jueves, 15 de noviembre de 2018

Bohemian Rhapsody



Título Original Bohemian Rhapsody (2018)
Director Bryan Singer y Dexter Fletcher
Guión Anthony McCarten y Peter Morgan
Reparto Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, Lucy Boynton,  Aidan Gillen, Tom Hollander, Mike Myers, Allen Leech, Aaron McCusker, Jess Radomska, Max Bennett, Michelle Duncan, Ace Bhatti, Charlotte Sharland, Ian Jareth Williamson, Dickie Beau, Jesús Gallo, Jessie Vinning





La idea de llevar a la pantalla grande la historia de banda británica de rock Queen, y por lógica la vida de Freddie Mercury, llevaba muchos años rondando en las mentes de Brian May y Roger Taylor, guitarrista y batería del grupo respectivamente y las dos personas responsables de la marca desde que el bajista, John Deacon, se desvinculara de esta tras la muerte del célebre frontman apelando a que Queen sin Freddie Mercury no tenía sentido. Para bien o para mal May y Taylor han mantenido en activo la vida del conjunto con musicales, discos recopilatorios y en vivo, giras con otros cantantes como Paul Rodgers (con el que llegaron incluso a grabar un nuevo lp, The Cosmos Rocks) o Adam Lambert y ahora con un exitoso largometraje que, tras ser vapuleado por la prensa especializada, ha encontrado el respaldo de un público entregado en masa para ver este esperado biopic centrado en una de las personalidades más importantes de la música contemporánea.




Los problemas con respecto a esta Bohemian Rhapsody que ahora llega a nuestras pantallas tuvieron lugar a lo largo de las distintas etapas de su creación. Cuando parecía confirmado el nombre del humorista, actor y director Sacha Baron Cohen para dar vida a Freddie Mercury, Brian May y Roger Taylor prescindieron de sus servicios debido, supuestamente, a la intencionaldiad del protagonista de Brüno o El Dictador por ahondar en los pasajes más controvertidos del cantante como su época hedonista o su bisexualidad, algo que no agradó a los músicos reconvertidos en productores cinematográficos que en sus declaraciones más recientes confirman la de Baron Cohen como una opción nunca tomada del todo en serio. Finalmente la desconcertante, pero definitivamente acertada, elección del interprete americano Rami Malek (Mr Robot) para meterse en la piel de Farrokh Bulsara se convirtió en uno de los mayores aciertos del largometraje, pero de eso hablaremos más adelante.




Una vez comenzada la producción de la película los obstáculos siguieron sucediéndose. El director elegido para orquestar el proyecto, Bryan Singer, fue despedido por 20th Century Fox debido a sus continuas ausencias injustificadas del set de rodaje y por algún que otro encontronazo con Rami Malek. Para terminar el metraje restante tomó su relevo detrás de las cámaras el actor y director Dexter Fletcher (Lock & Stock) responsable de otro biopic musical, Rocket Man, centrado en Elton John con Taron Egerton (Kingsman 1 y 2) dándole vida y que verá la luz a lo largo del próximo año. Aunque en los títulos de crédito sólo consta el nombre del realizador de X-Men: Días del Futuro Pasado el mismo protagonista de Bohemian Rhapsody afirma que Dexter Fletcher fue, de los dos directores, el que mejor entendió el proyecto y lo dotó de verdadera alma. Declaraciones no sabemos si reales o el resultado de la, ya manifiesta, enemistad del intérprete con Singer tras los problemas compartidos por ambos durante la rocambolesca gestación de la obra.




Después de este somero repaso a los avatares a los que se enfrentó la producción de Bohemian Rhapsody ya podemos evaluarla como traslación de la historia de Queen en general y Freddie Mercury en particular al medio audiovisual y también como largometraje. Por desgracia desde las dos perspectivas la película tiene luces y sombras, aciertos y defectos, buenas y malas intenciones. El resultado deja un sabor agridulce por arrojar luz sobre algunas de las etapas más importantes de la banda, pero haciéndolo de manera sesgada y en ocasiones hasta deshonesta por parte de unos Brian May y Roger Taylor incapaces de abordar la vida de su amigo Freddie con total sinceridad y sin miedo a revelar los pasajes menos amables de su existencia. Todo ello con la comprensible intención de crear el mejor homenaje posible al que fue su compañero durante viente años de carrera, pero manipulando hechos y fechas en pos del dramatismo. Algo en lo que incidiremos un poco más adelante.




Bohemian Rhapsody es un biopic puramente hollywoodiense al seguir casi todas las señas de identidad adheridas a este subgénero cuando ha sido gestado dentro de las majors estadounidenses. Estructura formada por inicio humilde, ascenso a la fama, caída en picado por culpa de excesos o adicciones varias, purgatorio y redención. Máxima responsabilidad de la viabilidad del proyecto depositada en un excelente actor cuya transformación física y labor interpretativa no sólo depara premios y alabanzas múltiples, sino que también llega a eclipsar al resto de apartados del largometraje, normalmente no muy destacables. Visión descafeinada de la vertiente más negativa de la personalidad del protagonista con la misión de conseguir una falsaria y artificial empatía con el espectador asumiendo la preconcebida incapacidad de este a la hora de conectar emocionalmente con una persona repleta de claroscuros. Idea esta que muestras magistrales, y atípicas, del subgénero como Bird, de Clint Eastwood, o The Doors, de Oliver Stone, desacreditan totalmente.




El largometraje dirigido por Bryan Singer y Dexter Fletcher se posiciona de manera más o menos ortodoxa en esta vertiente de hagiografías, pero por suerte no nos han privado de ofrecer la cara más excesiva de Freddie Mercury aunque sea superficialmente. En Bohemian Rhapsody no se elude la bisexualidad del protagonista, ni su etapa más entregada a los excesos y la vida nocturna o sus visitas a los locales de ambiente de la época, algo de agradecer a los guionistas Anthony McCarten y Peter Morgan. El problema es que por todos esos momentos se pasa de puntillas, sin exponer en pantalla nada explícito que pudiera despertar las iras de cierto sector del público más conservador y así dejar satisfecho y feliz a todo el mundo mientras se paga el precio de lo acontencido realmente a lo largo de aquellos años, de vital importancia para que el frontman de Queen adquiriera la enfermedad que años más tarde la costaría la vida.




Desde un punto de vista estilístico y de ambientación la traslación de los mejores años profesionales de Queen a la pantalla es brillante. El trabajo de dirección artística, maquillaje y vestuario es de nota dando forma a un diseño de producción convertido en una de las mayores virtudes de la película a pesar de la presencia de alguna que otra peluca (las usadas por Freddie Mercury y John Deacon en los 70 o prácticamente todas las de Roger Taylor) de terrorífico acabado y una dentadura postiza demasiado pronunciada para Rami Malek con la intención de emular los característicos dientes del cantante. A todo esto debemos sumarle una banda sonora magistral con algunas de las mejores composiciones del conjunto y un especial cuidado y cariño por hacer creíble en los conciertos en directo, o los momentos íntimos con interpretaciones a capella, que es realmente Rami Malek el dueño de la portentosa voz de Mercury. Algo conseguido gracias a una combinación de la del actor, la del mismo cantante y la del canadiense Marc Martel, uno de sus mejores imitadores.




Como regalo para los fans de Queen Bohemian Rhapsody funciona desde el minuto uno. Con Freddie despertándose rodeado de gatos, escuchando ópera y con un cuadro en el centro de su dormitorio con la famosa fotografía de la actriz Marlene Dietrich que le sirvió como inspiración para la portada del álbum Queen II, y a su vez pose más característica de la banda en forma de rombo, o la delectación de Brian May sacando de su funda la Red Special, guitarra que construyeron su padre y él acompañándole a lo largo de toda su carrera, entre otros muchos detalles, todo es una dosis continua de fanservice para los seguidores del grupo con referencias a Smile, la composición de discos y temas icónicos, la presencia de personajes indivisibles a su historia, para bien o para mal, y la adecuada captación del espíritu musical de los británicos por medio de una labor histórica y de investigación tan digna de elogio como lógica si tenemos en cuenta quienes son los precursores del proyecto.




Tristemente no todo son alabanzas en el sentido de capturar la magia (¿a kind of magic?) de Queen en pantalla. La puesta en escena de Bryan Singer y Dexter Fletcher es tan eficiente cuando debe capturar la épica de las descargas en directo o el intimismo en los momentos más personales como recargada cuando quiere enfatizar la idea de convertir, desde un punto de vista inmersivo, al espectador en un testigo más de aquellos momentos inolvidables. Sirva como ejemplo el clímax del largometraje con el evento Live Aid y los históricos poco más de 20 minutos de Queen que insuflaron nueva vida a los cuatro músicos. Mientras las imágenes capturadas de la emisión original funcionan con una eficiencia intachable son el recurso de los planos detalle, la estilización visual exagerada de algunos encuadres innecesariamente enfatizados y una tendencia al efectismo los que en ocasiones nos sacan de ese glorioso final en el que se dejan notar las mayores virtudes y lo más notables defectos técnicos de Bohemian Rhapsody.




Pero si hay algo de lo que se ha acusado a los responsables de Bohemian Rhapsody es de manipular muchos hechos relacionados con la carrera de Queen y su cara visible, unos con mayor importancia que otros. Aunque nos privara de algunos de los momentos más emocionantes de la historia del grupo es comprensible que Roger Taylor y Brian May no quisieran abordar los años de enfermedad de Freddie por respeto hacia él y con la intención final de evitar el morbo. Lo que no tiene tanto sentido es cambiar la manera en la que Mercury se unió a la banda o conoció a Mary Austin, retrasar tres años la composición de un tema como We Will Rock You, convertir el disco en solitario del cantante en uno de los controvertidos motivos de la casi ruptura del cuarteto cuando por aquel entonces May y Taylor ya habían hecho lo propio, este último hasta en dos ocasiones, o afirmar que antes del concierto de Live Aid llevaban tres años sin tocar juntos obviando así la gira del disco The Works de 1984.




