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domingo, 31 de enero de 2021

Transgresión Continua Express 2020 - Diciembre I


Sound Of Metal (Darius Marder, 2020) - Soberbio primer largometraje de Darius Marder sobre la pérdida auditiva de un batería de heavy metal interpretado por un colosal Riz Ahmed. Su uso didáctico e inmersivo del sonido marca un hito en el medio que debería ser reconocido.


Soul (Pete Docter, Kemp Powers, 2020) - Sólo Pixar podía arrojar algo de luz en el crepúsculo de un año tan oscuro como 2020. Lo hace a ritmo de jazz con una preciosa fábula sobre el alma humana y los pequeños detalles que hacen de la vida un viaje único y genuino.


Mank (David Fincher, 2020) - La escritura de Ciudadano Kane por parte de Herman J. Mankiewicz como excusa para recrear un impecable, pero distante, facsímil audiovisual con el que David Fincher disecciona el Hollywod de los años 30. Un contenido Gary Oldman alcanza la excelencia


Hillbilly: Una Elegía Rural (Ron Howard, 2020) - Drama lacrimógeno y convencional inspirado en las memorias de J.D. Vance. Falsamente indie y manufacturado para ganar premios, sólo unas esforzadas, a veces demasiado, Amy Adams y Glenn Close suscitan algo de interés en su conjunto.


Matar a Santa (Eshom Nelms, Ian Nelms, 2020) - Un planteamiento potencialmente divertido, si se hubiese abordado con humor negro, desemboca en un proyecto aburrido en el que no pasa nada hasta los últimos veinte minutos de metraje, con el espectador ya al borde de la somnolencia.


Saint Maud (Rose Glass, 2020) - Incapaz de explotar las múltiples posibilidades de un planteamiento con mucho potencial Rose Glass se dedica a subrayar el mensaje de su propuesta mientras Morfydd Clark y Jennifer Ehle elevan con su labor actoral un proyecto insuficiente.


Sólo los Amantes Sobreviven (Jim Jarmusch, 2013) - Cadenciosa, melómana y melancólica, así es la visión del mito vampírico según Jim Jarmusch. De engañosa sencillez conceptual contiene su mayor fortaleza en unos Tom Hiddleston y Tilda Swinton arrebatadores.


Corazones en Atlántida (Scott Hicks, 2001) - Adaptación de dos de los relatos contenidos en el libro homónimo de Stephen King. Nostálgico y emotivo viaje a unos Estados Unidos impregnados de realismo mágico. Remarcable química entre Anthony Hopkins y el malogrado Anton Yelchin


La Maldición de Dark Lake (Mick Garris, 2011) - Traslación de la novela Un Saco de Huesos, de Stephen King, a manos de su amigo Mick Garris. Telefilmesca en exceso y con un tan esforzado como inadecuado Pierce Brosnan se muestra en todo momento paupérrima narrativa y visualmente.


Noche de Juegos (John Francis Daley, Jonathan Goldstein, 2018) - Repleta de ideas alocadas y con una media de gag o diálogo cómico por minuto Noche de Juegos se revela como un notable divertimento con unos Jason Bateman y Rachel McAdams encantadores.


jueves, 31 de mayo de 2018

Han Solo: Una Historia de Star Wars



Título Original Solo: A Star Wars Story (2018)
Director Ron Howard
Guión Lawrence Kasdan y Jonathan Kasdan
Reparto Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Donald Glover, Thandie Newton, Paul Bettany, Phoebe Waller-Bridge, Warwick Davis, Clint Howard, Richard Dixon, Joonas Suotamo, Sarah-Stephanie, Deepak Anand, Slim Khezri, Ian Kenny, Douglas Robson, Omar Alboukharey, Sean Gislingham, Nathaniel Lonsdale




