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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Hellraiser, una gota de sangre para morir amando



Título Original Hellraiser (1987)
Director Clive Barker
Guión Clive Barker, basado en su propia novela
Reparto  Andrew Robinson, Clare Higgins, Ashley Laurence, Sean Chapman, Oliver Smith, Robert Hines, Anthony Allen, Leon Davis, Michael Cassidy, Frank Baker, Kenneth Nelson, Doug Bradley, Nicholas Vince, Simon Bamford, Grace Kirby, Oliver Parker





No son muy comunes los casos de novelistas pasándo al campo de la dirección cinematográfica para adaptar sus escritos al séptimo arte. Posiblemente el más destacado sea el de Dalton Trumbo llevando a imágenes su novela Johnny Cogió Su Fusil con maravillosos resultados en 1971 dentro de este ámbito. Pero también tenemos otros que desembocaron en fracaso como Stephen King debutando como cineasta con La Rebelión de las Máquinas (Maximum Overdrive) inspirándose en su relato corto Trucks. En 1987 el escritor británico Clive Barker decidió trasladar su libro Hellbound Heart al celuloide pensado, seguramente, que nadie conseguiría extrapolar su microcosmos literario al cinematográfico con más fidelidad y acierto que él mismo. La elección fue un rotundo acierto, Hellraiser, que es el título finalmente se concedió al film, no sólo es uno de los clásicos de culto más recordados del cine de terror de los 80, también se convirtió en una lucrativa franquicia de películas que hasta el momento consta de nueve entregas. En todas ellas haciendo acto de presencia el icónico cenobita Pinhead, interpretado por Doug Bradley en las ocho primeras cintas, y al que volveremos más tarde.




Hellbound Heart es una magnífica novela corta en la que Clive Barker sabe condensar en pocos páginas su visión de la literatura de terror. La obra narra cómo Rory Cotton y su mujer Julia se mudan a la antigua casa familiar del primero para iniciar nueva vida. Ayudados por su amiga en común Kirsty, que está secretamente enamorada de Rory, comenzarán la mudanza para instalarse en el peculiar inmueble. Poco tiempo después de instalarse Julia descubrirá la presencia de una entidad inhumana en una de las habitaciones de la casa. Se trata de Frank Cotton, el pervertido hermano de Rory con el que Julia tuvo un escarceo amoroso poco antes de casarse. En uno de sus viajes Frank compró un misterioso cubo en Marruecos diseñado por un juguetero francés llamado Philip LeMarchand que sirve como puerta a otras dimensiones. De una de ellas vienen los cenobitas, una orden de seres demoníacos que proporcionan a sus víctimas una amalgama de placer y dolor sin límites que los destruye física y psicológicamente. Frank necesita sangre para recomponer su torturado cuerpo y solicitará la ayuda de Julia para conseguirla prometiéndole volver a ser su amante cuando haya terminado su complicada misión.




Con esta novela de 1986 Clive Barker se servía de no mucho más de 150 páginas para realizar un mórbido tratado sobre su personal e intransferible visión rompedora del horror. La inclusión de los cenobitas y la "Orden de la Hendidura" supuso todo un revulsivo en la literatura de terror cuando el autor de la saga Libros de Sangre diseñó un tipo de escritura de género alejándose del tono clasicista, pero también de la visión más realista y terrenal, de contemporáneos suyos como Stephen King o su compatriota Ramsey Campbell. Barker utiliza una siniestra imaginería sadomasoquista llena de cuero y afiladas cadenas salidas del averno hundiendo sus raíces en un mundo viviente habitado por seres deformes capaces de proporcionar al ser humano el más excitante de los placeres y el más inenarrable de los dolores. Esta impronta tan personal seguramente no hubiera sido adecuadamente captada por un director ajeno, y por ello el mismo novelista se asoció con New World Pictures para ocuparse de la adaptación a la pantalla grande.




La versión cinematográfica de Hellbound Heart es, como era de esperar por todo lo previamente comentado, escrupulósamente fiel al libro hasta en el más mínimo detalle. Sólo algunos cambios podemos encontrar en esta Hellraiser con respecto al escrito de Clive Barker, uno importante y otros más anecdóticos. Kirsty es hija del protagonista, por lo tanto hijastra de Julia, no su amor no correspondido y este último pasa a llamarse Larry, en lugar de Rory. A ello habría que sumar también la presencia del monstruo gigantesco que ataca a Kirsty en el hospital y que volverá a hacer acto de presencia en el clímax final, ser no nacido en las páginas de la novela. Los papeles principales están interpretados por Andrew Robinson (Harry el Sucio) Claire Higgins (Casandra's Dream, La Brújula Dorada) y Ashley Laurence, estas últimas vinculadas también a la secuela Hellbound: Hellraiser II dirigida por Tony Randel, escrita por Peter Atkins, producida por el propia Barker y de la que hablé hace unos años en este mismo blog. Para cerrar el casting tenemos a Sean Chapman como el lascivo y perverso Frank y a Doug Bradley en la punzante piel de Pinhead, el cenobita líder de los cuatro que en esta entrega hacen acto de presencia, en ningún momento siendo descrito en la novela como lo vemos en pantalla.




