sábado, 12 de agosto de 2017

The Outer Limits: Temporada 1 - Volumen 1



“There is nothing wrong with your television set. Do not attempt to adjust the picture. We are controlling transmission…”


Estas palabras arriba adjuntadas iniciaban el monólogo en off que daba comienzo a todos y cada uno de los episodios de la mítica serie The Outer Limits, producción televisiva creada por Leslie Stevens y Joseph Stefano que se emitió en la cadena ABC desde 1963 hasta 1965. Heredera y hermana menor de The Twilight Zone (La Dimensión Desconocida), compuesta por 49 episodios autoconclusivos de 50 minutos que daban forma a una antología centrada en una temática adscrita a la ciencia ficción la serie de Stevens y Stefano se convirtió en una pieza remercable con vocación de obra de culto que con el paso de los años se ha convertido en uno de los programas más reconocidos de la historia catódica de Estados Unidos. Con motivo de la edición de la primera parte de la temporada 1 en nuestro país a manos de la distribuidora L’Atelier 13, que en su momento también nos trajo en formato doméstico la ya mencionada The Twilight Zone, y de la que hablaremos al final del artículo hoy vamos a dedicar esta entrada a comentar estos primeros pasos que dieron forma a la entrega primigenia de tan memorable producción para la pequeña pantalla.




Leslie Stevens era un dramaturgo reconvertido en guionista televisivo y Joseph Stefano abandonó una carrera como compositor y letrista para escribir obras para la pantalla grande, como el de la mítica obra maestra Psicosis (Psycho) con la que Alfred Hitchock adaptó la novela homónima de Robert Bloch, cuando se conocieron y decidieron aunar fuerzas para que The Outer Limits saliera adelante como programa televisivo en 1963. Con al apoyo de Daystar Productions, Villa DiStefano (productora creada por el mismo Joseph Stefano para dar impulso al proyecto) y United Artists Television ambos autores vendieron con éxito su idea a la cadena ABC (American Broadcasting Company). El 16 de Septiembre de 1963 el episodio piloto de The Outer Limits titulado The Galaxy Being, protagonizado por un por aquel entonces pujante Cliff Robertson (conocido por las nuevas generaciones al dar vida al Ben Parker de la trilogía de Spiderman ideada por Sam Raimi) así como escrito y dirigido por el mismo Leslie Stevens cogió desprevenidos a los espectadores de Estados Unidos acostumbrados a seriales de poco calado y consumo tan liviano como intrascendente.




Ese primer episodio ya asentó las sólidas bases del programa. Con una duración que bordeaba los 50 minutos para así poder desarrollar más adecuadamente tanto tramas como personajes The Outer Limits hundía sus raíces en la literatura y el celuloide de ciencia ficción pulp o de Serie B, pero añadiendo una pátina de profundidad y reflexión de la que carecían los cientos de largometrajes que en los años 40 y 50 invadieron las carteleras estadounidenses con sus reminiscencias subtextuales a la “invasión comunista” corporeizada por extraterrestres del “Planeta Rojo” o criaturas de proporciones monstruosas adheridas al pánico nuclear o a una inminente guerra atómica entre las grandes potencias que regían el planeta. Desde sus inicios la producción de Leslie Stevens y Joseph Stefano eludía todo el pensamiento revanchista o violento de sus referentes ya mencionados apelando siempre a ideas pacifistas, conciliadoras y existencialistas que trataban de dar una visión más amplia de la naturaleza humana con sus bajezas y virtudes, siempre en un contexto de sci-fi puramente de género con el que los guionistas y directores comandados por Stevens y Stefano pudieron dar empaque a algunos de los momentos más destacables de la ficción audiovisual americana de la época.




Los peligros de la experimentación genética, invasiones extraterrestres tanto hostiles como pacíficas, poderes sobrenaturales, viajes en el tiempo, uso desproporcionado de la maquinaria militar, espionaje… The Outer Limits ofreció un extenso abanico de relatos con los que disertar sobre la sociedad que somos, fuimos y podemos llegar a ser siempre y cuando sucumbamos a la avaricia, el egoísmo o la intolerancia. La serie de Stevens y Stefano no eludía en varias ocasiones los finales felices, pero la tónica habitual era la de cierta melancolía y descreimiento apelando por un desarrollo adecuado y racional del progreso y la evolución tecnológica. Episodios como One Hundred Days of Dragon, The Architects of Fear o The Sixth Finger nos hablaban de magnicidios (meses antes del de John F. Kennedy), la deshumanización en pos de una utópica paz mundial o la futilidad de poseer un intelecto superior una vez se pierde la empatía con el resto de seres vivos, siempre intentando mostrar a la audiencia temáticas desafiantes y atípicas que llamaran su atención y trataran de despertar su interés más allá de un uso puramente lúdico del producto catódico que sus creadores exponían en pantalla.




Vista hoy The Outer Limits llama la atención por el competente empaque de su puesta en escena, la misma que asentó Leslie Stevens con el primer episodio y que tomarían como suya el resto de posteriores directores que se sentaron en la butaca de realización del show. Artesanos como Byron Haskins, que trece años antes había ejecutado un clásico como su versión de La Guerra de los Mundos de H.G. Welles, o Laslo Benedek, que ya había sumado a su curriculum Salvaje, protagonizada por Marlon Brando, o La Muerte de un Viajante dieron nombre y solidez a estos primeros episodios con su nombre y buen hacer, casi siempre ayudados por la excelente fotografía de un titán como Conrad L. Hall (Camino a la Perdición, Dos Hombres y Un Destino) que ofrecía muestras de poderosa inventiva en episodios como el claustrofóbico O.B.I.D o el antimilitarista Nightmare (con un jovencísimo Martin Sheen) casi obras de teatro situadas en una sola y exigua localización. Tan duradero fue el sello que dejó The Outer Limits en la historia de la ficción audiovisual que no es difícil descubrir ecos de episodios como The Man With the Power o The Man Who Was Never Born (protagonizados por unos enormes Donald Pleasance y Martin Landau respectivamente) en obras posteriores como Scanners o La Zona Muerta, ambas del canadiense David Cronenberg y la última concretamente adaptada de la novela homónima de un Stephen King, autor que en no pocas de sus novelas como Tommyknockers u Ojos de Fuego también dejó claro su cariño por la creación de Stevens y Stefano.




Curiosamente ese ejercicio de retroalimentación referencial no es unidereccional ya que como anteriormente hemos apuntado The Outer Limits como programa televisivo también tenía sus fuentes de inspiración tanto literarias como cinematográficas. Un episodio como The Human Factor en el que un grupo de personajes se encuentran aislados en una estación científica en la helada Groenlandia es un homenaje claro a El Enigma de Otro Mundo (The Thing) la obra de culto basada en el relato de John W. Campbell que dirigieron en 1951 Christian Nyby y Howard Hawks conociendo en 1982 un glorioso remake a manos de un John Carpenter en el punto más alto de sus capacidades cinematográficas. Por otro lado The Corpus Earthling, a pesar de estar basado en el libro homónimo de Louis Charbonneau, tiene reminiscencias claras tanto de la novela La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (The Body Snatchers) escrita por Jack Finney como de la que por aquel entonces era su primera y única traslación a la pantalla grande (Las versiones de Philip Kaufman, Abel Ferrara u Oliver Hirschbiegel quedaban todavía muy lejos) el clásico homónimo dirigido por Don Siegel, escrito por Daniel Mainwaring y protagonizado por Kevin McCarthy o Dana Wynter. De este modo queda claro que la estela de The Outer Limits dejó en obras de ficción posteriores tenía su origen en el buen gusto de Lelsie Stevens y Joseph Stefano a la hora de tomar inspiración para su criatura.




