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miércoles, 13 de enero de 2021

Wonder Woman 1984


Título Original Wonder Woman 1984 (2020)
Director Patty Jenkins
Guión Geoff Johns, Jason Fuchs, Patty Jenkins, basado en los cómics de William Moulton Marston y H. G. Peter
Reparto Gal Gadot, Chris Pine, Kristen Wiig, Pedro Pascal, Robin Wright, Connie Nielsen, Gabriella Wilde, Natasha Rothwell, Ravi Patel, Penelope Kapudija, Kelvin Yu, Bern Collaco, Shane Attwooll, Lyon Beckwith, Kosha Engler, Constantine Gregory, Jamaal Burcher, Brittney Aleah, Peter Brooke, Vickie Warehime, Aykut Hilmi, John Gettier, Samantha Russell, Rodrig Andrisan, Jeff Moore, Bill Tomek, Kiesha Preston, Russell Barnett, Marisol Correa, Maggie Lovitt, Roger Tyler, Kristoffer Polaha, Rosanna Walls, Oakley Bull, Lynda Carter




En el año 2017 DC Entertainment y Warner Bros estrenaron la que podríamos considerar una de las películas más sólidas del DC Extended Universe, Wonder Woman. Con guión de Allan Heinberg, a partir de una historia escrita por él mismo junto a Zack Snyder y Jason Fuchs, dirección de Patty Jenkins y un reparto encabezado por una superlativa Gal Gadot que había nacido para interpretar al personaje creado en 1941 por William Moulton Marston y H. G. Peter. A pesar de alguna carencia relacionada con su aparatosa recta final, Wonder Woman resultó una impecable película de superhéroes localizada en un contexto bélico, la Primera Guerra Mundial, que sabía aunar un tono clásico con la visión contemporánea que tiene Hollywood de lo que debe ser un blockbuster. Su éxito fue tal que los mismos productores dieron al personaje más minutos en la posterior La Liga de Justicia, cuya producción comenzó mientras Wonder Woman arrasaba en taquillas de medio mundo con la crítica también muy a su favor.




Como era de esperar la confirmación de la secuela fue inmediata y en la misma volvería a contarse con Gal Gadot y Patty Jenkins que habían formado un dupla impecable como directora y actriz principal. Allan Heinberg no regresaría a ejercer como escritor, pero su lugar lo ocuparían la misma Patty Jenkins, Dave Callahan y Geoff Johns, uno de los guionistas más prolíficos de DC Comics y profundo conocedor de los personajes de la editorial, habiendo demostrado su valía escribiendo historias para los mejores de la misma, incluida Wonder Woman. En el reparto repetían Chris Pine, unas breves Connie Nielsen o Robin Wright y se sumaban como nuevos fichajes Kristen Wiig o Pedro Pascal entre otros. Después de retrasos por culpa de la pandemia Warner Bros toma la valiente decisión de estrenar la película en cines y a la vez en su plataforma HBO Max, llegando a España el pasado 18 de diciembre de 2020.




La trama está localizada en el año 1984 del título y sigue los pasos de Diana Prince (Gal Gadot) como antropológa en el Instituto Smithsonian de Washington, D.C. donde comienza a estrechar lazos con Barbara (Kristen Wiig) una apocada empleada que sufre abuso verbal por parte de sus superiores y compañeros de trabajo. Todo dará un giro inesperado cuando entre en acción el carismático y mediático empresario Maxwell Lord (Pedro Pascal) interesado por una pieza recién adquirida por los trabajadores del museo conocida como la Piedra de los Sueños, capaz de conceder cualquier deseo a quien matenga contacto con ella. La aparición del misterioso mineral permitirá a Diana cumplir el deseo de que Steve Trevor (Chris Pine) resucite y pueda volver a su lado, pero poco después nuestra protagonista, y el resto de personajes, descubrirán que todo aquello que piden a la piedra tiene también sus peligrosas consecuencias.