Cuando todavía no se ha cumplido medio año del estreno de la rupturista y muy polémica Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi llega a pantallas de todo el mundo una nueva entrega de la franquicia creada por George Lucas en 1977. En esta ocasión se trata del segundo spin off desde que Disney comprara los derechos de Lucasfilm y reactivara la saga de ciencia ficción más importante de la historia del séptimo arte. Después de la excelente Rogue One: Una Historia de Star Wars de 2016 que nos hizo testigos de la aventura emprendida por Jyn Erso y sus colaboradores para robar los planos de la Estrella de la Muerte llega la, posiblemente, apuesta más arriesgada y temeraria relacionada con el universo diseñado por el autor de American Graffiti. Han Solo: Una Historia de Star Wars sufrió una producción problemática desde su misma gestación, algo inherente en varios de los nuevos proyectos impulsados por Kathelyn Kennedy y sus socios dentro de este universo. Los directores encargados de llevar a imágenes el largometraje centrado en los años de juventud del mítico piloto del Halcón Milenario fueron en principio Chris Miller y Phil Lord ayudados por un guión de Lawrence Kasdan, habitual de la casa, y su hijo Jonathan Kasdan. A los cuatro meses de rodaje los autores de La LEGO Película e Infiltrados en Clase (21 Jump Street) de manera repentina fueron despedidos por los jefazos de Disney por importantes diferencias creativas y tomando el relevo de la pareja Ron Howard que desde ese mismo momento ocupó el lugar detrás de las cámaras. El reparto de actores del accidentado film está formado por Alden Ehrenreich en la piel del protagonista, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Paul Bettany, Thandie Newton y Donald Glover dando vida a un rejuvenecido Lando Calrissian.




Han Solo: Una Historia de Star Wars es una película de aventuras clásica adscrita con fidelidad al canon impuesto por la franquicia y tan eficiente en todos sus aspectos como ligera en fondo y forma a pesar de la aparatosidad de su naturaleza cinematográfica. Este segundo spin off es una amalgama de space opera, western, relato de aventuras y a la hora de compactar estas diferentes influencias lo hace de manera notablemente competente y cohesionada. Después de una pieza tan arriesgada como Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi (que fue un gran éxito, pero también motivo de agria controversia para gran parte del fandom y el público generalista) los responsables de Lucasfilm han decidido volver a cierta zona de confort sin arriesgar demasiado en el proceso y más si tenemos en cuenta que nos referimos a un film en el que conocemos las primeras andanzas de uno de los personajes más queridos de la franquicia, ese Han Solo al que dio vida hasta en cuatro ocasiones un excelente Harrison Ford despidiéndose de su criatura en Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza el pasado año 2015. En este sentido el largometraje de Ron Howard se muestra respetuoso hasta lo intachable a la hora de formularse como precuela de la primera trilogía ideada por George Lucas y de este modo se ve algo encorsetada y conservadora estructural y tonalmente, algo lógico por el origen complicado de una propuesta como esta que se adentraba en terrenos presumiblemente incómodos.




Para que Solo: A Star Wars Story funcionara a la hora de adherirse de manera adecuada al microcosmos ficcional al que pertenece los responsables del proyecto encomendaron la escritura del guión a un viejo conocido como Lawrence Kasdan, en esta ocasión acompañado de su hijo Jonathan Kasdan, que después de firmar hasta tres entregas es seguramente, después del mismo George Lucas, la persona que mejor conoce la idiosincrasia y el contexto en el que se desarrolla la franquicia que le dio fama como libretista que más tarde se adentraría en la dirección cinematográfica con piezas como Fuego en el Cuerpo, Silverado o Wyatt Earp entre otras. La mano de los Kasdan se percibe a la hora de retratar señas de identidad indivisibles a Star Wars en general y a la trilogía original en particular. Mercenarios, cazadores de recompensas, ladrones, la sombra del Imperio siempre sobrevolando una galaxia esclavizada por sus ínfulas dictatoriales e historias pequeñas que son las que realmente cimentan la esencia de un devenir de acontecimientos que se desarrolla de manera orgánica y a un ritmo más que adecuado en el que convergen los pasajes de acción a escala épica y los que tienen las interacciones de los personajes como núcleo central, apelando a una alternancia muy bien medida entre cierto drama no muy solemne y una tendencia al humor que encuentra en los personajes secundarios sus principales valedores. Un guión al que sólo se le puede achacar la previsibilidad de la que hace gala de principio a fin por culpa de tirar demasiado de manual para su construcción narrativa.




Con respecto a la labor de Ron Howard como director en Han Solo: Una Historia de Star Wars es de recibo mencionar que embarcarse en un proyecto de dimensiones tan bestiales al cuarto mes de rodaje cuando los responsables originales habían abandonado la nave debió suponer un quebradero de cabeza para el autor de Una Mente Maravillosa. Pero el oficio de un artesano curtido en mil batallas hace acto de presencia y aunque todos hemos hecho mofa con él en muchas ocasiones por ser un cineasta blando que normalmente se adentra sin miramientos en la sensiblería podemos afirmar que gracias a sus conocimientos de la maquinaría hollywoodiense y los engranajes que deben hacer funcionar adecuadamente blockbusters de todo pelaje su labor como jefe de orquesta en la última producción de Star Wars es adecuada y muy eficiente en todos sus aspectos. Howard es un perro viejo que lleva facturando superproducciones desde los años 80 y eso se deja notar en la soltura con la que compacta las escenas de acción a gran o pequeña escala, el cariño que profesa por unos personajes interpretados por unos actores que en todo momento se sienten protegidos por él y una puesta en escena, en líneas generales, que sabe aprovechar al máximo el material narrativo que tiene entre manos, así como un diseño de producción mastodóntico en el que se dan la mano efectos especiales prácticos con digitales, una dirección artística tan descomunal como fiel a la cronología a la que se adscribe dentro de la saga cinematográfica y un bestiario interminable de razas intergalácticas que nos retrotraen a la trilogía primigenia de los años 70 y 80 y con el que los equipos de maquillaje y vestuario hacen un trabajo remarcable.




