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martes, 26 de febrero de 2019

La LEGO Película 2



Título Original The LEGO Movie 2: The Second Part (2018)
Director Mike Mitchell
Guión Christopher Miller y Phil Lord




El año 2014 la empresa danesa de juguetes LEGO se asociaba con la productora estadounidense Warner Bros para llevar por primera vez una película protagonizada por sus famosas figuras y construcciones a la gran pantalla. En honor a la verdad debemos mencionar que por aquel entonces LEGO ya había llevado al mercado doméstico y la televisión innumerables producciones audiovisuales protagonizadas por personajes de DC, Marvel o Star Wars, entre otros. Pero este proyecto era mucho más ambicioso y dirigía su mirada al gran público por medio de una superproducción a la altura de las circunstancias. La LEGO Película llegó hace cinco años a las carteleras de todo el mundo y lo que nació como una película para promocionar una exitosa marca de juguetes se convirtió, contra todo pronóstico, en una de las mejores películas de aquella temporada. Los responsables de la genialidad detrás de las aventuras del entrañable e ingenuo Emmet fueron Christopher Miller y Phil Lord, alabadísimo tándem responsable de sagas como 22 Jump Street, Lluvia de Albóndigas o esa obra maestra de reciente factura titulada Spider-Man: Un Nuevo Universo. El enorme éxito de crítica y público del film dio el pistoletazo de salida para otras producciones LEGO localizadas en las multisalas como Batman: La LEGO Película o La LEGO Ninjago Película y como era de esperar a una secuela de la deliciosa locura ideada por la pareja de guionistas y directores.





Cuando se cumplen cinco años del estreno de la primera entrega La LEGO Película 2 llega a nuestras pantallas para ponerlas patas arriba. De manera harto sensata los jefazos de Warner Bros deciden mantener a Chris Miller y Phil Lord como guionistas del proyecto, junto a Matthew Fogel, pero en esta ocasión es Mike Mitchell (Trolls, Alvin y las Ardillas 3) quien se ocupa de la realización. Dentro de los protagonistas tenemos prácticamente a los mismos personajes con las voces originales que los doblaron hace un lustro. Emmet (Chris Pratt), Lucy (Elisabeth Banks), Batman (Will Arnett), Unikitty (Alison Brie), Barba Metálica (Nick Offerman) y Bennie (Charlie Day) vuelven en una aventura que comienza justo donde acabó la primera entrega para después saltar cinco años en el tiempo. La aparición de los invasores LEGO DUPLO comandados por la reina SoyLoQue QuieraSer (Tiffany Haddish) y sus misteriosas intenciones o la relación de Emmet con el heróico y carismático Rex Dangervest (Chris Pratt) marcarán el inicio de una serie de situaciones rocambolescas rematadas con final inesperado.




Christopher Miller y Phil Lord son unos tipos muy inteligentes y con cada nuevo proyecto en el que se implican lo vuelven a corroborar. Al ser conscientes de que The Lego Movie 2: The Second Part pierde el factor sorpresa de su predecesora, ese uso de la metaficción revelado en la brillante recta final del metraje, deciden aferrarse a dicho discurso para explotarlo a lo largo de esta secuela, aprovechando la mayoría de las posibilidades conceptuales y narrativas que planteaba en su origen. De esta manera encontramos una segunda parte que ofrece, y en grandes cantidades, todos los hallazgos, aciertos o deliciosos desvaríos argumentales y visuales de la cinta de 2014. Aunque, una vez más dando muestras de sabiduría, los guionistas y el director no se ven afectados por la “secuelitis” propia de Hollywood que obliga a cada continuación de un blockbuster ser más grande y ruidosa que la anterior. Algo que por otro lado era difícil de conseguir si tenemos en cuenta que la primera película era puro horror vacui en cada uno de sus planos, llegando en ocasiones a saturar, vía sobreinformación, al espectador.




