martes, 22 de febrero de 2011

127 Horas, el último superviviente



Título Original: 127 Hours (2010)
Director: Danny Boyle
Guión: Simon Beaufoy y Danny Boyle basado en el libro de Aron Ralston
Actores: James Franco, Kate Mara, Amber Tamblyn, Clemence Poesy, Treat Williams, Kate Burton, Lizzy Caplan

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He de admitir que tengo una paradójica relación, que alterna admiración y rechazo, con el británico Danny Boyle. Me gusta, en general, su olfato para elegir proyectos, así como lo arriesgado que es como director a la hora de afrontar depende qué temáticas o conceptos. Pero me causa muchísimo reparo su perenne estilo de realización sobrecargada, efectista y falsamente nerviosa que en ocasiones está justificada (Trainspotting, 28 Días Después) y otras no (Millones, Slumdog Millionaire) entregándose a una innecesaria preponderancia de la forma sobre el fondo.






127 Horas está basada en la novela autobiográfica de Aron Ralston, Between a Rock and a Hard Place, que narra como un día, en Mayo de 2003, haciendo montañismo y tras una caída, su brazo derecho quedó atrapado entre una enorme roca y una pared de piedra dentro del cañón de Blue John, en el desierto de Utah. El film retrata esos agónicos casi 5 días y la odisea de Ralston para intentar salir de tan calamitosa situación con vida. ¿Lo consiguió? Pues sí. Que más tarde escribiera un libro sobre tal hecho no da pie a la confusión. Y no es ningún spoiler.




El film, digámoslo ya, es un producto harto entretenido que cumple su cometido de llamar la atención del espectador lo suficiente como para que el mismo empatice con la desdicha de su protagonista y como no, para servir como homenaje a la persona de Aron Ralston. Los 90 minutos que dura el metraje no dan respiro en ningún momento, pero debido a esto, Boyle, una vez más reincide en una dirección artficiosa e innecesariamente frenética, pero esta vez con un motivo poco consistente, lo que pone en entredicho una vez más sus dotes como verdadero cineasta.




Los motivos por los que el director de Tumba Abierta (Shallow Grave) recurre una vez más a un tipo de realización tan exagerada, más que técnicos, visuales o narrativos, son del todo peregrinos, pero hasta cierto punto comprensibles. No aburrir al espectador. Boyle es consciente de que una historia de un hombre inmovilizado dentro de una grieta de piedra y con el brazo atrapado entre una roca y una pared reduce el mínimo su campo de maniobrabilidad como director y por ello recurre a toda una gama de trucajes de realización y montaje que ya no nos pillan desprevenidos, porque los arrastra desde sus inicios, pero que en cierta manera ya cansan.




Pantalla partida, polivisión, planos detalle, montaje sincopado, tomas imposibles, flashbacks, imágenes oníricas, ensoñaciones. Boyle huye en repetidas ocasiones del lugar donde Ralston se encuentra confinado (la toma aérea que acaba con el plano de la botella de Gatorade es un disparate y encima nos mete la publicidad por toda la cara) porque no tiene la suficiente confianza en sus dotes como cineasta para dar ritmo a un producto dentro de un espacio tan reducido y con sólo un actor. Con ello el film pierde gran parte de la claustrofobia que debería transmitir y Boyle demuestra que al lado del Rodrigo Cortés de Buried es un aficionado a la hora de hacer este tipo de cine.




Lo peor es que Boyle no se da cuenta de que los pasajes más relajados de su largometraje son los que más funcionan y consiguen crear una atmósfera de tensión y desesperanza en el espectador. Hay un travelling lento desde la espalda del protagonista situado entre el hueco de las dos paredes de piedra que vale más, cinematográficamente hablando, que todos los planos de gargantas, venas, hemoglobina, huesos, interiores de botellas o sueños forzados, casi lisérgicos. Por suerte para Boyle su proyecto tiene en su interior algo que consigue dar verismo, naturalidad y credibilidad al conjunto. Nada más y nada menos que su actor principal.




