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lunes, 6 de junio de 2011

Creepshow 2, la seducción del inocente


Título Original: Creepshow 2 (1987)
Director: Michael Gornick
Guión: Stephen King y George A. Romero
Actores: George Kennedy, Dorothy Lamour, Lois Chiles, Tom Wright, Stephen King, Tom Savini, Frank Salsedo, Holt McCanally, David Holbrook, Don Harvey, Page Hannah, David Beecroft, Richard Parks, Chere Bryson, Joe Silver



Corría el año 1982 cuando el famoso novelista Stephen King (Carrie, El Resplandor) y el director de cine George A. Romero (La Noche de los Muertos Vivientes, Atracción Diabólica), amigos y colaboradores, aunaron fuerzas con el productor Richard P. Rubinstein para realizar un largometraje que homenajeara a los míticos y magníficos cómics para adultos de la extinta editorial EC, pero centrándose también en la colección de relatos de terror Creepy de la Warren. El resultado fue la muy recuperable cinta Creepshow, de cuyo guión se ocupó King y dirección el mismo Romero, una modesta y entrañable cinta que relataba cinco historias de horror que rendían cariñoso tributo a aquellos lejanos tebeos de los años 50.




Infidelidades, zombies, meteoritos del espacio exterior, legados malditos, insectos atacando en forma de plaga, mucha referencia al mundo de EC y una considerable fidelidad para con las viñetas. Todo sustentado en una estética de cómic, un guión divertido con mucho humor negro e incorreción política y un excelente reparto en el que reconocíamos los rostros de Viveca Lindfors, Hal Holbrook, Ed Harris, Leslie Nielsen, Ted Danson, Adrienne Barbeau, el mismo Stephen King como el inolvidable Jordy Berryl o E.G Marshall. Todos ellos pasándoselo en grande a  la hora de abordar sus caricaturescos y exagerados personajes.




La obra tuvo una muy buena acogida, de modo que cinco años después King, Romero y Rubinstein se pusieron manos a la obra con la secuela. Con los tres autores ejerciendo de productores, y el novelista de Maine ocupándose del guión, esta vez Romero delegó responsabilidades de realización en su colaborador Michael Gornick, que por un lado venía de despuntar al realizar algunos capítulos de la serie catódica Tales Form the Darkside y por otro era el habitual director de fotografía de muchas de las obras de autor de La Tierra de los Muertos Vivientes. El resultado fue una digna secuela a la altura de las circunstancias, que en algunos aspectos incluso llegaba a superar a la cinta original.




Esta vez las cinco historias se vieron a tres. La primera, El Viejo Jefe Cabeza de Madera, habla de una figura india de madera que cobra vida en una tienda de carretera regentada por un matrimonio. La segunda, La Balsa, trata sobre dos parejas que se dirigen a pasar un apacible día en el lago y allí una putrefacta mancha negra intentará devorarlos vivos. La tercera, El Autoestopista, narra cómo una mujer adúltera atropella a un vagabundo que estaba haciendo autoestop. Los tres segmentos se ven complementadas por un prólogo y epílogo, alternando ambos imagen real con animación, que relata una historia sobre un chico que lee los cómics de Creepshow, que le son proporcionados por el mismísimo Creep (interpretado por el maestro de los efectos especiales, Tom Savini) y que es acosado por tres matones de su barrio... por desgracia para ellos.




Todas las historias que dan forma a Creepshow 2 siguen, en la medida de lo posible, la senda abierta previamente por la primera parte y como es lógico, al igual que aquella, también sirven como fruicioso homenaje a los cómics en los que se inspiran. Puede que no tengan el tono más clásico y tebeístico que sí destilaban aquellas, siendo más hijas de su tiempo, pero se antojan muy competentes, están adecuadamente ensambladas y rodadas con mucha solvencia. Michael Gornik demuestra notable oficio detrás de la cámaras, sabe medir los tiempos y dosificar el terror, e incluso se permite el alarde de incluir algún plano brillante como el cenital de Sam atravesando la pared siendo arrastrado hacia la habitación contigua por la figura viviente en la primera historia o algunos muy elaborados de la mancha negra devorando humanos en la segunda. Un trabajo que Gornik resuelve con profesionalidad y un control de la narración digno de elogio.