Por lo tanto nos encontramos con una nueva entrega que respeta escrupulósamente, puede que demasiado, el espíritu y la idiosincrasia de La LEGO Película, algo muy de agradecer a la hora de mantener el alto nivel de calidad impuesto por aquella como producto de ficción. Pero como Christopher Miller y Phil Lord ya mostraron sus cartas en el final de la cinta primigenia ahora pueden jugar con los paralelismos y juegos de espejos proporcionados por la alternancia entre lo sucedido en el “Mundo LEGO” y lo que acontece en la realidad. En este sentido encuentra el largometraje algunas de sus mejores bazas. Cuando el espectador se ve en la tesitura de tener qué descifrar qué acción han realizado los personajes humanos para tener en pantalla las consecuencias adscritas al microcosmos imaginario protagonizado por las figuras de LEGO. Estas interesantes y divertidas dualidades narrativas juegan a favor de la película en todo momento, aunque al reducir el subtexto a las idas y venidas entre dos hermanos el mensaje sobre la liberación de la imaginación durante la infancia de la anterior película queda algo banalizado en el proceso y pierde consistencia, volviéndose más conservador y acomodaticio.




Por suerte, y al igual que sucedía con su hermana mayor, La LEGO Película 2 es una fiesta, un desfile de locuras sin filtro y un despliegue visual demente y carismático. Nos encontramos con una cinta que mezcla Mad Max: Furia en la Carretera con Toy Story, Jurassic World, el cine de superhéroes, las buddy movies, las space operas, los musicales o las comedias románticas. En el proceso tenemos, además de a los indispensables protagonistas, cameos de todo tipo de personajes de la cultura pop (la aparición de la Liga de la Justicia sabe a poco) y nuevos roles memorables como la reina SoyLoQue QuieraSer, ña General Caos, Rex Dangervest o los desopilantes velociraptors que trabajan para este último y los diálogos que espetan. Toda esta macedonia de referencias, personajes y apariciones estelares está perfectamente mezclada gracias al buen hacer de Christopher Miller, Phil Lord y Matthew Fogel en la escritura y a un inspiradísimo Mike Mtichell en la dirección. No llegando a los niveles de fuerza y contundencia de la labor del ya citado dúo cuando se puso detrás de las cámaras en la primera película, pero logrando ejecutar el, con mucha diferencia, mejor trabajo de su carrera cinematográfica.




Se antojaba imposible repetir esa feliz chaladura que supuso hace un lustro La LEGO Película, ya que el de Chirstopher Miller y Phil Lord era uno de esos proyectos que se dan una sola vez en la vida gracias a la perfecta alquimia entre profesionales talentosos dando lo mejor de sí mismos para facturar una pieza única. Por suerte la permanencia de los padres de la criatura a la hora de dar forma a esta imprescindible secuela ha asegurado unos niveles de calidad que para sí quisieran muchas de las segundas partes facturadas en Hollywood. Un producto para toda la familia capaz de mantener a los más pequeños pegados a la pantalla gracias a su sesión continua de situaciones divertidas y desprejuiciadas mientras permite a los adultos implicarse en un relato repleto de metareferencialidad, dobles lecturas harto interesantes y barrabasadas varias. Esta entrada de hoy es especial para un servidor, debido a que en breve cumpliré cinco años como redactor en Zona Negativa y mi debut en la web fue, precisamente, con la reseña de la primera La LEGO Película allá por el 2014. Esta va por Emmet, Lisa, Unikitty, Benni, Barba Metálica, Batman y otros cinco años, o muchos más, en los que “todo siga siendo fabuloso”.


domingo, 9 de marzo de 2014

La LEGO Película



Título Original The LEGO Movie (2014)
Director Chris Miller y Phil Lord
Guión Dan Hageman, Kevin Hageman, Chris Miller y Phil Lord




Seguramente cuando el danés Ole Kirk Christiansen creó en enero de 1934 la compañía Lego (que nació como una empresa que sólo producía material de madera para más tarde pasarse al plástico) no era consciente de que estaba dando inicio a una de las franquicias más grandes a nivel internacional dentro del mercado de los juguetes infantiles. Cuando el año pasado saltó la noticia de que iba a realizarse una película protagonizada por los muñecos de Lego que vivirían sus aventuras entre incontables piezas del famoso juguete que darían forma a las localizaciones de la historia pocos esperaban algo más que una enorme campaña de publicidad de dos horas en pantalla grande para hacer que la creación de Christiansen llegase a el mayor público posible. Pero el hecho de que pusieran al frente del proyecto a Phillip Lord y Chris Miller guionistas y cineastas autores de films como Lluvia de Albóndigas, Infiltrados en Clase o de series como la alabada Clone High ofrecía cierta esperanza con respecto a que La Lego Película pudiese llegar a ser una producción que mereciera la pena.