No tengo nada en contra de actores de cara bonita siempre y cuando hayan demostrado valer para algo más que para que posters con fotos de su persona forren carpetas de adolescentes. Por eso veo mérito en intérpretes como Brad Pitt, Leonardo DiCaprio o Johnny Depp. James Franco es un buen chaval, comedido y agradable (al menos en las revistas en las que he podido leer entrevistas suyas) pero tiene una de esas caras a las que me gustaría darle una tollina en condiciones, no puedo evitarlo. Como muestra un botón.




Es innegable que James Franco nunca ha hecho un papel muy destacado o memorable en cine. Pero también es cierto que en 127 Horas realiza un trabajo colosal de composición y entrega dramática. El protagonista de Sonny lleva todo el peso del producto en sus hombros y aprueba con nota al transmitir tanto la psicología herida del personaje, su fisicidad en una situación extrema y sobre todo y más importante, sus ganas de salir adelante y sobrevivir. Como es lógico a estas alturas es de recibo mencionar el clímax de la cinta.




Esa dura escena de eclosión, que una vez más Boyle muestra con todas las florituras expeditivas y forzadas posibles, incluso en esta ocasión emulando descaradamente (por medio del montaje de imágenes y los efectos de sonido) a las escenas en las que Jared Leto se inyectaba heroína en la soberbia Requiem Por Un Sueño de Darren Aronofsky. La secuencia, con todo, acierta por su crudeza, dramatismo y carnalidad, sirviendo la misma como liberación final de todo el conjunto cinematográfico que sostiene la película.




Como en otras ocasiones Danny Boyle consigue realizar una buena película, pero él mismo y el acabado técnico de su propuesta son lo peor de la obra. 127 Horas es una cinta acertada (la introducción en pantalla del título del film me parece uno de sus mayores aciertos, a pesar de ser este un detalle que pocos percibirán), física y muy entretenida que transmite gracias a su protagonista verdaderas ganas de (sobre)vivir. Aunque tiene sus fallos y mi misión es destacarlos, desde mi punto de vista




De nuevo el director de Una Historia Diferente (A Life Less Ordinary) o Sunshine destaca más como un profesional con fino olfato para embarcarse en proyectos interesantes que como cineasta completo. Cuando decida dejar de rodar todos los films que caen en sus manos como si fueran una mezcla entre un capítulo de 24 y otro de C.S.I, Las Vegas, dará nuevos y necesarios pasos adelante en su filmografía, de lo contrario seguirá como hasta ahora, estancado y sin voz propia como autor. Decir eso del creador de una obra tan generacional y memorable como Trainspotting es una pena.



domingo, 20 de febrero de 2011

Enredados, adiós a las puntas abiertas



Título Original: Tangled (2010)
Director: Nathan Greno y Byron Howard
Guión: Glen Keane, Jossan McGibbon, Adam Wilson, Sara Parriot y Melanie Wilson basado en el cuento de los hermanos Grimm


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Sin lugar a dudas una de las decisiones más inteligentes que ha tomado la casa Disney en los últimos tiempos es haber comprado Pixar, la productora de John Lasseter. La relación entre la casa creada por Walt Disney y la factoría fundada entre otros por el director de Toy Story 1 y 2 o Cars viene de lejos. Ya que la primera siempre ha sido la distribuidora de las producciones que salían del seno de la segunda.




Dicha convivencia terminó, lo que acentuó aún más la decadencia que la Disney sufría desde finales de los 90. Más tarde los directivos de la empresa que tiene a Mickey Mouse como seña de identidad, en un salto mortal sin red... o no tanto, decidieron comprar Pixar y dejaron que los autores de la misma supervisaran toda producción animada de la casa, tanto si eran originarias de la propia Pixar como si no. Ahí ya tenemos casos como Bolt o Tiana y el Sapo, la primera en animación digital y la segunda en el clásico 2D.




Enredados (Tangled) es la confirmación de un hecho, para mí, irrefutable. Disney está volviendo a recuperar el norte. Gracias a John Lasster y sus huestes, o puede que no, la factoría americana de animación está volviendo a entregar interesantes obras llenas de humor blanco (aunque irónico en ocasiones) amor, amistad, así como con sus pequeños toques de drama y musical. Carismáticos protagonistas, cómicos secundarios y malvados villanos. Todo ello se cumple, como mandan los cánones, en la última producción Disney.