El cambio ejecutado con todos estos apuntes históricos relacionados con Queen, unos de más gravedad que otros como ya hemos anotado, palidecen ante la decisión más polémica tomada en Bohemian Rhapsody. Aunque la película nos quiera hacer creer lo contrario Freddie Mercury no descubrió que había adquirido el virus del VIH hasta 1987, no sólo dos años después de Live Aid, fecha elegida por el film para localizarla, sino uno después de una de las giras más importantes de la banda, aquella Magic Tour con la que promocionaron el disco A Kind of Magic (1986). Para colmo los guionistas también afirman que Freddie confesó su enfermedad a Brian, Roger y John el mismo día del festival internacional impulsado por Bob Geldof, cuando realmente tuvo lugar bastantes años más tarde. Evidentemente estamos hablando de un largometraje con unos códigos y un lenguaje propios para enfatizar el dramatismo de su relato y el elegir Live Aid como su culminación obligó a los productores a ser prácticos y situar en aquel mítico día todo el poso emocional del clímax de la obra. Pero la decepción, y hasta el enfado, de algunos fans se antoja tan inevitable como comprensible.




Como previamente hemos mencionado en todo biopic, prototípico o no, su actor protagonista suele destacar sobre el el reparto de secundarios y en ocasiones por encima incluso del resto de apartados del largometraje, también algo acontecido en Bohemian Rhapsody. La labor de Rami Malek es brillante no sólo por capturar fielmente la gestualidad, el amaneramiento, la fuerza sobrehumana en la que se convertía sobre el escenario, el descaro y sobre todo el timbre de voz de Freddie Mercury, sino también por emular con virtuosismo esa amalgama entre divo virtuoso, excesivo y superdotado en su vida profesional y persona tímida, vulnerable y solitaria en lo personal que definía su identidad. Evidentemente la profecía se da por cumplida y él es lo mejor del film, pero por suerte el resto del reparto no le va a la zaga con cuatro eficientes actores como Joseph Mazzello, Ben Hardy y Gwilym Lee dando vida a sus compañeros de Queen (a destacar la labor del último como Brian May, con un trabajo de mímesis que poco tiene que envidiar al de Malek) o Lucy Boynton en la piel de Mary Austin, primer amor y mejor amiga de Freddie hasta el día de su prematura muerte.




Bohemian Rhapsody es una película para todos los públicos, hecha para gustar un amplio abanico de espectadores como los seguidores de la banda y el público generalista que conocerá por primera vez los entresijos de una de las bandas de rock más importantes de todos los tiempos con su cantante como epicentro del relato. Se trata de un buen producto, eficiente, hecho con cariño y con la misión de encumbrar la figura de Freddie Mercury a modo de recuerdo a su memoria. Pero también es un producto de naturaleza prefabricada, facilón en muchos aspectos e ideado de manera milimétrica para forzar las emociones de todo aquel con intencionalidad de consumirlo como proyecto cinematográfico. Los fans más incondicionales del grupo, están ahora mismo leyendo a uno de ellos o me gusta creer serlo, nos quedamos con una sensación contradictoria. Agradecidos por la simple existencia del film, y molestos por haber desperdiciado la oportunidad de hacer algo verdaderamente grande con Queen.


domingo, 11 de noviembre de 2018

Mandy, walk with me in hell



Título Original Mandy (2018)
Director Panos Cosmatos
Guión Aaron Stewart-Ahn y Panos Cosmatos
Reparto Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Bill Duke, Richard Brake, Hayley Saywell, Line Pillet, Ned Dennehy, Clément Baronnet




En 2010 se estrenó en los círculos del cine independiente internacional una producción canadiense sorprendiendo a propios y extraños. Beyond the Black Rainbow, debut cinematográfico del cineasta Panos Cosmatos, supuso una rara avis con la que el hijo de George P. Cosmatos (Rambo II, Cobra: El Brazo Fuerte de la Ley, Tombstone) homenajeaba al David Cronenberg primigenio, aquel de cortos y mediometrajes como Transfer, From the DrainStereo o Crimes of the Future con historias localizadas en entornos asépticos y protagonizadas por personajes de psicología torturada y retorcida analizados por el director con el distanciamiento y la precisión de un entomólogo. Dicha ópera prima abrazaba una premisa argumental similar a la de estas (farragosas y en ocasiones muy aburridas) piezas, pero desde un punto de vista estilístico Cosmatos apostaba por una lisergia visual capaz de convertir Beyond the Black Rainbow en un viaje psicotrópico a la psique humana con hallazgos formales merecedores de ser destacados, pero un desarrollo argumental bastante plomizo y redundante. Ocho años han tenido que pasar para que Panos Cosmatos estrene su segundo largometraje detrás de las cámaras llegando hoy mismo a nuestras carteleras.




Mandy tuvo su puesta de largo internacional en el pasado Festival de Cannes y contra todo pronóstico allí gustó de manera generalizada tanto a la crítica como al público, algo no muy común en la croisette cuando hablamos de propuestas cinematográficas de género como esta, moviéndose entre el terror y el drama, pero con una estética, heredada de Beyond the Black Rainbow, muy peculiar por parte de Panos Cosmatos. La trama está localizada en el año 1983 y se centra en Red Miller (Nicolas Cage) y Mandy Bloom (Andrea Riseborough) un matrimonio, guarda forestal él y artista ella, viviendo felices y aislados del mundo en las inmediaciones de Shadow Mountains. Todo se tuerce un día cuando una secta de reminiscencias hippiescas llamada Hijos del Nuevo Amanecer capitaneada por Jeremiah Sand (Linus Roacher) se cruza por la carretera con Mandy y el líder del culto se encapricha con ella hasta el punto de secuestrarla. Desde ese mismo momento Red se embarca en una orgía de muerte y sangre contra los captores de su pareja llevándole a una bajada a los infiernos donde la muerte, el sadismo, el asesinato y la imposibilidad de distinguir fantasía de realidad se apoderan de la pantalla.




Un proyecto como Mandy se desdobla claramente en dos mitades muy diferenciadas, revelándose ambas casi como dos películas dentro de una misma. La primera mitad es una historia romántica protagonizada por dos outsiders viviendo una plácida existencia lejos de la civilización expuesta en pantalla con tono calmado y contemplativo, pero abordado por Panos Cosmatos con una puesta en escena alucinatoria y mística no alejada del Alejandro Jodorowsky de Santa Sangre o el Nicolas Winding Refn de Sólo Dios Perdona. Tras esa tensa calma anida una violencia a flor de piel apunto de explotar (la anécdota de su infancia que Mandy cuenta a Red mientras ambos están abrazados) tomando forma con la llegada de Jeremiah y sus acólitos. La segunda hora de metraje es una clásica historia de venganza con el protagonista dando caza a los secuestradores de su novia, con un Red cada vez más desatado y embarcado en una espiral de violencia en cruento aumento sirviendo de excusa para que Panos Cosmatos recrudezca su puesta en escena hasta el punto de convertir la recta final del film en un viaje psicotrónico a ritmo de riffs de guitarra eléctrica, siniestros sintetizadores y luces de neón capaz de embriagar o repeler a distinto tipo de espectadores.




Pudiera parecer que una vez Mandy se introduce en su tercer acto Panos Cosmatos se entrega a los prostituibles brazos del exceso por el exceso y a la anarquía formal sin medida. Nada más alejado de la realidad, el italocanadiense posee un control férreo de todo lo acontecido e pantalla, mostrando unos conocimientos brillantes de técnica y planificación de tomas dando ejemplos de una elaborada realización hasta en los pasajes supuestamente más caóticos. El aroma a cine Grindhouse, literatura pulp y acabado pictórico con un uso alucinatorio de una imperante paleta de colores rojizos capaces de convertir el encuadre en un sempiterno viaje de ácido con destino indeterminado se acentúa gradualmente en el proceso, con Cosmatos jugueteando con una estilización extrema y mutante, incluyendo hasta pasajes animados deudores de piezas de culto del género como Heavy Metal (1981). Mientras tanto ahonda en reflexiones metafísicas algo farragosas como si fueran espetadas por un filósofo adicto al peyote e inyecta a todo el conjunto una pátina de tristeza y melancolía focalizada en el personaje de Mandy capaz de insuflar verdadero corazón a una propuesta simplista desde el punto de vista argumental, con una historia mil veces vista, que no destacaría en ningún aspecto si no fuera por la visceral puesta en escena de su principal responsable.




Pero si hay un apartado en el que Panos Cosmatos ha demostrado ser una persona harto inteligente es en el de elegir al reparto principal de su segundo largometraje. Nicolas Cage, ese hombre, actor reputado capaz de colaborar con maestros como David Lynch, Joel y Ethan Coen, Martin Scorsese, Oliver Stone o su tío, Francis Ford Coppola, deviene desde hace años en meme andante, objeto de befa y mofa en la red desde que se lanzó a una ruta suicida de películas lamentables y postizos capilares no menos horrendos. El director de Beyond the Black Rainbow es consciente de tal hecho y por ello le ha entregado un papel que desdobla sus dos vertientes interpretativas. Durante la primera mitad nuestro protagonista apela a la contención, la mesura con un rol muy parecido al que dio vida en la recuperable Joe e interactuando con mucho acierto a la hora de compartir plano con su parteneire femenina. Pero ya en la segunda parte del film, mientras el relato comienza a transitar la senda de la demencia, el histrionismo propio de los últimos años de su carrera se materializa en pantalla con una memorable sobreactuación inasequible al desaliento en la que el protagonista de Leaving Las Vegas despliega todo su abanico de tics, muecas, excesos para goce del respetable, esta vez con toda la justificación del mundo gracias al material puesto en sus manos por un co guionista y director amante de la ambibalencia dramática de su actor protagonista.




