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martes, 19 de marzo de 2019

True Detective: Temporada 3, vida, muerte y luna de cosecha



"Siempre es muy tarde, hagamos lo que hagamos"




En el año 2014 el canal de televisión por cable HBO estrenaba la primera temporada de True Detective, una de sus propuestas más potentes para aquella temporada. La ficción creada y escrita por Nic Pizzolatto (The Killing), dirigida por Cary Joji Fukunaga (Maniac) y protagonizada por Matthew McCounaughey (La Torre Oscura) y Woody Harrelson (Han Solo: Una Historia de Star Wars) supuso una inesperada sorpresa. Aquel relato neo-noir localizado en el sur de Estados Unidos mezclando el thriller policíaco con una pátina sobrenatural deudora del imaginario de H.P Lovecraft enamoró a propios y extraños gracias a la solidez de su escritura, la potencia de su realización y el enorme trabajo de su dúo protagonista. El éxito fue tan rotundo e instantáneo que HBO presionó a Nic Pizzolatto para tener escrita la segunda temporada lo antes posible y con ello repetir el espaldarazo conseguido con las investigaciones de los agentes Rust Cohle y Marty Hart. Esa segunda tanda de episodios llegó un año después, en 2015, y haciendo honor a su naturaleza de antología abandonaba Louisiana y los personajes de la primera para dirigir su mirada hacia Los Ángeles con una historia coral protagonizada por Colin Farrell, Rachel McAdams, Vince Vaughn, Taylor Kitsch y Kelly Reilly. Aunque la historia mantenía los parámetros del thriller policíaco el cambio de tono, una trama más apegada a la realidad y la pérdida de un único director para rodar todos los episodios (aunque se contara con la labor de respetables artesanos como Justin Lin, Daniel Attias o Miguel Sapochnik) conformaron un producto notable, pero muy inferior a su predecesor y carente de su magia. Tras el mal recibimiento de esta True Detective 2 la serie de Nic Pizzolatto parecía muerta y enterrada o esa fue nuestra impresión durante casi tres años.




Pero el pasado 2018 saltaba la inesperada noticia que se viralizaba por toda la red. HBO renovaba la serie y daba una nueva oportunidad a Nic Pizzolatto para reverdecer los laureles de la primera temporada. Esta vez el creador, guionista y showrunner había contado con mucho más tiempo para diseñar su nueva propuesta y la cadena de pago le ofreció su apoyo contratando como protagonista al doblemente oscarizado, aunque por aquel entonces sólo había conseguido el que le proporcionó su papel en Moonlight, Mahershala Ali. Al actor de Green Book le acompañarían Stephen Dorff, Carmen Ejogo, Scoot McNairy, Ray Fisher o Sarah Gadon entre otros intérpretes. En lo referido a los directores que se encargarían de rodar los episodios en HBO también se contrataron los servicios de Jeremy Saulnier, responsable de la interesante y exitosa película Green Room y designado como realizador de las tres primeras entregas, así como productor ejecutivo de esta nueva temporada. Pero fue en abril del pasado año cuando Saulnier oficalizaba su abandono del proyecto por “problemas de agenda” dejando vía libre para no pocas especulaciones sobre su mala relación con un Pizzolatto que ya se las había visto previamente con su anterior cineasta, Cary Joji Fukunaga. A los dos episodios rodados por Saulnier se unen otros dos en los que el mismo Pizzolatto debuta detrás de las cámaras y cuatro más a manos de Daniel Sackheim, veterano curtido en producciones como Expediente X o The Walking Dead y también acreditado en la producción ejecutiva del show.




Estrenada el 14 de enero y finiquitada su emisión el pasado 24 de febrero la tercera temporada de True Detective cumple con lo prometido en los distintos trailers. La nueva entrega de la serie de Nic Pizzolatto es una vuelta a las raíces, aquellas abandonadas en la segunda temporada para alejarse notablemente de las de la primera con la idea de no convertirse en un producto fácil o redundante. No sabemos si por propia voluntad o presiones de la misma HBO, pero el autor de Nueva Orleans vuelve a la América Profunda, a los entornos rurales, a las localidades donde la carestía económica y el oscurantismo campan a sus anchas. También encontramos nuevamente a una pareja de detectives antagónicos, los agentes Wayne Hays y Roland West, investigando un misterioso caso de secuestro y asesinato infantil en Ozark (Arkansas) que Nic Pizzolatto y sus puntuales colaboradores al guión narran por medio de tres líneas temporales localizadas en 1980, 1990 y la actualidad. De esta manera el apartado referido a la escritura de True Detective 3 es casi impecable, una demostración más de que el autor de Galveston es un excelente narrador capaz de interconectar de manera brillante, por medio de juegos de espejos y paralelismos, varias tramas con diferentes cronologías, aunque en esta ocasión lo haya ejecutado con la ayuda de David Milch (Deadwood) y Graham Gordy (One Dollar).




Pizzolatto despliega una retorcida maraña de pistas, sospechosos y situaciones inquietantes con la intención de tejer una poliédrica trama detectivesca en la que se sumergen sus dos investigadores protagonistas y algún otro personaje secundario como el de Carmen Ejogo. No han sido pocos los espectadores descontentos con la manera en la que el guionista ha abordado este apartado, por otro lado de vital importancia para al adecuado discurrir de la temporada. Pero un servidor piensa que, más allá de un final cuestionable y expositivo en exceso, los planteamientos policíacos usados no sólo son casi siempre coherentes dentro de la ficción y su contexto, sino que también infieren en una de las mayores virtudes de esta tercera etapa de True Detective como son la repercusión y las secuelas a nivel psicológico que el caso de los niños desaparecidos dejan en los personajes principales y sobre todo en el de Mahershala Ali, encargado, en casi todo momento, de llevar el peso del relato central. De esta manera podemos acusar a Pizzolatto de no haber estado a la altura de lo esperado a la hora de rematar las distintas subtramas en las que se disgrega su historia, entregándose en algunos momentos a las excusas narrativas pobres y las resoluciones inverosímiles, pero el trayecto hasta llegar a ese cierre es, para un servidor al menos, muy satisfactorio.




En cuanto a la realización de los episodios por parte de los tres directores se repite la tónica habitual de la temporada. Jeremy Saulnier, Nic Pizzolatto y Daniel Sackheim se dedican a emular la puesta en escena de Cary Joji Fukunaga para la primera True Detective de 2014 llevando a cabo una labor notable todos ellos, pero sin imprimir señas de identidad propias perceptibles en manera alguna por mucho que en el caso del primero estemos hablando de un cineasta comenzando a despuntar como autor de largometrajes con la ya citada Green Room, la previa Blue Ruin o aquella Noche de Lobos (Hold the Dark) hecha al amparo de Netfilx. Pizzolatto toma el relevo de Saulnier antes de terminar este los tres episodios asignados a su persona, sólo sale acreditado en los dos primeros, y el guionista cumple sobradamente detrás de las cámaras mimetizando su impronta con el ya establecido look visual del programa y alardeando de técnica en algún momento como en el asalto a la casa de Brett Woodard, el pasaje técnicamente destacable de esta tercera temporada de la misma manera que el plano secuencia de la redada al club motero lo era de la primera y el ataque frustrado al laboratorio de metanfetamina de la segunda. Sackheim hace lo propio con Pizzolato y encarrila adecuadamente la segunda mitad de los episodios con la profesionalidad esperada.




Acierto mayúsculo por parte de HBO y Warner Bros dar el papel protagonista a Mahershala Ali. El actor de Alita: Ángel de Combate ofrece todo su talento para dar forma a un personaje acometido por medio de una deconstrucción psicológica dividida en tres partes diferenciadas, una para cada línea temporal. El brillante y obcecado detective de 1980 se alterna con el hombre curtido en mil batallas con problemas profesionales y personales de 1990 y el anciano entrevistado de la actualidad asediado por todos los demonios de su pasado y una más que probable demencia senil. El intérprete de Luke Cage o Figuras Ocultas se aferra a matices, medido lenguaje corporal y gestual o modulación de su voz para ofrecer un recital brillante. No le va a la zaga un Stephen Dorff impresionante confirmando ser uno de los actores más infravalorados de su generación, nunca habiendo recibido ese “gran papel” (aunque hubo un amago en Somewhere, de Sofia Coppola) que le consagre y teniendo que luchar aquí con los responsables de maquillaje y peluquería que tan inspirados estuvieron con su compañero de reparto y tan poco con él. Carmen Ejogo sacando oro de su personaje, un Scoot McNairy tan destacable como siempre, Ray Fisher en la contenida piel del hijo del protagonista o Sarah Gadon como la incisiva entrevistadora completan el destacable reparto.




Por desgracia cuando la temporada termina y, a nivel personal, poca queja se le puede poner a su conjunto, e incluso antojándose justo mencionar la mejoría con respecto a la anterior, la sensación final es que aquella True Detective de 2014 fue un verdadero golpe de suerte que aquí no vuelve a acontecer. Nic Pizzolatto ha hecho todo lo posible por rememorar lo acaecido en aquella tanda de capítulos inicial, pero el resultado queda muy lejos de la misma y seguramente es difícil dilucidar adecuadamente el motivo. Había algo especial en el caso convertido en odisea vital para los agentes Rust Cohle y Marty Hart que no ha vuelto a repetirse en ninguna de las dos temporadas posteriores. No sabría decir si era aquel subtexto onírico apuntando hacia una naturaleza extraterrena latiendo bajo el relato, la labor superlativa de un Matthew McConaughey inolvidable respaldado por un Woody Harrelson a la altura de las circunstancias o la labor de Cari Joji Fukunaga mimetizando sus aptitudes de narrador con la impecable letra de Pizzolatto funcionando hasta límites dificilmente repetibles, pero queda claro de manera cristalina que lo de True Detective 1 fue una bellísima anomalía irrepetible, inalcanzable y única dentro de una serie que nunca ha vuelto, ni volverá, a alcanzar dichas cotas de calidad. Por lo tanto nos queda una tercera temporada hasta notable en varios aspectos, pero a años luz de la primigenia que dio inicio a todo.




En resumidas cuentas la tercera temporada de True Detective es un producto de notoria calidad ejecutado por un grupo de profesionales capaces y cuyos aciertos están a la altura de la cadena responsable de su producción y emisión. Pero a pesar de sus virtudes, aciertos y mejorías con respecto a la entrega inmediatamente anterior volvemos a afirmar que el resultado queda a años luz de aquella icónica primera temporada. Al igual que sucedía con True Detective 2 esta tercera parte posiblemente sería mejor valorada si no estuviera vinculada a la marca a la que pertenece, pero irremediablemente es la continuación de una serie excelente que únicamente en su génesis consiguió revelarse como una obra maestra de la ficción flmada. Por ahora no se sabe si tendremos una cuarta temporada de True Detective, los ratings de audiencia parecen no haber sido muy destacables a lo largo de estos nuevos ocho episodios, de manera que sólo el paso del tiempo nos dirá si volveremos a seguir la pista de estos detectives dispuestos a dejarse la piel a la hora de desentrañar los casos más siniestros de la “Crónica Negra” estadounidense. Seguramente no tendremos una respuesta a corto plazo ya que ahora mismo HBO está dedicada en cuerpo y alma a engalanarse ante la inminente llegada de la última temporada de su serie más exitosa. Esa Juego de Tronos cuya recta final de seis entregas acaparará todas las miradas dejando a la creación de Nic Pizzolatto en el limbo y con su futuro pendiendo de un hilo.


martes, 27 de noviembre de 2018

Infiltrado en el KKKlan, some of those that work forces, are the same that burn crosses



Título Original BlacKkKlansman (2018)
Director Spike Lee
Guión Kevin Willmott, David Rabinowitz, Charlie Wachtel, Spike Lee, basado en el libro de Ron Stallworth
Reparto John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold, Corey Hawkins, Robert John Burke, Paul Walter Hauser, Craig muMs Grant, Michael J. Burg, Chris Banks,  Tom Stratford, Jasper Pääkkönen, Ashlie Atkinson, Ken Garito, Alec Baldwin






Si hacemos la excepción con su vapuleado remake de la coreana Old Boy Spike Lee llevaba, si no me fallan los cálculos, sin estrenar una de sus películas en multisalas de nuestro país desde la excelente Plan Oculto (The Inside Man) de 2006. Triste dato este si tenemos en cuenta que el director nacido en New York llegó a convertirse a partir de finales de los 80 en una de las voces más combativas y comprometidas del cine de autor estadounidense gracias a piezas como Haz lo Que Debas (Do the Right Thing), Fiebre Salvaje (Jungle Fever), Clockers, Malcolm X, Una Mala Jugada (He Got Game) o SOS: El Verano de Sam entre otras. Paradójicamente parecía que durante la pasada década iba a mantener su estatus gracias a aquella obra maestra titulada La Última Noche (The 25th Hour) y al notable éxito de taquilla de la ya citada producción protagonizada por Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Christopher Plummer o Willem Dafoe. Pero por desgracia no se dio el caso, sucedió todo lo contrario.




Presentada en el pasado Festival de Cannes donde recibió numerosas alabanzas por parte del público o la prensa especializada y se alzó con el Gran Premio del Jurado esta adaptación de la novela Black Klansman, escrita por el ex policía Rob Stallworth, nos devuelve a un Spike Lee en plena forma con un producto que mezcla de manera certera comercialidad y el compromiso social o político indivisible a su discurso, esta vez con el respaldo de la factoría Blumhouse y producción de Jordan Peele (Déjame Salir). El resultado queda lejos de sus mejores trabajos, pero sí destaca notablemente sobre muchos de sus últimos proyectos, en su mayoría demasiado localistas y hermetizados dentro de una especie de intertextualidad con la que el cineasta parecía estar dando vueltas sobre su propia filmografía pretérita, alejándose gradualmente de un público más amplio y sólo satisfaciendo a sus exégetas más incondicionales o a su propio ego con resultados del todo irregulares.




