underground  Michael Bay es incapaz de encontrar el equilibrio entre acción y comedia. Ni Ryan Reynolds o los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool) pueden salvar el film de la mediocridad y el caos argumental.




La Boda de Mi Mejor Amiga (Paul Feig, 2011) - Acertada revisión del cine de despedidas de solteras y bodas en el que Kristen Wiig, Annie Mumolo y Paul Feig eluden molestos lugares comunes propios del subgénero mientras el reparto de magníficas actrices devora cada encuadre.




The Movies That Made Us (Brian Volk-Weiss, 2019) - The Movies That Made Us sigue los patrones estructurales y narrativos de su hermana mayor, The Toys That Made Us. El resultado es una acertada mirada entre mitificadora e irónica sobre clásicos cinematográficos de los 80 como Ghostbusters, Die Hard, Home Alone o Dirty Dancing.




La Llorona (Michael Chaves, 2019) - The Curse of La Llorona es el spin off menos estimable del "warrenverso" y una visión que despoja de casi todo su folklore a la protagonista. Destacable puesta en escena de Michael Chaves, muy por encima del proyecto, y la labor de Linda Cardellini, la única que se cree su papel.




3 From Hell (Rob Zombie, 2019) - Rob Zombie vuelve a la saga que le dio la fama con 3 From Hell. Acomodaticio ejercicio de redundancia facturado por un autor en horas bajas abordando una  tercera entrega de las correrías homicidas de los Firefly que debieron haber terminado a ritmo de Lynyrd Skynyrd en 2005.




Puñales Por la Espalda (Rian Johnson, 2019) - Con  Knives Out Rian Johnson construye un Cluedo viviente tocado por el don de la brillantez gracias a un guión igenioso al que no se le escapa un sólo detalle. Impecable reparto en el que destaca una Ana de Armas inmensa encontrando por fin su merecido hueco en Hollywod.


lunes, 27 de junio de 2016

Ninja Turtles: Fuera de las Sombras



Título Original Ninja Turtles: Out of Shadows (2016)
Director Dave Green
Guión Joseph Applebaum y Andrew Nemec basado en los personajes de Kevin Eastman y Peter Laird
Actores Megan Fox, Will Arnett, Laura Linney, Tyler Perry, Alan Ritchson, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Noel Fisher, Brian Tee, Tony Shalhoub, Stephen Amell, Brittany Ishibashi, Stephen Farrelly, Gary Anthony Williams





Dos años después de su predecesora llega a las pantallas españolas, y a las del resto del planeta, la segunda entrega de la visión que el director Michael Bay, esta vez en su faceta como productor, y sus socios están dando de las Tortugas Mutantes Ninja adolescentes, el cómic que los autores Kevn Esatman y Peter Laird crearan en 1984 para la editorial independiente Mirage Studios que supo sacar partido a las correrías en viñeta de los quelonios Leonardo, Raphael, Michelangelo y Donatello para convertir su marca en una descomunal franquicia a nivel global que invadió el mundo (como recordamos hace poco en el artículo que le dedicamos al fenómeno de la “Tortugamania”) y en la que tenían cabida cómics, videojuegos, series animadas, figuras de acción y una trilogía cinematográfica que hizo las delicias de millones de espectadores durante la primera mitad de la década de los 90. Durante el año 2013 fuimos asistiendo a cómo Paramount Pictures y Nickelodeon Movies iba mostrando con cuentagotas material relacionado con esta nueva versión cinematográfica de las Tortugas Ninja auspiciada por el realizador de la saga Transformers con la ayuda de los guionistas Josh Appellbaum, Andrew Nemec y Evan Daugherty al guión a los que se sumaba el sudafricano Jonathan Liebesman ocupando la silla del director del proyecto. Aunque gran parte del material que fuimos viendo a la largo del proceso de producción del film no puntaba buenas maneras (desde el tosco diseño de las tortugas hasta los innecesarios cambios con respecto a su génesis como mutantes) Ninja Turtles supuso una agradable sorpresa por el simple hecho de que bajo su caparazón digital, su sobreproducción y su afán por el “cuanto más mejor” anidaba un certero y cariñoso retrato de los personajes originales, así como verdadero cariño por la esencia de los mismos.




