domingo, 6 de noviembre de 2011

Fando y Lis, no hay mayor dolor en el infortunio que recordar el tiempo feliz




Título Original Fando y Lis (1968)
Director Alejandro Jodorowsky
Guión Alejandro Jodorowsky basado en la obra teatral de Fernando Arrabal
Actores Sergio Kleiner, Diana Mariscal, María Teresa Rivas, Elizabeth Moore, Vicente Moore




El chileno Alejandro Jodorwosky es todo un personaje del panorama internacional, un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI. Escritor, compositor, marionetista, tarotista, poeta, mimo, dibujante, dramaturgo, creador de la Psicomagía y practicante de la misma, reputadísimo guionista de cómics y director de cine. Para unos un genio, para otros un vendedor de humo. Hoy nos ocuparemos de la que fue su ópera prima en su faceta como cineasta. En 1968 el creador de El Incal estrenó su primera y polémica película como realizador titulada Fando y Lis, rodada con escasos medios y en blanco y negro.




Fando y Lis está basada en una obra teatral (mediocre según las palabras de su autor) del peculiar, genial y muy pasado de rosca dramaturgo español Fernando Arrabal, un personaje y autor genial que de puro chalado desprende una ternura y simpatía incontestables. Él junto a Jodorowsky y el pintor e intérprete francés Roland Topor crearon el Grupo Pánico. Un movimiento teatral que puso en escena obras de un profundo surrealismo llenas de dualidad, locura existencialista y barroquismo estilístico y narrativo. A dicha ola se adhiere esta versión cinematográfica de la pieza del escritor español, llevada a imágenes por su amigo chileno y protagonizada por unos arrebatadores Sergio Kleiner y Diana Mariscal, los actores que interpretaron previamente la obra en las tablas.




Fando y Lis narra la peculiar relación sentimental de una pareja de amantes (impotente él, inválida ella) que buscan la ciudad de Tar, lugar donde pasarán en permanente felicidad el resto de sus vidas. Pero el camino hacia dicho lugar es complicado ya que Fando y Lis tendrán que enfrentarse a una sociedad cruel y sin sentido que los marginará impidiendo que lleguen a su destino por medio del rechazo, la incomprensión y la violencia. Ambos afrontarán su futuro y sus propios demonios interiores durante el complicado trayecto.




La ópera prima del guionista de La Casta de los Metabarones es un surrealista y dantesco (hay múltiples referencias a La Divina Comedia y al averno retratado en dicha obra del escritor italiano ya desde las ilustraciones de los títulos de crédito) viaje a un infierno localizado en la tierra. Un film que renuncia a una estructura narrativa coherente y que se entrega a unos códigos encriptados dificilmente descifrables con los que se crítican distintos aspectos de la sociedad contemporánea como los prejuicios, el clasismo, la pedofilia (de manera elegante y bastante solapada), la crueldad y el egoísmo.




Pero principalmente Alejandro Jodorowsky nos habla sobre desestructurada y autodestructiva relación amorosa y afectiva, la de los protagonistas, regida por un tono dulce y hasta naïf que torna en brutal (Fando) e incluso sadomasoquista (Lis) cuando ambos ven que su camino hacia Tar (que más que una verdadera ciudad parece un inalcanzable estado de ánimo)parece estar lleno de obstáculos y penurias, siendo él maltratado por personajes anónimos y pagando después su frustración con su ella, su pareja, a la que en ocasiones considera un lastre en su vida debido a su condición de paraplegia




Lo cierto es que desconozco la obra de teatro de Fernando Arrabal en la que se basa el film que estamos tratando, pero es notable la influencia de Luis Buñuel (recordemos, miembro del grupo surrealista francés) en el discurso e impronta de un Jodorowsky que apela a la simbólico y la alegoría, adentrádose en ocasiones incluso en la escatología, pero nunca buscando la provocación vacua o pueril y sí mostrando una imaginería ecléctica en el plano estilístico que en un futuro influiría hasta en el mundo de la música, ya que es indudable que imágenes como la de la mujer crucificada entre flores y goteros de hospital dejaría su impronta en videoclips como Tourniquet o The Beautiful People de Marilyn Manson, profundo admirador y amigo cercano del mismo Jodorowsky.




