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lunes, 5 de agosto de 2013

Juez Dredd, el brazo fuerte de la ley



Título Original Judge Dredd (1995)
Director Danny Cannon
Guión Michael De Luca, William Wisher Jr y Steven E. De Souza basado en el personaje creado por John Wagner y Carlos Ezquerra
Actores Sylvester Stallone, Armand Assante, Diane Lane, Rob Schneider, Max von Sydow, Ewen Bremner, Joan Chen, Jurgen Prochnow, Joanna Miles, Balthazar Getty






"Los primeros quince minutos muy bien, pero, después se quita el casco y más tarde el traje y quedó una película de Sylvester Stallone a secas". Estas fueron las declaraciones de Carlos Ezquerra, co creador del personaje Juez Dredd junto al guionista británico John Wagner, cuando le preguntaron en esta interesante entrevista de Blog de Superhéroes qué le parecía la primera versión cinematográfica que en los 90 se llevó a cabo acerca de las aventuras del juez, jurado y verdugo que nació en las páginas de la mítica revista inglesa 2000 AD en 1977. Un servidor hace suyas las palabras del zaragozano, porque después de muchos años ayer volví a ver esta simpática mediocridad que pudo haber sido la más fiel adaptación del microcosmos de Joe Dredd al celuloide si no hubiera sido por las malas artes del actor que le dio vida, Sylvester Stallone.




En un principio el proyecto largamente acariciado de llevar a imágenes las aventuras del Juez Dredd iba a estar protagonizado por el austriaco Arnold Schwazzenegger que como única exigencia puso que su personaje al menos "una vez" se quitara el casco a lo largo del metraje. Finalmente el protagonista de Depredador no puedo ponerse el uniforme de Joe Dredd y su amigo (y rival profesional) Sylvester Stallone se lo enfundó. Detrás de las cámaras se puso al novato director británico Danny Cannon (más tarde conocido por ser uno de los impulsores de la célebre serie C.S.I: Las Vegas, rodando el episodio piloto de la misma) y el guión lo escribieron William Wisher Jr (Terminator 2) y Steven E De Souza (Street Fighter: la Última Batalla) basado en un argumento del mismo Wisher Jr y Michael De Luca.




El resultado fue un producto endeble que no tuvo éxito en la taquilla y que mostroço los primeros síntomas de la decadencia en la que el protagonista de Rocky iba a adentrarse en la segunda mitad de los 90 y que se alargaría hasta mediados de la década pasada. Pero el problema más grave es que Juez Dredd como adaptación de los cómics del personaje homónimo lo tenía todo para triunfar y ser fiel a las viñetas que autores como los ya mencionados Wagner y Ezquerra, Garth Ennis, Brian Bolland, Mike McMahon o Pat Mills se ocuparon de convertir en leyenda del noveno arte, pero como ya he comentado el divismo de un Stallone que metió demasiado mano en la producción del largometraje dio pie a que todo el proyecto se fuese al traste.




Año 2139, el grueso de la población de Estados Unidos se divide en tres megaciudades. En Mega City 1 la violencia y la criminalidad están a la orden del día y sólo un grupo de agentes de policía llamados Jueces, que tienen licencia para detener, juzgar y sentenciar a los delincuentes en la misma escena del crimen, mantienen a raya el caos y la anarquía en la zona. El más competente e inflexible de los jueces es Joe Dredd, personalidad autoritaria admirada por sus compañeros y temida por sus enemigos. Pero un día todo se torcerá cuando Dredd sea acusado de doble homicidio y por ello encarcelado en la penitenciaría de máxima seguridad de Aspen. Entre rejas y con la ayuda de algunos aliados el Juez Dredd tendrá que demostrar su inocencia y capturar a la persona que le ha tendido la trampa.




En la producción de Juez Dredd se utilizó un presupuesto de 90 millones de dólares y eso en pantalla se deja notar. La Mega City que este largometraje de 1995 refleja es considerablemente fiel a la de los cómics y el diseño de producción con el que fue creada a día de hoy aún se ve como un trabajo realmente encomiable por parte de la dirección artística implicada en el proyecto. Por otro lado el vestuario de los actores es de nota altísima y el uniforme de los jueces fue diseñado ni más ni menos que por el tristemente desparecido diseñador Gianni Versace. El reparto está lleno de secundarios reconocibles, entre ellos Armand Assante, Max Von Sydow, Jurgen Prochnow y unas guapísimas Diane Lane y Joan Chen. 




