miércoles, 19 de enero de 2011

Crepúsculo: Eclipse, y a la tercera va... la aburrida



Título Original: The Twilight Saga: Eclipse (2010)
Director: David Slade
Guión: Melissa Rosenberg basado en la novela de Stephanie Meyer
Actores: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Ashley Greene, Jackson Rathbone, Nikki Reed, Elizabeth Reaser, Peter Facinelli, Dakota Fanning


Trailer


Queridos amigos lectores, lo que todos estábais esperando como agua de Mayo ya está aquí. Mi comentario sobre la tercera y por ahora última entrega de la saga Crepúsculo. Incomprensible fenómeno fan contemporáneo nacido gracias a la saga de novelas de la escritora norteamericana Stephanie Meyer que arrastra masas pero no neuronas y que ha hecho involucionar de manera radical un mito tan maravilloso y universal como el del vampirismo forjado con personajes como el Conde Drácula, Lestat de Lioncourt, Kurt Barlow, Elizabeth Bathory o el pequeño Rüdiger Von Schlotterstein.


Por favor, dejad de discutir por mí... daos de hostias que mola más.


Seré sincero, no escribo esta entrada por el placer de haber visto previamente la película que voy a desgranar. Lo hago porque después de 400 entradas en las que he hablado de todo tipo de cine, abarcando autores tan dispares como Michael Haneke, Lars Von Trier, Oliver Stone o Roman Polanksi, de manera bastante triste la entrada que más visitas ha recibido en el blog, con mucha diferencia, desde que lo creara allá por el lejano Julio de 2009, es esta. En resumidas cuentas, al público hay que darle lo que demanda y si pide Crepúsculo, yo le doy Crepúsculo.


Claro, tú estás muerto, pero a mí lo que me está matando es la alergia al polen


Sí amigos y amigas, han vuelto, todos nuestros amigos están aquí, sobre todo esos tres que tantos amáis y adoráis. El no muerto vegetariano y pajizo, la humana politoxicómana y el indio bronceado. Todos ellos secundados por vampiros en patinete o que corren de manera ridícula como si estuvieran montados en una cinta andadora, nativos americanos descamisados, pobres padres comprensivos con más inteligencia que ningún otro personaje, chupasangres con la carrera de medicina, lobos digitales que parecen más osos que otra cosa y nuevos añadidos, tales como nuevos vampiros hechos de cristal, la hija de Ron Howard enseñando los dientes y trepando árboles, tiendas de campaña, flashbacks explicativos y nieve, mucha nieve y de la que está fría también.


Que no opá, que me estoy quitando, ya sólo me meto de vez en cuando


Eclipse es una mala película, de las peores que se estrenaron el año pasado y con todo es, con diferencia, la mejor de las tres películas de la saga Crepúsculo. Por fin los productores le han dado el timón de la dirección a alguien con dos dedos de inteligencia. Eclipse la ha dirigido el americano David Slade, autor de Hard Candy, film ideologícamente execrable pero con un acabado artístico y técnico impecable, y artífice también de la adaptación a imágenes del cómic de Steve Niles 30 Días de Oscuridad que trata el tema del vampirismo desde una perspectiva totalmente opuesta a la que nos ofrece la saga de películas que nos ocupa. Como no he leído los libros (dios me libre) hablaré sólo de los largometrajes, como he hecho siempre.


Míralo, yo no me explico qué le ves, si parece que lo han rebozado en harina


Slade, a parte de un señor calvo y bajito con pinta de pervertido es también un tipo listo y sabe que esta saga no tiene nada que ver con la visión que él tiene del séptimo arte. Por eso reduce al mínimo las empalagosas, plúmbeas y muy falsarias escenas de amor de los protagonistas que no hay por donde cogerlas y se centra en la acción, las escenas de lucha (por fin los vampiros se golpean, no sólo se echan el aliento como en la primera entrega) y luciéndose particularmente en las escenas de los flashbacks, que sí, que plagian demasiado a los que se incluían de manera certera en las series Buffy, la Cazavampiros y su spin off Ángel, pero no quedan mal del todo.