Por suerte The Lego Movie amalgama en su interior muchas películas. Por un lado es claramente un blockbaster comercial, una cinta llena de acción, diversión, humor y romance. Por otro también es cierto que es un escaparate en el que se nos expone toda la gama del catálogo de Lego para que los espectadores (sobre todo los infantiles) piquen con respecto a querer comprar ingentes cantidades de figuritas y piezas de construcción relacionadas con la franquicia. Pero sus autores lo hacen con un tono de sorna y autoparodia que se extiende a lo largo de todo el metraje, no sólo a los momentos en los que deben describiren pantalla los parabienes de las piezas que llenan sus almacenes. Porque por suerte Phillip Lord y Chris Miller (basándose en un argumento original de Dan y Kevin Hageman) quieren ir más allá de la simple película basada en figuras de acción como G.I. Joe o Transformers y narrar una historia más interesante y hasta con cierto mensaje, pero siempre desde una ligereza conceptual apropiada para ser disfrutada por todo tipo de público.




Multi y metareferencial, satírica, paródica desde ese arranque deudor del final de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo La LEGO Película tiene una primera media hora que hunde sus raíces en obras de ficción distópicas como THX 1138 de George Lucas (los policías de rostro robotizado) Matrix de Andy y Lana Wachovski (las máquinas tentaculares que recolectan a los Maestros Constructores) Están Vivos de John Carpenter (un obrero común en rebelión contra un secreto sistema dictatorial) . Pero después de esta presentación de personajes y cuando la acción ha dado sus primeros pasos la trama se introduce por medio de viajes interdimensionales en el género western (con especial incidencia en la Triología del Dólar de Sergio Leone con Clint Eastwood como protagonista, genial como satirizan las bandas sonoras de Ennio Morricone) al cine de catástrofes o invasiones alienígenas (el enorme cubo a modo de nave nodriza tapando el sol y el discurso final de Supercool parodiando Independence Day de Roland Emmrich) o hasta las vacuas y ruidosas cintas de acción de Michael Bay con continuas explosiones, persecuciones y helicópteros sobrevolando a los protagonistas en slow motion. Hasta el diseño del traje de Megamalo y su gigantesco edificio parecen retrotraernos a aquella olvidada producción animada de origen canadiense titulada Rock And Rule que tuvo cierta repercusión en los videoclubs de nuestro país a finales de los 80.




Otro de los puntos fuertes de The Lego Movie es el incontable listado de personajes de la cultura pop (interminables  derechos de Warner Bros mediante) que sirven de secundarios destacables para acompañar al entrañable Emmett en su aventura. Batman (que es una parodia del de las películas de Christopher Nolan, voz incluida) se revela como el descubrimiento de la velada con momentos brillantes tratando de ser el centro de atención, intentando convertir todos los vehículos en batvehículos, desafiando al protagonista (ambos luchan por el amor de la chica, Supercool) vanagloriándose de su oscuridad (“Siempre uso el color negro o un gris muy, muy oscuro”) y teniendo como culmen su intervención en el film el momento de la canción que le dedica a su chica en la que habla de su “orfandad” haciendo ese pasaje llorar de la risa al que suscribe. Pero no me olvido del pirata Barbagris, la dulce e inestable Unikitty, de Superman intentando huír del pelmazo de Green Lantern (¿malvada referencia al escaso éxito de las aventuras cinematográficas del alter ego de Hal Jordan y la gravedad de la última cinta de las aventuras del Hombre del Mañana?) Wonder Woman, Abraham Lincoln, William Shakesperare, Milhouse Van Houten, Miguel Ángel el escultor/pintor renacentista… ¡y Michelangelo la Tortuga Ninja!, el sabio Vitruvius que pensamos que es un simpáticos sosias de Gandalf hasta que este último hace aparición… ¡siendo confundido con Dumbledore de la saga Harry Potter que también tiene su breve aparición estelar!, Benny el adorable astronauta de los años 80, el Halcón Milenario con Han Solo, C3PO, Chewbacca y un Lando Calrissian de ambigua sexualidad, ese gran robaescenas que es el Poli Malo (grandiosos tanto los pasajes en los que lucha internamente contra su otra identidad, Poli Bueno, como la aparición de sus padres) y esa Supercool que hace que nuestro Emmet pierda la cabeza cada vez que mueve su melena de plástico o se pone a hablarle sin que él entienda nada por lo anonadado que se queda ante su bello diseño.




