domingo, 9 de septiembre de 2012

Sin City



Título Original Sin City (2005)
Director Frank Miller, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino
Guión Frank Miller y Robert Rodríguez
Actores Bruce Willis, Mickey Rourke, Clive Owen, Rosario Dawson, Elijah Wood, Jessica Alba, Benicio del Toro, Marley Shelton, Alexis Bledel, Micharl Clarke Duncan, Carla Gugino, Josh Harnett, Michael Madsen, Jaime King, Brittany Murphy, Nick Stahl, Rutger Hauer, Devon Aoki, Jude Ciccolella, Jason Douglas, Tommy Flanagan, Rick Gómez, Nicky Katt, Nick Offerman, Lisa Marie Newmyer, Powers Boothe, Arie Verveen, Jesse De Luna, Randal Reeder, Charissa Allen, Penny Drake, Frank Miller



Frank Miller es una personalidad capital dentro del mundo del cómic. Junto a autores como Alan Moore, Neil Gaiman, Warren Ellis, Garth Ennis o Grant Morrison en los 80 cambió la manera de entender el noveno arte con algunas obras imperecederas que darían una perspectiva diferente de este mundillo y sobre todo de los superhéroes. El norteamericano dejó su huella en las dos grandes editoriales como guionista e ilustrador. En Marvel dio sus primeros pasos con Spiderman, devolvió la vida a un personaje como Daredevil regalándole la que es posiblemente su mejor etapa, creando durante la misma a personajes inolvidables como Elektra y rematándola con la mejor saga jamás realizada sobre el hombre sin miedo, Born Again, con guión de su puño y letra y dibujos del inmenso David Mazzuccelli. También realizaría junto a Chris Claremont el mítico arco de Lobezno titulado Honor que servirá en breve como base para la secuela de la muy floja X-Men Orígenes: Lobezno.







Pero fue en DC donde marcó historia con obras imprescindibles dentro del medio. Empezó a llamar la atención con Ronin, una mezcla de la filosofia y honor de los samurais situada en un futuro distópico con estética cyberpunk. Pero no sería hasta que tomara contacto con Batman, el personaje más importante de la editorial (junto a Superman) que llegaran dos de las obras más importantes de su carrera. Batman: Año Uno y Batman: El Regreso del Caballero Oscuro narraban el nacimiento del guardián de Gotham y su posible fin en un futuro no muy lejano. Ambas historias son dos de los relatos más importantes jamás realizados sobre le hombre murciélago y marcaron tan profundamente al personaje y su microcosmos que aún hoy, después de casi 30 años de su edición, se puede ver su influencia en las colecciones actuales del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger.





Pero en los 90 Miller decidió desvincularse temporalmente de las majors y fichó por la por aquel entonces pujante editorial Dark Horse. Allí los editores le dieron una considerable libertad creativa con la que se permitió moldear la que es sin lugar a dudas la más personal de sus obras, Sin City, uno de los picos más altos dentro de su carrera y también casi con toda seguridad el principio del fin de su era dorada como autor de cómics. Siete tomos formados por El Duro Adiós, Mataría Por Ella, La Gran Matanza, Ese Cobarde Bastardo, Valores Familiares, Alcohol, Chicas y Balas e Ida y Vuelta al Infierno. Los cuatro primeros arcos, sin lugar a dudas los mejores, pueden considerarse la quinta esencia del estilo frankmilleriano en lo referido a entender el mundo del tebeo.




Basin City es una ciudad corrupta hasta el tuétano, en ella practicamente nadie está libre de la inmundicia moral, de ahí que fuera rebautizada como Sin City. Fuerzas de la ley, políticos, iglesia, todas las instituciones de la zona viven en la ilegalidad llevando a cabo todos los crímenes imaginables. Sólo unos pocos hombres duros y mujeres luchadoras, que viven por y para la calle son capaces de sobrevivir en un pozo de mugre de semejante calibre. Frank Miller está en su salsa, aquí puede dar rienda suelta a su estilo narrativo deudor de literatos de la novela negra como Raymond Chandler, James M. Cain o Mickey Spillane y a su ideología derechista con la que nos relata historias sobre venganza, violencia, machismo, sexo, incorrección social o política y amor.




Sin City supone la cumbre como narrador de Frank Miller. No sólo en unos guiones magníficos con esas voces en off convertidas en sensacionales textos de apoyo, esos personajes carismáticos como Marv, Dwight o Hartigan a los que cogemos simpatía a los pocos minutos de conocerlos a pesar de la amoralidad de algunos de ellos o esos villanos a los que odiamos con toda nuestra alma como Kevin, toda la familia Roark o Jackie Boy. También en el apartado de la ilustración el autor de All Star Batman y Robin consigue una perfecta convergencia entre juegos de luces y sombras y dotes de storyteller de altos vuelos. Cada viñeta de Sin City es una delicia formal y de experimentación, blancos y negros (con, en ocasiones, algunos apuntes de color) que se entrelazan con maestría desde las más imposibles perspectivas sirven para dar forma a historias inolvidables de una altísima calidad y con un acabado intachable.




Desde los años 90 la idea de llevar al cine las historias de Sin City rondó por varias productoras, pero la empresa no llegó a buen puerto. No sería hasta 2005 que el director tejano Robert Rodríguez decidiera dedicarse en cuerpo y alma a trasladar a imágenes la obra de Frank Miller. El realizador de Spy Kids quería ser todo lo fiel que pudiera a la obra en viñetas, por eso acometió la ardua tarea de convencer al propio autor del cómic para que se involucrara en el proyecto al 100%, pero no como productor o asesor, sino como co director del fim compartiendo este puesto con Rodríguez. El guionista y dibujante no parecía muy convencido con la idea, pero el de Texas, que es un hombre con fama de persusivo, le mostró el prólogo del film ya rodado, que no era nada más ni nada menos que la historia corta El Cliente Siempre Tiene la Razón incluida en el recopilatorio Alcohol, Chicas y Balas. Miller quedó tan completamente enamorodo de lo que vio no que no dudó en aceptar la propuesta que le ofrecía el cineasta.




