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jueves, 25 de abril de 2013

Killer Joe, a fucking bunch of rednecks



Título Original Killer Joe (2011)
Director William Friedkin
Guión Tracy Lets basado en su obra de teatro
Actores Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Thomas Haden Church, Gina Gershon, Juno Temple






William Friedkin es junto a cineastas como Tobe Hooper o Peter Medak (curiosamente los tres curtidos en el cine de terror, o teniendo dentro de ese género algunos de sus mayores éxitos) uno de esos directores surgidos en los 70 que no supo estar a la altura de sus primeros y remarcables trabajos una vez le llegó la fama (ganando incluso un Oscar por su trabajo en la inolvidable French Connection). A lo largo de los años ha ofrecido productos que por desgracia nunca llegaron a la excelencia de la ya mencionada obra protagonizada por Gene Hackman o la de El Exorcista, su obra más conocida y todo un clásico no ya sólo del cine de terror sino del séptimo arte en general.




La Tutora (The Guardian), The Hunted, A la Caza (Cruising) o Vivir y Morir en Los Angeles podían ser obras más o menos acertadas con tantas virtudes como defectos pero Friedkin nunca volvió a ser el mismo tras coquetear con las posesiones demoníacas en 1973. Killer Joe se estrenó en el año 2011 en el festival de Venecia aceptando una acogida más bien tibia. La cinta recibió en USA la temida calificación NC-17, que impide el paso de menores de edad (a diferencia de la calificación R que permite la presencia de los mismos si van acompañados de adultos) en las salas cinematográficas que la proyectan . Como siempre con otras obras "marcadas" con esa calificación moral (Crash, Shame) la misma le ha sido impuesta, no por las escenas de brutal violencia contra niños o mujeres, sino por los intolerables y malvados desnudos integrales de algunos de sus agraciados actores, faltaría más.




La cinta está protagonizada por Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Thomas Haden Church, Gina Gershon y la joven Juno Temple. El resultado, aún teniendo varios aciertos que más tarde pasaré a enumerar, es fallido y no volverá a subir a Friedkin a los altares del éxito que saboreó antaño. Son demasiados lastres, fallos y malas elecciones como para que Killer Joe pueda ser tildada como una buena obra cinematográfica. Sus errores de bulto estilísticos y argumentales hacen que si bien en su primera mitad la historia, sin contar nada nuevo ni demasiado interesante, se mantenga en pie gracias a cierta solidez narrativa y la profesionalidad de su director en la recta final mande al traste muchos de los hallazgos que el producto había ido construyendo con mesura y hasta cierta personalidad.




Ansel (Thomas Haden Church) y Chris Smith (Emile Hirsch), padre e hijo, deciden contratar a Joe Cooper (Matthew McConaughey) apodado "Killer Joe", un agente de policía de Texas que se saca un sustancioso sobresueldo como mercenario, para que asesine a la matriarca de la familia que ya no vive con ellos. La intervención de Sharla (Gina Gershon)  actual novia de Ansel, la presencia y uso como moneda de cambio de Dottie (Juno Temple) la inestable hija adolescente de la familia y la peculiar personalidad del mismo Joe los embarcará a todos en el infierno en el que se convertirá lo que en principio parecía un trabajo sencillo y carente de excesivos problemas.




Killer Joe mezcla el thriller sórdido, con el cine noir y la comedia de humor políticamente incorrecto y el resultado deja que desear en bastantes aspectos más por sus personajes y resoluciones argumentales que por otra cosa. El largometraje está basado en la obra teatral de Tracy Lets (él mismo escribe el guión) y como obra cinematográfica cae desde el principio porque sus protagonistas son un atajo de imbéciles egoístas, interesados, criminales y estúpidos con los que el espectador no puede empatizar lo más mínimo. Esto confirma que desde los primeros compases del film nos importa más bien poco lo que le pueda pasar a esta peculiar familia de garrulos sureños.