Con esta segunda entrega Michael Bay y sus socios no han querido jugársela y han decidido repetir paso por paso lo que llevaron a cabo con la primera entrega multiplicándolo por dos y con la única peculiaridad que esta vez el guión está escrito sólo por Josh Appelbaum y Andrew Nemec en solitario y que el director mercenario de turno ya no es el de La Matanza de Texas: El Origen o Ira de Titanes, sino Dave Green el creador de la muy ochentera y spielbergiana cinta Tierra a Eco, de 2014. El resultado como era de esperar es idéntico al de la primera entrega pero con más ruido, más exceso visual y más efectos digitales, algo que atraerá a los que disfrutaron con la primera cinta y que repelará a los que aquella no les dijo nada o acabó disgustándoles. Si en el film anterior, que sirvió como tanteo para su autores a la hora de primera toma de contacto con el universo de las tortugas, no encontramos muchos personajes de los creados por Eastman y Laird en esta Ninja Turtles: Fuera de las Sombras tenemos un gran desfile de ellos copando protagonismo en pantalla aunque, como pasaremos algunos utilizados de manera más acertada que otros. Esta idea de saturar la pantalla con nuevos personajes es utilizada no sólo para que los protagonistas tengan más enemigos a los que enfrentarse sino también para apelar al fanservice con el que atraer la atención de aquellos que nos criamos disfrutando las aventuras en papel o pantallas de diferente tamaño de nuestros queridos quelonios.




Vaya por delante que el guion que Josh Applebaum y Andrew Nemec han ideado para Ninja Turtles: Fuera de las Sombras es un completo desastre, de hecho ha sido uno de esos no pocos libretos de Hollywood que este año han sido utilizados en producciones que comenzaban sus rodajes antes de que hubieran sido escritos en su totalidad. Esta realidad irrefutable se constata en pantalla cuando nos damos cuenta de que estamos asistiendo más a una serie de secuencias independientes expuestas de manera encadenada para tomar algo de lógica más allá de lo espectacularmente ejecutadas que están en el plano técnico. Todos los planes de los villanos, la presencia de Casey Jones, Krang, el Tecnódromo y el vórtice dimensional o la de Bebop y Rocksteady (mucho más justificada está la del científico Baxter Stockman) son simples apuntes de guión que se mueven entre lo caprichoso y lo peregrino, excusas narrativas de barraca de feria que, eso sí, tienen como única e irreprochable misión que podamos disfrutar en pantalla grande de tan icónicos personajes combatiendo con las Tortugas Ninja como lo han hecho cientos de veces en las distintas colecciones de cómics y en las varias series animadas que durante años han protagonizado. De hecho el uso que se hace de los personajes satélite que orbitan alrededor de las tortugas es muy irregular, ya que si la presencia del jabalí y el rinoceronte mutantes es de lo mejor del largometraje la presencia inane de Shredder o un Casey Jones que no lo parece confirman la naturaleza chapucera del guión de Applebaum y Nemec.




Pero en lo que no falla un producto como Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of Shadows es en continuar el acertado retrato que hacía su predecesora no sólo de los cuatro protagonistas sino también de la relación paternal que estos tienen con un Splinter que de todas formas esta vez tiene un rol considerablemente más secundario. Aquí es donde el producto se hace fuerte al incidir en las inquietudes de los protagonistas, como los deseos de Michelangelo por integrarse en una sociedad que lo considera un monstruo o las dudas de Leonardo para ser un líder adecuado y así convertir a sus hermanos en un verdadero grupo que trabaje como una sola arma potente y letal, ideas que se potenciarán cuando entre en juego el mutagénico que puede cambiarles la vida y que los hará enfrentarse los unos a los otros. Por suerte aquí una vez más vemos al íntegro Leonardo, al orgulloso Raphael, al avispado Donatello y al entrañable Michelangelo, personalidades que amalagaman las señas de identidad de sus distintas contrapartidas en ficción (cómics, series animada, films en imagen real) y que respetan completamente la indiosincrasia que los convirtió en iconos de la cultura popular. Por descontado que los roles principales están envueltos por una parafernalia brutalmente exagerada, un barroquismo visual que parece no tener fin con un acabado tan meritorio como apabullante y un clímax bien resuelto pero que se antoja agotador de cara a la platea por ser una orgía digital estruendosa y espídica muy similar a las rectas finales de los cuatro films sobre Transformers que Michael Bay ha rodado hasta ahora, ya que su sello se deja ver a lo largo de todo el metraje (tanto aquí como en la primera entrega de 2014) aunque por suerte el humor y el perfil de los personajes que podemos disfrutar aquí son muchos más efectivos que los que imprime el director de Dolor y Dinero a las correrías encabezadas por Optimus Prime.




