viernes, 13 de abril de 2012

La Noche Cae Sobre Manhattan, mientras la ciudad duerme




Título Original Night Falls on Manhattan (1996)
Director Sidney Lumet
Guión Sidney Lumet basado en la novela de Robert Daley
Actores Andy García, Richard Dreyfuss, Ian Holm, Lena Olin, James Gandolfini, Ron Leibman, Colm Feore, Paul Guilfoyle




Largometraje de 1996 que supone para un servidor el último gran largometraje como director y guionista del veterano y ya fallecido cineasta norteamericano Sidney Lumet. El autor de Tarde de Perros volvió con Night Falls on Manhattan a temas recurrentes en su filmografía dentro del género policíaco o el de juicios y supo condensar en poco más de noventa minutos todas sus constantes autorales como realizador adaptando la novela Tainted Evidence del escritor Robert Daley.




Sean Casey, un abogado novato, es asignado por el fiscal del distrito de New York para llevar un importante caso en el que se juzagará a un narcotraficante que ha asesinado a dos policías y herido a otro durante una redada. El agente que sobrevivió al tiroteo es el propio padre de Casey, hecho que incitará a que se implique personalmente en el caso. Durante el proceso y tras la finalización del mismo el joven e idealista abogado descubrirá una maraña de corrupción policial de tal calibre que puede que en ella esté implicado hasta su propio progenitor.




Sólido thriller que combina una trama judicial (tipo de cine en el que también despuntó Lumet con 12 Hombres Sin Piedad o Veredicto Final) con un policiaco de pura cepa, género en el que el cineasta forjó algunas de sus mejores obras como El Príncipe de la Ciudad, Distrito 34: Corrupción Total o Serpico. El hombre detrás de Network consigue su obra más completa de los años 90 por medio de un medido guión que retrata temas habituales en la filmografía del norteamericano, una dirección intachable con momentos inolvidables y un reparto en estado de gracia encabezado por el cubano Andy García.




La Noche Cae Sobre Manhattan es una cinta con aroma a los años 70 y facilmente podría haber sido rodada por Lumet durante esa década. Como en otros policíacos salidos de su mano hay una mirada descreida y bastante dura hacia cierto sector corrupto dentro de las fuerzas de la ley de su país, ese que es corrompido por el poder y los negocios turbios. Pero el director esta vez mira más allá y nos muestra que esa corrupción no se queda en las comisarias, sino que llega también indistintamente a los juzgados y los despachos de los políticos de la ciudad de New York.




Esa lucha contra la corrupción, ese intento a la desesperada por mantener la integridad y el honor en un ambiente de irrespirable ruindad moral está cristalinamente representada en el Sean Casey que borda un Andy García sencillamente magnífico que un año antes grababa a fuego en celuloide otro de sus mejores papeles, el Jimmy "El Santo" Tosnia de aquella humilde obra maestra de Gary Fleder llamada Cosas que Hacer en Denver Cuando Estás Muerto de la que hablaré en su momento por estos lares y bastante bien ya que es un producto muy especial para mí.




El Vincent Mancini de El Padrino III sabe transmitir esa batalla interna y externa contra todo lo pútrido que hay en un sistema que puede incluso haber atrapado en sus redes a su propio padre y cómo intenta evitar por todos los medios caer en el pozo de la ilegalidad, primero como abogado y después como político. Memorable es el pasaje del enfrentamiento entre padre e hijo en el que un visceral Ian Holm le da la réplica al que es su hijo en la ficción y en el que se desvela la posible implicación del personaje con la red de negocios ilegales llevados a cabo por la policía de New York.




Este sistema corrupto está representado también por el abogado sin escrúpulos (aunque más tarde descubrimos que tiene sus motivos) al que da vida un excelente Richard Dreyfuss que defiende al narcotraficante Jordan Washington en el juicio que sirve de núcleo a la trama. Pero también por Joey Allegretto, el policía untado pero con corazón, concepto ferreo de la amistad y sentimiento de culpa que interpreta un James Gandolfini que tres años después haría historia dando vida a Tony Soprano, uno de las mafiosos más importantes de la ficción filmada en Los Soprano.