Esta edición limitada (sólo 1000 copias) en dvd ideada meticulosamente por el equipo de L’Atelier 13 incluye, como previamente habíamos apuntado, los dieciséis episodios iniciales de la temporada 1, básicamente la mitad de la misma, repartidos en cuatro discos. Con una destacable calidad de imagen y sonido (sólo en V.O) y los pertinentes subtítulos la experiencia de ver The Outer Limits por parte del espectador español no puede ser más satisfactoria en ese sentido. Un quinto dvd incluye la película Incubus, rara avis cinematográfica con fama de maldita escrita y dirigida por el mismo Leslie Stevens en 1966, un año después de la finalización de The Outer Limits, protagonizada por William Shatner, Allison Ames o Eloise Hardt y rodada íntegramente en esperanto, un regalo muy de agradecer dentro del pack. Por último encontramos un libreto de 48 páginas en el que Christian Aguilera, principal impulsor y responsable de esta edición, así como un viejo conocido de la reseña cinematográfica o musical (es el creador de la famosa web Cinearchivo y autor de distintos libros dirigidos a cinéfilos o melómanos) desgrana pormenorizadamente la carrera de Leslie Stevens y Joseph Stefano, analiza en profundidad los dieciséis episodios y ofrece datos importantes sobre la producción de la ya mencionada Incubus. Todo un excelente trabajo que culmina una edición en dvd cuidada hasta el más mínimo detalle para traernos en dvd por primera vez a España una pieza imperecedera de la pequeña pantalla a nivel mundial.


lunes, 7 de agosto de 2017

Michael Cimino: Las Puertas de América



Edición nacional Cine Ultramundo
Autor Varios
Formato Rústica
Páginas 483
Precio 27€

Después de dos estimulantes propuestas como fueron Rob Zombie: Las Siniestras Armonías de la Sordidez y Terminator: El Imperio de Skynet el equipo del blog Ultramundo encabezado por su creador Miguel Díaz González edita su tercer libro relacionado con el mundo del séptimo arte. En esta ocasión el proyecto ha sido editado bajo el sello del mismo blog (recordemos que los dos ensayos previamente citados fueron publicados bajo el sello de las editoriales Tyrannosaurus Books y Applehead Team respectivamente) y como trabajo supone la primera entrega de una colección titulada Cineastas Ilustres y Malditos. Este primer volumen tiene como protagonista a uno de los directores más peculiares de la historia del celuloide reciente, el norteamericano Michael Cimino, autor cuya carrera ascendió al Olimpo de los Dioses con la misma velocidad con la que descendió del mismo sólo unos pocos años después, quedando su prometedor futuro como uno de los realizadores con más proyección del Hollywood de los 70 y 80 maltrecho y llegando a convertirse en un profesional denigrado y maltratado por motivos que en ocasiones no se adscribían estrictamente al medio cinematográfico.

La elección de Michael Cimino para empezar esta nueva colección es un gran acierto y una declaración de principios ya que la carrera del italoamericano, que como sabemos falleció a los 77 años el pasado año 2016, es una de las más interesantes de la historia del cine reciente por motivos tanto profesionales como personales. Después de escribir varios guiones para obras ajenas Michael Cimino debutó en el mundo del cine de la mano de Clint Eastwood con Un Botín de 500.000 Dólares para pocos años después saborear las mieles del éxito con la mítica El Cazador, cinta protagonizada por Robert de Niro con la guerra de Vietnam como telón de fondo que triunfó allá donde se estrenó aumentando exponencialmente la popularidad y prestigio de su autor. Tras ella llegaría la debacle con la incomprendida epopeya La Puerta del Cielo, enorme superproducción que supuestamente hundió a la United Artists y cimentó la fama de Cimino como realizador megalómano, excesivamente perfeccionista e intratable. A partir de ahí su carrera nunca fue la misma, aunque llegó a tener algún que otro repunte de calidad y crédito como su siguiente película, la muy recuperable Manhattan Sur (Year of the Dragon).

Michael Cimino: Las Puertas de América aborda toda la carrera del director desde sus inicios hasta sus últimos trabajos detrás de las cámaras desglosando este trayecto profesional y vital de manera pormenorizada. Ya desde la preciosa ilustración de Nacho Castro que copa todo el protagonismo en la portada del libro o la de uno de los mejores carteles de La Puerta el Cielo que hace lo propio en la contraportada podemos ver el cariño y la meticulosidad con los que el trabajo ha sido abordado por sus autores. Después del prólogo a manos de Antonio Rico hablando sobre la esencia de la obra de Cimino y otro capítulo escrito por Miguel Díaz González explicando la gestación del proyecto y los pormenores que sufrió el desarrollo del mismo llega la introducción de Iván Suarez que nos pone en contexto para comenzar con la lectura del trabajo que ha sido abordado por un puñado de viejos conocidos de la reseña cinematográfica en nuestro país como Jorge Fonte, Antonio Pardo Larrosa, Jordi Revert, Sofía Carlota Rodríguez, Joaquín Vallet Rodríguez o el ya citado Iván Suárez, comandados todos por Díaz González en labores de coordinación.

El primer capítulo del libro propiamente dicho está dedicado a los orígenes de Cimino y se centra en su vida desde su nacimiento en 1939, pasando por su formación académica y abarcando sus influencias tanto cinematográficas como literarias. Aborda su pasión por la arquitectura (que más tarde extrapoló a su obra como cineasta) sus primeros pasos en Hollywood (donde pudo codearse con dos de sus pasiones, las mujeres y los coches) y coqueteos prematuros con el mundo del séptimo arte. El segundo, a cargo de Iván Suárez y Miguel Díaz, se centra en los dos guiones en los que intervino para films de otros directores como los de Naves Misteriosas (Silent Running) o Harry el Fuerte (Magnum Force). El primero era una atípica cinta de ciencia ficción (con notable mensaje ecologista en su subtexto) dirigida por el experto en efectos especiales Douglas Trumbull y el segundo era la primera secuela de las aventuras policiales de Harry Callahan para la que reescribió un libreto que había ideado el célebre John Milius y en la que mantuvo contacto por primera vez con quien sería su mentor a la hora de debutar como cineasta sólo un año después, Clint Eastwood.

Una vez que Michael Cimino: Las Puertas del Cielo se adentra en la filmografía como director del norteamericano y al igual que sucedía con los dos anteriores libros editados por el equipo de Ultramundo la estructura a la hora de analizar cada uno de los largometrajes es el de las famosas “MegaCríticas” nacidas en dicha web. Un tipo de extensa reseña en la que se incluyen ficha técnica/artística, sinopsis, la crítica propiamente dicha y apartados muy jugosos y abundantes en información como los “Así se Hizo” que en la obra que nos ocupa copan gran parte del interés debido a las innumerables anécdotas que añaden sobre la gestación, rodaje y estreno de los films. Dichas disecciones se las reparten varios de los autores del libro como Joaquín Vallet Rodrigo o Jorge Fonte y un omnipresente Iván Suárez que se responsabiliza, unas veces en solitario y otras acompañado, de los ya citados making of que enriquecen considerablemente la visión que se da de los distintas películas. Todo ello estructurado de una manera homogénea en la que unos textos y otros forman un cohesionado todo en el que no sabemos cuando acaba el trabajo de uno de los escritores y empieza el de otro.