Una vez más Stephen King y George A. Romero consiguieron dar forma a una agradecida y entrañablemente malsana oda a los cómics adscritos al género de terror en particular y al  noveno arte en general, pero con tono muy de los 80, más que su predecesora. Puede que globalmente no sea tan redonda como la anterior entrega (que en honor a la verdad, desde un punto de vista cinematográfico, tampoco era una genialidad, aunque su personalidad suplía dichas carencias), pero tenía la suficiente calidad y cariño por el material que rendía tributo como para ser recordada con aprecio y una sonrisa en la boca del espectador. También hay una Creepshow 3 rodada en 2006, sin King y Romero implicados en el proyecto, con fama de bastante penosa que tarde o temprano comentaré aquí, cuando tenga el dudoso gusto de visionarla.




Por último destacar que después de los créditos finales de Creepshow 2 nos encontramos un texto que fue un editorial de la revista Collers Magazine cuya fecha data de 1949 y en la que se defendía a un medio como el cómic ante las acusaciones que recibió, por culpa de ese inefable psiquiatra ávido de fama llamado Frederic Wertham, de ser la causa de la violencia juvenil en Estados Unidos a finales de  la década de los 40, dando pie al cierre de un sello tan mítico como EC y a la creación de aquel estúpido objeto censor llamado Comic Code que estuvo a punto de acabar con el mundo la historieta americana que no desapareció totalmente hasta Enero del presente año, cuando fue erradicado por fin de nuestras vidas y de la de nuestros personajes de ficción favoritos. Tanta paz lleva como descanso deja.



sábado, 9 de octubre de 2010

Viernes 13, Parte IV, el capítulo final, el legado de la familia Voorhees



Título Original:
Friday the 13th, the Final Chapter (1984)
Director: Joseph Zito
Guión: Barney Cohen
Actores: Judie Aronson, E. Erich Anderson, Peter Barton, Kimberly Beck, Tom Everett, Corey Feldman, Lisa Freeman, Crispin Glover





En 1984 llegaba la conclusión de la saga, el punto culminante de las andanzas de Jason, el clímax de la franquicia, el capítulo final... o tal vez no. Esta cuarta entrega volvió a rendir en taquilla y tras ella vendrían innecesariamente otros cinco largometrajes más que pasaron del terror a la autoparodia condescendiente. Lo curioso de esta cuarta parte es que después de la segunda entrega es la más digna de todas las secuelas que se estrenaron tras la primera e intocable película de Sean S. Cunninghan




La película empieza unos minutos después de la tercera entrega y busca la estúpida excusa de la resurrección de Jason en el depósito de cadáveres, sin explicación alguna. Al volver de la muerte decide regresar a Crystal Lake para descubrir que un grupo de jóvenes ha alquilado una casa cercana para pasar unos días de asueto en aquella zona. Algo que el protagonista no puede permitir y a lo que pondrá remedio como sólo él sabe hacerlo, con el uso milenario del machetazo indiscriminado, que no es ni más ni menos que el aliciente que cualquier seguidor de la saga busca en todas y cada una de los films de Viernes 13.




El director de Viernes 13, Parte IV, El Capítulo Final es Joseph Zito, señor que ultrajó memorables bodrios ochenteros como Desparecido en Combate o Red Escorpión, tipo de cine con el que me crié, como ya he comentado alguna vez aquí. Curiosamente y contra todo pronóstico su trabajo es muy resuelto, su impronta es adecuada y parece conocer los resortes no sólo de la saga, sino del cine de terror de la época. Suyas son algunas de las mejores y más logradas escenas de asesinatos por parte de Jason, incluso acierta al mostrar algunas en toda su crudeza y otras en off, sugiriéndolas más que mostrándolas. Para el recuerdo las dos memorables secuencias en slow motion donde los especialistas en escenas de riesgo dan lo mejor de sí mismos.