Fando y Lis supuso el atípico, interesante y lacerante (su estreno e México causó la huída de bastantes espectadores de la sala de proyección, incluyendo la del mismo Alejandro Jodorowsky que fue recibido a pedradas) debut en la dirección cinematográfica de este chileno de origen judío y polaco del que seguiré hablando en este vuestro humilde cubil analizando el resto de su filmografía (intentaré no tardar mucho en hablar de El Topo) analizando por un lado sus labor cinematográfica y por otro su trabajo como guionista de cómics que es copioso, atípico y harto interesante.



Mejor... Imposible, always look at the bright side of life




Título Original As Good As It Gets (1997)
Director James L. Brooks
Guión Mark Andrus y James L. Brooks
Actores Jack Nicholson, Helen Hunt, Greg Kinnear, Cuba Gooding Jr, Skeet Ulrich, Shirley Knight, Jesse James, Lawrence Kasdan, Yeardley Smith, Lupe Ontiveros, Maya Rudolph, Tara Subkoff, Lisa Edelstein, Jamie Kennedy, Harold Ramis, Julie Benz, Todd Solondz




En 1997 el director y guionista James L. Brooks, autor de la lacrimógena y exitosa La Fuerza del Cariño (Terns of Endearment) de 1983 y productor ejecutivo de Los Simpson estrenó una exitosa y alabada comedia protagonizada por Jack Nicholson, Helen Hunt y Greg Kinnear entre otros. Fue aplaudida por la crítica, supuso un considerable éxito de taquilla y ganó 2 Oscars (actor y actriz principal) de los 7 a los que estaba nominada. Hablamos como no podía ser menos de Mejor Imposible (As Good As It Gets)




Melvin es un exitoso escritor de novelas románticas. También padece TOC y tiene un carácter de lo más asocial y antipático. Nuestro protagonista tira a la basura una pastilla de jabón recién estrenada cada vez que se lava las manos, anda por la calle saltando los bordes de las baldosas, come utilizando cubiertos de plástico de los que también se deshace una vez utilizados y odia el contácto físico, permitiéndoselo únicamente a Carol, la camarera que le atiende en el restaurante en el que come a diario. La vida de Melvin cambiará por completo cuando la misma sea invadida por Simon, su vecino gay, Verdell, el perro de este y la misma Carol.




Mejor... Imposible es una comedia y largometraje ejemplar. Uno de esos pocos proyectos en los que se unen un reparto inmenso, un guión brillante y casualidades que permiten que un grupo de profesionales intachable formen indivisible equipo a la hora de crear cine dando lugar a la magia y al virtuosismo. Nada falla en esta producción de 1997 y sus aciertos son tantos que sería complicado enumerarlos todos, pero intentaré mencionar algunos, los que más llaman la atención o saltan a la vista.




Billy Wilder, el nombre del director de El Apartamento o El Crepúsculo de los Dioses (Sunset Boulevard) nos viene indudablemente a la mente mientras vemos As Good It As Gets. No es complicado al ver la inventiva, agilidad y pericia de unos inspiradísimos James L. Brooks y Mark Andrus que los diálogos a lo largo del film nos recuerden a los maravillosos libretos que Wilder escribia con su inolvidable colaborador I.A.L Diamond. Como no podía ser menos y sin lugar a dudas el personaje que más disfruta de esa inolvidable verborrea es el que interpreta un colosal y contenido Jack Nicholson.




