lunes, 22 de abril de 2013

To the Wonder, eau de Malick, pour homme, pour femme



Título Original To the Wonder (2012)
Director Terrence Malick
Guión Terrence Malick
Actores Ben Affleck, Olga Kurylenko, Rachel McAdams, Javier Bardem, Tatiana Chiline, Charles Baker, Romina Mondello





Terrence Malick siempre ha sido considerado un talentoso director de una poco prolífera carrera cinematográfica (una media de casi un film por década) que tardaba años en dar forma su siguiente proyecto y que tras sus dos primeros trabajos (Malas Tierras y Días del Cielo) volvió por la puerta grande en 1998 con una obra maestra incontestable llamada La Delgada Línea Roja, que adaptaba la novela homónima de James Jones (que ya llevara Andrew Morton a imágenes en 1964). Su nombre como cineasta se vio revalorizado y seis años después estrenó la interesante, pero no del todo redonda, El Nuevo Mundo, su personal visión de la historia de amor entre el colonizador John Smith y la nativa Pocahontas.




Ahí terminó el Malick reconocido unanimemente como un autor prestigioso, un señor conocido por su alergia a las conferencias de prensa, las promociones e incluso las fotos de su persona. Porque en 2011 estrenó su filma más polémico, El Árbol de la Vida. Este proyecto fue acariciado por el tejano durante años y finalmente pudo llevarlo a imágenes con Brad Pitt, Jessica Chastain y Sean Penn como protagonistas principales. El largo se estrenó oficialmente en el festival de Cannes de aquel año, ganando la Palma de Oro sin muchas discordancias. Pero cuando la obra llegó a los cines de todo el mundo dividió al público entre los que la adoraban y los que la veían como una ininteligible amalgama de documental, teología y existencialismo.Yo ya dí mi opinión sobre ella en su momento pareciéndome la mejor cinta de aquella temporada.




Tras aquel trabajo y con su fama viviendo una segunda resurrección, aunque teniendo por primera vez un considerable grupo de detractores que no congeniaban con su obra, decidió dejar de lado su carácter de cineasta poco prolífico e inmediatamente se metió en otro rodaje (el de la cinta que nos ocupa) y posteriormente en otros dos (Lawless y Knight of Cups) que se están llevando a cabo al mismo tiempo con un reparto casi idéntico. Tras ellos realizará un documental sobre naturaleza y existencialismo (dos de sus temas habituales como narrador) llamado Voyage of Time producido en el formato IMAX. En resumidas cuentas, ha pasado de hacer cine muy de cuando en cuando a rodar películas hasta de manera simultanea. Puede que por eso esta To the Wonder no sea la obra meritoria que podría esperarse de su impronta.




Neil (Ben Affleck) es un norteamericano que conoce en París a Maryna (Olga Kurylenko) una madre soltera de la que se enamora perdidamente. Su atracción es tal que ambos y la hija de ella deciden irse a vivir a Estados Unidos al hogar de él. Tras un tiempo la felicidad y la dicha de la pareja parece atenuarse, dando muestras de que el amor que ambos compartían se encuentra en un punto muerto. Maryna y su hija deciden volver a Europa y tras ello Neil se reencuentra con Jane (Rachel McAdams) antigua amiga con la que parece nacer una nueva oleada de sentimientos que posiblemente comiencen a alejarle el recuerdo de Maryna. Mientras, el padre Quintana (Javier Bardem), párroco de la ciudad en la que vive Neil, se debate interiormente entre la búsqueda de la fe, su propia felicidad y el amor de carácter divino.




Soy un admirador de Terrence Malick, nunca he visto una película suya que me decepcionara totalmente y dos de ellas son piezas destacadas para mi persona. El Árbol de la Vida me parece una obra fascinante llena de poderoso lirismo mostrado por una cámara que parece una fuerza de la naturaleza y que sabe captar con la misma grandeza los tiempos más duros de una familia del sur de Estados Unidos con una madre cándida y un padre autoritario, como la creación del planeta Tierra como tal. La Delgada Línea Roja en cambio está en un Top 5 de mis películas favoritas de la historia del cine. Una obra que sólo con su trailer ya hace que se me salten las lágrimas y que nos habla de la puereza de la naturaleza y el origen del mal en el ser humano en el marco del desembarco en Guadalcanal no puede recibir otro apelativo por mi parte que no sea obra de arte.




El problema con To the Wonder es que aún teniendo en su interior todas las constantes de su autor y de seguir esa arriesgada senda que el mismo había tomado con su obra inmediatamente anterior no deja de parecer una Cara B de aquella, realizada en ocasiones con metraje sobrante de dicho trabajo. No quiero decir con ello que el último film de Malick sea una cutrez impropia de su discurso autoral, pero sí parece haber sido llevada a cabo con el piloto automático (siempre dentro de su personal e intransferible sello como autor, que es de los más interesantes del cine contamporáneo) como si esa poesía visual que le caracteriza desde sus inicios aquí estuviera más forzada o autoimpuesta que en ocasiones pretéritas.




Con todo el film posee escenas de una brillante plasticidad llenas de vida y lirismo, la mano de Malick se percibe en cada encuadre, ya que hablamos del director actual que posiblemente sea poseedor del look visual más poderoso del cine contemporáneo, pero no dejamos de pensar en ningún momento al ver To the Wonder que nos encontramos ante una versión inferior de The Tree of Life  que en más de una ocasión cae en la cursilería, el tono de postal y la impostura estilística. Por primera vez y sin que sirva de precedente sí hay ocasiones, en esta ocasión, en la que un servidor ve en una obra de Malick imágenes que podrían haber aparecido fácilmente en una anuncio publicitario de perfumes caros.




Pero si hay un problema grave que hiere considerablemente al conjunto de la obra, incluso me arriesgaría a decir que su ausencia la mejoraría, es la inadecuada voz en off. El uso que Malick ha hecho de este recurso narrativo en ocasiones ha sido exhultante, pero en To the Wonder es sencillamente lo peor de la velada. Aquellas preguntas existenciales sobre la vida, la presencia de un dios superior, la pureza de la naturaleza o del mal inherente en el hombre que pudimos escuchar en trabajos como La Delgada Línea Roja, El Nuevo Mundo o El Árbol de la Vida dejan lugar a elucubraciones cursis, repetitivas, artificiosas y teatrales (en el peor sentido de la palabra) sobre amor que más que a obras previas del cineasta o dramas románticos de nivel nos retrotrae a la literatura barata de autoras como Corín Tellado.




