domingo, 25 de abril de 2010

Alicia en el País de las Maravillas


Título Original: Alice in Wonderland (2010)
Director: Tim Burton
Guión: Linda Woolverton basado en las novelas de Lewis Carroll
Actores: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Crispin Glover, Matt Lucas, Marton Csokas, Jemma Powell, John Hopkins, Eleanor Gecks


Trailer


Tim Burton hace un mínimo de 7 años que dejó de ser el gran director que todos conocíamos. Con esa inmensa obra maestra que supuso Big Fish el americano dilapidó su talento y dos años más tardé lo remató con su último trabajo completamente satisfactorio, la infravalorada La Novia Cadáver. El realizador de Batman Vuelve es un autor con un discurso autoral tan único e intransferible como adaptable a los cánones del Hollywood más comercial, por eso su estilo cinematográfico se mantuvo íntegro durante muchos años dentro del cine de gran presupuesto.




Pero la decadencia llegó a principios de la década pasada, seguramente tras el varapalo que supuso la horrible y ridícula, pero entretenida, revisión que hizo de El Planeta de los Simios, el clásico de Franklin J. Schaffner. En ese momento de su filmografía el estilo puramente Burtoniano se convirtió en una parodia, una continua revisitación a lugares comunes en los que se anteponía la plasticidad visual al cine puro y duro, es decir, llegó el momento en el que Burton se estancó y sólo hacía películas "a lo Tim Burton" sin importar lo que estuviera narrando, de ahí salieron disparates como Charlie y la Fábrica de Chocolate, que me parece el film más flojo e innecesario de su carrera.




Con Alicia en el País de las Maravillas no hemos recuperado, ni de lejos, al genio que creó maravillas como Eduardo Manostijeras, Ed Wood o Mars Attacks!!. Pero sí se puede decir que la última obra de Burton es una cinta entretenida, coherente dentro de su caótica construcción del, ya de por sí bastante anárquico, mundo literario de Lewis Carroll, con tantos aciertos como fallos, pero suficientes momentos correctos como para no ser tildada de obra desdeñable.




Lo más grave es que Burton reincide en sus fallos de los últimos tiempos. En Alice in Wonderland, el diseño de producción, la dirección artística y los CGI le hacen la película a Burton mientras él se se sienta a acariciarse lenta y cariñosamente los genitales. Aunque para hacer honor a la verdad, también es justo mencionar que ese uso de los efectos digitales en ocasiones es bastante acertado a la hora dar veracidad a ese mundo onírico lleno de fantasía que se mueve entre lo cándido y lo terrorífico.




El reparto es muy irregular. De Mia Wasikowska, la Alica más insípida, inexpresiva y poco creíble de la historia, pasamos a una Helena Bonham Carter inmensa como la Reina Roja. Un Johnny Deep necesariamente pasado de rosca como el Sombrerero Loco y una semiabofeteable Anne Hathaway dando vida a la Reina Blanca. Curiosamente los personajes digitalizados (que por lo general no suelen ser de mi agrado) han resultado ser los que más me han convencido del film.




El Tim Burton que dirigió maravillas como Sleepy Hollow está practicamente muerto y enterrado. Ahora sólo podemos conformarnos con que este señor que como máximo consigue hacer cine entretenido y visualmente rico, a estas alturas por desgracia más no se le puede pedir y Alicia en el País de las Maravillas no lo da, pero tampoco defrauda, ni hace sentir al espectador (al menos al que firma) que ha tirado el dinero al retrete, por haberla visto en pantalla grande y con la chuchería esa, resultona pero poco enriquecedora, del 3D.



miércoles, 21 de abril de 2010

Flores en el Ático, lies my parents told me


Título Original: Flowers in the Attic (1987)
Dirección: Jeffrey Bloom
Guión: Jeffrey Bloom basado en la novela de Victoria C. Andrews
Actores: Louise Fletcher, Victoria Tennant, Kristy Swanson, Jeb Stuart Adams, Ben Ryan Ganger, Lindsay Parker, Marshall Colt, Nathan Davis, Brooke Fries, Alex Koba





Gratísima sorpresa la que me he llevado al ver esta alabada producción de 1987 basada en la célebre novela homónima de la escritora Victoria C. Andrews. Dirigida por el desconocido Jeffrey Bloom la cinta se ha adscrito siempre y de manera totalmente equívoca al género de terror, cuando lo que en verdad late dentro de Flores en el Ático es un excelente drama que ha envejecido con mucha soltura.