Para colmo Stallone con el casco puesto es un Dredd muy convincente, aunque su entrada triunfal en pantalla queda oscurecida porque su tono de voz nos hace pensar si el personaje tiene alguna deficiencia mental (ese "Aiam... de lo!" desata las carcajadas sí o sí). Lo tenemos todo, el entorno, el dinero, la acción, los actores y personajes, una pegadiza y banda sonora de Alan Silvestri a lo Basil Poledouris y ese microcosmos que mezcla una sucia urbe llena de delincuentes con la frialdad de tintes nazis del Palacio de Justicia donde los jueces imponen su ley. Pero todo fracasa cuando el protagonista de Los Mercenarios decide que él es más importante que la película o el cómic en el que la misma se está basando, por ello tras esos 15 interesantes minutos de los que hablaba Ezquerra en los que se nos presenta la historia, Juez Dredd se convierte en una autofelación para el hinchado ego de su actor principal.




En el mismo momento en el que Stallone se quita el casco (algo que el Dredd de los cómics no hace nunca, ya que la idea de que no le veamos el rostro es, según su creador John Wagner, la que universaliza su concepto de que es una representación icónica de la ley en toda su magnitud) no sólo traiciona la esencia del personaje, es que también lo hace para no volver a ponérselo a lo largo de todo el metraje más de un par de veces muy breves. De modo que Joe Dredd desaparece y en su lugar nos cuelan a uno más de los "policías duros" a los que ha dado vida Stallone en films como Tango y Cash o Cobra: El Brazo Fuerte de la Ley y que para colmo está acompañado del típico personaje secundario cómico al que da vida un Rob Schneider, por suerte, menos cargante de lo normal.




Lo que nos queda es una mediocre cinta de ciencia ficción en la que Stallone y su colega se encuentran con sosias de muchos de los personajes de los cómics de Juez Dredd (la juez Hershey, la familia Ángel, el Juez Supremo Fargo) que en ningún momento parecen estar enfrentándose al protagonista de los tebeos, sino a un madero sonado al más puro estilo Martin Riggs de Arma Letal. Y es una pena, porque el guión toma como punto de partida (lejanamente) la saga El Día que Murió la Ley y el diseño de personajes como Mean Machine o el ABC Robot tienen su mérito, pero la poca fidelidad del guión a las viñetas y la labor de Stallone como protagonista abocan inevitablemente al fracaso a la cinta que no levanta cabeza por muy entretenida y frenética que se vea aún a día de hoy.




Sylvester hace uno de los peores papeles de su carrera, ya que a su pronunciación un tanto desafortunada se une el hecho de que al quitarse el casco parece sentir la necesidad de no parar de gritar cosas sobre la ley ("de lo!") con el rostro desencajado. El protagonista de Acorralado (First Blood) es un actor mediocre (aunque desde mi punto de vista mucho mejor que su amigo Arnold) que en ocasiones nos ha ofrecido buenos trabajos (Copland, Rocky) pero en esta ocasión esa nominación al Razzie al peor actor de 1995 estaba bastante justificada. Diane Lane guapísima, pero poco pinta aquí, Max Von Sydow se lo toma demasiado en serio (pobre hombre) Jurgen Prochnow se mete bien en su papel de villano en la sombra, Joan Chen parece como si fiera a preguntar al director dónde está la cámara y el que mejor parece pasárselo es Armand Assante porque no se toma en serio su labor y por ello se marca un villano de opereta carismático y exagerado. Rob Schnieder está hasta pasable y sólo por el momento en el que imita la voz de Stallone ya merece la pena aguantar su poco agradable presencia.




Danny Cannon hace lo que puede, técnicamente se le ve resuelto pero el montaje del film es nefasto (los productores quisieron remontar la cinta para evitar la calificación R quitando violencia pero no tuvieron tiempo para ello, síntoma más del desastre que debió ser la gestación de este proyecto) y si bien las escenas de tiroteosy persecuciones son dignas, las de peleas cuerpo a cuerpo son penosas (Diane Lane y Joan Chen más que pegarse parece que estén bailando Batuka) y parecen coreografiadas por el director de un geriátrico. De todas formas las malas lenguas dicen que el director de Aún Sé lo Que Hicisteis el Último Verano vio su labor detrás de las cámaras brutalmente adulterada por la intervención, una vez más, de Stallone, de modo que no podemos tampoco echarle todas las culpas a él o al editor.