Completan el peculiar “triángulo amoroso” (forma geométrica imperante a lo largo de todo el metraje, con presencia hasta en el cartel de la película) los británicos Andrea Riseborough y Linus Roache. Ella, abordada por el objetivo de Panos Cosmatos con una estética poco favorecedora ajena a cualquier canon establecido de belleza se revela hipnótica y etérea en pantalla, haciendo comprensible para el espectador el amor depositado en ella por Red a pesar de mostrarse como una taciturna y pálida mujer menuda y de aspecto poco reseñable. Como previamente hemos apuntado, y delata el título de la película, ella es el alma del largometraje y la trágica historia que la rodea parece ofrecer apuntes autobiográficos posiblemente relacionados con el mismo Panos Cosmatos. Él en cambio da vida a una especie de emulo o sosias de Charles Manson con ínfulas mesiánicas. Un rol nada sencillo con propensión a caer en el ridículo en no pocos pasajes si hubiese sido abordado por el intérprete inadecuado. Algo no acontecido en este caso gracias al talento del actor de Vikingos acometiendo una criatura capaz de bascular sin mayor dificultad entre la amenaza física y psicológica y el patetismo sin adentrarse nunca en la parodia o la sátira malintencionada.




Mandy es una historia de amor, terror y venganza a ritmo de rock duro y música electrónica, con estética de videoclip de death metal y reparto en continuo estado de trance. El descomunal trabajo detrás de las cámaras de Panos Cosmatos se ve potenciado hacia la estratosfera gracias a la soberbia dirección de fotografía de Benjamin Loeb y la memorable banda sonora del tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson engendrando una rara avis tanto en el cine de autor como en el de género. Alabada de manera casi unánime por crítica y público y ganadora del premio a mejor director en el pasado festival de Sitges para su máximo responsable la segunda cinta del cineasta italocanadiense es la confirmación de un enorme y particular talento capaz de dejar en paños menores al de su progenitor. Quedamos a la espera del próximo proyecto de Panos Cosmatos del que por ahora nada sabemos con la esperanza de no ser un paso en falso dentro de una prometedora filmografía, o peor todavía, una superproducción de ese Hollywood capaz de fagocitar el prometedor futuro de realizadores independientes convertidos por el peligroso arte del “golpe de talonario” en un engranaje más de su mastodóntica maquinaria.


jueves, 8 de noviembre de 2018

Halloween: Retorno a Haddonfield



“Lo conocí hace 15 años, me dijeron que no quedaba nada, ni razón, ni conciencia, ni comprensión, e incluso el sentido más rudimentario de la vida o la muerte, del bien o del mal, correcto o incorrecto. Conocí a este niño de seis años de edad, con este rostro en blanco, pálido, sin emociones, y los ojos más negros… los ojos del diablo. Pasé ocho años tratando de llegar a él, y luego otros siete tratando de mantenerlo encerrado porque me di cuenta de lo que vivía detrás de los ojos de ese niño era pura y simplemente … maldad “

Como plato fuerte dentro de este ciclo de obras de terror que estamos reseñando con motivo de Halloween aprovechamos el estreno de La Noche de Halloween (2018) para dedicar un repaso a toda la franquicia ideada en su origen por el director John Carpenter y la productora Debra Hill allá por el lejano 1978. La Noche de Halloween nació en la mente del productor Yrwin Yablans cuya intención era realizar una película de terror protagonizada por babysitters. Para sacarla adelante se asoció con su coetaneo Moustapha Akkad colaborando ambos en la compañía Compass International Pictures, y los dos delegaron responsabilidades en un grupo de jóvenes cineastas que venían de llamar la atención con una pequeña cinta titulada Asalto a la Comisaría del Distrito 13. Con un presupuesto de sólo 320.000 dólares, diez días de rodaje y un único rostro conocido en el reparto, el del veterano Donald Pleasance, Hallowen fue durante años la película independiente más rentable de la historia del cine y la “Piedra Rosetta” del subgénero slasher, cuya eclosión total llegó en la década de los 80.




Como previamente hemos apuntado vamos a dedicar la siguiente entrada a la célebre saga protagonizada por Michael Myers incluyendo breves reseñas de todas y cada una de las entregas, así como una más extensa para la última de reciente factura co escrita y dirigida por David Gordon Green, producida por John Carpenter y protagonizada por Jamie Lee Curtis. Empezaremos, como es lógico, con la obra primigenia y seguiremos con sus siete secuelas estrenadas entre 1981 y 2002 para a continuación detenernos en la reinvención de la serie a manos del músico y cineasta Rob Zombie (La Casa de los 1000 Cadáveres, Los Renegados del Diablo, The Lords of Salem) con el remake del film de John Carpenter y su correspondiente secuela. Finalmente cerraremos el especial con esa nueva secuela que, obviando todas las de la franquicia original, se revela como una continuación directa del clásico de culto dirigido por el autor de En la Boca del Miedo o El Príncipe de las Tinieblas cuya expectación ha ido en aumento desde que tuviera su puesta de largo en pasado Festival de Toronto. Preparaos niños y niñas, poneos vuestras máscaras de la marca Silver Shamrock, salid a la calle a jugar a “truco o trato” y vigilad vuestras espaldas, porque Michael Myerrs vuelve a Haddonfield por Halloween.


La Noche de Halloween (1978)



Dirección: John Carpenter
Guión: Debra Hill, John Carpenter
Música: John Carpenter
Fotografía: Dean Candey
Reparto: Jamie Lee Curtis, Donald Pleasence, Nancy Loomis, P.J. Soles, Charles Cyphers, Kyle Richards, John Michael Graham, Brian Andrews, Nick Castle
Duración: 93 min
Productora: Compass International Pictures / Falcon International Productions.
Nacionalidad: Estados Unidos

El slasher por antonomasia nacido como un homenaje al cine de Alfred Hithcock y con muchos apuntes del giallo italiano que por aquel entonces fascinaba a unos jóvenes Debra Hill y John Carpenter La Noche de Halloween supuso el primer gran éxito de un par de treintañeros viéndose inmersos en el proyecto que cambiaría sus vidas, respaldados por unos equipos artístico y técnico totalmente implicados en la producción aún siendo consicentes de tener que ejercer distinto tipo de labores por las que no serían remunerados. La trama era sencilla, Michael Myers (Nick Castle), quince años atrás asesino de su hermana siendo un niño de sólo seis años, escapa del sanatorio mental en el que lleva años encerrado para sembrar el caos y la muerte en la ciudad de Haddonfield, con la joven babysitter Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) como principal objetivo. Mientras, el psiquiatra Samuel Loomis (Donald Pleeasance) sigue los pasos de su paciente para intentar evitar la masacre con la que planea bañar en hemoglobina ese 31 de octubre de 1978. Al igual que sucedía con la primera entrega de La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre) la tercera película de John Carpenter posee una inmerecida fama de film propenso a la violencia explícita, cuando casi no hay una gota de sangre a lo largo de todo su metraje. Esta idea podría hacernos pensar que La Noche de Halloween carecería de los resortes y señas de identidad adecuadas para convertirse en un gran película de terror. Por suerte el resultado es todo lo contrario gracias a la maestría de su, por aquel entonces, joven co guionista y director.


No es la presencia de un asesino convertido en una abstracción del mal en su estado más puro con intención de acosar y matar niñeras lo que convierte a La Noche de Halloween en una pieza magistral, sino la brillante puesta en escena de John Carpenter a la hora de abordar la historia escrita por Debra Hill y él mismo. Desde el mismo arranque con el falso plano secuencia con la Panaglide, versión de la famosa steadycam diseñada por Panavision, el director pone las cartas sobre la mesa construyendo un relato con un in crescendo de tensión bestial consolidándose poco a poco y sin prisas, aumentando gradualmente la sensación de amenaza representada por un Michael Myers omnipresente e intimidante durante su asedio, más psicológico que físico. Carpenter hace tan bien su trabajo, posee un control tan impresionante del tempo narrativo y unas aptitudes impresionantes para aprovechar al máximo el formato scope que puede permitirse pasar casi una hora de metraje sin que su asesino cometa asesinato alguno mientras la narración no se resiente en ningún momento y convirtiendo en un clímx catárquico su primer crimen en Haddonfield.




Grandes angulares, planos dejando respirar los encuadres, tomas subjetivas desde el punto de vista del asesino, una conjunción milimétrica entre las imágenes y la mítica banda sonora obra del mismo John Carpenter, la rotundidad física de Nick Castle como Michael Myers, un excelente reparto comandado por las tablas de Donald Pleasance y la entrega de Jamie Lee Curtis como scream queen pionera y el aliciente que supone localizar la historia en la fiesta de Halloween hacen de la cinta homónima una obra maestra incontestable. El primer slasher, el que asentó las bases, señas de identidad e idiosincrasia del subgénero sigue siendo la mejor muestra del mismo y nunca ha sido superada, ni por sus numerosas secuelas o remakes, ni por la ingente cantidad de variantes, copias y homenajes rodados desde principios de los años 80 hasta la actualidad. A pesar de haber sido masacrada por la crítica durante su estreno el rotundo éxito de taquilla al que dio lugar abrió las puertas de par en par a secuelas de distinto pelaje, la más cercana narrando hechos inmediatamente posteriores a los acontecidos en este clásico indispensable dentro del mejor cine de terror de todos los tiempos.