Flowers in the Attic acomete muchos temas con los que se realiza el acertado fresco de una institución familiar regida por una ferrera educación ultrareligiosa, perfectamente visible en una excelente y aterradora Louis Fletcher. Unos hijos que tienen que guardar en secreto su propia existencia en la habitación más alta de una mansión con el fin de que su madre consiga la abultada herencia que su moribundo abuelo les dejará una vez fallezca, aunque hay algo más oscuro detrás de todo este entramado.




La licencia narrativa que plantea el hecho de que la familia protagonista del film sea muestra de una radicalización cristiana enfermiza sirve como análisis certero de los estragos que pueden producir en unos niños un maltrato físico y psicológico de este calibre. Pero también es cierto que si sus miembros hubieran sido retratados de manera menos estereotipada, eludiendo el guión cualquier matiz teológico su mensaje sería de un considerable tono univesalizado que habría resultado aún más acertado.




Todo está resuelto con elegancia y mucha excelencia en el film. Desde la correctísima dirección de Jeffrey Bloom, hasta el guión adaptado que él mismo escribió a partir de la novela de Andrews, pasando por un buen reparto, en el que destaca la ya mencionada Louis Fletcher, o la etérea banda sonora, a todas luces evocadora, compuesta por un inspirado Christopher Young. Sólo se podría achacar al film algún plano mal acabado y la horrible peluca de la hija mayor que da verdadera vergüenza ajena.




A pesar de un final insatisfactorio y precipitado, Flores en el Ático es una muestra de muy buen cine. Crudo a la par que delicado, incisivo pero con alma, un film hijo de su época, que se mostró valiente por retratar con seriedad, pero orientado a un público juvenil, uno de los actos más execrables que el ser humano puede llevar a cabo, la destrucción de la infancia por medio de la corrupción y la más aberrante de las intolerancias, la religiosa y otra aún peor, la de corte existencial.


Jóvenes Ocultos, bebe de mí y vivirás eternamente


Título Original: Lost Boys (1987)
Director: Joel Schumacher
Guión: Janice Fischer, James Jeremias y Jeffrey Boam
Actores: Kiefer Sutherland, Jason Patric, Corey Feldman, Jami Gertz, Corey Haim, Edward Feldman, Dianne Wiest, Barnard Hughes, Jamison Newlander, Edward Herrmann





Jeol Schumacher es un artesano capaz de lo mejor y lo peor. De su mano han salido obras memorables como Última Llamada, Tigerland, Línea Mortal e incluso genialidades como Un Día de Furia en las que sacaba lo mejor de sí mismo en materia de realización. Pero cuando ha hecho las cosas mal, pocos le han superdo, como sus Batman (sobre todo Batman & Robin que nunca he podido ver completa del tirón) o la maniquea y tramposa Tiempo de Matar.




En los ochenta el americano se marcó una manita de obras de culto dentro de distintos géneros. Posiblemente de todas ellas la más destacada y recordada sea la que nos ocupa. Jóvenes Ocultos es un modernizada (para la época) revisitación del mito del no muerto que seguía la estela de obras como El Ansia de Tony Scott, pero dirigida a un público juvenil, posiblemente profano en temática vampírica de estilo clásico o literario.




Lost Boys no es una gran película, no tiene alardes en la realización o la escritura y sus actores no dan lecciones sobre interpretación. Pero destila mucho carisma, tiene un ritmo excelente, rinde tributo de manera honrosa a los vampiros clásicos cinematográficos, con referencias al Drácula de Tod Browning u obras menos conocidas como Salem's Lot de Tobe Hooper y tiene una estética de modernidad que a día de hoy, aunque algo sobrecargada, aún se ve muy contemporanea.




Schumacher dirige con soltura a pesar de algún fallo, la cinta no abusa ni de los sustos fáciles ni de la sangre y crea suspense con un guión muy resuelto que sólo falla en el nulo desarrollo que hace de la historia de amor entre Michael y Star. Los actores no se lucen demasiado debido a lo poco perfilados que están los personajes. Destacaría indudablemente un joven Kiefer Sutherland como David y la vía de escape humorística, muy acertada, que recae sobre los actores adolescentes, Corey Haim, Corey Feldman, Jameson Newlander y también el veterano Barnard Hughes en el papel del entrañable abuelo de los progonistas. Huelga mencionar la excelente banda sonora con el célebre tema de Gerard McMann, Cry Little Sister encabezándola.