El resultado fue Sin City una gran éxito de crítica y público que marcaría un antes y un después a la hora de llevar cómics a la pantalla grande. Un producto inusualmente independiente impulsado por el mismo Robert Rodríguez y su ex mujer (pero aún socia) Elizabeth Avellán por medio de la productora Troublemaker, que ambos comparten y con el que consguieron un acabado técnico de los que hacen época así como contratar a un reparto de intérpretes del todo irrepetible. Todo con la ayuda incondicional de un Frank Miller que lo dio todo como director y guionista y con una ayuda puntual de Quentin Tarantino que rodó una escena del film por el simbólico precio de un dólar, lo que supuestamente ganó Rodríguez por colaborar en la banda sonora de Kill Bill Vol 2.




Estamos en Sin City, una de las ciudades más corruptas de Estados Unidos. Allí seremos testigos de como el brutal Marv tratará de vengar el asesinato de su amante Goldie, acto que lo llevará a las más altas esferas de la localidad. También veremos como Dwight intentará evitar que Jackie Boy, el ex novio de su actual chica, Shellie, cometa un error que le lleve a empezar una guerra en el Barrio Viejo de la ciudad donde las prostitutas marcan la ley. Por último John Hartigan deberá resolver el último caso de su carrera justo en su día de retiro. Rescatar a una pequeña niña de once años de las manos de un demente agresor sexual hijo de un importante político de la zona.




La décima película de Robert Rodríguez es importante por varios motivos. Primero porque confirmó su talento autodidacta como director, montador, comopositor de música, director de fotografía, productor, guionista. Un hombre hecho a sí mismo rodando el cine que le da absolutamente la gana sin la necesidad de ser el perro faldero de las grandes productoras (aunque la Dimension de los hermanos Weinstein casi siempre colaboraba en sus trabajos, al menos cuando estaba comandada por los orondos Harvey y Bob) que le señalarían e impondrían de mala manera el camino a seguir para que el producto se prostituyera entregándolo a la más simple y burda de las comercialidades.




Por otro lado supuso el debut en la dirección cinematográfica (tras una poco agradable incursión como guionista en Robocop 2 y 3 de la que reniega considerablemente) de Frank Miller por la puerta grande y con un gran éxito, el mismo que mandaría al carajo con su siguiente proyecto (esta vez en solitario, confirmando que si Sin City fue enorme fue más por Rodriguez que por él, aunque no quiero quitarle méritos tampoco, que los tiene en la elaboración de la película, no se puede negar) que se basó en pisotear la obra y alma de su íntimo amigo Will Eisner con aquella cosa terrible llamada The Spirit, que mancillaba el buen nombre de uno de los mejors cómics de la historia y que no dejaba de ser una Sin City descafeinada llena de desaciertos. Pero esa es una historia de la que hablaré en otro momento.




Sin City también dejó huella en el sentido del avance mastodóntico que ofreció en la aplicación de efectos digitales por ordenador al celuloide. Por fin los CGI se utilizaban no para devorar una historia o complementarla, sino para crearla estéticamente. Rodríguez venía de experimentar formalmente con el uso de los ordenadores aplicados al cine en su trilogía de Spy Kids y ya conocía el terreno, por eso el uso de las pantallas verdes en Sin City es sencillamente brillante, dando con ellas forma, no a los decorados que deberían introducirnos en la ciudad retratada por Miller en los cómics, sino a las mismas viñetas de las historietas ideadas por el guionista y dibujante norteamericano. Desde mi punto de vista no veía una revolución a nivel de efectos especiales tan grande desde Terminator 2 y Parque Jurásico y no se volvería a ver hasta Avatar, por que sí, lo de 300 tuvo su mérito, pero el camino que Zack Skyder tomó con aquel proyecto ya lo había marcado con luces de neón Rodríguez en la película que nos ocupa.




Pero si Sin City marcó un hito de manera indudable es en la manera de adaptar cómics al cine. Precisamente por no ser una adaptación de la obra a la pantalla, sino una traslación literal de las viñetas al celuloide. Es decir, Rodríguez y Miller utilizaron los mismos tebeos como storyboards para llevarlos completamente a imágenes. Lo que vemos al experimentar el visionado de Sin City es precisamente eso, viñetas en movimiento, el trabajo de Miller extrapolado al cine palabra por palabra, personaje por personaje, ilustración a ilustración. Nunca la fusión de séptimo y noveno arte fue tan pura y simbiótica, tan enriquecedora al nivel adaptativo, aunque a algunos espectadores esta literalidad no llegó a convencerles del todo y renegaron del resultado del largometraje.




Frank Miller y Robert Rodriguez consiguen llevar a la pantalla todo el tono pulp y de novela negra saturada de esteroides de los cómics. Cada callejón, cada muelle del puerto, cada pub, iglesia o monumento toman forma corporea en imágenes gracias al acabado técnico del largometraje que se mueve entre lo demencialmente portentoso y lo deliciosamente pictórico. El proyecto adapta las historias El Duro Adiós, La Gran Matanza, Ese Cobarde Bastardo y a modo de prólogo y epílogo El Cliente Siempre Tiene la Razón, pero los guionistas y directores las entrelazan y en ocasiones hasta deconstruyen al más puro estilo Pulp Fiction para darles una solidez narrativa más depurada como conjunto. La elección es del todo acertada porque los aquí adaptados son los mejores arcos argumentales de la colección, sobre todo el protagonizado por John Hartigan, que es mi favorito.




La dirección de Rodríguez (él dominaba la técnica en el proyecto) y Miller (ocupándose principalmente de la escritura y el acabado tonal) ofrece momentos vibrantes en escenas de acción, tiroteos, persecuciones o secuencias sexuales. La voz en off no entorpece o satura el guión, lo enriquece y le da ritmo y el incontable número de personajes que desfila delante de la pantalla es brutalmente fiel a la obra en la que se basa. Huelga decir que el reparto está sencillamente brillante y cohesionado, incluso hay casos en los que pareciera que los actores hubieran nacido para interpretar sus papeles, por su presencia física, lenguaje corporal y por qué no decirlo, también gracias a el maquillaje y la utilización de la impactante dirección de fotografía.




