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domingo, 4 de octubre de 2020

Demons: La Pesadilla Retorna

 


Edición Nacional/España Applehead Team Creaciones
Autor Pedro José Tena
Formato Rústica
Páginas 417 
Precio 22,95€

Durante los años 70 y 80 Italia se convirtió en uno de los epicentros del cine fantástico y de terror europeo. Cineastas como Dario Argento, Umberto Lenzi o Lucio Fulci regaron de hemoglobina el viejo continente con producciones como Rojo Oscuro (1975), Suspiria (1977), Siete Orquideas Manchadas de Rojo (1972), La Invasión de los Zombies Atómicos (1980), Aquella Casa al Lado del Cementerio (1981) o El Más Allá (1981). Todos ellos aprendieron de uno de los mayores maestros que ha dado el celuloide italiano dentro del cine de género, Mario Bava, al que debemos obras maestras como La Máscara del Demonio (1960), Las Tres Caras del Miedo (1963), Operazione Paura (1966) o Semáforo Rojo (1974). Precisamente fue en esta última donde el hijo de Mario, Lamberto, debutó como director de la mano de su progenitor. Siempre a años luz de su padre Lamberto Bava supo construir una filmografía que encontró su mayor exponente en las dos entregas de Demons que facturó, precisamente, con la ayuda en la producción del ya citado Dario Argento, también viejo amigo y colaborador de Mario. Estos films, que supusieron los últimos vestigios de un tipo de largometrajes que desaparecerían de manera gradual pocos años después, son los que centran la atención del ensayo que vamos a comentar en la siguiente entrada.

La editorial Applehead Team Creaciones creó hace un par de años la Colección Noche de Lobos en la que englobarían ensayos sobre franquicias populares dentro del cine de terror internacional. Me Tragaré Tu Alma: La Historia de la Saga Evil Dead, Magnífico Día Para Un Exorcismo: La Saga Completa del Exorcista o Noches de Halloween: La Saga de Michael Myers ya dieron muestra del buen hacer de sus distintos autores y en un futuro con otras como las de Hellraiser, Pesadilla en Elm Street, ¡Estoy Vivo! o Critters seguirán haciendo lo propio. En esta ocasión, como ya aventuran el título de la entrada y el párrafo anterior, hablaremos de un libro cuya principal misión es diseccionar minuciosamente todo lo relacionado con las dos entregas de Demons, consideradas desde hace años un par de piezas de culto dentro del terror italiano que tras el estreno de ambas fue, como ya hemos apuntado previamente, languideciendo hasta desaparecer casi por completo en años posteriores.

Pedro José Tena, uno de los fundadores de Applehead Team Creaciones, es el autor de Demons: La Pesadilla Retorna y desde los primeros compases del ensayo demuestra un conocimiento impecable, no sólo del díptico cinematográfico, sino también del fantanterror europeo en general y el italiano en particular. La estructura es similar a la de otras entregas de la Colección Noche de Lobos y por extensión a la de varios productos de la editorial. Un prólogo del guionista y director Luigi Cozzi, viejo conocido de los creadores de Demons y autor de largometrajes como Il Gato Nero o Starcrash: Choque de Galaxias,, en el que repasa la historia del cine de zombies precede a la introducción en la que Tena explica cuáles fueron las motivaciones que le llevaron a escribir la obra que nos ocupa, muy relacionadas estas con un viaje a Roma y por consiguiente con la famosa tienda Profondo Rosso, propiedad de Dario Argento, viéndose en la obligación de rendir tributo a dos películas a las que tiene especial aprecio, pero siendo en todo momento consciente del tipo de productos que son, algo a lo que volveremos en la recta final.

Siete capítulos dedica Pedro José Tena a desmontar Demons 1 y 2. Antes de acometer la tarea pone en contexto la génesis del proyecto aportando información de sus principales responsables, y con ello no nos referimos sólo a Lamberto Bava y Dario Argento, sino a co guionistas, maquilladores, encargados de efectos especiales o intérpretes cubriendo un amplio abanico en el que se pone rostro a decenas de los profesionales implicados, de una manera u otra, con los dos films. Seguidamente aborda la producción de los dos largometrajes adentrándose en las entrañas de la bestia diseccionando anécdotas, problemas durante la producción y el rodaje, recogiendo declaraciones de todos los implicados y no dejando nada al azar en relación a las dos aventuras cinematográficos de estos demonios extendiendo su virus por las calles berlinesas. Después el autor pone sobre la mesa no sólo aquella Demons 3 que acabó convirtiéndose en El Engendro del Diablo (La Chiesa, Michele Soavi, 1990) sino también de todos los otros films del género que bebieron directa o indirectamente de las dos cintas de Lamberto Bava.

Después de un interludio en el ensayo, marcado con un simpático “Fine primo tempo”, Pedro José Tena se mete de lleno en un amplio bloque titulado “Instrumentos del Mal: Entrevistas” en el que recoge declaraciones de decenas de las personas que se vieron inmersas en la producción de ambos largometrajes. En el primer apartado, “Demonios Detrás de las Cámaras”, el autor conversa con Lamberto Bava, Dardani Sacchetti, Gianlorenzo Battaglia y Sergio Stivalleti o lo que es lo mismo, director, guionista, director de fotografía y encargado de efectos especiales del díptico cinematográfico respectivamente y los que datos más jugosos aportan sobre el rodaje del mismo. En “Demonios Delante de las Cámaras” Tena interroga a varios actores de ambas producciones. En este apartado los que más juego dan con sus respuestas a las cuestiones del autor, alejadas de molestas obviedades y dejando claro en todo momento sus profundos conocimientos sobre la temática que aborda, son nuestra Fabiola Toledo, el carismático Bobby Rhodes, la no menos magnética Geretta Geretta y el canadiense David Knight, este último más por el escándalo en el que se vio supuestamente implicado con Jason Gould, hijo de Barbra Streisand y Elliott Gould, que por su vida profesional.