Enredados narra el mítico relato de Rapunzel, la niña de larguísimos cabellos que vivía aislada en una torre por una malvada bruja que la robó a sus padres (los reyes de aquellas tierras) haciéndose pasar por su progenitora cuando la cría creció, para conservar la eterna juventud que le proporcionaba el pelo de la niña, y es un excelente trabajo en todos sus apartados. Es una redundancia alabar su acabado técnico porque la animación digital sigue perfeccionándose poco a poco en cada proyecto que se estrena en nuestras carteleras.




Como es lógico huelga decir que es un hecho irrefutable el mimo y el exquisito cuidado que los creadores han puesto de manera concienzuda en un trabajo como este, que bordea la perfección hasta en los detalles más insignificantes. No hay más que ver la maravillosa suntuosidad del extenso cabello de la protagonista que parece tan real que a veces es difícil creerlo, los paisajes boscosos que rodean la torre o esa tasca elaborada con minimalista delectación




Hacía tiempo que no veía una producción de Disney (no adscrita al sello Pixar) con un conjunto de roles tan bien avenido. Rapunzel es un personaje entrañable con un deliciosa mezcla entre naïf y pícara. Flynn Ray es un canalla carismático en la línea de otros personajes Disney como el capitán Febo de la muy adulta y reivindicable El Jorobado de Notre Dame. Gothel, es una villana muy bien perfilada que tiene más grises que blancos y negros. El gran Pascal, adorable camaleón mascota con momentos desternillantes a pesar de que al final salga a la luz su instinto homicida. Incluso papeles muy secundarios como los del caballo o los hermanos mercenarios tienen su miga.




Las canciones, al menos en inglés (he visto la película en su idioma original ) son pegadizas y agradables, los personajes acertados, el mensaje claro y conciso tanto para niños como mayores y su protagonista puede engrosar con la cabeza bien alta en la galería de Princesas Disney. Ya si quisiera poner una pega al conjunto sólo diría que me desagrada ese tipo de final para la villana que por desgracia es tradición en esta casa y no me convence como ideal para transmitir a nuestros hijos y hermanos pequeños.




Enredados
como delicioso producto cinematográfico funciona a las mil maravillas, consigue transmitir verdadera simpatía y acertada diversión al espectador. Por suerte parece ser que Disney vuelve a despertar de su letargo, esta vez uniendo el espíritu de sus clásicos de siempre con ese toque más terrenal que tenían sus productos de los años 90. El tiempo nos dirá si siguen por este buen camino o vuelven a perder el carril. Por ahora sólo nos queda disfrutar de productos como el que nos ocupa.



sábado, 19 de febrero de 2011

La Tía Alejandra, el día de la bruja



Título Original: La Tía Alejandra (1979)
Director: Arturo Ripstein
Guión: Delfina Careaga y Sabina Berman
Actores: Isabela Corona, Diana Bracho, Manuel Ojeda, María Rebeca





Gracias a Adrián Esbilla, autor de un magnífico blog cinematográfico (que podéis encontrar a la derecha del mío, en el blogroll) y gracias a mi afán por descubrir pequeñas joyas del cine de terror mexicano he encontrado y podido visionar La Tía Alejandra, cinta estrenada en 1979 y dirigida por el veterano realizador Arturo Ripstein. Autor de films tan destacados de aquel país como El Evangelio de las Maravillas, El Coronel no Tiene Quién le Escriba, Así es la Vida o La Perdición de los Hombres.




La Tía Alejandra es un caso curioso y atípico, una rara avis dentro de la cinematografía de género mexicana. No es estrictamente una cinta de terror pero transmite inquietud en muchos de sus pasajes. No es explícita en lo que muestra pero juguetea con acierto con , brujería, maldiciones, magia negra y satanismo. No es gráfica a la hora de exponer violencia en pantalla, pero de manera sutil la muestra con una elegante fiereza que causa incluso malestar en espectador.




La trama se sustenta en la llegada a un hogar familar, formado por dos padres y sus tres hijos, de la anciana tía del marido. Una mujer en principio cariñosa que sufre graves cambios de humor, que se recluye en su habitación con bastante regularidad y que parece estar rodeada por un aura de misterio que causa rechazo en la mayor de los hijos y que no hace más que traer desgracias a la casa desde su llegada.




