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miércoles, 14 de abril de 2021

The Falcon And The Winter Soldier, the stars and stripes forever

 


"Precisamos nuevos héroes. Que sean adecuados para estos tiempos. Los símbolos no son nada sin las mujeres y los hombres que les dan sentido"



Sin mucho tiempo para haber digerido el impacto producido por la sobresaliente WandaVision y todavía con la resaca de la epatante y mastodóntica La Liga de la Justicia de Zack Snyder Disney + y Marvel Studios vuelven con el primer episodio de The Falcon and the Winter Soldier, la serie protagonizada por los alter egos superheróicos de Sam Wilson y James Buchanan “Bucky” Barnes a los que dan vida los actores Anthony Mackie y Sebastian Stan respectivamente. De la escritura y desarrollo de la miniserie se encarga Malcom Spellman (Empire, Hip Hop Uncovered), con el respaldo de Derek Kolstad (John Wick), y de dirigir todos los episodios se responsabiliza la canadiense Kari Skogland (Marvel’s The Punisher, The Walking Dead). El resultado de este episodio piloto es más o menos el esperado sin distanciarse demasiado, por ahora, de lo expuesto en los trailers con poco más de 45 minutos que toman el rol de primera toma de contacto con los espectadores.



Aunque era algo fácil de vaticinar y todo el material promocional apuntaba claramente a ello The Falcon and the Winter Soldier sigue la estela conceptual, visual y narrativa de las dos películas del Capitán América rodadas por los hermanos Anthony y Joe Russo. Esa primera y potente secuencia de acción centrada en el personaje de Anthony Mackie ya nos retrotrae de manera explícita al tono de cine de espionaje high tech de la impresionante Capitán América: El Soldado de Invierno (2014) y la remarcable Capitán América: Civil War, (2016) algo que se confirma con el pasaje dedicado al pasado de Bucky Burns en forma de ensoñación por parte del personaje de Sebastian Stan. Pero, como es lógico, no sólo de este tipo de situaciones vive la serie de Disney + y Marvel Studios, ya que ambos protagonistas comienzan a interactuar con los personajes secundarios que componen su entorno más cercano y de ello surgen situaciones cayendo un poco más en los tópicos dramáticos propios de estas ficciones, siendo los de Falcon bastante más obvios que los de Winter Soldier, posiblemente también porque Stan es un actor bastante más resuelto y versátil que Mackie sabiendo exprimir el material que los guionistas ponen en sus manos.



Un servidor estaba seguro de que después de la originalidad y atípica naturaleza de WandaVision, The Falcon and the Winter Soldier iba a resultar un producto más convencional que, en cierta manera, nos supiera a poco, al menos en sus primeros compases. Pocas quejas por mi parte, ya que el guión de Malcolm Spellman es tan procedimental como efectivo, la realización de Kari Skogland evidencia sus años de directora curtida en series de primer nivel sin mucho que envidiar técnicamente a lo que hicieron los hermanos Russo en las ya citadas El Soldado de Invierno y Civil War, aunque seguramente, y al igual que aquellos, recurriendo mucho a la segunda unidad para rodar las secuencias más dinámicas; mientras los actores cumplen sobradamente con roles que ya conocen perfectamente por llevar interpretándolos durante años. Sólo me deja un poco frío lo estereotipado de algunas subtramas, principalmente la de la hermana de Sam Wilson, que espero no desemboquen en el manido discurso lacrimógeno puramente estadounidense. Ojalá que la llegada del U.S. Agent, Sharon Cater o Zemo y esa amenaza terrorista enmascarada den empaque al proyecto y me hagan tragarme mis palabras en este sentido.



The Star-Spangled Man se titula el segundo episodio de The Falcon And The Winter Soldier y en gran parte se dedica a presentar y desarrollar la personalidad de John Walker aka U.S.Agent, que aquí ocupa el rol del nuevo Capitán América como se nos mostró en el cierre de la primera entrega de la serie. Los conocedores del personaje en los cómics sabemos de qué pie cojea y lo que probablemente acabará haciendo conforme vayan pasando los capítulos, por eso es interesante que en el arranque de este se incida en su psicología, para lo que pueda llegar a convertirse en un potencial villano y enemigo de los protagonistas no caiga en estereotipos manidos, dándole un tratamiento con cierta profundidad. Aunque el casco le queda bastante mal una vez vemos en acción a Wyatt Russell este se apodera del personaje y, aunque a años luz de distancia, es inevitable ver en sus facciones y gestos los ecos del gran Kurt Russell, junto a Goldie Hawn progenitor del actor de la potente Overlord (Julius Avery, 2018) .