A principios de la década de los 70, época convulsa de la historia reciente de Estados Unidos, Rob Stallworth se convirtió en el primer policía negro de Colorado Springs. Mientras recibía el desprecio de la mayoría de sus compañeros y la altivez de sus superiores decidió hacerse un nombre en el cuerpo infiltrándose en  un grupo local del Ku Klux Klan. Por medio de conversaciones telefónicas haciéndose pasar por un redneck xenófobo y con la ayuda de su compañero Flip Zimmerman (Adam Driver) que se convirtió en la cara visible de la inflitración se introdujo en las entrañas de dicha organización con la misión de dar con David Duke (Topher Grace) "grand wizard" del KKK. En el proceso Ron se enamoró de Patrice (Laura Harrier), la miembro de un grupo en favor de los derechos civiles de los negros, y Flip puso en peligro su vida una vez se vio tan sumergido en el núcleo del Klan como para no poder escapar del mismo sin la ayuda de su compañero.




Como previamente hemos mencionado BlacKkKansman amalgama al Spike Lee reividindicativo y luchador por los derechos de la gente de su raza con el más popular adscrito al cine de género que hemos visto puntualmente en su carrera con buenos resultados. En su último largometraje el neoyorquino ejecuta un thriller de acción, con pasajes dramáticos y leves apuntes de un humor muy sutil, mucho más de lo que se ha comentado en las redes, con determinados periodistas y sitios web vendiendo el largometraje como una comedia, algo no compartido por un servidor aunque encontremos algunos momentos hilarantes en el metraje, sobre todo los relacionados con los miembros de Ku Klux Klan. Esta armónica convivencia entre las dos vertientes autorales de Lee se evidencia en pasajes como el del discurso de Kwame Ture, toda una declaración de principios por parte de los negros en boca de uno de sus mayores representantes, alternándose con otros en los que la acción o el suspense se apoderan del encuadre.




De esta manera la obra es construida sobre las constantes narrativas y conceptuales del género policíaco, sin eludir por ello el poso dramático detrás de toda la lucha social adscrita al discurso intrínseco en el ADN ideológico de su principal responsable y un estudio de personajes notablemente elocuente potenciado por un trabajo actoral de primer orden extendiéndose desde los protagonistas hasta prácticamente todos los secundarios. Al conjunto Lee aplica una estética y resoluciones visuales muy de los 70, hundiendo sus raíces en el celuloide blaxploitation y ejecutando un retrato certero, aterrador y patético del KKK, mostrándolo en pantalla no como la banda de palurdos incultos que creemos son, sino como un grupo radical muy bien organizado, formado por personas aparentemente integradas en nuestra sociedad cuyo discurso puede calar hondo en depende qué sectores de la población, acercándose de esta manera mucho más a la cruda realidad.




El personaje de Ron Stallworth es el más adherido al discurso político de la obra gracias a su relación con Patrice. Ella, una luchadora por los derechos civiles de los afroamericanos con un enorme rechazo por las fuerzas de la ley a las que considera fascitas y xenófobas, se enamora de un policía infiltrado con la intención de hacerla cambiar de parecer sin que descubra su verdadera identidad En cambio el rol de Flip Zimmerman es el encargado de llevar sobre sus hombros todo el perfil de género en BlacKkKlansman. El "infiltrado material" en el KKK es un policía judío viéndose en la necesidad de mantener la compostura y una sangre fría bordeante en lo sobrehumano para no delatar su tapadera. Lee recurre a la continua sensación de peligro adherida a la posibilidad de que Flip sea descubierto por sus nuevos compañeros en el Klan, pero a diferencia de otros films basados en hechos reales, como Argo, no enfatiza artificialmente el suspense por medio de añadidos dramáticos en el guión, aunque con ello sacrifique un mayor grado de intensidad en algún momento de tensión.




Más allá del guión y la puesta en escena de Spike Lee es el reparto el encargado de que las situaciones planteadas en BlacKkKansman se antojen inapelablemente realistas. En cuanto a los protagonistas, John David Washington, ex jugador de fútbol americano e hijo de Denzel Washington, realiza una excelente labor insuflando carisma y determinación a la contrapartida cinematográfica de Ron Stallworth. Pero es Adam Driver, revelándose con cada nuevo papel como uno de los mejores actores de su generación, el robaescenas oficial cargando sobre sus hombros los momentos más remercables del largometraje cuando comparte plano con los intérpretes que dan vida a los miembros del KKK de Colorado Springs. Estos últimos realizando una magnífico trabajo, pero destacando el trío formado por Ryan Eggold, Jasper Pääkkönen y Paul Walter Hauser o un Topher Grace haciendo lo que mejor sabe, poner voz y físico al patetismo. Nota aparte para una memorable Laura Harrier en un papel bastante alejado de los que nos tiene acostumbrados y mucho más potente, llegando a eclipsar al protagonista principal del film.




BlacKkKkansman insufla nueva vida a la aletargada carrera de un Spike Lee que ya dio sus primeras muestras de resurgimiento colaborando con Netflix para llevar su película Nola Darling (She's Gotta Have It), con éxito, al formato serie. Tras una década moviéndose en círculos perjudicialmente endogámicos, aunque desmotrando así que no es el dinero el principal de sus intereses, vuelve a lo grande con una de las mejores películas del 2018. Excelente dirección, impecable guión escrito por Kevin Willmott, David Rabinowitz, Charlie Wachtel y el mismo cineasta, reparto entregado a la causa de su jefe de ceremonias y un mensaje necesario en estos tiempos que corren son las virtudes capaces de convertir el último trabajo del director de Mo' Better Blues o Bamboozled en una cita indispensable para los amantes del buen cine y la conciencia social en una época de intolerancia y fascismo como la actual y, por desgracia, la que está por venir.



lunes, 15 de octubre de 2018

Preacher: Temporada 3, family ties



"Escúchame; Algún día, pedazo de mierda. Somos todo lo que quedará en este lugar. Soy toda la familia que tienes."




Después de una decepcionante primera temporada a modo de “Año Cero” en 2016 y una segunda no del todo redonda, pero sí más eficiente y apegada a las viñetas, el pasado año la tercera entrega de Preacher, la serie de televisión diseñada por Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg para la cadena por cable AMC inspirándose en el icónico cómic de Garth Ennis y Steve Dillon gestado en el seno del sello Vertigo de DC Cómics, terminó su emisión y tras ella nos vemos en posición de valorar esta última tanda de episodios inspirados en las aventuras mesiánicas y teológicas protagonizadas por Jesse Custer, Tulip O’Hare y Cassidy entre otros personajes. Sentimientos encontrados a la hora de hablar de los diez nuevos capítulos de Preacher, porque es ineludible que sus creadores mantienen la intencionalidad de acercarse cada vez más a los cómics, pero lo hacen de manera arbitraria y deslavazada, cometiendo en el proceso el fallo de desorientarse y no saber aprovechar el paso adelante que supuso la anterior temporada con respecto a la inicial sin desarrollar los logros que la irrupción de el Santo Grial en general y Her Starr en particular supusieron para la serie. Lo que aquí tenemos es otra decena de horas confirmando la naturaleza dubitativa, desaprovechada y de “quiero y no puedo” del show emitido por la casa de productos tan destacables como Mad Men, Breaking Bad o la reciente The Terror.




Una vez más la serie Preacher toma varios arcos argumentales importantes de los cómics como el localizado en Angelville con la familia de Jesse Custer, el relacionado con Les Enfants du Sang o el centrado en el Grial y la conservación de la sangre de Cristo y después de incluir algunas dosis de material propio Catlin, Rogen y Goldberg montan una temporada de diez episodios. El problema radica, como hemos comentado previamente, en que después de haber encarrilado, en cierta manera, el producto con una muy decente segunda temporada sabiendo amalgamar respeto y fidelidad por los cómics en los que se inspira y una personalidad propia como proyecto ficcional esta tercera desmonta gran parte de esas virtudes descompensando narrativamente el conjunto de la obra cuando separa a los tres protagonistas principales para que cada uno de ellos pueda protagonizar su propia subtrama. Llama la atención que esta decisión haya sido tomada en la primera temporada de la serie con sus tres actores principales tomando el rol de productores ejecutivos, como si diera la impresión de haber sido la mano de los protagonistas la responsable de la dispersión y la endeblez de la construcción argumental de la tanda de episodios para sus correspondientes lucimientos individuales. Algo, por otro lado, imposible de confirmar.




Prácticamente todo lo acontecido en Angelville con Gran’Ma L’Angelle, Jody o TC está bien llevado por el guión y la realización, tomando bastantes ideas acertadas de las viñetas y con la meritoria labor de un reparto en el que destaca una excelente Betty Buckley. También ofrece algunas dosis de interés, aunque llega a adentrarse un poco en una agotadora reiteración, la trama con el Grial, el Gran Padre D’Aronique o Humperdoo, así como la que compete a Tulip y su “revelación divina” donde Ruth Negga vuelve a demostrar ser la mejor actriz del casting. Pero el protagonizado por Cassidy con el culto vampírico de Les Enfants de Sang y sobre todo el del Santo de los Asesinos, Arsface y Hitler, metido con calzador de la manera más innecesaria posible, confirman el poco cuidado de los creadores de la serie a la hora de dar homogeneidad a la escritura de esta tercera temporada con una irregularidad entre unos arcos y otros demasiado perjudicial para el conjunto del producto. Esta deficiencia conceptual y estructural o el error garrafal de quitar protagonismo al Herr Starr de Rip Torrens, la revelación mayúscula de la anterior temporada, aquí, más allá de su presentación con el tiroteo en el templo budista y algún apunte cómico sacado directamente de las viñetas, alarmantemente desaprovechado son las más importantes carencias de esta última lista de capítulos.




Aunque encontramos episodios interesantes, nuevos personajes bien perfilados sumándose a los ya perfectamente establecidos interpretados por el trío protagonista y situaciones divertidas cada vez más propensas a la truculencia de las viñetas Preacher sigue estando a años luz de ser una buena adaptación del trabajo de Garth Ennis y el añorado Steve Dillon. Cuando parecía que Sam Catlin, Seth Rogen y Evan Goldberg habían encarrilado la máquina dándose cuenta del grave error de creerse más listos que el material en viñetas puesto a su disposición vuelven a dar pasos en falso y a desarmar lo construido el año pasado. El problema de encontrarnos todavía en esta situación en la tercera temporada de la serie no sólo repercute en la misma, incitándonos a no perder el tiempo con ella cuando tenemos al alcance de nuestro ratón o mando a distancia decenas de ellas muy superiores. Por desgracia también nos hace desconfiar de lo que vayan a hacer dos de sus showrunners, Goldberg y Rogen, con esa otra adaptación a imagen real de un cómic de Garth Ennis, The Boys más concretamente, producida por Amazon y con estreno para 2019. No ya por la, casi segura, ausencia de la violencia y sexo explícitos de las brutales correrías de Hughie y sus compañeros, sino también por la escaso apego demostrado por ambos autores hacia los cómics que trasladan al medio audiovisual.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Tres Anuncios a las Afueras, ocurrió... donde nunca pasa nada



Título Original Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017)
Director Martin McDonagh
Guión Martin McDonagh 
Reparto Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell,  John Hawkes, Peter Dinklage,  Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, Abbie Cornish, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon, Nick Searcy, Lawrence Turner, Amanda Warren,  Michael Aaron Milligan, William J. Harrison, Sandy Martin, Christopher Berry, Zeljko Ivanek, Alejandro Barrios, Jason Redford, Darrell Britt-Gibson, Selah Atwood





El londinense Martin McDonagh ya era un reputado dramaturgo en las tablas de Reino Unido cuando debutó en la dirección cinematográfica en 2008 con Escondidos en Brujas (In Bruges), aquella peculiar cinta de mafiosos de poca monta localizada en la preciosa ciudad belga y protagonizada por Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes. Tras ella llegó en 2012 Siete Psicópatas, otra pieza sobre gangsters con un reparto internacional que confirmó el llamativo estilo para la escritura y dirección cinematográfica de su autor. Un lustro ha tenido que pasar para McDonagh estrene su tercer largometraje detrás de las cámaras, pero la espera ha merecido totalmente la pena si tenemos en cuenta que con su último trabajo nos encontramos con su mejor obra y uno de los proyectos más interesantes del pasado año 2017.





Three Billboards Outiside Ebbing, Missouri cuenta ahora mismo con un interminable palmarés de premios internacionales obtenidos en festivales como Venecia, San Sebastián, los BAFTA, los Spirit Award, los Globos de Oro y culminando el pasado domingo cuando recibió dos merecidísimos Oscars a mejor actriz para Frances McDormand y mejor actor secundario para Sam Rockwell. Este enorme reconocimiento en forma de galardones ponen colofón a la carrera de la que podemos considerar una de las mejores películas del presente 2018, teniendo en cuenta que en España se ha estrenado en el presente año. Prensa especializada y público están de acuerdo con respecto a cantar alabanzas hacia la tercera película de Martin McDonagh y a un servidor, que la ha visto recientemente, no le queda más remedio que unirse a la opinión generalizada porque indudablemente nos encontramos ante una muestra de cinematografía sencillamente brillante.





Mildred Hayes (Frances McDormand) tiene 50 años y vive en el pueblo de Ebbing, en Missouri. Después de que su hija haya sido violada y asesinada sin que se haya realizado ninguna detención por parte de la oficina del sheriff local Bill Willoughby (Woody Harrelson) tomará la decisión de alquilar tres vallas publicitarias a las afueras que utilizará para acusar a las fuerzas de la ley de su ineficacia a la hora de investigar el caso. Esta decisión por parte de Mildred despertará la ira de gran parte de sus vecinos y más concretamente la de Jason Dixon (Sam Rockwell) el ayudante del sheriff, un tipo de modos poco ortodoxos al que se acusa de haber torturado a un chico negro de la localidad. La tozudez de esta madre que no acepta un no por respuesta y los efectos que sus actos producirán en su propia familia y la de los implicados en la investigación del crimen que cometieron con su hija desembocarán en una serie de hechos que revolucionarán la tranquila vida de este pequeño pueblo del medio oeste de Estados Unidos.