Tampoco ayuda el ineficaz montaje realizado a diez manos que debieron sufrir lo suyo con su labor ya que con To the Wonder se confirma aquello de que Malick rueda cantidades industriales de celuloide con cada una de sus películas y luego descarta muchísimos minutos de metraje (de ahí el descontento de actores que ven sus papeles muy reducidos en sus films y algunos que desparecen por completo en los mismos) realizando una edición muy ajustada. El trabajo aquí hace que la subtrama de Rachel McAdams parezca una anécodta casi sin importancia (cuando no debería ser así) y que toda la historia del padre Quintana dé la impresión de estar metida con calzador y que si se eliminara del corte final del largometraje no influiría en el resultado del producto a ningún nivel.




Ni siquiera el buen hacer de unos actores que han admitido que Malick da mínimos detalles para que ellos tengan una considerable libertad a la hora de interpretar consiguen elevar demasiado el nivel de la obra. Un Ben Affleck que sigue confirmando que con los años va mejorando como actor, una Olga Kurylenko frágil y etérea y una aceptable Rachel McAdams en sus pocos momentos de metraje hacen lo que pueden para que las repetetitivas escenas de besos, miradas, achuchones varios y jugueteos continuos sean creibles y no conduzcan (demasiado) al hastío. Pero realmente poco de amor se ve en esas imágenes ya que no todos los cineastas saben transmitir romanticismo sin apenas diálogos. Wong Kar Wai sólo hay uno, por suerte para unos y desgracia para otros.




Pero el que peor lo tiene es Javier Bardem dando vida a un personaje que anda tan perdido como el mismo el actor. Lo bueno es que el protagonista de No es País Para Viejos tiene el suficiente talento como para sacar adelante el papel que sea y aquí se muestra convincente como sacerdote con dudas en permanente búsqueda del ser superior que supuestamente da sentido a su propia existencia. Pero ni su rol está bien desarrollado, ni su interacción con los personajes principales está bien perfilada, ni su historia añade a la trama algo que no sean elucubraciones teológicas de andar por casa que tienen mucho de dogmáticas y adoctrinadoras, al contrario de las que destilaba El Árbol de la Vida, que eran mucho menos sentenciosas y sesgadas.




Podemos quedarnos con el poder de las imágenes que le dan forma, la soberbia fotografía de Emmanuel Lubezki, la labor de unos actores que saben transmitir la pureza (que no pasión) de sus personajes y hasta el trabajo de su director tanto con la cámara como con el casting. Pero To the Wonder es una cinta más o menos fallida que convierte en defectos lo que en Malick siempre han sido virtudes (deconstrucción narrativa, introspección, parajes bocúlicos de una belleza desarmante). Poca reflexión sobre el amor y las relaciones de pareja encontramos en estas casi dos horas de metraje y tampoco nos da demasiadas pistas sobre cómo encontrar al creador (en el caso de creer en su existencia) porque por mucho que me duela con su última cinta Terrence Malick me ha decepcionado, porque una cosa es querer seguir la misma senda que abrió con su anterior film (arriesgado, atípico casi anticomercial) y otra que nos ofrezca una versión para dummies de aquel y por ahí no paso, por mucho que sea el señor que me enseñó que en una guerra todos los hombres tienen el mismo rostro.



sábado, 20 de abril de 2013

Tesis Sobre Un Homicidio



Título Original Tesis Sobre Un Homicidio (2013)
Director Hernán A. Golfrid
Guión Patricio Vega basado en la novela de Diego Paszkowski
Actores Ricardo Darín, Alberto Ammann, Arturo Puig, Calu Rivero, Fabián Arenillas, Mara Bestelli, Antonio Ugo, José Luis Mazza, Mateo Chiarino, Natalia Santiago, Ezequiel De Almeida, Cecilia Atán




Segunda cinta del argentino Hernán A. Golfrid, que adapta la novela homónima de su compatriota Diego Paszkowski, protagonizada por Ricardo Darín, Alberto Ammann y la debutante Calu Rivero entre otros. El estreno en su país de origen (el largometraje es una coproducción hispanoargentina) fue un sonoro éxito en tierras porteñas llegando a reunir un millón de espectadores en su séptima semana en cartel, confirmando su buena carrera recaudatoria y su permanencia en las carteleras. En España se estrenó el pasado día 5 de Abril y aquí ha pasado más o menos desapercibida entre el público, pero ha sido recibida de buena manera por la prensa especializada.




Roberto Bermúdez (Ricardo Darín) es un abogado retirado que ejerce como profesor de derecho penal. Un día mintras él da clase es descubierto en el campus el cadáver de una chica brutalmente violada y asesinada con un extraño modus operandi. Ricardo está convencido de que el culpable del crimen es Gonzalo Ruíz Cordera (Alberto Ammann) estudiante argentino que lleva años viviendo en España y que ha vuelto durante un tiempo a su país de origen para terminar sus estudios. Ente los dos dará comienzo un juego de pistas, trampas y medias verdades a modo de persecución entre gato y ratón, en el que nada parece claro y todo se complica cada vez más.




Tesis Sobre un Homicido es un rutinario thriller de intriga que no saldría de la mediocridad si no fuera por su reparto, sobre todo un enorme (¿cuándo no lo está?) Ricardo Darín. La cinta toma bases del cine noir para sustentar una trama que es muy parecida (puede que demasiado) a la de Ténebre, entretenido giallo ochentero del italiano Dario Argento protagonizado por Anthony Franciosa, Daria Nicolidi y John Saxon. Por ello, y gracias al efecto dominó, también guarda varios puntos en común con la seminal (en más de un sentido) Instinto Básico del holandés Paul Verhoeven pero sin el erotismo carnal y la desprejuiciada explicitud de aquel.