Más allá de eso The Falcon and The Winter Soldier sigue la senda abierta por New World Order mamando argumental y técnicamente de las dos producciones de los hermanos Anthony y Joe Russo con el Capitán América de Chris Evans. En ese sentido se mantiene un adecuado equilibrio entre la acción propia del cine de espionaje ejecutado con tanta eficacia como impersonalidad y un drama con muy buenas intenciones, pero no siempre acertado debido a su tendencia al trazo grueso, los lugares comunes y la casi total ausencia de sutilidad. Por un lado el tratamiento de las situaciones de racismo vividas por Sam Wilson son reconocibles y muy cercanas a la realidad, pero están abordadas de manera demasiado obvia y simplista desde el guión. Por otro es el mismo trabajo de los escritores el que fuerza en ocasiones pasajes que bordean la incredulidad ya que Wilson y Barnes deberían darse cuenta de que preservar el legado de amistad y compromiso hacia Steve Rogers puede desembocar en una situación perjudicial para ese país por el que supuestamente darían sus vidas, algo que casi con toda seguridad será el catalizador de lo que pueda llegar a hacer John Walker en próximos episodios.



Por suerte no son pocos los aciertos de The Falcon And The Winter Soldier que la hacen merecedora de nuestra atención, aunque por ahora no sea un producto excelso dentro de su género. Ya hemos podido ver a los protagonistas compartir plano y desarrollar dinámicas en las que el equilibrio entre el drama y la comedia está muy bien medido. Malcolm Spellman y su equipo de guionistas también aciertan a la hora de de no acometer las acciones e intenciones de los “Flag Smashers” desde el maniqueísmo propio de este tipo de producciones estadounidenses, no exponiéndolos en pantalla como un grupo de terroristas descerebrados a los que derrotar y sí como un equipo con una causa que ellos consideran justa y de la que sabremos más dentro de poco. The Star-Spangled Man cierra con Barnes y Wilson preparados para ir a hablar con el Zemo de Daniel Brühl, que si bien fue un villano a la altura en Capitán América: Civil War poco tenía, para un servidor, de su contrapartida en viñetas. Esperemos que su intervención en la serie de Disney + y Marvel Studios me haga cambiar de opinión.



Con Power Broker llegamos al ecuador de esta corta temporada y con él y la aparición del Barón Zemo de Daniel Brühl, del que no sabíamos nada desde la excelente Capitán América: Civil War, se marca un cierto punto de inflexión tonal en el proyecto. Seguimos dentro de los preceptos clásicos del thriller político para todos los públicos, por ello no podemos esperara tampoco una visión arriesgada o verdaderamente militante en un producto propiedad de Disney, pero parece como si el villano creado en las páginas de Captain America #168 (diciembre 1973) por el guionista Tony Isabella y el dibujante Sal Buscema diera un vuelco a la miniserie diseñada por Malcolm Spellman y Kari Skogland. Con este tercer episodio viajamos a Madripoor y The Falcon And The Winter Soldier deriva más que nunca a la buddy movie de tono más ligero y sumando apuntes cómicos con los personajes introduciéndose en un submundo criminal en el que ponen en peligro sus vidas. Que Derek Kolstad, guionista de la saga John Wick, esté detrás del guión del episodio no debería pillarnos por sorpresa.



Como ya apunté al hablar del segundo episodio esperaba que la aparición de Helmut Zemo reparara el fallo cometido con la versión de Daniel Brühl, que aun siendo un villano interesante y coherente con su propia idiosincrasia poco tenía que ver con su contrapartida en las viñetas. Pero en este episodio de The Falcon And The Winter Soldier no sólo no encuentro lo que buscaba, sino que asistimos a cómo el personaje interpretado por el actor de Malditos Bastardos se aleja incluso de lo visto en la ya citada Capitán América: Civil War ofreciendo un rol mucho más liviano, alejado del trasfondo trágico que lo caracterizaba, convirtiéndose casi en una descarga cómica o una especie de forzado sidekick que sólo recuerda al letal villano de las viñetas durante los pocos segundos en los que porta su famosa máscara y entra en acción. Esperemos que en el resto de episodios en los que haga acto de presencia suponga una amenaza para los protagonistas, porque por ahora sabemos que algo trama, pero parece más un “colega por conveniencia” que otra cosa.



