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viernes, 8 de diciembre de 2017

Outrage 2, el camino del samurai



Título Original Outrage Beyond/Autoreiji Biyondo (2012)
Director Takeshi Kitano
Guión Takeshi Kitano
Reparto Beat Takeshi, Toshiyuki Nishida, Tomokazu Miura, Ryo Kase, Hideo Nakano, Yutaka Matsushige, Fumiyo Kohinata, Katsunori Takahashi, Kenta Kiritani, Hirofumi Arai, Sansei Shiomi,  Akira Nakao, Shigeru Koyama





Después de lo que se conoció como la "Trilogía Surrealista" formada por Takeshis', Glory to the Filmamaker y Aquiles y la Tortuga en la que reflexionaba sobre su estatus como cineasta de culto, persona pública o pintor frustrado el nipón Takeshi Kitano volvió inesperadamente al género que le dio la fama y al que había criticado con mucha sorna en los films previamente citados, el yakuza eiga. Outrage regresaba a los terrenos de Violent Cop o Brother, pero eludía casi cualquier tipo de trascendencia formal o narrativa, esa que vimos en otras de sus producciones centradas en la mafia japonesa, pero en las que experimentaba con la mixtura de otros géneros como la comedia (Sonatine) o el drama (Hana-Bi: Flores de Fuego). De modo que el resultado fue una excelente propuesta 100% Takisha Kitano, pero con una clara inclinación por la comercialidad y la autocomplacencia alejada de todo tipo de riesgo o experimentación.




Posteriormente a su buena acogida en el festival de Cannes donde tuvo su puesta de largo internacional, el considerable éxito de taquilla y las buenas palabras de la prensa especializada en líneas generales Takeshi Kitano aprovechó para centrar su siguiente proyecto en rodar una secuela de esta Outrage de 2010. Evidentemente esta elección mostraba una, hasta ese momento, desconocida faceta comercial por parte del director de Dolls, aunque poco se le podía echar en cara después del triple salto mortal y suicidio artístico que habían supuesto los films que dieron forma a su ya citada trilogía de la pasada década. De este modo Kitano volvió a rodearse del reparto, superviviente, de la primera entrega y su equipo habitual formado por el director de fotografía Katsumi Yanagijma, el compositor Keiichi Suzukiy o el respaldo de Bandai Visual Company y su propia productora Office Kitano.




Lo interesante en este aspecto es que al hablar de un talento indomable como el de Takeshi Kitano no podemos dar nada por sentado y dentro de la autocomplacencia con la que abordó esta Outrage Beyond en cierta manera se desmarcó de la estructuración de la primera entrega para acercarse un poco más a algunos de los films que hemos mencionado previamente y en los que mezclaba otros géneros con el yakuza eiga. De este modo el autor de El Verano de Kikujiro daba continuación a un proyecto de naturaleza más liviana, pero acercándolo poco a poco a su discurso habitual en el que la mixtura de conceptos e identidades juegan un papel vital dentro de su personalidad como creador y esto es algo que se deja notar considerablemente en una secuela que en cierta manera quiete tomar una entidad propia que a su vez es coherente con el discurso de su ideólogo.




La trama tiene lugar cinco años después de lo acontecido en la primera Outrage con Otomo (Takeshi Kitano) habiendo sobrevivido a su intento de asesinato justo cuando entró en prisión a manos de Kimura (Hideo Nakano) quien, una vez los dos abandonen su encarcelamiento, se convertirá posteriormente en su aliado para devolver a las familias a las que ambos pertenecían la posición relevante que merecen dentro del submundo del hampa nipón. Pero la situación privilegiada de Kato (Tomokazu Miura) como padrino, con la ayuda de segundo al mando  Ishihara (Ryo Kase), las manipulaciones del corrupto detective Kataoka (Fumiyo Kohinata) y la guerra entre las familias Sanno-kai y Hanabishi convertirán el regreso de los dos ex yakuas en un juego de muerte, traiciones y pólvora en el que nadie está a salvo.