De esta manera no sólo encontramos en el ensayo opiniones bien formadas y fundamentadas sobre todos y cada uno de los trabajos de Cimino, también llegamos a conocer anécdotas curiosas sobre Un Botín de 500.000 Dólares (Thunderbolt & Lightfoot) como el de los conejos en el maletero o la revelación que supuso en la obra un jovencísimo y carismático Jeff Bridges, la dificultosa producción de El Cazador a manos EMI Films (división cinematográfica de la famosa discográfica) cuando decidió coquetear con el mundo del celuloide y la repercusión social y política que tuvo la cinta una vez se estrenó con seguidores y detractores de la misma. Pero es de recibo hacer una parada en el capítulo dedicado a La Puerta del Cielo, el posiblemente mejor de todo el libro, en el que llegamos a conocer de primera mano cómo fue el controvertido, caótico y descomunal rodaje del neowestern con vocación de clásico instantáneo que supuso en su estreno uno de los mayores fracasos de la historia del séptimo arte y el fin de la “relación de amor” entre Hollywood y los directores del nuevo cine americano nacido durante los 70 a manos de autores como Francis Ford Coppola, George Lucas Martin Scorsese, Steven Spielberg, Brian de Palma o el mismo Cimino.

Aunque un servidor, así como muchos otros seguidores de Michael Cimino, considera Manhattan Sur (Year of the Dragon) uno de sus mejores trabajos bien cierto es que su filmografía post Las Puertas del Cielo es menos interesante. Pero contra todo pronóstico los autores del libro saben sacar oro de trabajos que no cumplieron las expectativas depositadas en ellos como el remake de 37 Horas Desesperadas, El Siciliano o su testamento cinematográfico, Sunchaser. Iván Suárez y Jorge Fonte aúnan fuerzas para que los episodios dedicados a dichas producciones mantengan el nivel de los que hablaron previamente de los tres primeros trabajos del italoamericano mencionando curiosidades, incluyendo declaraciones de miembros de los equipos técnicos y artísticos de todos los films y finalmente dando una opinión estimulante y profesional sobre una segunda parte de la carrera de Cimino que no estuvo a la altura del enorme talento que atesoraba como narrador de historias, realizador detallista y amante de su trabajo.

Una vez se ha diseccionado la filmografía oficial del cineasta encontramos otros capítulos que siguen abarcando su carrera profesional. El primero habla de los últimos años de Cimino posteriores al paupérrimo estreno y recibimiento de Sunchaser, hablando de su última incursión detrás de las cámaras, un muy olvidable corto dentro del largometraje coral Chacun Son Cinéma, los malintencionados rumores sobre su abuso de la cirugía plástica o su cambio de sexo y haciendo especial hincapié en la revalorización con el paso de los años, no sólo de La Puerta del Cielo cuando se estrenó el montaje del director, sino también de la carrera de Cimino en general como una de las más incomprendidas del cine contemporáneo. El segundo hace un breve, pero interesante, repaso por todos los proyectos truncados del protagonista o en los que trató de implicarse para después desvincularse de ellos con piezas tan dispares como una nueva adaptación de la novela El Manantial de Ayn Rand, Footloose, La Zona Muerta o Nacido el 4 de Julio. Con estos dos episodios termina la inestimable aportación de Iván Suárez a un proyecto del que fue uno de sus principales impulsores.


Los dos últimos capítulos están acometidos por Antonio Pardo Larrosa y Sofía Carlota Rodríguez. El primero habla de la relación profesional de Cimino con los compositores musicales de sus largometrajes, otro de los más interesantes del ensayo, en el que Pardo Larrosa muestra unos profundos conocimientos musicales que utiliza para diseccionar las bandas sonoras de El Cazador, con su famosa Cavatina a manos de Stanley Myers e interpretada por el guitarrista John Williams (nada que ver con el célebre compositor norteamericano), la preciosa partitura del por aquel entonces joven David Mansfield en La Puerta del Cielo que también trabajó en los tres proyectos posteriores de Cimino y mencionando también a su último colaborador, el francés Maurice Jarre, que puso notas musicales a Sunchaser. Para finalizar Rodríguez aporta una interesante entrevista al realizador que le realizó en el año 1990 con motivo del estreno del que por aquel entonces era su film más reciente, 37 Horas Desesperadas, para que el trabajo desarrollado en el ensayo termine con palabras en primera persona del cineasta.


Finalizado este somero repaso por todo el contenido de Michael Cimino: Las Puertas de América sólo queda hacer mención a sus virtudes y defectos. Como previamente apuntábamos desde la misma portada del libro se nota el mimo y la dedicación del equipo de autores a la hora de abordar el proyecto. Todos los escritores muestran, no sólo un considerable conocimiento de la obra del autor de El Cazador, sino también el respeto y la admiración que profesan por su obra, aunque sin llegar en ningún momento a la mitificación exagerada o la condescendencia con sus obras menos destacables. Esta labor se ve especialmente incrementada con el buen trabajo de coordinación a la hora de dar cohesión a la obra interconectando con acierto los diferentes textos y tonos de los autores para que formen un producto compacto en el que no desentone una visión con respecto a otra. Esta competente ejecución del trabajo transmite una sensación de profesionalidad que no todos los libros corales consiguen, ya que fallar con respecto a este apartado puede hacer tambalear los cimientos mismos del proyecto.

Pero con respecto a los aciertos lo más destacable por parte de Michael Cimino: Las Puertas de América es que el equipo de Ultramundo ha eliminado los dos fallos más notorios de sus dos anteriores libros, la maquetación y la saturación de información. La maquetación de Rob Zombie: Las Siniestras Armonías de la Sordidez y Terminator: El Imperio de Skynet tenían el encanto de parecer la de un blog sobre cine en el primer caso y la de un fanzine retro en la segunda, pero ciertamente eran mejorables en varios aspectos. En cambio la labor de maquetación en el libro que nos ocupa supone un paso de gigante con respecto a aquellos trabajos, con uso de imágenes a todo color, un diseño de las fichas técnicas/artísticas soberbio y un exquisito gusto a la hora de elegir las numerosas fotografías que pueblan las páginas del libro. Por otro lado en los dos ensayos previamente citados anteriores al que nos ocupa los copiosos datos que sus autores aportaban en ocasiones se antojaban algo farragosos, nos “sobreinformaban” y a veces era difícil digerirlos, pero en Michael Cimino: Las Puertas de América ese defecto se ha subsanado gracias a la adecuada dosificación del contenido, convirtiéndose en el libro de Ultramundo que se lee con más ligereza y fruición, casi 500 páginas que se pasan en un suspiro.

Como defectos, pocos, el único destacable es que si bien el capítulo Las Sociedades Musicales de Cimino, como previamente mencionábamos escrito magníficamente por Antonio Pardo Larrosa, es uno de los mejores de todo el libro también es cierto que está desarrollado de manera que desentona un poco con el resto del contenido del trabajo, ya que el autor hace mención a obras y detalles relacionados con la filmografía del cineasta que ya nos habían sido apuntados sustanciosamente en capítulos previos dedicados a su carrera y en ese sentido se pierde un poco el sentido de estructuración sólida que el destacable trabajo de coordinación había mostrado hasta ese momento cayendo en cierta redundancia innecesaria. Más allá de este detalle, que en ningún momento ensombrece los aciertos de ese apartado en concreto o la obra en su conjunto, nada más reprobable vemos en un trabajo como el que han realizado los implicados en un libro tan bien diseñado y ejecutado como el que protagoniza esta entrada.