Como muchos sabréis el pasado 2012 se realizó, Dredd, otra adaptación del personaje al celuloide a manos del guionista Alex Garland (28 Días Después, Sunshine), el director Pete Travis (Omagh, Vanishing Point) y protagonizada por un convincente Kar Urban (El Señor de los Anillos, Star Trek) que, este sí, no se quita el casco en ningún momento del metraje. Esta obra, mucho más conseguida en el plano cinematográfico a pesar de su humildad formal, fue un fracaso en la taquilla, pero en el mercado doméstico ha conseguido vender en sólo una semana más de 650.000 copias (una de ellas del que suscribe), hecho que no descarta el rodaje de una secuela que sería recibida con lo abrazos abiertos por miles de fans, un servidor entre ellos.




Sin comparamos ambos largometrajes evidentemente la cinta de Garland y Travis gana por goleada, aunque da una visión más de realismo sucio y urbano que la de Cannon (según el mismo Wagner, Dredd, al igual que roles como Batman, es un personaje con tantos matices que permite ser abordado con una amplia variedad de registros en fondo y forma) y su violencia estilizada y explícita es muy deudora del cómic. Pero es cierto que estilísticamente la versión de 1995 es mucho más fiel a lo que son la historietas del personaje y podría haber sido muy superior si no la hubieran reventado desde dentro sus mismos creadores. 




En lo que si fallan ambas versiones es en que obvian completamente el tono de sátira y crítica que convertía a Dredd en una fuerza de la ley fascistoide en ocasiones más peligrosa que los mismos criminales a los que ajusticiaba, ya que ambas películas se ponen del lado del protagonista y no ponen nunca (bueno, la de Travis puede que sí, ahí está el personaje de Anderson para equilibrar la balanza moral de la historia) en duda que los métodos del juez son los adecuados. Por eso a un servidor siempre le quedará la espina de que Paul Verhoeven y Ed Neumeir no se hayan puesto hasta ahora detrás de una de las adaptaciones del personaje a la pantalla, ya que como dijo algún avispado Robocop tiene más de Juez Dredd que la misma película de Juez Dredd, al menos la de 1995.




Juez Dredd es una hija de los años 90 y un producto realizado para el lucimiento de su protagonista cuando debería haber sido (pudo serlo) la convincente adaptación a imágenes de un personaje mítico dentro del cómic europeo. Con todo la película de Danny Cannon destila la considerable caspa y vergüenza ajena mezclada con entretenimiento y simpatía como para ser vista hoy día con un grupo de amigos en una tarde tonta con la sana intención de echar unas risas viendo como Sylvester Stallone se limpió el culo con todos los números de 2000 AD que encontró en su camino (y eso que los títulos de crédito con las portadas de los cómics del personaje hacían presagiar que la fidelidad iba a ser la exigida) para su propio beneficio. Por suerte la cosa no le salió como quiso y la franca decadencia en la que entró su carrera poco después le sirvió como sana cura de humildad. La terrible venganza de Joe Dredd se sirvió fría, pero con efectividad.



martes, 18 de septiembre de 2012

Dredd



Título Original Dredd (2012)
Director Pete Travis
Guión Alex Garland basado en el cómic de John Wagner y Carlos Ezquerra
Actores Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Domhnall Gleeson, Santi Scinelli, Jason Cope, Deboa Oparei, Langley Kirkwood, Brandon Livanos, Rakie Ayola, Allen Irwin, Joe Vaz, Scott Sparrow






En el año 1977 el guionista británico John Wagner y el dibujante español Carlos Ezquerra crearon para la, recientemente editada por aquel entonces, mítica revista inglesa 2000 A.D un personaje llamado Juez Dredd que como rezaba en la publicidad de sus historias ejercía como juez, jurado y verdugo. Desde entonces las aventuras sobre este peculiar y original agente de la ley han sido cientos y sus correrías han pasado por las manos de los más grandes autores del noveno arte como Grant Morrison, Garth Ennis, Alan Grant, Brian Bolland, Alan Davis, Simon Bisley o Steve Dillon.




Juez Dredd es una distopía satírica llena de mala baba y violencia hiperbólica que nos habla de un futuro en el que el crimen lo mantiene a raya un grupo de ajusticiadores que se hacen llamar Jueces. El más duro de ellos es Joe Dredd, un agente de la ley que aplica unos métodos tan bestiales que en ocasiones son más crueles que los que llevan a cabo los mismos criminales. La intención de Wagner y Ezquerra era crear una visión irónica de los cuerpos y fuerzas del estado de Norteamérica por medio de un personaje de acciones expeditivas y en ocasiones inhumanas que lo convertían en una especie de remedio que es tan o más grave que la enfermedad, ya que en ocasiones incluso castigaba delitos cometidos por los acusados que eran nimiedades como fumar en locales indebidos o engancharse a unos dulces que producen una descontrolada adicción.