Aún así Friedkin echa mano de su soltura como artesano, sus años de profesionalidad y sabe exponer en imágenes un guión simple y mil veces visto pero aún así aceptable, así como a un grupo de actores que no lo hace nada mal, llegando alguno de ellos (su protagonista, por ejemplo) a realizar un trabajo de nota hasta que en el clímax final del producto no sólo se desdibuja toda su personalidad, también se rompe el tono del proyecto y se mandan al carajo la mayoría de aciertos que el director de Reglas de Compromiso había construido. Pero de esa resolución final (que empieza muy bien y acaba en despropósito) hablaré más tarde.




A lo largo del film sólo vemos a un grupo de palurdos sin escrúpulos que únicamente miran por su propio interés personal y monetario. Todos los personajes transmiten indiferencia, pena o asco (el de un acertado Emile Hirsch es especialmente abofeteable) y sólo el de Dottie (el único personaje inocente de la velada al que da vida una dulce Juno Temple) consigue que nos apiademos un poco de él. La trama está llena de situaciones que enfatizan la estupidez inherente en este núcleo familiar desestructurado buscando el guión en muchos momentos (conisguiéndolo en algunos pero en otros no) la risa cómplice de un espectador que confirma sin ningún género de dudas que algo muy podrido debe haber dentro de la familia media/baja del sur de los Estados Unidos para que actúe conjuntamente de esta manera.




La aparición de Joe Cooper desestabiliza la ya de por sí poco estable familia Smith. Matthew McConagey realiza sin lugar a dudas el mejor trabajo de su carrera. Killer Joe es el típico sureño venido a más, policía por el día, asesino a sueldo al anochecer, elegante, con acento tejano pero sin deje pueblerino y modales exquisitos que ocultan tras una fachada totalmente normal a un psicópata desalmado. El protagonista de Amistad apela a la contención, los gestos, el tono de voz lento y claro, nunca se entrega al exceso o a lo chabacano (ni cuando la trama se adentra en los terrenos de la pedofília) regalando al espectador lo que antes de la media hora del final del proyecto parece uno de esos villanos cinematográficos para no olvidar.




Pero entonces Friedkin se embarca en el extensísimo clímax final (casi 45 minutos) en la caravana familiar que sirve como casa de los Smith. Lo que en los primeros 15 minutos se muestra como un acertado ejercicio en el que con pinceladas sutiles se lleva hasta extremos de crudeza considerables la intimidación psicológica (grande la labor de Gina Gershon y Thomas Haden Church, pero sobre todo de McConaughey) se convierte tras la escena del muslo de pollo en una gilipollez supina, grandguiñolesca y hasta ridícula que convierte al personaje principal en un enorme imbécil descerebrado que poco tiene que ver con el metódico manipulador de la primera hora de metraje y la sordidez del conjunto del film en un capítulo de la célebre serie holandesa Los Flodder ideada por el cineasta Dick Mass allá por los años 80.




Todo se va por la borda, Friedkin quiere hacer con el final de Killer Joe una brutal crítica a la familia prototípca del sur estodounidense retratando a todos sus miembros como desechos humanos capaces de traicionar sus propios lazos de sangre en pos de su propio beneficio económico, ofreciendo un retrato descarnado del estado de Texas. Pero cuando los créditos aparecen tras ese abrupto y estúpido ¿final feliz? al espectador no le queda más remedio que reírse porque el ridículo se ha hecho con la recta final de la obra matándola impunemente, porque con ella Friedkin no ha conseguido (ni de lejos) volver a ser el de antes, porque hasta The Hunted era mejor cinta que la que nos ocupa y porque la inestabilidad mental de la familia sureña norteamericana (hija de la gran depresión y el aislamiento social) ya la retrató con mucha más pericia Tobe Hooper en 1974 y curiosamente dentro del género de Terror.



domingo, 7 de agosto de 2011

A la Caza, between the hammer and the anvil




Título Original Cruising (1980)
Director William Friedkin
Guión William Friedkin basado en la novela de Gerald Walker
Actores Al Pacino, Paul Sorvino, Karen Allen, Richard Cox, Joe Spinell, Don Scardino