Ninja Turtles: Fuera de las Sombras, no engaña a nadie, de hecho incluso menos de lo que pudiera haberlo hecho su predecesora porque ahora “sabemos lo que hay”. Se trata de un producto de consumo rápido, que supera levemente el nivel de los blockbuster con los que nos suele asediar Hollywood actualmente (y es de un metraje agradecidamente más corto que el de aquellos) pero que no ofrece nada más que entretenimiento vacuo y fanservice (genial la referencia/puya a Vanilla Ice en el bar) bien dosificado. Aunque podemos achacar fallos como un Casey Jones pobrísimo al que a Stephen Amell no dejan sacar provecho (al igual que el protagonista de Arrow Elias Koteas también usaba la famosa máscara del personaje en una sola escena en el film de 1990, pero era mucho más creible dándole vida que su compatriota canadiense) un Shredder que no lo parece, que palidece ante el del primer film y del que se podía haber prescindido sin mayor problema y una Megan Fox en modo florero (más que que en la primera entrega si cabe) que se dedica casi en exclusividad a lucir palmito la última producción de Michael Bay basada en los personajes creados por Kevin Eastman y Peter Laird hace más de treinta años dejará, como ya hemos afirmado previamente, un buen sabor de boca a aquellos que disfrutaron con la primera parte que se estrenó en pantalla grande hace dos años y no será plato del gusto de aquellos que no sintieron simpatía alguna por ella. Esta secuela ha respondido bien en taquilla (copó el puesto número uno en la taquilla americana en su estreno) y la continuación está casi asegurada, la pregunta ahora es cuánto podrán seguir explotando sus ideólogos la tortuga de los huevos de oro antes de que un público algo cansado de superproducciones de esta índole (como apuntan los resultados de recaudación de este año en USA) acabe optando por otro tipo de celuloide más personal y menos superficial. Sólo el tiempo lo dirá.




miércoles, 29 de octubre de 2014

Ninja Turtles



Título Original Ninja Turtles (2014)
Director Jonathan Liebesman
Guión Josh Applebaum, Andre Nemec, Evan Daugherty basado en los cómics de Kevin Eastman y Peter Laird
Actores Megan Fox, Alan Ritchson, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Noel Fisher, Will Arnett, Danny Woodburn, William Fichtner, Whoopi Goldberg, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Minae Noji, K. Todd Freeman, Malina Weissman





Cuando hace casi un año hice una crítica de la primera película en imagen real de las Tortugas Ninja hablé de que aquel fenómeno de principios de los 90 llamado "tortugamanía". Basadas en el cómic underground de los autores Kevin Eastman y Peter Laird las aventuras de Donatello, Michelangelo, Leonardo y Raphael dieron la vuelta al planeta y se convirtieron en un fenómeno a nivel mundial con muñecos, series de animación, nuevas colecciones de cómics y películas en pantalla grande, tres concretamente. Hace unos años saltó la noticia de que Michael Bay y su productora Platinum Dunes iban a impulsar un reboot de nuestros quelonios favoritos. El hecho de que los protagonistas fueran a estar realizados con efectos digitales con un diseño más bien tosco, la inclusión de Megan Fox para dar vida a April O'Neill y la dirección del medicore Jonathan Liebesman no auguraban nada bueno con respecto al proyecto.




Supongo que ahora es cuando debería decir que es la nostalgia la que ha hecho que salga de los multicines con una sonrisa de oreja a oreja, por haberme reencontrado con algunos de los personajes de ficción que más horas de diversión me proporcionaron en todos los formatos posibles y sería de necios negarlo, pero no todo se reduce a eso. Porque las buenas vibraciones comenzaron desde esa intro animada en claro homenaje a los cómics de Eastman y Laird, sin olvidar que la construcción como blockubuster para todos los públicos lleno de acción, humor y carisma se hace notar bien pronto con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Porque contra todo pronóstico tanto Michael Bay como sus guionistas, a los que habría que sumar el director mercenario de turno, han dado forma a una más que digna adaptación que amalgama casi todas las versiones que se han dado de los pupilos de Splinter en los distintos medios en los que han hecho acto de presencia.