El protagonista de Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco nació para interpretar a Melvin Udall y posiblemente este sea el papel más logrado de toda su carrera ya que se ajusta a su personalidad e imagen como un guante. Un tipo uraño, malencarado, insensible, maniático que profiere inultos xenófobos, clasistas, machistas, homófobos, antisemitas a discreción sin discriminar a sus pobres víctimas que no saben como responder a la agil e inflamable ironía del escritor. Aunque el mayor logro del film es que el personaje no sólo tiene un indudable carisma, también consigue caer bien e incluso incita al espectador a desear que las cosas le salgan bien y no la cague.




Pero no sólo de Jack Nicholson vive una película como Mejor... Imposible. También contamos con una inspiradísima y muy acertada Helen Hunt como Carol que sabe poner en su sitio a Melvin con pocas palabras (y alguna amenaza verbal). Una pena que esta mujer que tan bien da la réplica a grandes actores (Woody Allen, Kevin Spacey, Tom Hanks) esté tan perdida y deteriorada en la actualidad. Por otro lado destaca un amanerado y entrañable Greg Kinnear que no ha vuelto a estar tan bien a lo largo de su irregular carrera y un Cuba Gooding Jr haciendo lo que mejor se le da, gritar y poner ojos de loco. Nombrar también cameos de los cineastas Todd Solodnz, Harold Ramis o Lawrence Kasdan, amigos del L. Brooks, o a los cánidos que dieron vida al perro Verdell, impagables todos ellos.




Aquel 1997 As Good It As Gets se llevó a casa dos de los siete Oscars a los que estaba nominada, muy merecidos ambos. Ese año el aparatoso y magnífico (aún con sus fallos, que no son pocos) Titanic de James Cameron arrasó y dejó las sobras a films que para un servidor superaban a la epopeya acuática del director de Avatar, como El Indomable Will Hunting, Boogie Nights, las magistrales El Dulce Porvenir y L.A Confidential o esta cinta de James L. Brooks que nos ocupa, llena de momentos tan inolvidables y conseguidos que el tiempo, espero, no tarde en darle la categoría de comedia clásica contemporánea que se lleva mereciendo desde hace bastantes años.


martes, 1 de noviembre de 2011

La Máscara del Demonio, el gótico italiano según Mario Bava




Título Original La Maschera del Demonio/ The Mask of Satan/Black Sunday (1960)
Director Mario Bava
Guión Ennio de Concini, Mario Serandrei, Mario Bava basado en una historia de Nikolai Gogol
Actores Barbara Steele, John Richardson, Andrea Checchi, Ivo Garrani, Arturo Dominici, Enrico Oliveri, Antonio Pierfederici, Tino Bianchi, Clara Bindi, Mario Passante, Renato Terra, Germana Dominici




Ópera prima en solitario y una de las cumbres del mítico director italiano Mario Bava dentro del género de terror europeo. La Máscara del Demonio marcaría un antes y un después a la hora de entender y abordar el cine de horror en nuestro continente durante décadas y serviría como inspiración a coetaneos o alumnos del mismo cineasta como fueron Umberto Lenzi, Dario Argento, Lucio Fulci o a su propio hijo Lamberto Bava, siempre a años luz de su progenitor, aunque acertando de vez en cuando a la hora de ofrecer films entretenidos.




Durante la Edad Media la inquisición rusa manda ejecutar a una pareja de amantes practicantes de magia negra. A ambos se les coloca una máscara de púas que les queda clavada en pleno rostro. Años después, por mediación de unos viajeros de la zona, las tumbas de los dos brujos son profanadas dando pie a la resurrección de la pareja de diabólicos hechiceros. A partir de ese momento ambos intentarán llevar a cabo la venganza en cobro de sus prematuras muertes.




Basada en el relato El Viyi del escritor ruso Nikolai Gogol La Máscara del Demonio es un maravilloso cuento gótico de atmósfera inquietante y puesta en escena ejemplar. Mario Bava auna clasicismo, el mismo que utilizaría también el gran Roger Corman para sus adaptaciones de obras literarias de Edgar Allan Poe, con vanguardia cinematográfica.Introduciendo en el film un matiz envenenado y mórbido inusual para la época, llegando sorprendentemente incluso a cierto toque gore en ocasiones, parecido al que la Hammer Films aplicaría a muchas de sus producciones.