Hernán A. Golfrid en la dirección y Patricio Vega en el libreto tratan de evitar por todos los medios las trampas para confundir gratuitamente al espectador, pero rara vez lo consiguen. La cinta va dejando trampas falsas de un tono bastante descarado para que estemos todo el film pensando en cuál de los dos actores principales es el asesino. Para ello abusan de perspectivas, puntos de vista, secuencias de pensamiento de marcado onirismo para que dudemos del buen juicio del rol que las experimenta, pone en boca de sus actores palabras que parecen delatarlos claramente como autores del homicidio para al final homenajear (una vez más) a la cinta protagonizada por Michael Douglas y Sharon Stone con un final que no sé si estará en la novela original, pero transmite vagedad o inconsistencia más que otra cosa.




A pesar de que un campus universitario (y sus inmediaciones) es un marco incomparable pare este tipo de largometrajes y que a pesar de algunos efectismos visuales el trabajo de A. Golfrid en la dirección no es nada desdeñable (interesante el plano secuencia con el protagonista desordenando toda su oficina) lo que consigue sacar adelante a Tesis Sobre Un Homicidio son sus actores. Cuando nos acostumbramos a la mezcla de acento castellano y porteño de Alberto Ammann podemos disfrutar de su buen trabajo como Gonzalo. Consigue con su papel transmitir carisma y desconfianza al mismo tiempo, pero también nos regala alguna que otra mirada de loco que nos hace pensar (una vez más de manera tramposa) que él es el homicida. A la debutante Calu Rivero le falta rodaje (se nota demasiado que está recitando y con algo de apatía) pero no lo hace nada mal y cumple con su cometido como secundaria.




Pero luego tenemos a Ricardo Darín, lo que vendría a ser la representación cinematográfica del argentino medio, y como ha hecho en incontables ocasiones anteriores eleva a los altares una cinta que sin él no tendría ni el 20% de su eficacia. Sabemos que el actor de El Hijo de la Novia es tan versatil que no se le resisten ni el drama ni la comedia, de modo que aquí aúna las dos vertientes como ese torturado profesor, con tortuoso hecho de su pasado en la abogacía marcando a fuego su personalidad, (de nuevo ecos de cine negro) que no deja de tener salidas cómicas con sus alumnos  oallegados que nos confirman que si es uno de los actores de habla hispana más cotizados y demandados internacionalmente es con motivo, no hay más que ver todas las sensaciones y matices que transmite en una escena tan sencilla (pero importante) como en la que se está duchando.




Tesis Sobre Un Homicidio se deja ver sobre todo en una tarde de domingo en la que no haya nada mejor que ver en televisión. Quien vaya buscando otra nueva El Secreto de Sus Ojos se va a dar una hostia de campeonato, porque con lo que nos encontramos es con una obra para pasar el rato llena de clichés y caminos mil veces transitados que no molestan demasiado pero tampoco consiguen que la trama a la que dan forma capte toda la atención que debiera del espectador. Quedémonos con el equipo artístico que le salva la papeleta al director y que nos confirma aquello de que los argentinos son posiblemente los actores más naturales de América latina cuando se ponen delante de una cámara.



jueves, 11 de abril de 2013

Crash, de James G. Ballard



James Graham Ballard (1930-2009) fue uno de los autores clave dentro de la Nueva Ola literaria británica durante la segunda mitad del pasado siglo XX. Obras como La Exhibición de Atrocidades, La Isla de Cemento o más tarde Fuga del Paraiso confirmaron su relevancia dentro del panorama de la ciencia ficción literaria, aunque también saborearía las mieles del éxito en 1984 con la obra autobiográfica El Imperio del Sol que el célebre director norteamericano Steven Spielberg llevaría a imágenes en la recuperable cinta homónima estrenada tres años después protagonizada por un Christian Bale de 13 años de edad. En 1973 Ballard editó la que es posiblemente su novela más conocida y casi con toda seguridad la más polémica de todas las que escribió durante su carrera como escritor.

Crash narra como James Ballard (el protagonista tiene el mismo nombre que el autor) tras sufrir un aparatoso accidente de tráfico, y momentos después del impacto, crea un extraño vínculo de atracción física con Helen Remington, la mujer del auto con el que ha colisionado en cuyo incidente fortuito  ha fallecido su marido. Esta desconocida persona introducirá a Ballard en un extraño mundo en el que un grupo de personas, comandadas por el misterioso Robert Vaughan, realizan una peligrosa fusión entre sexo y muerte debido a una enfermiza fijación que dichos miembros sienten por la colisiones autmovilísticas. Ballard y su esposa Catherine, serán arrastrados por Vaughan a esta espiral de autodestrucción en la que carne y metal forman un mismo ente que les conducirá a descubrir parafilias sexuales cuya naturaleza obscena e inhumana pondrá en peligro sus propias vidas. A continuación spoilers varios del libro y su versión cinematográfica.

El mayor logro de la séptima novela de James G. Ballard para el que suscribe es utilizar una narrativa elegante y una prosa adecuada para describir actos de una naturaleza tan enfermiza que retratados de una manera más burda hubieran dado forma a una obra pornográfica de medio pelo que devoraría completamente el mensaje que contiene el escrito y que es altamente interesante. Ya que detrás de esa visión mórbida de una sexualidad aterradora con la que retrata personajes que parecen enfermos mentales se esconde una atemporal (la novela cumple este año 40 años y no los aparenta en absoluto) visión nihilista y gélida sobre la incomunicación y la vacuidad existencial a la que se ve abocado el hombre moderno, mensaje que otros escritores como Breat Easton Ellis (American Psycho) o Chuck Palahniuk (El Club de la Lucha) tomaron como referente literario para crear algunas de sus obras más emblemáticas que posteriormente tendrían, al igual que Crash, sus adaptaciones cinematográficas correspondientes.

El sexo en Crash es explícito, crudo y en numerosas ocasiones enfermizo a unos niveles considerables. Interesante sería analizar la obsesión del Ballard escritor con los orificios del cuerpo humano (sobre todo el anal) y cómo en los encuentros (o más bien choques, alegóricamente hablando) físicos de sus criaturas parece obsesionado con crear nuevos para que el acto coital evolucione físicamente en una coreografía aterradora y caótica que tiene poco de sensual (al menos a mí el libro en ningún momento me excitó con su lectura) y sí mucho de inhumano. Pasajes como en el que Ballard mantiene relaciones con Gabrielle o los momentos en los que el personaje principal o el de Vaughan imaginan dantescos accidentes de circulación en los que los implicados sufren incontables y brutales mutilaciones (con especial hincapié en las genitales) para sentir excitación sexual dan una imagen desoladora sobre las psicopatologías del ser humano.