Porque si el acabado técnico o la fidelidad a los cómics es una virtud en Sin City su enormísimo casting no lo es menos. Mickey Rourke se recuperó a la máxima potencia con su papel de Marv en este film, relanzando su carrera. Cierto es que el látex en su rostro ayuda para la caracterización, pero el protagonista de The Wrestler es el personaje de El Duro Adiós al 100%, su rotundidad física, su voz grave y su amenanzante brutalidad dan perfectamente el pego y hacen que su labor sea inolvidable. Clive Owen cumple sobradamente como el carismático y lacónico Dwight y Bruce Willis ofreció su último papel memorable dando vida al íntegro John Hartigan. Pero del reparto me quedo con las féminas sin dudarlo un segundo. La fuerza de Rosario Dawson, los preciosos ojos de Alexis Bledel, le carnalidad de Jamie King, la simpatía de la pobre Birttany Murphy, el mortal toque de Devon Aoki o esa Carla Gugino que me deja completamente extasiado cada vez que la veo en pantalla. Jessica Alba también está en su ambiente como Nancy, pero como actriz casi nunca me convence, esta por desgracia no es una excepción.




Entre los villanos, memorables el Jackie Boy de Benicio del Toro, el Manute del tristemente desaparecido Michael Clarke Duncan, el senador Roark de Powers Boothe (curisosamente muy parecido en el film a cierto ex alcalde marbellí) o Rutger Hauer como el cardenal. Pero me quedo con los dos dementes más remarcables del film y por efecto dominó de los cómics. El brutal caníbal Kevin de un acojonante y casi irreconocible Elijah Wood y el demente pederasta Junior de Nick Stahl, que en la recta final del largometraje y tras su "cambio de imagen" se muestra como el hallazgo técnico más destacable de la velada con ese amarillo lascivo y pervertido que se contrapone con el blanco y negro puro que impera en la pantalla.




Momentos memorables los hay a puñados. El prólogo con Josh  Harnett en el que los directores ponen las cartas sobre la mesa, la primera parte de la historia de Hartigan con la química entre el personaje de Willis y el Bob que borda Michael Madsen, la huída de Marv del motel, su encuentro con el sacerdote interpretado por Frank Miller, cuando culmina su vendetta, seguida esta de su destino final tras ser juzgado. Dwight metiendo la cabeza en el retrete a Jackie Boy, el encuentro entre este último y la Becky de Alexis Bledel que da pie a todo el embrollo, el pasaje en el pozo de brea de Dwight con los terroristas irlandeses y su venganza más tarde con el interpretado por Tommy Flanagan (Braveheart, Gladiator, Hijos de la Anarquía) la conclusión de Ese Cobarde Bastardo, con el regreso de Junior, cuando Nancy reconoce a Hartigan o el clímax en la granja lleno de momentos poderosos e inolvidables como cuando John le quita las dos armas a su enemigo o esa expeditiva resolución final en la que un viejo muere para que una chica joven pueda vivir. Un trato justo.




Adoro una película como Sin City, porque me encantan los cómics que escribió Miller para dar forma a este microcosmos lleno de suciedad, corrupción, poder, sangre, venganza, romance y muerte. Es la única cinta que he ido tres veces a verla al cine y que cada vez que la revisiono la disfruto más (la última ha sido esta mañana). Poco importa que ideológicamente esté practicamente en contra de casi todo lo que me plantea y glorifica Miller, esto es cine de primerísima calidad, genialmenre dirigido, escrito, montado, interpretado y musicado (enorme la banda sonora del mismo cineasta compuesta a seis manos con John Debney y Graeme Revell). Una obra de culto, un regalo para todo amante del cine y los cómics con mente abierta y la mejor obra de un director, Robert Rodríguez, que merece más mérito del que tiene porque siempre hace lo que que quiere, lo hace bien y somos muchos los que lo disfrutamos y se lo agradecemos.




Este 2012 ha empezado la pre producción de Sin City 2: A Dame to Kill For que como bien anuncia su título adaptará el segundo tomo de la colección titulado en España Mataría Por Ella. Miller y Rodríguez se han puesto manos a la obra con un proyecto que va a ser más complicado que el anterior por distintos motivios. El primero es que la historia puede ser algo polémica, porque es la más machista, e incluso adentrándose en cierta misoginia, de las que conforman Sin City. El segundo es que dos de los personajes con más relevancia en el relato son Shellie y Manute, ambos interpretados por dos actores que por desgracia han fallecido. Ardua tarea para los productores el suplantarlos por otros intérpretes, sobre todo al personaje que daba vida el enorme e inolvidable John Coffey de La Milla Verde.




Pero el tercero y más grave es sin lugar a dudas el mismo Frank Miller, por muy duro que suene el comentario. Ese hombre inclinado casi siempre hacia la ultraderecha, pero iconformista que no tenía piedad a la hora de atacar a conservadores y progresistas, políticos o clérigos, que se enfrentaba contra lo establecido, que llamaba a la rebelión, se ha convertido en un rancio carca filofascista, simple (ahí tenemos esa cosa terrible que responde al nombre de Holy Terror) y enfadado pelele al servicio de su país haciendo declaraciones vergonzosas mostrando un desconocimiento brutal de los tiempos en los que vive y mezclando conceptos sociales y políticos que parece desconocer totalmente. Una pena, porque con sus declaraciones personales y útlimas obras como autor (en cine y cómic) está sepultando su merecido buen nombre.