Mario Bava, que también ejerce como director de fotografía en el largometraje, hace un uso magnífico de los movimientos de cámara. Regalándonos picados y contrapicados, travellings de una naturaleza descriptiva sorprendente e incluso zooms bien insertados visualmente, acrecentando el tono intrigante de la historia. Mucho del acabado que vemos aquí quedaría en la impronta del autor a lo largo de los años como se podría ver un poco más tarde en la magnífica Las Tres Caras del Miedo (I Tre Volti de la Paura).




Bava juega con la brujería, los mitos vampíricos, las herencias malditas y los lazos de sangre, con influencias literarias que van desde Allan Poe a Lovecraft. Solapa mensajes eróticos, necrófilos e incluso incestuosos con estilo elegante y ofrece momentos de alto voltaje que si bien hoy día aún inquietan en algunos pasajes, en aquel 1961 de su estreno debió helar la sangre a más de un espectador despistado. Incluso la estética del film dejaría su huella al otro lado del charco en obras inmediatamente posteriores como La Maldición de la Llorona de Rafael Baledón. La escena de la Llorona sosteniendo a dos mastines está directamente tomada de la obra que nos ocupa, sin lugar a dudas.




Gracias a la presencia siempre magnética de una primeriza Barbara Steele (magnífica la ejecución de la secuencia de envejecimiento y rejuvenecimiento con su heredera) que en aquella época decidió convertirse en musa del terror europeo y americano, una historia sencilla pero llena de dobles lecturas y toxicidad interna o una dirección ejemplar que dio pie al subgénero gótico europeo, La Máscara del Demonio se considera de manera muy justa un clásico del cine de terror y una de las obras más puras e intachables del maestro del gótico italiano por excelencia. Su hijo Lamberto, en 1989, realizó una especie de remake, pero de eso hablaremos en otro momento.



viernes, 21 de octubre de 2011

La Cosa (2011)



Título Original The Thing (2011)
Director Matthijs Van Heijningen Jr
Guión Eric Heisserer, Ronald D. Moore basado en la historia de John W. Campbell Jr
Actores Mary Elizabeth Winstead, Eric Christian Olsen, Joel Edgerton, Jonathan Walker, Dennis Storhoi, Kim Bubbs, Stig Henrik Hoff




Remake con falsa piel de precuela de otro remake, el que John Carpenter realizara en 1982 de El Enigma de Otro Mundo (The Thing From Another World) film producido por Howard Hawks y dirigido por Christian Niby en 1951 sobre una expedición científica en la Antartida que da con un alienígena congelado que al ser liberado se revela como una criatura capaz de mimetizarse y usuarpar cuerpos humanos para ocupar su lugar mostrándose finalmente como una amenaza mortal que si llegara a la civilización podría suponer una plaga a nivel mundial del todo catastrófica.





Esta precuela busca una excusa mínima (una joven palontóloga americana es contratada por una expedición noruega para investigar una especie desconocida encontrada en la Antártida) para repetir pobremente todas las contantes y aciertos de la cinta de John Carpenter para dar forma a un producto que no deja de ser un claro ejemplo de cine de usar y tirar que poco tiene que ver con las producciones comerciales que se hacían en el Hollywood de los años 80 para el gran público.




Volvemos a tener a un grupo de científicos encerrados en una expedición polar. De nuevo tenemos una amenaza alienígena con la capacidad de sustituir a cualquiera de los seres humanos que se encuentran en el lugar y una vez más tenemos esa sensación de claustrofobia, amenaza constante y tensión palpable. Pero todo está peor acabado, el artifico toma forma y quita consistencia a lo realista, lo terrenal. Esto que comento es lógico cuando sustituimos a un maestro (actualmente en horas muy bajas) como John Carpenter por un debutante realizador de los Paises Bajos que sólo cumple con su cometido de artesano al servicio de una producción norteamericana de cierta importancia.