Dos entrevistas más a Claudio Simonetti y Simon Boswell en las que ambos nos hablan de las bandas sonoras de las películas, el fundador Goblin se encargó del score de la primera y el compositor británico del de la segunda, y apartados ineludibles como epílogo, extras, agradecimientos y filmografía dan el cierre a un ensayo que encuentra su mayor virtud no en la exhaustiva investigación de Pedro José Tena sobre el material de partida o su inteligencia para exponer el contenido de manera que tanto expertos en Demons 1 y 2 como desconocedores de la saga puedan disfrutar de la lectura Demons: La Pesadilla Retorna, sino en la capacidad del autor de amar y rendir tributo a dos piezas con todas sus limitaciones e imperfecciones, sin necesidad de buscar una innecesaria lectura más profunda de los productos ideados por Lamberto Bava y Dario Argento. Piezas de terror que no eluden todas las virtudes y carencias que las convirtieron por derecho propio en el canto de cisne de una vertiente muy importante del cine de género italiano que tan pronto vino como se fue, pero dejándonos algunas de estas “joyas de videoclub” a las que nunca nos cansaremos de volver, como si de una misteriosa premiere en el cine Metropol se tratase.


lunes, 29 de abril de 2013

Drácula 3D, soy moderno, soy eterno y lo estoy pasando bien



Título Original Dracula 3D (2012)
Director Dario Argento
Guión Enrique Cerezo, Stefano Piani, Antonio Tentori y Dario Argento basado en la novela de Bram Stoker
Actores Rutger Hauer, Thomas Kretschmann, Asia Argento, Marta Gastini, Unax Ugalde, Félix Gómez, Miriam Giovanelli, Maria Cristina Heller, Giuseppe Lo Console






Creo que a estas alturas a ningún fan de Dario Argento se le escapa que el cineasta italiano está en franca decadencia. En la década pasad nos regaló productos como El Jugador (Il Cartaio), La Madre del Mal (La Terza Madre) o Giallo, que se movían entre lo mediocre y lo penoso. Pero es que antes de su última película destacable Insomnio (Non Ho Sonno) también había ultrajado en los 90 estupideces como El Fantasma de la ÓperaLa sindrome di Stendhal. En resumidas cuentas el alumno aventajado del gran Mario Bava, uno de los estandartes del cine de terror europeo de los 70 y 80 y uno de los principales impulsores del subgénero giallo está practicamente acabado en la actualidad. Pero su última producción merece una nota aparte por aberrante.




No hay una motivo oficial que confirme el motivo por el que el director de El Pájaro de las Plumas de Cristal o Suspiria se embarcó en este proyecto. Un servidor ha leído por ahí que no le gustó la versión de Francis Ford Coppola porque era infiel con respecto al libro, pero es que cuando el espectador ve su Drácula 3D no puede creerse esa teoría, porque lo que en el director de El Padrino era infidelidad en la obra que nos ocupa es directamente blasfemia, por no decir que aquella era una obra maestra y esta no sé como definirla. También se habla de que Enrique Cerezo (importante productor de cine español y actual presidente del equipo de fútbol Atlético de Madrid) fue el impulsor de la producción, de ahí que, por primera vez, haya metido mano también en la escritura del guión junto a Argento y sus colaboradores Stefano Piani y Antonio Tentori.




Realmente desconozco si a Argento le habían sometido a una operación de miopía poco antes de empezar a rodar y aún estaba con los ojos vendados durante la producción del film o si Enrique Cerezo lo coaccionó para realizar la película debido a que posee escondidas bajo llave algunas fotos del romano en situaciones sexuales comprometidas. Lo único que sé a ciencia cierta es que nos encontramos no sólo con una de las peores adaptaciones que se han hecho de la novela de Bram Stoker, una de las cintas más terribles sobre vampirismo jamás vistas y sin lugar a dudas el engendro más horrendo salido de la mano del director de Rojo Oscuro. Drácula 3D es un insulto a los no muertos, al autor de la novela en la que se inspira, a la descendencia de este, al cine y a la vida en general.




Jonathan Harker (Unax Ugalde) es un bibliotecarío ¿? inglés que es contratado para ir a trabajar para el Conde Drácula (Thomas Kretschmann) en la zona de Borgo Pass localizada en Transilvania donde su misión será ordenar la inmensa colección de libros del noble ¿¿??. Allí descubrirá que su nuevo jefe es un vampiro, un ser inmortal de ultratumba que lo tomará como prisionero en su castillo y que se obsesionará con la esposa de su invitado, Mina Harker (Marta Gastini), que en breve llegará a Passo Borgo para unirse con Jonathan en el castillo del Conde ¿¿¿???. Drácula irá eliminando uno a uno a sus enemigos pero la llegada del profesor Abraham Van Helsing (Rutger Hauer) conocedor de la existencia de los vampiros echará por tierra sus planes.