Pero ahora estamos hablando de Sin City, la película, una pieza de lujo, una obra para revisionar incontables veces, para dejarse imbuir por su olor a hemoglobina, perfume de mujer, tabaco, prostíbulo y alcohol. Hombres duros e íntegros, jóvenes luchadoras y hechas a sí mismas, villanos podridos hasta las entrañas, juegos de poder, venganzas, lluvias que preceden a la muerte, crimen, inocencia salvada de las manos de lo impío e historias de amor (porque este sentimiento es el que mueve todos los relatos de esta serie de cómics) arraigadas en una urbe podrida en la que el simple hecho de sobrevivir es un derecho que hay que ganarse día a día. Porque si te metes en un callejón de Sin City puedes encontrar cualquier cosa... cualquier cosa... hasta buen cine.



viernes, 7 de septiembre de 2012

Sombras Tenebrosas, family matters



Título Original Dark Shadows (2012)
Director Tim Burton
Guión Seth Graham Smith basado en personajes de Dan Curtis
Actores Johnny Depp, Michelle Pfeifer, Helena Bonham Carter, Eva Green, Jackie Earle Haley, Johnny Lee Miller, Chloë Grace Moretz, Bella Heathcote, Gulliver McGrath, Christopher Lee, Ray Shirley, Alice Cooper





Lamento decir a los que lean esta entrada sin haber visto Sombras Tenebrosas que no, Tim Burton no ha recuperado el talento y el punch que desde hace años parece haber perdido en favor de una acomodaticia última etapa de su filmografía que no ofrece un producto realmente consistente desde aquella (ya un poco lejana) La Novia Cadáver que tan buen sabor me dejó, pero que no superó a la anterior Big Fish, la última obra maestra del director de Bitelchus. Pero también es cierto que un servidor no ha salido decepcionado de su última obra cinematográfica y eso que iba con todos los prejuicios del mundo tras ver que lleva años sin ser el mismo.




Año 1752, la familia Collins abandona su Liverpool natal en pos de tierras americanas para comenzar una nueva vida allí alejados de una terrible maldición que amenaza su estirpe. Ya en Estados Unidos, Bárnabas Collins rompe el corazón de Angelique Bouchard, una bruja que le condenará a ver morir a su amada Josette y a vivir eternamente su desdicha como vampiro confinado en un ataud que es enterrado. 200 años después Bárnabas es liberado de su cautiverio y despierta en el año 1972. Allí intentará integrarse en la familia de sus descendientes, siempre que Angelique, que ahora es una diabólica empresaria enemiga de los Colllins, no lo impida con sus malas artes de hechicera.




Sombras Tenebrosas es una adaptación cinematográfica de la famosa serie estadounidense que se emitió en la televisión americana desde 1966 a 1971 creada por el guionista Dan Curtis. Dark Shadows fue un considerable éxito en su época, tanto como para ser diana de varios remakes tanto televisivos como cinematográficos en los 70 y 90. Tim Burton puso sus ojos en los personajes y se enamoró de Bárnabas Collins, personaje que marcó también la infancia del actor fetiche del autor de Eduardo Manostijeras. Que ambos dieran su visión de la creación de Curtis en su octava colaboración juntos era cuestión de tiempo.




En líneas generales la película me ha dejado satisfecho. Como casi siempre en Tim Burton, me he quedado prendado con su diseño de producción y ambientación gótica deudora de la Hammer o los films de Roger Corman que adaptaban obras literarías de Edgar Allan Poe, esa que por desgracia le ha servido tanto de seña estética identificativa que parece que ya tiene la obligación de usarla siempre en sus trabajos sin aportar a la misma algo de personalidad. Por suerte el de Dark Shadows es un caso distinto, sí, una vez más la dirección artística y el vestuario le facilitan el trabajo al director, pero también es cierto que debajo del esteticismo hay una entretenida historia que contar.




Sombras Tenebrosas es una cinta irregular, que posee tantos fallos como aciertos. A pesar de que el guión de Seth Graham Smith basado en las criaturas de Dan Curtis ancla bien sus sencillas intenciones argumentales, hay ciertos pasajes en el metraje (sobre todo relacionados con personajes que parece que van a tener mucho protagonismo en el film y que más tarde y de manera equívoca no la tienen) que se antojan desdibujados o poco perfilados. También desconcierta un poco la mezcolanza de géneros en la que se sumerge Burton, ya que su última obra no es una comedia pero tiene gags de humor, no es de terror, pero tiene sustos, no es drama pero apela a la tragedia en varios pasajes, no es  un romance pero hay sentimientos en lo que se narra. Por suerte todos esas ideas, o la mayoría de ellas, funcionan para al menos ofrecer un producto entretenido y con cierto encanto.




Pero también me he encontrado con personajes o ideas que me han encantado. Principalmente y como ya he comentado alguna vez en este blog, que los hechos de un film tengan lugar en una mansión o casa encantada con tintes victorianos o góticos ya me predispone a disfrutarla más que otro tipo de largometrajes. Por otro lado el Bárnabas Collins de Johnny Depp (al igual que su Ichabod Crane de Sleepy Hollow muy deudor del actor británico Roddy McDowall, pero como es lógico también del Jonathan Frid que daba vida a la versión catódica del rol protagonista) me enamoró desde el primer momento con su acento británico y su (tópico, pero no por ello menos conseguido) choque con un futuro en el que se siente extraño, entre cantantes encerradas en televisores, música rock psicodélica (enorme banda sonora con Barry White o Moodie Blues entre otros) y hombres llamados Alice Cooper.




También huelga decir que he caído rendido a los encantos, poderosa voz y rotundo físico de una Evan Green que no había estado tan aprovechada como actriz desde la ya lejana e inolvidable Soñadores de Bernardo Bertolucci. La actriz de Casino Royale desprende una arrolladora personalidad, un carisma sencillamente avasallador, le da la réplica y en ocasiones devora (hasta literalmente) a Johnny Depp con esos aires de femme fatale malvada hasta la médula. A destacar los momentos en los que su personaje se descascarilla como una muñeca de porcelana de manera bastante grimosa, prodigio de unión de efectos digitales y fisicidad por parte de la actriz francesa.




El reparto cubre bien las espaldas al proyecto aunque ninguno de los personajes roba protagonismo a Bárnabas y Angelique. Michelle Pfeifer y su madura belleza, una Chloë Moretz introducida en un laconismo post hippiesco (memorables los chistes que se hacen con y por los hippies) que da mucho juego a situaciones divertidas con Bárnabas, la habitual de la casa Helena Bonham Carter como la extraña Doctora Hoffman o Johnny Lee Miller como el interesado y un poco esterotipado Roger. Los roles de Victoria (Bella Heatchcote) y David (Gulliver McGrath) son los dos que parecían centrales en la trama, de alguna manera lo son, pero se pierden en el devenir de acontecimientos y no ofrecen todo lo que se les debería pedir en el guión. Por último nombrar a un Jack Earle Halley como el criado Willie al que le deberían haber dado más tiempo en pantalla, porque el tipo se luce.