Algo en lo que todo el mundo estaba de acuerdo antes del estreno Solo: A Star Wars Story es en la importancia de sus personajes y los actores que les iban a dar vida, haciendo especial hincapié en los que interpretarían a las versiones rejuvenecidas de los ya conocidos dentro de la creación de George Lucas. Después de alarmas, sudores fríos y ataques furibundos lanzados antes de ver una sola imagen del film contra Alden Ehrenreich podemos afirmar que su labor es encomiable y muy digna. El Hobie Doyle de la decepcionante ¡Ave César! acomete su versión de Han Solo con un dinamismo digno de elogio, aportando la sorna y la volatilidad que exige un rol tan icónico y aunque su composición queda a años luz de la de Harrison Ford aguanta el envite con profesionalidad y bastante solvencia. Emilia Clarke se esfuerza porque el papel de Qi’ra transmita elegancia y fuerza, pero la británica no consigue destacar en demasía cuando el encuadre repara en su presencia y su química con Ehrenreich es muy cuestionable. Mucho mejor abordan Donald Glover su canallesco y trilero Lando Calrissian o Woody Harrelson a un Tobias Beckett que da origen a los trucos de cazarrecompensas que Han aprendió de él con el paso de los años. Por otro lado mencionar para bien a Paul Bettany que a pesar de sus escasos minutos en pantalla y nimio desarrollo de su rol roba no pocos planos al resto de personajes como Dryden Vos y Joonas Suotamo enfundado en el traje de Chewbacca e interactuando de manera impecable con el protagonista. Pero lo más curioso con respecto a este apartado es que son dos creaciones digitales, L3-37 y Rio Durante, los que se ganan el corazón del espectador con pasajes, acciones y diálogos que los convierten en lo mejor de la velada.




Han Solo: Una Historia de Star Wars es un producto competente y agradable, que abraza la aventura clásica al estilo de la trilogía original o la saga de Indiana Jones sin buscar más aspiración que entretener al público en general y al fan de La Guerra de las Galaxias en particular. Con un ojo en la imaginería diseñada en su origen por George Lucas y otro en Firefly y Serenity (la influencia de la creación de Joss Whedon es más que notable, llegando a emularse en el film pasajes casi arrancados de algunos de sus episodios como la secuencia bélica inicial o el robo del cargamento de coaxium) Ron Howard, los Kasdan y el reparto de actores han conseguido salir airosos de un proyecto repleto de problemas, retrasos y mil y un obstáculos. Por desgracia esto no se ha visto reflejado en la taquilla durante un primer fin de semana en el que el largometraje ha quedado muy lejos de los cálculos que los productores habían realizado con respecto a la recaudación local e internacional convirtiendo su estreno en el peor de un film de la franquicia desde que Lucasfilm pertenece a Disney. Malas noticias para una cinta merecedora de una mejor acogida abriendo un abanico de posibilidades bastante amplio para haber sido explotado en unas futuras secuelas que desde ya penden de un fino hilo. No sabemos si estos malos resultados se deben a la decepción que supuso la anterior entrega para gran parte de los fans, a la sobreexplotación cinematográfica de la marca, dos películas en menos de seis meses puede que sea demasiado, a la dura competencia en cartelera (Vengadores: Infinity War todavía colea y Deadpool 2 se estrenó hace diez días) o a que no cubre los mínimos exigidos a un proyecto de su envergadura, pero el que esto suscribe sólo puede recomendarla como la estimable muestra de cine de entretenimiento y evasión que es.





martes, 23 de junio de 2009

Ángeles y Demonios


Título Original: Angels & Demons
Dirección: Ron Howard
Guión: David Koepp y Akiva Goldsman, basado en la novela de Dan Brown
Actores: Tom Hanks, Ewan McGregor, Ayelet Zurer, Stellen Skarsgard, Armin Mueller-Stahl



Habiendo mostrado ya en este santo blog mi admiración por Dan Brown y su prosa, hoy he visto la última cinta de Ron Howard que se basa en su segunda novela y la primera que escribió sobre las simpáticas y realistas aventuras del especialista en simbología religiosa Robert Langdon. Del libro que da base al film no me he leído ni la sinopsis de la contracubierta, más por miedo que por otra cosa, ya escarmenté bastante con El Código Da Vinci.