Halloween II: ¡Sanguinario! (1981)



Dirección: Rick Rosenthal
Guión: Debra Hill, John Carpenter
Música: John Carpenter
Fotografía: Dean Candey
Reparto: Jamie Lee Curtis, Donald Pleasence, Charles Cyphers, Jeffrey C. Kramer, Lance Guest, Pamela Susan Shoop, Hunter von Leer, Leo Rossi, Nancy Stephens, Ana Alicia, Gloria Gifford
Duración: 92 min
Productora: Universal Pictures / Dino de Laurentiis.
Nacionalidad: Estados Unidos

Ante el enorme éxito de La Noche de Halloween Yrwin Yablans y Moustapha Akkad se pusieron manos a la obra con la secuela y para llevar a buen puerto dicha empresa se asociaron con el mítico productor italiano Dino de Laurentiis. Halloween II, rebautizada en España estúpidamente como ¡Sanguinario!, llegó a las pantallas de todo el mundo en 1981 y aunque el proyecto fue de nuevo ofrecido a Debra Hill y John Carpenter estos sólo ejercieron como productores y autores del guión, cediendo el autor de Golpe en la Pequeña China (Big Trouble in Little China) la batuta de la dirección al, por aquel entonces, debutante Rick Rosenthal, una vez Tommy Lee Wallace, colaborador habitual de Carpenter, rechazara el mismo ofrecimiento. Como los hechos acontecidos en esta segunda parte tenían lugar durante la misma noche de la primera Jamie Lee Curtis y Donald Pleasance volvieron para interpretar a los sufridos Laurie Strode y Samuel Loomis respectivamente, teniendo ambos que enfrentarse de nuevo a un Michael Myers con la intención de eliminar a la babysitter, ahora ingresada en Haddonfield Memorial Hospital y con pocas posibilidades de escapar del lugar por culpa de las heridas sufridas en su primer enfrentamiento con el asesino enmascarado. Con respecto a Halloween II sus responsables fueron a lo seguro y decidieron no abandonar los preceptos establecidos por John Carpenter en 1978. Algo que se deja ver sobre todo en la labor detrás de las cámaras por parte del director de Bad Boys.


Rick Rosenthal ejecuta un trabajo tan efectivo como impersonal a la hora de emular de manera enfermiza la puesta en escena de John Carpenter repleta de planos largos, el uso de la steadycam y no cargando demasiado las tintas con la violencia, aunque esta vez sea más abundante y explícita que en la primera parte. La historia fluye con naturalidad, la sensación de amenaza por parte de Michael Myers no es tan eficiente como en la versión de 1978, pero el guión de Hill y Carpenter así como la realización de Rosenthal dan forma a varios pasajes interesantes convertidos en lo mejor de la velada. Por desgracia pasado el ecuador del metraje las decisiones incorrectas de guión, desembocando en la estupidez de convertir a Laurie Strode en la hermana de Michael Myers, los momentos dubitativos cuando la historia encarrila su recta final y un clímax bastante irregular restan algunos puntos a lo que hasta ese momento era una secuela más que digna del largometraje de John Carpenter con los suficientes alicientes para mantener el tipo en casi todo momento ante la complicada tarea de dar continuación a un clásico.




Halloween II: ¡Sanguinario! es una meritoria segunda parte. Aún quedando lejos de los hallazgos formales y narrativos de su predecesora, a pesar de copiarlos descaradamente, se revela como un producto competente, efectivo, artesanal, poseedor de cierto encanto y con unos Jamie Lee Curtis y Donald Pleasance todavía capaces de creerse sus papeles, que volverían a repetir en años posteriores a la franquicia, pero nunca compartiendo pantalla de nuevo. Una vez más la respuesta por parte del público fue positiva, de modo que la continuación de la saga estaba más que asegurada. Lo que pocos sabían por aquel entonces es que para la tercera entrega sus máximos responsables iban, dos años después, a dar un cambio radical al microcosmos ya establecido alrededor de Michael Myers y sus asesinatos en Haddonfield durante la festividad de Halloween, para realizar un atípico experimento cuyo resultado no estuvo a la altura de las circunstancias en su época de estreno, pero ganando con el paso de los años numerosos adeptos capaces de considerarla una obra tan mítica como la Halloween de 1978.


Halloween III: El Día de la Bruja (1983)



Dirección: Tommy Lee Wallace
Guión: Tommy Lee Wallace
Música: John Carpenter
Fotografía: Dean Candey
Reparto: Tom Atkins, Stacey Nelkin, Dan O’Herlihy, Ralph Strait, Michael Currie, Jadeen Barbor, Bradley Schachter, Garn Stephens
Duración: 98 min
Productora: Universal Pictures / Dino de Laurentiis
Nacionalidad: Estados Unidos

Después de dos entregas harto exitosas Debra Hill y John Carpenter tomaron la decisión opuesta a la elegida por Moustapha Akkad, Yrwin Yablans y Dino de Laurentiis con respecto a Halloween II: ¡Sanguinario! jugándose el todo por el todo con una tercera entrega tomando la suicida decisión de prescindir de su personaje principal, el letal Michael Myers, ya convertido en un icono del cine de terror de la época. Con un hombre de confianza de Hill y Carpenter como Tommy Lee Wallace tomando las riendas de la producción a modo de guionista y director Halloween III: Season of the Witch iba a ser la primera entrega de una saga en forma de antología que contaría diferentes historias para la pantalla grande localizadas en la famosa festividad de la noche del 31 de octubre, pero su fracaso de crítica y público dio al traste con dicha propuesta. Situando gran parte de su trama en el pueblo californiano de Santa Mira la trama sigue los pasos de la improvisada pareja formada por el doctor Daniel Challis (Tom Atkins) y la joven Ellie (Stacey Nelkin) cuya misión de encontrar el origen de la misteriosa muerte del progenitor de esta última les llevará a la inquietante fábrica de la marca Silver Shamrock, presidida por Conal Cochran (Dan O’Herlihy), y especializada en diseñar unas máscaras infantiles que durante la noche de Halloween se activarán por medio de unos microchips haciendo peligrar la vida de todos los niños de Estados Unidos.


Alejándose de Haddofield, Michael Myers y el subgénero slasher Halloween III: El Día de la Bruja pareciera un homenaje a series como The Twilight Zone o The Outher Limits construida con mucho oficio y profesionalidad por un Tommy Lee Wallace curtido en mil batallas como montador, diseñador de producción o director artístico junto a su amigo John Carpenter. En su faceta como guionista y realizador da aquí sus primeras muestras de eficiencia, que volvería a desplegar en años posteriores con productos como Noche de Miedo 2 (Fright Night 2) o la mítica miniserie It (Eso), vertebrando un relato cuyo extraño planteamiento y desarrollo funcionan perfectamente de cara a un espectador en todo momento interesado por lo que se esconde detrás de Conal Cochran y su diabólica fábrica de máscaras de Halloween. A pesar de un clímax algo más aparatoso, desdibujando un poco la cohesión narrativa expuesta hasta ese momento por Lee Wallace y sus colaboradores, la tercera película funciona como “elseworld” dentro de la ficción creada por Debra Hill y John Carpenter gracias a su encanto y un puñado de pasajes memorables elevando el nivel de una propuesta ya de por sí bastante correcta.




Con el carisma de Tom Atkins, el encanto de Stacey Nelkin, Dan O’Herlihy dando vida uno de esos “capitalistas agresivos” que tan bien interpretaba, tres máscaras de halloween y una cancioncita convertidas ya en parafernalia propia de la festividad y un interesante crítica al consumismo latiendo debajo de sus fotogramas Halloween III: El Día de la Bruja no sólo es una rareza dentro de la saga a la que se adscribe en particular y el cine de terror en general, sino también uno de los proyectos más interesantes del universo Halloween no encontrando, por desgracia, el beneplácito que la convirtiera en la punta de lanza de una nueva serie de films pudiendo habernos deparado más de un momento memorable. Tras su estreno y fracaso Debra Hill, John Carpenter e Yrwin Yablans se desvincularon definitiva y totalmente de la franquicia que habían ayudado a construir, dejando sólo a Moustapha Akkad al mando de la nave. Seis años después llegó la respuesta por parte del productor de origen sirio, recuperando a Michael Myers como protagonista y dando inicio a la larga decadencia en la que se vería inmersa la saga Halloween.


Halloween 4: El Regreso de Michael Myers (1988)



Dirección: Dwight H. Little
Guión: Alan B. McElroy
Música: Alan Howarth
Fotografía: Peter Lyons Collister
Reparto: Danielle Harris, Ellie Cornell, Donald Pleasence, Michael Pataki, Beau Starr, Kathleen Kinmont, Sasha Jenson, George P. Wilbur
Duración: 88 min
Productora: Trancas International Films
Nacionalidad: Estados Unidos

Tras la abrupta marcha de Debra Hill, John Carpenter e Yrwin Yablans de la franquicia después del mal recibimiento de Halloween III: El Día de la Bruja el productor Mousthapha Akkad dejó parada la misma durante un periodo de cinco años. Pero en 1988 la maquinaria se puso de nuevo en funcionamiento cuando entró en escena la productora Trancas International Films, con la que Akkad decidió asociarse. La primera elección tomada, bastante previsible, por parte de los responsables de esta cuarta entrega fue la de recuperar, no sólo a Michael Myers como protagonista principal, también al Doctor Samuel Loomis de Donald Pleasance al que no veíamos el rostro desde el clímax final de Halloween II:¡Sanguinario! en el que, supuestamente, moría tras una explosión. Para escribir el guión el elegido fue el debutante Alan B. McElroy, años más tarde un habitual del cine de terror de los 90 y 2000, y para ponerse detrás de la cámara Dwight H. Little, futuro mercenario al servicio de Hollywood capaz de dirigir films de acción como Rapid Fire o productos infantiles del tipo Liberad a Willy 2. Para no desvincular del todo la nueva historia del personaje de Laurie Strode, supuestamente muerta, el guión apela al disparate sacándiso de la manga una supuesta hija de esta llamada Jamie interpretada por la, por aquel entonces, actriz infantil Danielle Harris. Una vez conocido su paradero un resucitado Michael Myers irá en busca de su sobrina para eliminarla mientras Rachael (Ellie Cornell), la madre adoptiva de la pequeña, y el Doctor Loomis tratarán de impedírselo.