Con respecto al guión y el desarrollo de acontecimientos en este capítulo se notan bastantes carencias o ciertas derivas que apuntan malas maneras en cuanto al argumento. Si el plan de Wilson y Barnes de sacar a Zemo de la cárcel porque tiene una pista ya era bastante cuestionable que dejen al barón hacer lo que le plazca, incluyendo cometer delitos y matar personas, sin que haya una sola represalia y fiándose al 100% de sus acciones no tiene pies ni cabeza. Por otro lado lo que puntualmente aporta Sharon Carter a la trama, porque parece que va a tener menos relevancia en la serie de la que aparentaba en un principio, podría haberse resuelto sin su incursión en el proyecto y la pobre excusa de su exilio durante siete años no se sostiene por ninguna parte sabiendo que Steve Rogers, aún en la clandestinidad, no paró de cumplir con su deber. A eso sumemos el primer trazo grueso para que se pierda la, hasta ahora, ambigüedad de los Flags Smashers o por lo menos la de Karli Morgenthau, la insulsa resolución de la llamada de teléfono de la hermana de Sam o la nada creíble escena del chupito con los intestinos de serpiente. Pobre trabajo de escritura por parte de Derek Kolstad en el que es el libreto más pobre de la serie.



Desgraciadamente este giro hacia una vertiente del thriller más dinámica y ligera que pudiera haber hecho ganar enteros al show no se salda con éxito por culpa de un guión inestable, incongruente y con notables carencias referidas a la lógica narrativa más básica. The Falcon And The Winter Soldier sigue siendo un entretenimiento meritorio y por el que merece la pena desperdiciar entre 45 y 50 minutos semanales, pero no está a la altura de lo esperado y por ahora más que una continuación estilística y argumental de sus principales referentes, Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War, pareciera un apéndice o epílogo de los mismos que trata de imitarlos con resultado bastante desigual. Esperemos que esos John Walker y Lemar Hoskins, bastante arrinconados en esta entrega, comiencen a tornar en roles más activos, porque la temporada entre en su segunda mitad y lo que hemos visto hasta el momento no se aleja demasiado de un proyecto cumplidor para pasar el rato que esperemos mejore y no marque el tono a seguir para las próximas series de Disney + y Marvel Studios.



Con respecto al decepcionante episodio anterior este The Whole World is Watching supone una notable subida de calidad revelándose como uno de los mejores, posiblemente el mejor, de lo que llevamos de The Falcon And The Winter Soldier. Sólo el arranque con el flashback en Wakanda en el que Sebastian Stan por fin puede mostrar lo buen actor que es ya supera a todo lo que hemos podido ver hasta el momento de la serie ideada por Disney + y Marvel Studios. Esa secuencia no sólo brilla por su carga framática, derivada por todo lo que sabemos con respecto al personaje desarrollado en Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War, sino por cómo perfila con elegancia y sutilidad la relación previa entre Bucky y Ayo para dar contexto a lo que sucederá después cuando las Dora Milaje entren en acción para dar caza a Helmut Zemo.



Se deja de lado el tono de buddy movie insuflado artificialmente al episodio 3, llegando a adentrarse en terrenos de una comedia totalmente fuera de lugar, y volvemos al espionaje internacional y conspiranoico propio de las ya apeladas incursiones cinematográficas de los hermanos Anthony y Joe Russo protagonizadas por el alter ego superheróico de Steve Rogers. Otro acierto es la vuelta a los claroscuros ideológicos y morales con respecto a los Flags Smashers en general y a Karli Morgenthau después del trazo grueso con el que se trató su subtrama en la entrega previa. Aquí volvemos a encontrar a un grupo de revolucionarios que luchan por una causa noble, pero cuyos métodos expeditivos ponen en entredicho su lucha, como bien hace saber a la líder del grupo un Sam Wilson compartiendo la importancia de la misión en la que se han embarcado, pero no los medios que usan para llevarla a cabo.



