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domingo, 22 de enero de 2012

Sherlock Holmes: Juego de Sombras




Título Original Sherlock Holmes: A Game of Shadows (2011)
Director Guy Ritchie
Guión Kieran Mulroney y Michele Mulroney basado en el cómic de Lionel Wigram inspirado en los personajes de Arthur Conan Doyle
Actores Robert Downey Jr, Jude Law, Noomi Rapace, Jared Harris, Stephen Fry, Kelly Reilly, Rachel McAdams, Geraldine James, William Houston, Gilles Lellouche, Eddie Marsan




Segunda parte de la adaptación cinematográfica que el director británico Guy Ritchie (Lock & Stock, Snatch, Rockanrolla) realizó del cómic de su compatriota Lionel Wigram, que a su vez estaba inspirado libremente en el personaje Sherlock Holmes y por efecto dominó en su inseparable amigo el buen Doctor John Watson, creados por el célebre escritor inglés Arthur Conan Doyle en 1887 covirtiéndose en protagonistas de numerosos relatos salidos de su pluma y que se han convertido en clásicos de la literatura mundial.




La primera película era un simpático fuego de artificio que convertía a los dos personajes principales en dos dandis, no sólo expertos en investigación detectivesca, si no también en combates cuerpo a cuerpo y uso de armas de fuego. Todo con el toque de su director y dando forma a un conjunto al servicio del puro espectáculo cinematográfico que no buscaba nada más que la complicidad de un espectador con ganas de divertirse durante dos horas.




Trágicos acontecimientos que parecen tener un punto en común empiezan sucederse en Londres. Los mismos llamarán la atención del detective Sherlock Holmes que tras un tiempo trabajando en solitario volverá a formar pareja con su viejo amigo John Watson. Ambos investigarán estos peculiares crímenes relacionados con asesinatos de empresarios del algodón o el Opio y con terrorismo. La persona clave que une dichos actos delictivos es el ínclito profesor James Moriarty que se convertirá en el archienémigo y némesis de nuestro protagonista.




Sherlock Holmes: Juego de Sombras sigue una a una las constantes de su antecesora. Guy Ritchie no se la juega y va sobre seguro. Una vez más tenemos un film de acción con toques de humor, con una dirección artística intachable y una dirección técnica tan lograda como excesiva (aquí hay menos escenas de peleas, tiroteos o explosiones pero también son más efectistas en su ejecución), un guión entretenido y lleno de acertijos y todo al servicio de un Robert Downey Jr de arolladora personalidad e interminable carisma, con las espaldas bien cubiertas por un Jude Law que vuelve a darle la réplica con profesionalidad y saber estar.




Ciertamente, al igual que la primera entrega y a pesar de que la adaptación del personaje no puede ser menos ortodoxa e incluso irritante para los más jihadistas de los relatos originales del personaje escritos por Conan Doyle, hay constantes de la personalidad de los roles literarios que están en el film. Las dotes deductivas y maestría para el arte del disfraz de Holmes, el contrapunto racional de Watson, la química de Sherlock con este último y las apariciones entrañables de Mrs Hudson mostrando sus rencillas con el protagonista.




Las más interesantes novedades de esta segunda parte son las apariciones de dos personajes clásicos e indispensables dentro de varios de los relatos sobre el detective que habita el número 221B de Baker Street. Uno es el Mycroft Holmes, hermano de Sherlock, al que da vida el genial Stephen Fry que tiene momentos descacharrantes compartidos con Stanley, su anciano mayordomo, que con sólo dos breves escenas se gana al público desatando la carcajada.




El otro es ese profesor Moriarty al que da vida Jared Harris (actor al que hemos podido ver en la soberbia serie de televisión Mad Men y en la última y terrible cinta de John Carpenter, The Ward). Este personaje destila inteligencia y villanía por todos los poros de su piel, sus duelos intelectuales con Holmes son de lo mejor del film y tal hecho queda constatado en el clímax final con esa partida de ajedrez que bebe considerablemente del espíritu de los relatos literarios del personaje, hasta que Ritchie decide romper el tono de intelectualidad haciendo que una vez más los dos personajes se den de hostias es una de sus coreografiadass escenas de lucha al ralentí.