Tras la gratísima sorpresa que supuso para un servidor Frost/Nixon, el amigo pelirrojo vuelve a ser el de siempre, el correcto artesano dado a lo hiperbólico, a lo ridículo y exagerado (que unas veces le funciona y otras no). Ángeles y Demonios es un enorme carrusel veloz como un misil que con mucho nervio y ruido no nos cuenta nada, con sentido al menos.



Una vez más de la mente del escritorzuelo americano nace una chorrada de thriller manido que mezcla con desvergonzada altanería, teología, sociedades secretas, ciencia (lo de la antimateria es de barraca de feria, qué risas oigan) todo mal mezclado y peor agitado, para dar forma a una historia ridícula que si aquí es una barrabasada en la novela debe ser idescriptible.



David Koepp y Akiva Goldsman tejen un guión lleno de personajes con unas capacidades deducitavas asombrosas, todos ellos, desde los principales hasta los más secundarios, desbarran y opinan sobre lenguas muertas, física, historia, literatura, da igual si es un miembro de la guardia suiza al que no se le entiende una mierda de lo que dice (qué doblaje señores, qué doblaje) o un guardaespaldas con cara de zangolotino. Podríamos decir que el ritmo del libreto es frenético, pero es lógico, no hay nada que no sean persecuciones, diparos e interminables multitudes eclesiastícas durante todo el metraje. Del reparto solo decir que los únicos que no lo hacen mal son Hanks, McGregor, Skasgard y mi tocayo Mueller-Stahl, los demás se mueven entre lo desconcertante y lo ridículo



Ronie se sale, confirma casi con seguridad que su excelente película inmediatamente anterior a esta se la rodó su primo, porque aquí vemos todos sus tics como director despersonalizado y exagerado, cámaras que no se están quietas un solo segundo, cientos de tomas retocadas digitalmente (sobre todo en los exteriores y en la iluminacion de los interiores como las escenas de la Capilla Sixtina) e incontables y ridículos planos imposibles (el situado en el interior de la chimenea que anuncia la fumata blanca me arrancó una sonora carcajada) abusando con ellos una vez más en demasía de CGI, vamos, Ron Howard 100%.




Ángeles & Demonios es un producto de entretenimiento realmente simple, tiene alguna cosa buena como la escena del rescate en la fuente o su desprejuiciada mala leche para con la iglesia y su extremista reticencia hacia la ciencia, pero es muy ridículo, distrófico y previsible (el personaje que pertenece a los Illuminati canta a tres leguas), para echar un buen rato en el cine está bien, para ser un complemento de El Código Da Vinci es aceptable, pero lo malo es que es incluso más floja que esta última y eso deja en evidencia la naturaleza mediocre de este thriller con sotanas, explosiones y camarlengos voladores.


lunes, 22 de junio de 2009

Frost/Nixon, la implacable justicia de los Mass Media


Título Original: Frost/Nixon (2008)
Director: Ron Howard
Guión: Peter Morgan, basado en su propia obra de teatro
Actores: Michael Sheen, Frank Langella, Kevin Bacon, Rebecca Hall, Sam Rockwell, Toby Jones, Oliver Platt.




Frost/ Nixon es un producto que se adhiere al actual resurgir del cine sobre política, periodismo y televisión que inició George Clooney con la magistral Buenas Noches, y Buena Suerte, tomando las mejores virtudes de este subgénero que se desarrolló en los 60 y consolidó en los 70 con obras como Network de Sidney Lumet o Todos los Hombres del Presidente de Alan J. Pakula, esta última, como es lógico, con muchos puntos en común con la cinta que nos ocupa.




En Frost/Nixon se narran los hechos acontecidos antes, durante y después, de la mítica entrevista por entregas que el periodista británico David Frost le hizo al por entonces ex presidente del gobierno Richard Nixon en Mayo de 1977, el guión está escrito por Peter Morgan, con el mismo adapta su propia obra de teatro homónima y la dirección recae en un irreconocible Ron Howard.