Jóvenes Ocultos mantiene muy bien el tipo después de más de 20 años de su nacimiento. Por suerte series como Buffy, la Cazavampiros se reflejaron en esta película y supieron seguir su legado. La cinta de Schumacher es una obra que sí sabe actualizar a los vampiros sin mariconadas o plumbeas y falsarias historias de amor imposible que emulan de manera cutre la clásica historia de Romeo & Julieta, pero dirigida niñatos que no tiene ni idea de cine o literatura, pero sí mucho de pose y un esteticismo tan vacuo como superficial.


domingo, 11 de abril de 2010

Savior, en tierra de nadie


Título Original: Savior (1998)
Director: Pedrag Antonijevic
Guión: Robert Orr
Actores: Dennis Quaid, Nastassja Kinski, Natasa Ninkovic, Stellan Skarsgard, Catlin Foster, Pascal Rollin





El director americano Oliver Stone participó como soldado voluntario en la guerra de Vietnam y siempre ha comentado que cuando regresó de aquellas tierras era un hombre distinto, que descubrió que las fanfarrias y las banderas ondeadas perdían su pureza al verse salpicadas por la sangre de jóvenes inocentes que fueron a matar y morir por una causa inútil. Films suyos como los que componen su trilogía sobre el conflicto vietnamita, son muestras de las secuelas físicas y psicológicas que la guerra puede llegar a producir en los que participan en ellas.




En Savior, proyecto impulsado por el mismo Stone pero esta vez en labores de productor, de nuevo se trata de analizar tales traumas, en su vertiente más piscológica, situando la trama en la guerra de los balcanes. La intención del film es buena desde la escritura y el potencial de la historia notable, pero el resultado es muy irregular por culpa de algunos motivos que desgrano brevemente a continuación y que hacen que la cinta de Pedrag Antonijevic tenga más corazón que aplomo cinematográfico.




El film se divide en dos partes para mí diferenciadas. La primera y más sólida (en puesta en escena al menos) es la que implica la presentación del personaje de Dennis Quaid y todas las barbaridades llevadas a cabo en el conflicto servobosnio por soldados y mercenarios. Más tarde cuando entra en escena el bebé y su madre, la trama se introduce por unos derroteros dramáticos que funcionan a su manera, pero que entroncan directamente con lo que habíamos visto hasta ese momento, dando pie a un cambio brusco de género en el fondo, que no en la forma.




Esa falta de equilibrio genérico hace que la obra no sea todo lo efectiva que debiera como análisis de los estragos de la guerra (apática por culpa una dirección en general floja, de Antonijevic) no así como drama, en ese plano encuentra el film sus mejores momentos gracias al guión. Nota a parte para Dennis Quaid, un actor normalmente correcto pero incapacitado para interpretar como es debido la evolución psicológica del protagonista, que en manos de alguien más solvente hubiera sido mucho más creíble de cara al espectador.




Savior es algo más que una cinta de machos llena de testosterona o una patriotada puramente americana. Es un film que apela por los sentidos, la vida, la redención y que retrata con más acierto la crueldad humana que el salvajismo de los conflictos armados. Pudo ser una obra más redonda, pero el resultado final no es nada desdeñable y hace que el espectador piense y recapacite sobre temas de considerable importancia, cosa que no es poco en los tiempos que corren.



martes, 6 de abril de 2010

Annie Hall, la chica de ayer


Título Original: Annie Hall (1977)
Director: Woody Allen
Guión: Marshall Brickman & Woody Allen
Actores: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Janet Margolin, Shelley Duvall, Christopher Walken, Colleen Dewhurst




En el año 1977 el fdirector norteamericano Woody Allen ya llevaba casi una década haciendo cine. Pero la obra que nos ocupa, y que se estrenó aquel año, es el primer, y puede que mayor, éxito de toda la extensa y celebrada filmografía del autor de La Maldición del Escorpión de Jade. Annie Hall ganó cuatro premios de la academia a mejor película, director, guión original y actriz protagonista, todos merecidos y justos, pero por suerte la sexta película como autor de Allan Stewart Königsberg es mucho más que una simple cinta oscarizada.




Annie Hall es una originalísima comedia romántica que rompió esquemas narrativos en su época de estreno. Gracias al prodigioso guión escrito por el mismo Woody Allen y sy colaborador Marshall Brickman, el director de Celebrity juega con el metalenguaje, la continua ruptura de la cuarta pared, los flashbacks, la narración deconstruida, sazonando toda la receta con gags y diálogos soberbios que incluso en ocasiones se muestran del todo inolvidables por parte de una platea que los recibe siempre con una sonrisa y en no pocas ocasiones con una sonora carcajada.