La estructura es la básica de toda la saga. Casa aislada en un bosque, jóvenes con ganas de beber, meterse estupefacientes en el cuerpo y copular como conejos. Posteriormente la mayoría de ellos van cayendo como moscas cuando el bueno de Jason entra en escena. Entre los actores podemos ver caras hasta cierto punto conocidas, como la de Crispin Glover, con mítica secuencia de baile epiléptico, o el gran Corey Feldman cuando aún era un adolescente, interpretando a Tommy, un crío aficionado al maquillaje cinematográfico de terror, alusión nada velada a Tom Savini, diseñador del personaje de Jason y creador de los efectos de maquillaje tanto en esta entrega como en la primera.




Por varios motivos la saga debió acabar en esta cuarta entrega. No sólo porque es un film muy resuelto con momentos memorables o porque destila hemoglobina, tensión, desnudos gratuitos, personajes entrañablemente odiables y humor negro por todos sus fotogramas, sino porque su final, con una malsana perversidad, hubiera sido el mejor cierre para la franquicia y sobre todo, porque la quinta entrega, de la que hablaré dentro de poco, baja el nivel alarmantemente y traiciona todo el legado de las primeras entregas convirtiéndose más que en otra secuela, en una basura infecta que no hay por donde coger.


viernes, 8 de octubre de 2010

Viernes 13, Parte III, desmembramientos en 3D



Título Original: Friday the 13th Part 3 (1982)
Director: Steve Miner
Guión: Martin Kritosser & Carol Watson
Actores: Dana Kimmell, Paul Kratka, Tracie Savage, Jeffrey Rogers, Catherine Parks, Larry Zerner, David Katims, Rachel Howard




Viernes 13: Parte III supone la tercera entrega da las andanzas del icónico asesino en serie Jason Voorhees siempre acompañado de armas blancas a la búsqueda de adolescentes a los que trinchar como pavos si deciden acercarse al campamento Crystal Lake o sus inmediaciones. Es todo un acierto que Steve Miner siga ocupando la silla del director y aunque no muestra tanto oficio como en la entrega anterior, su trabajo sigue siendo sólido y las escenas de violencia bestiales, censuradas en su momento en muchos países de Europa.




La principal carencia del film reside en que los productores decidieron seguir la estela de las dos anteriores entregas pero añadiendo un no muy acertado toque de modernidad, idea que ya se vislumbra en los títulos de crédito con un score musical que recuerda demasiado al tema Thriller del bueno de Michael Jackson, debido a que la cinta se estrenó en el en su momento innovador, después desfasado y hoy día más en boga que nunca, formato 3D. Pero el que nos ocupa era el clásico propio de las gafas bicolor que conseguían el efecto esperado, unas veces con más éxito y otras, de cara a un espectador que podía disfrutar la experiencia asimilándola siempre como una simpática e innecesaria chuchería.




El resultado es que la cinta al pasarse al formato 2D perdió en calidad de imagen, sobre todo en lo referido a los fondos, y durante su metraje se abusan forzosamente de tomas en las que cuchillos, palos, ojos, porros y demás objetos inanimados son acercados de manera exagerada por los actores a la cámara, ideas que aumentaba la sensación de realismo que aplicaba el 3D a las imágenes de la cinta . Por lo demás todo correcto, guiños a las otras dos entregas de la saga y a algunas cintas de terror clásicas. Un reparto de muy buen ver, pero pésimo interpretativamente hablando, y mucha hemoglobina arrojada contra la platea.