Una mierda, Drácula 3D no merece otro apelativo que ese, una enorme hez fecal. No me valen las típicas excusas del sabor a serie B, a teatro y ese homenaje a la Hammer Films del que habla Argento para justificar este aborto con incisivos. La productora inglesa realizaba productos modestos pero de una artesanía intachable (sobre todo en su época dorada) con actores carismáticos y arrebatos de violencia impropia para la época, eran romances góticos en technicolor rompedores y salvajes. En cambio la última obra de Dario Argento es una obra totalmente aberrante, un insulto a la inteligencia de un espectador que no da crédito a lo que está viendo en la pantalla porque no dejan de ser secuencias a cual más vergonzosa y peor rematada.




Por mucho que sea una coproducción entre Italia y España rodara en 35 mm y en formato estroboscópico para que el 3D quede mejor en pantalla nos encontramos con una cinta que parece haber sido realizada en una villa de mala muerte con un castillo que por fuera parece el Alcázar de Toledo y por dentro una tasca con un par de habitaciones, un salón y dos tramos de escaleras contados. La iluminación quema las retinas porque tiene saturados los rojos y verdes de día y por la noche las ecasísimas localizaciones y los decorados de cartón piedra carecen totalmente de veracidad e impiden profundidad de campo alguna o el manejo adecuado de la cámara para realizar tomas interesantes o con cierta resolución formal.




Porque jamás se ha visto a un Dario Argento tan apático, impersonal y ridículo en la dirección cinematográfica como en Drácula 3D. El director de El Gato de las 9 Colas ha sido un autor que siempre ha preferido anteponer forma al fondo y por ello su puesta en escena ha estado normalmente a la altura, incluso en al actualidad cuando su manera de hacer cine ha quedado bastante anticuada. Pero lo de esta obra es innombrable, planos taciturnos, estáticos, carencia casi total de movimientos de cámara, un tono desganado, pueril y un abuso de unos efectos digitales de vergüenza ajena que hacen que el largometraje se emparente más que a otras adaptaciones de la novela de Stoker (las de Terence Fisher, John Badhman, el ya mencionado Coppola) a las intros de los videojuegos en formato de aventura gráfica protagonizados por el famoso conde (Drácula: El Último Santuario, Drácula: La Senda del Dragón) durante la década pasada y a los que un servidor admite ser adicto. Ni siquiera su talento para las escenas de asesinatos se vislumbra en el film, ya que las muertes se mueven entre lo mimético y lo sonrojante.




Porque a mí personalmente lo que más me duele al enfrentarme a un detritus fílmico como el que nos ocupa (aparte de haber sido durante mucho tiempo seguidor de la obra de Dario Argento) es que soy un profundo admirador de la mitología oculta detrás del Drácula de Stoker (la vida de Vlad Tepes también me interesa mucho, pero en el plano histórico). He leído libros y cómics, he visto documentales o muchas versiones cinematográficas y esto no tiene nombre lo mires por donde lo mires. Lo peor de todo es que parece que sus creadores se la tomaron totalmente en serio, pero es ver la ambientación, la fotografía, y sobre todo las interpretaciones de los actores que incitan tanto al llanto como a la carcajada y el espectador no puede creérselo.




Porque el casting se nota que no tenía ni idea de qué cojones hacía ahí y está completamente perdido, sobreactuado y penoso. Habría que someter a incontables torturas a Unax Ugalde (papel que en principio debía interpretar Miguel Ángel Silvestre, pero el amigo debió verle las orejas al lobo y huyó como alma que lleva el diablo y con razón) como Jonathan Harker (y eso que el actor vasco ha demostrado su talento en más de una ocasión) una Asia Argento sencillamente terrible que tiene dos modalides al dar vida a Lucy ¿Killsinger? (cuando debería ser Westenra, problemas con los derechos supongo) yonqui lívida y vampiro con cara desencajada que entrecierra un sólo ojo. Luego tenemos a un Rutger Hauer que aparece como protagonista en los créditos pero que tiene quince minutos contados en pantalla en los que se mueve como un saco de patatas recitando los diálogos con un aburrimiento que lo va devorando poco a poco.




Pero tenemos a dos actores que vamos a salvar de la quema, pero no precisamente porque hagan una buena labor interpretativa (y eso que no son malos en su trabajo) sino por su ímpetu y dedicación, la primera por su deshinibida entrega y el segundo por intentar hasta lo innombrable creerse un papel que ya desde el papel no había por donde cogerlo. Mi adorada Miriam Giovanelli, actriz española de origen italiano, interpreta una (de las tres que debería haber, pero la crisis aprieta hasta en Transilvania y la posada que el conde tiene por castillo no iba a ser menos) novia de Drácula que se pasa casi todo el metraje desnuda y provocando al ¿pobre? Jonathan Harker. La actriz de Gli Sfiorati desde el minuto cinco más o menos nos deleita con su apetecible anatomía convirtiendo la cinta en ocasiones en un remake de El Liguero Mágico de el impagable Andrés Pajares.




En segundo lugar tenemos al alemán Thomas Kretschmann (El Pianista, Stalingrado, El Hundimiento) actor que ha hecho tantas veces de nazi que cuando lo vemos sin uniforme de las SS no extrañamos. Este buen hombre que hizo previamente un ridículo mayúsculo a las órdenes de Argento dando vida a un psicópata de baratillo en La sindrome di Stendhal ha venido a por más intentando interpretar a Vlad el Empalador en clave vampírica. El amigo pone todo su esfuerzo y profunda voz para dar algo de seriedad al rol, el suyo es el trabajo más aceptable (que no creible) de la cinta pero de su boca salen tantas estupideces, su lenguaje corporal es tan horrendo y esos movimientos a velocidad supersónica tan crepúsculeros son tan ridículos que no podemos huir de la carcajada continua cada vez que está en pantalla.