Algún crítico avispado afirmó en su momento que Woody Allen no sabe hablar de otra cosa que no sea él mismo y excepto en ocasiones muy contadas (Match Point, Cassandra's Dream,) casi siempre es así, pero ninguno otro autor consigue hacerlo con un estilo como el suyo y con una impronta tan personal como la suya. Annie Hall es una gloriosa muestra quintaesencial de casi todos los temas que el creador de Blue Jasmine lleva tratando durante toda su carrera, tales como el amor, la infidelidad, el desengaño, el humor, el cine, la literatura, el psicoanálisis, la música o la religión.




Con el Alvy Singer que interpreta en Annie Hall, el Woody Allen actor marcaría el estilo de personaje que iría componiendo a lo largo de todos los films en los que interpreta al personaje principal o a alguno de los ecundarios. Neurótico, ácido, algo misógino, enamoradizo y judía hasta la médula. Lo de Diane Keaton es nota a parte, la intérprete de El Padrino o Rojos, que en la cinta que nos ocupa se llevó un merecidísimo Oscar a la mejor actriz prinicipal se muestra al objetivo de su por aquel entones también parjea  elegante, moderna, entrañable, dulce, amable, unas veces descarada y otras tímida, canta, sonríe y todo lo hace deliciosamente enamorando irremisiblemente a todo tipo de espectadores.




Annie Hall es una obra maestra y la piedra angular en la que se sustentaría el estilo de Woody Allen como autor a la hora de forjar su discurso cinematográfico llegando hasta nuestros días con una carrera de casi cinco décadas de trayectoria y casi a película por año desde sus inicios. Un servidor se queda con esa genialidad en maravilloso blanco y negro llamada Manhattan que llegaría dos años después, pero esto no resta a la obra de la que nos ocupa, virtudes, entereza, comicidad y sutil drama en su recta final. Cine glorioso sobre la vida pasada, presente y venidera y esos imprescindibles misterios andantes llamados mujeres.


lunes, 5 de abril de 2010

El Amante, wasting love


Título Original: L'Amant (1992)
Director: Jean Jacques Annaud
Guión: Gérard Brach y Jean Jacques Annaud basado en la novela de Marguerite Duras
Actores: Jane March, Tony Leung Ka Fai, Frédérique Meininger, Arnaud Giovaninetti, Melvil Poupaud, Lisa Faulkner


Trailer


En 1992, 4 años después de aquella durísima y bella obra titulada El Oso, el director francés Jean Jacques Annaud, que ya se había hecho un nombre internacional gracias a la soberbia adaptación que había realizado de En el Nombre de la Rosa, la complicada novela del italiano Umberto Eco, llevó a imágenes el controvertido libro El Amante, de la escritora francesa nacida en las proximidades de Saigón, Marguerite Duras.




El Amante es una cinta a la que en conjunto se le puede reprochar muy poco. Dirigida con elegancia, escrita con gusto y profundidad, bien ambientada, detallista en su puesta en escena y moderadamente sensual a la hora de poner secuencias de sexo en pantalla. Pero el film no sólo se me hace tremendamente aburrido y monótono, es que el personaje de una guapa Jane March de rostro aniñado, me repele muchísimo por su carácter infantil, de una puerilidad insoportable.




La historia se supone autobiográfica por parte de la escritora, lo que da muestra de cuán imbécil podía ser en su adolescencia esta señora. La joven francesa se encoña con un diplomático chino que queda profundamente enamorado por su carnalidad y aparente inocencia. Aquí da comienzo una historia pasional en la que él lo entrega todo y ella, como niña malcriada que es, sólo ve un divertimento erótico festivo entre el entretenimiento y la prostitución, por mucho que la voz en off quiera dar un peso y madurez al personaje principal que nunca llega a ser creíble.




Más grave aún, en la escena de la desfloración de la joven, rodada con delicadeza y mucho tacto por Annaud, ella parece no dar importancia alguna a tal acto, que en la vida real si es llevado a cabo en el momento adecuado y con la persona idónea puede llegar a ser un momento de éxtasis, más existencial que sexual, del todo inolvidable. Aunque una vez más la voz en off de una gran Jean Moreau trata de dar una visión más profunda a la experiencia, el condescendiente rostro de Jane March da al traste con este intento de mostrar algo de hondura por parte de su personaje ante tal hecho.




Curiosamente la que me parece el mejor tramo del film es la de la cena con la familia de la protagonista, seguida del baile en el salón y que se cierra con la seca y cruda escena coital que la complementa, en la que una vez más se acentúa no sólo el carácter de niñata de la protagonista, sino también sus nulo entendimiento de lo que es una verdadera relación sentimental entre dos personas de distinto sexo.