Después de tantos años llama la atención lo bien realizadas que están estas secuelas de Viernes 13 desde el punto de vista técnico. Friday the 13th Part III deja en evidencia a la mayoría de continuaciones del cine de terror actual confirmando de manera vehemente que los directores de encargo de los años ochenta como Steve Miner, Fritz Kiersch, Lewis Teague, Daniel Attias o Tom Holland eran mejores artesanos que los contemporáneos, aquellos que sin explosiones y efectos especiales no saben vendernos nada minimamente decente debido a su impersonalidad como realizadores.


Viernes 13, Parte II, black friday



Título Original: Friday the 13th Part 2 (1981)
Director: Steve Miner
Guión: Ron Kurz
Actores: Amy Steel, John Furey, Adrienne King, Kirsten Baker, Betsy Palmer




Viernes 13, la cinta de culto dirigida por el normalmente productor Sean S. Cunningam supuso un considerable éxito de taquilla en 1980. Por lo tanto era lógico que poco tardara una sorprendida Paramount Pictures en retomar la historia de Jason Voorhees con una secuela que nos hiciera volver al campamento de Crystal Lake para seguir las andanzas del que en un futuro sería un incuestionable icono dentro de los slashers en particular y el cine de terror en general. Sin más demora, en 1981 se estrenó Viernes 13 II (Friday the 13th, Part 2) contando en su reparto con Amy Steel, John Furey, Adrienne King, Kirsten Baker, Warrington Gillette o la indispensable Betsy Palmer




Esta más que correcta secuela está dirigida por el productor de la primera entrega Steve Miner. Algo que llama poderosamente la atención en un producto como este, a parte de sus notables similitudes con la primera entrega, es el oficio y la profesionalidad de su responsable en la dirección, que rara vez a pasado de artesano mediocre en trabajos posteriores detrás de las cámaras. Sorprende gratamente ver algunos planos realmente elaborados, y no hablamos sólo de las excelentes escenas de asesinatos, sino de esas secuencias destinadas a inquietar al respetable por medio de la atmósfera, la música y la planificación de tomas.




La película arranca por medio de una muy eficiente introducción centrada en el personaje de Alice, interpretado por Adrienne King, la única superviviente de la Viernes 13 original. Este prólogo sería homenajeado de manera directa por Wes Craven y Kevin Williamson en el de Scream ya que ambos están construidos de la misma manera y con parecida intencionalidad narrativa. Después todo se desarrolla nuevamente en un campamento, muy cercano a Crystal Lake, en el que un Jason Voorhees aún sin su celebérrima máscara de hockey irá matando uno a uno a los imberbes jovenzuelos que osen invadir sus tierras.





En esta segunda  entrega es en la que comienza a forjarse la leyenda de Jason Voorhees como uno de los iconos más reconocibles de la cultura pop. Aunque ya hemos mencionado que todavía no portaba aquí su célebre máscara de hockey el saco utilizado para tapar su rostro resulta incluso más intimidante. Lo que sí se afianza en esta Viernes 13: Parte II es la brutalidad física y el ingenio del hijo de Mrs. Voorhees a la hora de eliminar a los jovénes campistas a los que da caza y masacra con todo tipo de armas blancas. Es de recibo mencionar que esta primera encarnación adulta de Jason fue interpretada por el actor Warrington Gillette, que no volvió a interpretarlo en entregas posteriores, pero hizo un magnífico trabajo en la que nos ocupa.



Viernes 13: Parte II es una cinta muy disfrutable cuyo mayor acierto es reincidir en los hallazgos formales de la primera parte manteniendo su espíritu y acentuando la brutalidad de aquella, no precismante poca. Tanto la correctísima y profesional dirección de Steve Miner como la explotación, sin llegar a ser abusiva, de las virtudes que destilaba la primera cinta realizada por Sean S Cunningam y escrita por Victor Miller dan cierta entereza a esta muy apetecible secuela, formalmente bien acabada y con momentos para el recuerdo dentro de la saga. Como todos sabemos esta segunda parte sólo era el inicio de una franquicia interminable perdiendo fuelle en cada nueva entrega, pero que todavía nos depararía alguna sorpresa agradable.