Espera, no te muevas... sí, son pulgas, van por el cogote. Seguro que te las ha pegado el lobo ese


Venga, la cosa va bien. Empalago reducido, los personajes no dicen tantas paridas supuestamente amorosas como en las anteriores entregas. Hay más luchas, acción, los secundarios que no decían ni una palabra en las otras dos películas previas hablan y cuentan cosas hasta cierto punto interesantes. Todo va bien... no puede ser, algo debe fallar, pues sí. Dos palabras ¡Me abuuuuuuuurro!. Para una vez que la cosa tenía pinta de ser un producto digerible todo lo que en él acontece es plano, simple, sin ritmo, insípido, en resumidas cuentas, duerme a las piedras y hace que el espectador caiga inevitablemente en los brazos de Morfeo y no, no hablo del calvo negro de Matrix precisamente.


¿Qué quieres decir con lo de que se te ha quedado el brazo así por pensar mucho en mí?


Aunque para tranquilidad de los fans de la saga también tenemos, pero más dosificadas, esas escenas vergonzosas que hacen que el espectador se eche las manos a la cabeza, sobre todo las compartidas por Kirsten Stewart, esta vez con menos cara de drogadicta (gracias Proyecto Hombre) y gesticulando en una toma, si mal no recuerdo. Robert Pattinson, en su línea, soso como él solo pero esta vez con tres registros interpretativos (el triple de los que tenía en las anteriores entregas). Enfado, sonrisa forzada y enjuto rostro tristón que supuestamente transmite pena. Taylor Lautner va a lo suyo, pechazos fuera y palabrería digna de El Vaquilla.


Sí, tienes razón Bella, por lo que noto tienes lo labios cortados por el frío


De las comentadas escenas del trío hay algunas para el recuerdo. La de la conversación de Bella y Jacob en el montículo nevado (no canta la escena rodada en estudio ni nada) con el beso sin venir a cuento y Edward leyendo los pensamientos del descamisado. La del magreo en la cama en la que el Cullen confirma sus principios puritanos dignos de Escrivá de Balaguer. Pero sobre todo la de la tienda de campaña con los tres protagonistas dentro, que supone una mezcla entre Brokeback Moutain y ¡La Lola Nos Lleva al Huerto! de los inigualabes Andrés Pajares y Fernando Esteso.


No caigáis en sus provocaciones, ellos no van tan bien conjuntados como nosotros


Pues nada compañeros. Con Eclipse, película floja donde las haya, aburrida y con menos sustancia que el cerébro de Paris Hilton, la saga Crepúsculo ha dado un paso de gigante cinematográficamente hablando con respecto a las otras dos entregas, la ridícula primera parte y la vergonzosa segunda. Ahora la nueva meta de los productores y del director Bill Condon (que alguien que ha hecho joyas como Dioses y Monstruos se pueda meter en semejante proyecto me hace seguir perdiendo la fe en la raza humana) está clara. ¿Hacer por fin una buena película?. No amigos, no aspiremos a tanto. Que hagan una película decente. No se pueden pedir peras al olmo o buen cine a esta franquicia "chirigótica" y "emofílica".


jueves, 13 de enero de 2011

Los Cuatrocientos Golpes, running free


Título Original: Le Quatre Cents Coups (1959)
Director: François Truffaut
Guión: Marcel Moussy y François Truffat
Actores: Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier, Albert Rémy, Guy Decomble, Georges Flamant, Patrick Auffay





Entrada cuatrocientos y una vez más (ya lo hice con la trescientos) bordeando el colmo del ingenio y la inventiva me dispongo a comentar, siempre desde mi humilde prisma de hombre de a pie, la ópera prima del universal director francés François Truffaut, Los Cuatrocientos Golpes (Le Quatre Cents Coups). Film, que por distintos motivos se erige como un punto de inflexión dentro del lenguaje del séptimo arte en general y del cine europeo en particular. Ya que con ella se dio a conocer un nuevo movimiento cinematográfico que revolucionaría en cierta manera algunos postulados con respecto a el acto de realizar películas. Hablo como no puede ser menos de la Nouvelle Vague.




La Nouvelle Vague, explicada en pocas y simples palabras vino a ser una nueva ola (nunca mejor dicho) de directores surgida a finales de los años 50 que querían revolucionar la manera de hacer cine apelando por la libertad de expresión en el plano artístico y técnico y tomando cierta conciencia social y política con sus discursos autorales que se vería reflejada (para bien o para mal) en sus obras cinematográficas. Junto a otros films como Hiroshima Mon Amour de Alain Resneis, Los Cuatrocientos Golpes supuso el pistoletazo de salida a tan atípico y novedoso movimiento cinematográfico.