La puesta en escena de Ripstein es austera, sencilla, casi podría decirse que de telenovela. Pero su control sobre el tempo narrativo es excelente. Gracias la atmósfera y a la magnética presencia de una gran Isabela Corona que desde un físico endeble y hasta desvalido consigue transmitir un matiz amenazador que parecería inviable sino fuera por el buen trabajo entre el director y la actriz. Basta ver la escena de la conversación de Alejandra con el doctor y el ritual con la chica desnuda al fondo del encuadre, para percibir que con sólo una leve pincelada se puede perfilar el personaje de la protagonista mostrando sus atípicas costumbres y los lugares que regenta.




A pesar de que llega un momento en el que tanta desgracia durante el metraje se antoja forzada y que es poco creíble que la familia no se dé cuenta desde un principio que los problemas en el hogar llegaron con esa señora que supuestamente vela por ella, los aciertos del film, su simbología, que hunda sus raíces en cierto folclore de la tierra azteca y el buen hacer lleno de exquisitez y sutilidad por parte de Ripstein (magnífica e incómoda la escena del teatrillo de marionetas) hacen de La Tía Alejandra una interesante pieza a recuperar dentro del cine de género mexicano.


jueves, 17 de febrero de 2011

Winter's Bone, los tres hijos de Jessup Dolly



Título Original: Winter's Bone (2010)
Director: Debra Granik
Guión: Anne Rosellini y Debra Granik basado en la novela de Daniel Woodrell
Actores: Jennifer Lawrence, John Hawkes, Lauren Sweetser, Kevin Breznahan, Isaiah Stone, Ashlee Thompson, Shelley Waggener, Garret Dillahunt, Sheryl Lee


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Segunda incursión en el largometraje por parte de la directora estadounidense Debra Granik tras el premiado drama Down to the Bone estrenado en el año 2004 suponiendo el mismo su primera experiencia detrás de las cámaras en labores de dirección cinematográfica. Winter's Bone, que es una adaptación al celuloide del libro homónimo del escritor Daniel Woodrell, ha recibido múltiples reconocimientos internacionales en la mayoría de los festivales en los que se ha presentado. Llegando finalmente a conseguir cuatro nominaciones en la próxima gala de los Oscars. Película, actriz, actor secundario y guión adaptado.




El argumento del film es sencillo. Ree Dolly, es una chica de 17 años que debe, en paupérrimas condiciones, cuidar a sus dos hermanos y su madre enferma debido a la ausencia de su padre, Jessup, un criminal presidiario. Cuando este sale de prisión desaparece, lo que supone un problema, porque si no da señales de vida las autoridades locales embargarán la casa familiar. Ree sale en busca de su padre para intentar traerlo de nuevo al hogar y así arreglar el gran agravio que sufrirá la familia ante tan deplorable situación.




Winter's Bone es sin lugar a dudas un western contemporáneo. Una obra que bien la podrían haber localizado en este género autores como Samuel Fuller, Sam Peckinpah o el Clint Eastwood de los años 70 y 80. La segunda cinta de Debra Granik está en deuda con el cine del salvaje oeste realizado en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX. Esa sequedad, colores fríos, austeridad en los diálogos y comportamiento de los personajes, así como una mirada lacónica, la hemos visto miles de veces en el western crepuscular americano.




El viaje de esa chica que debe ejercer de madre y hermana (en ningún momento tiene una bonita palabra o una caricia hacia sus hermanos menores, pero queda claro desde el minuto uno de metraje que daría la vida por ellos), en pos del paradero de su padre desaparecido se convertirá en una pesadillesca incursión en el lado más sórdido del medio oeste de la América profunda cuando se topa con el grupo de delincuentes con los que se codeaban su padre y su tío Teadrop, este último le ayudará a regañadientes en la búsqueda.