Es curioso como algunas de las miradas más interesantes que se han realizado sobre Estados Unidos en el séptimo arte vienen de autores extranjeros, algunos de ellos sin haber pisado nunca el país de las barras y estrellas. El Wim Wenders de Paris, Texas, el Lars Von Trier de Dogville o Manderlay o el Ang Lee de La Tormenta de Hielo, Brokeback Mountain o Cabalga Con el Diablo han ofrecido largometrajes que plantean una perspectiva poco habitual de norteamérica sin las habituales adhesiones a las que suelen recurrir los cineastas oriundos de aquellas tierras. Martin McDonagh se une a esta galería de profesionales del medio que nos hablan de las virtudes y miserias de la América Profunda sin la necesidad de formar parte de la misma. El resultado es un retrato veraz y naturalista que no hace concesión alguna a la hora de personificar sin medias tintas a ciudadanos, representantes de la ley y delincuentes de distinto tipo gracias al buen hacer en todos los apartados que dan forma a la compacta obra cinematográfica.




Desde que tuviera su puesta de largo internacional en el festival de Venecia lo que más se ha comentado con respecto a Tres Anuncios a las Afueras es la enorme deuda que tiene con el cine de los hermanos Coen, y no sólo por tener a una de sus actrices fetiche como protagonista. Pero los que seguimos la carrera cinematográfica de Martin McDonagh sabemos que la influencia de los directores de A Propósito de Llewyn Davis o ¡Ave César! ya venía de sus anteriores trabajos. No era difícil encontrar personajes "coenianos" en los pintorescos hampones de Escondidos en Brujas o Siete Psicópatas, pero en honor a la verdad también debemos afirmar que la que nos ocupa es la película del cineasta británico que más se acerca al espíritu de dichos autores con una trama que nos trae a la mente piezas magistrales como Fargo, No Es País para Viejos o Valor de Ley ofreciendo una mixtura de géneros que puede parecer desconcertante, pero cuya coherencia conceptual y narrativa se antoja intachable.




Porque es ineludible que Tres Anuncios a las Afueras se vertebra sobre una historia dramática como la violación y asesinato de una adolescente y la lucha porque se haga justicia a manos de su aguerrida madre. Pero al autor propenso a la comicidad incómoda que en sus dos films previos cargó las tintas con humor negro no puede evitar hacer acto de presencia en la obra que nos ocupa y cuando lo hace, contrariamente a lo que pudiera parecer, en ningún momento descompensa la tonalidad dura y seca en la que se sustenta el relato. De hecho gran parte de los pasajes más descacharrantes los protagonizan los personajes de Mildred y Dixon, el primero por su carácter duro e intransigente y el segundo por su supuesta ineptitud como ayudante del sheriff, señas de sus respectivas personalidades que darán lugar a situaciones que arrancarán carcajadas con temas que tienen poca o ninguna gracia.




Moviéndose a placer entre estos dos géneros, con una construcción de personajes brillante y unos diálogos tocados por el don de la inspiración el guión de Martin McDonagh diseña con solidez una propuesta en la que los claroscuros y los tonos grises pueblan una historia en la que no encontramos héroes ni villanos, sino personas reales que pueden llegar a cometer terribles errores en pos de una causa noble. De esta manera asistiremos a situaciones en las que una buena ciudadana realiza actos muy curstionables con resultados catastróficos o a una persona despreciable, casi un descerebrado, intentando ayudar al prójimo aunque con ello tenga que poner en entredicho su cuestionable sistema de valores. En un segundo plano queda la resolución del caso del crimen y la identidad de la persona que lo perpetró, algo que no interesa tanto al guionista y director como las relaciones interpersonales entre los personajes.




Desde el punto de vista de la dirección McDonagh apela a la contención visual y formal, utiliza una puesta en escena árida y austera, muy deudora del western, en concordancia con los paisajes del medio oeste que está retratando. Sin aspavientos, ni decisiones caprichosas con la cámara deja que los encuadres respiren, que los actores se apoderen del núcleo vertebral del relato y en casi ningún momento copa protagonismo por medio de la realización que siempre es acerada y muy profesional, menos histriónica que en sus largometrajes previos. Esta decisión le permite que al optar por ejecutar algún alarde técnico inesperado como el brutal plano secuencia centrado en Dixon, que es un prodigio de planificación y coreografía a pesar de su sencillez, o los dos pasajes relacionados con incendios sean recibidos postivamente por un espectador que comprende que se encuentra con un cineasta que tiene un control impecable del material que posee en sus manos.




El que esto firma ya sabía antes de ver Tres Anuncios a las Afueras no sólo que Frances Mcdormand iba a estar brillante en su papel protagonista, sino también que el Oscar a la mejor actriz del presente año no se lo arrebataría nadie, ya que no hay más que echar un vistazo a su carrera para saber de qué clase de intérprete estamos hablando . Rostro rocoso, ironía en cada palabra que espeta, una contención hasta en los momentos más duros o un control voraz de la gestualidad y el lenguaje corporal hacen de la Mildred Hayes de la protagonista de Agenda Oculta un personaje brillante, que no duda en abrazar el feismo, la mundanidad y el realismo sin ampararse en ningún tipo de artificio o superficiliadad mal entendida. Ella es la película y sobre sus hombros recae la mayor parte del peso del proyecto gracias a su veteranía incuestionable y a la confianza que su guionista y director deposita en la profesionalidad que lleva destilando desde que se diera a conocer con Sangre Fácil (Blood Simple) en los primeros 80.




Pudiera parecer que Frances McDormand eclipsa totalmente al resto del reparto y que con su excelsa labor sólo deja las migajas a sus compañeros. Nada más lejos de la realidad, Martin McDonagh reune un excelente equipo de profesionales en el que vemos los rostros de grandes secundarios, poco reconocidos, como John Hawkes, Zeljko Ivanek, Peter Dinklage, Abbie Cornish o Caleb Landry Jones devorando cada uno de los escasos encuadres en los que hacen acto de presencia. Todos comandados por un memorable y ambiguo Woody Harrelson cuya importancia en la historia torna en ubicua cuando ya no hace acto de presencia en pantalla (genial su conversación sobre penes y Oscar Wilde con su mujer, la secuencia en la cuadra de caballos y el contenido de esas tres cartas) pero sigue copando una vital importancia en el relato sobre todo con respecto a la resolución del caso de asesinato por el que Mildred está dando casi la vida.




Pero si hay un actor secundario que rompe todos los esquemas con su composición es Sam Rockwell dando vida al ayudante del sheriff Jason Dixon. Actor de reparto con vocación de robaplanos en producciones como La Milla Verde o El Asesinato de Jesse James Por el Cobarde Robert Ford que ya dio muestras de ser capaz de ejecutar protagónicos nada complacientes en films como Moon o Confesiones de Una Mente Peligrosa, Rockwell da vida a un redneck con placa, un tipo violento y agresivo que seguramente eligió ese oficio para poder descargar su ira con el prójimo y que mantiene una peculiar relación con su madre llegando a convertirse a lo largo del devenir de acontecimientos que construyen la trama de la película en una persona que poco o nada tiene que ver con ese inepto uniformado que no se enteraba de nada de lo que acontecía a su alrededor durante los primeros compases del metraje. Su trabajo es enorme y los galardones que está recibiendo por él no sólo son merecidos, también dan reconocimiento a una de las carreras más infravaloradas del Hollywood reciente.




Tres Anuncios a las Afueras, que podría compartir sesión doble con aquella excelente rareza poco conocida llamada Small Town Murder Songs, es la confirmación de Martin McDonagh como un talento a seguir de cerca dentro del medio cinematográfico. Su tercer largometraje también nos sirve de recordatorio con respecto a que Frances McDormand es una de las mejores actrices de su generación, una profesional que no se prodiga demasiado gracias a su especial talento para elegir proyectos siempre interesantes a los que aporta su sabiduría y buen hacer para que otros intérpretes, como los que la acompañan en esta ocasión, se crezcan en pantalla y consigan estar a la altura de las circunstancias. Un servidor es un gran admirador de Guillermo del Toro  y supone toda una alegría que haya conseguido el merecido Oscar al mejor director, pero el pasado domingo La Forma del Agua no debería haberse alzado con un galardón a la mejor película que esta historia sobre desarraigo, compromiso y miseria moral debería haberse llevado a casa.



viernes, 10 de noviembre de 2017

1922, el año de la rata



Título Original 1922 (2017)
Director Zak Hilditch
Guión Zak Hilditch, basado en el relato corto de Stephen King
Reparto Thomas Jane, Molly Parker, Neal McDonough, Brian d’Arcy James, Dylan Schmid, Kaitlyn Bernard, Nikolai Witschl, Bruce Blain, Bob Frazer, Graeme Duffy, Patrick Keating, Spencer Brown, Danielle Klaudt




Segunda producción cinematográfica ideada bajo el amparo de la plataforma de streaming Netflix que adapta al celuloide una historia de Stephen King después de la meritoria El Juego de Gerald, dirigida por Mike Flanagan y protagonizada por Carla Gugino y Bruce Greenwood. 1922, que traslada el relato corto homónimo incluido en la antología Todo Oscuro, Sin Estrellas, de 2010, llega en la recta final de un año que ha estado plagado de versiones para el cine (It, La Torre Oscura) y la televisión (Mr Mercedes, La Niebla) de la obra literaria del escritor de Maine. Lo hace como producción bastante modesta escrita y dirigida por el cineasta australiano Zak Hilditch (Las Últimas Horas) y protagonizada por un reparto encabezado por Thomas Jane (The Expanse), Molly Parker (Deadwood) y Dylan Schmid (Horns) entre otros. El resultado es un competente largometraje que funcionando correctamente en casi todos sus apartados, ya sean artísticos o técnicos, no destaca notablemente en casi ninguno de ellos, quedando en un proyecto interesante con más virtudes que defectos, pero que podía haber sido mucho más aprovechado desde el punto de vista narrativo si tenemos en cuenta el interesante punto de partida que estructura el núcleo argumental de la obra y que, digámoslo ya, no se adscribe a los cánones más ortodoxos del cine de terror por mucho que contenga algunos pasajes que sí pueden considerarse pertenecientes a dicho tipo de films.




1922 narra los recuerdos de un granjero llamado Wilfred James (Thomas Jane) sobre el asesinato de su esposa, Arlette (Molly Parker) que perpetró con la ayuda de su hijo adolescente, Henry (Dylan Schmid) durante el año que da título largometraje cuando los tres vivían en una casa a las afueras de Hemingford, Nebraska. Después del crimen y de depositar el cuerpo sin vida de su esposa en un pozo localizado en su terreno una plaga de ratas asolará la granja familiar y Wilfred comenzará a tener visiones de su mujer que parece haber vuelto de entre los muertos. Algo que ya hemos mencionado y debe quedar muy claro desde el principio es que el largometraje escrito y dirigido por Zak Hilditch no es una pieza de terror, es más bien un drama con apuntes de suspense y pinceladas muy leves de terror. De este modo la historia sobre la familia James tiene mucho más que ver con obras literarias como El Corazón Delator de Edgar Allan Poe que con trabajos previos del autor de Maine o algunos de los que han influido en su impronta adscritos a este tipo de narraciones de ficción que él mismo en cierta manera ha ido abandonando con el paso de los años en favor de otros géneros menos ortodoxos.




De este modo el guionista y cineasta australiano realiza con 1922 un cuento gótico con reminiscencias al género western y unos oscurantistas Estados Unidos a las puertas de la Gran Depresión de 1930 como telón de fondo. Con estas herramientas y ayudado por una ambientación de época para quitarse el sombrero si tenemos en cuenta la naturaleza modesta del proyecto sumada a un reparto en estado de gracia comandado por Thomas Jane, Zak Hilditch lo tiene todo para ejecutar una pieza cuanto menos remarcable, pero se queda a mitad de trayecto porque uno de los dos roles que debe ejercer no está a la altura del otro. Mientras su trabajo con la cámara es de un mérito poco reprobable y con él llega a ofrecer al espectador algún que otro pasaje memorable, como el del asesinato en la cama, que eleva la producción desde el punto de vista técnico es su poco destacable labor con la escritura la que hace de 1922 una más de tantas. El desarrollo de personajes es el adecuado y no hay estridencias en cuanto al devenir de acontecimientos, pero la narración es de una linealidad tan simplista como uniforme y no depara ningún momento destacable argumentalmente que pueda llamar la atención con respecto a la persona que visiona el producto, que lo verá con agrado, pero sin implicarse adecuadamente con él por estas carencias.




En cuanto al reparto podemos hablar de uno de los puntos más fuertes de 1922 y no sólo por la muy alabada interpretación de su actor protagonista. Porque sería una necedad negar que el actor de The Punisher o La Niebla (The Mist) realiza uno de las mejores composiciones de su carrera con un trabajo muy físico e interesantes apuntes psicológicos que él salda con un buena nota, pero su entrega en ocasiones se torna en su peor enemiga, y algo de eso sucede con su elaborado acento del medio oeste estadounidense que al ser tan marcado entronca con el del resto de personajes que no lo han “sobreactuado” tanto. Excelente trabajo de Molly Parker como la mujer del protagonista y madre del niño que ambos comparten, la actriz de House of Cards ejecuta un excelente tour de force con su compañero de reparto y su destacable interpretación hace que su personaje torne en ubicuo una vez desaparece de la historia incluso en los pasajes en los que ni su cuerpo putrefacto hace acto de presencia. Toda una sorpresa el joven Dylan Schmid que no se amilana ante dos veteranos como sus padres en la ficción ofreciendo un secundario muy interesante que ganará enteros en cuanto a profundidad justo después del asesinato de su progenitora en el que se verá implicado por el manipulador cabeza de familia y que avocará a los dos a la tristeza y la locura.