A parte de ser, como ya he comentado, uno de los films pioneros de la Nouvelle Vague, Los Cuatrocientos Golpes también supuso la ópera prima y carta de presentación de un por aquel entonces jovencísimo François Truffaut. Posiblemente el más célebre y universal director que ha ofrecido el país vecino al mundo del arte cinemetográfico. Ya con su debut detrás de las cámaras consiguió no sólo acaparar muchas miradas de la prensa internacional, también conseguir el premio a la mejor dirección del festival de Cannes de 1959 y una nominación a los Oscars de ese año en el apartado de guión original.




Le Quatre Cents Coups es en gran parte una obra autobigráfica por parte de Truffaut. Antoine Donel es un niño parisino que vive una triste y apocada existencia moviéndose a diario entre la lacónica atmósfera de un hogar en el que su madre no le hace el debido caso y su padrastro lo trata con condescendencia y un aula en la que una estricta y encorsetada ley disciplinaria lo anula y oprime como el adolescente creativo que realmente es. Por eso no es de extrañar que el chico se embarque en una continua huida (física y mental) de su propia vida, que no comprende y que lo aboca inevitablemente a un constante estado de alienación




Con este fidedigno relato (la sombra del neorrealismo italiano es clara) sobre la vida de un infante instaurado en una familia de clase media baja, Truffaut no sólo hace un interesante análisis de personajes, sobre todo con el central, sino también y de manera más sutil un fresco sobre la Francia de la posguerra, sin didactismos ni dedos acusadores hacia instituciones concretas, pero con un matiz de desesperanza y crítica que sobrevuela todo el largometraje y del que tomarían nota más tarde los autores del Free Cinema inglés como el Tony Richardson de La Soledad del Corredor de Fondo cuyas referencias al film que nos ocupa son bastante claras y directas en ese largometraje.




La puesta en escena de Truffaut era completamente atípica para el cine francés de la época. Planos cenitales, sencillos pero efectivos travellings, picados, la admiración de Truffaut (y de otros autores de la Nouvelle Vague) por el estilo de realización de Orson Welles queda patente. Pero todo está aplicado en concordancia con una narración fílmica que fusiona de manera certera fondo y forma. No hay concesiones a que el aspecto visual del producto devore o solape la historia que el director y su co guionista Marcel Moussy nos están relatando, que es el centro neurálgico del largometraje, sin lugar a dudas.




He de admitir que soy más partidario de otro tipo de dramas sobre la infancia, los que se presentan más desgarrados ya sea por su contexto o planteamiento, hablo de obras tales como Los Olvidados de Luis Buñuel o Alemania, Año Cero de Roberto Rosellini y puede que la obra que nos ocupa esté en algún sentido sobrevalorada porque al hablarse de ella se antepone lo que representó a lo que ofreció cinematográficamente hablando, que ciertamente no es poco. Pero es imposible negarle el mérito a François Truffaut en una obra como la que nos ocupa que revolucionó el lenguaje del séptimo arte dando peso a la libertad artística y a un movimiento que nos regaló, sí, es cierto, en ocasiones pedantería, adoctrinamiento y pensamientos sectarios, pero también conciencia social, imaginación, crítica política, inconformismo y sobre todo gran cine. Como el de Truffaut, como el que nos ocupa, como Los Cuatrocientos Golpes.



miércoles, 12 de enero de 2011

Street Fighter II, la Película, warriors of the world united


Título original: Sutorîto Faitâ II gekijô-ban/Street Fighter II: The Animated Movie (1994)
Director: Gisaboru Sugii
Guión: Kenchi Imai y Gisaboru Sugii




En el año 1987 la compañía japonesa Capcom editó un videojuego de lucha llamado Street Fighter. El mismo estaba protagonizado por un guerrero japonés llamado Ryu que recorría el mundo entero para enfrentarse a todo tipo de rivales. En la pantalla final el jugador que controlaba al luchador nipón se enfrentaba a Sagat, una mole tailandesa experta en el estilo de combate Muay Thai. El éxito del producto fue relativo, pero se hizo con cierto nombre dentro de las hoy casi extintas salas recreativas de la época. En 1991 llegó el boom total con la secuela. Street Fighter II se convirtió probablemente en el mejor arcade de lucha de la historia.