Ree está interpretada por Jennifer Lawrence, joven y guapa actriz que confirma lo que ya pudimos ver en Lejos de la Tierra Quemada que a pesar de su laconismo e inexpresividad tiene unas dotes increíbles para adentrarse con sinceridad dentro del género dramático. Engrandeciendo con matices (cuando enseña a cazar a sus hermanos o les endurece el carácter preparándolos para los problemas que tendrán que afrontar en el futuro debido a su situación económica) un rol complicado que ella resuelve con soltura. Le acompaña un John Hawkes magnífico como Teadrop, otro personaje que parece salido del western, por su determinación y matiz violento, que en principio se enfrenta a la protagonista para más tarde ayudarla en su difícil y vital empresa.




Sin llegar a ser una obra maestra (puede que su gelidez haga que cierto tipo de espectador no se implique debidamente con la historia y su protagonista) con Winter's Bone Debra Granik ha conseguido realizar una negra crónica de la agreste América más desconocida y recóndita o aunar el espíritu de La Noche del Cazador de Charles Laughton con la polvorienta visión literaria de Comar McCarthy. El film mismo podría resumirse o sintetizarse en un magnífico pasaje como el de la motosierra en la barca a medianoche. Clímax que nos muestra con veracidad, profundidad emocional y entereza formal, una escena que destila una sadismo y una crueldad viscerales sin apenas mostrar nada. Elegancia dentro de la suciedad podría llamarse y de eso a la cinta que nos ocupa le sobra.



viernes, 11 de febrero de 2011

Primos



Título Original: Primos (2011)
Director: Daniel Sánchez Arévalo
Guión: Daniel Sánchez Arévalo
Actores: Quim Gutiérrez, Raúl Arévalo, Adrián Lastra, Inma Cuesta, Antonio de la Torre, Clara Lago, Nuria Gago, Alicia Rubio, Marcos Ruiz



Con sólo tres obras el director cántabro Daniel Sánchez Arévalo se ha hecho con un verdadero y sólido nombre dentro de la cinematografía española. Su ópera prima AzulOscuroCasiNegro supuso un magnífico y fidedigno retrato de la España de extrarradio, esa que no llega a fin de mes, que vive con lo puesto y que está llena tanto de buenas gentes como de trepas que no hacen otra cosa que mirarse el ombligo sin importarles una mierda la desgracia ajena. De su segunda obra, Gordos, cinta que despertó cierta polémica a raíz de su estreno, no puedo hablar, porque aún no he podido verla.




Llegamos entonces a Primos, la primera incursión pura de Sánchez Arévalo en el género de la comedia. Lo que a primera vista puede parecerle al espectador despistado la enésima cinta de humor constumbrista típicamente española (la última que vi no hace mucho y que sí podría adscribirse sin problemas en esa vertiente es Que se Mueran los Feos, de Nacho G. Vellilla, entretenida sin más) cuando lo que el realizador santanderino hace es una inteligente y muy certera reformulación de este subgénero tan cultivado en nuestro país desde hace más de 50 años.




Sánchez Arévalo narra una historia mínima sobre un novio abandonado por su pareja en el altar que decide ir, acompañado por sus dos antagónicos y pintorescos primos, al pueblo en el que pasaba junto a estos los veranos de su infancia con la única misión de recuperar a la mujer que fue su primer amor y con la que perdió la virginidad durante las fiestas locales. Este punto de partida, que no se aleja demasiado de cualquiera de los que tenían las muestras fílmicas de aquel subgénero llamado landismo (impulsado por y basado en el siempre magnífico actor Alfredo Landa) pero inyectándole el director a su producto una vivacidad que trasciende de la comedia típica española haciéndola ir varios pasos más allá.




Aquellos que dudaron de si el director de Gordos era capaz de controlar con solidez los resortes de un género tan complicado como el de la comedia andaban equivocados. Ya desde su prólogo Primos ofrece una interminable cascada de gags afortunados, humor inusualmente natural y nada forzado tan real que al espectador no le cuesta nada empatizar con las vivencias y barbaridades que los protagonistas llevan a cabo. Con la complicidad de un reparto acertadísimo y muy cercano Sánchez Arévalo consigue dotar a su criatura de vida, humildad, nostalgia, costumbrismo bien entendido sin caer en la escatología y la caspa.