Aunque tenía todos los ingredientes, no sólo para ser una digna secuela de su predecesora, sino una de las cintas más potentes del DC Extended Universe es su misma conceptualidad la que mata a la película ya desde su planteamiento inicial. Utilizar la Piedra de los Sueños como un burdo MacGuffin que todo lo puede y permite, desde resucitar a los muertos hasta dar poderes a personas pasando por derrocar países enteros, y que a nivel argumental es utilizado como excusa para que los guionistas puedan llevar a cabo cualquier disparate sin sentido, destruye toda construcción narrativa lógica sobre la que se pueda sustentar la obra. Si a eso sumamos que una vez Maxwell Lord puede hacer uso expreso del don proporcionado por la piedra las reglas establecidas por el guión con respecto a la misma son de una maleabilidad y aleatoriedad sonrojante tomando como culmen, entre otros desatinos, la “posesión” del huésped de Steve Trevor, persona por la que nadie parece preocuparse aunque le hayan robado la vida, la hecatombe artística se antoja total.




Desde ese momento un servidor queda completamente fuera de un tipo de historia que posiblemente en los cómics funcione de alguna manera, a lo mejor en la ingenuidad propia de la silver age, pero que en una película de superhéroes en pleno siglo XXI no tiene pies ni cabeza. Resulta obsceno a que a otras producciones se les saque punta a cualquier mínima incongruencia narrativa o estructural y tanta gente haya pasado por alto con Wonder Woman 1984 que su guión es de una naturaleza caprichosa e infantiloide imposible de digerir ni un en un mundo tan flexible y dado a la fantasía como el del cine protagonizado por personajes de las viñetas. No se pueden establecer unos códigos que a los pocos minutos de metraje son volados por los aires en pos del impacto gratuito, el fanservice condescendiente y la incongruencia narrativa en sesión continua. Todo envuelto en una pátina de falso buenrollismo naif que haría dar arcadas al mismísimo Paulo Coelho.




El desastre es de tales dimensiones que ni una esforzada y espectacular Gal Gadot puede hacer algo por levantar el proyecto, ya que la acción en la película llega con cuentagotas, su relación romántica con el Steve Trevor de un pobre Chris Pine no se sostiene por ningún lado cayendo en todos los tópicos posibles y las decisiones rocambolescas del libreto eclipsan su labor protagonista. Kristen Wiig también hace lo que puede con un personaje cuyo arco ha sido robado impunemente del de Selina Kyle en Batman Vuelve (Tim Burton, 1992) y destilando un mensaje final de supuesto empoderamiento femenino bordeante en la vergüenza ajena. Sólo Pedro Pascal, que se rumorea se inspiró en Nicolas Cage o Donald Trump para su trabajo, dando vida a un histriónico Maxwell Lord se salva de la quema porque parece ser el único en no tomarse en serio un proyecto en el que disfruta dando vida a un villano que no desentonaría en cualquiera de las entregas de Austin Powers.




No es plato de gusto poner de vuelta y media una película de la que esperaba bastante teniendo en cuenta el resultado de su predecesora y lo bien que ha estado siempre Gal Gadot como la Princesa Guerrera de las Amazonas incluso en Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia y La Liga de la Justicia. Pero Wonder Woman 1984 es un sinsentido mayúsculo repleto de decisiones incongruentes que, en ocasiones, introducen el proyecto en los pantanosos terrenos de la comedia involuntaria y el aburrimiento somnoliento. Sigo sin dar crédito a que estando casi los mismos responsables de la primera Wonder Woman y el mismo Geoff Johns en el guión esta secuela se haya convertido en una nueva confirmación de que en DC Entertainment y Warner Bros andan completamente perdidos y sin saber que hacer con su microcosmos cinematográfico. Esperemos que las secuelas de Aquaman y ¡Shazam!, Escuadrón Suicida, Black Adam, The Batman o la idea de crear un Multiverso audiovisual encarrilen el DCEU, porque su futuro no puede resultar más incierto en este momento.



martes, 27 de junio de 2017

Wonder Woman



Título Original Wonder Woman (2017)
Directora Patty Jenkins
Guión Allan Heinberg, Zack Snyder, Jason Fuchs, basado en el personaje de DC Comics creado por William Moulton Marston
Reparto Gal Gadot, Chris Pine, Robin Wright, Connie Nielsen, David Thewlis, Elena Anaya, Lucy Davis, Danny Huston, Ewen Bremner, Samantha Jo, Saïd Taghmaoui, Lisa Loven Kongsli, Florence Kasumba, Mayling Ng, Emily Carey, Doutzen Kroes