Lo que en su primera mitad se muestra como una visión ácida de la política americana y del mundo de la televisión, se recrudece hacia su ecuador con el inicio de la grabación de las distintas partes de la entrevista que Frost le realizó a Nixon. El duelo dialéctico y psicológico entre los dos personajes es de altos vuelos, no solo en el plató, la magistral escena de la llamada a horas intempestivas es buena muestra de ello, ya que de manera tan engañosa como acertada, ambos se muestran al inicio como lo que no son.



El ex presidente es un buen orador, conocedor de las necesarias artimañas para eludir las preguntas más escabrosas con interminables soliloquios que en realidad no dicen nada, pero se muestra dubitativo en algunos temas, y cae por su propio peso cuando le imterrumpen o contradicen sus argumentos reaccionarios, en este apartado como es lógico trata de evitar en la medida de sus posibilidades todas las preguntas directas referidas al celebérrimo caso Watergate, por otro lado el showman inglés es un lobo con piel de cordero, del afable entrevistador al inquisitivo interrogador hay una delgada línea y cuando Frost lo cruza consigue lo que el tribunal supremo americano no pudo (por mediación del por entonces presidente electo Gerald Ford) llevar a cabo un juicio público contra Nixon y arrancarle una confesión admitiendo lo que era un secreto a voces, que llevó a cabo irregularidades y actos ilegales durante su mandato.




En Frost/Nixon converge una armónica convivencia entre un reparto excelente, un guión perfecto y una dirección de acero. El dúo actoral es impecable, Michael Sheen llena de carisma y personalidad a David Frost, pero lo de Frank Langella está a otro nivel, su recreación del treinta y siete presidente de los Estados Unidos es de un virtuosismo asombroso, superando incluso a la nada desdeñable y muy lograda que realizó Anthony Hopkins en la recuperable y soberbia Nixon de Oliver Stone, la capacidad de mimetismo del protagonista del Drácula de John Badham es espectacular, ambos están respaldados por secundarios de indudable calidad como Sam Rockwell (nunca me cansaré de reivindicar a este gran actor), Toby Jones, Oliver Platt o Kevin Bacon, por otro lado el guión de Peter Morgan, que es de una cohesión intachable, con diálogos mordaces, y un magnífico in crescendo de la tensión entre los dos personajes, y por último la dirección de Ron Howard, me da igual que este hombre haya realizado bastante basura de usar y tirar y que digan que lo único que ha hecho en Frost/Nixon es ponerse detrás de la cámara, yo por mi parte he visto una puesta en escena de alta escuela, un sentido narrativo envidiable, un uso del encuadre y los primeros planos dignos del mejor Sidney Lumet, y unos recursos estilísticos que recuerdan de manera señorial a las cintas que encumbraron este subgenero hace más treinta años. Cuando este señor hace mierda en celuliode soy el primero en admitirlo y hacer mofa de ello, cuando el tipo lo borda y hace, con diferencia, el mejor trabajo de su carrera como director, no me queda más remedio que reconocerlo y he de añadir que con bastante satisfacción.



Los hallazgos de Frost/Nixon (que son muchos) trascienden de los cinematográficos, su estreno en 2008, año electoral, sirvió como una aterradora demostración de que al no recordar la historia, los errores que en tiempos pretéritos se puedan cometer pueden ser repetidos en la actualidad, las similitudes entre el discurso que aquí dicta Richard Nixon y el que titubeaba con menos convicción pero semejante cantidad de mentiras, George W. Bush, y su administración, en los 8 años de mandato en las que estuvo en el poder no son casualidad, son un hecho.



La penúltima cinta de Ron Howard ha supuesto una gratísima sorpresa para el que suscribe, junto a películas tan distintas como Inside Deep Throat de Fenton Bailey y Randy Barbato, Zodiac de David Fincher o la ya mencionada segunda cinta de George Clooney como director, Frost/Nixon es un acertadísimo retrato de una etapa importante de la historia reciente de los Estados Unidos de América, un análisis sobre el poder de la palabra, las virtudes y defectos de la democracia y la necesidad de la libertad de prensa. Pero sobre todo es la confirmación de lo que ya nos sugirió Oliver Stone con su acercamiento a la vida y obra de Richard Nixon, que el mismo fue a parte de un político corrompido, profundamente conservador y belicoso, un gran estadista, un mandatario que rompió barreras al dar pie a un posible aperturismo con China y Rusia y que como todo ser humano cometió errores y de alguna manera pagó por ellos, no de cara a un tribunal, pero sí ante la implacable mirada de los millones de americanos que depositaron su confianza en él y que no recibieron a cambio más que mentiras y corrupción.