1922 es una cinta cumplidora y decente, pero no destacará entre las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Stephen King, ni si quiera está entre las mejores de este 2017 que, como apuntábamos previamente, ha sido fértil a la hora de extrapolar la palabra escrita del autor de Maine a la pequeña o gran pantalla. Lo que sí confirma el largometraje de Zak Hilditch es que aunque todavía le queda un largo camino por recorrer y un considerable margen de mejora, ya que sus producciones cinematográficas en líneas generales son aceptables o sólo buenas (aunque hay excepciones), Netflix está ofreciendo una variada gama de proyectos de ficción adscrita a su producción propia que no se amilana con ningún género y que sólo se diferencian de la mayoría de estrenos hollywoodienses en que no son estrenados en pantalla grande. El Juego de Gerald o esta 1922 que nos ocupa denotan el interés por parte de la plataforma de streaming por financiar traslaciones de relatos de King que por no ser tan conocidos como novelas con el renombre de Carrie, El Resplandor o Misery solían pasar desapercibidos para las grandes productoras y que ahora han conseguido su pequeña y merecida parcela para que los seguidores de la prosa del autor nacido en Nueva Inglaterra podamos disfrutarlos.


lunes, 29 de mayo de 2017

Twin Peaks: Atravesando la Oscuridad del Futuro Pasado II



Twin Peaks Fuego Camina Conmigo: La Maldición de Laura Palmer


Dirección David Lynch
Guión David Lynch y Robert Engels
Música Angelo Badalamenti
Fotografía Ron García
Reparto Sheryl Lee, Ray Wise, Moira Kelly, Chris Isaak, James Marshall, Dana Ashbrook, Kyle MacLachlan, Eric DaRe, Phoebe Augustine, Kiefer Sutherland, Frank Silva, Harry Dean Stanton, Michael J. Anderson, Al Strobel, Grace Zabriskie, David Lynch, David Bowie, Walter Olkewicz, Miguel Ferrer, Mädchen Amick, Heather Graham
Duración 129 min
Productora Ciby 2000
Nacionalidad Estados Unidos

Sólo un año después de la agónica muerte de Twin Peaks que puso fin a su recorrido catódico en la cadena ABC con aquel ya mítico, pero frustrante en muchos aspectos, último episodio titulado Más Allá de la Vida y la Muerte David Lynch se asoció con el productor Aaron Spelling y la productora francesa Ciby 2000 para rodar el primero de lo que iban a ser varios largometrajes para la pantalla grande que extenderían el universo de la serie televisiva con más historias centradas en aquella peculiar y misteriosa localidad del noroeste estadounidense. Los problemas relacionados con la producción del film no tardaron en hacer acto de presencia, ya que ante la negativa de David Lynch de realizar una película que diera continuación a lo acontecido en la segunda y última temporada de Twin Peaks decidió rodar una precuela, años antes de que este tipo cintas se pusieran tan de moda en la actualidad, en la que relataría una historia anterior a todo lo que pudimos ver en la pequeña pantalla cuando el Agente Especial Dale Cooper llegó a dicha ciudad localizada en Washington D.C. Esta decisión por parte del director de Inland Empire fue la que dio pie a que Mark Frost se bajara del proyecto, ya que el autor de El Peso de la Corrupción (Storyville) prefería hablar del futuro de los habitantes de Twin Peaks y no de su pasado. Por suerte para Lynch Robert Engels, uno de los guionitas que mejor conocía el microcosmos de la serie, aceptó escribir mano a mano con él el guión de Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo, el largometraje con el que David Lynch nos narraría los últimos días de vida de Laura Palmer antes de ser asesinada.


Los obstáculos que pusieron su “inestimable” granito de arena para que la producción de Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo fuera tan retorcida y tortuosa como su trama tuvieron representación dentro del casting de la serie, ya que actores como Richard Beymer (Benjamin Horne), Sherilyn Fenn (Audrey Horne) o Lara Flynn Boyle (Donna Hayward) dieron su negativa a volver al universo de Twin Peaks ya que después de leer el guión de Lynch y Engels no vieron con buenos ojos el tratamiento que daban a sus personajes o renegaban de algunas de las escenas que tendrían que representar para un film que evidentemente iba a tener un tomo mucho más oscuro y adulto que el de su contrapartida televisiva. Por suerte la mayoría de intérpretes del programa televisivo aceptaron colaborar en el largometraje aunque curiosamente el que más quebraderos de cabeza produjo al director de Dune en este sentido fue precisamente un Kyle MacLachlan que se negó a ejercer un rol protagonista en la cinta, sólo interviniendo en la misma como secundario obligando con ello a Lynch y Engels a reescribrir pasajes del guión como todo el arranque con los agentes Chester Desmond (Chris Isaak) y Samuel Stanley (Kiefer Sutherland) que en el caso del primero iba a estar protagonizado por Cooper, idea que se descartó cuando el protagonista de El Efecto Dominó (Trigger Effect) dio su negativa a este respecto. Más allá de este contratiempo miembros del reparto de la serie primigenia como Sheryl Lee (Laura Palmer), Ray Wise (Leland Palmer) Grace Zabriskie (Sarah Palmer) Dana Ashbrook (Bobby Briggs), Mädchen Amick (Shelly Johnson) o Eric DaRe (Leo Johnson) entre otros decidieron participar activamente en Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo.




Una vez terminado el rodaje de la película los problemas volvieron a la palestra cuando los productores obligaron a Lynch a recortar brutalmente el metraje del film que se alargaba hasta las casi cuatro horas. El director de Terciopelo Azul aceptó a regañadientes y contra su voluntad a reducir el metraje a 129 minutos conservando todo el material centrado en la trama principal que vasculaba la narración, la que tenía como epicentro a Laura Palmer, y dejando en el suelo de la sala de montaje más de 90 minutos de escenas eliminadas protagonizadas por indispensables de la serie como Michael Ontkean (Harry S. Truman), Harry Goaz (Andy Brennan), Michael Horse (Hawk), Kimmy Robertson (Lucy Moran), Jack Nance (Pete Martell), Joan Chen (Josie Packard), Everett McGill (Ed Hurley), Warren Frost (Doctor Will Hayward) o Mary Jo Deschanel (Eilee Hayward) entre otros que finalmente no aparecieron en el montaje cinematográfico de la película. Con respecto a esta más de hora y media de metraje descartado es de recibo mencionar que tanto David Lynch, como sus fans recogiendo firmas en la red, lucharon durante años por conseguir los derechos del mismo que estaban en poder de la productora francesa MK2, con la que el cineasta llegó a tener no pocos problemas legales, consiguiéndolo finalmente en 2014 y siendo editado por primera vez en la edición en bluray de la serie, incluyendo también la película que nos ocupa, como “contenido adicional” de gran valor cinematográfico, histórico y sentimental para todo fan de la creación de Mark Frost y David Lynch. A modo de complemento adjunto aquí un enlace a la reseña que hice el pasado año 2016 en mi blog personal y en la que diseccionaba todas y cada una de esas secuencias.




Montada por fin la película todo estaba preparado para que la misma tuviera su estreno por todo lo alto en el Festival de Cannes al que David Lynch volvía por la puerta grande después de haber ganado dos años antes la codiciada Palma de Oro con Corazón Salvaje (Wild at Heart) la peculiar y excesiva historia de amor entre Sailor Ripley (Nicolas Cage) y Lula Fortune (Laura Dern) a partir de la novela homónima de un Barry Gifford que también colaboró con Lynch en la escritura del film. La respuesta negativa hacia Twin Peaks: Fire Walk With Me no se hizo esperar y ya durante su proyección en la croisette los abucheos, silbidos y demás expresiones de rechazo por parte de crítica y público se dejaron escuchar de principio a final a lo largo del proceso de visionado. La prensa especializada internacional masacró la película tildándola de retorcida, enfermiza, ininteligible y “oportunista”, idea esta última que como afirman varios expertos en el tema no se sostenía por sí sola si tenemos en cuenta que Twin Peaks había perdido tanto reconocimiento como seguidores después de que la segunda temporada de la serie televisiva superara su ecuador. Tan hostil y desconsiderada fue la respuesta en el festival francés al proyecto que el efecto boca/oreja no tardó en mostrar sus fauces ayudando a que su carrera comercial desembocara en fracaso en prácticamente todos los países en los que se estrenó, salvo en Japón donde la pasión por todo el universo relacionado con la creación de Frost y Lynch llegaba en ocasiones a bordear la enfermedad mental. El varapalo para el realizador de El Hombre Elefante fue brutal, cayendo en un notable desánimo que le impidió rodar cine durante cinco largos años que llegaron a su fin en 1997 con el estreno de aquella obra maestra llamada Carretera Perdida. A continuación vamos a dedicar una amplia parte de este especial (el primero se centró en las dos temporadas de la serie original) a diseccionar una pieza brillante e injustamente menospreciada como la que nos ocupa y a intentar analizarla humildemente desentrañando algunos de sus secretos más conocidos, siempre desde un punto de vista personal ayudado por teorías propias y otras que tomaremos de expertos en la serie de televisión.




Un fuerte martillazo rompe un aparato de televisión en el que previamente habíamos visto desfilar los títulos del crédito acariciados por un sombrío tema jazzistico a manos del compositor Angelo Badalamenti mucho más oscuro e inquietante que el mítico que acompañaba al opening de la serie. Este primer gesto parece una especie de declaración de principios por parte de David Lynch con la que nos confirma que Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo va a ser muy diferente a su versión televisiva y que su crudeza y radicalidad va a “destrozar” muchas de las constantes tonales y narrativas de aquella, algo que a fe mía consigue. Durante la primera mirad del metraje acompañamos a los agentes del FBI Chester Desmond (Chris Isaak) y Samuel Stanley (Kiefer Sutherland) a investigar, a petición de su superior Gordon Cole (el mítico personaje sordo interpretado por el mismo Lynch tanto en la serie como en el film) el asesinato de una chica llamada Teresa Banks (Pamela Gidley) en una ciudad llamada Deer Meadow. Para poner al día a sus subordinados Cole recurre a Lil, una extraña chica que por medio de un su vestimenta y un peculiar lenguaje gestual (recordemos que en la serie de tv Gordon se comunicaba con Cooper con una especie de jerga encriptada a la hora de hablar de las misiones que le eran encargadas) ofrecerá datos de gran importancia a Desmond y Stanley, siendo entendidos sólo por el primero que no dará toda la información a su compañero aunque sí le afirmará que tendrán problemas con la autoridad local de Deer Meadow y dando a entender, por medio de la “Rosa Azul” que portaba la extraña joven en su solapa, que posiblemente se impliquen en un caso de naturaleza “inusual”. Una vez en la ciudad la hostilidad del sheriff Cable y sus colaboradores se hace patente, pero el agente Desmond responderá de igual manera y conseguirá todos los datos relacionados con la fallecida Teresa Banks y examinar en privado el cadáver de la misma con la ayuda de Sam encontrando posteriormente una pequeña letra T de papel debajo de la uña de uno de los dedos de la fallecida.




Posteriormente los dos representantes de la ley visitarán la cafetería en la que Teresa Banks estuvo trabajando durante un breve periodo de tiempo. Allí la airada camarera Irene, que regenta el negocio, hace saber a Chester y Sam que la chica posiblemente tomaba drogas y que durante uno de sus últimos días como camarera ofreció síntomas de haber perdido sensibilidad en el brazo izquierdo (extraña afección que nos retrotrae a la que sufrieron Cooper y otros habitantes de Twin Peaks en The Path to the Black Lodge, el antepenúltimo episodio de la serie y que parecía presagiar el regreso de Bob a nuestra realidad). Una vez terminada la visita ambos personajes se dirigen al parque de caravanas Fat Trout siendo recibidos por el dueño Carl Rodd (Harry Dean Stanton). Estando allí ambos investigan la caravana en la que vivía Teresa y encuentran una fotografía de la misma en la que la vemos portar una anillo, en el brazo al que se refería Irene, que tiene inscrito un grabado idéntico al que encontraron Cooper, Truman y el resto del equipo de la autoridad local de Twin Peaks en la Cueva de la Lechuza en los últimos episodios de la serie. De vuelta la comisaría del sheriff Cable y después de enfrentarse verbalmente con él Desmond consigue que Sam se lleve el cuerpo de Teresa a Portland para realizarle una autopsia completa mientras él decide volver al parque de caravanas a seguir buscando pistas sobre el misterioso caso. El agente interpretado por Chris Isaak llega de nuevo al emplazamiento y comienza a notar ciertos comportamientos extraños en el ambiente, como un peculiar sonido parecido a un grito de guerra indio, que desembocan con la aparición del anillo de Teresa debajo de una caravana que según Carl pertenece a una familia apellidada Chalfont (relacionada en la serie con los Tremonds, la extraña anciana y su nieto que vimos en el episodio May the Giant Be With You en el programa televisivo) que al ser tocado por Desmond congela inesperadamente la imagen en pantalla.