La Noche Cae Sobre Manhattan supone una de las mejores obras de Lumet y para el que suscribe su verdadero canto de cisne (Antes que el Diablo Sepa que Has Muerto tenía una muy buena dirección y un gran reparto, pero en conjunto no funcionaba a tantos niveles como la cinta que nos ocupa) como cineasta. Una condensación de muchas de sus señas de identidad llevadas un poco más allá para alargar su mensaje de denuncia sobre como el poder o los lazos de sangre pueden hacer que hasta la persona más íntegra cruce la línea ética y moral que separa la ley de la ilegalidad.


jueves, 12 de abril de 2012

El Príncipe de las Mareas, en lo profundo del océano





Título Original The Prince of Tides (1991)
Director Barbra Streisand
Guión Becky Johnston y Pat Conroy basado en la novela del último
Actores Nick Nolte, Barbra Streisand, Blythe Danner, Kate Nelligan, Jeroen Krabbé, Jason Gould, Melinda Dillon, Brad Sullivan, George Carlin






Célebre film de 1991 que supuso una adaptación de la novela homónima del escritor norteameircano Pat Conroy y por otro lado la segunda incursión de la cantante y actriz Barbra Streisand en la dirección cinematográfica después de su alabado debut como realizadora, Yentl, cinta rodada en el año 1983 que adaptaba otro escrito (esta vez de Isaac Bashevis Singer) que narraba como la hija de un rabino judío conseguía entrar en una exclusiva escuela reservada sólo para varones haciéndose pasar por uno de ellos.






Tom Wingo (Nick Nolte) es un entrenador de fútbol americano que vive en el sur del país con su mujer y sus hijas. Un día recibe una llamada New York, se trata de Susan Lowenstein (Barbra Streisand), la psiquiatra de su herman Savannah que ha intentado suicidarse en repetidas ocasiones. Tom viajará a la ciudad para intentar solucionar la situación y debido a ello comenzará a tener reuniones con la doctora. Entre ellos no tardarán en forjarse unos sentimientos que irán más allá del psicoanálisis, la compasión o la complicidad.






Intenso y muy logrado drama romántico, El Príncipe de las Mareas supone uno de esos casos de alineación planetaria de talentos que dan a parir un producto que funciona a distintos niveles, que contiene un profundo calado al menos en el plano emocional y que finalmente deja marca en distinto tipo de espectador por el planteamiento acertado y bastante lúcido tanto de la historia de amor entre los dos protagonistas como del drama que subyace en el pasado del personaje de Tom y que implica a toda su familia.




De Prince of Tides funciona practicamente todo. Barbra Streisand realiza una excelente labor detrás de las cámaras ya que como artesana controla el tempo narrativo y el in crescendo dramático, aunque inyectando un tono de romanticismo elegante que da vitalidad a la historia de amor. Su mayor problema es esa egolatria que hace que esté encantada de conocerse y que le incita a meter en el guión numerosas (que no lo escribe ella, pero ya conocemos a esta señora) sentencias en las que ensalza su belleza y sensualidad sobre todo por medio de los diálogos de su parteneire. El guión a manos de Pat Conroy (el mismo autor de la novela) y Becky Johnson (Siete Años en el Tibet) fluye con naturalidad y ofrece frases memorables aunque a veces pequen de cierta poética un poco forzada pero nada rimbombante o falsaria.





Pero seamos sensatos, un 70% por ciento de las virtudes de El Príncipe de las Mareas se encuentran condensadas en un Nick Nolte sencillamente abrumador como Tom Wingo. Él hace la película, lleva sobre sus hombros el poso dramático el desarrollo de la trama y sobre su rol pendula toda la estructura y profundiad del producto gracias a su entrega a un papel que en un principio iba a interpretar el gran Jeff Bridges (a petición de la misma Barbra Streisand) pero que finalmente recayó en las manos del protagonista de Hombre Rico, Hombre Pobre.