viernes, 23 de julio de 2010

Toy Story 3



Título Original:
Toy Story 3 (2010)
Director: Lee Unkrich
Guión:Michael Ardnt





Toy Story 3 no es nuestra genial ración anual de Pixar, ni siquiera es el cierre de una trilogía animada que marcó época en la historia del cine en la segunda mitad de la década de los 90, es por encima de todo una celebración, un cariñoso y cálido homenaje a todos aquellos espectadores que nos criamos con esta saga comandada por el vaquero Woody y el astronauta Buzz, juguetes infantiles llenos de vida y sentimientos tan humanos que nos permitían identificarnos plenamente con ellos. A Partir de aquí algunos spoilers importantes relacionados con esta tercera entrega de la franquicia.




Desde el minuto uno el director Lee Unkrich y sus colaboradores se ganan el corazón del espectador seguidor de la saga, no sólo con ese espectacular inicio, a todas luces genial y festivo, ni esos maravillosos a la par que sencillas concesiones al fanservice y la continuidad como la pegatina que Buzz ya no posee en el transmisor de su brazo izquierdo o ese nostálgico "Corre como el Viento Perdigón", que sale de boca de Woody, sino también al asistir a ese montaje de imágenes de Andy jugando con sus muñecos mientras va creciendo y madurando con el tema Hay Un Amigo en Mí sonando de fondo. No sé al resto de espectadores, pero a un servidor se le erizó el pelo de pies a cabeza con ese pasaje.




Por suerte no sólo de nostalgia vive Toy Story 3, ya que esta tercera entrega es un producto cinematográfico 100% Pixar, o lo que es lo mismo, una pieza brllante de una calidad incuestionable, diseñada por un grupo de profesionales del entretenimiento y la narración fílmica a años luz del resto de autores de cine animado occidental actual y en continuo estado de gracia. Porque la cinta que nos ocupa es mucho más ambiciosa que las anteriores, una odisea enorme, una aventura bigger than life de las que marcan época por su epicidad, entrañable sorna y cariño para con todo tipo de espectadores, desde el neófito que desconoce la saga hasta el fan incondicional que bebe los vientos por ella desde la primera entrega.




Momentos que se pueden catalogar entre lo mejor jamás salido de Pixar, muchos. Los juguetes captando la atención de Andy, la llegada a la guardería, todas las apariciones de los tres extraterrestres, ver que los secundarios siguen manteniendo la personalidad destilada en las anteriores dos entregas, los momentos del bebé gigantón, la interesante personalidad de Lotso, la historia de Sonrisitas, personaje que me hizo llorar de la risa sólo con aparecer en pantalla, el "Venid con Papá de Rex" y sobre todo esa escena en el vertedero que me las hizo pasar canutas para contener las lágrimas. De lo irregular destacar más bien poco, las golpes de humor referidos a Barbie y Ken y lo del reseteo de Buzz, que sin ser malas ideas sí me parecen lo menos redondo de un film que bordea en incontables momentos la excelencia.




Que nadie os engañe, Toy Story 3 sí habla de el paso de la adolescencia a la madurez, pero la misma está mejor retratada en los mismos juguetes que en su dueño humano. Una cosa me queda clara en ese precioso final que pone fin a un trilogía compuesta por tres indiscutibles obras maestras del cine con mayúsculas. Ese chaval que mira sus juguetes por última vez, y que divisa un pequeño pero importante trozo de su vida que debe quedar inevitablemente atrás, no es Andy. Somos todos y cada uno de los jóvenes, hoy maduros, que fuimos a ver aquella ya lejana Toy Story al cine, y descubrimos que otro mundo de fantasía era posible en pantalla grande, que lo digital, bien utilizado y dosificado, puede transmitir más calor que el mejor reparto de actores reales del mundo, que Pixar había nacido, que los juguetes podían tener vida y que llegar hasta el infinito y más allá era sólo el principio.