Esta vez la selección de luchadores para que el jugador pudiera controlarlos se alargaba hasta ocho. El tradicional Ryu, su amigo americano Ken, que entrenó con él, poseyendo por ello su misma técnica de combate. Zangief, luchador de wrestling ruso, Guile, jefe de las fuerzas especiales americanas, Chun Li, contrincante china, Honda, luchador de sumo japonés, el maestro yoga hindú Dalshim y la bestia brasileña Blanka. Las cuatro últimas pantallas estaban formadas por las protagonizadas por los cuatro rivales finales. El luchador de boxeo americano Balrog, el acróbata español Vega, el ya mencionado Sagat que esta vez no era el enemigo final del juego y por último el misterioso Mr Bison, jefe definitivo del producto.




Cómics, infinitas secuelas del juego, figuras de acción de todo tipo y hasta dos cintas de imagen real. La horripilantemente memorable Street Fighter, la Última Batalla protagonizada por Jean Claude Van Damme y la no tan desastrosa pero sí bastante mala Street Fighter, la Leyenda, protagonizada por el personaje de Chun Li. Siendo totalmente sincero la vez que más justicia se le ha hecho a estos personajes que coparon gran parte de la infancia de muchos adolescentes durante los 90 (incluyéndome a mí) llegó en forma de cine animado, desde el mismo país de origen del arcade y con una calidad bastante considerable.




Street Fighter II, the Animated Movie se estrenó en el mercado del vídeo (añorado VHS) en 1994. Este anime dirigido por Gisaboru Sugii y escrito por él mismo y Kenchi Imai supone el mejor acercamiento jamás realizado al juego de Capcom. Se crea un trama consistente, se le da personalidad y una historia a los personajes principales y se forma un contexto interesante para la historia. Todo ello complementado por una animación excelente, una dirección del todo competente, aderezado el conjunto con una banda sonora, en la versión inglesa, efectista con temas de grupos de metal como Alice in Chains o Korn y muchas escenas de combates.




Porque seamos sensatos, la trama de esta adaptación al anime de Street Fighter II no es nada del otro mundo, ya que se revela como la típica de cinta de artes marciales (pero de las buenas, ojo) que pudiera protagonizar cualquier actor tipo Mark Dacascos, Jet Li, o Tony Jaa. El film como es lógico y es lo mínimo que se le podría exigir, hace especial hincapié en las coreografías de peleas entre los luchadores, ya que muchos personajes no tienen un papel más allá que el que les permite un combate cuerpo a cuerpo, en el que por supuesto y como no podía ser menos, utilizan algunas de las técnicas de combate clásicas del videojuego que se realizaban con movimientos concretos del joystick.




Esto que expongo se deja ver de manera notable si tenemos en cuenta que la cinta se estrenó a rebufo de la edición de Super Street Fighter II, nueva versión del juego original que añadía otros cuatro personajes más, Fei Long, Cammy, Thunder Hawk, Dee Jay, y de Super Street Fighter II X: Grand Master Challenge, que incluía el personaje de Akuma, que sólo tiene un casi imperceptible caméo en la obra que nos ocupa. Roles que en el film sólo tienen apariciones estelares que no pasan de lo anecdótico, aunque algunos de ellos son importantes para al argumento central del devenir de la trama, como el caso de la agente británica de Delta Red.




Como he comentado, la película no deja de ser una cinta de artes marciales y escenas de lucha en sesión continua. Pero eso no es impedimento para que Suggi construya algunas escenas de un acabado formidable. Póngase como ejemplo la magnífica secuencia en el hotel de Chun Li, que con un admirable in crescendo de la tensión (con el famoso destete del personaje en la ducha, que os adjunto, por supuesto) desemboca en la mítica pelea con mi paisano Vega en la que ambos personajes salen bastante mal parados. También merecen mención los pasajes que muestran los flashback de la juventud compartida de Ryu y Ken, cargada de un elegante lirismo o la que abre la cinta y que narra el primer combate de Ryu contra Sagat, suponiendo la misma el final del primer videojuego, que sirve como declaración de principios del producto.