Porque eso es lo único bueno que tiene Drácula 3D, el espectador se ríe mucho viéndola. Hay momentos de puro delirio como Drácula decapitando cabezas de plástico o utilizando la fuerza jedi para mandar a Tania, el personaje de Miriam Giovanelli (desnudo, of course), al otro lado de la habitación, un Van Helsing achacoso estampando un candil en la cabeza de Mina mientras esta arde entre llamas digitales (el efecto más trabajado del film y eso que es bastante malo), unas pelucas que dan más miedo que cualquiera de los vampiros que salen a lo largo del metraje, Renfield en modo pagafantas retorciéndose en el suelo en posición fetal porque han matado a su señora o un sacerdote que parece un sosías del ínclito Torbe que hace de Sancho Panza (sin venir a cuanto) del célebre profesor alemán que quiere matar al protagonista.




Pero ya el despiporre de la velada, los momentos que más incitan al descojone son los de las múltiples transformaciones del conde, que como cuenta la leyenda puede tomar la forma de todo tipo de animales e insectos. Para enfatizar la omnipresencia del protagonista a lo largo de todo el metraje Argento por medio del uso de sus terribles efectos digitales en 3D hace que Drácula siempre esté presente en forma de lobos, moscas (genial el momento en el que un enjambre de estas toman la forma del personaje y las últimas que le quedan en la cara se le introducen en el rostro de manera cutre) ratas o escarabajos. Pero la cumbre de esta vertiente, de la película y posiblemente del cine trash del siglo XXI llega cuando nuestro querido protagonista se convierte en una enorme e indescriptible mantis religiosa de color verde fosforescente. Verlo para creerlo.




Drácula 3D es el último clavo en el ataúd (nunca mejor dicho) de un director que, como ya he mencionado en varias ocasiones en esta casa, me ha regalado grandes momentos de ocio gracias a muchas de sus obras cinematográficas pretéritas. Pero hoy es un señor mayor, anticuado, anclado en una época en la que el cine era muy diferente y que con esta obra ha tocado fondo. Su versión de la novela de Bram Stoker se pasa por el forro prácticamente todo lo planteado por el escritor irlandés ya que es una película insultante, terrible que no merece ni existir. aunque el horrendo trailer y que el mismo Argento hay dado pocas entrevistas para promocionar el proyecto ya apuntaban a que el desastre era un hecho. Pero luego uno lee en Wikipedia que en Italia fue declarada "película de interés cultural nacional" y ya pierde la fe en el cine, en la decencia y en el sentido común. Pero bueno, podría ser peor, porque el final de la película apesta a secuela a kilómetros y eso ya no habría cuerpo, vivo o no muerto, que lo aguantara.



miércoles, 25 de mayo de 2011

Insomnio, el canto del cisne negro



Título Original: Non Ho Sonno/Sleeples (2001)
Director: Dario Argento
Guión: Franco Ferrini y Dario Argento
Actores: Max Von Sidow, Stefano Dionisi, Chiara Caselli, Rossella Falk, Gabrielle Lavia, Roberto Zibetti, Paola Maria Scalondro, Roberto Accornero







Es una verdad irrefutable. Me causa tanta desdicha como regocijo hablar de una película como Insomnio (Non Ho Sonno) del director romano Dario Argento en esta entrada. Me alegra porque supuso una gran obra, un retorno al pasado en el que recuperábamos al Argento más puro e inspirado. Pero también me apena considerablemente porque fue su última cinta destacada y dado el caso estamos hablando de un largometraje que se estrenó en el año 2001 y ha llovido bastante desde entonces, es innegable.




En en el año 2001 Argento venía de perder el norte en los 90 con cintas insatisfactorias, fallidas o indignas de su talento como la insoportable La Sidnrome de Sthendal o su desconcertante versión de El Fantasma de la Ópera de Gaston Leroux. Salvándose de la quema sólo aquella memorable recuperación del giallo que supuso Trauma, con Brad Dourif, su hija Asia Argento, Piper Laurie o Christopher Rydell, el protagonista de la inefable Sangre y Arena de nuestro Javier Elorrieta. Por eso el estreno de Insomnio fue todo un acontecimiento para los que hemos disfrutado con gran parte del grueso de la obra del director de Suspiria.




Non Ho Sonno es un giallo puro de la vieja escuela, deudor tanto del mismo Argento como de coetáneos suyos de la talla de Mario Bava, Lucio Fulci o Umberto Lenzi. La cinta viene a ser una actualización de Rojo Oscuro (Profondo Rosso), uno de los gialli más puros de Argento y para el que suscribe la cumbre de su carrera como cineasta. El director de Phenomena utiliza apuntes de aquella joya protagonizada por David Hemmings, como una atmósfera infantil pretendidamente pervertida, marionetas utilizadas como elementos amenazantes, traumas acontecidos en la niñez y una investigación policíaca que incita a un cruce de distintas pistas y tramas que desembocarán en el mismo caso.




Argento vuelve a sus habituales lugares comunes dentro del plano cinematográfico, los mismos que sirvieron para cimentar gran parte de la estructura formal y conceptual del subgénero giallo, que él mismo (junto a algunos otros cineastas como los que he mencionado en el tercer párrafo) llevó a lo más alto en la segunda mitad de la década de los 70 y la primera de los 80. Sucio ambiente suburbano, atmósfera nocturna y lluviosa, teatros en los que tienen lugar asesinatos entre bambalinas, relaciones afectivas o románticas poco desarrolladas y nada creíbles y una omnipresencia considerable de las fuerzas de la ley siguiendo la pista de un brutal asesino en serie que mata con arma blanca y siempre con las manos enguantadas.