El medido tempo narrativo deja paso a la inconsistencia argumental. La dirección de acero al simple cumplimiento en la realización. La originalidad al hastío y el estereotipo vulgar (americanos listos que avisan de posible amenaza a estúpidos, amenazantes y borrachos noruegos). Un adusto Kurt Russell es sustituido por una guapa Mary Elizabeth Winstead como improbabilísima paleóntolga o escenas míticas como la de la prueba de los análisis de sangre son descartadas en beneficio de una odontológica que tiene tanto de estúpida como de inviable.




Pero lo peor y donde más se nota que no hablamos del mismo tipo de cinta, ni siquiera del mismo tipo de cine (quedando patente que nos referimos a dos épocas bien distintas dentro del séptimo arte) es en el apartado de los efectos especiales. El frío y artificioso pixel ocupa el lugar del epdiérmico y plapable látex y a pesar de que en esta ocasión la criatura se mueve a velocidades demenciales arrastrándose por suelos, escalando paredes o adheriendose a techos, nunca transmite más ameneza que la que pudimos ver creada por Rob Bottin, Stan Winston y compañía en la versión de 1982.




Finalmente y ya en el clímax descubrimos lo que nos temíamos y viene siendo moda dentro del Hollywood de hoy en día. A nadie en la meca del cine le importa el espectador o el fan de la anterior cinta (o de la original de 1951), ya que no es hasta que finaliza esta precuela, ya en los títulos de crédito, que se unen de manera pobre y precipitada las dos versiones, la de 1982 y esta de 2011. Una vez más el vil metal triunfa y nos venden un producto como lo que no es y que realmente no aporta nada al anterior largometraje o peor aún, en el plano cinematográfico.




La Cosa 2011 es una entretenida fast food cuya personalidad es tan inexistente, logros tan escasos (¿realmente hay alguno?) naturaleza tan descarada y misión tan triste (sacar dinero impunemente ofreciendo más bien poco a cambio) que ni a indignarnos nos incita. Ya que la cinta de Matthijs Van Heijningen Jr es tan poca cosa que ni perjudica a la entrega de John Carpenter y puede obviarse totalmente como película. Curiosamente de lo que sí es testimonio es de que en los 80 sí se hacía cine comercial para agradar al espectador, de manera diametralmente opuesta a lo que se hace en la actualidad. Algo preocupante debe haber con un largometraje como el que nos ocupa cuando lo que más me agrada del mismo es el chiste que cuenta uno de los noruegos al empezar el metraje. Tiene huevos La Cosa


La Cosa




Título Original The Thing (1982)
Director John Carpenter
Guión Bill Lancaster basado en la novela de John W. Campbell
Actores Kurt Russell, Wilford Brimley, David Clenon, Richard Dysart, Donald Moffat, Richard Masur, Keith David




En 1982 y tras tres de sus mejores films como fueron La Noche de Halloween, La Niebla y 1997: Rescate en New York el director norteamericano John Carpenter decidió dirigir el remake de un largometraje de los 50 con producción de su admirado Howard Hawks y dirigida por el televisivo realizador Christian Nyby, El Enigma de Otro Mundo (The Thing From Another World). El resultado fue uno de sus trabajos más conseguidos, una joya de culto dentro del cine fantástio y de terror que un servidor pudo visionar el pasado día 20 en gloriosa pantalla grande gracias a la precuela de recientísima factura, en una sesión doble al más puro estilo Grindhouse.




The Thing narra como un grupo de investigadores americanos aislados en la Antartida reciben la inesperada y hostil visita de un helicóptero de origen noruego que abre fuego indiscriminadamente contra un perro al que está dando caza. Los protagonistas se ven en la obligación de reducir a los invasores. Más tarde descubriremos que el animal porta en su interior una criatura extraterrestre multiforme y mimética que supondrá una amenaza mortal para los personajes principales.