Aunque si hay que remarcar un aspecto de Street Fighter the Animated Movie y es algo de lo que deberían tomar nota las productoras que adaptan (en animación o imagen real) videojuegos a celuloide es, no sólo su fidelidad al producto que adaptan, sino el hecho de dar personalidad a roles que no hacían otra cosa que no fuera dar patadas, puñetazos o lanzar ondas de energia. Se da poso a la relación de amistad/rivalidad/¿homosexualidad? entre Ryu y Ken, Mr Bison transmite esa sensación de amenaza y misterio que se pecibia en el videojuego, el sentimiento de venganza de personajes como Sagat, Guile o Chun Li (con una presencia cargada de sexualidad la de esta última) es creíble, así como la demencia y ambigüedad de Vega. En resumidas cuentas, en el sentido de dar entereza y cierta profundidad a los personajes, al menos los más destacados de la franquicia, la cinta supone todo un triunfo.




Le guardo cierto cariño a esta Street Fighter II, la Película (que tenía en VHS y que compré hace un año en DVD tirado de precio en el Salón del Manga de Jaén). No es un anime magistral ni de autor, pero me parece un trabajo meritorio. Son casi dos horas de nostalgia y acción bien rematada para pasar un buen rato, sobre todo si como un servidor os pasasteis horas y horas de vuestra infancia en los recreativos de vuestra localidad haciendo el Shouryuu-ken, el Hadou-ken o el Tatsumaki Senpuu Kyaku (o lo que es lo mismo, el mate, la bola y el remolino, de toda la vida de dios, al menos en mi tierra), contra enemigos con los que ya habíais peleado tantas veces que ya eran como de vuestra pandilla. ¡You win... perfect!


domingo, 9 de enero de 2011

Jarhead, the day that never comes



Título Original
: Jarhead (2005)
Director: Sam Mendes
Guión: William Broyles Jr basado en la novela de Anthony Swoford
Actores: Jake Gyllenhaal, Jamie Foxx, Peter Sarsgaard, Chris Cooper, Lucas Black, Brian Geraghty, Jacob Vargas, Laz Alonso, Evan Jones, Dennis Haysbert





Para su tercera incursión en el mundo del largometraje cinematográfico, tras númerosos reconocimientos en teatro y dos importantes éxitos en celuloide con la magnífica American Beauty y la soberbia Camino a la Perdición, el dramaturgo de origen británico Sam Mendes decidió llevar a imágenes las memorias del marine retirado de los Estados Unidos Anthony Swoford con la ayuda del guionista William Broyles Jr, autor de los libretos de films como Náufrago (Cast Away) Banderas de Nuestros Padres o Apollo XIII. El resultado es Jarhead, estrenada en 2005, bien recibida por la crítica y de manera más moderada por la taquilla.




Jarhead se adscribe de alguna manera a ese tipo de sátira antibélica que cultivaran autores como Mike Nichols (Trampa 22), Robert Altman (M.A.S.H.), y que posiblemente tocara el cielo en 1964 con ¿Teléfono Rojo?, Volamos a Moscú (Dr Strangelove) la obra maestra de Stanley Kubrick. Un señor que nadie hubiera pensado en los 60 que sería capaz de realizar una comedia tan demencialmente corrosiva, acertada y coherente dentro de su incoherencia, viendo su obra previa como cineasta. En la actualidad este tipo de cine sigue llegando a las salas, como se puede ver en Tres Reyes de David O'Russell, Buffalo Soldiers de Gregor Jordan (la más lacerante y bestia de todas ellas, metiéndose ya de cabeza en el antimilatismo) o la muy reciente y memorable Los Hombres que Miraban Fíjamente a las Cabras de Grant Heslov.




Jarhead está inspirada en las vivencias como soldado de Anthony Swoford en la primera guerra del golfo a principios de los 90. El film nos narra como tras una dura preparación física como marines, Swoford y sus compañeros llegaron a Iraq para no hacer practicamente nada y sólo perder el tiempo en el campamento esperando el momento en el que pudieran entrar en batalla y que nunca tuvo lugar. La tercera cinta de Sam Mendes incide más que nunca y de manera casi literal en el absurdo de la guerra, cuando un enorme batallón del ejército más grande del mundo viaja a miles de kilómetros de su país para no cumplir ninguna misión ni eliminar un sólo objetivo.




Es hasta cómico ver a soldados aguerridos sedientos de acción y sangre intentando pasar el tiempo como buenamente pueden hidratándose, jugando a fútbol, viendo películas y masturbándose para evadirse y no pensar que están siendo utilizados como peones por un estado que los lleva al culo del mundo, pidiéndoles sacrificio para luego dejarlos tirados como objetos inservibles. Por supuesto, aunque ellos no sean conscientes, eso les beneficia como seres humanos. Si no ponen en peligro sus vidas no corren el riesgo de perderlas. Lo gracioso es que un país le pide entrega y compromiso a sus hijos para que luego no hagan nada, dejando en sus casas novias, familia, trabajos y vidas enteras que en algunos casos no recuperarán jamás.