Argento, a pesar de tener un estilo definido como cineasta y hasta si me apuran un discurso propio, siempre ha sido más un realizador que un verdadero director en toda la amplitud de la palabra. Debido a sus límitadas dotes como guionista y sus pocas virtudes para la dirección de actores (que para colmo están doblados en todas y cada una de sus cintas, a pesar de estar las mismas rodadas en inglés) siempre ha antepuesto la estética de sus productos a la historia que con ellos nos quiere narrar. De ahí que cuando decide ponerse detrás de las cámaras prefiere llevar a cabo una excelente realización técnica (siempre ayudado por la fotografía, la dirección artística y el diseño de producción) que ser coherente narrativamente con su propia criatura cinematográfica.




Por eso en Sleepless, al igual que en Suspiria o la fallida Opera, Argento se centra casi totalmente en dar un acabado técnico de alto nivel a su visión. Gracias a ello en la cinta que comento podemos ver momentos de alto voltaje cuando el italiano decide hacer virguerías con la cámara o acrecentar con la construcción de planos un suspense que llega en ocasiones a crear verdadera inquietud en el espectador. Tómense como ejemplo pasajes como el de la prostituta en el tren, el flashback con el enano contando cuentos, el asesinato con la pluma, la chica asesinada en el portal o la visita nocturna al apartamento del detective Moretti. Todas ellas parecen haber sido sacadas de obras pretéritas y memorables del Argento como El Pájaro de las Plumas de Cristal, El Gato de Nueve Colas o Ténebre.




También hay, como es habitual en Argento y una de sus señas de identidad inconfundibles, una delectación mórbida por esos rituales artísticos que suponen para él los asesinatos llevados a cabo por el desconocido personaje del homicida, rol clave en todo giallo que se precie de serlo. Hay un par de escenas que podrían incluirse entre las más brutales que Argento ha rodado en toda su carrera. Una es indudablemente la del clarinete, que a depende qué tipo de espectador puede causarle cierto impacto (doy fe de ello, mi pobre padre la sufrió en sus carnes) o la de la chica asesinada contra la pared que también se las trae. Para dejar cierto misterio, pero también algo de luz con respecto a dichas secuencias al lector, diré que ambas escenas tienen que ver con las dentaduras de los personajes.




De los actores no se puede hablar demasiado, como suele ocurrir en la mayoría del films del amigo Dario. El reparto está entre correcto y poco inspirado. Curiosamente las víctimas de los crímenes viven más sus secuencias del rodaje (por la implicación física que suponen las mismas, todo hay que decirlo) que los actores principales, de los que sólo se puede destacar la habitual excelente labor del sueco Max Von Sidow, que da con su presencia la necesaria dosis de solmenidad, veteranía, inteligencia y elegancia al producto, con su detective retirado que parece salido directamente de cualquier buen ejemplo de novela negra.




Por último destacar otro de los alicientes, más interesantes para un servidor, que sirve para que Insomnio nos devuelva parte de la época dorada de Argento como maestro europeo del terror. Nada más y nada menos que la presencia del grupo de rock italiano Goblin en la banda sonora del film. Goblin, fueron los habituales compositores de los scores de los largometrajes del director desde mediados de los 70 hasta bien entrados los 80. La banda de Claudio Simonetti compone algunos de los temas más inspirados que han podido ofrecer en una cinta de Argento, aunque curiosamente dichos cortes son de una sencillez compositiva sorprendete. Aumentado todos ellos ese clima infantil que posteriormente torna en macabro y aterrador durante el metraje.




Hace diez años que Insomnio se estrenó, tras ella Argento no ha vuelto a ofrecernos una verdadera buena película. Mediocridades como El Jugador (Il Cartaio), La Madre del Mal (La Terza Madre) o Giallo, apuntan a lo peor. Dario Argento posiblemente esté acabado como cineasta que tiene algo que ofrecer al público. Ese sentido entre demodé y clásico que tiene sobre el thriller policíaco y de intriga inspirado en Htichcock parece haber desaparecido de su impronta, tal vez para siempre, aunque esperemos que no sea así. Por ahora sólo puedo mostrar una sensación entre temerosa y esperanzadora ante su más próximo proyecto. Una nueva versión de Drácula, con Rutger Hauer, su hija Asia Argento y Miguel Ángel Silvestre como protagonistas y rodada en el manido formato 3D. Que la madre de las lágrimas nos pille confesados y con kleenex en las manos, porque para bien o para mal tendremos que usarlos.


martes, 12 de octubre de 2010

Suspiria, hell is behind that door



Título Original: Suspiria (1977)
Director: Dario Argento
Guión: Daria Nicolodi & Dario Argento basado en la novela de Thomas de Quincey
Actores: Jessica Harper, Stefania Casini, Flavio Bucci, Udo Kier, Miguel Bosé, Rudolf Schündler, Joan Bennett, Alida Valli





Tras la trilogía de las animales  formada por El Pájaro de las Plumas de Cristal, El Gato de las 9 Colas y Cuatro Moscas Sobre Terciopelo Gris Dario Argento nos ofreció la que para muchos es su mejor obra y la cumbre del subgénero italiano llamado giallo, Rojo Oscuro (Profondo Rosso/Deep Red). Tras ella decidió salirse un poco por la tanjente y por primer vez, aunque no última, rodó un tipo de film más ceñido a los cánones del cine de terror clásico, pero con un tono vanguardista novedoso para la época y con ello dirigió una obra algo más alejada de la clase de largometraje al que venía dando forma hasta entonces, aunque con muchas de sus constantes todavía patentes. El resultado fue Suspiria, una de sus mejores trabajos y un clásico contemporáneo del cine de terror.