Si hay algún motivo realmente importante para que una película como A la Caza (Cruising) sea recordoda más de 30 años después de su estreno, este no es estrictamente cinematográfico. Cuando un William Friedkin que venía de saborear las mieles del éxito con El Exorcista y French Connection (ambas fueron a los Oscars, ganaron estatuillas y la segunda en concreto se llevó, entre otras, las de mejor película y director) estrenó en 1980 está versión cinematográfica de una novela de Gerald Walker, la cinta armó un considerable revuelo por el retrato que se hacía de los homosexuales en ella.




Cruising narra como un oficial de la policía de Nueva York se introduce como topo en el submundo de los bares de homosexuales debido a que hay suelto en la ciudad un brutal asesino de gays al que deberá dar caza. En su misión tendrá la obligación de hacerse pasar por uno de tantos "maricas" que buscan mantener numerosas relaciones sexuales en sótanos clandestinos y sacar información a las personas que frecuentan dichos antros de muy baja estofa para dar con el criminal que está asolando la comunidad gay de la ciudad norteamericana.




El retrato de este mundo que se da en A la Caza es desalentador. Los gays son mostrados como seres enfermizos con sempiterno aspecto de bigotudo encuerado y adictos a cierta parafernalia nazi que sólo viven para practicar sexo sucio, sadomasoquista y de considerable bajeza. Incluso los personajes pertenecientes a esta minoría que son más o menos sanos y no viven en este "hábitat", no escapan de la Parca a lo largo del metraje. La homosexualidad es vista como una enfermedad de carácter vírico que se extiende a los heterosexuales casi por contacto físico, ya que si el cambio de carácter del personaje de Pacino es debido a moverse en esos círculos la idea me parece una soberana estupidez por parte del guión.




En el fondo la trama es la de un thriller policíaco del montón que unicamente se hace fuerte por la profesionalidad de un Friedkin que a pesar de estar a años luz de su obras más importantes se muestra como el pilar más sólido en el que se sustenta el film. Siempre hablando de su labor como director, ya que el guión escrito por él mismo es bastante pobre debido a que sólo en contadas ocasiones consigue inquietar a un espectador que no llega a meterse en la historia con una considerable implicación.




El reparto también es otro de los puntos fuertes del producto. A un sobrio, entregado y bastante contenido Al Pacino se suma un Pal Sorvino muy convincente, una Karen Allen que hace lo que puede en la pequeña parcela que ponen a sus disposición y un grupo de secundarios que se muestran como aceptables (y estereotipados) reflejos de la comunidad gay. Algunos de ellos intepretados por secundarios no muy conocidos pero bastante solventes como James Remar (Dexter, The Warriors) o William Russ (American History X, Elegidos Para la Gloria).




Cuando el film se estrenó, la comunidad gay se puso en contra del mismo. El guionista y director William Friedkin afirmó que no era su intención demonizar a los homosexuales, ni su modo de vida y puede que sea cierta esta afirmación, pero por desgracia una cosa está clara. Si una persona que no tiene afecto alguno hacia los "maricones" ve la ambientación tan soez, estereotipada y burda que se hace en esta película de los locales de ambiente (que alguno hay así, pero no todos) y el mundo de los gays, es casi inevitable que reafirme su posición de asco y rechazo contra ellos y más hace 30 años, con todo el desconocimiento que existía sobre los mismos, ya que ni el SIDA había mostrado su cara por aquel entonces




Porque lo que la octava obra del director William Friedkin muestra en imágenes sobre esta minoría no hace honor a la verdad ni mucho menos y finalmente como película, por desgracia (para ella y para nosotros) no tiene los suficientes alicientes cinematográficos de verdadera calidad como para pasar por alto un fallo tan garrafal que desvirtúa completamente la propia naturaleza de su conceptualidad y su supuesto mensaje de denuncia, convirtiéndose como largometraje en un panfleto amarillista peligrosamente reaccionario y conservador.