La Cosa tiene como principal constante autoral del director de Asalto a la Comisaría del Distrito 13 pertenecer en espíritu y casi estructura a un género cinematográfico muy concreto. Por encima de todo y por enésima vez, aunque no ultima, la sombra del western es omnipresente a lo largo de todo el metraje en una cinta de John Carpenter. Hasta la presencia de un poco inspirado Ennio Morricone componiendo la banda sonora del film que nos ocupa en esta entrada nos remite a ese tipo de celuloide.




Dicha idea fija y bien asentada en su personalísima impronta tuvo su eclosión total en la genial Vampiros, probablemente lo más cerca que ha estado John Carpenter de ese tipo de largometrajes que tanto idolatra. En The Thing tenemos hombres aguerridos, duros, de personalidades fuertes y comandados por un Kurt Russell entre su Snake Plissken y un Franco Nero americanizado que hará de lider aún siendo cuestionado por varios de sus compañeros de fatigas. Se antoja imposible no pensar en films como Río Bravo del ya mencionado Howard Hawks viendo esta producción de 1982.




La tensión, el hermetismo y la claustrofobía están medidas con escuadra y cartabón por un John Carpenter que sabe sacar provecho de una localización escasa y unos parajes helados (localizados en Alaska) o de un reparto de actores que no dejan de ser estereotipos pero tienendo todos ellos personalidades propias y definidas. Por otro lado tenemos unos efectos especiales del todo artesanales y magníficos para la época, que marcaron un antes y un después dentro del género de ciencia ficción pre CGI.




Posiblemente en La Cosa se encuentre el mejor uso que se ha dado en la historia del cine al látex. La criatura alienígena es mostrada como un engendro aberrante, terrorífico y multiforme cuya estructura corporal no parece seguir un patrón lógico. Todos sus tentaculos, patas, cabezas, lenguas o globos oculares dan composición al mismo caos en forma corporea, mostrándose como una sobredimensionada visión de la nueva carne acuñada por David Cronenberg y dejando al espectador impactado ante la visión de semejante entidad del todo inhumana cercana al ideario lovecraftiano.




Sirviendo incluso sus facultades miméticas y de adaptación (recordándonos también a los Ladrones de Cuerpos de Don Siegel y Philip Kauffman) como catalizadoras de una destrucción y manipulación de la personalidad humana (la de los protagonistas) llevada a límites de verdadera y pura paranoia. Por no mencionar que su sola presencia da lugar a escenas gore tan bestiales que por aquel entonces era casi imposible encotrarlas fuera del cine marginal o de serie Z. En resumidas cuentas, a pesar de lo aparatoso del monstruo del film (creado entre otros por dos expertos como Rob Bottin y Stan Winston) el mismo siempre está al servicio de la historia y no al revés.




En su momento el film fue un fracaso en taquilla (Universal tuvo la feliz idea de estrenarlo una semana después de ese otro alienígena devorador de taquillas que respondía al nombre de E.T.) y masacrado por gran parte de la crítica especializada. Hoy día no sólo es uno de los trabajos más sólidos y recordados de John Carpenter, también es un remake ejemplar, un clásico dentro de su género y el largometraje por cuyo complicado rodaje su director contrajo un cáncer de piel que le dura hasta nuestros días.




La Cosa es una pieza de orfebrería de incalculable valor, un film ejemplar sobre como crear magnífico cine de género en su máxima expresión. Un largometraje magistral que debería de utilizarse en las escuelas de cine para que sus alumnos contemplen lo que es ofrecer pureza cinematográfica (puesta en escena, tempo narrativo, colocación de la cámara, uso pordigioso del scope, ajustada dirección de actores) al servicio del entrenimiento puro y duro.