Porque sí, Ninja Turtles es un producto 100% Michael Bay, y aunque su nombre no conste como director en los títulos de crédito su sello se deja notar a lo largo de todo el metraje. La cinta es una estruendosa macarrada llena de testosterona, hipertrófica desde su presupuesto hasta la realización pasando por el diseño de los personajes, llena de acción sobreproducida y humor tan simple como efectivo. Pero a diferencia de la mayoría de trabajos salidos de la mano del director de la saga Transformers en la obra que nos ocupa no sólo hay unos personajes con un carisma incuestionable que devoran la pantalla, también hay una fidelidad intachable (no tanto en la génesis de los roles o su estética, en ambos apartados se toman cuestionables licencias) hacia la esencia de estas cuatro tortugas que aprendieron el arte del ninjitsu gracias a su sensei y figura paterna, Splinter.




Y es que aquí están el rebelde Raphael, el inteligente Donatello, el gracioso Michelangelo, el líder Leonardo y por descontado el sabio y recto Splinter (conocido gracias a la primera serie de animación como el Maestro Astilla en España, país con afán por traducir innecesariamente todo idioma a la lengua castellana). Todos ellos representados como si fueran una amalgama de la mayoría de las versiones en papel o imagen en movimiento que se han dado de ellos a lo largo de sus 30 años de vida. Se nota el tono de camaraderia y hermandad camuflada en chulería adolescente entre los cuatro quelonios y el respeto, admiración y deuda pendiente de estos hacia ese padre roedor que los crío y adiestró, tal y como podemos ver en ese flashback en el que asistimos a cómo los protagonistas crecen y se convierten en expertos en artes marciales, uno de los mejores pasajes del largometraje.




Michael Bay y su protegido Jonathan Liebesman (que ya trabajó para el director de La Roca en la estimable La Matanza de Texas: El Origen, aunque siempre se ha revelado como un realizador más bien paupérrimo en obras como Invasión a la Tierra o Ira de Titanes) se ocupan de que en la pantalla no sólo se vean aparatosas escenas de acción llenas de persecuciones, combates, tiroteos y artes marciales caóticas, también consiguen que unos personajes realizados con CGI aplicados a actores reales transmitan calidez, veracidad o humanidad y miran con lupa satisfacer a los fans clásicos de los protagonistas con referencias directas a las series de dibujos animados (el tono de animación del diseño de las tortugas) la primera película en imagen real (el momento en que la porción de pizza cae en la cabeza de Splinter y toda la estructura del guión que es idéntica al que narraba el film de 1990) o alguna de sus secuelas (la estética hip hopera heredera de la secuela, Las Tortugas Ninja 2: El Secreto de los Mocos Verdes en la que el inefable rapero Vanilla Ice hacía de "estrella invitada") y hasta la oscuridad urbana de los primeros cómics de Eastman y Laird que homenajeban al Frank Miller de los años 80.




También es cierto que tenemos algunos fallos como la ya mencionada saturación en el apartado técnico, una Megan Fox terrible como April O'Neill que no da la talla en ningún momento, siempre pendiente de aparecer divina en la pantalla aunque tenga en su contra las cantidades ingentes de botox que la van poco a poco quitando naturalidad y expresión facial. Por otro lado el Shredder de la película también peca de aparatosidad, aunque dé la talla en las brutales escenas de acción, pero más grave es su pobre caracterización como villano principal sin que el guión de Josh Applebaum, Andre Nemec y Evan Daugherty aporte algo de información con respecto a sus motivaciones criminales, que brillan por su ausencia. Es más, está mejor perfilado como némesis de las tortugas el Eric Sachs de William Fitchner que el Triturador al que da vida (al menos en las escenas en las que no lleva la armadura puesta) el desconocido actor nipón Tohoru Masamune.