El reparto es para ir enumerándolo uno a uno. Sánchez Arévalo ha conseguido un excelente plantel de intérpretes, pero también se nota la buena mano que tiene para la dirección de actores. Los tres primos están bordados por un Quim Gutiérrez que parece mezclar a Alfredo Landa con Woody Allen, Raul Arévalo esplendido como siempre haciendo de canalla con corazón y Adrián Lastra genial como el hipocondriaco e infantil primo José Miguel. A las chicas les dan vida mi paisana Inma Cuesta, encantadora y muy natural, una deslenguada y muy pasota Clara Lago y una Nuria Gago que cumple pero que tiene poco tiempo para lucirse. Luego está mi otro paisano, el habitual de la casa Antonio de la Torre, que vuelve a dar motivos para que se le tilde como uno de los mejores actores españoles contemporáneos. Su Bachi, el alcohólico ex dependiente de videoclub tiene momentos brillantes.




Con Primos Daniel Sanchez Arévalo consigue la convergencia entre comedia insultantemente graciosa y buen cine. Porque detrás de los gags, el humor y los chistes continuos se esconde una maravillosa apología por la nostalgia, la familia, la amistad, el amor y la libertad. Un producto hecho tanto para el niño que llevamos dentro como para el adolescente que una vez fuimos. Una oda a las fiestas de pueblo, a esa ilusión carente de problemas que teníamos cuando éramos críos, a los veranos, al tiempo perdido, a las primeras experiencias y desengaños. El cántabro se confirma como el mejor cronista que tenemos en este país a la hora de retratar nuestra sociedad. Aquella persona que quiera conocer la cara amable de la España profunda (para darse de bruces con la amarga que vea El 7ª Día, la fallida pero muy interesante cinta de Carlos Saura) que no se pierda Primos.




No me sentía tan plenamente identificado con una película española desde que vi El Camino de los Ingleses de Antonio Banderas. Y si alguien me hubiera dicho hace unos meses que una escena en la atracción de feria de El Barco Pirata y otra de tres primos interpretando como el culo una versión de una canción de Back Street Boys me iban a parecer dos de los pasajes cinematográficos más gratificantes de lo que llevamos de 2011 llegando ambos a ponerme un nudo en la garganta, me hubiera reído en toda su cara. Chapó señor Sánchez Arévalo, chapó.


También la Lluvia



Título Original: También la Lluvia (2011)
Director: Icíar Bollaín
Guión: Paul Laverty
Actores: Luis Tosar, Gael García Bernal, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri, Raúl Arévalo, Cassandra Ciangherotti, Carlos Santos, Dani Currás, Vicente Romero


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Icíar Bollaín es una actriz y directora española de renombre. Como intérpetre muchos la recordamos por la maravillosa El Sur del gran Víctor Erice. En el campo de la dirección se ganó todos mis respetos cuando realizó la que es para un servidor la película definitiva a la hora de retratar en ficción la violencia de género, esa pequeña obra maestra llamada Te Doy mis Ojos, protagonizada por unos inmensos y entregadísimos Luis Tosar y Laia Marull. De modo que iba un servidor con muchas ganas a ver su última cinta, También la Lluvia, presentada, sin éxito, para representar a nuestro país en la próxima gala de los Oscars. Una vez vista la obra no sólo ha colmado todas mis expectativas, también las ha rebasado de manera considerable.




También la Lluvia es un complejo y muy enriquecedor ejercicio cinematográfico lleno de lecturas, juegos de espejos, metalenguaje y teorías analíticas y existenciales sobre el cine dentro del cine. Un proyecto enorme que analiza varios temas con una solidez digna de elogio y con un carácter comprometido y autocrítico poco común en nuestro cine que más autores deberían tomar como bandera. Bollaín con la ayuda de su pareja sentimental, el escocés Paul Laverty, habitual colaborador del británico Ken Loach, que escribe el guión, construye un mastodóntico y certero proyecto que ofrece una excelente pieza dresde una perspectiva tanto artística como técnica.




El film retrata el caótico y muy problemático rodaje de una producción cinematográfica hispanoamericana sobre la conquista de América por parte de Cristobal Colón que va a pique cuando los autores de la obra deciden rodar secuencias en Cochabamba, Bolivia, durante lo que en el año 2000 se llamó "La Guerra del Agua". Hecho que vino a suponer un enfrentamiento por parte de cientos de miembros de la ciudad contra una empresa que decidió privatizar el líquido elemento sin contar con la aceptación popular, pero sí con el respaldo del gobierno boliviano de la época.