No hay que pedirle peras al olmo, este Sherlock Holmes: A Game of Shadows es un pasatiempo divertido y rápido para consumir palomitas viéndola en cine. Guy Ritchie repite una fórmula que le funcionó, que le ha vuelto a salir bien (aunque se exceda con ella, no hay nada más que evaluar la escena artificiosa de la barra de labios que se podría haber resuelto con un comentario posterior de Holmes a Watson en vez de con toda esa secuencia visualmente sobrecargada) y que le sirve de plataforma para rodar esa tercera parte que está preparándose ya con los mismos protagonistas, una vez más.




Por el camino tenemos a dos personajes que confirman su carisma como protagonistas, el breve papel de Rachel McAdams, la extraña belleza de una éxotica Noomi Rapace, a unos Mycroft y Morirarty memorables y mucho entretenimiento. Con todo me quedo con el Guy Ritchie de los pandilleros londinenses que se meten en líos por dinero, drogas o armas. Aquella versión socarronamente británica de Quentin Tarantino que nos descubrió a actores como Jason Statham y Vinnie Jones y que nos demostró que Brad Pitt podía hacer uno de los mejores papeles de su carrera sin que se le entendiera una palabra de lo que decía.


lunes, 18 de enero de 2010

Sherlock Holmes



Director:
Guy Ritchie (2009)
Guión: Mike Johnson, Anthony Peckman y Guy Ritchie basado en el cómic de Lionel Wigram inspirado en los personajes de Arthur Conan Doyle
Actores: Robert Downey Jr, Jude Law, Rachel McAdams, Robert Maillet, Mark Strong, Kelly Reilly




No hay duda. La cinta que nos ocupa no es una obra basada en el personaje creado por el escritor británico Arthur Conan Doyle, es una nueva película de Guy Ritchie a la que le han espolvoreado algo de la esencia del detective más famoso de todos los tiempos con la mayoría de los alardes estilisticos y narrativos del realizador inglés autor de Revolver o Rockanrolla.




Sherlock Holmes, poco importa si se inspira directamente en la obra de Conan Doyle o el cómic de Lionel Wrigman es cine Guy Ritchie 100%. Virilidad, cierto aire misógino, suciedad física y moral, peleas a manos desnudas, submundo del hampa y un retrato de los callejones más deplorables de Londres con sus entrañables canallas y malvados representantes de las clases acomodadas.




Pero también es cierto que el autor de Lock & Stock es consciente de que su personaje central es Sherlock Holmes, por eso se hace fuerte a la hora de exagerar y enrevesar los metodos deductivos de su protagonista, desde mi punto de vista lo mejor de la cinta argumentalmente hablando. Por otro lado la estética es efectista y saturada como en toda la obra de su creador, con una realización tan tecnicamente espectacular (la escena de la cadena de explosiones, magnificamente rodada) como formalmente ligera y de poca trascendencia.




Lo mejor del film es la indudable química entre un Robert Downey Jr más canalla que nunca dando vida a Holmes y un elegante e íntegro Jude Law en la piel de Watson. Ambos comparten escenas de una notable comicidad llenas de diálogos excelentes (otro de los puntos fuertes de la película) que incluso llegan a arrancar alguna carcajada al espectador. El resto de secundarios se mueve entre una guapa Rachel McAdams en plan mujer florero sin aportar nada relevante a la trama por mucho peso que se le quiera dar su rol y un Mark Strong correctísimo dando vida Lord Blackwood.




En resumidas cuentas Sherlock Holmes sólo podrá ser disfrutada si se ve con la mirada completamente limpia y vacía de prejuicios siendo el espectador consciente de que no va a ver una ortodoxa adaptación sobre las aventuras del personaje del 221B de Baker Street, sino un mix que va desde los cómics de Alan Moore, a el cine de Jean Claude Van Damme (esas descriptivas peleas no por metidas con calzador son menos atractivas) y sí, aunque parezca raro a las novelas de Arthur Conan Doyle. Para pasar el rato señores, que no es poco.