El siguiente pasaje de Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo es uno de los más importantes y extraños de todo el metraje y el mismo tiene lugar en unas oficinas del FBI de Philadelphia en las que se encuentran los agentes Dale Cooper (Kyle MacLachlan) Gordon Cole (David Lynch) y Albert Rosenfield (Miguel Ferrer). De repente un desaparecido agente llamado Philip Jeffries (David Bowie) llega y su presencia crea una especie de atmósfera que se antoja “enrarecida” (una imagen de Cooper se ve congelada en una de las cámaras de seguridad justo cuando Philip pasa por su lado). Una vez reunido con sus tres compañeros el recién llegado advierte a Cole sobre que Cooper no es quien dice ser, declaración que unida a la capacidad que Jeffries tiene para viajar en el espacio y el tiempo posiblemente afirme que le haya permitido ver que en el futuro Dale será suplantado por su “doppelganger” o doble maligno poseído por Bob, y deja entrever haber asistido a una extraña reunión en la que vemos una habitación decrépita en la que Bob y el Enano u “Hombre de Otro Lugar” de la serie original mantienen una extraña conversación, sentados alrededor de una “mesa de formica”, centrada en un anillo y en la que podemos ver también a una serie de “espectadores” entre los que podemos ver a los Tremonds, la anciana y su nieto aprendiz de mago que vimos en el anteriormente mencionado primer episodio de la segunda temporada. Todo apunta a que esta localización es la “Logia Negra” (contrariamente a lo que se piensa la Habitación Roja parece que no es ninguna de las dos Logias sino una “antesala” que las precede) y en ella los personajes de Frank Silva y Michael J. Anderson sellan un pacto en el que el primero proporcionará ese “dolor y sufrimiento” de sus víctimas que una vez materializado en la “Garmonbozia” (una especie de maiz guisado que también se encuentra en la ya citada mesa) alimentará al Enano pero añadiéndole una cláusula que obliga a Bob a asesinar a toda aquella persona que porte el anillo que estaba en manos de Teresa Banks y cuyo contacto hizo desparecer a Chester Desmond. Una vez ofrecida esta aterradora confesión el personaje interpretado por el mítico cantante de Heroes o Cat People se esfuma nuevamente para sorpresa del resto de agentes del FBI y seguidamente informan por teléfono a Cole de que Chester Desmond también ha sido dado por desaparecido.




A continuación pasamos a Twin Peaks y vemos a Laura Palmer (Sheryl Lee) dirigirse al instituto junto a su amiga Donna Hayward (Moira Kelly en sustitución de Lara Flynn Boyle) encontrándose por el camino con su novio Bobby Briggs (Dana Ashbrook) y Mike Nelson (Gary Hershberger), el amigo de este último y su vez pareja de Donna. Una vez en los pasillos de Twin peaks Middle School Laura primero esnifa cocaina en los servicios para después encontrarse con su amante James Hurley (James Marshall) de manera furtiva. Más tarde a la salida de clase Laura es asaltada de manera airada por Bobby algo que ella toma con desdén, él la amenaza y le insinúa que si su comportamiento no es el adecuado se quedará sin la cocaina que él le proporciona y a la que ella es adicta, de modo que recula y acaba cediendo ante su novio. Seguidamente, y después de haber pasado un rato en casa de los Hayward, ya en su habitación Laura se dirige a coger su “Diario Secreto”, no el falso que encontraron Cooper y el equipo de Truman en el episodio piloto de la serie, para escribir en él y descubre con estupefacción que varias páginas han sido arrancadas, algo incomprensible si tenemos en cuenta que nadie conoce la existencia de ese diario a excepción de Harold Smith (Lenny Von Dohlen), el agorafóbico criador de orquídeas al que conocimos en la segunda temporada de la serie por mediación del personaje de Donna y que en esta ocasión es visitado por una aterrada Laura que le pide entre lágrimas que esconda dicha libreta en la que se pueden encontrar sus secretos más oscuros. Mientras Laura habla con Harold menciona a Bob y afirma que está siendo violada por él desde los doce años. A continuación pronuncia las palabras “Fuego Camina Conmigo” y su rostro torna en un color diabólicamente palido e inhumano, síntoma inequívoco que nos confirma cómo el poder de Bob poco a poco va mermando la voluntad de la hija de los Palmer que está a escasos pasos de ser poseída por la diabólica entidad de la Logia Negra. Algo después en la casa de los Palmer y justo en las escaleras de la casa familiar, debajo del ventilador (zona que parece ser en la que con más fuerza se concentra el poder de dicho ser sobrenatural) asistimos a cómo Bob sigue intentando hacerse con la voluntad de Laura afirmando que quiere “sentir los placeres que ella experimenta” socavando cada vez más su psique con la intención de apoderarse de su alma.




De nuevo en Philadelphia Cooper habla con su compañero Albert haciendo uso de sus peculiares usos deductivos para facilitarle información sobre la apariencia y las costumbres de Laura sin conocer su identidad pero afirmando de manera tajante que será la próxima víctima del asesino de Teresa Banks y confesándole que en un futuro solicitará sus servicios como experto forense para investigar el caso. Volvemos a Twin Peaks y allí encontramos a Laura colaborando con la cafetería Double R Dinner de Norma Jennings (Peggy Lipton), concretamente en el programa de comida a domicilio “Meals on Wheels”. De repente los Tremonds aparecen de la nada (los previamente anunciados abuela y nieto que eran testigos del pacto entre Bob y el Enano en la Logia Negra) y regalan un cuadro de una habitación vacía con una puerta abierta a Laura y le piden que lo cuelgue en la pared de su dormitorio. El niño, Pierre, advierte a Laura que “el hombre de la máscara está buscando el libro de las páginas arrancadas, se dirige ahora mismo a donde está escondido, está bajo el ventildador”. Después de esta reveladora confesión por parte de los Tremonds Laura se dirige a toda velocidad a su hogar y una vez en su dormitorio se encuentra con Bob buscando su diario, la joven sale corriendo entre gritos de la casa y se esconde en un jardín cercano quedándose estupefacta cuando ve que la persona que sale por el umbral no es otro que su propio padre Leland Palmer (Ray Wise), afirmación esta que confirma casi con toda seguridad que el cabeza de familia de los Palmer y Bob son la misma persona, aunque la chica entre lágrimas y sollozos trata de negárselo a sí misma. Esa misma noche a la hora de cenar Leland asalta de manera hostil a Laura acusándola de tener las manos sucias a la hora de cenar y preguntándole de quién es el collar con medio corazón que lleva colgado en el cuello. Ante esta terrible escena Sarah sólo muestra un carácter de impotencia y angustia que denota cuán sometida está a la voluntad de su marido y el control que Bob aplica en este último. Minutos después ya en el dormitorio conyugal con su esposa Leland cambia totalmente su rostro, como si Bob abandonara durante unos segundos su efecto hacia él, y este se acerca arrepentido a la habitación de Laura para pedirle perdón por su comportamiento.




Ya de madrugada Laura sueña que forma parte del cuadro que le regalaron los Tremonds. En el mundo onírico atraviesa la puerta de la habitación que se encuentra en la obra pictórica invitada por la anciana y su nieto que ejercen de guías y una vez allí parece introducirse en la Habitación Roja, lugar en el que tendrá un peculiar encuentro. En la posible antesala de las Logias Blanca y Negro asistimos a una conversación entre Cooper y el Enano, este último afirma al primero las palabras “Yo soy el brazo”, sentencia que da a entender que Philip Gerard, el Manco de la serie de tv, es o su huésped o el antiguo dueño de la extremidad que se arrancó cuando decidió abandonar, aparición divina mediante, su carrera delictiva junto a Bob y que tomó la forma de este “Hombre del Otro Lugar” representando su “lado diabólico”. Seguidamente el personaje de Michael J. Anderson exclama al de Kyle MacLachlan que cuando hace acto de presencia en la realidad un sonido, el mismo que escuchó al inicio del film Chester Desmond antes de desaparecer y que se asemeja a un grito de guerra indio, se deja escuchar en ese momento. El Enano coge de una pequeña mesa (¿de formica?) el ya famoso anillo y se lo muestra a Cooper, este mira fijamente a la cámara, que representa el punto de vista de Laura, y lanza esta sentencia: “Laura, no cojas el anillo”, dejándonos con la duda de si el agente del FBI quiere evitar que Bob cumpla su pacto y la asesine por portar la joya o si este Cooper es su “doppelganger” diabólico y su intención que Laura pierda su alma y esta sea tomada por Bob. Cuando parece que Laura sale de su ensoñación gira su rostro y encuentra al otro lado de su cama a Annie Blackburn (Heather Graham), la amada de Cooper por la que se introdujo en la Habitación Roja en el último episodio de la serie y que le dice estas palabras: “El Cooper Bueno está encerrado en la Logia y no puede salir, escríbelo en tu diario” confirmando lo que vimos en en el último episodio de la serie original, que Cooper quedó encerrado en la Logia Negra, su doppelganger ocupó su lugar en el mundo real y que Laura puede soñar con hechos que sucederán en el futuro. Seguidamente el anillo aparece en la mano de Laura y al mirar el cuadro de los Tremonds se ve introducida en el mismo, a su vez en otro cuadro colgado en su habitación un ángel que hay dibujado en él desaparece misteriosamente como si de un mal presagio se tratase.




A la mañana siguiente Laura no tiene el anillo en su poder y ya de noche se arregla para salir, pero Donna llega a su casa y le pide acompañarla algo a lo que la protagonista se niega. Laura llega al Roadhouse, el famoso bar motero de la serie de tv, y justo antes de entrar en el local se encuentra con la Señora del Leño (Catherine Coulson) que advierte a la muchacha sobre el “fuego” que tiene en su interior y que acabará consumiendo su inocencia. Una vez dentro y mientras ve actuar a la cantante Julee Cruise que interpreta el tema Questions in a World of Blue Laura rompe a llorar siendo consciente de que está perdiendo la batalla y que Bob va camino de conseguir su objetivo de poseerla y lamentándose de la vida autodestructiva a la que la ha abocado esta situación extrema. Seguidamente Laura avisa a dos camioneros que se encuentran en la barra y los invita a mantener relaciones sexuales con ella, la pareja acepta, pero en ese momento Donna aparece y exige a Laura que la deje acompañarlos, esta accede y los cuatro personajes cruzan la frontera con Canadá y van a parar a un local de mala muerte llamado The Power and the Glory. Ya en el antro Laura se encuentra con dos personajes de la serie, por un lado el camarero y narcotraficante Jacques Renault (Walter Olkewicz) y por otro con Ronette Pulaski (Phoebe Augustine), compañero de Laura a la hora de dedicarse a la prostitución y sobre todo único testigo del asesinato de la hijo de los Palmer. Mientras beben y se entregan a la lujuria Jacques afirma a las chicas que Teresa Banks preguntó por el padre de una de las dos, algo que deja un poco desconcertada principalmente al personaje de Sheryl Lee. Ya implicados todos los personajes al sexo y el alcohol Donna es drogada por uno de los camioneros que se aprovecha de ella desnudándola, algo que deja aterrada a una Laura que con ayuda de Jacques intentará evitarlo con todas sus fuerzas. Este intento por parte de la joven porque su amiga no caiga en la espiral de autodestrucción en la que ella se ve sumergida nos hace entender que no quiere para Donna un porvenir tan sombrío como el suyo ya que de esta manera es posible que Bob ponga sus ojos en ella, algo que la protagonista no se perdonaría nunca. A la mañana siguiente en la casa de los Hayward Donna se arrepiente de su comportamiento junto a Laura y esta es recogida por su padre Leland que viene a por ella para llevarla a casa.




Mientras padre e hija van en coche hacen una parada en un semáforo (¿el famoso de Sparkwood con la 21?) y de repente un sonido como el que el “Hombre del Otro Lugar” comentó a Cooper en el sueño de Laura o el mismo que escuchó Chester Desmond antes de desaparecer comienza a sonar y la protagonista advierte de un fuerte olor a “aceite quemado”, síntomas ambos que delatan la inminente aparición de algún habitante de las Logias Negra o Blanca o su encarnación física. En ese mismo instante Philip Gerard (Al Strobel) aparece en una camioneta y grita estas palabras a Laura y Leland: “Usted me robó el maiz, lo tenía en la tienda, estaba enlatado, y ella cuando la abrió se quedo estupefacata, como la tabla de una mesa de formica, el hilo se romperá Señor Palmer, el hilo se romperá, es él… ¡es tu padre!”. Esta sentencia verbal parece confirmar varias teorías como que Leland/Bob robó la “Garmonbozia” de Gerard/Enano, que el pacto del anillo realizado “en la mesa de formica” sigue en curso y que la persona que esconde a Bob lleva una máscara cuyas cuerdas, en un sentido simbólico, están a punto de romperse revelando su verdadero rostro. Después de que Gerard se marche, no sin haber dejado aterrada a Laura antes, asistimos a un flashback en el que descubrimos que Leland solicitó los servicios como prostituta de Teresa Banks y descubriendo de esta manera que su hija también ejercía dicho oficio. Poco después vemos como Leland mata a Teresa con un martillo, el mismo que rompía el televisor después de los títulos de crédito del film, y si recordamos que Teresa era por aquel entonces la portadora del anillo del pacto podemos asegurar que Bob/Leland está cumpliéndolo al 100% ya que el mismo le obligaba a ejecutar a todo aquel que lo llevara puesto en su mano. Ya de madrugada Laura acompaña a Bobby a los bosques de la localidad porque allí se encontrarán con un contacto que les proporcionará cocaina procedente del otro lado de la frontera canadiense. Dicho contacto resulta ser el ayudante del sheriff Cable de Deer Meadow al que se enfrentó Chester Desmond al inicio del film y tras intentar disparar contra Laura y Bobby este último le alcanza con su arma repetidamente a modo de defensa personal hasta matarlo mientras Laura no para de reírse jocosamente enfureciendo a un aterrado Bobby.