viernes, 16 de julio de 2010

Patrick, mentes criminales



Título Original:
Patrick (1978)
Director: Richard Franklin
Guión: Everett De Roche
Actores: Susan Penhaligon, Robert Helpmann, Rod Mullinar, Bruce Barry, Julia Blake, Helen Hemingway, María Mercedes, Robert Thompson


Trailer


En mi niñez, uno de mis hábitos favoritos era acompañar a mi padre a los videoclubs a alquilar su dosis semanal de hostias cinematográficas a manos de los Van Damme, Stallone o Norris de turno. Allí podía ver extensas estanterías con cientos de películas en formato Beta y VHS que me llamaban profundamente la atención o me atemorizaban sólo con sus carátulas como las de Pesadilla en Elm Street. Un día en concreto (de ese momento exacto recuerdo muy vivamente un cartel que anunciaba el próximo estreno de Platoon en vídeo, fijaos si ha llovido ya) en una de mis visitas descubrí una película que sólo con su portada y la única foto de su contenido en la parte trasera de la funda consiguió acojonarme considerablemente, tanto como para no recordar el título de la cinta, pero sí para que esas dos imágenes se quedaran grabadas a fuego en mi, por aquel entonces, impresionable mente.




Los años pasaron y aunque intenté buscarla posteriormente, al no tener datos sobre ella no di con su paradero, incluso con internet ya en casa no tuve la suerte de econtrarla debido a la practicamente nula información que poseía sobre la cinta. Pero por circunstancias de la vida hace unos días visitando una de esas maravillosas páginas para descargar cine (tengo unas 2.000 películas en formato digital originales, pero eso no quita que no me baje material de la red, le pese o no a Ramoncín) vi esa carátula inolvidable y una sensación entre repulsión y excitación me recorrió la espina dorsal, más de 20 años después conseguí dar con Patrick, que así se llamaba la película. Esta mañana he tenido el gusto de verla por primera vez y de alguna manera cerrar una etapa que se inició en mi niñez.




Patrick, que fue rodada en 1978 por Richard Franklin es una muestra de ese cine australiano fantástico y de terror que despuntó a finales de los 70 y principios de los 80 con obras como Picnic en Hanging Rock de Peter Weir o Mad Max de George Miller. Un producto de genuina serie B sin muchas pretensiones estilísticas, de efectividad considerable y resultados bastante meritorios a pesar de la notable escasez de medios con los que fue concebido. Una mezcla entre el Cronenberg de sus primeras obras, con un suspense a lo Hitchcock y una estética muy del Brian de Palma de la efectista pero entrañable La Furia.




Patrick en principio parece tratar sobre un joven parricida en estado de coma profundo que puede seguir cometiendo fechorías por medio de la psicoquinesis que posee y que le permite mover objetos. Más tarde, de manera gradual y nada impostada, descubriremos que hay algo más y todo se descubrirá con la aparición de la enfermera Jacquard, de la que Patrick acabará enamorándose. Para que un film como el de Richard Franklin sea debidamente digerido el espectador tiene que aceptar alguna licencia. Se sabe en cierta manera que la psicoquinesis o telequinesis permite (presumiblemente) mover objetos del ambiente, del lugar que se habita en ese mismo instante, aunque su inductor se encuentre en estado catatónico. En cambio lo de que pueda utilizar su don en la otra punta de Australia sin ver nada de lo que allí ocurre, o se acepta y se deja pasar por alto al guión o nunca entraremos en el juego que nos ofrece la película.