¿Hemos perdido a Tim Burton? ¿ Es esto una (larga) mala racha y volverá a ser el de antes o es un caso perdido? ¿Volveremos a deleitarnos con alguna otra obra maestra salida de su mano en años venideros? Creo que es tontería que nos lamentemos a estas alturas, no es la primera ni la segunda vez que el creador de Vincent o Pesadilla Antes de Navidad no acierta de lleno en la diana. Dark Shadows es mejor que largometrajes como Alicia en el País de las Maravillas o Charlie y la Fábrica de Chocolate, pero está lejos de genialidades como Ed Wood o Mars Attacks!. Este es el Tim Burton actual y no nos queda otra que aceptarlo si no queremos renegar de él y el grueso de su obra que aún está por venir. 




Si por el camino producciones como la Sombras Tenebrosas que nos ocupa nos entretienen y le sirven a él para seguir trabajando (aunque con cierta desgana) en lo que le gusta, bienvenidas sean con sus virtudes o defectos. Ojalá esa versión en largometraje de su mítico corto Frankenwinnie que está al caer en los cines nos haga cambiar de opinión y nos devuelva a ese autor que llegó a Hollywood siendo él mismo y que pudo seguir siéndolo durante muchos años, aunque parezca que aquello ocurrió hace una o dos vidas, las mismas que pasó confinado Bárnabas Collins encadenado dentro de su ataúd.



El Legado de Bourne



Título Original The Bourne Legacy (2012)
Director Tony Gilroy
Guión Dan Gilroy y Tony Gilroy basado en personajes de Robert Ludlum
Actores Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton, Joan Allen, Albert Finney, Oscar Isaac, Scott Glenn, Stacy Keatch, David Strarthain, Corey Stoll, Paddy Considine



La década pasada dio el pistoletazo de salida a una manera diferente de entender el cine de espías en el celuloide reciente El Caso Bourne (The Bourne Identity). La cinta suponía la segunda adaptación cinematográfica (la primera data de 1988 y se realizó a modo de miniserie para la tv británica con Richard Chamberlein como protagonista) de la serie de novelas sobre el agente secreto Jason Bourne nacida de la pluma del escritor Robert Ludlum. La cinta dirigida por Doug Liman, escrita por Tony Gilroy y protagonizada por Matt Damon tuvo dos secuelas, ambas con el irlandés Paul Greengrass en la dirección, El Mito de Bourne (The Bourne Supremacy) y El Ultimatum De Bourne. Los tres proyectos dieron forma a una cohesionada e interesante trilogía sobre el desmemoriado personaje que buscaba sus origen y de la que por supuesto me declaro seguidor.




Cuando parecía que las aventuras de Jason Bourne habían llegado a su fin, a principios de este 2012 empezaron a filtrarse noticias sobre una continuación de la saga con otro actor y personaje. La idea no parecía demasiado buena, una vez más Hollywood estirando el chicle de un éxito para explotarlo hasta la náusea.Pero que el guionista de la trilogía original, Tony Gilroy, se hiciera completamente con las riendas de la producción daba esperanzas con respecto a que el largometraje tuviera algo de enjundia y calidad. Por suerte ha sido así y puedo decir con convicción que El Legado de Bourne es una ejemplar cinta de espionaje, que si bien no está a la altura de la trilogía original, no la desmerece en absoluto porque la respeta y extiende considerablemente y sin forzar innecesariamente la máquina.




El programa de inteligencía de la CIA llamado Treadstone que creaba espías entrenados como máquinas para matar y que instruyó a Jason Bourne para ponerlo al servicio del gobierno de los Estados Unidos era sólo el principio. Otros programas como Outcome adiestraban a sus propios hombres como agentes secretos especializados en misiones de alto riesgo por el Ministerio de Defensa americano. La vida de uno de ellos, Aaron Cross, correrá peligro cuando sus propios jefes decidan eliminarlo a él y a los otros cinco usuarios con los que experimentaron cuando Jason Bourne decida sacar a la luz toda la conspiración gubernamental que hay detrás de este tipo de programas inhumanos.




El Legado de Bourne es una buena elección en la cartelera actual para ver cine de calidad y entretenido. Como obra cinematográfica mantiene fielmente las constantes de la trilogía original. Thriller americano deudor de cineastas como John Frankenheimer o William Friedkin con aroma a cierto cine europeo policiaco o de espionaje como el polar francés. Un acabado técnico impecable, un guión inteligentemente construido y hasta con reflexiones interesantes así un excelente reparto de pesos pesados de la interpretación de distintas generaciones que sin hacer trabajos soberbios sí cumplen sobradamente a la hora de ofrecer un apartado artístico resuelto y consistente.




A Tony Gilroy se le nota que conoce la temática y constantes del producto, ya que él fue uno de los impulsores de las anteriores entregas. Al guionista y director se le percibe el oficio que pudimos ver en su soberbia ópera prima en la realización, Michael Clayton, y si bien sabíamos que en la escritura de la obra no iba a fallar porque ya había demostrado su valía con la misma en anteriores ocasiones, en la dirección no se amilana y es capaz de dar forma a escenas de acción de un acabado técnico de un nivel más que considerable. Ciertamente no es Paul Greengrass, pero tanto la manera en que están rodadas las coregorafías de lucha, las carreras por los tejados de Cross, así como la exultante persecución final en coches y motos (una de las escenas cinematográficas mejor ejecutadas del año) tienen un acabado irreprochable.




El guión es fiel a los de las anteriores cintas. Gilroy muestra con inteligencia toda la suciedad y podredumbre moral que se esconde detrás de esos servicios de inteligencia americanos, entre ficheros, oficinas de investigación y altos mandatarios sin escrúpulos que por mantener un status quo ferreo con el que mantener a raya a posibles molestias para el gobierno de Estados Unidos son capaces de vulnerar todos los derechos humanos habidos y por haber. Desde los experimentos ideados en los laboratorios médicos (ese líquido azul cayendo al suelo fuera de los tubos de ensayo que precede al caos que se produce con la escena de la matanza de científicos) de Outcom hasta las bases centrales del Ministerio de Defensa todo destila un tono conspiranóico y aséptico que enfatiza la sensación de amenaza internacional que sufren los dos protagonistas interpretados por Jeremy Renner y Rachel Weisz por parte de los que anterioremente fueron sus superiores.