En su estreno en Estados Unidos le llovieron golpes, por algunos que tienen poco aprecio (y no les culpo) por el sello Michael Bay, por otros que afirmaban que habían violado a sus personajes de infancia y por el resto que, en un arranque de verdadera sinceridad, afirmaron que la película no les gustó sin tener que recurrir a los dos primeros puntos mencionados previamente. Un servidor sólo puede recomendar encarecidamente la película a los que, como yo, se han criado con los personajes que un día crearan, sin muchas aspiraciones artísticas o económicas, Kevin Eastman y peter Laird. Porque aunque la estética es puro cine de evasión del siglo XXI, en su interior Ninja Turtles atesora un un aroma a celuloide comercial de los primeros 90 y verdadero amor por los personajes a los que adapta. A escenas como la confesión final de Raphael o a ese desesperado "Sensei, sensei... ¿papá, qué estás haciendo" que Leonardo espera a Splinter en el verdadero clímax de la película me remito. Como fan irredento de las Tortugas Ninja no puedo estar más satisfecho y agradecido con la labor ejercida en esta deliciosa y entretenida cinta de la que espero con ganas su secuela en la que no deben faltar Casey Jones, Bebop, Rocksteady y hasta Baxter Stockman, si me apuran.



domingo, 31 de agosto de 2014

Transformers: La Era de la Extinción.



Título Original Transformers: Age of Extinction (2014)
Director Michael Bay
Guión Ehren Kruger
Actores Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Sophia Myles, Victoria Summer, T.J. Miller, Han Geng, Li Bingbing, Brenton Thwaites, Cleo King, Titus Welliver, Teresa Daley, Michael Wong




Después de tomarse un respiro con aquella modesta Dolor y Dinero protagonizada por Mark Walberg y Dwayne “the Rock” Johnson que llegó a ser considerada por muchas personas con bastante criterio como una comedia de culto tan notable que podía pasar por una de los hermanos Joel Coen e Ethan Coen, Michael Bay vuelve con la cuarta entrega de la saga a la que lleva dedicando los últimos diez años de su exitosa y controvertida carrera como cineasta desde que Steven Spielberg le eligiera para llevar a imagen (más o menos) real las correrías de las figuras de acción de Hasbro que desde los años 80 llevan protagonizando series animadas de distinta índole, cómics en varias editoriales y videojuegos de todo pelaje entre otro tipo de mechandising millonario. La primera supuso la novedad, un blockbuster megalómano en su estética pero de una simpleza alarmante en su interior que triunfaba por apelar a los instintos más primarios de los espectadores y a la nostalgía de aquellos que disfrutaron durante su infancia de los productos en los que estaban basados los personajes. La segunda, Transformers: La Venganza de los Caidos, contenía en su interior unas pocas escenas bien ejecutadas que se perdían entre los pasajes más sonrojantes de la saga con un humor insoportable y momentos bochornosos como cuando Bumblebee orinaba por el salpicadero en plena cara de uno de los personajes humanos. La tercera recuperó en cierta manera la compostura con una historia más ambiciosa y escenas que se encontraban entre lo mejor jamás rodado por Michael Bay, pero su exceso de metraje y la aparatosidad de su interminable clímax convertía la experiencia de ver la recta final de Transfomers: La Cara Oculta de la Luna en un castigo bastante considerable para la platea. Ahora, pasado el ecuador de este 2014 nos llega la cuarta parte de la saga titulada Transformers: La Era de la Extinción que sirve tanto de secuela como de reinicio encubierto de la franquicia producida por la Paramaount Pictures. El resultado es más o menos lo esperado si conocemos la naturaleza del producto o lo que es lo mismo, no la peor entrega de la serie de largometrajes, ni la mejor, sólo una más y otra muesca en el revolver de un Michael Bay que revienta la taquilla cada vez que narra (y alarga) la interminable batalla entre Autobots y Decepticons.