Pero en cuanto a definir la psicología de los personajes en esta ocasión debemos destacar al John Walker de un cada vez más creible Wyatt Russell. Después de haber sido arrinconado a un par de escenas poco trascendentes en Power Broker el nuevo Capitán América se apodera del metraje del cuarto episodio gracias a un adecuado desarrollo de su personalidad desembocando en la magnífica recta final con el nacimiento del detestable rol de los cómics al que todos amamos odiar. El hijo de Goldie Hawn y Kurt Russell está siendo el blanco del odio de aquellos que no saben diferenciar la ficción de la realidad, pero por suerte vivir alejado de las redes sociales, su buen humor y ser sabedor de que está haciendo un trabajo notable con esta versión del USAgent son suficientes para que el actor de la recuperable Cold in July (Jim Mickle, 2014) pueda sentirse orgulloso de su labor delante de las cámaras, como nos deja ver ese remarcable clímax final repleto de simbología.



Aunque la remontada de este episodio, el más oscuro de la temporada, insufla nueva vida al proyecto también deja en evidencia la irregular labor de construcción narrativa adherida al proyecto a manos de Malcolm Spellman y Derek Kolstad que, a pesar de todo, sigue arrastrando aquí carencias como situaciones inverosímiles, actos estúpidos por parte de algunos personajes y tópicos manoseados hasta la extenuación propios de la ficción audiovisual protagonizadas por superhéroes. Pero no perdamos la esperanza, ya que tenemos a unos protagonistas que lucen bien en pantalla, un villano en ciernes que puede llegar a ofrecernos buenos momentos más allá de esta serie y un Barón Zemo que, por fin, empieza a comportarse como tal. Sólo dos episodios quedan para que termine The Falcon And The Winter Soldier y aunque siempre se muestra como un producto agradable de ver y con no pocos aciertos finalmente parece no salir del encorsetamiento de su punto de partida, quedándose a años luz de una WandaVision a la que no le llega ni a la suela de los zapatos.



Lamentablemente después de The Whole World Is Watching con Truth se vuelven a confirmar las mayores carencias de un producto como The Falcon And The Winter Solider. El quinto episodio arranca justo donde acabó el anterior, manteniendo la tensión acumulada por los actos homicidas de John Walker y con una espectacular pelea en la que este se enfrenta a los dos protagonistas de la serie. Esa secuencia, magníficamente rodada por una Kari Skogland siempre a la altura que no hubiera desentonado en las películas de los hermanos Anthony y Joe Russo con el Capitán América, pareciera ser el arranque de dos últimos episodios con los que el show experimentara una escalada de fuerza narrativa que supusiera la antesala de un clímax los suficientemente potente para que los espectadores que no estaban del todo convencidos con lo visto hasta ahora, entre los que me incluyo, recuperaran el interés perdido para encarrilar un cierre que nos hiciera olvidar los numerosos fallos del proyecto impulsado por Malcolm Spellman y la ya citada directora de origen canadiense.



Por desgracia todo es un espejismo. Después del prometedor arranque y secuencias interesantes como la de la presentación de Madame Hydra (grande Julia Louis-Dreyfus) o la conversación con Isaiah Bradley el episodio vira hacia un tono ligero e insustancial que muestra, una vez más, las muchas carencias estructurales, conceptuales y narrativas de The Falcon And The Winter Soldier. El coutis interruptus que supone empezar por todo lo alto un capítulo que pareciera volver a los terrenos de las mejores películas protagonizadas por el alter ego de Steve Rogers para acabar desembocando en un melodrama paupérrimo con reminiscencias de ¡Qué Bello es Vivir! ((It’s a Wonderful Life, Frank Capra, 1946) en el que Bucky y Sam conversan de todo lo que está sucediendo con los Flags Smashers y Karli Morgenthau mientras arreglan el barco como si comentaran el partido de fútbol del fin de semana no tiene pies ni cabeza. ¿Por qué son tan abruptas y poco creíbles las transiciones espaciales y temporales en esta serie? ¿Por qué Sarah no pidió ayuda a los vecinos años antes de que lo hiciera su hermano si tenían una deuda con su familia? ¿Por qué los guionistas caen en los tópicos de la forzada relación romántica con hermano celoso? ¿Por qué esta trama innecesaria de colegueo cuando a estas alturas la miniserie debería estar funcionando a todo trapo para darnos un final espectacular?