El tiempo ha tratado considerablemente bien a la ópera prima como director de Clive Barker, Casi treinta años después de su estreno internacional Hellraiser sigue mostrándose como un retrato visceral, aberrante y blasfemo de la amalgama entre placer y el dolor. Una producción cuya atmósfera asfixiante y claustrofóbica rasga la epidermis del mismo fotograma para alcanzar con fiereza a un espectador que en no pocas ocasiones casi puede oler el aire viciado de lascivia putrefacta, carne en continua (des)composición y hemoglobina derramada en aquella "habitación húmeda" que parece tener vida propia. Barker extrapola su visión malsana y perversa del terror, deudora tanto de literatos como H.P. Lovecraft como de ilustradores o pintores, ya sea el suizo H.R. Giger, del que toma la deformidad subhumana de sus diseños para crear la estética de los cenobitas, o M.C. Hescher, de quien sustrae su peculiar composición de una arquitectura retorcida y sobrenatural que, curiosamente, hará total eclosión en la segunda entrega de esta misma saga un año después.




A pesar de que su impronta consigue que Hellraiser transmita todo el microcosmos herético y monstruoso de la novela Clive Barker es lo suficientemente inteligente como para rodearse de un grupo de profesionales que puedan disimular sus carencias como cineasta. Seamos sinceros, los tres films rodados hasta ahora por el creador de Candyman dan muestra de que no es un gran director y eso que hay un salto importante dentro de sus dotes como realizador entre esta Hellraiser que nos ocupa y su siguiente cinta, Razas de Noche (Nightbreed), otra adaptación de una de sus novelas, Cabal, que poseía una imaginería visual muy potente sustentada en un endeble guión hasta en su montaje del director. La puesta en escena de Baker en su debut detrás las cámaras no es nada del otro mundo, sabe encuadrar y controlar el tempo narrativo para acrecentar la sensación de intriga o los momentos de terror, pero se le nota poco ducho en lides técnicas, dando en varios momentos síntomas de su bisoñez en el medio. Con todo debo admitir que la revisión que ayer le hice al film me ofreció la impresión de que su trabajo como jefe de ceremonias era mejor de lo que recordaba.




Por suerte Barker se sirve de la excelsa labor de un grupo de trabajadores que sacaron oro del exiguo presupuesto con el que contó el largometraje. La opresiva dirección de fotografía de Robin Vidgeon jugando a placer con las luces y sombras, le evocadora y apocalíptica banda sonora de Christoper Young sabiendo captar con una pericia sobrehumana el tono de la novela (esas campanas tañiendo como antesala de la aparición de los cenobitas) y sobre todo la enorme labor del equipo de Geoffrey Portass a la hora de dar forma a los efectos animatrónicos y de maquiillaje (la reconstrucción del cuerpo de Frank después de absorber la sangre de su hermano sigue siendo un pasaje de una visceralidad cortante y angustiosa) ofrecen su indispensable ayuda al director y guionista de la obra para conseguir trasladar los pensamientos más enfermizos que imprimió con hemoglobínica pericia en las páginas de su novela. El trabajo conjunto de este equipo técnico y el instinto de Barker para trasladar de un medio a otro su visión fueron los principales factores para que Hellraiser se convirtiera en la obra de culto dentro de su género que es hoy.




A pesar de algunas carencias y pasajes que podían haber sido mejor ejecutados en su momento, en pleno año 2016 la primera Hellraiser conserva toda su fuerza diabólica y represiva. Clive Barker realizó con su primer largometraje su mejor trabajo como autor cinematográfico sirviéndose de unos magníficos equipos técnico y artístico para dar inicio a una de las sagas más extensas de la historia del cine de terror y con ello crear uno de los iconos más importantes dentro del género, ese Pinhead al que Doug Bradly entrega toda su descarnada contención, poco teniendo que envidiar a otros roles clásicos como Freddy Krueger, Jason Voorhees o Cara de Cuero. Más adelante posiblemente hable del resto de secuelas de la franquicia Hellraiser, en las que hay de todo y para todos los gustos, pero de todas ellas esta primera es la más mítica y la que con más fiereza grabó a fuego su recuerdo en la mente de los amantes de las emociones fuertes y el celoluide más extremo.