El director de Revolutionary Road capta con veracidad ese ambiente castrense de soldados rudos deseosos de entrar en combate. Cuanto más grandes son las bravuconadas de los militares más ridículas resultan sus decepciones a la hora de que los altos mandos les impidan meterse de lleno en la batalla. A pesar de que Mendes no es crítico de manera directa con el ejército americano subyace bajo la superficie de cada fotograma una mirada descreída y con cierta altivez hacia todo ese pensamiento uniformado que con tanta delectación analiza con una falsa objetividad durante todo el metraje. El británico no hace sangre con sus criaturas, pero las mira con el suficiente distanciamiento como para no compartir ni su filosofía, ni muchos de sus actos, aunque puede que por ello sí las compadezca.




El personaje de Anthony Swoford (grande como siempre Jake Gyllenhaal) es el vínculo entre el director y el espectador. Él pone en entredicho no sólo sus propios actos o su situación en Iraq, sino también la finalidad del acto de presencia de Estados Unidos como fuerza militar en el país asiático. Por eso es comprensible que tras pasar el calvario de vivir durante meses en un desierto perdido de la mano de dios con otros compañeros cuya moral ha quedado mermada, la reacción natural sea como la del personaje de Alan Troy, interpretado por ese magnífico y aún poco reconocido actor llamado Peter Sasgaard, cuando su alto mando (Dennis Haysbert) le deniega la autorización de ejecutar la única persona que él y su compañero iban a eliminar en toda la contienda. Acto que hubiera sido más simbólico que físico, de ahí la indignación imperante en la secuencia por parte de los soldados.




Como en todas las obras en celuloide previas de Mendes el acabado técnico de Jarhead es impecable, pero puede que por ello, y como en otras ocasiones, exista debido a esto cierto distanciamiento por parte del director con sus personajes impidiendo una identificación emocional con el espectador medio. El británico lleva la teatralidad impuesta en su discurso y por ello puede ejecutar tomas de una magnífica belleza plástica que se quedan grabadas en la retina (varias de Road to Perdition, como la del tiroteo bajo la lluvia o la de la bañera) pero su impronta no deja de transmitir cierta gelidez formal que frena sus magníficas dotes como narrador de historias.




Recuerdo que la primera vez que vi Jarhead hace años me dejó indiferente. Tras dos películas magníficas (y una de ellas tocándome la fibra de manera bastante especial) me decepcionaba el trabajo de Mendes por el hecho de que un servidor no percibía que el director se inclinara ideologicamente hacia ningún lado en concreto con su largometraje. Hoy con una reciente revisión y habiendo captado todos los detalles de una exquisita sutilidad me doy cuenta que el director de la obra teatral The Blue Room tenía las cosas muy claras cuando se puso detrás de las cámaras. Jarhead afirma de manera inteligente que la guerra es fútil y estúpida se aborde desde el ángulo que se aborde, independientemente de los motivos que la ponga en marcha. La bueñueliana escena del petroleo bañando tanto la cara de Swoford como el caballo en medio del desierto es esclarecedora en ese sentido.


viernes, 7 de enero de 2011

I'm Still Here, el indomable Joaquin Phoenix



Título Original
: I'm Still here, the Lost Year of Joaquin Phoenix (2010)
Director: Casey Affleck
Guión: Joaquin Phoenix y Casey Affleck





No me cabe duda que por distintos motivos, I'm Still Here, the Lost Year of Joaquin Phoenix, el debut detrás de las cámaras del actor Casey Affleck (El Asesinato de Jesse James Por el Cobarde Robert Ford) tendrá en un futuro no muy lejano su pequeño hueco dentro de la historia reciente del séptimo arte. El producto que nos ocupa tiene un más que considerable bagaje a sus espaldas, convirtiéndose desde antes de su gestación en un interesante y muy sensacionalista cúmulo de mentiras, medias verdades, falsa caída en picado de un ídolo cinematográfico y el desastroso auge de una ¿incomprendida? estrella musical dentro del rap de la que todos los medios de comunicación internacionales hicieron befa y mofa.