Halloween 4: El Regreso de Michael Myers es un caso curioso de retroalimentación. Si bien la obra maestra de John Carpenter había marcado el camino a seguir a los futuros slasher llegados tras ella, como sucedió con la exitosa saga Viernes 13, esta tercera secuela se refleja más en las andanzas homicidas de Jason Voorhees que en las de Michael Myers. El resultado es un bodycount protípico para la época, con la violencia mucho más cruda y acentuada que en Halloween I y II y una puesta en escena impersonal y desangelada en las antípodas de los planos secuencias, grandes angulares y el uso de la profundidad de campo de la versión de 1978. Si en el apartado técnico no hay nada destacable las decisiones argumentales erróneas y arbitrarias empiezan a tomar forma desmontando todos los aciertos planteados en las dos primeras películas. Ya en lo referido al casting Danielle Harris realiza el mejor trabajo y Donald Pleasance comienza a dar muestras de redundancia y agotamiento a la hora de dar vida a su Samuel Loomis, mientras el resto de secundarios se mueven entre la mediocridad y el más notable rechazo.




Halloween 4: El Regreso de Michael Myers es un falso y paupérrimo regreso a las raíces, un producto mediocre, bordeante en la deficiencia, con un desarrollo ramplón, un final vergonzoso y un notorio poco respeto por el canon de la saga a la que se adhiere. Pero lo peor no son ninguna de las carencias mencionadas, sino el hecho de plantar las semillas de lo que estaría por llegar sólo un año después. Como esta cuarta parte encontró su espacio en la taquilla internacional sus productores decidieron seguir el mismo camino con la intención de solidificar una nueva etapa dentro de “Universo Halloween”. Por desgracia la siguiente película haría que el olvidable film de Dwight H. Little pareciera, en comparación, el de John Carpenter una vez viera la luz. Y es que si Halloween 4: The Return of Michael Myers marcaba un punto de inflexión, para mal, lo de su continuación hundió en la mayor de las miserias un producto cinematográfico serializado que por aquel entonces ya debería haberse encontrado más que finiquitado. Pocos imaginaban por aquel entonces que se encontraban sólo en el ecuador del trayecto vital y cinematográfico de Michael Myers.


Halloween 5: La Venganza de Michael Myers (1989)



Dirección: Dominique Othenin-Girard
Guión: Dominique Othenin-Girard, Michael Jacobs, Shem Bitterman
Música: Alan Howarth
Fotografía: Robert Draper
Reparto: Donald Pleasence, Ellie Cornell, Matthew Walker, Danielle Harris, Wendy Kaplan
Duración: 96 min
Productora: Trancas International Films
Nacionalidad: Estados Unidos

Michael Myers estaba de vuelta y con buena salud a finales de los 80 gracias a una cuarta entrega que le recuperaba como icono del género de terror, aunque lo hubiera conseguido por medio de una cinta bastante penosa y enemiga de mantener intacta la idiosincrasia de la saga. Echando un primer vistazo a Halloween 5: La Venganza de Michael Myers pareciera que Moustapha Akkad y las cabezas pensantes detrás de Trancas International Films hubieran tomado la lógica decisión de seguir la senda establecida con anterioridad. Por ello mantendrían a gran parte del reparto de aquella, encabezado de nuevo por Danielle Harris, Donald Pleasance y Ellie Cornell, realizando cambios solamente en el equipo técnico. Los guionistas Michael Jacobs, Shem Bitterman y Dominique Othenin-Girard se ocuparían de la escritura y este último también lo haría con la dirección tomando el relevo de Dwight H. Little. Todo estaba planteado para ejecutar una secuela ortodoxa y continuista, pero en el mismo arranque de este quinto episodio comienzan los despropósitos que irán acumulándose a lo largo de todo su metraje hasta sepultarlo irremediablemente. Comenzando justo donde acababa Halloween 4: El Regreso de Michael Myers, pero tirando de retrocontinuidad para deshacer los hechos, bastante ridículos, acaecidos en su recta final volvemos a tener de protagonista a la Jamie de Danielle Harris, ahora enmudecida por el trauma sufrido tras el enfrentamiento con su tío, a su madre adoptiva resucitada por arte de magia después haber sido asesinada por su hija, y un Doctor Samuel Loomis cada vez más desubicado y fuera de lugar.


Halloween 5: La Venganza de Michael Myers es un detritus cinematográfico, una comedia involuntaria, un insulto al espectador y al cine de terror como género. No hay casi ningún acierto a lo largo de la película ya que su trama está repleta de personajes insufriblemente imbéciles, decisiones de guión demenciales que escupen en la cara de la franquicia y una descaracterización de personajes culminada con un Doctor Samuel Loomis convertido en un desagradable acosador de menores que Donald Pleasance no puede salvar de la quema ni con su profesionalidad y veteranía. Pero lo más grave es el rol secundario tomado por Michael Myers, siendo el protagonista de una penosa subtrama sólo útil para ver el encadenado de poco imaginativos y rudimentarios asesinatos al que da forma ates del clímax final. Ese cierre, con tío y sobrina viéndose, literalmente, las caras son los últimos clavos en el ataúd de una franquicia por aquel entonces muerta en vida y cada vez más perjudicada por el poco cariño y admiración que los productores le profesaban t cuya única virtud era una Dannielle Harris entregadísima a la causa ejecutando un papel dramático merecedor de una película menos vomitiva que esta.




Por suerte con Halloween 5: La Venganza de Michael Myers la cordura se abrió paso y su exigua taquilla, lógica desde cualquier punto de vista, no sólo la convirtió en la entrega de la saga menos taquillera, sino también en un estreno directo en vídeo en algunos países. Una vez más Moustapha Akkad se veía en un callejón sin salida y tras herir de muerte personalmente la nueva etapa abierta en la franquicia con su cuarta parte de nuevo se vio en la obligación de dejar hibernar a Michael Myers durante más de un lustro. Ya en 1995 la retomaría nuevamente haciendo borrón y cuenta nueva en cuanto a los equipos técnico y artístico, sólo manteniendo al perenne Donald Pleasance, pero no en lo referido a la continuidad, con una sexta parte no mucho menos penosa que esta quinta y con la que los ¡propietarios de la licencia del personaje creado por Debra Hill y John Carpenter seguían dando bandazos y palos de ciego sin hacer algo tan sencillo como mirar hacia atrás y apelar a las raíces del producto agonizante, redundante, aburrido e intencionadamente paródico en el que se había convertido la antaño prometedora serie de slashers para la pantalla grande.


Halloween: La Maldición de Michael Myers (1995)



Dirección: Joe Chapelle
Guión: Daniel Farrands
Música: Alan Howarth
Fotografía: Billy Dickson
Reparto: Donald Pleasence, Mitchell Ryan, Paul Rudd, Marianne Hagan, Mariah O’Brien, Leo Geter, George P. Wilbur, Susan Swift, J.C. Brandy, Sheri Hicks
Duración: 88 min
Productora: Dimension Films
Nacionalidad: Estados Unidos

Un año antes de que Dimension Films contratara al director Wes Craven y al guionista Kevin Williamson para reformular por medio de la metaficción, el homenaje y la autoconsciencia cinematográfica las señas de identidad del subgénero slasher con Scream puso sus ojos en la saga primigenia de dicho tipo de largometrajes. Asociándose con Moustapha Akkad en 1995 resucitaron al asesino de Haddonfield con Halloween: La Maldición de Michael Myers, sexta película de la saga y quinta con dicho personaje como protagonista. La intención en esta ocasión fue cerrar la trilogía abierta con Halloween 4: El Regreso de Michael Myers, pero localizando la acción seis años después con una improbable Jamie Lloyd (ya no interpretada por Danille Harris, sino por J. C. Brandy) huyendo de un cautiverio de seis años a manos de una secta satánica de origen celta cuya misión consta en robarle a su hijo recién nacido por mediación de Michael Myers, sometido a la voluntad de los miembros de dicho clan. Este esperpento de punto de partida que no sólo elude la sabia decisión de deshacer los disparates de Halloween 5: La Vangenza de Michael Myers, sino que decide potenciarlos hasta el mayor de los ridículos sirve como base argumental a un largometraje escrito por el guionista Dalen Farrands, dirigido por el realizador Joe Chapelle y en cuyo reparto sólo reconocemos la cara de un avejentado, y posiblemente ya enfermo (al actor británico falleció antes del estreno del film) Donald Pleasance como el Doctor Samuel Loomis.


Halloween: La Maldición de Michael Myers deja claro, desde sus primeros minutos, que nos encontramos inmersos en la década de los 90. El tono más austero, oscuro, seco y realista de las dos anteriores entregas es sustituido por estética videoclipera, estilización vacua, recursos efectistas de realización, montaje e iluminación y un diseño de producción más pendiente de lucir bien en cámara que de crear una verdadera atmósfera. Este contexto dañínamente superficial y la pobre ejecución de Joe Chapelle como maestro de ceremonias sólo son el aparatoso envoltorio de un relato completamente carente de sentido o lógica, incluso dentro de los parámetros de “suspensión de la credibilidad” indivisible cine de terror. Si la inclusión de la secta o la marca de Thorn, el regreso de Tommy (el niño al que cuidaba Laurie Strode en la primera película ahora adulto e interpretado por un joven Paul Rudd) o la presencia fácilmente extirpable de un Doctor Loomis, convertida casi en un cameo, son errores bordeantes en el sonrojo, lo de convertir a Michael Myers en el títere de un grupo de satanistas destruye la esencia de un personaje cuya mayor virtud era revelarse como una corporeización del mal en su estado más compacto, sin necesidad de agentes externos para llevar a cabo sus crímenes.