martes, 15 de junio de 2010

Hellbound: Hellraiser II, thy kingdom come



Título Original: Hellbound: Hellraiser II (1988)
Director: Tony Randel
Guión: Peter Atkins, basado en personajes de Clive Barker
Actores: Clare Higgins, Ashley Laurence, Kenneth Cranham, Imogen Boorman, Sean Chapman, William Hope, Doug Bradley, Simon Bamford





En 1987 el escritor británico Clive Barker debutó como cineasta con Hellraiser: Los que Traen el Infierno adaptación a imágenes de The Hellbound Heart una de sus novelas más célebres. El film fue un gran éxito y a día de hoy es considerado una obra de culto del cine de terror de los 80. Una muy conseguida mirada acerca del infierno y la lasciva unión entre dolor y placer, sexo y muerte, Eros y Thanatos. Hellraiser supuso un hito, el mundo de los cenobitas dejó su huella en el cine de género y Barker comenzó una prometedora carrera como director que por desgracia se desinflaría a partir de su segunda obra, la estéticamente atractiva pero argumentalmente intrascendente Razas de Noche.




Tras el éxito de la primera entrega, la creación de una secuela era inevitable. Barker se alejó del proyecto y dejó en manos de dos conocidos suyos Tony Randel (montador del primer film) y Peter Atkins las labores de dirección y guión respectivamente para llevar a buen puerto tan complicada empresa. El resultado fue Hellbound: Hellraiser II, una más que digna secuela que seguía con bastante fidelidad lo ya planteado por el autor de Libros de Sangre, pero dando una visión más ambiciosa e hiperbólica del microcosmos que pudimos ver en la primera parte.




En Hellbound todo es una multiplicación de lo que ya pudimos ver en Hellraiser. Si en aquella sólo atisbamos las puertas del infierno en esta nos introducimos directamente en él, mostrado en pantalla como un mundo pesadillesco deudor tanto del escritor H. P. Lovecraft como del ilustrador H.R Giger, aunque esto como es lógico es más obra del mismo Barker y la estética que imprimió al primer film. Tanto el gore, como las escenas insanas, la ambientación sexualizada, la intervención de los cenobitas capitaneados por Pinhead, son mayores que en la primera parte, todo esto sin traicionar el estilo del escritor inglés, cosa que es muy de agradecer.




Si hay algún aspecto en el que Hellraiser II supera a su predecesora es en la realización. Porque seamos francos, Barker estaba muy bien con el guión e incluso indicando a los actores que debían hacer, pero su dirección desde el punto de vista técnico dejaba mucho que desear. Tony Randel no es ningún genio detrás de las cámaras (que haya dirigido varios episodios de los Power Rangers es buena muestra de ello), pero en su labor se ven la profesionalidad y las tablas que al creador de Candyman le faltaban. Como ejemplo la escena de el nacimiento de Pinehead, la de la aparición de Julia en el despacho con la consiguiente y brutal eliminación del paciente ante los ojos del Dr Channard, la aséptica y muy bien ejecutada de Julia en la blanquecina casa del médico rompiendo el espejo o las apariciones de los cenobitas, más brutales y retorcidas.




En cambio donde flojea el film es en su escritura. El guión de Peter Atkins carece de estructura y el mismo sólo se centra en mostrar de manera caótica ese mundo onírico lleno de seres ultraterrenales con formas fálicas. Dando forma a un encadenado inverosimil de escenas sin mucho sentido que sólo tienen como fin impactar visualmente gracias al uso de los excelentes efectos de maquillaje. Las lagunas argumentales son notorias y algunas de las excusas narrativas (lo del colchón es de traca) están tan mal planteadas como poco desarrolladas.




Hellbound sigue la senda de Hellraiser y gracias a ello a día de hoy aún es vista como un más que correcto film de terror y la más fiel continuación al discurso que imprimió Clive Barker a la primera entrega. La ambientación, el reparto que repite casi en su totalidad con respecto a la primera entrega, su conseguida puesta en escena y una excelente banda sonora de Christopher Young complementan y dan entidad al film que nos ocupa, que sería la última entrega verdaderamente fiel al origen literario y fílmico en el que se basa. Porque a partir de la horripilante (aunque entretenida por ridícula) Hellraiser III, el Infierno en la Tierra, todas las demás secuelas se mostraron como un despropósito detrás de otro. Sí, hacían pasar un buen rato al espectador, pero estaban cada vez más alejadas de los inteligentes planteamientos del film primigenio.