Y podríamos seguir con las preguntas a decisiones sin sentido. ¿Por qué Sam Wilson es tan estúpido como para no darse cuenta de que el racismo rodea a la gente como él, también en la actualidad, si lleva viéndolo desde el primer episodio? ¿Por qué los guionistas son tan manipuladores y vagos como para utilizar el recurso de que los padres de Lemar Hoskins repitan una y otra vez que se sienten felices debido a que John mató al asesino de su hijo sólo para subrayar de mala manera el sentimiento de culpa de este? ¿Por qué volvemos al trazo grueso a la hora de retratar a una Karli Morgenthau que ahora, de repente, se considera una criminal que manipula armamento a la luz del día y disfruta sometiendo la mente de personas inocentes como una villana de opereta? ¿¿Por qué si le estaban dando tanta importancia a Zemo hacen que se vaya casi sin ninguna repercusión y por la puerta de atrás?? ¿¿Dónde está Sharon Carter???. Si en cuanto al apartado técnico no tengo queja y en lo referido al artístico hay luces y sombras a nivel de escritura esta serie es un caos casi insalvable.



Lo que podía haber sido el arranque de una recta final capaz de reconciliar The Falcon And The Winter Soldier con les espectadores dudosos o desencantados queda en un episodio que aprueba raspado sólo por la primera mitad de sus 61 minutos de metraje. La segunda es la enésima confirmación de que Malcolm Spellman, Derek Kolstad y el resto de guionistas no saben mantener el equilibrio entre los distintos tonos que quieten insuflar a un proyecto que al mostrar un mínimo síntoma de solidez compactando su desarrollo seguidamente sale por la tangente con una cantidad de inverosimilutudes y tópicos manidos hasta la extenuación capaces de crispar a la audiencia más calmada. Después del que la semana pasada había sido el mejor episodio de la miniserie nos encontramos el peor y de esta manera es imposible que Disney + y Marvel Studios puedan ofrecer a sus fans y suscriptores una ficción cohesionada, ya que va dando palos de ciego hacia un final que, visto lo visto, será una lotería en la que casi con toda seguridad nos va a tocar un boleto no premiado.



El último episodio de The Falcon And The Winter Soldier, titulado One World One People supone tanto un digno cierre para la serie como la confirmación de todas las carencias que hemos ido viendo a lo largo de sus seis entregas semanales. Después de que The Whole World is Watching se revelara como el mejor capítulo y seguidamente Truth como el peor, asistimos a a este clímax final que se salva de manera unitaria, pero no rescata la globalidad del proyecto de una más que contrastada irregularidad. Aunque no de manera tan acentuada, una vez más la estructura narrativa, el perfil de los personajes y el simplismo del mensaje que quieren transmitir Malcolm Spellman, Derek Kolstad y compañía muestran notorias flaquezas viéndose subsanadas en cierta manera porque la serie, por fin, apoya explícitamente su discurso sociopolítico en boca de Sam Wilson y aunque este peca de cierto paternalismo es muy de agradecer que un producto diseñado en el seno de una multinacional como Disney se muestre mínimamente contestatario a la hora de incluso reflexionar sobre la causa y los actos de los Flash Smashers en general y Karli Mornganthau en particular.



Pero seamos exactos. Si un episodio como One World One People funciona es porque el único apartado intachable de la serie, el técnico, aquí luce mejor que nunca. La directora Kari Skogland culmina una labor encomiable detrás de las cámaras sin mucho que envidiar a los hermanos Anthony y Joe Russo de los films del Capitán América. Como con aquellos, y todos los productos audiovisuales de Marvel Studios, seguramente la segunda unidad tenga mucho que decir para que los tiroteos, persecuciones, combates cuerpo a cuerpo, explosiones y secuencias aéreas se muestran efectivas en pantalla, pero aun así la canadiense ha demostrado ser una profesional conocedora de su trabajo y de cómo ejecutarlo con la presteza exigida. En lo referido a esto las alabanzas hacia los nunca suficientemente valorados especialistas de escenas de riesgo están más que justificadas ya que, en gran parte, son ellos los artífices de que los pasajes más dinámicos de la producción sean rotundos desde una perspectiva visual con más mérito teniendo que medir muy bien las dosis de violencia explícita en una serie dirigida a todos los públicos.