En 1995 se intentó llevar a la pantalla grande al personaje y digo se intentó porque el estropicio fue de proporciones catedralicias. El film, dirigido por el muy mediocre Danny Cannon (Aún Sé lo que Hicísteis el Último Verano), escrito por William Wisher (guionista de Terminator 1 y 2, era un valor casi seguro para una película como esta, pero por desgracia no fue el caso) y Steven E. de Souza (director de aquella obra de culto del despropósito trash llamada Street Fighter: La Última Batalla) estaba protagonizado por un penoso Sylvester Stallone al que le seguía un más que decente reparto de secundarios como Diane Lane (guapísima por aquel entonces, aún lo sigue siendo, pero no tanto), un Armand Assante pasadísimo de rosca, Max Von Sydow, Jürgen Prochnow, Joan Chen y un insufrible Rob Schneider entre otros.




Ciertamente la película tenía un diseño de producción perfecto y fiel a las viñetas y el acabado técnico permitía retratar una Mega City 1 más que digna. Pero los creadores del producto no es que pareciera que no habían leído nunca un cómic de Juez Dredd, es que daba la impresión de que sí lo habían hecho, pero para después tomar la decisión de vomitar y defecar sobre todo lo que representaba el personaje. Stallone se quitaba el casco a los 5 minutos de metraje (Joe Dredd nunca se lo quita, en los cómics lo habrá hecho contadísimas ocasiones después de 35 años de historia) no había nada de la ironía de las viñetas, ni la violencia cruenta y para colmo el reparto parecía no tomarse en serio lo que hacía y nos regalaba momentos de considerable vergüenza ajena. La cinta se queda en una entretenida gilipollez que se disfruta únicamente si se desvincula de los cómics y no se toma en serio como obra cinematográfica.




El año pasado empezaron a surgir noticias sobre la posible gestación de una nueva adaptación del personaje que sería más fiel a los cómics. Su producción sería británica, el protagonista Karl Urban (el famoso Eomer de El Señor de los Anillos) el guionista y productor Alex Garland (habitual colaborador de Danny Boyle) el director el inglés Pete Travis, realizador este de obras como la polítcamente reivindicativa Omagh o la conspiranoica En el Punto de Mira (Vantage Point). El resultado es Dredd, un excelente thriller futurista, brutal y salvajemente entretenido que es mucho más fiel a los cómics que la versión de 1995, pero que no llega a serlo al 100% por algunas carencias conceptuales con respecto a las viñetas.




En un futuro no muy lejano y tras una guerra nuclear, lo que antiguamente fue Estados Unidos ahora se erige como una enorme megalópolis con 800 millones de habitantes llamada Mega City 1. Dicha ciudad está asediada por unos desproporcionados niveles de delincuencia que sólo son mantenidos a raya por los Jueces, agentes de la ley del Departamento de Justicia que ejercen como policías, jueces, jurados y verdugos. El más famoso de ellos, Joe Dredd, tiene como misión instruir a una Juez novata, Cassandra Anderson, y ayudarla a superar su prueba de acceso al cuerpo. Pero lo que parecía una misión rutinaria en un enorme edificio llamado Peach Trees se convierte en una trampa mortal para ambos cuando Ma-ma, la mafiosa que rige las 200 plantas que le dan forma, decide eliminar a los dos agentes infiltrados en la que ella considera su casa.




Dredd es uno de los thrillers más vibrantes y endiabladamente entretenidos del año. Una muy fiel traslación del personaje original a unas imágenes regadas con hemoglobina, vísceras, brutalidad y acción con una historia tan sencilla y directa como efectiva. Con respecto a la misma parece ser que es muy similar a la de uno de los éxitos del año 2011, esa The Raid de nacionalidad indonesia que también narra el asalto a un enorme edificio por parte de un grupo de agentes de policía que debe atrapar a un capo del narcotráfico. Pero como aún no la he visto (no por falta de ganas) sólo hablo de oídas. Aunque lo importante es que el film de Travis es bastante fiel a las viñetas, eso sí, con algunas taras que comentaré más tarde.