Desde mi punto de vista siempre he echado de menos en ella ese toque más irónico y crítico que Carpenter ha destilado en otros films. Pero como producto cinematográfico no puedo negar su genialidad, su fiereza, su influencia en muchos films posteriores, que escenas como la del perro, la del desfibrilador, la de la sala de recreo con los actores atados en el sofá o la de las pruebas de sangre están grabadas a fuego en mi retina por los restos de los restos o que la reciente precuela es tan entretenida como indigna e innecesaria. Pero de esto último hablaré más adelante y a su tiempo.


domingo, 16 de octubre de 2011

Melancholia, this is the way the world ends, not with a bang but a whimper




Título Original Melancholia (2011)
Director Lars Von Trier
Guión Lars Von Trier
Actores Kristen Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Charlotte Rampling, Alexander Skasgard, Stellan Skasgard, Udo Kier, John Hurt, Brady Corbet




Unas bellísimas imágenes evocadores de un acabado pictórico poderoso y exultante, envueltas por la magnificencia de la ópera Tristán & Isolda del alemán Richard Wagner (exquisita obra musical cuyo preludio por desgracia es explotado hasta el hartazgo a lo largo del film) abren la última obra del excéntrico y genial director danés Lars Von Trier. En ese momento todavía no lo sabemos, pero dichos planos (o la mayoría de ellos) en slow motion están localizados a lo largo del metraje de Melancholia, el duodécimo largometraje de este autor tan sobrado de talento como de estupideces extracinematográficas.




Mientras se lleva a cabo en la suntuosa mansión de una familia de burgueses una boda celebrada por todo lo alto con cientos de invitados, dudas, inconvenientes y medias verdades, un planeta llamado Melancholia parece acercarse a la Tierra dando pie a una posible colisión entre los dos cuerpos celestes. Tras la boda, Justine, su hermana Claire, el marido de esta y el hijo de ambos, esperan la llegada de Melancholia entre fascinados y temerosos por no saber a ciencia cierta si pasará de largo o dará pie al fin de nuestro mundo tal y como lo conocemos.




Por culpa de unas innecesarias declaraciones de su director durante el pasado festival de Cannes, que también fueron estupidamente sobredimensionadas y malentendidas tanto por la prensa especializada como por los mismos organizadores del certamen, Melancholia quedó en un triste segundo plano, cuando se supone que debía ser el centro de atención en lo concerniente a la obra cinematográfica de Lars Von Trier. Una pena, porque el revuelo montado con la supuesta filiación nazi del danés y su improbable admiración hacia Adolf Hitler eclipsaron (nunca mejor dicho) los logros de su última cinta, que son muchos y considerablemente valiosos.




Melancholia está dividida en dos partes (algo habitual en el director de Rompiendo las Olas lo de construir sus films por medio de episodios) las mismas se centran en Justine y Claire, las dos hermanas protagonistas de la obra cinematográfica. En la primera parte podemos ver el lado más Von Trier ceñido al tratado Dogma 95 (las similitudes con Celebration de su compañero y amigo Thomas Vinterberg son notorias) cuando el de Copenhague retrata una celebración marital de un patetismo e incongruencia notable al hacernos testigos de que la novia tiene series dudas sobre su futuro en pareja. El fresco que Von Trier hace de este ritual es sutilmente irónico, acentuando todo lo que, según él, hay de pueril e inane en su interior.




En la segunda parte, tras la boda, el amigo Lars realiza un retrato intimista y decididamente desesperanzado sobre las diferentes vertientes de la compleja psicología del ser humano. Por un lado tenemos a una Justine que tras los hechos acontecidos en su boda parace haber tomado un rol mesiánico, como de deidad cruel e insensible. Claire se muestra temerosa, llena de dudas y miedos por la posible llegada y colisión de Melancholia con la tierra, que acabaría con todo rastro de vida humana. John, el marido de Claire, es un hombre de ciencia que confía en estadísiticas y que mantiene la calma entre fascinado y tranquilizador por estar seguro de que no sucederá tal choque entre los planetas. Por último Leo, el pequeño hijo del matrimonio que representaría una vida tempranamente truncada si este apocalipsis global llegara a tener lugar.