Suspiria se estrenó en 1977 y supone, aunque no todo el mundo lo sabe y en los créditos del film no hay constancia de ello, una adaptación de la novela Suspira de Profundis del escritor británico Thomas de Quincey, con guión del propio Argento y su pareja Daria Nicolodi, también actriz fetiche del director. En su momento causó un considerable revuelo en Italia y a día de hoy es considerada una pieza clave dentro del celuloide del fantaterror europeo. Por parte de Dario Argento upuso un soplo de aire fresco dentro de un tipo de cine que empezaba a tomar un estilo malsano con un uso más explícito de la violencia, renovando los parámetros establecidos por las obras clásicas del género desde los años 30 y culminando el discurso al que comenzó a dar forma su amigo, compañero y maestro, Mario Bava.




Aunque seguramente ni el mismo Dario Argento lo sabía por aquel entonces, Suspiria supondría la primera entrega de una trilogía titulada Las Tres Madres. Saga formada por la cinta que nos ocupa, por la inferior pero aún así de resultado mayúsculo Inferno (1980) y por esa desfachatez de reciente factura llamada Mother of Tears, que empaña todo el tríptico cerrándolo de manera paupérrima, obra que ya comenté hace un tiempo por estos lares. Las tres madres serían llamadas Mater Suspiriarum, Mater Tenebrarum y Mater Lacrimarum, a cada una de ellas les dedica el italiano una película y como es lógico no voy a descifrar ni la identidad las señoras, ni a qué se dedicaban para no estropear a los potenciales espectadores tanto la cinta que aquí comento como la trilogía en sí.




Suspiria es la quintaesencia del triunfo de la forma sobre el fondo, del esteticismo sobre el argumento. Dario Argento echa mano de todos los resortes visuales y de realización de los que es capaz de hacer gala, para, en realidad, tapar con sus virtudes estilísticas las carencias de una narración sustentada en un no muy elaborado guión (chica americana que llega a una escuela de ballet en Friburgo, en la que se producen desde su llegada los asesinatos de algunas de las internas, y que parece esconder un antiquísimo y peligroso secreto detrás de sus paredes) que sólo sirve de excusa para que el creador de Phenomena experimente al máximo tanto con la puesta en escena de su atípico y efectivo proyecto cinematográfico, como con el punto de vista técnico y artístico de sus capacidades como director de género.




Dario Argento hace un uso magistral no sólo de las angulaciones o los movimientos de cámara con imaginativa destreza, también aprovecha al máximo la iluminación, con un abusivo pero acertado uso cromático de colores puros, el rojo y el azul concretamente, para dar una sensación onírica de asfixia y claustrofobia casi ensoñadora, creando una atmósfera que transita incluso mundos literarios como los de Poe o Lovecraft, pero con una personalidad propia, en el aspecto estético al menos, sólo vista en algunos productos de su compatriota, el ya citado Mario Bava. También acierta de pleno con el uso que realiza de la banda sonora estridente, caótica e histérica del grupo de rock italiano Goblin, que transmite una desoncertante sensación de desasosiego al espectador compactando más si cabe el conjunto de la obra cinematográfica.




En lo concerniente al reparto es de recibo mencionar a la americana Jessica Harper entregada totalmente a la causa del director romano, destacando notablemente por encima del resto de alumnas de la escuela de danza que no dejan de ser carne de cañón para ser asesinadas de la manera más brutal y explícita posible, sirva de ejemplo el primer homicidio que aún a día de hoy se antoja desagradable para depende qué tipo de paladares. Dentro de los secundarios podemos destacar a dos veteranas como Joan Bennet y Alida Valli, que dan vida con su veteranía y buen hacer a dos de los personajes más inquietantes del largometraje. También reconocemos los rostros del alemán Udo Kier en un papel breve, pero de capital importancia para el desarrollo de acontecimientos que devienen en el film, y un jovencísimo Miguel Bosé embutido en mallas en una de sus escasas apariciones cinematográficas.




Suspiria es un clásico moderno dentro del cine de terror. Un producto que en ocasiones roza la pura genialidad gracias a un Dario Argento que al diseñarala se encontraba en el máximo apogeo de sus dotes como narrador de ficción. Hablamos de na maravilla de factura artesanal, matiz genuinamente perverso y pasajes de tensión y violencia explícita que transitan caminos poco explorados en la época de su estreno y gracias a ello fue revolucionaria en varios aspectos. Tanto el sencillo argumento como el reparto de intérpretes, en los que ya hemos reparado, realmente son complementarios, una excusa para que el director de Non Ho Sonno teja por medio de una pericia autoral en todo su esplendor un aterrador e inolvidable cuento envenenado que si no fuera por Narciso Ibáñez Serrador y su inmensa La Residencia, no tendría apenas referentes, puros al menos, dentro del cine de género que la precedió.


sábado, 26 de junio de 2010

El Engendro del Diablo, el ángel exterminador



Título Original:
La Chiesa (1989)
Director: Michele Soavi
Guión: Dario Argento, Franco Ferrini y M.R. James
Actores: Hugh Quarshie, Tomas Arana, Feodor Chaliapin Jr., Barbara Cupisti, Antonella Vitale, Giovanni Lombardo Radice, Asia Argento, Roberto Caruso, Roberto Corbiletto




La Chiesa, títulada burdamente en España El Engendro del Diablo, supuso el segundo largometraje del director italiano Michele Soavi bajo la protección del gran Dario Argento, ejerciendo aquí de productor y co guionista. Film de terror neogótico siguiendo la estela de autores como Mario Bava, Lucio Fulci o el ya mencionado Argento, pero tomando como referencia argumental films americanos de corte diabólico o satánico a los que haré referencia más adelante.