No vamos a reincidir una vez más en que a esas alturas la franquicia protagonizada por Michael Myers no sólo no tenía razón de ser, sino que para colmo estaba siendo ultrajada con cada nueva entrega de la misma. El paupérrimo resultado, la existencia de dos insatisfactorios montajes y los problemas durante su producción confirman Halloween: La Maldición de Michael Myers como un fracaso casi total con el que se cerraba de mala manera la tercera etapa de la saga iniciada en 1988 por culpa del escaso control depositado por los productores en el material con el que queríam revitalizar las andanzas del asesino en serie creado por el tandem Hill/Carpenter. Por desgracia en esta ocasión la máquina de matar de Haddonfield sólo descansaría tres años, ya que en en 1998 la séptima parte llegaría con aires renovados, el regreso de algunos de los implicados en el film primigenio y la elección de un grupo de profesionales capaz de reverdecer laureles con bastante acierto haciendo una mezcolanza entre clasicismo y vanguardia para insuflar nueva vida a un microcosmos convertido durante el arranque de las segunda mitad de la década de los 90 en un cadáver en avanzada descomposición.


Halloween: H20 (1998)



Dirección: Steve Miner
Guión: Robert Zappia, Matt Greenberg
Música: John Ottman
Fotografía: Daryn Okada
Reparto: Jamie Lee Curtis, Josh Hartnett, Adam Arkin, Michelle Williams, Adam Hann-Byrd, Jodi Lyn O’Keefe, LL Cool J, Joseph Gordon-Levitt, Janet Leigh, Branden Williams, Nancy Stephens, Beau Billingslea, Matt Winston, Larisa Miller
Duración: 95 min
Productora: Dimension Films / Nightfall Productions / Trancas International Films
Nacionalidad: Estados Unidos

Al hablar de Halloween: La Maldición de Michael Myers y Dimension Films hemos traído a colación al guionista Kevin Williamson. Narrador sobrevalorado, de talento limitado y flor de un día que se fagocitó a sí mismo en tiempo récord es innegable reconocer su relevancia dentro del resurgir del slasher a mediados de los 90 gracias a sus libretos para largometrajes rompetaquillas como Scream o Sé Lo Qué Hicisteis el Último Verano con los que reformulaba las señas de identitad de dicho subgénero, curiosamente establecidas en su origen por La Noche de Halloween. Después de encadenar varios éxitos como guionista, y algún batacazo como director (la recuperable Secuestrando a la Señorita Tingle), Kevin Williamson fue contratado como productor por Dimension Films para ayudar a traer de vuelta a Michael Myers con un producto llamado Halloween H20, estrenado con motivo de la celebración del veinte aniversario de la película original. La división centrada en cine de género de la productora Miramax, por aquel entonces en manos de Harvey y Bob Weinstein, tomó las riendas del proyecto y seleccionó a un grupo adecuado para acometer la realización del film. Del guión se encargaron Matt Greenberg y Robert Zappia así como de la dirección Steve Miner, veterano dentro del cine de terror al que debemos obras destacables como las segunda y tercera entregas de Viernes 13, Warlock: El Brujo o House: Una Casa Alucinante. En cuanto al reparto destacar el regreso de Jamie Lee Curtis como Laurie Strode, siendo una de las máximas responsables de la viabilidad de Halloween H20, acompañada por un grupo de secundarios entre los que destacaban jóvenes promesas de la época como Josh Harnett o Michelle Willams.


No vamos a afirmar que Halloween H20 es una gran película, porque al hacerlo estaríamos faltando a la verdad. Lo que sí podemos sentenciar es que en el momento de su estreno se convirtió junto a Halloween II: ¡Sanguinario! en la mejor secuela protagonizada por Michael Myers y la fórmula para conseguir dicha proeza no tenían ningún misterio, sólo no pecar de pretenciosa y ceñirse al canon establecido en 1978 y 1981 por los dos primeros largometrajes. Con la trilogía de Jamie Lloyd fuera de la continuidad es una resucitada Laurie Strode, con identidad cambiada y ejerciendo de profesora en un elitista colegio privado, la protagonista de esta entrega en la que tendrá que enfrentarse, dos décadas después, a su hermano Michael Myers volviendo de entre los muertos una vez más. Steve Miner conoce perfectamente los resortes del subgénero para ejecutar un producto eficiente y con encanto, consiguiéndolo en todo momento. El guión transita lugares comunes y sus personajes secundarios son poco menos que esbozos, pero entre la entrega de los actores y las correctas secuencias de asesinatos casi no reparamos en los errores del largometraje, no pocos en cuanto analizamos con un poco de profundidad el material de partida.




Halloween H20 supuso un oasis en el desierto, un producto hecho con cariño y profesionalidad sin la intención de mirar por encima del hombro al legado de Michael Myers y el microcosmos ficcional que lo convirtió en un clásico del séptimo arte. Como pieza cinematográfica su mayor carencia es reflejarse más en las ya citadas Scream o Sé Lo Que Hicisteis el Último Verano que en el film de John Carpenter y eso la convierte en un proyecto muy coyuntural, light, impersonal y a día hoy algo anticuado en no pocos aspectos. Pero como ya hemos contado su efectividad como secuela es ineludible y su calidad muy superior las inefables entregas cuatro, cinco y seis. Aunque el film tuvo un notable éxito de taquilla una posible continuación no tomó forma hasta cuatro años después cuando Moustapha Akkad y Dimension Films volvieron a unir fuerzas para seguir estirando el chicle hasta lo indecente y en esta ocasión sin la eficiencia y el notable recibimiento de Halloween H20, ofreciendo así una pieza muy mediocre suponiendo la octava cinta dentro de la franquicia y la que pondría fin, o so creíamos entonces, a la saga original nacida a finales de los 70.


Halloween: Resurrección (2002)



Dirección: Rick Rosenthal
Guión: Larry Brand, Sean Hood
Música: Danny Lux
Fotografía: David Geddes
Reparto: Jamie Lee Curtis, Tyra Banks, Bianca Kajlich, Busta Rhymes, Sean Patrick Thomas, Thomas Ian Nicholas, Ryan Merriman, Daisy McCrackin, Katee Sackhoff, Luke Kirby, Billy Kay
Duración: 94 min
Productora: Dimension Films / Miramax
Nacionalidad: Estados Unidos

Nos encontramos en el año 2002. Con el nuevo milenio recién estrenado y la historia a nivel mundial convulsionada después de los atentados de New York durante el 11 de septiembre de 2001 los ciudadanos estadounidenses en particular, y los del planeta entero en general, buscaban evadirse de la realidad por medio del cine y el de terror era perfecto para llevar a buen puerto dicha empresa. Michael Myers había despedido la década de los 90 con un destacado éxito gracias a la competente Halloween H20, de manera que sus productores decidieron seguir la continuidad en ella establecida, pero incluyendo notables cambios en lo estilístico y narrativo más afines a las modas de la época. Halloween: Resurrección estaba escrita por los guionistas Larry Brand y Sean Hood y recuperaba para su dirección al veterano Rick Rosenthal, realizador de Halloween II: ¡Sanguinario!. Dentro del reparto de caras jóvenes formado Bianca Kajlich, Busta Rhymes o Tyra Banks destacaba una Jamie Lee Curtis de nuevo dando vida a la sufrida Laurie Strode, pero copando un engañoso protagonismo en el cartel oficial del film reducido en la realidad a una sola aparición en el prólogo de la película, el mejor pasaje de la misma indudablemente, para después morir a manos de su hermano y no volver a hacer acto de presencia. Su recepción en taquilla fue muy pobre, no consiguió ni triplicar su modesto de 13 millones de dólares, y la crítica especializada la masacró con motivo por suponer el enésimo descalabro artístico de la franquicia.


Con intención de emular la estética de los reailty shows tipo Gran Hermano de la época y aprovechando el resurgir del formato found footage gracias al descomunal éxito en 1999 de El Proyecto de la Bruja de Blair los ideólogos detrás de Halloween: Resurrección decidieron localizar la trama en la casa de la familia Myers donde los concursantes del programa Dangertainment debían pasar una noche entera en la que serían asediados y eliminados por Michael Myers son conocimiento previo de su presencia. Ni el saber estar de Rick Rosenthal o las múltiples posibilidades, en ningún momento aprovechadas, ofrecidas por el punto de partida pueden sacar la octava cinta de Halloween de una contrastada mediocridad y algunas situaciones de vergüenza ajena como el rapero Busta Rhymes, por otro lado el personaje más simpático de la velada, utilizando artes marciales para enfrentarse a Michael Myers ofrecen la peor cara de un trabajo rudimentario, aburrido y redundante, aunque superior a la trilogía de Jamie Lloyd, que como previamente hemos afirmado supuso la peor etapa de la saga fílmica auspiciada en las postrimerías de la década de los 70 por la productora Compass International Pictures.




Una persona sensata se daría por vencida después del fracaso de Halloween: Resurrección dando carpetazo a una serie de ocho largometrajes entre los que destacan muy pocos de ellos. Pero en Hollywood dejar de hacer dinero con un material potencialmente rentable se considera una locura de manera que esta no sería la última vez que viéramos a Michael Myers empuñar su famoso cuchillo de cocina. Porque si la idea de seguir explotando a una avejentada gallina que ya ponía huevos de bronce, reiniciar la saga poniendo al frente a un reputado director sí entraba en los planes de los empresarios poseedores de los derechos del personaje. Pero en lo referido a la cronología original de Halloween sí se llevaría acabo un parón de más de quince años que ha terminado en el presente año con la última entrega producida por John Carpenter y Jason Blum, así como co escrita y dirigida por David Gordon Green. Pero antes de hablar de La Noche de Halloween (2018) toca conectar la guitarra eléctrica a los amplificadores y coger el micrófono para repasar la profunda huella que dejó el rockero y cineasta Robert Cummings en el trayecto cinematográfico del nuestro asesino en serie predilecto.