Michael Cimino: Las Puertas de América es uno de los mejores libros relacionados con el séptimo arte de este año 2017, un producto indispensable no sólo para los fans del controvertido director, sino también para todo aquel aficionado al mundo del cine que quiera conocer una filmografía ecléctica repleta de éxitos y fracasos y cómo funcionan los, en muchas ocasiones, nada sencillos entresijos de la maquinaría hollywoodiense, normalmente propensa a cortar las alas de verdaderos autores como Michael Cimino por miedo a que puedan tomar el control total de los proyectos en los que se implicaban como sucedió con incontables clásicos de la época dorada del cine estadounidense. Los muchachos de Ultramundo se han marcado un magnífico homenaje al autor de El Siciliano o Un Botín de 500.000 Dólares con el que es hasta ahora el mejor de los libros que han ideado y poniendo con él la primera piedra de una colección sobre cineastas destacados y recuperables que promete bastante en un futuro próximo.


sábado, 5 de agosto de 2017

Spider-Man: Homecoming




Título Original Spider-Man: Homecoming (2017)
Director Jon Watts
Guión John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers, Jon Watts, basado en personajes de Stan Lee y Steve Ditko
Reparto Tom Holland, Robert Downey Jr., Michael Keaton, Marisa Tomei, Jacob Batalon, Zendaya, Jon Favreau, Tony Revolori, Laura Harrier, Angourie Rice, Kenneth Choi, Michael Barbieri, Logan Marshall-Green, Donald Glover, Tyne Daly, Martin Starr, Hannibal Buress, Abraham Attah, Michael Mando, Bokeem Woodbine, Jona Xiao, Chris Evans, Gwyneth Paltrow,  Tiffany Espensen,  Garcelle Beauvais,  Stan Lee




Segundo reinicio de las aventuras cinematográficas de Spider-Man después de la trilogía de Sam Raimi con Tobey Maguire dando vida al superhéroe y el díptico de Marc Webb con Andrew Garfield haciendo lo propio. Aunque en honor a la verdad deberíamos afirmar que el verdadero reboot tuvo lugar en Capitán América: Civil War, largometraje de los hermanos Anthony Russo y Joe Russo inspirado lejánamente en el evento ideado en viñetas por el guionista Mark Millar y el dibujante Steve McNiven en el que hizo por primera vez acto de presencia el nuevo lanzarredes interpretado por el británico Tom Holland (Lo Imposible) para codearse con gran parte de los Vengadores. Esta primera aventura en solitario del alter ego de Peter Parker nacida al amparo de la colaboración entre Sony y Marvel Stuidos está escrita por un equipo de hasta seis guionistas, dirigida por Jon Watts, cineasta al que conocemos por haber realizado cintas como su debut Clown o la bastante vitoreada Cop Car, y cuenta en su reparto con actores de primer nombre como el inevitable Robert Downey Jr y su Iron Man/Tony Stark, Marisa Tomei como May Parker o Michael Keaton en la piel del Buitre/Adrian Toomes entre otros. El resultado ha gustado a crítica y público en líneas generales, pero sin recibir reseñas tan positivas como Doctor Strange o Guardianes de la Galaxia Vol 2, las últimas propuestas cinematográficas salidas de la división cinematográfica de la Casa de las Ideas. En España el film llegó a las carteleras el pasado viernes y después de haberla visto ya podemos hablar abiertamente sobre sus virtudes y defectos.




Spider-Man: Homecoming narra la vida del adolescente Peter Parker inmediatamente después de haber colaborado con el bando de Tony Stark durante la Civil War de la película homónima. En el proceso asistiremos a cómo trata de mantener el equilibrio entre su vida personal en la que están implicados familiares y allegados como su tía May (Marisa Tomei), sus amigos Ned (Jacob Batalon) y Michelle (Zendaya) o Liz (Laura Harrier) la chica de la que está enamorado así como a la profesional protagonizada por su alter ego superheróico siempre a la espera de que su nuevo jefe, el mismísimo Iron Man, le encomiende una importante misión que nunca llega. El robo de material alienígena chitauri ocho años atrás por parte del ex trabajador de la construcción Adrian Toomes (Michael Keaton) y sus socios utilizado en la actualidad como armamento con fines delictivos se convertirá en esa misión que el primerizo Peter Parker lleva tiempo esperando.




La primera y más agradecida virtud de Spider-Man: Homecoming es, como ya dejaba bastante claro la citada Civil War, que no es una historia de orígenes del superhéroe, de modo que no tenemos que asistir a la picadura de la araña radioactiva (o mutada genéticamente si te llamas Sam Raimi) el descubrimiento de los poderes de Peter o la muerte de Ben Parker. Ese terreno se da por recorrido y el largometraje se mete de lleno en el día a día del personaje como héroe ya asentado de cara a la opinión pública entre los que lo defienden y los que le critican. En ese sentido el largometraje cumple competentemente con la idea de seguir de manera más o menos fiel la tónica del resto de adaptaciones cinematográficas del Hombre Araña, pero añadiendo algunas ideas nuevas “made in Marvel Studios” para dar algo más de encanto al personaje y su lucha contra el crimen por medio de parafernalia tecnológica proporcionada por Tony Stark que sirve como excusa para vincularlo con el personaje de Robert Downey Jr y por efecto dominó con los Vengadores.




El problema reside en que más allá de esos añadidos a modo de complementos la historia de Spider-Man: Homecoming no aporta nada nuevo u original a lo que ya habíamos asistido en las dos sagas anteriores adscritas al mundo del séptimo arte. Todo lo que sucede en la cinta de Jon Watts ya lo hemos visto previamente a manos de Sam Raimi o Marc Webb, con mayor o menor fortuna, pero lo hicimos y de hecho la ligereza con la que está abordada la historia, que apunta casi unidireccionalmente al público adolescente, es más liviana incluso que la de cualquier otro de los productos de Marvel Studios. Evidentemente esto no debería ser un inconveniente si tenemos en cuenta que Spider-Man es uno de los personajes más divertidos y entrañables salidos de la Casa de las Ideas, pero el tono con el que han abordado sus artífices la propuesta parece haber sido gestado por otra factoría y no la que dio forma a productos como Capitán América: Soldado de Invierno o el díptico de los Vengadores. Hasta Ant-Man cuya narrativa se sustentaba principalmente en la comedia tiene más entidad que la última propuesta de la productora de Kevin Feige.




Jon Watts se enfrenta con oficio a las numerosas escenas de acción que pueblan el metraje con pasajes de bastante aparatosidad de los que sabe salir (casi) siempre airoso y su media docena de guionistas (él mismo entre ellos) saben sacar partido a un humor con cierto encanto, sobre todo cuando trata de ponerse incisivo y metareferencial, que en no pocas ocasiones nos remite al de las viñetas con la verborrea descontrolada del protagonista cuando se enfrenta con sus rivales, pero en esta ocasión haciendo especial hincapié en un tono más naïf del habitual que es tan innecesario como comprensible si tenemos en cuenta su edad. Muchos de los mejores golpes de humor los comparte Peter con su amigo Ned, un personaje típico y tópico de mejor colega que se muestra de cara a la platea tan entrañable como prescindible, añadido que al que esto firma no le convence sin negar por ello que guarda varios pasajes cómicos memorables como secundario.