Pocos seguidores del celuloide basado en superhéroes del mundo del cómic pueden negar que mientras Marvel Studios lleva casi una década construyendo con tanta profesionalidad como espíritu conservador un “universo cinematográfico” cohesionado que funciona a pleno rendimiento sacrificando, eso sí, por el camino casi cualquier atisbo de inventiva u originalidad DC Entertainment y Warner Bros no están consiguiendo el mismo efecto con su microcosmos audiovisual inspirado en los cómics de la “Distinguida Competencia”. Desde que Christopher Nolan terminara su “wagneriana” trilogía sobre Batman la productora estadounidense y la división cinematográfica de DC han ejecutado tres proyectos que aunque no funcionaron mal en taquilla fueron recibidos por crítica y público con una enconada división de opiniones en el mejor de los casos y bastante recelo en el peor de ellos. El Hombre de Acero, Batman vs. Superman: El Amanecer de la Justicia y Escuadrón Suicida fueron ideadas con Warner Bros poniendo toda la carne en el asador (campañas publicitarias desmedidas, repartos con estrellas de primera línea, diseños de producción brutales) para llegar al mayor público posible mientras trataban de crear a marchas forzadas su “DC Extended Universe” que carecía de la solidez del respaldado por Kevin Feige dentro de la Casa de las Ideas. Mientras las entregas de Marvel Studios se llevaban los parabienes de crítica y público a las de DC Entertainment les tocaba driblar con comentarios poco halagadores, unas veces justificados y otras no tanto, confirmando que todavía quedaba duro trabajo por hacer para que las aventuras de Batman, Superman y el resto de personajes en las viñetas recibieran las contrapartidas en imagen real que merecían.



En Batman vs. Superman: El Amanecer de la Justicia, la que supuso la tercera incursión cinematográfica del cineasta norteamericano Zack Snyder en el universo cinematográfico basado en DC Comics, además de la inesperadamente efectiva interpretación de Ben Affleck como Batman/Bruce Wayne y algunas secuencias potentemente ejecutadas (ese sueño protagonizado por el Caballero Oscuro) destacó notablemente el trabajo que la actriz israelí Gal Gadot realizó dando vida a Wonder Woman, el personaje femeníno más icónico y relevante de DC Cómics. No eran muchos sus minutos en el metraje pero la intérprete de la saga Fast & Furious supo acallar con su entrega las voces de aquellos que afirmaron que su elección para dar vida a Diana Prince era un flagrante error de casting. Su elegancia, presencia física y entrega en las secuencias de acción acontecidas en el hiperbólico clímax final del film protagonizado por el Hombre del Mañana y el Guardián de Gotham dejaban claro que la Wonder Woman del DC Extended Universe era todo un hallazgo y que en su interior atesoraba el suficiente potencial para convertirse en la traslación a imagen real de la mítica heróina que lleva más de 75 años marcando a fuego su impronta en el mundo del arte secuencial a manos de autores tan relevantes como George Pérez, Phil Jimenez, Brian Azzarello o Greg Rucka.




Lo cierto es que Warner Bros y DC Entertainment se la jugaban al todo o nada con Wonder Woman y noticias como el abandono de Michelle McLaren, la primera directora designada para realizar el largometraje, por las siempre socorridas “diferencias creativas” no invitaban a ser muy optimistas con respecto al adecuado desarrollo del proyecto. Pero como afirmamos los productores una vez más no escatimaron gastos a la hora de reunir un reparto con secundarios de primer nombre como Chris Pine (Star Trek: Más Allá), Connie Nielsen (Gladiator), Robin Wright (House of Cards), Danny Huston (X-Men Orígenes: Lobezno), Elena Anaya (Van Helsing) o David Thewlis (El Teorema Zero) un trío de guionistas formado por Allan Heinberg, Jason Fuchs y el habitual de la casa Zack Snyder y una nueva directora como Patty Jenkins, que dio sus primeros pasos en círculos del cine independiente con aquella Monster que regaló el Oscar a una camaleónica Charlize Theron y se curtió en el mundo de la televisión dirigiendo episodios para series como Entourage, The Killing o Betrayal. El resultado a estas alturas es por todos conocido, Wonder Woman fue magníficamente recibida el 2 de Junio de su estreno internacional por público y prensa especializada convirtiéndose bien pronto en un éxito de taquilla y en palabras de no pocos espectadores en la mejor cinta del microcosmos cinematográfico de DC. Nosotros ya hemos podido ver la película y a continuación vamos a ofrecer qué nos ha parecido la primera incursión en solitario de Diana Prince en el mundo del séptimo arte.