El Engendro del Diablo es un producto de notable irregularidad adoleciendo de un desnivel que hiere notablemente su conjunto. Los primeros 50 minutos del film son ejemplares. Soavi imprime fuerza a su flasback medieval, para más tarde narrar un relato de terror sobre catedrales malditas, mensajes ocultos, espíritus errantes, teología y ocultismo. La dirección excelente en todos los aspectos, dejando el realizador de Aquarius en pañales a coetáneos suyos como Lamberto Bava (resuelto artesano, pero siempre a años luz de su padre Mario) con un excelente uso de los encuadres, movimientos de cámara y el in crescendo narrativo.




El problema es que tras la excelente secuencia del travelling acelerado por la carretera y la del descubrimiento por parte de Evan de la cruz con la cabra de siete ojos, la obra se desinfla totalmente y se convierte en un insulso caos a partir del buñueliano encierro en la iglesia. Desde ese mismo momento empieza a darse forma un humor estúpido ausente hasta ese momento en el metraje llegando a chocar de lleno con la seriedad formal destilada por el producto desde su arrcnque. Los monstruos y criaturas demoníacas, previamente intuidas en lugar de mostradas explicitamente, hacen por fin acto de presencia y esta por desgracia se antoja ridícula y risible.




El mayor problema estriba en que si bien el film, aún contando con referencias a autores del cine de terror italiano en su primera hora, tenía personalidad propia y no trataba de emular ninguna cinta en concreto, en el último tercio la trama se transforma por obra y gracia del guión en un sucedáneo de El Príncipe de las Tinieblas, la semidesconocida y muy lograda cinta de culto del americano John Carpenter. Aunque también hay tiempo para fusilar impunemente a Roman Polanski, cuando el Michele Soavi decide copiar, casi plano por plano, la icónica e initable escena onírica de La Semilla del Diablo.




A pesar de que en su recta final pierde consistencia, La Chiesa es una producción merecedora de ser vista. Se trata de una pieza harto entrtenida de terror gótico, con escenas muy logradas, actores bastante solventes a la hora dar vida a sus estereotipados roles y una banda sonora excelente que mezcla de manera ecléctica temas del compositor Philip Glass con otros interpretados por la banda de rock italiano Goblin. Un film divertido, que cumple su cometido de entretener y hasta cierto punto inquietar, a pesar de llegar tantear la posibilidad de haber sido mucho más redondo de lo que al final resultó ser.


viernes, 23 de octubre de 2009

Giallo, en el país de los ciegos...



Director: Dario Argento (2009)
Guión: Jim Agnew y Sean Keller
Actores: Adrien Brody, Emmanuelle Seigner, Elsa Pataky, Robert Miano, Byron Deidra, Daniela Fazzolari, Lorenzo Pedrotti, Valentina Izumi, Taiyo Yamanouchi





Sí lo sé, soy masoca, hace nada que vi la penúltima cinta de Argento, la comenté aquí y dije que era más mala que pegar a un padre en semana santa, pero me puede la nostalgia, el cariño y los buenos recuerdos cinéfilos que me ha regalado este hombre a lo largo de los años, de modo que he visto su última y muy pisoteada cinta, cuyo título, Giallo, da pie a varios juegos interconectados y de dobles lecturas.



El giallo (palabra italiana que significa amarillo) es un subgénero dentro del cine de terror italiano que suele ser un policiaco en el que agentes de la ley buscan a un asesino que mata con las manos enguantadas y con arma blanca, normalmente los crímenes son muy violentos y casi siempre están rodados con cámara subjetiva, nunca se conoce la personalidad del verdugo hasta le final del metraje y la resolución del caso suele ser bastante intrincada. La cumbre de este tipo de películas sería la que es posiblemente la mejor cinta de Dario Argento, Rojo Oscuro (Profondo Rosso), un giallo puro perfectamente ejecutado de principio a final, un clásico. La cinta que nos ocupa a pesar de su titulo no es un giallo (ortodoxo al menos, aquí sabemos quién es el asesino desde el princio del film) ya que este nombre hace mención al apodo del asesino y a su problema de ictericia, más que a otra cosa.



No se le puede pedir a Dario Argento que sea el de los años 70 u 80 y más después de lo decepcionante que resultó El Jugador (Il Cartaio) y lo soberanamante mala que me supuso hace poco Mother of Tears (La Terza Madre) pero contra todo pronóstico Giallo me ha parecido una obra correcta, bien rodada, no es nada del otro mundo, a veces algo ridícula, no destaca en ningún apartado de manera notoria, pero se deja ver y no aburre un sólo segundo.




Resueltísima dirección del romano, (especialmente inspirado en los flashbacks), reparto competente, aunque Emannuelle Seigner se coma con patatas hasta a Adrien Brody, que no lo hace mal, joder, hasta Elsa Pataky luce inglés muy correcto y eso que se pasa la película gritando y diciendo tacos, aunque eso sí, que a mí no me toquen la bolsa escrotal, el actor Byron Deidra que supuestamente interpreta a el personaje de el Amarillo es Adrien Brody disfrazado, por mucho que en los créditos no den fe de ello. En cambio el guión flojo hasta lo enfermizo y la resolución final fatalmente resuelta, es de lo poco que se le puede achacar a una cinta tan modesta como Giallo.