Para ser sinceros muchas cosas han jugado en contra de The Falcon And The Winter Solider, algo que ha quedado patente visto el resultado final. La primera de ellas es haber llegado después de la pequeña revolución que supuso dentro del UCM WandaVision, una serie arriesgada alejada del tono procedimental del proyecto que nos ocupa, en origen el que iba a ser la primera producción serializada de Disney + en colaboración con Marvel Studios, algo que hubiera jugado a su favor porque las comparaciones han sido inevitables. La segunda es la casi confirmación de que muchas de las carencias argumentales vienen porque se desechó una trama con un virus mortal después de confirmarse la actual pandemia que recorre casi la totalidad del planeta. Y la tercera que la bisoñez de Malcolm Spellman en este tipo de ficción se deja notar, cuando Disney + debería haber contratado, de nuevo, los servicios de Stephen McFeely y Christopher Markus, los guionistas de Soldado de Invierno o Civil War y a su vez los autores que habían perfilado inicialmente las personalidades de los Sam Wilson y James Buchanan “Bucky” Barnes cinematográficos.



El resultado lo hemos ido viendo semana a semana con una ficción casi siempre digna y entretenida, pero convertida en una montaña rusa con preocupantes subidas de y bajadas de calidad por culpa de libretos endebles, inconsistentes y repleto de lugares comunes que en pocas ocasiones sus artífices han sabido eludir o utilizar a su favor. El cuestionable tratamiento de villanos y antihéroes, la poco aprovechada química entre los dos protagonistas y notorios problemas de base a la hora de construir las distintas subtramas hacen de The Falcon And The Winter Soldier un paso en falso con respecto a la ambiciosa Fase 4 del Universo Cinematográfico Marvel que, como ya sabemos, hará interactuar largometrajes con series para la pequeña pantalla. A la espera quedamos de esa Loki que llegará el 11 de junio a la plataforma de pago por visión con Tom Hiddleston recuperando su carismático papel del Dios de las Mentiras con un tono que, según apuntan los trailers, poco tendrá que ver con la presente producción o la protagonizada por Elizabeth Olsen y Paul Bettany. Aquí estaremos una vez más para reseñar semanalmente un proyecto que, al menos en lo referente a un servidor, le haga reconciliarse al 100% con la enorme maquinaria ideada por Kevin Feige y sus colaboradores.




sábado, 18 de junio de 2016

Dos Buenos Tipos



Título Original The Nice Guys (2016)
Director Shane Black
Guión Anthony Bagarozzi y Shane Black
Actores Ryan Gosling, Russell Crowe, Matt Bomer, Kim Basinger, Yvonne Zima, Keith David, Margaret Qualley, Beau Knapp, Angourie Rice, Daisy Tahan, Abbie Dunn, Michael Beasley, Joanne Spracklen, Dale Ritchey, Terence Rosemore, Chace Beck, Kahallyn Summer Cain, Cayla Brady, Murielle Telio, Lexi Johnson, Gary Wolf, Maddie Compton, Michelle Rivera, Joshua Hoover, Charles Green, Scott Ledbetter, Amy Goddard, Brian Gonzalez, Ty Simpkins




John Milius, Oliver Stone, Lawrence Kasdan o Paul Schrader son casos de guionistas que pusieron sus trabajos a disposición de otros directores y que más tarde decidieron pasarse (unos con más éxito que otros) al campo de la realización para llevar a imágenes sus propios libretos. Shane Black pertenece a este tipo de profesionales, siempre dentro del celuloide de acción del Hollywood de los 80 y 90, pero hasta hace poco no recibió todo el reconocimiento que merecía. Arma Letal, El Último Boy Scout o Memoria Letal (The Long Kiss Goodnight) son buena muestra de que Black entendía profundamente los resortes de las buddy movies (films de acción protagonizados por personajes antagónicos en personalidad, normalmente policías) y gracias a ello podía incluso reírse de su labor como escritor en ellas con aquella incomprendida joya adelantada a su época llamada El Último Gran Héroe (Last Action Hero) que dirigió el gran John McTiernan en 1993 y en la que la parodia, el homenaje, la coña continua y la metarreferencia campaban a sus anchas junto a un desdoblado Arnold Schwarzenegger. Esos apuntes sobre metetextualidad, sobre jugar con los resortes de las películas de acción americanas eclosionó al 100% cuando en el año 2005 se puso por primera vez detrás de las cámaras con Kiss Kiss Bang Bang, un film protagonizado por unos inolvidables Robert Downey Jr y Val Kilmer que llevó hasta el extremo deconstruir las señas de identidad de esas ya mencionadas buddy movies que él ayudó a hacer famosas. 