Un acento sureño trabajadísimo, un carisma desbordante que permite la química total con el personaje de Streisand y que la historia que ambos comparten sea brutalmente creíble, su orgullo como hombre, que oculte ese secreto que le corroe por dentro (otro acierto de la directora, romper la tónica de la cinta con ese flashback crudísimo que no sólo no desentona con el resto del metraje sino que se revela como el mejor pasaje del film cuando es narrado por el protagonista entre susurros monosilábicos) o que diga más con la mirada que con los diálogos son detalles y matices que hacen que Nolte entregue uno de sus mejores y más sinceros trabajos hasta la fecha y lógicamente la película se beneficia de ello.




Interesante largometraje que funciona desde mi punto de vista más como drama que como cinta romántica (pero como esto último también cumple su cometido) y que es algo más que un producto (aunque también) para que adorables señoras maduras la vean, paquete de kleenex en mano, con sus maridos, señores que por medio de la risa nerviosa contienen sus varoniles lágrimas. El Príncipe de las Mareas ofrece buen cine con personajes universales y situaciones con las que el espectador puede empatizar al 100% y que en su conclusión deja un poso agridulce por ofrecer un final que nos retrata entre resignados y autocomplacientes ante una sociedad que no permite una voz más alta que la otra cuando el núcleo familiar entra en escena.


lunes, 9 de abril de 2012

Un Domingo Cualquiera




Título Original Any Given Sunday (1999)
Director Oliver Stone
Guión John Logan, Daniel Pyne y Oliver Stone
Actores Al Pacino, Cameron Díaz, Dennis Quaid, James Woods, Jamie Foxx, L Cool J, Mathew Modine, Charlton Heston, Ann-Margret, Aaron Eckhart, John C. McGinley, Elizabeth Berkley, Kelly Preston





En 1999, dos años después de realizar aquella excesiva pero interesante cinta llamada Giro al Infierno (U Turn) que adaptaba la novela Stray Dogs de John Ridley, el cineasta norteamericano Oliver Stone decidió mirar por primera vez hacia el mundo del deporte con su cine y ayudado por los guionistas Daniel Pyne (The Manchurian Candidate, Fracture) y John Logan (Gladiator, La Invención de Hugo) dirigió Un Domingo Cualquiera, obra que retrataba el mundo que hay delante y sobre todo detrás del fútbol americano a finales del siglo XX.





Tony D'Amato (Al Pacino) es el veterano entrenador del equipo de fútbol americano, los Sharks de Miami. Los años de gloria pasaron para el conjunto deportivo y la decadencia hace mella en los resultados durante la liga nacional. La posible retirada del antaño genial quaterback Jack "Cap" Rooney, las primeras muestras de talento de una ascendente nueva estrella, Willie Beamen (Jamie Foxx) y las decisiones cuestionables de la joven y ambiciosa nueva presidenta del club, Christina Pagniacci (Cameron Díaz) llevarán a Tony y al equipo a un carrusel de éxitos, fracasos y cambios que influiran en los jugadores, sus posiciones sociales y su dudoso futuro.






Un Domingo Cualquiera es un producto 100% Oliver Stone. Sin ser una de sus grandes obras sí puede considerarse una acertada y elaborada radiografía, no sólo de un deporte en concreto, sino también del estilo de vida que el mismo acarrea en todas las personas relacionadas con él. El director de Platoon decide posicionarse en dos frentes para que su fresco abarque el mayor espectro posible. Por un lado narra lo que acontece a pie de campo, donde los jugadores se dejan la piel para ganar y por otro, bastante más interesante, retrata todo el mundo que hay detrás del juego en el que se mueven el dinero, la ambición y los negocios sucios.





Pero como es lógico estamos hablando del cineasta que para humanizar a Richard Nixon lo mostró con todos sus demonios interiores, que sacó toda la inmundicia presente en la política de su país para hablar de uno de los magnicidios más importantes de la historia, que supo hablarnos de la guerra de Vietnam desde todas las perspectivas posibles siendo crítico en todas ellas o que nos mostró los momentos más bajos de la vida de Jim Morrison para ensalzarlo como el genio que era. Por eso su visión del mundo del fútbol americano no es nada complaciente y sí muy cruda, tanto como para que en su época de estreno hubiera levantado una polvareda mayot de cara a la NFL.