Una vez más el productor Steven Spielberg, el guionista Ehren Kruger y el director Michael Bay unen fuerzas para narrar una historia que tiene lugar cinco años después de la batalla en Chicago a la que pudimos asistir en la tercera entrega y por la cual se instauró una ley en Estados Unidos para erradicar a todos los transformers independientemente de a qué bando pertenezcan a manos de una unidad de élite de la CIA comandada por el agente Harold Attinger (Kelsey Grammer) que actúa a espaldas de la Casa Blanca. Mientras, en Texas, un inventor llamado Cade Yager (Mark Wahlberg) compra en un cine abandonado un viejo camión que resulta ser el líder Autobot, Optimus Prime, que se mantenía escondido para no ser cazado por los hombres de Attinger comandados por James Saboy (Titus Welliver). Yager, junto a su amigo Lucas (TJ Miller), su hija Tessa (Nicola Peltz) y el novio de esta última, Shane (Jack Reynor) unirán fuerzas con Optimus y unos pocos Autobots para acabar con una empresa llamada KSI dirigida por Joshua Joyce (Stanley Tucci) que utiliza el transformiun, el material del que están creados los transformers, para crear los suyos propios tomando como base las cabezas de, entre otros robots alienígenas, la de Megatrón, líder Decepticon y enemigo jurado de Prime, convertido ahora en el evolucionado Galvatron, más peligroso que su anterior encarnación. La historia es esta y no da para más, Michal Bay y Ehren Kruger se alejan de la más ambiciosa trama (dentro de los cánones simplistas de las superproducciones hollywoodienses, claro está) de la tercera parte para volver a lo básico, o lo que es lo mismo, una batalla entre unos pocos Autobots y unos transformers de nueva hornada.




Transformers: La Era de la Extinción es un producto 100% Michael Bay con todo lo bueno y malo que ello conlleva. Un largometraje de presupuesto desproporcionado y vacua grandilocuencia formal que no contiene prácticamente nada en su interior. Un divertido artificio simple y directo a la mandíbula de un espectador que debe aletargar un gran número de neuronas para poder disfrutar de una velada que realmente no aspira a nada más que ofrecer 165 (excesivos, pero en ningún momento aburridos) minutos de pura evasión veraniega. La única diferencia con respecto a las otras tres entregas curiosamente son sus mayores aciertos como el aire crepuscular y oscuro que es mucho mas notorio que en las anteriores películas y que nos regala una cacería descarnada de los transformers por parte de los humanos, unos servicios secretos (la CIA concretamente) retratados con bastante mala idea (aunque como hemos mencionado previamente se deja claro en todo momento que actúan a espaldas de su propio gobierno, God save America) y con inclinaciones a poner en práctica métodos expeditivos en aras de la “seguridad nacional” o una versión “Ultimate” de Optimus Prime en esta ocasión mucho más violento y vengativo. El humor es mucho más contenido, menos zafio y pueril, además de estar bien dosificado, es más, cuando creemos que esa comicidad de chulería de playa californiana (una vez más) va a estar presente a lo largo de todo el metraje, los autores del film toman la sabia idea de erradicarla de una tacada para suerte del espectador.




Pero en esencia estamos una vez más ante otra de las correrías de Optimus Prime y sus metamórficos aliados o enemigos. Cámaras lentas que encuadran helicópteros que aparecen en el horizonte de un campo de Texas, travellings laterales sobre personajes que miran con cara de pasmo enormes naves espaciales surcar los cielos, contrapicados para que los protagonistas se vean empequeñecidos ante los enormes robots alienígenas o los rascacielos localizados en las ciudades norteamericanas o chinas que les sirven como campos de batalla, espíritu castrense recalcitrante en el que se hace una hortera oda al honor, dar la vida por la patria (o en este contexto por la raza humana, el universo, el novio macarra de tu hija) o el estilo de vida americano, relaciones personales entre roles unidimensionales que tiran de tópicos o caminos mil veces transitados en todas las formas posibles, más cámaras lentas para captar al milímetro el matosdóntico bofetón en pleno rostro (metalizado) de un transformer a otro, Autobots que tienen barba y fuman puros o van vestidos como raperos y samuráis, pequeñas dosis de fandom para los conocedores de los personajes clásicos de los 80 como la presencia de los míticos Dinobots, aliados por la fuerza de los autobots comandados por Optimus Prime o la indispensable parcela para el lucimiento de Bumblebee, malvados agentes del gobierno esta vez liderados por un Titus Welliver (Perdidos, Hijos de la Anarquía) chulesco y con gafas de sol, secundarios cuya única misión es ser una vía cómica de escape como el Joshua Joyce al que da vida un Stanley Tucci que empieza muy contenido para seguidamente entregarse al exceso y la sobreactuación propia de los roles de relleno típicos de la saga cinematográfica que nos ocupa o chicas sudorosas y con los senos apretados encuadradas de todas las maneras posibles para realzar sus atributos, rol que esta vez recae en la joven Nicola Peltz, una de las actrices de la serie Bates Motel de la cadena de televisión por cable A&E.