Contra todo pronóstico esa inclinación por diseccionar por medio de la sorna y la sátira un subgénero es la que utilizó en su única incursión en Marvel Studios en la polémica Iron Man 3 que escribió y dirigió sustituyendo a Jon Favreau. Un controvertido acercamiento a las aventuras de Tony Stark con un giro argumental relacionado con el villano, el Mandarín, que desagradó a muchos (sobre todo a los fans del personaje en los cómics) pero que era brutalmente coherente con lo que planteaba la cinta con respecto a los medios de comunicación y su uso como arma para transmitir miedo a a una sociedad que se cree todo lo que ve en una pantalla, buscando en el extranjero a un enemigo que siempre ha vivido en casa y tiene sus mismos rasgos. Tras el estreno de esta tercera parte de las correrías del Hombre de Hierro Black se tomó un respiro como director, saltó la noticia de su implicación en The Predator, la nueva entrega de la saga de los extraterrestres cazadores que él estuvo a punto de escribir en su origen (aunque al final sólo participó como actor en dicho film) y ya en el presente 2016 estrenó su nueva película como director, esta The Nice Guys que nos ocupa.




Te Nice Guys (titulada Dos Buenos Tipos en España) se estrenó en el pasado festival de Cannes recibiendo unas críticas aceptables pero no excesivamente elogiosas y esta vez un servidor está de acuerdo con nuestros vecinos franceses a la hora de evaluar el último largometraje de Shane Black. Por desgracia el tercer film como director del guionista de Una Pandilla Alucinante (The Monster Squad) no está a la altura de lo que se esperaba de él y más si tenemos en cuenta lo alto que dejó el listón con su ópera prima, la ya apuntada, Kiss Kiss Bang Bang que también abordaba este tipo de celuloide. Lo curioso es que Black pone en la coctelera de su último trabajo todos los ingredientes que él conoce y le pueden ofrecer un triunfo sin reservas como localizar y ambientar su historia e 1977, un dúo de actores entregados a la causa y unos secundarios que cumplen su cometido profesionalmente, acción, humor negro, algo de romance e incorrección política. El mayor problema con The Nice Guys es que a la hora de mezclar todos sus ingredientes Black prefiere dar más consistencia a la acción o la trama policíaca que al tono de comedia que en los diez primeros minutos de metraje prometen mucho para diluirse al poco tiempo y sólo mostrar la cara en momentos puntuales, varios, pero no los suficientes. Esta idea de estar más pendiente de construir una intrincada trama que interese al espectador con respecto a todo lo que oculta el caso de Amelia Kutter es la que sacrifica el lado sarcástico y vitriólico que por desgracia se ve muy escamoteado en pantalla.




Aquí Shane Black peca de confiado y deposita la mayor parte de su talento en uno de los dos géneros a los que recurre para dar forma a su proyecto, tomando la mala elección de dar menos peso al que le permite mostrarse como un narrador potente y con mucho gancho a la hora de encadenar gags y díalogos a velocidad luz y dándole más relevancia al más vistoso pero escasamente agradecido en cuanto a la escritura y el lucimiento de los actores se refiere. Dos Buenos Tipos exige mucho más humor, una cascada de situaciones tronchantes sin tregua como las que pudimos ver en Espías de Paul Feig o Deadpool de Tim Miller, films que aunaban el tono dinámico de tiroteos y persecuciones pero mayormente al servicio de la risa continuada que apele al desenfado y la carcajada cómplice del espectador casual. Por desgracia los momentos humorísticos de la película se espacian demasiado en el tiempo y no tienen toda la presencia que debieran. Por eso situaciones como la del coche del prólogo, la presentación de los dos personajes principales, la secuencia en la fiesta, la del retrete o varios de los gags de la recta final sólo son muestras fugaces de lo que podría haber sido el trabajo de Shane Black y su co guionista Anthony Bagarozzi si realmente se hubieran entregado sin reservas a la comedia desenfrenada, la sesión continua de situaciones pasadas de rosca que hicieran de los 119 minutos de metraje una experiencia de cine comercial frenético y alocado cuya única misión fuera desencajar la mandíbula del espectador.