Oliver Stone expone un mundo en el que no sólo se ha perdido del concepto de deportividad o pasión por la competición, sino también corrompido en el campo de juegl por el lujo, los excesos o las sustancias dopantes proporcionados por médicos que se que dan poca importancia a su juramento hipocrático. Por otro lado en el palco sucede lo propio, aunque potenciado por mil, a manos de presidentes y directivos olvidando y ensuciando el significado del deporte con el único fin de abultar sus cuentas corrientes. Amasando enormes cantidades de dinero por medio de marketing, publicidad, derechos de emisión en las televisiones e incluso respaldo político.





Any Given Sunday está planteada como una cinta bélica y no es extraño viniendo del director de Platoon, Salvador o Nacido el 4 de Julio. Stone insufla en la cinta una épica y grandilocuencia que deja en pañales a otros largometrajes que han abordado el mundo del fútbol americano como Varsaty Blues o Remember the Titans y plantea los partidos como combates en un campo de batalla en el que los hombres llevan hasta el extremo su condición física mientras en los palcos los mandamases mueven a sus subordinados como a títeres. Dando pie esto a una clara división de esferas que puede incluso hacernos recordar a la que existía en Senderos de Gloria de Stanley Kubrick entre soldados rasos y altos mandos militares.





Como es lógico el torrente de potencia visual habitual de Stone con la cámara está aquí no sólo completamente justificado, sino también al servicio de la historia. Los partidos están expuestos en pantalla como combates de gladiadores (aquí nació el germen conceptual y estilístico de lo que años después sería su infravalorada y muy recuperable Alejandro Magno) y el nervio de una cámara situada a pie de campo que vibra, literalmente, aprovechando al máximo el formato scope, así como el uso de un montaje sencillamente espectacular, marca de la casa, hacen sentirse al espectador uno más de los jugadores y llegar a experimentar la adrenalina de los placajes, carreras o touchdowns de los enfrentamientos entre los equipos.






A pesar de ser una cinta coral que cuenta con actores importantes entre sus secundarios como Matthew Modine, Aaron Eckhart, James Woods, Ann Margrett o Charlton Heston la cinta planea sobre cuatro personajes satélite que impulsan la trama. El primero es el entrenador Tony D'Amato al que da vida con convicción un Al Pacino al que empezaba a notársele el cansancio y la autocomplacencia a los que se ha entregado en los últimos años. El segundo es la presidenta del club Christina Pagniacci que borda una Cameron Diaz en el mejor papel de su carrera, haciendo que salten chispas cuando comparte plano con el protagonista de Serpico llegando a eclipsarlo en varias ocasiones, ahí es nada, en gran parte por esa desgana que ya he mencionado a manos del italoamericano.






En tercer lugar tendríamos el Willie Beamen de un por aquel entonces debutante Jamie Foxx que representa el estereotipo de joven promesa, aunque añadiéndole el guión matices de autoconsciencia y egolatría que lo hacen interesante y menos tópico, aunque a un servidor el protagonista de Ray siempre me ha parecido un actor tan correcto como sobrevalorado. Finalmente tenemos a Cap Rooney, la vieja gloria llevada con entrega por un Dennis Quaid que no lo hace nada mal, sabiendo reflejar esa decadencia y matiz crepuscular al que su personaje se ve abocado, así como su complicidad con el entrenador de Al Pacino.






Finalmente y aunque ha sacado de la fosa séptica del fútbol americano toda la inmundicia que lleva dentro, Stone y sus guionistas apelan por devolver el honor, la pureza y la pasión a este deporte empezando desde cero, con una amplitud de miras más humilde y dejando de lado parafernalias imposibles, merchandising vacuo para volver a las ráices, cuando lo importante era ganar los partidos por amor a la deportividad. El director nos dice que todavía quedan jugadores así, que aún hay salvación, esa a la que nos remite el excelente discurso de Tony a sus chicos en el último partido en el que habla de la importancia de una sola pulgada tanto en la vida como en el fútbol americano.