En cierta manera es algo extraño que Crash esté adscrita al género de la ciencia ficción pero hay pasajes que  confirman que sí, pertenece a ese tipo de narrativa. Por un lado tenemos los que son los momentos más logrados del  libro, cuando Ballard narra con una delectación minimalista cómo los cuerpos humanos que mantienen relaciones sexuales dentro de los automóviles se fusionan con las partes que dan forma a los mismos, llegando, con una elegancia desarmante dentro de la escatología, a hablar de una fusión entre carne y metal, esperma y líquido refrigerante en el que toma forma una nueva criatura engendrada por la unión multiforme del coche y los conductores que en ocasiones remite a las obras pictoricas de H.R. Giger. También el pasaje en el que Ballard y Vaughan experimentan con ácido culminando con su primer (y último) encuentro sexual tiene deudas estilísticas y conceptuales con el subgénero cyberpunk debido a las visiones casi mesíánicas de los dos personajes cuando circulan por la autopista.

Viendo que en sus páginas Ballard narra momentos de comunión física y existencial entre máquinas y seres humanos a pocos pilló desprevenidos que el canadiense David Cronenberg, el padre de la "Nueva Carne", decidiera llevar a imágenes Crash. Lo hizo en 1996 y de una manera tan sobresaliente que consiguió dar forma a uno de esos (pocos y privilegiados) largometrajes que superan a su base literaria. La cinta protagonizada por James Spader, Holly Hunter, Elias Koteas, Rosanna Arquette y Deborah Kara Unger conserva intacto el mensaje de la novela, extrapola con pericia analítica el sexo enfermizo, crudo, quirúrgico, pero sin necesidad de recrearse en la pornografía (que no en el sexo explícito que lo hay, pero bastante moderado) o el gore (los accidentes que hay en el metraje están medidos, justificados y tienen poco de sensacionalistas). Los personajes están muy bien perfilados y en todo momento recuerdan a los del libro, sobre todo el demente Vaughan al que da vida un inspiradísimo Elias Koteas, y el director de La Mosca añade apuntes interesantes y elimina ideas que en las páginas quedan bien pero en la pantalla hubieran chirriado.

Para empezar obvia narrar el largometraje a modo de flashback (el libro comienza con la muerte de Vaughan y a partir de ahí Ballard relata su relación con él durante los últimos meses), la acción tiene lugar en Toronto, no en Londres, también elimina de una tacada la obsesión de Vaughan (aquella que le cuesta la vida) de tener un accidente de tráfico con la actriz Elizabeth Taylor pero no elude la obsesión de este y sus acólitos con los siniestros mortales de las estrellas del Hollywood clásico, es más, la inclusión de la recreación del  de James Dean protagonizado por los personajes de Vaughan y Colin Seagrave (socio del primero y especialista en escenas de riesgo para el cine relacionadas con coches) es, no sólo uno de los mejores momentos del film, también un pasaje que muestra de manera cristalina los niveles de obsesión con la comunión entre sexo y muerte que dicha hermandad profesa de manera tanto compulsiva como peligrosa.

También sería destacable mencionar que cuando la tensión sexual entre Ballard y Vaughan eclosiona el coito resultante no es impulsado por la ingesta de sustancias psicotrópicas como catalizador, de esta manera la atracción homoerótica (latente durante toda la historia) entre los dos hombres tiene una solidez más considerable que en las páginas de la novela. Por úlltimo, y una vez más, un cambio en la resolución de la narración da un matiz un tanto diferente a film y novela que deja en mejor lugar a la primera. Si bien en la novela al morir Vaughan Ballard continúa su legado como si aquel fuera una figura mesiánica a la que seguir e idolatrar soñando con un mundo lleno de eyaculaciones confundidas con choques frontales de carácter mortal entre autos en el film el personaje interpretado por James Spader ocupa el lugar del que da vida Elias Koteas a modo de pérfida selección natural darwiniana, llegando incluso un servidor a percibir (como ya comenté en la crítica de la obra, que algún día revisaré porque la veo a día de hoy muy incompleta) cierta visión depravada y lasciva del matrimonio como institución impía que todo lo devora.

Volviendo a la novela, que es la que nos ocupa, nos encontramos con un relato extremo en su superficie pero profundamente lúcido en su interior. Un retrato inmisericorde del hombre del siglo XX (y el XXI, indudablemente) por medio de la aplicación de metáforas relacionados con sexo y muerte, Eros y Thanatos, extasis y agonía. No sé si es el clásico de la literatura moderna del que tantos hablan, pero sí es una lectura interesantísima, profundamente original, con ecos de el Marqués de Sade o Pier Paolo Passolini e incluso Luis Buñuel. Lo único cierto es que el fresco que realiza sobre la parte más oculta y oscura de nuestra psicología es tan preocupante como desesperanzadora. 40 años después James G. Ballard no sólo tenía razón con lo que nos narraba en Crash, posiblemente, y por desgracia, se quedó corto con su análisis de esta visión autodestructiva y lasciva de nuestra insensibilizada sociedad.



miércoles, 10 de abril de 2013

Chemical Wedding, aquellas juergas universitarias con Aleister Crowley



Título Original Chemical Wedding (2008)
Director Julian Doyle
Guión Bruce Dickinson y Julian Doyle
Actores Simon Callow, Kal Weber, Lucy Cudden, Jud Charlton, Paul McDowell, John Shrapnel, Richard Franklin, Terence Bayler, Robert Ashby





Paul Bruce Dickinson nació el 7 de Agosto de 1958 en Nottinghamshire, Inglaterra. Es mundialmente conocido como el cantante de la banda de heavy metal Iron Maiden y una de las voces más importantes de la historia del rock, además compone, toca la guitarra y la batería. Pero también es piloto, empresario, presentador de programas de radio, ha escrito novelas y es un dotado esgrimista que incluso estuvo apunto de representar a su país en las olimpiadas de Barcelona de 1992 en este deporte, llegó hasta a formar parte de las filas del Partido Conservador de Reino Unido. En resumidas cuentas hablamos de lo que normalmente se conoce como un "hombre del Renacimiento" y como no podía ser menos el cine no se le iba a resistir. Aunque claro está, viendo su debut como guionista en la pantalla grande, no es que se le haya resistido, es que lo ha matado de una brutal paliza, porque lo de esta Chemical Wedding no tiene nombre.