La escenas de acción son técnicamente brutales y están excelentemente ejecutadas. Además, Travis sabe lidiar con el handicap de un presupuesto no demasiado holgado dentro de una producción más o menos grande y utiliza con pericia las numerosas escenas en cámara lenta que gracias a un apunte genial de guión están justificadas, porque en el film existe una droga de diseño llamada slo-mo que hace que los que la consumen experimenten la realidad al 1% de velocidad. Excusa narrativa aplicada a imágenes de la que se abusa considerablemente a lo largo del metraje pero que la mayoría de las veces se usa con inteligencia y sentido común, como con esas caídas al inicio y al final del film o en el tiroteo en la habitación.




La brutalidad es espídica y explícita, en la línea de la de Punisher War Zone, pero aún más estilizada. Ciertamente Travis se recrea a la hora de mostrar violencia pero no la idealiza, la muestra cruenta, descarnada y desagradable, destacando dos escenas en concreto realmente bien realizadas. Una con una garganta como protagonista y otra con una ráfaga de semiautómática apuntando a una barbilla que no nos da tiempo a digerirla cuando ya ha sido ejecutada. Esta bestial concepción de las escenas de acción son más cercanas a las que el personaje protagoniza en las viñetas que la burdamente suave que se veía en la versión de 1995 que era tan inofensiva como intrascendente.




Otro apunte inteligente es que los tres personajes sobre los que gira la trama, si bien no son un ejemplo cristalino de análisis de personalidad, sí tienen cierto trasfondo e inquietudes. Karl Urban (que no muestra el rostro en todo el metraje, como debe ser) sabe transmitir la visceralidad, estoicismo y ferreo carisma del verdadero Juez Dredd (su "I'm the law" impone, no como el de Stallone que daba risa y pena) sólo con la boca y el lenguaje corporal. Lena Headey borda a esa Ma-Ma, sádica criminal que no pierde el rostro de indiferencia ni cuando está a punto de morir. Pero la mejor es Olivia Thirlby (gran descubrimiento el suyo) que da vida a uno de los personajes más célebres del cómic, la Juez Anderson, que posee poderes psíquicos debido a que es mutante y que es el rol que soporta sobre sus hombros las dudas y contrariedades sobre si las acciones que Dredd y ella llevan a cabo son moralmente aceptables o no. Idea argumental que trae a la cabeza del espectador la trama central de la primera Tropa de Élite de Jose Padilha.




Y adentrándonos en ese terreno nos topamos con el que es para mí el único fallo del largometraje. El guión de Alex Garland adolece casi por completo (sólo las vemos muy levemente con el gag del "castigo" al mendigo que se encuentra en la puerta del edificio o por un comentario de megafonía que afirma que unas instalaciones se reabriran en media hora cuando limpien unos cadáveres hechos trizas que se encuentran en el suelo) de la sátira y la ironía de los cómics, esa que en las viñetas retrataba a Dredd como una máquina brutal y fascistoide al servicio del estado (esas águilas que luce en su uniforme fueron un añadido estético que el dibujante zaragozano Carlos Ezquerra incluyó al diseño del personaje porque hacía referencia a la parafernalia de la dictadura franquista).




El guionista y Pete Travis idealizan la figura del protagonista que a pesar de poner en uso métodos inhumanos, cuestionables y sádicos siempre nos son justificados subrayándonos continuamente los autores que situaciones extremas requieren acciones extremas y que el Juez protagonista  nunca llega a ser peor que sus enemigos y por ello estos últimos reciben su merecido. Apunte con un tono algo reaccionario que empaña (levemente) una película de la que no puedo dar más quejas, pero que me hace pensar que si este proyecto lo hubiera cogido el holandés Paul Verhoeven, con respecto a la crítica social y política que podría haber destilado el largometraje, otro gallo nos hubiera cantado.




Dredd es, si no fallan mis cálculos, la quinta adaptación de un personaje de cómic de lo que llevamos de 2012 y no es la mejor (Los Vengadores y El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace se lo impiden) ni la peor (la decepcionante The Amazing Spiderman y la mala pero muy divertida Ghost Rider: Espíritu de Venganza no le llegan ni a la suela de los zapatos) de ellas. Pero es tanto una grata sorpresa cinematográfica como una remarcable cinta de acción que traslada a la pantalla grande con considerable fidelidad el tebeo en el que se basa y que ofrece al espectador hora y media de cine demencialmente entretenido que hace, esta vez sí, justicia (nunca mejor dicho) a uno de los personajes más icónicos, longevos, pero por desgracia desconocidos, de la historia del noveno arte.