En el reparto cumplen sobradamente Jeremey Renner como Aaron Cross, mostrando unas dotes interpretativas al nivel de las de Damon y unas condiciones físicas para las escenas de combates bastante superiores a las del protagonista de Dogma y una Rachel Weisz muy creíble como la doctora Marta Shearing que le da perfectamente la réplica. En los secundarios mencionar a un (bastante madurito) Edward Norton que con mucha profesionalidad da imagen y voz a esa corrupción gubernamental que he mencionado previamente. También reconocemos los rostros de Oscar Isaac, el sloveno Zeldjko Ivanek, que se convierte de buenas a primeras en un personaje clave en el devenir de la trama, o a los veteranos Stacey Keatch y Dennis Boutsikaris bastante ajustados en sus roles. Por el camino también tenemos cameos de algunos de los actores de la trilogía original como Joan Allen, Albert Finney, Scott Glenn, Paddy Considine o David Strarthain que entrelazan las cuatro películas con bastante convenciemiento.




Recomendable cinta sobre espías, dobles agentes y corrupción política que desde mi punto de vista y al igual que sus antecesoras deja en pañales a  las actuales entregas tanto de James Bond como las de Ethan Hunt en Misión Imposible, por apelar, dentro de unos límites, a un realismo epidérmico y seco que permite al espectador implicarse más con una historia de corte internacional y aspiraciones tan inteligentes como modestas, aunque unos quince minutos de metraje menos la hubieran hecho más redonda aún. Si Gilroy mantiene este nivel yo no tendría problema de enfrentarme a un nueva trilogía de este tipo de cine interesante, inteligentemente planteado y acabado. Una pena que se hayan ahorrado un cameo de Matt Damon a lo largo del metraje más allá de las incontables fotos que de su rostro aparecen, hubiera sido un guiño a los amantes de la saga que hubiéramos agradecido considerablemente. Otra vez será.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Abierto Hasta el Amanecer, once upon a time in Mexico


Título Original From Dusk Till Dawn (1996)
Director Robert Rodríguez
Guión Robert Kurtzman y Quentin Tarantino
Actores George Clooney, Quentin Tarantino, Harvey Keitel,Salma Hayek, Juliette Lewis, Ernest Liu, Tom Savini, Fred Williamson, Cheech, Marin, Danny Trejo, Michael Parks, John Hawkes, Kelly Preston, John Saxon




Los 90 pertenecieron a Quentin Tarantino. Aquella década fue la de Reservoir Dogs y Pulp Fiction, los que a día de hoy siguen siendo sus dos mejores films, y dichos largometrajes marcaron tendencia dentro (cientos de plagios, en su mayoría penosos, aunque hubo algunas excepciones) y fuera (moda, música, literatura, cómics) del cine. Pero también andaba por ahí en un segundo plano, haciendo bastante ruido, su colega Robert Rodríguez. Ese director texano que pagó los 7.000 dólares de su ópera prima en la dirección (El Mariachi, 1992) ofreciéndose como conejillo de indias para probar medicamentos en fase de experimentación. Ambos cineastas se hicieron amigos en el festival de Sundance y esa amistad dura hasta hoy.




Tarantino tuvo una memorable aparición en Desperado, la divertida secuela/remake de El Mariachi, esta vez protagonizada por Antonio Banderas y una bellísima Salma Hayek que daba el salto a Hollywood, y ambos dirigieron, junto a otros directores indies icónicos de la época como Allison Anders y Alexander Rockwell, la simpática película de episodios Four Rooms. Pero no sería hasta 1996 que ambos cineastas colaboraran en un proyecto conjunto, los dos en un mano a mano memorable. El resultado fue Abierto Hasta el Amanecer (From Dusk Till Dawn) una obra de culto de la década de los 90 y una rara avis por aquella época de cine de terror light y adolescente.




Seth (George Clooney) y Richard Gecko (Quentin Tarantino) son dos de los criminales más peligrosos de Estados Unidos. Tras atracar una licorería, con víctimas de por medio, ambos huyen del país para así cruzar la frontera. Durante el proceso cogen como rehenes a una familia formada por Jacob (Harvey Keitel) y sus hijos Kate (Juliette Lewis) y Scott (Ernes Liu). Su misión será llegar a un bar de carretera llamado La Teta Enroscada (Titty Twister) para allí encontrar a Carlos (Cheech Marin) el contacto de los protagonistas. El problema es que el local en concreto en el que deben pasar la noche es un nido lleno de vampiros milenarios que intentarán acabar con ellos.




Festival cinematográfico con patas, garras y colmillo o mezcla brutal y desprejuiciada de cine exploit, pulp grueso, género de terror y road movie. Abierto Hasta el Amanecer parte de un argumento original del creador de efectos de maquillaje Robert Kurtzman que Quentin Tarantino adaptó a su estilo y al de Rodriguez por medio de la reescritura de guión a la que el autor de Jackie Brown le sometió. La cinta es 100% hija de sus autores, condensa en sus poco más de 103 minutos de metraje muchas de las constantes de ambos cineastas, pero por el camino no se olvida de rendir tributo a directores y films de todo pelaje y sobre todo de divertir a un respetable que asiste a una antagónica y remarcable sesión doble en un sólo largometraje.