Lars Von Trier suele crear un cine de una pureza dolorosa, cristalina y arrebatadora. Melancholia no es la excepción a esa regla. Su último film, que en sus primeros pasos recuerda tanto a Kubrick como a ese Tarkoviski al que buscó (sin encontrarlo), en la tan desconcertante como fascinante Anticristo, es un maravilloso poema nihilista y misántropo sobre la existencia y huella del ser humano en la tierra. Contrariamente a lo que suelen mostrar otros films sobre catástrofes nada hay aquí de caos, calles infestadas por ciudadanos huyendo hacia ninguna parte o gobiernos sádicos intentando controlar a la marabunta desatada.




El autor de Europa prefiere contar una historia mínima por medio de pocos personajes que representan a una clase social muy determinada y que afrontan su destino entre el horror, la resignación y la indiferencia. Todo ideado con una fuerza visceral localizada en el paraje mas mundano y aislado posible, sin estridencia o sensacionalismo alguno. Esos cuatro roles sirven de termómetro generalizador para analizar como afrontarían distinto tipo de personas un posible fin de los días. Debido en gran parte a ese talento innato que tiene el danés para retratar lo mejor y lo peor que habita en nosotros mismos.




Una vez más los actores lo dan todo por este cineasta que sabe expirimr a sus intérpretes hasta dejarlos exhaustos. Kristen Dunst se entrega en cuerpo y alma (en un papel que en principio iba a intérpetar nuestra Penélope Cruz, pero que finalmente rechazó, para su desgracia) como nunca antes lo ha hecho para dar vida a este personaje de nombre sadiano que pasa de transmitir una falsa felicidad en la primera parte del film a dejarse llevar pos sus instintos (en ocasiones cuasi divinos en su propia alegoría, como ya he comentado) en la segunda. Charlotte Gainsbourg una vez más y al igual que en Anticristo no interpreta un papel, lo hace suyo y lo aborda desde las entrañas. Ella es, en lo referente al reparto, lo mejor del film.




Pero la grata sorpresa también la da un inspirado Kiefer Sutherland que demuestra que es algo más que el actor que dio vida al inolvidable Jack Bauer en la serie 24. El protagonista de Línea Mortal (Flatliners) compone un magnífico personaje, que mediante su determinación y sistema de valores, sirve como catalizador dramático para controlar las obsesiones del rol de Claire, ya que él tiene la misión de tranquilizar a su esposa con respecto a un supuesto choque con Melancholia. Finalmente su verdadera cara saldrá a la luz y un acto extremo por su parte dará pie al inicio del magnífico clímax de la obra cinematográfica.




Entre los secundarios destacar a habituales dentro de la obra de Lars Von Trier como el alemán Udo Kier (con simpático papel), el sueco Stellan Skasgard haciendo de cabrón como sólo él sabe cuando Von Trier lo lleva de la mano o el inglés John Hurt, que tras poner su voz como narrador en Dogville y Manderlay por fin ejerce como intérprete en una de las obras de este director. Pero también debo nombrar a recién llegados al mundo vontrieriano como Alexander Skasgard, un entrañable Brady Corbet o una irónica Charlotte Rampling. Todos ellos con su momento de gloria, pero eclipsados por el trío protagonista y sobre todo por las dos magníficas hermanas ya mencionadas previamente.




Para el que suscribe, Melancholia supone el enésimo triunfo de uno de los autores más interesantes, personales, engreídos e irascibles del cine contamporáneo. Lars Von Trier ha encontrado belleza en el terror, poesía en un fin de ciclo existencial, magnificencia en lo perecedero y ha creado otra de esas obras que dejan al espectador tocado en más de un sentido tras su visionado. Se confirma que este señor sigue sumido en una extraña depresión, eso o que su visión del mundo se vuelve cada vez más descorazonadora, pero también por ello pardójicamente lírica y hasta bella. Veremos hacia donde se encarrila la carrera de este suicida artístico con un talento tan grande como larga su bífida y descontrolada lengua cuando le ponen un micrófono delante.