Ya de madrugada Sarah Palmer es drogada por su marido Leland que la obliga a beber un vaso de leche presumiblemente narcotizada. Mientras la matriarca de los Palmer tiene una visión con un caballo blanco en la habitación contigua Bob se desliza por la ventana para acabar en el lecho de Laura a la que comienza a violar. Ella recibe el acto de manera ambigua entre el placer y el rechazo, pero todo se rompe durante el clímax cuando Laura mira fíjamente a Bob y le pregunta quién es y el rostro del desaliñado habitante de la Logia Negra desaparece y ocupa su lugar el de Leland, su propio padre, incitando a la joven a emitir un grito de terror. El siguiente día será el último de la vida de Laura Palmer y en el mismo la joven escribirá el último capítulo de su vida llena de excesos. Después de visitar a su novio Bobby para que le proporcione una última dosis de estupefacientes y quedar con James y declararle entre lágrimas su amor se dirige a una cabaña en la que previamente había acordado montar una orgía con Ronette Pulaski, Jacques Renault y el camionero Leo Johnson (Eric DaRe). Una vez allí las chicas son maniatadas y forzadas por los dos hombres, pero todo se verá interrumpido cuando Leland aparezca de la nada, deje inconsciente de un fuerte golpe a Jacques y ante dicho panorama Leo decida escapar del lugar. Leland secuestra a Laura y Ronnette y las lleva al vagón de tren abandonado en el que se encontraron las pruebas del crimen en el episodio piloto de la serie. Ya en dicha localización Leland confiesa a su hija que él es Bob y haciendo uso de un espejo en el que Laura ya puede ver su reflejo convertirse en el de dicha entidad sobrenatural, lo que afirma que el ritual de transmigración está apunto de tener lugar, se prepara para conseguir su cometido. Mientras, en un rincón Ronette asiste atónita a dichos actos pero en un momento dado se arrepiente de sus pecados y un ángel hace su aparición concediéndole el perdón y liberándola de sus ataduras. En ese mismo instante la puerta del vagón se abre y vemos aparecer a Philip Gerard que seguía los pasos de su ex compañero de fechorías para detenerlo, mientras ayuda a Ronette a escapar arroja dentro del compartimento el anillo del pacto que es tomado por Laura. La chica se pone la joya en la mano y Leland/Bob debe cumplir su palabra y asesinarla haciéndolo entre gritos de arrepentimiento y lamentos ya que una vez más ha visto truncados sus planes sin poder apoderarse del alma de la protagonista y viéndose obligado a habitar en el cuerpo de Leland indefinidamente.




Leland envuelve a Laura en plástico, deja en el lugar del crimen su arma homicida y el colgante con el medio corazón que más tarde encontrarán allí Cooper y Truman y se dirigirá con el cadáver de su hija a Glastonberry Grove, concretamente en el círculo rodeado de sicomoros, lugar que parece ser el lugar oficial de acceso a la Habitación Roja en Twin Peaks. Una vez allí Philip Gerard y el Enano ejercen como una sola entidad y dan la bienvenida a Bob al que acompaña Leland que levita en al aire como su el personaje de Frank Silva se hubiera despojado de su disfraz. Bob toma de la camisa del patriarca de la familia Palmer restos que quedan en ella de la sangre de su hija y la arroja al suelo convirtiéndose esta en Garmonbozia que es ingerida por el Enano, alimentándose así del “dolor y sufrimiento” de la chica más popular de Twin Peaks. Ya en el epilogo del largometraje volvemos a la Habitación Roja pero en esta ocasión encontramos a Laura y a Cooper, en una secuencia casi con toda seguridad localizada en el futuro, que asisten a la aparición de un ángel, parecido al que vio Ronette en el vagón de tren, que Laura recibe entre lágrimas de felicidad. Dicha figura divina podría ser una metáfora del rol de “ángel de la guarda” que Cooper tomará con respecto a Laura ya que deberá permanecer encerrado en este mundo extradimensional 25 años hasta que pueda volver a tener acceso a nuestra realidad. De esta manera terminaba Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo, una cinta injustamente maltratada (los casi 90 minutos de escenas eliminadas también hicieron mucho daño la coherencia narrativa de la historia que se entiende mucho mejor si estos pasajes son vistos de manera conjunta o posterior al film) que no sólo era una perfecta continuación o extensión del microcosmos de la serie de Mark Frost y David Lynch sino que también marcaría el cada más críptico, arriesgado y nada autocomplaciente devenir del discurso autoral del creador de Cabeza Borradora o Dune.


La Banda Sonora: Siempre hay Música en el Aire



Twin Peaks enamoró al mundo con sus imágenes, pero también con sus sonidos. La banda sonora de la serie fue ideada por Angelo Badalamenti compositor que había hecho un enorme trabajo colaborando por primera vez con David Lynch en su largometraje Terciopelo Azul y que repitió aquí las mismas labores consiguiendo una serie de temas para la estantería del recuerdo. Con una mezcla de cortes que se movían entre el jazz, el swing, el rockabilly y las baladas de la vocalista Julee Cruise Angelo Badalamenti y David Lynch aunaron fuerzas para dar forma a una banda sonora inolvidable que tuvo una importancia capital a la hora de crear la atmósfera de la serie convirtiéndose casi en un personaje más. Entre el romanticismo y lo etereo, lo canallesco y lo rockero el soundtrack de Twin Peaks fue un éxito de ventas (tres millones de copias llegaron a comprarse) y llegó a estar nominado a los Emmy y los Grammy gracias a temas como el del opening, Audrey’s Dance, Nightangale o ese maravilloso Laura Palmer’s Theme cuya creación Angelo Badalamenti relató en este magnífico vídeo.




Después de muchos años de demanda los fans de Twin Peaks vimos saciado nuestro apetito goloso cuando Angelo Badalamenti y David Lynch decidieron en 2007 colaborar juntos como productores para editar en CD la banda sonora de la segunda temporada de la serie de la ABC. Convertida bien pronto en objeto de culto esta Twin Peaks: Season Two Music ando More nos traía por primera vez algunos de los temas que pudimos escuchar en la segunda tanda de episodios de la serie como las melancólicas Shelly, Audrey’s Prayer o Harold’s Theme, curiosidades como temas interpretados por los personajes en algunos capítulos como el Hayward Boogie que ejecutaba al piano Gersten Hayward (Alicia Witt), el Just You que cantaba James junto a Donna y Maddy, el Hook Rug Dance que ponía deliciosa música al flashback del baile de Louise Dombrowski que tenían los hermanos Horne o añadidos innecesarios como esa Blue Frank que no deja de ser el tema The Pink Room de la banda sonora de la película con otro nombre. Un disco no ta compacto y logrado como el de la primera temporada, pero magnífico y delicioso para fans de la serie de Mark Frost y David Lynch.



 Como hemos comentado en el extenso apartado dedicado a desgranar Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo dicho film ofreció al público una versión mucho más oscura de la serie de televisión, de modo que su banda sonora no iba a ser la excepción a esa regla. Una vez más Angelo Badalamenti tomó la batuta y compuso una serie de cortes en los que el tenebrismo, la atmósfera opresiva y el misterio iban a copar toda la atención. Sí, volvemos a tener jazz, swing y rock, pero todo envuelto en una pátina de “malignidad” que desemboca en temas como Theme From Twin Peaks – Fire Walk With Me, la rockera The Pink Room o la inquietante The Black Dog Runs at Night, e incluso algún coqueteo con el hip hop como el que encontramos en A Real Indication con el mismo Angelo Badalamenti a las voces. Pero por descontado que también tenemos lugar para composciones románticas made in Badalamenti/Lynch como Questions in a World of Blue (con una pletórica Julee Cruise), Best Friends, el medley Montage From Twin Peaks o la climática The Voice of Love. Una nueva lista de temas memorables que nos hacen sumergirnos sin mucha dificultad en esta versión más adulta y dura de Twin Peaks.



Aunque no es una banda sonora, pero sí un “producto de audio”, he decidido incluir esta rareza llamada Diane… the Twin Peaks Tapes of Agent Cooper una recopilación de 45 minutos en los que se recopilan todas las cintas que el agente del FBI grababa para su secretaria Diane narradas por el actor Kyle MacLachlan y con copiosa información sobre el caso Laura Palmer y la vida del peculiar Dale. Como dato curioso mencionar que por su trabajo en esta cinta de cassette, el formato en el que se editó el recopilatorio de grabaciones en su época, el actor de Showgirls o Hamlet ganó el Grammy a la “Mejor Grabación No Musical” de aquel año. Este objeto de coleccionista, si mal no recuerdo nunca publicado en España, se complementa con un libro que nos sirve para pasar al próximo apartado de este especial en el que vamos a hablar de la parte del microcosmos de Twin Peaks adscrito a la narrativa literaria.



Los Libros: El Microcosmos se Extiende



Cuando la primera temporada de Twin Peaks finalizó la serie estaba en lo más alto de su popularidad y mientras Mark Frost y David Lynch comenzaban a diseñar las tramas que darían arranque a la problemática segunda temporada decidieron extender el universo de su criatura para que llegara a otros medios. Los creadores de la serie solicitaron los servicios de Jennifer Lynch, futura cineasta de films como Boxing Helena o Surveillance e hija de David, para que escribiera “El Diario Secreto de Laura Palmer”, una contrapartida literaria al que escribía Laura en la serie y que copó gran importancia tanto en esta como en la posterior película. Jennifer recibió por parte de Lynch y Frost copiosa información sobre la familia Palmer, de hecho ella fue una de las primeras personas en saber que Leland era el asesino del show, y gracias a ello consiguió dar forma a un libro que se antoja indispensable para entender la lucha física y psicológica que mantuvo Laura con Bob desde su infancia. La novela no elude pasajes polémicos centrados en la sexualidad de Laura o sus experiencias con las drogas con una explicitud que la televisión no permitía y ofreciendo algunos momentos aterradores al lector con respecto al martirio sufrido por el personaje. La misma Sheryl Lee afirmó que el libro de Jennifer Lynch fue de vital importancia para abordar su trabajo en Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo y un servidor pueda dar validez a dichas declaraciones. El Diario Secreto de Laura Palmer es una pieza del microcosmos “twinpeaksiano” indispensable para lo seguidores del mismo.




Si para escribir El Diario Secreto de Laura Palmer los creadores de Twin Peaks recurrieron a Jennifer, la hija de David Lynch, para dar forma al libro que nos contaría la vida del Agente Cooper lo hicieron con Scott, hermano de Mark Frost y autor del guión de algunos episodios de la serie original. La Autobiografía de el Agente Especial Dale Cooper: Mi Vida, Mis Cintas narra una supuesta transcripción de todas las cintas grabadas por Cooper desde 1967 hasta lo que era la actualidad de la serie cuando el libro fue editado en 1991. Gracias a este compendio llegamos a conocer facetas desconocidas de la personalidad de Dale, su deseo desde niño por formar parte del FBI, sus años de colaboración con Windom Earle, su relación de amor con Caroline, la de amistad/profesionalidad con su secretaria Diane y algunos pasajes interesantes como uno en el que narra que durante su niñez tuvo durante un ataque de asma la visión de un extraño hombre que lo llamaba por su nombre y que podría ser el mismo Bob que en algún momento de la niñez de Cooper trató de tomar su alma como posteriormente hizo con las de Laura o Leland, sin éxito en el primer caso y con él en el segundo. Esta “Autobiografía del Agente Cooper” es otra pieza indispensable para los fans de Twin Peaks que añade mucha información interesante para conocer más de la vida del más peculiar de los miembros de la Oficina Federal de Investigación.




La Historia Secreta de Twin Peaks se editó antes del estreno de la tercera temporada y no sólo recuperaba el universo de la serie o la película sino también al Mark Frost novelista. Como si de un facsimil se tratase el último trabajo literario del autor de Segundo Objetivo se presenta como una serie de archivos recopilados por un personaje desconocido, que finalmente resulta ser el Mayor Garland Briggs, que nos ofrecen ingente cantidad de información de los orígenes de Twin Peaks como ciudad del noroeste americano y sobre las familias que la ayudaron a progresar con el paso de los años como los Packard, los Jennings o los Martell. Con una narración fluida, una originalidad pasmosa a la hora de exponer hechos y hacer uso de la peculiaridad conceptual con la que ha sido construido La Historia Secreta de Twin Peaks es puro Mark Frost con sus tribus indígenas, sus hermandades secretas, sus agentes federales relacionados con lo sobrenatural y su particular visión de América. Aunque David Lynch admita no haberlo leído, ni tener intención de hacerlo, el último trabajo en papel de Twin Peaks es una excelente lectura que vuelve a ampliar el universo de Twin Peaks y que tendrá continuación en Octubre con Twin Peaks: The Final Dossier, también a manos del director y guionista de Storyville.




En España no son muy abundantes los ensayos sobre Twin Peaks, pero los que se han publicado son de una contrastada calidad. Posiblemente el más famoso y reconocido de ellos sea Twin Peaks: 625 Líneas en el Futuro editado en el año 2000 por Recerca Editorial y escrito por Javier J. Valencia (El Pájaro Burlón), una de las personas que mejor conoce el universo creado por Mark Frost y David Lynch en España. En las ajustadísimas 144 páginas de Twin Peaks 625 Líneas en el Futuro Javier J. Valencia desgrana pormenorizadamente todo lo que hasta ese momento había dado de sí la criatura de los autores de On the Air incluyendo biografías de los autores principales, fichas de los guionistas y directores implicados en el proyecto, de todos los personajes, de los capítulos de la serie, datos impagables sobre la película precuela/secuela, las escenas eliminadas e incluso de aquellas que ni siquiera llegaron a rodarse pero que sí existían en el papel. Aunque el libro habla de temas como el mechandising relacionado con la serie o la influencia que otros productos catódicos tomaron de ella años después posiblemente su interpretación de la simbología de Twin Peaks sea lo más valioso de su ensayo, ya que muchas de las teorías aquí planteadas por J. Valencia han sido tomadas como canónicas por el fandom debido a la lógica que las sustenta, de hecho un servidor se ha apoyado en muchas de ellas para realizar el resumen de la película que abre esta entrada. Dentro de los trabajos escritos en español relacionados con Twin Peaks este el más cotizado y reverenciado por los fans y con motivo.