Pero todavía no hemos hablado de Emmet, nuestro ¿héroe?. Un obrero de la construcción tan común que ni sus amigos lo reconocen o hacen caso. Él es el “Especial”, el elegido de la profecía de Vitruvius, el Maestro Constructor que salvará el mundo del diabólico Megamalo (oculto bajo la personalidad del Megapresi que somete las mentes de sus aborregados súbditos por medio de programas basura como ¿Dónde Están mis Pantalones? o canciones como Todo es Maravilloso). Pero Emmet no parece tener nada destacable como persona, no sabe construir nada más allá de un estúpido sofá litera y no parece ni muy valiente, ni demasiado decidido, pero gracia a Vitruvius, Supercool y el resto de sus amigos encontrará la “fe” y ahí es cuando una vez más Lord y Miller parodian las cintas comerciales americanas actuales que tratan de transmitir mensajes bienpensantes, pero sin mirarlas por encima del hombro, sólo superándolas en fondo y forma gracias a su sentido del humor “blanco” pero nunca “blando”.  Aunque al final los cineastas y guionistas, rizando el rizo, nos tienen reservada una sorpresa en forma de giro argumental que para sí lo hubiera querido M. Night Shyamalan en sus mejores tiempos (aquellos del pleistoceno de su carrera como director). Con este twist los autores dan un sentido de la profundidad emocional al largometraje que pocos espectadores esperarían en un proyecto de esta naturaleza, hablándonos de las relaciones paternofiliales, de la comunicación entre padres e hijos y sobre todo de no coartar la imaginación, las ganas de experimentar, la creatividad, de intentar cosas nuevas (el paralelismo de la dictadura de Megamalo con… eso que al final se nos revela que está sucediendo realmente es un acierto de guión mayúsculo) transmitiendo un mensaje vitalista pero sin sentimentalismos, sin concesiones a la galería, sin bajada de pantalón alguna.




La LEGO Película es cine comercial altísismamente recomendable, la demostración de que hasta una película nacida de la simple idea de vender juguetes puede destilar talento, ingenio, humor inteligente, autoparodia, referencias interminables, una lista de apariciones de personajes conocidos que no se veía en el celuloide de animación desde aquella obra maestra de Robert Zemeckis llamada ¿Quién Engañó a Roger Rabbit?, gags inolvidables (la destrucción de la “nave invisible”, Emmet y Supercool mirándose fijamente a cámara lenta mientras vuelan por los aires con Vitruvius en segundo plano, el vídeo de los compañeros de trabajo del protagonista hablando de él) o diálogos del estilo “Abraham Lincoln, vuelve con tu sillón volador ahora mismo” o “Sí, sé que lo que digo parece el mensaje de un póster de gatos”  que llenan la pantalla de la simpatía, el cariño y el talento con el que los creadores han abordado el proyecto. Su única mácula (que realmente no es tal) es que como película está tan repleta de acción, de  tantos momentos de vértigo, de no dar un respiro al espectador con una dirección técnica apabullante que en ciertos momentos puede llegar a saturar. Pero como la cinta no aburre en ningún momento nunca llegamos a plantearnos, ni tan siquiera durante una milésima de segundo, bajarnos de esta montaña rusa cinematográfica a la que no le sobra ni le falta una sola de las miles de piezas que le dan forma.