Pero todo es rudimentario, huele a cien veces visto y los autores del proyecto parecen sentirse cómodos en su autocomplacencia. En Spider-Man: Homecoming hay escenas muy bien ejecutadas, pero no encontramos prácticamente ninguna que quede grabada en la retina del espectador como sí sucedía en las dos entregas de los Guardianes de la Galaxia, Capitán América: Civil War o Doctor Strange por mencionar sólo algunas de las producciones más recientes de Marvel Studios. Es como si el ya conocido conservadurismo formal y narrativo de las creaciones financiadas por Kevin Feige se viera potenciado más si cabe con la intervención de Sony que ya demostró en las dos entregas de The Amazing Spider-Man que andaba bastante desorientada a la hora de encarrilar con acierto las aventuras en celuloide del personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko hace más de medio siglo en las páginas de la colección Amazing Fantasy.




También sería de recibo mencionar algunas elecciones con respecto a personajes secundarios que si hubieran sido tomadas en un producción de DC Etertainment seguramente hubiesen recibido los ataques que esta Spider-Man: Homecoming no ha tenido que padecer y no me refiero a la diversidad racial con respecto a los actores, decisión por parte de Marvel que siempre defenderé tanto en cine como en cómics. Hablo de los métodos expeditivos para eliminar a personajes que las viñetas son bastante conocidos o los trucos tramposos de guión para ocultar vínculos familiares o identidades secretas que no deberían serlo con el único motivo de buscar el giro forzado que deje con la boca abierta al espectador cuando un producto de esta naturaleza no exige ni necesita dichas tretas que sólo delatan que al guión le faltaban un par de vueltas para ser todo lo sólido que debiera.




Aunque su inclusión en Capitán América: Civil War era tan forzada y prescindible como estimulante y divertida y su relación nada creíble con Tony Stark uno de los fallos de guión más notables de la, por otro lado, potente cinta de los hermanos Russo Spider-Man: Homecoming confirma lo que allí ya vislumbramos, que Tom Holland ha sido un enorme acierto de casting. El joven actor británico insufla ingenuidad, carisma, simpatía y vivacidad en su labor interpretativa a la hora de dar vida tanto a Spider-Man como a Peter Parker, encandilando a la audiencia con los momentos más cómicos y manteniéndose firme en los dramáticos o de tensión, como ese enfrentamiento verbal dentro del coche en el que el actor de Lo Imposible muestra unas tablas impropias de su edad y breve carrera como artista. En cambio el excelente trabajo de Michael Keaton no puede hacer nada a la hora de vencer el mayor cáncer que tienen las producciones de Marvel Studios, su pobre retrato de villanos con un Buitre insuficiente cuyas motivaciones sólo son abordadas superficialmente exponiéndose por ello desdibujado y pobre en pantalla como némesis del protagonista, por muy intimidante que se muestre en el plano físico.




Dentro del resto de personajes hace muy bien su trabajo, como era de esperar en él, Robert Downey Jr que contra todo pronóstico no hace más que unas cuantas apariciones episódicas que, aunque se revelan como parte de lo mejor de la velada, en ningún momento son utilizadas para quitar protagonismo al personaje principal. Marisa Tomei cumple sobradamente, pero lo siento, yo ahí veo a una hermana mayor enrollada, no a la tía May que todos conocemos y adoramos/detestamos, no ya por la notable diferencia de edad, sino por el modo en el que se ha abordado desde el guión y la interpretación. Jacob Batalon, Zendaya y Laura Harrier realizan con aplomo su labor a la hora de dar vida a los amigos de Peter, pero el espectador no deja de pensar en ningún momento que dichos roles sólo tienen sentido dentro de películas en solitario del trepamuros, ya que en el universo cinematográfico de Marvel aportarían poco o nada como por otra parte es lógico.




Sentimientos encontrados a la hora de evaluar Spider-Man: Homecoming. Por un lado veo a un magnífico Peter Parker protagonizando una aventura dinámica, luminosa y entretenida con referencias a los cómics (tanto al Universo 616 como al Ultimate), pero por otro lamento que un producto que podría haber servido para reinventar totalmente al personaje de cara a una nueva generación de espectadores se haya asentado en la comodidad y la autcomplacencia llegando incluso a quedar por debajo de sus hermanas mayores dentro de Marvel Studios, antojándose en ocasiones casi más el abultado episodio piloto de una serie para televisión que la potente superproducción pijamera que debería ser y a mí no me lo parece. Con todo la buena recepción que ha tenido el film de Jon Watts nos confirma que tendremos amistoso vecino Spider-Man para rato y eso siempre es una buena noticia, aunque a nivel personal esperaré que la próxima vez den totalmente en el centro de la diana.



viernes, 28 de julio de 2017

Dunkerque



Título Original Dunkirk (2017)
Director Christopher Nolan
Guión Christopher Nolan
Reparto Fionn Whitehead,  Mark Rylance,  Kenneth Branagh,  Tom Hardy,  Cillian Murphy, Barry Keoghan,  Harry Styles,  Jack Lowden,  Aneurin Barnard,  James D'Arcy, Tom Glynn-Carney, Bradley Hall,  Damien Bonnard,  Jochum ten Haaf,  Michel Biel




Como ya he comentado en anteriores entradas sobre sus largometrajes fue el éxito de la trilogía sobre Batman, y más concretamente el de la magistral segunda entrega, El Caballero Oscuro, el que dio inicio al siempre candente enfrentamiento entre seguidores ciegos y detractores furibundos del cineasta británico Christopher Nolan. Mientras estas dos facciones continúan su guerra con cada nuevo estreno del director los espectadores no extremistas seguimos disfrutando, en mayor o menor medida, de su cine y él lo realiza como quiere y cuando quiere ajeno a pasiones pueriles hacia su carrera. Después del espaldarazo que supuso su último proyecto, la espacial Interestelar, y lo insatisfactorio de su último coqueteo con el género superheróico como uno de los responsables de El Hombre de Acero Nolan vuelve a las pantallas de todo el mundo con su nueva propuesta, una atípica cinta bélica que ya ha sido recibida con numerosos elogios por crítica y público, no sin motivo, pero sí de manera algo desproporcionada.




Christopher Nolan toma como núcleo central de su relato la famosa Operación Dinamo, también conocida como el Milagro de Dunkerque, la evacuación en Mayo de 1940, dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial, del destacamento aliado de dicha ciudad francesa formado por cientos de miles de soldados británicos, franceses y belgas. A la hora de abordar los hechos que en dicha operación tuvieron lugar utiliza tres líneas temporales distintas situadas en diversas localizaciones y protagonizada por personajes diferentes. Esta es la peculiar estructura de Dunkirk, por otro lado nada ajena al cineasta que ya hizo uso de este recurso en films como Memento u Origen (Inception), y más allá de la misma nada de la enrevesada y ambiciosa naturaleza de sus últimos proyectos hay en su más reciente producción detrás de las cámaras, prefiriendo ejecutar un ejercicio de estilo con el que parece querer volver a las raíces de su cine, pero en un contexto de mucha mayor envergadura que el utilizado en Following, su ópera prima.