Cierto es que hay algunos fallos en Any Given Sunday. En su metraje hay ciertas escenas que son innecesarias (la del ojo, que es un pasote made in Stone, sobra completamente) o están mal planteadas (los jugadores metiéndose cocaína con las chicas en las habitaciones) aunque de eso tiene la culpa la edición del dvd que sólo incluye el montaje del director, no el original que un servidor vio en cine en su momento, teniendo un ritmo más adecuado y con menos relleno. También su sobrerealización cinematográfica puede saturar, molestar la poca profundidad emocional de ciertos personajes secundarios o desconcertar su retrato bastante pueril de los roles femeninos, sólo destacando el de Cameron Díaz para ofrecer un perfil muy negativo.






Pero no lo voy a negar. De Un Domingo Cualquiera me gusta desde el título hasta el cartel oficial, pasando por la estética o la banda sonora (Black Sabbath, Moby, Metallica, Kid Rock), las escenas de los partidos, su planteamiento como si fuera una cinta bélica, su retrato lacerante del mundo del fútbol americano o las agallas que tuvo Stone para hacer una disección  nada halagüeña de este mundo que mueve millones de dólares, pudiendo paralizar un país y hacer que el día de la final de su liga sea festividad ineludible en Estados Unidos. Una vez más el director de Nixon o Hablando con la Muerte metiendo el dedo en la llaga de América y que así sea por muchos años. Ahora sólo queda esperar esa Savages que ojalá nos recupere el lado más crítico e incómodo de este cineasta que, como mínimo, siempre da que hablar.



domingo, 8 de abril de 2012

Gordos, una película redonda




Título Original Gordos (2009)
Director Daniel Sánchez Arévalo
Guión Daniel Sánchez Arévalo
Actores Antonio de la Torre, Raúl Arévalo, Roberto Enríquez, Verónica Sánchez, Leticia Herrero, Pilar Castro, Teté Delgado, Fernando Albizu, María Morales, Marta Martín




Tras ver hace unos años su excelente ópera prima AzulOscuroCasiNegro y el año pasado su tercera película, la entrañable y para mí bastante especial Primos, por fin he podido ver la segunda obra cinematográfica del director madrileño Daniel Sánchez Arévalo, para un servidor uno de los mejores cronistas sobre la actual sociedad española que hay dentro del cine de este país y uno de los cineastas más prometedores que ha dado esta tierra en bastante tiempo.




Un grupo de terapia para perder peso formado por cuatro pacientes es utilizado como núcleo para contar una serie de historias interconectadas en las que descubriremos que esas personas que quieren vencer a su obesidad tienen sus problemas más allá de su exceso de kilos. Infidelidades, deudas económicas, (des)orientación sexual, embarazos, paternidad o religión son los verdaderos temas que regirán el devenir de los implicados en estas peculiares sesiones para adelgazar.




Una vez más y esta vez por medio de una mera excusa argumental como un grupo de terapia para obsesos Sánchez Arévalo hace una disección veraz y cercana del español de clase media, aunque en un ambiente más acomodado que el retratado por su impronta en los barrios de extrarradio de su ya mencionada ópera prima AzulOscuroCasiNegro. Esa gordura física es una justificación narrativa para analizar distintos tipos de personalidades, sus miedos y ambiciones, sus virtudes y fallos, sus propias vidas en resumidas cuentas.




Sánchez Arévalo perfila interesantes roles que se mueven entre el amor, el odio a sí mismos o a los demás, la indiferencia, el egoismo o los impulsos sexuales. Sabe sacar partido al contexto social, económico o religioso en el que se mueven sus criaturas, las disecciona con humanidad sin condenarlos pero tampoco justificando algunas de sus decisiones del todo reprobables y finalmente las desnuda por dentro y por fuera para mostrarlas en toda su naturaleza ya sea virtuosa o patética, acercándolos a un espectador que no tiene dificultad en identificarse con alguno de estos individuos.