Si Twin Peaks 625 Líneas en el Futuro es el ensayo en español más completo relacionado con la serie de David Lynch y Mark Frost Twin Peaks: Fuego, Camina Conmigo de la valenciana Carmen Viñolo (La Zancadilla), es el más peculiar y original de ellos. Con una atractiva mezcla de narración novelística y ensayo así como un primer capítulo titulado América que engancha a un lector que desde ese mismo momento se da cuenta que la autora del trabajo sabe bien de lo que habla Carmen Viñolo hace un soberbio recorrido por la serie, la película y demás variantes de la creación ficticia de Frost y Lynch analizando no sólo el microcosmos y sus recovecos simbólicos o narrativos, sino también el factor fetichista detrás de su estética, sus mixtura de géneros, la importancia de la película precuela/secuela, su relación con el medio artístico y su influencia en la cultura popular desde su creación en 1990 hasta nuestros días. Editado por Quarentena Ediciones Twin Peaks: Fuego, Camina Conmigo es droga dura para todo fan de Twin Peaks que quiera conocer una visión lúcida, tan fanática como reflexiva, sobre la serie que cambió la ficción televisiva para que esta pudiera transitar nuevos caminos.



La Simbología y el Significado: Una Aproximación


Una de las virtudes más grandes de Twin Peaks es que ninguno de sus dos creadores ha hablado abiertamente y de manera explícita de todo lo que oculta detrás de su mundo imaginario dejando abiertas muchas incóngnitas con las que los fans sólo podemos teorizar y elucubrar. Más allá de la información facilitada en la serie, la película, los libros y demás material relacionado con Twin Peaks todo este universo en el que se mueven el Agente Cooper y sus compañeros queda a la libre interpretación del que visiona y por muy bien planteadas que estén las reflexiones de unos u otros expertos en la creación de Mark Frost y David Lynch no podemos afirmar de manera tajante que nuestra perspectiva sea la correcta, pero es ineludible que dentro del microcosmos “twinpeaksiano” hay un enorme campo fertil predispuesto al debate entre los fans. En este apartado vamos a hacer uso de teorías propias y ajenas para intentar arrojar un poco de luz a qué se esconde detrás de la simbología de Twin Peaks y más concretamente de los seres humanos e inhumanos implicados en el caso del asesinato de Laura Palmer que son los que más dudas plantearon de cara a los espectadores y los que frecuentemente incitan a hipótesis de todo pelaje, ya sean lógicas dentro de la suspensión de la credibilidad que exige la obra de ficción que nos ocupa o tan rocambolescas que no se sostengan por ningún lado. Todas son bienvenidas ya que con el paso de los años han conseguido alargar la vida del producto que les dio origen.




El sheriff Harry S. Truman nos dejaba claro bien pronto que Twin Peaks no era una ciudad como las demás, ya que la misma parece ser una especie de puerta de acceso a una dimensión poblada por seres partidarios del Bien (los miembros de la Logia Blanca) y del Mal (los de la Logia Negra). Según la información que el Mayor Garland Briggs y Windom Earle descubrieron en el proyecto secreto Libro Azul cada 25 años, cuando los planetas Saturno y Júpiter se encuentran en conjunción, los seres humanos de nuestra realidad pueden acceder a dichas logias, pero para poder adentrarse en ellas deben hacer uso de las “llaves” que las abren, que son el “miedo” y el “amor”. Antes de acceder a las Logias existe una antesala que es la Habitación Roja, una especie de “limbo” que hay que recorrer para llegar a las mismas. Bob y Mike (nombre de la entidad que habita en Philip Gerard) posiblemente eran moradores de la Logia Negra y la frase “Fuego Camina Conmigo” (incluida en el la letanía que pronuncia el mismo Gerard en el segundo episodio de la serie durante el sueño de Cooper y Bob/Leland en su interrogatorio una vez es descubierto como el asesino de Laura Palmer) parece ser el “juramento” que los vincula con la maldad. Bob y Mike se alimentaban del “dolor y el sufrimiento” de las víctimas a las que poseían y una vez en la Habitación Roja sus “representaciones sobrenaturales” transforman esos sentimientos en Garmonbozia, el alimento físico que ingieren y que parece conferirles nueva vida una vez lo toman.




Las criaturas de las Logias habitan nuestra realidad ocultos en los cuerpos los humanos que poseen, pero hay algunas “reacciones” que delatan su presencia en este plano dimensional. El sonido a modo de grito indio (el que el Enano usa con Cooper, el que escucha Chester Desmond antes de desaparecer o Laura cuando Philip Gerard la acosa a ella y a su padre en la carretera), la electricidad defectuosa (esa lámpara de la morgue que falla poco después de haber estado Leland en la habitación durante el episodio piloto, la que menciona el Enano en la reunión de miembros de la Logia Negra a la que asistió Philip Jeffries) o un fuerte olor a “aceite quemado de batería” (el que perciben en distintos pasajes de la serie o la película el Doctor Jacoby, Laura, Maddy o Ronnette) preceden la aparición de los habitantes de las Logias, como si de un residuo de las aberturas dimensionales por las que salen y entran en nuestro mundo se tratase. Personajes como Laura, Maddy, Cooper, Garland, Jeffries, Desmond o Sarah son lo que Philip Gerard/Mike llama “contaminados o malditos” (“gifted and the danmed” en la versión original) seres humanos con una peculiar sensibilidad que les permite ver la forma “incorporea” de los habitantes de las logias e incluso viajar a través del espacio y el tiempo por medio de ellas. Mike se arrancó el brazo en el que tenía el tatuaje que rezaba “Fuego Camina Conmigo” rechazando su lado diabólico tras tener una revelación divina y desde entonces juró perseguir a su ex compañero Bob para detenerlo y con ello impedirle tomar más víctimas. Bob encontró a Laura por mediación de su padre Leland, al que acosó de niño, y la vio como la víctima perfecta, una dulce niña de ojos azules, pelo rubio y pureza de corazón. Pero Laura hizo muestra de una voluntad de hierro y no cedió ante Bob, un parásito que ella creía irreal porque sólo lo veía en lo que creía eran sus sueños.




Ante la imposibilidad de poseer a Laura Bob tomó el cuerpo de su padre Leland y decidió abusar sexualmente de ella violándona desde temprana edad, a lo largo de los años la voluntad de la chica se resquebrajaba y esto le incitaba a vivir una existencia llena de excesos con alcohol, drogas y sexo remunerado. En los hechos acontecidos en Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo asistimos al último intento por parte de Bob de apoderarse de Laura, pero gracias al “anillo del pacto”, esta elige voluntariamente morir a manos de su acosador antes que entregarle su alma. Después de estos hechos Bob permaneció latente dentro de Leland y sólo la llegada de Cooper a Twin Peaks delató su presencia incorporea en el recipiente físico del personaje de Ray Wise. Una vez Bob huye del cuerpo del patriarca de los Palmer todo apunta a que Bob, mientras busca una nueva víctima a la que poseer, habita dentro de una, o varias, de las lechuzas de los bosques, ya que estos animales son tildados a lo largo de la serie como seres malignos, posiblemente espías de la Logia Negra, “Las Lechuzas no son lo que parecen” escuchábamos de boca del Gigante o leíamos en los mensajes encriptados del Mayor Briggs. El fuego también represente el mal en Twin Peaks, el fuego mató al marido de la Señora del Leño, el fugo casi siempre está encendido en la chimenea de Benjamin Horne, con fuego jugaba Bob cuando Leland era un niño para intimidarlo y fuego se ve reflejado en las gafas del empresario y criminal Thomas Eckhard (David Warner) a su llegada a Twin Peaks. Si en Twin Peaks el fuego representa lo diabólico, la madera es la portadora del bien, la misma que sirve de materia prima a la ciudad, la que da forma al leño de Margaret Lanterman y la que atrapa el alma de Josie Packard en un pomo de una mesita de noche de el Gran Hotel del Norte una vez ha muerto.




Como el título de este apartado indica esto es sólo una breve aproximación a lo que “pudiera” ocultar mucha de la simbología de Twin Peaks y sus distintas variantes cinematográficas o literarias. Estos párrafos junto a los que han diseccionado previamete la película Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo aunan conjeturas de cosecha propia y otras que llevo leyendo durante años de fans, expertos en la serie, guionistas de la misma o los mismos Frost y Lynch que dosifican con cuentagotas la poca información que aportan sobre su creación con la intención de no desentrañar totalmente sus misterios. El problema de estas breves líneas que habéis leido salidas de mi impronta no es sólo quepueden ser rebatidas con facilidad debido a su naturaleza “elucubrativa” sino que próximamente puede quedar total o parcialmente desacreditada si tenemos en cuenta cómo en sólo cuatro capítulos de la nueva temporada los mismos creadores de Twin Peaks han borrado los límites de lo imaginable con respecto al programa, añadiendo una nueva imaginería infinita a la serie a la que vamos a dedicar otro apartado de este segundo especial en el que expondré mis primeras impresiones de lo que puede considerarse el acontecimiento televisivo más importante y esperado del año 2017, no sin antes incluir unos párrafos en los que hablaremos de las series que tomaron el testigo de la Twin Peaks original.


Los Hijos de Twin Peaks: El Legado del Agente Cooper


Cuando Twin Peaks llegó a las pantallas de Estados Unidos la parrilla televisiva de la nación era casi un páramo desierto de inventiva en el que se repetían hasta el hartazgo fórmulas genéricas y en la que sólo los productos afianzados para la época como Cheers, Se Ha Escrito Un Crimen (Murder, She Wrote) o Policías de New York copaban la mayor parte de la audiencia. La cadena ABC estaba bajo mínimos y la jugada arriesgada que supuso dar carta blanca a David Lynch y Mark Frost supuso un acierto mayúsculo en todos los sentidos posibles. Su originalidad, la mixtura de géneros que aunaba el policíaco con la soap opera, la comedia o el terror, caló pronto en unos espectadores que a principios de los 90 no estaban acostumbrados a degustar piezas de este tipo en sus aparatos televisivos, de modo que Twin Peaks no tardó mucho en convertirse en una verdadera pieza de culto dentro del medio catódico y a pesar de su breve vida, dos temporadas y una película, su huella quedó grabada a fuego en la mente de millones de personas entre las que se encontraban los que en un futuro serían creadores de algunas de las mejores series de tv que abarcarían los estertores de muerte del siglo XX y los primeros latidos del XXI. Twin Peaks vino para quedarse y son cientos de programas los que han bebido de una u otra manera de su estilo narrativo, estética o conceptualidad autoral.




Lo más curioso es que no sólo series localizadas en pequeñas poblaciones estadounidenses en las que un hecho fortutito (normalmente un asesinato como el de Laura Palmer) trastoca radicalmente la aparente plácida vida de los ciudadanos del lugar como Happy Town, The Killing, Wayward Pines, Haven o Point Pleasant beben del imaginario “twinpeaksiano” otros shows tan diferentes en tono e intenciones como Mujeres Desesperadas (Desperate Housewives) Los Soprano o la más añeja, y muy recuperable, Picket Fences (interesante drama de David E. Kelly malvendido en su época por Antena 3 como una nueva Twin Peaks que nunca intentó ser más allá de su localización geográfica y galería de personajes extravagantes) se dejaron llevar por las referencias de la criatura ideada por Mark Frost y David Lynch. Posiblemente la primera serie que trató de captar la vertiente más amable y cándida de Twin Peaks fue la maravillosa Doctor en Alaska (Northern Exposure) que relataba las vivencias del Doctor Joel Fleischman (Rob Morrow) en Cicely una pequeña ciudad situada en el estado ya mencionado con todo tipo de variopintos y entrañables secundarios. Luego sería de recibo mencionar otros programas que emularon de Twin Peaks su afán por crear un microcosmos lleno de incógnitas que enganchaban a modo de droga dura a millones de fans que trataban de esclarecer qué sucedía en pantalla siendo el más importante de ellos Perdidos (Lost) el enorme éxito de la pasada década ideado por J.J Abrams y Damon Lindelof en el que un accidente de avión en una isla desconocida escondía detrás todo un imaginario tan vasto como inabarcable que por desgracia se le escapó de las manos a sus responsables.




Pero son tres series las que tienen una mayor deuda pendiente con Twin Peaks, Expediente X, True Detective y Carnivàle. La primera fue creada por Chris Carter en 1993 y no sólo tomaba de la creación de Lynch y Frost el tono oscuro y tenebrista, también el retrato un tanto peculiar de agentes del FBI que se enfrentaban a “casos inexplicables” además de la presencia de David Duchovny dando vida a Fox Mulder, actor que en Twin Peaks interpretó al travestido agente Denise Bryson o la aparición estelar de muchos de los secundarios como Don S. Davis, Kenneth Welsh o Richard Beymer. Por otro lado la producción ideada por Nic Pizzolatto para HBO es, al menos en su primera temporada, casi una actualización punto por punto de todo el núcleo central de Twin Peaks relacionado con el asesinato de Laura Palmer. Crimen ritual, detectives peculiares con uno de ellos en poder de unos peculiares métodos deductivos y pasado turbio, una hermandad secreta detrás del homicidio, etc. El guionista de The Killing se alimentó ingente cantidades de lo planteado por Lynch y Frost 25 años antes y de hecho cuando perdió esa pátina de extrañeza en la segunda temporada el resultado no fue tan redondo. Por último no podemos dejar pasar la mención de la serie más heredera de Twin Peaks, Carnivàle, nacida también en el seno de la HBO y creada por Daniel Knauf en colaboración con directores, guionistas y actores (Michael J. Anderson daba vida a Samson, uno de los personajes principales) que estuvieron implicados directamente con Twin Peaks. Esta serie que sigue los pasos de una feria ambulante durante los Estados Unidos de la Gran Depresión no sólo está poblada por personajes misteriosos, atípicos y extremos, también condensa en su interior la enésima batalla de resonancias bíblicas entre el bien y el mal (Bob/Cooper, Logia Blanca y Negra) que por desgracia no superó las dos temporadas por su costoso diseño de producción mayoritariamente realizado en exteriores.