Hay al menos tres niveles de lectura dentro de También la Lluvia. El primero, más común y reconocible es el de la odisea de un equipo de producción para sacar adelante una modesta, pero artísticamente ambiciosa, obra cinematográfica. Ya que en el proceso tendrán problemas con los indígenas, más preocupados de sus problemas con el agua que de su implicación con el largometraje que ruedan, que harán de extras. Estso se encuentran encabezados por Daniel, un enorme y hasta ahora desconocido Juan Carlos Aduviri. Hecho que recuerda a las trifulcas que sufrió el realizador británico Roland Joffé cuando rodó su inmensa La Misión, largometraje con el que También la Lluvia guarda muchos puntos en común y señas de identidad conceptuales y estilísticas.




El segundo vendría a ser el que expone el film que Sebastián, como director, y Costa, como productor quieren, realizar dentro de la misma película. Una desmitificación de la conquista por parte de nosotros, los españoles, que en nombre de la corona y la cristiandad expropiamos, saqueamos y destruimos cientos de poblados del nuevo mundo con la única excusa de enriquecernos con el oro que se encontraba en aquellas fértiles tierras. Aunque algunas pocas voces como las de los frailes dominicos Bartolomé de las Casas o Antonio Montesinos se levantaran en contra de aquel aberrante crimen por nuestra parte.




Llegamos a la tercera, la más inusual, interesante y atípica del film. En ella encontramos una necesaria y encomiable mirada autocrítica sobre ese afán, ya a veces hasta mecánico, que hay en nuestro cine, y que se extiende a nuestra academia cinematográfica que casi siempre deja de lado las cintas de género por muy buenas que sean, por querer hacer obras de carácter político y social contra viento y marea. Esa innecesaria tendencia por ser comprometidos ideológicamente es retratada como algo finalmente vacuo e inconsistente cuando en el film los productores ven que se pone en peligro la continuidad del rodaje de su obra. Olvidándose de que si esos extras abandonan su proyecto fílmico no es por otro motivo que el de luchar por sus derechos y su propia supervivencia.




Es en ese momento cuando el espectador descubre que tanto Sebastián como Costa realmente no sienten verdadera complicidad con el mensaje contestatario de su obra, ya que su única meta es seguir adelante con el proyecto reduciendo costes, pagando una miseria a los figurantes, grande la llamada de Tosar hablando en inglés ante la presencia de Daniel, y arrasando con todo lo que se les ponga por delante. Algo parecido sucede con la egolatría de los actores que sólo piensan en su lucimiento y su propia seguridad o ese equipo técnico que se centra casi exclusivamente en mantener su presupuesto a toda cosra. La historia vuelve a repetirse siglos después en un virtuoso ejercicio narrativo sustentado en los paralelismos con los hechos históricos abordados en la película que ruedan los personajes del film.




Cada personaje tiene un peso específico en la trama. Sebastián, correctísimo Gael García Bernal, que se aventura en la creación de un film ideológicamente remarcable pero luego no es capaz de implicarse plenamente con los problemas de la realidad que le rodea. Costa, el productor español, un Luis Tosar muy humano como siempre, que después de darse cuenta de que la situación es insostenible y de que ha cometido errores enormes sólo por interés material, toma conciencia de la realidad y actúa en consecuencia. Daniel, ese líder dentro y fuera de la pantalla con unas convicciones inquebrantables como luchador en favor de sus derechos y los de su gente sin importar cuan grande sea el enemigo a batir.




Esos actores principales del rodaje de la película, unos Carlos Santos y Raúl Arévalo magníficos, que quieren huir del país porque temen por su integridad física e incluso la chica que realiza el making of, una encantadora llamada Cassandra Ciangherotti, todos tiene una importancia capital en el conjunto narrativo de También la Lluvia. Aunque el más grande, el tótem de la obra, la voz de la conciencia que pone a todo el mundo en sus sitio y que escupe sabiduría en estado de ebriedad y con perenne baso de whisky en mano es un Karra Elejalde, en doble rol, tan pletórico que si no se lleva el Goya este año, no se lo llevará en la vida.