Halloween: El Origen (2007)



Dirección: Rob Zombie
Guión: Rob Zombie
Música: Tyler Bates
Fotografía: Phil Parmet
Reparto: Tyler Mane, Scout Taylor-Compton, Malcolm McDowell, Sheri Moon Zombie, Daeg Faerch, William Forsythe, Danielle Harris, Kristina Klebe, Danny Trejo, Bill Moseley, Tom Towles, Brad Dourif, Clint Howard, Udo Kier, Dee Wallace, Daryl Sabara, Ken Foree, Sybil Danning, Sid Haig, Max Van Ville, Skyler Gisondo
Duración: 109 min
Productora: Dimension Films
Nacionalidad: Estados Unidos

No fueron pocos los aficionados al cine de terror sorprendidos en 2001 por el estreno de La Casa de los 1000 Cadáveres, el controvertido debut como guionista y director del músico de metal industrial Rob Zombie. Aquella revisión de La Matanza de Texas, casí también de Las Colinas Tienen Ojos, cargada hasta arriba de violencia, potencia visual y personajes psicóticos mostraba a un autor profundo conocedor de los resortes del género y amante de la carnicería explícita(curioso si tenemos en cuenta su veganismo) o el terror rural aunque todavía verde en algunas lides cinematográficas. El estreno de su secuela, Los Renegados del Diablo (The Devil’s Rejects) en 2004, una segunda parte muy superior en la que depuraba su estilo y cambiaba el terror por el tono western o la road movie, confirmó a Zombie como uno de los talentos más destacables dentro del cine de terror, un aventajado autor que recuperaba la crudeza y el nihilismo de los años 70 rindiendo tributo a Tobe Hooper, Wes Craven o Sam Peckinpah. Harvey y Bob Weinsten y Malek Akkad, hijo del por aquel entonces ya fallecido Moustapha, pusieron sus ojos en la obra de Zombie y lo eligieron para resucirar a Michael Myers, pero esta vez no por medio de una nueva continuación de la franquicia original, sino de un remake del film seminal rodado por John Carpenter en 1978. Para ponerse el frente del proyecto Zombie se rodeó de gente de su confianza, sobre todo en el reparto, y contrató a Daeg Farch y Tyler Mane para dar vida a Michael Myers en su infancia y adultez respectivamente, Malcolm McDowell como el nuevo Doctor Samuel Loomis y a Scout Tayler-Compton en la piel de Laurie Strode.


Aunque desde un punto de vista ortodoxo Halloween: El Origen es un remake de La Noche de Halloween (1978) sólo lo es en su segunda mitad, ya que en la primera Rob Zombie se embarca en una aventura tan innecesaria como meritoria, dar un génesis realista a la maldad de Michael Myers por medio de una precuela. Sería un error negar la adecuada estructuración y la meritoria profundidad con la que Zombie aborda la infancia del pequeño Myers, convirtiendo su violento entorno, tanto el familiar como el escolar, en el catalizador de sus instintos asesinos. El problema reside en que es innecesario dar origen a un personaje que, como ya hemos mencionado hasta la saciedad en esta entrada, es una síntesis del mal como concepto, sin más añadidos, resortes o aristas éticas o morales. Michael Myers mata porque es su misión y no muestra ningún tipo de satisfacción o arrepentimiento a la hora de cometer incontables homicidios. Por suerte esta primera parte del largo funciona adecuadamente y mantiene todas las constantes visuales y narrativas del Zombie cineasta. Pero es la segunda, la que emula la película a la que rinde tributo, la más destacada de una revisión brillante del microcosmos carpenteriano amalgamando el instinto detrás de la cámara del maestro del horror con la fiereza, la misantropía y el sadismo del perpetrador de 31.




Para un servidor Halloween: El Origen sigue siendo la segunda mejor película de todos las producciones cinematográficas con Michael Myers como protagonista. Rob Zombie no sólo consigue insuflar su propio discurso en un material tan ajeno como manoseado a pesar de meterse voluntariamente en terrenos fanganosos en los que no debía adentrarse. Ya que en el proceso muestra una encomiable reverencialidad, no sólo por la obra maestra de John Carpenter, sino también por la saga en su totalidad (mantiene los lazos familiares entre Laurie y Michael, recupera a Danielle Harris para interpretar el papel de Annie Beckett) renovándola por medio de mugre, salvajismo y barbaridades varias. Su recaudación a nivel mundial de 80 millones de dólares supuso todo un logro para sus artífices, de manera que Dimension Films y Malek Akkad volvieron a depositar su confianza en Rob zombie para que diera continuidad a estas nuevas correrías hemoglobínicas por parte de Michael Myers. Por desgracia el resultado no fue tan bien recibido como con la primera entrega, pero de eso hablaremos a continuación en el último capítulo de esta entrada antes de reseñar la última y más reciente entrega de Halloween.


Halloween II (2009)



Dirección: Rob Zombie
Guión: Rob Zombie
Música: Tyler Bates
Fotografía: Brandon Trost
Reparto: Scout Taylor-Compton, Tyler Mane, Malcolm McDowell, Brad Dourif, Danielle Harris, Sheri Moon Zombie, Chase Wright Vanek, Brea Grant, Angela Trimbur, Dayton Callie, Caroline Williams, Richard Brake, Octavia Spencer, Richard Riehle, Margot Kidder, Mary Birdsong, Mark Boone Junior, ‘Weird Al’ Yankovic, Nicky Whelan
Duración: 105 min
Productora: Dimension Films / The Weinstein Company
Nacionalidad: Estados Unidos

Halloween: El Origen se convirtió en una de las entregas más exitosas de la franquicia y eso es algo que no pasó desapercibido al hijo de Moustapha Akkad, a los dueños de Dimension Films y a los inefables hermanos Harvey y Bob Weinstein. Por ello dos años después volvieron a contar con los servicios de Rob Zombie para dar continuación a su remake escribiendo y dirigiendo una secuela que supondría el regreso a las pantallas cinematográficas de esta versión radicalizada de Michael Myers nacida de la impronta del compositor y cantante de discos como Hellbilly Deluxe, Educated Horses o The Electric Warlock Acid Witch Satanic Orgy Celebration Dispenser. Con Scout Tayler-Compton, Tyler Mane, Malcolm McDowell, Danielle Harris, Sheri Moon Zombie o Brad Dourif de nuevo en el casting y más libertad creativa para acercar el microcosmos del personaje a su impronta autoral Rob Zombie estrenó en 2009 Halloween II y desgraciadamente muchos de los fans que recibieron su primera incursión en la franquicia con los brazos abiertos esta vez dieron la espalda a un producto mucho menos autocomplaciente y más arriesgado con el que el creador de The Haunted World of El Superbeasto continuó indagando en la psique de sus personajes, esta vez haciéndolo con Laurie Strode, con desigual resultado. Esta segunda parte exige más al espectador, también es más esquiva desde un punto de vista narrativo, que su predecesora y si no contamos su controvertido, potente y tramposo prólogo pocos puntos en común mantiene con aquella lejana Halloween II: ¡Sanguinario! homenajeada, eso sí, durante esos primeros veinte minutos de metraje capaces de mostrar una vertiente incluso más visceral que la planteada en Halloween: El Origen.


Rob Zombie juega con dos tonalidades, casi dos subgéneros diferentes, en Halloween II. Por un lado, como ya hemos comentado, aumenta la violencia explícita convirtiendo su secuela en el episodio más bestial de la saga gracias a unas dosis de salvajismo sin filtro alguno capaz de revolver algún estómago despistado y profano en este tipo de piezas de género. Por otro se adentra en terrenos oníricos por medio de las ensoñaciones, de corte muy lynchiano, experimentadas por Laurie Strode en las que ve a su madre biológica ataviada como si de espectro se tratara y siempre acompañada por una versión infantil de Michael y un caballo blanco sobre el que nos dan pistas con el texto encargado de abrir el largometraje. Mientras los pasajes más terrenales ofrecen la mejor cara del proyecto, con el Rob Zombie más sádico jamás visto, son las secuencias oníricas las responsables de, en más de una ocasión, sacarnos de la película por culpa de su simbolismo simplista y unas excesivas pretensiones por nadie exigidas al guionista y director. La intención de Zombie es buena y el mensaje transmitido llega alto y claro al espectador, pero cierta irregularidad a la hora de alternar estas dos personalidades genéricas hacen mella en el conjunto de la obra.




Halloween II es una pieza desconcertante durante una primera toma de contacto, pero a cada revisión va ganando enteros gracias a la osadía por parte de Rob Zombie a la hora de profundizar en la mente de esta nueva versión de la Final Girl primigenia convirtiéndola en un émulo de su hermano del que llegará a heredar su locura y, seguramente, instinto homicida. Ya dentro de su filmografía supuso no sólo una decepción para unos y su mejor obra para otros, también un trabajo de transición en el que comenzaban a vislumbrarse esos pasaje pesadillescos y de resonancias heréticas sobre los que construiría su película más personal e intimista. Esa reivindicable The Lords of Salem, producida por la factoría de Jason Blum, desconcertante para unos, magistral para otros y con la que el mismo Zombie no fue consecuente y continuista cuando en su proyecto inmediatamente posterior se embarcó en aquel amago de “vuelta a las raíces” llamado 31 convirtiéndose en su trabajo más endeble e impersonal. Mientras tanto Michael Myers volvía a caer bajo el influjo de Morfeo hasta que su padre, John Carpenter, se cruzó de nuevo en su camino y lo trajo de vuelta a nuestras vidas durante el presente 20


La Noche de Halloween (2018)



Dirección: David Gordon Green
Guión: Danny McBride, David Gordon Green
Música: John Carpenter, Cody Carpenter, Daniel A. Davies
Fotografía: Michael Simmonds
Reparto: Jamie Lee Curtis, James Jude Courtney, Nick Castle, Judy Greer, Miles Robbins, Virginia Gardner, Will Patton, Toby Huss, Haluk Bilginer, Jefferson Hall, Andi Matichak, Christopher Allen Nelson
Duración: 109 min
Productora: Blumhouse Productions / Rough House Pictures / Trancas International Films. Distribuida por Universal International Pictures (UI) / Miramax.
Nacionalidad: Estados Unidos