Con Wonder Woman DC Entertainment y Warner Bros han logrado todo aquello que se plantearon por primera vez en El Hombre de Acero y que desde entonces no habían conseguido adecuadamente en ninguno de sus proyectos, ofrecer una producción lo suficientemente redonda para servir como estandarte del DC Extended Universe cinematográfico que querían diseñar para que los personajes más icónicos de la editorial norteamericana pudieran interactuar entre ellos en pantalla grande. Un tono solemne y más oscuro que el de las viñetas, cierto poso dramático que incidía en temas más profundos a la hora de escribir sus historias y una acción desmedida son algunas de las señas de identidad de microcosmos ficticio de DC dentro del séptimo arte y tras dos oportunidades no del todo logradas en Escuadrón Suicida decidieron dejar de lado varias de ellas con la intención de tomar un cariz más ligero que se aproximara a algunas de las producciones de Marvel Studios con unos resultados que a pocos agradaron. Wonder Woman consigue todo eso y más, ser una película de superhéroes bien ejecutada en todos su apartados, reflexionar sobre temas como la guerra, la posible naturaleza maligna del ser humano, la venganza o el amor y dosificar con medida sabiduría las escenas más dinámicas de la trama para que estas desarrollen la misma sin transformarse en hipertróficas coreografías de caos y destrucción totalmente descontroladas como algunas de las que encontrábamos en los dos films dirigidos por el cineasta Zack Snyder y que normalmente jugaban en contra de las historias protagonizadas por Batman o Superman.




Es como si Patty Jenkins hubiera llegado para poner orden y racionalidad a la puesta en escena que Zack Snyder insufló a los largometrajes de DC. La directora de Monster en ningún momento elude la estética y la realización que el director de Watchmen o 300 utilizó en sus dos incursiones fílmicas, pero sí sabe dosificarla, medir los tiempos y ser intimista cuando los personajes lo exigen o espectacular cuando la acción lo demanda. Aquí tenemos los ralentís, los planos detalle, las batallas épicas que el autor de la próxima cinta de la Liga de la Justicia Americana utilizó en El Hombre de Acero y Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia, pero donde Snyder apelaba al desenfreno en pos de la espectacularidad Jenkins calibra y mide con oficio y no pierde en ningún momento el control de los mandos. Desde el arranque en la Isla de Themiscyra con el entrenamiento de las amazonas y la infancia de Diana el espectador percibe que la puesta en escena de las producciones DC han mejorado en no pocos aspectos, como si cayendo en la referencia fácil hubiera sido necesaria una “personalidad femenina” para bajar el acelerador de testosterona desenfrenada que Zack Snyder no paraba de pisar durante su labor como cineasta y que David Ayer sólo redujo minimamemnte en su cinta protagonizada por Deadshot, Harley Quinn o el Joker. Pero que nadie se lleve a engaño, la medida distribución de las escenas de acción en Wonder Woman es uno de sus mayores hallazgos ya que una vez estas copan el protagonismo de la trama central la cinta ofrece lo mejor de sí misma. Sirva como ejemplo esa primera incursión en el frente por parte de la protagonista que se expone en pantalla como una de las mejores secuencias técnicas de lo que llevamos de 2017 dentro del cine adscrito a las superproducciones hollywodienses.