Con el lirismo del Terrence Malick de La Delgada Línea Roja o El Nuevo Mundo, y el perfil combativo de un Ken Loach despojado de didactismo y embriagada en la épica del Roland Joffe de la ya mencionada La Misión, la pareja artística Bollaín/Laverty da clases de buen cine, verdadera conciencia social y transmite gracias a ello un muy necesario toque de atención a nuestro celuloide que en muchas ocasiones quiere ir de reivindicativo y por el camino se queda en puro maniqueismo. La madrileña se confirma como una de las directoras, más inteligentes, certeras y naturalistas de nuestro cine y estoy seguro de que de su mano saldrán obras aún más remarcables en años venideros


miércoles, 2 de febrero de 2011

Cómo Entrenar a tu Dragón, mi monstruo y yo



Título Original: How to Train Your Dragon (2010)
Director: Dean DeBlois y Chris Sanders
Guión: Adam F. Goldberg y Peter Tolan basado en el libro de Cressida Cowell




Dreamworks, la productora creada por Steven Spielberg, David Geffen y Jeffrey Katzenberg, tiene a sus espaldas una ya larga filmografía. Dentro de ella hay un considerable hueco para el cine de animación con obras como las cuatro entregas del ogro Shrek, las dos partes de Madagascar, Hormigaz, Monstruos Contra Alienígenas e incluso meritorios largometrajes de corte religioso como El Príncipe de Egipto.




El cine animado de esta productora ha vivido siempre a la sombra de la invencible Pixar y sus genialidades fílmicas. Al lado de las joyas de orfebrería de la casa de John Lasseter los productos de Dreamworks palidecían y quedaban reducidos, en su mayoría, a lo que realmente son. Películas divertidas sustentadas en clichés continuos, que no poseían verdadera trascendencia cinematográfica, pero sí ofrecían buenos ratos celuloide entretenido dirigido a todos los públicos, disfrutable para mayores y pequeños.




Con Cómo Entrenar a tu Dragón, para un servidor Dreamworks Animation consigue por fin poner una pica en Flandes. El proyecto que nos ocupa no sólo me parece la mejor obra salida de dicha productora, sino también un perfecto ejemplo de cine animado de calidad, con personajes memorables implicados en tramas bien trabajadas y muy interesantes. En definitiva, el conjunto parece tener más poso y trasfondo que el resto de obras con el sello de la ya referenciada factoría.




How to Train Your Dragon es una entrañable cinta sobre un pueblo vikingo que tiene como tradición matar dragones para que los adolescentes de la localidad se vuelvan, gracias a dicho ritual, valientes adultos. Hasta que uno de ellos entabla amistad con una de las mitológicas criaturas presuponiéndose perteneciente a una de las razas más peligrosas y salvajes, los "Furia Nocturna". El resultado es una sólida historia que apela por la amistad, la ecología y realizando un interesante ejercicio sobre el continuo choque entre las tradiciones ancladas en el pasado y una concepción más vanguardista y moderna de la sociedad.




Tomando referencias de cintas como Merlín el Encantador o Pedro y el Dragón Elliot y de series animadas como Vicky el Vikingo, Dean DeBlois y Chris Sanders tejen una deliciosa fábula llena de personajes remarcables, conflictos familiares (la relación entre Hipo y su padre, así como el deseo de este último porque su hijo se haga un hombre están muy bien perfiladas), amor, mucho humor y la presencia de un personaje entrañable e inolvidable como Desdentado sirviendo para dar solidez a un relato que transmite veracidad, buenas intenciones y gran cine.




Si Dreamworks sigue por esta senda abierta puede evolucionar y llegar a ofrecer grandes películas. Obras que perduren en la memoria más allá de chistes jocosos, personajes disparatados pero planos o reformulaciones de conceptos argumentales trillados. Cómo Entrenar a tu Dragón puede dar mucho más que eso y de manera acertadamente diferente (como ejemplo, ese apunte dramático en el inevitable, pero delicioso happy end) lo hace. Regalando al espectador hora y media de buen celuloide haciéndonos ver que no sólo de Pixar vive el aficionado al cine de animación occidental.