La primera mitad es puro Tarantino, es más, en el recomendadísimo audiocomentario de la edición en dvd de la película Rodriguez le comenta al director de Los Odiosos Ocho (2105) que quiso adaptarse a su estilo de planos largos en el que los actores y sus diálogos son el centro de la trama. El arranque del film en la licorería, con unos geniales Michael Parks y John Hawkes dándose la réplica mutuamente, parecería rodado por el mismo Tarantino si no fuera porque en el making of del largometraje se puede ver que el realizador de The Faculty hasta llevaba él mismo la steadicam. Diez minutos iniciales con un pulso vigoroso y tenso en el que los dos cineastas nos presentan a los hermanos Gecko con un tono que recuerda al Sam Peckinpah de La Huída. Ciertamente no es gratuita la mención que hace el personaje de George Clooney a Grupo Salvaje (Wild Bunch) en ese momento del metraje




En esta parte Tarantino y Rodriguez ofrecen las primeras muestras de querer salirse del encorsetado cine de género estadounidense y sus trilladas constantes argumentales. Ambos cineastas consiguen algo tan políticamente incorrecto como que sintamos simpatía y hasta le riamos las gracias a un personaje tan amoral como Richie Gecko, interpretado por el mismo Tarantino. Un asesino, agresor sexual y demente que hace de la perversión su estilo de vida. El contrapunto lo da Seth, el rol de Clooney, que aún siendo un atracador y asesino posee un estricto código de honor del todo inquebrantable que le acerca a ciertos antihéroes del cine europeo de los años 70, esos que el de Knoxville tan bien conoce.




La segunda mitad, la de la irrupción de lo sobrenatural, en este caso todo tipo de chupasangres más o menos monstruosos, es más deudora de Robert Rodríguez. Cine exploit, montaje acelerado pero inteligentemente planteado, violencia cruda adentrándose en la casquería, continuas referencias a la cultura mexicana, rock latino a cargo de Tito y Tarántula, distinto uso de armas blancas y de fuego, así como referencias que van desde el cine de John Woo o al western, pasando por el cine azteca de terror, como el personaje de Salma Hayek llamado Santanico Pandemonium en referencia a la película La Sexorcista de Gilberto Martínez Rosales, En resumidas cuentas, un desfile truculento lleno de gore, excesos y mucha ironía.




Abierto Hasta el Amanecer fue el germen de aquel memorable díptico llamado Grindhouse, ese homenaje a las sesiones dobles de los cines de mala muerte que proyectaban películas de terror de serie B formado por Planet Terror y Death Proof, (por efecto dominó también de la posterior Machete y su secuela, Machete Kills), y con aquel comparte el cariño y la admiración por la obra de John Carpenter con la presencia de aguerridos y viriles antihéroes, o seres multiformes que podían haber salido de La Cosa o Golpe en la Pequeña China. Pero por el camino también canta alabanzas a otros autores dentro de este género como el Sam Raimi de la trilogía de Evil Dead o el Peter Jackson de Braindead, representada en esa rata en la que se convierte Sex Machine tras ser decapitado.




Los personajes y el reparto son otros dos puntos fuertes del largometraje. El Seth Gecko de George Clooney es tan bueno, tan canalla, tan badass que entristece que el director de Los Idus de Marzo no se haya prodigado más en este tipo de papeles. De Tarantino ya he hablado, lo hace como el culo, pero está memorable como el demente Richie, un niño grande atrapado en el cuerpo de un psicópata. También se luce el gran Harvey Keitel metido en este embolado para hacer de un ex pastor que ha perdido la fe y llama la atención ver a Juliette Lewis haciendo de hija cándida y apocada cuando un año antes dio vida a la brutal Mallory Knox de la delirantemente memorable Asesinos Natos de Oliver Stone. Entre los secundarios, Tom Savini, maestro de los efectos de maquillaje en el género de terror, o Fred Williamson icono del cine blackexploitation americano de los 70 y la ciencia ficción italiana de los 80.




Nota aparte para el baile de una Salma Hayek más epatante que nunca. Inolvidable su show con la serpiente, el momento de intercambio de fluidos con el personaje de Tarantino, con la ineludible escena fetichista con pies que tanto le gusta al director de Kill Bill, y sus contoneos al ritmo del tema After Dark. Esta secuencia se homenajeó y parodió en cine, televisión y publicidad hasta el hartazgo durante la segunda mitad de los 90 y con motivo, ciertamente. Una vez más Tarantino y Rodríguez creando tendencia entre los círculos de lo más cool de la época. Incluso tras el éxito de la cinta llegarían dos secuelas, Abierto Hasta el Amanecer 2: Texas Blood Money y Abierto Hasta el Amanecer 3: La Hija del Verdugo, esta última en clave de precuela, además de una serie con tres temporadas, de cuya primera ya hablé por estos lares.




Abierto Hasta el Amanecer mezcla con cariño y pericia el cine de acción con el de terror, apelando con esto último a un celuloide de vampiros pre sensiblería crepusculiana que enfatizaba la brutalidad y salvajismo animal del mito, regalando al espectador un espectáculo bruto, divertido y muy de género(s) que tendría su culmen cuatro años después con una obra de culto dirigida, curiosamente, por John Carpenter que responde al nombre de Vampiros. Soberbio western fronterizo y mestizo que mezcla el cine de no muertos más cruenro con el toque violento del Sam Peckinpah de, nuevamente, Grupo Salvaje con un equipo de cazadores de chupasangres enviado por el Vaticano comandado por un carismático y macarra James Woods y con Thomas Ian Griffith como Valek, un vampiro milenario que lidera el bando contrario. Obra esta que también fue desgranada y reivindicada en este santo blog.




Tengo una relación muy especial con From Dusk Till Dawn. La vi unas quince veces en su momento en una época en la que sufría una fiebre de tarantinitis aguda que me impulsaba a ver, escuchar o leer todo lo relacionado con el director de Malditos Bastardos. También fue la cinta que me reconcilió con Robert Rodríguez, un cineasta al que no conseguía admirar porque mi bagaje cinematográfico no era lo suficientemente amplio y ecléctico, estaba dando mis primeros pasos en la cinéfilia, como para capturar los cientos de referencias que contiene su celuloide. Porque sí, es un hecho, no le llega ni a la suela de los zapatos a su amigo italoamericano, pero es un artesano completísimo (dirige, compone, edita, produce...) que ofrece algo tan liviano como valioso, cine jodidamente divertido haciendo que el espectador no sienta haber perdido el tiempo viendo una de sus obras. Que de vez en cuando bordee la genialidad con cosas como Planet Terror o Sin City es otra historia, de la que hablaré y ya hablé en Transgresión Continua.





domingo, 2 de septiembre de 2012

Los Mercenarios 2


Título Original The Expendables 2 (2012)
Director Simon West
Guión Richard Wenk, Ken Kaufman, David Agosto y Sylvester Stallone
Actores Sylvester Stallone, Jason Statham, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Yu Nan, Jean-Claude Van Damme, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Chuck Norris, Jet Li, Liam Hemsworth, Scott Adkins, Charisma Carpenter, Amanda Ooms



Inevitable secuela de aquella divertida y ligera Los Mercenarios (The Expendables) de 2010 que reunía en un sólo film a muchos de los iconos del cine de acción de los años 80 y 90. Un puñado de malos actores especializados en cine de tiros, explosiones, puñetazos y patadas directas a la mandíbula eran comandados por un Sylvester Stallone director, guionista y actor dando forma al producto con la ayuda de compañeros de armas como Jason Statham, Mickey Rourke, Eric Roberts, Jet Li o Dolph Lundgren. El éxito de taquilla fue un hecho, e incluso la crítica no la trató muy mal, de manera que la secuela estaba asegurada.