Bien resuelta, muy entretenida, con una intriga que se tensa debidamente a lo largo de todo el metraje y una mirada descreída hacia el sistema sanitario de Australia, Patrick es un producto entrañable, que ha envejecido, pero que mantiene bien la compostura a pesar de sus limitaciones y algunos fallos como ese susto final metido con calzador y que da más risa que otra cosa. Existe también, una falsa secuela italiana titulada Patrick, Aún con Vida, que utiliza el mismo punto de partida de la cinta que nos ocupa para crear un festín de gore, erotismo softcore y disparates interminables. Por puro morbo la veré, que el eurotrash tiene un importante lugar en mi corazón de cinéfilo. Al igual que esta entrañable Patrick que ha merecido la pena descubrir después de tantos años.



viernes, 12 de marzo de 2010

El Resplandor, la versión del escritor


Título Original: Stephen King's, The Shining (1997)
Director: Mick Garris
Guión: Stephen King basado en su novela homónima
Actores: Steven Weber, Rebecca de Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Pat Hingle, Elliott Gould






En 1980 Stanley Kubrick adaptó la célebre novela El Resplandor, obra del escritor Stephen King. El film es desde mi punto de vista el más flojo de la carrera del realizador, pero claro, hablamos de uno de los mejores directores de la historia del cine, de modo que sin mucha dificultad se puede tildar a la cinta que comento como un clásico contemporaneo dentro del género de terror que batió records de taquilla, pero que fue recibido con división de opiniones por los críticos.




El film poseía muchas virtudes, como todas las producciones de Kubrick, pero su mayor fallo era la poca fidelidad hacia el libro que adaptaba. El director de Espartaco y su co guionista Diane Johnson se pasaron por el forro, no sólo muchos pasajes del escrito sino también dos de los conceptos clave del relato, la caldera defectuosa del sótano del hotel Overlook y el alcoholismo del personaje principal, Jack Torrance.




Stephen King es un alcohólico rehabilitado y en muchos de sus relatos ha intentado expiar sus demonios internos y los problemas que le causó durante muchos años dicha enfermedad y hablamos de unos niveles de dependencia hacia la bebida en los que si el escritor de Carrie no encontraba en su hogar algún tipo de licor, no dudaba en ingerir desde el After Shave hasta el colutorio dental. El Resplandor nos narra como Jack Torrance, su mujer Wendy y Danny el hijo de ambos, poseedor de poderes precognitivos, se mudan a un hotel, lleno de espectros de huéspedes fallecidos allí, para vigilarlo durante el invierno.




Pero la tercera novela de King es en verdad una nada velada metáfora sobre el alcoholismo, la lucha interna de un padre por vencer una enfermedad que le va a quitar la vida y destrozar la de su familia. De ahí el profundo disgusto del de Portland con la adaptación de Kubrick, que como todos sabemos era capaz de hacer la peor tropelía contra quién fuera necesario (guionistas, productores, actores) con tal de hacer la película que el tenía en mente. Por eso en 1997 King trabajó junto a su amigo Mick Garris para hacer una miniserie televisiva adaptando fielmente su propia novela.




King y Garris ya habían trabajado dos veces con anterioridad y lo harían otras cuantas, años después, como se pudo ver en la horripilante adaptación que ambos hicieron de Desesperación, otra novela del escritor de Maine o en Riding the Bullet. La primera vez que se vieron las caras fue cuando ambos realizaron aquella salvajada, sangrienta, felina e incestuosa llamada Sonámbulos, esta vez con guión original de King. La segunda fue cuando ambos se embarcaron en la mastodóntica adaptación televisiva en cuatro episodios de la extensa, ambiciosa y algo plomiza novela Apocalipsis (The Stand) una de las más conocidas del escritor, con resultados meritorios pero no del todo satisfactorios, que comentaré dentro de poco en este santo blog.




Garris y King tenían a su favor un metraje holgado para plasmar hasta el más mínimo detalle de la novela, unos medios bastante aceptables para ser un producto dirigido a la televisión americana y un equipo competente tanto en el apartado artístico (aunque con algún fallo de casting que comentaré más tarde) como en el técnico. Pero tenían en su contra las limitaciones que daba en aquella época el medio televisivo y sobre todo, la alargadísima y constante sombra de la cinta original de Kubrick.