En Dunkerque parece como si Christopher Nolan hubiera hecho caso de las acusaciones de pretencioso y megalómano que le acompañan desde hace años y hubiese decidido desnudar su impronta cinematográfica reduciéndola casi a su exoesqueleto como discurso, eludiendo todo tipo de parafernalia o grandilocuencia adscrita al artificio, más o menos trascendente, en su último proyecto para ofrecer lo que puede considerarse un ejercicio de poderosa inmersión cinematográfica o una experiencia sensorial que apela a los instintos más primarios del espectador con respecto a enfrentarse a una pieza tan atípica como la que nos ocupa, no ya dentro del cine bélico más ortodoxo, sino también en esa maquinaria hollywoodiense tan propensa a la inmediatez, el ritmo espídico, la resolutividad argumental y el maniqueismo impostado. El director de Batman Begins una vez más decide tomar el camino menos esperado, pero en esta ocasión abrazando una sencillez formal impropia de su autoría.




Evidentemente la estructuración temporal en tres líneas diferenciadas que convergen con maestría hasta convertirse en una sola en la recta final del metraje tiene poco de sencilla o modesta, pero, como ya apuntábamos, más allá de esta importante característica Dunkerque se sustenta en un enorme despliegue técnico que elude la épica gratuita, los discursos a favor o en contra de la guerra y que casi podría haber, como ha afirmado algún avispado comentarista por la red, prescindido de unos diálogos que más allá de cierta información para el espectador poco aportan a un ejercicio de pureza cinematográfica como el que nos propone el autor de El Prestigio: El Truco Final. Esa modestia en la que se sumerge, nunca mejor dicho, Nolan es la que le permite realizar un potente relato de supervivencia en las entrañas de esa bestia llamada guerra en la que el enemigo no tiene rostro y aflora lo mejor y lo peor que el ser humano contiene en su interior.




Más allá de las referencias claras a la mítica Das Boot de Wolfgang Petersen o la construcción de ciertas panorámicas que nos retrotraen al Andrei Tarkovski de La Infancia de Iván o Stalker Christopher Nolan ha tratado de eludir la influencia explícita de otras superproducciones bélicas, incluida la de aquella Salvar al Soldado Ryan con la que tanto se la emparenta, cuando ambas tienen poco que ver la una con la otra más allá de la enorme labor de sus directores. Dunkerque tiene lugar en escenarios mastodónticos pero a la hora de acercarse al espectador atraviesa continuamente el espacio vital de sus personajes para construir pasajes de una claustrofobia devastadora gracias a una ejecución técnica sobresaliente en la que el posicionamiento de cámara, los muy medidos efectos especiales (casi nada de efectosdigitales, los Spitfire y Stukas del film son reales o maquetas a escala) el diseño de producción o la buena labor de los actores dan forma a una pieza de ejemplar cinematografía.




En Dunkerque nunca vemos de manera directa el campo de batalla, pero las secuencias bélicas y de acción dejan de sucederse a lo largo de todo el metraje. Aquí el enemigo no es el ejército alemán (al que nunca llegamos a ver) sino la misma guerra como entidad aniquiladora que arroja desde la nada balas, metralla y torpedos contra los vehículos en los que se ven confinados los sufridos personajes protagonistas. La muerte viene por tierra, mar y aire, no hace concesiones y Nolan la muestra en pantalla con una visceralidad cortante, aséptica, y devoradora, con mucho más mérito si tenemos en cuenta que la calificación por edades del largomatreje es la restrictiva PG 13 que impide a su autores mostrar secuencias repletas de mutilaciones y hemoglobina como las de la ya mencionada cinta de Steven Spielberg o la más reciente Hasta el Último Hombre (Hacksaw Ridge) de Mel Gibson, que no dejaba de ser otro despliegue de maestría técnica por parte del director de Braveheart, pero con una intencionalidad en las antípodas de la de Nolan en la obra que nos ocupa.



Aunque en el reparto del film podemos encontrar nombres importantes como los de Tom Hardy, Cillian Murphy (habituales de la casa Nolan) Kenneth Brannagh o Mark Rylance e incluso nuevas promesas como el resuelto Fionn Whitehead sería de necios negar que los papeles a los que estos dan vida los podría haber interpretado cualquier otro actor, ya que dichos roles tienen más peso en la trama como "potenciales víctimas" que como criaturas tridimensionales con las que la platea pueda empatizar. Por suerte los protagonistas de Dunkerque nos resultan lo suficientemente cercanos para que los pasajes en los que vemos peligrar su integridad física (se cuentan en decenas a lo largo del metraje) consigan transmitir la sensación de agobio, impotencia y tensión que la brutal puesta en escena de su director imprime desde sus descomunales cámaras IMAX, ayudadas por una enorme fotografía, una dirección artística a la altura y uno de los mejor usos de los efectos de sonido que un servidor ha escuchado en su vida.




No, ni Christopher Nolan es el nuevo Stanley Kubrick, ni Dunkerque es una obra maestra incontestable, pero sí es una experiencia cinematográfica que hay que vivir al menos una vez en la vida y a ser posible en pantalla grande. Aunque peca de gélida y entomológica a la hora de abordar su factor humano y cuando decide apelar a las emociones se pasa de frenada en su epílogo la última producción del director de Memento es lo suficientemente arriesgada y posee los necesarios hallazgos visuales y narrativos para ser considerada una de las mejores películas del 2017. Posiblemente se haya sobrevalorado su calidad como producción cinematográfica, un servidor está prácticamente seguro de ello, pero ojalá todos lo meses tuviéramos una Dunkirk para poder hablar de su sobredimensionalidad, mientras disfrutamos de las secuencias de cine poderoso y avasallador que atesora en su interior como la última obra de una de las voces más interesantes del celuloide internacional actual.



jueves, 20 de julio de 2017

La Guerra del Planeta de los Simios



Título Original War for the Planet of the Apes (2017)
Director Matt Reeves
Guión Mark Bomback y Matt Reeves, basado en personajes de Rick Jaffa y Amanda Silver
Reparto Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Judy Greer, Gabriel Chavarria, Max Lloyd-Jones, Terry Notary, Sara Canning, Ty Olsson, Devyn Dalton, Toby Kebbell




En el año 2011 y sin demasiada repercusión se estrenó El Origen del Planeta de los Simios (Rise of the Planet of the Apes) un nuevo reboot de la saga cinematográfica iniciada por el clásico de Franklin J. Schaffner en 1968 basándose en la novela homónima de Pierre Boulle. Suponemos que la 20th Century Fox escarmentó tras el fracaso del primer intento de reinicio de la franquicia a manos de Tim Burton en 2001 y por este motivo no depositó toda su confianza en el proyecto impulsado por los guionistas y productores Rick Jaffa y Amanda Silver. Pero contra todo pronóstico el film dirigido hace seis años por Rupert Wyatt (The Escapist, El Jugador) supuso un enorme éxito de crítica y público haciendo que sus productores comenzaran a vislumbrar el inicio de una potencial saga con la que dar un génesis digno a todo lo acontecido en el mítico largometraje protagonizado por Charlton Heston. En 2014 llegaba la secuela, El Amanecer del Planeta de los Simios, esta vez con el magnífico realizador Matt Reeves (Cloverfield, Déjame Entrar) detrás de las cámaras y mejor resultados incluso que su predecesora gracias a la potenciación de las virtudes de aquella como sus soberbios efectos digitales siempre al servicio de la historia, su perfil de personajes tanto de un bando como de otro, su adecuado subtexto social y el arrollador carisma de Andy Serkis dando vida física y digital a César, el líder simio.