Para esta segunda parte Stallone deja la batuta de director y guionista en manos ajenas y se centra en el papel de protagonista. En esta ocasión se unen otras viejas glorias al reparto como Chuck Norris o Jean Claude Van Damme (que en su momento declinó salir en la primera parte, esta vez se lo ha pensado mejor, dinero llama dinero) y los que en la anterior entrega hacían sólo cameos (Arnold Schwazzeneger y Bruce Willis) tienen más escenas con el resto de actores. Por lo demás repite el mismo reparto, aunque se echa de menos a Mickey Rourke. El resultado no es nada más y nada menos que lo esperado de la obra. Acción bruta y desprejuiciada para pasar un rato entretenido entre pólvora, hemoglobina, patadas voladoras y bofetones como columnas trajanas.




El grupo de mercenarios comandado por Barney Ross (Sylvester Stallone) vuelve a la carga. Tras una misión de rescate los muchachos se toman un breve descanso viéndose roto casi inmediatemente cuando un nuevo trabajo por parte de Mr Church (Bruce Willis) los ponga en contacto con Villain (Jean-Claude Van Damme), un terrorista que tiene como objetivo robar grandes cantidades de plutonio enterradas en una mina de Europa del este para utilizarlas en su propio beneficio y así hacerse con el poder mundial. Un trágico hecho dará pie a que los integrantes del grupo tomen la misión como algo personal y no pararán hasta llevarla a cabo eliminando a Villain y sus hombres.




Divertida y cafre cinta de acción que ofrece lo mismo que la primera entrega, un grupo de veteranos del cine de la era Reagan repartiendo estopa sin ton ni son, descabezando enemigos a diestro y siniestro y asesinando a unos mil rivales a lo largo de poco más de hora y media de metraje. Escenas de lucha, coreografías de combates cuerpo a cuerpo, vísceras, cañonazos, persecuciones y mucha testosterona arrojada contra el rostro del espectador por medio de una excusa argumental trillada y mínima para poner en escena todo el entretenimiento espídico y directo posible para que la platea disfrute con un agradable fuego de artificio que, está vez sí, en varias ocasiones no se toma en serio a sí mismo.




El film es, como sucedía en la primera parte, un cúmulo de escenas de acción para el lucimiento de los actores protagonistas. Una vez más todos los personajes tiene su momento de gloria estando las mejores secuencias del producto en el arranque con la primera misión con los protagonistas volando a los enemigos por los aires a base de cañonazos. En esta parte podremos ver la memorable escena de lucha en la cocina con Jet Li (que ya sólo con golpear caras hace saltar la sangre, cuidado) y su desaparición del film para no volver. Una pena, porque es, junto al de Jason Statham por motivos que comentaré más tarde, el rol que da más juego en las escenas de pelea con múltiples contendientes a la vez.




Al novato Liam Hemsworth, hermano pequeño de Thor, le dan cierto peso en la trama porque su rol es importante, Dolph Lundgren cubre el cupo del personaje cómico (un desperdicio, ya que de todo el reparto es uno de los que más variedad de estilos de lucha conoce, aunque aquí sólo dispara a todo lo que se le pone por delante) Chuck Norris es el más paródico (lo de que suene la banda sonora de Ennio Morricone para El Bueno, el Feo y el Malo cada vez que aparece es un puntazo)  y Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis dan forma a una especie de Andres Pajares y Fernando Esteso del cine de acción incitándonos a pensar que lo harían bien ambos protagonizando una cinta propia dentro del subgénero buddy movie. Van Damme es el villano, pero está desaprovechado, tiene un par de escenas interesantes, pero en la pelea final no le dejan lucirse demasiado. Dos patadas voladoras y a casa, podía haber dado mucho más e incluir uno de sus famosos despatarramientos que tan bien se le siguen dando.




Por descontado que Stallone es el que más peso se lleva en la trama y que, una vez más, la historia de amor interracial está protagonizada por él y la extraña actriz Yu Nan.. Lo que sí me ha llamado la atención es que el protagonista de Rocky le ha quitado, en comparación con la otra entrega, bastantes minutos de metraje al británico Jason Statham y en parte es comprensible, ya que en la primera parte era el coprotagonista y se llevaba la película entera a sus casa (la escena de la pelea en la cancha de baloncesto o la final del film así lo atestiguaban) y robaba el plano a todo el que lo compartía con él. En esta secuela sale bastante menos, pero el tipo una vez más se muestra como el mejor del film porque su edad y condición física le permiten ser el centro de coreografías de lucha memorables, como la que tiene lugar en la capilla.




Lo dicho, si el espectador busca un rato de entretenimiento con el que no usar las neuronas, fanservice bien servido con sus dosis de nostalgia, acción, humor intencionado o no (uno de los personajes diciendo "Me muero" después de que le hayan clavado un machete en pleno corazón), autoparodia y adrenalina a raudales, Los Mercenarios 2 es una buena elección. Ahora sólo nos queda esperar a ver qué actores se subirán al carro de la tercera entrega que ya se está gestando debido al gran éxito de taquilla (la crítica una vez más ha tratado muy bien a esta saga, puede que demasiado). ¿Vin Diesel, Steven Seagal, Michelle Rodriguez, Danny Trejo, Nicolas Cage, John Travolta, Mark Dacascos, Gerard Butler, Tony Ja?. El tiempo nos lo dirá,