Por el lado bueno la última película de Michael Bay no engaña a nadie, ya que ofrece más de lo visto previamente en las anteriores entregas aunque con un tono más crudo y con referencias que van en su arranque desde E.T o Encuentros en la tercera Fase de Steven Spielberg hasta las sagas de Alien, Terminator, Predator, Parque Jurásico e incluso la catódica Juego de Tronos en su segunda mitad. Por el malo el producto vuelve a ser una nadería rimbombante y frenética en la que los efectos digitales mueven y vertebran una endeble historia que en ocasiones está tan recargada de CGI que hasta llega a hacernos pensar que estamos asistiendo antes a la elaborada intro de un videjouego de última generación que a una pieza cinematográfica que seguramente tuvo una post producción mucho más elaborada que el propio rodaje. Un trabajo ejecutado en cadena de montaje tan impersonal y reiterativo que nos confirma que si nos hubieran colado en la sala de edición secuencias de las tres anteriores entregas nos nos habríamos dado ni cuenta de ello. De modo que sólo nos queda tomarlo o dejarlo, entregarnos a los prostituibles brazos de una película que no nos ofrece nada más y nada menos que robots cada vez más enormes y monstruosos entregados al milenario arte de dar bofetones a mano abierta o acabar completamente agotados de esta innecesaria, excesiva y ruidosa sobredosis de banderitas americanas para unos y descarado product placement para otros cuya desproporcionada recaudación en taquilla y naturaleza de reboot o película bisagra nos confirma desde ya la próxima venida de una quinta entrega que nos seguirá dejando claro que producciones comerciales de calidad como El Amanecer del Planeta de los Simios de Matt Reeves o Cómo Entrenar a tu Dragón 2 de Dean DeBlois siguen siendo pequeños oasis en el desierto de la falta de ideas de la meca del cine.



viernes, 8 de julio de 2011

Transformers 3: La Cara Oscura de la Luna



Título Original Transformers: Dark of the Moon (2011)
Director Michael Bay Guión Ehren Kruger
Actores Shia LaBeouf, Rosie Huntington.-Whiteley, John Malkovich, Josh Duhamel, Patrick Dempsey, John Turturro, Frances McDormand, Keon Jeong, Peter Cullen, Alan Tudyk, Tyrese Gibson, Kevin Dunn, Lester Speight




En el año 2007 tras años de especulaciones, cambios de director y una larga pre producción, Steven Spielberg como productor y el inefable Michael Bay detrás de las cámaras dieron forma a la primera adaptación en imagen real (es un decir) de los famosos juguetes de Hasbro, Transformers, que dieron el pelotazo en los 80 creando un legado lleno de series de TV animadas con secuelas y remakes, cómics y sobre todo figuras de acción, que también formaron parte de la vida de un servidor en su más tierna infancia.




Transformers más que una adaptación de los famosos juguetes convertibles era una película 100% Michael Bay. Un agradable, entretenido, tonto y cargado espectaculo pirotécnico lleno de tanta acción y diversión como de vacuidad y poca trascendencia. Es decir, la obra se presentaba como un producto hijo de su director. Patriotismo recalcitrante, humor de dudoso gusto y mucha acción descontrolada llena de floritura visual de poco calado y mucho ruido para atronar a un espectador que o se implica y disfruta de la velada o sale asqueado de la misma.




Dos años después llegó la secuela, que se adentró en una mediocridad alarmantemente pronunciada por apelar a una exageración de todas las características de la primera entrega. La acción se hiperbolizó considerablemente, lo cual no era demasiado malo. Bay enfatizó lo que funcionó anteriormente y metió más Transformers y de mayor tamaño. El problema vino cuando quiso dar más protagonismo a ese tipo de comedia que sólo se apuntaba en el primer film y que aquí ocupaba la mitad de un metraje que se veía invadido por una sarta de chistes sin gracia que ya no sólo implicaban a los seres humanos que trababan amistad con los robots alienígenas, sino que se extendía a estos últimos llegando a momentos de vergüenza ajena como en la secuencia en la que Bumblebee orinaba por el salpicadero. Sin comentarios.