No es el primer caso en el que una figura del mundo de la música se encapricha con el sépitmo arte, con mayor o menor fortuna. Ahí tenemos a David Bowie que ha participado en productos destacados como The Prestige, La Última Tentación de Cristo, El Ansia o Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo. También Bono, vocalista de U2, debutó como guionista en Million Dollar Hotel, la fallida, pero indescriptiblemente lírica en algunos momentos, cinta de Wim Wenders. Posiblemente al que mejor le haya salido la jugada por demostrar tener talento para esto del cine es al cantante de metal industrial Rob Zombie que ha dirigido una manita de cintas bastante remarcables que recuperan el tono crudo y descarnado del cine de terror estadounidense de los años 70, aquel que forjaron autores como Tobe Hooper (La Matanza de Texas) o Wes Craven (Las Colinas Tienen Ojos, La Última Casa a la Izquierda).




Pero el resultado de la incursión de Dickinson en el mundo del cine no puede recibir otra calificativo que no sea nefasto. Chemical Wedding comparte título con el magnífico trabajo discográfico The Chemical Wedding que el mismo Bruce editó en 1998 durante el largo periodo que permaneció alejado de Iron Maiden, ocupando por aquel entonces su lugar en la banda el cantante Blaze Bailey. Aquel disco estaba inspirado en los escritos del poeta William Blake y realmente no tiene nada que ver con la cinta que nos ocupa. Esta última está basada (muy libremente, demasiado) en la figura del afamado ocultista británico Aleister Crowley. Pero no se trata de un biopic o un rendido homenaje a su persona y obra, sino un batiburrillo cutre, ininteligible y estúpido hasta extremos enfermizos que mezcla géneros, disparates y escenas para el recuerdo por sus altos niveles de desvergüenza.




Es difícil hablar del argumento de Chemical Wedding porque yo creo que ni Dickinson ni su co guionista y director, Julian Doyle (antiguo colaborador de los Monty Python y de Terry Gilliam como cineasta en solitario), tenían idea de lo que estaban haciendo y casi con toda seguridad bajo el influjo de ingentes cantidades de psicotrópicos. Así en bruto podemos decir que el ocultista Aleister Crowley se reencarna por medio de una extraña (por no decir cutre)  máquina en el cuerpo de un tímido profesor de la universidad de Cambridge. Cuando el "hombre más malvado de Gran Bretaña" toma la forma del apocado y tartamudo docente trata de inculcar su ideario ocultista y maléfico, no por medio de rituales ancestrales y satánicos (que también), sino por la más burda e inesperada escatología.




Cuando el film arranca como una amalgama cutre de El Club de los Poetas Muertos de Peter Weir con If... de Lindsay Anderson Aleister Crowley (interpretado por Simon Cowell que se ve que se lo pasó de puta madre haciendo el imbécil y encima cobrando) se mea, literalmente, en sus alumnos, deja enormes mojones de mierda humeantes (detalle importante que certifica la reciente deposición de la hez fecal) en la mesa de otros profesores y tiene su cumbre en una escena inenarrable (haré lo que pueda para explicarla) en la que el creador de la filosofía religiosa de Thelema se masturba durante un ritual eyaculando en una hoja con unas extrañas escrituras que es mandada por fax a uno de los personajes principales que la recibe... con esperma incluído.




La obra, que empieza como una cinta de intriga cutre entre hermandades al más puro estilo masón y con apuntes de ciencia ficción de baratillo con un laboratorio que parece sacado de una película de Ed Wood (ese traje para viajar en el tiempo o lo que sea parece inspirado en el de Astraco, mítico personaje del traumatizante programa infantil de la televisión española, Los Mundos de Yupi) se va convirtiendo poco a poco gracias a la gradual introducción (nunca mejor dicho) de tetas, desnudos, penes de plástico, onanismos forzados y orgías en una revisión de films como Movida en la Universidad (Zapped!) con apuntes de El Show de Benny Hill mezclado con una versión british de varias de las películas del destape protagonizadas por los inefables Andrés Pajares y Fernando Esteso durante los años 80 en nuestro país.




Se supone que Bruce Dickinson siente admiración por la personalidad polémica y misteriosa de Crowley y por el grueso de su obra, pero en Chemical Wedding parece que lo único que quiere es reírse de su legado mostrándolo como un viejo verde que esputa divagaciones existencialistas que el cantante de Iron Maiden parece no haber entendido ni de refilón o malinterpretado hasta límites vergonzantes. Vamos, que el autor de Birng Your Daughter to the Slaughter ha hecho algo parecido a lo que Frank Miller realizó con su versión cinematográfica de The Spirit. Según él un homenaje al mítico personaje de cómic creado por su mentor y amigo Will Eisner, para los ojos del resto del mundo un enorme estropicio que lo único que afirmaba es que si el bueno de Frank desde hace años anda perdido en el mundo del noveno arte en el del séptimo no se mueve con mucha más inspiración si no es de la mano de otros cineastas.




Con todo no me arrepiento de haber visto Chemical Wedding, porque hacía mucho que no me reía tanto con una película que no es una comedia o que no pretende serlo... mucho al menos. Escenas descacharrantes como las que he mencionado, personajes que ni los mismos actores se creen o que llegan a interpretar entre risas que no sabemos si estaban en el guión o no, canciones de Iron Maiden metidas con calzador en la trama y unos subtítulos terribles que parecían haber sido traducidos por Tarzán hicieron que la tarde en la que mis acompañantes y un servidor vimos el debut en el mundo del cine de Bruce Dickinson no fuera un total desperdicio de tiempo. No se puede estar en la cincuentena, conservar una voz envidiable dentro de un género tan duro para los cantantes como el del heavy metal, ser versatil en muchos campos y encima un buen guionista de cine. No se puede tener todo Bruce, esto no es lo tuyo.



lunes, 8 de abril de 2013

Quarantine 2: Terminal, aterriza como puedas



Título Original Quarantine 2: Terminal (2011)
Director John  Pogue
Guión John Pogue
Actores Mercedes Masohn, Josh Cooke, Mattie Liptak, Ignacio Serricchio, Noree Victoria, Bre Blair, Lamar Stewart, George Back





Pongámonos en situación. La cinta española  [•REC] dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza sobre un equipo de rodaje de un programa de tv que se ve encerrado en un inmueble barcelonés asediado por un grupo de infectados (más tarde descubrimos que poseidos, como pudimos ver en sus dos secuelas) fue un éxito dentro y fuera de nuestras fronteras. En Estados Unidos se hicieron eco de la interesante carrera comercial del largometraje y decidieron, una vez más, hacer su versión. El resultado fue Quarantine, un calco casi plano por plano de la obra original, mucho menos logrado, profundamente impersonal, perezoso en cuanto a inventiva hasta límites bochornosos y fusilado por el semidesconocido realizador John Erick Dowdle.