Allá por el año 2008 el excelente actor Joaquin Phoenix, hermano del malogrado River Phoenix, durante la promoción de su última película Dos Amantes, dirigida por James Gray, anunciaba a bombo y platillo su retirada del mundo de la interpretación para empezar una carrera como MC, es decir, vocalista de rap. El protagonista de Gladiator descuidó alarmantemente su aspecto dejándose una prominente barba y no peinándose ni por prescripción médica. Dio extravagantes y ridículas entrevistas en televisión en las que mostraba una actitud entre estúpida y taciturna. Por la red corrieron imágenes de sus penosas actuaciones musicales, llegando en alguna de ellas a las manos con personas del público asistente corporeizando lo que parecía ser un nuevo caso del clásico "juguete roto" de la industria hollywoodiense.




Curiosamente, su por aquel entonces cuñado, el actor Casey Affleck (hermano de Ben, protagonista de Adiós Pequeña, Adiós y ganador de un Oscar al mejor actor por Mancherster Frente al Mar) le siguió con una cámara de vídeo a lo largo y ancho de toda la gira que emprendió como músico dejando con la misma constancia de unos estrambóticos hechos que parecían dar fidedigno testimonio del bestial e irreversible hundimiento, físico y moral de un ser humano devorado por la fama y los falsos oropeles de una industria tan propensa a la pompa y el artificio como la cinematográfica, que hoy encumbra lo más alto a quien mañana pisoteará y dejará abandonado en la cuneta del olvido.




El pasado año en el festival de Venecia y fuera de competición I'm Still Here fue recibida con una sonora obación por parte del público y la prensa especializada. A la conferencia de prensa posterior sólo asistió el director Casey Affleck, ya que Joaquin Phoenix sí hizo acto de presencia en el país italiano, pero no en el lido veneciano. Por el contrario prefirió salir a cenar con unos amigos en lugar de dar la cara ante unos periodistas que asediaban en masa al menor de los Affleck con todo tipo de preguntas con respecto a si su documental era realidad o ficción, acusaciones estas que el actor de Todo Por Un Sueño (To Die For) o El Indomable Will Hunting negaba de manera tajante. Poco tiempo después actor y director confesaron que todo fue un montaje perpetrado por ambos durante un largo e insano periodo de tiempo.




¿Es I'm Still Here una anárquica genialidad autoral o una stúpida tomadora de pelo sin gracia?. Ni lo uno, ni lo otro, pero más lo primero que lo segundo si tenemos en cuenta su resultado. Una vez somos conscientes de que I'm Still Here es un falso documental (en ocasiones se les ve el plumero a los actores, que no pueden contener la risa, pero el 95% del producto es totalmente creíble si uno no es consciente desde el principio que es un montaje) el espectador no puede más que rendirse a los pies de estos cuñados que se han salido con la suya durante tanto tiempo que parece increíble concebirlo.




Hay momentos memorables dentro de este mockumentary que por sí solos ya hacen que valga la pena el visionado íntegro de un producto que renquea con respecto a su ritmo, unas veces adecuado y otras más plomizo. Las escenas en las que Phoenix se pone a cantar a capela dándole la vara a amigos o actores conocidos como el pobre Edward James Olmos, que no sabe qué cara poner ante tal despropósito (dándole buenos consejos a Phoenix el sufrido hombre, con respecto a encarrilar su vida), Puff Diddy diciéndole al protagonista que no le producirá su disco y la cara de decepción de este último, la visita de Ben Stiller, las discusiones con su amigo Anton el exhibicionista o sus encontronazos con gente del público en sus conciertos.




Aunque si hay algo para destacar soberanamente en I'm Still Here es el inmenso, increíble papel que hace el mismo Joaquin Phoenix. En ningún momento parece que esté interpretando, el tipo engaña a todo el mundo (lo de David Letterman es histórico). Si los intérpretes de falsos documentales pudieran estar nominados al Oscar, Phoenix se lo llevaría de calle. No me tiembla el pulso a lo hora de decir que lo que el protagonista de La Noche Es Nuestra hace aquí es una de las mejores interpretaciones que un servidor ha visto en su vida. Es su trabajo tan natural que no me extraña que se quede con todas y cada una de las personas con las que se cruza y eso que algunos son conocidos suyos.