Sin contar algún disparo de arma de fuego aislado una hora de metraje tarda Outrage 2 en poner en escena su primera escena violenta, algo que la diferencia de la primera entrega, si tenemos en cuenta que aquella a los cinco minutos de arrancar ya estaba escupiendo balas y hemoglobina. Pero como es lógico a lo largo de esos sesenta minutos de metraje no paran de acontecer situaciones en la trama escrita por un Takeshi Kitano que va colocando inteligentemente las piezas en el tablero con manipulaciones, traiciones, mentiras y juegos de poder. De ninguna manera el cineasta nipón se entrega al tono contemplativo y lírico de Hana-Bi: Flores de Fuego, pero sí se toma tiempo para construir su historia centrándose en la interacción de unos personajes con otros para en el resto del metraje volar por los aires la olla a presión en la que se estaba convirtiendo el relato.




De este modo Takeshi Kitano se mantiene fiel tanto a la esencia del yakuza eiga en el que se especializó desde los inicios de su carrera como autor, deudor de maestros como Seijun Suzuki (Tokyo Driffter) o Kinji Fukasaku (Street Mobster), y a la saga Outrage que él había construido en la anterior entrega de 2010, pero añadiendo apuntes conceptuales y narrativos que se acercan en cierta manera a una vertiente más intima de su propia idiosincrasia como creador. En el proceso, y al igual que con la primera parte, se deja influenciar de nuevo por autores adscritos al celuloide mafioso occidental como Francis Ford Coppola o Martin Scorsese a la hora de retratar el modus operandi del crimen organizado desde sus mismas entrañas pero siempre recurriendo a sus propias señas de identidad con un tono lacónico y contenido, golpes de un humor y arrebatos de violencia que resquebrajan los pasajes de más calma.




Como suele pasar en este tipo de producciones Kitano tira de habituales en cuanto al apartado artístico y mientras recupera a varios de los actores de la primera entrega ficha a algunos nuevos que se mimetizan perfectamente con los roles a los que tiene que dar vida. Su personaje de Otomo ha evolucionado más bien poco en cuanto a personalidad con respecto a la primera entrega y no se diferencia en casi nada de los yakuzas callados y letales a los que ha dado vida desde hace décadas en sus producciones adscritas a este subgénero. Dentro de los secundarios cobra especial relevancia Hideo Nakano como Kimura, que tuvo un rol muy episódico en la primera película que aquí es explotado con sabiduría por el actor compartiendo momentos memorables con el de Kitano creando entre ambos personajes una dinámica muy interesante sobre honor, lealtad y redención que da un trasfondo impecable a la obra.




A la espera del estreno español de Outrage Coda, la última entrega que cerrará, aparentemente, la trilogía y de la que Media3 Estudio ha comprado los derechos de distribución, sólo nos queda afirmar que esta Outrage Beyond es tan buena y efectiva como su predecesora de 2010, ofreciendo un material muy parecido al de aquella, pero presentado de manera diferente para que su autor inyecte cada vez más su discurso autoral dentro de una saga que poco a poco va abandonando la autcomplacencia y el acomodo innecesario. Es de recibo mencionar también que antes rodar esa próxima tercera parte Kitano se embarcó en otro proyecto adscrito al yakua eiga llamado Ryuzo and his Seven Henchmen, pero desde el punto de vista del "humor geriátrico" y cuya reseña tendrá cabida también en Transgresión Continua.



martes, 29 de enero de 2013

Outrage, pura formalidad



Título Original Outrage - Autoreiji (2010)
Director Takeshi Kitano
Guión Takeshi Kitano
Actores Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Tomokazu Miura, Kippei Shiina, Ryo Kase, Soichiro Kitamura, Renji Ishibashi, Jun Kunimura






Son ilimitados los niveles de regocijo experimentados por un servidor al ver cómo Takeshi Kitano vuelve al cine que le dio la fama en labores de cineasta tras haberse reído en Takeshi's y Glory to the Filmmaker de que sus fans se lo pidieran hasta la extenuación. No se sabe si es una elección digna de un genio dentro de su carrera como director o un ejercicio de (auto)complacencia para dejar satisfechos a todos los que adoramos su visión de la yakuza japonesa (mafia del país nipón). Finalmente poco importa, para bien o para mal aquí está el Kitano más reconocible, el que le dio reconocimiento internacional y nos regaló films magníficos sobre el mundo del hampa en la tierra del sol naciente.