Dicha revisión tuvo una repercusión aceptable en Estados Unidos, de modo que tan sólo tres años después llegó, estrenada de tapadillo y sólo en el mercado doméstico, una secuela titulada Quarantine 2: Terminal. Dicha segunda parte no es otro remake de [•REC]², continuación de la obra original de Balagueró y Plaza ideada por ellos mismos, ya que se desvincula completamente de aquella narrando una historia que tiene lugar primero en un avión y más tarde en una terminal de aeropuerto abandonada. El resultado es dificilmente descriptible con palabras, pero un servidor va a realizar un esfuerzo hercúleo para intentar expresar lo que este engendro salido del vientre de Satán transmite como producto audiovisual.




Un avión con destino a Nashville sufre problemas poco después de su despegue cuando uno de los pasajeros aparenta padecer una especie de enfermedad contagiosa que lo vuelve violento e inestable. El pasaje consigue reducir al individuo en concreto y el avión finalmente aterriza en un aeropuerto cercano que parece estar abandonado. Poco después los tripulantes descubrirán que en su vuelo viajaba un peligroso virus altamente contagioso que puede haberlos infectado a todos. El ejército no tardará en hacer acto de presencia para declarar en cuarentena el aeropuerto y así mantener a raya a las personas que han sido expuestas a dicho virus.




Cuando uno termina Quarantine 2: Terminal se hace varias preguntas interesantes. 1 ¿Por qué no la quitamos a los 10 minutos?, 2 ¿Por qué parece una película de serie B erótica sin una mala teta?, 3 ¿Por qué su calidad media como producto cinematográfico hace que esos telefilms de sobremesa con títulos en los que siempre aparecen palabras como "Peligroso/a", "Pasíón u "Obsesivo/a" (podéis jugar a mezclarlas  indscriminadamente, siempre os saldrá algo interesante) parezcan Ciudadano Kane a su lado?, 4 ¿Por qué parece que sus creadores no estaban mirando por el combo mientras se rodaba sola o por medio el pobre becario en prácticas?, 5 ¿Por qué hacer una secuela tan terrible y alejada de una cinta que si bien era un remake pobre no dejaba de ofrecer algún momento interesante y resoluciones (copiadas sí, pero efectivas) que la convertían en un producto entretenido?




Al ver un servidor que las personas que ultrajaron semejante ponzoña se alejaron del formato de falso documental de la cinta original para realizar un producto cuya estética es deudora de las cientos de secuelas de Emmanuelle en el Espacio pero sin sexo o que aquellos infectados que vomitaban sangre y gritaban como condenados mientras se arrojaban bestialmente contra los protagonistas aquí se han visto reducidos a personas a las que les acentuado las venas de las manos, les han puesto unas miserabes lentillas rojas y lo que esputan por su boca es baba y no hemoglobina (de zombies han pasado a ser protagonistas de películas del destape) o que los actos más "brutales" que llevan a cabo son empujar o dar cabezazos en la boca a pobres azafatas de avión es el momento de arrancarse los ojos o admitir que no se está viendo cine, al menos uno con un mínimo de coherencia.




Es una tontería pararse a analizar los personajes, porque no es que sean los típicos clichés manidos (la líder puesta en entredicho, el niño repelente y rarito, la preñada, la vieja impertinente, destacando una pareja joven que se pasa casi toda la película comiéndose la boca) y mil veces vistos, es que están pobremente perfilados (algunos no abren la boca para nada) y están interpretados por actores supuestamente atractivos y desconocidos que seguramente se curtieron participando en películas eróticas de medio pelo y que se metieron en este lío porque por culpa de la crisis dios aprieta, ahoga, escupe en la cara y defeca sobre todo hijo de vecino, sea un actor de mala muerte o no.




El decorado de la terminal del aeropuerto parece un descarte de la miniserie de tv de los Langoliers (basada en el relato de Stephen King) y los efectos ¿digitales? parecen realizados hace 20 años, es más, los de la infame, pero importante por su avance dentro de los efectos especiales creados por ordenador, El Cortador de Césped (basada, muy libremente, también en una historia del escritor de Maine) son incluso mejores. El montaje parece haber sido realizado a bocados por una cabra con epilepsia y la dirección es tan pobre, tan desganada e insulsa que se hace dificil no pensar que el realizador colocaba la cámara aleatoriamente en el set de rodaje y si en algún plano los actores pasaban por delante del objetivo, mejor que mejor, pero si no, pues no pasaba nada.




No hay tensión, no hay terror, no hay gore, sólo gente diciendo estupideces, tópicos puestos en fila india, una poca profesionalidad vergonzosa y una apatía alarmante. Se nota la escasez de presupuesto (sólo tres o cuatro militares hacen aparición) los hamster que supuestamente están mutando son mostrados en off incluso cuando alguno de los protagonistas los ataca y las escenas de supuesto terror dan pena, ya que las mismas están sustentadas en decisiones imbéciles por parte de los personajes (la carrera por el túnel durante el final con el puto crío con las gafas de infrarrojos que no quiere irse es la mejor campaña en favor del aborto que he visto en mi vida) y el final con un croma que parece salido de un juego de la Master System II cierra la película como se abrió, oliendo a mierda.