Comparar las dos versiones de El Resplandor es una estupidez, porque son épocas distintas, autores diferentes y medios que por aquel entonces tenían poco que ver el uno con el otro (las geniales y muy cinematográficas series de la HBO quedaban lejos aún). La cinta de Kubrick es abismalmente superior cinematográficamente hablando, pero la versión de Garris y King deja mucho más satisfecho al seguidor de la obra literaria, porque sin ser enfermizamente fiel al escrito, sí lo plasma con mucha más entereza y consistencia como adaptación del mismo.




Hablemos del reparto y con ello destaquemos el inmenso y esforzadísimo trabajo de un Steven Weber en el papel de su, por desgracia, errática y desconocida carrera. El protagonista de Mujer Blanca Soltera Busca... sabe que la genialmente sobreactuada interpretación de un Jack Nicholson más pasado de rosca que nunca planea sobre su cabeza, por eso no se refleja para nada en él. Weber compone un Jack Torrance que se adentra gradualmente en la locura, no como el de Nicholson que parecía que estaba como una puta cabra desde el primer plano del film de Kubrick. Mostrando de manera física y psicológica una lucha interna perfectamente palpable por el espectador y demostrando que junto a David Strathairn es uno de los actores que mejor hace de borracho en el Hollywood actual.




Rebecca De Mornay hace un trabajo correcto, aporta buen material dentro del dramatismo de la miniserie y estaba en una época de madurez física maravillosa durante el rodaje, poco antes de meterse el bisturí hasta en el gaznate y destrozarse de pies a cabeza y no es mejor actriz que la sufrida Shelley Duvall, pero es mucho más guapa y se agradece. Entre los secundarios podemos encontrar con breves pero correctos papeles a Pat Hingle, Elliott Gould y al gran Melvin Van Peebles.




Pero uno de los fallos más grandes del film es el niño elegido para dar vida a Danny Torrance, Courtland Mead. El pobre crío hace lo que puede, se esfuerza, pero a parte de ser malo como un cáncer de pancreas, haciendo un trabajo para correrlo a gorrazos, es que tanto su voz horriblemente nasal como su presencia física son del todo insportables, es más, creo que Garris lo escogió sólo porque sabía poner los ojos en blanco durante las escenas de los trances, porque si no, no me explico que hace este engendro de medio metro delante de una cámara. Por suerte para la humanidad este mozo parece ser que dejó la interpetación y ahora ejerce de cani hiphopero en sus horas libres, dios lo bendiga si realmente el de la foto es él.




Garris cumple, se le nota el oficio y sabe donde poner la cámara y como moverla (no como en Desesperación que nos regaló un desfile de gruas, travellings y contrapicados insoportables) crea atmósfera y cumple tanto como en Apocalipsis, aunque el trabajo en aquella era bastante más complicado por las continuas escenas en exteriores. King adapta bien su libro, pero siempre que escribe guiones para cine o televisión hace una labor mediocre e inusualmente politicamente correcta, cuando en la literatura muestra totalmente lo contrario. Mete sentimentalismo de baratillo, algunos diálogos olvidables (casi todos los del jodío crío) y otros bastante logrados, que se los lleva el personaje de Weber.




Me considero seguidor de la obra de King como escritor, El Resplandor me parece un excelente libro pero que fue muy sobrevalorado en su momento, aunque es una obra con hallazgos, buenos momentos y una interesante composición de personajes. Dejando la película de Kubrick a un lado, la versión de Mick Garris y Stephen King me parece un buen trabajo, una miniserie entretenida que engancha al espectador, puede que tenga escenas que no funcionen o que se alarguen y se subrayen algunos conceptos (como la manía de Garris de mostar muchas tomas a lo poltergeist cuando los personajes salen fuera de plano) pero en general cumple su cometido de entretener y adaptar como es debido la obra de King. En su momento la vi cientos de veces y al revisionarla entre ayer y hoy por enésima vez, casi 10 años después, la nostalgia ha sido inevitable, buenos tiempos los del VHS.