A pesar de todo yo estoy contento, Argento está herido, pero no muerto, sé que no volveremos a ver joyas como Trauma o Phenomena, pero si sabe encarrilarse y seguir haciendo su cine deliciosamente artesanal y anticuado, sin meterse en mestizajes de distinta ralea que sólo le traen problemas a la hora de mostrar sus limitadas dotes como autor, todavía puede alegrarnos un poco la vida a los que le debemos tantas horas de diversión fílmica




lunes, 12 de octubre de 2009

Mother of Tears, una retirada a tiempo...



Director: Dario Argento (2007)
Guión: Dario Argento, Jace Anderson, Walter Fasano, Adam Gierasch y Simona Simonetti
Actores: Asia Argento, Udo Kier, Cristian Solimeno, Daria Nicolodi, Coralina Cataldi-Tassoni, Moran Atias, Philoppe Leroy





Me cuesta escribir esta crítica y admitir lo que es un hecho, el italiano Dario Argento, el impulsor del giallo italiano, el maestro romano del terror, autor de una manita de joyas dentro del género, está completamente acabado, sus últimas obras no salen en ningún caso de la mediocridad y muchas de ellas, como la que nos ocupa, dan verdadera vergüenza ajena.




Mother of Tears, La Terza Madre o La Madre del Mal como se ha titulado en España, cierra vergonzosamente la trilogía de las madres iniciada por Argento en 1975 con aquella indispensable obra maestra llamada Suspiria, junto al giallo Profondo Rosso el cénit de su carrera, el triunfo de la forma sobre el fondo, una joya del género de terror, la misma tuvo su continuación seis años después con Inferno, más floja, más caótica, pero aún así deliciosa, sobrecargada, interesante.



De las tres maestras de la brujería, dos ya habían hecho acto de presencia, Mater Supsiriarum (Suspiria) y Mater Tenebrarun (Inferno), sólo faltaba la llegada de Mater Lacrimarum, que todos los fans de Argento esperábamos con bastante expectación, pero por desgracia el resultado es una película sonrojante, cutre, estúpida, simple, aburrida, sin garra, a años luz no ya de sus mejores films, sino de su dos últimas obras acertadas, la soberbia Insomnio (Non Ho Sonno) y la más que correcta Jenifer, de la serie Masters of Horror para la televisión por cable americana.




Dario Argento siempre ha sido un narrador mediocre, sus guiones nunca han sido algo más que sucedaneos detectivescos de poca trascendencia y final muy rebuscado, pero es que el de Mother of Tears es malo de solemnidad, un libreto sin cosistencia ninguna lleno de gilipolleces increíbles y pasajes de una estupidez alarmante, el argumento sobre alquimia, brujería y magia negra de las anteriores entregas es aquí desvirtuado y convertido en una estúpida apología del destete gratuito y el desmembramiento colgandero.




Pero claro, el realizador romano es consciente de que mi perro que falleció hace dos años es mejor escritor cinematográfico que él, por eso suplía sus carencias como guionista con una dirección en la mayoría de los casos de nota alta, con un uso magistral de los movimientos de cámara, la dirección artísitica y la iluminación, pero por desgracia el sobrecargado cromatismo barroco que destilaban las dos anteriores entregas de esta saga dejan paso a una puesta en escena aburrida, insípida, sin mordiente. Del trabajo del autor de Trauma o Ténebre sólo se pueden destacar las escenas de asesinatos, las más gore que ha rodado en su vida, algunas de ellas bestialmente gratuitas y relacionadas con niños, pero como es lógico las mismas no salvan de la quema la cinta, ya que estas secuencias truculentas eran normalmente un aliciente más en la obra de este antaño maestro del terror europeo, no el nucleo de su visión como autor.




El reparto vomotivo, el amigo Dario hace que su hija Asia (menos morbosa que nunca, una puñetera monja parece) nade, literalmente, entre la mierda, regala un breve y ridículo papel al gran Udo Kier, da forma a vergonzosas escenas como las de Daria Nicolidi interpretando un espectro al más puro estilo de los Cazafantasmas, plagia en las escenas de la orgía final al Clive Baker de Hellraiser, nos pone una Madre de las Lágrimas con unas tetas de silicona de aquí te espero y encima el hombre se queda tan ancho creyendo que ha cerrado de manera virtuosa su trilogía matenal. ¿Algo salvable de la cinta? si, el mono, que se merece un Oscar desde ya y el tema que sale en los benditos créditos finales compuesto por Claudio Simonetti e interpretado por Dani Filth, cantante de la banda de black metal Cradle of Filth.




Una verdadera pena lo de este director que marcó mi infancia con obras como El Pájaro de las Plumas de Cristal o El Gato de las Nueve Colas, por dios, que Berlusconi deje de producirle películas a este hombre, que alguien le quite la cámara de las manos y le de un caldo calentito para que se quede en su casa viendo a Raffaela Carrá en la RAI. Dario, en serio, sé que me estarás leyendo porque eres asiduo a mi blog, retírate, tú última cinta (Giallo, original el colega) con la ex pareja Brody/Pataky ya ha recibido hostias por todos los frentes, déjalo, si no quieres acabar como Vicente Aranda, chocheando... bueno, aunque el catalán lleva haciendo eso desde su primera película... si alguien pilla la coña que me lo haga saber, que es muy tarde y yo ya no doy para más y tú Darío, venga, a la cama también