El cine no se merece cosas como Quarantine 2: Terminal. Es un medio que nos ha regalado horas y horas de grandes momentos de ocio como para hacerle esto. No sé que droga dura se metieron los adictos a la coprofagia que idearon este aborto, pero que se alejaran tanto de la primera parte (de las cintas españolas ya no digo nada) que con un par de apuntes desacrediten todo el argumento de la primera Quarantine (ni Niña Medeiros, ni Vaticano, ni poseídos, ni mierdas, experimentos del gobierno con ratas y punto en boca) y que dieran el visto bueno a este engendro para que sea comercializado en los videoclubs cerca de nuestros hijos es algo que me hace perder la fe en la humanidad. Por último y confirmando que la estupidez en contagiosa debo resaltar el título que le han dado al film en España, Cuarentena Terminal, que nos confirma de manera cristalina que el traductor no tenía ni repajolera idea de que la terminal a la que se refiere el nombre original es a una de aeropuerto y que no tiene nada que ver con la Cuarentena en sí.


Sinister, the children's hour



Título Original Sinister (2012)
Director Scott Derrickson
Guión C. Robert Cargill y Scott Derrickson
Actores Ethan Hawke, James Ransone, Juliet Rylance, Vincent D'Onofrio, Fred Dalton Thompson, Clare Foley, Michael Hall D'Addario, Victoria Leigh





Cuando en el cartel la venden como una cinta ideada por los productores de Paranormal Activity e Insidious  lo cierto es que no engañan en absoluto al espectador, porque con Sinister es lo que hay, para bien y para mal. La tercera cinta de Scott Derrickson deja de lado la insípida, impersonal y anodina impronta de su olvidable remake de Ultimatum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still ) y vuelve en cierta manera al tono de terror más crudo de la aceptable pero demasiado amarillista El Exorcismo de Emily Rose. El resultado no está mal, carece casi totalmente de originalidad, pero ofrece los suficientes momentos acertados como para nos ser tomada por una cinta fallida.




Ellison Oswalt (Ethan Hawke), un escritor de relatos criminales, se muda junto a su familia a una casa en la que tuvieron lugar distintos casos de misteriosos asesinatos. Ya instalados en el inmueble el novelista encuentra en el ático una caja que contiene varias grabaciones en formato Super 8 en las que se registran de primera mano los crímenes llevados a cabo en su nuevo hogar. Ellison decide no avisar a la policía ya que quiere utilizar todo el material para escribir su próximo trabajo literario que parece retrasarse interminablemente. Pero el carácter ritualístico de las macabras ceremonias de muerte y la presencia de una extraña figura en todas y cada una de las grabaciones harán que el escritor se arrepienta de su decisión.




Sinister se ve con simpatía, tiene momentos conseguidos y logra transmitir hasta cierta tensión en varios de sus pasajes. El problema es que su trama es un collage multireferencial a todo tipo de cintas previas de terror y no sólo las ya mencionadas Paranormal Activity (y secuelas) o Insidious, sino también a El Resplandor o Amityville (la obsesión del protagonista con la casa y los hechos acontecidos allí, la alargada sombra del alcoholismo) La Semilla del Diablo (Rosemary's Baby) y a una larga galería del films de terror satánico de serie B forjados en los crudos y descreidos años 70. No hay nada nuevo en el horizonte, casi todo lo que en ella se narra nos lo sabemos al dedillo y los tópicos están a la orden del día en su argumento.




Pero Derrickson sabe crear una atmósfera interesante que a pesar de en ocasiones mostrarse artificiosa (la de esta cinta debe ser la única casa de la historia que tiene la iluminación en el suelo en los pasillos) consigue ofrecer momentos interesantes que pueden incluso pillar desprevenido a algún espectador despistado. Los sustos están bien medidos y varios de ellos funcionan, pero en algunos de ellos el producto se une a la estúpida moda de resquebrajar los momentos de tensión silenciosa con los típicos golpes de banda sonora.Pasajes que sin esos efectismos crearían la misma (o incluso más ) inquietud en el espectador. Aunque como he comentado hay varios de ellos que consiguen impactar, véase el de la cortadora de césped.




Si hay secuencias que destacan en Sinister son las de las grabaciones en Super 8, es más, las mismas justifican el simple visionado del proyecto. Esto queda claro con la que abre el largometraje, el del árbol  que confirma casi con rotundidad en los primeros pasos del metraje que la obra tiene algo interesante que contarnos, al menos el modo en el que va a hacerlo lo es. Los vídeos que el personaje de Ellison (entregado Ethan Hawke que se esfuerza en llevar sobre sus hombros todo el peso del film, aunque no siempre lo consigue) ve con obsesiva delectación atesoran una mirada herética y hasta de tono arcano sobre el mal en toda su pureza, regado el conjunto con una atípica banda sonora de Christopher Young que mezcla ritmos y voces tribales con atmósferas oscuras que acentúan el tono diabólico de esos cortometrajes que son la piedra angular y mayor acierto de la obra.




En conjunto Sinister está lograda, utiliza cartas marcadas con la suficiente pericia como para no mostrarse como una cinta desdeñable y sabe aprovechar algunos momentos impactantes a su favor (los terrores nocturnos del hijo mayor dan mucho juego y ofrecen algún que otro apunte remarcable). Su guión no tiene toda la consistencia que debiera (la familia de Ellison está muy mal perfilada y se le da de lado en momentos clave) y carece de inventiva, pero tiene ritmo, su historia sobre satanismo y entidades ancestrales está bien tejida y se hace fuerte a la hora de transmitir una sensación de omnipresente amenaza por medio de imágenes proyectadas en una tela blanca.




Su recta final va tomando interés y aunque hay algún pasaje olvidable (las apariciones fantasmales a cámara lenta no inquietan, son ridículas y piden a gritos ser musicadas con esto sonando de fondo) su final destila la suficiente mala baba y mensaje negativista sobre legados malditos y corrupción de la inocencia (inevitable pensar en las primeras obras del español Jaume Balagueró) como para no desentonar con el conjunto del producto. No es tan destacable como La Mujer de Negro, pero tampoco tan cobarde como El Último Exorcismo o tan nefasta como Exorcismo en Connecticut. Sinister es un producto que supera la media del cine de terror sobre casas endemoniadas actual y tan pronto como se ve, se disfruta y se olvida, con eso es suficiente si no tenemos el día exigente.