El Amante es un film irreprochable, que cumple su cometido a pesar de su tedioso desarrollo, pero a mí me ha dejado totalmente indiferente por la nula complicidad que siento hacia su protagonista. En la historia se nos trata de justificar que la joven protagonista (la misma Duras) no supo ver el verdadero amor cuando lo tuvo delante por su inexperiencia y juventud, yo opino que es cierto que no lo vio, pero por otro motivo, porque era un estúpida de campeonato, ¿ lo era por vivir en la pobreza, por encontrarse en un país sumergido en una situación política y social del todo convulsa, por no haber conocido a otro hombre que no fuera el diplomático chino? puede que sí, pero lo era y mucho.



jueves, 1 de abril de 2010

X-Men


Título Original: X-Men (2000)
Director: Bryan Singer
Guión: David Hayter, Tom de Santo y Bryan Singer
Actores: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Ian McKellen, Anna Paquin, Halle Berry, Famke Janssen, Bruce Davison, James Marsden, Rebecca Romijn-Stamos, Ray Park


Trailer


Al igual que a finales de los 70 con Superman de Richard Donner o en las postrimerías de los 80 con el Batman de Tim Burton, X-Men supuso un punto de inflexión dentro del cine que adaptaba personajes de cómics y en más concreto superhéroes. Por primera vez se realizaba una película de enmascarados con un adulto tono de seriedad y algunas interesantes implicaciones sociales que ya existían en el cómic y que inteligentemente los productores decidieron plasmar en la pantalla.




Bryan Singer, que venía de rodar dos excelentes films como Sospechosos Habituales y Verano de Corrupción fue asignado director para conseguir que la franquicia mutante levantase el vuelo. El realizador de Public Access (su poco conocida ópera prima) demostró, al igual que gente como Sam Raimi o Christopher Nolan, que era capaz de moverse con soltura dentro de una superproducción a pesar de haberse forjado como realizador en un cine hasta cierto punto independiente.




Desde la primera escena, que narra el el primer síntoma como mutante de Erik Lehnsherr alias Magneto, en un campo de concentración nazi durante la segunda guerra mundial, la posiblemente mejor escena de la saga y la más perfectamente rodada por Singer en toda su filmografía, los guionistas y el director nos dejan claro que la visión que van a dar sobre los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby va a ser madura, seria y nada complaciente con respecto al tipo de cine sobre tíos en mallas que se había realizado en los 90.




Esa misma escena que abre el film ya da un matiz social al conjunto emparentando la lucha de Magneto contra los humanos con el desproporcionado uso de la violencia institucionalizada que hacen los judíos en Oriente Medio desde que tras la injusta persecución que sufrieron por el ejército de Hitler parecen tener carta blanca para actuar libremente a espaldas de las Naciones Unidas. También el recelo que los seres humanos tienen en el film hacia los mutantes sirve como lectura sobre la futilidad de la intolerancia, los prejuicios y el racismo.




Otro acierto del producto es el casting. Unos más y otros menos pero todos los actores se adecúan a sus roles ficticios con bastante soltura. Destacando como es lógico un por aquel entonces desconocido actor australiano llamado Hugh Jackman que bordó el personaje de Lobezno/Logan habiéndolo recibido de rebote cuando Dougray Scott lo rechazó para participar en Misión Imposible 2 la taquillera e inintencionada comedia de John Woo. Patrick Stewart genial como Charles Xavier el tutor y guía de los X-Men y su compatriota Ian McKellen, que realizó un memorable Magneto a pesar de tener una imagen totalmente distinta a la que poseía el personaje en las viñetas.




A todo esto hay que sumarle las inevitables y necesarias escenas de combates, batallas, espectaculares efectos digitales para la época (que también han envejecido muy dignamente) y aventuras típicas de cualquier blockbuster que se precie de serlo. Porque la mayor virtud de esta X-Men y sus dos secuelas siempre ha sido aunar un cierto grado de calidad cinematográfica con espectáculo pirotécnico de primer nivel, a ello puede que ayudara la participación de Richard Donner, gran artesano donde los haya, como productor en esta primera entrega.




X-Men marcó estilo, incluso en un no muy común ejercicio de retroalimentación, que se da en muy pocos casos, su estética (los trajes oscuros de los personajes, la escuela de talentos llena de alumnos como un verdadero colegio), influyó en cómics posteriores de los Hijos del Átomo, como se puede ver en esos atípicos pero geniales Nuevos X-Men del escocés Grant Morrison. La cinta de Singer es una pieza clave para entender la evolución del cine basado en cómics a principios del SXXI, abriendo una senda de madurez para el género que luego seguirían de una manera u otra obras como Spiderman, Watchmen o El Caballero Oscuro.