Gordos es sobre todo una película de personajes, algunos de ellos son memorables y están interpretados por unos actores en estado de gracia. Desde el policía científico al que da mucha vida Fernando Albizu, pasando por ese inmenso gay, irónico hasta la genialidad y presentador de teletienda al que da vida uno de los mejores actores españoles de la actualidad como es el malagueño Antonio de la Torre, una Verónica Sánchez en el mejor papel de su carrera como mujer embarazada con muchos miedos y dudas, el entrañable reprimido religioso que borda otro genio como Rául Arévalo y llegando finalmente a un Roberto Enríquez que ofrece cuerpo y psicología al personaje más poliédrico y posiblemente interesante de todo el film, el que sin padecer obesidad (él es el terapeuta) finalmente será el que más y peores problemas tenga con la gordura.




El director de Primos transita caminos conocidos, pero se ciñe a un verismo naturalista que nos hace cercana la historia. Sabe esquivar los tópicos y se muestra bastante ingenioso y hasta en ocasiones lacerante con, por ejemplo, la visión que hace del sexo y la religión o la mezcla entre ambos con matices que recuerdan tanto a Luis Buñuel como a Arturo Ripstein. Posiblemente se le vaya la mano en un par de ocasiones, pero en ningún momento pierde el control de una historia bien contada, fresca y con muchos pequeños detalles que la hacen recuperable en varios aspectos.




En su momento Gordos fue recibida con disparidad de opiniones aunque recibió ocho nominaciones a los premios Goya de su año, incluso llevándose una al mejor actor de reparto para la magnífica labor de Rául Arévalo. A mí me ha parecido una película muy destacable, emotiva cuando debe y triste cuando la historia lo solicita, con personajes a pie de calle y situaciones con las que empatizar facilmente que muestran lo mejor y lo peor que los españoles llevamos dentro. Otra muesca en el revólver de un director al que seguir de cerca, sobre todo ahora que va a embarcarse en la difícil tarea de llevar a imágenes en movimiento el cómic Paracuellos de Carlos Giménez.


sábado, 7 de abril de 2012

[·REC]³ Génesis






Título Original [·REC]³ Génesis (2012)
Director Paco Plaza
Guión Luis Berdejo y Paco Plaza
Actores Leticia Dolera, Diego Martín, Mireia Ros, Ismael Martínez, Emili Mencheta, Álex Monner, Javier Botet, Ana Isabel Velásquez, Blai Llopis, Itziar Castro, Claire Baschet, Xavier Ruano




Tercera entrega en clave de precuela de la célebre saga española de terror que diera su pistoletazo de salida en 2007 con [·REC], aquella cinta (de zombies en un principio) en formato de falso documetal dirigida al alimón por dos de los directores más destacados del cine de género ibérico, el catalán Jaume Balagueró y el valenciano Paco Plaza. Dos años después llegó la secuela [·REC] ², que repetía las constantes de la primera entrega y añadía otras (como por ejemplo un arranque brutal con los GEOS como protagonistas) tomando la acción donde acababa la primera, pero dando un giro al film, que pasaba de ser una cinta sobre muertos vivientes a una de poseídos por una entidad diabólica.




Tras el éxito de la segunda parte, Filmax, la productora detrás de la franquicia, anunció dos entregas más. Una se llamaría Génesis y sería una precuela de las dos entregas originales de [·REC] dirigida esta vez en solitario por Paco Plaza. La otra, Apocalipsis, tendría lugar después de las dos primeras cintas, serviría de cierre para toda la saga y a sus mandos se pondría Jaume Balagueró. Este mes de Abril de 2012 se ha estrenado la de Paco Plaza, la que sirve como antecedente de la historia y que ha supuesto un producto memorable para el que suscribe.




[·REC]³ Génesis narra la boda de Clara y Koldo, una joven pareja que va a contraer matrimonio llevando a cabo toda la parafernalia y rituales clásicos de dicho ritual en un salón de bodas localizado a las afueras de una ciudad de España. Pero uno de los invitados es portador del virus demoníaco procedente de la Niña Medeiros, el personaje origen de todo y que era el núcleo de las dos entregas anteriores (posteriores cronológicamente) y contagiará a todos los invitados de la celebración convirtiéndola en un infierno.