Gente como David Chase (Los Soprano) J.J. Abrams (Fringe) o Matthew Weiner (Mad Men) han confesado públicamente la admiración que sienten por Twin Peaks y la labor que en ella realizaron Mark Frost y David Lynch y no han dudado en afirmar que sus producciones están repletas de deudas o referencias a las aventuras oníricas del Agente Dale Cooper y el Sheriff Truman. La serie de la ABC abrió en 1990 las puertas a una nueva ficción televisiva de autor más inmersa en el lenguaje cinematográfico que las producciones diseñadas por pesos pesados de la época como Donald P. Belisario (Magnum, Las Historias del Mono de Oro) Steven Bochco (Canción Triste de Hill Street, Policías de Nueva York) o David E. Kelly (La Ley de los ÁngelesUn Médico Precoz) revolucionando la pequeña pantalla rebasando no pocos límites de lo permisivo establecidos hasta ese momento y marcando a fuego, nunca mejor dicho, su impronta en el inconsciente colectivo. Ahora que vivimos una larga y próspera “nueva edad de oro de la ficción televisiva americana” Frost y Lynch vuelven con su vástago debajo del brazo a demostrarnos si son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos, los mismos que desde hace años nos afirman que las mejores historias ficticias se están contando en la “caja tonta” y que es hora de que Dale Cooper y sus compañeros de fatigas demuestren que los años no pasan por ellos.


Tercera Temporada: Más Allá de la Vida y la Muerte



Dirección David Lynch
Guión Mark Frost y David Lynch
Música Angelo Badalamenti
Fotografía Peter Deming
Reparto Kyle MacLachlan, Monica Bellucci, David Duchovny, Laura Dern, , Balthazar Getty, Ashley Judd, David, Jim Belushi, Jeremy Davies, Tim Roth, Amanda Seyfried, Tom Sizemore, Sheryl Lee, Sherilyn Fenn, Dana Ashbrook, Naomi Watts, Jennifer Jason Leigh, Mädchen Amick, Alicia Witt, David Patrick Kelly, Peggy Lipton, Wendy Robie, Everett McGill, Russ Tamblyn, Harry Dean Stanton, Michael Horse, Grace Zabriskie, Robert Forster, Miguel Ferrer, Kimmy Robertson, Harry Goaz, James Marshall, David Lynch
Duración 60 min
Productora Showtime, Lynch/Frost Productions
Nacionalidad Estados Unidos

La noticia saltaba el 6 de Octubre de 2014 cuando David Lynch y Mark Frost confirmaban con un mensaje compartido en sus respectivas cuentas de Twitter aquello que los fans de Twin Peaks llevábamos 25 años deseando y temiendo en la misma medida, el regreso de la serie que cambió la historia de la televisión a principios de los 90 con sólo dos temporadas en su haber. Ambos creadores se asociaban con la cadena de televisión por cable Showtime para dar forma a una nueva temporada cronológicamente la tercera, con nueve episodios escritos por ambos, dirigidos en su totalidad por Lynch y en los que regresarían a aquella aparentemente idílica ciudad del noroeste estadounidense que después resultó no serlo tanto. Los problemas no tardaron en tomar forma ya que ante diferencias cretivas y presupuestarias Lynch ofcializaba su salida del proyecto quedando su impronta únicamente en los guiones escritos al alimón con Frost. La red ardió ante la decisión de Showtime, los actores de la serie original crearon una divertida campaña viral para dar su apoyo al director de Dune y por suerte las presiones surtieron efecto y de qué manera. David Nevins, jefe de programación de Showtime, no sólo accedió a las exigencias de Lynch también le concedió el doble de capítulos que habían acordado y una total libertad creativa a él y a Mark Frost para hacer y deshacer a su antojo. Una vez elegido el reparto, con caras nuevas y habituales de la serie original, pero alguna ausencia de capital importancia como la de Michael Ontkean dando vida al sheriff Harry S. Truman, la temporada comenzó su rodaje en Septiembre de 2015 y acabó en Abril del año siguiente. Tras una campaña publicitaria rodeada de secretismo (la serie ha llegado a las pantallas sin saberse asbolutamente nada de ella, algo impensable en los tiempos de las filtraciones en internet) en la que los teasers se sucedían los unos a los otros sin dar casi información a los fans el pasado 21 de Mayo Showtime estrenó los dos primeros episodios de esta nueva temporada y seguidamente subió en su web de internet el tercero y el cuarto. Un servidor ya ha podido ver estos episodios y a continuación vamos a cerrar esta segunda parte del especial dedicado a Twin Peaks dando nuestras primeras impresiones sobre ellos.




Al igual que sucedió con May the Giant Be With You, el primer episodio de la segunda temporada, pero hiperbolizando su efecto hasta lo prohibitivo, el capítulo que da arranque a esta tercera no hace prisioneros. El prólogo entre el Gigante y Cooper es una declaración de principios con la que Mark Frost y David Lynch lanzan un mensaje claro y directo al espectador neófito que no conoce los previos hechos acontecidos en la serie, ese mensaje reza algo así como “no tenéis nada que hacer aquí”. Esta nueva etapa de Twin Peaks elude una posible naturaleza unitaria y afirma claramente que para ser entendida, en la medida de lo posible, no sólo hay que haber visto las dos primeras tandas de episodios de la serie, sino también la película Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo. Pero tampoco los fans de Twin Peaks se libran de salir escaldados con este retorno de su serie favorita, ya que los primeros pasos del episodio inicial posteriores a esa concesión a la galería que supone el ya mencionado prólogo suceden en New York y Buck Horn (Dakota del Sur) con una estética y una impronta 100% lynchana, pero muy alejada de las señas de identidad de la serie original que casi no tiene presencia en estos 58 minutos de metraje más allá de la presentación de algunos actores del reparto clásico cuando Frost y Lynch deciden localizar la acción en nuestra amada ciudad de Washington. Esto nos lleva a la necesidad de aceptar algo que es una verdad ineludible, el David Lynch de esta tercera temporada de Twin Peaks no es el mismo que rodó las dos clásicas, ya que debemos tener en cuenta que el actual tiene a sus espaldas el bagaje de toda su filmografía localizada en los 90 y los 2000 y como recordamos ya desde, curiosamente, Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo Lynch daba muestras de querer volver a sus raíces, las de un autor que en cada nuevo proyecto en celuloide en el que se embarcaba renegaba más de la narración líneal y la ortodoxia argumental adscrita al clásico Inicio/Nudo/Desenlace como pudimos ver en Carretera Perdida o Mulholland Drive y que llegó a niveles paroxistas en Inland Empire.




Por eso mismos la subtrama en New York nos retrotrae a Carretera Perdida, por eso la de Buck Horne emite ecos que nos recuerdan a Mulholland Drive, por ello Frost y Lynch se la juegan al todo o nada eludiendo toda intención por apelar a la nostalgia o el fanservice malentendido para satisfacer a sus acólitos haciendo “lo que les da la gana” con el juguete que ellos mismos crearon en 1990 y que Showtine ha vuelo a poner a su disposición. Si el primer episodio sienta las bases de lo que vamos a ver en los próximos dejando casi de lado, por ahora, la ciudad de Twin Peaks el segundo sirve para que los creadores de la serie cojan todo el ideario y el microcosmos que ellos diseñaron y volarlo por los aires afirmándonos de manera tajante de que en esta ocasión no hay límites ni restricciones y que si en su momento muchos se alarmaron cuando vieron que Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo daba una versión mucho más sórdida de su contrapartida catódica esta nueva tanda de capítulos auspiciada por la cadena Showtime va a reformular y replantear todo el microcosmos “twineapeskaino”. Lo más curioso es que con estas primeras cuatro horas de metraje los autores de On the Air han cumplido lo que prometieron hace años cuando les preguntaron por la resolición del encierro del “Cooper bueno” de cara a una posible tercera temporada, que no es nada más y nada menos que dar un fin a dichos hechos con un arco argumental de tres o cuatro episodios. Sí, estos cuatro episodios narran la epopeya que vive el “Cooper bueno” para salir de la Logia Negra atravesando una serie de “planos infernales” de naturaleza dantesca (las similitudes con el infierno que Aliguieri retrató en La Divina Comedia son notables) y pesadillesca para conseguir volver a nuestra realidad habitada desde hace un cuarto de siglo por su doppelganger maligno, teóricamente habitado por Bob. En este sentido el primer cuarto de hora del tercer episodio es una prueba más por parte de David Lynch y Mark Frost para que esta nueva Twin Peaks haga criba con respecto a expulsar a los espectadores que no quieran entrar en su juego con un imaginario arrancado brutalmente de Cabeza Borradora (Eraserhead) con quince minutos sin diálogos, un montaje enfermizo y algunos pasajes que se mueven entre la genialidad estilística y el capricho estético.




Es como si el mismo David Lynch nos hiciera pagar un peaje en el que tendremos que introducirnos en su mente para ir atravesando planos dimensionales, del mismo modo que lo hace Cooper, para encontrar la Twin Peaks que todos conocemos y en el tercer episodio tiene lugar. Ahí están Andy y Lucy con su hijo Wally Brando (acierto mayúsculo que Michael Cera interprete al hijo de esta pareja) Hawk, una Señor del Leño muy deteriorada despidiéndose de nosotros, Laura y Leland, Philip Gerard, Gordon Cole y Albert Ronsefield,, el nuevo sheriff Truman, Frank, hermano de Harry e interpretado por Robert Foster (Jackie Brown) y un par de sorpresas como ver a Bobby Briggs de ayudante del sheriff y a la agente Denise Bryson como directora del FBI. Todo un reparto, que todavía no ha sido desvelado al completo, comandado por un Kyle Maclachlan que sólo por su labor en estos episodios ya merecería como mínimo un premio Emmy. Frost y Lynch saben que estas pequeñas dosis de fanservice son necesarias para saciar el apetito goloso de los fans, pero como narradores su intención es otra, tomar todas las señas de identidad del universo twinpeaksiano (el anillo del pacto, la Garmonbozia, la Habitación Roja) y reescribir la historia para que las aventuras del Agente Cooper en esta ocasión no conozcan limitaciones artísticas o narrativas para así dar forma a una temporada de dieciocho episodios que, esta vez sí, cerrarán adecuadamente la serie que lo cambió todo o al menos eso esperamos. Estos cuatro episodios son 100% David Lynch sin adulterar, y por supuesto con no pocos apuntes de las inquietudes de Mark Frost relacionadas con sociedades secretas, agentes de la ley con dones especiales y deudas con la historia antigua que forjó el legado de Estados Unidos como nación. Sólo cuatro horas de metraje que sirven de prólogo para lo que está por llegar, un viaje a una tierra desconocida y fértil con la que sus creadores pueden jugar a placer demostrando a todos los autores de la “nueva edad de oro” de las series de televisión americanas actuales que este deporte lo inventaron ellos hace 25 años y que siguen siendo los mejores a la hora de practicarlo.


Valoración Global


Twin Peaks fue como una estrella fugaz, brilló con mucho fulgor durante un corto periodo de tiempo y luego se apagó”. Con estas palabras sintetizaba el actor Ray Wise (Leland Palmer) su opinión de la serie que le dio la fama durante la promoción de la película Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo. No se aleja demasiado de la realidad con su afirmación el hombre que dio vida al padre más aterrador de la televisión americana, pero en lo que se equivoca es en lo de que su brillo se apagó, nada más alejado de la realidad. Incluso antes de su regreso a las pantallas de todo el mundo Twin Peaks seguía muy viva y es de mucho mérito que una serie que nació antes de la era internet y que mostraba bajo su superficie un retrato durísimo de la familia americana media (visión que nació en Terciopelo Azul, el film que puede considerarse el germen de todo) haya superado la prueba del tiempo acumulando una horda de fans que viven la creación de Mark Frost y David Lynch como algo más que un producto de ficción. Desde un punto objetivo debemos remarcar que Twin Peaks supuso una revolución en el mundo televisivo, que su primera temporada funcionaba como un perfecto engranaje y que en los diez primeros episodios de la segunda se encontraba lo mejor del programa. Pero sería de necios negar que a partir de la resolución del caso Laura Palmer bajó alarmantemente de nivel, perdiendo a pasos agigantados su calidad y personalidad convirtiéndose en una parodia de sí misma. Por suerte el regreso de sus creadores para la recta final y la implicación de David Lynch en Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo nos demostraron que el universo “twinpeaksiano” todavía tenía mucho que decir, algo que la presente tercera temporada refuta de manera solemne con cuatro episodios que seguro son sólo el comienzo de otra página en la historia de la televisión con Twin Peaks como protagonista.


Valoración (muy) Personal


Dentro del mundo de la televisión Twin Peaks es mi ficción favorita. Sé que las hay mejores, más compactas, con personajes mejor perfilados, pero ella me da algo que ninguna otra serie de televisión me sabe dar, excepcionalidad total. Mi cariño hacia la criatura de Mark Frost y David Lynch es especial, llegando al extremo de que es inusual que no dedique al día unos minutos de mis pensamientos a recordarla. Desde la primera vez que vi el episodio piloto, grabado por un amigo en un vhs del canal Calle 13, me enamoré de esa localidad del noroeste de Estados Unidos, de su atmósfera enrarecida, de sus personajes extravagantes, de esos inquietantes bosques que esconden un mal ancestral más viejo que el mismo hombre. Dos veces al año veo completa la serie y la película, me sé de memoria los diálogos, los encuadres de la cámara, los giros de guión o cuándo va a aparecer en pantalla tal o cual personaje. En resumidas cuentas Twin Peaks es una parte muy importante de mi existencia trascendiendo el medio televisivo, el cinematográfico e incluso la obra de David Lynch, un director por el que profeso una gran admiración y del que, en mayor o menor medida, me gustan todos sus films. Pero Twin Peaks está hecha de otra pasta, no sé si por su contexto, su tono o por la labor del siempre injustamente minusvalorado Mark Frost que se compenetra a as mil maravillas con la del director de Una Historia Verdadera (The Straight Story), sólo puedo afirmar que independientemente del resultado que nos ofrezca esta tercera temporada en curso, mi único deseo es que el “fuego camine siempre conmigo” y con todos aquellos a los que Twin Peaks, de una manera u otra, les cambió la vida.