Con la nueva franquicia ya totalmente afianzada gracias a su soberbia segunda entrega 20th Century Fox encomendó al grupo formado por Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Bomback (co guionista a partir de la primera secuela) y Matt Reeves de cerrar la nueva trilogía con un tercer episodio este año 2017. La Guerra del Planeta de los Simios llegó a España el pasado 14 de Julio precedida da una magnífica acogida por la prensa especializada tras su puesta de largo internacional. Una vez visto el largometraje podemos afirmar que nos encontramos con la película más brillante del reinicio, el mejor blockbuster de lo que llevamos de verano y la posiblemente más destacada pieza cinematográfica del 2017, consiguiendo una vez más rizar el rizo hiperbolizando todas las señas de identidad de la saga y saliendo totalmente triunfante en su intento regalando una pequeña joya que auna sabiamente comercialidad y calidad.




Después de lo acontecido en El Amanecer del Planeta de los Simios César (Andy Serkis) y los de su especie siguen en guerra con los humanos mientras tratan de refugiarse en los bosques de Muir para no ser erradicados. Pero un destacamento de soldados americanos comandado por un sádico Coronel (Woody Harrelson) asaltará el campamento de los simios y con ello obligará a estos a embarcarse en una descomunal batalla en la que César tendrá que elegir entre salvar a su pueblo o llevar a cabo su propia cruzada personal contra el alto mando militar. Con este argumento Matt Reeves y sus colaboradores moldean una pieza que al igual que sus predecesoras hunde sus ráices en la ciencia ficción literaria de la que nació la novela en la que se inspira y en clásicos del celuloide de distintos géneros a los que el film quiere tomar como referencia y rendir tributo.




Desde el arranque con el asalto por parte de los soldados humanos a la base secreta de los simios, uno de los mejores pasajes técnicos de lo que llevamos de año y la confirmación de Matt Reeves como un artesano de raza, La Guerra del Planeta de los Simios asienta sus bases estilísticas y argumentales revelándose como una entrega mucho más crepuscular y cruenta que sus predecesoras, con algunas situaciones tan crudas que casi coquetean con una calficación R más dirigida a adultos que la PG 13 que poseen tanto este film como el resto de la saga. En todo momento se respira un fin de ciclo dentro de la franquicia con una crepuscularidad que sobrevuela todo el metraje emulando el tono derrotista y misántropo de una distopía que no hace prisioneros con respecto a ofrecer reflejos claros de los instintos más bajos del ser humano con respecto a la crueldad, los juegos de poder y el uso de la supervivencia como un estado vírico que todo lo devora.




Mientras las referencias cinematográficas al Francis Ford Coppola de Apocalipsis Now, el Stanley Kubrick de La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket) o Espartaco y el James Cameron de Aliens se dejan notar tanto en el plano estetico como en las resoluciones argumentales, los guionistas Mark Bomback y Matt Reeves (basándose en personajes de Rick Jaffa y Amanda Silver) se ocupan de dar cierta pátina teológica al relato que no queda mal al conjunto con César a modo de Moises guiando a su pueblo a la “Tierra Prometida” o el Coronel en la piel de un Abraham capaz de dar la vida de su único hijo por una “causa mayor”. En el proceso el proyecto da continuidad al discurso de los dos primeros episodios con una lectura social y política más potente que las de aquellos reflexionando sobre temas como el imperialismo, el antimiltarismo la deshumanización ,el colaboracionismo o la sinrazón de la guerra.




El discurso sobre el ser humano como especie depredadora que todo lo destruye sometiendo a un reino animal evolucionado al que el dio vida por medio de la experimentación genética y al que ahora, fuera de su control, quiere someter alcanza altas cotas de nihilismo en La Guerra del Planeta de los Simios impropias de este tipo de megaproducciones adscritas a la idiosincrasia hollywoodiense. De hecho una de las reflexiones más interesantes de la obra nace cuando César cede a sus “instintos humanos” buscando venganza contra el Coronel, mostrándose como un reflejo de Koba, su antiguo compañero de armas fallecido en El Amanecer de la Guerra de los Simios pero no sin antes dar inicio a la guerra con los hombres. El último film de Matt Reeves no tiene misericordia con nuestra especie a la que se retrata por medio del egoismo, la intolerancia y una supremacia propia de pensamientos totalitarios, pero por el camino deja un pequeño haz de luz redentora en el personaje de la encantadora Nova.




También los personajes vuelven a estar definidos y perfilados con mano maestra en todo momento, comenzando por ese César de reminiscencias revolucionarias que esta vez debe luchar contra el mayor de sus enemigos, el ser salvaje que habita en su interior y que tras años de sufrimiento casi llega a tomar el control de su personalidad antaño propensa al diálogo y a la convivencia con unos humanos que casi desde su mismo nacimiento sólo le infligieron dolor. La sombra de Koba persigue a César y hace tambalear su sistema de valores llegando a convertirse en ocasiones en el animal salvaje que en la saga está representado por el mismo ser humano. Andy Serkis realiza la mejor encarnación del famoso líder simio superando con creces los ya de por sí enormes trabajos que había realizado en las dos anteriores cintas con una fuerza física y expresiva que atraviesa el frío pixel y deja ver su descomunal potencia interpretativa.




Maurice, la revelación de este nuevo reinicio, copa en esta tercera entrega más protagonismo no sólo como consejero de César, sino también como figura paterna cuando decide tomar bajo su tutela a Nova, protagonizando algunos de los mejores momentos del film. Otro acierto mayúsculo en el largometraje es la arriesgada inclusión del personaje de Simio Malo (al que da vida el actor Steve Zahn), una vía de escape humorística que podía haber entroncado brutalmente con el tono oscuro de la propuesta de Matt Reeves pero que no desentona en ningún momento ofreciendo no pocos gags que sirven como tomas de oxígeno para reducir en cierta manera el matiz descarnado de la obra. Con respecto a los humanos y de la misma manera que ya se hizo con el Gary Oldman de El Amanecer del Planeta de los Simios los guionistas procuran dar cierto poso de profundidad al Coronel de un perfecto Woody Harrelson para que al menos conozcamos el origen de sus reprobables motivaciones con bastante buen resultado.




Ya desde sus trabajos en Cloverfield o el remake de Déjame Entrar Matt Reeves dio muestras de ser todo un profesional a la hora de controlar producciones de alto coste con mucho oficio y sin que le tiemble el pulso. Algo que se confirmó en El Amanecer del Planeta de los Simios y que en el largometraje que nos ocupa es ya una verdad irrefutable, con el cineasta controlando con puño de hierro una producción de proporciones mastodónticamente épicas repleta de efectos digitales (los simios son más realistas que nunca en esta entrega, la captura de movimiento alcanza cotas de perfección apabullantes) coreografías bélicas enormes y una dirección de actores con la que consigue arrancar verdad a través de unos CGI que transmiten una desarmante calidez. En el proceso los fans de la saga clásica ven saciado su apetito goloso con incontables referencias esparcidas por el metraje y un Michael Giacchino esplendoroso que en cada nueva entrega de la saga utiliza un tipo de composición e instrumentación más clásica y deudora de los films originales de los años 60 y 70 que convirtieron El Planeta de los Simios en una leyenda.