En esta tercera parte el tandem Spielberg/Bay ha tomado nota y ha dejado de lado ese humor que no funcionaba y cuya presencia en esta entrega es más puntual, aunque no escaso. Por otro lado, una vez más la acción brutalmente aparatosa y exagerada aumenta de una manera desproporcionada, devorando los tres últimos cuartos de hora de la producción que se convierte en una bacanal de efectos digitales que emulan aparatosas criaturas mecánicas cuya presencia y actos no parecen tener fin y llegan a saturar a un espectador que en ocasiones cree estar asistiendo más a la interminable y muy trabajada intro de un videojuego que a un largometraje cinematográfico.



Transformers 3 mejora con respecto a la segunda entrega, pero aún está a años luz de la entretenida y no tan exagerada primera parte. Bay trata de comenzar su producto con una estilo distinto, más serio y es en gran parte un acierto esa recreación de la América de finales de los 60 pendiente de aquel primer viaje a la luna por parte de la NASA. Poco después en unas pinceladas el director y el guionista Ehren Kruger ponen las cartas sobre la mesa. Nos muestran el estado actual de los personajes principales de la saga. Se quitan algunos de en medio como una Megan Fox a la que le sueltan un par de aguijonazos envenenados, sustituida la misma por un clon suyo pero con el pelo rubio llamado Rosie Huntington.-Whiteley que hace lo mismo que aquella, ser un bonito florero. Ponen a otros en escena como una Frances MacDormand que encuentra complicidad coeniana con el rol de John Turturro, un Alan Tudyk memorablemente pasado de rosca o un John Malkovich pasándoselo en grande haciendo el payaso. Con todo este menú empujan como pueden el desarrollo de la casi inexistente y manida trama para que la historia avance.




Por lo demás tenemos lo de siempre. Una nimia excusa narrativa para que todo desemboque en una batalla mastodóntica entre Autobots y Decepticons. La primera aparición (muy desangelada) de uno de mis Transformers favorito (Shockwave, con una horrible lombriz mecánica de acompañante digna de un planeta Arrakis mecanizado). Una trama previsible y mal hilada. Una historia de amor incosistente. Un humor que unas veces funciona y otras no y un Patrick Dempsey al que su papel le va como el culo, a pesar de que el tipo se esfuerza y va elegante.




Por el camino tenemos algunas de las más logradas escenas de la carrera de Bay (la de los saltadores desde el rascacielos) o lo que viene a ser lo mismo, planos de una considerable potencia visual al servicio de la más grande de las vacuidades. Homenajes a papá Spielberg o a producciones suyas (Gremlins, La Guerra de los Mundos, Minority Report) agobiante exaltación de todo ambiente castrense y una saturación de efectos digitales tan bien acabados como innecesarios. Todo esto extendido en un metraje innecesariamente alargado y una estética en los Transformers que poco tiene que ver con la de los juguetes originales, que destacaban por su sencillez formal y sus colores primarios, aunque estos son dos males que sufre toda la saga desde su inicio. No creo que ver a enormes máquinas que parecen hechas con papel de aluminio darse de tollinas por una excusa insostenible merezca algo más de 100 minutos de metraje.




Una secuela que ya ni se centra en llevar a los personajes de los 80 al cine. Su única misión es seguir amasando millones para atraer a más gente a las salas y con ello afianzarse una cuarta entrega que en poco más de dos años volverá a asaltar nuestras carteleras. Por último decir que cuando un servidor vio los primeros 5 minutos de la cinta pensó que no se había hecho un uso del formato 3D tan genial desde Avatar. El resto de metraje me mostró cuan equivocado estaba y me confirmó que salvo contadas excepciones lo de las gafitas es sólo una excusa para reducir (dentro de lo posible) las grabaciones furtivas en las salas que posteriormente se cuelgan en la red y sacarnos más dinero en la taquilla. Larga vida a Hollywood.