I'm Still Here pudo llegar a ser algo más profundo y remarcable debido a su premisa, incluso podía haber marcado un antes y después en distintos aspectos relacionados con el falso documental. Pero queda un inteligentísimo experimento no del todo logrado, pero sí meritorio hasta extremos insultantes. Un producto como el que nos ocupa nos demuestra cuan manipuladores y destructivos son los medios de comunicación, como de hipócritas son algunas de esas personas que se hacen llamar fans y para colmo es un excelente crónica, verídica o no, poco me importa, sobre la inconsistencia de la fama y la inestabilidad de las estrellas que llegan a lo más alto cuando sólo son críos con todo lo bueno y malo que ello conlleva.




Finalmente Affleck cierra el círculo y deja a su criatura supuestamente herida de muerte en el lugar donde todo empezó. Ese pantano con un Joaquin Phoenix de pocos años que saltaba al agua desde un pequeño precipicio, ante la mirada de su padre en un vídeo casero, que ahora se muestra fofo y melenudo sumergiéndose bajo las aguas para volver de manera metafórica al vientre materno y purificarse de toda la inmundicia que ha ido tragando desde que su hermano mayor perdiera la vida en la puerta de aquel infame local nocturno llamado The Viper Room. ¿Falso documental?, sí, pero más sincero y descarnado que muchas historias supuestamente reales con las que nos quieren comer el cerebro desde nuestras televisiones.


jueves, 6 de enero de 2011

Lejos de la Tierra Quemada, vidas cruzadas


Título Original: The Burning Plain (2008)
Director: Guillermo Arriaga
Guión: Guillermo Arriaga
Actores: Charlize Theron, Jennifer Lawrence, Kim Basinger, Joaquim de Almeida, Robin Tunney, José María Yazpik, Tessa Ia, Diego J. Torres, Danny Pino, Brett Cullen






Tras tres colaboraciones como guionista con su compatriota y por aquel entonces amigo Alejandro González Iñárritu, el escritor literario y cinematográfico mejicano Guillermo Arriaga empezó su carrera cinematográfica en solitario debutando en el año 2008 con la que sería su ópera prima como director, Lejos de la Tierra Quemada (The Burning Plain). Cinta de corte independiente creada dentro del seno del cine norteamericano de autor y a pesar de ello con un importante reparto de actores de primera fila en su casting.




Lejos de la Tierra Quemada sigue el camino de los films que Arriaga escribió para Iñárritu, Amores Perros, 21 Gramos y Babel, o para Tommy Lee Jones, como el soberbio western fronterizo Los Tres Entierros de Melquiades Estrada, interesantísimo debut del actor tejano en la dirección cinematográfica. La ópera prima como realizador del autor de la novela Escuadrón Guillotina es una vez más un fresco que une distintas historias, que en principio no parecen tener nada en común y que finalmente están interconectadas por la tragedia personal de algunos de sus protagonistas.




Arriaga construye un drama entre Méjico y Estados Unidos que entrelaza distintas etapas de la vida de un grupo de personajes marcados por la muerte de algún familiar o persona allegada. Esta excusa argumental le sirve para construir sutilmente un largometraje que juega con los tiempos y la estructura narrativa a placer. Arriaga es consciente de que es la primera vez que se pone detrás de la cámara y a pesar de que su trabajo es notable y su dirección de actores muy solvente, se centra principalmente en lo que se le da bien. Deconstruir el guión para subvertir la ley de causa efecto y hacer con ello que al espectador no se le escape un solo detalle durante la proyección.




The Burning Plain sirve como tratado sobre las diferencias culturales y de clase, el adulterio, la irrespirable vida acomodaticia a la que puede llevar el matrimonio y la familia, los errores de juventud, la responsabilidad y la búsqueda de algo parecido al verdadero amor. Arriaga es un autor de contrastado dramatismo, por eso sabe cómo y cuándo debe tocar depende qué resortes narrativos para emocionar al espectador, pero sin llegar nunca la sensiblería burda y barata o al sensacionalismo más chabacano.




Lejos de la Tierra Quemada confirma que al igual que Iñárritu con Biutiful, Arriaga puede hacer cine solo, ofreciendo un proyecto sólido, de profundo calado con personajes que poseen profundidad y que escapan del maniqueísmo impostado. Aunque como me pasó al comentar la cuarta cinta del director de Amores Perros hace unos días, algo le falta a esta ópera prima del amigo Guillermo. Es una pena que este tándem de grandes cineastas hayan terminado su interesante y exitosa empresa en común que tan buen cine nos había regalado.