Lo que más llama la atención es que Shane Black lo tiene todo para que ese humor explote y salpique de pintura azul a la platea desde el mismo arranque del metraje, no ya sólo porque al igual que suceddía con Kiss Kiss Bang Bang la trama sobre el matón a sueldo de buen corazón y el detective torpe que deben resolver un caso que mezcla pornografía con corruptelas políticas sea un terreno perfecto para parodiar las buddy movies con tanta mala baba como cariño por el subgénero sino porque sus dos actores principales son el perfecto catalizador para ofrecer gags de alto nivel. Russell Crowe se ocupa de ser el músculo (bueno, viendo su orondez en la película nadie lo diría), una mezcla entre Lino Ventura y Charles Bronson que se ocupa del rol de “tipo duro” de la velada a base de disparos, patadas y puñetazos dando perfectamente la réplica a un superlativo Ryan Gosling que devora la pantalla con su interpretación a lo Peter Sellers, con un uso impagable de la expresión facial (cuando encuentra un cadáver, pierde el habla, y sólo se expresa señalando el cuerpo inerte) y el humor físico que muestran una vis cómic hasta ahora desconocida en el actor de The Believer, Drive o Sólo Dios Perdona. Por ello se antoja más doloroso si cabe que Black no haya depositado más confianza en ese dúo de actores con una química intachable a los que se suma una entrañable Angourie Rice como la avispada Holly que comparte con ellos momentos tronchantes como ayudante más espabilada en lides detectivescas que la pareja de protagonistas.




De lo que no podemos acusar a Shane Black es de no ser consecuente con su estilo y su particular visión de ver el cine de acción. The Nice Guys es una socarrona carta de amor a las buddy movies con una trama que muestra deudas con films como El Gran Lebowski de los hermanos Coen, El Guateque (The Party) de Blake Edwards, la muy reivindicable Cosas que Hacer en Denver Cuando Estás Muerto de Gary Fleder o el cine exploit de los años setenta al que hace referencia paródica en todo momento lanzando dardos contra políticos, hippies o agentes de la ley. Tenemos ecos intertextuales que nos recuerdan a otros films escritos por él como Arma Letal o El Último Boy Scout (imposible no pensar en la deslenguada Danielle Harris de la cinta dirigida por Tony Scott y protagonizada por Bruce Willis al ver el descaro de Holly de Angourie Rice) y las secuencias de acción, como era de esperar viniendo de quien vienen, están bien rodadas y son vistosas en pantalla gracias a las dosis de humor incorrecto que tienen algunas de ellas (vecinas a las que vuelan la cabeza accidentalmente durante un tiroteo por estar mirando por la ventana, niñas arrojadas a través de cristaleras o mafiosos reventando contra el bordillo de una piscina tras improvisar un balconing) y cuando no le da por excederse con lo expositivo de su guión a la hora de dar pistas sobre la trama el ritmo es adecuado y certero, siempre que no volvamos a incidir en el tema de que el grandguiñol y la sana mala intención debería haber estado más presente a la largo del metraje.




Por desgracia Dos Buenos Tipos no ofrece todo lo que prometía y de hecho la desazón se hace notable cuando descubrimos que en sus trailers están prácticamente todos los gags potentes de su vertiente más cómica como producto de entretenimiento, transmitiendo cierta sensación de oportunidad perdida cuando termina su visionado. Como ya hemos comentado y al igual que otros cineastas duchos en cine de acción como Joss Whedon o el mismo Jon Favreau el punto fuerte de Shane Black es el humor, el mismo que siempre ha usado para reírse con cariño pero sin reservas de un subgénero que él ayudó a construir y al que en Kiss Kiss Bang Bang rindió mucho mejor tributo que en este, su último trabajo detrás de las cámaras. Ese no aprovechamiento de un género en favor del otro es el que desequilibra el conjunto de un producto como The Nice Guys, que ofrece mucho menos de lo que su interesante punto de partida y esperanzador arranque prometían en un principio. Incluso podríamos afirmar que Iron Man 3 era más agradecida en cuanto al humor que la cinta que nos ocupa, por mucho que con ello encendiera la ira de muchos fans de Marvel (los espectadores profanos no se tomaron tan mal ideas como la del Mandarín por el simple hecho de que no sabían quien era antes del ver la cinta) que no vieron con buenos ojos esa entrega a la mofa y la befa que destilaba su tono. Tras esta pequeña decepción sólo nos queda esperar a ver qué hace Black con esa The Predator con la que tratará de reverdecer los laureles de la saga ideada por John McTiernan y los hermanos Jim y Jon Thomas con el posible regreso de Arnold Schwarzenegger a la jungla para verse de nuevo las caras con los cazadores espaciales diseñados por Stan Winston y que posiblemente llegue a las carteleras de todo el mundo en el año 2018.