Para celebrar el cuarenta aniversario del estreno de La Noche de Halloween el mismo John Carpenter decidió ponerse manos a la obra para producir una nueva entrega de la saga que llevaba durmiendo el sueño de los justos diez años desde que Rob Zombie estrenara Halloween II. Para sacar adelante el proyecto el director de 1997: Rescate en New York decidió asociarse con uno de los productores más avispados del actual Hollywood, Jason Blum. El dueño de la factoría Blumhouse Productions es experto en financiar cine de terror con presupuesto ajustado que normalmente rinde endiabladamente bien en taquilla. De sus oficinas han salido franquicias exitosas como Insidious, Paranormal Activity, Sinister o The Purge y producciones más personales con las que cineastas de renombre han diseñado alguna de sus obras más personales como la muy recuperable The Lords of Salem del ya citado Rob Zombie o Déjame Salir (Get Out) de Jordan Peele. Una vez establecido este acuerdo ambos productores se pusieron a la busca y captura de un cineasta a la altura de las circunstancias y contra todo pronóstico la elección final sorprendió a propios y extraños. David Gordon Green, un director curtido entre el drama de corte independiente (Joe, Stronger) y la comedia adolescente (Your Highness, Pineapple Express) totalmente ajeno al cine de terror fue el escogido por los responsables de esta nueva secuela de La Noche de Halloween para que la realizara y co escribiera junto a su buen amigo y colaborador, el actor Danny McBride. Una vez contratados los guionistas y el director Carpenter y Blum consiguieron traer de vuelta a los dos actores principales del del film original, si obviamos al fallecido Donald Pleasance. Jamie Lee Curtis volvía como Laurie Strode (muchos medios se han hecho eco, erróneamente, del regreso de la actriz de Mentiras Arriesgadas a la saga “cuarenta años después” pareciendo ignorar que interpretó a su personaje más famoso tres veces más en varias de las secuelas) y Nick Castle para interpertar a Michael Myers en una sola, pero importante. En el resto del metraje, el 99,9% del mismo, es el actor James Jude Courtney el que le da vida.




Con esta La Noche de Halloween (2018) sucedió algo poco usual con el cine de terror cuando se mueve fuera de los círculos del celuloide de género. Tras su proyección en el pasado Festival de Toronto las alabanzas por parte de crítica y público no se hicieron esperar, afirmando que el largometraje de David Gordon Green no sólo era la mejor secuela de la franquicia diseñada por Debra Hill y John Carpenter, sino también una reinvención total del subgénero slasher con suficientes hallazgos y virtudes para hacer historia dentro del tipo de films al que se adscribía. Una vez ha sido estrenada internacionalmente reventando la taquilla tanto en Estados Unidos como fuera de sus fronteras un servidor ya ha podido ver el último episodio de las correrías homicidas en las que siempre se embarca Michael Myers durante la víspera y celebración de la fiesta de Halloween. Sin llegar a ser esa obra maestra proclamada tras su paso por el festival canadiense sí podemos afirmar encontrarnos con la mejor secuela de toda la famosa y seminal franquicia y lo es por varios y numerosos aciertos en los que nos detendremos a lo largo de esta reseña dedicada a desentrañar la última visita del hermano de Judtih Myers al pueblo de Haddonfield.




Los responsables de esta nueva La Noche de Haloween han tomado la polémica decisión de obviar todas las secuelas del largometraje de John Carpenter convirtiéndose de esta manera en una continuación directa de aquella localizada cuarenta años después. Durante ese largo periodo de tiempo una todavía traumatizada Laurie Strode se ha convertido en una obsesa de la autoprotección confinándose en una casa rodeada de trampas y armamento siempre a la espera de su inevitable reencuentro con Michael Myers cuatro décadas después de aquel fatídico Halloween de 1978 en el que el asesino enmascarado mató a varias personas, entre ellas las amigas de Laurie. Esta enfermiza idea por parte de la antaño babysitter de armarse hasta los dientes y prepararse para su supuesto enfrentamiento con Myers ha hecho mella en su relación con su hija Karen (Judy Greer) su nieta Allyson (Andi Matichak) y su yerno Ray (Toby Huss). De manera paralela a estos hechos durante esos cuarenta años Michael Myers ha permanecido encerrado en el sanatorio Smith’s Grove bajo la tutela del Doctor Sartain (Haluk Bilginer) alumno del fallecido Samuel Loomis. La llegada al manicomio de Dana Haines (Rhian Rees) y Aaron Korey (Jeferson Hall) dos podcasters interesados en entrevistar a Myers para realizar un programa sobre los asesinatos que cometió en Haddonfield será el detonante de los trágicos hechos que volverán a hacer correr la sangre en el pequeño pueblo de Illinois.




El último trabajo de David Gordon Green es una obra cinematográfica funcional a varios niveles, tres concretamente. Por un lado es inusualmente eficaz como película casi independiente, ya que en su inicio se contextualizan espaciotemporalmente los hechos acaecidos en 1978 permitiendo una comprensión prácticamente total del material abordado en esta entrega para su adecuado consumo por parte del espectador profano. Por otro es casi intachable como secuela, consiguiendo una solidez y coherencia interna que para sí la hubieran querido cualquiera de las que dieron forma a la franquicia original durante las décadas de los 80, 90 y 2000. Finalmente se revela como un homenaje devocional tanto a la pieza primigenia de Debra Hill y John Carpenter como a varias de las continuaciones ya mencionadas, algo que desacredita el supuesto desprecio que, según se ha comentado por la red, sentirían por ellas Danny McBride y David Gordon Green y sobre el que daremos algún apunte un poco más adelante. El resultado es una excelente muestra de género ejecutada por un grupo de profesionales profundos conocedores de su labor tanto delante como detrás de las cámaras, pero no una cinta que vaya a marcar un antes y un después ni en el subgénero slasher, ni el cine de terror, por mucho que se lleve proclamando tal cosa desde su puesta de largo internacional en Toronto.




A pesar de ser un producto cohesionado y compacto David Gordon Green divide La Noche de Halloween (2018) en dos partes claramente diferenciadas, pero complementarias. La primera mitad del largometraje se acerca más a la típica mirada que ha inyectado en los dramas intimistas rodados a lo largo de su carrera, presentando los personajes, creando el contexto en el que se establecerán los hechos pasados, presentes y futuros mientras va aumentando el in crescendo de tensión gracias a los actos truculentos perpetrados por el personaje de Michael Myers. Pero todo cambia cuando el rol de  James Jude Courtney se pone la ya icónica máscara, ya que Gordon Green toma ese momento, rodado con verdadera admiración y pleitesía, como punto de inflexión para que su puesta en escena mute justo cuando los acordes del famoso tema principal compuesto por John Carpenter empiece a sonar y los planos secuencia alargados, la profundidad de campo y la elaboración estética y formal nos retrotraiga al film de 1978. En el proceso el director de Prince Avalanche ejecuta un juego de espejos por medio de referencias directas a la primera La Noche de Halloween copiando planos idénticos de aquella, pero con un cambio de roles en los personajes que los protagonizan digno de elogio. Por último mencionar la admiración por parte del director a no pocas de las secuelas y revisiones de la saga, contrariamente a lo que se afirma en algunos medios digitales, por haberlas desechado de la continuidad, inundando su película de guiños y easter eggs a Halloween III: El Día de la Bruja, Halloween 4: El Regreso de Michael Myers, Halloween 5: La Venganza de Michael Myers, Halloween H20 e incluso a las dos versiones de Rob Zombie que aquí no mencionaremos para que los espectadores puedan dar con ellos por sí mismos.




Con respecto al reparto, en general tan correcto como poco destacable, Jamie Lee Curtis vuelve por la puerta grande después de haberse ido por la pequeña con en la última entrega de 2002. La protagonista de Prom Night interpreta a una Laurie Strode traumatizada, impulsiva, ruda y de vuelta de todo en las antípodas de la apocada y encantadora babysitter a la que dio vida en los dos primeros films y bastante más compleja que la mujer madura, y algo más curtida, de productos como Halloween H20 o Halloween: Resurrección. David Gordon Green y Danny McBride construyen desde el guión un juego de paralelismos entre Michael y Laurie en el que es difícil dilucidar cuál de los dos está más sumergido en la locura, diseñando una relación de atracción y toxicidad muy bien planteada que curtis hace suya para elevarla por medio de su interpretación. Aunque el resto de secundarios no está tan bien perfilado como la protagonista hay en La Noche de Halloween (2018) una intencionalidad de enfatizar la independencia, fuerza y aptitudes defensivas de sus roles femeninos a la hora de enfrentarse a una mole como la interpretada con estulticia y aplomo por James Jude Courtney. Sirva como ejemplo de esta idea la escena de Karen llorando por verse “incapaz” de disparar contra su potencial verdugo y la resolución inesperada, al menos para un servidor, de la misma.




Mientras escribo estas líneas descubro que La Noche de Halloween (2018) se ha convertido en el slasher más taquillero de la historia, robándole el título a la primera Scream, con una recaudación, hasta el momento, de 173 millones de dolares a nivel mundial. Lo cierto es que la cinta lo merece, por todas las virtudes que hemos enumerado en la recta final de esta entrada y por demostrar que se puede hacer una buena secuela del largo de 1978 sin tener que adulterar su espíritu por medio de los muchos e innecesarios malabarismos a los que recurrieron la mayor parte de las entregas de la franquicia original. Ante la descomunal respuesta por parte del público, sin olvidar el buen recibimiento de la prensa especializada, John Carpenter y Jason Blum ya están planeando una secuela con la que seguir explotando la resucitada gallina de los huevos de oro. Sin bien es cierto que es una saga demasiado manoseada y adulterada visiones como las de Rob Zombie o David Gordon Green demuestran la posibilidad de seguir aprovechando un icono dentro del panteón de asesinos clásicos del cine de terror como Michael Myers, representación física de los miedos atávicos de una sociedad temerosa del extranjero o el diferente, sin dilucidar que este homicida de máscara pálida, mono de mecánico y sempiterno cuchillo en mano no es ora cosas que un reflejo oscuro y distorsionado de nuestra propia psique.