Desde el minuto uno [·REC]³ Génesis (que comienza como si fuera un dvd de boda con su menú interactivo y con las fotos típicas de la pareja desde su infancia con música de Pablo Abraira, concretamente el tema Gavilán o Paloma) lo deja claro. Esta precuela va a ser una brutal parodia de tono muy ácido que va a hacer más sangre (nunca mejor dicho) con las tradiciones de charanga y pandereta de un país como España que con el subgénero de infectados dentro del cine de terror al que se adscribe.




La ironía y la mofa están presentes en todo momento cuando Paco Plaza y su guionista Luis Berdejo muestran todos los tópicos relacionados con las bodas en España. Los amigos golfos del novio, las dudas de la novia, el abuelo que no se entera de casi nada, la tía que busca a tal o cual invitado que no ha llegado todavía, el novio/novia cantando, el baile tras el banquete. Todo mostrado como un ritual arcaico, cutre y nada original que realmente poco tiene que ver con una verdadera demostración de amor entre una pareja de enamorados.





Hay momentos de humor acertadísimos en el largometraje. Desde los aguijonazos a la SGAE, pasando por Atún, el entrañable director del vídeo de la boda obsesionado con el cinéma vérité (cuando está bastante claro que tiene poca idea de lo que esa corriente es o la ha entendido como el culo), la abuela que llama apóstatas a los endemoniados, Koldo vestido de Sant Jordi acompañado del camarero mexicano haciendo de escudero como si fuera Sancho Panza, la espada de la tarta utilizada como arma o el momento Minipimer con el tío del novio, llegando finalmente a John Esponja, personaje que es la más clara referencia (pero no la única) al cine de Luis García Berlanga, ya que dicho rol podía haber campado a sus anchas en una película como Plácido sin desentonar un ápice en ella.






Pero claro, esto es una película sobre gente poseída que se descompone físicamente y que devora a sus semejantes. Paco Plaza pone toda la carne en el asador y va introduciendo la trama en un in crescendo de visceralidad que llega a cotas de gore deliciosamente remarcables entre el humor burro y el terror. El valenciano tampoco se deja por el camino referencias a Planet Terror de Robert Rodriguez o 28 Días Después de Danny Boyle y su excelente secuela 28 Semanas Después a manos de nuestro compatriota Juan Carlos Fresnadillo.






El director de El Segundo Nombre rueda con (necesaria) parquedad al inicio, y nervio tras ese prólogo con el que no sólo cambia la temática estética de la franquicia, sino que llega incluso a reirse de ella en un ejercicio de autoparodia que le honra, por no tomarse en serio ni a sí mismo ni a su producto. Tras dicho pasaje la cinta abandona el formato de falso documental que dio fama a la saga y se introduce en una realización cinematográfica pura con una cámara omnisciente más habitual, pero no por ello menos acertada, todo lo contrario. Las escenas de vísceras son efectivas y el tiroteo final es de los más bestias que he visto en mi vida, muy deudor del Paul Verhoeven de Robocop.






[·REC]³ Génesis no inventa nada, pero reformula una saga que si quería ofrecer dos entregas más necesitaba cambiar su forma para seguir siendo fiel a su fondo. Paco Plaza lo consigue con nota a base de mala baba, ironía, humor negrísimo y por supuesto una historia de amor que es llevada hasta el extremo. Para el recuerdo una desatada Leticia Dolera con vestido de novia y motosierra en mano (o cómo referenciar a Tobe Hooper, Quentin Tarantino y Vicente Aranda con un sólo personaje), salmos de la Biblia recitados por megafonia y una banda sonora (con temas de Koke Maya o Tino Casal, ahí es nada) que encaja perfectamente en esta enorme broma llena de hemoglobina y geniales patadas en el escroto de muchas de nuestras costumbres y tradiciones.