Por otro lado también acierta el guión de Allan Heinberg, Zack Snyder y Jason Fuchs a la hora de lanzar su discurso antibelicista personalizado en la misma Diana Prince. Desde el mismo arranque del film el mensaje que vertebrará la obra es que la guerra no engrandece a nadie y que no hay que anhelarla en manera alguna, lo escuchamos en boca de Hipólita (Connie Nielsen) la madre de Diana, Reina de las Amazonas, y dicha sentencia tomará más entidad que nunca cuando la protagonista se implique directamente en la Primera Guerra Mundial por mediación del personaje Steve Trevor (Chris Pine) y su misión para detener a la dupla formada por el General Erich Ludendorff (Danny Huston) y la Doctora Poison (Elena Anaya). Este contexto sirve, por un lado, para incluir una distendida subtrama con apuntes de comedia gracias al choque cultural que sufre Diana cuando comienza a codearse con los seres humanos y sus conductas sociales, pero sobre todo para abordar cuán extraño se antoja para una semidiosa hija de Zeus que los hombres que inician las guerras no vayan frente a luchar con sus subordinados dando incluso la vida por ellos. La miseria, los daños colaterales, el dolor y los estragos de los conflictos bélicos son inteligentemente usados en el guión para plantear los dilemas éticos y morales de Diana a la hora de implicarse personalmente en nuestro planeta debatiéndose si el hombre es un ser maligno por naturaleza o si Ares, Dios de la Guerra y enemigo jurado de las amazonas, es el verdadero instigador de tan terribles actos.




Wonder Woman confirma lo que Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia nos dejó vislumbrar, que Gal Gadot ha sido un acierto mayúsculo a la hora de ser elegida para dar vida a Diana Prince. La actriz israelí ya dio notables muestras de lo bien que se mimetizaba con el personaje creado por William Moulton Marston en 1941 robando a Henry Cavill y Ben Affleck casi todas las escenas que compartía con ellos en el largometraje de Zack Snyder. La película de Patty Jenkins sirve para que la intérprete haga suya la criatura de las viñetas con una acertada mezcla de determinación cuando debe entrar en combate e inocencia al descubrir a los humanos y sentimientos tan ajenos a su personalidad como el amor o la amistad. Entregada en las escenas de lucha, encantadora en las sentimentales y tierna en las que se entregan a la comicidad la intérprete de Criminal o Triple 9 pasa con nota la dura labor de sustentar sobre sus hombros una película que no sólo sirve para encarrilar el tren desbocado que era el universo cinematográfico de DC, sino también para dar una lección a aquellos que opinan que el de los superhéroes no es un mundo tanto para hombres como para mujeres. Le da bien la réplica un Chris Pine más esforzado que nunca y unas excelentes Connie Nielsen y Robin Wright como las hermanas Hipólita y Antíope, pero el resto del reparto se adscribe a uno de los defectos más destacados del cine actual inspirado en personajes de cómics como son los estereotipos (los Sameer, Charlie y Etta de Saïd Taghmaoui, Ewen Bremner y Lucy Davis respectivamente, que no dejan de ser vías de escape humorísticas) y los villanos poco perfilados (Ludendorff, Poison, apenas esbozados en el libreto) que encuentran su mejor valedor en ese Ares que aunque interactúa bien con Diana no está muy logrado más allá de su imponente presencia física.




Varios motivos pueden ser los que han hecho de Wonder Woman no sólo la mejor película superheróica del año, sino también la, con diferencia, más lograda del DC Extended Universe. La total implicación del guionista Geoff Johns como consultor creativo en las producciones de Warner Bros protagonizadas por los héroes de la editorial estadounidense, un guión mejor estructurado sin necesidad de revolucionar el género (de hecho la construcción narrativa del film es muy parecida a la de Capitán América: El Primer Vengador) o la elección de una directora que apela a lemas como “menos es más” o “la potecia sin control no sirve de nada”. A ciencia cierta nada podemos afirmar, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que Diana Prince ha llegado para salvar a DC y su microcosmos en celuloide con una cinta de cine comercial ejemplar a la que pocos fallos se le pueden sacar más allá de algunos efectos digitales en ocasiones no del todo logrados o la necesidad de haber perfilado con más dedicación a ciertos personajes secundarios. Esperemos que DC Entertainment y Warner Bros no desaprovechen la enorme oportunidad que Wonder Woman les ofrece para empezar a dar consistencia y solidez a su porvenir cinematográfico con una excelente labor que ya ha sido recompensada con la confirmación de una secuela de nuevo con Gal Gadot como protagonista y Patty Jenkins detrás de la cámara. Sólo el tiempo nos dirá si esa Justice League que Zack Snyder ha tenido que abandonar por problemas personales en favor de Joss Whedon y otras piezas como la Batgirl de este último o el Aquaman de Jason Momoa y James Wan ofrecen a DC la profesionalidad, eficacia y fruición que dichos personajes en papel llevan décadas mereciendo.