Alejado de los experimientos fellinianos de sus últimos trabajos Kitano vuelve al mundo de los criminales y asesinos que le vio nacer como cineasta. La trama es harto sencilla en esta mezcla entre su magnífica ópera prima Violent Cop y su reivindicable trabajo en Estados Unidos, Brother. Tres familias de la yakuza japonesa se enfrentan por ganar los favores del Padrino que controla los negocios sucios de la zona. Las rencillas, el honor, los lazos familiares, las traiciones internas y la muerte se cruzan en un mismo trayecto donde nadie es lo que parece y no hay lugar para las reglas o la compasión.




Outrage es una de las cintas más autocomplacientes de la filmografía de Kitano, porque si bien una vez más la mafia de su país es la protagonista del largometraje nada de la experimentación de argumento en off de la fallida Sonatine o del lirismo pictórico de la magistral Hana-Bi (obras que también nos narraban vivencias de miembros de la yakuza) hay en ella a lo largo de su metraje. En su penúltima producción el director de Kids Returns va a lo sencillo, una thriller criminal sin trasfondos filosóficos ni florituras argumentales directo y a la yugular, inteligentemente planteado, ejecutado y con su inconfundible sello autoral.




En Outrage están las constantes habituales que son marca de la casa de los trabajos de la productora Office Kitano. Violencia explícita irrumpiendo en pasajes de serenidad total; un tempo llevado con buen pulso; planos largos en cuyos encuadres suceden más cosas de las que parecen a primera vista; unos actores que parecen nacidos para realizar este tipo de papeles porque saben mostrarse en pantalla como asesinos de gatillo fácil engreídos y con comportamientos dignos de psicópatas y un Takeshi Kitano como protagonista que vuelve a recurrir a su inexpresividad habitual (aquella que le venía de serie y no de su grave accidente de motocicleta como algunos piensan, aunque este la acentuó) y escasos diálogos. Recurso que muchos han tomado como reivindicación de los héroes callados y solitarios de Jean Pierre Melville pero que tiene una explicación menos cinéfila y más realista. Beat Takeshi es pésimo para aprenderse sus propiso guiones.




Con aquella ya lejana Violent Cop que puso a Kitano en el punto de mira del cine internacional abordando un tipo de cine con personalidad propia (de la que se alimentarían realizadores como el norteamericano Quentin Tarantino para dar forma a sus producciones cinematográficas) Outrage comparte el retrato bastante duro y políticamente incorrecto de las fuerzas de la ley japonesas. Los agentes de policía que retrata el director son individuos entregados a una corrupción total y que negocian con la yakuza para sacar un copioso sobresueldo dentro de puestos que se heredan de unos oficales a otros, recibiendo estos con toda la normalidad del mundo los chantajes de los capos mafiosos.




Aunque esta vez también se despacha a gusto Kitano con la yakuza japonesa, ya que Outrage es la película en la que peor imagen da de estos hampones de ojos rasgados de métodos expeditivos y crueldad inhumana. En ese sentido hay ecos de Brother, pero en aquella había una visión más idealizada del mundo del crimen organizado, en cambio en la obra que nos ocupa no sucede así. No hay más que ver los pasajes en los que los mafiosos llevan a cabo sus "ajustes de cuentas" en los que el director nipón muestra algunas de las escenas más duras de su filmografía, que no pecaban precisamente de blandas en ese sentido. Momentos como el de la ortodoncia improvisada, el de los palillos chinos, el del cutter o el de la cuerda y el coche dan muestra cristalina de que esta gente son sádicos desalmados que no se andan con juegos a la hora de mantener su aposentado pero peligroso estilo de vida y Kitano lo muestra en toda su crudeza a la hora de extrapoolarlo a la pantalla.




Con un sello 100% Kitano, pero con un cierto aroma que recuerda a cineastas clásicos dentro del cine mafioso americano como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, Outrage es la mejor película de su director en mucho tiempo, pero también la más cómoda artísticamente hablando, por no arriesgar nada como producto cinematográfico, pero lo cierto es que tras sus tres films anteriores no se le puede echar esta afirmación en cara al cineasta, sería una hipocresía. El director de Dolls deja de momento la experimentación en fondo y forma de la última parte de su filmografia para volver a sus ráices con una obra que le ha ido lo suficientemente bien como para rodar tras ella la primera secuela dentro de su carrera, Outrage Beyond, de la que dicen que supera a la cinta que nos ocupa. Próximamente daré fe de si tal afirmación es cierta o no.