lunes, 1 de abril de 2013

El Mundo es Nuestro, tarde de chuchos



Título Original El Mundo es Nuestro (2012)
Director Alfonso Sánchez
Guión Alfonso Sánchez
Actores Alfonso Sánchez, Alberto López, Olga Martínez, Daniel Morilla, Antonia Gómez, José Rodríguez, Estrella Corrientes, Miguel Ángel Sutilo, Pepa Díaz-Meco, María Cabrera Vasco, María Teresa Sandoval, Pepe Quero, Antonio Dechent





Alfonso Sánchez y su amigo Alberto López hicieron bastante ruido en la red cuando colgaron unos cuantos  cortometrajes en Youtube en los que siempre imitaban a una pareja que representaba de manera satírica e irónica a algún estrato de la sociedad andaluza, la mía. Uno de ellos, Esto ya no es lo que era, estaba protagonizado por dos canis (lo que viene a ser un flaite en Chile, por ejemplo) sevillanos marginales en paro que elucubraban sobre los problemas y posibles soluciones de los conflictos de la sociedad española actual (que no son pocos ni fáciles de arreglar). El vídeo gustó bastante y posteriormente Sánchez y López realizaron más piezas con otros protagonistas, como Fali y Rafi, siempre retratando, como ya he comentado, estereotipos de Andalucía.




El Cabesa y el Culebra son dos canis sevillanos que cansados de estar en paro y sin un duro deciden atracar una sucursal bancaria para llevarse un buen botín con el que retirarse y vivir la vida en Brasil como dos reyes. El problema es que a las dudosas dotes como atracadores primerizos de la pareja hay que sumar a aparición inesperada de Fermín, un empresario de mediana edad que cansado de la precaria situación economómica en la que se encuentra se planta en el banco con la intención de autoinmolarse con una gran cantidad de explosivos que lleva atados a su cuerpo. Las intenciones de Fermín, la aparición de la policía, los políticos y las procesiones de la semana santa sevillana serán los obstáculos que tratarán de dar al traste con el plan de nuestros protagonistas.




El Mundo es Nuestro es la primera película española financiada con el formato crowdfunding (financiación en masa o colectiva) ya que no había productora alguna que quisiera sacar adelante este proyecto ideado por el grupo Mundo Ficción. La cinta tuvo un considerable éxito gracias a la publicidad viral y el boca/oreja a pesar de haberse estrenado en contadas salas. La crítica la recibió con mucho entusiasmo y ganó dos premios en el festival internacional de Málaga. Las entradas para verla en pantalla grande no superaban los 2 €, y las ediciones en dvd y blu ray del film tienen un precio de 6 € y 13 € respectivamente, vamos una ganga y un ejemplo de distribución y comercialización perfecto para nuestro cine pero que por desgracia ha recibido más recelos que adhesiones en nuestro país, no por nada no recibió ni una sola nominación en la última gala de los premios Goya, cuando merecía más de una.




Si nos centramos en la película nos encontramos con una divertida comedia que poco parecido tiene con esa saga de Torrente con la que continuamente la comparan y con la que realmente no tiene nada que ver. Hablamos de un humor mucho menos escatológico, muy directo y accesible para el espectador (la cinta es 100% andaluza, pero su subtexto es universal), pero con dosis de inteligencia impropia dentro de este tipo de largometrajes. Es como si Luis García Berlanga y Rafael Azcona se cruzaran con unos Quentin Tarantino y Guy Ritchie para todos los públicos (hay armas y disparos en la película pero ni una gota de sangre y aún siendo española no tiene ni un sólo desnudo y la única escena de sexo está narrada en off) pero con una puesta en escena y una profesionalidad fuera de toda duda, no hablamos de una comedia chusca típicamente española a lo El Oro de Moscú, sino de un producto con un nivel de calidad considerable.




Como comento en tono paródico en el subtítulo de la entrada la influencia más clara es Tarde de Perros de Sidney Lumet, la cinta quintaesencial dentro del subgénero de atracos bancarios. Pero también tenemos ecos a los ya mencionados Tarantino y Ritchie e incluso el título del largometraje es una referencia directa a una de las frases más icónicas de la inolvidable El Odio de Mathieu Kassovitz, cinta porque la que Alfonso Sánchez (director, productor, guionista y protagonista del film) profesa una gran admiración. Pero como es evidente el film no deja de lado sus inspiraciones ideológicas más claras, las de obras españolas como Atraco a las 3 de José María Forqué y la influencia del director de Plácido o Los Jueves Milagro del que toma los díalogos ágiles, el tono satírico, los planos secuencia interminables con los actores interactuando entre ellos y la mirada ácida sobre las costumbres españolas, haciendo especial hincapié en las andaluzas.




Porque ahí es donde El Mundo es Nuestro ofrece lo mejor de sí misma, cuando se ríe y hace mofa de todo el floclore de Andalucía relacionado con la incultura, la semana santa (los protagonistas atracando el banco vestidos de penitentes, esos policías municipales que se ríen de la agente venida de Burgos cuando propone que la cofradía que va a pasar delante del banco cambie su itinerario a última hora), esos reporteros del sur tan entrañables y distraídos (la reportera Eva Moreno con los mejores diálogos cómicos de la velada), la carestía económica que lleva años asolando la comunidad autónoma y el país en general, los aprovechados que cobran el paro teniendo trabajo (ese hombre que va a sellar la cartilla del Inem vestido con mono de trabajo) y la corrupción de los políticos que dan forma a la Junta de Andalucía (enorme Antonio Dechent como el delegado del gobierno) con todo el tema de los ERE fraudulentos que están a la orden del día.




Desde ese travelling con los dos protagonistas montados en la scooter vestidos de penitentes y poniendo rumbo a cumplir su misión nos damos cuenta de que la ópera prima en el mundo del largometraje de Alfonso Sánchez (enorme como el Cabesa al igual que su compañero Alberto López dando vida al Culebra, bien cubiertos los dos por un grupo de secundarios tan desconocidos como efectivos) no es la típica comedia costumbrista española. Es una sátira inteligente, con mensaje y que en su recta final lanza una oda a la hermandad intrínseca en la figura del perdedor, ese que echó raíces en Andalucía y España, que vive con lo puesto y que está cansado de tragar con todo sin recibir nada a cambio. Recomiendo encarecidamente el visionado de esta humilde pero certera cinta y espero con ganas esas dos secuelas que Alfonso Sánchez ha dejado entrever que realizará a modo de una trilogía andaluza de pura cepa.