Más allá de ser un blockbuster casi perfecto, una armoniosa mezcla entre calidad y comercialidad y un proyecto con unas aspiraciones artísticas impropias de las producciones realizadas dentro de las grandes majors estoadounindenses La Guerra del Planeta de los Simios confirma algo que es de un valor incalculable en los tiempos que corren y no es otra cosa que hacernos ver que no todo está perdido en Hollywood, que entre escasez de ideas, falta de originalidad, remakes, secuelas y reinicios de vez en cuando un producto como el de Rick Jaffa. Amanda Silver, Mark Bomback y Matt Reeves se erige para darnos esperanza con respecto al hoy maltrecho celuloide adherido a las superproducciones revientataquillas. Con el deseo de que esta haya sido la última entrega de una trilogía brillante y la esperanza de que Matt Reeves devuelva el esplendor al Guardián de Gotham con la próxima The Batman por ahora nos quedamos con algunos pasajes de cine poderoso y vibrante relatándonos el ciclo vital de César, uno de los personajes más carismáticos, inolvidables y paradójicamente humanos del séptimo arte del siglo XXI.


viernes, 7 de julio de 2017

Aullidos II, bailando con lobos



Título Original Howling II: ...Your Sister Is a Werewolf (1985)
Director Philippe Mora
Guión Robert Sarno y Gary Brandner, basado en la novela de este último
Reparto Christopher Lee, Annie McEnroe, Reb Brown, Marsha A. Hunt, Sybil Danning, Judd Omen, Ferdy Mayne, Patrick Field, Ed Kleynen, Hana Ludvikova





Para el que esto firma Aullidos (Howling) es una de las mejores películas de la historia a la hora de abordar la mitología detrás de un tema como la licantropía. Joe Dante a la dirección y John Sayles al guión, adaptando la novela de Gary Brandner, supieron realizar una interesante amalgama entre suspense, cine negro y terror con esta producción de 1981 cuyo trasfondo iba más allá del célebre subgénero de los hombres lobo abordando reflexiones de corte social con respecto a la sexualidad, el sentido de comunidad o la identidad. Aunque se trataba de una producción pequeña por parte de la Metro Goldwyn Mayer su éxito fue más que notable y ayudó a impulsar la carrera de Dante y Sayles, alumnos aventajados de la factoría Roger Corman, y a cimentar la fama de Dee Wallace Stone, su protagonista, como una de las scream queens más importantes de los 80.




Como era de esperar la secuela llegó en 1985, con unos equipos técnico y artístico completamente renovados y una visión diametralmente opuesta a la ofrecida por los autores de Piraña. Con el cineasta australiano Philippe Mora detrás de las cámaras, el mismo Gary Brander, acompañado de Robert Sarno, al guión adaptando la secuela de su novela y el veterano Christopher Lee como cabeza visible del reparto Aullidos II (subtitulada en España Stirba: La Mujer Lobo) llegó a las carteleras de todo el mundo para confirmar de manera fehaciente ese dicho, unas veces acertado y otras no, que reza aquello de que "segundas partes nunca fueron buenos", afirmación que se recrudece más todavía si nos referimos al género de terror, siempre predispuesto a la hora de dar forma a sagas interminables de entregas que de manera imparable y gradual cada vez son más mediocres y olvidables.




Howling II: ...Your Sister Is a Werewolf más que una continuación de la obra de culto de Joe Dante parece una de esas secuelas apócrifas ideadas en la Serie B italiana que aprovechaban el éxito inmediato de films americanos como Terminator o Alien para ofrecer sus propias versiones antes de que la maquinaría hollywoodiense se pusiera en marcha para hacer lo propio. El engendro es tal que no sólo podemos tildarlo sin reservas como una película terrible en no pocos aspectos, sino que también pone especial dedicación en empañar el buen nombre de su predecesora no sólo eludiendo de manera voluntaria todos los hallazgos de aquella, sino llegando a mancillarla con brutal saña cuando se atreve a realizar su propia versión del clímax final (con actores diferentes a los de aquel) para desde ese momento dar inicio a una historia que podría fácilmente haber dado pie a una comedia de Andrés Pajares y Fernando Esteso.




La paupérrima excusa del entierro de Karen White, la protagonista de la primera película, sirve para que el hermano y la cuñada de esta conozcan a Stefan Crosscoe (Christopher Lee) un misterioso hombre que parece tener información acerca del origen lupino de la fallecida presentadora, Los tres personajes se embarcarán en un improbable viaje a Transilvania para enfrentarse con Stirba (Sybil Danning) la Reina de los Hombres Lobo dotada del don de la inmortalidad. Este rocambolesco entramando sirve a Philippe Mora para marcarse un despropósito lleno de desnudos gratuitos, vísceras, cutre música pseudo punk a manos de la banda Babel y gente aullando durante todo el metraje, independientemente de si su naturaleza es lupina o no. Con estos ingredientes es lógico que el resultado sea una absurdez de proporciones catedralicias, pero vamos a adentrarnos en algunos de los pasajes más bochornosos del producto, que no son pocos ni intrascendentes de cara a un espectador que no da créditos a los mismos.




Desde sus primeros pasos Aullidos II ya de buena muestra de sus numerosas carencias con un penoso montaje con el sus autores se empeñan en meter breves insertos efectistas de secuencias del inicio del film, una realización técnica que no hace más que delatar el presupuesto más bien pobre con el que contaba el proyecto, efectos de maquillaje en general penosos que poco tienen que ver con los que usó Rob Bottin en el primer film (aunque lo de los bultos que le salían a los hombres lobo en aquella nunca los vi muy convincentes) o el abuso de la actuación del grupo Babel que ocupa demasiado metraje teniendo su culmen con el pasaje en el que supuestamente actúan en el castillo de Stirba delante de los licántropos, pero la penosa edición y el terrible plano contraplano delata que son secuencias sacadas de la primer concierto que daban en el film y que estaba localizado en un garito punk de Los Ángeles.




Con respecto al reparto el ridículo es mayúsculo y no desentona para nada con el resto de la propuesta cinematográfica. Lo lógico sería pensar que la magnética e imponente presencia de Christopher Lee daría un matiz señorial a Aullidos II, pero nada más lejos de la realidad. El Drácula de la Hammer Films es devorado por las incongruencias de la obra y sus capacidades interpretativas se ven menguadas cuando tiene que compartir metraje con Annie McEnroe y Reb Brown, una de las parejas más insípidas y anticarismáticas jamás vistas en una pantalla, contaminando víricamente como dupla la labor del actor británico. Del casting sólo podríamos destacar a una sensual Sybilla Danning como Stirba, realizando un papel para el olvido, pero entregando su carnalidad a la propuesta y dejándose llevar por la sarta de estupideces que la misma le ofrece, como en el penoso "ménage à trois peludo" en el que se ve implicada y que la hace parecer más una perra en celo que una mujer lobo.




El problema más grave de Aullidos II no es que sea una película mala de solemnidad, portadora de todos los tics y vicios del peor cine de terror de los 80, sino que su éxito fue suficiente para que una nueva secuela, con Philippe Mora de nuevo a la dirección, (suponemos que como "premio a su excelente labor") llegara sólo dos años después para confirmar lo pronto que esta franquicia comenzaba a tocar fondo, algo terrible si tenemos en cuenta que la misma llegó a tener ocho entregas. Por suerte siempre nos quedará la cinta original de 1981, porque con respecto a esta secuela podemos afirmar que nada de interés suscita para el espectador más allá de la carnaza, de todo tipo, que expone en pantalla, Sirvan los créditos finales del film como declaración de principios con la repetición hasta el cansancio de la escena en la que Sybilla Danning rasga su ropa mostrando sus pechos para tener claras las barriobajeras intenciones de los ideólogos de tan eludible propuesta cinematográfica.